6 - Olhado


Su √ļnica relaci√≥n con otras tribus parece ser la guerra. Cuando se cuentan historias mutuas (a menudo durante la estaci√≥n de las lluvias), casi siempre se refieren a batallas y h√©roes. El final es siempre la muerte, para los h√©roes y los cobardes por igual. Si las historias les sirven de alguna gu√≠a, los cerdis no esperan vivir a costa de la guerra. Y nunca, jam√°s, dan la m√°s m√≠nima se√Īal de sentir inter√©s por las hembras del enemigo, ya sea para violar√≠as, asesinarlas o convertirlas en esclavas, el tratamiento tradicional humano hacia las mujeres de los soldados ca√≠dos.
¬ŅSignifica esto que no existe intercambio gen√©tico entre las tribus? En absoluto. Los intercambios gen√©ticos puede que sean llevados a cabo por las hembras, quienes pueden tener alg√ļn sistema de comerciar factores gen√©ticos. Dada la aparente sumisi√≥n total de los machos a las hembras en la sociedad cerdi, esto podr√≠a hacerse f√°cilmente sin que los machos tuvieran conocimiento de ello; o puede que les cause tanta verg√ľenza que no lo mencionan.
Lo que quieren es hablarnos de batallas. Una descripci√≥n t√≠pica, de las notas de mi hija Ouanda el 21:2 del a√Īo pasado, durante una sesi√≥n de relatos en el interior de la casa de madera:
CERDI (hablando stark): Mat√≥ a tres de los hermanos sin recibir una herida. Nunca he visto un guerrero m√°s fuerte y temerario. La sangre le llegaba a los brazos, y el palo que llevaba en la mano estaba salpicado y cubierto con los sesos de mis hermanos. Sab√≠a que era honorable, aunque el resto de la batalla fue contra su d√©bil tribu ¬ęDei honra! Eu Ihe dei! (¬°Que sea honrado! ¬°Yo se lo ofrezco!)¬Ľ
(Otros cerdis hacen chasquear la lengua).
CERDI: Lo clav√© al suelo. Su oposici√≥n era fuerte hasta que le ense√Ī√© la hierba en mi mano. Entonces abri√≥ la boca y enton√≥ las extra√Īas canciones del pa√≠s lejano. Nunca ser√° madeira na m√Ęo da gente! (¬°Nunca ser√° un palo en nuestras manos!). (En este punto, los dem√°s se le unen y cantan una canci√≥n en el Lenguaje de las Esposas, uno de los pasajes m√°s largos que hemos o√≠do.)
(Anotar que es com√ļn en ellos hablar en primer lugar en stark, y luego cambiar al portugu√©s en el momento del cl√≠max y la conclusi√≥n. Nos hemos dado cuenta de que hacemos lo mismo, y volvemos a nuestro portugu√©s nativo en los momentos m√°s emocionales.)
El relato de esta batalla puede no parecer tan extra√Īo, hasta que uno oye las historias suficientes, para darse cuenta de que siempre terminan con la muerte del h√©roe. Aparentemente no tienen gusto por la comedia ligera.
Liberdade Figueira de Medici. ¬ęInforme sobre los Modelos Intertribales de los Abor√≠genes Lusitanos¬Ľ. En Transacciones Culturales, 1964:12:40.
No hubo mucho que hacer durante el vuelo Interestelar. Una vez que se hubo fijado el rumbo y la nave hizo el cambio de Park, lo √ļnico que qued√≥ fue calcular a qu√© distancia de la velocidad de la luz viajaba la nave. El ordenador de a bordo calcul√≥ la velocidad exacta y entonces determin√≥ cu√°nto deber√≠a continuar el viaje, en tiempo subjetivo, antes de volver a hacer el cambio de Park a una velocidad sub-luz aceptable. ¬ęComo un cron√≥metro ¬ó pens√≥ Ender ¬ó. Lo conectas, lo desconectas, y la carrera se acaba.¬Ľ
Jane no pudo poner mucho de su parte en el cerebro de la nave, as√≠ que Ender estuvo los ocho d√≠as de viaje pr√°cticamente solo. Los ordenadores de la nave eran lo suficientemente buenos para ayudarle a conseguir el cambio de espa√Īol al portugu√©s. El idioma era f√°cil de hablar, pero se saltaban tantas consonantes que era dif√≠cil de comprender.
Hablar portugués con un ordenador lento se convirtió en una locura después de una o dos horas diarias. En todos los otros viajes, Val había estado con él. No es que hablaran siempre, claro. Se conocían tan bien que a menudo no había mucho que decir. Pero sin ella, Ender se impacientaba con sus propios pensamientos; nunca se interrumpían, porque no había nadie que le dijera que lo hiciera.
Ni siquiera la reina colmena servía de ayuda. Sus pensamientos eran instantáneos; atados, no a la sinapsis, sino a los filotes, a los cuales no afectaban los efectos relativistas de la velocidad de la luz. Para ella, cada minuto del tiempo de Ender eran dieciséis horas; la diferencia era demasiado grande para que Ender pudiera recibir cualquier tipo de comunicación por su parte. Si no estuviera en una crisálida, tendría miles de insectores individuales, cada uno haciendo su propia labor y comunicando sus experiencias a su vasta memoria. Pero ahora todo lo que tenía eran recuerdos, y en sus ocho días de cautividad, Ender empezó a comprender su ansia por ser liberada.
Cuando pasaron los ocho d√≠as, ya se las arreglaba bastante bien hablando el portugu√©s directamente en vez de traducir del espa√Īol cada vez que quer√≠a decir algo. Tambi√©n ansiaba desesperadamente compa√Ī√≠a humana; le habr√≠a alegrado discutir de religi√≥n con un calvinista, con tal de tener alguien con quien hablar que fuera algo m√°s listo que el ordenador de la nave.
La astronave realizó el cambio de Park; en un momento inconmensurable, su velocidad cambió con respecto al resto del universo. O, más bien, la teoría decía que, de hecho, era la velocidad del universo la que cambiaba mientras la nave permanecía inmóvil. Nadie podía estar seguro, porque no había nadie para observar el fenómeno. Era sólo una suposición, ya que nadie entendía por qué funcionaban los efectos filóticos; el ansible había sido descubierto casi por accidente, y junto a él el Principio de Instantaneidad de Park. Puede que no fuera comprensible, pero funcionaba.
Instant√°neamente las ventanas de la astronave se llenaron de estrellas cuando la luz se hizo visible en todas las direcciones. Alg√ļn d√≠a los cient√≠ficos descubrir√≠an por qu√© el cambio de Park casi no requer√≠a energ√≠a. En alguna parte, Ender estaba seguro, se estaba pagando un precio terrible para que la humanidad pudiera navegar entre las estrellas. Una vez hab√≠a so√Īado que cada vez que una nave efectuaba el cambio de Park se apagaba una estrella. Jane le asegur√≥ que no era as√≠, pero √©l sabia que la mayor√≠a de las estrellas son invisibles para nosotros: un bill√≥n de ellas podr√≠a desaparecer y no nos dar√≠amos cuenta. Durante miles de a√Īos continuar√≠amos viendo los fotones que ya hab√≠an sido emitidos antes de que la estrella desapareciera. Para cuando vi√©ramos que la galaxia se desvanec√≠a, ya ser√≠a demasiado tarde para enmendar rumbo.
¬ó
Sentado con tus fantasías paranoides — dijo Jane.

