15 - La voz de los muertos

—Unas tensiones te hacen engordar y otras te hacen adelgazar. Soy una criatura de productos químicos.
—Debe haber sidoduro. Graffse encogió de hombros.
—No mucho. Sabía que saldría absuelto.
¬óAlgunos no est√°bamos tanseguros. La gente se puso como loca all√° abajo. Malos tratos a los ni√Īos, negligencia homicida... Esos v√≠deos de las muertes de Bonzo yStilsoneranhorripilantes. Ver a unni√Īo hacerle esoa otro...
—Creo que fueron los vídeos lo que me salvó. El fiscal los presentó, pero nosotros contamos toda la historia. Estaba claro que Ender no les provocó. Al fin y al cabo, era sólo un juego de adivinanzas. Declaré que hice lo que creí necesario para la preservación de la raza humana, y tuvo éxito; hicimos que los jueces aceptaran que el fiscal debía probar más allá de toda duda que Ender habría ganado la guerra sin el adiestramiento que le dimos. Después de eso, no podía haber problemas. Exigencias de la guerra.
—De todas formas, Graff, fue un gran alivio para todos. Sé que nos peleábamos, y sé que el fiscal utilizó en tu contra las cintas de nuestras conversaciones. Pero para entonces yo ya sabía que tenías razón, yme ofrecí a testificar entufavor.
—Losé. Me lo dijeronmis abogados.
¬ó¬ŅQu√© vas a hacer ahora?
¬óNo lo s√©. Seguir descansando. Me corresponden unos cuantos a√Īos de vacaciones acumuladas. Suficientes para llegar al retiro, y tengo muchos salarios, que no he utilizado nunca, depositados enbancos. Puedovivir de los intereses. Pero a lomejor nolosoporto. Quiz√°s haga algo.
¬óEs una perspectiva halag√ľe√Īa. Pero yo tampoco lo soportar√≠a. Me han ofrecido la direcci√≥n de tres universidades distintas, en la hip√≥tesis de que soy pedagogo. Cuando les digo que lo √ļnico que me preocupaba enla Escuela de Batalla eranlos juegos, no se locreen. Creoque aceptar√© la otra oferta.
¬ó¬ŅDelegado?
¬óAhora que la guerra se ha acabado, es hora de volver a jugar. Ser√° casi como estar de vacaciones. S√≥lo veintiocho equipos en la liga. Aunque despu√©s de tantos a√Īos viendo volar a esos ni√Īos, ver rugbyes comover babosas machac√°ndose entre s√≠.
Se rieron, Graffsuspiró yempujóla balsa conel pie.
¬óEsa balsa, seguroque noflota contigoencima.
Graffnegó conla cabeza.
—La construyóEnder.
—Ahora loentiendo. Aquí es donde le trajiste.
—Le hancedido este lugar. Me preocupé de que fuera recompensado concreces. Tendrá todo el dineroque pueda necesitar.
¬óSi le dejanvolver para disfrutarlo.
¬óNo le dejar√°n.
¬ó¬ŅConDem√≥stenes revolvi√©ndolotodopara que vuelva a casa?
—Demóstenes ya noestá enlas redes. Andersonentornóuna ceja.
¬ó¬ŅQu√© significa eso?
—Demóstenes se ha retirado. Para siempre.
¬óT√ļsabes algo, viejo. T√ļsabes qui√©nes Dem√≥stenes.
¬óEra.
—De acuerdo, dímelo.
¬óNo.
¬óYa noeres tanamenocomoantes, Graff.
¬óNunca lohe sido.
¬óPor lo menos, podr√°s decirme por qu√©. √Čramos muchos los que cre√≠amos que Dem√≥stenes llegar√≠a a ser Hegemon.
—No ha habido nunca ninguna posibilidad de que lo consiguiera. No, ni siquiera la turba de políticos cretinos que seguía a Demóstenes podría convencer al Hegemonde que trajera a Ender a la Tierra. Ender es demasiadopeligroso.
¬óS√≥lotiene once a√Īos. Doce ahora.
¬óM√°s peligroso todav√≠a, porque se le podr√≠a manipular f√°cilmente. Todo el mundo conjurar√≠a el nombre de Ender. El ni√Īo dios, el hacedor de milagros, con la vida y la muerte en sus manos. Todos los cachorros de tirano querr√≠an tener al chico, para ponerle al frente de un ej√©rcito y ver c√≥mo el mundo se le une entropel o se encoge de miedo. Si Ender viniera a la Tierra, querr√≠a venir aqu√≠, a descansar, a salvar loque pueda de suinfancia. Pero ellos no le dejar√≠andescansar.
¬óYa veo. ¬ŅLe ha dichoalguienesoa Dem√≥stenes?
Graffsonrió.
¬óDem√≥stenes se lo ha dicho a alguien. A alguien que pod√≠a haber utilizado a Ender como ning√ļnotro, para gobernar el mundoyhacer el mundoa suimagenysemejanza.
¬ó¬ŅQui√©n?
¬óLocke.
—Locke es unode los que decíanque Ender debería permanecer a Eros.
¬óLas cosas nosiempre sonloque parecen.
—Todo eso es demasiado complicado para mí, Graff. Prefiero los juegos. Reglas limpias.
√Ārbitros. Principioyfinal. Vencedores yvencidos, yluegotodos a casa consus esposas.
¬ó¬ŅMe dar√°s entradas para alg√ļnpartido?
¬óNo vas a quedarte aqu√≠ yretirarte, ¬Ņverdad?
