28 - Epilogo

Apreté los dientes con fuerza.
Como todo el mundo en la manada, Leah se sabía la historia al completo. Conocía la razón por la que había venido aquí, al fin del mundo, de la tierra, el cielo y el mar. Para estar solo. Y ella sabía que eso era lo que yo quería. Simplemente estar solo.
Pero Leah me iba a obligar a soportar su compa√Ī√≠a, como fuera.
Aunque estaba de lo más enfadado, me sentí lleno de autocomplacencia durante un buen rato. Ya no tenía que pensar siquiera en controlar mi temperamento. Ahora era fácil, algo que me salía porque sí, con naturalidad. Ya no lo veía todo rojo ni sentía esa explosión de calor bajándome por la columna. Por eso le contesté con voz calmada.
¬óT√≠rate por el acantilado, Leah ¬óy se√Īal√© el precipicio que se extend√≠a a mis pies.
—Seguro, chaval —ella me ignoró y se despatarró en el suelo a mi lado—. No tienes ni idea de lo duro que me resulta esto.
¬ó¬ŅA ti? ¬ónecesit√© casi un minuto para aceptar que lo dec√≠a en serio¬ó. Debes de ser la persona m√°s eg√≥latra del mundo, Leah. Odio tener que hacer pedazos ese mundo de ilusiones en el que vives, ese en el que el sol √≥rbita alrededor del sitio donde est√°s, as√≠ que no te voy a contar lo poco que me preocupa tu problema. P√≠rate. Lejos.
¬óS√≥lo m√≠ralo desde mi punto de vista por un minuto, ¬Ņvale? ¬ócontinu√≥, como si no le hubiera dicho nada.
Si lo estaba haciendo para cambiarme el estado de √°nimo, funcionaba. Empec√© a re√≠r, aunque el sonido se volvi√≥ extra√Īamente doloroso.
—Frena esas risotadas y presta atención —me interrumpió con brusquedad.
¬óSi finjo que te escucho, ¬Ņte largar√°s? ¬ópregunt√©, echando una ojeada a su permanente cara de pocos amigos. No estaba seguro de haberle visto alguna vez otra expresi√≥n.
Record√© cuando sol√≠a pensar que Leah era guapa, incluso hermosa. De eso hac√≠a ya mucho tiempo. Ahora, nadie pensaba en ella de esa manera, excepto Sam. √Čl nunca se perdonar√≠a a s√≠ mismo, como si fuera culpa suya que se hubiera convertido en esa arp√≠a avinagrada.
Su ce√Īo se cerr√≥ m√°s a√ļn, como si adivinara lo que estaba pensando. Probablemente era as√≠.
¬óEsto me est√° poniendo enferma, Jacob. ¬ŅEs que no te puedes imaginar por lo que estoy teniendo que pasar? Ni siquiera me gusta Bella Swan. Y me has tenido lament√°ndome por esta amante de sanguijuelas como si yo tambi√©n estuviera enamorada de ella. ¬ŅNo te das cuenta de que es algo que me hace sentir muy confusa? ¬°Anoche so√Ī√© que la besaba! ¬°Qu√© demonios se supone que he de hacer con eso!
¬ó¬ŅTiene que importarme?
¬ó¬°No puedo soportar m√°s el estar en tu cabeza! ¬°Termina con esto de una vez! Ella se va a casar con esa ¬ęcosa¬Ľ. ¬°Va a intentar convertirse en uno de ellos! Ya es hora de que te des cuenta, chaval.
—¡Cállate! —rugí.
Devolverle el golpe sería una equivocación. Eso lo sabía y por ello me mordía la lengua, pero lo lamentaría de veras si no se marchaba. Ahora.
—En cualquier caso, probablemente él la matará —observó Leah, con aire despectivo—. Todas las historias insisten en que suele ocurrir. Quizás un funeral sería mejor final para esta historia que una boda. Ja.
