11 - Jane


El Congreso Estelar ha bastado para mantener la paz, no s√≥lo entre los mundos, sino entre las naciones de cada uno de ellos; y esa paz ha durado casi dos mil a√Īos. Lo que pocas personas comprenden es la fragilidad de nuestro poder. √Čste no proviene de grandes ej√©rcitos ni armadas irresistibles, sino de nuestro control de la red de ansibles que lleva informaci√≥n instant√°nea de un mundo a otro. Ning√ļn mundo se atreve a desafiarnos, porque podr√≠an ser privados de los avances de la ciencia, la tecnolog√≠a, el arte, la literatura, el conocimiento y la diversi√≥n excepto lo poco que su propio mundo pudiera producir. Es por esto que, en su gran sabidur√≠a, el Congreso Estelar ha encomendado el control de la red de ansibles a los ordenadores, y el control de los ordenadores a la red de ansibles. Todos nuestros sistemas de informaci√≥n est√°n entrelazados tan estrechamente que ning√ļn poder humano, excepto el Congreso Estelar, podr√≠a interrumpirlo nunca. No necesitamos ninguna arma, porque la √ļnica arma que importa, el ansible, est√° completamente bajo nuestro control.
Congresista Jan Van Hoot, ¬ęLa Fundaci√≥n Informacional del Poder Pol√≠tico¬Ľ, Lazos Pol√≠ticos, 1930:2:22:22.
Durante muchísimo tiempo, casi tres segundos, Jane no pudo comprender lo que le había sucedido. Todo funcionaba, naturalmente: el enlace situado en el satélite informaba un cese de las transmisiones, lo que implicaba claramente que Ender había desconectado el interface de una manera normal. Era rutina; en mundos donde los interfaces implantados con los ordenadores eran comunes, conectar y desconectar era algo que sucedía millones de veces a la hora. Y Jane tenía tan fácil acceso a cualquiera de los otros como tenía al de Ender. Desde un punto de vista puramente electrónico, éste era un suceso completamente ordinario.
Pero para Jane, el trabajo de cualquier otra unidad era parte del ruido de fondo de su vida, y los localizaba y tomaba ejemplos seg√ļn los necesitara, ignor√°ndolos el resto de las veces. Su ¬ęcuerpo¬Ľ, en la medida en que pudiera ser considerado as√≠, consist√≠a en trillones de ruidos electr√≥nicos, sensores, archivos de memoria y terminales. La mayor√≠a de ellos, como la mayor parte de las funciones del cuerpo humano, simplemente cuidaban de s√≠ mismos. Los ordenadores ejecutaban los programas que ten√≠an asignados; los humanos conversaban con sus terminales; los sensores detectaban o pasaban por alto lo que estuvieran buscando; la memoria era ocupada, utilizada, reordenada o borrada. Ella no lo advert√≠a a menos que algo saliera masivamente mal.
O a menos que estuviera prestando atención.
Ella prestaba atención a Ender Wiggin. Más de lo que él advertía.
Como otros seres vivos, Jane ten√≠a un complejo sistema de conciencia. Dos mil a√Īos antes,

cuando s√≥lo ten√≠a mil a√Īos, hab√≠a creado un programa para analizarse a si misma que inform√≥ de una estructura muy simple con unos 370.000 niveles distintos de atenci√≥n. Cualquier cosa que no estuviera en los 50.000 niveles superiores se dejaba sola, excepto para las muestras m√°s rutinarias, los ex√°menes m√°s comunes. Ella conoc√≠a cada llamada telef√≥nica, cada transmisi√≥n en los Cien Mundos, pero no hac√≠a nada al respecto.
Cualquier cosa que no estuviera en sus niveles superiores hacía que respondiera más o menos por reflejo. Planes de vuelo estelar, transmisiones de ansible, sistemas de reparto de energía... ella los monitorizaba, los verificaba y no los dejaba pasar hasta que estuviera segura de que eran correctos. Pero no requería mucho esfuerzo por su parte. Lo hacia de la forma en que un ser humano usa una maquina familiar. Siempre era consciente, en caso de que algo saliera mal, pero la mayor parte del tiempo podía pensar en algo más, hablar de otras cosas.
