13 - La presa

Finales de verano, 3E1602
[Presente]

Dejando atr√°s a los drokha muertos, Elyn y Thork prosiguieron su viaje hacia el este, a la luz de la Luna que asomaba ya en el horizonte. Una tregua hostil incrementaba la tensi√≥n del silencio inc√≥modo que se hab√≠a establecido entre ellos. Cabalgaron en la noche, mientras el globo de plata navegaba por la esfera de cristal. Pero una y otra vez, Elyn sinti√≥ eriz√°rsele el cabello en la nuca, como si la acechara alg√ļn peligro invisible. En esos momentos miraba a Thork y ve√≠a al enano escudri√Īar en la oscuridad las sombras, ba√Īadas por la luz lunar, de rocas, √°rboles, arbustos y matojos, en busca de enemigos ocultos. Pero ninguno aparec√≠a. Aun as√≠, la vigilancia no disminuy√≥.
Poco a poco el caballo gris y el poni moteado acercaban a sus Jinetes a las lejanas fronteras de Aralon, al este. En ocasiones tropezaban en su camino con un arroyo, y entonces todos bebían el agua clara, descansaban un rato, y los dos jinetes alimentaban a sus monturas con montoncitos de grano y cuidaban también de sus restantes necesidades. Otras veces se alzaban delante de ellos colinas oscuras, y entonces daban un rodeo para evitarlas, porque en las sombras de aquellos altozanos podían estar esperando enemigo al acecho.
Finalmente, el cielo empez√≥ a aclararse delante de ellos con las primeras luces de la aurora, y los dos empezaron a pensar en d√≥nde podr√≠an acampar y descansar. Pero pasaron a√ļn tres horas y el Sol brillaba ya en el cielo antes de que encontraran un lugar adecuado: un mont√≠culo bajo y cubierto de hierba, sombreado por un √°rbol solitario y pr√≥ximo a un r√≠o que trazaba lentos meandros a trav√©s de una pradera abierta poco propicia a las emboscadas.
¬óEsta vez har√© yo la primera guardia, enano ¬ódijo Elyn, y dos se dedicaron a sus monturas¬ó. Y por cansada que est√© ¬ómir√≥ al decirlo la posici√≥n del Sol¬ó, hagamos turnos de seis y seis he porque prefiero dormir de una vez, en lugar de partir el sue√Īo; aunque Adon sabe que podr√≠a pasar durmiendo el d√≠a entero. Y durante mi turno de guardia me dedicar√© a cazar algo por aqu√≠ cerca, porque estoy hambrienta.
Thork se limit√≥ a responder con un gru√Īido afirmativo, al tiempo que cepillaba los lomos de su poni moteado.
Finalmente, los dos cargaron con las sillas y los equipajes hasta el lugar de la acampada, y allí, después de desembarazarse de su armadura, Thork se acurrucó en su saco y se durmió al instante.
De nuevo Elyn se ba√Ī√≥ en el r√≠o y cuid√≥ sus heridas, algunas de las cuales hab√≠an vuelto a abrirse; trat√≥ √©stas con peque√Īas cantidades de ung√ľento, se coloc√≥ vendas limpias, y lav√≥ las usadas. Luego tom√≥ la honda, el arco y las flechas, y, cojeando levemente, recorri√≥ la pradera hasta encontrar un lugar minado por agujeros de madrigueras. Al cabo de una hora hab√≠a cazado siete gruesas marmotas de las praderas. Desoll√≥ y limpi√≥ los animales, y puso cinco de ellos a asar espet√°ndolos en ramas verdes sobre una peque√Īa hoguera encendida junto al campamento, al socaire del viento.
Cuando estuvieron asadas, Elyn colgó cuatro, con sus espetones, de las ramas del árbol a cuya sombra descansaban, y devoró la quinta pocos instantes.
Despu√©s de acabar su comida, Elyn se lav√≥ en el r√≠o y bebi√≥ un largo trago de agua clara; luego se sent√≥ al Sol y contempl√≥ la interminable extensi√≥n de la pradera acariciada por el suave soplo de una brisa ligera, al tiempo que vigilaba con toda atenci√≥n. Muy arriba en el cielo, por encima de su cabeza, volaba un ave de presa que atrajo la atenci√≥n de Elyn: un halc√≥n de alas rojas. La doncella guerrera observ√≥ c√≥mo el p√°jaro trazaba perezosos c√≠rculos, y su mente retrocedi√≥ a d√≠as m√°s felices. Luego el halc√≥n se inmoviliz√≥, pleg√≥ las alas y se lanz√≥ hacia abajo, volando como una flecha en direcci√≥n a una presa oculta e invisible para Elyn entre los tallos de la hierba alta. ¬ę¬°Hai! ¬°A por √©l, ala roja!¬Ľ, lo anim√≥ en silencio, al tiempo que recordaba a su p√°jaro favorito. Y cuando rozaba ya el suelo, el halc√≥n despleg√≥ sus alas, corrigi√≥ su trayectoria, y golpe√≥ entre la hierba algo que quedaba escondido a la vista. Elyn se encontr√≥ de pie, aunque no recordaba haberse levantado. Haciendo visera con una mano, mir√≥ largo rato el punto en el que hab√≠a desaparecido el cazador; y despu√©s de un largo silencio, vio reaparecer el p√°jaro, batiendo con fuerza las alas, con un conejo muerto apresado entre las garras. Como siempre le suced√≠a, Elyn sinti√≥ l√°stima por la v√≠ctima, pero no pudo dejar de admirar al cazador. Y mientras el halc√≥n rojo volaba hacia el norte, la asalt√≥ un pensamiento inquietante: ¬ęMe pregunto cu√°ntos perseguidores invisibles nos acechan.¬Ľ
Cuando su turno de guardia estaba ya a punto de finalizar, Elyn a√Īadi√≥ m√°s le√Īa al fuego y puso a asar las dos marmotas restantes; luego despert√≥ al enano.
Le pareció que apenas había tenido tiempo de acurrucarse en su saco y cerrar los ojos, cuando ya Thork la sacudía para despertarla.
¬ó¬ŅUn ataque? ¬ósusurr√≥ con voz ronca, al tiempo que se levantaba de un salto.
