8 - Rata

¬óEl juego quedar√° en entredicho. Las clasificaciones comparativas no tendr√°n ning√ļn significado.
—¡Qué le vamos a hacer!
¬óNos llevar√° meses, a√Īos, desarrollar las nuevas salas de batalla yejecutar las simulaciones.
¬óPor eso se lo pido ahora. Para que empiece. Sea creativo. Piense todas las posibles distribuciones de estrellas., desiguales, ins√≥litas, ama√Īadas. Piense todas las formas posibles de violar las reglas. Notificaciones a √ļltima hora. Fuerzas desiguales. Luego ejecute las simulaciones y vea cu√°les son las m√°s dif√≠ciles y cu√°les las m√°s f√°ciles. Queremos una progresi√≥n inteligente. Queremos que Ender haga toda la traves√≠a.
¬óCu√°ndo piensa hacerle comandante. ¬ŅCuandotenga ocho a√Īos?
—Claroque no. Todavía nohe reunidoa suescuadra.
¬ó¬ŅTambi√©nva a ama√Īar suescuadra?
¬óSe est√° encari√Īando demasiado con el juego, Anderson. Olvida que s√≥lo es un ejercicio de adiestramiento.
—Es tambiénstatus, identidad, objetivo, nombre; lo que hace que esos chicos seanquienes son procede del juego. Cuando se sepa que se puede manipular, desequilibrar, trucar, se habrá echado a perder toda la escuela. Noexagero.
—Ya lo sé.
—Espero que Ender Wiggin sea el indicado, porque usted, coronel Graff, habrá descalabrado nuestrométodo de adiestramientopor muchotiempo.
—Si Ender no es el indicado, si su cima de brillantez militar no coincide con la llegada de nuestras flotas a los mundos de los insectores, en tal caso no importa lo que nuestro método de adiestramiento sea odeje de ser.
—Espero que me perdone, coronel Graff, pero creo que debo trasmitir sus órdenes ymi opinión
sobre las consecuencias al Estrategos yal Hegemon.
¬ó¬ŅYpor qu√© noa nuestroqueridoPolemarch?
¬óTodoel mundosabe que le tiene enel bolsillo.
—Qué hostilidad, mayor Anderson. Creía que éramos amigos.
—Lo somos, Y creo que puede tener razón respecto a Ender. Simplemente no creo que usted
sólo, sólousted, deba decidir el destino del mundo.
¬óCreoque ni siquiera tengo derecho a decidir el destinode Ender Wiggin,
¬ó¬ŅNo le importa entonces que lonotifique?
¬óClaro que me importa, est√ļpido entrometido. Esto es algo que s√≥lo debe decidir la gente que sabe lo que se lleva entre manos, no esos pol√≠ticos asustados que hanobtenido el cargo simplemente porque da la casualidadde que sonpol√≠ticamente fuertes enel pa√≠s de donde proceden,
—Peroentiende por qué lohago,
¬óPorque eres unest√ļpidoburocratilla sinideas, que cree que necesita ponerse a cubiertopor si las cosas salen mal. Si las cosas salen mal, todos seremos carne de insector. Conf√≠e en m√≠ esta vez, Anderson, y no haga que se me atragante toda la Hegemon√≠a. Lo que estoy haciendo ya es suficientemente duro.
¬óOh. ¬ŅEs injusto? ¬ŅEst√° todo ensucontra? Puede poner todo encontra de Ender pero no puede aceptar que le haganlomismo, ¬Ņno?
¬óEnder Wiggines cienveces m√°s listo ym√°s fuerte que yo. Lo que le estoyhaciendo sacar√° a relucir su genialidad. Si yo tuviera que pasar por todo eso, me baria pedazos. Mayor Anderson, s√© que estoy hundiendo el juego, y s√© que usted le aprecia m√°s que cualquiera de los que lo juegan.√ďdieme si quiere, peronome detenga.
¬óMe reservo el derecho de comunicarme con Hegemon y Estrategos en cualquier momento. Peropor ahora, haga loque quiera.
¬óOh, gracias por sudesmedida amabilidad.
¬óEnder Wiggin, el peque√Īo pedorro que encabeza la clasificaci√≥n, ¬°qu√© placer tenerte con nosotros! ¬óEl comandante de la escuadra Rata estaba tirado en una litera inferior, con su consola como√ļnica vestimenta¬ó. Estandot√ļ, ¬Ņc√≥mopuede perder una escuadra?
Algunos chicos que estabancerca se echarona reír. No podía haber dos escuadras más opuestas que Salamandra y Rata. Era un dormitorio destartalado, desordenado y bullicioso. Tras su experiencia conBonzo, Ender pensaba que unpoco de indisciplina no le vendría mal. Encambio, se encontró con que se había acostumbrado a que reinara la paz y el orden, y este desorden le hacía sentirse incómodo.
¬óNosotros bien, Ender. Servidor, Rose de Nose, un jud√≠o extraordinario, y t√ļ nada, un renacuajogilipollas. No loolvides.
Desde que se form√≥ la F.I., el Estrategos de las fuerzas armadas hab√≠a sido siempre jud√≠o. Se hab√≠a extendido el mito de que los generales jud√≠os no perd√≠an ninguna guerra. Y hasta ahora era verdad. Esodaba ciertoprestigio a todos los chicos jud√≠os de la Escuela de Batalla yhac√≠a que todos ellos so√Īaran con ser Estrategos. Tambi√©n era causa de resentimientos. A la escuadra Rata se la llamaba por ah√≠ la Fuerza Kike, mitad como alabanza mitad como parodia de la Fuerza de Choque de Mazer Rackham. A muchos les gustaba recordar que durante la Segunda Invasi√≥n, aunque un jud√≠o americano, el presidente, era Hegemonde la alianza, unjud√≠o israel√≠ era Estrategos enjefe de la F.I. y un jud√≠o ruso era Polemarch de la flota, estaba tambi√©n Mazer Rackham, un neozeland√©s medio¬ó maor√≠ casi desconocido, que hab√≠a sido llevado por dos veces ante cortes marciales ycuya Fuerza de Choque hizo pedazos yfinalmente destruy√≥ a la flota insectora enla acci√≥nque tuvo lugar entorno a Saturno.
Si Mazer Rackhampudosalvar al mundo, qué importa ser judíoono, decía la gente.
