7 - Salamandra

—Loque importa es que ha ganadoel juegoque no se podía ganar.
¬óSupongo que ahora le trasladar√°.
—Estábamos esperando a ver cómo se desenvolvía con Bernard. Se ha desenvuelto perfectamente.
¬óAs√≠ que en cuanto resuelve una situaci√≥n, le pasa a otra que no pueda resolver. ¬ŅPodr√°, descansar alguna vez?
¬óSeguir√° uno o dos meses, quiz√° tres, consugrupo de lanzamiento. Eso es mucho tiempo enla vida de un ni√Īo. ¬ó¬ŅNo ha tenido nunca la impresi√≥n de que estos chicos no son ni√Īos? Cuando se fija uno ensus acciones, ensus comentarios, ¬Ņnole da la impresi√≥nde que no sonjovencitos?
¬óSonlos ni√Īos m√°s brillantes del mundo, cada unoa sumanera.
¬óPero ¬Ņno deber√≠anseguir actuando como ni√Īos? No sonnormales. Act√ļancomo... personajes hist√≥ricos. Napole√≥nyWellington, C√©sar yBrutus.
—Nuestra misiónes salvar el mundo, nocurar corazones heridos. Eres demasiadocompasivo.
¬óEl general Levyno tiene piedad de nadie. Todos los v√≠deos lo confirman. Pero no haga da√Īo
a ese chico.
¬ó¬ŅEst√° bromeando?
¬óQuierodecir que nole haga m√°s da√Īodel necesario.
Alai se sentófrente a Ender a la hora de la cena.
—Por finhe conseguidodescifrar cómomandaste aquel mensaje. Usandoel nombre de Bernard.
¬ó¬ŅYo? ¬ópregunt√≥Ender.
¬óVenga, ¬Ņqui√©n si no? Seguro que no fue Bernard. YShen no es muyaficionado al ordenador. Ys√© que nohe sidoyo. ¬ŅQui√©nsi no? Noimporta. He descifradola forma de falsificar una entrada de unestudiante nuevo. Simplemente, creaste unestudiante llamado Bernard¬óespacio, B¬óE¬óR¬óN¬ó A¬óR¬óD¬óespacio, y por eso el ordenador no lo rechaz√≥ por coincidir con el nombre de otro estudiante.
—Da la impresiónde que puede funcionar —dijo Ender.
—Comoquieras. Funciona. Perolo hiciste casi el primer día.
¬óYo o alg√ļn otro. A lo mejor lo hizo Dap, para evitar que Bernard acumulara demasiado
poder.
¬óHe descubierto algom√°s. Nopuedohacerlocontunombre.
¬ó¬ŅNo me digas?
¬óTodo lo que incluya el nombre de Ender es rechazado. Adem√°s, tampoco puedo meterme en
tus ficheros. Has dise√Īadotupropiosistema de seguridad.
¬óQuiz√°.
Alai esbozóuna sonrisa.
—Acabo de entrar y he destrozado los ficheros de uno. Está violando el sistema también, pegadoa mis talones. Necesitoprotección, Ender. Necesitotusistema.
—Si te doymi sistema, sabrás cómo lohagoyte meterás yharás trizas mis ficheros.
¬óQui√©n, ¬Ņyo? ¬ópregunt√≥Alai¬ó. Soyel mejor amigoque tienes. Ender se ri√≥.
—Crearé unsistema para ti.
¬ó¬ŅAhora?
¬ó¬ŅPuedoacabar la comida?
¬óT√ļnunca acabas la comida.
Era cierto. Enla bandeja de Ender quedaba siempre comida. Ender echó una mirada a suplato y
decidió que ya había terminado.
¬óVamos all√°.
Cuando llegarona sucuartel, Ender se sentóde cuclillas al ladode la cama ydijo:
¬óCoge tuconsola ytr√°ela. Te ense√Īar√© a hacerlo.
Pero cuando Alai trajo su consola a la cama de Ender, Ender seguía sentado, y los casilleros
seguíancerrados.
¬ó¬ŅQu√© pasa?
Como respuesta, Ender dio una palmada en su casillero. Apareci√≥ el mensaje: ¬ęIntento de
AccesonoAutorizado.¬ĽNo se hab√≠a abierto.
¬óAlguiense est√° riendo de ti, amigo ¬ódijoAlai¬ó. Se te hanadelantado.
¬ó¬ŅEst√°s segurode que te sigue interesandomi sistema de seguridad?
Ender se levantó yse alejóde la cama.
¬óEnder ¬ódijo Alai.
Ender se dio la vuelta. Alai tenía enla manountrozode papel.
¬ó¬ŅQu√© es?
Alai levantóla vista.
¬ó¬ŅNo losabes? Estaba entucama. Te debes haber sentadoencima.
Ender lo cogió.
ENDERWIGGIN
ASIGNADOAESCUADRASALAMANDRA
COMANDANTEBONZOMADRID
EFECTIVOINMEDIATAMENTE
C√ďDIGOVERDEVERDEMARR√ďN
NOSETRANSFIERENPERTENENCIAS

¬óEres listo, Ender, peroenla sala de batalla noeres mejor que yo.
Ender neg√≥ con la cabeza. Era lo m√°s est√ļpido que se les pod√≠a haber ocurrido, ascenderle ahora. No ascend√≠ana nadie hasta que tuviera ocho a√Īos. Ender ni siquiera ten√≠a siete.Ylos reclutas sol√≠anpasar a las escuadras juntos, para que casi todas recibierana unchico nuevo al mismo tiempo. No hab√≠a ninguna papeleta de trasladoenninguna otra cama.
Justo cuando las cosas estabanempezando a encajar. Justo cuando Bernard estaba empezando a llevarse biencontodo el mundo, incluso conEnder. Justo cuando Ender estaba encontrando enAlai a
unamigode verdad. Justocuandosuvida empezaba a ser soportable.
Ender se agachópara tirar de Alai yayudarle a levantarse de la cama.
—La escuadra Salamandra está encompetición—dijoAlai.
Ender estaba tanfurioso por la injusticia del traslado que se le saltaronlas l√°grimas. ¬ęNo debes
llorar¬Ľ, se dijoa s√≠ mismo.
Alai violas l√°grimas, perotuvo la delicadeza de nodecir nada.
¬óSonunos pedorros, Ender, yni siquiera te dejanllevarte tus cosas.
Ender esbozóuna sonrisa yal final no lloró.
¬ó¬ŅCrees que deber√≠a desvestirme e ir desnudo?
Alai se riótambién.
Impulsivamente, Ender le abrazó, con fuerza, casi como si fuera Valentine. Entonces pensó en
Valentine yquisoirse a casa.
—No quiero ir—dijo. Alai le devolvióel abrazo.
¬óTe comprendo, Ender. Eres el mejor. Tal veztenganprisa por ense√Ī√°rtelotodo.
¬óNo quieren ense√Ī√°rmelo todo ¬ódijo Ender¬ó. Yo quer√≠a aprender lo que significa tener un
amigo.
Alai asintióconla cabeza.
—Serás siempre mi amigo, mi mejor amigo siempre —dijo. Luego esbozó una sonrisa—. Ve a
rebanar insectores.
¬óClaro.
Ender le devolvióla sonrisa. Alai le diounbesoenla mejilla yle susurróal oído:
¬óSalaam.
Luego, ruborizado, se dio la vuelta y se fue a su cama, al fondo del dormitorio. Ender adivinó que ese beso y esa palabra eran algo prohibido. Una religión suprimida, quizás. O a lo mejor esa palabra sólo tenía unsignificado personal yfuerte paraAlai. Significara lo que significase paraAlai, Ender sabía que era sagrada; que Alai se había descubierto a Ender, como había hecho una vez su madre, cuando, siendo muy joven, antes de que le pusieran el monitor en la nuca, le puso las manos en la cabeza cuando creía que estaba dormido, y rezó sobre él. Ender no había hablado de ello con nadie, ni siquiera conmamá, pero se lo había guardado como unrecuerdo de espiritualidad, de cómo le quería sumadre cuando creía que nadie, ni incluso él mismo, podía verla ni oírla. Eso era lo que Alai le había dado; un regalo tan sagrado que ni siquiera a Ender le estaba permitido entender su significado.
Después de una cosa como ésa no se podía decir nada. Alai llegó a su cama y se dio la vuelta para mirar a Ender. Sus ojos mantuvieron una mirada cargada de comprensión. Luego, Ender se marchó.
No hab√≠a nada verde verde marr√≥n en esa parte de la escuela; tendr√≠a que ir a buscar esos colores a una de las zonas p√ļblicas. Los otros terminar√≠an de comer muy pronto; no quer√≠a pasar cerca del comedor. La sala de juegos estar√≠a casi vac√≠a.
Ensuestado de √°nimo, ninguno de los juegos le atra√≠a. Se fue por lo tanto al banco de consolas p√ļblicas del fondo de la sala y conect√≥ su juego privado. Lleg√≥ r√°pidamente al Pa√≠s de la Fantas√≠a. Esta vez, el Gigante ya estaba muerto cuando lleg√≥ all√≠; tuvo que bajarse de la mesa con cuidado, saltar a la pata de la silla ca√≠da del Gigante, y luego dar un salto hasta el suelo. Unas ratas hab√≠an estado royendo el cuerpo del Gigante, pero Ender hab√≠a matado a una con un alfiler de la camisa desgarrada del Gigante, ydespu√©s de esole hab√≠andejadoenpaz.
