9 - Defecto congénito


CIDA: El agente de la Descolada no es bacterial. Parece entrar en las c√©lulas del cuerpo y quedarse all√≠ permanentemente, como las mitocondrias, reproduci√©ndose cuando la c√©lula se reproduce. El hecho de que se esparciera a una nueva especie, s√≥lo unos pocos a√Īos despu√©s de nuestra llegada, sugiere que es f√°cilmente adaptable. Seguramente debe haberse extendido por toda la biosfera de Lusitania hace mucho tiempo, y ahora puede que sea end√©mica, una infecci√≥n permanente.
GUSTO: Si es permanente y está en todas partes, no es una infección, Cida, es parte de la vida normal.
CIDA: Pero no es necesariamente innata... tiene la habilidad de extenderse. Pero sí, si es endémica, entonces todas las especies indígenas deben haber encontrado maneras de combatirla...
GUSTO: O adaptarse a ella e incluirla en su ciclo de vida normal. Tal vez la
NECESITAN. CIDA: NECESITAN algo que separa sus genes y los vuelve a unir aleatoriamente? GUSTO: Tal vez por eso hay tan pocas especies diferentes en Lusitania... La
Descolada puede ser reciente, s√≥lo medio mill√≥n de a√Īos de antig√ľedad... y la mayor√≠a de las especies no pudieron adaptarse.
CIDA: Ojalá no estuviéramos muriendo, Gusto. El próximo xenobiólogo probablemente trabajará con adaptaciones genéticas sistematizadas y no seguirá con esto.
GUSTO: ¬Ņ√Čsa es la √ļnica raz√≥n que se te ocurre para lamentar nuestra muerte?
Vladimir Tiago Gussman y Ekaterina Mar√≠a Aparecida do Norte von Hesse-Gussman, di√°logo no publicado inserto en notas de trabajo, dos d√≠as antes de su muerte; citado por primera vez en: ¬ęHilos perdidos del conocimiento¬Ľ,
Meta-Ciencia, el Periódico de la Metodología, 2001:12:12:144—45.
Ender no se march√≥ de la casa de los Ribeira hasta muy tarde, y pas√≥ m√°s de una hora intentando buscar un sentido a lo que hab√≠a sucedido, especialmente despu√©s de que Novinha regresara a casa. A pesar de esto, Ender se levant√≥ temprano por la ma√Īana, lleno de preguntas que ten√≠a que contestar. Siempre suced√≠a de esta manera cuando se preparaba para Hablar de un muerto; apenas pod√≠a encontrar descanso mientras juntaba las piezas de la historia del muerto como la ve√≠a, la vida que pretend√≠a vivir, no importaba lo mal que hubiera acabado.
Esta vez, sin embargo, hab√≠a una ansiedad a√Īadida. Se preocupaba m√°s por los vivos de lo que nunca hab√≠a hecho antes.
¬ó
Claro que estás más involucrado — dijo Jane después de que intentara explicarle su confusión —. Te enamoraste de Novinha antes de salir de Trondheim.

¬ó
Tal vez amé a la joven, pero esta mujer es molesta y egoísta. Mira lo que dejó que le sucediera a sus hijos.

¬ó
¬ŅLo dice un Portavoz de los Muertos? ¬ŅJuzgas a alguien por sus apariencias?

¬ó
Tal vez he empezado a amar a Grego.

¬ó
Siempre te dejas engatusar por la gente que se te orina encima.

¬ó
Y a Quara. A todos... incluso a Miro, me gusta el chico.

¬ó
Y ellos te quieren, Ender.
√Čl se ech√≥ a re√≠r.




¬ó
La gente siempre piensa que me quiere, hasta que Hablo. Novinha es más perceptiva que la mayoría: me odia ya, antes de que diga la verdad.

¬ó
Estás tan ciego como todos los demás, Portavoz — dijo Jane —. Prométeme que cuando mueras, me dejarás que Hable en tu muerte. Tengo cosas que decir.


¬ó Gu√°rdatelas para ti ¬ó contest√≥ Ender, cansado ¬ó. En este negocio eres a√ļn peor que yo. Empez√≥ a hacer la lista de las preguntas que ten√≠a que resolver.
1.
¬ŅPor qu√© se cas√≥ Novinha con Marc√£o?

2.
¬ŅPor qu√© odiaba Marc√£o a sus hijos?

3.
¬ŅPor qu√© se odia Novinha?

4.
¬ŅPor qu√© me llam√≥ Miro para Hablar de la muerte de Libo?

5.
¬ŅPor qu√© me llam√≥ Ela para Hablar de la muerte de su padre?

6.
¬ŅPor qu√© cambi√≥ Novinha de opini√≥n y no quiso que Hablara de la muerte de Pipo?

7.
¬ŅCu√°l fue la causa inmediata de la muerte de Marc√£o?


Se detuvo en la séptima pregunta. Sería fácil de responder: un simple asunto clínico. Así que tendría que empezar por ahí.
El médico que hizo la autopsia a Marcão se llamaba Navío.
¬ó
No por mi tama√Īo ¬ó dijo, ech√°ndose a re√≠r ¬ó, o porque sea un buen nadador. Mi nombre completo es Enrique o Navigador Caronada. Puede apostar a que me alegro que me llamen as√≠ y no ¬ęca√Īoncito¬Ľ. Hay demasiadas posibilidades obscenas en esto √ļltimo.

