15 - El bosque de los lobos

Finales de verano y comienzos de oto√Īo, 3E1602
[Presente]

Alrededor de ellos se extend√≠a el bosque de los Lobos, silencioso y sombr√≠o; y un nuevo bramido vibrante, como surgido de H√®l, lleg√≥ hasta sus o√≠dos. En el claro estaban en pie los dos guerreros heridos, espalda contra espalda para protegerse, a la espera de la √ļltima batalla.
¬óRecuerdo ¬ógru√Ī√≥ el enano¬ó que all√≠ donde corren los vulgs, tambi√©n suelen andar los grg.
¬ó¬ŅGrg? ¬ópregunt√≥ la mujer¬ó. ¬ŅQuieres decir los wrg? ¬ŅLos rutena, los drokha?
¬óS√≠, los grg ¬órespondi√≥ el ch√Ęk¬ó. Ukh y hrok, es lo mismo. Y tambi√©n tienen otros nombres: khol, y m√°s a√ļn. Pero les des el nombre que les des, el tuyo o el m√≠o, suelen merodear juntos con los vulgs.
—Ay de mí, Thork —dijo la doncella guerrera con voz cargada de fatiga—. Si estuviéramos descansados, y con tu hombro y mis costillas sanos, daríamos a esos hèlcorredores su merecido.
—Dama Elyn —replicó Thork—, démosles un buen repaso a pesar de todo.
Varón y hembra se pusieron en guardia, alzando sable y martillo de combate, y aguardaron al enemigo en la noche; las remotas estrellas parpadeaban sobre sus cabezas, y la Luna en cuarto menguante navegaba silenciosa por el cielo.
—¡Chis! —susurró Thork—, ya vienen.
Elyn mir√≥, y vio una gran forma negra que surg√≠a al trote de entre los √°rboles. Parec√≠a un lobo, pero no lo era; era un vulg grande, que med√≠a cerca de un metro desde las pezu√Īas hasta la paletilla. Sus malignos ojos amarillos brillaban como brasas a la luz de la Luna. Una lengua roja asomaba por entre los colmillos retorcidos plantados en una mand√≠bula aplastada, de la que goteaba una baba virulenta. ¬ęLa mordedura del vulg negro mata de noche¬Ľ: el antiguo dicho acudi√≥ espont√°neamente a la mente de Elyn. Otros dos ejemplares muy grandes aparecieron a la vista, entre las sombras, con sus poderosos m√ļsculos contray√©ndose y distendi√©ndose en cada salto, bajo la hirsuta piel de color negro. Detr√°s ven√≠an al menos una docena m√°s, que se quedaron merodeando de un lado a otro por el borde del claro, mientras observaban a su presa desde lejos.
El coraz√≥n de Elyn lat√≠a desacompasado, y el miedo la invadi√≥ haciendo desaparecer la fatiga. Clav√≥ el sable en tierra, delante de ella, se sec√≥ las palmas de las manos en el arn√©s de cuero, y volvi√≥ a empu√Īar el arma.
M√°s vulgs se unieron a la manada y fueron a colocarse a derecha e izquierda de los anteriores, formando un amplio c√≠rculo en el borde del claro. Y Elyn y Thork se estremecieron al sentir de nuevo fija en ellos la mirada maligna de aquellos seres. Y en el mismo momento finaliz√≥ la espera porque, como si se hubieran recibido una se√Īal secreta, los vulgs se pusieron en movimiento, con aullidos que helaban la sangre, y se precipitaron como una maldici√≥n negra hacia el centro del claro, donde las dos v√≠ctimas observadas tan largamente esperaban en lo alto del mont√≠culo.
¬ó¬ŅLista, guerrera? ¬ómurmur√≥ Thork.
—Lista, guerrero —respondió Elyn.
Caían ya sobre ellos horrendos vulgs, relampagueantes los ojos amarillos, colgantes las lenguas rojas, goteando la baba virulenta, aullando a los guerreros heridos.
¬ó¬°Ch√Ękka shok! ¬°Ch√Ękka cor! ¬ólanz√≥ Thork el antiguo grito de combate de los enanos.
—¡Háljordreich! [¡Salud al reino de Jord!] —contestó Elyn, que se volvió para hacer frente a la manada pronta a caer sobre ellos, y tomó posición ahora a la izquierda de Thork, el sable en alto, dispuesta a asestar un golpe mortal. También Thork cambió de posición para hacer frente a la feroz manada y levantó el martillo para golpear.
Los vulgs aulladores corrieron hacia los dos; de sus gargantas y sus pechos salían gritos guturales, y los negros cuerpos de los componentes de la horrenda manada, saltando y cortando el aire como movidos por poderosos resortes, caían ya sobre la pareja de guerreros.
Y de s√ļbito, desde detr√°s de Elyn y Thork, aparecieron relampagueantes unas grandes sombras plateadas, que se arrojaron con gru√Īidos amenazadores contra los negros asaltantes.
¬ę¬°Lobos! ¬°Lobos plateados!¬Ľ Surgidos al parecer de la nada, llegaban los Lobos de las leyendas, una docena o m√°s de aquellos animales de plata, casi tan grandes como ponis pero r√°pidos como centellas, con largos colmillos que mord√≠an y desgarraban a los negros vulgs, haci√©ndolos rodar sin vida. Y se entabl√≥ una batalla furiosa en torno a la pareja firme en el mont√≠culo del claro, que hab√≠a olvidado sus propias armas por el asombro de aquella aparici√≥n imprevista.
Pero de s√ļbito Thork se precipit√≥ hacia adelante, sacudi√©ndose el estupor. ¬°Chunk!, su martillo aplast√≥ la cabeza de un vulg, y la criatura cay√≥ muerta a sus pies.
Tambi√©n Elyn empez√≥ a manejar su sable. ¬°Sssh!, el ancho surco que abri√≥ en el flanco de uno de aquellos seres aulladores no pareci√≥ tener otro efecto que irritarlo en contra de ella; pero casi al instante cay√≥ a sus pies con la garganta abierta, aunque Elyn no hab√≠a dado ning√ļn otro tajo.
Por el rabillo del ojo, Elyn creyó que veía..., a alguien, pero al volverse en esa dirección, no había nadie. Aun así, otro vulg cayó muerto, y de su garganta degollada manaba a borbotones una sangre negra.
El claro se hab√≠a llenado de terribles gru√Īidos, tan fuertes que el sonido parec√≠a abarcar todo el mundo; se desencaden√≥ una incre√≠ble violencia y los mordiscos, los golpes y los estertores se multiplicaron en el claro, por el que paseaba la Muerte con una mano √°vida que arrastraba las almas a sus profundidades. Los Lobos plateados se hab√≠an lanzado a una tremenda batalla, y sus grandes mand√≠bulas quebraban, desgarraban y abat√≠an uno tras otro a los vulgs enemigos.