¬óNada de eso, mujer ¬ógru√Ī√≥ Thork¬ó. Pero el Sol ya se pone.
Elyn refunfu√Ī√≥. ¬ŅC√≥mo era posible que hubiera acabado su turno cuando no hab√≠a hecho m√°s que tenderse? Adormilada, acept√≥ la taza de t√© que √©l le tend√≠a, y el sabor t√≥nico de la infusi√≥n ahuyent√≥ su fatiga. Thork le pas√≥ algunos pedazos de carne asada de la caza de Elyn, que √©l se hab√≠a entretenido en deshuesar, y envolvi√≥ el resto en un pa√Īo con el fin de conservarlo al menos durante veinticuatro horas m√°s.
¬óEs la √ļltima vez que nos ponemos en marcha los dos juntos, enano ¬ódijo Elyn¬ó. Y aunque hemos luchado codo con codo contra el enemigo com√ļn, me sentir√© muy satisfecha cuando vuelva a viajar sola.
—También yo me alegraré de perderte de vista, mujer —respondió Thork—, porque no tengo el menor deseo de aliarme con un jinete.
Aquellas palabras hicieron relucir los ojos de Elyn, que apret√≥ los dientes para no responder; sab√≠a bien que esta marea nocturna iba a ser la √ļltima, y que ma√Īana se ver√≠a libre de aquel... habitante de las cavernas,
Una vez m√°s, levantaron el campo cuando la tierra empezaba a sumirse en una oscuridad disminuida muy pronto por la aparici√≥n de la Luna, ahora llena hasta rebosar, dibujando un enorme globo amarillo que parec√≠a abarcar todo el horizonte. Y las estrellas titilaban en lo alto de la b√≥veda oscura, adornando la noche con su brillo cristalino. Pas√≥ una hora, y luego otra, y la Luna ascend√≠a en el cielo mientras ellos galopaban hacia el este, y el globo parec√≠a hacerse mayor y m√°s brillante cuanto m√°s alto estaba, al tiempo que su color amarillo se transformaba en una luz plateada que se esparc√≠a por la tierra, lo bastante viva para permitir ver, tanto de cerca como de lejos. Y en aquella luminosidad de platino, cabalgaban juntos los dos guerreros, el ch√Ęk y la vanadurin, y con los p√°lidos rayos lunares que los ba√Īaban, una suave sensaci√≥n de paz y tranquilidad se apoder√≥ de ambos.
Otra hora transcurri√≥, y pararon junto a una fuente para beber agua, refrescarse y alimentar con grano a sus monturas. Mientras estaban all√≠, de nuevo un estremecimiento maligno recorri√≥ la espina dorsal de los dos, parecido al contacto viscoso de una de las patas de ara√Īa; a toda prisa, Elyn y Thork montaron y se alzaron sobre los estribos para
registrar con mayor perspectiva la pradera iluminada por la Luna.
¬óAll√≠ ¬ómurmur√≥ Thork, se√Īalando hacia el sudeste.
Elyn miró con fijeza en la dirección indicada.
—No veo nada... No, espera, ahora lo veo. Un bulto oscuro que se mueve a través de la llanura. Pero no sabría decir de qué se trata.
¬óLos ojos de los ch√Ękka ven mejor en la penumbra ¬órespondi√≥ el enano¬ó. Es un grupo de gente a pie, calculo que unos veinte o treinta, y parece que pretenden interceptar nuestro camino en alg√ļn punto situado delante de nosotros.
¬óEntonces cabalguemos, enano, cabalguemos.
Elyn se dejó caer en la silla, hundió los talones en los flancos de Viento, y la yegua gris salió disparada hacia adelante, mientras el poni moteado de Thork la seguía de cerca.
Avanzaron veloces en dirección este, la yegua a un medio galope y el caballito a galope tendido, en cabeza ahora y marcando el ritmo al corcel mayor.
Thork seguía observando las evoluciones del grupo que se aproximaba.
—Ahora marchan a la carrera —gritó a Elyn—, e intentan cortarnos la retirada. ¡Kruk! ¡Es el Falso Pueblo, ukh y hrok juntos!
Pero ahora, a la luz refulgente de la Luna, también los ojos de Elyn podían ver a los enemigos, cruzando la pradera entre destellos de sus armas polvorientas, o tal vez de sus armaduras.
—Gira a la izquierda, enano —gritó, después de calcular su velocidad—, y no se acercarán siquiera a un tiro de flecha.
Thork vir√≥ hacia el nordeste, exigiendo el m√°ximo a su peque√Īo poni moteado, y Elyn y Viento los siguieron.
Los wrg lanzaron una serie de aullidos guturales e intentaron acelerar su ritmo, pasando de un trote largo a una carrera desenfrenada; pronto los drokha, m√°s altos, dejaron atr√°s a los peque√Īos rutcha, en su deseo de acortar la distancia que los separaba de la pareja.
Y tan cerca estaban ya, que Elyn pudo escuchar el entrechocar de las armaduras de los rutcha y los golpes en el suelo de los pies calzados de hierro de los wrg, lanzados a la carrera para interceptarlos y darles muerte a los dos.
Pero el peque√Īo y √°gil poni no se dej√≥ adelantar, y la pareja pas√≥ como una exhalaci√≥n por el punto de intercepci√≥n apenas unos segundos antes de que llegara all√≠ el primer enemigo; y mientras los dos caballos se alejaban al galope, silbaron a sus espaldas flechas de astil negro, la mayor√≠a cortas aunque una o dos fueron a clavarse en el suelo delante de los caballos. Pero √©stos siguieron su carrera y dejaron definitivamente atr√°s a los enemigos; s√≥lo alcanzaron a los fugitivos algunos aullidos de rabia y de frustraci√≥n.
Cuando hubieron pasado mucho m√°s all√° del alcance de las flechas de los wrg, Elyn y Thork acortaron el paso de sus monturas hasta un trote c√≥modo, y dejaron que los caballos recuperaran el resuello y se repusieran de aquella fren√©tica carrera hacia la libertad. Los dos miraron atr√°s, para comprobar si la persecuci√≥n a√ļn continuaba.
—Discuten —informó Thork—, como si estuvieran indecisos sobre lo que hacer. No obstante, no nos siguen..., al menos por ahora.
