11 - Leyendas

A pesar de que Paul hab√≠a comido tanto como Jacob, le fulmin√≥ con la mirada y apret√≥ los pu√Īos.
—Tranqui —Jacob rió—. Era broma, Paul. Allá va.
Lanzó el pincho casero a través del círculo de la fogata. Yo esperé que el perrito aterrizara primero en la arena, pero Paul lo cogió con suma destreza por el lado correcto sin dificultad alguna.
Iba a acomplejarme como siguiera saliendo sólo con gente tan hábil y diestra.
—Gracias, tío —repuso Paul, a quien ya se le había pasado su amago de ataque de genio.
El fuego chasque√≥ y la le√Īa se hundi√≥ un poco m√°s sobre la arena. Las chispas saltaron en una repentina explosi√≥n de brillante color naranja contra el cielo oscuro. Qu√© cosa m√°s divertida, no me hab√≠a dado cuenta de que se hab√≠a puesto el sol. Me pregunt√© por primera vez si no se me estar√≠a haciendo demasiado tarde. Habia perdido la noci√≥n del tiempo por completo.
Estar en compa√Ī√≠a de mis amigos quileute hab√≠a sido mucho m√°s f√°cil de lo previsto.
Mi irrupci√≥n en la fiesta junto a Jacob empez√≥ a preocuparme mientras llev√°bamos la moto al garaje. √Čl admit√≠a que lo del casco hab√≠a sido una gran idea y, arrepentido, sosten√≠a que se le deb√≠a haber ocurrido a √©l. ¬ŅMe considerar√≠an una traidora los hombres lobo? ¬ŅSe enfadar√≠an con mi amigo por llevarme? ¬ŅEstropear√≠a la fiesta?
Pero cuando Jacob me condujo por el bosque hacia el punto de encuentro en lo alto de una colina, donde el fuego chisporroteaba más brillante que el cielo oscurecido por las nubes, todo sucedió de la forma más alegre y natural.
—¡Hola, chica vampira! —me saludó Embry a voces.
Quil dio un salto para chocar los cinco conmigo y besarme en la mejilla. Emily me apretó la mano con fuerza cuando me sentó al lado de Sam y de ella en el suelo de fría piedra.
Aparte de algunas quejas en broma, la mayoría por parte de Paul, sobre que no me pusiera a favor del viento para no inundar todo con la peste a vampiro, me trataron como quien acude a donde pertenece.
No s√≥lo asist√≠an los chicos. Billy tambi√©n estaba all√≠, con la silla de ruedas situada en lo que parec√≠a ser el lugar principal del c√≠rculo. A su lado, en un asiento plegable, se hallaba el Viejo Quil, el abuelo de Quil, un anciano de aspecto fr√°gil y cabello blanco. Sue Clearwater, la viuda del amigo de Charlie, Harry, se sentaba en una silla al otro lado; sus dos hijos, Leah y Seth, tambi√©n se encontraban all√≠, acomodados en el suelo como todos los dem√°s. Se ve√≠a claramente que los tres estaban al tanto del secreto, lo cual me sorprendi√≥. Me dio la impresi√≥n de que Sue hab√≠a ocupado el lugar de su marido en el Consejo por el modo en que le hablaban Billy y el Viejo Quil. ¬ŅSe habr√≠an convertido tambi√©n sus hijos en miembros de la sociedad m√°s secreta de La Push?
Pens√© lo terrible que deb√≠a de resultar para Leah sentarse en el c√≠rculo junto a Sam y Emily. Su rostro encantador no delataba ning√ļn tipo de emoci√≥n, pero no se apart√≥ en ning√ļn momento de las llamas. Al mirar los rasgos perfectos del rostro de Leah, era imposible no compararlos con la cara destrozada de Emily. ¬ŅQu√© pensar√≠a Leah de las cicatrices de Emily, ahora que sab√≠a la verdad que se escond√≠a detr√°s de ellas? ¬ŅLas considerar√≠a alguna especie de justicia?
En el peque√Īo Seth Clearwater apenas quedaban ya vestigios de la infancia. Me recordaba mucho a un Jacob m√°s joven, con su gran sonrisa de felicidad y su constituci√≥n desgarbada y larguirucha. El parecido me hizo sonre√≠r y luego suspirar. ¬ŅEstaba tambi√©n Seth condenado a sufrir un cambio en su vida tan dr√°stico como el resto de estos chicos? ¬ŅEra √©ste el motivo por el cual se les hab√≠a permitido acudir a √©l y a su familia?
Estaba la manada al completo: Sam con Emily, Paul, Embry, Quil, y Jared con Kim, la chica a la que había imprimado.
Kim me caus√≥ una excelente impresi√≥n. Era estupenda, algo t√≠mida y poco agraciada. Ten√≠a una cara grande, donde destacaban unos p√≥mulos marcados, pero sus ojos eran demasiado peque√Īos para equilibrar las facciones. La nariz y la boca eran excesivamente grandes para ser considerados bonitos dentro de los c√°nones convecionales. Su pelo liso y negro se ve√≠a fino y ralo al viento que nunca parec√≠a amainar all√≠, en lo alto del acantilado.
√Čsta fue mi primera impresi√≥n, pero no volv√≠ a encontrar nada feo en ella despu√©s de observar durante varias horas el modo en que Jared la contemplaba.
¡Y cómo la miraba!
Parecía un ciego que viera el sol por primera vez; un coleccionista que acabara de descubrir un nuevo Da Vinci; la madre que ve por primera vez el rostro de su hijo recién nacido.
Sus ojos inquisitivos me hicieron advertir en ella nuevos detalles: su piel reluciente como seda cobriza a la luz del fuego, la doble curva de sus labios, el destello de sus dientes blancos en contraste con la negritud de la noche y la longitud de sus pesta√Īas cuando bajaba la mirada al suelo.
Su tez enrojecía algunas veces cuando se encontraba con la mirada emocionada de Jared e inclinaba los ojos como si se avergonzara, y ella intentaba por todos los medios mantenerlos apartados de él durante el mayor tiempo posible.
Al mirarlos a ambos, sent√≠ que comprend√≠a mejor lo que Jacob me hab√≠a explicado acerca de la imprimaci√≥n: ¬ęEs dif√≠cil resistirse a ese nivel de compromiso y adoraci√≥n¬Ľ.
Kim se estaba quedando dormida apoyada en el pecho de Jared y rodeada por sus brazos. Supuse que allí iba a encontrarse muy calentita.
—Se me está haciendo tarde —le cuchicheé a Jacob.
—No empieces ya con eso —me replicó él con un hilo de voz, aunque lo cierto es que la mitad de los allí presentes tenía el oído lo bastante agudo como para escucharnos sin problemas—. Ahora viene lo mejor.
¬ó¬ŅQu√© va a suceder ahora? ¬ŅTe vas a tragar una vaca entera t√ļ solo?
Jacob se rió entre dientes con su risa baja y ronca.