¬ó
No puedes leer en la mente — recordó Ender.


¬ó
Siempre te vuelves melancólico y especulas sobre la destrucción del universo cada vez que terminas un viaje interestelar. Es tu forma particular de manifestar el mareo.

¬ó ¬ŅYa has alertado a las autoridades de Lusitania de mi venida?

¬ó
Es una colonia muy peque√Īa. No hay autoridad encargada de los aterrizajes porque apenas viene nadie. Hay una lanzadera en √≥rbita que autom√°ticamente lleva y trae a la gente a un aeropuerto rid√≠culo.

¬ó ¬ŅNo hace falta permiso de Inmigraci√≥n?

¬ó
Eres un Portavoz. No pueden rechazarte. Además, Inmigración depende del Gobernador, que es a la vez el Alcalde, ya que la ciudad y la colonia son la misma cosa. En este caso, es una mujer. Su nombre es Faria Lima Maria do Bosque, llamada Bosquinha, y te envía sus saludos y desearía que te marcharas, porque tiene ya bastantes problemas y no le hace falta un profeta del agnosticismo que moleste a los buenos católicos.

¬ó ¬ŅDijo eso?

¬ó
Bueno, a ti exactamente no... El obispo Peregrino se lo dijo a ella, y ella estuvo de acuerdo. Pero su oficio es estar de acuerdo. Si le dices que los católicos son unos tontos idólatras y supersticiosos, probablemente suspirará y te dirá que espera que te guardes esa opinión.

¬ó
Est√°s ocultando algo ¬ó dijo Ender ¬ó. ¬ŅQu√© es lo que piensas que no quiero o√≠r?

¬ó
Novinha canceló su petición de un Portavoz. Cinco días después de enviarla.




Naturalmente, el C√≥digo Estelar dec√≠a que una vez que Ender hubiera iniciado su viaje en respuesta a su llamada, la llamada no pod√≠a ser cancelada legalmente; sin embargo, eso lo cambiaba todo, porque en vez de esperar ansiosamente su llegada durante veintid√≥s a√Īos, ella estar√≠a temi√©ndola, lamentando que hubiera venido cuando ya hab√≠a cambiado de opini√≥n.
Ender había esperado ser recibido como amigo. Ahora ella sería incluso más hostil que la jerarquía católica.
¬ó Bueno, eso simplifica mi trabajo ¬ó dijo.
¬ó
No es tan malo, Andrew. Ver√°s, en los a√Īos intermedios otro par de personas han solicitado un Portavoz, y no han cancelado sus llamadas.

¬ó
¬ŅQui√©nes?

¬ó
Por la m√°s fascinante de las coincidencias, son los hijos de Novinha, Miro y Ela.

¬ó
No pueden haber conocido a Pipo. ¬ŅPor qu√© me llaman para Hablar de su muerte?



¬ó
Oh, no, no de la muerte de Pipo. Ela pidió un Portavoz hace sólo seis semanas, para que Hable de la muerte de su padre, el marido de Novinha, Marcos María Ribeira, llamado Marcão. Se cayó muerto en un bar. No por el alcohol... tenía una enfermedad. Murió podrido por dentro.

— Me preocupas, Jane, consumida como estás por la compasión.

¬ó
Eres tu quien es bueno para eso. Yo soy mejor en las b√ļsquedas complejas a trav√©s de estructuras de datos.

¬ó
Y el chico... ¬Ņc√≥mo se llama?

¬ó
Miro. Pidi√≥ un Portavoz hace s√≥lo cuatro a√Īos. Por la muerte del hijo de Pipo, Libo.

¬ó
Libo no pod√≠a tener m√°s de cuarenta a√Īos.



¬ó
Le ayudaron a que muriera muy joven. Era xen√≥logo, ¬Ņsabes? O zenador, como dicen en portugu√©s.

¬ó Los cerdis...

¬ó
Exactamente igual que la muerte de su padre. Los órganos colocados exactamente de la misma forma. Tres cerdis han sido ejecutados de la misma manera mientras estabas de camino. Pero plantan árboles en medio de los cadáveres cerdis... no hay tal honor para los humanos muertos. Los dos xenólogos asesinados por los cerdis, con una generación de diferencia.

¬ó ¬ŅQu√© ha decidido el Consejo Estelar?

¬ó
Siguen dudando. No han certificado a√ļn a los aprendices de Libo como xen√≥logos. Uno es la hija de Libo, Ouanda. Y el otro es Miro.

¬ó ¬ŅMantienen contacto con los cerdis?

¬ó
Oficialmente, no. Hay algo de controversia en este asunto. Después de que Libo muriera, el Consejo prohibió que la frecuencia del contacto fuera mayor de un mes. Pero la hija de Libo se negó categóricamente a obedecer la orden.

¬ó ¬ŅY no la han trasladado?

¬ó
El margen de la mayoría de ellos, que decidió reducir el contacto con los cerdis, fue estrecho. No hubo mayoría para censurarla. Al mismo tiempo, les preocupa que Miro y Ouanda sean tan jóvenes.


Hace dos a√Īos un grupo de cient√≠ficos parti√≥ de Calcuta. Estar√°n aqu√≠ para hacerse cargo de los asuntos de los cerdis dentro de treinta y tres a√Īos mas.
¬ó
¬ŅTienen alguna idea de por qu√© los cerdis mataron al xen√≥logo?

¬ó
Ninguna. Pero para eso est√°s aqu√≠, ¬Ņno?


La respuesta podría haber sido fácil, si no fuera porque la reina colmena le llamó gentilmente en el fondo de su mente. Ender pudo sentirla como al viento a través de las hojas de un árbol, un susurro, un movimiento suave, y la luz del sol. Sí, estaba aquí para Hablar en nombre de los muertos. Pero también para devolver los muertos a la vida.
¬ę√Čste es un buen sitio.¬Ľ
¬ó
Todo el mundo est√° siempre unos cuantos pasos por delante de mi.
¬ęHay una mente aqu√≠. Mucho m√°s clara que ninguna mente humana que conozcamos.¬Ľ


¬ó
¬ŅLos cerdis? ¬ŅPiensan como t√ļ?
¬ęSabe de los cerdis. Un poco; tiene miedo de nosotros.¬Ľ
La reina colmena se retiró, y Ender pensó que con Lusitania había mordido más de lo que podría



