7 - Desenlace desafortunado

¬ó¬ŅTe importa que hablemos un par de minutos? ¬óme premuni√≥¬ó. No te habr√© despertado ni nada por el estilo, ¬Ņverdad? Su mirada fue de la cama, despojada del cobertor y la almohada, a mi sof√°.
—No, estaba despierta. Claro que podemos hablar —me pregunté si sería capaz de advertir la nota de alarma de mi voz con la misma claridad que yo.
Rió con despreocupación. Sus carcajadas repicaron como un coro de campanas.
—Edward no suele dejarte sola —dijo—, y he pensado que haria bien en aprovechar la ocasión.
¬ŅQu√© querr√≠a contarme para que no pudiera decirlo delante de su hermano? Enrosqu√© y desenrosqu√© las manos en el extremo del cobertor.
—Por favor, no pienses que interfiero por crueldad —imploró ella con voz gentil. Cruzó los brazos sobre su regazo y clavó la vista en el suelo mientras hablaba—. Estoy segura de haber herido bastante tus sentimientos en el pasado, y no quiero hacerlo de nuevo.
¬óNo te preocupes, Rosalie. Soy fuerte. ¬ŅQu√© pasa?
Ella ri√≥ una vez m√°s; parec√≠a extra√Īamente avergonzada.
—Pretendo explicarte las razones por las que, en mi opinión, deberías conservar tu condición humana, y por qué yo intentaria seguir siéndolo si estuviera en tu lugar.
¬óAh.
Sonrió ante mi sorpresa; luego, suspiró.
¬ó¬ŅTe cont√≥ Edward qu√© fue lo que me condujo a esto? ¬ópregunto al tiempo que se√Īalaba su glorioso cuerpo inmortal con un gesto.
Hice un lento asentimiento. De pronto, me sentí triste.
—Me dijo que se pareció a lo que estuvo a punto de sucederme aquella vez en Port Angeles, sólo que no había nadie para salvarte —me estremecí al recordarlo.
¬ó¬ŅDe veras es eso lo que te cont√≥? ¬óinquiri√≥.
¬óS√≠ ¬ócontest√© perpleja y confusa¬ó. ¬ŅHay m√°s?
Alzó la mirada y me sonrió con una expresión dura y amarga, y apabullante a pesar de todo.
—Sí, sí lo hay —respondió.
Aguardé mientras contemplaba el exterior a través de la ventana. Parecía intentar calmarse.
¬ó¬ŅTe gustar√≠a o√≠r mi historia, Bella? No tiene un final feliz, pero ¬Ņcu√°l de nuestras existencias lo tiene? Estar√≠amos debajo de una l√°pida si hubi√©ramos tenido un desenlace afortunado.
Asentí, aunque me aterró el tono amenazante de su voz.
¬óYo viv√≠a en un mundo diferente al tuyo, Bella. Mi sociedad era m√°s sencilla. En 1933, yo ten√≠a dieciocho a√Īos, era guapa y mi vida, perfecta.
Contemplo las nubles plateadas a través de la ventana con expresión ausente.
¬óMi familia era de clase media. Mi padre ten√≠a un empleo estable en un banco. Ahora comprendo que estaba muy pagado de si mismo, ya que consideraba su prosperidad como resultado de su talento y el trabajo duro en vez de admitir el papel desempe√Īado por la fortuna. Yo lo ten√≠a todo garantizado en aquel entonces y en mi casa parec√≠a como si la Gran Depresi√≥n no fuera m√°s que un rumor molesto. Ve√≠a a los menesterosos, por supuesto, a los que no eran tan afortunados, pero me dejaron crecer con la sensaci√≥n de que ellos mismos se hab√≠an buscado sus problemas.
¬ĽLa tarea de mi madre consist√≠a en atender las labores del hogar, a m√≠ misma y a mis dos hermanos peque√Īos por ese mismo orden. Resultaba evidente que yo era tanto su prioridad como la favorita. En aquel entonces no lo comprend√≠a del todo, pero siempre tuve la vaga noci√≥n de que mis padres no estaban satisfechos con lo que ten√≠an, incluso aunque poseyeran mucho m√°s que los dem√°s. Deseaban m√°s y ten√≠an aspiraciones sociales... Supongo que pod√≠a consider√°rseles unos arribistas. Estimaban mi belleza como un regalo en el que ve√≠an un potencial mucho mayor que yo.
