20 - Compromiso

Edward me había pedido que me relajara, y yo iba a intentarlo por todos los medios.
¬ó¬ŅPodemos olvidarnos de todo por una noche y pensar tan s√≥lo en nosotros dos? ¬óme hab√≠a suplicado, desatando sobre m√≠ todo el poder de su mirada¬ó. Parece que nunca tenemos tiempo para nosotros. Necesito estar a solas contigo. S√≥lo contigo.
No era una solicitud difícil de aceptar, aunque una cosa era asegurar que iba a olvidar mis temores y otra hacerlo de verdad. Pero ahora tenía otras cosas en que pensar, sabiendo que disponíamos de esta noche para nosotros dos solos, lo cual me ayudaba. Algunas cosas habían cambiado, por ejemplo, ya estaba preparada.
Preparada para unirme a su familia y a su mundo. As√≠ me lo revelaban el miedo, la culpa y la angustia que experimentaba en ese momento. Hab√≠a tenido ocasi√≥n de concentrarme en esas sensaciones lo hab√≠a hecho mientras contemplaba la luna entre las nubes, recostada contra el cuerpo de un hombre lobo , y sabia que ya no volver√≠a a caer presa del p√°nico. La siguiente vez que nos ocurriera algo, yo estar√≠a preparada. En el balance final, pensaba ser un activo, no un pasivo. Edward no tendr√≠a que volver a elegir nunca m√°s entre su familia y yo. √ćbamos a ser compa√Īeros, igual que Alice y Jasper. La pr√≥xima vez, yo cumplir√≠a mi parte.
Esperaría a liberarme del juramento para que Edward se sintiera satisfecho, pero no hacía falta: estaba lista. Sólo faltaba un detalle.
Hab√≠a cosas que a√ļn no hab√≠an cambiado, y entre ellas el amor desesperado que sent√≠a por mi novio. Hab√≠a tenido mucho tiempo para analizar las consecuencias de la apuesta de Jasper y Emmett, y para decidir a qu√© cosas estaba dispuesta a renunciar junto con mi naturaleza humana y a cu√°les no. Sab√≠a muy bien qu√© experiencia quer√≠a gozar antes de convertirme en un ser inhumano.
De modo que esa noche ten√≠amos algunos asuntos pendientes que solucionar. Despu√©s de todo lo que hab√≠a visto en los √ļltimos dos a√Īos, yo ya no cre√≠a en el significado de la palabra ¬ęimposible¬Ľ. Edward tendr√≠a que recurrir a algo m√°s que ese vocablo para detenerme.
Para ser sincera, sabía que no iba a ser tan fácil, pero pensaba intentarlo.
Teniendo en cuenta la decisi√≥n que hab√≠a tomado, no me extra√Ī√≥ descubrir lo nerviosa que estaba mientras conduc√≠a el largo trecho hasta su casa. No sab√≠a c√≥mo hacer lo que quer√≠a hacer, y estaba muerta de miedo. Al ver lo despacio que conduc√≠a, Edward, que iba en el asiento del copiloto, trataba de contener una sonrisa. Me sorprendi√≥ que no insistiera en coger el volante, pero esa noche mi velocidad de tortuga no parec√≠a molestarle.
Ya había oscurecido cuando llegamos a su casa. A pesar de ello, el prado se veía iluminado por la luz que brillaba en todas las ventanas.
En cuanto apagué el motor, él ya estaba abriendo la puerta de mi lado. Me sacó en volandas de la cabina con un brazo mientras que con el otro cogía mi bolsa del asiento trasero y se la colgaba del hombro. Sus labios se encontraron con los míos al mismo tiempo que le oía cerrar la puerta de la camioneta con el pie.
Sin dejar de besarme, me levantó en el aire para acomodarme mejor entre sus brazos y me llevó hasta la casa como si fuera un bebé.
¬ŅAcaso estaba abierta la puerta? No lo sab√≠a. El caso es que hab√≠amos entrado y yo me sent√≠a mareada. Me record√© a m√≠ misma que deb√≠a respirar.
El beso no me asustó. No era como otras veces, cuando sentía el temor y el pánico agazapados por debajo de su estricto control. Ahora no sentí sus labios nerviosos, sino ardientes. Edward parecía tan emocionado como yo ante la perspectiva de una noche entera para concentrarnos en estar juntos. Siguió besándome durante un buen rato, de pie en la entrada. Parecía menos atrincherado de lo habitual, y su gélida boca mostraba una apremiante necesidad de la mía.
Empecé a albergar un cauteloso optimismo. Tal vez conseguir mis propósitos no iba a resultar tan difícil como me había esperado.
No, me dije, sin duda ser√° bien dif√≠cil, y a√ļn m√°s.
Con una leve risita, Edward me apartó un poco y me sostuvo en el aire a casi un metro de su cuerpo.
¬óBienvenida a casa ¬óme dijo, con un brillo c√°lido en los ojos.
—Eso suena bien —le respondí sin aliento.
Me depositó con suavidad en el suelo. Yo le rodeé con los brazos; no estaba dispuesta a dejar el menor hueco entre los dos.
—Tengo algo para ti —anunció como de pasada.
¬ó¬ŅQu√©?
¬óUn objeto usado. Dijiste que pod√≠as aceptar regalos de ese tipo, ¬Ņte acuerdas?
¬óAh, ya. Supongo que lo dije.
Mi renuencia hizo reír a Edward.
¬óEst√° en mi habitaci√≥n. ¬ŅSubo a cogerlo?
¬ŅSu habitaci√≥n?
—Claro —le contesté. Me sentí un poco tramposa cuando entrelacé mis dedos con los suyos—. Vamos.
Edward debía de estar impaciente por entregarme mi no regalo, porque no se conformó con la velocidad humana. Volvió a cogerme en brazos y subió las escaleras prácticamente volando. Cuando llegamos al dormitorio, me dejó en la puerta y salió como una bala hasta el armario.
