3 - Skaldfjord

Primavera, 3E1601
[El a√Īo pasado]

Descendían por las estepas de Jord, los cuarenta jinetes. Eran orgullosos, fuertes, y cabalgaban en corceles rápidos y fogosos; eran vanadurin, hombres de cabellos rubios.
Sus rostros aparecían graves y resueltos, y sus ojos agudos recorrían toda la extensión de aquellas tierras, porque se disponían a llevar a cabo una misión audaz y peligrosa.
Marchaban en columna de a dos sobre el suelo rocoso, y los cascos forrados de acero martilleaban sobre la piedra helada. Sables, dagas, arcos y flechas, largas lanzas, todas sus armas estaban enfundadas durante la larga cabalgada, aunque dispuestas para ser empu√Īadas en cualquier momento si la ocasi√≥n lo requer√≠a. Los hombres llevaban cascos de acero, oscuros y de superficie mate, aunque adornados con crines de caballo, cuernos y plumas que ondeaban al viento. Sus cuerpos se cubr√≠an con vestes de lana sobre que pend√≠an cotas de anillas de acero enlazadas, y largas capas para preservarse del viento g√©lido de aquel amanecer dominado por niebla que se alzaba del lejano oc√©ano nuboso y, sobrepasando los abruptos acantilados de la orilla, invad√≠a el desierto altiplano rocoso.
Al frente de la tropa, sobre un corcel de color azabache, cabalgaba un guerrero de cabellos de color de cobre y ojos verdes, nombre joven llegado a la edad viril apenas hacía siete veranos, que a pesar de ello, y de que la cimera de su casco no lucía adornos, era el capitán de la mesnada. A su lado cabalgaba un veterano cuyos rizos rubios habían empezado ya a salpicarse de gris, y con unas plumas negras de cuervo flotando hacia atrás prendidas en el acero de su casco. Se trataba de Elgo, el joven, y Ruric, su lugarteniente; y tras ellos cabalgaban treinta y ocho hombres más del pueblo rubio de los harlingar. Se dirigían a Skaldfjord, a orillas del mar Boreal.
Era la primavera temprana del a√Īo 3E1601, una √©poca en la que los vanadurin habitaban todav√≠a en sus dominios del norte, en Jord, antes de que se produjera su Wanderjahr, siglos m√°s tarde, y arrebataran las grandes llanuras herbosas de Valon al usurpador de Caer Pendwyr. Entonces abandonar√≠an el Jordreich, al terminar la guerra del Usurpador, y se asentar√≠an en el extremo sur, sobre la amplia extensi√≥n de las tierras verdes, sagradas gracias a la sangre derramada por sus muertos. Con aquel reino quiso el Rey Alto premiar a los harlingar por el papel que desempe√Īaron en la victoria sobre el falso Pretendiente.
Pero faltaban a√ļn cerca de cuatrocientos a√Īos para que todo aquello sucediera; y en la √©poca del presente relato, los vanadurin todav√≠a cabalgaban por las altas estepas de Jord, donde en los largos, largu√≠simos d√≠as del suave verano la tierra aparec√≠a verde, florida y llena de luz y de calor, mientras que el invierno era duro; el hielo cubr√≠a el paisaje, el viento soplaba despiadado, y en la noche auroral se desplegaban cortinas de wereluz de colores extra√Īos y cambiantes.
Pero ahora reinaba la primavera, el momento en que la sangre empieza a circular con mayor rapidez, los espíritus despiertan y, hombres se disponen a llevar a cabo las cosas que planearon durante la larga y gélida temporada de oscuridad.
Así le sucedía a Elgo. Y había reunido una mesnada de cuarenta harlingar dispuestos a ayudarle, aunque en aquel momento eran sólo treinta y nueve quienes cabalgaban a su lado, porque uno de ellos se había adelantado al grupo.
Alto y orgulloso era Elgo, un pr√≠ncipe de sangre real puesto que era el √ļnico hijo var√≥n del rey Aranor, y el llamado a sucederle al frente de los harlingar. Pero no se encontraba a gusto en la cor enredado en los tediosos asuntos de Estado. Igual que su padre, joven Elgo era un hombre de acci√≥n: apenas hab√≠an pasado dos ranos desde que el pr√≠ncipe Elgo, sin ayuda de nadie y actuando seg√ļn un plan ideado durante el invierno, con extremado sigilo y astucia y no escaso valor puso fin con sus manos a la vida de Golga, el ogru cruel del paso de Kaagor, un desfiladero largo, estrecho, con paredes cortadas a pico, en las monta√Īas del Murall√≥n Sombr√≠o. La muerte de aquel enorme troll hab√≠a devuelto la seguridad a aquella importante v√≠a comercial.