¬óNo.
¬óVas a entrar enla Hegemon√≠a, ¬Ņverdad?
—Soyel nuevoministro de Colonización.
—Así que vana hacerlo.
—En cuanto nos lleguen los informes sobre las colonias de los insectores. Están ahí, ya
preparadas, con edificaciones e industrias ya levantadas, y todos los insectores muertos. Muy cómodo. Aboliremos las leyes de limitaciónde la población.
¬óQue todos odian.
¬óY todos esos terceros y cuartos y quintos se embarcar√°n en astronaves con rumbo a mundos
conocidos ydesconocidos.
¬ó¬ŅCrees que la gente ir√°?
¬óLa gente siempre va. Siempre. Siempre creenque puedenencontrar una vida mejor que la que
teníanenel viejo mundo.
—Qué más da, quizá tenganrazón.
Al principio, Ender cre√≠a que le llevar√≠an de vuelta a la Tierra en cuanto estuviera todo m√°s calmado. Pero todo estaba en calma ahora, hab√≠a estado en calma durante m√°s de un a√Īo, y ahora estaba claro que no lo llevar√≠ana la Tierra, que era mucho m√°s √ļtil siendo unnombre yuna historia que siendouna persona de carne yhueso, e inc√≥moda.
Y estaba además el asunto de la corte marcial sobre los crímenes del coronel Graff. El almirante Chamrajnagar intentó impedir que Ender los viera, pero no lo consiguió; a Ender se le había concedido también el rango de almirante, y ésa fue una de las pocas veces que hizo valer los privilegios de su rango. Así que contempló los vídeos de las peleas con Stilson y Bonzo, miró las fotografías de los cadáveres, escuchó a los psicólogos ya los abogados discutir si se había cometido un crimen o si había sido en defensa propia. Ender tenía su propia opinión sobre el asunto, pero nadie se la pidió. En realidad, a quien se atacaba en el juicio era a Ender. El fiscal era demasiado listo para acusarle directamente, pero no le faltaronintentos de presentarle como unenfermo, unloco pervertidoycriminal.
¬óNo te preocupes ¬ódijo Mazer Rackham¬ó. Los pol√≠ticos te tienen miedo, pero todav√≠a no puedendestruir tureputaci√≥n. Estar√° indemne hasta que entrenenescena los historiadores, dentro de unos treinta a√Īos.
A Ender no le preocupaba su reputaci√≥n. Miraba los v√≠deos impasiblemente, pero de hecho le divert√≠an. ¬ęHe matado en batalla a diez mil millones de insectores, que estaban tan vivos y eran tan inteligentes como cualquier hombre, que ni siquiera hab√≠anlanzado contra nosotros untercer ataque, ynadie llama crimena eso...¬Ľ
Le pesabantodos sus crímenes, ylas muertes de StilsonyBonzo no le pesabanni más ni menos que las demás.
Yasí, conese peso, esperó el paso de esos meses vacíos, hasta que el mundo que había salvado decidiera que podía volver a casa.
Uno a uno, sus amigos le dejaron a rega√Īadientes, eran llamados a casa por sus familias, para ser recibidos ensus pueblos conhonores de h√©roe. Ender contempl√≥ los v√≠deos de sus recibimientos, y se conmovi√≥ cuando vio que se pasaban el tiempo alabando a Ender Wiggin, que les hab√≠a ense√Īadotodoloque sab√≠an, dec√≠an, que les hab√≠a ense√Īadoyles hab√≠a conducido a la victoria. Pero si hab√≠an pedido que fuera tra√≠do a casa, esas palabras eran censuradas y cortadas de los v√≠deos y nadie o√≠a la s√ļplica.
El √ļnico trabajo que hubo en Eros durante cierto tiempo consisti√≥ en limpiarlo todo tras la sanguinaria Guerra de las Ligas y en recibir los informes de las astronaves, antes naves de guerra y que ahora se dedicabana explorar los mundos colonizados por los insectores.
Pero ahora hab√≠a en Eros m√°s ajetreo que nunca, estaba m√°s atestado de gente que durante la guerra, pues estaban trayendo colonos para prepararlos para sus viajes a los mundos vac√≠os de los insectores. Ender particip√≥ en el trabajo, tanto como se lo permit√≠an, pues no se les ocurri√≥ pensar que ese ni√Īo de doce a√Īos podr√≠a estar tanbiendotado para la pazcomo para la guerra. Pero soport√≥ conresignaci√≥nla tendencia a ignorarle, yaprendi√≥ a presentar sus propuestas ya sugerir sus planes a trav√©s de los pocos adultos que le escuchaban, y dejaba que las presentaran como suyas. Estaba preocupado, nopor ganar prestigio, sino porque se hiciera el trabajo.
Lo √ļnico que no pod√≠a aguantar era la adoraci√≥n de los colonos. Aprendi√≥ a evitar los t√ļneles donde viv√≠an, porque siempre le reconoc√≠an(el mundo se hab√≠a aprendido de memoria sucara), yle gritabanyle chillabanyle abrazabanyle felicitabanyle mostrabanal ni√Īo que se llamaba como el ensuhonor yle dec√≠anque era tanjoven; eso les destrozaba el coraz√≥nyellos no le echabanla culpa de sus asesinatos porque noera culpa suya, pues noera m√°s que unni√Īo.
Se escondía de ellos todolo que podía.
Hubouncolono, sinembargo, del que nopodría esconderse.
