5 - Valentine


Hoy he dicho que Libo es mi hijo. S√≥lo Corteza me oy√≥ decirlo, pero en menos de una hora fue, aparentemente, de dominio p√ļblico. Se congregaron a mi alrededor e hicieron que Selvagem me preguntara si era verdad, si yo era padre ¬ęya¬Ľ. Selvagem entonces uni√≥ nuestras manos; por impulso, abrac√© a Libo y ellos hicieron el ruido de sorpresa y, creo, de estupor. Pude ver que desde ese momento mi prestigio entre ellos hab√≠a aumentado considerablemente.
La conclusión es inevitable. Los cerdis que hasta ahora hemos conocido no son una comunidad completa, ni siquiera machos típicos. Son, o bien jóvenes, o viejos solterones. Ninguno de ellos ha tenido nunca un solo hijo. Ninguno ha llegado a aparearse, por lo que podemos suponer.
Que yo sepa no existe ninguna comunidad humana donde los grupos de solteros como √©ste sean otra cosa sino marginados, sin poder o prestigio. No me extra√Īa que hablen de las hembras con esa extra√Īa mezcla de adoraci√≥n y desd√©n. En un instante, sin atreverse a tomar una decisi√≥n sin su consentimiento y al siguiente dici√©ndonos que las mujeres son demasiado est√ļpidas para comprender nada, que son varelse. Hasta ahora yo estaba tomando estas afirmaciones como reales, lo cual me llevaba a una imagen mental de las hembras como no ¬ó conscientes, un grupo de cerdas que se apoyaban sobre cuatro patas. Pensaba que los machos podr√≠an consultarles de la misma manera que le consultan a los √°rboles, usando sus gru√Īidos como respuestas divinas, como se arrojan huesos o se leen las entra√Īas.
Sin embargo, ahora me doy cuenta de que las hembras son probablemente tan inteligentes como los machos, y que no son varelse en absoluto. Las frases negativas de los machos se deben a su resentimiento como solterones, excluidos del proceso reproductor y de las estructuras de poder de la tribu. Los cerdis han sido tan cuidadosos con nosotros como nosotros con ellos: no nos han dejado conocer a sus hembras o a los machos que detentan alg√ļn poder real. Pens√°bamos que est√°bamos explorando el coraz√≥n de la sociedad cerdi. En cambio, hablando de manera figurada, est√°bamos en las alcantarillas gen√©ticas, entre los machos cuyos genes no han sido considerados aptos para contribuir a la tribu.
Y, sin embargo, no lo creo. Los cerdis que conozco son todos brillantes, listos, r√°pidos en aprender. Tan r√°pidos que ya les he hablado m√°s sobre la sociedad humana, accidentalmente, que lo que he aprendido de ellos despu√©s de a√Īos de intentarlo. Si √©stos son los residuos, espero que alg√ļn d√≠a me juzgar√°n digno de conocer a las ¬ęesposas¬Ľ y los ¬ępadres¬Ľ.
Mientras tanto, no puedo informar sobre nada de esto porque, quiera o no, he violado las leyes claramente. No importa que nadie hubiera sido capaz de evitar que los
cerdis aprendan cosas de nosotros. No importa que las reglas sean est√ļpidas y
contraproducentes. Las he roto, y si lo descubren, cortar√°n mi contacto con los cerdis, lo
que ser√° a√ļn peor que el contacto severamente limitado que tenemos ahora. Por tanto
estoy obligado a mentir y a hacer tontos subterfugios, como poner estas notas en los
archivos personales cerrados de Libo, donde ni siquiera a mi querida esposa se le
ocurriría buscarlos. Aquí está la información, absolutamente vital, de que los cerdis que
hemos estudiado son todos solterones, y por causa de las reglas no me atrevo a dejar que
los xenólogos framling lo sepan. Olhabem, gente, aquí está: A ciência, o bicho que se
devora a si mesma!
Jo√£o Figueira √Ālvarez. Notas Secretas, publicadas en: ¬ęLa Integridad de la Traici√≥n: Los xen√≥logos de Lusitania¬Ľ, de Dem√≥stenes. Perspectivas Hist√≥ricas de Reykiavik, 1990:4:1.
