18 - Instruccion

...ya que ahora era la √ļnica que necesitaba mimos. Edward estaba bien, as√≠ como toda su familia.
Todos me hab√≠an tranquilizado. Alice se hab√≠a acercado para darme unas palmadas de afecto mientras lanzaba una mirada elocuente a Jasper, y √©ste no par√≥ hasta que sent√≠ un flujo de paz a mi alrededor, Esme me bes√≥ en la frente y me prometi√≥ que todo iba a ir bien, Emmett se ech√≥ a re√≠r escandalosamente y se quej√≥ de que yo fuera la √ļnica a la que me permitieran pelear con hombres lobo... La soluci√≥n de Jacob los hab√≠a dejado a todos relajados, casi euf√≥ricos despu√©s de las interminables semanas de tensi√≥n. La confianza hab√≠a reemplazado a la duda y la fiesta hab√≠a concluido con un toque de verdadera celebraci√≥n...
...salvo para mí.
Ya era bastante malo que los Cullen pelearan por mi causa. Me costaba mucho aceptarlo. Era más de lo que podía soportar, pero...
...¬Ņtambi√©n Jacob? No, ni √©l ni los tontorrones de sus hermanos, la mayor√≠a m√°s j√≥venes que yo. No eran m√°s que descomunales ni√Īos muy cachas que se met√≠an en l√≠os como quien va de excursi√≥n a la playa. Mi seguridad no pod√≠a ponerles en peligro tambi√©n a ellos. Estaba desquiciada de los nervios y se notaba. No sab√≠a cu√°nto tiempo iba a resistir la tentaci√≥n de empezar a gritar.
—Esta noche vas a llevarme contigo —susurré para mantener mi voz bajo control.
¬óEst√°s agotada, Bella.
¬ó¬ŅCrees que ser√© capaz de dormir?
Frunci√≥ el ce√Īo.
—Esto va a ser una prueba. No estoy seguro de que la cooperación... sea posible. No quiero que te pongas en medio.
Como si eso no me fuera a preocupar a√ļn m√°s...
¬óRecurrir√© a Jacob si t√ļ no me llevas.
Entrecerró los ojos. Aquello era un golpe bajo y yo lo sabía, pero no iba a aceptar de modo alguno que me dejara atrás.
Siguió sin responder cuando llegamos a mi casa. Las luces del cuarto de estar estaban encendidas.
—Te veo arriba —murmuré.
Entr√© de puntillas por la puerta principal y me fui al cuarto de estar, donde dorm√≠a Charlie, despatarrado encima del sof√° demasiado peque√Īo. Roncaba con una intensidad equiparable a la de una motosierra.
Le sacudí el hombro enérgicamente.
¬ó¬°Pap√°! ¬°Charlie! ¬ó√©l refunfu√Ī√≥ sin abrir los ojos todav√≠a¬ó. Ya he vuelto. Te vas a hacer da√Īo en la espalda como sigas durmiendo en esa postura. Vamos, es hora de moverse.
Mi padre siguió sin despegar los párpados aun después de que le sacudiera varias veces, pero al fin me las arreglé para que se levantara. Le ayudé a llegar a su cama, donde se derrumbó encima de las mantas y, sin desvestirse, comenzó a roncar otra vez.
En esas condiciones, no era probable que se pusiera a buscarme demasiado pronto.
Edward esperó en mi habitación a que me lavara la cara y cambiara la ropa de la fiesta por unos vaqueros y una blusa de franela. Me observó con gesto mohíno desde la mecedora mientras colgaba en una percha del armario el jersey que me había regalado Alice.
Tomé su mano y le dije:
—Ven aquí.
Luego, le atraje a la cama y le empujé encima de ella antes de acurrucarme junto a su pecho. Quizás él estaba en lo cierto y yo estaba tan hecha polvo que me dormiría enseguida, pero no permitiría que se escabullera sin mí.
Me arropó con el edredón y me sujetó con fuerza.
¬óRel√°jate, por favor.
¬óClaro.
¬óEsto va a salir bien, Bella, lo presiento.
Apreté los dientes con fuerza.
Edward segu√≠a irradiando alivio. A nadie, salvo a m√≠, le preocupaba que resultaran heridos Jacob y sus amigos, y menos a√ļn a los Cullen.
El sabía que estaba a punto de dormirme.
¬óEsc√ļchame, Bella, esto va a ser f√°cil. Vamos a pillar por sorpresa a los ne√≥fitos, que no tienen ni idea de la presencia de los lic√°ntropos. He visto c√≥mo act√ļan en grupo, seg√ļn recuerda Jasper, y de veras creo que las t√©cnicas de caza de los lobos van a funcionar con mucha limpieza. Una vez que est√©n divididos y sorprendidos, ya no van a ser rival para el resto de nosotros. Alguno, incluso, podr√≠a quedarse fuera. No ser√≠a necesario que particip√°ramos todos ¬óa√Īadi√≥ para quitarle hierro.
—Claro, va a ser coser y cantar —murmuré en tono apagado.
—Calla, ya verás como sí —me acarició la mejilla—. No te preocupes ahora.
Comenzó a tararear mi nana pero, por una vez, no me calmó.
Iban a resultar heridas personas a quienes yo quer√≠a, bueno, en realidad, eran vampiros y lic√°ntropos, pero aun as√≠ los quer√≠a. Y aquello ser√≠a por mi causa. Otra vez. Dese√© poder fijar mi mala suerte con algo m√°s de precisi√≥n. Sent√≠a ganas de salir y gritar al cielo: ¬ęSoy yo a quien quer√©is, aqu√≠, aqu√≠. S√≥lo a m√≠¬Ľ.
Me devané los sesos para hallar un camino en el que pudiera hacer eso: obligar a que mi mala suerte se centrara exclusivamente en mi persona. No iba a ser fácil y tendría que aguardar el momento oportuno.
No logr√© conciliar el sue√Īo. Los minutos transcurrieron con rapidez y, para mi sorpresa, segu√≠a en tensi√≥n y despierta cuando Edward nos incorpor√≥ a los dos para que estuvi√©ramos sentados.
¬ó¬ŅEst√°s segura de que no prefieres quedarte a dormir?
Le dirigí una mirada envenenada.
Suspiró y me alzó en brazos antes de salir por la ventana de un salto.
Ech√≥ a trotar por el silencioso bosque en sombras conmigo a su espalda y enseguida sent√≠ su j√ļbilo. Corr√≠a igual que cuando lo hac√≠a s√≥lo para nuestra propia diversi√≥n, nada m√°s que para sentir el soplo del viento en el pelo. Era el tipo de actividad que me hubiera hecho feliz en tiempos menos angustiosos.