Y las criaturas de la oscuridad huyeron entre gimoteos, incapaces de resistir a aquellos archienemigos plateados; pero los Lobos persiguieron a los vulgs y saltaron sobre sus lomos hasta exterminarlos a todos. Ni uno tan sólo de los vulgs consiguió escapar del claro aquella noche.
Y cuando todo hubo acabado, en alg√ļn lugar, en ninguna parte, en todas partes a la vez, son√≥ un silbido, y los Lobos plateados regresaron al mont√≠culo central del claro, una vez concluido su trabajo nocturno.
Elyn y Thork los vieron regresar, reunirse en círculo alrededor de la pareja y sentarse expectantes, con las lenguas asomando por entre sus colmillos relucientes. Elyn pudo ver entonces que su piel era de un deslumbrante color blanco, casi transparente, que reflejaba la luz de la Luna como un espejo de plata.
Y ¡oh!, de repente apareció un hombre entre el enano y la doncella guerrera, con un cuchillo largo en la mano. ¡No! ¡No era un hombre, sino tal vez un elfo! Pareció materializarse en el aire límpido: no había nada, y en el instante siguiente estaba él.
Thork retrocedi√≥ con un gru√Īido, y coloc√≥ en guardia su martillo. Tambi√©n Elyn ten√≠a su arma cruzada sobre el pecho, en actitud defensiva.
Pero el hombre, o el elfo, después de inclinarse para limpiar la hoja de su cuchillo en la hierba alta, dijo en tono amable:
¬óSoy un amigo.
Se enderez√≥ de nuevo y envain√≥ la hoja limpia en la vaina que pend√≠a de su cinto; y despu√©s se√Īal√≥ con un amplio gesto a los sonrientes Lobos que los rodeaban:
—Y éstos son amigos míos.
Su estatura era la de un hombre, metro ochenta aproximadamente, superior a la de la mayor√≠a de los elfos, pero ten√≠a los ojos lev√≠simamente achinados y las orejas puntiagudas, aunque menos de lo que uno esperar√≠a. El cabello largo y blanco le ca√≠a hasta m√°s abajo de los hombros, con un resplandor muy parecido al de la piel de los Lobos plateados, aunque un poco m√°s oscuro; a pesar de la blancura de sus cabellos no parec√≠a tener m√°s de treinta a√Īos. Iba vestido con pieles suaves de color gris, sujetas en las caderas por un cintur√≥n negro con hebilla de plata. Los pies estaban enfundados en botas negras, de un material ligero que se deslizaba sin ruido al pisar el suelo. Los ojos eran penetrantes como los de un √°guila, de un color posiblemente gris, aunque resultaba dif√≠cil asegurarlo a la p√°lida luz de la Luna en cuarto menguante. En su garganta se percib√≠a un reflejo plateado, tal vez un amuleto colgado de una correa de cuero.
¬óYo soy Thork, del mineholt de Kachar ¬ógru√Ī√≥ el enano guerrero, bajando su martillo¬ó, y √©sta es Elyn de Jord.
El elfo, o el hombre, pareció confuso por unos momentos, e inclinó la cabeza hacia un lado, como si buscara un recuerdo que se le escapaba.
—Nombres..., ah sí, nombres —respondió al fin, sacudiendo la cabeza con aire divertido—. Lo había olvidado. Llamadme... llamadme el Mago-lobo, un nombre que tuve en otro tiempo.
¬ó¬ŅMago-lobo? Pero √©se es el nombre del mago del bosque de los Lobos.
Por la mente de Elyn desfilaron antiguas leyendas, y su mirada se paseó por los Lobos plateados, al tiempo que recordaba una canción de Trent el Bardo sobre un mago que vivía con los lobos.
El magus mostró las palmas de sus manos, y luego indicó con un gesto la selva que los rodeaba.
—Dama Elyn, éste es el bosque de los Lobos.
¬óPero se dice que el mal ha sido proscrito del bosque de los Lobos ¬óy la mirada de la doncella guerrera se detuvo en los vulgs muertos¬ó, y sin embargo el mal ha penetrado en su interior.
Un golpe de ira oscureci√≥ el rostro del mago, y un gran Lobo plateado se incorpor√≥ y gru√Ī√≥, inseguro respecto de la fuente de la amenaza. El Mago-lobo se volvi√≥ al Lobo y le habl√≥ en un extra√Īo lenguaje, y el animal se sent√≥ de nuevo.
¬óHa advertido mi ira, ¬Ņno es as√≠, Luzgr√≠s? (as√≠ se llama, si tambi√©n necesit√°is un nombre para √©l). Porque √©l est√° tan desconcertado como yo mismo ante esta incursi√≥n de vulgs en el bosque. Nunca lo hab√≠a invadido un grupo tan numeroso, y adem√°s de forma abierta, en lugar de tratar de cruzarlo inadvertidos. Porque temen a los draega, los Lobos plateados de Adonar.
¬óEsos vulgs han invadido estos bosques porque estaban sedientos de nuestra sangre ¬órefunfu√Ī√≥ Thork¬ó. Son nada m√°s algunos de los enemigos con los que hemos debido enfrentarnos las √ļltimas noches.
—Aun así —respondió el Mago-lobo—, lo normal sería que prosiguieran su persecución a distancia, en lugar de correr entre estos árboles.
¬óEl mal nos ha dado caza durante casi una quincena completa ¬ódijo Elyn¬ó, persigui√©ndonos sin cesar. Desde el Khalina Mire hasta aqu√≠, nos han acosado muchos enemigos viles que buscaban nuestra perdici√≥n. ¬ŅPor qu√©? No lo sabemos. Pero Thork cree, y yo soy de su opini√≥n, que si los vulgs han penetrado en vuestro demesne, ha sido porque est√°bamos nosotros aqu√≠.
El magus se acerc√≥ a uno de los cad√°veres de los vulgs, y Luzgr√≠s se levant√≥ y se coloc√≥ a su lado, dispuesto a atacar en caso de que la criatura diera alg√ļn signo de vida; tambi√©n los dem√°s Lobos plateados se movilizaron, dispuestos a la acci√≥n. De rodillas, el mago coloc√≥ una mano sobre la frente del vulg muerto y permaneci√≥ unos instantes inm√≥vil, con los ojos cerrados. Luego emiti√≥ un breve silbido por entre los dientes apretados, y susurr√≥ una sola palabra:
¬óAndrak.
Las sombras del bosque bailaban en sus rostros mientras la Luna seguía cabalgando a través del cielo nocturno. En torno a ellos, entre los árboles, vigilaba una guardia de plata, una fantasmal manada que se deslizaba sin ruido por los senderos del bosque. Al frente, muy lejos, Luzgrís dirigía sus movimientos y exploraba el camino que conducía a un destino desconocido.
—Necesitáis ayuda —había observado el mago después de incorporarse junto al cadáver del vulg—. Además, estáis heridos. Venid; no es lejos.
—Viento y Cavador —respondió Elyn—, nuestras monturas. Tenemos que encontrarlos. También están heridos, y quisiera atenderlos.
—No temas, están a salvo —replicó el mago—. Yo me encargaré de atenderlos, y los encontraréis dispuestos cuando los necesitéis.