El vientre de Valentine estaba tenso e hinchado, y a√ļn faltaba un mes para que su hija naciera. Estar tan gorda y desequilibrada era una molestia constante. Antes, siempre que se preparaba para dar una clase de historia en el s√≥ndring, hab√≠a podido cargar el bote ella sola. Ahora ten√≠a que dejar que lo hicieran los marineros de su esposo, y ni siquiera pod√≠a moverse por el embarcadero para echar una mano: el capit√°n hab√≠a ordenado al estibador que se encargara del barco. Lo estaba haciendo bien, por supuesto ¬ó ¬Ņno le hab√≠a ense√Īado a ella el capit√°n R√°v cuando lleg√≥ por primera vez? ¬ó, pero a Valentine no le gustaba tener que aceptar por fuerza un papel sedentario.
Era su quinto s√≥ndring; en el primero, hab√≠a conocido a Jakt. No hab√≠a pensado en el matrimonio. Trondheim era un mundo como cualquier otro de los que hab√≠a visitado con su peripat√©tico hermano menor. Ense√Īar√≠a, estudiar√≠a y despu√©s de cuatro o cinco meses escribir√≠a un extenso ensayo hist√≥rico, publicado bajo el pseud√≥nimo de Dem√≥stenes, y entonces se dedicar√≠a a divertirse hasta que Ender aceptara una llamada para Hablar en cualquier otro sitio. A menudo, su trabajo cuadraba a las mil maravillas: a √©l le llamaban para Hablar de la muerte de alguna persona importante, cuya vida se convertir√≠a entonces en el foco de su ensayo. Jugaban a ser profesores itinerantes de esto y lo otro, mientras en la realidad creaban la identidad del mundo, pues el ensayo de Dem√≥stenes se consideraba siempre como definitivo.
Durante una √©poca, Valentine hab√≠a pensado que alguien se dar√≠a cuenta de que los ensayos escritos por Dem√≥stenes segu√≠an sospechosamente su mismo itinerario y que la descubrir√≠an. Pero pronto advirti√≥ que, igual que con los Portavoces, aunque en un grado menor, se hab√≠a edificado una mitolog√≠a en torno a Dem√≥stenes. La gente cre√≠a que Dem√≥stenes no era s√≥lo un individuo. Al contrario, cada ensayo de Dem√≥stenes era el trabajo de un genio escribiendo de manera independiente, quien intentaba entonces publicarlo bajo el nombre de Dem√≥stenes; el ordenador remit√≠a autom√°ticamente el trabajo a un comit√© desconocido de brillantes historiadores de la √©poca, quienes decid√≠an si era digno del nombre. No importaba que nadie hubiera conocido nunca a un erudito a quien se hubiera enviado un trabajo as√≠. Se intentaban miles de trabajos cada a√Īo; el ordenador rechazaba autom√°ticamente todos los que no hubieran sido escritos por el Dem√≥stenes aut√©ntico; y, sin embargo, la creencia de que una persona como Valentine no pod√≠a existir, persist√≠a firmemente. Despu√©s de todo, Dem√≥stenes hab√≠a empezado como demagogo en las redes de ordenadores cuando la Tierra luchaba en las Guerras Insectoras, hac√≠a tres mil a√Īos. No podr√≠a tratarse de la misma persona.
¬ęY es cierto ¬ó pens√≥ Valentine ¬ó. No soy la misma persona, realmente, de un libro a otro, porque cada mundo cambia quien soy, incluso mientras anoto su historia. Y este mundo m√°s que ning√ļn otro.¬Ľ
No le había gustado lo penetrante del pensamiento luterano, especialmente la facción calvinista, que parecían tener respuestas para todas las preguntas antes de que hubieran sido formuladas. Así que decidió llevar a un grupo selecto de estudiantes graduados de Reykiavik a una de las Islas de Verano, la cadena ecuatorial donde, en primavera, los skrika acudían a aparearse y las bandadas de halkig se volvían locas con su energía reproductora. Su idea era romper los moldes intelectuales que eran inevitables en todas las universidades. Los estudiantes no comerían nada más que los havregrin que crecían salvajes en los valles resguardados y los halkig que tuvieran el valor de cazar. Cuando su nutrición dependiera de su propia habilidad, sus actitudes, sobre lo que importaba y lo que no importaba en la historia, cambiarían.