Ender no estaba enEros ese día. Había salido conel transbordador al nuevo L.I.E, donde había estado aprendiendo a hacer trabajos de superficie en las astronaves; era indecoroso que un oficial hiciera trabajos mecánicos, le dijo Chamrajnagar, pero Ender le respondió que como ahora no había mucha necesidaddel oficio que conocía, era ya tiempode que aprendiera otro.
Le hablaronpor la radio del casco yle dijeronque alguienquería verle encuanto entrara. Ender no se acordó de nadie a quien quisiera ver, y por eso no se dio prisa. Acabó de instalar el campo para el ansible de la nave yluego caminó conayuda del garfio por la superficie de la nave yse subió a la cabina.
Estaba esper√°ndole fuera del vestuario. Por uninstante le disgust√≥ que dejarana uncolono venir a molestarle aqu√≠, donde hab√≠a venido para estar solo; luego mir√≥ por segunda vezypens√≥ que si esa jovenfuera una ni√Īa la conocer√≠a.
Valentine dijo:
¬óHola, Ender.
¬ó¬ŅQu√© haces aqu√≠?
—Demóstenes se ha retirado. Me voyconla primera colonia.
¬óSe tarda cincuenta a√Īos enllegar.
¬óS√≥lodos a√Īos si est√°s a bordode la nave.
—Perosi alguna vezvuelves, todos los que conocías enla Tierra estaránmuertos.
—Eso es lo que estaba pensando. Tenía la esperanza de que viniera conmigo una persona de Eros a la que conocía.
—No quiero ir a unmundo que hemos robadoa los insectores. Sólo quiero ir a casa.
—Ender, no volverás nunca a la Tierra. Me aseguré de elloantes de salir. La miró ensilencio.
¬óTe lodigoahora para que, si quieres odiarme, puedas odiarme desde el principio.
Fueronal diminuto compartimiento de Ender enel L.I.E yse lo explicó. Peter quería que Ender
volviera a la Tierra, bajola proteccióndel Consejode la Hegemonía.
—Tal como están las cosas en este momento, Ender, eso te pondría en realidad bajo el control de Peter, pues la mitad del consejo hace ahora todo lo que quiere Peter. Los que no son perros falderos de Peter, estánsometidos a él de una forma uotra.
¬ó¬ŅSabenqui√©nes enrealidad?
¬óS√≠. No se le conoce p√ļblicamente, pero los que est√°n arriba le conocen. De todas formas, ya no tiene importancia. Tiene demasiado poder como para que se preocupen de su edad. Ha hecho cosas incre√≠bles, Ender.
¬óNot√© que el tratadodel a√Īopasado ten√≠a el nombre de Locke.
¬óEsa fue su entrada en escena. Lo propuso a trav√©s de sus amigos de las redes p√ļblicas, y luego Dem√≥stenes le apoy√≥. Era el momento que hab√≠a estado esperando, utilizar la influencia de Dem√≥stenes con la chusma y la influencia de Locke con la inteligencia para conseguir algo notorio. Previnouna guerra horrible que pod√≠a haber duradod√©cadas.
¬ó¬ŅDecidi√≥ no ser estadista?
¬óCreoque s√≠. Peroenunode sus momentos de cinismo, de los que tiene muchos, me se√Īal√≥que si hubiera permitido que la Liga se rompiera totalmente, habr√≠a tenido que conquistar el mundopalmo a palmo. Si manten√≠a la existencia de la Hegemon√≠a, pod√≠a hacerlode unsolo golpe.
—Ese es el Peter que conocía —dijoEnder.
¬óEs divertido, ¬Ņverdad? Que Peter haya salvadoa millones de seres.
¬óMientras que yohe matado a miles de millones.
¬óNo iba a decir eso.
—Así que quería utilizarme.
¬óTen√≠a planes para ti, Ender. Revelar√≠a su identidad cuando t√ļ llegaras, yendo a verte delante de todos los v√≠deos. El hermano mayor de Ender Wiggin, que adem√°s es tambi√©n el gran Locke, el arquitecto de la paz. De pie a tulado, parecer√≠a bastante maduro. Yel parecido f√≠sico entre vosotros es mayor que nunca. Le resultar√≠a f√°cil tomar el poder.
¬ó¬ŅPor qu√© se lo impediste?
—Ender, no te gustaría ser el peónde Peter el resto de tuvida.
¬ó¬ŅPor qu√© no? Toda mi vida he sidoel pe√≥nde alguien.
¬óYo tambi√©n. Mostr√© a Peter todas las evidencias que hab√≠a reunido, suficientes para probar a los ojos del p√ļblico que era un asesino psic√≥pata. Entre ellas hab√≠a fotograf√≠as en color de ardillas torturadas y algunos v√≠deos del monitor, donde se ve√≠a c√≥mo te trataba. Me cost√≥ mucho trabajo reunir√≠as, pero cuando las vio accedi√≥ a darme todo lo que quisiera. Lo que yo quer√≠a era tulibertad yla m√≠a.
¬óIr a vivir a la casa de la gente que he matadonoes la idea que yotengode la libertad.
¬óEnder, lo hecho, hecho est√°. Ahora sus mundos est√°n vac√≠os, y los nuestros est√°n llenos. Y podemos llevar connosotros lo que sus mundos no hanconocido nunca: ciudades llenas de personas que vivenvidas privadas, individuales, que se amanyse odianpor razones personales. Entodos los mundos de los insectores s√≥lo hab√≠a una historia que contar; cuando estemos all√≠, el mundo estar√° lleno de historias, e improvisaremos sus desenlaces d√≠a a d√≠a. Ender, la Tierra pertenece a Peter. Y si no vienes conmigo ahora, te tendr√° a su alcance, y te utilizar√° hasta el punto de que preferir√°s no haber nacido. √Čsta es tu√ļnica posibilidadde escapar.