Pero importaba, yRose el Narizotas[1] lo sabía. Se burlaba de sí mismo para adelantarse a los comentarios burlones de los antisemitas (casi todos a los que derrotaba enuna batalla se convertían, por lo menos durante cierto tiempo, en enemigos de los judíos), pero también se aseguraba de que todos supieranque lo era. Suescuadra ocupaba el segundo lugar de la clasificación, enpugna por el primero.
¬óTe he recogido, nene, porque no quiero que la gente se crea que les gano porque tengo grandes soldados. Quiero que sepan que les gano incluso con una mierdecita de soldado como t√ļ. Aqu√≠ s√≥lotenemos tres reglas. Hazlo que yote diga ynote mees enla cama.
Ender asintió conla cabeza. Sabía que Rose quería que le preguntara cuál era la tercera regla y
así lo hizo.
—Esoerantres reglas. Aquí nosomos muyamantes de las matemáticas.
El mensaje era claro. Vencer es lo √ļnicoimportante.
¬óTus sesiones pr√°cticas con esos reclutillas medio tontos se han acabado, Wiggin. Acabado.
Ahora estás en una escuadra de chicos grandes. Te voy a poner en el batallón de Dink Meeker. De
ahora enadelante, DinkMeeker es Dios para ti.
¬óEntonces, ¬Ņqui√©neres t√ļ?
—El oficial que alquila los servicios de Dios. —Rose esbozó una sonrisa—. Y te está prohibido volver a usar la consola hasta que hayas congelado a dos soldados enemigos en la misma batalla. Esta orden es a título de defensa propia. He oído por ahí que eres un genio de la programación. Noquieroque te pongas a joder conmi consola.
Estall√≥ una carcajada general. Ender comprendi√≥ por qu√© enseguida. Rose hab√≠a programado su consola de forma que presentara yanimara una imagende unos genitales masculinos de tama√Īomayor que el real, que coleaban hacia delante y hacia atr√°s cuando Rose apoyaba la consola en su regazo desnudo. ¬ęEste ten√≠a que ser el tipo de comandante conel que me mandar√≠a Bonzo ¬ópens√≥ Ender¬ó. ¬ŅC√≥moes posible que gane batallas unchicoque se pasa el tiempo as√≠?¬Ľ
Ender encontró a DinkMeeker enla sala de juegos, nojugando, sinosentadoyobservando.
¬óUnchicome ha dichoque eras t√ļ ¬ódijoEnder¬ó. SoyEnder Wiggin.
—Ya lo sé —dijoMeeker.
—Soyde tubatallón.
—Ya lo sé —volvióa decir.
—No tengomucha experiencia. Dinklevantóla vista hacia él.
¬óEscucha, Wiggin, s√© todoeso. ¬ŅPor qu√© te crees que le ped√≠ a Rose que te fichara?
Así que no se habían deshecho de él, alguien le había fichado, habían pedido su traspaso. Meeker le quería tener ensubatallón.
¬ó¬ŅPor qu√©? ¬ópregunt√≥Ender.
¬óHe estado observando tus sesiones pr√°cticas con los reclutas. Creo que se puede sacar algo
de ti. Bonzo es est√ļpido, y quiero que tengas una formaci√≥n mejor que la que puede darte Petra. Lo
√ļnico que sabe hacer es disparar.
¬óNecesitaba aprender a disparar.
—Sigues moviéndote comosi tuvieras miedode mearte enlos pantalones.
¬óPues ens√©√Īame.
¬óPues aprende.
¬óNo voya dejar mis sesiones pr√°cticas del tiempolibre.
¬óNi yo quiero que las dejes.
—Rose el Narizotas sí.
—Rose el Narizotas nopuede impedírtelo. Ytampocopuede impedir que uses tuconsola.
—Creía que los comandantes podíanhacer lo que quisieran.
¬óPueden ordenar a la Luna que se vuelva azul, pero no por eso cambiar√° de color. Escucha, Ender, los comandantes tienen la autoridad que t√ļ les permitas tener. Cuanto m√°s obedeces, m√°s
poder tienensobre ti.
¬ó¬ŅQu√© les puede impedir hacerme da√Īo? ¬óEnder se acordaba del pu√Īetazo de Bonzo.
—Creía que estabas yendo a clases de defensa personal por eso.
¬óMe tienes controlado, ¬Ņno? Dinkno respondi√≥.
¬óNo quiero que Rose el Narizotas me haga la vida imposible. Quiero tomar parte en las
batallas ya, estoycansadode esperar sentadohasta que se acaben.
—Tupuntuaciónbajará.
Esta vezfue Ender el que no respondió.
—Escucha, Ender, mientras formes parte de mi batallón, tomarás parte enlas batallas.
Ender supo pronto por qu√© Dink entrenaba a su batall√≥n aparte del resto de la escuadra Rata, con disciplina y vigor; nunca consultaba nada a Rose el Narizotas, y muy pocas veces hac√≠a maniobras conjuntas con toda la escuadra. Era como si Rose mandara una escuadra y Dink mandara otra mucho m√°s peque√Īa, yque las dos, como por casualidad, hicieranpr√°ctica enla sala de batalla a la misma hora.
Dinkcomenzó la primera práctica pidiendoa Ender que hiciera una demostraciónde suposición
de ataque conlos pies por delante. Alos otros chicos noles gustó.
¬ó¬ŅC√≥movamos a atacar tumbados boca arriba? ¬ópreguntaron.
Para sorpresa de Ender, Dink no les corrigi√≥, no les dijo: ¬ęNo est√°is atacando tumbados boca arriba, est√°is cayendo hacia ellos.¬Ľ Hab√≠a visto lo que hac√≠a Ender pero no hab√≠a comprendido el cambio de orientaci√≥n que implicaba. Ender no tard√≥ en darse cuenta de que aunque Dink era muy bueno, su apego a la orientaci√≥n de la gravedad del corredor, en vez de pensar que la puerta del enemigoestaba abajo, limitaba suclaridadde ideas.
Hicieronpr√°cticas de ataque a una estrella ocupada por el enemigo. Antes de probar el m√©todo de los pies por delante de Ender, siempre se hab√≠an dirigido hacia all√≠ en posici√≥n vertical, ofreciendo todo su cuerpo a los disparos del enemigo. Por si fuera poco, cuando llegaban a la estrella atacabanal enemigo por unsolo sitio. ¬ęPor arriba¬Ľ, gritaba Dink, ypor arriba iban. Enhonor a Ender, Dinkmand√≥ repetir el ejercicio diciendo: ¬ęOtra vez, ahora boca abajo.¬Ľ Pero la insistencia de los chicos encreer enuna gravedad que no exist√≠a, hac√≠a que se movierancontorpeza, como si el v√©rtigo les maniatara.