¬óNo. √Čse es el n√ļmero final. No s√≥lo nos hemos reunido para zamparnos lo de una semana entera. T√©cnicamente, √©sta es una reuni√≥n del Consejo. Es la primera a la que asiste Quil y √©l a√ļn no ha o√≠do las historias. Bueno, s√≠ que las ha o√≠do, pero √©sta es la primera vez que lo hace sabiendo que son verdad. Eso har√° que preste m√°s atenci√≥n. Tambi√©n es la primera vez de Kim, Seth y Leah.
¬ó¬ŅHistorias?
Jacob salt√≥ a mi lado donde se acomod√≥ en un peque√Īo borde rocoso. Me pas√≥ el brazo por el hombro y me habl√≥ al o√≠do un poco m√°s bajito.
—Las historias que siempre habíamos considerado leyendas —repuso—. La crónica de cómo hemos llegado a ser lo que somos. La primera es la historia de los espíritus guerreros.
El susurro de Jacob fue casi como la introducción. La atmósfera cambió de forma abrupta alrededor de los rescoldos del fuego. Paul y Embry se enderezaron. Jared sacudió a Kim con suavidad y la ayudó a erguirse.
Emily sacó un cuaderno de espiral y un bolígrafo. Adquirió el aspecto atento de un estudiante ante una lección magistral. Sam se giró ligeramente a su lado, para quedar frente al Viejo Quil, que estaba al otro lado. De pronto, me di cuenta de que los ancianos del Consejo no eran tres, sino cuatro.
El rostro de Leah Clearwater era a√ļn una m√°scara hermosa e inexpresiva, cerr√≥ los ojos, y no a causa de la fatiga, sino para concentrarse mejor. Su hermano se inclin√≥ hacia delante para escuchar a sus mayores con inter√©s.
El fuego chasqueó, lanzando otra explosión de chispas brillantes hacia la noche.
Billy se aclaró la garganta y, con voz rica y profunda, comenzó la historia de los espíritus guerreros sin otra presentación que el susurro de su hijo. Las palabras fluyeron con precisión, como si o las supiera de memoria, aunque sin perder por eso ni el sentimiento ni un cierto ritmo sutil, como el de una poesía recitada por su propio autor.
¬óLos quileute han sido pocos desde el principio ¬ócomenz√≥ Billy¬ó. No hemos llegado a desaparecer a pesar de lo escaso de nuestro n√ļmero porque siempre ha corrido magia por nuestras venas. No siempre fue la magia de la transformaci√≥n, eso acaeci√≥ despu√©s, sino que al principio, fue la de los esp√≠ritus guerreros.
Nunca antes había sido consciente del tono de majestad que había en la voz de Billy Black, aunque en ese momento comprendí que esa autoridad siempre había estado allí.
El bolígrafo de Emily corría por las páginas de papel procurando mantener su ritmo.
¬óEn los primeros tiempos, la tribu se estableci√≥ en este fondeadero y adquiri√≥ gran destreza en la pesca y en la construcci√≥n de canoas. El puerto era muy rico en peces y el grupo, peque√Īo; por ello, pronto hubo quienes codiciaron nuestra tierra, pues √©ramos pocos para contenerlos. Tuvimos que embarcarnos en las canoas y huir cuando nos atac√≥ una tribu m√°s grande.
¬ĽKaheleha no fue el primer esp√≠ritu guerrero, pero no han llegado hasta nosotros las historias acaecidas con anterioridad. No recordamos qui√©n fue el que descubri√≥ este poder ni c√≥mo se us√≥ antes de esta situaci√≥n cr√≠tica. Kaheleha fue el primer Esp√≠ritu Jef√© de nuestra historia. √Čl se sirvi√≥ de la magia para defender nuestra tierra en aquel trance.
¬Ľ√Čl y todos los guerreros dejaron las canoas; no en carne y hueso, pero s√≠ en esp√≠ritu. Las mujeres se ocuparon de los cuerpos y las olas y los hombres volvieron a tierra en esp√≠ritu.
¬ĽNo pod√≠an tocar f√≠sicamente a la tribu enemiga, pero dispon√≠an de otras formas de lucha. La tradici√≥n detalla que hicieron soplar fuertes vientos sobre el campamento enemigo; el viento aull√≥ de tal modo que los aterroriz√≥. Las historias tambi√©n nos dicen que los animales pod√≠an ver a los esp√≠ritus guerreros y comunicarse con ellos, de modo que ellos los usaron a su antojo.
¬ĽKaheleha desbarat√≥ la invasi√≥n con su ej√©rcito de esp√≠ritus. La tribu invasora tra√≠a manadas de enormes perros de pelaje espeso que utilizaban para tirar de sus trineos en el helado norte. Los esp√≠ritus guerreros volvieron a los canes contra sus amos y luego atrajeron a una inmensa plaga de murci√©lagos desde las cuevas de los acantilados. Tambi√©n usaron el aullido del viento para ayudar a los perros a causar confusi√≥n entre los hombres. Al final, los perros y los murci√©lagos vencieron. Los invasores supervivientes se dispersaron y consideraron el fondeadero como un lugar maldito a partir de entonces. Los perros se volvieron salvajes cuando fueron liberados por los esp√≠ritus guerreros. Los quileute volvieron a sus cuerpos y con sus mujeres, victoriosos.
¬ĽLas otras tribus vecinas, la de los hoh y los makah, sellaron tratados de paz con los quileute, porque no quer√≠an ten√©rselas que ver con nuestra magia. Vivimos en paz con ellos. Cuando un enemigo nos atacaba, los esp√≠ritus guerreros lo dispersaban.
¬ĽPasaron muchas generaciones hasta la llegada del √ļltimo Esp√≠ritu Jefe, Taha Aki, conocido por su sabidur√≠a y su talante pac√≠fico. La gente viv√≠a dichosa y feliz bajo su cuidado.
¬ĽPero hab√≠a un hombre insatisfecho: Utlapa.
Un siseo bajo recorrió el círculo alrededor del fuego. Reaccioné tarde y no logré detectar su procedencia. Billy hizo caso omiso al mismo y continuó con la narración.
—Utlapa era uno de los espíritus guerreros más fuertes del jefe Taha Aki, un gran guerrero, pero también un hombre codicioso. Opinaba que nuestra gente debía usar la magia para extender sus territorios, someter a los hoh y los makah y erigir un imperio.
¬ĽEmpero, los guerreros compart√≠an los pensamientos cuando eran esp√≠ritus, por lo que Taha Aki tuvo conocimiento de la ambici√≥n de Utlapa, se encoleriz√≥ con √©l, le desterr√≥ y le orden√≥ no convertirse en esp√≠ritu otra vez. Utlapa era fuerte, pero los guerreros del jefe le superaban en n√ļmero, as√≠ que no le qued√≥ otro remedio que irse. El exiliado, furioso, se escondi√≥ en el bosque cercano a la espera de una oportunidad para vengarse del jefe.