¬óCreo que alg√ļn ser malvado anda detr√°s de nosotros ¬óel tono de Elyn era grave¬ó, pero ignoro por qu√© raz√≥n. Pero ya hemos sido atacados durante tres noches seguidas.
¬óEstaba a punto de decir lo mismo ¬óreplic√≥ Thork¬ó, pero una cosa s√≠ s√©, mujer: yo no fui atacado hasta que t√ļ llegaste.
¬óDe modo que la culpa es m√≠a ¬óse indign√≥ Elyn¬ó. Pues esc√ļchame, enano: yo cabalgu√© en paz hasta tener el placer de encontrarme contigo.
Un frío silencio cayó sobre los dos, mientras proseguían su viaje al este. Y ninguno dijo nada más durante mucho tiempo. Finalmente, Thork se aclaró la garganta.
¬óVeamos, mujer, ¬Ņno cabalgabas t√ļ delante cuando los wrg intentaron cortarnos el paso? Tu corcel puede correr mucho m√°s aprisa que el m√≠o. Pod√≠as haberte escabullido antes de que cubrieran la mitad de la distancia.
La respuesta de Elyn se demoró un rato considerable.
¬óNo me malinterpretes, porque no deseo ninguna clase de compa√Ī√≠a. Pero escucha: por m√°s que seas un enano, he hecho un pacto contigo, sobreentendido si quieres, pero un pacto de todos modos. El pacto era que cabalgar√≠amos juntos, por si encontr√°bamos un enemigo com√ļn. Luego ese enemigo apareci√≥, y yo no he querido dejar de cumplir mi palabra, aunque lo que has dicho es cierto: Viento es capaz de correr como indica su nombre, y pudimos alejarnos antes de que el enemigo se aproximara tanto. Pero eso me habr√≠a hecho un flaco honor.
A la menci√≥n del honor, Thork dirigi√≥ una mirada larga y dura a la doncella guerrera, mientras yegua y poni segu√≠an marchando cansinamente hacia el este; pero no a√Īadi√≥ nada m√°s. Finalmente desvi√≥ la vista de su acompa√Īante, y una arruga profunda marc√≥ su entrecejo.
De nuevo cabalgaron largo rato en silencio, y una vez más fue Thork quien lo quebró:
¬óGuerrera, creo que tienes raz√≥n respecto a esos perros malignos que nos persiguen. Y me gustar√≠a librarme de esa cosa que intenta una y otra vez cortarnos el paso. Propongo que sigamos cabalgando durante todo el d√≠a de ma√Īana; tal vez as√≠ conseguiremos que pierda nuestro rastro. Porque el mal odia la luz del Sol, y tal vez el brillo de la luz de Adon lo obligue a dejar de seguirnos.
¬óAy de m√≠ ¬ósuspir√≥ Elyn¬ó, me abruma el cansancio y t√ļ propones que sigamos nuestro camino sin descansar. Yo tambi√©n tengo ganas de perder de vista esa maldad. Nos persigue de una forma que no consigo descubrir, y sospecho que puede seguir nuestro rastro en la oscuridad, sin importar lo que hagamos. Pero no se me ocurre ning√ļn plan mejor que el tuyo, y hemos de intentar que nos pierda de vista; tal vez una etapa a la luz del Sol lo consiga.
¬ĽPero atiende: tendremos que caminar la mayor parte del tiempo, porque nuestras monturas no pueden seguir llev√°ndonos indefinidamente, y conviene descargarlas de vez en cuando. Si dispusieras de un caballo mayor, podr√≠amos utilizar el ritmo alternado dela cabalgada del Jordreich, y as√≠ pondr√≠amos mucha tierra de por medio entre nosotros y nuestro perseguidor. Pero como no lo tienes, haremos lo m√°s apropiado en su defecto: yo conducir√© a Viento al ritmo que estime adecuado para una cabalgada a larga distancia de un poni. Por lo dem√°s, ser√° necesario caminar a ratos, y detenernos a descansar de cuando en cuando. Otra cosa ser√≠a si dispusi√©ramos de monturas de refresco, pero ya que no tenemos, no nos quedar√° otro remedio que hacer parte del camino a pie.
El amanecer encontr√≥ a Elyn y Thork llevando por el ramal a sus monturas, en medio de la llanura herbosa; no hab√≠an vuelto a sufrir ning√ļn ataque a lo largo de la noche, aunque los dos hab√≠an sentido los ojos invisibles de la fuerza mal√©vola que los persegu√≠a escrut√°ndolos en la oscuridad. Fiel a su palabra, Elyn hab√≠a ajustado el ritmo de su cabalgada hacia el este con el fin de recorrer tanta distancia como juzg√≥ prudente, pero sin agotar para ello las fuerzas, tanto de las monturas como de los jinetes.
Por esa razón caminaban cuando el Sol asomó por el horizonte, renqueando los dos ligeramente a causa de las heridas recibidas tres noches atrás en el Khalian Mire. Finalmente llegaron a un arroyo burbujeante.
¬óAqu√≠ descansaremos una hora. Yo dormir√© mientras t√ļ vigilas. La pr√≥xima vez ser√°s t√ļ quien descanse.
Elyn se tendió en la hierba y al instante se quedó dormida.
Todo el d√≠a siguieron cabalgando, caminando o descansando, siempre en direcci√≥n al este. Los caballos recibieron sus peque√Īas raciones de grano, mientras que los dos jinetes consumieron el resto de la carne de marmota. El agua no falt√≥, porque en su camino cruzaron diversos r√≠os, que descend√≠an de las cumbres de la lejana cordillera que corr√≠a a su izquierda, al norte, y que constitu√≠a una estribaci√≥n de las monta√Īas del Murall√≥n Sombr√≠o, situadas m√°s lejos. Como alimento adicional, ahora que la carne se hab√≠a acabado, los dos jinetes consumieron raciones de galleta cruda, sosa pero nutritiva, muy com√ļn en Mithgar; de modo que el sustento no constitu√≠a una preocupaci√≥n para los guerreros. Pero Elyn advirti√≥ a Thork que las monturas no podr√≠an continuar aliment√°ndose indefinidamente de las magras raciones con que las alimentaban. Los caballos y los ponis necesitaban en el curso de un viaje mucha hierba y mucho grano, adem√°s de agua; pero lo exiguo de las raciones de los corceles no ser√≠a motivo de preocupaci√≥n al menos hasta pasados uno o dos d√≠as m√°s; despu√©s, necesitar√≠an m√°s tiempo de recuperaci√≥n.