Esta vez reaccioné. Cerré los ojos y luché contra el sabor cálido en mi lengua. Empujé y empujé contra el fuego que bajaba por mi espalda en un esfuerzo por mantener mi forma humana, mientras mi cuerpo intentaba justo lo contrario.
La fulminé con la mirada cuando conseguí controlarme de nuevo. Ella me miraba las manos mientras los temblores se iban apagando. Sonriente.
A saber dónde le vería el chiste.
¬óSi te agobia la confusi√≥n de sexos, Leah... ¬ócoment√©, con lentitud, enfatizando cada palabra¬ó. ¬ŅC√≥mo crees que lo llevamos los dem√°s mirando a Sam a trav√©s de tus ojos? Ya es lo bastante malo que Emily tenga que soportar tu fijaci√≥n. Tampoco ella necesita que los chicos andemos jadeando detr√°s de √©l.
Cabreado como estaba, sin embargo, sentí una cierta culpabilidad cuando observé el espasmo de dolor que cruzó su rostro.
Saltó sobre sus pies, parándose lo justo para escupir en mi dirección y corrió hacia los árboles, vibrando como un diapasón.
Me eché a reír de forma sombría.
¬óTe lo dije.
Sam me iba a liar una buena por esto, pero merecía la pena. Leah ya no me molestaría más. Y repetiría el corte si se me presentaba la oportunidad.
Porque sus palabras se habían quedado conmigo, grabadas en mi cerebro, y haciéndome sufrir tanto que apenas podía respirar.
No me importaba demasiado que Bella hubiera escogido a otro. Esta agon√≠a no ten√≠a nada que ver con eso. Pod√≠a vivir con ese dolor por el resto de mi est√ļpida vida, forzada a ser demasiado larga.
Lo que s√≠ me importaba era que lo iba a abandonar todo, que iba a dejar que su coraz√≥n se parase y su piel se helara y que su mente se retorciera para cristalizarse en la cabeza de un predador. Un monstruo. Un extra√Īo.
Había pensado que no había nada peor que eso, nada más doloroso en todo el mundo.
Pero, si él la mataba...
Otra vez tuve que combatir la ira que me inundaba. Quizá, si no fuera por Leah, habría estado bien dejar que el calor me transformara en una criatura capaz de lidiar mejor con esto. Una criatura con instintos mucho más fuertes que las emociones humanas. Un animal que no sentiría la pena del mismo modo. Un dolor diferente. Al menos, habría algo de variedad, pero Leah estaba corriendo ahora y yo no quería compartir sus pensamientos. La maldije entre dientes por cerrarme también esa vía de escape.
Me temblaban las manos a pesar de mis esfuerzos. ¬ŅQu√© era lo que las hac√≠a temblar? ¬ŅLa ira? ¬ŅLa agon√≠a? No estaba seguro de contra qu√© estaba luchando ahora.
Tenía que creer que Bella sobreviviría, pero eso requería confianza, una confianza que yo no deseaba sentir, confianza en la habilidad del chupasangres para mantenerla con vida.
Ella se convertir√≠a en alguien distinto y me preguntaba c√≥mo me afectar√≠a eso. ¬ŅSentir√≠a lo mismo que si muriera, cuando la viera all√≠, erguida como una piedra? ¬ŅComo un trozo de hielo? ¬ŅY qu√© ocurrir√≠a cuando su olor me quemara la nariz y disparara mi instinto de romper y destruir...? ¬ŅC√≥mo ser√≠a eso? ¬ŅQuerr√≠a matarla? ¬ŅPodr√≠a llegar a desear no matar a uno de ellos?
Observé cómo las olas rodaban hacia la playa y desaparecían de mi vista bajo el borde del acantilado, pero allí las escuchaba batir contra la arena. Seguí contemplándolas hasta tarde, hasta mucho después del anochecer.
Seguro que ser√≠a mala idea volver a casa, pero ten√≠a hambre y no se me ocurr√≠a ning√ļn otro plan.