¬ĽEl Esp√≠ritu Jefe estaba alerta para proteger a su gente incluso en tiempos de paz. Con tal prop√≥sito, frecuentaba un rec√≥ndito lugar sagrado en las monta√Īas en el que abandonaba su cuerpo para recorrer los bosques y la costa y as√≠ cerciorarse de que no hab√≠a ning√ļn peligro.
¬ĽUn d√≠a, Utlapa le sigui√≥ cuando Taha Aki se march√≥ a cumplir con su deber. Al principio, s√≥lo planeaba matarle, pero aquello ten√≠a desventajas. Lo m√°s probable ser√≠a que los esp√≠ritus guerreros le buscaran para acabar con √©l y le alcanzaran antes de que lograra escapar. Mientras se escond√≠a entre las rocas observando c√≥mo se preparaba el jefe para abandonar su cuerpo, se le ocurri√≥ otro plan.
¬ĽTaha Aki abandon√≥ su cuerpo en el lugar sagrado y vol√≥ con el viento para cuidar de su pueblo. Utlapa esper√≥ hasta asegurarse de que el esp√≠ritu del jefe se hab√≠a alejado una cierta distancia.
¬ĽTaha Aki supo el momento exacto en que Utlapa se le uni√≥ en el mundo de los esp√≠ritus y tambi√©n se percat√≥ de sus prop√≥sitos homicidas. Volvi√≥ a toda velocidad hacia el lugar sagrado, pero incluso los vientos fueron incapaces de ir lo bastante r√°pido para salvarle. A su regreso, su cuerpo se hab√≠a marchado ya y el de Utlapa yac√≠a abandonado, pero su enemigo no le hab√≠a dejado ninguna v√≠a de escape, porque hab√≠a cortado su propia garganta con las manos de Taha Aki.
¬ĽEl Esp√≠ritu Jefe sigui√≥ a su cuerpo mientras bajaba la monta√Īa e increp√≥ a Utlapa, pero √©ste le ignor√≥ como si no fuera m√°s que viento.
¬ĽTaha Aki presenci√≥ con desesperaci√≥n c√≥mo Utlapa usurpaba su puesto como jefe de los quileute. Lo √ļnico que hizo el traidor durante las primeras semanas fue cerciorarse de que nadie descubr√≠a su impostura. Luego, empezaron los cambios, porque el primer edicto de Utlapa consisti√≥ en prohibir a todos los guerreros entrar en el mundo de los esp√≠ritus. Aleg√≥ que hab√≠a tenido la visi√≥n de un peligro, pero lo cierto era que estaba asustado. Sab√≠a que Taha Aki estar√≠a esperando el momento de contar su historia. Utlapa tambi√©n tem√≠a entrar en el mundo de los esp√≠ritus, sabiendo que en ese caso, Taha Aki reclamar√≠a su cuerpo r√°pidamente. As√≠ pues, sus sue√Īos de conquista con un ej√©rcito de esp√≠ritus guerreros eran imposibles, por lo que se content√≥ con gobernar la tribu. Se convirti√≥ en un estorbo, siempre a la b√ļsqueda de privilegios que Taha Aki jam√°s hab√≠a reclamado, rehusando trabajar codo a codo con los dem√°s guerreros, y tomando otra esposa joven, la segunda, y despu√©s una tercera, a pesar de que la primer esposa de Taha Aki a√ļn viv√≠a, algo que nunca se hab√≠a visto en la tribu. El Esp√≠ritu Jefe lo observaba todo con rabia e impotencia.
¬ĽHubo un momento en que incluso Taha Aki quiso matar su propio cuerpo para salvar a la tribu de los excesos de Utlapa. Hizo bajar a un lobo fiero de las monta√Īas, pero el usurpador se escondi√≥ detr√°s de sus guerreros. Cuando el lobo mat√≥ a un joven que estaba protegiendo al falso jefe, Taha Aki sinti√≥ una pena terrible, y por eso, orden√≥ al lobo que se marchara.
¬ĽTodas las historias nos dicen que no era f√°cil ser un esp√≠ritu guerrero. Liberarse del propio cuerpo resultaba m√°s aterrador que excitante y √©se es el motivo por el que reservaban el uso de la magia para los tiempos de necesidad. Los solitarios viajes de vigilia del jefe hab√≠an sido siempren una molestia y un sacrificio, ya que estar sin cuerpo desorientaba y era una experiencia horrible e inc√≥moda. Taha Aki llevaba ya tanto tiempo fuera de su cuerpo que lleg√≥ a estar al borde de la agon√≠a. Se sent√≠a maldito y cre√≠a que, atrapado para siempre en el martirio de esa nada, jam√°s podr√≠a cruzar a la tierra del m√°s all√°, donde le esperaban los ancestros.
¬ĽEl gran lobo sigui√≥ al esp√≠ritu del jefe a trav√©s de los bosques mientras se retorc√≠a y se contorsionaba en su sufrimiento. Era un animal muy grande y bello entre los de su especie. De pronto, el jefe sinti√≥ celos del est√ļpido lobo que, al menos, ten√≠a un cuerpo y una vida. Incluso una existencia como animal ser√≠a mejor que esa horrible conciencia de la nada.
¬ĽY entonces, Taha Aki tuvo la idea que nos hizo cambiar a todos. Le rog√≥ al gran lobo que le hiciera sitio en su interior para compartir su cuerpo y √©ste se lo concedi√≥. Taha Aki entr√≥ en el cuerpo de la criatura con alivio y gratitud. No era su cuerpo humano, pero resultaba mejor que la incorporeidad del mundo de los esp√≠ritus.
¬ĽEl hombre y el lobo regresaron al poblado del puerto formando un solo ser. La gente huy√≥ despavorida y reclam√≥ a gritos la presencia de los guerreros, que acudieron a enfrentarse a la bestia con sus lanzas. Utlapa, por supuesto, permaneci√≥ escondido y a salvo.
¬ĽTaha Aki no atac√≥ a sus guerreros. Retrocedi√≥ lentamente ante ellos, habl√°ndoles con los ojos e intentando aullar las canciones de su gente. Los guerreros comenzaron a darse cuenta de que no era un animal corriente y que lo pose√≠a un esp√≠ritu. Un viejo luchador, de nombre Yut, decidi√≥ desobedecer la orden del falso jefe e intent√≥ comunicarse con el lobo.
¬ĽTan pronto como Yut cruz√≥ al mundo de los esp√≠ritus, Taha Aki dej√≥ al lobo, el animal esper√≥ obedientemente su regreso, para hablar con √©l. Yut comprendi√≥ la verdad al instante y dio la bienvenida al verdadero jefe a su casa.
¬ĽEn este momento, Utlapa apareci√≥ para ver si hab√≠an derrotado al carn√≠voro. Cuando descubri√≥ que Yut yac√≠a sin vida en el suelo, rodeado por los guerreros que le proteg√≠an, se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Sac√≥ su cuchillo y corri√≥ a matar a Yut antes de que pudiera regresar a su cuerpo.