Así siguieron avanzando hacia el este mientras el Sol ascendía por encima de sus cabezas y descendía de nuevo, protegiéndolos con su luz del Falso Pueblo. Pero nada los protegía del agotamiento que parecía invadir sus huesos. Porque su viaje era incesante, por más que dedicaran a descansar una hora de cada cuatro.
En una ocasi√≥n se detuvieron junto a un arroyo, y all√≠ Elyn se dedic√≥ a curar una vez m√°s sus heridas, a√ļn abiertas; y lo mismo hizo Thork con las suyas. Y Elyn pas√≥ su ung√ľento blanco al enano, y ¬°oh, sorpresa! recibi√≥ a cambio un ung√ľento de color oscuro.
Y cuando Thork desgarr√≥ su justillo y se meti√≥ en el arroyo para lavarse los brazos y el pecho, sus m√ļsculos parec√≠an cables de acero, y sus tendones cuerdas de cuero resistente.
Por fin, el Sol desapareció en el horizonte, y la oscuridad se extendió sobre la tierra. Ahora iban a comprobar si su largo viaje hacia la noche había ahuyentado al ser maligno que los acechaba; si la luz del día le había hecho perder la pista.
A la luz del crep√ļsculo, muy lejos todav√≠a del lugar en el que se encontraban, vieron la mancha oscura de un gran bosque. Era el Sk√∂g, el pa√≠s boscoso que se extiende por la frontera entre Aralon y Kath. Realmente hab√≠an recorrido mucho camino en su larga cabalgada.
Siguieron avanzando durante una hora más, hasta llegar a las proximidades del bosque, ahora negro y sombrío.
¬óCreo que debemos descansar antes de adentrarnos en el bosque ¬ódijo Thork¬ó, porque no sabemos lo que nos espera en su interior.
¬óEn ese caso, no nos movamos hasta que la Luna se haya alzado lo suficiente para iluminar el camino por entre las copas de los √°rboles ¬ósugiri√≥ Elyn, y Thork asinti√≥ con un gru√Īido.
De modo que desmontaron, y se tomaron un √ļltimo descanso antes de sumergirse en lo desconocido.
Elyn se frotó los ojos con el dorso de las manos.
—Nunca me acostumbraré a dormir de día y vivir de noche.
¬óComprendo tu punto de vista, guerrera ¬óle respondi√≥ Thork¬ó. Dentro de un Ch√Ękkaholt, el d√≠a s√≥lo es visible a trav√©s de las claraboyas abiertas en la roca, y tal vez de una o dos puertas; y sin embargo ajustamos nuestro tiempo a la marcha del Sol, y ordenamos nuestras vidas seg√ļn sus movimientos.
Elyn se removió inquieta al oír aquella mención de los hábitos de la vida de los enanos, pero no dijo nada, y Thork no continuó con el tema.
Descansaron largo rato, mientras el caballo y el poni devoraban la hierba jugosa, hasta que al fin apareció la Luna.
—Esperemos un poco más, media muesca de vela más o menos —sugirió Elyn—, para que la luz ilumine bien el bosque.
El silencio de Thork era una muestra de asentimiento, de modo que esperaron mientras la Luna se elevaba en el cielo, hasta que finalmente Thork se puso en pie y Elyn le siguió, y los dos se dirigieron hacia sus monturas.
De s√ļbito, Viento relinch√≥ y empez√≥ a tironear de su ramal, con ojos espantados. Tambi√©n el poni de Thork se mov√≠a inquieto y piafaba con signos de terror. Y en el mismo momento, la sombra del mal pas√≥ aleteando por las mentes del enano y la doncella guerrera.
Y oyeron algo extra√Īo que remov√≠a la tierra.
—¡Ay! —gritó Thork—. ¡Al sur! ¡La tierra! ¡La mismísima tierra!
Avanzando en su dirección como una gran zanja oscura, la tierra se levantaba removida por una poderosa fuerza, como si algo largo, macizo y maligno los persiguiera bajo el suelo, un monstruo subterráneo que los acosaba sin salir a la superficie.
—¡Huyamos! —gritó Elyn con voz ronca y ojos desorbitados por el terror. Cortó el ramal y saltó sobre los lomos de Viento, espoleándolo en dirección a los bosques.
Thork corr√≠a detr√°s, montado en su poni, que galopaba presa ¬Ņel p√°nico.
Y detrás de ellos la superficie del mundo temblaba y se quebraba; el manto de césped se fracturaba, empujado hacia arriba y a un lado desde debajo, y la tierra removida parecía gritar de agonía mientras la zanja subterránea aceleraba su marcha en persecución de la pareja, abierta por algo horrendo que se acercaba más y más, dejando a su paso un largo montículo roto de tierra torturada.
—¡Corre, Viento, corre! —gritaba Elyn, volcada hacia adelante en la silla, espoleando a la yegua gris y mirando hacia atrás para ver a Thork, que la seguía a toda la velocidad de que era capaz su poni, a pesar de lo cual la cosa subterránea se aproximaba cada vez más.
¬ó¬°Rach!
Tirando con fuerza hacia la izquierda de las riendas de la yegua, la doncella guerrera corri√≥ trazando un amplio c√≠rculo hasta situarse al lado del enano, y ambos siguieron corriendo, a pocos centenares de pasos ahora del t√ļnel abierto a sus espaldas por la cosa invisible lanzada contra su pretendida presa.
—¡A la derecha! ¡Gira a la derecha —gritó Elyn—, o nos alcanzará a los dos!
Thork viró hacia la derecha, apartándose de la dirección seguida por Elyn y apretando de firme a su caballito, mientras que Elyn, por su parte, tiraba de las riendas de Viento para quedar rezagada, y seguía recta en la misma dirección; la zanja abierta en el suelo aceleró entonces su marcha para seguirla a ella.
Más y más se acercó, faltaban ya pocos metros para que la alcanzara. Entonces Elyn se inclinó adelante en la silla.
