10 - Los hijos de la mente


Regla 1: Para formar parte de la orden, todos los Hijos de la Mente de Cristo deben
estar casados; pero deben ser castos. Pregunta 1: ¬ŅPor qu√© es necesario el matrimonio para todos? Los necios dicen, ¬Ņpor qu√© tenemos que casarnos? El amor es el √ļnico lazo que mi
amada y yo necesitamos. A ellos, les digo que el Matrimonio no es una alianza entre un hombre y una mujer; incluso las bestias se aparean y alumbran sus reto√Īos. El Matrimonio es una alianza entre un hombre y una mujer por un lado y su comunidad por el otro. Casarse siguiendo la ley de la comunidad es convertirse en un ciudadano completo; rehusar el matrimonio es ser un extra√Īo, un ni√Īo, un proscrito, un esclavo o un traidor. La √ļnica constante en todas las sociedades humanas es que s√≥lo aquellos que obedecen las leyes, tab√ļes y costumbres del matrimonio son aut√©nticos adultos.
Pregunta 2: ¬ŅPor qu√© entonces se ordena el celibato para los sacerdotes y monjas?
Para separarlos de la comunidad. Las monjas y sacerdotes son servidores, no ciudadanos. Son ministros de la Iglesia, pero no son la Iglesia. La Madre Iglesia es la novia, y Cristo es el novio; las monjas y sacerdotes son simplemente invitados a la boda, pues han renunciado a su ciudadanía en la comunidad de Cristo para servirla.
Pregunta 3: ¬ŅPor qu√© se casan entonces los Hijos de la Mente de Cristo? ¬ŅNo servimos tambi√©n a la Iglesia?
No servimos a la Iglesia, excepto como la sirven todos los hombres y mujeres a través de sus matrimonios. La diferencia es que mientras ellos transmiten sus genes a la siguiente generación, nosotros transmitimos nuestro conocimiento: su legado se encuentra en las moléculas genéticas de las generaciones que vendrán, mientras que nosotros vivimos en sus mentes. Los recuerdos son los hijos de nuestros matrimonios, y no son ni más ni menos dignos que los hijos de carne y hueso concebidos en el amor sacramental.
San Angelo, Regla y Catecismo de la Orden de los Hijos de la Mente de Cristo.
El de√°n de la catedral llevaba consigo el silencio propio de las oscuras capillas y los gruesos
muros adondequiera que fuera. Cuando entró en la clase, un pesado silencio cayó sobre los
estudiantes, que incluso contuvieron la respiraci√≥n cuando apareci√≥ en el aula sin hacer ning√ļn ruido.
— Dom Cristão — murmuró el deán —. El obispo necesita hacerle una consulta.
Los estudiantes, la mayoría adolescentes, no eran tan jóvenes como para no conocer las tirantes relaciones entre la jerarquía de la Iglesia y la de los monjes más libres, que dirigían la mayoría de las escuelas católicas en los Cien Mundos. Dom Cristão, además de ser un excelente profesor de historia, geología, arqueología y antropología, era también abad del monasterio de los Filhos da Mente de Cristo. Su posición lo convertía en el primer rival del obispo por la supremacía espiritual en Lusitania. En algunos sentidos incluso podría considerársele su superior; en la mayoría de los mundos, había sólo un abad de los Filhos por cada arzobispo, mientras que por cada obispo había un encargado de escuela.
Pero Dom Crist√£o, como todos los Filhos, dejaba bien claro que obedec√≠a completamente a la jerarqu√≠a de la Iglesia. A la llamada del obispo, desconect√≥ inmediatamente el atril y termin√≥ la clase sin llegar a completar el tema en discusi√≥n. Los estudiantes no se sorprendieron. Sab√≠an que har√≠a lo mismo si alg√ļn sacerdote ordenado hubiera entrado en su clase. Era, por supuesto, inmensamente halagador para la jerarqu√≠a sacerdotal ver lo importante que eran a los ojos de los Filhos; pero tambi√©n quedaba claro que cada vez que visitaran la escuela durante las horas de ense√Īanza, la clase acabar√≠a inmediatamente en el punto donde estuviera. Como resultado, los sacerdotes rara vez visitaban la escuela, y los Filhos, a trav√©s de su extrema deferencia, manten√≠an una independencia casi completa.
Dom Crist√£o sab√≠a bastante bien por qu√© le hab√≠a llamado el obispo. El doctor Navio era un hombre indiscreto, y durante toda la ma√Īana se hab√≠a esparcido el rumor de que el Portavoz de los Muertos hab√≠a proferido una temible amenaza. A Dom Crist√£o le resultaba dif√≠cil soportar los temores de la jerarqu√≠a cada vez que se enfrentaban a infieles y herejes. El obispo estar√≠a furioso, lo que significaba que pedir√≠a que alguien hiciera algo, aunque lo mejor era, como de costumbre, la inacci√≥n, la paciencia y la cooperaci√≥n. Adem√°s, corr√≠a la voz de que este Portavoz era el mismo queHabl√≥ de la muerte de San √Āngelo. Si era as√≠, probablemente no ser√≠a un enemigo, sino un amigo de la Iglesia. O al menos un amigo de los Filhos, lo que a los ojos de Dom Crist√£o era lo mismo.
Mientras seguía al silencioso deán entre los edificios de la faculdade y a través del jardín de la catedral, despejó su corazón de la furia y la molestia que sentía. Una y otra vez repitió su nombre monástico:
Amai a Tudomundo Para Que Deus Vos Ame. Hab√≠a escogido cuidadosamente su nombre cuando √©l y su prometida se hab√≠an unido a la orden, pues sabia que su mayor debilidad era la furia y la impaciencia. Como todos los Filhos, se bautiz√≥ con la invocaci√≥n contra su pecado m√°s potente. Era una de las maneras en que se mostraban espiritualmente desnudos ante el mundo. No nos vestiremos de hipocres√≠a, ense√Ī√≥ San √Āngelo. Cristo nos vestir√° de virtud como los lirios del campo, pero no haremos ning√ļn esfuerzo por parecer virtuosos. Dom Crist√£o sent√≠a que su virtud se debilitaba hoy: el fr√≠o viento de la impaciencia podr√≠a helarlo hasta los huesos. As√≠ que cant√≥ silenciosamente su nombre, pensando: ¬ęEl obispo Peregrino es un maldito idiota, pero Amai a Tudomundo Para Que Deus Vos Ame.¬Ľ
— Hermano Amai — dijo el obispo Peregrino. Nunca usaba el nombre honorífico Dom Cristão, a pesar de que se sabía que muchos cardenales ofrecían esa cortesía —. Me alegra que haya venido.
Navio estaba ya sentado en la silla m√°s c√≥moda, pero a Dom Crist√£o no le extra√Ī√≥. La indolencia hab√≠a vuelto gordo a Navio, y ahora su gordura le hac√≠a indolente, aliment√°ndose siempre de si misma, y Dom Crist√£o agradec√≠a no estar afligido. Se sent√≥ en un alto taburete sin respaldo. Eso evitar√≠a que su cuerpo se relajase y ayudar√≠a a que su mente permaneciera alerta.
Casi inmediatamente, Navio contó su doloroso encuentro con el Portavoz de los Muertos, completado con elaboradas explicaciones de lo que el Portavoz había amenazado con hacerles si continuaba la no cooperación.
— ¡Inquisidor, nada menos! ¡Un infiel atreviéndose a suplantar la autoridad de la Madre Iglesia!
Oh, cómo el miembro laxo adquiere un espíritu de cruzado cuando se amenaza a la Madre Iglesia... pero pídele que vaya a misa una vez a la semana y verás cómo el espíritu cruzado se encoge y se echa a dormir.
Las palabras de Navio tuvieron efecto: el obispo Peregrino se enfad√≥ a√ļn m√°s; su cara adquiri√≥ un matiz sonrosado bajo el oscuro color marr√≥n de su piel. Cuando el informe de Navio termin√≥ por fin, Peregrino se volvi√≥ a Dom Crist√£o, con la cara convertida en una m√°scara de furia.
¬ó ¬ŅQu√© dice ahora, Hermano Amai?
¬ó Dir√≠a, si fuera menos discreto, que fue usted un idiota al interferirse con este Portavoz cuando supo que la ley estaba de su lado y cuando no nos hab√≠a hecho ning√ļn da√Īo. Ahora le han provocado y es mucho m√°s peligroso de lo que habr√≠a sido si simplemente hubiera ignorado su llegada.
Dom Cristão sonrió ligeramente e inclinó la cabeza.
¬ó
Pienso que deber√≠amos golpear primero para quitarle el poder de hacernos da√Īo.
Aquellas palabras militantes tomaron al obispo Peregrino por sorpresa.