La universidad le dio permiso, con alguna resistencia; ella usó sus propios fondos para alquilarle un barco a Jakt, que acababa de convertirse en la cabeza de una de las muchas familias dedicadas a la caza de skrika. Tenía el típico desdén del marinero hacia los universitarios, y los llamaba skraddare en la cara, y otras cosas peores a sus espaldas. Le dijo a Valentine que tendría que regresar para salvar a sus estudiantes muertos de hambre dentro de una semana. En cambio, ella y sus marginados, como se llamaban a sí mismos, aguantaron todo el tiempo, y sobrevivieron, construyendo una especie de pueblo y disfrutando de un estallido de pensamiento creativo y libre que se convirtió en una fuente notable de publicaciones excelentes y reflexivas a su regreso.
El resultado más obvio en Reykiavik fue que Valentine tenía siempre cientos de solicitudes para las veinte plazas en cada uno de los tres sóndrings del verano. Mucho más importante para ella, sin embargo, fue Jakt. No era particularmente educado, pero estaba íntimamente familiarizado con la misma sabiduría de Trondheim. Podía pilotar, por la mitad del mar ecuatorial, sin utilizar una carta. Conocía los icebergs y dónde el hielo era más grueso. Parecía saber dónde se congregarían los skrika para bailar, y cómo desplegar a sus cazadores para que los cazaran sin que se dieran cuenta mientras aleteaban en la costa al salir del mar. El clima nunca le pillaba por sorpresa, y Valentine sacó la conclusión de que no había ninguna situación para la que no estuviera preparado.
Excepto para ella. Y cuando el sacerdote luterano (no calvinista) los cas√≥, ambos parecieron sentirse m√°s sorprendidos que felices. Y sin embargo eran felices. Y por primera vez desde que sali√≥ de la Tierra ella se sinti√≥ realizada, en paz, en casa. Por eso se hab√≠a quedado embarazada. El vagabundeo hab√≠a terminado. Se sent√≠a muy agradecida a Ender por haber comprendido, sin tenerlo que discutir, que Trondheim era el final de su odisea de tres mil a√Īos, el final de la carrera de Dem√≥stenes; como la ishaxa, ella hab√≠a encontrado una manera de echar sus ra√≠ces en el hielo de este mundo y conseguir as√≠ nutrirse de una forma, que el suelo de otras tierras no le hab√≠a proporcionado.
El bebé pateó con fuerza, sacándola de su ensimismamiento. Miró alrededor y vio que Ender se le acercaba, caminando por el muelle con su mochila colgada del hombro. Comprendió de inmediato por qué traía la bolsa: tenía intención de participar en el sóndring. Se preguntó si le alegraba aquello
o no. Ender era silencioso y no entorpecía, pero posiblemente no podría ocultar su brillante conocimiento de la naturaleza humana. Los estudiantes medios no lo notarían, pero los demás, aquellos que ella esperaba que lograran volver con pensamientos originales, seguirían inevitablemente las pistas sutiles, aunque poderosas, que él dejaría caer inevitablemente. El resultado sería impresionante, estaba segura — después de todo, ella debía mucho a sus reflexiones —, pero la brillantez sería de Ender, no de los estudiantes. De alguna manera, traicionaría el propósito del sóndring.
Pero no le dir√≠a que no, cuando √©l le pidiera poder acompa√Īarlos. Para decir la verdad, a ella le encantar√≠a que fuera. Por mucho que amara a Jakt, echaba de menos la estrecha relaci√≥n que ella y Ender sol√≠an compartir antes de su matrimonio. Pasar√≠an a√Īos antes de que Jakt y ella pudieran estar tan unidos como lo estaba con su hermano. Jakt tambi√©n lo sab√≠a, y eso le causaba un poco de dolor; no es normal que un marido tenga que competir con su cu√Īado por la devoci√≥n de su esposa.
¬ó
Hola, Val ¬ó dijo Ender.