¬ĽEllos no estaban satisfechos, pero yo s√≠. Me encantaba ser Rosalie Hale y me complac√≠a que los hombres me miraran a donde quiera que fuera desde que cumpl√≠ los doce a√Īos. Me encantaba que mis amigas suspiraran de envidia cada vez que tocaban mi cabello. Que mi madre se enorgulleciera de m√≠ y a mi padre le gustaba comprarme vestidos nuevos me hac√≠a feliz.
¬ĽSab√≠a qu√© quer√≠a de la vida y no parec√≠a existir obst√°culo alguno que me impidiera obtenerlo. Deseaba ser amada, adorada, celebrar una boda por todo lo alto, con la iglesia llena de flores y caminar por el pasillo central del brazo de mi padre. Estaba segura de ser la criatura m√°s hermosa del mundo. Necesitaba despertar admiraci√≥n tanto o m√°s que respirar, Bella. Era tonta y frivola, pero estaba satisfecha ¬ósonri√≥, divertida por su propia afirmaci√≥n¬ó. La influencia de mis padres hab√≠a sido tal que tambi√©n anhelaba las cosas materiales de la vida.
¬ĽQuer√≠a una gran casa llena de muebles elegantes cuya limpieza estuviera a cargo de otros y una cocina moderna donde guisaran los dem√°s. Como te he dicho, era una chica frivola, joven y superficial. Y no ve√≠a raz√≥n alguna por la que no debiera conseguir esas cosas.
¬ĽDe todo cuanto quer√≠a, ten√≠a pocas cosas de verdadera val√≠a pero hab√≠a una en particular que s√≠ lo era: mi mejor amiga, una chica llamada Vera, que se cas√≥ a los diecisiete a√Īos con un hombre que mis padres jam√°s habr√≠an considerado digno de m√≠: un carpintero. Al a√Īo siguiente tuvo un hijo, un hermoso beb√© con hoyuelos y pelo ensortijado. Fue la primera vez en toda mi vida que sent√≠ verdaderos celos de alguien.
Me lanzó una mirada insondable.
¬óEra una √©poca diferente. Yo ten√≠a los mismos a√Īos que t√ļ ahora, pero ya me hallaba lista para todo eso. Me mor√≠a de ganas por tener un hijo propio. Quer√≠a mi propio hogar y un marido que me besara al volver del trabajo, igual que Vera, s√≥lo que yo ten√≠a en mente otro tipo de casa muy distinta.
Me resultaba difícil imaginar el mundo que Rosalie había conocido. Su relato me parecía más propio de un cuento de hadas que de una historia real. Me sorprendí al percatarme de que ese mundo estaba muy cerca del de Edward cuando éste era humano, que era la sociedad en que había crecido. Mientras Rosalie permanecía sentada en silencio, me pregunté si mi siglo le parecía a Edward tan desconcertante como a mí el de Rosalie.
Mi acompa√Īante suspir√≥ y continu√≥ hablando, pero esta vez lo hizo con una voz diferente, sin rastro alguno de nostalgia.
En Rochester había una familia regia, apellidada, no sin cierta ironia, King. Royce King era el propietario del banco en el que trabajaba mi padre y de casi todos los demás negocios realmente rentables del pueblo. Así fue como me vio por vez primera su hiijo, Royce King II —frunció los labios al pronunciar el nombre, como si lo soltara entre dientes—. Iba a hacerse cargo del banco, por lo que comenzó a supervisar los diferentes puestos de trabajo. Dos días después, a mi madre se le olvidó de modo muy oportuno darle a mi padre el almuerzo. Recuerdo mi confusión cuando insistió en que llevara mi vestido blanco de organzay me alisó el cabello sólo para ir al banco.
Rosalie se rió sin alegría.
—Como todo el mundo me miraba, no me había fijado especialmente en él, pero esa noche me envió la primera rosa. Me mandó un ramo de rosas todas las noches de nuestro noviazgo hasta el punto de que mi cuarto terminó abarrotado de ramilletes y yo olía a rosas cuando salía de casa.