Y adem√°s de la mencionada haza√Īa, hab√≠a habido m√°s aventuras llenas de riesgo; por ejemplo, la ocasi√≥n en que el pr√≠ncipe y un pu√Īado de hombres persiguieron a los invasores naudron hasta obligarlos a cruzar de nuevo la frontera oriental y regresar a su g√©lido reino; o el viaje de tres d√≠as enteros, a trav√©s del altfjelt, en persecuci√≥n de Llama, el gara√Ī√≥n rojo, que finaliz√≥ con la captura del gran caballo en las aguas azules de Skymere; o el d√≠a en que Elgo rapt√≥ a la hermosa Arianne delante de las propias narices de Hagor, y se llev√≥ a la rubia doncella a lomos de Sombra, para hacerla su esposa.
Pero no eran s√≥lo estas u otras haza√Īas de Elgo, ni su extraordinaria audacia, lo que llevaba a los hombres a agruparse bajo su bandera; y tampoco lo hac√≠an porque fuera el hijo de Aranor, sino, sobre todo, porque el pr√≠ncipe era un cabecilla lleno de recursos y un guerrero poderoso ¬óa pesar de su juventud y de su temeraria confianza en s√≠ mismo..., o tal vez precisamente a causa de ellas¬ó, y all√≠ donde iba surg√≠a la aventura.
Y ahora Elgo había ideado un nuevo plan.
¬°Esta vez iba en busca de un Dracongield!
A medida que avanzaba la ma√Īana, el Sol naciente disipaba las p√°lidas nieblas. Los jinetes llegaron finalmente a la cresta, azotada por los vientos, de los escarpados farallones. Bajo sus pies, el oc√©ano golpeaba la antigua roca, precipitando arena, sal y olas contra su p√©trea enemiga y avanzando mil√≠metro a mil√≠metro en una interminable contienda que le daba una imperceptible victoria en este frente; mientras que en alg√ļn otro lugar lejano, en las simas abisales surg√≠a de las entra√Īas del mundo el magma en fusi√≥n y, tambi√©n de forma imperceptible, una nueva tierra emerg√≠a lentamente de las misteriosas profundidades en las que se desarrollaba la eterna lucha por el predominio.
La columna giró para dirigirse hacia el norte de aquel frente concreto de la incesante guerra de los elementos, mientras los hombres escuchaban sin prestar atención la eran batalla que se desarrollaba debajo de ellos.
Durante dos horas a√ļn, los harlingar prosiguieron su cabalgada hacia el norte, y finalmente llegaron a un estrecho entrante del mar aprisionado entre riscos verticales, coronados de abetos. Era Skaldfjord: el profundo y cristalino Skaldfjord. Como un golpe monstruoso descargado por el hacha de un gigante, el fiordo mord√≠a profundamente aquella tierra rocosa, y el flujo helado del mar Boreal penetraba por √©l hasta cubrir aquella oscura cicatriz geol√≥gica. Aunque las aguas de Skaldfjord eran transparentes, su profundidad daba un color casi negro. Aquella enorme mordedura penetraba la tierra hacia el este para curvarse despu√©s en direcci√≥n norte, fr√≠as aguas del color del √©bano se perd√≠an de vista m√°s all√° curva; y el mismo camino, bordeando la escarpada orilla, siguieron los hombres.
Cuando acabaron de recorrer el amplio arco de la r√≠a, pudieron ver en la lejan√≠a, delante de ellos y al borde del agua, un peque√Īo establecimiento: apenas algunas viviendas api√Īadas y protegidas tras una empalizada de troncos de pino que rodeaba el conjunto.
En el momento en que vio a lo lejos la aldea fortificada, alzó la mano y la columna se detuvo con una intensa vibración caballos piafaron, crujieron los arneses de cuero. Y durante rato, los vanadurin tomaron asiento y observaron.
Tenues columnas de humo ascendían de las chimeneas aquí y allá, y se advertía movimiento de gente entre los edificios lejanos.