¬ó
Hola, Ender.


Solos en el embarcadero, donde nadie más podía oírles, ella podía llamarle libremente por el nombre de su infancia, ignorando el hecho de que el resto de la humanidad lo hubiera convertido en un epíteto.
¬ó ¬ŅQu√© har√°s si el conejito decide salir durante el s√≥ndring?
Ella sonrió.

¬ó
Su papá le envolverá en una piel de skrika, y yo le cantaré canciones nórdicas, y los estudiantes seguramente tendrán mucho que reflexionar sobre el impacto de los imperialistas reproductores en la historia.

Se rieron juntos por un instante, y Valentine supo s√ļbitamente, sin saber por qu√©, que Ender no quer√≠a ir al sondring, que hab√≠a empaquetado sus cosas para marcharse de Trondheim y que hab√≠a venido, no para invitarla a acompa√Īarle, sino para decirle adi√≥s. Las l√°grimas acudieron a sus ojos y una terrible y devastadora sensaci√≥n le sacudi√≥. El extendi√≥ la mano y la abraz√≥, como hab√≠a hecho tantas veces en el pasado; esta vez, sin embargo, su vientre se interpon√≠a entre ambos, y el abrazo fue extra√Īo y tentativo.

¬ó
Pensé que tenias intención de quedarte — susurró ella —. Rechazaste todas las llamadas que llegaron.

¬ó
Hubo una que no pude rechazar.

¬ó
Puedo tener al bebé en el sondring, pero no en otro mundo.
Como había supuesto, Ender no tenía intención de invitarla.




¬ó
La ni√Īa va a ser sorprendentemente rubia ¬ó dijo. Estar√° fuera de lugar en Lusitania. All√≠ la mayor√≠a son negros brasile√Īos.


As√≠ que ser√≠a Lusitania. Valentine entendi√≥ de inmediato por qu√© iba: el asesinato del xen√≥logo por los cerdis era ahora de dominio p√ļblico, pues hab√≠a sido emitido durante la hora de la cena en Reykiavik.
¬ó
Est√°s loco.

¬ó
La verdad es que no.


¬ó
¬ŅSabes lo que pasar√≠a si la gente llega a saber que Ender, el Exterminador, va a ir al mundo de los cerdis? ¬°Te crucificar√≠an!

¬ó
Me crucificar√≠an aqu√≠ tambi√©n, si no fuera porque nadie m√°s que t√ļ sabe qui√©n soy. Prom√©teme que no lo contar√°s.

¬ó ¬ŅQu√© bien puedes hacer all√≠? Llevar√° muerto d√©cadas cuando llegues.

¬ó
Mis sujetos están normalmente bastante fríos cuando llego a Hablar por ellos. Es la desventaja principal de ser nómada.

¬ó
Nunca había pensado que volvería a perderte.

¬ó
Pero yo supe que nos habíamos perdido mutuamente el día en que te enamoraste de Jakt.

¬ó
¡Entonces deberías de habérmelo dicho! ¡No lo habría hecho!



¬ó
Por eso no te lo dije. Pero no es cierto, Val. Lo habrías hecho de todos modos. Y yo quería que lo hicieras. Nunca has sido más feliz — le puso la mano en el vientre —. Los genes de los Wiggin llevaban tiempo buscando una continuación. Espero que tengas una docena mas.

¬ó
Es considerado una descortes√≠a tener m√°s de cuatro, ansioso pasar de cinco, y b√°rbaro tener m√°s de seis. Incluso mientras bromeaba, ella decid√≠a qu√© seria mejor para el s√≥ndring, ¬Ņdejar que los


participantes fueran sin ella, cancelarlo ya, o posponerlo hasta que Ender partiera? Pero Ender zanjó la cuestión.
¬ó ¬ŅCrees que tu marido podr√≠a hacer que uno de sus barcos me llevara al mareld esta noche
para que pueda partir hacia mi nave por la ma√Īana? Su prisa era cruel.
¬ó
Si no hubieras necesitado un barco de Jakt, ¬Ņme habr√≠as dejado una nota en el ordenador?

¬ó
He tomado la decisión hace cinco minutos, y he venido a ti directamente.

¬ó
Pero ya has reservado un pasaje... ¡ésa es una decisión que lleva tiempo!

¬ó
No si compras la nave.

¬ó
¬ŅPor qu√© tienes tanta prisa? El viaje lleva d√©cadas...

¬ó
Veintid√≥s a√Īos.


¬ó
¬°Veintid√≥s a√Īos! ¬ŅQu√© diferencia marcar√≠a un par de d√≠as? ¬ŅNo puedes esperar un mes hasta que nazca mi hija?

¬ó Dentro de un mes, Val, puede que no tenga valor para dejaros.

¬ó
¬°Entonces no lo hagas! ¬ŅQu√© son los cerdis para ti? Los insectores son suficientes ramen para la vida de un hombre. Qu√©date, c√°sate como me he casado yo. ¬°Abriste las estrellas a la colonizaci√≥n, Ender, ahora qu√©date aqu√≠ y saborea los buenos frutos de tu labor!