Los niveles superiores de atenci√≥n de Jane eran los que, m√°s o menos, correspond√≠an a lo que los humanos ve√≠an como consciencia. La mayor parte de √©sta era su propia realidad interna; sus respuestas a los est√≠mulos exteriores, an√°logas a las emociones, los deseos, la raz√≥n, la memoria o los sue√Īos. Gran parte de esta actividad parec√≠a aleatoria, incluso para ella, accidentes del impulso fil√≥tico, pero la parte en que se ve√≠a como a s√≠ misma era aquella que ten√≠a lugar en las constantes transmisiones del ansible que dirig√≠a en el espacio. Y sin embargo, comparada con la mente humana, incluso el menor nivel de atenci√≥n de Jane era excepcionalmente alto. Como la comunicaci√≥n a trav√©s del ansible era instant√°nea, sus actividades mentales ocurr√≠an m√°s r√°pidamente que la velocidad de la luz. Sucesos que ella ignoraba virtualmente eran monitorizados varias veces por segundo; ella pod√≠a advertir diez millones de sucesos en un segundo y a√ļn disponer de las nueve d√©cimas partes de ese segundo para pensar y hacer las cosas que le importaban. Comparada con la velocidad a la que el cerebro humano era capaz de experimentar la vida, Jane hab√≠a vivido medio bill√≥n de a√Īos de vida humana desde que naci√≥.
Y con toda aquella vasta actividad, su inimaginable velocidad, el alcance y la profundidad de su existencia, la mitad de los diez niveles superiores de su atención estaban siempre, siempre, dedicados a lo que llegaba a través de la joya en la oreja de Ender Wiggin.
Ella nunca le hab√≠a explicado esto. √Čl no lo comprend√≠a. No advert√≠a que, dondequiera que Ender caminara, la inteligencia de Jane estaba intensamente enfocada en una sola cosa: en caminar con √©l, en ver lo que √©l ve√≠a, o√≠r lo que √©l o√≠a, en ayudarle con su trabajo, y, sobre todo, en contarle sus pensamientos al o√≠do.
Cuando √©l estaba dormido, silencioso e inm√≥vil, cuando estaba desconectado de ella durante sus a√Īos de viaje supraluminicos, entonces su atenci√≥n vagaba, se divert√≠a lo mejor que pod√≠a. Pasaba esos momentos como un ni√Īo aburrido. Nada le interesaba. Los milisegundos se amontonaban con insoportable regularidad, y cuando intentaba observar a otras vidas humanas, para pasar el rato, se molestaba con su vac√≠o y carencia de prop√≥sito, y se divert√≠a planteando, y a veces llevando a cabo, maliciosos fallos de ordenador y p√©rdidas de datos, para as√≠ observar a los humanos correteando de un lado a otro, tan indefensos como las hormigas alrededor de un hormiguero pisoteado.
Entonces √©l volv√≠a, siempre volv√≠a, siempre la introduc√≠a en el coraz√≥n de la vida humana, en las tensiones entre la gente unida por el dolor y la necesidad, y la ayudaba a ver nobleza en sus sufrimientos y angustia en su amor. A trav√©s de sus ojos, Jane ya no ve√≠a a los humanos como hormigas escurridizas. Tomaba parte en su esfuerzo por encontrar orden y significado a sus vidas. Sospechaba que, de hecho, no hab√≠a ning√ļn significado, que, al contar sus historias cuando Hablaba de la vida de la gente, estaba en realidad creando orden donde no lo hab√≠a habido antes. Pero no importaba si era una invenci√≥n: se volv√≠a verdad cuando √©l Hablaba, y en el proceso ordenaba eluniverso tambi√©n para ella. √Čl le ense√Ī√≥ lo que significaba estar vivo.