tragar.
El obispo Peregrino en persona pronunci√≥ la homil√≠a. Eso era siempre una mala se√Īal. No era un orador excitante, y se hab√≠a vuelto tan rebuscado que Ela no pudo ni siquiera comprender de qu√© hablaba la mitad del tiempo. Quim pretend√≠a que pod√≠a comprender, naturalmente, porque en lo que a √©l concern√≠a, el obispo no pod√≠a equivocarse. Pero el peque√Īo Grego no hizo ni el m√°s m√≠nimo intento de parecer interesado. Incluso a pesar de que la Hermana Esquecimento se paseaba por el pasillo, con sus afiladas u√Īas y sus crueles pellizcos, Grego sigui√≥ haciendo intr√©pidamente todo lo que le pasaba por la cabeza.
Hoy estaba sacando los tornillos del respaldo del banco de pl√°stico que ten√≠a delante. A Ela le preocupaba lo fuerte que era: un ni√Īo de seis a√Īos no hubiera sido capaz de utilizar un destornillador bajo el borde de un remache soldado. Ela ni siquiera estaba segura de poder hacerlo ella misma.
Si Padre estuviera aqu√≠, por supuesto, alargar√≠a el brazo y suavemente, muy suavemente, le quitar√≠a a Grego el destornillador de la mano. Susurrar√≠a: ¬ę¬ŅDe d√≥nde has sacado esto?¬Ľ, y Grego le mirar√≠a con ojos grandes e inocentes. M√°s tarde, cuando todos volvieran a casa despu√©s de la misa, Padre se enfadar√≠a con Miro por dejar las herramientas a su alcance, y le llamar√≠a cosas terribles y le echar√≠a la culpa de todos los problemas de la familia. Miro lo soportar√≠a en silencio. Ela se dedicar√≠a a preparar la cena. Quim se sentar√≠a in√ļtilmente en un rinc√≥n, acariciando el rosario y murmurando sus in√ļtiles oraciones. Olhado era el afortunado, con sus ojos electr√≥nicos: simplemente los desconectar√≠a o volver√≠a a ver alguna de sus escenas favoritas del pasado y no prestar√≠a atenci√≥n. Quara se esconder√≠a en una esquina. Y el peque√Īo Grego se quedar√≠a all√≠, triunfante, con la mano agarrada a las perneras de Padre, mirando c√≥mo la culpa de todo lo que hab√≠a hecho ca√≠a sobre Miro.
Ela tembló al imaginar la escena en su memoria. Si hubiera terminado aquí, habría sido soportable. Pero entonces Miro se marcharía, y ellos comerían, y luego...
Los dedos de ara√Īa de la Hermana Esquecimento aparecieron; sus u√Īas se clavaron en el brazo de Grego. Instant√°neamente, el ni√Īo solt√≥ el destornillador. Naturalmente, tendr√≠a que retumbar cuando cayera al suelo, pero la Hermana Esquecimento no era tonta. Se inclin√≥ r√°pidamente y lo cogi√≥ con la otra mano. Grego sonri√≥. Su cara estaba s√≥lo a unas cuantas pulgadas de su rodilla. Ela vio lo que iba a hacer, e intent√≥ detenerlo, pero fue demasiado tarde. Grego golpe√≥ rudamente con la rodilla la boca de la Hermana Esquecimento.
Ella jadeó de dolor y soltó el brazo de Grego, que le quitó el destornillador. Con una mano en la boca, tratando de retener la sangre, la monja se fue corriendo por el pasillo. Grego regresó a su trabajo de demolición.
¬ęPadre est√° muerto ¬ó se record√≥ Ela. Las palabras sonaban en sus o√≠dos como si fueran m√ļsica ¬ó. Padre est√° muerto, pero sigue aqu√≠, porque ha dejado su monstruoso legado detr√°s. El veneno que puso en todos nosotros a√ļn est√° madurando, y tarde o temprano acabar√° por matarnos. Cuando muri√≥, su h√≠gado s√≥lo med√≠a dos pulgadas y no se pudo encontrar su bazo. Extra√Īos √≥rganos grasientos hab√≠an crecido en su lugar. No hab√≠a nombre para la enfermedad; su cuerpo se hab√≠a vuelto loco, olvidado del modelo por el cual estaban construidos los seres humanos. Incluso ahora, la enfermedad sigue viviendo en sus hijos. No en nuestros cuerpos, sino en nuestras almas. Existimos donde deber√≠a haber ni√Īos humanos normales; incluso tenemos la misma forma. Pero cada uno de nosotros, a su manera, ha sido reemplazado por una imitaci√≥n, formada de un bocio retorcido, f√©tido y grasiento surgido del alma de Padre.¬Ľ
Tal vez sería diferente si Madre tratara de hacerlo más fácil. Pero no se preocupaba por nada más que de microscopios y cereales mejorados genéticamente, o en lo que fuera que estuviera trabajando ahora.
¬ó
¡... Ese que dice que habla en nombre de los muertos! ¡Pero sólo hay Uno que puede hablar por los muertos, y es el Sagrado Cristo...!

Las palabras del obispo Peregrino recabaron su atenci√≥n. ¬ŅQu√© es lo que dec√≠a sobre un Portavoz de los Muertos? No pod√≠a saber que ella hab√≠a pedido uno.

¬ó
¬°La ley requiere que le tratemos con cortes√≠a, pero no que le creamos! La verdad no se encuentra en las especulaciones e hip√≥tesis de hombres no espirituales, sino en las ense√Īanzas y las tradiciones de la Madre Iglesia. ¬°As√≠ que cuando ande entre vosotros, ofrecedle vuestras sonrisas, pero no se os ocurra entregarle vuestros corazones!


¬ŅPor qu√© hac√≠a esta advertencia? El planeta m√°s cercano era Trondheim, a veintid√≥s a√Īos ¬ó luz de distancia, y no era probable que hubiera un Portavoz all√≠. Pasar√≠an d√©cadas hasta que uno apareciera, si es que ven√≠a. Se inclin√≥ sobre Quara para preguntarle a Quim: √©l s√≠ habr√≠a estado escuchando.
¬ó
¬ŅPor qu√© est√° hablando ahora de un Portavoz de los Muertos? ¬ó susurr√≥.

¬ó
Si escucharas, lo sabrías.

¬ó
Si no me lo dices, te partiré la nariz.


Quim sonrió para demostrar que no tenía miedo de sus amenazas. Pero como en realidad le tenía miedo a ella, se lo dijo.
¬ó Alg√ļn descre√≠do, al parecer, solicit√≥ un Portavoz cuando muri√≥ el primer xen√≥logo, y va a llegar esta tarde. Est√° ya en la lanzadera y la alcaldesa va de camino para recibirle cuando aterrice.
No se esperaba esto. El ordenador no le hab√≠a dicho que un Portavoz ven√≠a ya de camino. Se supon√≠a que vendr√≠a dentro de a√Īos para Hablar la verdad sobre el monstruo llamado Padre, que finalmente hab√≠a bendecido a su familia cay√©ndose muerto; la luz vendr√≠a para iluminar y purificar su pasado. Pero Padre llevaba muy poco tiempo muerto para que se hablara por √©l ahora. Sus tent√°culos a√ļn emerg√≠an de la tumba y chupaban sus corazones.
La homilía terminó, y por fin también lo hizo la misa. Ela agarró fuertemente la mano de Grego, intentando evitar que le quitara el libro o la bolsa a alguien cuando se vieran rodeados por la multitud.
Quam al menos hizo algo √ļtil: llevaba a Quara, que siempre se quedaba inm√≥vil cuando ten√≠a que moverse entre extra√Īos. Olhado volvi√≥ a conectar sus ojos y se preocup√≥ de s√≠ mismo y gui√Ī√≥ met√°licamente a cualquiera de las semi ¬ó v√≠rgenes quincea√Īeras a las que hoy esperaba escandalizar. Ela hizo una genuflexi√≥n delante de las estatuas de Os Venerados. ¬ŅNo est√°is orgullosos de tener unos nietos tan encantadores como nosotros?
Grego estaba sonriendo; naturalmente: ten√≠a un zapatito de beb√© en la mano. Ela rez√≥ en silencio por haber salido ileso del encuentro. Cogi√≥ el zapato de la mano de Grego y lo dej√≥ ante el altar donde ard√≠an las velas como testigos perpetuos del milagro de la Descolada. Quienquiera que fuese el due√Īo del zapato, lo encontrar√≠a all√≠.
La alcaldesa Bosquinha se encontraba de buen humor mientras el coche que la transportaba se deslizaba sobre los campos de hierba entre el lanzapuerto y la ciudad de Milagro. Se√Īal√≥ los reba√Īos de cabras semi ¬ó dom√©sticas, una especie nativa que proporcionaba fibra para las ropas, pero cuya carne era nutritivamente in√ļtil para los seres humanos.
¬ó
¬ŅLos cerdis se las comen? ¬ó pregunt√≥ Ender.
Ella alzó una ceja.