¬ó
Exactamente ¬ó dijo ¬ó. Pero no esperaba que comprendiera usted eso.


¬ó Los Filhos son tan ardorosos como cualquier cristiano seglar podr√≠a serlo ¬ó dijo Dom Crist√£o ¬ó, pero ya que no tenemos ning√ļn sacerdocio, debemos contentarnos con la raz√≥n y la l√≥gica como pobres sustitutos de la autoridad.
El obispo Peregrino sospech√≥ que hab√≠a iron√≠a en sus palabras, pero nunca era capaz de detectarla. Gru√Ī√≥ y encogi√≥ los ojos.
¬ó Entonces, Hermano Amai, ¬Ņc√≥mo propone que le golpeemos?
¬ó Bien, Padre Peregrino, la ley es muy expl√≠cita. Tiene poder sobre nosotros si interferimos en la representaci√≥n de sus deberes ministeriales. Si queremos desprenderle del poder de hacernos da√Īo, simplemente tenemos que cooperar con √©l.
El obispo rugi√≥ y golpe√≥ la mesa con el pu√Īo.
— ¡Es exactamente el tipo de sofisma que debí haber esperado de usted, Amai!
Dom Cristão sonrió.

¬ó
Realmente no hay otra alternativa... o contestamos sus preguntas o hace la petición, con completa justicia, para que le concedan status de inquisidor, y usted tendrá que tomar una nave que le lleve al Vaticano para responder a los cargos de persecución religiosa. Todos le apreciamos demasiado, obispo Peregrino, para hacer nada que pudiera causar su cese del cargo.

— Oh, sí, conozco su aprecio.

¬ó
Los Portavoces de los Muertos son todos bastante inofensivos... no mantienen una organizaci√≥n rival, no administran ning√ļn sacramento, ni siquiera claman que la Reina Colmena y el Hegem√≥n sea una obra de las escrituras. La √ļnica cosa que hacen es descubrir la verdad sobre las vidas de los muertos, y luego le cuentan a todo el mundo, que quiere escuchar, la vida de una persona muerta tal como el muerto tuvo intenci√≥n de vivirla.

¬ó ¬ŅY pretende que eso es inofensivo?

¬ó
Al contrario. San √Āngelo fund√≥ nuestra orden precisamente porque decir la verdad es un acto muy poderoso. Pero pienso que es mucho menos da√Īino que, pongo por caso, la Reforma protestante. Y la revocaci√≥n de la licencia cat√≥lica, bajo el cargo de persecuci√≥n religiosa, garantizar√≠a la autorizaci√≥n inmediata de los suficientes emigrantes no cat√≥licos para hacer que representemos no

más de un tercio de la población. El obispo Peregrino se frotó el anillo.

¬ó
¬ŅAutorizar√≠a eso el Congreso Estelar? Han limitado el tama√Īo de esta colonia. Traer a tantos infieles sobrepasar√≠a con creces ese limite.

¬ó
Pero debe saber que ya han previsto eso. ¬ŅPor qu√© piensa que han dejado dos naves espaciales en la √≥rbita de nuestro planeta? Ya que una Licencia Cat√≥lica garantiza un crecimiento de la poblaci√≥n sin restricciones, simplemente acabar√°n con nuestro exceso de poblaci√≥n con una emigraci√≥n forzada. Esperan hacerlo dentro de una generaci√≥n o dos... ¬Ņpor qu√© no iban a empezar ahora?

— No harían eso.