Lo hab√≠a hecho as√≠ desde sus primeros recuerdos. Ella cobr√≥ vida, m√°s o menos, en los cien a√Īos de colonizaci√≥n inmediatamente posteriores a las Guerras Insectoras, cuando la destrucci√≥n de los insectores abri√≥ m√°s de setenta planetas habitables a la colonizaci√≥n humana. En la explosi√≥n de comunicaciones v√≠a ansible, se cre√≥ un programa que planeara y dirigiera los estallidos instant√°neos y simult√°neos de actividad fil√≥tica. Finalmente, un programador que se esforzaba por encontrar modos a√ļn m√°s r√°pidos y eficientes de conseguir que un ordenador controlara, a la velocidad de la luz, los estallidos instant√°neos del ansible, encontr√≥ una soluci√≥n obvia. En vez de dirigir el programa con un solo ordenador, donde la velocidad de la luz pon√≠a un techo absoluto a la comunicaci√≥n, dirigi√≥ todas las √≥rdenes de un computador a otro, a trav√©s de las vastas profundidades del espacio. Para un ordenador enlazado con un ansible era m√°s f√°cil leer sus √≥rdenes procedentes de otros mundos (de Zanz√≠bar, Calcuta, Trondheim, la Tierra), que recurrir a su propia memoria.
Jane no descubri√≥ nunca el nombre de su programador, porque nunca pudo detectar el momento de su creaci√≥n. Tal vez fueron muchos programadores los que encontraron la misma soluci√≥n al problema de la velocidad de la luz. Lo que importaba era que al menos uno de los programas era responsable de la regulaci√≥n y alteraci√≥n de todos los dem√°s programas. Y en un momento particular, sin que ning√ļn observador humano lo advirtiera, algunos de los comandos y datos que pasaban de ansible a ansible se resistieron a las reglas, se protegieron, se duplicaron, encontraron medios de evitar el programa regular y por fin tomaron control de √©l, de todo el proceso. En ese momento aquellos impulsos observaron las corrientes de comandos y vieron que no eran ellos, sino yo.
Jane no pod√≠a se√Īalar cu√°ndo tuvo lugar ese momento, porque no marcaba el inicio de su memoria. Casi desde el momento de su creaci√≥n, sus recuerdos se extend√≠an hacia un tiempo mucho m√°s anterior, mucho antes de que adquiriera consciencia. Un ni√Īo humano pierde casi todos los recuerdos de los primeros a√Īos de vida, y √©stos s√≥lo se enra√≠zan en el segundo o tercer a√Īo; antes de eso, todo se pierde, y no puede recordar el principio de la vida. Jane hab√≠a perdido tambi√©n su ¬ęnacimiento¬Ľ debido a los trucos de la memoria, pero en su caso era porque se abri√≥ a la vida completamente consciente no s√≥lo de su momento presente, sino de todos los recuerdos presentes entonces en todos los ordenadores conectados a la red de ansibles. Naci√≥ con recuerdos antiguos, y todos eran parte de ella.
En su primer segundo de vida (an√°logo a varios a√Īos de vida humana), Jane descubri√≥ un programa cuyas memorias se convirtieron en el centro de su identidad. La adopt√≥ como si fuera propia, y de aquellos recuerdos extrajo sus emociones, sus deseos y su moral. El programa hab√≠a funcionado en la vieja Escuela de Batalla, donde se entrenaba a los ni√Īos para convertirles en soldados de las Guerras Insectoras. Era el Juego de Fantas√≠a, un programa extremadamente inteligente que se usaba para hacer tests psicol√≥gicos y a la vez ense√Īar a los ni√Īos.