¬ó¬°Ahora, Viento! ¬ógrit√≥, dando rienda suelta a la yegua gris¬ó. ¬°Ense√Īa a ese monstruo tu grupa!
Y Viento saltó adelante con la velocidad del relámpago, pero otro tanto hizo la tierra movediza, y los dos corrieron a través de la llanura herbosa, el raudo corcel y su perseguidor oculto, en dirección al bosque cercano.
Era una carrera a vida o muerte.
Thork y su poni, siguiendo un camino diferente, también corrían hacia el refugio del bosque; ya no como la presa del cazador, como la víctima previsible de aquel juego mortal. Elyn le había librado de morir sacrificado a un destino desconocido, y sus ojos se esforzaban por seguir las evoluciones de la doncella y de la cosa que le daba caza.
—¡Corre, doncella guerrera, corre! —Tembló su voz, por entre los dientes apretados. Y luego—: ¡Elwydd, protégela! —se elevó su plegaria, y en ese mismo momento su poni moteado entró en el abrigo tenebroso del bosque.
R√°pidamente cambi√≥ de rumbo, corriendo ahora en direcci√≥n norte de modo que el √°gil caballito serpenteaba entre los √°rboles, guiado por las manos firmes del enano, que escudri√Īaba la noche con su mirada penetrante. Y mientras corr√≠a bajo los √°rboles, no perd√≠a de vista la caza desesperada que ten√≠a lugar en la llanura.
Ahora Elyn hacía correr a Viento en un amplio círculo; la yegua huía delante de la cosa, y la doncella guerrera procuraba ganar terreno mediante hábiles maniobras, pero sin que la distancia aumentara de una manera apreciable. Corrió en círculo hasta llegar finalmente a la estela de tierra removida dejada por su perseguidor, y Viento saltó limpiamente el obstáculo.
¬°Hush!, la tierra se alz√≥ en una s√ļbita explosi√≥n cuando la cosa cruz√≥ su propia estela, siempre detr√°s de la yegua que hu√≠a.
—¡Aquí, guerrera, ven por aquí! —gritó Thork desde la linde del bosque.
Y Elyn modific√≥ ligeramente la direcci√≥n de su carrera y se dirigi√≥ al lugar de donde hab√≠a venido la llamada, y entonces pudo ver el poni que reculaba presa de p√°nico, retenido √ļnicamente por la firme mano de Thork.
Y detrás de ella, el suelo seguía abriéndose hacia arriba mientras algo en su interior corría a toda velocidad, cambiando de dirección para dar alcance a la yegua fugitiva.
Thork hizo volver grupas al poni y lo espoleó cuando Elyn llegó a su altura; y los dos juntos se sumergieron en el Skög, el enano delante y la doncella guerrera detrás de él, serpenteando entre los árboles.
Detrás de ellos los árboles empezaron a caer al suelo a medida que la cosa que los perseguía avanzaba, desarraigando con la misma facilidad a los gigantes del bosque que a los pimpollos recién nacidos, en su ansia por matar. Y delante de ella volaban los dos guerreros, ahora con Thork a la cabeza porque sus penetrantes ojos de enano y la agilidad de su poni le daban ventaja.
Poco a poco fueron ganando terreno sobre su perseguidor, aunque los dos sab√≠an que aquella cosa todav√≠a los segu√≠a, estorbada tal vez por las ra√≠ces y las rocas, o porque no pod√≠a seguir con la misma facilidad el rastro de sus presas entre los √°rboles. Aun as√≠, no aflojaron el paso, porque pod√≠an presentarse multitud de obst√°culos a su carrera: un barranco, un pe√Īasco u otro impedimento que pidiera el paso. No obstante, Thork era experto en advertir la conformaci√≥n del terreno, y sigui√≥ un camino que conduc√≠a en direcci√≥n a lo alto de la colina, siempre que las circunstancias se lo permit√≠an. Finalmente, llegaron a una gran excrescencia de granito, un afloramiento del escudo geol√≥gico, erosionado muchos siglos atr√°s por los hielos eternos que cubr√≠an entonces el norte.
—Por aquí —susurró el enano—. Ese claro se asienta sobre la roca firme.
Y condujo a Elyn, fuera del abrigo de los árboles, a una loma despejada en la que las herraduras de hierro de los caballos repiquetearon al pisar sobre piedra. Cabalgaron hasta el centro de la loma, y allí se detuvieron.
¬óDesmonta, guerrera ¬ógru√Ī√≥ Thork¬ó. Pero prep√°rate a cabalgar de nuevo si es necesario. Porque no s√© si la roca ser√° capaz de detener a lo que nos persigue.
¬ó¬ŅQu√© es? ¬ópregunt√≥ Elyn¬ó. ¬ŅSabes lo que puede ser?
¬óNo, guerrera, lo ignoro ¬órespondi√≥ Thork moviendo despacio la cabeza¬ó. Ninguna tradici√≥n, ninguna ciencia, ning√ļn mito habla de una cosa que persigue bajo tierra. Y por lo que yo s√©, s√≥lo los utruni viven bajo tierra, aunque algunas historias hablan de otras cosas que tambi√©n habitan en las profundidades.
¬ó¬ŅUtruni? ¬ŅTe refieres a los gigantes? ¬ópregunt√≥ Elyn¬ó. ¬ŅPodr√≠a ser uno de ellos el que nos sigue? Siempre he cre√≠do que eran aliados nuestros, por lo menos en la Gran Guerra, o as√≠ me lo han contado.
—Sí, son aliados —respondió el enano—. Y tienes razón: los utruni, los gigantes de piedra, no son malvados, y esa cosa que nos persigue no puede ser uno de ellos. Además, desplaza la tierra, y los utruni no. Esperemos que, sea lo que fuere, no consiga alcanzarnos en esta loma de roca viva.
A lo lejos podían oír caer los árboles, y el estruendo se iba aproximando.
Hacia el este, la Luna navegaba serena en medio de la noche estrellada, y su luz plateada iluminó a los cuatro seres instalados en la loma: Elyn, Thork y las dos monturas. El globo luminoso no parecía advertir el drama desesperado que se estaba desarrollando abajo, y despedía su luminosidad de platino igual que siempre, como lo había hecho desde la creación del mundo y de la Luna.