Ender no se dej√≥ enga√Īar por su jovialidad. Navio era un buen cat√≥lico y obedec√≠a a su obispo como cualquiera. Estaba determinado a impedir que Ender aprendiera algo, aunque no se entristec√≠a por ello.

¬ó
Hay dos maneras por las que puedo conseguir las respuestas a mis preguntas — dijo Ender suavemente —. Puedo preguntarle y usted me contesta con sinceridad. O puedo remitir una petición al Congreso Estelar para que me abra los archivos. Los gastos del ansible son muy elevados, y ya que la petición es rutinaria, y su resistencia contraria a la ley, el coste se deducirá de los fondos de su colonia, junto con una penalización doble y una multa para usted.


La sonrisa de Navio desapareció gradualmente a medida que Ender hablaba.
¬ó
Naturalmente que responderé a sus preguntas — dijo fríamente.

¬ó
Nada de ¬ęnaturalmente¬Ľ ¬ó dijo Ender ¬ó. Su obispo aconsej√≥ a la gente de Milagro que


levantaran un boicot injustificado y sin provocaci√≥n a un ministro requerido legalmente. Le har√≠a un favor a todo el mundo si les informara que si esta alegre no ¬ó cooperaci√≥n contin√ļa, har√© una petici√≥n para que mi status cambie de ministro a inquisidor. Le aseguro que tengo muy buena reputaci√≥n en el Congreso Estelar, y que mi petici√≥n tendr√° √©xito.
Navio sabía exactamente lo que aquello significaba. Como inquisidor, Ender tendría autoridad para revocar la licencia católica de la colonia en el terreno de la persecución religiosa. Causaría un terrible malestar entre los lusitanos, más que a ninguno al obispo Peregrino, quien sería depuesto de su cargo y enviado al Vaticano para que le administraran un correctivo.
¬ó ¬ŅPor qu√© iba a hacer usted una cosa as√≠ cuando sabe que nadie le quiere aqu√≠? ¬ó pregunt√≥ Navio.
— Alguien me quería o de otro modo no habría venido. Puede que no le guste la ley cuando le
molesta, pero protege a muchos católicos en mundos donde la licencia se refiere a otros credos. Navio hizo tamborilear los dedos sobre la mesa.
¬ó ¬ŅQu√© preguntas quiere hacerme, Portavoz? Acabemos con esto cuanto antes.
¬ó
Es bastante simple, al menos para empezar. ¬ŅCu√°l fue la causa inmediata de la muerte de Marcos Mar√≠a Ribeira?

¬ó
¡Marcão! No es posible que le hayan llamado para Hablar por su muerte: sólo murió hace unas pocas semanas.


¬ó Me han llamado para que Hable de varias muertes, Dom Navio, y elijo empezar por la de
Marcão. Navio sonrió con una mueca.
¬ó
¬ŅY si pido pruebas de su autoridad?
Jane susurró a Ender en la oreja.


¬ó
Vamos a sorprenderle.


Inmediatamente, el terminal de Navio cobró vida y se llenó de documentos oficiales, mientras una de las voces más autoritarias de Jane declaraba:
¬ó
Andrew Wiggin, Portavoz de los Muertos, ha aceptado la llamada para explicar la vida y la muerte de Marcos María Ribeira, en la ciudad de Milagro, Colonia de Lusitania.

No fue el documento lo que impresionó a Navio. Fue el hecho de que no había hecho la petición, pues ni siquiera se había vuelto hacia su terminal. Navio supo de inmediato que el ordenador había sido activado a través de la joya que el Portavoz llevaba en el oído, pero eso significaba que una rutina lógica de muy alto nivel protegía al Portavoz y apoyaba sus peticiones. Nadie en Lusitania, ni siquiera la propia Bosquinha, había tenido nunca autoridad para hacer aquello. Fuera lo que fuese este Portavoz, concluyó Navio, es un pez mucho más gordo de lo que el obispo Peregrino puede digerir.

¬ó
De acuerdo ¬ó dijo Navio, forzando una sonrisa. Ahora, aparentemente, hab√≠a recordado c√≥mo volver a ser jovial ¬ó. Ten√≠a intenci√≥n de ayudarle, de todas formas. La paranoia del obispo no aflige a todo el mundo en Milagro, ¬Ņsabe?

Ender le devolvió la sonrisa, dando por buena su hipocresía.

¬ó
Marcos Ribeira murió de un defecto congénito — soltó un largo nombre pseudo — latino —. Nunca ha oído hablar de esa enfermedad porque es bastante rara, y sólo se traspasa a través de los genes. Empieza con la llegada de la pubertad, en la mayoría de los casos, y lo que hace es reemplazar gradualmente los tejidos glandulares endocrinos y exocrinos por células lípidas. Lo que eso significa


es que poco a poco a lo largo de los a√Īos las gl√°ndulas suprarrenales, la pituitaria, el h√≠gado, los test√≠culos, la tiroides y dem√°s son reemplazadas por grandes aglomeraciones de c√©lulas de grasa.
¬ó ¬ŅSiempre es fatal? ¬ŅIrreversible?
¬ó Oh, s√≠. La verdad es que Marcos vivi√≥ diez a√Īos m√°s de lo que es normal. Su caso era notable en varios sentidos. En todos los otros casos registrados (y lo cierto es que no hay demasiados), la enfermedad ataca primero a los test√≠culos, dejando a la v√≠ctima impotente y, casi siempre, est√©ril. Con seis hijos sanos, es obvio que los test√≠culos de Marcos Ribeira fueron las √ļltimas gl√°ndulas en resultar afectadas. Sin embargo, una vez que fueron atacadas, el progreso debi√≥ haber sido inusitadamente r√°pido: los test√≠culos hab√≠an sido reemplazados completamente por c√©lulas grasas, aunque gran parte de su h√≠gado y su tiroides segu√≠an a√ļn funcionando.
¬ó
¬ŅQu√© lo mat√≥ al final?