Su familia ya le aguardaba cuando llegamos al gran claro. Hablaban con despreocupación y tranquilidad. El retumbo de la risa de Emmett resonaba de forma ocasional por el espacio abierto. Edward me dejó en el suelo y caminamos hacia ellos cogidos de la mano.
Era una oscura noche sin luna, oculta detr√°s de las nubes, por lo que pas√≥ m√°s de un minuto antes de que me diera cuenta de que est√°bamos en el claro donde los Cullen jugaban al b√©isbol. Fue en aquel mismo paraje donde hac√≠a m√°s de un a√Īo James y su aquelarre hab√≠an interrumpido la primera de aquellas desenfadadas veladas. Se me hac√≠a raro volver all√≠, como si aquella reuni√≥n estuviera incompleta hasta que estuvieran con nosotros James, Laurent y Victoria. Aquella secuencia de acontecimientos no iba a repetirse. Quiz√° todo se hab√≠a alterado ahora que James y Laurent no iban a volver. S√≠, alguien hab√≠a cambiado su forma de actuar. ¬ŅEra posible que los Vulturis hubieran alterado sus tradicionales procedimientos de intervenci√≥n?
Yo albergaba serias dudas.
Victoria siempre me había parecido una fuerza de la naturaleza. Se asemejaba a un huracán que avanzaba hacia la costa en línea recta, implacable e inevitable, pero predecible. Quizá fuera un error considerarla una criatura tan limitada; lo más probable es que fuera capaz de adaptarse.
¬ó¬ŅSabes lo que pienso? ¬óle pregunt√© a Edward.
√Čl se ri√≥.
¬óNo ¬ócontest√≥. Estuve a punto de sonre√≠r¬ó. ¬ŅQu√© piensas?
—Todos los cabos están anudados entre sí, no sólo dos, sino los tres.
¬óNo te sigo.
—Han pasado tres cosas malas desde tu regreso —las enfaticé enumerándolas con los dedos—. Los neófitos de Seattle, el desconocido de mi cuarto y la primera de todas: Victoria vino a por mí.
Entrecerró los ojos. Daba la impresión de haber pensado en ello.
¬ó¬ŅQu√© te hace pensar eso?
¬óPorque estoy de acuerdo con Jasper, los Vulturis adoran sus reglas y, adem√°s, de todos modos, habr√≠an hecho un trabajo m√°s fino ¬óy porque ya habr√≠a muerto si √©se hubiera sido su deseo, a√Īadi en mi fuero interno¬ó. ¬ŅRecuerdas cuando rastreaste a Victoria el a√Īo pasado?
¬óS√≠ ¬ófrunci√≥ el ce√Īo¬ó. No se me dio demasiado bien.
¬óAlice me dijo que estuviste en Seattle. ¬ŅLa seguiste hasta all√≠?
Frunció las cejas hasta el punto de que ambas se rozaron.
—Sí. Um...
—Ahí lo tienes. Se le pudo ocurrir la idea en esa ciudad, pero ella no sabe realmente cómo hacerlo de modo correcto, por eso los neófitos están fuera de control.
Edward sacudió la cabeza.
—Sólo Aro conoce con exactitud el funcionamiento de la presciencia de Alice.
¬óAro es quien mejor lo sabe, pero ¬Ņacaso no la conocen bastante bien Tanya, Irina y el resto de vuestros amigos de Denali? Laurent vivi√≥ con ellas durante mucho tiempo, y si mantuvo con Victoria una relaci√≥n en t√©rminos lo bastante cordiales como para hacerle favores, ¬Ņpor qu√© no le iba a contar cuanto sab√≠a?
Edward mantuvo el ce√Īo fruncido.
—No fue ella quien entró en tu cuarto.
¬ó¬ŅY no ha podido trabar nuevas amistades? Piensa en ello, si es Victoria quien se encuentra detr√°s del asunto de Seattle, est√° haciendo un mont√≥n de nuevos amigos, los est√° creando.
Su frente se pobló de arrugas que delataban la concentración con que sopesaba mis palabras.
¬óUm... Es posible ¬ócontest√≥ al fin¬ó. Sigo creyendo m√°s viable la hip√≥tesis de los Vulturis, pero tu teor√≠a tiene un punto a su favor: la personalidad de Victoria. Tu conjetura encaja a la perfecci√≥n con su forma de ser. Ha demostrado un notable instinto de supervivencia desde el principio. Quiz√° sea un talento natural. En cualquier caso, con este plan, ella no tendr√≠a que arriesgarse ante ninguno de nosotros, permanecer√≠a en la retaguardia y dejar√≠a que los ne√≥fitos causaran estragos aqu√≠. Tampoco correr√≠a grave peligro frente a los Vulturis. Es posible incluso que cuente con nuestra participaci√≥n. Aunque su tropa ganase, no lo har√≠a sin sufrir graves p√©rdidas, con lo cual sobrevivir√≠an pocos ne√≥fitos en condiciones de testificar contra ella. De hecho ¬ócontinu√≥ pensando para s√≠ mismo¬ó, apuesto a que ella ha planeado eliminar a los posibles supervivientes... Aun as√≠, ha de tener alg√ļn amiguito un poco m√°s maduro, no un converso reciente, capaz de dejar con vida a tu padre...
Examin√≥ el lugar con el ce√Īo torcido y luego, de pronto, sali√≥ de su ensue√Īo y me sonri√≥.
¬óNo hay duda de que es perfectamente posible, pero hemos de estar preparados para cualquier contingencia hasta estar seguros. Hoy est√°s de lo m√°s perspicaz ¬óa√Īadi√≥¬ó. Es impresionante.
Suspiró.
—Quizá sea una simple reacción refleja a este lugar. Tengo la sensación de tenerla tan cerca que creo que me está mirando en este mismo momento.
La idea le hizo apretar los dientes.
¬óJam√°s te tocar√°, Bella.
A pesar de sus palabras, recorri√≥ atentamente con la mirada los oscuros √°rboles del bosque. Una extra√Īa expresi√≥n pobl√≥ su rostro mientras escrutaba las sombras. Retir√≥ los labios hasta dejar los dientes al descubierto y en sus ojos ardi√≥ una luz extra√Īa, algo similar a una fiera e ind√≥mita esperanza.
¬óAun as√≠, no les dar√© ocasi√≥n de estar tan cerca ¬ómurmur√≥¬ó ni a Victoria ni a quienquiera que pretenda hacerte da√Īo. Tendr√°n que pasar por encima de mi cad√°ver. Esta vez acabar√© con ella personalmente.