El cadáver del Gigante había llegado al límite de su descomposición. Lo que podía haber sido descuajado por los cartoneros, había sido descuajado; los gusanos habían hecho su trabajo en los órganos; ahora era una momia disecada, vacía, conlos dientes esbozando una sonrisa rígida, los ojos vacíos, los dedos retorcidos. Ender rememoró haber escarbado en el ojo del Gigante cuando éste estaba vivo yera malicioso e inteligente. Furioso yfrustrado como estaba, Ender deseó cometer ese asesinato otra vez. Pero ahora el Gigante formaba parte del paisaje, ypor lo tanto no podía descargar sucólera contra él.
Ender hab√≠a atravesado siempre el puente que llevaba al castillo de la Reina de Corazones, donde le esperaban muchos juegos; pero ninguno le atra√≠a ahora. Rode√≥ el cad√°ver del Gigante y sigui√≥ el arroyo aguas arriba, hasta donde surg√≠a del bosque. Hab√≠a unpatio de recreo, contoboganes ybarras de monos, columpios ytiovivos, yuna docena de ni√Īos riendo mientras jugaban. Ender entr√≥ y descubri√≥ que all√≠ adentro se hab√≠a convertido en un ni√Īo, cuando normalmente la figura que le representaba enel juego era la de unadulto. De hecho, era m√°s peque√Īoque los otros ni√Īos.
Se pusoenla cola del tobog√°n. Los otros ni√Īos le ignoraban. Subi√≥ hasta lo alto, vio al ni√Īoque le preced√≠a trazar vertiginosamente la larga espiral que llevaba hasta el suelo. Luego se sent√≥ y empez√≥ a deslizarse.
No había comenzado a deslizarse cuando cayó atravesando el tobogán y aterrizó en el suelo, debajode la escalerilla. El tobogánnole sustentaba.
Tampoco las barras. Podía escalar agarrándose a unas cuantas, pero de repente, al azar, una barra parecía ser inmaterial y Ender caía. Podía sentarse en el columpio hasta que llegaba arriba; entonces caía. Cuando el tiovivo iba muy rápido, no podía agarrarse a ninguna barra, y la fuerza centrífuga lolanzaba hacia afuera.
Y los otros ni√Īos: sus risas eran estridentes, ofensivas. Daban vueltas alrededor de √©l y le se√Īalabanyse re√≠anunbuenratoantes de volver a sus juegos.
Ender quería pegarles, tirarlos al arroyo. Pero envezde hacerlo, penetró enel bosque. Encontró unsendero, que se convirtiómuyprontoenuncaminoempedrado, casi totalmente cubierto de maleza, pero todavía transitable. Había letreros de posibles juegos situados a ambos lados del camino, pero Ender nosiguió ninguno. Quena ver adonde llevaba el camino.
Llevaba a unclaro, conunpozo enel medio, yunletrero que dec√≠a: ¬ęBebe, viajero.¬Ľ Ender se adelant√≥ y ech√≥ una mirada al interior del pozo. Casi instant√°neamente, oy√≥ un gru√Īido. Del bosque surgi√≥ una docena de lobos con caras humanas que chorreaban baba. Ender les reconoci√≥, eran los ni√Īos del patio de recreo. Pero ahora sus dientes pod√≠andesgarrar; Ender, desarmado, fue devorado r√°pidamente.
Susiguiente figura salió, como siempre, enel mismo sitio, yfue comida otra vez, aunque Ender intentóbajarse por el pozo.
Sinembargo, enla siguiente aparici√≥nestaba enel patio de recreo. Ahora los ni√Īos se re√≠ande √©l. ¬ęRe√≠d cuanto quer√°is ¬ópens√≥ Ender¬ó. S√© lo que sois.¬Ľ Dio un empuj√≥n a una ni√Īa, que ech√≥ a correr detr√°s de √©l, enfurecida. Ender la condujo hasta el tobog√°n. Naturalmente, cay√≥ atraves√°ndolo; pero esta vez, pis√°ndole los talones, tambi√©nella cay√≥. Cuando choc√≥ contra el suelo, se convirti√≥ en una loba yqued√≥tendida, muerta oaturdida.
Uno por uno, Ender hizo caer a todos los dem√°s en una trampa. Pero antes de que hubiera acabado con el √ļltimo, los lobos empezaron a volver en s√≠, y ya no eran ni√Īos. Ender fue descuartizadootra vez.
Esta vez, agitado y sudoroso, Ender encontr√≥ su figura revivida en la mesa del Gigante. ¬ęDeber√≠a dejarlo ¬óse dijoa s√≠ mismo¬ó. Deber√≠a ir a mi nueva escuadra.¬Ľ
Pero hizo que sufigura saltara de la mesa yrodeara el cuerpo del Gigante endirecciónal patio de recreo.
Esta vez, encuanto unni√Īo se golpeaba contra el suelo yse convert√≠a enlobo, Ender arrastraba el cuerpo al arroyo y lo tiraba dentro. Cada vez que lo hac√≠a, el cuerpo chisporroteaba como si el agua fuera √°cido; el lobo se consum√≠a ydel arroyo surg√≠a una oscura nube de humo que se perd√≠a en la lejan√≠a. Despach√≥ sin problemas a los ni√Īos, aunque al final empezaron a perseguirle de dos en dos o de tres entres. Ender no se encontr√≥ a ning√ļnlobo esper√°ndole enel claro, ybaj√≥ al pozo por la cuerda del balde.
La luz de la caverna era mortecina, pero pod√≠a ver montones de joyas. Pas√≥ delante de ellos, adviniendo que, detr√°s de √©l, entre las gemas, destellaban unos ojos. Una mesa llena de comida no despert√≥ suinter√©s. Atraves√≥ungrupode jaulas que colgabandel techode la cueva, cada una conuna criatura ex√≥tica de aspecto amistoso. ¬ęJugar√© convosotros m√°s tarde¬Ľ, pens√≥ Ender. Al final lleg√≥ a una puerta conesta leyenda formada por esmeraldas refulgentes:
ELFINDELMUNDO
No vacil√≥.Abri√≥ la puerta ydio unpaso adelante. Se detuvo enuna peque√Īa cerca, enlo alto de unacantilado que dominaba unterreno de bosque cerrado, verde ybrillante, conpinceladas de color oto√Īo y parcelas de tierra desbrozada aqu√≠ y all√°, conarados tirados por bueyes y peque√Īas aldeas, un castillo levantado en una elevaci√≥n distante, y nubes que cabalgaban en corrientes de aire por debajo de √©l. Por encima, el cielo era el techo de una vasta caverna, con cristales colgantes que formabanestalactitas brillantes.
La puerta se cerró tras él; Ender estudió el escenario atentamente. Era tal su belleza que se preocupaba menos que de costumbre por susupervivencia. Le importaba muypoco, por el momento, en qué consistía el juego en ese lugar. Lo había encontrado y verlo era su recompensa. Así, sin detenerse a pensar enlas consecuencias, saltóla cerca.
Caía vertiginosamente hacia un río de aguas tumultuosas y rocas peladas; pero una nube se interpuso entre él yel suelo ensucaída, ylo recogió, yse lo llevó. Lo llevó a la torre del castillo, y atravesó la ventana abierta, depositándolo enel interior. Lo dejó allí, enuna habitación conninguna puerta visible enel sueloni enel techo, yconventanas que dabana unabismoindudablemente fatal.
Unmomentoantes se había arrojadodespreocupadamente desde la cerca; ahora vacilaba.
La peque√Īa alfombra que hab√≠a delante del juego se desteji√≥ convirti√©ndose en una serpiente larga ydelgada condientes perversos.
¬óSoytu√ļnica escapatoria ¬óle dijo¬ó. La muerte es tu√ļnica escapatoria.
Ender ech√≥ una mirada a la habitaci√≥nenbusca de unarma, cuando, s√ļbitamente, la pantalla se
oscureció. Alolargo del borde de la consola brillabanintermitentemente estas palabras:
PRES√ČNTESEASUCOMANDANTE
INMEDIATAMENTE.
LLEGATARDE.
VERDEVERDEMARR√ďN
Irritado, Ender apart√≥ violentamente la consola y se dirigi√≥ a la pared de colores, donde encontr√≥ la banda verde verde marr√≥n, la toc√≥ yla sigui√≥ a medida que se iluminaba delante de √©l. El verde oscuro, el verde claro y el marr√≥n de la banda le recordaban el reino oto√Īal que hab√≠a encontrado enel juego. ¬ęTengo que volver all√≠ ¬óse dijo¬ó. La serpiente es una cuerda larga; puedo descolgarme de la torre y encontrar la forma de volver a ese lugar. A lo mejor se llama el fin del mundo porque es el finde los juegos, porque puedo ir a una de esas aldeas yconvertirme enuno de los ni√Īos que trabajanyjueganall√≠, sinque haya nada que matar ysinque nada me mate, simplemente vivir ah√≠.¬Ľ
Pero no consegu√≠a hacerse una idea de lo que podr√≠a ser ¬ęsimplemente vivir¬Ľ. No lo hab√≠a hechoentoda suvida. Peroquer√≠a hacerlo ahora.