Elyn examinó a Viento, y luego al caballito, murmurando algo en voz baja mientras lo hacía; Thork escuchaba en silencio sus suaves palabras.
¬ó¬ŅQu√© nombre tiene este intr√©pido caballito? ¬ópregunt√≥ ella al enano.
—Cavador —contestó Thork después de una leve duda, como si poner nombre a un poni significara, de alguna manera, una debilidad vergonzosa.
¬óMuy bien, Cavador¬ódijo ella al poni¬ó, est√°s cansado, como todos nosotros, y necesitas descansar sin falta; pero has de estar preparado porque podemos vernos obligados a huir de nuevo, y si t√ļ y Thork no nos indic√°is el camino, ¬°zas!, Viento y yo caeremos sin remedio en las garras de ese monstruo, si es que tiene garras.
El ruido de árboles derribados al suelo hizo estremecerse al poni, aunque la voz de Elyn pareció calmarlo un poco.
Finalmente, la tierra removida y los árboles abatidos llegaron hasta el borde mismo del escudo rocoso, primero por un lado, luego por otro, como si la cosa invisible buscara una grieta, un camino, sin encontrarlo. Elyn y Thork sujetaban con firmeza las riendas de sus monturas, tratando de calmar a los animales aterrados por aquella vil caza; la yegua y el caballito temblaban y se encogían ante cada nuevo árbol caído. Y también la tierra temblaba y se removía en cada nuevo lugar por el que pasaba el buscador, y en la noche resonaban ominosos los ruidos del suelo levantado y torturado. Una o dos veces la loma rocosa se estremeció, como si hubiera sido golpeada por una fuerza poderosa, tal vez por un leviatán, pero nada se acercó a ellos por encima de la roca. Y en aquellos momentos, Elyn alargó el brazo y apretó con fuerza la mano de Thork, en busca del consuelo que podía darle un enemigo honorable, y para proporcionarle consuelo a su vez.
Pas√≥ un largo rato, y la Luna sigui√≥ su camino en lo alto del cielo, y la tierra sigui√≥ removi√©ndose; y en una ocasi√≥n, a Elyn le pareci√≥ ver unas horrendas protuberancias viscosas que surg√≠an del suelo, entre los √°rboles; pero cuando quiso ense√Ī√°rselas a Thork, ya hab√≠an desaparecido.
Finalmente, la cosa dio media vuelta y se abrió paso a través del Skög, y el bosque se derrumbó a su paso.
Pasaron toda la noche en la loma formada por el escudo rocoso, dormitando a ratos y velando otros por turno, porque no sabían si la cosa se había marchado realmente, o simplemente les estaba tendiendo una trampa. Y cuando por fin apareció la luz de un día nublado, envainaron sus espadas y montaron, preparándose para abandonar la protección de la loma rocosa y aventurarse sobre el suelo blando.
—Sígueme —dijo Thork en voz baja, guiando a su poni loma abajo.
Y cuando lleg√≥ al borde oriental del escudo de roca, grit√≥: ¬ę¬°Ya!¬Ľ, y clav√≥ los talones en los flancos de Cavador, de modo que el caballito salt√≥ de la piedra al suelo del Sk√∂g, y corri√≥ de nuevo por entre los √°rboles, con Elyn y Viento detr√°s de sus pasos.
Corrieron de esa forma cierta distancia, y nada los persiguió en el bosque silencioso. De modo que finalmente aflojaron la marcha y siguieron su camino al paso, dando descanso a sus monturas y esperando encontrar agua y un lugar en el que acampar.
Finalmente, al pie de una colina encontraron un arroyo. Mientras sus caballos se abrevaban, Elyn desató su cantimplora del pomo de la silla y vadeó el riachuelo hasta encontrar un lugar donde corría el agua clara, y allí quitó el tapón y sumergió en la corriente la bota de cuero, con expresión pensativa. Finalmente, dijo lo siguiente:
¬óThork, est√° claro que no hemos despistado al ser malvado que nos persigue con nuestro viaje a la luz del d√≠a. Creo que estos ataques los dirige contra nosotros (Adon sabr√° por qu√© raz√≥n) una malevolencia que no puedo precisar, pero que sin embargo es muy real. Ignoro si es a ti a quien busca, o bien a m√≠, o a los dos a la vez. Pero s√≠ s√© una cosa: a estas horas estar√≠a muerta de no haber sido por ti, y t√ļ puedes decir lo mismo. Por eso propongo que sigamos el uno en compa√Ī√≠a del otro hasta que nuestros caminos lleguen a su punto natural de separaci√≥n, y sigamos entonces cada cual el suyo; porque la b√ļsqueda que he emprendido me corresponde a m√≠ llevarla a cabo, y el camino que t√ļ sigues es tuyo. Somos enemigos, pero podemos serlo de modo amistoso, hasta que
llegue el momento de reanudar las hostilidades.
La respuesta de Thork se demoró mucho tiempo.
—Has viajado conmigo con honor. Has compartido conmigo tu comida y tu destreza como guerrera. Me has salvado la vida en más de una ocasión, y estoy en deuda contigo. Y además de todo eso, ¡me has llamado por mi nombre!
¬ĽOjal√° pudiera llamarte amiga, Elyn, y tal vez lo haga por alg√ļn tiempo, porque en otras circunstancias bien podr√≠amos ser amigos. Y tienes raz√≥n: el peligro que nos amenaza es real, aunque los dos juntos nos las hemos arreglado hasta ahora para evitarlo. Cabalgar√© con honor a tu lado hasta que nuestros caminos se separen.
Elyn colocó el tapón a su cantimplora y se incorporó; por primera vez una sonrisa brilló en su rostro al mirar a Thork.
—Entonces vamos a buscar un lugar donde acampar, amigo, porque estoy tan cansada que no puedo tenerme en pie. Mi cama de la noche pasada ha sido la roca dura, y no querría buscar ahora ninguna otra, porque me temo que en cualquier momento pueda surgir un monstruo de debajo de la tierra.
Thork soltó una alegre carcajada y sacudió la cabeza.
¬óEn efecto, tenemos un monstruo debajo de la cama.