A√ļn no hab√≠a dado un solo paso y ya lo ten√≠a otra vez delante de m√≠. Pero le ignor√©, entr√© al cuarto y me encamin√© hacia el enorme lecho dorado. Despu√©s me sent√© en el borde, recul√© hacia el centro de la cama y, una vez all√≠, me acurruqu√© abraz√°ndome las rodillas.
¬ó¬ŅY bien? ¬órefunfu√Ī√©. Ahora que estaba donde quer√≠a, pod√≠a permitirme cierta resistencia¬ó. Ens√©√Īamelo.
Edward soltó una carcajada.
Se subió a la cama y se sentó a mi lado. Mi corazón latía desbocado. Con un poco de suerte, él lo interpretaría como una reacción ante su regalo.
¬óEs un objeto usado ¬óme record√≥ en tono serio. Me apart√≥ la mu√Īeca izquierda de la pierna y acarici√≥ la pulsera de plata por un instante. Despu√©s volvi√≥ a ponerme el brazo donde lo ten√≠a.
Examiné con atención el obsequio. De la cadena, en el lado opuesto al lobo, colgaba un cristal brillante en forma de corazón, tallado en innumerables caras que resplandecían a la tenue luz de la lámpara. Contuve el aliento.
¬óEra de mi madre ¬óse encogi√≥ de hombros, al desgaire¬ó. Hered√© de ella un pu√Īado de baratijas como √©sta. Ya les he regalado unas cuantas a Esme y a Alice, as√≠ que, como ves, no tiene tanta importancia.
Sonreí con tristeza al ver su aplomo. Edward prosiguió:
—Aun así, se me ha ocurrido que podría ser un buen símbolo. Duro y frío —se rió—. Y a la luz del sol se ve el arco iris.
—Olvidas que se te parece en algo mucho más importante —murmuré—. Es precioso.
—Mi corazón es igual de silencioso que éste —dijo—. Y también es tuyo.
Gir√© la mu√Īeca para que el cristal brillara bajo la luz.
¬óGracias. Por los dos.
—No. Gracias a ti. Me alivia que hayas aceptado un regalo sin rechistar. No te viene mal como práctica —sonrió, luciendo sus blancos dientes.
Me apoy√© en √©l, escondiendo la cabeza bajo su brazo y acurruc√°ndome a su lado. Era como abrazarse al David de Miguel √Āngel, salvo que esta perfecta criatura de m√°rmol me rode√≥ con sus manos para apretarme m√°s.
Parecía un buen punto de arranque.
¬ó¬ŅPodemos hablar de una cosa? De entrada, te agradecer√≠a que empezaras abriendo un poco tu mente.
Edward dudó un instante.
—Lo intentaré —me contestó a la defensiva, con cautela.
¬óNo voy a romper ninguna regla ¬ópromet√≠¬ó. Esto es estrictament√© entre t√ļ y yo ¬óme aclar√© la garganta¬ó. Esto... Ver√°s, la otra noche me impresion√≥ la facilidad con que fuimos capaces de llegar a un acuerdo. He pensado que me gustar√≠a aplicar ese mismo principio a una situaci√≥n diferente.
¬ŅPor qu√© me estaba expresando de una forma tan rebuscada? Deb√≠an de ser los nervios.
¬ó¬ŅQu√© quieres negociar? ¬óme pregunt√≥, insinuando una sonrisa en su voz.
Me esforcé por encontrar las palabras exactas para abordar el asunto.
¬óEscucha a qu√© velocidad te late el coraz√≥n ¬ómurmur√≥ Edward¬ó. Parece un colibr√≠ batiendo las alas. ¬ŅTe encuentras bien?
¬óEstoy perfectamente.
¬óEntonces contin√ļa, por favor ¬óme anim√≥.
—Bueno, supongo que primero quería hablar contigo sobre esa ridicula condición del matrimonio.
¬óSer√° ridicula para ti, no para m√≠. ¬ŅQu√© tiene de mala?
—Me preguntaba si... si se trata de una cuestión negociable.
Edward frunci√≥ el ce√Īo.
¬óYa he cedido en lo m√°s importante, al aceptar cobrarme tu vida en contra de mi propio criterio. Lo cual me otorga el derecho a arrancarte a ti ciertos compromisos.
—No —negué con la cabeza y me concentré en mantener la compostura—. Ese trato ya está cerrado. Ahora no estamos discutiendo mi... transformación. Lo que quiero es arreglar algunos detalles.
Me miró con recelo.
¬ó¬ŅA qu√© detalles te refieres, exactamente?
Vacilé un instante.
¬óPrimero, aclaremos cu√°les son tus condiciones.
¬óYa sabes lo que quiero.
¬óMatrimonio ¬óhice que sonara como una palabrota.
—Sí —respondió con una amplia sonrisa—. Eso para empezar.
Esto me impresionó tanto que mi compostura se fue al traste.
¬ó¬ŅEs que hay m√°s?
—Bueno —dijo con aire de estar calculando algo—, si te conviertes en mi esposa, entonces lo que es mío es tuyo... Por ejemplo, el dinero para tus estudios. Así que no debería haber problema con lo de Dartmouth.
¬óPuestos a ser absurdos, ¬Ņse te ocurre algo m√°s?
—No me importaría que me dieras algo más de tiempo.
—No. Nada de tiempo. Ahí sí que no hay trato.
Edward exhaló un largo suspiro.
¬óS√≥lo ser√≠a un a√Īo, como mucho dos...
Apreté los labios y meneé la cabeza.
¬óPrueba con lo siguiente.
¬óEso es todo. A menos que quieras hablar de coches...
Edward sonrió al verme hacer un rictus. Después me tomó la mano y se dedicó a juguetear con mis dedos.
—No me había dado cuenta de que quisieras algo más, aparte de transformarte en un monstruo como yo. Siento una enorme curiosidad por saber de qué se trata —habló con voz tan suave y baja que su leve tono de impaciencia me habría pasado desapercibido si no le hubiera conocido tan bien.