Las escuadras eranm√°s grandes que los grupos de lanzamiento, ylos dormitorios¬ócuarteles delas escuadras tambi√©n eran m√°s grandes. √Čste era largo y estrecho, con literas a ambos lados; tan largo que se pod√≠a apreciar la curvatura del suelo enla elevaci√≥nde la otra punta; una porci√≥nde la rueda de la Escuela de Batalla.
Ender se qued√≥ en la puerta. Unos cuantos chicos que estaban cerca de la puerta le miraron, pero eran mayores, y parec√≠a como si ni le hubieran visto. Siguieron con sus conversaciones, tumbados o sentados en las literas. Naturalmente, estaban comentando batallas; los chicos mayores siempre estaban comentando batallas. Eran mucho m√°s altos que Ender. Los de diez y once a√Īos parec√≠antorres; inclusoel m√°s joventen√≠a ya ocho a√Īos, yEnder noera muyaltopara suedad.
Intentó ver cuál de ellos era el comandante, pero casi todos estaban vestidos de una forma intermedia entre el traje de batalla y lo que los soldados llamaban siempre su uniforme de noche: desnudos de la cabeza a los pies. Muchos habían sacado sus consolas, pero pocos estaban estudiando.
Ender entró enel dormitorio. Supresencia fue advertida inmediatamente.
¬ó¬ŅQu√© quieres? ¬óle pregunt√≥ el chico que ocupaba la litera superior m√°s pr√≥xima a la puerta. Era el m√°s alto. Ender se hab√≠a fijado antes en √©l, un joven gigante con pelusilla que le crec√≠a desigualmente por la barbilla¬ó. T√ļ no eres unSalamandra.
¬óParece ser que s√≠, creo ¬ódijoEnder¬ó. Verde verde marr√≥n, ¬Ņno? He sidotrasladado.
Mostrósupapel al chico, obviamente el centinela.
El centinela alargó la mano hacia el papel. Ender lo retiró, justo lo necesario para ponerlo fuera de sualcance.
¬óParece ser que tengoque entreg√°rseloa BonzoMadrid.
Otro chico se sum√≥ a la conversaci√≥n, unchico m√°s peque√Īo, pero de todas formas m√°s alto que Ender.
¬óNo Ben¬ózoe idiota. Bonzo. Es un nombre espa√Īol. Bonzo Madrid. Aqu√≠ nosotros hablamos espa√Īol, se√Īor GranFedor.
¬óT√ļdebes ser Bonzoentonces ¬ópregunt√≥Ender, pronunciando el nombre correctamente.
¬óNo, simplemente un pol√≠glota con talento. Petra Arkanian. La √ļnica chica de la escuadra Salamandra. Conm√°s huevos que todos los de este dormitorio.
—Mamá Petra me ha hablado —dijo uno de los chicos—. Me ha hablado, me ha hablado. Otro chicoreplicó:
¬óMea hablado, mea hablado, mea hablado. Unos cuantos se rieron.
¬óQue quede entre t√ļ y yo ¬ódijo Petra¬ó. Si tuvieran que poner una lavativa a la Escuela de Batalla, se la pondr√≠ana verde verde marr√≥n.
Ender se desesperaba. No ten√≠a nada que le avalase: sin ning√ļn tipo de preparaci√≥n, peque√Īo, sin experiencia, expuesto a los resentimientos de los dem√°s por su temprano ascenso. Y por si no fuera suficiente, ahora, por casualidad, entablaba amistad precisamente conquienmenos le conven√≠a. Una marginada de la escuadra Salamandra, que los dem√°s ibana asociar con√©l. ¬°Qu√© d√≠a!Durante un momento, mientras recorr√≠a conla mirada sus caras sarc√°sticas, se imagin√≥ sus cuerpos cubiertos de pelo, sus dientes puntiagudos preparados para desgarrar. ¬ę¬ŅSoyyo el √ļnico ser humano de este lugar? ¬ŅSonlos dem√°s animales, a la espera de devorar?¬Ľ
Entonces se acordó de Alai. Seguramente, en todas las escuadras habrá por lo menos uno que merece la pena conocer.
De repente, aunque nadie dijo que se callaran, las risas pararon y el grupo qued√≥ en silencio. Ender se dio la vuelta y mir√≥ a la puerta. Hab√≠a all√≠ un chico alto, oscuro y delgado, de bellos ojos negros y labios finos que insinuaban refinamiento. ¬ęSeguir√≠a a esta beldad a cualquier parte ¬ódijo algodentrode Ender¬ó. Ver√≠a lo que venesos ojos.¬Ľ
¬ó¬ŅQui√©neres? ¬ópregunt√≥el chicosinlevantar la voz.
¬óEnder Wiggin, se√Īor ¬ódijo Ender esgrimiendo las √≥rdenes¬ó. Trasladado de grupo de lanzamientoa la escuadra Salamandra.
El chicocogióel papel conunmovimientoseguroyveloz, sintocar la manode Ender.
¬ó¬ŅCu√°ntos a√Īos tienes, Wiggin? ¬óle pregunt√≥.
¬ó¬óCasi siete.
Conel mismotono de vozque antes, le dijo:
¬óHe preguntadocu√°ntos a√Īos tienes, nocu√°ntos a√Īos casi tienes.
¬óTengoseis a√Īos, nueve meses ydoce d√≠as.
¬ó¬óCu√°ntotiempohas estadohaciendopr√°cticas enla sala de batalla.
¬óUnos pocos meses. Intento mejorar.
¬ó¬ŅAlg√ļn tipo de preparaci√≥n en maniobras de batalla? ¬ŅHas formado parte de un batall√≥n
alguna vez? ¬ŅHas realizadoalguna vezalg√ļnejercicioconjunto?
Ender nohabía oído hablar de todas esas cosas. Negóconla cabeza.
Madridle miróimpávidamente.
¬óYa veo. No tardar√°s endescubrir que los oficiales al mando de la escuela, ynotablemente el mayor Anderson, que est√° a cargo de los juegos, son muy aficionados a los ardides. La escuadra Salamandra est√° empezando a salir de una oscuridad indecente. Hemos vencido en doce de los √ļltimos veinte juegos. Hemos sorprendido a Rata, Escorpi√≥n y Sabueso, y estamos preparados para luchar por el liderazgo de la clasificaci√≥n. Naturalmente, por eso se me da tal esp√©cimen de subdesarrollocomot√ļ, sinutilidad, sinexperiencia ysinesperanza.
Petra dijoenvozbaja:
¬óNo est√° encantado de conocerte.
¬óC√°llate, Arkanian ¬ódijo Madrid¬ó. Auna prueba a√Īadimos ahora otra. Pero cualquiera que
seanlos obst√°culos que nuestros oficiales decidansembrar ennuestrocamino, seguimos siendo...
¬ó¬°Salamandra!¬ógritaronlos soldados, comounsolo hombre.
Instintivamente, la idea que Ender se había hecho de estos acontecimientos cambió. Era una ceremonia, un ritual. Madrid no tenía intención de herirle, sólo quería mantener bajo control un acontecimientoinesperadoyutilizarlopara reforzar sucontrol de la escuadra.
—Somos el fuego que les consumirá, vientre e intestinos, cabeza ycorazón, muchas llamas pero unsolofuego.
¬ó¬°Salamandra!¬óvolvierona gritar.
—Ni siquiera éste nos debilitará. Por unmomento, Ender abrió la puerta a la esperanza.
—Trabajaré duroyaprenderé rápidamente —dijo.
¬óNo te he dado permiso para hablar ¬órespondi√≥ Madrid¬ó. Tengo la intenci√≥n de intercambiarte en cuanto pueda. Probablemente, para librarme de ti tendr√© que desprenderme de alg√ļn elemento valioso, pero, siendo tan peque√Īo, eres peor que in√ļtil. Un congelado m√°s en cada batalla, eso es lo que eres, y en la situaci√≥n en que estamos ahora, cada soldado congelado tiene consecuencias en la clasificaci√≥n. Nada personal, Wiggin, pero estoy seguro que puedes formarte a expensas de alg√ļnotro.
—Es todo corazón—dijo Petra.
Madrid se acerc√≥ a la chica yle cruz√≥ la cara conel rev√©s de la mano. No son√≥ mucho, pues la hab√≠a golpeado conlas u√Īas de los dedos. Pero enla mejilla aparecieronunas se√Īales rojas, cuatro, yotras tantas gotas de sangre marcabanlos puntos donde hab√≠andadolas puntas de las u√Īas.
¬ó√Čstas sontus instrucciones, Wiggin. Yespero que √©sta sea la √ļltima vezque tengo que hablar contigo. Te mantendr√°s aparte mientras nos entrenamos enla sala de batalla. Naturalmente, tienes que estar ah√≠, pero no pertenecer√°s a ning√ļnbatall√≥nyno tomar√°s parte enninguna maniobra. Cuando se nos llame a una batalla, te vestir√°s r√°pidamente y te presentar√°s en la puerta como todos los dem√°s. Pero no atravesar√°s la puerta hasta que hayanpasado cuatro minutos desde el comienzo del juego, y entonces permanecer√°s enla puerta, sindesenfundar ni disparar tuarma, hasta que el juegotermine.