La vehemente ferocidad de su voz me hizo estremecer y estrech√© sus dedos con los m√≠os a√ļn con m√°s energ√≠a deseando tener suficiente fuerza para mantener enlazadas nuestras manos para siempre.
Nos encontrábamos muy cerca de su familia ya, y fue entonces cuando me percaté por vez primera de que Alice no parecía compartir el optimismo de los demás. Permanecía en un aparte, mirando a Jasper, que la estrechaba entre sus brazos, como si le necesitara para entrar en calor. Fruncía los labios en un mohín de contrariedad.
¬ó¬ŅQu√© le pasa a Alice? ¬ópregunt√© con un hilo de voz.
Edward volvió a reír para sí entre dientes.
¬óNo puede ver nada ahora que los lic√°ntropos est√°n de camino. Esa ¬ęceguera¬Ľ le produce malestar.
A pesar de ser el miembro de los Cullen más alejado de nosotros, ella oyó su cuchicheo, alzó los ojos y le sacó la lengua. Edward se rió otra vez.
¬óHola, Edward ¬óle salud√≥ Emmett¬ó; hola, Bella, ¬Ņte va a dejar participar en las pr√°cticas?
Mi novio rega√Ī√≥ a su hermano.
¬óEmmett, por favor, no le des ideas.
¬ó¬ŅCu√°ndo llegan nuestros invitados? ¬óle pregunt√≥ Carlisle a Edward.
√Čste se concentr√≥ durante unos instantes y suspir√≥.
—Estarán aquí dentro de minuto y medio, pero voy a tener que oficiar de traductor, ya que no confían en nosotros lo bastante como para usar su forma humana.
Carlisle asintió.
¬óResulta duro para ellos. Les agradezco que vengan.
Miré a Edward con ojos entrecerrados.
¬ó¬ŅVienen como lobos?
El asintió, mostrándose cauto ante mi reacción. Tragué saliva al recordar las dos veces en que había visto a Jacob en su forma lobuna. La primera fue en el prado, con Laurent, y la segunda en el sendero del bosque cuando Paul se había enfadado conmigo... Ambos recuerdos eran aterradores.
Los ojos de Edward centellearon de un modo anómalo, como si se le acabara de ocurrir algo que tampoco fuera placentero. No tuve tiempo de estudiarlo a fondo, ya que se volvió a toda prisa hacia Carlisle y los demás.
¬óPreparaos, estar√°n a la que salta.
¬ó¬ŅA qu√© te refieres? ¬óquiso saber Alice.
—Silencio —le advirtió; luego, la miró de pasada cuando dirigía la vista en dirección a la oscuridad.
De pronto, el c√≠rculo informal de los Cullen se estir√≥ hasta forma una l√≠nea flexible en cuya punta estaban Jasper y Emmett. Supe que a Edward le habr√≠a gustado acompa√Īarlos por la forma en que permanec√≠a inclinado a mi lado. Estrech√© su mano con m√°s √≠uerza.
Entrecerré los ojos para estudiar el bosque, pero no vi nada.
¬óMaldita sea ¬ómascull√≥ Emmett en voz baja¬ó, ¬Ņhab√≠ais visto algo as√≠?
Esme y Rosalie intercambiaron una mirada. Ambas tenían los ojos desorbitados por la sorpresa.
¬ó¬ŅQu√© pasa? ¬ósusurr√© lo m√°s bajito posible¬ó. No veo nada.
—La manada ha crecido —me susurró Edward al oído.
¬ŅPor qu√© se sorprend√≠an? ¬ŅAcaso no les hab√≠a dicho yo que Quil se hab√≠a unido al grupo? Aguc√© la vista para distinguir a los seis lobos en la penumbra. Finalmente, algo titil√≥ en la oscuridad, y eran sus ojos, aunque a mayor altura de lo esperado. Hab√≠a olvidado su talla. Eran altos como caballos, sin un gramo de grasa, todo pelaje y m√ļsculo, y unos dientes como cuchillas, imposibles de pasar por alto.
Sólo lograba verles los ojos. Mientras escrutaba las sombras en un intento de distinguirlos mejor, caí en la cuenta de que había más de seis pares de ojos delante de nosotros. Uno, dos, tres... Conté mentalmente los pares de pupilas a toda prisa. Dos veces.
Eran diez.
—Fascinante —murmuró Edward en un susurro apenas audible.
Carlisle avanzó un paso con deliberada lentitud. Fue un gesto lleno de cautela, destinado a insuflar tranquilidad.
¬óBienvenidos ¬ósalud√≥ a los lobos, a√ļn invisibles.
¬óGracias ¬ócontest√≥ Edward con un tono extra√Īo y sin gracia. Entonces, comprend√≠ de inmediato que las palabras proced√≠an de Sam.
Estudié los ojos relucientes situados en el centro de la línea de pupilas; brillaban a mayor altura que el resto. Seguía siendo imposible distinguir la figura negra del lobo gigante en la oscuridad.
Edward volvió a hablar con la misma voz distante, reproduciendo las palabras de Sam.
—Venimos a oír y escuchar, pero nada más. Nuestro autodominio no nos permite rebasar ese límite.
¬óEs m√°s que suficiente ¬órespondi√≥ Carlisle¬ó. Mi hijo Jasper goza de experiencia en este asunto ¬óprosigui√≥, haciendo un gesto hacia la posici√≥n de Jasper, que estaba tenso y alerta¬ó. El nos va a ense√Īar c√≥mo luchar, c√≥mo derrotarlos. Estoy seguro de que podr√©is aplicar esos conocimientos a vuestro propio estilo de caza.
¬óLos atacantes... ¬Ņson diferentes a vosotros? ¬ópregunt√≥ Sam por mediaci√≥n de Edward.
Carlisle asintió.
¬óTodos ellos han sido transformados hace poco, apenas llevan unos meses en esta nueva vida. En cierto modo, son ni√Īos. Carecen de habilidad y estrategia, s√≥lo tienen fuerza bruta. Esta noche son veinte, diez para vosotros y otros diez para nosotros. No deber√≠a ser dif√≠cil. Quiz√° disminuya su n√ļmero. Los ne√≥fitos suelen luchar entre ellos.
Un ruido sordo recorri√≥ la imprecisa l√≠nea lobuna. Era un gru√Īido bajo, un refunfu√Īo, pero lograba transmitir una sensaci√≥n de euforia.
—Estamos dispuestos a encargarnos de más de los que nos corresponden si fuera necesario —tradujo Edward, en esta ocasión habló con tono menos indiferente.
Carlisle sonrió.