Hice una pausa y contempl√© su mano sobre la m√≠a. A√ļn no sab√≠a por d√≥nde empezar. Sent√≠a sus ojos clavados en m√≠, y me daba miedo levantar la mirada. La sangre se me empez√≥ a subir a la cara.
Sus dedos gélidos rozaron mi mejilla.
¬ó¬ŅTe est√°s ruborizando? ¬ópregunt√≥, sorprendido. Yo segu√≠a mirando hacia abajo¬ó. Por favor, Bella, no me gusta el suspense.
Me mordí el labio.
¬óBella...
Su tono de reproche me recordó que le dolía que me guardase mis pensamientos.
—Me preocupa un poco... lo que pasará después —reconocí, atreviéndome a levantar la mirada por fin.
Noté que su cuerpo se ponía tenso, pero su voz seguía siendo de terciopelo.
¬ó¬ŅQu√© es lo que te preocupa?
¬óTodos parec√©is convencidos de que mi √ļnico inter√©s va a ser exterminar a todos los habitantes de la ciudad ¬órespond√≠. Edward puso mala cara al o√≠r las palabras que hab√≠a elegido¬ó. Me da miedo estar tan preocupada por contener mis impulsos violentos que no vuelva a ser yo misma... Y tambi√©n me da... me da miedo no volver a desearte como te deseo ahora.
—Bella, esa fase no dura eternamente —me tranquilizó.
Era obvio que no me estaba entendiendo.
¬óEdward ¬óle dije. Estaba tan nerviosa que me dediqu√© a estudiar con atenci√≥n un lunar de mi mu√Īeca¬ó. Hay algo que me gustar√≠a hacer antes de dejar de ser humana.
√ČI esper√≥ a que prosiguiera, pero no lo hice. Mi cara estaba roja como un tomate.
—Lo que quieras —me animó, impaciente y sin tener ni idea de lo que le iba a pedir.
¬ó¬ŅMe lo prometes? ¬óera consciente de que mi plan de atraerle con sus propias palabras no iba a funcionar, pero no pude resistirme a pregunt√°rselo.
—Sí —respondió. Alcé la mirada y vi en sus ojos una expresión ferviente y algo perpleja—. Dime lo que quieres, y lo tendrás.
No pod√≠a creer que me estuviera comportando de una forma tan torpe y tan est√ļpida. Era demasiado inocente; precisamente, mi inocencia era el punto central de la conversaci√≥n. No ten√≠a la menor idea de c√≥mo mostrarme seductora. Tendr√≠a que conformarme con recurrir al rubor y la timidez.
—Te quiero a ti —balbuceé de forma casi ininteligible.
¬óSabes que soy tuyo ¬ósonri√≥, sin comprender a√ļn, e intent√≥ retener mi mirada cuando volv√≠ a desviarla.
Respiré hondo y me puse de rodillas sobre la cama. Luego le rodeé el cuello con los brazos y le besé.
Me devolvió el beso, desconcertado, pero de buena gana. Sentí sus labios tiernos contra los míos, y me di cuenta de que tenía la cabeza en otra parte, de que estaba intentando adivinar qué pasaba por la mía. Decidí que necesitaba una pista.
Solté mis manos de su nuca y con dedos trémulos le recorrí el cuello hasta llegar a las solapas de su camisa. Aquel temblor no me ayudaba demasiado, ya que tenía que darme prisa y desabrocharle los botones antes de que él me detuviera.
Sus labios se congelaron, y casi pude escuchar el chasquido de un interruptor en su cabeza cuando por fin relacionó mis palabras con mis actos.
Me apartó de inmediato con un gesto de desaprobación.
—Sé razonable, Bella.
—Me lo has prometido. Lo que yo quiera —le recordé, sin ninguna esperanza.
¬óNo vamos a discutir sobre eso.
Se quedó mirándome mientras se volvía a abrochar los dos botones que había conseguido soltarle.
Rechiné los dientes.
¬óPues yo digo que s√≠ vamos a discutirlo ¬órepuse. Me llev√© las manos a la blusa y de un tir√≥n abr√≠ el bot√≥n de arriba. Me agarr√≥ las mu√Īecas y me las sujet√≥ a ambos lados del cuerpo.
—Y yo te digo que no —refutó, tajante. Nos miramos con ira.
¬óT√ļ quer√≠as saber ¬óle ech√© en cara.
—Creí que se trataba de un deseo vagamente realista.
¬óDe modo que t√ļ puedes pedir cualquier estupidez que te apetezca, por ejemplo, casarnos, pero yo no tengo derecho ni siquiera a discutir lo que...
Mientras lanzaba mi diatriba, Edward me sujetó ambas manos con una de las suyas para que dejara de gesticular, y utilizó la que le quedaba libre para taparme la boca.
—No —su gesto era pétreo.
Respir√© hondo y trat√© de calmarme. Seg√ļn se desvanec√≠a la ira, empec√© a sentir algo distinto.
Me llev√≥ unos instantes admitir por qu√© hab√≠a vuelto a agachar la mirada, por qu√© me hab√≠a ruborizado otra vez, por qu√© se me hab√≠a revuelto el est√≥mago, por qu√© ten√≠a los ojos h√ļmedos y por qu√© de pronto quer√≠a salir corriendo de la habitaci√≥n.
Era por aquella reacción tan poderosa e instintiva. Por su rechazo.
Sab√≠a que me estaba comportando de forma irracional. Edward hab√≠a dejado claro en otras ocasiones que el √ļnico motivo por el que se negaba a hacerlo era mi propia seguridad. Sin embargo, jam√°s me hab√≠a sentido tan vulnerable. Me qued√© mirando al edred√≥n dorado que hac√≠a juego con sus ojos e intent√© desterrar la reacci√≥n refleja que me dec√≠a que no era deseada ni deseable.
Edward suspiró. Me quitó la mano de la boca y la puso bajo mi barbilla, levantándome la cara para que le mirase.
¬ó¬ŅY ahora qu√©?
—Nada —musité.