Ender nodijo nada.
—Sé lo que estás pensando, Ender. Estás pensando que estoy intentando influenciarte exactamente igual que Peter, Graffocualquier otro.
¬óSe me ha pasado por la cabeza.
¬óBienvenido a la raza humana. Nadie controla supropia vida, Ender. Lo m√°s que puedes hacer es elegir ser controlado por personas buenas, por personas que te quieran. No he venido aqu√≠ porque quiera ser colono. He venido porque me he pasado toda la vida en compa√Ī√≠a del hermano que odiaba. Ahora quiero tener la posibilidad de conocer al hermano que amaba, antes de que sea demasiadotarde, antes de que dejemos de ser ni√Īos.
¬óYa es demasiadotarde para eso.
¬óEst√°s equivocado, Ender. Crees que eres un adulto, cansado y hastiado de todo, pero sigues teniendo el coraz√≥nde unchico, como yo. Podemos mantenerlo ensecreto cara a lo dem√°s. Mientras t√ļ gobiernas la colonia, yo escribir√© tratados de filosof√≠a pol√≠tica, y nunca adivinar√°n que en la oscuridad de la noche nos deslizamos a hurtadillas a la habitaci√≥n del otro y jugamos a las damas y hacemos guerras de almohadas.
Ender se rió, pero se había percatado de ciertas cosas que Valentine había dejado caer
demasiadocasualmente comopara que fueranaccidentales.
¬ó¬ŅGobernar?
¬óYo soy Dem√≥stenes, Ender. Publiqu√© un manifiesto. Una declaraci√≥n p√ļblica diciendo que cre√≠a tanto en el movimiento colonizador que me iba a ir en la primera nave que saliera. Al mismo tiempo, el ministro de Colonizaci√≥n, un antiguo coronel llamado Graff, anunci√≥ que el piloto de la nave colonizadora ser√≠a el gran Mazer Rackham, y el gobernador de la colonia ser√≠a Ender Wiggin. ¬óPodr√≠anhaberme consultado.
—Quería consultártelopersonalmente.
¬óPeroya est√° anunciado.
¬óNo. Lo anunciar√°n ma√Īana, si aceptas. Mazer ha aceptado hace unas horas, cuando volvi√≥ a Eros.
¬ó¬ŅVas a decir a todo el mundoque eres Dem√≥stenes? ¬ŅUna chica de catorce a√Īos?
—Les vamos a decir que Demóstenes va con la colonia. Dejemos que se pasen los próximos
cincuenta a√Īos estruj√°ndose los sesos delante de la lista de pasajeros, intentando averiguar cu√°l de
ellos es el grandemagogode la Edadde Locke.
Ender se rióymeneóla cabeza.
¬óTe est√°s divirtiendode verdad, Val.
¬ó¬ŅPor qu√© noiba a divertirme?
¬óDe acuerdo ¬ódijo Ender¬ó. Ir√©.Alo mejor incluso como gobernador, siempre ycuando t√ļ y Mazer est√©is ah√≠ para ayudarme. Mis conocimientos est√°nunpocooxidados eneste momento.
Valentine berre√≥ yle apretuj√≥, como cualquier ni√Īa normal que acabara de recibir de manos de suhermanito el regaloque m√°s quer√≠a.
—Val —dijo Ender—. Sólo quiero que quede bien clara una cosa. No voy por ti. No voypara ser gobernador, o porque me aburra aquí. Voy porque conozco a los insectores mejor que cualquier otro ser viviente, y si voy allí, a lo mejor llego a conocerles mejor. Les robé su futuro; sólo puedo empezar a indemnizarles intentandoaveriguar loque pueda de supasado.
El viaje fue largo. Para cuando terminó, Valentine había concluido el primer volumen de su historia de las guerras insectoras y lo había transmitido a la Tierra por el ansible, conel nombre de Demóstenes, yEnder se había ganadoalgomás que la adoraciónde los pasajeros.Ahora le conocían, yse había ganado suamor ysurespeto.
Trabajó duro enel nuevo mundo, gobernando conpersuasiónyno autoritariamente, ytrabajando tan duro como el que más en las tareas de asentar una economía autosuficiente. Pero su trabajo más importante, yenesto coincidierontodos, era explorar lo que habíandejado los insectores, intentando encontrar, entre las estructuras, la maquinaria y los campos tanto tiempo desatendidos, algo que pudiera servir a la raza humana. Algo de lo que se pudiera aprender. No había libros para leer; los insectores no los necesitaban. Teniendo todo presente en sus memorias, hablando a medida que pensaban, cuandolos insectores murieron, suconocimientomurióconellos.
Y sin embargo, de la solidez de los techos que cubr√≠an sus cobertizos de animales y sus despensas de comida, Ender aprendi√≥ que el invierno pod√≠a ser duro, con fuertes nevadas. De las vallas con estacas afiladas apuntando hacia afuera, aprendi√≥ que hab√≠a animales merodeadores que eranunpeligro para los cultivos ylos reba√Īos. Del molino, aprendi√≥ que los frutos de gusto extra√Īo que crec√≠an en las frondosas huertas se secaban y se mol√≠an para convertirlos en comida. Y de los cabestrillos, que una vezse utilizaronpara transportar a los ni√Īos a los campos, aprendi√≥ que aunque los insectores noeranmuydados a la individualidad, s√≠ quer√≠ana sus hijos.