Ender asintió con la cabeza. Así que iba a ser nadie. Anheló que el intercambio tuviera lugar pronto.
Se dio cuenta tambiénde que Petra no había hecho nada parecido a gritar de dolor o llevarse la mano a la mejilla, aunque una de las gotas de sangre había comenzado a correr dibujando una veta que llegaba a la mandíbula. Podía ser una marginada, pero ya que Bonzo Madrid no iba a ser su amigo, entablaría amistadconPetra.
Se le asignó una litera al fondo del dormitorio. La litera superior, desde la que, estando tumbado, ni siquiera podía ver la puerta; la curva del techo la bloqueaba. Había otros chicos cerca de él, chicos conaspecto cansado ygesto taciturno, los menos valiosos. No teníanninguna palabra de bienvenida que decir a Ender.
Ender intent√≥ abrir su casillero palm√°ndolo, pero no pas√≥ nada. Entonces se dio cuenta de que los casilleros no ten√≠an ning√ļn seguro. Los cuatro ten√≠an tiradores para abrirlos. Ahora, en una escuadra, nada era privado.
Había ununiforme enel casillero. No era el verde pálido de los reclutas, sino el uniforme verde oscuroconguarniciones naranja de la escuadra Salamandra. No le iba bien. Pero, claro, era probable que nunca se hubiesenvistoenla necesidadde entregar ununiforme así a unchicotanjoven.
Estaba empezando a sacarlo cuando advirtió que Petra caminaba por el pasillo endireccióna su
cama. Se dejócaer de la litera yse pusoenpie para saludarla.
¬óTranquilo ¬ódijo¬ó. Nosoyunoficial.
¬óEres jefe de batall√≥n, ¬Ņno?
Alguienque estaba cerca le interrumpió:
¬ó¬ŅQu√© te ha hechopensar eso, Wiggin?
¬óOcupas una litera delante.
¬óMi litera est√° delante porque soyel tirador m√°s certero de la escuadra Salamandra, yporque Bonzo tiene miedo de que haga una revoluci√≥n si los jefes de batall√≥n no me vigilan. Como si se pudiera hacer algo con chicos como √©stos. ¬óSe√Īal√≥ a los chicos de gesto taciturno de las literas cercanas.
¬ŅQu√© intentaba hacer? ¬ŅEmpeorar a√ļnm√°s la situaci√≥n?
¬óTodos son mejores que yo ¬ódijo Ender intentando disociarse del desprecio de Petra hacia los chicos que, al finyal cabo, ibana ser sus compa√Īeros de litera.
¬óSoyuna chica ¬ódijo¬ó, yt√ļ eres unme√≥nde seis a√Īos. Tenemos mucho encom√ļn. ¬ŅPor qu√© nosomos amigos?
—No piensohacer tus deberes —dijo. Por unmomento, Petra creyóque era unchiste.
¬óAlto ¬ódijo¬ó. Cuando est√°s enel juego todo es militar. La escuela no es para nosotros como para los reclutas. Historia yestrategia, yt√°cticas e insectores ymatem√°ticas yestrellas, las cosas que necesitar√°s saber cuandoseas piloto ocomandante. Ya lover√°s.
¬óO sea, que eres mi amigo. ¬ŅQu√© gano con ello? ¬ópregunt√≥ Ender imitando su forma de hablar, desmesuradamente jactanciosa, comosi nole importara nada.
¬óBonzo no te va a dejar hacer pr√°cticas. Te va a obligar a llevarte la consola a la sala de batallas para que estudies. Bien mirado, no es tan malo; no quiere que un ni√Īo sin ninguna clase de entrenamiento eche a perder sus maniobras de precisi√≥n. ¬óSe puso a hablar en giria, la jerga que imitaba el ingl√©s pidginde la gente no cultivada.
Bonzo, él exacto, él tancuidadoso, él mea enplato ynunca salpica.
Ender esbozóuna sonrisa.
¬óLa sala de batalla est√° abierta continuamente. Si quieres, te llevar√© all√≠ enlas horas libres yte ense√Īar√© algo de lo que s√©. No soyungransoldado, pero s√≠ bastante bueno, yestoysegura que mejor
que t√ļ.
¬óSi quieres... ¬ódijo Ender.
¬óEmpezaremos ma√Īana por la ma√Īana despu√©s del desayuno.
¬ó¬ŅY si hay alguien utilizando la sala? Los de mi lanzamiento √≠bamos siempre nada m√°s
terminar de desayunar.
¬óNo te preocupes. Enrealidad, haynueve salas de batallas.
—No había oídohablar de las otras.
—Las nueve tienen la misma entrada. Todo el centro de la escuela, el cubo de la rueda, son salas de batalla. No girancon el resto de la estación. Esa es la razón de su gravedad cero, de su no gravedad: estánquietas. Si no hayrotación, no hayabajo. Pero se las arreglanpara que haya siempre una sala de batalla dando al corredor de entrada que usamos todos. Una vezque estás dentro, mueven el cuboyponenotra sala de batalla enesa posición.
¬óAh.
¬óTal comodije. Nada m√°s terminar de desayunar.
Se pusoa andar.
¬óPetra ¬ódijoEnder. Se diola vuelta.
¬óGracias.
Sindecir nada, se dio la vuelta otra vezyse fue por el pasillo.
Ender volvió a saltar a su litera y acabó de sacar el uniforme. Estaba desnudo en la cama, jugueteando con su nueva consola, intentando averiguar si habían hecho algo con sus códigos de acceso. Efectivamente, habían borrado su sistema de seguridad. Aquí no podía poseer nada, ni siquiera suconsola.
Las luces se atenuaron un poco. Se acercaba la hora de dormir. Ender no sab√≠a qu√© cuarto de ba√Īoten√≠a que utilizar.
—Ala izquierda de la puerta —dijo el chico de la litera contigua—. Lo compartimos conRata, Cóndor yArdilla.
Ender le diolas gracias ycomenzó a andar.
—Eh —dijo el chico—. No puedes ir así. En uniforme siempre que estés fuera de este
dormitorio.
¬ó¬ŅInclusopara ir al lavabo?
¬óEspecialmente. Y te est√° prohibido hablar con nadie de cualquier otra escuadra. En las
comidas o enel lavabo. Puedes salt√°rtelo algunas veces enla sala de batalla, y, naturalmente, cuando
unprofesor te lodiga. Pero si Bonzote pilla, est√°s muerto. ¬ŅEntendido?
¬óGracias.
¬óOtra cosa. Bonzo se sale de sus casillas si est√°s desnudo delante de Petra.
¬óEstaba desnuda cuandollegu√©, ¬Ņno?
¬óElla hace loque quiere, perot√ļte vistes. √ďrdenes de Bonzo.
Era est√ļpido. Petra parec√≠a todav√≠a un chico, era una regla est√ļpida. La discriminaba, la hac√≠a
diferente, divid√≠a a la escuadra. Est√ļpido. Est√ļpido. ¬ŅC√≥molleg√≥Bonzoa ser comandante si nosab√≠a
cosas así? Alai sería mejor comandante que Bonzo. Sabía aglutinar a ungrupo.
¬ęTambi√©nyos√© aglutinar a ungrupo ¬ópens√≥Ender¬ó. Alomejor soycomandante alg√ļnd√≠a.¬Ľ
Enel lavabo, estaba lavándose las manos cuandoalguiense dirigió a él.
¬óEh. ¬ŅEs que ahora metenbeb√©s enlos uniformes de Salamandra?
Ender nocontestó. Se limitóa secarse las manos.
—Eh, mirad. ¡Salamandra está fichando bebés! Mirad esto. Podría pasar entre mis piernas sin
rozarme los huevos.
—Porque no tienes, Dink, por eso —respondió alguien.
Cuando Ender salía, oyóa alguiendecir:
¬óEs Wiggin. Ya sabes, el listillode la sala de juegos.
Camin√≥ por el corredor sonriendo. Pod√≠a ser peque√Īo, pero conoc√≠ansunombre. Por la sala de juegos, claro, lo que no quer√≠a decir nada. Pero ya ver√≠an. Iba a ser ungransoldado tambi√©n. Todos conocer√≠ansunombre, ypronto. Quiz√° no enla escuadra Salamandra, peropronto.
Petra estaba esperandoenel corredor que llevaba a la sala de batalla.
¬óEspera un poco ¬ódijo a Ender¬ó. Acaba de entrar la escuadra Conejo, y hay que esperar unos minutos hasta que cambie la sala de batalla.
Ender se sentóa sulado.
¬óEl canje de sala de batalla implica algo m√°s que simplemente cambiarla por la siguiente ¬ó dijo¬ó. Por ejemplo, ¬Ņpor qu√© haygravedadenel corredor justoantes de entrar a la sala?
Petra cerró los ojos.
¬óYsi las salas de batalla sonrealmente ingr√°vidas, ¬Ņqu√© pasa cuando una est√° conectada? ¬ŅPor
qué no se mueve siguiendola rotaciónde la escuela?
Ender asintióconla cabeza.