Puse mala cara cuando volv√≠ a ponerme el cabestrillo y agarr√© las muletas. Ojal√° Charlie no me hubiera visto aquel d√≠a y difundido la historia de mi ¬ęaccidente de moto¬Ľ. Est√ļpidos accesorios. Los odiaba.
El apetito empezó a parecerme estupendo en el momento en que entré en la casa y le eché una ojeada al rostro de mi padre. Algo le rondaba la cabeza. Lo tuve claro enseguida, ya que sobreactuaba, moviéndose con una naturalidad excesiva.
También se puso a hablar por los codos y estuvo charloteando sobre el día antes de que pudiera llegar a la mesa. Nunca parloteaba de este modo salvo que hubiera algo que no quisiera decir. Lo ignoré todo lo que pude, concentrándome en la comida. Cuanto más rápido me lo tragara todo...
¬ó...y Sue se ha dejado caer hoy por aqu√≠ ¬ósu voz sonaba alta, dif√≠cil de ignorar, como de costumbre¬ó. Es extraordinaria, esa mujer es m√°s dura que los osos pardos. De todos modos, no s√© c√≥mo consigue apa√Īarse con la chica que tiene. La pobre, ya hubiera tenido lo suyo con un simple lobo, pero es que Leah adem√°s, come como una loba.
Se rió de su propio chiste.
Esperó un buen rato a ver si yo respondía, pero no pareció darse cuenta de mi expresión indiferente, de mortal aburrimiento. La mayoría de los días esto le molestaba. Quería que se callase ya respecto a Leah, estaba intentando no pensar en ella.
¬óSeth es mucho m√°s f√°cil de llevar. Claro, t√ļ tambi√©n resultabas mucho m√°s sencillo que tus hermanas, hasta que... bueno, t√ļ tienes que v√©rtelas con algo m√°s que ellas.
Suspiré, un suspiro largo y profundo y miré hacia la ventana.
Billy se quedó callado durante un segundo que se me hizo un poco largo.
¬óHoy hemos tenido carta.
Seguramente éste era el tema que había estado evitando hasta el momento.
¬ó¬ŅUna carta?
—Una... invitación de boda.
Se me contrajeron todos los m√ļsculos del cuerpo y una pizca de calor me baj√≥ por la espalda. Me aferr√© a la mesa para mantener las manos quietas.
Billy continuó como si no se hubiera dado cuenta.
—Hay una nota dentro que está dirigida a ti. No la he leído.
Sacó un grueso sobre de color marfil de donde lo tenía guardado, entre la pierna y el brazo de su silla de ruedas. Lo dejó en la mesa entre ambos.
—A lo mejor no deberías leerlo. En realidad, no importa lo que diga.
Est√ļpida psicolog√≠a de pacotilla. Cog√≠ el sobre de la mesa.
Era un papel grueso, r√≠gido. Caro. Demasiado pijo para Forks. La tarjeta que iba dentro era demasiado prolija y formal. Bella no hab√≠a intervenido en eso. No hab√≠a ning√ļn rastro de su gusto en las hojas de papel transparente, como p√©talos impresos. Apostar√≠a incluso a que a ella ni siquiera le gustaba. No le√≠ las palabras, ni siquiera la fecha. No me importaba.
Había un trozo de grueso papel marfil doblado en dos con mi nombre escrito en tinta negra en la parte posterior. No reconocí la letra manuscrita, pero era tan pijo como todo lo demás. Durante medio segundo, me pregunté si el chupasangres lo hacía en plan de regodeo.
Lo abrí.
Jacob.
Sé que rompo las reglas al enviarte eto. Ella tenía miedo de herirte, y no quería que te sintieras en modo alguno obligado, pro sé que si las cosas hubieran salido de otra manera, yo hubiera deseado tener la posibilidad de elgir.
Te prometo que cuidare de ella, Jacob. Gracias, por ella y por todo.
Edward.
—Jake, sólo tenemos esta mesa —comentó Billy, mirando hacia mi mano izquierda.