¬ó
La pituitaria y las adrenales no funcionaban. Era un muerto ambulante. Se cayó en uno de los


bares en mitad de una canci√≥n, seg√ļn he o√≠do. Como siempre, la mente de Ender encontr√≥ autom√°ticamente contradicciones aparentes.
¬ó ¬ŅC√≥mo es que una enfermedad hereditaria se transmite si deja a sus v√≠ctimas est√©riles?
¬ó
Se transmite normalmente a trav√©s de l√≠neas colaterales. Un ni√Īo muere y sus hermanos y hermanas no manifestar√°n para nada la enfermedad, pero pasar√°n la tendencia a sus hijos. Naturalmente, ten√≠amos miedo de que Marc√£o, al tener hijos, le pasara a todos ellos el gen defectuoso.

¬ó ¬ŅLos ha estudiado?

¬ó
Ninguno tiene ninguna deformaci√≥n gen√©tica. Puede apostar a que Dona Ivanova estuvo todo el rato mirando por encima de mi hombro. Detectamos inmediatamente los genes problem√°ticos y aclaramos que ninguno de los ni√Īos lo ten√≠a, as√≠ de f√°cil.

¬ó ¬ŅNinguno? ¬ŅNi siquiera una tendencia recesiva?

¬ó
Gra√ßas a Deus ¬ó dijo el m√©dico ¬ó. ¬ŅQui√©n se habr√≠a casado con ellos si hubieran tenido los genes malditos? Lo que no comprendo es c√≥mo el defecto gen√©tico de Marc√£o no fue descubierto.

¬ó ¬ŅNo se utilizan aqu√≠ normalmente chequeos gen√©ticos?

¬ó
No, en absoluto. Pero tuvimos una gran plaga hace unos treinta a√Īos. Los propios padres de Dona Ivanova, el Venerado Gusto y la Venerada Cida, llevaron a cabo un detallado estudio gen√©tico de cada hombre, mujer y ni√Īo en la colonia. Es as√≠ c√≥mo encontraron la cura. Y sus comparaciones hechas por ordenador habr√≠an descubierto este defecto particular... es as√≠ c√≥mo lo descubr√≠ cuando Marc√£o muri√≥. Nunca hab√≠a o√≠do hablar de la enfermedad, pero el ordenador la ten√≠a en los archivos.

¬ó ¬ŅY Os Venerados no la encontraron?

¬ó
Aparentemente no, o se lo habrían dicho a Marcos. Incluso si ellos no se lo hubieran dicho, Ivanova misma la habría encontrado.

¬ó Tal vez lo hizo ¬ó dijo Ender.
Navio se rió en voz alta.


¬ó
Imposible. Ninguna mujer en su sano juicio tendr√≠a hijos deliberadamente de un hombre con un defecto gen√©tico como √©se. Marc√£o sufri√≥ seguramente una agon√≠a constante durante muchos a√Īos. Nadie desea eso en sus propios hijos. No, Ivanova puede que sea exc√©ntrica, pero no est√° loca.


Jane encontraba el asunto terriblemente divertido. Cuando Ender volvió a casa, hizo aparecer su imagen sobre el terminal para poder reírse a gusto.
— No puede evitarlo — dijo Ender —. En una devota colonia católica como ésta el Biologista es una de las personas más respetadas, y por supuesto no se le ocurre cuestionar sus premisas básicas.
¬ó
No te disculpes por él. No espero que los seres humanos trabajen tan lógicamente como las maquinas. Pero no puedes pedirme que no me divierta.

¬ó
En cierto modo, es muy hermoso por su parte ¬ó dijo Ender ¬ó. Prefiere creer que la enfermedad de Marc√£o era distinta de todos los otros casos registrados. Prefiere creer que de alguna manera los padres de Ivanova no advirtieron que Marcos ten√≠a la enfermedad y que ella se cas√≥ con √©l ignor√°ndolo, aunque la regla de Ockham dice que tenemos que creer la explicaci√≥n m√°s simple: que la enfermedad de Marc√£o progres√≥ como en todos los otros, primero los test√≠culos, y que todos los hijos de Novinha son de otro padre. No me extra√Īa que Marc√£o estuviera amargado y furioso. Cada uno de los seis ni√Īos le recordaba que su esposa dorm√≠a con otro hombre. Probablemente al principio fue parte de su trato que ella no le ser√≠a fiel. Pero seis hijos es demasiado.

¬ó
Las deliciosas contradicciones de la vida religiosa ¬ó dijo Jane ¬ó. Deliberadamente comete adulterio... pero ni se le ocurre usar un anticonceptivo.

¬ó
¬ŅHas analizado el modelo gen√©tico de los hijos para ver qui√©n puede ser el padre?