¬ó
T√ļ tienes a Jakt. Yo tengo estudiantes repulsivos que contin√ļan intentando convertirme al calvinismo. Mi labor no est√° hecha todav√≠a, y Trondheim no es mi hogar.

Valentine sinti√≥ sus palabras como una acusaci√≥n: ¬ęEchaste ra√≠ces aqu√≠ sin pensar siquiera si yo podr√≠a vivir en este suelo.¬Ľ ¬ęPero no es culpa m√≠a, ¬ó quiso contestar ¬ó... tu eres el que se marcha, no yo.¬Ľ

¬ó
¬ŅRecuerdas c√≥mo fue cuando dejamos a Peter en la Tierra en un viaje de d√©cadas a nuestra primera colonia, al mundo que gobernaste? ¬ó dijo ella ¬ó. Fue como si muriera. Cuando llegamos all√≠ √©l era ya viejo y nosotros a√ļn j√≥venes; cuando hablamos por ansible, √©l se hab√≠a convertido en un pariente anciano, el poderoso Hegem√≥n, el legendario Locke, cualquier cosa menos nuestro hermano.

¬ó
Tal como yo lo recuerdo, fue una mejora — Ender intentaba hacer las cosas más fáciles. Pero Valentine encontró otro tono en sus palabras.

¬ó
¬ŅCrees que yo tambi√©n mejorar√© dentro de veintid√≥s a√Īos?

¬ó
Creo que lloraré por ti más que si hubieras muerto.

¬ó
No, Ender, es exactamente como si estuviera muerta, y t√ļ sabr√°s que eres el que me mat√≥. √Čl retrocedi√≥.

¬ó
No sabes lo que dices.



¬ó
No te escribir√©. ¬ŅPor qu√© iba a hacerlo? Para ti ser√°n solamente un par de semanas. Llegar√≠as a Lusitania y el ordenador tendr√≠a veintid√≥s a√Īos de cartas que te habr√≠a enviado una persona a la que has dejado s√≥lo la semana anterior. Los primeros cinco a√Īos ser√≠an penosos, el dolor de perderte, la soledad de no tenerte para hablar...

¬ó Jakt es tu marido, no yo.

¬ó
¬ŅY entonces qu√© tendr√≠a que escribirte? ¬ŅCartitas amables y simp√°ticas sobre la ni√Īa? Tendr√≠a cinco, seis, diez, veinte a√Īos y estar√≠a casada y t√ļ ni siquiera la conocer√≠as, ni siquiera te importar√°.

¬ó Me importar√°.

¬ó
No tendrás la oportunidad. No te escribiré hasta que sea muy vieja, Ender. Hasta que hayas ido a Lusitania y luego a otro lugar, tragando décadas de golpe. Entonces te enviaré mi memoria. Te la dedicaré. A Andrew, mi querido hermano. Te seguí alegremente a dos docenas de mundos, pero no pudiste quedarte ni siquiera dos semanas cuando te lo pedí.

¬ó
Escucha lo que dices, Val, y comprenderás entonces por qué tengo que marcharme ahora, antes de que me destroces en pedazos.

¬ó
¡Eso es un sofisma que no tolerarías a tus estudiantes, Ender! ¡No habría dicho esas cosas si no fueras a escaparte como el ladrón que es descubierto con las manos en la masa! ¡No le des la vuelta a la historia y no me eches la culpa!

√Čl respondi√≥ sin aliento, con las palabras atropell√°ndose, unas a otras, en su prisa; ten√≠a que terminar su discurso antes de que la emoci√≥n le detuviera.

¬ó
No, tienes razón. Quería darme prisa porque tengo un trabajo que hacer allí, y cada día que pase aquí estoy perdiendo tiempo, y porque me duele cada vez que os veo a ti y a Jakt más cercanos y yo más distante, aunque sé que es así como debe ser. Así que cuando decidí que tenía que ir, pensé que cuanto antes lo hiciera mejor, y tenía razón. Sabes que tengo razón. Nunca pensé que me odiarías por esto.