De modo que abandonaron el claro y se dirigieron hacia la espesa arboleda del bosque de los Lobos, que se extendía a su alrededor hasta perderse de vista.
Y avanzaron entre los √°rboles en sombra, protegidos por sus silenciosos guardianes, con la silenciosa Luna y las estrellas sobre sus cabezas.
¬óTen√©is raz√≥n con respecto a los vulgs. Os persegu√≠an a vosotros. ¬°Era un maleficio! Un maleficio de Andrak. Quienes conocemos sus viles haza√Īas podemos advertir la presencia de su mano tenebrosa en este asunto. ¬óElyn y Thork notaron la ira contenida que vibraba en la voz del Mago-Lobo.
¬ó¬ŅUn maleficio? ¬ópregunt√≥ Elyn, con un estremecimiento de aprensi√≥n ante aquella palabra ominosa¬ó. Pero ¬Ņpor qu√©?
¬óFunesto d√≠a aquel en que Andrak fue tentado a dar el primer paso por los caminos de la oscuridad ¬órespondi√≥ el mago¬ó, alejado de la luz por el vil Modru. Y en su malicia, Andrak simul√≥ que aquel paso le costaba un gran sufrimiento; pero ansiaba imponer su voluntad a los indefensos y dominar completamente a los poderosos. Y as√≠, ignoro por qu√© raz√≥n, envi√≥ a r√Ľpt tras las huellas precisamente de vosotros dos, pero s√≠ s√© que sus sue√Īos siniestros le inducen a desear imponerse a un n√ļmero sin cuento de gentes.
¬óEntonces, ¬Ņlos grg nos buscaban a los dos ¬óintervino Thork¬ó, y no tan s√≥lo a uno de nosotros?
—No sabría asegurarlo —respondió el magus—. Lo cierto es que se trata de un maleficio de Andrak; pero qué o a quién pretende destruir, carezco del poder suficiente para poder decirlo.
Y de repente, en la mente de Elyn surgi√≥ uno de los juramentos favoritos de Ruric: ¬ę¬°Por las u√Īas negras de Andrak!¬Ľ, pero se sent√≠a incapaz de imaginar qu√© raz√≥n impulsaba a Andrak a desear mezclarse en sus asuntos.
Caminaron en silencio durante un rato, y finalmente llegaron a un peque√Īo claro herboso del bosque. Bajo el ramaje de los √°rboles se alzaba un peque√Īo cote de piedra, con un techo de paja amarillenta que brillaba al reflejar la luz lunar, y paredes de color gris oscuro. Cruzaron una puerta de madera sujeta por bisagras de cuero, y la luz exterior que entraba por las ventanas ilumin√≥ apenas las siluetas en sombra que acababan de entrar.
¬óSentaos, sois mis invitados.
El Mago-lobo pas√≥ ante Elyn en la oscuridad; pod√≠a o√≠rle abrir cajones, y de alg√ļn lugar lleg√≥ el ruido de vasijas de cristal que entrechocaban. A su derecha, Thork se adelant√≥; Elyn oy√≥ el ruido de una silla arrastrada sobre el piso de madera, e intuy√≥ por las modificaciones de los vol√ļmenes de sombra que el enano se hab√≠a sentado.
—Siéntate, dama Elyn —le llegó de nuevo la voz del mago.
—Pero no puedo ver nada —protestó ella.
—Ay de mí, perdóname.
De s√ļbito una luz amarilla inund√≥ la caba√Īa. El Mago-lobo sosten√≠a una l√°mpara en la mano; Thork estaba sentado a una mesa.
La caba√Īa era sorprendentemente amplia; ¬ętal vez m√°s amplia en el interior que por fuera¬Ľ, pens√≥ Elyn, que inmediatamente desech√≥ aquel pensamiento absurdo.
Con todo, la habitaci√≥n ten√≠a una mesa y cuatro sillas; dos alacenas altas con cajones; una chimenea con morillos de hierro y una le√Īera, adem√°s de hornillos y diversos cacharros para cocinar; una mesa peque√Īa sobre la que hab√≠a un cubo de agua y jab√≥n, y aparte un fregadero con trapos. Una puerta de peque√Īo tama√Īo daba a una despensa; y otra puerta, cerrada, a no se sab√≠a d√≥nde. Detr√°s de Thork, contra la pared y bajo la ventana, hab√≠a una cama peque√Īa.
Todo estaba limpio y bien ordenado: el piso de madera de roble parecía recién barrido, no había platos sucios, y la cama estaba hecha. Aun así, el lugar daba una sensación inequívoca de estar deshabitado.
Elyn tomó una de las sillas de debajo de la mesa y se sentó; su cansancio se impuso entonces como una marea irresistible. Sentía su cuerpo dolorido mientras veía al Mago-
lobo moverse en silencio por la habitación; y a pesar de que sus ojos estaban enrojecidos por la fatiga, la agudeza de su visión era en aquellos momentos preternatural: veía a Thork con tanta claridad que casi le resultaba irreal. Muy pronto, sin embargo, inclinó la cabeza hasta apoyarla en la mesa.
Hubo un momento en que tuvo la sensación de que la transportaban a una cama, y oyó vagamente decir al mago de cabellos plateados:
—Duerme, doncella guerrera, porque aquí estás a salvo. Los draega velarán para que no seas atacada esta noche, y yo tomaré medidas para impedir que el bosque sufra intrusiones de otro tipo.
La ma√Īana estaba ya muy avanzada cuando Elyn se despert√≥ por fin; las sombras de las hojas de los √°rboles, blandamente agitadas por un suave c√©firo en el exterior, jugueteaban con los rayos de Sol que, atravesando la ventana, iban a acariciar su mejilla. Pod√≠a escuchar el susurro apagado del agua hirviendo, y al volver la cabeza vio colocado en el hogar, sobre las brasas al rojo, un gran caldero del que escapaba hacia el techo una columna de vapor. Sobre el piso hab√≠a colocado un barre√Īo vac√≠o, como una invitaci√≥n. Encogida de dolor por sus costillas rotas, Elyn se levant√≥ renqueante de la cama y se puso en pie. Estaba sola en la caba√Īa.
La puerta cerrada la noche anterior estaba ahora abierta a una habitaci√≥n distinta; y en el interior de √©sta se ve√≠a una gran ba√Īera de madera. Caminando con los pies descalzos ¬ó¬ę¬Ņqui√©n me quit√≥ las botas anoche?¬Ľ¬ó, se acerc√≥ a la ba√Īera y vio que estaba parcialmente llena de agua cristalina, fr√≠a al tacto. Sobre una banqueta hab√≠a dispuesta una bata de una tela suave de color gris.
Utilizando repetidas veces el barre√Īo, a√Īadi√≥ agua caliente a la fr√≠a, elevando su temperatura casi hasta el l√≠mite que pod√≠a soportar. Se quit√≥ sus manchados arreos de cuero y se introdujo muy despacio en la ba√Īera, dubitativamente, con exquisito cuidado, hasta sumergirse en el c√°lido vapor, para acostumbrar poco a poco su piel al agua humeante, y relajarse y gozar de aquel calor sofocante que le hac√≠a olvidar sus heridas, sus magulladuras y sus costillas rotas.
