5 - Piedra negra

Noche Larga Anual, 3E8
[Muchos siglos atr√°s]

A mucha profundidad bajo las monta√Īas de Rigga, en la antigua fortaleza de enanos de Piedra Negra, el ambiente estaba cargado de anticipaci√≥n. Finalizaba la solemne ceremonia desarrollada durante los doce d√≠as anteriores, y estaba a punto de comenzar la alegre fiesta que deb√≠a prolongarse doce d√≠as m√°s. Cheol ¬óla Fiesta del Invierno¬ó deb√≠a comenzar a medianoche de la m√°s larga de las mareas oscuras, y una vez m√°s las luces y los adornos iluminar√≠an las salas excavadas en el interior de la monta√Īa.
Hab√≠a llegado el tiempo sagrado de la renovaci√≥n, no s√≥lo para los ch√Ękka ¬ólos enanos¬ó de Piedra Negra, sino para los de todas las fortalezas de enanos repartidas por Mitheor: en las Cavernas Rojas y Mineholt Norte, en el Sal√≥n Azul y las colinas de Cuarzo y Cielaire, en Kachar y en la poderosa Kraggen-cor; en todos los lugares donde habitaban enanos.
Doce días habían transcurrido desde que dejaron descansar sus herramientas. Todos los trabajos se detuvieron: picos y azadones dejaron de excavar las menas metalíferas; las carretillas permanecieron inmóviles; se extinguieron los fuegos de las forjas, los hornos se enfriaron, los crisoles se oscurecieron; martillos y yunques guardaron silencio; ni molió la muela, ni taladró la barrena; los fogones ya no cocinaban, ni giraban los asadores, ni hervían las ollas. Todo se detuvo: las minas, las forjas, los talleres, el martilleo, el girar de las ruedas, los hornos, las cocinas..., todo.
Y durante doce d√≠as, un intenso silencio se apoder√≥ de las cavernas. Y los ch√Ękka meditaron profundamente sobre el Honor, la Vida y la Muerte, sobre su propia orgullosa Historia, y sobre las Sombras de sus respetables Antepasados. S√≠, en la vida de cada ch√Ęk hab√≠a doce largos d√≠as y noches al a√Īo dedicados a la contemplaci√≥n meditativa, y s√≥lo una guerra calamitosa u otra urgente necesidad pod√≠a ser la causa de que un enano quebrantara el rito de ese cuestionamiento interior de la esencia del Ch√Ękka dom.
En esa misma √©poca, los maestros en las tradiciones reun√≠an a los j√≥venes ch√Ękka, y tambi√©n a otras muchas personas, y les hablaban de la Creaci√≥n, de la Muerte y de laMisi√≥n. √Čstas son las palabras de los maestros en las tradiciones:
Cuando Adon cre√≥ Mitheor, era un pa√≠s verde y exuberante. Los peces nadaban en sus aguas, las bestias rumiaban en sus tierras, los p√°jaros llenaban el aire. La lluvia y el Sol, el viento y la noche, la Luna y las estrellas, el d√≠a, las monta√Īas y r√≠os, la hierba de las llanuras, las c√°lidas arenas de los desiertos y las extensiones deshabitadas cubiertas de nieve y de hielo; todas esas cosas y m√°s a√ļn formaban parte del designio Adon, y se mostraban satisfechas por ello.
Pero Elwydd mir√≥ la obra de su Se√Īor, y vio que no hab√≠a ning√ļn pueblo en el mundo. Y entonces intervino con sus suaves manos en la Creaci√≥n. Los utruni, los hombres, los ch√Ękka, los waerans: desde los m√°s grandes hasta los m√°s peque√Īos, cre√≥ a todos esos pueblos ¬óy tal vez a m√°s incluso¬ó y los reparti√≥ por la faz de Mitheor.