¬ó
¬ŅQuieres decir que no te lo figuras?



¬ó
Me lo figuro, pero quiero asegurarme de que la evidencia clínica no se contradice con la respuesta obvia.

¬ó
Libo, por supuesto. ¬°Vaya semental! Tuvo seis hijos con Novinha y otros cuatro m√°s con su esposa.

¬ó
Lo que no comprendo es por qué Novinha no se casó con él. No tiene sentido que se casara con un hombre a quien obviamente despreciaba, cuya enfermedad sin duda conocía, y luego tener hijos con el hombre al que debe de haber amado desde el principio.

¬ó
Perversos y retorcidos son los caminos de la mente humana ¬ó recit√≥ Jane ¬ó. Pinocho fue un idiota intentando convertirse en un ni√Īo de verdad. Estaba mucho mejor con su cabeza de madera.


Miro escogi√≥ cuidadosamente su camino a trav√©s del bosque. Reconoci√≥ los √°rboles de vez en cuando, o pensaba que lo hac√≠a: ning√ļn humano tendr√≠a nunca la afici√≥n de los cerdis a nombrar cada √°rbol del bosque. Pero los humanos tampoco adoraban a los √°rboles, ni los consideraban t√≥tems de sus antepasados, claro.
Miro hab√≠a escogido deliberadamente un camino m√°s largo para llegar a la casa de troncos de los cerdis. Desde que Libo le acept√≥ como segundo aprendiz para trabajar junto con su hija, Miro hab√≠a aprendido que nunca deb√≠a seguir un mismo sendero. Alg√ļn d√≠a, les advert√≠a Libo, podr√≠a haber problemas entre los cerdis y los humanos; no haremos un sendero que gu√≠a a un pelot√≥n a su destino. As√≠ que hoy Miro caminaba por la vertiente m√°s lejana del arroyo, junto a la cima de la alta ribera.
Naturalmente, pronto un cerdi apareci√≥ en la distancia, vigil√°ndole. Fue as√≠ c√≥mo Libo dedujo, varios a√Īos antes, que las hembras deb√≠an vivir en aquella direcci√≥n; los machos siempre vigilaban a los zenadores cuando se acercaban demasiado. Y, como hab√≠a insistido Libo, Miro no hizo ning√ļn esfuerzo para dar ni un solo paso en la direcci√≥n prohibida. Su curiosidad se esfumaba en cuanto recordaba el aspecto que ten√≠a el cuerpo de Libo cuando √©l y Ouanda lo encontraron. Libo no hab√≠a muerto a√ļn: ten√≠a los ojos abiertos y los mov√≠a. S√≥lo muri√≥ cuando Miro y Ouanda se arrodillaron junto a √©l, uno a cada lado, sosteniendo sus manos cubiertas de sangre. Ah, Libo, tu sangre a√ļn flu√≠a cuando tu coraz√≥n yac√≠a abierto en tu pecho. Si nos hubieras hablado, si nos hubieras dicho una palabra de por qu√© te mataron...
La ribera se estrech√≥ de nuevo, y Libo cruz√≥ el arroyo corriendo sobre las piedras cubiertas de verd√≠n. Unos pocos minutos m√°s tarde estaba en el peque√Īo claro del este.
Ouanda ya estaba all√≠, ense√Ī√°ndoles c√≥mo tratar la nata de la leche de cabra para hacer una especie de manteca. Hab√≠a estado experimentando con el proceso durante las √ļltimas semanas antes de conseguirlo. Habr√≠a sido m√°s f√°cil si hubiera tenido ayuda de Madre, o incluso de Ela, puesto que ellas conoc√≠an mucho mejor las propiedades qu√≠micas de la leche de cabra, pero cooperar con un Biologista estaba fuera de la cuesti√≥n. Os Venerados hab√≠an descubierto hac√≠a m√°s de treinta a√Īos que la leche de cabra era nutritivamente in√ļtil para los seres humanos. Por tanto, cualquier investigaci√≥n sobre c√≥mo procesarla para almacenar√≠a s√≥lo pod√≠a ser en beneficio de los cerdis. Miro y Ouanda no pod√≠an arriesgarse a nada que pudiera permitir saber que estaban quebrantando la ley e interviniendo activamente en la vida de los cerdis.
Los cerdis más jóvenes se dedicaban a fabricar manteca con deleite: habían celebrado una danza mientras sobaban las ubres de las cabras y ahora cantaban una canción sin sentido en donde se mezclaba el stark, el portugués y dos de los lenguajes cerdis, en un galimatías ininteligible pero gracioso. Miro intentó identificar los lenguajes. Reconoció el Lenguaje de los Machos, naturalmente, y también algunos pocos fragmentos del Lenguaje de los Padres, que usaban para hablar a sus árboles tótem; lo reconoció solamente por el sonido; ni siquiera Libo hubiera podido traducir ni una sola palabra. Todo sonaba como mms y bbs y ggs, sin ninguna diferencia detectable para las vocales.
El cerdi que había estado vigilando a Miro en el bosque apareció y saludó a los otros con un gran bufido. La danza continuó, pero la canción se detuvo inmediatamente. Mandachuva se apartó del grupo en torno a Ouanda y se acercó a recibir a Miro en el borde del claro.
¬ó Bienvenido, Yo-te-miro-con-deseo ¬ó Aquello era, por supuesto, una traducci√≥n extravagantemente precisa del nombre de Miro en stark. A Mandachuva le encantaba traducir los nombres del portugu√©s al stark, aunque Miro y Ouanda le hab√≠an explicado que sus nombres realmente no significaban nada, y que s√≥lo era una coincidencia el que parecieran palabras. Pero Mandachuva disfrutaba con estos juegos de lenguaje, como muchos otros cerdis, y por eso Miro respond√≠a a Yo-te-miro-con-deseo lo mismo que Ouanda atend√≠a pacientemente por Va-ga, la palabra portuguesa que traduc√≠an por ¬ęwan-der¬Ľ, la que m√°s sonaba en stark como ¬ęOuanda¬Ľ.
Mandachuva era un caso sorprendente. Era el cerdi más viejo. Pipo lo había conocido y había escrito de él como si fuera el más prestigioso de los cerdis.
Libo, tambi√©n, parec√≠a pensar que era un l√≠der. ¬ŅNo era acaso su nombre un t√©rmino en argot portugu√©s que significaba ¬ęjefe¬Ľ? Sin embargo, a Miro y Ouanda les parec√≠a como si Mandachuva fuera el cerdi con menos poder y prestigio. Nadie parec√≠a consultarle nada: era el √ļnico cerdi que siempre ten√≠a tiempo libre para conversar con los Zenadores, porque casi nunca estaba ocupado con un asunto importante.
Sin embargo, era el cerdi que les daba más información. Miro no sabía si había perdido su prestigio por intercambiar información o si compartía información con los humanos por su bajo prestigio entre los cerdis. Ni siquiera importaba. El hecho era que a Miro le gustaba Mandachuva. Pensaba que el viejo cerdi era su amigo.
¬ó ¬ŅTe ha obligado la mujer a comer esa pasta maloliente? ¬ó le pregunt√≥ Miro.
¬ó
Pura basura. Incluso los bebés cabras lloran cuando tienen que mamar de una teta — rió Mandachuva.