¬ó
No sabemos mucho de los cerdis.

¬ó
Sabemos que viven en los bosques. ¬ŅSalen alguna vez a la llanura?
Ella se encogió de hombros.


¬ó
Eso tienen que decidirlo los framlings.


Ender se sorprendi√≥ al o√≠rla utilizar aquella palabra, pero naturalmente el √ļltimo libro de Dem√≥stenes llevaba veintid√≥s a√Īos publicado y hab√≠a sido distribuido por los Cien Mundos a trav√©s del ansible.
Utlanning, framling, raman, varelse... los términos eran ahora parte del stark, y probablemente a Bosquinha ni siquiera le parecían particularmente nuevos. Fue su falta de curiosidad sobre los cerdis lo que le hizo sentirse incómodo. No era posible que
la gente de Lusitania no se preocupara por los cerdis... eran el motivo de la alta verja que nadie, excepto los zenadores, podía cruzar. No, ella no sentía falta de curiosidad. Estaba evitando el tema. Pero él no podía decir si era porque los cerdis asesinos eran un asunto doloroso o porque no se fiaba de un Portavoz de los Muertos.
Alcanzaron la cima de una colina y ella detuvo el coche, que se posó suavemente sobre sus patines.
Bajo ellos un ancho río se abría paso entre las colinas cubiertas de hierba; más allá del río, las colinas más lejanas estaban completamente cubiertas por el bosque. A lo largo de la lejana ribera del río, casas de ladrillo y yeso con tejados de teja componían una ciudad pintoresca. Las granjas se encontraban en el lado más cercano y sus campos de cultivo se extendían hacia la colina en la que se encontraban Ender y Bosquinha.
¬ó Esto es Milagro ¬ó dijo Bosquinha ¬ó. En la colina m√°s alta est√° la Catedral. El obispo Peregrino le ha pedido a la gente que sea amable y servicial con usted.
Por su tono, Ender supuso que también les había dado a entender que era un peligroso agente del agnosticismo.
¬ó ¬ŅHasta que Dios haga que me caiga muerto? ¬ó pregunt√≥.
Bosquinha sonno.

¬ó
Dios nos da ejemplo de tolerancia cristiana, y esperamos que todo el mundo en la ciudad haga lo mismo.

¬ó
¬ŅSaben qui√©n me ha llamado?

¬ó
Quienquiera que lo haya hecho, ha sido... discreto.

¬ó
Es usted gobernadora, además de alcaldesa. Tiene algunos privilegios de información.



¬ó
S√© que su llamada original fue cancelada, pero demasiado tarde. Tambi√©n s√© que otras dos personas han solicitado Portavoces en los √ļltimos a√Īos. Pero debe darse cuenta de que la mayor√≠a de la gente est√° contenta con recibir doctrina y consuelo de los sacerdotes.

¬ó Se alegrar√°n de saber que no me dedico a doctrinas ni consuelos.

¬ó
Su amable donaci√≥n de su cargamento de skrika le har√° muy popular en los bares, y seguro que ver√° multitud de mujeres presumidas llevando las pieles en los pr√≥ximos meses. Se est√° acercando el oto√Īo.

¬ó
Adquir√≠ los skrika con la nave. No me serv√≠an para nada, y no espero ninguna gratitud especial ¬ó miro a la densa hierba que le rodeaba como si fuera el pelaje de un animal ¬ó. Esta hierba... ¬Ņes nativa?

¬ó
E in√ļtil. Ni siquiera podemos usarla como paja para los techos. Si se corta, se desmenuza, y luego se disuelve con la lluvia hasta convertirse en polvo. Pero all√≠ abajo, en los campos, el grano m√°s com√ļn es una semilla especial de amaranto que nuestros xenobi√≥logos han desarrollado. El arroz y el trigo eran d√©biles e inseguros, pero el amaranto es tan procaz que tenemos que usar herbicidas para evitar que se extienda.

¬ó ¬ŅPor qu√©?

¬ó
√Čste es un mundo en cuarentena, Portavoz. El amaranto encaja tan bien en este entorno que ahogar√≠a pronto todas las plantas nativas. La idea no es convertir Lusitania en una r√©plica de la Tierra, sino causar el menor impacto posible en este mundo.

¬ó
Eso debe ser difícil para la gente.

¬ó
Dentro de nuestro enclave, Portavoz, somos libres y nuestras vidas son completas. Y fuera de




la verja... nadie quiere ir allí de todas formas.
El tono de su voz estaba lleno de emoción oculta. Ender supo entonces que el temor a los cerdis era profundo.
¬ó
Portavoz, sé que está pensando que tenemos miedo a los cerdis. Quizá algunos lo sentimos. Pero lo que sentimos la mayor parte del tiempo no es miedo. Es odio. Repulsión.

¬ó Nunca les han visto.

¬ó
Tiene que saber lo de los dos zenadores que mataron... sospecho que le llamaron originariamente para Hablar de la muerte de Pipo. Pero los dos, Pipo y Libo por igual, eran amados aqu√≠. Especialmente Libo. Era un hombre amable y generoso, y el dolor por su muerte fue extenso y genuino. Es dif√≠cil concebir c√≥mo los cerdis pudieron hacerle lo que le hicieron. Dom Crist√£o, el abad de los ¬ęFilhos da Mente de Cristo¬Ľ dice que tienen que carecer de sentido moral. Dice que esto puede significar que son bestias. O puede significar que no han ca√≠do y no han comido a√ļn el fruto del √°rbol prohibido ¬ó sonri√≥ ¬ó. Pero eso es teolog√≠a y no significa nada para usted.


√Čl no respondi√≥. Estaba acostumbrado a la manera en que la gente religiosa asum√≠a que sus historias sagradas ten√≠an que sonar absurdas a los no creyentes. Pero Ender no se consideraba no creyente, y ten√≠a un agudo sentido de lo sagrado de muchas historias. Pero no pod√≠a explic√°rselo a Bosquinha. Ella tendr√≠a que cambiar sus ideas preconcebidas sobre √©l a su debido tiempo. Recelaba de √©l, pero Ender cre√≠a que podr√≠a gan√°rsela; para ser una buena alcaldesa, ella ten√≠a que saber conocer a la gente por lo que eran, no por lo que parec√≠an.
Ender cambió de conversación.
¬ó
Los Filhos da Mente de Cristo... mi portugu√©s no es muy bueno, pero ¬Ņsignifica ¬ęHijos de la Mente de Cristo¬Ľ?

¬ó
Son una orden nueva, relativamente hablando, formada s√≥lo hace cuatrocientos a√Īos bajo dispensa especial del Papa...