—Ya veremos cómo se da la cosa.
¬ó¬ŅSab√©is el lugar y el momento de su llegada?
¬óCruzar√°n las monta√Īas dentro de cuatro d√≠as, a √ļltima hora de la ma√Īana. Alice nos ayudar√° a interceptarlos cuando se aproximen.
—Gracias por la información. Estaremos atentos.
Resonó un suspiro antes de que los ojos de la línea descendieran hasta el nivel del suelo casi al mismo tiempo.
Se hizo el silencio durante dos latidos de corazón, y luego Jasper se adentró un paso en el espacio vacío entre los vampiros y los lobos. No me resultó difícil verle, ya que su piel refulgía en la oscuridad como los ojos de los licántropos. Jasper lanzó una mirada de desconfianza a Edward, quien asintió. Entonces, les dio la espalda y suspiró con manifiesta incomodidad.
¬óCarlisle tiene raz√≥n ¬óempez√≥ Jasper, dirigi√©ndose s√≥lo a nosotros. Daba la impresi√≥n de que intentaba ignorar a la audiencia ubicada a sus espaldas¬ó. Van a luchar como ni√Īos. Las dos cosas b√°sicas que jam√°s deb√©is olvidar son: primera, no dej√©is que os atrapen entre sus brazos, y segunda, no busqu√©is matarlos de frente, pues eso es algo para lo que todos est√°n preparados. En cuanto vay√°is a por ellos de costado y en continuo movimiento, van a quedar demasiado confusos para dar una r√©plica efectiva. ¬ŅEmmett?
El interpelado se adelantó un paso de la línea formada por los Cullen con una ancha sonrisa.
Jasper retrocedi√≥ hacia el extremo norte de la brecha entre los enemigos, ahora aliados. Hizo una se√Īal a su hermano para que se adelantara.
—De acuerdo, que sea Emmett el primero. Es el mejor ejemplo de ataque de un neófito.
Emmett entornó los ojos y murmuró:
—Procuraré no romper nada.
Jasper esbozó una ancha sonrisa.
—Con ello quiero decir que él confía en su fuerza. Su ataque es muy directo. Los neófitos tampoco van a intentar ninguna sutileza. Procuran matar por la vía rápida.
Jasper retrocedió otros pocos pasos con el cuerpo en tensión.
¬óVale, Emmett... Intenta atraparme.
No consegu√≠ ver a Jasper. Se convirti√≥ en un borr√≥n cuando Emmett carg√≥ contra √©l como un oso, sonriente y sin dejar de gru√Īir. Era tambi√©n muy r√°pido, por supuesto, pero no tanto como Jasper, que parec√≠a tener menos sustancia que un fantasma y se escurr√≠a de entre los dedos de su hermano cada vez que las manazas de Emmett estaban a punto de atraparle. A mi lado, Edward se inclinaba hacia delante con la mirada fija en ellos y en el desarrollo de la pelea.
Entonces, Emmett se quedó helado. Jasper le había atrapado por detrás y tenía los colmillos a una pulgada de su garganta.
Emmett empezó a maldecir.
Se levantó un apagado murmullo de reconocimiento entre los lobos, que no perdían detalle.
—Otra vez —insistió Emmett, que había perdido su sonrisa.
—Eh, ahora me toca a mí —protestó Edward. Le agarré con más fuerza.
¬óAguarda un minuto ¬óJasper sonri√≥ mientras retroced√≠a¬ó. Antes quiero demostrarle algo a Bella ¬óle observ√© con ansiedad cuando le pidi√≥ por se√Īas a Alice que se adelantara¬ó. S√© que te preocupas por ella ¬óme explic√≥ mientras Alice entraba en el c√≠rculo con sus despreocupados andares de bailarina¬ó. Deseo mostrarte por qu√© no es necesario.
Aunque sab√≠a que Jasper jam√°s permitir√≠a que le sucediera nada malo a su compa√Īera, segu√≠a siendo duro mirar mientras √©l retroced√≠a antes de acuclillarse delante de ella. Alice permaneci√≥ inm√≥vil. Parec√≠a min√ļscula como una mu√Īeca en comparaci√≥n con Emmett. Sonri√≥ para s√≠ misma. Jasper se adelant√≥ primero para luego deslizarse con sigilo hacia la izquierda.
Ella cerró los ojos.
El corazón me latió desbocado cuando vi a Jasper acechar la posición de Alice.
El saltó y desapareció. De pronto, apareció junto a Alice, que parecía no haberse movido.
Jasper dio media vuelta y se lanzó de nuevo contra ella, sólo para caer en un ovillo detrás de Alice, igual que la primera vez. Ella permaneció con los ojos cerrados y sin perder la sonrisa.
Entonces, la observé con mayor cuidado.
Alice sí que se movía. Los ataques de Jasper me habían despistado y yo lo había pasado por alto. Ella se adelantaba un pasito en el momento exacto en que el cuerpo de Jasper salía disparado hacia la anterior posición de Alice, que daba otro paso más mientras las manos engarriadas del atacante silbaban al pasar por donde antes había estado su cintura.
√Čl la acosaba de cerca y ella comenz√≥ a moverse m√°s deprisa. ¬°Estaba bailando! Se mov√≠a en espiral, se retorc√≠a y se curvaba sobre s√≠ misma. Mientras arremet√≠a y la buscaba entre sus gr√°ciles acrobacias, sin llegar a tocarla nunca, √©l se convert√≠a en su pareja de baile, en una danza donde cada movimiento estaba coreografiado. Al final, Alice se ri√≥...
...apareci√≥ de la nada y se subi√≥ a la espalda de su compa√Īero, con los labios pegados a su cuello.
—Te pillé —dijo ella antes de besar a Jasper en la garganta.
√Čl ri√≥ entre dientes al tiempo que meneaba la cabeza.
¬óEres un monstruito aterrador, de veras.
Los lobos farfullaron de nuevo. Esta vez el sonido reflejaba cautela.
—Les vendrá muy bien aprender un poco de respeto —murmuró Edward, divertido. Luego, en voz más alta, dijo—: Mi turno.
Me apretó la mano antes de marcharse. Alice acudió para ocupar su lugar a mi lado.
¬óHace fr√≠o, ¬Ņeh? ¬óme pregunt√≥ con una expresi√≥n engre√≠da despu√©s de su exhibici√≥n.
—Mucho —admití sin apartar la vista de Edward, que se deslizaba sin hacer ruido hacia Jasper con movimientos felinos y atentos, como los de un gato de los pantanos.