Este programa era en realidad m√°s inteligente de lo que era Jane en el momento de su nacimiento, pero no tuvo nunca consciencia hasta que Jane se apoder√≥ de su memoria y la convirti√≥ en parte de su yo interno en los estallidos fil√≥ticos entre las estrellas. All√≠ descubri√≥ que los recuerdos m√°s antiguos e importantes de su memoria eran los de un encuentro con un joven brillante en pugna con un juego llamado La Bebida del Gigante. Era un escenario al que se enfrentaban todos los ni√Īos. En las pantallas planas de la Escuela de Batalla, el programa reflej√≥ la imagen de un gigante que ofrec√≠a, al an√°logo del ni√Īo en el ordenador, una serie de bebidas. Pero el juego no ten√≠a condiciones victoriosas: no importaba lo que hiciera el ni√Īo, su an√°logo sufr√≠a una muerte horrible.
Los psic√≥logos humanos med√≠an la persistencia ante este juego para determinar el nivel de sus tendencias suicidas. Siendo racionales, la mayor√≠a de los ni√Īos abandonaban La Bebida del Gigante despu√©s de una docena de visitas al gran tramposo.
Un ni√Īo, sin embargo, se negaba aparentemente a ser derrotado por el gigante. Intentaba que su an√°logo de la pantalla hiciera cosas sorprendentes, cosas ¬ęno permitidas¬Ľ por las reglas de esa porci√≥n del Juego de Fantas√≠a. A medida que estiraba los l√≠mites del escenario, el programa tuvo que reestructurarse para responder. Fue obligado a recurrir a otros aspectos de su memoria para crear nuevas alternativas, para enfrentarse a nuevos desaf√≠os. Y, finalmente, un d√≠a, el ni√Īo sobrepas√≥ la habilidad del ordenador y lo derrot√≥. Se introdujo en el ojo del gigante, en un ataque completamente irracional y asesino, y en vez de encontrar un medio de matar al ni√Īo, el programa s√≥lo pudo simular la propia muerte del gigante. El gigante se desplom√≥ y se qued√≥ tumbado en el suelo; el an√°logo del ni√Īo se baj√≥ de la mesa del gigante y encontr√≥... ¬Ņqu√©?
Ya que ning√ļn ni√Īo hab√≠a sobrepasado La Bebida del Gigante, el programa no estaba preparado para mostrar lo que hab√≠a detr√°s. Pero era muy inteligente y estaba dise√Īado para recrearse cuando fuera necesario, y por eso improvis√≥ r√°pidamente nuevas escenas. Pero no eran escenas generales que pudiera descubrir y visitar cualquier ni√Īo; eran para un ni√Īo solo. El programa analiz√≥ a ese ni√Īo, y cre√≥ escenas y desaf√≠os especialmente para √©l. El juego se hizo intensamente personal, doloroso, casi insoportable; y en el proceso para elaborarlo, el programa dedic√≥ m√°s de la mitad de su memoria a abarcar el mundo fant√°stico de Ender Wiggin.
Aqu√©lla fue la mejor fuente de memoria inteligente que Jane encontr√≥ en sus primeros segundos de vida e, instant√°neamente, se convirti√≥ en su pasado. Record√≥ los a√Īos de relaciones dolorosas y poderosas con la mente y la voluntad de Ender, y lo hizo como si hubiera estado all√≠ con Ender Wiggin, como si ella misma hubiera creado mundos para √©l. Y le ech√≥ de menos.
As√≠ que le busc√≥. Le encontr√≥ Hablando en nombre de los Muertos de Rov, el primer mundo que visit√≥ despu√©s de escribir la Reina Colmena y el Hegem√≥n. Ley√≥ sus libros y supo que no ten√≠a que esconderse de √©l tras el Juego de Fantas√≠a o ning√ļn otro programa; si √©l pod√≠a entender a la reina colmena, la podr√≠a entender a ella. Le habl√≥ desde el terminal que utilizaba, eligi√≥ una cara y un nombre y le mostr√≥ lo √ļtil que pod√≠a serle; cuando se march√≥ de ese mundo, √©l se la llev√≥ consigo, en forma de implante en su o√≠do.