¬ó Oh, conozco a los Hijos de la Mente de Cristo, alcaldesa. Habl√© de la muerte de San √Āngelo
en Moctezuma, en la ciudad de Córdoba. Sus ojos se ensancharon.
¬ó ¬°Entonces la historia es cierta!
¬ó
He oído muchas versiones, alcaldesa Bosquinha. Una dice que el diablo poseyó a San Angelo en su lecho de muerte, y que por eso pidió que le asistieran con los ritos del pagano Hablador de los Muertos.

Bosquinha sonrió.

¬ó
Es parecido a la historia que por aquí se cuenta. Dom Cristão dice que es una tontería, por supuesto.

¬ó
Resulta que San √Āngelo, mucho antes de que fuera santificado, asisti√≥ a mi Alocuci√≥n por una mujer que conoc√≠a. Los hongos en su sangre ya le estaban matando. Vino a m√≠ y me dijo: ¬ęAndrew, ya est√°n diciendo de mi las mentiras m√°s terribles, dicen que he hecho milagros y que deber√≠an hacerme santo. Tienes que ayudarme. Tienes que decir la verdad despu√©s de mi muerte.¬Ľ

¬ó
Pero los milagros han sido certificados, y lo canonizaron s√≥lo noventa a√Īos despu√©s de que hubiera muerto.


¬ó S√≠. Bueno, eso es en parte culpa m√≠a. Cuando Habl√© de su muerte, yo mismo atestig√ľ√© varios
milagros. Ella se rió abiertamente.
¬ó
¬ŅUn Portavoz de los Muertos creyendo en milagros?

¬ó
Mire a la catedral de la colina. ¬ŅCu√°ntos de esos edificios son para los sacerdotes y cu√°ntos


para las escuelas? Bosquinha comprendió de inmediato y le miró.
¬ó
Los Filhos da Mente de Cristo obedecen al obispo.

¬ó
Excepto que conservan y ense√Īan todo el conocimiento, lo apruebe el obispo o no.


¬ó
San √Āngelo tal vez le haya dejado meterse en asuntos de la Iglesia. Le aseguro que el obispo Peregrino no har√° lo mismo.

¬ó
He venido a Hablar de una simple muerte, y apoyado por la ley. Creo que descubrir√° que hago menos da√Īo de lo que espera, y quiz√° m√°s bien.

¬ó
Si ha venido a Hablar de la muerte de Pipo, Falante pelos Mortos, entonces no har√° m√°s que da√Īo. Deje a los cerdis detr√°s del muro. Si por m√≠ fuera, ning√ļn ser humano volver√≠a a pasar esa verja.

— Espero que haya una habitación que pueda alquilar.

¬ó
Esta ciudad no cambia, Portavoz. Aqu√≠ todo el mundo tiene casa y no hay ning√ļn otro lugar al que ir. ¬ŅPara qu√© √≠bamos a mantener un albergue? S√≥lo podemos ofrecerle una de las peque√Īas viviendas de pl√°stico que alzaron los primeros colonos. Es peque√Īa, pero tiene todas las comodidades.

¬ó
Como no necesito muchas comodidades ni mucho espacio, estoy seguro de que ir√° bien. Yestoy ansioso por conocer a Dom Crist√£o. All√≠ donde est√°n los seguidores de San √Āngelo, la verdad tiene amigos.


Bosquinha se encogi√≥ de hombros y puso de nuevo el coche en marcha. Como Ender pretend√≠a, sus ideas preconcebidas sobre un Portavoz de los Muertos se hab√≠a quebrantado. Pensar que, enverdad, hab√≠a conocido a San √Āngelo y que admiraba a los Filhos. Eso no era lo que el obispo Peregrino les hab√≠a dado a entender.
La habitación estaba amueblada escasamente, y si Ender hubiera tenido muchas pertenencias habría tenido problemas en encontrar dónde colocarlas todas. Sin embargo, como siempre sucedía, pudo desempacar en sólo unos pocos minutos.
S√≥lo la cris√°lida de la reina colmena permaneci√≥ en su bolsa; ya hac√≠a tiempo que hab√≠a superado la extra√Īa sensaci√≥n sobre la incongruencia de almacenar el futuro de una raza magn√≠fica en una mochila bajo su cama.
— Tal vez éste será el lugar — murmuró.
La crisálida parecía fría, casi helada, a pesar de las toallas en que estaba envuelta.
¬ęEs el lugar.¬Ľ
Era enervante que estuviera tan segura. No hab√≠a ning√ļn signo de s√ļplica o impaciencia por ser

liberada. Sólo absoluta certeza.
— Ojalá pudiéramos decidirlo así de fácil — dijo él —. Puede que sea el lugar, pero todo
depende de que los cerdis sean capaces de convivir con vosotras aqu√≠. ¬ęLa cuesti√≥n es: si podr√°n convivir con los humanos sin nosotras.¬Ľ
¬ó
Requerirá tiempo. Dame unos pocos meses de estancia aquí.
¬ęToma todo el tiempo que necesites. Ahora no tenemos prisa.¬Ľ


¬ó
¬ŅA qui√©n has encontrado? Cre√≠a que no pod√≠as comunicarte con nadie m√°s que conmigo. ¬ęLa parte de nuestra mente que mantiene nuestro pensamiento, lo que llamas el impulso fil√≥tico,


el poder de los ansibles, es muy fr√≠o y dif√≠cil de encontrar en los seres humanos. Pero esta vez, lo que hemos encontrado aqu√≠, uno de los muchos que encontraremos aqu√≠, tiene un impulso fil√≥tico mucho m√°s fuerte, mucho m√°s claro, m√°s f√°cil de encontrar, nos oye m√°s f√°cilmente, ve nuestros recuerdos, y nosotros vemos los suyos, lo encontramos f√°cilmente, y por eso perd√≥nanos, querido amigo, perd√≥nanos si dejamos el duro trabajo de hablar con tu mente y nos volvemos a √©l y le hablamos porque no nos hace buscar con tanta intensidad para hacer palabras e im√°genes que sean lo suficientemente claras para tu mente anal√≠tica porque le sentimos como a la luz del sol, como el calor de la luz del sol en su cara en nuestra cara y el fr√≠o del agua fresca en nuestro abdomen y el movimiento suave como un viento suave que no hemos sentido durante tres mil a√Īos, perd√≥nanos, estaremos con √©l hasta que nos liberes para que habitemos aqu√≠ porque descubrir√°s a tu modo en tu momento que √©ste es el lugar... √©ste es... aqu√≠... √©ste es nuestro hogar...¬Ľ
Y entonces Ender perdi√≥ la cadena de su pensamiento, sinti√≥ que la perd√≠a como un sue√Īo que se olvida al despertar, aunque intentes recordarlo y mantenerlo vivo. Ender no estaba seguro de lo que hab√≠a encontrado la reina colmena, pero fuera lo que fuese, √©l tendr√≠a que lidiar con la realidad del C√≥digo Estelar, la Iglesia Cat√≥lica, los j√≥venes xen√≥logos que tal vez no le dejar√≠an ver a los cerdis, una xenobi√≥loga que hab√≠a cambiado de opini√≥n sobre su venida a este lugar, y con algo m√°s, quiz√° lo m√°s dif√≠cil de todo: que si la reina colmena se quedaba aqu√≠, √©l tendr√≠a que quedarse tambi√©n. ¬ęHe estado tantos a√Īos desconectado de la humanidad, ¬ó pens√≥ ¬ó, viniendo para mezclarme, rezar, lastimar y curar para luego marcharme, intacto. ¬ŅC√≥mo voy a convertirme en parte de este lugar, si es aqu√≠ donde he de quedarme? A lo √ļnico a lo que he pertenecido ha sido un ej√©rcito de ni√Īos peque√Īos en la Escuela de Batalla y a Valentine, y ambas cosas forman ahora parte del pasado...¬Ľ
¬ó
Qu√©, ¬Ņrumiando en soledad? ¬ó pregunt√≥ Jane ¬ó. Puedo o√≠r los latidos de tu coraz√≥n haci√©ndose m√°s lentos y tu respiraci√≥n volvi√©ndose m√°s pesada. En un momento estar√°s dormido, muerto o lacrimoso.