¬ó Si lo regal√°is a las hembras del bosque, nunca os volver√°n a hablar.

¬ó
Y sin embargo, tenemos que hacerlo, tenemos que hacerlo — suspiró Mandachuva —. ¡Los entrometidos macios tienen que verlo todo!


Ah, s√≠, el ep√≠teto de las hembras. A veces los cerdis hablaban de ellas con respeto sincero y elaborado, casi con temor, como si fueran diosas. Luego alguno las llamaba algo tan rudo como ¬ęmacios¬Ľ, los gusanos de la corteza de los √°rboles. Los Zenadores ni siquiera pod√≠an preguntar sobre ellas: los cerdis nunca respond√≠an a esas preguntas. Hubo una √©poca ¬ó hac√≠a mucho tiempo ¬ó en la que los cerdis ni siquiera mencionaban la existencia de las hembras. Libo siempre hab√≠a dado a entender que el cambio ten√≠a algo que ver con la muerte de Pipo. Antes, la menci√≥n de las hembras era tab√ļ, y s√≥lo lo hac√≠an, con reverencia, en los escasos momentos de gran santidad; despu√©s, los cerdis mostraron esta forma reflexiva y melanc√≥lica de hablar y hacer chistes acerca de ¬ęlas esposas¬Ľ. Pero los Zenadores nunca consegu√≠an respuestas. Los cerdis dejaban claro que las hembras no eran asunto suyo.
Hubo un silbido en el grupo que rodeaba a Ouanda. Mandachuva inmediatamente empezó a empujar a Miro hacia ellos.
¬ó Flecha quiere hablar contigo.
Miro se sent√≥ junto a Ouanda. Ella no le mir√≥ ¬ó hab√≠an aprendido hac√≠a tiempo que los cerdis se incomodaban cuando ten√≠an que observar a los machos y hembras humanos en conversaci√≥n directa, o incluso mir√°ndose mutuamente ¬ó. Hablaban con Ouanda mientras estaba sola, pero cuando Miro estaba presente, no, ni soportaban que ella les hablara. A veces a Miro le volv√≠a loco no poder ni hacerle un gui√Īo delante de los cerdis. Pod√≠a sentir su cuerpo como si desprendiera calor igual que una estrella peque√Īa.
¬ó Mi amigo ¬ó dijo Flecha ¬ó, tengo que pedirte un gran favor.
Miro pudo oír a Ouanda tensarse junto a él. Los cerdis no pedían cosas a menudo, y cuando lo hacían siempre causaba problemas.
¬ó
¬ŅMe oir√°s?
Miro asintió lentamente.


¬ó
Pero recuerda que entre los humanos no soy nada y no tengo poder.


Libo había descubierto que los cerdis no se sentían insultados al pensar que los humanos les enviaban delegados sin poder a tratar con ellos, mientras que la imagen de la impotencia les ayudaba a explicar las estrictas limitaciones de lo que podían hacer los Zenadores.
¬ó
No es una petici√≥n que venga de nosotros, en nuestras conversaciones tontas y est√ļpidas en torno al fuego de la noche.

¬ó
¬°Ojal√° pudiera yo o√≠r la sabidur√≠a de lo que t√ļ llamas estupidez! ¬ó dijo Miro, como siempre hac√≠a.