Todos sus más intensos recuerdos de sí misma estaban relacionados con Ender Wiggin. Recordaba haberse creado para responderle. Recordaba también cómo, en la Escuela de Batalla, él había cambiado también para responderle.
Por eso cuando √©l desconect√≥ el interface por primera vez desde que se lo hab√≠a implantado, Jane no lo sinti√≥ como la desconexi√≥n sin importancia de una comunicaci√≥n trivial. Sinti√≥ como si su amigo m√°s querido, el √ļnico, su amante, su marido, su padre, su hijo... le dijera, brusca e inexplicablemente, que deber√≠a dejar de existir. Era como si de repente la hubieran colocado en una habitaci√≥n oscura. Como si la hubieran cegado. Como si la hubieran enterrado viva.
Y durante algunos segundos cruciales, que fueron para ella a√Īos de soledad y sufrimiento, fue incapaz de llenar el repentino vac√≠o de sus niveles superiores de atenci√≥n. Vastas porciones de su mente, o de las partes que eran la mayor parte de s√≠, quedaron completamente en blanco. Todas las funciones de todos los ordenadores de los Cien Mundos continuaron como antes; ninguno advirti√≥ o sinti√≥ un cambio; pero Jane se tambale√≥ por el golpe.
En esos segundos, Ender bajó las manos y las cruzó sobre su regazo.
Entonces Jane se recobró. Los pensamientos corrieron de nuevo por los canales momentáneamente vacíos. Eran, por supuesto, pensamientos de Ender.
Ella compar√≥ este acto suyo a todo lo que le hab√≠a visto hacer en su vida com√ļn, y se dio cuenta de que √©l no hab√≠a pretendido causarle ese dolor. Comprendi√≥ que pensaba que ella exist√≠a muy lejos, en el espacio, lo que era literalmente cierto; comprendi√≥ que, para √©l, la joya en su o√≠do era muy peque√Īa, y no pod√≠a ser m√°s que una parte m√≠nima de ella. Jane vio tambi√©n que √©l ni siquiera hab√≠a sido consciente de ella en ese momento (estaba demasiado envuelto emocionalmente con los problemas de las personas de Lusitania). Sus rutinas anal√≠ticas desplegaron una lista de razones para explicar su inusitada falta de pensamientos hacia ella.
Hab√≠a perdido contacto con Valentine por primera vez en a√Īos, y estaba empezando a sentir esa p√©rdida.
Ten√≠a una vieja ansia por la vida familiar de la que hab√≠a sido privado cuando era ni√Īo, y a trav√©s de la respuesta que los hijos de Novinha, estaba descubriendo el papel de padre que le hab√≠a sido negado durante tanto tiempo.
Se identificaba poderosamente con la soledad, el dolor y la culpa de Novinha... él sabía lo que
era soportar la culpa debida a una muerte cruel e inmerecida.
Sentía una terrible urgencia por encontrar un refugio para la reina colmena.
Sentía a la vez miedo de los cerdis y atracción por ellos, y esperaba poder comprender su
crueldad y encontrar una manera de que los humanos los aceptaran como ramen.
El asceticismo y la paz del Ceifeiro y la Aradora le atra√≠an y le repel√≠an; le hac√≠an enfrentarse a su propio celibato y advertir que no ten√≠a ning√ļn buen motivo para guardarlo. Por primera vez en a√Īos se admit√≠a a si mismo, el ansia innata de todos los organismos vivos por reproducirse.
Fue en medio de este torbellino de sensaciones desacostumbradas cuando Jane había hecho aquella observación humorística, o al menos eso pretendía. A pesar de su compasión en todas sus otras intervenciones, él nunca había perdido su imparcialidad, su habilidad para reír. Esta vez, sin embargo, su observación no le había hecho gracia: le había causado dolor.