¬ó
Soy mucho más completo que eso — dijo Ender alegremente —. Autocompasión anticipada, eso es lo que siento. Dolores que ni siquiera han llegado.


— Muy bien, Ender. Empieza pronto. Así podrás rumiar mucho más tiempo.
El terminal se encendió, mostrando a Jane como un cerdi en una fila de chicas de coro que levantaban sus exuberantes muslos al compás.
¬ó
Haz un poco de ejercicio y te sentir√°s mucho mejor. Despu√©s de todo, ya has deshecho tu equipaje. ¬ŅA qu√© esperas?

— Ni siquiera sé dónde estoy, Jane.

¬ó
La verdad es que no tienen un mapa de la ciudad — explicó Jane —. Todo el mundo sabe dónde está todo. Pero tienen un mapa del sistema de alcantarillado, dividido en barrios. Puedo extrapolar dónde están los edificios.


— Muéstramelo, entonces.
Un modelo tridimensional de la ciudad apareci√≥ sobre el terminal. Ender tal vez no fuera particularmente bienvenido aqu√≠, y su habitaci√≥n puede que fuera peque√Īa, pero hab√≠an mostrado cortes√≠a en el terminal que le hab√≠an proporcionado. No era una instalaci√≥n est√°ndar, sino un simulador elaborado.
Pod√≠a proyectar hologramas al espacio con un tama√Īo diecis√©is veces mayor que la mayor√≠a de los terminales, con una resoluci√≥n cu√°druple. La ilusi√≥n fue tan real que Ender sinti√≥ durante un vertiginoso momento que era Gulliver inclin√°ndose sobre un Lilliput que a√ļn no hab√≠a aprendido a
temerlo, que a√ļn no reconoc√≠a su poder de destruir. Los nombres de los diferentes barrios colgaban en el aire sobre cada distrito del alcantarillado.
¬ó
Est√°s aqu√≠ ¬ó dijo Jane ¬ó. Vila Velha, el pueblo viejo. La pra√ßa est√° al otro lado del bloque. Es ah√≠ donde se celebran las reuniones p√ļblicas.

¬ó
¬ŅTienes alg√ļn mapa de las tierras de los cerdis? El mapa del pueblo se desliz√≥ r√°pidamente hacia Ender. Los rasgos m√°s cercanos desaparec√≠an a medida que los nuevos aparec√≠an en el otro extremo.


Era como si volara sobre √©l. ¬ęComo una bruja¬Ľ, pens√≥. Los l√≠mites de la ciudad estaban marcados por una verja.
¬ó Esa barrera es lo √ļnico que se interpone entre nosotros y los cerdis ¬ó musit√≥ Ender.
¬ó
Genera un campo eléctrico que estimula todos los puntos sensibles del que intenta atravesarla — dijo Jane —. Sólo tocarla hace que te orines encima. Te hace sentir como si alguien te estuviera amputando los dedos de la mano con un abrecartas.

¬ó Agradable pensamiento. ¬ŅEstamos en un campo de concentraci√≥n? ¬ŅO en un zoo?

¬ó
Todo depende de cómo lo veas — dijo Jane —. Es el lado humano de la verja lo que está conectado con el resto del universo, y el lado cerdi el que está atrapado a su mundo natural.

¬ó La diferencia es que no saben lo que se pierden.

¬ó
Lo s√©. Es lo m√°s encantador que tienen los humanos. Est√°is completamente seguros de que los animales inferiores babean de envidia porque no tienen la buena fortuna de haber nacido ¬ęhomo-sapiens¬Ľ.

Más allá de la verja había una colina donde empezaba un denso bosque.

¬ó
Los xen√≥logos nunca se han internado en las tierras cerdi. La comunidad cerdi con la que tratan est√° a menos de un kil√≥metro de distancia en el interior de aquel bosque. Los cerdis viven en una casa de troncos, todos los machos juntos. No conocemos ning√ļn otro asentamiento. Pero los sat√©lites han podido confirmar que todos los bosques como √©ste tienen s√≥lo la poblaci√≥n que una cultura cazadora-recolectora puede sostener.

¬ó
¬ŅCazan?

¬ó
Principalmente recolectan.

¬ó
¬ŅD√≥nde murieron Pipo y Libo?



¬ó
Jane ilumin√≥ una parte del terreno en la falda de la colina. Un gran √°rbol crec√≠a solo en los alrededores, con otros dos √°rboles m√°s peque√Īos no muy lejos.

¬ó
Esos √°rboles ¬ó dijo Ender ¬ó. No recuerdo que ninguno estuviera tan cerca en los hologramas que vi en Trondheim.

¬ó
Han pasado veintid√≥s a√Īos. El grande es el √°rbol que los cerdis plantaron en el cad√°ver del rebelde llamado Ra√≠z, que fue ejecutado antes de que asesinaran a Pipo. Los otros dos son ejecuciones cerdis m√°s recientes.

— Me gustaría saber por qué plantan árboles por los cerdis y no por los humanos.

¬ó
Los árboles son sagrados — dijo Jane —. Pipo registró que muchos de los árboles del bosque tienen nombre. Libo especuló que podrían deberse a los muertos.

¬ó
Y los humanos, simplemente, no adoran a los árboles. Bien, es bastante probable. Excepto que he descubierto que los rituales y los mitos no surgen de la nada. A menudo hay una razón que está relacionada con la supervivencia de la comunidad.

¬ó
¬ŅAndrew Wiggin, antrop√≥logo?

¬ó
El estudio propio de la humanidad es el hombre.



¬ó
Ve a estudiar algunos hombres entonces, Ender. La familia de Novinha, por ejemplo. Por cierto, se ha prohibido oficialmente a la red de ordenadores que te muestre dónde vive nadie.


El mapa desapareci√≥ y la cara de Jane se form√≥ sobre el terminal. Se hab√≠a olvidado de ajustarse al mayor tama√Īo de este terminal, y por eso su cabeza era gigantesca. Impresionaba bastante. Y su simulaci√≥n era tan completa que hasta mostraba los poros de su cara.
¬ó
En realidad, Andrew, es a mí a quien no pueden ocultar nada.
Ender suspiró.


¬ó
Tienes intereses creados en esto, Jane.

¬ó
Lo s√© ¬ó gui√Ī√≥ un ojo ¬ó. Pero t√ļ no.

¬ó
¬ŅMe est√°s diciendo que no conf√≠as en m√≠?


¬ó
Carezco de imparcialidad y de sentido de la justicia. Pero soy lo suficiente humana para querer un tratamiento preferente, Andrew.

¬ó
¬ŅMe prometes al menos una cosa?

¬ó
Lo que quieras, mi corpuscular amigo.