Pero no era √ļnicamente la aldea lo que atrajo sus miradas, que amarrados a las estacas del muelle hab√≠a cuatro drakkares, que a pesar de su longitud parec√≠an peque√Īos debido a la distancia. Tambi√©n estaban anclados tres knorrs de aguas profundas, barcos de carga empeque√Īecidos por sus vecinos de quillas lustrosas. Y por das partes cruzaban botes de pesca, bambole√°ndose como boya corcho.
Elgo ordenó a sus hombres que desmontaran, y reunió a los guerreros a su alrededor. Y les habló en valur, la antigua lengua guerrera de los harlingar, en voz baja pero de forma que todos pudieran oírle.
—[Harlingar, ot i markere fram...] Hijos de Harl, desde el punto en adelante no hablaremos jamás de nuestra misión, por podrían escucharnos oídos indiscretos..., oídos capaces de prender incluso el habla de los vanadurin. Y en el caso de que ¡desastre imprevisto nos afligiera, nuestros planes quedarían en manos ávidas de esas gentes, y el tesoro que buscamos se perdería.
¬ĽAh√≠ ten√©is nuestro primer objetivo: Skaldfjordstad. Pod√©is ver que Reynor ha cumplido su misi√≥n, porque los drakkares fondea en el muelle nos llevar√°n a las riberas del pa√≠s lejano en el que est√° situado nuestro objetivo √ļltimo. Esos barcos ser√°n tripulados por fjordsmen; ellos conocen los caminos del mar, y nosotros no. ni siquiera esos leales aliados deben compartir nuestro secreto, porque se dice que la maldici√≥n del Dracongield act√ļa de formas previstas en el interior de los corazones de los hombres.
¬ę¬°Cuidado! En adelante, guardad silencio respecto de lo que vamos a buscar. Si resultara indispensable hablar de ello, hacedlo √ļnicamente en valur, porque se trata de una lengua conocida por muy pocos que no sean de la sangre de Harl... E incluso entonces, procurad expresaros de forma cr√≠ptica.
Los ojos de Elgo buscaron los de sus hombres, y recibió en respuesta miradas llenas de resolución, porque nadie deseaba que el botín fuera a parar a manos distintas de las de los vanadurin.
Elgo hizo una se√Īa a Ruric, y a la breve orden del canoso guerrero todos volvieron a montar, y la columna espole√≥ a sus monturas en direcci√≥n a la lejana aldea. Pero una idea importuna volv√≠a una y otra vez a la mente de Ruric, llen√°ndole de inquietud: ¬ęSi la maldici√≥n del Dracongield act√ļa de formas imprevistas en los corazones de los hombres, mi arrogante pr√≠ncipe, ¬Ņqu√© no podr√° hacer en el interior de cada uno de nosotros?¬Ľ.
Cabalgaron siguiendo un camino escarpado y pedregoso que cruzaba el bosque de pinos situado en lo alto del farallón del fiordo, y desde abajo les llegó el sonido grave de un cuerno de toro negro: ¡Ta-ru! ¡Ta-ru! ¡Tan-tan, ta-ru! [¡Vía libre! ¡Jinetes y aliados, vía libre!]
Al oír la llamada, Elgo se llevó a los labios su propio cuerno de toro negro: ¡Ra-tan-ta! [¡Entendido!].
Camino abajo cabalgaron hasta salir del bosque y llegar a la zona abierta situada delante del thorp, talada para facilitar la defensa frente a posibles asaltantes ocultos. Elgo tiró de las riendas de Sombra para detenerlo, y el caballo negro le obedeció al instante. Y todos los vanadurin se desplegaron y detuvieron sus monturas rodeando a su príncipe, con Ruric al lado de Elgo, en posición de alerta a pesar de que todas las armas siguieran descansando en sus vainas.
De las sombras de la empalizada surgió el joven Reynor montado en un bayo; al acercarse, pudieron ver que sus ojos azules chispeaban, y una gran sonrisa iluminaba su rostro.