La vida se asent√≥, y pasaron los a√Īos. La colonia viv√≠a en casas de madera y utilizaba los t√ļneles de la ciudad de los insectores como almacenes y talleres. Ahora se gobernaban mediante un consejo, y eleg√≠an a los administradores, y aunque Ender segu√≠a siendo llamado gobernador, no era enrealidad m√°s que unjuez. Hab√≠a cr√≠menes ypeleas enconvivencia congenerosidad ycooperaci√≥n; hab√≠a personas que se quer√≠anypersonas que no se quer√≠an; era unmundo humano. Ya no esperaban con ansiedad cada nueva transmisi√≥n del ansible; los nombres que eran famosos en la Tierra significabanbienpoco all√≠. El √ļnico nombre que conoc√≠anera el de Peter Wiggin, el Hegemonde la Tierra; las √ļnicas noticias que llegaban eran noticias de paz, de prosperidad, de grandes naves que sal√≠andel litoral del sistema solar terrestre, traspasabanel escudo de cometas yllenabanlos mundos de los insectores. Pronto habr√≠a otras colonias en este mundo, el mundo de Ender; pronto habr√≠a vecinos; ya estaban en camino, pero nadie se preocupaba. Ayudar√≠an a los reci√©n llegados cuando llegaran, les ense√Īar√≠anlo que ten√≠anque aprender, pero lo que importaba ahora era qui√©nse casaba conqui√©n, yqui√©n estaba enfermo, ycu√°ndo era el tiempo de sembrar, ypor qu√© he de pagarle si el becerromuri√≥ al cabode tres semanas.
—Se hanconvertido engente de campo —dijo Valentine—.Anadie le importa que Demóstenes
esté enviando, precisamente hoy, el séptimovolumende suhistoria. Aquí nolo leerá nadie.
Ender pulsóunbotónysuconsola le mostró la página siguiente.
¬óMuyl√ļcido, Valentine. ¬ŅCu√°ntos vol√ļmenes te faltan?
—Sólouno. La historia de Ender Wiggin.
¬ó¬ŅC√≥mote las vas a arreglar? ¬ŅEsperar√°s a que me muera?
—No. Escribiré, ycuando llegue al presente, me pararé.
—Tengo una idea mejor. Llega hasta el día en que ganamos la batalla final. Párate ahí. Lo que he hechodesde entonces nomerece la pena ser contado.
¬óTal vez¬ódijo Valentine¬ó. Otal vezno.
El ansible les hab√≠a tra√≠do la noticia de que la nueva nave colonizadora estaba a solo un a√Īo. Pidieron a Ender que les buscara un lugar para asentarse, suficientemente cerca de la colonia de Ender para que pudierancomerciar entre s√≠, pero suficientemente lejos para que pudierangobernarse solos. Ender cogi√≥ el helic√≥ptero ycomenz√≥ a explorar. Se llev√≥consigoa uno de los ni√Īos, unchico de once a√Īos llamado Abra; erans√≥lo tres cuandose fund√≥la colonia, ynorecordaba m√°s mundoque √©ste. √Čl yEnder volarontanlejos como pod√≠a ir el helic√≥ptero, luego acamparonpara pasar la noche conla intenci√≥nde hacer unrecorrido a pie a la ma√Īana siguiente, para hacerse una idea del terreno.
Transcurr√≠a la tercera ma√Īana cuando Ender comenz√≥ a tener la desagradable sensaci√≥nde que hab√≠a estado antes enese sitio. Mir√≥ entorno suyo; era tierra nueva, no la hab√≠a visto nunca. Llam√≥ a Abra.
—Hola, Ender —gritóAbra. Estaba enla cima de una colina baja yescalonada—. ¡Sube!
Ender trep√≥, yla turba ced√≠a a supasoenel blandosuelo. Abra se√Īalaba hacia abajo.
—Es increíble —dijo.
La colina estaba agujereada. Una profunda depresión en el centro, parcialmente llena de agua, estaba cercada por pendientes cóncavas, que sobresalíanpeligrosamente por encima del agua. Por un lado, la colina se abría endos largas estribaciones que formabanunvalle enforma de V; por el otro lado, la colina se elevaba en una roca blanca, que sonreía y parecía una calavera con un árbol saliendopor la boca.
¬óEs como ungigante muerto ¬ódijo Abra¬ó, yla tierra ha crecido para cubrir suesqueleto.
Ahora Ender sab√≠a por qu√© le hab√≠a parecido tanfamiliar. El cad√°ver del Gigante. Siendo ni√Īo, hab√≠a jugado en ese lugar demasiadas veces como para no reconocerlo. Pero no era posible. El ordenador de la Escuela de Batalla nopod√≠a haber vistoese lugar.
Miró por los anteojos enuna direcciónque conocía bien, conel temor yla esperanza de ver lo que pertenecía a ese sitio.
Columpios y toboganes. Barras de monos. Ahora cubiertas de vegetación, pero las formas seguíansiendo inconfundibles.
—Alguien ha tenido que construir esto —dijo Abra—. Fíjate en esta calavera, no es roca, aunque lo parece. Es hormigón.
—Losé —dijo Ender—. Loconstruyeronpara mí.
¬ó¬ŅQu√©?
—Conozcoeste lugar, Abra. Los insectores loconstruyeronpara mí.