— Fue Raíz, hablando desde su árbol, quien lo dijo.
Miro suspiró en silencio. Le gustaba tan poco tratar con la religión de los cerdis como con el catolicismo de su propia gente. En ambos casos tenía que aparentar que tomaba en serio las creencias más absurdas. Cada vez que se decía algo particularmente atrevido o inoportuno, los cerdis lo atribuían siempre a un antepasado u otro cuyo espíritu habitaba en uno de los árboles de los alrededores. Poco antes de la muerte de Libo, habían empezado a mencionar a Raíz como la fuente de las ideas más preocupantes. Era irónico que un cerdi al que habían ejecutado por rebelde fuera ahora tratado con tanto respeto en su culto adorador de los antepasados.
Sin embargo, Miro respondió como Libo había respondido siempre.
¬ó
No tenemos nada más que honra y afecto hacia Raíz, si vosotros lo honráis.

¬ó
Debemos tener metal.


Miro cerr√≥ los ojos. Se acab√≥ la pol√≠tica de no usar nunca herramientas de metal delante de los cerdis. Obviamente, ten√≠an observadores propios y vigilaban a los humanos mientras trabajaban desde alg√ļn punto cercano a la verja.
¬ó ¬ŅPara qu√© necesit√°is metal? ¬ó pregunt√≥ tranquilamente.
¬ó
Cuando baj√≥ la lanzadera con el Portavoz de los Muertos, desprendi√≥ un calor terrible, mucho m√°s caliente que ning√ļn fuego que podamos hacer. Y sin embargo la lanzadera no ardi√≥, ni se quem√≥.

¬ó Eso no era metal, era un escudo pl√°stico que absorbe calor.

¬ó
Quizás eso ayude, pero el metal está en el corazón de esa máquina. En todas vuestras máquinas, donde usáis fuego y calor para mover las cosas, hay metal. Nunca podremos hacer fuegos como los vuestros hasta que tengamos metal propio.

¬ó
No puedo ¬ó dijo Miro.

¬ó
¬ŅNos dices que estamos condenados a ser siempre varelse y nunca ramen?




¬ęDesear√≠a, Ouanda, que no les hubieras explicado la Jerarqu√≠a de Exclusi√≥n de Dem√≥stenes, pens√≥ Miro.¬Ľ
¬ó
No estáis condenados a nada. Lo que hasta ahora os hemos dado lo hemos sacado de cosas que crecen en vuestro mundo natural, como las cabras. Si nos descubrieran, eso bastaría para que nos exiliaran de este mundo y nos prohibieran volver a veros.

¬ó
El metal que los humanos usáis también sale de nuestro mundo natural. Hemos visto a vuestros mineros cavando en el terreno al sur de aquí.

Miro guard√≥ esa informaci√≥n para referencias futuras. No hab√≠a ning√ļn lugar desde la verja desde donde fueran visibles las minas. Por tanto, los cerdis deb√≠an de estar cruzando la verja de alg√ļn modo y observando a los humanos desde el interior del enclave.

¬ó
El metal proviene del suelo, pero sólo en algunos lugares, y yo no sé cómo encontrarlos. Incluso cuando lo han sacado, se mezcla con otras clases de roca. Tienen que purificarlo y transformarlo a través de procesos muy difíciles. Cada lámina de metal cuesta mucho esfuerzo. Si os diéramos una simple herramienta, un destornillador o un serrucho, se los echaría en falta y los buscarían. Nadie busca leche de cabra.

Flecha le miró fijamente unos instantes.

¬ó
Pensaremos sobre esto ¬ó dijo Flecha. Llam√≥ a Calendario, quien puso tres flechas en su mano ¬ó. Mira. ¬ŅSon buenas?


Eran tan perfectas como de costumbre, bien compensadas y rectas. La innovación era la punta. No estaba hecha de obsidiana.
¬ó Hueso de cabra ¬ó dijo Miro.
— Usamos la cabra para matar a la cabra — devolvió las flechas a Calendario. Entonces se puso en pie y se marchó.
Calendario sostuvo el haz de flechas en la mano y les cant√≥ algo en el Lenguaje de los Padres. Miro reconoci√≥ la canci√≥n, aunque no entendi√≥ las palabras. Mandachuva le hab√≠a explicado una vez que era una oraci√≥n en la que se ped√≠a al √°rbol muerto que los perdonara por usar herramientas, que estaban hechas de madera. De otro modo, dijo, los √°rboles pensar√≠an que los Peque√Īos les odiaban. Religi√≥n. Miro suspiro.
Calendario se llevó las flechas. Entonces el joven cerdi llamado Humano tomó su lugar, balanceándose delante de Miro. Llevaba un bulto envuelto en hojas que colocó en el suelo y abrió con sumo cuidado.
Era el libro de la Reina Colmena y el Hegem√≥n que Miro les hab√≠a dado cuatro a√Īos antes. Aquello hab√≠a provocado una peque√Īa discusi√≥n entre Miro y Ouanda. Ella la empez√≥, al hablar con los cerdis de religi√≥n. No fue realmente culpa suya. Fue Mandachuva quien le pregunt√≥:
¬ó
¬ŅC√≥mo pod√©is vivir los humanos sin √°rboles?
Ella entendió la pregunta, por supuesto. No le hablaba de plantas, sino de dioses.