Con respecto a sus m√ļltiples misiones, Elwydd no las dio a conocer, pero Ella conoce cu√°les son; sin embargo, permite que cada pueblo elija su propio destino y busque su camino, pero ning√ļn pueblo sabe con certeza si los caminos elegidos por √©l en cada momento le aproximan o no a los objetivos ocultos.
Sin embargo, s√≠ que sabemos una cosa: a los ch√Ękka nos dio el reino situado bajo las monta√Īas, y el dominio sobre la piedra y el fuego. Piedra y fuego: ellos gobiernan nuestra vida y ayudan en la muerte, porque es a trav√©s de la piedra preciosa, sin mezcla de imperfecci√≥n, o del fuego purificador, como nuestros esp√≠ritus se liberan despu√©s de la muerte..., se liberan para vagar entre las estrellas hasta que llegue el momento de comenzar un nuevo ciclo: renacer, vivir, morir, y caminar otra vez por la b√≥veda del cielo.
Y mientras nuestros esp√≠ritus pasean entre las estrellas, palpamos su maravillosa belleza y conocemos el secreto de su brillo. Y aunque en cada renacimiento nuestro no podemos recordar la forma en que est√°n hechas, las estrellas siguen siendo maravillosas para nosotros, y sus ecos pueblan nuestros sue√Īos. Y todas las cosas que fabricamos, todo lo que construimos, no es sino un intento de igualar su gracia; porque estamos convencidos de que √©sa es la misi√≥n que nos ha asignado Elwydd: tocar las estrellas.
Así pues, fue Adon quien creó Mitheor... Pero fue Elwydd, Su Hija, quien colocó a los pueblos en el mundo. Y Ella misma colocó ante ellos las misiones para las que fueron creados, y los misterios que deben resolver...
... O al menos, así lo explican los maestros en las tradiciones.
Durante doce d√≠as y doce noches los enanos hab√≠an conmemorado y meditado sobre tales enigmas, as√≠ como sobre la Historia, los Antepasados, el Honor, la Vida y la Muerte. Pero esa meditaci√≥n anual estaba, una vez m√°s, a punto de concluir, porque con la invocaci√≥n a la Luz de las Estrellas, celebrada a medianoche de la Noche Larga Anual, la contemplaci√≥n y la celebraci√≥n dar√≠an paso a doce d√≠as de regocijo y festejos. Y cuando tambi√©n finalizaran esos doce d√≠as, se encender√≠an de nuevo las forjas y los hornos, se excavar√≠an las vetas de minerales, se refinar√≠an los metales, se tallar√≠an las gemas, y el gran taller productor de armas, armaduras, joyas, herramientas y todos los dem√°s art√≠culos habituales de la industria de los ch√Ękka, recomenzar√≠a una vez m√°s sus actividades.
Y a medida que la Noche Larga Anual iba avanzando, los aromas de suculentos asados, panes recién horneados, especias raras y pasteles calientes se extendían por las salas y las cámaras de cada holt, porque los preparativos para el banquete se habían iniciado con la puesta de sol.
En Piedra Negra ¬óconocida como la Joya de los Ch√Ękkaholts, porque en ella se extra√≠an y se trabajaban el oro, la plata y las piedras preciosas¬ó, el DelfSe√Īor Bokar observaba a los ch√Ękka que comenzaban a congregarse en el gran sal√≥n occidental porque se acercaba ya la medianoche.
Bokar cruz√≥ el postigo lateral de la poderosa puerta de la fortaleza, y sali√≥ a aspirar el aire claro de la monta√Īa, en aquella noche invernal. Hizo una se√Īal a los centinelas que vigilaban, y pase√≥ por el amplio patio situado frente a la puerta; sus botas resonaban en el suelo de granito. Al llegar al centro del patio, se detuvo y observ√≥ la disposici√≥n de las estrellas.
Había llegado el momento.
A una se√Īal de Bokar, un centinela desapareci√≥ por el peque√Īo postigo lateral. De inmediato se descorrieron los cerrojos, se retiraron las barras y las puertas macizas se abrieron pesadamente hacia el exterior, hasta quedar detenidas por los muros laterales de piedra. ¬°Bum! ¬°Bum!