¬óNo te quito el ojo de encima, Bella ¬óme susurr√≥ de repente tan bajito que la o√≠ a duras penas a pesar de tener los labios pegados a mi o√≠do. Mi mirada oscil√≥ de su rostro a Edward, que estaba absorto contemplando a Jasper. Ambos estaban haciendo amagos a medida que se acortaba la distancia entre ellos. Las facciones de Alice ten√≠an un tono de reproche¬ó. Avisar√© a Edward si decides llevar a la pr√°ctica tus planes ¬óme amenaz√≥¬ó. Que te pongas en peligro no va a ayudar a nadie. ¬ŅAcaso crees que alg√ļn ne√≥fito dar√≠a media vuelta si murieras? La lucha no cesar√≠a ni por su parte ni por la nuestra. No puedes cambiar nada, as√≠ que p√≥rtate bien, ¬Ņvale?
Hice una mueca e intenté ignorarla.
—Te tengo vigilada —insistió.
Para ese momento, los dos contendientes se hab√≠an acercado el uno al otro y la lucha parec√≠a ser m√°s re√Īida que las anteriores. Jasper contaba a su favor con la referencia de un siglo de combate y aunque intentaba actuar ci√Ī√©ndose s√≥lo a los distados del instinto, el aprendizaje le guiaba una fracci√≥n antes de actuar. Edward era ligeramente m√°s r√°pido, pero no estaba familiarizado con los movimientos de Jasper. Profer√≠an de modo constante instintivos gru√Īidos y se acercaban una y otra vez sin que ninguno fuera capaz de obtener una posici√≥n ventajosa. Como se mov√≠an demasiado deprisa para comprender lo que estaban haciendo, resultaba dif√≠cil de ver e imposible apartar la mirada. Los penetrantes ojos de los lobos atra√≠an mi atenci√≥n de vez en cuando. Ten√≠a el presentimiento de que ellos se pispaban de todo aquello bastante m√°s que yo, quiz√° m√°s de lo conveniente.
Al final, Carlisle se aclaró la garganta. Jasper se echó a reír y Edward se irguió, sonriéndole.
—Dejémoslo en empate —admitió Jasper— y volvamos al trabajo.
Todos actuaron por turnos Carlisle, Rosalie, Esme y luego Emmett de nuevo . Entrecerré los ojos y me mantuve encogida cuando Jasper atacó a Esme, cuyo enfrentamiento resultó ser el más difícil de ver. Después de cada uno, él ralentizaba sus movimientos, aunque no lo bastante para que yo los comprendiera, y daba nuevas instrucciones.
¬ó¬ŅVeis lo que estoy haciendo aqu√≠? ¬ópreguntaba¬ó. Eso es, justo as√≠ ¬ólos animaba¬ó. Los costados, concentraos en los costados. No olvid√©is cu√°l va a ser su objetivo. No dej√©is de moveros.
Edward no se descuidaba ni un segundo en la vigilancia y escucha de aquello que los demás no podían ver.
Se me hizo dif√≠cil seguir la instrucci√≥n conforme los p√°rpados me empezaron a pesar m√°s y m√°s. Las √ļltimas noches no hab√≠a dormido bien y, de todos modos, casi llevaba veinticuatro horas seguidas sin pegar ojo. Me apoy√© sobre el costado de Edward y cerr√© los ojos.
—Estamos a punto de acabar —me avisó en un susurro.
Jasper lo confirmó cuando se volvió hacia los lobos, por vez primera, con una expresión llena de incomodidad.
¬óMa√Īana seguiremos con la instrucci√≥n. Por favor, os invitamos a volver a venir para observar.
—Sí—respondió Edward con la fría voz de Sam—, aquí estaremos.
Entonces, Edward suspiró, me palmeó el brazo y se alejó de mí para volverse hacia su familia.
—La manada considera que les ayudaría el familiarizarse con nuestros efluvios para no cometer errores luego. Les sería más fácil si nos quedáramos quietos.
—No faltaría más —contestó Carlisle a Sam—. Lo que necesitéis.
Los lobos emitieron un ga√Īido gutural y f√ļnebre mientras se incorporaban.
Olvidé la fatiga y abrí unos ojos como platos.
La intensa negrura de la noche empezaba a aclararse. El sol se escond√≠a al otro lado de las monta√Īas y todav√≠a no alumbraba la l√≠nea del horizonte, pero ya iluminaba las nubes. Y de pronto, gracias a esa luminosidad, fue posible distinguir las formas y el color de las pelambreras cuando se acercaron los lobos.
Sam iba a la cabeza, por supuesto. Era increíblemente grande y negro como el carbón, un monstruo surgido de mis pesadillas en su sentido más literal. Después de que le viera a él y a los demás lobos en el prado, la camada había protagonizado algunos de mis peores delirios.
Era posible cuadrar aquella enormidad física con sus ojos ahora que podía verlos a todos, y parecían más de diez. La manada ofrecía un aspecto sobrecogedor.
Vi por el rabillo del ojo a Edward, que no me perdía de vista y evaluaba con atención mi reacción.
Sam se acercó a la posición de Carlisle, al frente de su familia, con el resto del grupo pegado a su cola. Jasper se envaró, pero Emmett, que estaba al otro lado de Carlisle, permanecía sonriente y relajado.
Sam olfateó a Carlisle. Me dio la impresión de que arrugaba el morro al hacerlo. Luego, se dirigió hacia Jasper.
Recorr√≠ las dos hileras de lobos con la mirada, convencida de poder identificar a los nuevos miembros de la manada. Hab√≠a uno de color gris claro, mucho m√°s peque√Īo que el resto, que ten√≠a el pelaje del lomo erizado como muestra de disgusto. La pelambrera de otro era del color de la arena del desierto, ten√≠a aspecto desgarbado y andares torpes en comparaci√≥n con los del resto. Gimote√≥ por lo bajo cuando el avance de Sam le dej√≥ solo entre Carlisle y Jasper.
Pos√© los ojos en el lobo que iba detr√°s del l√≠der. Ten√≠a un pelaje marr√≥n rojizo y era m√°s grande que los dem√°s, y en comparaci√≥n, tambi√©n m√°s peludo. Era casi tan alto como Sam, el segundo de mayor tama√Īo del grupo. Su posici√≥n era despreocupada, con un descuido manifiesto, a diferencia del resto, que consideraban aquella experiencia toda una prueba.
El gran lobo de pelaje rojizo se percató de mi mirada y alzó los ojos para observarme con sus conocidos ojos negros.
Le devolví la mirada mientras intentaba asumir lo que ya sabía. Noté que mi rostro dejaba traslucir los sentimientos de fascinación y maravilla.