¬ó
Tenemos tambi√©n un dios, un hombre que muri√≥ y que sin embargo vive a√ļn ¬ó le explic√≥.

¬ó
¬ŅS√≥lo uno? ¬ŅEntonces d√≥nde vive ahora?

¬ó
Nadie lo sabe.

¬ó
¬ŅEntonces para qu√© sirve? ¬ŅC√≥mo pod√©is hablar con √©l?

¬ó
Habita en nuestros corazones.
Esto les desconcertó; más tarde, Libo se había reído y había dicho:



¬ó
¬ŅVeis? Para ellos, nuestra sofisticada teolog√≠a les suena a superstici√≥n. ¬°Habita en nuestros corazones de verdad! ¬ŅQu√© clase de religi√≥n es √©sa comparada con los dioses que podemos ver y sentir...?

¬ó
Y a los que pueden escalar y coger macios de su corteza, por no mencionar el hecho de que talan a algunos para hacer su casa de troncos ¬ó dijo Ouanda.


¬ó ¬ŅTalar? ¬ŅCon herramientas de madera o de piedra? No, Ouanda, ellos les rezan para que se
caigan.
Pero a Ouanda no le hacían gracia los chistes sobre la religión.
Más tarde, a petición de los cerdis, Ouanda les dio una edición del Evangelio de San Juan de la
paráfrasis simplificada en stark de la Biblia Douai. Pero Miro había insistido en darles también un libro de la Reina Colmena y el Hegemón.
¬ó San Juan no dice nada de seres que habitan en otros mundos ¬ó se√Īal√≥ Miro ¬ó. Pero el Portavoz de los Muertos explica los insectores a los humanos... y los humanos a los insectores.
Ouanda se hab√≠a enfadado por su blasfemia. Pero antes de que pasara un a√Īo vieron que los cerdis encend√≠an sus fuegos con p√°ginas de San Juan, mientras que envolv√≠an cuidadosamente en hojas la Reina Colmena y el Hegem√≥n. Durante una temporada, esto caus√≥ gran dolor en Ouanda, y Miro aprendi√≥ que era mejor no pincharle sobre el tema.
Ahora Humano abri√≥ el libro por la √ļltima p√°gina. Miro advirti√≥ que todos los otros cerdis se congregaban silenciosamente alrededor. La danza hab√≠a terminado. Humano toc√≥ la √ļltima palabra del libro.
¬ó
El Portavoz de los Muertos ¬ó murmuro.

¬ó
Sí, lo conocí anoche.

¬ó
Es el Portavoz verdadero. Así lo dice Raíz.


Miro les hab√≠a advertido que hab√≠a muchos Portavoces, y que el escritor de la Reina Colmena y el Hegem√≥n seguramente estar√≠a ya muerto. Aparentemente, a√ļn no pod√≠an dejar de mantener viva la esperanza de que el que hab√≠a venido fuera el real, el que hab√≠a escrito el libro.
— Creo que es un buen Portavoz — dijo Miro —. Fue amable con mi familia, y creo que se puede confiar en él.
¬ó
¬ŅCu√°ndo vendr√° y nos Hablar√° a nosotros?

¬ó
No se lo he preguntado todavía. No es algo que yo pueda decidir. Tomará tiempo.


Humano echó la cabeza hacia atrás y aulló.
¬ę¬ŅEs √©sta mi muerte?¬Ľ, pens√≥ Miro.
No. Los otros tocaron a Humano suavemente y le ayudaron a envolver de nuevo el libro y a llevárselo. Miro se levantó para marcharse. Ninguno de los cerdis le vio hacerlo. Estaban todos ocupados haciendo algo. Miro podría haberse vuelto invisible y no se hubieran dado cuenta.
Ouanda le alcanzó en el borde del bosque, donde la vegetación les hacía invisibles a cualquier posible observador de Milagro, aunque ninguno se molestaba nunca en mirar hacia allí.
¬ó
Miro ¬ó llam√≥ suavemente. √Čl se gir√≥ a tiempo de tomarla en sus brazos; ella tuvo tal sobresalto que Miro tuvo que dar un paso para evitar que cayera.

¬ó
¬ŅEst√°s intentando matarme? ¬ó pregunt√≥ √©l, o intent√≥ hacerlo... Ella le besaba, lo que hac√≠a dif√≠cil hablar. Finalmente, √©l se olvid√≥ del discurso y le devolvi√≥ un beso largo y profundo. Entonces, bruscamente, ella le apart√≥.

¬ó
Te est√°s volviendo libidinoso ¬ó dijo.

¬ó
Sucede cada vez que una mujer me ataca y me besa en el bosque.



¬ó
Enfr√≠ate, Miro, a√ļn falta mucho ¬ó ella le agarr√≥ por la cintura, le atrajo hacia s√≠ y volvi√≥ a besarle ¬ó. Dos a√Īos m√°s hasta que podamos casarnos sin el consentimiento de tu madre.