Una luz amarilla se desparramó por el patio, y el aire frío del exterior invadió el holt, haciendo estremecer a los enanos congregados en la gran sala. Se habían reunido allí todos, jóvenes y ancianos, sanos y lisiados, varones y hembras; incluso los enfermos incapaces de moverse por sí mismos habían sido trasladados allí porque todos debían participar en aquella noche sagrada.
A una nueva se√Īal de Bokar, los ch√Ękka reunidos salieron al patio, a la noche di√°fana bajo el brillo de las estrellas. Pero aunque el cielo hubiera estado cubierto y se desencadenara una tempestad, de todas formas los ch√Ękka habr√≠an salido de debajo de
la monta√Īa para contemplar el cielo, cualquiera que fuese su aspecto. Porque √©sta era la noche de la Invocaci√≥n a la Luz de las Estrellas, y una mera cuesti√≥n clim√°tica no pod√≠a impedir a los enanos reafirmar su fe... fuera la noche clara u oscura, con o sin luz de estrellas. Pero esta noche era realmente cristalina, perfecta, y la Luna llena resplandec√≠a sobre sus cabezas.
Y cuando se hubieron reunido todos los ch√Ękka, Bokar se encaram√≥ a un pedestal de roca situado en medio de la explanada y los ojos de todos los enanos quedaron fijos en √©l; y as√≠ fue como ninguno vio la enorme silueta siniestra que se deslizaba delante de la faz plateada de la Luna para de inmediato desvanecerse silenciosamente hasta convertirse virtualmente en indetectable sobre el fondo de la b√≥veda estrellada.
El DelfSe√Īor levant√≥ su rostro y sus brazos hacia los cielos tachonados de estrellas e inici√≥ el recitado en voz alta de la gran letan√≠a, a cada una de cuyas estrofas respond√≠an de forma un√°nime el resto de los ch√Ękka, como solista y coro, de modo que el eco de sus s√ļplicas resonaba en los abruptos pe√Īascos de las monta√Īas de Rigga.
[Elwydd...
... Lol an Adon...]
Elwydd...
... Hija de Adon
Te damos gracias...
Por tu suave mano
Que nos dio...
...El h√°lito de la vida
Haz que éste sea...
...El a√Īo dorado
En que los ch√Ękka...
... Toquen las estrellas.
Bokar baj√≥ los brazos, y largo rato despu√©s los ecos de las campanas dejaron de sonar y se hizo un silencio reverente. Todo lo que pod√≠a o√≠rse era el suave gorgoteo del agua que corr√≠a bajo la capa exterior de hielo en alg√ļn lugar cercano.
Por fin el DelfSe√Īor se aclar√≥ la garganta, y todos los rostros se volvieron expectantes a √©l. Dirigi√≥ de nuevo la mirada a las estrellas, que parec√≠an lentejuelas que giraran silenciosas sobre su cabeza. Y una vez m√°s se maravill√≥ al comprobar su disposici√≥n, brillante y fija, aunque trazaba rutas distintas y propias para cada uno de los cinco errantes conocidos. ¬ę¬ŅQu√© destino se esconde en vuestro brillo esta noche? ¬óse pregunt√≥¬ó, ¬Ņqu√© presagios ocultan vuestras luces?¬Ľ Sacudi√≥ la cabeza para alejar esos pensamientos, y volvi√≥ a la realidad que lo circundaba, porque los cielos hab√≠an rebasado ya el √°pice culminante de la marea oscura. Y su voz grit√≥:
¬óEstamos en Piedra Negra y es medianoche. ¬°Que comience la Fiesta del Invierno de Cheol!
Un clamoreo alegre ascendió a los cielos, y los enanos se dispusieron a volver de la fría noche de invierno a la cálida luz amarilla de su querida fortaleza, en el interior de las macizas puertas abiertas de par en par.
Pero los gritos de alegría quedaron ahogados por un insolente rugido.