La emoción le detuvo y lloró. Y lo mismo hizo ella.
— No te odio, te quiero, eres una parte de mí, eres mi corazón y cuando te vayas me desgarrarás
el corazón y te lo llevaras...
Y ése fue el final del encuentro.
El primero de a bordo de Ráv llevó a Ender al mareid, la gran plataforma en el mar ecuatorial, donde las lanzaderas eran enviadas al espacio para que se encontrasen con las naves en órbita. Los dos habían comprendido que Valentine no podía ir con él. Ella, en cambio, regresó a casa con su marido y permaneció abrazada a él toda la noche. Al día siguiente se fue al sóndring con sus estudiantes y lloró por Ender sólo durante la noche, cuando pensaba que nadie podía verla.
Pero sus estudiantes la veían, y circularon historias sobre la gran pena de la profesora Wiggin por la marcha de su hermano, el Portavoz itinerante. Hicieron de esto lo que los estudiantes siempre hacen... mucho más y mucho menos que la realidad. Pero una estudiante, una muchacha llamada Plikt, advirtió que había más en la historia de Valentine y Andrew Wiggin de lo que nadie había supuesto.
As√≠ que empez√≥ a investigar su historia y a seguir la pista de sus viajes entre las estrellas. Cuando Syfte, la hija de Valentine, ten√≠a cuatro a√Īos, y Ren, su hijo, ten√≠a dos, Plikt fue a verla. Entonces era ya una joven profesora en la universidad, y le mostr√≥ a Valentine su historia publicada. La hab√≠a concebido como ficci√≥n, pero era real, naturalmente, la historia del hermano y la hermana que eran las personas m√°s viejas del universo, nacidas en la Tierra antes de que se implantaran las colonias en otros mundos, y que desde entonces vagaban de un mundo a otro, sin ra√≠ces, buscando siempre algo.
Para alivio de Valentine ¬ó y, extra√Īamente, tambi√©n para su decepci√≥n ¬ó, Plikt no hab√≠a revelado el hecho de que Ender era el Portavoz de los Muertos original y que Valentine era Dem√≥stenes. Pero sab√≠a bastante de su historia para escribir el relato de su despedida, cuando ella decidi√≥ quedarse con su marido y √©l marcharse. La escena era mucho m√°s tierna y emotiva de lo que hab√≠a sido en realidad. Plikt hab√≠a escrito lo que deber√≠a haber sido si Ender y Valentine hubieran tenido m√°s sentido del teatro.
¬ó
¬ŅPor qu√© has escrito esto? ¬ó le pregunt√≥ Valentine.

¬ó
¬ŅNo es lo suficientemente bueno para que tenga su raz√≥n de existir?
La respuesta divirtió a Valentine, pero no le hizo claudicar.


¬ó
¬ŅQu√© significaba mi hermano Andrew para ti, para que hayas investigado antes de crear esto?

¬ó
√Čsa sigue siendo la pregunta equivocada ¬ó contest√≥ Plikt.


¬ó
Parece que estoy suspendiendo alg√ļn tipo de examen. ¬ŅPuedes darme alguna pista para que sepa qu√© pregunta tengo que hacer?

¬ó
No se enfade. Debería preguntarme por que he escrito una obra de ficción en lugar de una biografía.

¬ó ¬ŅPor qu√©, entonces?

¬ó
Porque descubrí que Andrew Wiggin, Portavoz de los Muertos, es Ender Wiggin, el Genocida.

Aunque Ender hab√≠a partido hac√≠a cuatro a√Īos, a√ļn le faltaban otros dieciocho para alcanzar su destino. Valentine se sinti√≥ presa del miedo, pensando en lo que seria su vida si le recib√≠an en Lusitania como el hombre m√°s repudiado de la historia humana.

¬ó
No tiene que tener miedo, profesora Wiggin. Si tuviera intención de contarlo, ya lo habría hecho. Cuando lo descubrí, me di cuenta de que se había arrepentido de lo que hizo. Y ¡qué penitencia mas extraordinaria! Fue el Portavoz de los Muertos quien reveló que sus actos fueron un crimen inenarrable... y por eso tomó el título de Portavoz, como otros muchos miles, y llevó adelante el papel de ser su propio acusador por veinte mundos.

¬ó
Has descubierto tanto, Plikt, y entendido tan poco...

¬ó
¬°Lo he comprendido todo! Lea lo que he escrito... ¬°Lo he comprendido!