Odiaban el ataque con los pies por delante. Dink insistió en que lo hicieran así. En
consecuencia, odiabana Ender.
¬ó¬ŅNos va a ense√Īar a combatir unrecluta?
¬órefunfu√Ī√≥uno de ellos, asegur√°ndose de que Ender le o√≠a.
—Sí—respondió Dink.
Ysiguierontrabajando.
Yaprendieron. Las escaramuzas prácticas les hicierondarse cuenta de lo difícil que era acertar a un enemigo que atacaba con los pies por delante. En cuanto se hubieron convencido de ello, practicaronla maniobra conmejor disposición.
Esa noche fue la primera vezque Ender fue a una sesiónpráctica tras toda una tarde de trabajo. Estaba cansado.
¬óAhora que est√°s en una escuadra de verdad ¬ódijo Alai¬ó, no necesitas seguir haciendo pr√°cticas connosotros.
¬óVosotros me pod√©is ense√Īar cosas que nosabe nadie ¬ódijoEnder.
—DinkMeeker es el mejor. He oídodecir que es tujefe de batallón.
¬óManos a la obra entonces. Os ense√Īar√© loque me ha ense√Īado hoy.
Hizo que Alai ydos docenas más ejecutaran los mismos ejercicios que le habían ocupado toda la tarde. Pero puso nuevos toques en las acciones, hizo que los chicos intentaran maniobrar con una pierna congelada, con las dos piernas congeladas, o que utilizaran a otros chicos congelados como puntode apoyo para cambiar de dirección.
Amitad de la práctica, Ender divisó a Petra y Dink juntos, en la puerta, observando. Después, cuando volvióa mirar, ya se habíanido.
¬ęAs√≠ que me est√°n observando, y se sabe lo que hacemos...¬Ľ, se dijo. No estaba seguro de que Dinkfuera suamigo; cre√≠a que Petra lo era, pero all√≠ nada era seguro. Pod√≠a molestarles que hiciera algo que se supon√≠a que s√≥lo pod√≠an hacer los comandantes y los jefes de batall√≥n: adiestrar y entrenar soldados. Podr√≠a ofenderles que unsoldado estuviera tanestrechamente unido a los reclutas. Le pon√≠a nerviosoque hubiera chicos mayores mirando.
—Creí que te había dicho que no jugaras con la consola. —Rose el Narizotas estaba de pie
juntoa la litera de Ender.
Ender nolevantóla vista.
¬óEstoyterminandolos deberes de trigonometr√≠a de ma√Īana.
Rose golpeóconla rodilla la consola de Ender.
¬óTe dije que nola usaras.
Ender dejóla consola enla litera yse levantó.
¬óLa trigonometr√≠a me hace m√°s falta que t√ļ.
Rose le llevaba a Ender más de cuarenta centímetros. Pero Ender no estaba demasiado
preocupado. ¬ęNo llegar√° a la violencia f√≠sica, y si lo hace ¬ópens√≥ Ender¬ó sabr√© arregl√°rmelas.¬Ľ
Rose era flojo, yno conoc√≠a ning√ļntipo de lucha cuerpoa cuerpo.
—Ahora bajarás puestos enla clasificación, nene —dijoRose.
¬óEsoespero. S√≥loencabezaba la lista por la forma est√ļpida enque Salamandra me usaba.
¬ó¬ŅEst√ļpida? La estrategia de Bonzo le ha hechoganar unpar de juegos claves.
—La estrategia de Bonzo no ganaría a unmuerto. Cada vezque yo disparaba, lo hacía violando
órdenes.
Rose no losabía, yesole molestó.
¬óAs√≠ que todo lo que dijo Bonzo sobre ti era mentira. No s√≥lo eres peque√Īo e incompetente,
sinoque adem√°s eres uninsubordinado.
—Peroconvertí una derrota enunas tablas, yosolo.
¬óYa veremos qu√© haces t√ļsolo la pr√≥xima vez.
Rose se fue.
Uno de los compa√Īeros de batall√≥nde Ender movi√≥la cabeza despreciativamente.
¬óEres m√°s tonto que mandarte hacer de encargo.
Ender miró a Dink, que estaba jugueteando con su consola. Dink levantó la vista, advirtió la
mirada de Ender, yle mir√≥ a suvezfijamente. Ni una palabra. Nada. ¬ęDe acuerdo ¬ópens√≥ Ender¬ó, puedo cuidarme solo.¬Ľ
La batalla lleg√≥ dos d√≠as m√°s tarde. Era la primera vezque Ender luchaba formando parte de un batall√≥n; estaba nervioso. El batall√≥nde Dinkse aline√≥ contra la pared derecha del corredor yEnder tuvomuchocuidadode noapoyarse, de noinclinarse hacia los lados. ¬ęMantente enequilibrio...¬Ľ
—¡Wiggin!—gritóRose el Narizotas.
Ender sintió que el terror le recorría desde la cabeza a los pies, como unhormigueo que le hizo estremecerse. Rose lovio.
¬ó¬ŅTiemblas? ¬ŅTiritas? No te cagues enlos pantalones, reclutilla. ¬óRose enganch√≥ undedo en la culata de la pistola de Ender ytir√≥ de √©l hacia el campo de fuerza que ocultaba la visi√≥nde la sala de batalla¬ó. Ahora veremos lo bueno que eres, Ender. En cuanto se abra la puerta, saltas y vas derechohacia la puerta del enemigo.
Suicidio. Autodestrucción sin sentido, sin objeto. Pero ahora tenía que seguir las órdenes, esto era una batalla, no la escuela. Durante un momento Ender se dejó llevar por la ira, pero se calmó pronto.
¬óExcelente, se√Īor ¬ódijo¬ó. S√≥lo tengo que disparar la pistola contra su principal contingente
de tropas.
Rose se rió.
¬óNo tendr√°s tiempode disparar nada, renacuajo.
La pared se esfumó. Ender dio un salto hacia arriba, se agarró a los asideros del techo y se
arrojóal interior, hacia abajo, dirigiéndose a toda velocidad hacia la puerta del enemigo.