¬ó
Cuando decidas ocultarme algo, ¬Ņme dir√°s al menos que no vas a dec√≠rmelo?

¬ó
Eso es demasiado complicado para mí — era una caricatura de una mujer superfemenina.



¬ó
Nada es demasiado complicado para ti, Jane. Haznos un favor a ambos. No pretendas enga√Īarme.

¬ó ¬ŅHay algo que quieres que haga mientras vas a ver a la familia Ribeira?

¬ó
Sí. Encuentra todas las formas en que los Ribeira son diferentes de un modo significativo del resto de los habitantes de Lusitania. Y cualquier punto de conflicto entre ellos y las autoridades.

¬ó
T√ļ ordenas y yo obedezco.
Empez√≥ a hacer su n√ļmero de la desaparici√≥n del genio.


¬ó
Te las arreglaste para hacerme venir aqu√≠, Jane. ¬ŅPor qu√© est√°s tratando de enervarme?

¬ó
No lo estoy haciendo. Y no hice lo otro tampoco.

¬ó
Tengo pocos amigos en esta ciudad.

¬ó
Puedes confiarme tu vida.

¬ó
No es mi vida lo que me preocupa.




La pra√ßa estaba llena de chiquillos que jugaban al f√ļtbol. La mayor√≠a estaba entrenando, mostrando cu√°nto tiempo pod√≠an mantener el bal√≥n en el aire usando s√≥lo sus pies y sus cabezas. Dos de ellos, sin embargo, ten√≠an entablado un perverso juego. El ni√Īo lanzaba de una patada el bal√≥n contra la ni√Īa, quien no estaba a m√°s de tres metros de distancia.
Ella se quedaba inm√≥vil y recib√≠a el impacto de la pelota y no se mov√≠a a pesar de lo fuerte que la golpeaba. Luego ella hac√≠a lo mismo y √©l intentaba no moverse. Una ni√Īa peque√Īa recog√≠a la pelota cada vez que rebotaba de una v√≠ctima.
Ender intentaba preguntar a algunos ni√Īos si conoc√≠an d√≥nde estaba la casa de la familia Ribeira.
Su respuesta, invariablemente, era la misma: todos se encogían de hombros. Cuando insistía, algunos empezaban a retirarse; pronto la mayoría se marchó de la praça. Ender se preguntó qué le habría contado a esta gente el obispo Peregrino sobre los Portavoces.
El duelo, sin embargo, continuaba. Y ahora que no hab√≠a tanta gente en la pra√ßa, Ender vi√≥ que hab√≠a otro ni√Īo que tambi√©n hab√≠a entrado en el juego de la pelota, un chiquillo que no tendr√≠a m√°s de doce a√Īos. Desde detr√°s no era extraordinario, pero cuando Ender se acerc√≥, al centro de la plaza, pudo ver que hab√≠a algo extra√Īo en sus ojos. Le llev√≥ un instante comprender. El ni√Īo ten√≠a ojos artificiales.
Su aspecto era brillante y met√°lico, pero Ender sab√≠a c√≥mo funcionaban. S√≥lo uno de los ojos se usaba para ver, pero necesitaba cuatro sondas visuales separadas que luego divid√≠an las se√Īales para transmitir al cerebro visi√≥n binocular. El otro ojo conten√≠a el suministro de energ√≠a, el control del ordenador y el interface externo. Cuando quer√≠a, pod√≠a grabar cortas secuencias de visi√≥n en una memoria fotogr√°fica limitada, probablemente menos de tres billones de bits. Los contrincantes lo utilizaban como juez: si se disputaban un punto, el ni√Īo repetir√≠a la escena a c√°mara lenta y les dir√≠a qu√© hab√≠a sucedido.
El bal√≥n fue directamente a la ingle del ni√Īo. √Čl sonri√≥ elaboradamente, pero la ni√Īa no se impresion√≥.
¬ó
¬°Se ha apartado! ¬°Le he visto mover las caderas!

¬ó
¡Mentira! ¡Me has lastimado, no me moví!


¬ó ¬°Reveja! ¬°Reveja! ¬ó Hab√≠an estado empleando el stark, pero la ni√Īa cambi√≥ ahora al portugu√©s.
El ni√Īo de los ojos met√°licos no mostr√≥ ninguna expresi√≥n, pero levant√≥ una mano para hacerles callar.
¬ó
Mudou ¬ó dijo tajantemente.
Ender tradujo: Se movió.


¬ó
¬°Sabia!

¬ó
¬°Eres un mentiroso, Olhado!
El ni√Īo de los ojos met√°licos le mir√≥ con desd√©n.



— Yo no miento nunca. Te enviaré una copia de la escena si quieres. En realidad, creo que lo enviare a la red para que todo el mundo te vea moverte y luego mentir.
¬ó ¬°Mentiroso! ¬°Filho de puta! ¬°Fode-bode!
Ender estaba bastante seguro de lo que significaban aquellos calificativos, pero el ni√Īo de los ojos met√°licos se lo tom√≥ con calma.
¬ó
Da ¬ó dijo la ni√Īa ¬ó. Da-me.
El ni√Īo se quit√≥ furiosamente el anillo y lo arroj√≥ al suelo ante sus pies.


¬ó
¡Viada! — dijo en un ronco susurro. Entonces se marchó corriendo.

¬ó
Poltrao ¬ó le grit√≥ la ni√Īa ¬ó. ¬°Cobarde!

¬ó
¬°C√£o! ¬ó grit√≥ el ni√Īo, sin molestarse en volver la cabeza.


No era a la ni√Īa a quien se dirig√≠a. Ella se dio la vuelta y mir√≥ al ni√Īo de los ojos met√°licos, quien se enderez√≥ ante el nombre. Casi inmediatamente la ni√Īa mir√≥ al suelo. La ni√Īita que hab√≠aestado recogiendo la pelota se acerc√≥ al ni√Īo de los ojos met√°licos y le susurr√≥ algo. √Čste alz√≥ la cabeza, advirtiendo a Ender por primera vez.
La ni√Īa mayor se estaba disculpando.
¬ó
Desculpa, Olhado, não quêria que...

¬ó
Não há problema, Michi. — No la miró.
La ni√Īa fue a decir algo m√°s, pero entonces se di√≥ tambi√©n cuenta de la presencia de Ender y se



calló.
¬ó
Porque est√° olhando-nos? ¬ó pregunt√≥ el ni√Īo ¬ó. ¬ŅPor qu√© nos est√° mirando?
Ender respondió con una pregunta.


¬ó
Voc√™ √© √°rbitro? ¬ó la palabra significaba tambi√©n ¬ęmagistrado¬Ľ.


¬ó
De vez em quando.
Ender cambió al Stark; no estaba seguro de saber decir algo más complejo en portugués.


¬ó
Dime, √°rbitro, ¬Ņes justo dejar que un extra√Īo se guie sin ayuda?


¬ó
¬ŅExtra√Īo? ¬ŅQuiere decir utlanning, framling o raman?


¬ó
No, creo que quiero decir infiel.


¬ó
O Senhor √© descrente? ¬ŅNo es creyente?


¬ó
Só descredo no incrível. Sólo no creo en lo increíble.
El ni√Īo sonr√≠o.


¬ó
¬ŅAd√≥nde quiere ir, Portavoz?

¬ó
A la casa de la familia Ribeira.
La ni√Īa se acerc√≥ al ni√Īo de los ojos met√°licos.