No habr√≠a sabido decir cu√°nto tiempo permaneci√≥ all√≠ sumergida, pero fue lo bastante para que se arrugara la piel de la yema de sus dedos; finalmente, cuando la temperatura del agua hab√≠a ya disminuido sensiblemente, con un jab√≥n levemente arom√°tico que encontr√≥ en un estante lateral se frot√≥ todo el cuerpo, empezando por lavarse el cabello. Se enjabon√≥ la cara y los brazos, y despu√©s el resto del cuerpo, y estaba enjuag√°ndose cuando el Mago-lobo, cargado con vendas, entr√≥ con paso decidido en el cuarto de ba√Īo.
Ruborizada, Elyn intent√≥ cubrirse ¬óla toalla de ba√Īo le pareci√≥ rid√≠culamente peque√Īa¬ó y se sumergi√≥ en el agua tanto como pudo.
Desconcertado, el magus inclinó la cabeza hacia un lado. Luego la comprensión iluminó su mirada.
¬óAh, s√≠. Lo hab√≠a olvidado ¬ódijo, volvi√©ndose de espaldas-. De todos modos, tendremos que vendar esas costillas. ¬ŅSabes c√≥mo hacerlo?
—No... —contestó Elyn en voz baja.
¬óEn ese caso no tienes m√°s opci√≥n, dama Elyn; debes dejar que lo haga yo ¬ódijo el Mago-lobo¬ó. Sal de la ba√Īera, s√©cate con la toalla y ponte la bata, pero debes permanecer desnuda de cintura para arriba.
Roja por el agua caliente, y tal vez tambi√©n por la verg√ľenza, Elyn hizo lo que se le indicaba, y se ajust√≥ la bata a la cintura Con un cord√≥n de seda. Dando la espalda al mago, declar√≥ finalmente:
¬óEstoy lista.
Las manos de √©l eran sorprendentemente suaves, pero el vendaje ci√Ī√≥ con notable firmeza las tiernas costillas de Elyn.
¬óAhora puedes acabar de vestirte ¬ódijo el mago cuando finaliz√≥ la cura, y las vendas quedaron sujetas en su lugar con tiras de tela. Despu√©s, desde el lugar donde la esperaba, junto a la mesa, a√Īadi√≥¬ó: Ven aqu√≠ y bebe esto. Ayudar√° a la cura.
Elyn apur√≥ una peque√Īa copa de un l√≠quido con un ligero sabor a sal.
—No conviene que fuerces la zona de las fracturas —le aconsejó el mago—. Respira poco a poco. Dobla las rodillas en lugar de encorvarte. No gires el tronco de lado. No permanezcas de pie durante un tiempo excesivo. No cargues con objetos pesados.
Elyn hizo un gesto afirmativo.
¬óTu compa√Īero est√° sentado fuera ¬óa√Īadi√≥ el Mago-lobo, y luego dio media vuelta y se desvaneci√≥ a trav√©s de la puerta.
—Espera —exclamó Elyn, pero él ya se había marchado—. Gracias —dijo al espacio vacío que tenía ante ella.
Alzando el borde de la bata, demasiado larga para ella, Elyn sali√≥ al exterior. En un lugar cercano vio a un Lobo plateado erguido, montando la guardia, y hab√≠a otro m√°s recostado en el c√©sped, no lejos de all√≠. La doncella guerrera encontr√≥ a Thork sentado en la hierba, a la sombra de un roble. Cuando se aproximaba a √©l, el enano se puso en pie; llevaba inmovilizado en un cabestrillo el brazo izquierdo herido. Elyn rompi√≥ a re√≠r, lo que hizo que le dolieran las costillas a pesar del vendaje, porque la bata de Thork se arrastraba uno o dos palmos por el c√©sped, y ten√≠a todo el aspecto de un ni√Īo vestido con ropa de adulto..., salvo por el hecho de que ning√ļn ni√Īo luce una barba partida, ni tiene unos hombros tan anchos que impiden que la bata se abroche en el pecho y en el cuello, detalles √©stos que provocaron m√°s risas de Elyn, con el consiguiente castigo para sus costillas.
Thork se sinti√≥ al principio desconcertado ante las risas de ella, y su mirada perpleja tuvo el efecto de hacerla prorrumpir en nuevas carcajadas. Agitando una mano en se√Īal de despedida, y apretando la otra contra su propia boca, Elyn intent√≥ contener sus risas para parar el dolor de sus costillas, pero s√≥lo lo consigui√≥ a medias, y por entre los dedos apretados a√ļn dej√≥ escapar de vez en cuando peque√Īas explosiones de hilaridad que le causaban dolores agudos.
Fue entonces cuando Thork mir√≥ hacia abajo y vio al fin que era √©l mismo el objeto de su diversi√≥n, y con un gru√Īido se dej√≥ caer sentado en el suelo con el entrecejo fruncido, y habr√≠a cruzado los brazos para mostrar su disgusto, de no hab√©rselo impedido el cabestrillo. Adem√°s, las vueltas que hab√≠a dado a la manga derecha de la bata se soltaron, de modo que el borde de la manga sobrepasaba la punta de sus dedos en cerca de medio metro; y luchaba y hac√≠a revolear su brazo bueno para intentar sacar de nuevo la mano por la bocamanga. Sus gestos provocaron un nuevo ataque de risa de Elyn, que llev√°ndose las manos a sus costados doloridos y gimiendo de impotencia, camin√≥ tambaleante hasta donde estaba √©l, se dej√≥ caer de rodillas delante suyo y le ayud√≥ a remangarse, con l√°grimas a un tiempo de dolor y de alegr√≠a en los ojos.
Con la mandíbula proyectada hacia adelante, la barba temblorosa de indignación, los ojos inyectados y la faz lívida, Thork recia a punto de estallar de rabia.
¬óAy de m√≠, mi enano guerrero, ojal√° los trolls te hubieran visto vestido as√≠ ¬óconsigui√≥ balbucear Elyn entre risas sofocadas, al tiempo que remangaba la bata¬ó. Habr√≠an muerto de puro j√ļbilo.
Y con la rapidez del azogue, la mirada del rostro de Thork cambió de la ira a la hilaridad al ver el absurdo de su enfado, y todo el claro retembló con sus carcajadas.
Con movimientos penosos, Elyn se sent√≥ a su lado, apoyando la espalda en el mismo roble. Durante un largo rato no pudo evitar que la risa siguiera agit√°ndola de vez en cuando, y Thork la acompa√Īaba con carcajadas satisfechas.
¬óMe pregunto cu√°nto tiempo ha pasado sin que nos ri√©ramos as√≠ ¬ódijo ella¬ó. No desde... ¬óY call√≥ de s√ļbito, al tropezar su mente con un recuerdo doloroso.