¬ĽRoyce era apuesto, ten√≠a el cabello m√°s rubio que el m√≠o y ojos de color azul claro. Dec√≠a que los m√≠os eran como las violetas, y luego empez√≥ ese show de las rosas y todo lo dem√°s.
¬ĽMis padres aprobaron esa relaci√≥n con gusto, y me quedo corta todo lo que ellos hab√≠an so√Īado y Royce parec√≠a ser todo lo que yo hab√≠a so√Īado. El pr√≠ncipe de los cuentos de hadas habia venido para convertirme en una princesa. Era cuanto quer√≠a, y no menos de lo que esperaba. Nos comprometimos antes de que transcurrieran dos meses de habernos conocido.
¬ĽNo pas√°bamos mucho tiempo a solas el uno con el otro. Royce me explic√≥ que ten√≠a muchas responsabilidades en el trabajo y cuando est√°bamos juntos le complac√≠a ser visto conmigo del brazo, lo cual tambi√©n me gustaba a m√≠. Hubo vestidos preciosos y muchas fiestas y bailes, ya que todas las puertas estaban abiertas y todas las alfombras rojas se desenrollaban para recibirte cuando eras un King.
¬ĽNo fue un noviazgo largo, pues se adelantaron los planes para la m√°s fastuosa de las bodas, que iba a ser todo cuanto yo hab√≠a querido siempre, lo cual me hac√≠a enormemente dichosa. Ya no me sent√≠a celosa cuando llamaba a Vera. Me imaginaba a mis hijos, unos ni√Īos de pelo rubio, jugando por los enormes prados de la finca de los King y la compadec√≠a.
Rosalie enmudeció de pronto y apretó los dientes, lo cual me sacó de la historia y me indicó que la parte espantosa estaba cerca. No había final feliz, tal y como ella me había anunciado. Me pregunté si ésa era la razón por la que había mucha más amargura en ella que en los demás miembros de su familia, porque ella había tenido al alcance de la mano todo cuanto quería cuando se truncó su vida humana.
¬óEsa noche yo estaba en el hogar de Vera ¬ósusurr√≥ Rosalie. Su rostro parec√≠a liso como el m√°rmol, e igual de duro¬ó. El peque√Īo Henry era realmente adorable, todo sonrisas y hoyuelos... Empezaba a andar por su propia cuenta. Al marcharme, Vera que llevaba al ni√Īo en brazos, y su esposo me acompa√Īaron hasta la puerta. El rode√≥ su cintura con el brazo y la bes√≥ en la mejilla cuando pens√≥ que yo no estaba mirando. Eso me molest√≥. No se parec√≠a al modo en que Royce me besaba, √©l no se mostraba tan dulce. Descart√© ese pensamiento. Royce era mi pr√≠ncipe y alg√ļn d√≠a yo ser√≠a la reina.
Resultaba arduo percibirlo a la luz de la luna, pero el rostro de Rosalie, blanco como el hueso, me pareci√≥ a√ļn m√°s p√°lido.
—Las farolas ya estaban encendidas, pues las calles estaban a oscuras. No me había dado cuenta de lo tarde que era —prosiguió un un susurro apenas audible—. También hacía mucho, mucho frío a pesar de ser finales de abril. Faltaba una semana para la ceremonia y me preocupaba el tiempo mientras volvía apresuradamente a casa... Me acuerdo con toda claridad. Recuerdo cada uno de los detalles de esa noche. Me aferré a ellos... al principio, para no pensar en nada más. Y ahora también, para tener algo a lo que agarrarme cuando tantos recuerdos agradables han desaparecido por completo... —suspiró y retomó el hilo en susurros—. Si, me preocupaba la meteorología porque no quería celebrar la ceremonia bajo techo.
¬ĽLos o√≠ cuando me hallaba a pocas calles de mi casa. Se trataba de un grupo de hombres situados debajo de una farola rota que soltaban fuertes risotadas. Estaban ebrios. Me asalt√≥ el deseo de llamar a mi padre para que me acompa√Īara a casa, pero me pareci√≥ una tonter√≠a al encontrarme tan cerca. Entonces, √©l grit√≥ mi nombre.
¬Ľ¬ó¬°Rose! ¬ódijo.