¬óLos insectores estabanmuertos cincuenta a√Īos antes de que vini√©ramos aqu√≠.
—Tienes razón, es imposible, pero sé lo que digo, Abra, no te puedo llevar conmigo. Puede ser
peligroso. Si me conocíanlosuficiente para construir este lugar, podríanhaber planeado...
¬óAtraparte.
¬óPor haberles matado.
¬óNo vayas entonces, Ender. Nohagas lo que quierenque hagas.
¬óSi buscan la venganza, Abra, no me importa. Pero a lo mejor, no. Alo mejor esto es lo m√°s
parecidoa hablar que podíanhacer. Como escribirme una nota.
—No sabíanleer ni escribir.
¬óAlomejor estabanaprendiendocuandomurieron.
—De acuerdo, pero tancierto como que estoyaquí que no me voya quedar quieto por ahí fuera
mientras te llevana alg√ļnsitio. Voycontigo.
¬óNo. Eres demasiado jovenpara arriesgarte.
¬óNo me vengas con√©sas. Eres Ender Wiggin. No me hables de lo que puede hacer o no unni√Īo
de once a√Īos.
Volaronjuntos enel helicóptero, sobrevolando el patiode recreo, los bosques, el pozo del claro del bosque. Luego lo vieron; el acantilado, con una cueva en la pared y un antepecho justo donde debería estar el Fin del Mundo. Y allí, a lo lejos, justo donde debería estar el Juego de Fantasía, estaba la torre del castillo.
Dejóa Abra conel helicóptero.
¬óNo me sigas, ysi al cabode una hora nohe vuelto, ve a casa.
¬óTraga, Ender. Voycontigo.
¬óTraga t√ļ, Abra, o te pringar√© de barro. A pesar del tono de broma de Ender, Abra se dio cuenta de que lo dec√≠a enserio, yse qued√≥.
Las paredes de la torre estaban melladas y fue fácil escalarlas. Querían que Ender pudiera entrar.
La sala estaba como hab√≠a estado siempre. Ender ten√≠a el recuerdo lo suficientemente fresco en la memoria como para buscar una serpiente enel suelo, pero s√≥lo hab√≠a una alfombra conuna cabeza de serpiente labrada en una esquina. Una imitaci√≥n, no un duplicado. Para ser de gente que no conoc√≠a el arte, lo hab√≠an hecho bien. Deb√≠an haber dragado estas im√°genes de la propia mente de Ender, buscando yaprehendiendo sus sue√Īos m√°s oscuros a trav√©s de a√Īos luz. Pero ¬Ņpor que? Para traerle a esta sala, por supuesto. Para dejarle unmensaje. Pero ¬Ņd√≥nde estaba el mensaje yc√≥mo iba a entenderlo?
El espejo estaba esperándole en la pared. Era una burda hoja de metal, en la que había sido rayada toscamente la forma de una cara humana. Intentaron dibujar la imagen que debería ver en la escena.
Y mirando al espejo se recordó a sí mismo rompiéndolo, quitándolo de la pared, y las serpientes brincando del hueco escondido, atacándole, mordiéndole en todos los sitios donde sus venenosos colmillos encontrabandonde aferrarse.
¬ę¬ŅHasta qu√© punto me conocen? ¬óse pregunt√≥ Ender¬ó. ¬ŅLo suficiente como para saber con cu√°nta frecuencia he pensado en la muerte, para saber que no le tengo miedo? Lo suficiente para saber que, inclusotemiendo a la muerte, nodejar√≠a de quitar ese espejode la pared.¬Ľ
Se acerc√≥ al espejo, lo levant√≥ y lo retir√≥. No surgi√≥ nada del espacio que hab√≠a detr√°s. En cambio, enunrecodoahuecado hab√≠a una bola blanca de seda, conunas cuantas hebras deshilachadas que asomabanal azar. ¬ŅUnhuevo? No. La cris√°lida de uninsector reina, ya fertilizada por los machos larvales, fuera de supropiocuerpoypreparada para arrojar al mundo cienmil insectores, incluyendo unas cuantas reinas y machos. Ender pod√≠a ver a los machos con aspecto de babosa adherirse a las paredes de un t√ļnel negro, y a los adultos grandes transportar a la ni√Īa reina a la sala de apareamiento; todos los machos penetrar√≠ana la reina larval por turnos, se estremecer√≠anen√©xtasis, y morir√≠an, cayendo al suelo del t√ļnel y marchit√°ndose. Despu√©s, la reina nueva ser√≠a depositada delante de la reina vieja, una criatura magn√≠fica ataviada con alas blandas y tr√©mulas, que hab√≠an perdido el poder de volar desde hac√≠a mucho tiempo, pero que segu√≠an teniendo el poder de la majestad. La reina vieja le dio unbeso para que se durmiera conel agradable veneno de sus labios, luego la envolvi√≥ en hebras desde el vientre, y le mand√≥ ser ella misma, ser una nueva ciudad, un nuevomundo, dar a luza muchas reinas ya muchos mundos.