Era la escuadra Ciempiés, y casi no habían empezado a aparecer por su puerta cuando Ender estaba ya en el centro de la sala de batalla. Muchos pudieron ponerse a cubierto rápidamente detrás de estrellas, pero Ender tenía las piernas dobladas y, sujetando la pistola enla ingle, disparaba entre las piernas ycongelaba a muchos a medida que salían.
Irradiaron sus piernas, pero dispuso de tres preciosos segundos antes de que le dieran en el cuerpo y le pusiera fuera de combate. Congel√≥ a unos cuantos m√°s yluego extendi√≥ los brazos en la misma direcci√≥npero ensentidos opuestos. La mano que sujetaba la pistola acab√≥ apuntando hacia el n√ļcleocentral de la escuadra Ciempi√©s. Dispar√≥a la masa de enemigos, yentonces le congelaron.
Un segundo más tarde chocó contra el campo de fuerza de la puerta del enemigo y rebotó con una rotación inusitada. Aterrizó contra un grupo de soldados enemigos que estaban detrás de una estrella. Le empujaron hacia afuera y giró a mayor velocidad todavía. Rebotó de un lado a otro del campo de batalla, fuera de control, aunque la friccióndel aire le hacía perder velocidadpoco a poco. No había forma de saber cuántos soldados había congelado antes de que le helaran, pero sí pudo darse cuenta de que la escuadra Rata ganaba otra vez, como siempre.
Despu√©s de la batalla, Rose no le dirigi√≥ la palabra. Ender segu√≠a siendo el primero de la clasificaci√≥n, pues hab√≠a congelado a tres, inutilizado a dos y da√Īado a siete. No se habl√≥ m√°s de insubordinaci√≥n ni de que Ender pudiera usar o no su consola. Rose permaneci√≥ en su parte del cuartel yle dej√≥ enpaz.
Dink Meeker comenz√≥ a practicar la salida instant√°nea del corredor: el ataque de Ender contra el enemigo cuando a√ļn estaba saliendo por la puerta hab√≠a sido devastador. ¬ęSi un solo hombre puede hacer tanto da√Īo, imaginaos lo que puede hacer un batall√≥n entero.¬Ľ Dink consigui√≥ que el mayor Anderson dejara abierta una puerta del centro de la pared incluso durante las sesiones pr√°cticas, envezde la puerta situada a nivel del suelo, ypudieronhacer pr√°cticas de lanzamiento en las condiciones de batalla. Se corri√≥ la voz. De ahora en adelante nadie podr√≠a demorarse en el corredor cinco, diez o quince segundos para hacer los √ļltimos preparativos. El juego hab√≠a cambiado.
M√°s batallas. Esta vezEnder desempe√Īo el papel de unsoldado normal de unbatall√≥n. Cometi√≥ errores. Se perdieron escaramuzas. Descendi√≥ del primer lugar de la clasificaci√≥n al segundo, y despu√©s al cuarto. Despu√©s cometi√≥ menos errores y empez√≥ a sentirse a gusto en el entramado del batall√≥n, yvolvi√≥ a ocupar el tercer lugar, despu√©s el segundo, despu√©s el primero.
Una tarde se quedó en la sala de batalla después de la práctica. Había advertido que Dink Meeker solía llegar tarde a cenar, ysupuso que se quedaba haciendo prácticas adicionales. Ender no tenía mucha hambre yquería ver loque hacía Dinkcuandonadie loveía.
PeroDinkno hac√≠a ning√ļnejercicio. Se qued√≥juntoa la puerta, mirandoa Ender.
Ender se quedóenel interior de la sala, mirandoa Dink.
Ninguno de los dos habló. Estaba claro que Dink esperaba a que Ender se marchara. Yestaba igual de claroque Ender estaba diciendono.
Dink dio la espalda a Ender, se quit√≥ met√≥dicamente su traje refulgente y, con suavidad, tom√≥ impulso en el suelo y despeg√≥. Plane√≥ a la deriva lentamente hacia el centro de la sala, muy lentamente, con el cuerpo casi totalmente relajado, como si sus brazos y sus manos estuvieran ce√Īidas por corrientes de aire casi imperceptibles.
Tras la velocidad ytensiónde la práctica, tras tanto agotamiento, tanta alerta, era relajante verle planear. Tardó unos diezminutos enllegar a otra pared. Entonces tomó impulso casi conbrusquedad, volvió a sutraje refulgente yse lopuso.
¬óVamos ¬ódijoa Ender.
Fueronal cuartel. El dormitorio estaba vacío, pues todos los chicos estabancenando. Cada uno se fue a sulitera yse puso suuniforme normal. Ender se dirigió a la litera de Dinkyesperó hasta que estuviera listo para salir.
¬ó¬ŅPor qu√© esperabas? ¬ópregunt√≥Dink.
—No tenía hambre.
—Ahora ya sabes por qué nosoycomandante.
Ender se lohabía preguntado.
—Enrealidad, me ascendierondos veces, yme negué.
¬ó¬ŅTe negaste?
—Se llevaronmi casillero, mi litera ymi consola, me asignaronuna cabina de comandante yme dieronuna escuadra. Pero me quedé enla cabina hasta que se dieronpor vencidos yme volvierona
poner enla escuadra de otro.
¬ó¬ŅPor qu√©?
—Porque no les voya permitir que me lo hagan. No me puedo creer que te hayas dejado cegar por toda esta porquería, Ender. De todas formas, eres demasiado joven. El enemigo no sonlas otras escuadras. El enemigo sonlos profesores. Nos obligana pelearnos unos conotros, a odiarnos unos a otros. El juego lo es todo. Vencer, vencer, vencer. No lleva a nada. Nos estamos matando, nos estamos volviendo locos intentando vencernos unos a otros, y, mientras tanto, esos desgraciados nos observan, nos estudian, descubren nuestros puntos débiles, deciden si somos suficientemente buenos
o no. Buenos, ¬Ņpara qu√©? Ten√≠a seis a√Īos cuando me trajeron aqu√≠. ¬ŅQu√© pod√≠a saber a esa edad?
Ellos decidieron que yo era bueno para el programa, pero nadie me preguntó si el programa era
buenopara mí.
¬ó¬ŅPor qu√© note vas a casa entonces? Dinksonri√≥tortuosamente.
¬óPorque no puedo dejar el juego. ¬óDio unmanotazo a sutraje refulgente, tirado enla litera¬ó.
Porque amoesto.
¬ó¬ŅPor qu√© noser comandante entonces? Dinkneg√≥conla cabeza.