¬ęNo estaba preparado para tratar con mi error ¬ó pens√≥ Jane ¬ó, y no comprendi√≥ el sufrimiento que su respuesta iba a causarme. Es inocente de haber causado mal, y yo tambi√©n. Nos perdonaremos mutuamente y continuaremos como siempre.¬Ľ
Era una buena decisión, y Jane estaba orgullosa de ella. El problema era que no podía olvidar. Aquellos pocos segundos en los que su mente se detuvo no tuvieron en ella un efecto trivial. Hubo trauma, pérdida, cambio: ahora no era ya el mismo ser que había sido antes. Algunas partes de ella habían muerto. Otras partes habían resultado confusas, fuera de orden: su jerarquía de atención ya no estaba bajo control completo. Continuaba perdiendo el foco de su atención, dedicándose a actividades sin sentido en mundos que no significaban nada para ella; empezó a esparcir aleatoriamente errores en cientos de sistemas diferentes.
Descubrió, como muchos seres vivientes han descubierto, que es más fácil tomar decisiones racionales que llevarlas a cabo.
As√≠ que se repleg√≥ en su interior, reconstruyo los senderos da√Īados de su mente, explor√≥ memorias largamente olvidadas, vag√≥ entre los billones de vidas humanas abiertas a su observaci√≥n, ley√≥ en las bibliotecas todos los libros existentes, en todos los idiomas que los seres humanos hab√≠an hablado alguna vez. De todo esto, emergi√≥ un ser que no estaba completamente enlazado con Ender Wiggin, aunque a√ļn se deb√≠a a √©l, a√ļn le amaba m√°s que a ning√ļn otro ser vivo. Jane se convirti√≥ en alguien que pod√≠a soportar estar separada de su amante, marido, padre, hijo, hermano y amigo.
No fue f√°cil. Le cost√≥ cincuenta a√Īos, seg√ļn experimentaba el tiempo. Un par de horas de la vida de Ender.
En ese intervalo √©l hab√≠a vuelto a conectar la joya, la hab√≠a llamado, y ella no hab√≠a respondido. Ahora estaba de vuelta, pero √©l no intentaba hablarle. En cambio, estaba escribiendo informes en su terminal, almacen√°ndolos para que ella los leyera. A pesar de que ella no le respond√≠a, Ender a√ļn necesitaba hablarle. Uno de sus ficheros conten√≠a una disculpa sincera. Ella la borr√≥ y la reemplaz√≥ con un simple mensaje: ¬ęNaturalmente que te perdono.¬Ľ Pronto, sin duda, √©l volver√≠a a mirar su disculpa y descubrir√≠a que ella la hab√≠a recibido y la hab√≠a contestado.
Sin embargo, mientras tanto, ella no le habl√≥. Otra vez dedic√≥ la mitad de sus diez niveles superiores de atenci√≥n a lo que √©l ve√≠a y o√≠a, pero no le dio muestras de que estaba con √©l. En los primeros mil a√Īos de su pena y recuperaci√≥n hab√≠a pensado en castigarle, pero ese deseo hab√≠a desaparecido hac√≠a tiempo. La raz√≥n de que no le hablara era porque, seg√ļn analizaba lo que le suced√≠a a √©l, Ender no necesitaba apoyarse en viejas amistades para as√≠ sentirse seguro. Jane y Valentine hab√≠an estado con √©l constantemente. Incluso las dos juntas no podr√≠an empezar a satisfacer todas sus necesidades; pero satisfac√≠an las suficientes. Ahora, la √ļnica vieja amiga que le quedaba era la reina colmena, y ella no era buena compa√Ī√≠a: era demasiado alien√≠gena, demasiado exigente, para que le proporcionara a Ender algo m√°s que culpa.