El hocico de la criatura se abrió, dejando entrever los dientes. Habría sido una expresión aterradora de no ser por la lengua que colgaba a un lado, esbozando una sonrisa lobuna.
Solté una risilla.
La sonrisa de Jacob se ensanchó, mostrando sus dientes afilados. Abandonó su lugar en la fila sin prestar atención a las miradas de la manada y pasó trotando junto a Edward y Alice para detenerse a poco más de medio metro de mi posición. Permaneció allí quieto y lanzó una rápida mirada a Edward, que se mantenía inmóvil como una estatua y evaluaba mi reacción.
La criatura bajó las patas delanteras y agachó la cabeza a fin de que su cara no estuviera a mayor altura que la mía y poder mirarme a los ojos, sopesando mi respuesta de un modo muy similar al de Edward.
¬ó¬ŅJacob? ¬ópregunt√©, sin aliento.
La réplica fue un sonido sordo y profundo, muy parecido a una risa desvergonzada.
Los dedos me temblaron levemente cuando extendí la mano para tocar el pelaje marrón de un lado de su cara. Jacob cerró los ojos e inclinó su enorme cabeza en mi mano. Emitió un zumbido monocorde desde el fondo de la garganta.
La pelambrera era suave y áspera al mismo tiempo, y cálida al tacto. Me picó la curiosidad y hundí en ella los dedos para saber cómo era la textura, acariciando el cuello allí donde se oscurecía el color. No reparé en lo mucho que me había acercado hasta que de pronto, y sin aviso previo, me pasó la lengua por toda la cara, desde la barbilla hasta el nacimiento del cabello.
—¡Eh, Jacob, bruto! —me quejé al tiempo que retrocedía de un salto y le propinaba un manotazo, tal y como hubiera hecho si hubiera estado en su forma humana.
Mientras se alejaba, soltó entre dientes un aullido ahogado; se estaba riendo de nuevo.
Fue en ese momento cuando me percaté de que nos estaban mirando todos, los licántropos y los vampiros. Los Cullen parecían perplejos y en algunos casos incluso disgustados. Resultaba difícil descifrar los rostros de los lobos, pero me dio la impresión de que el de Sam reflejaba descontento.
Y cuestión aparte era Edward, que estaba con los nervios de punta y claramente decepcionado. Advertí que él había esperado una reacción diferente por mi parte, como que saliera huyendo o que me pusiera a chillar.
Jacob profirió otra vez esa risa descarada.
El resto de la manada hab√≠a empezado a retroceder sin perder de vista a los Cullen. Jacob remolone√≥ a mi lado mientras observaba c√≥mo se iban sus compa√Īeros, hasta que los perdimos de vista en las profundidades del bosque. S√≥lo dos de ellos se rezagaron junto a los √°rboles, mirando a Jacob. Adoptaron una postura que irradiaba ansiedad.
Edward suspiró, ignoró a Jacob y se acercó a mí para tomarme de la mano.
¬ó¬ŅEst√°s lista? ¬óme pregunt√≥.
Antes de que yo pudiera contestar, Edward se volvió hacia Jacob y le habló.
—Todavía no he averiguado todos los detalles —respondió a la pregunta que el lobo le había formulado en su mente.
Jacob refunfu√Ī√≥ con resentimiento.
—Es más complicado que todo eso —contestó Edward—. No te preocupes, me encargaré de que esté a salvo.
¬ó¬ŅDe qu√© est√°is hablando? ¬óexig√≠ saber.
—Sólo estamos discutiendo sobre estrategias.
Jacob hizo oscilar su cabeza para mirarnos a Edward y a mí antes de saltar de repente en dirección al bosque. Mientras corría, veloz como una flecha, me percaté por vez primera del trozo de tela negra que llevaba en la pata trasera.
—¡Espera! —le llamé a voz en grito.
Extendí una mano para alcanzarle sin pensar, pero él se perdió entre los árboles en cuestión de segundos seguido por los otros dos lobos.
¬ó¬ŅPor qu√© se va? ¬óle pregunt√©, molesta.
—Va a volver —repuso Edward, resignado—. Desea poder hablar por sí mismo.
Observé la linde del bosque por la que había desaparecido el lobo mientras me apoyaba en el costado de Edward. Estaba al borde del colapso, pero seguí luchando por mantenerme en pie.
Jacob acudi√≥ al trote, pero esta vez no a cuatro patas, sino a dos piernas. Iba con el pecho desnudo y llevaba la melena enmara√Īada y alborotada. No vest√≠a m√°s atuendo que los pantalones cortos de color negro. Corr√≠a sobre el suelo helado con los pies descalzos y ahora acud√≠a solo, aunque sospech√© que sus amigos se manten√≠an ocultos entre los √°rboles.
Los Cullen se habían situado en corrillo y hablaban en cuchicheos entre ellos. Aunque rehuyó a los vampiros, no tardó mucho en cruzar el campo.
¬óVale, chupasangres ¬ódijo Jacob cuando se plant√≥ a un metro escaso de nosotros; era obvio que retomaba la conversaci√≥n que yo me hab√≠a perdido¬ó. ¬ŅPor qu√© es tan complicado?
¬óHe de sopesar todas las posibilidades ¬óreplic√≥ Edward, sin inmutarse¬ó. ¬ŅQu√© ocurre si te atrapan?
Jacob resopló ante esa idea.
¬óVale, entonces, ¬Ņpor qu√© no la dejamos a cubierto? De todos modos, Collin y Brady van a quedarse en retaguardia; estar√° a salvo con ellos.
Torcí el gesto.
¬ó¬ŅHabl√°is de m√≠?
—Sólo quiero saber qué planea hacer contigo durante la lucha —explicó Jacob.
¬ó¬ŅHacer conmigo?
¬óNo puedes quedarte en Forks, Bella ¬óme explic√≥ Edward con voz apaciguadora¬ó. Conocen tu paradero. ¬ŅQu√© ocurrir√≠a si .alguno llegara a escabullirse?
Sentí un retortijón en el estómago y la sangre me huyó del rostro.
¬ó¬ŅCharlie? ¬ódije casi sin aliento.
¬óEstar√° con Billy ¬óme asegur√≥ Jacob enseguida¬ó. Si mi padre ha de cometer un asesinato para conseguir que vaya a la reserva, lo har√°. Probablemente, no tendr√° que llegar a eso. Ser√° el s√°bado, ¬Ņno? Hay partido.
¬ó¬ŅEste s√°bado? ¬ópregunt√© mientras la cabeza me daba vueltas. Me hallaba demasiado aturdida para controlar mis pensamientos desbocados. Mir√© a Edward y le dediqu√© un moh√≠n¬ó. ¬°Mierda! Acabas de perderte tu regalo de graduaci√≥n.