¬óEsos son los misterios ¬ódijo Petra con un susurro ronco¬ó. No metas la nariz en esos
asuntos. Al √ļltimo soldado que lo intent√≥ le pasaroncosas terribles. Lo encontraroncolgando de los
pies del techodel lavabo, conla cabeza hundida enel v√°ter.
—Así que nosoyel primeroque hace esa pregunta.
¬óNo olvides esto, peque√Īo ¬ódijo peque√Īo conuntono que parec√≠a amistoso, no despreciativo ¬ó. Nunca te dicen m√°s de lo que tienen que decirte. Pero cualquier chico con cabeza sabe que la ciencia ha cambiado bastante desde los d√≠as de Mazer Rackhamyla Flota Victoriosa. Est√° claro que ahora podemos controlar la gravedad. Conectarla y desconectarla, cambiar su direcci√≥n, a lo mejor incluso reflejarla. He estado pensando en la cantidad de cosas que se podr√≠an hacer teniendo armas gravitacionales y energ√≠a gravitacional en las astronaves. Y piensa c√≥mo se podr√≠an mover las astronaves en las cercan√≠as de los planetas. Podr√≠an incluso desgajar pedazos enormes del planeta reflejando sobre el planeta supropia gravedad, pero enotra direcci√≥n, yconcentr√°ndola enunpunto peque√Īo. Perononos dicennada.
Ender entendi√≥ m√°s de lo que Petra hab√≠a dicho. La manipulaci√≥n de la gravedad era una cosa; el enga√Īo de los oficiales era otra; pero el mensaje m√°s importante era √©ste: el enemigo son los adultos, nolas otras escuadras. Nonos dicenla verdad.
¬óVen, peque√Īo ¬ódijo Petra¬ó. La sala de batalla est√° lista. La mano de Petra no tiembla. El
enemigoestá muerto. —Emitió una risilla—. Me llamanPetra el poeta.
—Tambiéndicenque estás más loca que uncencerro.
—Mejor que te locreas, culode bebé.
Llevaba enuna bolsa diezpelotas que haríande blanco. Ender agarraba sutraje conuna mano y
la pared conla otra, para retenerla cuando lanzaba las pelotas, confuerza, endiferentes direcciones.
Enla gravedadnula, cada una rebotó enuna dirección.
—Suéltame —le dijoPetra.
Zarp√≥ girando sobre s√≠ misma; haciendo diestros movimientos con las manos, se detuvo, y comenz√≥ a disparar a las pelotas una detr√°s de otra. Cuando acertaba a una, suresplandor cambiaba de blanco a rojo. Ender sab√≠a que el cambio de color duraba menos de dos minutos. S√≥lo una pelota hab√≠a vueltoa ser blanca cuandoacert√≥ a la √ļltima.
Rebot√≥ conprecisi√≥nenuna pared yvolvi√≥ a granvelocidad hacia Ender. Ender la agarr√≥ yle ayud√≥ a contrarrestar su rebote: era una de las primeras t√©cnicas que le hab√≠an ense√Īado siendo recluta.
¬óEres muybuena ¬ódijo.
¬óNadie mejor que yo. Yvas a aprender a hacerlo.
Petra le ense√Ī√≥a extender el brazo totalmente, a apuntar contodoel brazo.
—La mayoría de los soldados no se dan cuenta de que cuanto más lejos está el blanco, más tiempo hayque mantener el rayo enuncírculo de aproximadamente dos centímetros. Es simplemente la diferencia entre una décima de segundo y medio segundo, pero en batalla eso es mucho tiempo. Muchos soldados creen que han errado el tiro, cuando en realidad estaban dando justo en el blanco
pero se retirabanantes de tiempo. No se puede utilizar la pistola como una espada, zas¬ózas ycortar por la mitad. Tienes que apuntar.
Se sirvió del llama—pelotas para atraer los blancos, yluego los lanzó otra vezlentamente, uno por uno. Ender les disparó. Fallócasi todos los tiros.
¬óMuybien¬ódijoPetra¬ó. Notienes ning√ļnh√°bitomalo.
—Tampocotengoningunobueno —subrayóEnder.
—Enesote doyla razón.
No consiguieronmuchoesa primera ma√Īana. Casi todo fue hablar. C√≥mopensar mientras se est√° disparando. Tienes que retener en la cabeza al mismo tiempo tu movimiento y el movimiento del enemigo. Tienes que mantener el brazo derecho y apuntar con el cuerpo para que, si te congelan el brazo, puedas seguir disparando. Averigua en qu√© punto del recorrido del gatillo se dispara la pistola, para que no tengas que apretar el gatillo hasta el fondo cada vez que disparas. Relaja el cuerpo, note tenses, hace que tiembles.
Esa fue la √ļnica pr√°ctica que Ender hizo ese d√≠a. En los ejercicios que hizo la escuadra por la tarde, a Ender se le orden√≥ que trajera su consola e hiciera sus deberes, sentado en un rinc√≥n de la sala. Bonzo ten√≠a obligaci√≥n de tener a todos sus soldados en la sala de batalla, pero no ten√≠a obligaci√≥nde utilizarlos.
De todas formas, Ender no hizo sus deberes. Si no podía hacer ejercicios como soldado, podía estudiar a Bonzo como comandante. La escuadra Salamandra estaba dividida enlos cuatro batallones estándar de diezsoldados cada uno. Algunos comandantes distribuíansus batallones de forma que el batallónA tenía los mejores soldados y el D los peores. Bonzo los había mezclado y todos tenían soldados buenos ysoldados flojos.
Con la diferencia de que el B s√≥lo ten√≠a nueve chicos. Ender se pregunt√≥ qui√©n habr√≠a sido transferido para dejarle su sitio. En seguida se puso de manifiesto que el jefe del batall√≥n B era nuevo. No era extra√Īo que Bonzo estuviera tandisgustado: hab√≠a perdido unjefe de batall√≥npara dar cabida a Ender.
Y Bonzo ten√≠a raz√≥n en otra cosa: Ender no estaba preparado. Estuvieron toda la pr√°ctica haciendo maniobras. Batallones que no pod√≠an verse entre s√≠ hac√≠an operaciones precisas con una sincronizaci√≥n perfecta; los batallones hac√≠anpr√°cticas apoy√°ndose los unos en los otros para hacer cambios s√ļbitos de direcci√≥n sin romper la formaci√≥n. Todos esos soldados daban por sabidas t√©cnicas que Ender no conoc√≠a. La t√©cnica de hacer unaterrizaje suave yabsorber el impacto. Vuelos precisos. Correcci√≥n de la direcci√≥n utilizando a los soldados congelados que flotaban por la sala. Balanceos, giros, regates. Deslizamientos por las paredes, una maniobra muydif√≠cil ya la vezuna de las m√°s √ļtiles, pues impide que el enemigopueda ponerse detr√°s.
Aunque Ender aprendió muchas cosas que no sabía, también vio cosas que se podían mejorar. Las formaciones perfectamente ensayadas eran un error. Permitían a los soldados obedecer instantáneamente las órdenes, pero eso significaba también que eran previsibles. Además, los soldados disfrutaban de muy poca iniciativa individual. Una vez establecido un modelo, tenían que seguirlo hasta el final. No había lugar para hacer reajustes en función de lo que hiciera el enemigo contra la formación. Ender estudió las formaciones de Bonzo como lo haría uncomandante enemigo, buscandolas formas de romperlas.
Esa noche, durante las horas de juego libre, Ender pidióa Petra que hiciera prácticas conél.
¬óNo ¬óle dijo¬ó. Quiero llegar a ser comandante alg√ļn d√≠a y tengo que jugar en la sala de juegos.
Estaba extendida la creencia de que los profesores rastreaban los juegos y escog√≠an all√≠ a los potenciales comandantes. Ender lo dudaba. Los jefes de batall√≥n ten√≠an m√°s posibilidades de demostrar lo que podr√≠anhacer siendo comandantes que ning√ļnjugador de v√≠deos.
Pero no discuti√≥ con Petra. La pr√°ctica que sigui√≥ al desayuno fue m√°s que generosa. De todas formas, ten√≠a que practicar.Yno pod√≠a practicar solo, conexcepci√≥nde unas pocas t√©cnicas b√°sicas. La mayor√≠a de las t√©cnicas m√°s dif√≠ciles requer√≠an compa√Īeros o equipos. Si por lo menos siguiera teniendoa Alai o a Shenpara hacer pr√°cticas conellos...
¬ŅYpor qu√© no pod√≠a practicar conellos? No hab√≠a o√≠do nunca que unsoldado hiciera pr√°cticas conlos reclutas, pero no hab√≠a ninguna norma encontra. Simplemente, no lo hab√≠a hecho nadie; hab√≠a demasiado desprecio hacia los reclutas. Yde todas formas, a Ender se le segu√≠a tratando como a un recluta. Necesitaba a alguien con quien practicar, y a cambio podr√≠a ayudarle a aprender las cosas que ve√≠a hacer a los chicos mayores.
—¡Atención, vuelve el gransoldado!—dijoBernard.