Y el batir de unas amplias alas nervudas gener√≥ un viento arrollador que hizo caer de rodillas a muchos ch√Ękka.
Y un enorme monstruo escamoso se precipit√≥ en medio de los enanos que a√ļn estaban en el patio, delante de las puertas, aplast√°ndolos bajo su inmensa mole.
Sleeth el Orm había llegado, y su presencia era terrible.
Las hachas de doble filo volaron a las manos de los ch√Ękka, pero entraron en acci√≥n unas garras grandes como cimitarras, que rajaban y part√≠an en dos a los enanos que encontraban en su camino. Los guerreros se precipitaron adelante lanzando gritos b√©licos, pero se abrieron las enormes mand√≠bulas, y los dientes desgarraron y trituraron, hundi√©ndose tanto en la carne como en el acero de las armaduras. Los pelotones de ch√Ękka retrocedieron para reagruparse, pero una inmensa cola sinuosa hendi√≥ el aire y golpe√≥, martillee aplast√≥ por doquier.
Pero lo más devastador eran los chorros de baba mortal que salían de la garganta de Sleeth. Allí donde tocaban, la piedra hervía, el metal se derretía y la carne se quemaba, aunque no había llama porque Sleeth era un dragón del Frío, privado de su fuego por Adon. Aun así, el aliento de aquel orm era mortal, porque proyectaba por su boca una nube de veneno hirviente, y los enanos morían entre boqueadas, con los pulmones inflamados por los gases tóxicos.
En cambio los enanos no consegu√≠an herir a Sleeth, porque sus hachas rebotaban contra la piel acorazada del drag√≥n, y Sleeth daba cuenta de ellos mientras manten√≠an a√ļn desesperadamente alzadas sus armas para asestar un segundo golpe. Muchos ch√Ękka fueron abatidos mientras intentaban esquivar a Sleeth y buscar refugio detr√°s de las poderosas puertas del holt de Piedra Negra, con la esperanza de cerrarlas e impedir as√≠ el acceso del drag√≥n del Fr√≠o al interior de la fortaleza. Pero Sleeth se hab√≠a colocado precisamente delante del portal, y no permit√≠a el paso.
J√≥venes y ancianos, sanos y lisiados, varones y hembras, padres y madres, hijos: nadie se libraba. Sleeth mataba indiscriminadamente. Con sus colmillos, sus garras y su poderosa cola, con su baba abrasadora y su aliento venenoso, acababa con todos ellos. La Muerte encarnada se hab√≠a presentado en Piedra Negra y, entre gritos de desesperaci√≥n, los ch√Ękka sucumb√≠an a centenares. No todos perecieron, porque algunos pudieron escapar a la fr√≠a noche invernal pero m√°s de las dos terceras partes fueron v√≠ctimas del drag√≥n, ninguno, ni tan s√≥lo un enano, consigui√≥ rodear al horrible monstruo y refugiarse en el interior del Ch√Ękkaholt.
Y cuando todos los enanos fueron exterminados o huyeron llorosos a la noche helada, Sleeth dio un rugido triunfal, con una voz semejante al ruido de dos inmensos, macizos y toscos bloques de bronce al chocar e incrustarse el uno en el otro, y su poderosa voz reson√≥ atronadora en la noche. Y mientras los ecos provocaban aludes y resquebrajaban los hielos de las monta√Īas, el gran orm se dio la vuelta y con sus poderosas garras desencaj√≥ las grandes puertas de sus bisagras, y luego se desliz√≥ pesadamente dentro de Piedra Negra para hacer de aquel holt su guarida; se desliz√≥ dentro de Piedra Negra para adue√Īarse de sus tesoros; se desliz√≥ dentro de Piedra Negra, en cuyas salas estaba preparado, a la espera de los comensales, el gran banquete de la Fiesta del Invierno; un fest√≠n que ning√ļn ch√Ęk probar√≠a jam√°s...
... y pasaron mil seiscientos a√Īos.