Observó con atención mi rostro durante un buen rato mientras yo trataba en vano de apartarme de su mirada. Después arrugó la frente con gesto de horror.
¬ó¬ŅHe herido tus sentimientos? ¬óme pregunt√≥ con consternaci√≥n.
—No —mentí.
Ni siquiera supe cómo ocurrió: de pronto, me encontré entre sus brazos, y él acunaba mi cabeza sujetándola entre el hombro y la mano, mientras que con el pulgar me acariciaba la mejilla una y otra vez.
—Sabes por qué tengo que decirte que no —susurró—, y también sabes que te deseo.
¬ó¬ŅSeguro? ¬óle pregunt√© con voz titubeante.
¬óPues claro que s√≠, ni√Īa guapa, tonta e hipersensible ¬ósolt√≥ una carcajada, y luego su voz se volvi√≥ neutra¬ó. Todo el mundo te desea. S√© que hay una cola inmensa de candidatos detr√°s de m√≠, todos maniobrando para colocarse en primera posici√≥n, a la espera de que yo cometa un error... Eres demasiado deseable para tu propia seguridad.
¬ó¬ŅQui√©n es el tonto ahora? ¬óten√≠a muy claro que los adjetivos ¬ętorpe¬Ľ, ¬ęvergonzosa¬Ľ e ¬ęinepta¬Ľ no aparec√≠an en ning√ļn diccionario bajo la definici√≥n de ¬ędeseable¬Ľ.
¬ó¬ŅTengo que rellenar una instancia para que me creas? ¬ŅTe digo los nombres que encabezan la lista? Ya conoces unos cuantos, pero otros te sorprender√≠an.
Moví la cabeza a los lados, sin apartarla de su pecho, e hice una mueca.
¬óEst√°s intentando cambiar de tema.
Edward volvió a suspirar.
¬óDime si he hecho algo mal ¬óintent√© sonar objetiva¬ó. Tus exigencias son √©stas: que nos casemos ¬óera incapaz de decirlo sin torcer el gesto¬ó, que te deje pagar mis estudios y que te d√© m√°s tiempo. Adem√°s, no te importar√≠a que mi veh√≠culo fuera un poco m√°s r√°pido ¬óenarqu√© las cejas¬ó. ¬ŅSe me olvida algo? Es una lista considerable.
¬óLa √ļnica exigencia es la primera ¬óEdward estaba haciendo esfuerzos para no re√≠rse¬ó. Las dem√°s son simples peticiones.
¬óA cambio, mi peque√Īa y solitaria exigencia es...
¬ó¬ŅExigencia? ¬óme interrumpi√≥, de nuevo serio.
—Sí, he dicho exigencia.
Edward entornó los ojos.
—Casarme es como una condena para mí —dije—. No pienso aceptar a menos que reciba algo a cambio.
Se inclinó para susurrarme con voz tierna:
¬óNo. Ahora es imposible. M√°s adelante, cuando seas menos fr√°gil. Ten paciencia, Bella.
Intenté mantener una voz firme y ecuánime.
—Ahí está el problema. Cuando sea menos frágil, ya nada será igual. ¡Yo no seré la misma persona! Ni siquiera estoy segura de quién seré para entonces.
¬óSeguir√°s siendo t√ļ, Bella ¬óme prometi√≥.
Frunc√≠ el ce√Īo.
¬óSi cambio lo bastante como para querer matar a Charlie, o chupar la sangre de Jacob o de Angela si tengo ocasi√≥n, ¬Ņc√≥mo voy a seguir siendo la misma?
—Se te pasará. Además, dudo que te apetezca beber sangre de perro —fingió estremecerse ante tal idea—. Aunque seas una renacida, una neófita, seguro que tienes mejor gusto.
Ignoré su intento de desviar el tema.
¬óPero eso ser√° lo que m√°s voy a desear siempre, ¬Ņverdad? ¬ódije en tono desafiante¬ó. ¬°Sangre, sangre y m√°s sangre!
—El hecho de que sigas viva es una prueba de que eso no es cierto —argumentó.
¬óPorque para ti han pasado m√°s de ochenta a√Īos ¬óle record√©¬ó. Estoy hablando de algo f√≠sico. De forma racional, s√© que volver√© a ser yo misma... cuando transcurra un tiempo. Pero en lo puramente f√≠sico, siempre tendr√© sed, por encima de cualquier otro deseo ¬óEdward no contest√≥¬ó. As√≠ que ser√© distinta ¬óconclu√≠, sin oposici√≥n por su parte¬ó. Porque ahora mismo lo que m√°s deseo eres t√ļ. M√°s que la comida o el agua o el ox√≠geno. Mi mente tiene una lista de prioridades ordenada de forma algo m√°s racional, pero mi cuerpo...
Giré la cabeza para darle un beso en la palma de la mano.
Edward respiró hondo. Me sorprendió notar que titubeaba.
—Bella, podría matarte —se justificó.
¬óNo creo que seas capaz.
Edward entrecerró los ojos. Después, apartó la mano de mi cara y tanteó detrás de él, buscando algo que no pude ver. Se oyó un chasquido amortiguado y la cama tembló bajo nosotros.
Tenía en la mano algo oscuro, y me lo acercó para que lo examinara. Era una flor de metal, una de las rosas que adornaban los barrotes de hierro forjado del dosel de su cama. Cerró la mano un segundo, apretó los dedos con suavidad, y volvió a abrirla.
Sin decir una sola palabra, me extendi√≥ una masa triturada e informe de metal negro. Hab√≠a adquirido el perfil del hueco de su mano, como un trozo de plastilina apretujado en el pu√Īo de un ni√Īo. Una fracci√≥n de segundo despu√©s, el bulto se desmenuz√≥ y se convirti√≥ en polvo negro sobre la palma de su mano.
Le lancé una mirada furiosa.
—No me refería a eso. Ya sé cuánta fuerza tienes, no hace falta que destroces los muebles.