¬Ľ¬ó¬°Traidor! ¬óexclam√≥, y los guerreros no supieron qu√© hacer. El jefe hab√≠a prohibido los viajes astrales y a √©l correspond√≠a administrar el castigo a quienes desobedec√≠an.
¬ĽYut salt√≥ dentro de su cuerpo, pero Utlapa ten√≠a ya el cuchillo en su garganta y le hab√≠a cubierto la boca con una mano. El cuerpo de Taha Aki era fuerte y Yut estaba debilitado por la edad, as√≠ que no pudo decir ni una palabra para avisar a los otros antes de que Utlapa lo silenciara para siempre.
¬ĽTaha Aki observ√≥ c√≥mo el esp√≠ritu de Yut se deslizaba hacia las tierras del m√°s all√°, que le estaban vedadas por toda la eternidad. Le abrum√≥ una ira superior a cualquier otro sentimiento que hab√≠a experimentado hasta ese momento. Volvi√≥ al cuerpo del gran lobo con la intenci√≥n de desgarrar la garganta de Utlapa pero, en cuanto se uni√≥ a la bestia, acaeci√≥ un gran acontecimiento m√°gico.
¬ĽLa ira de Taha Aki era la de un hombre, el amor que profesaba por su gente y el odio por su opresor fueron emociones demasiado humanas, demasiado grandes para el cuerpo del animal, as√≠ que √©ste se estremeci√≥ y Utlapa se transform√≥ en un hombre ante los ojos de los sorprendidos guerreros.
¬ĽEl nuevo hombre no ten√≠a el mismo aspecto que el cuerpo de Taha Aki, sino que era mucho m√°s glorioso: la interpretaci√≥n en carne del esp√≠ritu de Taha Aki. Los guerreros le reconocieron al momento, porque ellos hab√≠an volado con el esp√≠ritu de Taha Aki.
¬ęUtlapa intent√≥ huir, pero el nuevo Taha Aki ten√≠a la fuerza de un lobo, por lo que captur√≥ al suplantador y aplast√≥ el esp√≠ritu dentro de √©l antes de que pudiera salir del cuerpo robado.
¬ĽLa gente se alegr√≥ al comprender lo ocurrido. Taha Aki r√°pidamente puso todas las cosas en su sitio, trabajando otra vez con su gente y devolviendo de nuevo a las esposas con sus familias. El √ļnico cambio que mantuvo fue el fin de los viajes espirituales, sabedor de su peligro ahora que ya exist√≠a la idea de robar vidas con ellos. No hubo m√°s esp√≠ritus guerreros.
¬ĽDesde entonces en adelante, Taha Aki fue m√°s que un lobo o un hombre. Le llamaron Taha Aki, el Gran Lobo, o Taha Aki, el Hombre Esp√≠ritu. Lider√≥ la tribu durante muchos, muchos a√Īos, porque no envejec√≠a. Cuando amenazaba alg√ļn peligro, volv√≠a a adoptar su forma de lobo para luchar o asustar al enemigo, y as√≠ la tribu vivi√≥ en paz. Taha Aki tuvo una prol√≠fica descendencia y muchos de sus hijos, al llegar la edad de convertirse en hombres, tambi√©n se convert√≠an en lobos. Todos los lobos eran diferentes entre s√≠, porque eran esp√≠ritus lobo y reflejaban al hombre que llevaban dentro.
—Por eso Sam es negro del todo —murmuró Quil entre dientes, sonriendo—. Corazón negro, pelaje negro.
Yo estaba tan inmersa en la historia que fue un shock regresar a la realidad, al c√≠rculo en torno a las llamas agonizantes. Con sorpresa, me di cuenta de que el c√≠rculo se compon√≠a de los tataranietos de los tataranietos de los tataranietos de Taha Aki. O m√°s a√ļn. A saber cu√°ntas generaciones habr√≠an pasado.
El fuego arrojó una lluvia de chispas al cielo, donde temblaron y bailaron, adquiriendo formas casi indescifrables.
¬ó¬ŅY qu√© es lo que refleja tu pelambrera de color chocolate? ¬órespondi√≥ Sam a Quil entre susurros¬ó. ¬ŅLo dulce que eres?
Billy ignoró sus bromas.
¬óAlgunos de sus hijos se convirtieron en los guerreros de Taha Aki y tampoco envejecieron. Otros se negaron a unirse a la manada de hombres lobo porque les disgustaban las transformaciones, y √©stos s√≠ envejec√≠an. Con los a√Īos, la tribu descubri√≥ que los lic√°ntropos pod√≠an hacerse ancianos como cualquiera si abandonaban sus esp√≠ritus lobo. Taha Aki vivi√≥ el mismo periodo de tiempo que tres hombres. Se cas√≥ con una tercera mujer despu√©s de que murieran otras dos y encontr√≥ en ella la verdadera compa√Īera de su esp√≠ritu, y aunque tambi√©n am√≥ a las otras dos, con √©sta experiment√≥ un sentimiento m√°s intenso. As√≠ que decidi√≥ abandonar a su esp√≠ritu lobo para poder morir con ella.
¬ĽY as√≠ fue como lleg√≥ a nosotros la magia, aunque no es el final de la historia...
Miró al anciano Quil Ateara, que cambió de postura en su silla y estiró sus frágiles hombros. Billy bebió de una botella de agua y se secó la frente. El bolígrafo de Emily no paró y continuó garabateando furiosamente en el papel.
—Esa fue la historia de los espíritus guerreros —comenzó el Viejo Quil con su aguda voz de tenor—. Y ésta es la historia del sacrificio de la tercera esposa.
¬ęMuchos a√Īos despu√©s de que Taha Aki abandonara su esp√≠ritu lobo, cuando hab√≠a alcanzado la edad provecta, estallaron problemas en el norte con los makah a causa de la desaparici√≥n de varias j√≥venes de su tribu. Los makah culpaban de ello a los lobos vecinos, a los que tem√≠an y de los que desconfiaban. Los hombres lobo pod√≠an acceder al pensamiento de los dem√°s mientras estaban en forma lupina, del mismo modo que sus ancestros cuando adquir√≠an su forma de esp√≠ritu, por lo que sab√≠an que ninguno de ellos estaba involucrado. Taha Aki intent√≥ tranquilizar al jefe de los makah, pero hab√≠a demasiado miedo. √Čl no quer√≠a arriesgarse a una lucha, pues ya no era un guerrero en condiciones de llevar a la tribu al combate. Por eso, encomend√≥ a su hijo lobo Taha Wi, el mayor, la tarea de descubrir al verdadero culpable antes de que se desataran las hostilidades.