Thork se dio cuenta de su angustia, y no dijo nada.
Por encima de ellos, en los √°rboles, las cigarras entonaban su canto al cambio de estaci√≥n; muy pronto el oto√Īo se extender√≠a por la superficie de la tierra, y se dec√≠an unas a otras que el verano conclu√≠a y era preciso buscar compa√Ī√≠a antes de que sus propias vidas concluyeran tambi√©n. En alg√ļn lugar pr√≥ximo a un le√Īo ca√≠do, un grillo lanzaba sus gritos estridentes, que destacaban sobre el bordoneo perezoso de las abejas en torno a las delicadas florecillas azules dispersas entre la hierba, recolectando n√©ctar y polen mientras pod√≠an y llev√°ndolo a su colmena, oculta en lo profundo del bosque. Y en el claro, los Lobos plateados intercambiaban sus puestos, coloc√°ndose cada cual en la posici√≥n de guardia del otro.
Finalmente, Elyn volvió a hablar:
¬ó¬ŅD√≥nde has dormido la noche pasada, Thork?
¬óEn tu caba√Īa, dama Elyn ¬órespondi√≥ √©l¬ó. Hay otra habitaci√≥n detr√°s de la despensa, y tambi√©n tiene una cama.
¬ó¬ŅOtra habitaci√≥n? ¬ŅEn ese cote tan peque√Īo? Una sala principal, un cuarto de ba√Īo, una despensa, ¬Ņy tambi√©n un dormitorio de hu√©spedes? ¬óLa voz de Elyn expresaba su asombro¬ó. Tal vez s√≠ que es m√°s grande por dentro que por fuera. ¬ŅEs posible una cosa as√≠?
¬óNo intentes husmear en los secretos de los magos, mi se√Īora -respondi√≥ Thork¬ó, porque he o√≠do que los guardan con el mayor celo.
Allí sentados, discutieron un rato sobre el enigma; y luego, el estómago de Thork reclamó sus derechos.
—Secreto o no —declaró el enano—, vamos a revolver un poco el cuartito de la despensa. Tengo hambre, y allí hay comida esperándonos.
Pas√≥ una semana, y despu√©s otra, y las costillas de Elyn se fueron soldando poco a poco, al tiempo que el hombro de Thork se restablec√≠a. Los dos guerreros cooperaban en el cuidado de s√≠ mismos: cocinaban, lavaban y remendaban sus ropas y su equipo de viaje, limpiaban y engrasaban sus arneses y sus armas, compartiendo las tareas hogare√Īas. Diariamente daban largos paseos y descubr√≠an fuentes cristalinas, arroyos musgosos, pe√Īascos elevados, y claros tapizados de hierba entre los √°rboles del espeso bosque. Sosten√≠an largas conversaciones, y cuidaban con mucho tacto de evitar el terreno hostil que enfrentaba a los enanos y a los jinetes.
Y cada d√≠a aparec√≠a el Mago-lobo con ra√≠ces y hongos, frutas y nueces, cereales silvestres y hierbas dulces, bayas y tub√©rculos, u otros dones de la naturaleza, del mismo g√©nero. En una ocasi√≥n les llev√≥ una pata de venado, diciendo √ļnicamente que se trataba de un regalo de los draega, los Lobos plateados. Y Elyn y Thork lo aceptaron agradecidos, y pasaron toda una tarde as√°ndolo a fuego lento en un espet√≥n montado sobre las brasas de una hoguera encendida al aire libre.
En los primeros d√≠as de su convalecencia, el magus los llev√≥ a ver a Viento y Cavador, que vagaban desensillados y sueltos por los campos cubiertos de tr√©boles y avena silvestre; las sillas, bridas, arreos, armas e instrumentos estaban guardados, a salvo, en una amplia oquedad seca de un gigantesco √°rbol ca√≠do en un lugar cercano. Viento y Cavador acudieron a la llamada del mago, y parecieron alegrarse de ver a Elyn y Thork, aunque m√°s satisfechos a√ļn se mostraron al regresar a los dulces pastos de la colina. Tambi√©n se hab√≠a cuidado alguien de sus heridas, y el Mago-lobo asegur√≥ a Elyn y Thork que los dos caballos estar√≠an restablecidos cuando llegara el momento de que el enano y la doncella guerrera reanudaran su viaje.
Y siempre, en alg√ļn lugar cercano, los draega pasaban sin ruido entre los √°rboles, guardando en silencio a la pareja.
Un día, Elyn preguntó al magus por los Lobos, y la respuesta hizo brotar lágrimas de sus ojos:
¬óEstos no son lobos comunes, dama Elyn, que han crecido hasta alcanzar un tama√Īo portentoso. No, son los draega (los Lobos antiguos) de los Hohgarda. Habitaron este mundo en la antig√ľedad, cuando criaturas de un enorme poder recorr√≠an los bosques y las llanuras, trepaban a las monta√Īas y bajaban a los valles, volaban por el aire de cristal, hollaban las arenas movedizas de los desiertos, nadaban en las aguas l√≠mpidas del mundo y se hund√≠an en su h√ļmedo subsuelo; eran criaturas que ahora apenas se ven, si es que a√ļn existen. Y los draega no se inclinaban ante nadie, ni siquiera ante el gran oso de los Mittegarda. Eran los se√Īores indiscutidos de todo cuanto deseaban, pero sus deseos eran muy sencillos, y tal era su forma de ser cuando yo los conoc√≠.
¬ĽPero luego las cosas cambiaron mucho en este Plano, porque Gyphon envi√≥ a este mundo a sus vicarios de los Untargarda. Y entonces los draega se impusieron la tarea de contribuir a detener la avalancha. Y ayudaron a Adon en la gran batalla.
¬ĽY cuando se separaron los Planos, los draega quedaron bloqueados en este mundo, y ahora viven conmigo recluidos en este lugar, esperando el momento de la llegada de la Espada de Plata en el amanecer del d√≠a en que el camino de Adonar se abrir√° de nuevo para ellos; aunque yo estoy convencido de que elegir√°n quedarse aqu√≠ y guerrear en favor de Adon otra vez. Pero por el momento, √ļnicamente los que llam√°is magos y los que llam√°is elfos pueden pasar de aqu√≠ al Plano Superior, aunque ni unos ni otros pueden ya regresar al Mundo Medio despu√©s de abandonarlo, al menos no hasta que se desencadene la guerra final. Pero aunque los magos y los elfos pueden todav√≠a abandonar este Plano, para otras criaturas como los draega el camino a Adonar est√° cerrado.
¬ĽDe modo que los Lobos plateados viven exiliados de su verdadero hogar, de Adonar, y as√≠ han vivido durante milenios. ¬óEl Mago-lobo baj√≥ la voz, y sus palabras llevaban impl√≠cito un mensaje simple pero profundo¬ó. Y durante todo ese tiempo, yo he permanecido con ellos. No puedo abandonarlos, son mis amigos.