¬óEntonces, ¬Ņqu√© quer√≠as decir? ¬óme pregunt√≥ con voz siniestra, arrojando a un rinc√≥n el pu√Īado de virutas de hierro, que repiquetearon como lluvia al chocar contra la pared.
Traté de explicarme, con sus ojos clavados en mí.
¬óObviamente, no me refiero a que no pudieras herirme si lo desearas... Es m√°s importante que eso: se trata de que no quieres hacerme da√Īo. Por eso creo que no ser√≠as capaz.
Empezó a decir que no con la cabeza antes de que yo terminara de hablar.
—Tal vez no funcione así, Bella.
—Tal vez —me burlé—. Tienes tanta idea de lo que estás diciendo como yo.
¬óExacto. ¬ŅCrees que me atrever√≠a a correr un riesgo as√≠ contigo?
Le miré a los ojos durante un buen rato. No vi en ellos el menor atisbo de indecisión, y comprendí que no iba a ceder.
¬óPor favor ¬ósupliqu√©, desesperada¬ó. Es lo √ļnico que quiero. Por favor... ¬ócerr√© los ojos, derrotada, a la espera de un r√°pido y definitivo no.
Pero Edward no respondió de inmediato. Vacilé un momento, sorprendida al notar que su respiración volvía a acelerarse.
Abrí los ojos y vi que tenía la cara descompuesta.
¬óPor favor... ¬óvolv√≠ a susurrar. Los latidos de mi coraz√≥n se dispararon de nuevo. Me apresur√© a aprovechar la duda que hab√≠a asomado de repente a sus ojos, y las palabras me brotaron a borbotones¬ó. No tienes que darme ninguna garant√≠a. Si no funciona, vale, no pasa nada. S√≥lo te pido que lo intentemos. √önicamente intentarlo, ¬Ņvale? A cambio te dar√© lo que quieras ¬óle promet√≠ de manera atolondrada¬ó. Me casar√© contigo. Dejar√© que me pagues la matr√≠cula en Dartmouth y no me quejar√© cuando les sobornes para que me admitan. Hasta puedes comprarme un coche m√°s potente, si eso te hace feliz. Pero s√≥lo... Por favor...
Me rodeó con sus brazos helados y puso los labios al lado de mi oreja; su respiración gélida me hizo estremecer.
¬óEsta sensaci√≥n es insoportable. Hay tantas cosas que he querido darte... Y t√ļ decides pedirme precisamente esto. ¬ŅTienes idea de lo doloroso que me resulta negarme cuando me lo suplicas de esta forma?
¬óEntonces, no te niegues ¬óle dije, sin aliento.
No me respondió.
—Por favor —lo intenté de nuevo.
¬óBella...
Movió la cabeza a los lados, pero esta vez tuve la impresión de que el lento deslizar de su cara y sus labios sobre mi garganta no era una negación. Más bien parecía una rendición. Mi corazón, que ya latía deprisa, adquirió un ritmo frenético.
De nuevo aproveché la ventaja como pude. Cuando volvió su rostro hacia el mío en aquel ademán lento y vacilante, me retorcí entre sus brazos y busqué sus labios. El me agarró la cara entre las manos, y creí que me apartaría una vez más.
Pero me equivocaba.
Su boca ya no era tierna; el movimiento de sus labios transmitía una sensación por completo nueva, de conflicto y desesperación. Entrelacé los dedos detrás de su cuello y sentí su cuerpo más gélido que nunca contra mi piel, que de pronto parecía arder. Me estremecí, pero no era a causa del frío.
Edward no paraba de besarme. Fui yo quien tuvo que apartarse para respirar, pero ni siquiera entonces sus labios se separaron de mi piel, sino que se deslizaron hacia mi garganta. La emoci√≥n de la victoria fue un extra√Īo climax que me hizo sentir poderosa y valiente. Mis manos ya no temblaban; mis dedos soltaron con facilidad los botones de su camisa y recorrieron las l√≠neas perfectas de su pecho de hielo. Edward era tan hermoso... ¬ŅQu√© palabra acaba de utilizar √©l? Insoportable. S√≠, su belleza era tan intensa que resultaba casi insoportable.
Dirigí su boca hacia la mía; parecía tan encendido como yo. Una de sus manos seguía acariciando mi cara, mientras la otra me aferraba la cintura y me apretaba contra él. Eso me ponía un poco más difícil llegar a los botones de mi blusa, pero no imposible.
Unas fr√≠as esposas de acero apresaron mis mu√Īecas y levantaron mis manos por encima de la cabeza, que de pronto estaba apoyada sobre una almohada.
Sus labios volvían a estar junto a mi oreja.
¬óBella ¬ómurmur√≥, con voz c√°lida y aterciopelada¬ó. Por favor, ¬Ņte importar√≠a dejar de desnudarte?
¬ó¬ŅQuieres hacerlo t√ļ? ¬ópregunt√©, confusa.
—Esta noche no —respondió con dulzura. Ahora sus labios recorrían más despacio mi mejilla y mi mandíbula. La urgencia se había desvanecido.
—Edward, no... —empecé a decir.
¬óNo estoy diciendo que no ¬óme dijo en tono tranquilizador¬ó. S√≥lo digo que ¬ęesta noche no¬Ľ.
Me quedé pensando en ello durante unos instantes, mientras mi respiración empezaba a calmarse.
¬óDame una raz√≥n convincente para que yo comprenda por qu√© esta noche no es tan buena como cualquier otra ¬óa√ļn me faltaba el aliento, lo que hac√≠a que el timbre de frustraci√≥n de mi voz sonara menos convincente.
¬óNo nac√≠ ayer ¬óEdward se ri√≥ quedamente junto a mi oreja¬ó. ¬ŅCu√°l de nosotros dos se resiste m√°s a dar al otro lo que quiere? Acabas de prometer que te casar√°s conmigo, pero si cedo a tus deseos esta noche, ¬Ņqui√©n me garantiza que por la ma√Īana no saldr√°s corriendo a los brazos de Carlisle? Est√° claro que yo soy mucho menos reacio a darte a ti lo que deseas. Por lo tanto... T√ļ primero.