¬óNunca. Mira lo que le est√° haciendo a Rose. Ese chico est√° loco. Rose de Nose duerme con
nosotros en vez de dormir en su cabina. ¬ŅPor qu√©? Porque le asusta estar solo, Ender. Le asusta la
oscuridad.
¬ó¬ŅARose?
—Pero le hicieroncomandante ytiene que actuar como tal. No sabe lo que hace. Gana, pero eso es lo que más le asusta, porque no sabe por qué gana, excepto que yo tengo algo que ver con ello. Alguienpodría averiguar encualquier momentoque Rose no es el mágicogeneral israelí que siempre vence. No sabe por qué se gana o se pierde. Nadie losabe.
—Esonoquiere decir que esté loco.
¬óYa veo, s√≥lo has estado aqu√≠ una√Īo yte crees que esta gente es normal. Pues no lo es. No lo somos. He mirado en la biblioteca, he consultado libros en mi consola. Libros antiguos, porque no nos dejan ver nada reciente, pero me he hecho una idea de lo que es un ni√Īo, y nosotros no somos ni√Īos. Los ni√Īos pierden de vez en cuando, y a nadie le preocupa. Los ni√Īos no est√°n en escuadras, no son comandantes, no mandan a m√°s de cuarenta chicos, eso es m√°s de lo que un ni√Īo puede soportar sinvolverse loco.
Ender intent√≥ recordar c√≥mo eran los otros ni√Īos, los de su clase de la escuela, all√° en la ciudad. Pero s√≥lose acordaba de Stilson.
¬óTengo unhermano. Unchico normal. Lo √ļnico que le importa sonlas chicas. Yvolar. Quer√≠a volar. Sol√≠a jugar a la pelota con los chicos. Un juego de velocidad, lanzar pelotas a una canasta, driblar a los otros chicos por los corredores hasta que los encargados de mantener el orden te confiscaban la pelota. Nos lo pas√°bamos muy bien. Me estaba ense√Īando a driblar cuando me trajeronaqu√≠.
Ender se acordóde supropiohermano, ysus recuerdos noeranagradables.
Dinkconfundióla expresiónde la cara de Ender.
¬óEh, ya s√© que no se debe hablar de casa. Pero venimos de alg√ļnsitio. La Escuela de Batalla no nos ha creado, ya lo sabes. La Escuela de Batalla no crea nada. S√≥lo destruye. Y todos nos acordamos de cosas de nuestra casa. Tal vez no sean cosas agradables, pero nos acordamos y entonces mentimos y fingimos que... Escucha, Ender, ¬Ņpor qu√© nadie habla de casa, nunca} ¬ŅNo te dice esoque es importante? Que nadie admita nunca que... ¬°Dios m√≠o!
—Tienes razón—dijoEnder—. Precisamente estaba pensandoenValentine. Mi hermana.
—No quería ponerte triste.
—Estoybien. Nopiensomuchoenella, porque siempre me pongo... así.
¬ó¬ŅPor qu√© no lloramos nunca? ¬°Dios!, no hab√≠a pensado eneso.Aqu√≠ no llora nadie. Intentamos ser adultos. Igual que nuestros padres. Jurar√≠a que tupadre era corno t√ļ. Jurar√≠a que era tranquilo ylo
aguantaba todo, yluegoexplotaba.
¬óNo soycomo mi padre.
¬óEntonces, puede que est√© equivocado. Pero f√≠jate en Bonzo, tu anterior comandante. Es un caso grave de honor espa√Īol. No puede permitirse ninguna debilidad. Ser mejor que √©l es uninsulto. Ser m√°s fuerte que √©l es como cortarle los huevos. Por eso te odia, porque no sufriste cuando te castig√≥. Te odia por eso, yquiere matarte. Est√° loco. Todos est√°nlocos.
¬ó¬ŅYt√ļno?
¬óLoco tambi√©n, amiguito, pero cuando estoy demasiado loco, floto en el espacio, solo, y la locura sale a flote y se va, se pega a las paredes y no sale hasta que hay una batalla y los ni√Īos peque√Īos choc√°is contra las paredes ysalpic√°is la locura.
Ender se rió.
¬óYt√ļtambi√©nest√°s loco ¬ódijoDink¬ó. Venga, vamos a comer.
¬óTal vez puedas ser comandante y no volverte loco. S√ć sabes lo que es la locura, tal vez no caigas enella.
—No voy a permitir que esos desgraciados me dirijan, Ender. También a ti te tienen en sus
manos, ynotienenintenciónde tratarte conmucha amabilidad. Mira loque te hanhechohasta ahora.
¬óLo√ļnicoque hanhechoes ascenderme.
¬óYconesoyunbizcocho, a ser feliz, ¬Ņno? Ender se ri√≥ yneg√≥ conla cabeza.
—Alomejor tienes razón.
¬óCreenque te tienena sumerced. No se lopermitas.
¬óPero vine por eso ¬ódijo Ender¬ó. Para que me convirtieranenuninstrumento. Para salvar al
mundo.
¬óNo me puedocreer que sigas creyendotodoeso.
¬ó¬ŅCreerme qu√©?
¬óLa amenaza de los insectores. Salvar el mundo. Escucha, Ender, si los insectores tuvieran
intenciónde venir a por nosotros, ya estaríanaquí. No nos vana invadir otra vez. Les vencimos yse
hanidopara siempre.
—Perolos vídeos...
—Todos son de la Primera y Segunda Invasión. Tus abuelos no habían nacido cuando Mazer
Rackhamles borró del mapa. Observa. Todo es falso. No hay ninguna guerra. Nos están tomando el
pelo.
¬óPero, ¬Ņpor qu√©?
¬óPorque mientras la gente tenga miedo a los insectores, la F.I. seguir√° en el poder, y mientras la F.I. siga enel poder, ciertos pa√≠ses podr√°nmantener suhegemon√≠a. Pero sigue mirando los v√≠deos, Ender. La gente descubrir√° el juego muy pronto y habr√° una guerra civil que acabe con todas las guerras. Esa es la amenaza, Ender, no los insectores. Y en esa guerra, cuando llegue, t√ļ y yo no seremos amigos. Porque t√ļ eres norteamericano, comonuestros queridos profesores, yyono.