¬ó
El Congreso Estelar se formó para detener las yihads y los progroms que tenían lugar en media docena de lugares. Una invocación a las leyes de persecución religiosa es un asunto serio.

¬ó
¡Está completamente fuera de lugar! ¡Un Portavoz de los Muertos es llamado por una especie de hereje medio loco y de repente nos enfrentamos a una emigración forzada!


— Mi amado padre, las cosas siempre han sido así entre la autoridad seglar y la religiosa.
Tenemos que ser pacientes, aunque no sea por otra raz√≥n m√°s que por √©sta: ellos tienen toda la fuerza. Navio frunci√≥ el ce√Īo ante esto.
¬ó
Puede que tengan la fuerza, pero nosotros tenemos las llaves del cielo y del infierno ¬ó dijo el obispo.

¬ó
Y estoy seguro de que la mitad del Congreso Estelar ya se relame de ganas. Mientras tanto, quiz√° yo pueda ayudar a aliviar el dolor de este tiempo hostil. En vez de tener que retractarse p√ļblicamente de sus observaciones anteriores (sus est√ļpidas, destructivas y retorcidas observaciones), hagamos saber que ha instruido a los Filhos da Mente de Cristo para que soporten la onerosa carga de contestar las preguntas del infiel.

¬ó Puede que no conozca usted todas las respuestas que quiere ¬ó dijo Navio.

¬ó
Pero podemos averiguar las respuestas para √©l, ¬Ņno? Quiz√°s as√≠ la gente de Milagro no tendr√° que responderle nunca directamente; en cambio, hablar√°n solamente a inofensivos hermanos y hermanas de nuestra orden.


¬ó En otras palabras ¬ó dijo Peregrino secamente ¬ó, los monjes de su orden se convertir√°n en
servidores del infiel. Dom Cristão cantó su nombre silenciosamente otras tres veces.
Ender no se hab√≠a sentido m√°s claramente en territorio enemigo desde que pas√≥ su infancia con los militares. El camino que llevaba a la colina desde la pra√ßa estaba desgastado por los pasos de los pies de muchos adoradores, y la c√ļpula de la catedral era tan alta que, excepto en algunos lugares en lo m√°s empinado de la cuesta, era visible todo el tiempo desde la colina. La escuela primaria estaba a la derecha, construida en forma de terraza en la ladera; a la izquierda estaba la Vila dos Professores, llamada as√≠ por los maestros, aunque en realidad estaba habitada por los jardineros, conserjes, empleados y otros cargos. Los profesores que vio Ender llevaban todos las t√ļnicas grises de los Filhos, y le miraron con curiosidad mientras pasaban por su lado.
La enemistad empez√≥ cuando lleg√≥ a la cima de la colina, una amplia, casi plana extensi√≥n dec√©sped y jard√≠n inmaculadamente cuidado, con ordenados parterres formando senderos. ¬ę√Čste es el mundo de la Iglesia ¬ó pens√≥ Ender ¬ó, todo en su sitio y ninguna mala hierba.¬Ľ Era consciente de las muchas miradas que se le dirig√≠an, pero ahora las sotanas eran negras o naranjas, sacerdotes y di√°conos cuyos ojos brillaban mal√©volos de la autoridad que manten√≠an bajo amenazas. ¬ŅQu√© es lo que os robo al venir aqu√≠?, les pregunt√≥ Ender en silencio. Pero sab√≠a que su odio no era inmerecido. Era una hierba salvaje creciendo en el jard√≠n bien cuidado; donde se deten√≠a amenazaba el desorden, y muchas flores hermosas morir√≠an si echaba ra√≠ces y chupaba la vida de su suelo.
Jane charlaba amigablemente con él, tratando de provocarle para que contestara, pero Ender rehusaba caer en su juego. Los sacerdotes no le verían mover los labios; había una considerable facción en la Iglesia que consideraba los implantes como el que llevaba en el oído un sacrilegio, al tratar de mejorar un cuerpo que Dios había creado perfecto.
¬ó
¬ŅCu√°ntos curas puede soportar esta comunidad, Ender? ¬ó dijo ella, haciendo como que se maravillaba.

A Ender le habr√≠a gustado replicarle que ella ya ten√≠a el n√ļmero exacto en sus archivos. Uno de sus placeres era decir cosas molestas cuando √©l no estaba en posici√≥n de contestarle o reconocer p√ļblicamente que ella le hablaba al o√≠do.

¬ó
Z√°nganos que ni siquiera se reproducen. Si no copulan, ¬Ņno demanda la evoluci√≥n que se extingan?


Por supuesto, sab√≠a que los sacerdotes hac√≠an la mayor parte del trabajo administrativo y p√ļblico de la comunidad. Ender pens√≥ sus respuestas como si pudiera expresarlas en voz alta. Si los sacerdotes no estuvieran aqu√≠, entonces serian los miembros del gobierno, o grupos de negocios, o corporaciones o cualquier otro grupo quienes se expander√≠an para tomar la carga. Alguna jerarqu√≠a r√≠gida emerge siempre como la fuerza conservadora de una comunidad, manteniendo su identidad a pesar de las constantes variaciones y cambios que la amenazaban. Si no hubiera ning√ļn abogado de la ortodoxia, la comunidad se desintegrar√≠a inevitablemente. Una ortodoxia poderosa es molesta, pero es esencial para la comunidad. ¬ŅNo hab√≠a escrito esto Valentine en su libro sobre Zanz√≠bar? Comparaba la clase sacerdotal con el esqueleto de los vertebrados...
Sólo para demostrarle que podía anticipar sus argumentos antes incluso de que pudiera decirlos en voz alta, Jane proporcionó la cita; implacable, habló con la voz de Valentine, que había almacenado obviamente para atormentarle.
¬ó
Los huesos son duros y parecen muertos y óseos, pero al agruparse a su alrededor, el resto del cuerpo ejecuta los movimientos de la vida.