¬ĽTaha Wi emprendi√≥ una b√ļsqueda por las monta√Īas con cinco lobos de su manada en pos de cualquier evidencia de las desaparecidas. Hallaron algo totalmente novedoso: un extra√Īo olor dulz√≥n en el bosque que les quemaba la nariz hasta el punto de hacerles da√Īo.
Me encogí un poco al lado de Jacob. Vi cómo una de las comisuras de sus labios se torcía en un gesto de sonrisa y su brazo se tensó a mi alrededor.
¬óNo conoc√≠an a ninguna criatura que dejara semejante hedor, pero lo rastrearon igualmente ¬ócontinu√≥ el Viejo Quil. Su voz temblorosa no ten√≠a la majestad de la de Billy, pero s√≠ un extra√Īo tono afilado, urgente, feroz. Se me aceler√≥ el pulso conforme sus palabras adquirieron velocidad¬ó. Encontraron d√©biles vestigios de fragancia y sangre humanas a lo largo del rastro. Estaban convencidos de seguir al enemigo adecuado.
¬ĽEl viaje les llev√≥ tan al norte que Taha Wi envi√≥ de vuelta al puerto a la mitad de la manada, a los m√°s j√≥venes, para informar a Taha Aki.
¬ĽTaha Wi y sus dos hermanos nunca regresaron.
¬ĽLos m√°s j√≥venes buscaron a sus hermanos mayores, pero s√≥lo hallaron silencio. Taha Aki llor√≥ a sus hijos y dese√≥ vengar su muerte, pero ya era un anciano. Visti√≥ sus ropas de duelo y acudi√≥ en busca del jefe de los makah para contarle lo acaecido. El jefe makah crey√≥ en la sinceridad de su dolor y desaparecieron las tensiones entre las dos tribus.
¬ĽUn a√Īo m√°s tarde, desaparecieron de sus casas dos j√≥venes doncellas makah en la misma noche. Los makah llamaron a los lobos quileute r√°pidamente, que descubrieron el mismo olor dulz√≥n por todo el pueblo. Los lobos salieron de caza de nuevo.
¬ĽS√≥lo uno regres√≥. Era Yaha Uta, el hijo mayor de la tercera esposa de Taha Aki, y el m√°s joven de la manada. Se trajo con √©l algo que los quileute jam√°s hab√≠an visto antes, un extra√Īo cad√°ver p√©treo y fr√≠o despedazado. Todos los que ten√≠an sangre de Taha Aki, incluso aquellos que nunca se hab√≠an transformado en lobos, aspiraron el olor penetrante de la criatura muerta. Este era el enemigo de los makah.
¬ĽYaha Uta cont√≥ su aventura: sus hermanos y √©l encontraron a la criatura con apariencia de un hombre, pero duro como el granito, con las dos chicas makah. Una ya estaba muerta en el suelo, p√°lida y desangrada. La otra estaba en los brazos de la criatura, que manten√≠a la boca pegada a su garganta. Quiz√° a√ļn viv√≠a cuando llegaron a la espantosa escena, pero aquel ser r√°pidamente le parti√≥ el cuello y tir√≥ el cuerpo sin vida al suelo mientras ellos se aproximaban. Ten√≠a los labios blancos cubiertos de sangre y los ojos le brillaban rojos.
¬ĽYaha Uta describi√≥ la fuerza y la velocidad de la criatura. Uno de sus hermanos se convirti√≥ muy pronto en otra v√≠ctima al subestimar ese vigor. La criatura le destroz√≥ como a un mu√Īeco. Yaha Uta y su otro hermano fueron m√°s cautos y atacaron en equipo, mostrando una mayor astucia al acosar a la criatura desde dos lados distintos. Tuvieron que llegar a los l√≠mites extremos de su velocidad y fuerza lobuna, algo que no hab√≠an tenido que probar hasta ese momento. Aquel ser era duro como la piedra y fr√≠o como el hielo. Se dieron cuenta de que s√≥lo le hac√≠an da√Īo sus dientes, por lo que en el curso de la lucha fueron arranc√°ndole trozos de carne a mordiscos.
¬ĽPero la criatura aprend√≠a r√°pido y pronto empez√≥ a responder a sus maniobras. Consigui√≥ ponerle las manos encima al hermano de Yaha Uta y √©ste encontr√≥ un punto indefenso en la garanta del ser de hielo, y lo atac√≥ a fondo. Sus dientes le arrancaron la cabeza, pero las manos del enemigo continuaron destripando a su hermano.
¬ĽYaha Uta despedaz√≥ a la criatura en trozos irreconocibles y los arroj√≥ a su alrededor en un intento desesperado de salvar a su hermano. Fue demasiado tarde, aunque al final logr√≥ destruirla.
¬ĽO eso pens√≥ al menos. Yaha Uta llev√≥ los restos que quedaron para que fueran examinados por los ancianos. Una mano cortada estaba al lado de un trozo del brazo gran√≠tico de la criatura. Las dos piezas entraron en contacto cuando los ancianos las movieron con palos y la mano se arrastr√≥ hacia el brazo, intentando unirse de nuevo.
¬ĽHorrorizados, los ancianos incineraron los restos. El aire se contamin√≥ con una gran nube de humo asfixiante y repulsiva. Cuando s√≥lo quedaron cenizas, las dividieron en peque√Īas bolsitas y las esparcieron muy lejos y separadas unas de otras, algunas en el oc√©ano, otras en el bosque, el resto en las cavernas del acantilado. Taha Aki anud√≥ una bolsita alrededor de su cuello, con la finalidad de poder dar la alarma en caso de que la criatura intentara rehacerse de nuevo.
El Viejo Quil hizo una pausa y miró a Billy, que alzó una cuerda de cuero anudada a su cuello de cuyo extremo pendía una bolsita renegrida por el paso del tiempo. Varios oyentes jadearon. Probablemente yo fui una de ellas.
¬óLe llamaron el Fr√≠o, el bebedor de sangre, y vivieron con el miedo de que no estuviera solo pues la tribu contaba √ļnicamente con un lobo protector, el joven Yaha Uta.
¬ĽEnseguida salieron de dudas. La criatura ten√≠a una compa√Īera, otra bebedora de sangre, que vino a las tierras de los quileute clamando venganza.
¬ĽLas historias sostienen que la Mujer Fr√≠a era la criatura m√°s hermosa que hab√≠an visto los ojos humanos. Parec√≠a una diosa del amanecer cuando entr√≥ en el pueblo aquella ma√Īana; el sol brill√≥ de pronto e hizo resplandecer su piel blanca y el cabello dorado que flotaba hasta sus rodillas. Ten√≠a una belleza m√°gica, con los ojos negros y el rostro p√°lido. Algunos cayeron de rodillas y la adoraron.