Fueronal comedor ycomieronmientras hablabande otras cosas. Pero Ender no pod√≠a dejar de pensar en lo que hab√≠a dicho Dink. La Escuela de Batalla era tan absorbente, el juego era tan importante enlas mentes de los ni√Īos que Ender hab√≠a olvidado que hab√≠a unmundo exterior. Honor espa√Īol. Guerra civil. Pol√≠tica. La Escuela de Batalla era s√≥lounpuntito, ¬Ņno?
Pero Ender no llegó a las mismas conclusiones que Dink. Los insectores eran reales. La amenaza era real. F.I. controlaba muchas cosas, pero no controlaba los vídeos ni las redes. No donde Ender se había criado. En casa de Dink, en los Países Bajos, tras tres generaciones bajo la hegemonía rusa, quizás estuviera controlado todo, pero Ender sabía que las mentiras no duraban muchoenNorteamérica. Esocreía.
Lo cre√≠a, pero la semilla de la duda estaba ah√≠, y permaneci√≥, y de vez en cuando echaba una peque√Īa ra√≠z. Esa semilla que crec√≠a lo cambi√≥ todo. Hizo que Ender prestara m√°s atenci√≥na lo que la gente quer√≠a decir, noa loque dec√≠a. Le hizom√°s sabio.
No había muchos chicos enla práctica nocturna, ni siquiera la mitad.
¬ó¬ŅD√≥nde est√° Bernard? ¬ópregunt√≥ Ender.Alai esboz√≥ una sonrisa. Shencerr√≥ los ojos ypuso cara de meditaci√≥ntrascendental.
¬ó¬ŅNo te has enterado? ¬ódijo otro chico, unrecluta de ungrupo de lanzamiento m√°s reciente¬ó. Se ha corrido la vozde que los reclutas que vengana tus sesiones pr√°cticas nunca llegar√°na ser nada en ninguna escuadra. Se ha corrido la voz de que los comandantes no quieren soldados que hayan sidoestropeados por tuentrenamiento. Ender neg√≥conla cabeza.
¬óPero tal como yo lo veo ¬ódijo el recluta¬ó, si hago todo lo que pueda para ser un buen
soldado, a los comandantes les importar√° unbledo, me fichar√°n, ¬Ņa que s√≠?
—Sí—dijoEnder condeterminación.
Siguieron haciendo prácticas. Aproximadamente media hora después, cuando estaban probando
colisiones con soldados congelados, entraron varios comandantes de diferentes uniformes. Anotaron
ostensiblemente sus nombres.
¬óEh¬ógrit√≥Alai¬ó. Aseg√ļrate que escribes bienmi nombre.
La noche siguiente había todavía menos chicos. Y Ender empezó a oír historias: reclutas abofeteados en los lavabos, o que habían sufrido accidentes en el comedor y en la sala de juegos, o consus ficheros violados por chicos mayores que habíanroto el primitivo sistema de seguridad que guardaba las consolas de los reclutas.
¬óEsta noche nohaypr√°ctica ¬ódijoEnder.
¬ó¬ŅC√≥moque no? ¬ódijoAlai.
¬óDej√©moslopor unos d√≠as. Noquieroque ning√ļnchicosalga herido.
—Si lo dejas, aunque sólo sea una noche, se creeránque este tipo de cosas da resultado. Como si nole hubieras paradolos pies a Bernard cuandose estaba portandocomounguarro.
¬óAdem√°s ¬ódijo Shen¬ó, no tenemos miedo y nos importa un r√°bano; tenemos que seguir adelante, nos lo debes. Necesitamos las pr√°cticas, yt√ļtambi√©n.
Ender record√≥ lo que hab√≠a dicho Dink. El juego era trivial comparado conel mundo... ¬ŅPor qu√© entregar todas las noches de tuvida a ese juegotanest√ļpido?
¬óDe todas formas, noavanzamos mucho ¬ódijoEnder. Hizoadem√°nde irse. Alai le detuvo.
¬ó¬ŅTe han asustado tambi√©n? ¬ŅTe han abofeteado en el cuarto de ba√Īo? ¬ŅTe han metido la
cabeza enel v√°ter? ¬ŅTe hanpuestouna pistola enel pecho?
¬óNo ¬ódijoEnder.
¬ó¬ŅEres mi amigo? ¬ópregunt√≥ Alai, m√°s calmado.
—Sí.
—Entonces soytuamigo, Ender, yestoyaquí yhago prácticas contigo.
Los chicos mayores volvieron, pero muypocos erancomandantes. La mayor√≠a eranmiembros de unpar de escuadras. Ender reconoci√≥los uniformes Salamandra. Tambi√©na unpar de Ratas. Esta vez no tomaron nombres. Se limitaron a burlarse y a gritar y ridiculizar a los reclutas cuando intentaban dominar t√©cnicas dif√≠ciles con m√ļsculos no fortalecidos. Eso comenz√≥ a afectar a unos cuantos chicos.
—Escuchadles —dijo Ender a los chicos—. Aprended de memoria lo que dicen. Si alguna vez queréis que vuestros enemigos pierdanlos estribos, gritadles cosas así. Les hace hacer tonterías, les hace perder el control. Peronosotros noperdemos el control.
Shen cogió la idea al dedillo, y tras cada mofa de los chicos mayores, hacía que un grupo de reclutas recitara lo que habíandicho, envozalta, cinco o seis veces. Cuando comenzarona cantar las pullas como si fueran estribillos, unos cuantos chicos mayores se despegaron de la pared y se dirigieronhacia ellos enbusca de pelea.
Los trajes refulgentes estaban dise√Īados para guerras de rayos inofensivos; ofrec√≠an muy poca protecci√≥n y obstaculizaban considerablemente el movimiento si se llegaba al cuerpo a cuerpo en gravedad nula. De todas formas, la mitad de los chicos estabanirradiados yno pod√≠anpelear; pero la rigidezde sus trajes les hac√≠a potencialmente √ļtiles. Ender orden√≥ r√°pidamente a sus reclutas que se reunieranenla otra esquina de la sala. Los chicos mayores se rieronde ellos coninclusom√°s sa√Īa, y, viendo al grupo de Ender enretirada, algunos que se hab√≠anquedado enla pared vinierona unirse al ataque.
Ender y Alai decidieron arrojar un recluta congelado a la cara de un enemigo. El recluta congelado golpeó al otro en el casco, y los dos rebotaron como bolas de billar. El chico mayor se llevólas manos al pecho, donde le había dadoel casco, yemitióungritode dolor.