El sonido de la voz de Valentine le lastim√≥ m√°s de lo que esperaba, ciertamente m√°s de lo que Jane hab√≠a pretendido. Advirti√≥ que era su ausencia lo que le hac√≠a tan sensible a la hostilidad de los sacerdotes. Hab√≠a soportado las dentelladas de los calvinistas, hab√≠a caminado filos√≥ficamente desnudo entre los carbones ardientes del Islam, y los fan√°ticos Shinto le hab√≠an cantado amenazas de muerte en su ventana de Kyoto. Pero Valentine hab√≠a estado siempre cerca, en la misma ciudad, respirando el mismo aire, afligida por el mismo clima. Le inspiraba valor al partir; √©l regresaba en busca de consuelo y su conversaci√≥n encontraba sentido incluso a sus fallos, d√°ndole peque√Īas notas de triunfo incluso en la derrota. La dej√© hace apenas diez d√≠as y ya siento su falta.

¬ó
A la izquierda, creo — dijo Jane. Afortunadamente, ahora usaba de nuevo su propia voz —. El monasterio está en el ala oeste de la colina, vigilando la Estación Zenador.


Ender pas√≥ junto a la faculdade, donde los alumnos estudiaban las ciencias superiores a partir de los doce a√Īos. Y all√≠ estaba esperando el monasterio. Sonri√≥ ante el contraste entre la catedral y el monasterio. Los Filhos eran casi inofensivos en su repudio de la opulencia. No era extra√Īo que la jerarqu√≠a les temiera, dondequiera que fueran. Incluso el jard√≠n del monasterio era un argumento rebelde... todo estaba abandonado y formaba matojos de hierba sin cortar.
El abad se llamaba Dom Crist√£o, por supuesto; se habr√≠a llamado Dona Crista si hubiera sido una abadesa. En este lugar, como s√≥lo hab√≠a una escola baixa y una faculdade, hab√≠a s√≥lo un encargado; con elegante simplicidad, el marido dirig√≠a el monasterio y la esposa las escuelas,envolviendo todos los asuntos de la orden en un solo matrimonio. Ender le hab√≠a dicho a San √Āngelo al principio que era la cima de la pretensi√≥n y no de la humildad, el que los jefes de los monasterios y las escuelas se llamaran ¬ęDon Cristiano¬Ľ o ¬ęDo√Īa Cristiana¬Ľ, arrog√°ndose un titulo que deber√≠apertenecer a todos los seguidores de Cristo indistintamente. San √Āngelo solamente hab√≠a sonre√≠do, porque eso era, precisamente, lo que ten√≠a en mente. Arrogante en su humildad, eso era, y √©sa era una de las razones por las que Ender le amaba.
Dom Cristão salió al patio para saludarle en vez de esperarle en su escritorio: parte de la disciplina de la orden era la de molestarse uno deliberadamente en favor de aquellos a quienes se sirve.
— ¡Portavoz Andrew! — exclamó.
— ¡Dom Ceifeiro! — dijo Ender a su vez. Ceifeiro (segador), era el título que la orden daba al oficio de abad; los encargados de las escuelas eran llamados aradores, y los monjes maestros semeadores, sembradores.
El Ceifeiro sonri√≥ al ver que el Portavoz rehusaba su t√≠tulo com√ļn, Dom Crist√£o. Sab√≠a lo dif√≠cil que era requerir que otra gente llamara a los Filhos por sus t√≠tulos y sus nombres compuestos. Comodec√≠a San √Āngelo: ¬ęCuando te llaman por tu t√≠tulo, admiten que eres cristiano; cuando te llaman por tu nombre, un serm√≥n sale de sus propios labios.¬Ľ Tom√≥ a Ender por los hombros, sonri√≥ y dijo:
¬ó
S√≠, soy el Ceifeiro. ¬ŅY qu√© es usted para nosotros... nuestra mala hierba?

¬ó
Intento ser un tizón adondequiera que voy.

¬ó
Tenga cuidado, entonces, o el Se√Īor de los Cosechas le quemar√° con las ciza√Īas.


¬ó
Lo sé, la condenación está sólo a un suspiro de distancia, y no hay esperanza de que me arrepienta.

¬ó
Los sacerdotes se arrepienten. Nuestro trabajo es ense√Īar a la mente. Es bueno que haya venido.

¬ó
Fue bueno que me invitara. Me han obligado a tomar unas medidas de fuerza para lograr que alguien converse conmigo.


El Ceifeiro comprendía, por supuesto, que el Portavoz sabía que la invitación se debía solamente a su amenaza inquisitorial. Pero el Hermano Amai prefería mantener la conversación en términos alegres.
¬ó
Venga, ¬Ņes cierto que conoci√≥ a San √Āngelo? ¬ŅEs usted el mismo que Habl√≥ en su muerte? Ender hizo un gesto hacia los altos matojos que sobrepasaban el muro del patio.

¬ó
Habría aprobado el desarreglo de su jardín. Le encantaba provocar al cardenal Aquila, y sin


duda su obispo Peregrino también arruga la nariz de disgusto por su mantenimiento. Dom Cristão retrocedió.
¬ó
Conoce demasiados secretos nuestros. Si le ayudamos a encontrar respuestas a sus preguntas, ¬Ņse marchar√°?

¬ó
Hay esperanza. El m√°ximo tiempo que me he quedado en un lugar desde que empec√© a servir como Portavoz ha sido el a√Īo y medio que he estado viviendo en Reykiavik, en Trondheim.


— Desearía que nos prometiera una estancia igualmente breve aquí. No por mí, sino por la paz
interior de aquellos que llevan sotanas mucho m√°s importantes que la m√≠a. Ender dio la √ļnica respuesta sincera que podr√≠a ayudar a tranquilizar la mente del obispo.
¬ó
Prometo que si alguna vez encuentro un lugar en donde asentarme, dejaré mi título de Portavoz y me convertiré en un ciudadano productivo.

— En un lugar como éste, eso incluiría convertirse al catolicismo.

¬ó
San √Āngelo me hizo prometer hace a√Īos que si alguna vez me convert√≠a a alguna religi√≥n, ser√≠a a la suya.

¬ó
De alguna manera, eso no parece una profesión de fe sincera.

¬ó
Es porque no tengo ninguna.