Ender se detuvo en la puerta de su anterior cuartel. S√≥lo hab√≠a estado fuera un d√≠a, pero le parec√≠a ya un sitio extra√Īo, ylos chicos de su lanzamiento erantambi√©n extra√Īos. Estuvo a punto de dar la vuelta ymarcharse. PeroestabaAlai, que hab√≠a convertido suamistadenalgo sagrado.Alai no era unextra√Īo.
Ender nohizoning√ļnesfuerzopara ocultar el tratoque recib√≠a enla escuadra Salamandra.
¬óYtienenraz√≥n¬ódijo¬ó. Soym√°s in√ļtil que unestornudo enuntraje espacial.
Alai se echó a reír, yotros reclutas comenzarona rodearle. Ender propuso el trato. Juego libre, todos los días, trabajo duro en la sala de batalla, bajo su dirección. Ellos aprenderían cosas de las escuadras, de las batallas que pudiera ver Ender; yél podría hacer las prácticas que necesitaba para desarrollar sus técnicas de soldado.
—Nos formaremos juntos. Muchos chicos queríanir.
—De acuerdo —dijo Ender—. Pero aquí se viene a trabajar. El que se dedique a hacer el tonto, será expulsado. No tengotiempoque perder.
No perdieron el tiempo. Ender mostró considerables dosis de torpeza al intentar describir lo que había visto, al intentar descifrar la forma de hacerlo. Pero para cuando terminó el tiempo del juego libre, habían aprendido algo. Estaban cansados, pero estaban cogiendo el truco a algunas técnicas.
¬ó¬ŅD√≥nde estabas? ¬ópregunt√≥Bonzo. Ender se pusofirmes junto a la litera de sucomandante.
¬óHaciendo pr√°cticas enla sala de batalla.
—He oído que te llevaste contigoa unos cuantos de tuantiguogrupo de lanzamiento.
—No podía hacer prácticas solo.
¬óNo voy a permitir que ning√ļn soldado de la escuadra Salamandra ande por ah√≠ con los reclutas. Ahora eres unsoldado.
Ender le miróensilencio.
¬ó¬ŅMe has o√≠do, Ender Wiggin?
¬óS√≠, se√Īor.
¬óNo m√°s pr√°cticas conesos pedorros.
¬ó¬ŅPuedohablar conustedenprivado? ¬ópregunt√≥Ender.
Era una petición que los comandantes estaban obligados a conceder. Bonzo dejó traslucir su irritaciónenla cara, ycondujoa Ender al corredor.
—Escucha, Wiggin, no quiero que estés aquí, estoy intentando librarme de ti, pero no me des problemas ote estamparé contra la pared.
¬ęUnbuencomandante ¬ópens√≥Ender¬ó notiene necesidadde lanzar amenazas est√ļpidas.¬Ľ
Bonzose enfurecióante el silencio de Ender.
¬óOye, me has pedido que saliera, habla entonces.
¬óSe√Īor, hizobienenno ponerme enning√ļnbatall√≥n. No s√© hacer nada.
¬óNo necesitoque me digas loque hagobien.
—Pero voya convertirme enunbuensoldado. No echaré a perder sus ejercicios regulares, pero
voya hacer pr√°cticas, yvoya hacer pr√°cticas conla √ļnica gente que est√° dispuesta a hacer pr√°cticas
conmigo, yesa gente es mi lanzamiento.
¬óT√ļhar√°s loque yote diga, imb√©cil.
¬óDe acuerdo, se√Īor. Cumplir√© todas las √≥rdenes que est√© autorizado a darme. Pero el juego libre es libre. Nadie puede obligarme a hacer nada. Nada. Nadie.
Podía ver cómo se acaloraba Bonzo. El acaloramiento era malo. Ender era frío, y sabía aprovecharlo. Bonzose acaloraba, luegolo aprovecharía.
¬óSe√Īor, tengo que pensar enmi carrera. No interferir√© ensus entrenamientos ni ensus batallas, pero alguna vez tengo que aprender. No le ped√≠ que me pusiera en su escuadra, est√° intentando intercambiarme encuanto pueda. Pero nadie me querr√° si no s√© hacer nada, ¬Ņno? Perm√≠tame aprender algoyas√≠ se podr√° librar de m√≠ antes yconseguir a cambiounsoldado que pueda servirle.
Bonzo no era tan est√ļpido como para que la ira le impidiera reconocer lo que ten√≠a sentido
cuando looía. De todas formas, nopodía borrar suira inmediatamente.
—Mientras estés enla escuadra Salamandra, obedecerás.
—Si intenta controlar mi tiempode juegolibre, puedo hacer que le frían.
Era probable que no fuera cierto. Pero era posible. Indudablemente, si Ender armaba jaleo, era concebible que Bonzo corriera el riesgo de perder su condición de comandante por interferir con el juego libre. Además, estaba claro que los oficiales veían algo en Ender, por algo le habían ascendido. Alomejor tenía suficientes influencias entre los profesores para freír a alguien.
—¡Cabrón!—dijoBonzo.
¬óNo es culpa m√≠a que me haya dadoesa ordendelante de todos ¬ódijoEnder¬ó. Perosi quiere, har√© comoque ustedha ganado. Yma√Īana podr√° decirme que ha cambiado de idea.
¬óNo necesitoque me digas loque tengoque hacer.
Bonzo le odiaba, por su generosidad. Era como si Ender le estuviera obedeciendo como haciéndole un favor. Con descaro, y sin embargo no tenía alternativa. Ninguna alternativa. No se le ocurrió pensar que era por su culpa, por haber dado a Ender una orden que no era razonable. LoÚnico que sabía era que Ender le había derrotado y que luego le había pasado la derrota por las narices mostrándose magnánimo.
¬óAlg√ļnd√≠a te pillar√© ¬ódijo Bonzo,
¬óProbablemente ¬ódijoEnder.
Las luces se apagaron y la sirena sonó. Ender entró en el dormitorio con expresión de abatimiento. Derrotado. Irritado. Los demás chicos sacaronla conclusiónobvia.
Ypor la ma√Īana, cuandoEnder iba a desayunar, Bonzole detuvoyle habl√≥envozalta: ¬óHe cambiado de idea, renacuajo. A lo mejor aprendes algo haciendo pr√°cticas con tus
reclutas ypuedointercambiarte m√°s f√°cilmente. Cualquier cosa contal de librarme de ti cuantoantes.
¬óGracias, se√Īor¬ódijo Ender.
—De nada —susurró Bonzo—. Esperoque salgas frito.
Ender sonri√≥ agradecido y sali√≥ del dormitorio. Despu√©s del desayuno, practic√≥ de nuevo con Petra. Se pas√≥ la tarde observando los ejercicios de Bonzo e imaginando formas de destruir su escuadra. Durante el juego libre, √©l y Alai y los dem√°s trabajaron hasta el agotamiento. ¬ęPuedo hacerlo ¬ópens√≥Ender echadoenla cama, concalambres enlos m√ļsculos¬ó. Puedoconseguirlo.¬Ľ
La escuadra Salamandra ten√≠a una batalla cuatro d√≠as despu√©s. Ender sigui√≥ a los soldados de verdad que corr√≠anal trote por los corredores que llevabana la sala de batalla. Hab√≠a dos bandas en las paredes, la verde verde marr√≥n de Salamandra y la negra blanca negra de C√≥ndor. Cuando llegaron al lugar donde hab√≠a estado siempre la sala de batalla, hoy el corredor se divid√≠a en dos, con la se√Īalizaci√≥n verde verde marr√≥n indicando hacia la izquierda y la negra blanca negra a la derecha. Otro giroa la derecha, yla escuadra se detuvo frente a una pareddesnuda.
Los batallones formaron en silencio. Ender se quedó atrás. Bonzo estaba dando sus
instrucciones.
¬óAse agarra a los asideros ysube. Ba la izquierda, Ca la derecha, Dabajo.
Comprob√≥ que los batallones estabanorientados siguiendosus instrucciones, yluegoa√Īadi√≥:
¬óY t√ļ, renacuajo, espera cuatro minutos y luego lim√≠tate a atravesar la puerta. Ni siquiera
saques la pistola del traje.
Ender asintió conla cabeza. De repente, la pared que había detrás de el se hizo transparente. No era por lo tanto una pared, sino un campo de fuerza. La sala de batalla era diferente también. En el aire estaban suspendidas enormes cajas marrones, obstruyendo parcialmente la visión. Luego ésos eranlos obstáculos que los soldados llamabanestrellas. Parecíanestar distribuidas al azar. ABonzo parecía no preocuparle dónde estaban. Aparentemente, los soldados ya sabían cómo desenvolverse conlas estrellas.
Pero Ender, sentado observando la batalla desde el corredor, no tard√≥ endarse cuenta de que no sab√≠an desenvolverse con las estrellas. No sab√≠an aterrizar con suavidad en una y utilizarla como cobertura, ni la t√°ctica para asaltar la posici√≥n del enemigo en una estrella. No mostraron el m√°s m√≠nimo conocimiento de qu√© estrellas eranimportantes. Se empe√Īaronenasaltar estrellas que pod√≠an haber pasadopor alto desliz√°ndose por las paredes hasta una posici√≥nm√°s avanzada.