Resoplé, y le pregunté con incredulidad:
¬ó¬ŅTengo que casarme antes contigo?
¬ó√Čse es el trato: lo tomas o lo dejas. El compromiso, ¬Ņrecuerdas?
Me envolvió con sus brazos y me besó de un modo que debería ser ilegal. Demasiado persuasivo; era como una coacción, una intimidación. Traté de mantener la mente despejada... y fracasé de inmediato y por completo.
—Creo que no es buena idea —resollé cuando al fin me dejó respirar.
—No me sorprende que lo pienses —sonrió con gesto burlón—. Tienes una mente muy cuadriculada.
¬óPero ¬Ņse puede saber qu√© ha pasado? ¬ódije¬ó. Por una vez pens√© que esta noche era yo quien ten√≠a el control, y de repente...
—...estás comprometida —completó él.
¬ó¬°Eh! Por favor, no digas eso en voz alta.
¬ó¬ŅVas a romper tu promesa? ¬óme pregunt√≥.
Se apartó un poco para poder leer en mi cara. Se lo estaba pasando en grande.
Le miré con furia, intentando olvidar la forma en que su sonrisa me aceleraba el corazón.
¬ó¬ŅLa vas a romper? ¬óinsisti√≥.
¬ó¬°No! ¬ógru√Ī√≠¬ó. No voy a romperla. ¬ŅYa est√°s contento?
Su sonrisa era cegadora.
¬óSumamente contento.
Solté otro bufido.
¬ó¬ŅEs que t√ļ no est√°s contenta?
Me besó de nuevo sin dejarme responder. Fue otro beso demasiado convincente.
—Un poco —reconocí cuando me dejó hablar—, pero no por lo de casarnos.
Volvió a besarme.
¬ó¬ŅNo tienes la sensaci√≥n de que todo est√° al rev√©s? ¬ódijo ri√©ndose en mi o√≠do¬ó. T√ļ deber√≠as querer casarte y yo no. Es lo convencional.
—En nuestra relación no hay nada convencional.
¬óCierto.
Volvió a besarme, y siguió haciéndolo hasta que mi corazón palpitó como un tambor y la piel se me enrojeció.
—Escucha, Edward —le dije en tono zalamero cuando hizo una pausa para darme un beso en la palma de la mano—. He dicho que me casaría contigo, y lo haré. Te lo prometo. Te lo juro. Si quieres, te firmo un contrato con mi propia sangre.
¬óEso no tiene gracia ¬ómurmur√≥, con la boca apoyada en el interior de mi mu√Īeca.
¬óLo que quiero decir es que no pienso enga√Īarte. Me conoces muy bien. As√≠ que no hay raz√≥n para esperar. Estamos completamente solos: ¬Ņcu√°ntas veces ocurre eso? Adem√°s, tenemos esta cama tan grande y tan c√≥moda...
—Esta noche, no —repitió.
¬ó¬ŅNo conf√≠as en m√≠?
—Desde luego que sí.
Usando la mano que él seguía besando, eché su cara un poco hacia atrás para poder estudiar su expresión.
¬óEntonces, ¬Ņcu√°l es el problema? Sabes de sobra que al final vas a ganar ¬ófrunc√≠ el entrecejo y a√Īad√≠¬ó: T√ļ siempre ganas.
—Sólo cubro mis apuestas —respondió con calma.
¬óHay algo m√°s ¬ódije, entornando los ojos. Su rostro estaba a la defensiva, se√Īal de que bajo su aire despreocupado ocultaba alg√ļn motivo secreto¬ó. ¬ŅAcaso tienes t√ļ la intenci√≥n de faltar a tu palabra?
—No —prometió en tono solemne—. Te lo juro, intentaremos hacerlo. Después de que te cases conmigo.
Sacudí la cabeza y me reí sin ganas.
—Me haces sentir como el malo de la película, que se retuerce el bigote mientras trata de arrebatarle la virginidad a la pobre protagonista.
Durante un segundo me dirigió una mirada suspicaz, y enseguida agachó la cabeza para apretar los labios contra mi clavícula.
¬óDe eso se trata, ¬Ņverdad? ¬óse me escap√≥ una carcajada m√°s de asombro que de alegr√≠a¬ó. ¬°Est√°s intentando proteger tu virginidad! ¬óme tap√© la boca con la mano para sofocar la risotada que me sali√≥ a continuaci√≥n. Aquellas palabras estaban tan pasadas de moda...
¬óNo, ni√Īa boba ¬ómurmur√≥ contra mi hombro¬ó. Estoy intentando proteger la tuya. Y me lo est√°s poniendo muy dif√≠cil.
¬óDe todas las cosas ridiculas que...
¬óDeja que te diga una cosa ¬óme interrumpi√≥¬ó. Ya s√© que hemos discutido esto antes, pero te pido que me sigas la corriente. ¬ŅCu√°ntas personas en esta habitaci√≥n tienen alma, y la oportunidad de ir al cielo, o lo que haya despu√©s de esta vida?
—Dos —respondí con decisión.
—Vale. Quizá sea cierto. Hay muchas opiniones a este respecto, pero la inmensa mayoría de la gente parece creer que hay ciertas normas que deben seguirse.
¬ó¬ŅNo te basta con las normas vamp√≠ricas? ¬ŅEs que tienes que preocuparte tambi√©n de las humanas?
—No viene mal —dijo, encogiéndose de hombros—. Sólo por si acaso.
Le miré, entrecerrando los ojos.
—Por supuesto, aunque tengas razón con respecto a lo de mi alma, puede que ya sea demasiado tarde para mí.
¬óNo, no es tarde ¬ódije.
¬ó¬ęNo matar√°s¬Ľ es un precepto aceptado por la mayor√≠a de las religiones. Y yo he matado a mucha gente, Bella.
—Sólo a los malos.
Se encogió de hombros.
¬óTal vez eso influya, tal vez no, pero t√ļ a√ļn no has matado a nadie...