El tiempo de las burlas hab√≠a pasado. Los dem√°s chicos mayores se lanzarona la batalla. Ender no ten√≠a muchas esperanzas de que sus chicos salieran sanos y salvos. Pero el enemigo ven√≠a a la buena de Dios, descoordinadamente; no hab√≠anactuado nunca juntos, mientras que los de la peque√Īa escuadra de pr√°cticas de Ender, aunque ahora erans√≥lo una docena, se conoc√≠anbienysab√≠anactuar juntos.
—¡Adelante nova!—gritó Ender.
Los dem√°s chicos se rieron. Se unieron en tres grupos, con los pies juntos, los cuerpos en cuclillas ylas manos unidas formandopeque√Īas estrellas contra la pared negra.
¬óLes eludiremos ynos dirigiremos todos a la puerta. ¬°Ahora!
Aesta se√Īal, las tres estrellas estallaron, y cada chico sali√≥ lanzado enuna direcci√≥n diferente pero conun√°ngulo que le permitiera rebotar enuna pared yponer rumbo a la puerta. Como todos los enemigos estaban en el centro de la sala, donde era mucho m√°s dif√≠cil cambiar de curso, fue una maniobra f√°cil de llevar a cabo.
Ender se había colocado de forma que cuando saliera lanzado se encontrara con el soldado congelado que acababa de usar como misil. El chico ya no estaba congelado y dejó que Ender le agarrara, le volteara yle enviara hacia la puerta. Desafortunadamente, el resultado inevitable de esta acciónfue que Ender quedó apuntando enla direcciónopuesta, ya una velocidad reducida. Separado de sus soldados, planeaba muy lentamente, y hacia el extremo de la sala de batalla donde estaban reunidos los chicos mayores. Se giró lo suficiente para ver que todos sus soldados estabanreunidos y a salvoenla paredopuesta.
Mientras tanto, el enemigo, desorganizado y furioso, acababa de divisarle. Ender calcul√≥ el tiempo que tardar√≠a enllegar a la pared, desde la que podr√≠a lanzarse otra vez. No llegar√≠a a tiempo. Varios enemigos hab√≠an rebotado ya y se dirig√≠an hacia √©l. Ender se sobresalt√≥ al ver la cara de Stilsonentre ellos. Luego se encogi√≥ de hombros ypens√≥ que se hab√≠a equivocado. De todas formas, la situaci√≥n era la misma, pero esta vez no se iban a quedar quietos mientras uno de ellos arreglaba cuentas con Ender. Por lo que hab√≠a podido ver, no ten√≠an ning√ļn l√≠der, y todos esos chicos eran muchom√°s grandes que √©l.
De todas formas, en las clases de defensa personal había aprendido algunas cosas sobre los movimientos corporales y las leyes físicas de los objetos en movimiento. En las batallas casi nunca se llegaba al combate cuerpo a cuerpo; no se chocaba nunca contra un enemigo que no estuviera congelado. Por lo tanto, enlos pocos segundos de que disponía, Ender intentó colocarse enla mejor posiciónpara recibir a sus invitados.
Afortunadamente, eran tan inexpertos como √©l en la lucha en gravedad nula, y los pocos que intentaron golpearle con los pu√Īos se encontraron con que lanzar un pu√Īetazo era bastante ineficaz cuando el cuerpo se desplaza hacia atr√°s con la misma velocidad con que el pu√Īo se mueve hacia adelante. Pero hab√≠a en el grupo unos cuantos con cara de querer romper huesos, y Ender lo vio en seguida. Peronoten√≠a ninguna intenci√≥nde quedarse ah√≠.
Aferró el brazo de uno de los boxeadores ylo arrojó contodas sus fuerzas. Esta acciónlanzó a Ender lejos del restodel primer contingente, aunque no por eso estaba más cerca de la puerta.
—¡Quedaos ahí—gritó a sus amigos, que estabanformando para salir ensurescate—. ¡Quedaos ahí quietos!
Uno de los otros agarr√≥ a Ender por el pie. El fuerte apret√≥n proporcion√≥ a Ender un punto de apoyo que le permiti√≥ patear confuerza el hombro yel o√≠do del otro chico, haciendo que gritara yle soltara. Si el chico le hubiera soltado en el preciso momento en que Ender le daba la patada, le habr√≠a hecho mucho menos da√Īo yhabr√≠a permitido a Ender utilizar esa maniobra como lanzamiento. Pero el chico se hab√≠a colgado demasiado bien; ten√≠a la oreja desgarrada, esparciendo sangre por el aire, yEnder planeaba coninclusomenos velocidad.
¬ęLo estoyhaciendo otra vez ¬ópens√≥ Ender¬ó. Estoylastimando a la gente otra vez, ys√≥lo para salvarme. ¬ŅPor qu√© nome dejar√°nenpazyas√≠ no tendr√© que lastimarles?¬Ľ
Tres chicos más convergían ahora hacia él, y esta vez actuaban al unísono. De todas formas, para lastimarle tenían que agarrarle. Rápidamente, Ender se colocó de forma que dos de ellos pudierancogerle por los pies, dejandosus manos libres para ocuparse del tercero.
Efectivamente, se tragaron el anzuelo. Ender se aferró a los hombros de la camisa del tercer chico y tiró de él hacia arriba con fuerza para darle un cabezazo en la cara con el casco. Gritos y chorros de sangre otra vez. Los dos chicos que le tenían agarrado por las piernas se las retorcían. Ender arrojóal chicoque sangraba por la narizcontra uno de ellos; se enredaronyla pierna de Ender quedó libre. No resultó difícil utilizar al otro chico como punto de apoyo para darle una patada enla ingle yluego utilizarle para tomar impulso ysalir despedido endireccióna la puerta. No le salió un lanzamiento muy brillante, y su velocidad no era nada del otro mundo, pero no importaba. Nadie le seguía.
Se encontró consus amigos enla puerta. Le agarraronytiraronde él. Se reíanyle dabanazotes
enbroma.
—Por malo —decían—. Por fiero. Por violento.
¬óHemos terminadopor hoy¬ódijoEnder.
¬óVolver√°nma√Īana ¬ódijoShen.
—Yo de ellos no lo haría —dijo Ender—. Si vienen sin trajes haremos lo mismo otra vez y si
vienencontrajes les irradiaremos.
¬óAdem√°s ¬ódijoAlai¬ó, los profesores no permitir√°nque vuelva a ocurrir.
