23 - La trompeta perdida

Finales de primavera, 3E1602
[Este año]

Muy lejos en dirección sudeste, en las laderas meridionales de las montañas del Murallón Sombrío, en la fortaleza de Kachar, dos hermanos conversaban sobre el botín y sobre un tesoro guardado antiguamente en Piedra Negra.
—¿Y esos jinetes te dejaron ver el botín? —Quien hablaba era Thork.
—Sí —gruñó Baran, ahora DelfSeñor de la fortaleza de los enanos—. Se pavonearon delante de nuestras riquezas robadas como una banda de burlones merodeadores mostraría a las víctimas de sus fechorías el fruto de sus rapiñas.
Los dos estaban sentados en el taller de Brak. Seguían refiriéndose a aquella estancia como el taller de Brak, por más que su padre hubiera muerto, y se preparaban para la inminente batalla.
—¿Y qué hay del cuerno? ¿Lo viste? —Thork pulía su flamante escudo de piel de dragón con un paño suave, y la luz verdeazul de las linternas de los enanos hería las escamas haciéndolas centellear y desparramando chispas de luz.
—No —gruñó Baran—. Miramos el tesoro un buen rato y con insistencia, pero no lo vimos. Ahora bien, eso no significa que no esté allí. Es pequeño, y fácilmente pudo quedar oculto debajo de los montones de plata y de oro.
—Tal vez esté en el fondo del mar —murmuró Thork—, porque Tarken dijo que los jordios aseguran que la mayor parte del tesoro fue a reunirse con los madûks en el Gran Maelstrom.
—Tal vez, Thork. Tal vez. —Baran frotó con un trapo empapado en aceite los eslabones de su malla de hierro negro—. Y también es posible que fuera destruido por la baba hirviente de Sleeth, aunque el maestro herrero Kaor dice que las tradiciones aseguran que está hecho de silvestrella, y que ni siquiera la baba del dragón es capaz de empañar su superficie; al menos, eso es lo que se supone.
De repente, Baran dio un puñetazo a la mesa.
—¡Arr! ¡Todas esas conjeturas y cavilaciones no tienen sentido! Cuando acabemos con los jinetes, sabremos a qué atenernos, porque entonces recuperaremos lo que en justicia nos pertenece..., entonces podremos estar seguros.
Se hizo una larga pausa, en la que los dos guardaron silencio.
—Sería una desgracia que la trompeta cayera en las manos de quien no debe —dijo finalmente Baran, con voz grave.
La puerta se abrió de repente, y apareció un explorador salpicado de barro, con un tipo de calzado que hacía resonar la piedra al caminar. Se aproximó al DelfSeñor y se inclinó ante él.
—Rey Baran, he venido a toda prisa de la ladera norte, por los caminos secretos, a informaros de que los jinetes se aproximan al Murallón Sombrío. Saldrán del paso de Kaagor mañana hacia el mediodía, y vienen en gran número.