¬ĽPidi√≥ algo en una voz alta y penetrante, en un idioma que nadie hab√≠a escuchado antes. La gente se qued√≥ at√≥nita sin saber qu√© contestarle. No hab√≠a nadie del linaje de Taha Aki entre los testigos, salvo un ni√Īo peque√Īo. Este se colg√≥ de su madre y grit√≥ que el olor de la aparici√≥n le quemaba la nariz. Uno de los ancianos, que iba de camino hacia el Consejo, escuch√≥ al muchacho y se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Orden√≥ la huida a voz en grito. Ella le mat√≥ a √©l en primer lugar.
¬ĽS√≥lo sobrevivieron dos de los veinte testigos de la llegada de la Mujer Fr√≠a, y ello gracias a que la sangre la distrajo e hizo una pausa en la matanza para saciar su sed. Esos dos supervivientes corrieron hacia donde estaba Taha Aki, sentado en el Consejo con los otros ancianos, sus hijos y su tercera esposa.
¬ĽYaha Uta se transform√≥ en lobo en cuanto oy√≥ las noticias y se fue solo para destruir a la bebedora de sangre. Taha Aki, su tercera esposa, sus hijos y los ancianos le siguieron.
¬ĽAl principio no encontraron a la criatura, s√≥lo los restos de su ataque: cuerpos rotos, desangrados, tirados en el camino por el que hab√≠a llegado. Entonces, oyeron los gritos y corrieron hacia el puerto.
¬ĽUn pu√Īado de quileutes hab√≠a corrido hacia las canoas en busca de refugio. Ella nad√≥ hacia ellos como un tibur√≥n y rompi√≥ la proa de la embarcaci√≥n con su fuerza prodigiosa. Cuando la canoa se fue a pique, atrap√≥ a quienes intentaban apartarse a nado y los mat√≥ tambi√©n.
¬ĽSe olvid√≥ de los nadadores que se daban a la fuga cuando atisbo al gran lobo en la playa. Nad√≥ tan deprisa que se convirti√≥ en un borr√≥n y lleg√≥, mojada y gloriosa, a enfrentarse con Yaha Uta. Le se√Īal√≥ con un dedo blanco y le pregunt√≥ algo incomprensible. Yaha Uta esper√≥.
¬ĽFue una lucha igualada. Ella no era un guerrero como su compa√Īero, pero Yaha Uta estaba solo y nadie pudo distraerla de la furia que concentr√≥ en √©l.
¬ęCuando Yaha Uta fue vencido, Taha Aki grit√≥ desafiante. Call√≥ hacia delante y se transform√≥ en un lobo anciano, de hocico blanco. Estaba viejo, pero era Taha Aki, el Hombre Esp√≠ritu, y la ira le hizo fuerte. La lucha comenz√≥ de nuevo.
¬ĽLa tercera esposa de Taha Aki acababa de ver morir a su hijo. Ahora era su marido el que luchaba y ella hab√≠a perdido la esperanza de que venciera. Hab√≠a escuchado en el Consejo cada palabra pronunciada por los testigos de la matanza. Hab√≠a o√≠do la historia de la primera victoria de Yaha Uta y sab√≠a que su difunto hijo triunf√≥ en aquella ocasi√≥n gracias a la distracci√≥n causada por su hermano.
¬ĽLa tercera esposa tom√≥ un cuchillo del cintur√≥n de uno de los hijos que estaban a su lado. Todos eran j√≥venes, a√ļn no eran hombres, y ella sab√≠a que morir√≠an cuando su padre perdiera.
¬ĽCorri√≥ hacia la Mujer Fr√≠a con la daga en alto. √Čsta sonri√≥, sin distraerse apenas de la lucha con el viejo lobo. No tem√≠a ni a la d√©bil humana ni al cuchillo, que apenas le ara√Īar√≠a la piel. Estaba dispuesta ya a descargar el golpe de gracia sobre Taha Aki.
¬ĽY entonces la tercera esposa hizo algo inesperado. Cay√≥ de rodillas ante la bebedora de sangre y se clav√≥ el cuchillo en el coraz√≥n.
¬ĽLa sangre borbot√≥ entre los dedos de la tercera esposa y salpic√≥ a la Mujer Fr√≠a, que no pudo resistir el cebo de la sangre fresca que abandonaba el cuerpo de la mujer agonizante, y de modo instintivo, se volvi√≥ hacia ella, totalmente consumida durante un segundo por la sed.
¬ĽLos dientes de Taha Aki se cerraron en torno a su cuello.
¬ĽEse no fue el final de la lucha, ya que ahora Taha Aki no estaba solo. Al ver morir a su madre, dos de sus j√≥venes hijos sintieron tal ira que brotaron de ellos sus esp√≠ritus lobo, aunque todav√≠a no eran hombres. Consiguieron acabar con la criatura, junto con su padre.
¬ĽTaha Aki jam√°s volvi√≥ a reunirse con la tribu. Nunca volvi√≥ a convertirse en hombre. Permaneci√≥ echado todo un d√≠a al lado del cuerpo de la tercera esposa, gru√Īendo cada vez que alguien intentaba acerc√°rsele, y despu√©s se fue al bosque para no regresar jam√°s.
¬ĽApenas hubo problemas con los fr√≠os a partir de aquel momento. Los hijos de Taha Aki protegieron a la tribu hasta que sus propios hijos alcanzaron la edad necesaria para ocupar su lugar. Nunca hubo m√°s de tres lobos a la vez, porque ese n√ļmero era suficiente. Alg√ļn bebedor de sangre aparec√≠a por estas tierras de vez en cuando, pero ca√≠an v√≠ctimas de la sorpresa, ya que no esperaban a los lobos. Alguna vez mor√≠a alg√ļn protector, pero nunca fueron diezmados como la primera vez, pues hab√≠an aprendido a luchar contra los fr√≠os y se transmitieron el conocimiento de unos a otros, de mente a mente, de esp√≠ritu a esp√≠ritu, de padre a hijo.
¬ĽEl tiempo pas√≥ y los descendientes de Taha Aki no volvieron a convertirse en lobos cuando alcanzaban la hombr√≠a. Los lobos s√≥lo regresaban en momentos espor√°dicos, cuando un fr√≠o aparec√≠a cerca. Los fr√≠os ven√≠an de uno en uno o en parejas y la manada continu√≥ siendo peque√Īa.
¬ęEntonces, apareci√≥ un gran aquelarre y nuestros propios tatarabuelos se prepararon para luchar contra ellos. Sin embargo, el l√≠der habl√≥ con Ephraim Black como si fuera un hombre y le prometi√≥ no hacer da√Īo a los quileute. Sus extra√Īos ojos amarillos eran la prueba de que ellos no eran iguales a los otros bebedores de sangre. Superaban en n√ļmero a los lobos, as√≠ que no hab√≠a necesidad de que los fr√≠os ofrecieran un tratado cuando pod√≠an haber ganado la lucha. Ephraim acept√≥. Permanecieron fieles al pacto, aunque su presencia sirvi√≥ de atracci√≥n para que vinieran otros.