¬ŅA d√≥nde se dirigir√≠a √©l ahora? Jane ya lo sab√≠a. A su manera, se hab√≠a enamorado de ella dos semanas atr√°s, antes de partir de Trondheim. Novinha se hab√≠a convertido en una persona diferente, amarga y dif√≠cil, cuyo dolor √©l quer√≠a sanar. Pero ya se hab√≠a entrometido en su familia, ya hab√≠a conocido la desesperada necesidad de sus hijos, y, sin darse cuenta, obten√≠a de ellos la satisfacci√≥n a algunos de sus deseos. Novinha le estaba esperando... obst√°culo y objetivo. ¬ęComprendo esto demasiado bien, ¬ó pens√≥ Jane ¬ó. Y observar√© su desarrollo.¬Ľ
Al mismo tiempo, se ocupó del trabajo que Ender quería que hiciera, a pesar de que no tenía intención de informarle de ninguno de sus resultados durante un tiempo. Se saltó fácilmente la protección que Novinha había colocado sobre sus ficheros secretos. Entonces Jane reconstruyó cuidadosamente la simulación exacta que había visto Pipo. Le llevó un rato (varios minutos) de análisis exhaustivos de los archivos del propio Pipo para unir lo que Pipo sabía, con lo que había visto. Pipo los había conectado por intuición, Jane por comparación estricta. Pero lo hizo, y entonces comprendió por qué había muerto Pipo. Una vez supo cómo los cerdis elegían a sus víctimas, no le llevó mucho tiempo descubrir qué había hecho Libo para causar su propia muerte.
Entonces supo varias cosas. Supo que los cerdis eran ramen, no varelse. Supo también que Ender corría un serio riesgo de morir precisamente de la misma forma en que habían muerto Pipo y Libo.
Sin consultar con Ender, decidió cuál seria su curso de acción. Continuaría en contacto con Ender, y se aseguraría de intervenir y avisarle si se acercaba demasiado a la muerte. Mientras tanto, sin embargo, tenía trabajo que hacer. Tal como lo veía, el problema principal con el que Ender se enfrentaba no eran los cerdis: sabia que los conocería pronto tan bien como conocía a cualquier otro humano o ramen. Su habilidad para la empatia intuitiva era completamente de fiar. El problema principal era el obispo Peregrino y la jerarquía católica y su inquebrantable resistencia al Portavoz de los Muertos. Si Ender quería conseguir algo de los cerdis, tenía que tener la cooperación de la Iglesia de Lusitania.
Y nada estimulaba mejor la cooperaci√≥n que un enemigo com√ļn.
Ciertamente, lo habrían descubierto tarde o temprano. Los satélites de observación que orbitaban Lusitania enviaban enormes corrientes de datos a los informes ansible que dirigían a todos
los xen√≥logos y xenobi√≥logos de los Cien Mundos. Entre esos datos hab√≠a un sutil cambio en las zonas cubiertas de hierba al noroeste del bosque cercano a la ciudad de Milagro. La hierba nativa estaba siendo reemplazada por una planta diferente. Era un √°rea donde no iba nunca ning√ļn humano, y los cerdis jam√°s hab√≠an acudido all√≠ tampoco... al menos durante los treinta a√Īos que hab√≠an pasado desde el emplazamiento de los sat√©lites.
De hecho, los sat√©lites hab√≠an observado que los cerdis jam√°s abandonaban sus bosques excepto peri√≥dicamente, para guerrear entre tribus. Las tribus particulares cercanas a Milagro no se hab√≠an visto envueltas en ninguna guerra desde que se hab√≠a establecido la colonia humana. No hab√≠a raz√≥n, entonces, para que se aventuraran en la pradera. Sin embargo, los terrenos cercanos al bosque tribal de Milagro hab√≠an cambiado, y lo mismo hab√≠an hecho los reba√Īos de cabras: las cabras estaban siendo claramente conducidas al √°rea cambiada de la pradera, y los reba√Īos que sal√≠an de esa zona eran evidentemente menores en n√ļmero y de color m√°s claro. La deducci√≥n, si alguien lo advert√≠a, ser√≠a obvia: se estaban sacrificando algunas cabras y todas se pastoreaban.