Ese d√≠a, en el campamento ninguno de los dos se qued√≥ a vigilar, porque hab√≠an comprobado que el mal los atacaba √ļnicamente en la oscuridad, y estaban tremendamente cansados. Hab√≠an encontrado un claro abierto en el bosque, cubierto de tr√©bol, id√≥neo para que los caballos pastaran, y all√≠ acamparon. Ataron a la yegua y al poni con ramales largos ¬óElyn utiliz√≥ la cuerda que Thork le hab√≠a tirado a la cara unos d√≠as antes¬ó, y los guerreros comieron un poco de galleta y cayeron dormidos de inmediato.
Todo el d√≠a estuvieron tumbados, despertando sobresaltados de cuando en cuando, a pesar de que el silencio era absoluto, para dormirse de nuevo al instante. El cielo se hab√≠a ido oscureciendo, y la marea diurna parec√≠a haberse desvanecido. Ahora sobre sus cabezas se amontonaban nubarrones negros, aunque ellos, en sus sue√Īos, segu√≠an sin advertirlo. Muy lejano, se oy√≥ el trepidar de un trueno, heraldo de la tormenta que se avecinaba.
Elyn despertó cuando una gota fue a caer sobre su mejilla. Se volvió a despertar a Thork, porque el cielo se había oscurecido y el viento sacudía los árboles; pero el fogonazo de un relámpago y el estruendo del trueno pusieron al enano en pie de un salto, con la mano tendida hacia su hacha.
Elyn corrió hacia los caballos, los desató y los condujo al campamento, luchando con el fuerte viento. Rápidamente, los dos levantaron el campo mientras la noche caía sobre ellos. Y se abrigaron en sus capas de piel engrasada para la lluvia muy a tiempo, porque los cielos se abrieron de par en un par y el agua empezó a caer en torrente inacabable.
Durante mucho tiempo cabalgaron bajo la tempestad, entre los árboles que temblaban sacudidos por el viento, azotados por el aguacero helado. Alrededor de ellos caían rayos y rugían los truenos, y los caballos se sobresaltaban y temblaban nerviosos a cada nuevo fogonazo.
Finalmente, Elyn aproximó su yegua gris a Thork, y gritó para hacerse oír por encima de la tormenta:
¬óRefugio, Thork.. Necesitamos un refugio. Los caballos no pueden soportar por m√°s tiempo esta lluvia helada.
Y a la fantasmal luz de los rel√°mpagos, Thork ascendi√≥ por la ladera de una colina hasta encontrar una especie de cobijo: una roca en voladizo en una pendiente, resguardada tras un peque√Īo grupo de pinos. Se acurrucaron bajo aquel techo, y por fin se vieron a salvo de la lluvia directa, aunque el agua entraba de todos modos, empujada por las r√°fagas de viento, y no pod√≠an secarse.
Los rayos caían muy cerca, seguidos de inmediato por truenos estruendosos; y la lluvia helada redobló la fuerza de su martilleo, mientras el viento sacudía los pinos situados delante del refugio improvisado. Elyn y Thork, temblorosos, se apretaron el uno contra el otro para darse calor, envueltos en una lona encerada que Thork llevaba en su equipaje. Y entonces, por encima del ruido del viento y de la lluvia furiosa, oyeron un siniestro crujido en el bosque, el sonido de árboles derribados.
¬ó¬ŅLa cosa? ¬óElyn apart√≥ la lona, se puso en pie de un salto y extrajo su sable de la vaina colocada en la silla de montar, sobre el flanco de Viento.
También Thork se puso en pie, con el hacha preparada; tensó la palanca articulada situada entre la cuerda y la caja de su ballesta, y, después de montarla, la cargó con un virote rojo.
Los dos atisbaron en la oscuridad mientras la lluvia corr√≠a a raudales y el ocasional fogonazo de alg√ļn rel√°mpago iluminaba con su luz cegadora el bosque oscuro. Elyn no consegu√≠a ver nada, pero Thork se√Īal√≥ en una direcci√≥n determinada, aunque al principio ella no pod√≠a decir de qu√© se trataba. Luego vino otro rel√°mpago, y apareci√≥ erguido entre los √°rboles un gran ser horrendo: cercano a los cinco metros de altura, parec√≠a un rutch gigante, pero macizo y brutal, cubierto de una piel verde y escamosa. Pero no se trataba de ning√ļn rutch, sino de un ogru, y estaba olfateando el aire, como para captar en √©l el olor de la presa perseguida.
La luz del rel√°mpago se extingui√≥, pero Elyn segu√≠a viendo al monstruo con los ojos de su mente, rememorando su imagen. Luego Thork volvi√≥ a se√Īalar algo, y ¬°horror! el siguiente fogonazo de luz revel√≥ a otro ogru, id√©ntico al primero..., y tambi√©n rastreando, olfateando como el anterior.
Thork arrastró a Elyn hacia atrás, y murmuró a su oído:
—Son trolls. Nos buscan, pero la tormenta los estorba, porque no pueden detectar nuestro olor ni el de nuestros caballos. Así nos envíe Elwydd un aguacero más fuerte todavía. No hagas ruido, porque se trata de enemigos que no podemos matar sin la ayuda de un grupo numeroso. Amordaza a tu yegua para que no relinche, porque si lo hace estaremos perdidos.
Elyn se acerc√≥ a Viento y coloc√≥ una mano tranquilizadora sobre el morro h√ļmedo del animal, al tiempo que murmuraba palabras cari√Īosas. Tambi√©n Thork sujet√≥ el hocico de Cavador, pero no dijo nada al poni, o al menos Elyn no lo oy√≥. Y los dos escucharon el estruendo de los √°rboles derribados por encima de los ruidos de la tempestad, mientras los ogrus rastreaban el monte movi√©ndose torpemente por el bosque, siempre aspirando el aire pero sin captar otra cosa que el intenso olor de la tierra mojada; formando pabell√≥n con las manos sobre sus orejas puntiagudas, pero sin o√≠r m√°s que el diluvio; escudri√Īando con sus grandes ojos rojizos, sin ver m√°s que las ramas azotadas por el viento que los golpeaban una y otra vez.