¬óQue t√ļ sepas ¬óle dije.
Sonrió, pero hizo caso omiso a mi interrupción.
—Y voy a hacer todo lo posible para mantenerte alejada del camino de la tentación.
—Vale, pero no estábamos hablando de cometer asesinatos —le recordé.
¬óSe aplica el mismo principio. La √ļnica diferencia es que √©sta es la √ļnica √°rea donde estoy tan inmaculado como t√ļ. ¬ŅNo puedo dejar al menos una regla sin romper?
¬ó¬ŅUna?
¬óBueno, ya sabes que he robado, he mentido, he codiciado bienes ajenos... Lo √ļnico que me queda es la castidad ¬ósonri√≥ con malicia.
¬óYo miento constantemente.
—Sí, pero lo haces tan mal que no cuenta. Nadie se cree tus embustes.
¬óEspero que te equivoques. De lo contrario, Charlie debe de estar a punto de echar la puerta abajo con una pistola cargada en la mano.
¬óCharlie es m√°s feliz cuando finge que se traga tus historias. Prefiere enga√Īarse a s√≠ mismo y no pensar demasiado en ello ¬óme dijo sonriendo.
¬óPero ¬Ņqu√© bien ajeno has codiciado t√ļ? ¬óle pregunt√©¬ó. Lo tienes todo.
—Te codicié a ti —su sonrisa se apagó—. No tenía derecho a poseerte, pero fui y te tomé de todos modos. Ahora, mira cómo has acabado: intentando seducir a un vampiro —meneó la cabeza con horror fingido.
—Tienes derecho a codiciar lo que ya es tuyo —le contesté—. Además, creía que lo que te preocupaba era mi castidad.
—Y lo es. Si resulta demasiado tarde para mí... Prefiero arder en las llamas del infierno, y perdóname el juego de palabras, antes que dejar que te impidan entrar en el cielo.
¬óNo puedes pretender que entre en un sitio donde t√ļ no vayas a estar ¬óle dije¬ó. Esa es mi definici√≥n del infierno. De todas formas, tengo una soluci√≥n muy f√°cil: no vamos a morirnos nunca, ¬Ņde acuerdo?
¬óSuena bastante sencillo. ¬ŅPor qu√© no se me hab√≠a ocurrido?
Sigui√≥ sonri√©ndome hasta que acab√© soltando un airado ¬ę¬°aja!¬Ľ.
—Así que te niegas a dormir conmigo hasta que no estemos casados.
—Técnicamente, nunca podré dormir contigo.
Puse los ojos en blanco.
—Muy maduro, Edward. Me refería a acostarnos.
—Bueno, quitando ese detalle, tienes razón.
¬óYo creo que escondes alg√ļn otro motivo m√°s.
Abrió unos ojos como platos, con gesto inocente.
¬ó¬ŅOtro motivo?
—Sabes que eso aceleraría las cosas —le respondí.
Edward intentó contener la sonrisa.
—Sólo hay una cosa que quiero acelerar, y el resto puede esperar por siempre... Pero, la verdad, tus impacientes hormonas humanas son mi más poderoso aliado en este sentido.
¬óNo puedo creer que me hagas pasar por el altar. Cuando pienso en Charlie... ¬°O en Ren√©e! ¬ŅTe imaginas lo que van a decir Angela o Jessica? ¬°Arg! Ya estoy viendo sus cotilleos.
Edward me mir√≥ enarcando una ceja, y enseguida supe por qu√©. ¬ŅQu√© m√°s me daba lo que dijeran de m√≠ si pronto me marchar√≠a para no volver? ¬ŅDe verdad era tan hipersensible que no pod√≠a soportar unas cuantas semanas de indirectas y miraditas de soslayo? Lo que m√°s me molestaba era que, si yo misma me hubiese enterado de que alguna se iba a casar ese mismo verano, me habr√≠a puesto a cotillear con tan mala idea como las dem√°s. ¬°Uf! Casarme este verano. Me dio un escalofr√≠o. S√≠, otra cosa que me molestaba era que me hab√≠an educado para que sintiera escalofr√≠os s√≥lo de pensar en el matrimonio. Edward interrumpi√≥ mis cavilaciones.
¬óNo hace falta que sea un bodorrio. No necesito tanta fanfarria. No tienes que dec√≠rselo a nadie ni cambiar tus planes. ¬ŅPor qu√© no vamos a Las Vegas? Puedes ponerte unos vaqueros. Hay una capilla que tiene una ventanilla por la que te casan sin que te bajes del coche. Lo √ļnico que quiero es hacerlo oficial, y que quede claro que me perteneces a m√≠ y a nadie m√°s.
¬óNo puede ser m√°s oficial de lo que ya lo es ¬ó refunfu√Ī√©, aunque su descripci√≥n no me hab√≠a sonado tan mal. La √ļnica que se iba a sentir decepcionada era Alice.
¬óYa veremos ¬ósonri√≥, complaciente¬ó. Supongo que no querr√°s a√ļn el anillo de compromiso.
Tuve que tragar saliva antes de responder.
¬óSupones bien.
Edward se rió al ver la expresión de mi cara.
—De acuerdo. De todos modos, no tardaré en rodear tu dedo con él. Me quedé mirándole.
¬óHablas como si ya tuvieras un anillo.
—Y lo tengo —dijo sin avergonzarse—, listo para ponértelo al menor signo de debilidad.
—Eres increíble.
¬ó¬ŅQuieres verlo? ¬óme pregunt√≥. De pronto sus ojos topacio brillaron de emoci√≥n.
¬ó¬°No! ¬óexclam√©. Fue un acto reflejo del que me arrepent√≠ de inmediato, ya que Edward se entristeci√≥¬ó. Bueno, si de verdad quieres ense√Ī√°rmelo, hazlo ¬óintent√© arreglarlo, apretando los dientes para no demostrar el p√°nico irracional que me pose√≠a.
—No pasa nada —repuso mientras se encogía de hombros—. Puedo esperar.