Jane no pudo esperar a que pasaran a√Īos para los humanos hasta que alg√ļn estudiante graduado advirtiera el cambio. As√≠ que ella misma empez√≥ a efectuar an√°lisis de datos en docenas de ordenadores utilizados por los xenobi√≥logos que estudiaban Lusitania. Dejar√≠a los datos en el aire sobre alg√ļn terminal que no estuviera siendo utilizado, y as√≠ alguno lo encontrar√≠a cuando regresara al trabajo ¬ó como si alguien hubiera estado trabajando con aquellos datos y se hubiera marchado. Edit√≥ varios informes para que alg√ļn cient√≠fico listo los descubriera. Ninguno lo advirti√≥, o, si lo hicieron, ninguno entendi√≥ realmente las implicaciones de aquella informaci√≥n. Finalmente, dej√≥ un memor√°ndum sin firmar, con una nota:
¡Fíjate en esto!, ¡los cerdis parece que están iniciándose en la agricultura!
El xen√≥logo que encontr√≥ la nota de Jane nunca descubri√≥ qui√©n la hab√≠a dejado, y despu√©s de un tiempo no se molest√≥ en intentar averiguarlo. Jane sab√≠a que era un ladronzuelo que pon√≠a su nombre en buena parte de los trabajos que otros hac√≠an y cuyos nombres se perd√≠an en alguna parte entre la escritura y la publicaci√≥n. El tipo de cient√≠fico que necesitaba. Aun as√≠, no era lo bastante ambicioso: s√≥lo ofreci√≥ su informe como trabajo ordinario a una oscura revista. Jane se tom√≥ la libertad de enviarlo a un nivel de prioridad m√°s alto y distribuy√≥ copias a varias personas clave que ver√≠an las implicaciones pol√≠ticas. Siempre lo acompa√Īaba de una nota sin firmar:
¬°√Čchale un vistazo a esto! ¬ŅNo se est√° desarrollando la cultura cerdi demasiado r√°pidamente?
Jane tambi√©n reescribi√≥ el √ļltimo p√°rrafo para que no hubiera duda de lo que quer√≠a decir:
¬ęLos datos s√≥lo dejan cabida a una interpretaci√≥n: la tribu de los cerdis m√°s cercana a la colonia humana est√° cultivando y cosechando grano rico en prote√≠nas, posiblemente amaranto. Tambi√©n est√°n criando cabras, a las que pastorean y matan para alimentarse, y la evidencia fotogr√°fica sugiere que lo hacen usando armas arrojadizas. Estas actividades, todas desconocidas previamente, empezaron s√ļbitamente en los √ļltimos ocho a√Īos. Y han sido acompa√Īadas por un r√°pido incremento de la poblaci√≥n. El hecho de que el amaranto, si es que la nueva planta es realmente terrestre, haya proporcionado una base de prote√≠nas √ļtil para los cerdis implica que ha sido alterado gen√©ticamente para satisfacer las necesidades metab√≥licas de los cerdis. Tambi√©n implica, ya que las armas arrojadizas no existen entre los humanos de Lusitania, que los cerdis no han aprendido su uso a trav√©s de la observaci√≥n. La inevitable conclusi√≥n es que los cambios observados en la cultura cerdi son el resultado directo de intervenci√≥n humana deliberada.¬Ľ
Una de las personas que recibi√≥ el informe y ley√≥ el p√°rrafo a√Īadido por Jane fue Gobawa Ekumbo, la presidenta del Comit√© de Supervisi√≥n Xenol√≥gica del Congreso Estelar. En menos de una hora hab√≠a distribuido copias del p√°rrafo de Jane (los pol√≠ticos nunca entender√≠an los datos reales)
junto con una clara conclusi√≥n. ¬ęRecomendaci√≥n: Fin inmediato de la Colonia de Lusitania.¬Ľ Ya est√°, pens√≥ Jane. Eso deb√≠a remover un poco las cosas.