El Ceifeiro se ri√≥ como si lo supiera por experiencia, e insisti√≥ en mostrarle a Ender el monasterio y las escuelas antes de tratar sobre sus preguntas. A Ender no le import√≥: quer√≠a ver hastad√≥nde hab√≠an llegado las ideas de San √Āngelo en los siglos que hab√≠an pasado desde su muerte. Las escuelas parec√≠an bastante agradables, y la calidad de la educaci√≥n era alta; pero oscureci√≥ antes de que el Ceifeiro le llevara de vuelta al monasterio y le hiciera pasar a la peque√Īa celda que compart√≠an √©l y su esposa, la Aradora.
Dona Cristã ya estaba allí, creando ejercicios gramaticales en el terminal situado entre las dos camas. Esperaron hasta que encontró un punto en el que pararse antes de hablarle. El Ceifeiro lo presentó como el Portavoz Andrew.
¬ó Pero parece que le cuesta trabajo llamarme Dom Crist√£o.
¬ó Lo mismo le pasa al obispo ¬ó dijo su esposa ¬ó. Mi nombre verdadero es Detestai o Pecado e Fazei o Direito ¬ó Ender tradujo: Detesta el pecado y haz el bien ¬ó. El nombre de mi marido tiene una abreviatura encantadora: Amai, amaos. ¬ŅPero el m√≠o? ¬ŅPuede imaginarse gritarle a un amigo Oi! Detestai! ¬ó los tres se echaron a re√≠r ¬ó. Amor y Repulsa, eso es lo que somos, marido y mujer. ¬ŅC√≥mo me llamar√°, si el nombre de Cristiana es demasiado bueno para m√≠?
Ender le mir√≥ a la cara, que empezaba a mostrar arrugas y que alguien m√°s cr√≠tico que √©l considerar√≠a vieja. Sin embargo, hab√≠a una alegr√≠a en su sonrisa y un vigor en sus ojos que la hac√≠an parecer mucho m√°s joven, a√ļn m√°s que Ender.
— Le llamaría Beleza, pero su marido me acusaría de flirtear con usted.
¬ó
No, √©l me llamar√≠a Beladona... de la belleza al veneno en un chiste un poco molesto. ¬ŅNo es verdad, Dom Crist√£o?

¬ó
Es mi trabajo hacer que seas humilde.

¬ó
Y es el mío mantenerte casto — respondió ella.
Ender no pudo evitar mirar de una cama a otra.


¬ó
Ah, otro que siente curiosidad sobre nuestro matrimonio célibe — dijo el Ceifeiro.



¬ó
No ¬ó dijo Ender ¬ó. Pero recuerdo que San √Āngelo urg√≠a a que marido y mujer usaran una sola cama.

¬ó
La √ļnica manera en que podr√≠amos hacer eso ¬ó dijo la Aradora ¬ó, es si uno de nosotros durmiera durante la noche y el otro durante el d√≠a.

¬ó
Las reglas deben adaptarse a la fuerza de los Filhos da Mente ¬ó explic√≥ el Ceifeiro ¬ó. No hay duda de que algunos pueden compartir la cama y permanecer c√©libes, pero mi esposa es a√ļn demasiado hermosa, y las ansias de mi carne demasiado insistentes.

¬ó
Eso era lo que intentaba San √Āngelo. Dijo que la cama de matrimonio deber√≠a ser la prueba constante de vuestro amor por el conocimiento. Esperaba que cada hombre y mujer en la orden, despu√©s de un tiempo, escoger√≠an reproducirse en la carne as√≠ como en la mente.

¬ó
Pero en el momento en que hagamos eso ¬ó dijo el Ceifeiro ¬ó tendremos que dejar los Filhos.

¬ó
Es lo que nuestro querido San Angelo no comprendía, porque nunca hubo un auténtico monasterio de la orden durante su vida — dijo la Aradora —. El monasterio se convierte en nuestra familia, y dejarlo sería tan doloroso como el divorcio. En cuanto las raíces se marchitan, la planta no puede crecer de nuevo sin gran dolor y sufrimiento. Así que dormimos en camas separadas, y así tenemos fuerzas para permanecer en nuestra amada orden.


Ella habló con tanta satisfacción que, contra su voluntad, los ojos de Ender se llenaron de lágrimas. Ella lo vio, se ruborizó y miró hacia otro lado.
— No llore por nosotros, Portavoz Andrew. Tenemos mucha más alegría que sufrimiento.
¬ó
Me ha malinterpretado ¬ó dijo Ender ¬ó. Mis l√°grimas no eran debidas a la pena, sino a la hermosura de todo esto.

¬ó
No — dijo el Ceifeiro —, incluso los sacerdotes célibes piensan que la castidad en nuestro matrimonio es, como poco, excéntrica.

¬ó
Pero yo no — contestó Ender. Por un momento quiso hablarles de su larga estancia con Valentine, tan cerca de él como una amante esposa y, sin embargo, casta como una hermana. Pero pensar en ella le creó un nudo en la garganta. Se sentó en la cama del Ceifeiro y se llevó las manos a la cara.

¬ó ¬ŅPasa algo malo? ¬ó pregunt√≥ la Aradora.
Al mismo tiempo, la mano del Ceifeiro se posó suavemente en su cabeza.
Ender alz√≥ la cara, intentando combatir el repentino ataque de amor y a√Īoranza por Valentine.


¬ó
Me temo que este viaje me ha costado m√°s que ning√ļn otro. Dej√© a mi hermana, que viaj√≥ conmigo durante muchos a√Īos. Se cas√≥ en Reykiavik. Para m√≠ ha pasado s√≥lo una semana, pero noto que la echo de menos m√°s de lo que esperaba. Ustedes dos...

¬ó
¬ŅNos est√° diciendo que tambi√©n es c√©libe? ¬ó pregunt√≥ el Ceifeiro.