¬ę¬ŅC√≥mo s√© todo esto? ¬ópens√≥ Ender¬ó. ¬ŅC√≥mo puedo ver todas estas cosas como recuerdos de mi propia mente?¬Ľ
Amodo de respuesta, vio la primera de sus batallas contra las flotas insectoras. La hab√≠a visto ya en el simulador; ahora la ve√≠a como la vio la reina¬ócolmena, a trav√©s de muchos ojos distintos. Los insectores formaronsuglobo de naves, yentonces salieronde la oscuridad los terribles cazas, y el Peque√Īo Doctor los destruy√≥ enunresplandor de luz. Sinti√≥ enese momento lo que hab√≠a sentido la reina¬ócolmena, viendo a trav√©s de los ojos de sus obreros c√≥mo la muerte ven√≠a hacia ellos a demasiada velocidad para esquivarla, pero no con la suficiente velocidad para no presentirla. No hab√≠a sin embargo ning√ļn recuerdo de dolor. Lo que la reina¬ócolmena sent√≠a era tristeza, resignaci√≥n. La reina¬ócolmena no hab√≠a pensado estas palabras cuando vio a los humanos venir a matar, peroeranestas palabras loque Ender entendi√≥:
—No nos perdonaron—pensóla reina—colmena—. Moriremos.
¬ó¬ŅQu√© puedohacer para que volv√°is a vivir? ¬ópregunt√≥Ender.
La rema envuelta en su capullo de seda no pod√≠a responder con palabras; pero cuando Ender cerr√≥ los ojos e intent√≥recordar, envezde recuerdos acudieronnuevas im√°genes. Hab√≠a que poner el capullo en un sitio fr√≠o, en un sitio oscuro, pero con agua, para que no se secara; no, no s√≥lo agua, agua mezclada con la sabia de cierto √°rbol, y hab√≠a que mantenerla tibia a fin de que pudieran tener lugar en el capullo ciertas reacciones. Luego, tiempo. D√≠as y semanas, para que la cris√°lida que estaba dentro cambiara. Y luego, cuando el capullo hubiera tomado un color marr√≥n polvoriento, Ender se vio rompiendo el capullo, yayudando a salir a la peque√Īa yfr√°gil reina. Se vio cogi√©ndola por el miembro anterior y ayud√°ndola a ir desde sus aguas natales hasta un lugar de anidamiento, blando, con hojas secas sobre arena. ¬ęEntonces estar√© viva ¬ódijo el pensamiento¬ó. Entonces despertar√©. Entonces har√© mis cienmil hijos.¬Ľ
¬óNo ¬ódijoEnder¬ó. Nopuedo. Angustia.
—Tus hijos son ahora los monstruos de nuestras pesadillas. Si te despierto, sólo será para que os matemos otra vez.
Entonces cruzaron por su mente docenas de imágenes de seres humanos asesinados por insectores, pero conlas imágenes le llegó una afliccióntanfuerte que no pudo aguantarlo, yderramó las lágrimas que esos muertos no pudieronderramar.
¬óSi puedes hacer que sientanloque me has hechosentir, quiz√°s os perdonen.
¬ęS√≥lo yo ¬ópens√≥¬ó. Me localizaron a trav√©s del ansible, lo siguieron y moraron en m√≠ mente. Consiguieron conocerme en la agon√≠a de mis atormentados sue√Īos. Aunque me pasara el d√≠a destruy√©ndolos; descubrieron el miedo que les tema, y descubrieron tambi√©n que no sab√≠a que les estaba matando. En las pocas semanas de que dispusieron, construyeron este lugar para m√≠, y el cad√°ver del Gigante yel patio de recreo yel parapeto del Findel Mundo, para que mis propios ojos me condujerana este lugar. Soyel √ļnico a quienconocen, ypor lo tanto s√≥lo puedenhablar conmigo, ya trav√©s de m√≠.¬Ľ
¬ęSomos como vosotros ¬óel pensamiento se abri√≥ paso en su mente¬ó. No quer√≠amos asesinaros, y cuando lo comprendimos, decidimos no volver nunca m√°s. Cre√≠amos que √©ramos los √ļnicos seres racionales del universo, hasta que os encontramos, pero no pod√≠amos imaginarnos que esos animales solitarios, que no pueden so√Īar los sue√Īos de los otros, pudieran pensar. ¬ŅC√≥mo √≠bamos a saberlo? Podr√≠amos vivir enpazconvosotros. Cr√©enos, cr√©enos, cr√©enos.¬Ľ
Ender entró enla cavidad ysacó el capullo. Era asombrosamente ligero para contener todas las esperanzas ytodo el futurode una granraza.
—Te llevaré conmigo —dijo Ender—. Iré de un mundo a otro hasta encontrar un tiempo y un lugar en el que puedas despertar sin peligros. Ycontaré tu historia a mi gente, y quizás os perdonen también. Comome habéis perdonado a mí.
Envolvióel capullode la reina ensuchaqueta yse lollevó de la torre.
¬ó¬ŅQu√© hab√≠a ah√≠? ¬ópregunt√≥Abra.
¬óLa respuesta ¬ódijo Ender.
¬ó¬ŅAqu√©?
¬óAmi pregunta.
Y eso fue lo √ļnico que dijo del asunto; buscaron durante cinco d√≠as m√°s y encontraron un emplazamientopara la nueva colonia, alejadode la torre endirecci√≥nsudeste.
Unas semanas más tarde se dirigió a Valentine y le pidió que leyera algo que había escrito. Valentine pidióal ordenador de la nave el ficheroque Ender le había citadoyloleyó.