Valentine se dijo que, puesto que Plikt sabía tanto, lo mismo daba que supiera más. Pero fue la furia, no la razón, lo que hizo que le contara lo que no le había contado a nadie nunca.
¬ó Plikt, mi hermano no imit√≥ al Portavoz de los Muertos original. √Čl escribi√≥ la Reina Colmena y el Hegem√≥n.
Cuando Plikt se dio cuenta de que ella le estaba diciendo la verdad, se sinti√≥ abrumada. Durante todos esos a√Īos hab√≠a considerado a Andrew Wiggin como su materia de estudio y al Portavoz de los Muertos original como su inspiraci√≥n. Descubrir que ambos eran la misma persona le hizo sentirse anonadada durante media hora.
Entonces ella y Valentine hablaron y llegaron a confiar la una en la otra, hasta que Valentine invit√≥ a Plikt para que fuera la tutora de sus hijos y colaborara con ella en sus ense√Īanzas y sus escritos. Jakt se sorprendi√≥ de aquella nueva incorporaci√≥n a la casa, pero con el tiempo Valentine le cont√≥ los secretos que Plikt hab√≠a descubierto a trav√©s de sus investigaciones o su revelaci√≥n. Se convirti√≥ en la leyenda de la familia, y los ni√Īos crecieron escuchando historias maravillosas sobre su T√≠o Ender, a quien en todos los mundos consideraban un monstruo, pero que en realidad era una especie de salvador, o un profeta, o al menos un m√°rtir.
Los a√Īos pasaron, la familia prosper√≥, y el dolor de Valentine por la p√©rdida de Ender se convirti√≥ en orgullo por √©l y finalmente en una poderosa impaciencia. Estaba ansiosa por que llegara a Lusitania y resolviera el problema de los cerdis, por que cumpliera su aparente destino como el ap√≥stol de los ramen. Fue Plikt, la buena luterana, quien le ense√Ī√≥ a Valentine a concebir la vida de Ender en t√©rminos religiosos; la poderosa estabilidad de su vida familiar y el milagro de cada uno de sus cinco hijos se combinaron para instalar en ella las emociones, si no las doctrinas, de la fe.
Era l√≥gico que tambi√©n afectara a los ni√Īos. El relato del T√≠o Ender, ya que no pod√≠an mencionarlo a los extra√Īos, adquiri√≥ tonos sobrenaturales. Syfte, la hija mayor, estaba particularmente intrigada, e incluso cuando lleg√≥ a los veinte a√Īos y concibi√≥ de modo racional la adoraci√≥n primitiva e infantil por T√≠o Ender, sigui√≥ obsesionada con √©l. Era una criatura de leyenda, y sin embargo a√ļn viv√≠a, en un mundo que no estaba lejos.
No se lo dijo a sus padres, pero sí a su antigua tutora.
¬ó Alg√ļn d√≠a, Plikt, le conocer√©. Le conocer√© y le ayudar√© en su trabajo.
¬ó
¬ŅQu√© te hace creer que necesitar√° ayuda? ¬ŅTu ayuda, adem√°s? ¬ó Plikt se mostraba siempre esc√©ptica hasta que sus estudiantes se ganaban su confianza.

¬ó
Tampoco lo hizo solo la primera vez, ¬Ņno? Y los sue√Īos de Syfte se alejaron del hielo de Trondheim y se dirigieron al distante planeta donde Ender Wiggin a√ļn no hab√≠a puesto los pies.


¬ęGente de Lusitania, qu√© poco sab√©is del gran hombre que caminar√° por vuestra tierra y tomara vuestra carga. Y yo me unir√© a √©l, a su debido tiempo, aunque sea una generaci√≥n tarde... prep√°rate tambi√©n para m√≠, Lusitania.¬Ľ
En su nave, Ender Wiggin no ten√≠a noci√≥n de la carga de sue√Īos de otras personas que llevaba consigo. S√≥lo hab√≠an pasado unos d√≠as desde que hab√≠a dejado a Valentine llorando en el embarcadero. Para √©l, Syfte no ten√≠a nombre; era un beb√© en el vientre de Valentine, y nada m√°s. S√≥lo empezaba a sentir el dolor de perder a Valentine, un dolor que ella hab√≠a superado desde hac√≠a tiempo. Y sus pensamientos estaban lejos de sus sobrinos desconocidos en aquel mundo de hielo.
Era en una muchachita joven y atormentada llamada Novinha en quien pensaba, y se preguntaba qu√© le estar√≠an haciendo esos veintid√≥s a√Īos de viaje, y en qu√© se habr√≠a convertido cuando se encontraran. Pues Ender la amaba, como s√≥lo se puede amar a alguien que es un eco de uno mismo, en el momento de la pena m√°s profunda.