¬ó
Y ahora también viudo — susurró la Aradora.
A Ender no le pareció incongruente del todo nombrar la pérdida de Valentine en esos términos.
¬ęSi esto forma parte de alg√ļn plan maestro tuyo, Ender, admito que es demasiado profundo para





m√≠¬Ľ ¬ó susurr√≥ Jane en su o√≠do.
Pero, naturalmente, no formaba parte de ning√ļn plan. Ender se asust√≥ al ver que perd√≠a el control de esta manera. Anoche, en la casa de los Ribeira, era el amo de la situaci√≥n; ahora sent√≠a que se hab√≠a rendido a estos monjes casados con el mismo abandono que hab√≠an mostrado Quara o Grego.
¬ó
Creo que ha venido aquí buscando respuesta a más preguntas de las que sabe — dijo el Ceifeiro.

¬ó
Debe estar tan solo ¬ó dijo la Aradora ¬ó. Su hermana ha encontrado un lugar donde descansar. ¬ŅEst√° tambi√©n buscando uno?


— No lo creo — contestó Ender —. Me temo que he abusado de su hospitalidad. Los monjes no
ordenados no pueden oír confesiones. La Aradora se rió en voz alta.
— Oh, cualquier católico puede oír la confesión de un infiel.
El Ceifeiro, sin embargo, no se rió.

¬ó Portavoz Andrew, nos has dado obviamente m√°s confianza de la que hab√≠as planeado, pero te aseguro que nos merecemos esa confianza. Y en el proceso, amigo m√≠o, he llegado a creer que puedo confiar en ti. El obispo te teme, y admito que yo mismo ten√≠a mis propios resquemores, pero ya no. Te ayudar√© si puedo, porque creo que no causar√°s ning√ļn da√Īo premeditadamente a nuestro pueblo.
¬ę¬ó Ah ¬ó susurr√≥ Jane ¬ó Ahora lo veo. Una maniobra muy inteligente de tu parte, Ender. Juegas mucho mejor que yo.¬Ľ
Aquella puya hizo que Ender se sintiera c√≠nico y traidor, e hizo algo que nunca hab√≠a hecho antes. Se llev√≥ la mano a la oreja, encontr√≥ el cierre del alfiler que sujetaba la joya, empuj√≥ con la u√Īa y se la quit√≥. La joya qued√≥ inutilizada. Jane ya no pod√≠a hablarle al o√≠do, ya no pod√≠a ver y o√≠r desde su estrat√©gico emplazamiento.
¬ó Salgamos fuera ¬ó dijo Ender.
Ellos comprendieron perfectamente lo que acababa de hacer, puesto que la funci√≥n de un implante de esas caracter√≠sticas era bien conocida. Lo vieron como prueba de su deseo de una conversaci√≥n privada y provechosa, y por tanto accedieron a acompa√Īarle de inmediato. Ender hab√≠a pretendido desconectar la joya temporalmente, como respuesta a la insensibilidad de Jane; hab√≠a pensado en desconectar el interface s√≥lo por unos minutos. Pero la manera como la Aradora y el Ceifeiro parecieron relajarse cuando la joya qued√≥ desactivada le hizo imposible volver a conectarla, al menos durante un rato.
Fuera, en la colina, imbuido en la conversación con la Aradora y el Ceifeiro, se olvidó que Jane no escuchaba. Le hablaron de la infancia solitaria de Novinha, y cómo recordaban haberle visto cobrar vida a través de los paternales cuidados de Pipo y la amistad de Libo.
— Pero desde la noche de su muerte, ella ha muerto también para todos nosotros.
Novinha no supo nunca las discusiones que tuvieron lugar con ella como tema. Las penas de la mayor√≠a de los ni√Īos normalmente no desembocaban en reuniones en las habitaciones del obispo, o en conversaciones entre los profesores del monasterio, o en especulaciones sin fin en las oficinas de la alcaldesa. La mayor√≠a de los ni√Īos, despu√©s de todo, no eran hijos de Os Venerados; ni eran el √ļnico xenobi√≥logo del planeta.
¬ó
Se volvi√≥ muy distante y fr√≠a. Hizo informes de su trabajo sobre la adaptaci√≥n de vida vegetal nativa para uso humano, y sobre plantas nacidas en la Tierra para sobrevivir en Lusitania. Siempre contestaba a todas las preguntas f√°cil, alegre e inofensivamente. Pero estaba muerta para nosotros, no ten√≠a amigos. Tambi√©n le preguntamos a Libo, Dios d√© descanso a su alma, y nos dijo que incluso √©l, que hab√≠a sido su amigo, no hab√≠a llenado el alegre vac√≠o que mostraba a todo el mundo. En cambio, ella se mostraba furiosa con √©l y le prohibi√≥ que le hiciera seg√ļn qu√© preguntas.

El Ceifeiro arrancó una hoja de hierba nativa y exprimió el líquido de la superficie interna.

¬ó
Deberías probar esto, Portavoz Andrew. Tiene un sabor interesante, y ya que tu cuerpo no puede metabolizarlo, es bastante inofensivo.

¬ó
Debes advertirle, esposo, que los bordes de la hierba pueden cortarle los labios y la lengua como cuchillas.


— Estaba a punto de decírselo.
Ender se rió, peló una hoja y la probó. Canela amarga, un poco de regusto ácido, la pesadez de lo rancio... el sabor era reminiscente de muchas cosas, pocas agradables, pero también era fuerte.
¬ó
Esto podría ser adictivo.

¬ó
Mi esposo está a punto de hacer una alegoría, Portavoz Andrew. Ten cuidado.
El Ceifeiro se rió tímidamente.



¬ó
¬ŅNo dijo San √Āngelo que Cristo ense√Ī√≥ el camino correcto, uniendo nuevas cosas a las viejas?

¬ó El sabor de la hierba ¬ó dijo Ender ¬ó. ¬ŅQu√© tiene que ver con Novinha?

¬ó
Es muy rebuscado. Pero creo que Novinha probó algo no tan agradable, pero tan fuerte que la abrumó, y ya nunca pudo deshacerse del sabor.

¬ó ¬ŅQu√© fue?

¬ó
¬ŅEn t√©rminos teol√≥gicos? El orgullo de la culpa universal. Es una forma de vanidad y egoman√≠a. Se considera responsable de cosas que posiblemente no sean culpa suya. Como si lo controlara todo, como si el sufrimiento de otras personas fuera una especie de sufrimiento por sus pecados.