Durante mucho tiempo despu√©s de haber o√≠do esa historia, las l√°grimas siguieron brotando de los ojos de Elyn, al pensar en la situaci√≥n de los draega: despu√©s de realizar los mayores esfuerzos por ayudar en la lucha, se hab√≠an visto finalmente exiliados de su verdadera patria. Pero por otra parte, aqu√©lla era la historia de una amistad real y duradera, porque el Mago-lobo compart√≠a su aislamiento debido √ļnicamente a que ellos
eran sus amigos.
Fue Thork quien llamó su atención respecto a un hecho notable.
¬óSi el Mago-lobo era amigo de los draega en el momento de la venida de los engendros de los Untargarda, eso significa que tambi√©n √©l conoci√≥ el mundo de la antig√ľedad. Y en tal caso su edad es casi incalculable, a pesar de que su aspecto siga siendo el de una persona joven.
Gradualmente, los dos se restablecieron, y lleg√≥ un d√≠a en el que el brazo de Thork pudo prescindir del cabestrillo. Y utiliz√≥ su hacha de doble filo para recuperar la agilidad y la fuerza de sus m√ļsculos, empezando con lentitud e incrementando los esfuerzos d√≠a a d√≠a. Y tambi√©n llevaba su escudo de piel de drag√≥n en el brazo izquierdo mientras bland√≠a el martillo con el derecho. Practic√≥ asimismo con su ballesta ligera, mont√°ndola y enviando proyectiles con mortal punter√≠a al centro mismo de la diana de un manco improvisado.
Un atardecer, despu√©s de una agotadora sesi√≥n de entrenamiento, sinti√≥ tanta sed que, seguido por un Lobo plateado, se dirigi√≥ a una fuente cristalina que hab√≠an descubierto Elyn y √©l. Y a la luz del crep√ļsculo contempl√≥ desde el borde del claro a la princesa arrodillada delante de la fuente. Hab√≠a arrancado del borde del agua una flor blanca y la colocaba en aquel instante en su cabello cobrizo, al tiempo que se miraba reflejada en la corriente, y cantaba con voz armoniosa. Y Thork se detuvo en la linde del bosque y admir√≥ su belleza, y el coraz√≥n pareci√≥ hench√≠rsele en aquel momento de algo indefinible que antes hab√≠a estado ausente. Qued√≥ quieto, silencioso, embelesado, y la escuch√≥ cantar con voz clara:
¬ŅLuchar√≠ais hasta la muerte
por aquello que am√°is,
por m√°s que se tratara de una causa perdida...?
¬ŅPor aquello que am√°is?
Y Thork reconoci√≥ la canci√≥n, porque se trataba de la desgarradora balada de la p√©rdida de Piedra Negra, un texto que los enanos consideraban poco menos que sagrado, porque narraba la historia de una lucha √©pica, una batalla desesperada en la que muchos hab√≠an perecido con honor. Y era precisamente la toma de Piedra Negra el origen de la hostilidad existente entre los ch√Ękka y los jinetes, el conflicto que hac√≠a de Elyn una enemiga. Thork se baj√≥ la capucha sobre el rostro, dio media vuelta y se alej√≥ pesaroso, pasando sin verlo junto al draega que la guardaba a ella.
Por el rabillo del ojo, Elyn percibi√≥ un movimiento y alz√≥ la vista a tiempo de darse cuenta de que era Thork quien se alejaba, con la capucha bajada sobre la frente en se√Īal de luto. Y adivin√≥ que hab√≠an sido las palabras de la balada lo que le apart√≥ de ella apenado, pero no intuy√≥ la verdad fundamental que se escond√≠a en el pliegue m√°s rec√≥ndito del dolor del enano.
También llegó el día en que las costillas de Elyn quedaron libres de vendajes. Y ella siguió el ejemplo de Thork, y practicó con todas sus armas para recuperar el tono muscular y la habilidad en el manejo: blandió el sable, manejó el cuchillo largo, trabajó empleando su lanza como bastón, como hoja de acero y como jabalina; lanzó piedras con la honda, y tensó el arco para lanzar con él flechas certeras.
Cuando se trataba de manejar el arco, Elyn y Thork se enzarzaban en competiciones, él con su ballesta y ella con el arco de doble curva de Jord. Y una y otra vez comprobaron que la ballesta golpeaba con más precisión y fuerza en distancias cortas, mientras que el arco era superior en las largas. Y al acabar aquellas pruebas de habilidad, regresaban de buen humor porque los dos habían ganado y ninguno había perdido.
Finalmente, sanos y en buena forma, se prepararon para partir del bosque de los Lobos. Ninguno de los dos, en realidad, deseaba irse de all√≠, porque ambos hab√≠an llegado a amar el bosque sombr√≠o, incluso el enano acostumbrado a las cavernas excavadas en la roca, incluso la mujer de las amplias llanuras cubiertas de hierba. Y los dos hab√≠an llegado a amar tambi√©n a los Lobos plateados, y ahora comprend√≠an por qu√© el Mago-lobo hab√≠a tomado la decisi√≥n de permanecer junto a los draega. Pero ni el amor al bosque ni el amor a los Lobos pod√≠an retenerlos, porque un deber m√°s alto los reclamaba, y ellos no pod√≠an ignorarlo, por m√°s que ello significara que los d√≠as sucesivos hab√≠an de estar llenos de trabajos y de peligros Y as√≠, llevaron a Viento y a Cavador hasta la caba√Īa, reunieron todas sus pertenencias, y cargaron a los animales con las armas, alimentos, grano y las dem√°s cosas necesarias para el largo viaje que ten√≠an en perspectiva.
El Mago-lobo se acerc√≥ a los dos y les dijo que era preciso hablarles antes de que se alejaran, pero en un lugar elegido por √©l mismo. Y los condujo hasta un peque√Īo claro pr√≥ximo, resguardado por un c√≠rculo de robles inclinados; un lugar que no hab√≠an visto anteriormente. En aquel terreno sombreado hab√≠a crecido un suave c√©sped verde, una alfombra afelpada de hierba tachonada de peque√Īas flores amarillas. Cerca manaba una fuente, y el agua clara saltaba salpicando las rocas al tiempo que cantaba en la lengua rumorosa del agua corriente en una pendiente abrupta. Y en el centro del min√ļsculo claro, hab√≠a lo que Elyn llamaba un anillo de las hadas: un c√≠rculo de setas de sombrerillo en el centro de una exuberante floraci√≥n de helechos bajos y de musgos. Pasando con cuidado sobre el borde del anillo, y ordenando a los dos que hicieran otro tanto, el Mago-lobo hizo que todos se sentaran en el centro del c√≠rculo y coloc√≥ deliberadamente a Elyn, a Thork y a s√≠ mismo como las tres puntas de un tri√°ngulo equil√°tero. En el exterior del anillo se situaron los Lobos plateados, formando cinco de ellos un c√≠rculo interior y los nueve restantes otro c√≠rculo m√°s amplio; los draega eran testigos silenciosos de lo que dec√≠an los que estaban en el interior del anillo.