¬ĽEl aumento del aquelarre forz√≥ a que la manada fuera la mayor que la tribu hab√≠a visto jam√°s ¬ócontinu√≥ el Viejo Quil y durante un momento sus ojos negros, casi enterrados entre las arrugas de la piel que los rodeaban, parecieron pararse en m√≠¬ó, excepto, claro, en los tiempos de Taha Aki ¬óluego, suspir√≥¬ó. Y as√≠ los hijos de la tribu otra vez cargan con la responsabilidad y comparten el sacrificio que sus padres soportaron antes que ellos.
Se hizo un profundo silencio que se alargó un rato. Los descendientes vivos de la magia y la leyenda se miraron unos a otros a través del fuego con los ojos llenos de tristeza. Todos menos uno.
—Responsabilidad —resopló en voz baja—. A mí me parece guay —el grueso labio inferior de Quil sobresalía un poco.
Al otro lado del fuego, Seth Clearwater, cuyos ojos estaban dilatados por el halago de pertenecer a la hermandad de protectores de la tribu, asintió, plenamente de acuerdo.
Billy rió entre dientes durante unos momentos y la magia pareció desvanecerse entre las brasas resplandecientes. De pronto, sólo había un círculo de amigos y nada más. Jared le tiró una piedrecilla a Quil y todo el mundo se rió cuando éste se sobresaltó. El murmullo de las conversaciones en voz baja se extendió alrededor, lleno de bromas y con naturalidad.
Leah Clearwater mantuvo los ojos cerrados. Me pareció ver brillar en su mejilla algo parecido a una lágrima, pero ya no había nada cuando volví a mirarla un momento después.
Ni Jacob ni yo hablamos. √Čl permanec√≠a absolutamente inm√≥vil a mi lado; su respiraci√≥n era tan profunda y regular que cre√≠ que estaba a punto de dormirse.
Mi mente estaba a miles de a√Īos de all√≠. No pensaba en Yaha Uta ni en los otros lobos ni en la hermosa Mujer Fr√≠a, ya que pod√≠a imagin√°rmela con mucha claridad. No, mi mente buscaba algo totalmente alejado de la magia. Estaba intentando imaginarme el rostro de la mujer sin nombre, la que hab√≠a salvado a toda la tribu, la tercera esposa.
Se trataba de una simple mortal sin poderes especiales ni ning√ļn otro don. Era m√°s d√©bil que cualquiera de los otros monstruos que poblaban la historia, pero ella hab√≠a sido la clave, la soluci√≥n. Hab√≠a salvado a su marido, a sus hijos, a la tribu.
Me hubiera gustado que recordaran su nombre...
Alguien me sacudió el brazo.
—Eh, vamos, Bella —me dijo Jacob al oído—. Regresa.
Parpadeé y busqué el fuego, que parecía haber desaparecido. Miré hacia la inesperada oscuridad, intentando ver a mi alrededor. Tardé casi un minuto en darme cuenta de que ya no estábamos en los acantilados. Jacob y yo nos hallábamos solos. Todavía estaba reclinada contra su hombro, pero no en el suelo.
¬ŅC√≥mo hab√≠a llegado al coche de Jacob?
¬óAy, cielos ¬órespir√© entrecortadamente cuando me di cuenta de que me hab√≠a quedado dormida¬ó. ¬ŅQu√© hora es? Maldita sea, ¬Ņd√≥nde he guardado ese est√ļpido m√≥vil?
Palmeé mis bolsillos, frenética, y no había nada en ellos.
¬óCalma, a√ļn no es medianoche y ya le he llamado yo. Mira, te est√° esperando.
¬ó¬ŅMedianoche? ¬órepet√≠ de manera est√ļpida, todav√≠a desorientada. Mir√© hacia la oscuridad y se me aceler√≥ el pulso cuando entrevi la forma del Volvo, a unos veintitantos metros. Alc√© la mano hacia la manilla.
¬óToma ¬ódijo Jacob mientras depositaba un objeto peque√Īo en la palma de mi otra mano. Era el m√≥vil.
¬ó¬ŅHas llamado a Edward en mi lugar?
Mis ojos ya se habían acostumbrado lo suficiente a la oscuridad para ver el repentino relumbrar de la sonrisa de mi amigo.
—Supuse que podría pasar un rato más contigo si jugaba bien mis cartas.
—Gracias, Jake —repuse, emocionada—. Te lo agradezco de verdad, y también por haberme invitado esta noche. Ha sido... —me faltaban palabras—. Guau, ha sido algo realmente especial.
—Y eso que no te has quedado para ver cómo me tragaba una vaca entera —se echó a reír—. Sí, me alegro de que te haya gustado. Ha sido... estupendo para mí. El tenerte aquí, me refiero.
Atisbé un movimiento en la lejanía, donde parecía pasear una especie de espectro cuya blancura se recortaba contra los árboles oscuros.
¬óVaya, no es tan paciente, ¬Ņa que no? ¬ócoment√≥ Jacob, notando mi distracci√≥n¬ó. Vete ya, pero vuelve pronto, ¬Ņvale?
—Seguro, Jake —le prometí, abriendo el coche. El aire frío me recorrió las piernas y me hizo temblar.
—Duerme bien, Bella. No te preocupes por nada. Estaré vigilándote toda la noche. Me paré, con un pie ya en el suelo.
—No, Jake. Descansa un poco. Estaré bien.
—Vale, vale —repuso, pero sonó más paternal que otra cosa.
¬óBuenas noches, Jake. Gracias.
—Buenas noches, Bella —me susurró, mientras yo me apresuraba a través de la oscuridad.
Edward me recogió en la divisoria.
¬óBella ¬óhab√≠a un considerable alivio en su voz cuando sus brazos me ci√Īeron apretadamente.
—Hola. Siento llegar tan tarde. Me quedé dormida y...
¬óLo se. Jacob me lo explic√≥ ¬óavanz√≥ hacia el coche y yo me tambalee r√≠gidamente a su lado¬ó ¬ŅEstas cansada? Puedo llevarte en brazos.
¬óEstoy bien.
¬óVoy a llevarte a casa para acostarte. ¬ŅTe lo has pasado bien?
—Si ha sido sorprendente, Edward. Me habría gustado que huvieras venido. No encuentro palabras para explicarlo. El padre de Jake nos contó las viejas leyendas y fue algo… algo mágico.
—Ya me lo contaras, pero después de que hayas dormido.
—No me acordaré de todo —le contesté; bostecé abriendo mucho la boca.
Edward se rió entre dientes. Me abrió la puerta, me sentó en el asento y me puso el cinturón de seguridad.
Unas brillantes luces se encendieron de s√ļbito y nos barrieron. Salud√© hacia las luces delanteras del coche, pro no supe si Jacob hab√≠a visto mis gestos.

Mi padre causó menos problemas de los esperados gracias a que Jacob también le había telefoneado. Tras desearle buenas noches a Charlie, me apoyé junto a la ventana mientras esperaba a Edward. La noche era sorprendentemente fría, casi invernal. No me había dado cuenta de esto en los acantilados ventosos; supongo que tuvo más que ver con estar sentada al lado de Jacob que con el fuego.