El otro comandante se aprovechaba del error estratégico de Bonzo. La escuadra Cóndor obligaba a los Salamandras a emprender costosos asaltos. Cada vez había menos Salamandras sin congelar para emprender el ataque a la siguiente estrella. Al cabo de cinco o seis minutos, estaba claroque la escuadra Salamandra nopodría derrotar al enemigo atacándole.
Ender atravesó la puerta. Planeó ligeramente hacia abajo. Las salas de batalla en las que había hecho prácticas siempre tenían la puerta y el suelo al mismo nivel. En las batallas reales, sin embargo, la puerta estaba enel centrode la pared, a la misma distancia del sueloque del techo.
De golpe, se sintió reorientado, como había pasado en el transbordador. Lo que había estado abajo estaba ahora arriba, yahora a unlado. Engravedad cero no había razónpara seguir orientado de la misma forma que enel corredor. Mirando a las puertas perfectamente cuadradas, era imposible decir qué dirección era antes arriba. Y no importaba. Porque ahora Ender había dado con la orientaciónque tenía sentido. La puerta del enemigo estaba abajo. El objeto del juego era caer sobre la sede del enemigo.
Ender realiz√≥ los movimientos que le orientaran en su nueva direcci√≥n. En vez de estar totalmente desplegado, presentando todo su cuerpo al enemigo, Ender iba ahora con las piernas apuntando hacia el enemigo. Era unblancomuchom√°s peque√Īo.
Alguien lo vio. Al fin y al cabo, iba a la deriva en el espacio abierto. Instintivamente, levantó las piernas. En ese momento le irradiaron, y las perneras de su traje se congelaron en esa posición. Sus brazos seguían descongelados, pues sin un impacto directo en el cuerpo sólo se congelaban los miembros que habíansido acertados. Ender se dio cuenta de que si no hubiera presentado sus piernas al enemigo, le habríandadoenel cuerpo. Habría quedadoinmovilizado.
Como Bonzo le hab√≠a ordenado no sacar el arma, Ender sigui√≥ a la deriva, sinmover la cabeza ni los brazos, como si le hubierancongelado tambi√©n. El enemigo le ignoraba yconcentraba el fuego en los soldados que estaban disparando. Era una batalla amarga. Inferior en n√ļmero ahora, la escuadra Salamandra ced√≠a terreno poco a poco. La batalla se desintegr√≥ en una docena de enfrentamientos individuales. La disciplina de Bonzo daba ahora sus frutos, pues cada Salamandra congelado se llevaba por delante por lo menos un enemigo. Nadie corri√≥ o se dej√≥ llevar por el p√°nico, todos permanec√≠anencalma yapuntabanconcuidado.
Petra era especialmente mort√≠fera. La escuadra C√≥ndor se dio cuenta ypuso todo suempe√Īo en congelarla. Congelaron primero el brazo con que disparaba, y su retah√≠la de maldiciones s√≥lo fue interrumpida cuando la congelaron totalmente y su casco se cerr√≥ sobre su mand√≠bula. En unos minutos, todohab√≠a acabado. La escuadra noofrec√≠a m√°s resistencia.
Ender advirtió conplacer que Cóndor sólo podía reunir los cinco soldados mínimos necesarios para abrir la puerta a la victoria. Cuatro de ellos tocaronconsus cascos los puntos iluminados de las cuatro esquinas de la puerta de Salamandra, mientras el quinto atravesaba el campo de fuerza. Aquello ponía fin al juego. Las luces volvieron a brillar con la luminosidad máxima, y Anderson saliópor la puerta de profesores.
¬ęPod√≠a haber sacado la pistola ¬ópens√≥ Ender¬ó cuando el enemigo se acercaba a la puerta. Pod√≠a haber sacado la pistola ydisparado a uno de ellos, yno habr√≠anquedado suficientes. El juego pod√≠a haber acabado en empate. Sin cuatro nombres para tocar las cuatro esquinas y un quinto hombre para atravesar la puerta, C√≥ndor no habr√≠a conseguido la victoria. Bonzo, est√ļpido de mierda, te pod√≠a haber salvado de esta derrota. A lo mejor incluso la habr√≠a convertido en una victoria, pues estabansentados ah√≠, blancos f√°ciles, yal principio no habr√≠ansabido de d√≥nde ven√≠an los tiros. Nosoytanmal tirador como para no hacer eso.¬Ľ
Pero las √≥rdenes eran las √≥rdenes, y Ender hab√≠a prometido obedecer. Le produjo cierta satisfacci√≥n el hecho de que el recuento oficial de la escuadra Salamandra presentaba, no los esperados cuarenta yuneliminados o inutilizados, sino cuarenta eliminados yunda√Īado. Bonzo nolo entend√≠a, hasta que consult√≥ el libro de Anderson y descubri√≥ qui√©n era. ¬ęDa√Īado, Bonzo ¬ópens√≥ Ender¬ó. Todav√≠a pod√≠a disparar.¬Ľ Esperaba que Bonzo se le acercara yle dijera: ¬ęLa pr√≥xima vez, si pasa lo mismo, puedes disparar.¬Ľ Pero Bonzo no le dijo absolutamente nada hasta la ma√Īana siguiente, despu√©s del desayuno. Naturalmente, Bonzo comi√≥ con el grupo de comandantes, pero Ender estaba bienseguro que el extra√Īo marcador causar√≠a tanto revuelo all√≠ como hab√≠a causado en el comedor de los soldados. En todos los juegos que no terminaban en empate, todos los miembros del equipo perdedor quedaban eliminados (totalmente congelados) o inutilizados, lo que significaba que segu√≠anteniendo algunas partes del cuerpo sincongelar pero no pod√≠andisparar o infligir ning√ļn da√Īo al enemigo. La escuadra Salamandra era la √ļnica escuadra vencida con un hombre en la clasificaci√≥nDa√Īados peroActivos. Ender no adelant√≥ninguna explicaci√≥n, pero los otros miembros de la escuadra Salamandra hicieronp√ļblico por qu√© hab√≠a ocurrido eso.Ycuando le preguntaronpor qu√© no hab√≠a desobedecido las √≥rdenes y disparado, respondi√≥ con calma: ¬ęYo obedezco las √≥rdenes.¬Ľ
Después del desayuno, Bonzole miró.
—La ordensigue enpíe —dijo—, ynoloolvides.
¬ęLo pagar√°s caro, idiota. Puedo no ser unbuensoldado, pero s√≠ puedo ayudar y, no hayninguna raz√≥npara que no me lopermitas¬Ľ, se dijo Ender.
Ender nodijo nada.
Un interesante efecto secundario de la batalla fue que Ender subi√≥ a la cabeza de la lista de eficacia de los soldados. Como no hab√≠a disparado ning√ļntiro, ten√≠a unresultado perfecto enel tiro: ning√ļn fallo. Y como no hab√≠a sido eliminado ni inutilizado, su porcentaje en este aspecto era excelente. No hab√≠a nadie cerca de √©l. Esto hizo que muchos chicos se rieran, y que otros se enfadaran, peroenla lista de eficacia, Ender era ahora el l√≠der.
Sigui√≥ sentado fuera durante las sesiones pr√°cticas de la escuadra, ysigui√≥ trabajando duro por sucuenta, conPetra por la ma√Īana yconsus amigos por la noche.Ahora se les un√≠anm√°s reclutas, no por divertirse sino porque ve√≠an resultados: mejoraban d√≠a a d√≠a. De todas formas, Ender y Alai segu√≠an siendo mejores. Enparte, porque Alai continuaba probando cosas nuevas, lo que obligaba a Ender a pensar en nuevas t√°cticas para hacerles frente. En parte, porque segu√≠an cometiendo errores est√ļpidos, que suger√≠an cosas que ning√ļn soldado que se preciara de serlo habr√≠a probado nunca. Muchas de las cosas que probaban resultaban ser in√ļtiles. Pero siempre era divertido, siempre era excitante, yconsiguieronsuficientes cosas que sab√≠anque serv√≠anpara algo. Las √ļltimas horas de la tarde eranlas mejores del d√≠a.
Las dos batallas siguientes fueronfáciles victorias de Salamandra; Ender entró al cabo de cinco minutos y siguió sin ser tocado por el enemigo derrotado. Ender empezó a pensar que la escuadra Cóndor, que les había vencido, era especialmente buena; la escuadra Salamandra, por débil que fuera la capacidad estratégica de Bonzo, era uno de los mejores equipos, ysubía ininterrumpidamente enla clasificación, disputandola cuarta plaza a la escuadra Rata.
Ender cumpli√≥ los siete a√Īos. No hab√≠a granafici√≥na las fechas ylos calendarios enla Escuela de Batalla, pero Ender hab√≠a dado conla forma de hacer visible la fecha ensuconsola, yse acord√≥ de su cumplea√Īos. La escuela tambi√©n se acord√≥; le tomaron las medidas y le dieron un nuevo uniforme Salamandra yunnuevo traje refulgente para la sala de batalla. Volvi√≥ al cuartel conla ropa nueva puesta. Se sent√≠a extra√Īoyholgado, cornosi supiel ya nole ajustara bien.