¬ó ¬°H√°l, mi pr√≠ncipe! ¬ógrit√≥ aquel muchacho rubio, un a√Īo m√°s joven que el propio Elgo, que apenas sumaba veintid√≥s veranos¬ó. ¬°La stad espera que te dignes hacer tu entrada! ¬óY al decirlo, se volvi√≥ y se√Īal√≥ a los centinelas que asomaban sobre los muros. Mientras la columna de harlingar cruzaba a caballo las puertas de troncos, abiertas de par en par, Elgo pudo ver que todo el pueblo se hab√≠a reunido a recibir al pr√≠ncipe que los visitaba. Pero aqu√≠ y all√°, entre aquellos rostros de pescadores, alcanz√≥ a ver tambi√©n los m√°s duros guerreros, las tripulaciones de los drakkares. Todos eran fjordsmen, por m√°s que algunos extra√≠an del mar su sustento, mientras que otros encontraban en la navegaci√≥n su medio de vida.
Los cabellos y las barbas de los fjordsmen eran de color amarillo, cobrizo o rojo, y su piel era blanca o rubicunda; algunos luc√≠an amplios bigotes. Las mujeres se peinaban con largas trenzas rubias, trigue√Īas o de color casta√Īo, y todas ten√≠an el cutis muy claro salpicado de pecas en algunas de ellas. Y en todas partes, ojos de color azul claro contemplaban con fijeza a los jinetes.
Los fjordsmen eran un pueblo rubio, y en ese aspecto se parecían a los vanadurin; pero el hecho no sorprendió a Elgo, porque se decía que fjordsmen y vanadurin procedían del mismo tronco, por más que uno de los dos pueblos había optado por lanzarse al mar en barcos, mientras que el otro prefería vagabundear a caballo cruzando mares de hierba.
Reynor guió a la columna al stadholl, una casa larga con techumbre de hierba, situada en el centro de la aldea. Allí, sobre los escalones de madera, esperaban al príncipe los ancianos del pueblo y, junto a ellos, los capitanes de los drakkares.
El recibimiento formal fue corto, pero cordial; y Elgo y sus hombres agradecieron sobremanera el fest√≠n que vino a continuaci√≥n, porque hab√≠an pasado muchos d√≠as cabalgando, y las raciones de campa√Īa resultaban cada vez m√°s ins√≠pidas para sus paladares.
Hubo cochinillo asado, pescado y pan reci√©n horneado, de grandes fuentes de verduras estofadas. Circulaban con profusi√≥n los cuernos llenos de cerveza y de hidromiel, y los skalds de los barcos cantaron las haza√Īas de los h√©roes de los d√≠as antig√ľe los ojos verdeazules de Elgo se iluminaron al o√≠r las gestas de aquellos hombres. En el curso de la fiesta, un poeta cant√≥ la trova de Sleeth el Orm y de c√≥mo arrebat√≥ el tesoro de Piedra Negra. Y mientras recitaba, era dif√≠cil para los vanadurin mantener una actitud de amable inter√©s; entre ellos se hizo el silencio, y todos mira cualquier parte para no intercambiar miradas; pero a ninguno de los fjordsmen pareci√≥ extra√Īarles aquella estudiada indiferencia. Pas√≥ el momento de tensi√≥n, y otro bardo enton√≥ la oda procaz de Snorri, hijo de Borri, y la Doncella M√≠stica del Maelstrom, y los harli cantaron alegres a coro con el resto de los presentes.
Carne y pan y cerdo y estofado y cerveza se consumieron en cantidades prodigiosas, y los thralls corr√≠an ac√° y acull√° para llenar de nuevo las fuentes vac√≠as, los platos reba√Īados y las jarras secas. Cay√≥ la noche y acab√≥ el fest√≠n, pero todav√≠a siguieron sonando las canciones. Finalmente, como incluso los j√≥venes necesitan descansar, tambi√©n ellos se rindieron. Algunos quedaron dormidos delante de sus platos, y otros se acurrucaron en el suelo; tambi√©n hubo quien encontr√≥ una muchacha complaciente, y no debe decirse d√≥nde pasaron la noche. Y otros, en fin, marcharon del stadholl para dormir en otros lugares que hab√≠an sido dispuestos para ellos; ente estos √ļltimos estaban Elgo y Ruric.
Y mientras el sopor invadía sus miembros, los pensamientos de Ruric se volvieron hacia Sleeth el Orm. Y la mente del guerrero vanadurin se remontó a la época pasada en que Elgo había oído hablar por primera vez del enorme dragón del Frío que se apoderó de
Piedra Negra. Porque, por así decirlo, había sido Ruric quien familiarizó a los muchachos con aquella historia.