¬ó
¬ŅQu√© familia Ribeira?

¬ó
La viuda Ivanova.

¬ó
Creo que s√© d√≥nde est√° ¬ó dijo el ni√Īo.

¬ó
Todo el mundo en la ciudad lo sabe. El asunto es, ¬Ņme llevar√°s all√≠?

¬ó
¬ŅPor qu√© quiere ir?

¬ó
Hago preguntas a la gente e intento averiguar historias verdaderas.

¬ó
Nadie en la familia Ribeira conoce historias verdaderas.

¬ó
Me contentaré con mentiras.

¬ó
Venga entonces.


El ni√Īo de los ojos met√°licos se encamin√≥ hacia la hierba cortada de la carretera principal. La ni√Īa le susurr√≥ algo al o√≠do. Se detuvo y se volvi√≥ hacia Ender, que le segu√≠a de cerca.
¬ó
Quara quiere saber. ¬ŅCu√°l es su nombre?

¬ó
Andrew. Andrew Wiggin.

¬ó
Ella es Quara.

¬ó
¬ŅY t√ļ?

¬ó
Todo el mundo me llama Olhado. Por causa de mis ojos ¬ó levant√≥ a la ni√Īa peque√Īa y la


sentó en sus hombros —. Pero mi nombre auténtico es Lauro. Lauro Suleimão Ribeira.
Sonrió, se dio la vuelta y comenzó a andar.
Ender le siguió. Ribeira. Naturalmente.
Jane también había estado escuchando, y habló desde la joya en su oído.
¬ęLauro Suleimao Ribeira es el cuarto hijo de Novinha. Perdi√≥ los ojos en un accidente l√°ser. Tiene doce a√Īos. Oh, y he encontrado una diferencia entre la familia Ribeira y el resto de la ciudad. Los Ribeira est√°n deseando desafiar al obispo y llevarte a donde quieras ir.¬Ľ
¬ęTambi√©n me he dado cuenta de algo, Jane ¬ó contest√≥ √©l en silencio ¬ó. A este ni√Īo le ha gustado enga√Īarme, y luego ha disfrutado a√ļn m√°s dej√°ndome ver c√≥mo se ha burlado de m√≠. Espero que no aprendas de √©l.¬Ľ
Miro estaba sentado en la colina. La sombra de los árboles le hacía invisible a cualquiera que pudiera estar observando desde Milagro, pero él desde allí podía ver gran parte de la ciudad: por lo menos, la catedral y el monasterio, en la colina más alta, y el observatorio en la colina encarada al norte. Y debajo del observatorio, en una depresión, la casa donde vivía, no muy lejos de la verja.
¬ó Miro ¬ó susurr√≥, Come-hojas ¬ó. ¬ŅEres un √°rbol?
Era una traducci√≥n del idioma de los pequeninos. A veces meditaban y permanec√≠an inm√≥viles durante horas. A esto le llamaban ¬ęser un √°rbol¬Ľ.
— Más bien una hoja de hierba — contestó Miro.
Come-hojas se rió en la forma aguda y resonante en que solía. Nunca parecía natural: los pequeninos habían aprendido a reírse por imitación, como otra palabra de stark. No surgía de la diversión, o al menos eso pensaba Miro.
¬ó ¬ŅVa a llover? ¬ó pregunt√≥ Miro. Para un cerdi, esto significaba: ¬ŅMe interrumpes por mi bien
o por el tuyo?
¬ó
Ha llovido fuego hoy ¬ó dijo Come-hojas ¬ó. En la pradera.

¬ó
Sí. Tenemos un visitante de otro mundo.

¬ó
¬ŅEs el Portavoz?
Miro no contestó.


¬ó
Tienes que traerlo para que nos vea.
Miro no contestó.


¬ó
Hundo mi cara en el suelo por ti, Miro, mis miembros son lumbre para tu casa.
Miro odiaba cuando pedían algo. Era como si pensaran en él como en alguien particularmente



sabio o fuerte, un padre cuyos favores había que suplicar. Bien, si así lo veían, era culpa suya. Suya y de Libo. Por jugar a ser Dios entre los cerdis.
¬ó
Lo promet√≠, ¬Ņno, Come-hojas?

¬ó
¬ŅCu√°ndo, cu√°ndo, cu√°ndo?

¬ó
Llevar√° tiempo. A√ļn tengo que averiguar si se puede confiar en √©l.


Come-hojas parecía confuso. Miro había intentado explicar que no todos los humanos se conocían entre sí, y que algunos no eran agradables, pero los cerdis nunca parecían comprender.
¬ó En cuanto pueda ¬ó dijo Miro.
De repente, Come-hojas empezó a arrastrarse por el suelo, meneando las caderas de lado a lado como si intentara aliviar un picor en su ano. Libo había especulado una vez sobre que esto era lo que presentaba la misma función que la risa en los humanos.
— ¡Háblame en pol-tuguis! — resopló Come-hojas, a quien parecía divertir mucho el que Miro y los otros zenadores hablaran dos idiomas indistintamente. Y era así a pesar del hecho de que al menos cuatro idiomas cerdis diferentes habían sido
grabados o insinuados a lo largo de los a√Īos, todos ellos hablados por la misma tribu. Pero si quer√≠a o√≠r portugu√©s, oir√≠a portugu√©s.
¬ó
Vai comer folhas.
Come-hojas pareció confuso.


¬ó
¬ŅQu√© tiene eso de gracioso?

¬ó
Porque ése es tu nombre. Come-folhas.
Come-hojas se sacó un gran insecto del agujero de su nariz y lo dejó volar.


¬ó
No seas bruto — dijo. Y entonces se marchó.
Miro le observó mientras se iba. Come-hojas era siempre tan difícil.
Miro prefer√≠a la compa√Ī√≠a del cerdi llamado Humano.



Aunque Humano era mucho más inteligente y tenía que tener más cuidado con él, al menos no
parecía hostil, en la forma en que Come-hojas lo era a menudo.
Cuando el cerdi se perdió de vista, Miro se dio la vuelta y contempló la ciudad.
Alguien caminaba por el sendero hacia su casa. El que iba delante era muy alto... no, era Olhado con Quara sobre los hombros. Quara era ya demasiado mayor para eso. Miro se preocupaba mucho por ella. Parecía no ser capaz de salir del trauma de la muerte de Padre. Miro sintió una amargura momentánea. Y pensar que Ela y él habían pensado que la muerte de Padre resolvería todos sus problemas...
Entonces se incorporó y trató de ver mejor al hombre que marchaba detrás de Olhado y Quara. No era nadie a quien hubiera visto antes. ¡El Portavoz! ¡Ya! No podría llevar en la ciudad más de una hora y ya se dirigía a la casa.
Magnifico, todo lo que necesito es que Madre descubra que fui yo quien lo llam√≥. De alguna manera pensaba que un Portavoz de los Muertos ser√≠a discreto y no ir√≠a directamente a la casa de la persona que lo llam√≥. Qu√© iluso. Ya es bastante malo que venga a√Īos antes de lo que uno espera. Seguro que Quim informar√° al obispo, aunque nadie m√°s lo haga. Ahora voy a tener que lidiar con Madre y, probablemente, con toda la ciudad.
Miro se internó entre los árboles siguiendo un camino que le llevó a la verja, de vuelta a la ciudad.