El se rió.
—Lo que vale es la intención —me recordó—. Puedes darle las entradas a quien quieras.
Enseguida se me ocurrió la solución.
—Angela y Ben —decidí de inmediato—. De ese modo, al menos estarán fuera del pueblo.
Edward me acarició la mejilla.
—No puedes evacuar a todos —repuso con voz gentil—. Ocultarte es una simple precaución, te lo aseguro. Ahora ya no tenemos problema. No son suficientes para mantenernos ocupados.
¬ó¬ŅY qu√© ocurre con el plan de protegerla en La Push? ¬óle interrumpi√≥ Jacob con impaciencia.
¬óHa ido y venido de all√≠ demasiadas veces ¬óexplic√≥ Edward¬ó. El lugar est√° lleno de su rastro. Mi hermana s√≥lo ha visto venir de caza a ne√≥fitos muy recientes, pero alguien m√°s experimentado ha tenido que crearlos. Todo esto podr√≠a ser una maniobra de distracci√≥n por parte de quienquiera que sea, √©l... ¬óEdward hizo una pausa para mirarme¬ó o ella. Y aunque Alice lo ver√° si decide venir a echar un vistazo por s√≠ mismo, quiz√°s en ese momento estemos demasiado ocupados. No puedo dejarla en ning√ļn lugar que haya frecuentado. Ha de ser dif√≠cil de localizar, aunque s√≥lo sea por si acaso. La posibilidad es remota, pero no voy a correr riesgos.
No apart√© los ojos de Edward mientras se explicaba. Frunc√≠ el ce√Īo cada vez m√°s. Me dio unas palmadas en el brazo.
—Me estoy pasando de precavido —me prometió.
Jacob se√Īal√≥ al fondo del bosque, al este de nuestra posici√≥n, a la vasta extensi√≥n de las monta√Īas Olympic.
¬óBueno, oc√ļltala ah√≠ ¬ósugiri√≥¬ó. Hay un mill√≥n de escondrijos posibles y cualquiera de nosotros puede acudir en cuesti√≥n de minutos si fuera necesario.
Edward negó con la cabeza.
¬óEl aroma de Bella es demasiado fuerte y el de nosotros dos juntos deja una pista inconfundible, y ser√≠a as√≠ incluso aunque yo la llevara en volandas. Nuestro rastro ya destaca entre los dem√°s efluvios, y en conjunci√≥n con el de Bella, siempre llamar√≠a la atenci√≥n de los ne√≥fitos. No estamos seguros del camino exacto que van a seguir, ya que ni ellos mismos lo saben a√ļn. Si hallan su olor antes de que nos encontremos con ellos...
Ambos hicieron una mueca de disgusto y fruncieron el ce√Īo al mismo tiempo.
¬óYa ves las dificultades.
—Tiene que haber una forma eficaz —murmuró Jacob, que apretó los labios mientras contemplaba el bosque.
Di una cabezada y me incliné hacia delante. Edward rodeó mi cintura con un brazo y me acercó a él para soportar mi peso.
¬óHe de llevarte a casa... Est√°s agotada, y Charlie va a despertarse enseguida
¬óEspera un momento ¬ópidi√≥ Jacob mientras se volv√≠a hacia nosotros¬ó. Mi olor os disgusta, ¬Ņno?
Le relucían los ojos.
¬óNo es mala idea ¬óEdward se adelant√≥ dos pasos¬ó. Es factible ¬óse volvi√≥ hacia su familia y dijo a voz en grito¬ó: ¬ŅQu√© te parece, Jasper?
El interpelado alzó los ojos con curiosidad y retrocedió medio paso junto a Alice, que volvía a estar descontenta.
¬óDe acuerdo, Jacob ¬óEdward hizo un asentimiento de cabeza.
Jacob se volvi√≥ hacia m√≠ con una extra√Īa mezcolanza de emociones en el rostro. Estaba claro que le entusiasmaba su nuevo plan, con independencia de en qu√© consistiera, pero segu√≠a inc√≥modo por la cercan√≠a de sus aliados y al mismo tiempo enemigos. Luego, cuando √©l extendi√≥ los brazos hacia m√≠, me lleg√≥ el momento de preocuparme.
Edward respiró hondo.
—Vamos a ver si mi efluvio basta para ocultar tu aroma —explicó Jacob.
Observé sus brazos extendidos con gesto de sospecha.
—Vas a tener que dejar que te lleve, Bella —me dijo Edward. Habló con calma, pero había una inconfundible nota soterrada de malestar en su voz.
Puse cara de pocos amigos.
Jacob puso los ojos en blanco, se impacientó y se acercó para tomarme en brazos.
¬óNo seas ni√Īa ¬ómurmur√≥ mientras lo hac√≠a.
Empero, y al igual que yo, lanzó una mirada a Edward, que permanecía sereno y seguro de sí mismo. Entonces, le habló a su hermano Jasper.
—El olor de Bella es mucho más fuerte que el mío... Se me ha ocurrido que tendríamos más posibilidades sí lo intentaba alguien más.
Jacob se alej√≥ de ellos y se encamin√≥ con paso veloz hacia el interior del bosque. Me mantuve en silencio cuando nos envolvi√≥ la oscuridad. Hice una mueca, pues me sent√≠a inc√≥moda en los brazos de Jacob. Hab√≠a demasiada intimidad entre nosotros. Seguramente, no era necesario que me sujetara con tanta fuerza, y no pod√≠a dejar de preguntarme qu√© significado ten√≠a para √©l un abrazo que me hac√≠a recordar mi √ļltima tarde en La Push, algo en lo que prefer√≠a no pensar. Me cruc√© de brazos, enfadada, cuando el cabestrillo de mi mano acentu√≥ aquel recuerdo.
No nos alejamos demasiado. Describi√≥ un amplio c√≠rculo desde nuestro punto de partida, quiz√° la mitad de la longitud de un campo de f√ļtbol, antes de regresar al claro desde una direcci√≥n diferente. Jacob se dirigi√≥ hacia la posici√≥n donde nos esperaba Edward, que ahora estaba solo.
¬óB√°jame.
—No quiero darte la ocasión de estropear el experimento —aminoró el paso y me sujetó con más fuerza.
—Eres un verdadero fastidio —me quejé entre dientes.
¬óGracias.
Jasper y Alice surgieron de la nada y se situaron junto a Edward. Jacob dio un paso más y me dejó en el suelo a dos metros escasos de mi novio. Caminé hacia él y le tomé de la mano sin volver la vista hacia Jacob.