Ca√≠an cegadores los rel√°mpagos, resonaba el trueno y la tempestad redoblaba su furia, de modo que ahora la pareja de guerreros √ļnicamente pod√≠a o√≠r el fragor incesante del agua que ca√≠a. No sab√≠an si los ogrus se encontraban cerca o lejos. Y en la oscuridad, Elyn cre√≠a ver a una de aquellas criaturas apartar de una manotada los pinos y meter el feo hocico en su escondite.
Toda la noche diluvió, y al amanecer todavía llovía, pero con menos fuerza. Y cuando la pareja se atrevió a mirar el exterior desde su refugio, a la luz mortecina del alba, la lluvia había amainado algo más, mientras las nubes se desplazaban hacia el este.
Dejando su escondite, marcharon hacia el este a través de los bosques. Y mientras cabalgaban, finalmente cesó la lluvia, aunque en torno a ellos siguieran cayendo gotas, desprendidas de las hojas de los árboles.
Una vez más, el mal había llegado hasta ellos; y una vez más habían evitado ser atrapados por él, aunque en esta ocasión se debiera simplemente a la casualidad. Mucho es lo que habrían dado por saber quién era el responsable de aquella maligna persecución, y cuál era la causa de la misma; pero, de saberlo, no habrían dejado por eso de viajar juntos.
Llegaron finalmente a otra colina donde encontraron un refugio más adecuado, con un amplio voladizo de roca. En él se detuvieron a pasar el día, porque necesitaban descansar.
Una semana m√°s tarde, Elyn y Thork atravesaron un r√≠o y entraron en una selva denominada bosque de los Lobos, un lugar en el que se dice que el mal no puede penetrar. Las leyendas sostienen que en este lugar viven animales de las √©pocas antiguas: altas √°guilas; lobos plateados, osos que fueron hombres, unos caballos provistos de cuernos llamados unicornios, y otros seres de las antiguas f√°bulas. Tambi√©n se aseguraba que en tiempos viv√≠a aqu√≠ un mago. ¬ŅSu nombre? Nadie lo conoc√≠a.
No obstante, todas esas leyendas no las tuvieron presentes Elyn y Thork en el momento de cruzar el r√≠o, porque ignoraban el nombre del bosque en el que entraban; e incluso, de haberlo sabido, bien poco les habr√≠a importado porque a sus espaldas pod√≠an o√≠r los rugidos de otro enemigo... ¬ŅDe qui√©n? No lo sab√≠an, ni los preocupaba. Lo √ļnico que ten√≠a importancia en aquel momento era que de nuevo su perseguidor hab√≠a encontrado su rastro.
A lo largo de las siete √ļltimas noches de viaje, hab√≠an sido perseguidos sin descanso por el Falso Pueblo: rutcha, drokha y trolls, aparte de otros seres sin nombre conocido, se aproximaron a ellos protegidos por la oscuridad, y lanzaron contra ellos flechas, blandieron lanzas, llegaron al cuerpo a cuerpo armados con mazas y cuchillos, cimitarras y tulwars, porras y martillos, cadenas y punzones, garras y dientes, y otros medios. La mujer y el enano hab√≠an luchado en unos casos, huido en otros, y buscado la forma de eludir aquellos ataques; pero siempre, una y otra noche, los wrg se las hab√≠an ingeniado para localizarlos y reanudar el combate.
En más de una ocasión había acudido Thork en socorro de Elyn, y también ella le había salvado la vida más de una vez. Los dos habían sido heridos; Thork no podía utilizar su brazo izquierdo porque una flecha rutch le había atravesado el hombro, y Elyn tenía unas costillas rotas que le impedían respirar hondo y blandir el sable con soltura. Y sin embargo, seguían luchando.
Tambi√©n Viento hab√≠a resultado herida por una flecha y una cuchillada; y Cavador ten√≠a ambos flancos cubiertos de rasgu√Īos. Pero siguieron cargando con sus jinetes hacia el este, galopando cuando se les ped√≠a, por cansados que estuvieran; desprovistos de la comida, el agua y el descanso que necesitaban; fieles hasta el fin, si preciso fuere.
Y ahora, mientras cruzaban el río, una vez más corrían para salvar sus vidas.
Y as√≠ entraron en el bosque de los Lobos, corriendo en zigzag para sortear los √°rboles. Se adentraron unos ocho kil√≥metros en la selva, hasta llegar por fin a un peque√Īo claro, en cuyo centro se alzaba un mont√≠culo bajo. Y cuando lo cruzaban, oyeron a sus espaldas un vibrante aullido, largo y poderoso, que fue de inmediato respondido por otros.
Thork cabalgó hasta la cima del montículo, y allí se detuvo, desmontó, sacó su maza de la silla del poni y palmeando a Cavador en la grupa, gritó:
¬ó¬°Hai, Cavador! ¬°Corre, caballito, corre!
Elyn, que venía detrás, tiró de las riendas de Viento e hizo que se detuviera.
¬ó¬ŅThork?
El enano la mir√≥ con ojos brillantes; el brazo izquierdo colgaba in√ļtil a un lado.
¬ó¬ŅNo has o√≠do, Elyn? ¬ócomo si sus palabras fueran una se√Īal, de nuevo el mismo bramido vibrante reson√≥ entre los √°rboles¬ó. Son vulgs, un enemigo del que no tenemos posibilidad de escapar. Pero t√ļ contin√ļa cabalgando; yo los entretendr√© y as√≠ quiz√° puedas evitar que te alcancen antes del alba. ¬°Vete ya!
En lugar de hacer lo que le ped√≠a, Elyn desmont√≥, con una mueca de dolor. Empu√Ī√≥ su sable y azuz√≥ a Viento para que siguiese a Cavador.
¬óTal vez nuestros caballos consigan sobrevivir, Thork.
¬óEst√ļpida mujer ¬óla voz de Thork parec√≠a reflejar una emoci√≥n extra√Īa.
¬óPedazo de borrico enano ¬ócontest√≥ Elyn, apoyando su espalda en la de √©l¬ó. √Čsta podr√≠a ser una de esas canciones que los bardos cantan una y otra vez; si conocieran nuestra historia.
Y coloc√°ndose espalda contra espalda, en el centro de un claro del bosque, bajo la Luna en cuarto menguante, los dos guerreros heridos esperaron a pie firme, imp√°vidos, con las armas dispuestas.