Quiso detenerse en la litera de Petra y hablarle de su casa, de c√≥mo sol√≠an celebrar su cumplea√Īos, o simplemente decirle que era su cumplea√Īos, para que le felicitara. Pero nadie comentaba los cumplea√Īos. Era infantil. Era lo que hac√≠anlos terr√≠colas. Tartas ycostumbres tontas. Valentine le hizo la tarta el d√≠a de su sexto cumplea√Īos. Se cay√≥ y fue terrible. Ya nadie sab√≠a cocinar, era el tipo de cosas que s√≥lo a Valentine se le pod√≠a ocurrir hacer. Todo el mundo hizo chanzas a cuenta de la tarta, pero Ender guard√≥ untrozo enel armario. Luego le quitaronel monitor y se march√≥, y, por lo que sab√≠a, segu√≠a estando all√≠, un trocito de polvo amarillo grasoso. Nadie hablaba de sucasa, nunca entre soldados; antes de la Escuela de Batalla no hab√≠a habido vida. Nadie recib√≠a cartas, ynadie escrib√≠a. Todos hac√≠ancomo que noles importaba.
¬ęPero a m√≠ me importa ¬ópens√≥ Ender¬ó. La √ļnica raz√≥n por la que estoy aqu√≠ es para que ning√ļn insector le pegue a Valentine un tiro en el ojo, para que le vuelen la cabeza como a los soldados de los v√≠deos de las primeras batallas con los insectores. Para que no le atraviesen la cabeza con un rayo tan caliente que el cerebro reviente el cr√°neo y se derrame como un bizcocho cuando se hincha, como pasaba en mis peores pesadillas, en mis peores noches, cuando me despertaba temblando pero en silencio, debo guardar silencio u oir√°n que echo de menos a mi familia, que quieroirme a casa.¬Ľ
Por la ma√Īana se sinti√≥ mejor. Su casa era s√≥lo un dolor sordo en la parte posterior de su
memoria. Uncansancio enlos ojos. Esa ma√Īana Bonzoentr√≥cuando se estabanvistiendo.
—¡Trajes refulgentes!—gritó.
Iba a haber una batalla. El cuartojuegode Ender.
El enemigo era la escuadra Leopardo. Ser√≠a f√°cil. Leopardo era nueva, y estaba siempre en el √ļltimo cuarto de la clasificaci√≥n. Hab√≠a sido organizada s√≥lo seis meses antes, conPol Slatterycomo comandante. Ender se puso su nuevo traje de batalla y se aline√≥; Bonzo le sac√≥ a empujones de la l√≠nea y le hizo desfilar el √ļltimo: ¬ęNo necesitabas hacer esto ¬ódijo Ender en silencio¬ó. Pod√≠as haberme dejadoestar enla l√≠nea.¬Ľ
Ender observ√≥ desde el corredor. Pol Slattery era joven, pero era listo, ten√≠a algunas ideas nuevas. Mantuvo a sus soldados enmovimiento, saltando de una estrella a otra, desliz√°ndose por las paredes para ponerse por detr√°s o por encima de los imperturbables Salamandra. Ender sonri√≥. Bonzo estaba irremediablemente confundido, y tambi√©n sus hombres. Leopardo parec√≠a tener hombres en todos sitios. De todas formas, la batalla no fue tan desigual como parec√≠a. Ender se dio cuenta de que Leopardo tambi√©n estaba perdiendo muchos hombres; su temeraria t√°ctica les expon√≠a demasiado. Lo que importaba sin embargo era que Salamandra se sent√≠a derrotada. Hab√≠an cedido totalmente la iniciativa. Aunque todav√≠a estaban igualados con el enemigo, se apretaban unos contra otros como el √ļltimo superviviente de una masacre, como si esperaranque el enemigo se olvidara de ellos enla carnicer√≠a que se avecinaba.
Ender se deslizó lentamente por la puerta, orientado de forma que la puerta del enemigo estuviera abajo, y planeó lentamente en dirección este hasta una esquina donde no fuera advertido. Incluso se disparó a las piernas para mantenerlas en la posición de rodillas, que le ofrecía la mejor protección. Parecía, a cualquier mirada casual, como cualquier otro soldado congelado que estaba a la deriva fuera del campode batalla.
Conla escuadra Salamandra esperando miserablemente sudestrucción, la escuadra Leopardo no tenía más remedio que destruirla. Les quedaban nueve chicos cuando Salamandra dejó por fin de disparar. Formaronycomenzarona abrir la puerta de Salamandra.
Ender apunt√≥ cuidadosamente con el brazo extendido, como Petra le hab√≠a ense√Īado. Antes de que nadie se diera cuenta de lo que estaba pasando, congel√≥ a tres de los soldados que estaban a punto de apretar sus cascos contra las esquinas iluminadas de la puerta. Entonces, los otros le apuntaronydispararon, pero al principio s√≥lo acertaronensus piernas ya congeladas. Le dio tiempo de acertar a los otros dos de la puerta. A Leopardo le quedaban s√≥lo cuatro hombres sin congelar cuando, al final, dieron a Ender en el brazo y le inutilizaron. El juego hab√≠a acabado en empate, y todav√≠a no le hab√≠andado enel cuerpo. Pol Slatteryestaba furioso, pero no hab√≠a habido juego sucio. Todos los de la escuadra Leopardodieronpor supuesto que hab√≠a sido una estrategia de Bonzo, dejar a unhombre hasta el √ļltimo minuto. No se les ocurri√≥ pensar que el peque√Īo Ender hab√≠a disparado contraviniendo las √≥rdenes. Pero la escuadra Salamandra lo sab√≠a. Bonzo lo sab√≠a, yEnder vio enla mirada de su comandante que le odiaba por salvarle de una derrota total. ¬ęNo me importa¬óse dijo Ender¬ó. Har√° que sea m√°s f√°cil lograr el intercambio, y, adem√°s, no bajar√°s demasiado en la clasificaci√≥n. Interc√°mbiame. He aprendido todo lo que puedo aprender de ti. Perder con clase, eso es lo √ļnicoque sabes hacer, Bonzo.¬Ľ
¬ę¬ŅQu√© he aprendido hasta ahora? ¬óEnder enumer√≥ varias cosas en voz baja mientras se desvest√≠a al lado de la litera¬ó. La puerta del enemigo est√° abajo. Usar las piernas como escudo. Dejar una peque√Īa reserva hasta el final del juego puede ser decisivo. Yalgunas veces los soldados puedentomar decisiones m√°s inteligentes que las √≥rdenes que hanrecibido.¬Ľ
Desnudo, estaba a punto de saltar de la cama cuando Bonzo vino hacia √©l, con la cara r√≠gida y tensa. ¬ęHe visto a Peter as√≠ ¬ópens√≥ Ender¬ó, ensilencio yconla muerte enlos ojos. Pero Bonzo no es Peter. Bonzotiene m√°s miedo.¬Ľ
¬óWiggin, por fin te he intercambiado. He conseguido persuadir a la escuadra Rata de que tu
incre√≠ble posici√≥nenla lista de eficacia es algom√°s que unaccidente. Te vas conellos ma√Īana.
¬óGracias, se√Īor ¬ódijoEnder.
Quiz√° son√≥ demasiado agradecido. S√ļbitamente, Bonzo se inclin√≥ hacia √©l yle dio una bofetada ferozenla mand√≠bula. Ender trastabill√≥ hacia unlado yestuvo a punto de caer enla litera. Entonces, Bonzo le peg√≥unpu√Īetazoenel est√≥mago. Ender cay√≥de rodillas.
¬óMe has desobedecido ¬ódijo Bonzo, envozalta para que le oyerantodos¬ó. Unbuensoldado nodesobedece nunca.
Incluso mientras gritaba de dolor, Ender no pudo evitar sentir el placer de la venganza en los murmullos que se levantaronpor el cuartel. ¬ęEres idiota, Bonzo. No estas imponiendo disciplina, la est√°s destruyendo. Saben que he convertido una derrota en un empate. Y ahora ven c√≥mo me recompensas. Te has comportado de una forma est√ļpida a la vista de todos los dem√°s. ¬ŅCu√°nto vale tudisciplina ahora?¬Ľ
El d√≠a siguiente, Ender dijo a Petra que, por supropio bien, deb√≠anponer fina las pr√°cticas de tiro de la ma√Īana. No conven√≠a que Bonzo viera en ello algo que le pareciera unreto, ypor eso era mejor que se mantuviera alejada de Ender durante untiempo. Loentendi√≥perfectamente.
¬óAdem√°s ¬ódijo¬ó, est√°s muycerca de llegar a tuc√ļspide como tirador.
Dejó la consola yel traje refulgente enel casillero. Elevaría suuniforme Salamandra hasta que pudiera ir a intendencia y cambiarlo por el marrón y negro de la escuadra Rata. No había traído ninguna pertenencia; no se llevaría ninguna. No había nada que llevarse: todo lo que tenía de valor estaba enel ordenador de la escuela o ensucabeza yensus manos.
Utiliz√≥ una de las consolas p√ļblicas de la sala de juego para inscribirse enuncurso de combate cuerpo a cuerpo en gravedad terrestre, durante la hora inmediatamente posterior al desayuno. No ten√≠a la intenci√≥nde vengarse de Bonzo por haberle golpeado. Pero s√≠ ten√≠a la intenci√≥nde procurar que nadie pudiera hacerle lomismo otra vez.