¬ó Se culpa de la muerte de Pipo ¬ó dijo la Aradora.

¬ó
No es tonta ¬ó repuso Ender ¬ó. Sabe que fueron los cerdis, y sabe que Pipo fue a ellos solo. ¬ŅC√≥mo podr√≠a ser culpa suya?

¬ó
Cuando se me ocurri√≥ este pensamiento, puse la misma objeci√≥n. Pero entonces ech√© un vistazo a las transcripciones y grabaciones de los sucesos ocurridos en la noche en que muri√≥ Pipo. Hab√≠a s√≥lo una pista, una observaci√≥n que hizo Libo pidi√©ndole a Novinha que le mostrase aquello en lo que ella y Pipo hab√≠an estado trabajando, justo antes de que Pipo saliera para ver a los cerdis. Ella le dijo que no. Eso fue todo. Alguien interrumpi√≥ y nunca se volvi√≥ a sacar el tema, al menos no en la Estaci√≥n Zenador, ni en ning√ļn lugar donde quedara registrado.

¬ó Nos preguntamos qu√© sucedi√≥ justo antes de la muerte de Pipo, Portavoz Andrew ¬ó intervino la Aradora ¬ó. ¬ŅPor qu√© se march√≥ de esa forma? ¬ŅSe hab√≠an peleado o algo por el estilo? ¬ŅEstaba furioso? Cuando muere alg√ļn ser querido y tu √ļltimo con ¬ó tacto con √©l ha sido un arrebato de furia o de pesar, entonces empiezas a echarte la culpa. Si yo no hubiera dicho esto, si no hubiera dicho lo otro...

¬ó
Intentamos reconstruir lo que pasó esa noche. Nos dirigimos a los ficheros del ordenador, los que automáticamente retienen las notas de trabajo, un registro de todo lo que se hace por cada persona. Y todo lo relativo a ella había sido sellado completamente. No sólo los archivos con los que estaba trabajando. Ni siquiera pudimos acceder a los que tenían relación. Ni siquiera pudimos descubrir qué ficheros nos escondía. Simplemente no pudimos entrar. Ni tampoco pudo la alcaldesa ni con sus poderes y permisos especiales.

La Aradora asintió.

¬ó
Fue la primera vez que alguien cerraba archivos p√ļblicos de esa manera... archivos de trabajo, parte de la labor de la colonia.

¬ó
Fue una osad√≠a por su parte. Por supuesto que la alcaldesa podr√≠a haber usado sus poderes de emergencia, ¬Ņpero cu√°l era la emergencia? Tendr√≠amos que acudir a una audiencia p√ļblica, y no ten√≠amos ninguna justificaci√≥n legal. S√≥lo preocupaci√≥n por ella, y la ley no tiene ning√ļn respeto por la gente que se preocupa por el bien de alguien m√°s. Alg√ļn d√≠a tal vez veamos lo que hay en esos archivos, qu√© es lo que sucedi√≥ entre ellos antes de que Pipo muriera. No puede borrarlos porque son asunto p√ļblico.

A Ender no se le ocurrió que Jane no estaba escuchando, que él la había desconectado. Asumió que en cuanto oyera esto se saltaría todas las protecciones que Novinha hubiera colocado y descubriría qué era lo que había en aquellos archivos.

¬ó
Y su matrimonio con Marcos ¬ó dijo la Aradora ¬ó. Todo el mundo sab√≠a que estaba enfermo. Libo quer√≠a casarse con ella, no hab√≠a ning√ļn secreto en eso. Pero ella dijo que no.

¬ó
Es como si dijera: no merezco casarme con el hombre que podría hacerme feliz. Me casaré con el hombre que es perverso y brutal, que me dará el castigo que me merezco — suspiró el Ceifeiro —. Su deseo de autocastigarse los separó para siempre.


Extendió la mano y tocó la de su esposa.
Ender esperaba que Jane hiciera un comentario sarcástico sobre la forma en que los seis hijos comunes probaban que Libo y Novinha no habían estado completamente separados. Cuando no lo dijo, Ender recordó que había desconectado el interface. Pero ahora, con el Ceifeiro y la Aradora observándole, no podía volver a conectarlo.
Porque sab√≠a que Libo y Novinha hab√≠an sido amantes durante a√Īos, y que el Ceifeiro y la Aradora estaban equivocados. ¬°Oh!, Novinha pod√≠a sentirse culpable: eso explicar√≠a por qu√© soportaba a Marcos, por qu√© se separ√≥ de las dem√°s personas. Pero no era √©sa la raz√≥n por la que no se cas√≥ con Libo; no importaba cu√°nta culpa sintiera, ciertamente pensaba que se merec√≠a los placeres de la cama de Libo.
Era el matrimonio con Libo, no a Libo mismo lo que ella rechazaba. Y aquello no era una elecci√≥n f√°cil en una colonia tan peque√Īa, especialmente en una colonia cat√≥lica. ¬ŅEntonces qu√© era, si ten√≠a relaci√≥n con el matrimonio, pero no con el adulterio? ¬ŅQu√© era lo que estaba evitando?
¬ó
As√≠ que ya ves, para nosotros es a√ļn un misterio. Si est√°s realmente interesado en Hablar de la muerte de Marcos Ribeira, tendr√°s que resolver esa pregunta de alguna manera... ¬Ņpor qu√© se cas√≥ ella con √©l? Y para responder a eso, tendr√°s que descubrir por qu√© muri√≥ Pipo. Y diez mil de las mejores mentes de los Cien Mundos han estado trabajando en eso durante m√°s de veinte a√Īos.

¬ó
Pero tengo una ventaja sobre todas esas mentes ¬ó dijo Ender.

¬ó
¬ŅY cu√°l es?

¬ó
Tengo la ayuda de la gente que ama a Novinha.



¬ó
No nos hemos podido ayudar a nosotros mismos ¬ó dijo la Aradora ¬ó. No hemos podido ayudarle a ella tampoco.

¬ó
Tal vez nos podamos ayudar mutuamente.
El Ceifeiro le miró y le puso una mano en el hombro.