¬ó¬ŅY bien? ¬óquise saber.
—Siempre y cuando no toques nada, Bella, no imagino a nadie husmeando lo bastante cerca de esta pista como para distinguir tu aroma —respondió Jasper, con una mueca—, que queda manifiestamente oculto.
—Un éxito concluyente —admitió Alice sin dejar de arrugar la nariz.
¬óEso me ha dado una idea...
—...que va a funcionar —apostilló Alice con confianza.
—Bien pensado —coincidió Edward.
¬ó¬ŅC√≥mo soportas esto? ¬óme pregunt√≥ Jacob con un hilo de voz.
Edward ignoró al licántropo y me miró mientras me explicaba la idea.
¬óVamos a dejar, bueno, t√ļ vas a dejar una pista falsa hacia el claro. Los ne√≥fitos vienen de caza. Se entusiasmar√°n al captar tu esencia y haremos que vayan exactamente a donde nos interesa a nosotros. De ese modo, no tendremos que preocuparnos del tema. Alice ya ha visto que el truco funciona. Se dividir√°n en dos grupos en cuanto descubran nuestro aroma en un intento de atraparnos entre dos fuegos. La mitad cruzar√° el bosque, all√≠ es donde la visi√≥n cesa de pronto...
—¡Sí! —siseó Jacob.
Edward le dedicó una sonrisa de sincera camaradería.
Me sent√≠ fatal. ¬ŅC√≥mo pod√≠an estar tan ansiosos? ¬ŅC√≥mo iba a soportar que los dos se pusieran en peligro?
No podía...
...y no lo iba a hacer.
¬óEso, ni se te ocurra ¬órepuso de pronto Edward, disgustado.
Di un brinco, preocupada porque, de alg√ļn modo, hubiera conseguido enterarse de mi resoluci√≥n, pero Edward no apartaba la vista de Jasper.
¬óLo s√©, lo s√© ¬óse apresur√≥ a responder √©ste¬ó. En realidad, ni siquiera lo hab√≠a considerado de verdad ¬óAlice le pis√≥ el pie¬ó. Bella los har√≠a enloquecer si se quedara en el claro como cebo ¬óle explic√≥ a su compa√Īera¬ó. No ser√≠an capaces de concentrarse en otra cosa que no fuera ella, y eso nos dar√≠a la ocasi√≥n de barrerlos del mapa... ¬óEdward le lanz√≥ una mirada envenenada que le hizo desdecirse¬ó. No podemos hacerlo, claro, es una de esas ideas peregrinas que se me ocurren: resultar√≠a demasiado peligroso para ella ¬óa√Īadi√≥ enseguida, pero me mir√≥ por el rabillo del ojo, y su expresi√≥n era de l√°stima por la oportunidad desperdiciada.
—No podemos —zanjó Edward de modo terminante.
¬óTienes raz√≥n ¬óadmiti√≥ Jasper. Tom√≥ la mano de Alice y se volvi√≥ hacia los dem√°s¬ó. ¬ŅAl mejor de tres? ¬óo√≠ c√≥mo le preguntaba a ella cuando se iban para continuar practicando.
Jacob le contempló irse con gesto de repugnancia.
¬óJasper considera cada movimiento desde una perspectiva puramente militar ¬ódijo Edward en voz baja, saliendo en defensa de su hermano¬ó. Sopesa todas las opciones... Es perfeccionismo, no crueldad.
El hombre lobo bufó.
Se había ensimismado tanto en urdir el plan que no se había percatado de lo mucho que se había acercado a Edward, situado ahora a un metro de él. Yo estaba entre ambos y era capaz de sentir en el aire la tensión, similar a la estática; una carga muy incómoda.
Edward retomó el hilo del asunto.
—La traeré aquí el viernes por la tarde para dejar la pista falsa. Después, puedes reunirte con nosotros y conducirla a un lugar que conozco. Está totalmente apartado y es fácil de defender, da igual quién ataque. Yo llegaré allí siguiendo otra ruta alternativa.
¬ó¬ŅY entonces, qu√©? ¬ŅLa dejamos all√≠ con un m√≥vil? ¬ósalt√≥ Jacob con tono de desaprobaci√≥n.
¬ó¬ŅSe te ocurre algo mejor?
De pronto, Jacob adoptó un gesto petulante.
—Lo cierto es que sí.
¬óVaya... Bueno, perro, la verdad es que tu idea no est√° nada mal.
Jacob se volvió hacia mí enseguida, como si estuviera dispuesto a representar el papel de chico bueno y mantenerme al tanto de la conversación.
¬óEstamos intentando convencer a Seth a fin de que se quede con los dos m√°s j√≥venes. √Čl tambi√©n lo es, pero se muestra tozudo. Se me ha ocurrido una nueva tarea para √©l: hacerse cargo del m√≥vil.
Intent√© aparentar que le entend√≠a, pero no enga√Ī√© a nadie.
¬óSeth Clearwater estar√° en contacto con la manada mientras permanezca en forma lobuna, pero ¬Ņno ser√° la distancia un problema? ¬ópregunt√≥ Edward, volvi√©ndose hacia Jacob.
¬óEn absoluto.
¬ó¬ŅCuatrocientos ochenta kil√≥metros? ¬óinquiri√≥ Edward, tras leerle la mente¬ó. Es impresionante.
Jacob volvi√≥ a desempe√Īar su papel de chico bueno.
—Es lo más lejos que hemos llegado a probar —me explicó—.
Asent√≠ distra√≠damente, ocupada en digerir que el joven Seth Clearwater ya se hab√≠a convertido tambi√©n en hombre lobo, una perspectiva que me imped√≠a concentrarme. A√ļn ve√≠a su deslumbrante sonrisa, tan parecida a la de un Jacob m√°s joven. Tendr√≠a quince a√Īos a lo sumo, si es que los hab√≠a cumplido. Su entusiasmo ante la fogata en la sesi√≥n del Consejo adquir√≠a ahora un nuevo significado...
—Es una buena idea —Edward parecía reacio a admitir las bondades de la misma—. Me sentiría mucho más tranquilo con Seth allí, aun cuando no fuera posible la comunicación inmediata. No sé si hubiera sido capaz de dejar sola a Bella, aunque pensar que hemos tenido que llegar a esto... ¡Confiar en licántropos!
—...o luchar con vampiros en vez de contra ellos —replicó Jacob, remedando el mismo tono de repulsión.
¬óBueno, al menos vas a luchar contra algunos ¬órepuso Edward.
Jacob sonrió.
¬ó¬ŅPor qu√© te crees que estamos aqu√≠?