Estaba escrito como si hablara la reina¬ócolmena, contando todo lo que hab√≠a pretendido hacer y todo lo que hab√≠a hecho. ¬ęEsta es nuestra miseria y esta es nuestra grandeza: no pretend√≠amos haceros da√Īo yos perdonamos nuestra muerte.¬Ľ Desde suprimer despertar hasta las grandes guerras que volaron en pedazos su mundo de origen, Ender cont√≥ la historia con rapidez, como si fuera un recuerdo antiguo. Cuando lleg√≥ al cuento de la gran madre, la reina de todas, la que aprendi√≥ por primera vez a preservar y a instruir a la reina nueva en vez de matarla o de ahuyentarla, Ender se explay√≥ relatando cu√°ntas veces hab√≠a acabado destruyendo a la hija de su cuerpo, el nuevo ser que no era ella, hasta que tuvo una que entendi√≥ su anhelo de armon√≠a. Era algo nuevo en el mundo, dos reinas que se quer√≠anyse ayudabanenvezde combatir, yjuntas fueronm√°s fuertes que ninguna otra colmena. Prosperaron; tuvieron m√°s hijas que se les unieron en paz; era el principio del conocimiento.
¬ęSi te pudi√©ramos haber hablado ¬ódijola
reina¬ócolmena enpalabras de Ender¬ó. Pero como no pudo ser, s√≥lo te pedimos esto: que nos recuerdes, no como enemigos, sino como hermanas tr√°gicas, que hantomado una forma repulsiva por la gracia del Destino, de Dios o de la Evoluci√≥n. Si nos hubi√©ramos besado, se habr√≠a producido el milagro de ser humanas a los ojos del otro. Pero nos destruimos entre nosotros. Y sin embargo, os damos la bienvenida como invitadas y amigas. Venid a nuestro mundo, hijas de la Tierra; morad en nuestros t√ļneles, cosechad nuestros campos; lo que no podemos hacer nosotras, pod√©is hacerlo vosotras siendo nuestras manos. Floreced, √°rboles; fructificad, campos; sed c√°lidos para ellas, soles; sedf√©rtiles para ellas, planetas; sonnuestras hijas adoptivas, que hanvueltoa casa.¬Ľ
El libro que escribió Ender no era largo, pero en él estaba todo lo bueno y todo lo malo que conocía la reina—colmena. Ylofirmó, noconsunombre, sinoconuntítulo:
LAVOZDELOSMUERTOS
En la Tierra, el libro se publicó rápidamente, y rápidamente pasó de mano en mano, hasta que fue difícil creer que hubiera alguien en la Tierra que no lo había leído. La mayoría de los que lo leyeron lo encontró interesante; algunos que lo leyeron se negaron a olvidarlo. Comenzaron a vivir cumpliendo sus designios lo mejor que podían, ycuando sus seres amados morían, ensutumba había uncreyente que se erigía enla Vozdel Muerto, ydecía lo que el muerto habría dicho, pero contotal franqueza y candor, sin esconder faltas y sin disimular virtudes. Los que llegaron a realizar esos servicios los encontraronalgunas veces dolorosos yamargos, pero fueronmuchos los que decidieron que suvida merecía la pena, a pesar de sus errores, si a sumuerte había una Vozque dijera la verdad por ellos.
Enla Tierra sigui√≥ siendo una religi√≥nentre otras muchas. Pero para los que hab√≠anatravesado la grancaverna del espacio, yhab√≠anvivido enlos t√ļneles de la reina¬ócolmena yhab√≠ancosechado los campos de la reina¬ócolmena, era la √ļnica religi√≥n. No hab√≠a colonia sinLa Vozde los Muertos.
Nadie sabía y nadie quería tampoco saber quién era la Voz original. Ender no tenía ninguna intenciónde decirlo.
Cuando Valentine ten√≠a veinticinco a√Īos, acab√≥ el √ļltimo volumen de su historia de las guerras insectoras. Incluy√≥ al final el texto completo del peque√Īo libro de Ender, pero no dijo que lo hab√≠a escrito Ender.
Recibi√≥ por el ansible una respuesta del anciano Hegemon, Peter Wiggin, setenta ysiete a√Īos y uncoraz√≥nd√©bil.
—Sé quien lo ha escrito —dijo—. Si puede escribir por los insectores, ciertamente puede escribir por mí.
Ender y Peter hablaron una y otra vez por el ansible, y Peter verti√≥ la historia de sus d√≠as y de sus a√Īos, sus cr√≠menes ysus bondades.Ycuando muri√≥, Ender escribi√≥ unsegundo volumen, firmado otra vez con el nombre de La Voz de los Muertos. Juntos, los dos libros recibieron el nombre de la Reina¬óColmena yel Hegemon, yse consideraronescritos sagrados.
—Vámonos —dijo undía a Valentine—. Volemos yvivamos por siempre.
¬óNo podemos ¬ódijo Valentine¬ó. Hay milagros que ni siquiera la relatividad puede hacer,
Ender.
—Tenemos que irnos. Aquí soycasi feliz.
—Quédate entonces.
—He vividodemasiado tiempoconel dolor. Sinél, nosabré quiénsoy.
Se embarcaron en una astronave y fueron de mundo en mundo. Allá donde paraban, él era siempre Andrew Wiggin, portavoz itinerante de los muertos, y ella era siempre Valentine, historiadora errante, que escribía las historias de los seres vivos mientras Ender narraba las historias de los muertos. Y Ender llevaba siempre consigo un capullo blanco y seco, en busca del mundo donde la Reina—Colmena pudiera despertar ydesarrollarse enpaz. Buscódurante mucho tiempo.



Notas

[1] Juego de palabras intraducible; el apellido ¬ęde Nose¬Ľ se pronuncia igual que ¬ęthe Nose¬Ľ, el Narizotas. (N. del T.)
[2] Beaneningles significa judía. (N, del T.)