Ender se acordóde loque Dinkle había dicho, yse preguntaba si Alai estaba enlocierto.
—Eh, Ender—gritó uno de los chicos mayores mientras Ender se iba de la sala de batalla—.
¡Novales nada, imbécil!¡Noeres nada!
¬óMi anterior comandante Bonzo ¬ódijo Ender¬ó. Creoque nole gusto.
Esa noche, Ender repasó los partes en su consola. En el informe médico salían cuatro chicos. Uno con las costillas contusionadas, uno con los testículos contusionados, uno con una oreja desgarrada yuno con la nariz rota yun diente menos. La causa de las heridas era la misma en todos los casos:
COLISI√ďNACCIDENTALENGNULA
Si los profesores permit√≠an que el informe oficial dijera eso, estaba claro que no ten√≠an intenci√≥n de castigarles por participar en esa sucia escaramuza. ¬ę¬ŅNo van a hacer nada? ¬ŅNo les importa loque pasa enla escuela?¬Ľ, pensaba Ender perplejo.
Como hab√≠a vuelto al cuartel antes que de costumbre, Ender llam√≥ a su consola el juego de fantas√≠a. Hab√≠a pasado bastante tiempo desde que jug√≥ por √ļltima vez. Tanto, que va no sali√≥ el escenario que hab√≠a dejado. Ahora estaba enel cad√°ver del Gigante. Conla diferencia de que ahora era dif√≠cil decir que se trataba de un cad√°ver, a no ser que le mirara de lejos detenidamente. La erosi√≥n hab√≠a convertido el cuerpo en una colina, cubierta de hierbas y vides entrelazadas. S√≥lo la cresta de la cara del Gigante era todav√≠a visible, y era de hueso blanco, como una protuberancia caliza de una monta√Īa triste ymarchita.
Ender no quer√≠a luchar otra vezconlos ni√Īos¬ólobos, pero, para susorpresa, no estabanall√≠.A lo mejor, muertos una vez, se hab√≠anidopara siempre. Esole puso triste.
Hizo su anterior recorrido bajo tierra, a trav√©s de los t√ļneles, hasta llegar a la cornisa del acantilado que daba a aquel hermoso bosque. Tambi√©n ahora se arroj√≥ al vac√≠o, y tambi√©n ahora lo recogi√≥ una nube ylollev√≥a la sala de la torre del castillo.
La serpiente comenz√≥ a destejerse de la alfombra otra vez, pero esta vez Ender no vacil√≥. Le pis√≥ la cabeza y la aplast√≥ con el pie. Se retorc√≠a y remov√≠a bajo su pie, y a modo de respuesta, Ender la apison√≥ y la sepult√≥ a√ļn m√°s en el suelo de piedra. Finalmente, se qued√≥ quieta. Ender la recogi√≥ y la agit√≥ hasta que se desteji√≥ del todo y desapareci√≥ la forma de la alfombra. Luego, arrastrandola serpiente, se puso a buscar una salida.
Pero encontró unespejo.Yenel espejo vio una cara que reconoció fácilmente. Era Peter, conla barbilla goteandosangre yuna cola de serpiente saliendopor una comisura de suboca.
Ender grit√≥ yarroj√≥ la consola. El ruido alarm√≥ a los pocos chicos que hab√≠a enel cuartel, pero se excus√≥ y les dijo que no era nada. Se alejaron. Mir√≥ otra vez a su consola. Su figura segu√≠a all√≠, conla vista fija enel espejo. Intent√≥ coger unmueble para romper el espejo, pero no pod√≠a moverlo. Tampocopod√≠a arrancar el espejo de la pared. Al final, Ender arroj√≥ la serpiente contra √©l. El espejo se hizo a√Īicos, dejando al descubierto un agujero en la pared. Por el agujero salieron docenas de peque√Īas serpientes, que mordieron r√°pidamente la figura de Ender una y otra vez. Arrancando serpientes de su cuerpo fren√©ticamente, la figura cay√≥ y muri√≥ en medio de un bullicioso mont√≥n de peque√Īas serpientes.
La pantalla se borróysalióla leyenda:
¬ŅJUEGASOTRAVEZ?
Ender desconectó el programa ydejóla consola.
Al d√≠a siguiente, varios comandantes, unos personalmente y otros a trav√©s de soldados, se dirigieron a Ender para decirle que no se preocupara, que la mayor√≠a pensaba que las sesiones pr√°cticas adicionales eran una buena idea, que deb√≠a seguir con ellas. Y para asegurarse de que no les molestar√≠a nadie, le mandabanunos cuantos soldados que necesitabanpr√°cticas adicionales. ¬ęSon tan grandes como la mayor√≠a de los insectores que os atacaron la noche pasada. Se lo pensaran dos veces.¬Ľ
Envezde una docena de chicos, esa noche erancuarenta ycinco, m√°s de una escuadra, yya sea por la presencia de chicos mayores junto a Ender o porque con lo de la noche anterior ya hab√≠an tenidosuficiente, noapareci√≥ning√ļnenemigo.
Ender no volvi√≥ al juego de fantas√≠a. Pero el juego vivi√≥ ensus sue√Īos. Sigui√≥ rememorando lo que sinti√≥ cuando mat√≥ a la serpiente tritur√°ndola, cuando desgarr√≥ la oreja a aquel chico, cuando destroz√≥ a Stilson, cuando rompi√≥ el brazo a Bernard. Yluego se vio irgui√©ndose, conel cad√°ver de su enemigo en la mano, y encontr√≥ la cara de Peter mir√°ndole desde el espejo. ¬ęEste juego sabe demasiado sobre m√≠. Este juego dice asquerosas mentiras. Yo no soyPeter. No llevo el asesinato en el coraz√≥n...¬Ľ
Ydespués el miedo peor, que era unasesino, incluso más experto que Peter; que era este rasgo suyoloque más gustaba a sus profesores...
¬ęAsesinos es lo que necesitan en las guerras contra los insectores. Gente que pueda pulverizar la cara del enemigoyrociar el espacioconsusangre...
¬ĽDe acuerdo, yo soyvuestrohombre. Soyel sanguinarioasesinoque esperabais cuandohicisteis que me engendraran. Soy vuestro instrumento. ¬ŅQu√© m√°s da que odie la parte de m√≠ mismo que m√°s necesit√°is? ¬ŅQu√© m√°s da que cuando las peque√Īas serpientes me mataban en el juego, yo no me opusiera yme alegrara?