¬óOs he tra√≠do hasta este lugar protegido por una raz√≥n, para hablaros de Andrak. Y lo que voy a deciros se relaciona tambi√©n con vuestra misi√≥n. No os he convocado aqu√≠ hasta ahora porque a√ļn no estabais preparados, y no en raz√≥n de vuestras heridas, sino porque cuando llegasteis a este lugar habr√≠ais encontrado demasiado duro lo que ahora me dispongo a revelaros. Incluso en este momento, existe la posibilidad de que la revelaci√≥n os fuerce a desistir, pero yo creo que no ser√° as√≠, y sin duda estrechar√° los lazos que os unen a los dos.
¬ĽAndrak habita en una fortaleza de las monta√Īas de Xian. Desde ese lugar ha estado utilizando sus poderes oscuros para dirigir contra vosotros al Falso Pueblo y a otros seres. Porque teme que vosotros sois las personas de que habla una antigua profec√≠a, los dos enemigos el uno del otro, reunidos por el honor:
La que se oculta;
El que guía.
El Mago-lobo se quitó del cuello una correa de cuero de la que pendía una pepita de silverón, y la tendió a Elyn.
¬óToma esto, dama Elyn, y ll√©valo, porque entiendo que t√ļ eres ¬ęla que se oculta¬Ľ. Es un recurso para protegerte de tus enemigos, un objeto que les impedir√° verte. Yo he sido tan s√≥lo la persona encargada de custodiarlo hasta que fuera necesario, y estimo que ese momento ha llegado ya.
¬ĽTal vez pienses que se trata de un objeto "m√°gico", pero no alcanzo a comprender lo que se quiere expresar con esa palabra. Sencillamente, es un objeto para ocultarse. No, no exactamente ocultarse, la palabra no es la adecuada; tal vez deber√≠as llamarlo un objeto de no presencia. No importa, yo lo llevaba puesto la noche en que llegasteis al bosque de los Lobos, la noche en que no me viste hasta que yo lo quise. Oh, no era invisible, y t√ļ pod√≠as haberme visto en cualquier momento, si t√ļ misma lo hubieras querido. No, este amuleto no convierte en invisible a su portador, sino m√°s bien en no mirado. Quienes no tienen ese deseo, as√≠ como quienes no conocen el poder de la visi√≥n, mirar√°n a todas partes menos al lugar preciso en el que te encuentras; mirar√°n alrededor de tus bordes, por decirlo de alguna manera.
¬ĽOs proteger√° tanto a ti como a Thork de los sistemas de detecci√≥n de Andrak, porque su alcance es tal que √©l mirar√° alrededor de los bordes de los dos; siempre que Thork no se aleje m√°s all√° del alcance de tu mano; por consiguiente, Andrak no sabr√° d√≥nde enviar sus falsas criaturas para interceptaros. Pero cuidado, cuanto m√°s os acerqu√©is a √©l, m√°s probable ser√° que os encuentre y Thork deber√° situarse m√°s cerca de ti, dama Elyn. Aqu√≠, lejos del holt de Andrak, podr√©is cabalgar como de costumbre y apartaros unos pasos para atender por separado a vuestras necesidades, tal y como exige la intimidad de cada persona. Pero cuando os aproxim√©is a la morada de Andrak, no podr√©is separaros m√°s de uno o dos pasos, porque de otro modo el que no lleve la pepita ser√° descubierto irremisiblemente. Y aun as√≠, en el caso de que Andrak est√© decidido a mirar a trav√©s de esta... barrera, con pepita o sin ella nada podr√° ocultarte de su vista.
Muy despacio, Elyn extendió el brazo hasta coger aquel asombroso regalo, y miró fascinada cómo relucía en su mano.
¬óYo no tengo la... pr√°ctica, los conocimientos para... utilizarlo ¬ódijo en tono dubitativo.
¬óNo temas ¬órespondi√≥ el Mago-lobo¬ó, porque no necesita que t√ļ le des ninguna orden. Es cierto que s√≥lo las gentes como yo podemos sacarle el m√°ximo partido, pero en tu caso no es necesario que hagas nada especial. El os preservar√° a Thork y a ti cuando se presenten enemigos, cuando personas con intenciones hostiles os busquen para haceros da√Īo. Basta con que lo lleves puesto, y permanecer√°s... no mirada; los enemigos no te mirar√°n. Si lo apartas de tu presencia, ser√°s vista de nuevo. Pero recuerda, si el enemigo es alguien con poderes y est√° decidido a mirar a trav√©s del obst√°culo, entonces te ver√°, tanto si llevas el amuleto como si no. P√≥ntelo ahora, dama Elyn, porque los dos est√°is a punto de alejaros de mis dominios, y no deseo que Andrak os encuentre a ninguno de los dos.
Mientras Elyn se pasaba con movimientos lentos la correa en torno al cuello, ocultando el amuleto de silverón bajo el peto de cuero, el Mago-lobo dio un resoplido de satisfacción, aunque ni Elyn ni Thork advirtieron que nada hubiese cambiado.
¬óUna √ļltima advertencia sobre la piedra, dama Elyn: si t√ļ eres la que se oculta, entonces est√° escrito que esta pepita te proteger√° en los dominios del horror; pero llegar√° un momento en que la arrojar√°s lejos de ti. As√≠ es como ha de ser, porque el amuleto tiene tambi√©n un destino que cumplir; as√≠ ha sido dispuesto.
Mientras Elyn meditaba en aquellas agoreras palabras, el magus se volvió al enano y le tendió una amplia pieza de tela con un cordón para sujetarla.
¬óGuerrero, toma esta cubierta para tu escudo y tapa con ella la piel de drag√≥n, porque ni siquiera el poder de la pepita puede ocultar su brillo irisado de las miradas hostiles. La tela no tiene incorporado ning√ļn hechizo, pero as√≠ es como ha de ser, porque t√ļ ir√°s a escondidas.
Mientras el enano recog√≠a el pa√Īo, el Mago-lobo continu√≥ hablando:
¬óThork, creo que t√ļ eres ¬ęel que gu√≠a¬Ľ, porque eres un ch√Ęk y, como tal, capaz de seguir incluso tu propio rastro. Y vendr√° el d√≠a en que esa habilidad de los ch√Ękka os ser√° angustiosamente necesaria a los dos, si realmente eres el pionero profetizado hace mucho tiempo, uno de los dos enemigos reunidos por el honor. Aun as√≠, est√° escrito en la profec√≠a que uno morir√° sin el otro. Por consiguiente, cuida mucho de no alejarte m√°s all√° de la protecci√≥n de la pepita, porque en ese caso ser√°s descubierto. Manteneos juntos. Estad alerta.
¬óEsa profec√≠a tuya dice muchas cosas, mago ¬ógru√Ī√≥ Thork al tiempo que plegaba el pa√Īo¬ó. Pero ¬Ņqu√© te lleva a pensar que es de nosotros dos de quien habla?
—No soy yo solo quien piensa así, guerrero Thork —respondió el magus—. Andrak ha enviado a sus huestes contra vosotros por la misma razón.