Me salpicaron gotitas heladas en la cara cuando empezó a caer la lluvia.
Estaba demasiado oscuro para distinguir otra cosa que los conos oscuros de los abetos inclinándose y meciéndose al ritmo de los hostigos del viento, pero de todos modos forcé la vista en busca de otras formas en la tormenta. Una silueta pálida, que se movía como un fantasma en la oscuridad... o quizás el contorno borroso de un enorme lobo, pero mis ojos eran demasiado débiles.
Entonces, hubo un repentino movimiento en la noche, justo a mi lado. Edward se deslizó a través de la ventana abierta. Tenía las manos más frías que la lluvia.
¬ó¬ŅEst√° Jacob ah√≠ fuera? ¬óle pregunt√©, temblando cuando Edward me acerc√≥ al abrigo de sus brazos.
—Sí, en alguna parte. Y Esme va de camino a casa.
Suspiré.
—Hace mucho frío y caen chuzos de punta. Esto es una tontería.
Me estremecí de nuevo y él se rió entre dientes.
¬óS√≥lo t√ļ tienes fr√≠o, Bella.
Esa noche tambi√©n hizo fr√≠o en mis sue√Īos, quiz√° porque dorm√≠ en los brazos de Edward, pero so√Ī√© que estaba a la intemperie, bajo la tormenta, el viento me sacud√≠a el pelo contra la cara hasta cegarme. Permanec√≠a en la costa en forma de media luna de la playa Primera, intentando distinguir las formas que se mov√≠an con tal rapidez que apenas pod√≠a verlas en la oscuridad y desde la orilla. Al principio, no apreciaba m√°s que los destellos de rel√°mpagos negros y blancos que se lanzaba unos contra otros, como en una danza, hasta que entonces, como si la luna hubiera aparecido s√ļbitamente entre las nubes, pude verlo todo.
Rosalie, con dorada melena empapada y colgando hasta la parte de atrás de sus rodillas, arremetía contra un lobo enorme, de hocico plateado, que instintivamente reconocí como perteneciente a Billy Black.
Ech√© a correr, pero lo √ļnico que consegu√≠ fue ese frustrante movimiento lento y pausado tan propio de los sue√Īos. Intent√© gritarles, decirles que se detuvieran, pero el viento me priv√≥ de la voz y no logr√© proferir ning√ļn sonido. Sacud√≠ los brazos en alto, esperando captar su atenci√≥n. Algo relampague√≥ a mi lado y me di cuenta por primera vez de que mi mano derecha no estaba vac√≠a.
Llevaba un afilado cuchillo largo, antiguo y de color plateado, con manchas de sangre seca y ennegrecida.
Solté el cuchillo y abrí los ojos de golpe en la tranquila oscuridad de mi dormitorio. Lo primero de lo que me percaté era que no estaba sola y me volví para enterrar el rostro en el pecho de Edward, sabiendo que el dulce olor de su piel sería el mejor remedio contra la pesadilla.
¬ó¬ŅTe he despertado? ¬ómurmur√≥ √©l. Hubo un sonido de papel, el de p√°ginas de un libro abierto y luego un ligero golpe sordo como si algo se hubiera ca√≠do al suelo de parqu√©.
¬óNo ¬ócuchiche√©, suspirando contenta cuando sus brazos se apretaron a mi alrededor¬ó. He tenido un mal sue√Īo.
¬ó¬ŅQuieres cont√°rmelo?
Sacudí la cabeza.
¬óEstoy muy cansada. Quiz√° ma√Īana por la ma√Īana..., si me acuerdo.
Le sentí estremecerse con una risa silenciosa.
¬óPor la ma√Īana ¬óasinti√≥.
¬ó¬ŅQu√© est√°s leyendo? ¬ópregunt√©, a√ļn adormilada.
—Cumbres borrascosas —contestó él.
Frunc√≠ el ce√Īo medio en sue√Īos.
—Creía que no te gustaba ese libro.
—Lo has dejado aquí olvidado —susurró él; su dulce voz me acunaba, llevándome de nuevo a la inconsciencia—. Además, cuanto más tiempo paso contigo, mejor comprendo las emociones humanas. Estoy descubriendo que simpatizo con Heathcliff de un modo que antes no creí posible.
—Aja —farfullé.
Dijo algo m√°s, algo en voz baja, pero ya estaba dormida.
La ma√Īana siguiente amaneci√≥ de color gris perla y muy tranquila. Edward me pregunt√≥ por mi sue√Īo, pero no pod√≠a precisarlo con exactitud. S√≥lo recordaba el fr√≠o y mi alegr√≠a de tenerle all√≠ cuando me despert√©. Me bes√≥ durante mucho rato, tanto que se me dispar√≥ el pulso, antes de irse a casa para cambiarse de ropa y recoger el coche.
Me vestí con rapidez, aunque no tenía mucho donde elegir. Quienquiera que hubiera saqueado mi cesta de la ropa, había dejado mi vestuario bastante perjudicado. Estaría muy enfadada si el hecho no fuera tan aterrador.
Estaba a punto de bajar a desayunar cuando noté mi baqueteado volumen de Cumbres borrascosas abierto en el suelo, donde Edward lo había dejado caer por la noche manteniéndose abierto por el sitio donde se había quedado leyendo, ya que la encuadernación había cedido.
Lo recog√≠ con curiosidad mientras procuraba recordar sus palabras sobre la simpat√≠a que sent√≠a por Heathcliff por encima de los dem√°s personajes. Se me antojaba imposible; quiz√° lo hab√≠a so√Īado.
Habia tres palabras que captaron mi atención en la página por la que estaba abierto el volumen e incliné la cabeza para leer el párrafo con más atención. Hablaba Heathcliff y conocía bien el pasaje.
Y ahí es donde se puede ver la diferencia entre nuestros sentimientos: si él estuviera en mi lugar y yo en el suyo, aunque le aborreciera con un odio que convirtiera mi vida en hiél, nunca habría levantado la mano contra él. ¡Puedes poner cara de incredulidad si quieres! Yo nunca podría haberle apartado de ella, al menos mientras ella lo hubiera querido así. Mas en el momento en que perdiera su estima, ¡le habría arrancado el corazón y me habría bebido su sangre! Sin embargo, hasta entonces, y si no me crees es que no me conoces, hasta entonces, ¡preferiría morir con certeza antes que tocarle un solo pelo de la cabeza!
Las tres palabras que captaron mi atenci√≥n fueron ¬ębeber su sangre¬Ľ.
Me estremecí.
S√≠, seguramente hab√≠a so√Īado que Edward hab√≠a dicho algo positivo sobre Heathcliff. Y lo m√°s probable es que esta p√°gina no fuera la que hab√≠a estado leyendo. El libro podr√≠a haber ca√≠do abierto por cualquier hoja.