Ten√≠a los dedos tan apretados contra ella que comenzaba a estar en serio peligro. Los solt√© uno por uno, concentr√°ndome en esa √ļnica acci√≥n y luego junt√© las manos para evitar el riesgo de romper algo m√°s.
—Bueno, de todas formas no importa —masculló Billy.
Me levanté de la mesa, y empecé a sacarme la camiseta encogiendo los hombros. Esperaba que, a estas horas, Leah ya estuviera en casa.
¬óA√ļn no es demasiado tarde ¬ómurmur√≥ Billy cuando abr√≠ la puerta de un empuj√≥n.
Estaba corriendo antes de llegar a los árboles, dejando a mis espaldas una hilera de ropas como si fueran migas de pan, igual que las dejaría si quisiera volver a encontrar el camino de casa. Ahora era muy fácil entrar en fase. No tenía que pensar, porque mi cuerpo ya sabía lo que había y me daba lo que deseaba antes de pedírselo.
Ahora tenía cuatro patas y estaba volando.
Los √°rboles se desdibujaron en un mar oscuro que flu√≠a a mi alrededor. Mis m√ļsculos se contra√≠an y distend√≠an casi sin esfuerzo aparente. Podr√≠a correr as√≠ durante d√≠as sin llegar a cansarme. Quiz√°s esta vez no parar√≠a.
Pero no estaba solo.
Cuánto lo siento, susurró Embry en mi mente.
Pod√≠a ver a trav√©s de sus ojos. Se hallaba muy al norte, pero se hab√≠a dado la vuelta y aceleraba para reunirse conmigo. Gru√Ī√≠ y alcanc√© m√°s velocidad.
Esp√©ranos, se quej√≥ Quil. √Čl se encontraba m√°s cerca, justo a la salida del pueblo.
Dejadme solo, les rugí a mi vez.
Pod√≠a sentir su preocupaci√≥n en mi cabeza, pese a que intentaba sofocarla entre los sonidos del viento y el bosque. Esto era lo que m√°s odiaba de todo, verme a m√≠ mismo a trav√©s de sus ojos, peor a√ļn ahora, que estaban llenos de compasi√≥n. Ellos tambi√©n vieron mi rechazo, pero continuaron persigui√©ndome.
Una voz nueva sonó en mi cabeza.
Dejad que se marche. El pensamiento de Sam era dulce, pero al fin y al cabo seguía siendo una orden. Embry y Quil frenaron hasta alcanzar un ritmo de paseo.
Ojal√° pudiera dejar de o√≠rles, dejar de ver a trav√©s de sus ojos. Ten√≠a la cabeza atestada de cosas, pero la √ļnica manera de evitarlo y volver a estar solo, era regresar a mi forma humana y entonces no podr√≠a soportar el dolor.
Salid de fase, les ordenó Sam. Embry, voy a recogerte.
Primero una y luego otra, ambas conciencias se desvanecieron silenciosamente. Sólo quedó Sam.
Gracias, me forcé a pensar.
Vuelve cuando puedas. Las palabras sonaban débiles, desapareciendo en el vacío oscuro cuando él también se marchó. Ahora estaba solo.
Mucho mejor. Ahora pod√≠a o√≠r el ligero crujido de las hojas h√ļmedas bajo mis pezu√Īas, el susurro de las alas de un buho sobre mi cabeza, el oc√©ano, all√° muy lejos, hacia el oeste, con su gemido al chocar contra la costa. Escuchaba esto, pero nada m√°s. No sent√≠a m√°s que la velocidad, nada m√°s que el empuje del m√ļsculo, los tendones y el hueso, trabajando juntos en armon√≠a, mientras los kil√≥metros desaparec√≠an bajo mis patas.
Si el silencio en mi mente permanecía, nunca volvería atrás. Sería el primero en escoger esta forma frente a la otra. Quizá no tendría que volver a escuchar jamás si corría lo suficiente.
Moví las patas con más rapidez, dejando que Jacob Black desapareciera a mis espaldas.