¬ó
Si dices eso de verdad, Portavoz Andrew, entonces ser√°s tan honesto con nosotros como lo




hemos sido contigo. Nos dir√°s la idea que se te ha ocurrido no hace a√ļn ni diez segundos. Ender se detuvo un momento y luego asinti√≥ gravemente.
¬ó
No creo que Novinha rehusara casarse con Libo por un sentimiento de culpa. Creo que rehusó casarse con él para evitar que tuviera acceso a esos ficheros ocultos.

¬ó
¬ŅPor qu√©? ¬ó pregunt√≥ el Ceifeiro ¬ó. ¬ŅTen√≠a miedo de que descubriera que se hab√≠a peleado con Pipo?

¬ó
No creo que fuera eso. Creo que ella y Pipo descubrieron algo, y ese conocimiento fue lo que condujo a Pipo a la muerte. Por eso cerró los archivos. De alguna manera la información que hay en ellos es fatal.

El Ceifeiro sacudió la cabeza.

¬ó
No, Portavoz Andrew. No comprendes el poder de la culpa. La gente no arruina sus vidas por un poco de informaci√≥n: pero lo hacen por una cantidad a√ļn m√°s peque√Īa de autoculpa. Ver√°s, ella se cas√≥ con Marcos Ribeira. Y eso fue un autocastigo.


Ender no se molest√≥ en discutir. Ten√≠an raz√≥n en lo de la culpa de Novinha; ¬Ņpor qu√© otra cosa podr√≠a dejar que Marcos Ribeira la golpeara y no se quejara nunca de ello? La culpa estaba all√≠, Pero hab√≠a otra raz√≥n para casarse con Marc√£o. Era est√©ril y se avergonzaba de serlo; para esconder su falta de hombr√≠a a la ciudad, √©l estuvo dispuesto a soportar un matrimonio en el que har√≠a de sistem√°tico cornudo. Novinha estaba dispuesta a sufrir, pero no deseaba vivir sin el cuerpo de Libo y sus hijos comunes. No, la raz√≥n por la que no quiso casarse con Libo era para apartarle de los secretos de sus archivos, porque de otra manera, lo que hab√≠a en ellos har√≠a que los cerdis lo matasen.
Qué ironía. Qué ironía que los cerdis lo mataran de todas formas.
De vuelta en su casa, Ender se sentó ante el terminal y llamó a Jane una y otra vez. Ella no le había hablado durante todo el camino de regreso, aunque en cuanto él volvió a conectar la joya se disculpó bastante con ella. Ella tampoco contestó al terminal.
S√≥lo entonces comprendi√≥ que la joya significaba mucho m√°s para ella que para √©l. √Čl simplemente hab√≠a descartado una interrupci√≥n molesta, como a
un ni√Īo problem√°tico. Pero para ella la joya era su contacto constante con el √ļnico ser humano que la conoc√≠a. Hab√≠an estado separados muchas veces antes, bien por causa de viajes estelares, o bien por el sue√Īo; pero √©sta hab√≠a sido la primera vez que √©l la desconectaba. Era como si la √ļnica persona que la conoc√≠a rehusara ahora admitir que exist√≠a.
Se la imagin√≥ como a Quara, llorando en la cama, deseando que alguien la cogiera en brazos yla consolara. S√≥lo que ella no era una ni√Īa de carne y hueso. √Čl no pod√≠a ir a buscarla. S√≥lo pod√≠a esperar que regresara.
¬ŅQu√© sab√≠a de ella? No ten√≠a manera de averiguar qu√© profundidad ten√≠an sus emociones. Era incluso remotamente posible que para ella la joya fuera ella misma, y al desconectar√≠a √©l la hubiera matado.
No ¬ó se dijo ¬ó. Est√° aqu√≠, en alg√ļn lugar de las conexiones fil√≥ticas entre los cientos de ansibles desplegados entre los sistemas solares de los Cien Mundos.
— Perdóname — escribió en el terminal —. Te necesito.
Pero la joya en su oído permaneció en silencio, el terminal permaneció quieto y frío. No se había dado cuenta de lo mucho que dependía de su presencia constante. Había pensado que valoraba su soledad; ahora, sin embargo, con aquella soledad obligatoria, tenía una urgente necesidad de hablar, de que alguien le escuchara, como si no pudiera estar seguro de que existía sin la conversación de alguien como evidencia.
Incluso sacó a la reina colmena de su escondite, aunque lo que pasaba entre ellos apenas podía considerarse una conversación. Incluso aquello no fue posible ahora. Sus pensamientos le llegaban difusa, débilmente, y sin las palabras que le eran tan difíciles a ella; sólo un sentimiento de pregunta y una imagen de su crisálida depositada en el interior de un lugar fresco, como una caverna o el hueco de un árbol viviente.
¬ęAhora?¬Ľ, pareci√≥ preguntar ella. No, tuvo que responder. Todav√≠a no, lo siento. Pero ella no esper√≥ su disculpa, s√≥lo se desliz√≥, se march√≥ de regreso a lo que fuera o quien fuera que hab√≠a encontrado para conversar a su propia manera, y Ender no pudo hacer otra cosa que dormir.
Y entonces, cuando se despert√≥ a medianoche, aplastado por la culpa de lo que sin pretender le hab√≠a hecho a Jane, se sent√≥ de nuevo ante el terminal y tecle√≥: ¬°Vuelve a mi, Jane. Te quiero! Y entonces envi√≥ el mensaje por el ansible, donde ella no podr√≠a ignorarlo. Alguien en la oficina de la alcaldesa lo leer√≠a, como se le√≠an todos los mensajes ansible abiertos; sin duda la alcaldesa, el obispo, y Dom Crist√£o lo sabr√≠an por la ma√Īana. Muy bien, que se preguntaran qui√©n era Jane, y por qu√© el Portavoz lloraba por ella a trav√©s de a√Īos-luz en medio de la noche. A Ender no le importaba. Pues ahora hab√≠a perdido a Valentine y a Jane, y por primera vez en veinte a√Īos estaba completamente solo.