¬óPero ¬Ņpor qu√©? ¬óintervino Elyn¬ó. ¬ŅPor qu√© hab√≠a de..., por qu√© ha enviado al Falso Pueblo detr√°s de nosotros?
El Mago-lobo mostró sus manos extendidas, con las palmas hacia arriba, en la actitud de quien explica un hecho obvio.
—Porque adivino que los dos andáis buscando lo que él guarda con tanto celo: el Kammerling.
¬ó¬ŅEl Kammerling? ¬óexclam√≥ Elyn; y se enfrent√≥ furiosa a Thork¬ó. ¬ŅEs eso lo que buscas? ¬ŅEl Martillo de Adon?
¬óS√≠. Es el Martillo de la Rabia lo que busco ¬órespondi√≥ Thork¬ó. Y por lo visto, tambi√©n t√ļ andas detr√°s de √©l.
—Buscas el Martillo para vencer con su ayuda a mi pueblo, a los vanadurin —explotó Elyn, en tono acusador—. Por mucho que lo niegues, porque ésa es vuestra forma de comportaros.
¬óNo lo niego ¬óreplic√≥ Thork, furioso tambi√©n¬ó. Pero ¬Ņte atreves a decirme que t√ļ lo buscas por un motivo distinto?
Elyn retrocedió como si hubiera recibido una bofetada, y luego bajó la vista y sacudió la cabeza para decir no, al tiempo que miraba fijamente el suelo. Se sentía traicionada, y al mismo tiempo como una traidora, y no se atrevía a mirar a Thork porque en su interior algo agudo le dolía más que el propio dolor. También Thork se sentía angustiado, porque se bajó la capucha sobre la frente y se quedó quieto, mirándose con fijeza las manos.
La suave voz del Mago-lobo hizo desvanecerse la ofensa y la verg√ľenza que ambos sent√≠an:
¬ó¬ŅNo me hab√©is o√≠do? Estaba escrito en las profec√≠as: dos enemigos se reunir√°n por el honor cuando llegue el d√≠a; y eso es lo que sois, y √©sa la raz√≥n que os ha reunido. La profec√≠a no dice que los dos hayan de triunfar necesariamente, ni afirma que se√°is vosotros los dos; pero s√≠ dice con claridad: ¬ępor el honor¬Ľ.
¬ĽAhora escuchadme..., ¬°escuchadme, os digo! ¬óY cuando estuvo seguro de contar con su atenci√≥n, por m√°s que fuera a rega√Īadientes, continu√≥¬ó: Si sois los dos de que hablan las profec√≠as, necesitar√©is m√°s tarde saber esto: Andrak reside en un lugar desde el que puede contemplar la Monta√Īa Negra, la morada de los magos de Xian. Ignoro por qu√© raz√≥n la esp√≠a, pero sospecho que est√° vigil√°ndola por encargo de su vil amo, Modru, y que le informal de los movimientos que se producen, tanto en la superficie como en el interior de la monta√Īa.
¬ęTambi√©n s√© otra cosa: los dos intent√°is encontrar la Monta√Īa Negra porque cre√©is en la antigua leyenda de que el Kammerling ser√° encontrado all√≠. Pero no es as√≠: elKammerling est√° en poder de Andrak. √Čl lo guarda para Kalgalath el Negro.
Thork dio un respingo y trató de sacudirse la profunda tristeza que le dominaba.
¬ó¬ŅEl mago guarda el Martillo de la Rabia para Kalgalath el Negro? ¬ŅPor qu√© hab√≠a de hacerlo? ¬ŅEst√° aliado con el drag√≥n?
—No sé por qué razón protege Andrak al dragón de Fuego —respondió el Mago-lobo— , puesto que Kalgalath no es un aliado, o no lo fue durante la Gran Guerra de la Prohibición. Pero Andrak guarda el Kammerling y por consiguiente Kalgalath está a salvo.
¬ĽAun as√≠, deber√©is buscar la Monta√Īa Negra porque en su interior est√° el objeto que os revelar√° la localizaci√≥n del holt de Andrak. De otro modo no podr√©is encontrarlo, porque tambi√©n √©l conoce el arte de ocultarse y utiliza su... magia... para no ser encontrado. Pero atended: aunque no puedo ense√Īaros el m√©todo para ocultarse, ni tampoco el de ver, existe algo en el interior de la Monta√Īa Negra que te permitir√° a ti, Thork, descubrir d√≥nde habita, Andrak, porque, como ya he dicho antes, t√ļ eres un ch√Ęk.
¬ę¬°Prestadme atenci√≥n! Cuando llegu√©is a las monta√Īas de Xian, buscad cuatro picos que se alzan muy juntos, y parecen los dedos de una gran mano; y luego buscad el pulgar hacia el sur. Cruzad el paso situado entre el pulgar y el √≠ndice, y caminad luego en direcci√≥n nordeste. All√≠ encontrar√©is la Monta√Īa Negra. Buscad en su interior el mapa de los Magos de Xian, porque ni siquiera los hechizos de Andrak pueden manipularlo.
El mago se puso en pie, y les ordenó que hicieran lo mismo; y los condujo fuera del anillo de las hadas, a través de los dos círculos de vigilancia formados por los Lobos plateados, y fuera de la protección del bosquecillo de robles. Y ni Elyn ni Thork se atrevían a mirarse el uno al otro, porque ambos sentían su corazón hueco y vacío.
Cabalgando en un penoso silencio, se alejaron hasta el extremo oriental del bosque de los Lobos, escoltados por todos los draega. Y cuando llegaron a la linde, Elyn desmontó y se dirigió a Luzgrís. El enorme Lobo plateado se quedó inmóvil y sonrió mientras ella se aproximaba; Elyn se abrazó a su cuello y enterró el rostro en aquella piel suave de color de plata.
—Adiós, mi protector —susurró, y luego se apartó de él y volvió a montar a la grupa de Viento.
De s√ļbito el Mago-lobo apareci√≥ entre los √°rboles, a cierta distancia, sin que ellos supieran c√≥mo hab√≠a llegado hasta all√≠.
¬óGracias por habernos curado, mi se√Īor mago ¬óle llam√≥ Elyn¬ó, y por la protecci√≥n del bosque de los Lobos.
El mago no contestó, y guardó silencio mientras veía alejarse del bosque a la pareja, y cómo caballo y poni se salpicaban mutuamente al cruzar las aguas someras de un río.
Y cuando los dos llegaron a la orilla más lejana y salieron del agua, tras ellos se alzaron los aullidos llenos de tristeza con que los Lobos plateados lloraban, después de su marcha, a los miembros perdidos de la manada. Y cuando Elyn volvió a mirar hacia los confines del bosque de los Lobos, vio un gran Lobo plateado que se mantenía apartado de los demás; era un ejemplar algo más oscuro que el resto, y ocupaba el mismo lugar en el que antes había estado el Mago-lobo. Pero enseguida los draega se desvanecieron como el humo entre los árboles y ya no volvió a verlos.