Di un suspiro.
¬óEns√©√Īame el maldito anillo, Edward.
Negó con la cabeza.
¬óNo.
Estudié su expresión durante un buen rato.
¬óPor favor... ¬óle ped√≠ con voz tierna, experimentando con el arma que acababa de descubrir. Le acarici√© la cara con la punta de los dedos¬ó. Por favor, ¬Ņpuedo verlo?
Edward entornó los ojos.
¬óEres la criatura m√°s peligrosa que he conocido en mi vida ¬ódeclar√≥. Pero se levant√≥ y se arrodill√≥ junto a la mesilla de noche con aquella elegancia inconsciente tan propia de √©l. Apenas un instante despu√©s volvi√≥ a la cama, se sent√≥ a mi lado y me rode√≥ el hombro con un brazo. En la otra mano ten√≠a una peque√Īa caja negra, que deposit√≥ en precario equilibrio sobre mi rodilla izquierda.
—Adelante, échale un vistazo —me instó de repente.
Sostener aquella cajita de aspecto inofensivo me resultó más difícil de lo que esperaba, pero no quería volver a herir sus sentimientos, así que traté de dominar el temblor de mi mano. La caja estaba forrada de satén negro. Lo acaricié con los dedos, indecisa.
¬ó¬ŅNo te habr√°s gastado mucho dinero? Si lo has hecho, mi√©nteme.
—No me he gastado nada —me aseguró—. Se trata de otro objeto usado. Es el mismo anillo que mi padre le dio a mi madre.
—Oh —dije, sorprendida. Después pellizqué la tapa entre el pulgar y el índice, pero no la abrí.
¬óSupongo que es demasiado anticuado ¬óse disculp√≥ medio en broma¬ó. Est√° tan pasado de moda como yo. Puedo comprarte otro m√°s moderno. ¬ŅQu√© te parece uno de Tiffany's?
—Me gustan las cosas pasadas de moda —murmuré mientras levantaba la tapa con dedos vacilantes.
Rodeado por raso negro, el anillo de Elizabeth Masen brillaba a la tenue luz de la habitación. La piedra era un óvalo grande decorado con filas oblicuas de brillantes piedrecillas redondas. La banda era de oro, delicada y estrecha, y tejía una frágil red alrededor de los diamantes. Nunca había visto nada parecido.
Sin pensarlo, acaricié aquellas gemas resplandecientes.
—Es muy bonito—murmuré, sorprendida de mi propia reacción.
¬ó¬ŅTe gusta?
—Es precioso —me encogí de hombros, fingiendo que no me interesaba demasiado—. A cualquiera le gustaría.
Edward soltó una carcajada.
—Pruébatelo, a ver si te queda bien.
Cerré la mano izquierda instintivamente.
—Bella —dijo con un suspiro—, no voy a soldártelo al dedo. Sólo quiero que te lo pruebes para ver si tengo que llevarlo a que lo ajusten. Luego te lo puedes quitar.
—Vale —cedí.
Cuando iba a coger el anillo, Edward me detuvo, tomó mi mano izquierda en la suya y deslizó la alianza por mi dedo corazón. Después me sujetó la mano en alto para que ambos pudiéramos contemplar el efecto de los brillantes sobre mi piel. Tenerlo puesto no resultó tan horrible como había temido.
—Te queda perfecto —afirmó en tono flemático—. Eso está bien: así me ahorro un paseo a la joyería.
Al percibir la intensa emoción que se ocultaba bajo el tono despreocupado de su voz, le miré a la cara. A pesar de que intentaba fingir indiferencia, sus ojos también le delataban.
¬óTe gusta, ¬Ņverdad? ¬óle pregunt√© suspicaz, mientras mov√≠a los dedos en el aire y pensaba que era una pena no haberme roto la mano izquierda.
Edward se encogió de hombros.
¬óClaro ¬ódijo, siempre en el mismo tono ap√°tico¬ó. Te sienta muy bien.
Le miré a los ojos, tratando de descifrar la emoción que ardía bajo la superficie. Edward me devolvió la mirada, y todo disimulo se desvaneció. Su rostro de ángel resplandecía con la alegría de la victoria. Era una visión tan gloriosa que me cortaba la respiración.
Antes de que pudiera recobrar el aliento, Edward me besó con labios exultantes. Cuando retiró su boca para susurrarme al oído, la cabeza me daba vueltas; pero me di cuenta de que su respiración era tan entrecortada como la mía.
—Sí, me gusta. No sabes cuánto.
Me eché a reír.
¬óTe creo.
¬ó¬ŅTe importa que haga una cosa? ¬óme pregunt√≥ mientras me abrazaba con fuerza.
¬óLo que quieras.
Pero me soltó y se apartó de mí.
—Lo que quieras, excepto eso —me quejé.
Sin hacerme caso, Edward me cogió de la mano y me levantó de la cama. Después se plantó de pie frente a mí, con las manos sobre mis hombros y el gesto serio.
—Quiero hacer esto como Dios manda. Por favor, recuerda que has dicho que sí. No me estropees este momento.
—Oh, no —dije boquiabierta, mientras él clavaba una rodilla en el suelo.
—Pórtate bien —murmuró.
Respiré hondo.
¬óIsabella Swan ¬óme mir√≥ a trav√©s de aquellas pesta√Īas de una longitud imposible. Sus ojos dorados eran tiernos y, a la vez, abrasadores¬ó. Prometo amarte para siempre, todos los d√≠as de mi vida. ¬ŅQuieres casarte conmigo?
Quise decirle muchas cosas. Algunas no eran nada agradables, mientras que otras resultaban m√°s empalagosas y rom√°nticas de lo que el propio Edward habr√≠a so√Īado. Decid√≠ no ponerme en evidencia a m√≠ misma y me limit√© a susurrar:
—Sí.
—Gracias —respondió.
Después, tomó mi mano y me besó las yemas de los dedos antes de besar también el anillo, que ahora me pertenecía.