Miro ni siquiera trat√≥ de discutir. No le preocupaban mucho las prohibiciones de los curas sobre la fornicaci√≥n, pero sab√≠a lo vital que era, en una comunidad tan fr√°gil como Milagro, que las costumbres matrimoniales fueran estrictamente cumplidas. Comunidades grandes y estables pod√≠an absorber una cantidad razonable de parejas sin legalizar; Milagro era demasiado peque√Īa. Lo que Ouanda hac√≠a por fe, Miro lo hac√≠a por convicci√≥n racional: a pesar de un millar de oportunidades, eran c√©libes como monjes. Aunque si Miro pensara por un momento que alguna vez tendr√≠an que cumplir los mismos votos de castidad en el matrimonio que los que se requer√≠an en el monasterio de los Filhos, la virginidad de Ouanda estar√≠a en grave e inmediato peligro.
¬ó
Ese Portavoz — dijo ella —. Sabes lo que pienso de traerle aquí.

¬ó
Habla tu catolicismo, no tu mente racional


¬ó
Miro intent√≥ besarla, pero ella baj√≥ la cara en el √ļltimo momento y √©l se encontr√≥ con la nariz en los labios. La bes√≥ apasionadamente hasta que ella se ech√≥ a re√≠r y le apart√≥.

¬ó
Eres liante y ofensivo, Miro ¬ó se frot√≥ la manga contra la nariz ¬ó. Ya hemos mandado al infierno el m√©todo cient√≠fico cuando les ayudamos a elevar su nivel de vida. Nos quedan diez o veinte a√Īos antes de que los sat√©lites empiecen a mostrar resultados obvios. Para entonces tal vez podamos establecer una diferencia permanente. Pero no tendremos ninguna oportunidad si dejamos que un extra√Īo entre en el proyecto. Se lo dir√° a alguien.

¬ó
Tal vez s√≠ y tal vez no. Recuerda que yo mismo fui un extra√Īo.

¬ó
Extra√Īo, pero no extranjero.



¬ó
Tenias que haberle visto anoche, Ouanda. Primero con Grego y luego cuando Quara se despertó llorando...

¬ó
Ni√Īos solitarios y desesperados, ¬Ņqu√© prueba eso?

¬ó
Y Ela riéndose. Y Olhado formando parte de la familia.

¬ó
¬ŅY Quim?

¬ó
Al menos dejó de gritar pidiendo que el infiel se marchara.



¬ó
Me alegro por tu familia, Miro. Espero que pueda sanarla permanentemente, de verdad... Puedo ver la diferencia en ti también. Estás más esperanzado de lo que te he visto en mucho tiempo.


Pero no lo traigas aquí.
Miro se mordió el interior de la mejilla por un momento y luego se marchó. Ouanda corrió tras él y lo cogió por el brazo. Estaban al descubierto, pero el árbol de Raíz se alzaba entre ellos y la verja.
— No me dejes así! — dijo ella fieramente —. ¡No te marches de esa manera!
¬ó
Sé que tienes razón. Pero no puedo evitar lo que siento. Cuando estaba en nuestra casa era como... era como si Libo hubiera vuelto.

— Mi padre odiaba a tu madre, Miro... él nunca habría ido allí.

¬ó
Pero si lo hubiera hecho... En casa este Portavoz actuaba de la misma manera que Libo lo hac√≠a en la Estaci√≥n. ¬ŅLo entiendes?

¬ó
¬ŅY t√ļ? Viene y act√ļa de la manera que tu padre debiera haberlo hecho, pero que no hizo nunca, y cada uno de vosotros empieza a girar panza arriba como un cachorrito.


El desd√©n de su cara era irritante. Miro quiso golpearla. En cambio, se dio la vuelta y dio un pu√Īetazo contra el √°rbol de Ra√≠z. En s√≥lo un cuarto de siglo hab√≠a crecido casi ochenta cent√≠metros de di√°metro, y la corteza era √°spera y le lastim√≥ la mano.
¬ó
Lo siento, Miro, yo no tenía intención...

¬ó
S√≠ que la tenias, pero fue una cosa est√ļpida y ego√≠sta.

¬ó
Sí, yo...


¬ó
Sólo porque mi padre fuera escoria, no significa que tenga que entregarme meneando la cola al primer hombre amable que me da una palmada en la cabeza.

— Lo sé, lo sé, lo sé... — su mano acarició su pelo, su hombro, su cintura.

¬ó
Porque s√© lo que es un hombre bueno, no s√≥lo un padre sino un hombre bueno. Conoc√≠ a Libo, ¬Ņno? Y cuando te digo que este Portavoz, este Andrew Wiggin, es como Libo, ¬°esc√ļchame y no lo consideres como el alboroto de un c√£o!


¬ó Te escucho. Quiero conocerle, Miro.
Miro se sorprendió. Estaba llorando. Todo era parte de lo que el Portavoz podía hacer, incluso cuando no estaba presente. Había aflojado las cuerdas tirantes del corazón de Miro, y ahora Miro no podía hacer nada por evitar que saliera cuanto allí guardaba.
¬ó
Tienes razón — dijo suavemente, con la voz distorsionada por la emoción —. Le vi venir con toda su capacidad para aliviar y pensé, ¡si hubiera sido mi padre...! — Se volvió para mirar a Ouanda, sin importarle que viera que tenía los ojos enrojecidos y la cara surcada por lágrimas —. Es lo que decía todos los días cuando regresaba a casa desde la Estación Zenador. ¡Si Libo fuera mi padre!, ¡si yo fuera su hijo...!

Ella sonrió y le abrazó; su pelo le quitó las lágrimas de la cara.

¬ó
Ah, Miro, me alegra que no fuera tu padre. Porque entonces yo sería tu hermana, y nunca podría esperar tenerte para mi.