¬ĽLos dem√°s echaron a re√≠r como idiotas.
¬ĽNo me hab√≠a dado cuenta de que los borrachos iban tan bien vestidos. Eran Royce y varios de sus amigos, hijos de otros adinerados.
¬Ľ¬ó¬°Aqu√≠ est√° mi Rose! ¬ógrit√≥ mi prometido al tiempo que se carcajeaba con los dem√°s, y parec√≠a igual de necio¬ó. Llegas tarde. Estamos helados, nos has tenido esper√°ndote demasiado tiempo.
¬ęNunca antes le hab√≠a visto borracho. Hab√≠a bebido de vez en cuando en los brindis de las fiestas. Me hab√≠a comentado que no le gustaba el champ√°n. No hab√≠a comprendido que prefer√≠a las bebidas mucho m√°s fuertes.
¬ęTen√≠a un nuevo amigo, el amigo de un amigo, un tipo llegado desde Atlanta.
¬Ľ¬ó¬ŅQu√© te dije, John? ¬óse pavone√≥ al tiempo que me aferraba por el brazo y me acercaba a ellos¬ó. ¬ŅNo es m√°s adorable que todas tus beldades de Georgia?
¬ĽEl tal John era un hombre moreno de cabellos negros. Me estudi√≥ con la mirada como si yo fuera un caballo que fuera a comprar.
¬Ľ¬óResulta dif√≠cil decirlo ¬ócontest√≥ arrastrando las palabras¬ó. Est√° totalmente tapada.
¬ĽSe rieron, y Royce con ellos.
¬ĽDe pronto, Royce me tom√≥ de los hombros y rasg√≥ la chaqueta, que era un regalo suyo, haciendo saltar los botones de lat√≥n. Se desparramaron todos sobre la acera.
¬Ľ¬ó¬°Mu√©strale tu aspecto, Rose!
¬ĽSe desternill√≥ otra vez y me quit√≥ el sombrero de la cabeza. Los alfileres estaban sujetos a mi cabello desde las ra√≠ces, por lo que grit√© de dolor, un sonido que pareci√≥ del agrado de todos.
Rosalie me miró de pronto, sorprendida, como si se hubiera olvidado de mi presencia. Yo estaba segura de que las dos teníamos el rostro igual de pálido, a menos que yo me hubiera puesto verde de puro mareo.
¬óNo voy a obligarte a escuchar el resto ¬ócontinu√≥ bajito¬ó. Qued√© tirada en la calle y se marcharon dando tumbos entre carcajadas. Me dieron por muerta. Bromeaban con Royce, dici√©ndole que iba a tener que encontrar otra novia. √Čl se ri√≥ y contest√≥ que antes deb√≠a aprender a ser paciente.
¬ęAguard√© la muerte en la calle. Era tanto el dolor que me sorprendi√≥ que me importunara el fr√≠o de la noche. Comenz√≥ a nevar y me pregunt√© por qu√© no me mor√≠a. Aguardaba este hecho con impaciencia, para as√≠ acabar con el dolor, pero tardaba demasiado...
¬ĽCarlisle me encontr√≥ en ese momento. Olfate√≥ la sangre y acudi√≥ a investigar. Recuerdo vagamente haberme enfadado con √©l cuando not√© c√≥mo trabajaba con mi cuerpo en su intento de salvarme la vida. Nunca me hab√≠an gustado el doctor Cullen, ni su esposa, ni el hermano de √©sta, pues por tal se hac√≠a pasar Edward en aquella √©poca. Me disgustaba que los tres fueran m√°s apuestos que yo, sobre todo los hombres, pero ellos no hac√≠an vida social, por lo que s√≥lo los hab√≠a visto en un par de ocasiones.
¬ĽPens√© que iba a morir cuando me alz√≥ del suelo y me llev√≥ en volandas. √ćbamos tan deprisa que me dio la impresi√≥n de que vol√°bamos. Me horroriz√≥ que el suplicio no terminara...
¬ĽEntonces, me hall√© en una habitaci√≥n luminosa y caldeada. Me dej√© llevar y agradec√≠ que el dolor empezara a calmarse, pero de inmediato algo punzante me cort√≥ en la garganta, las mu√Īecas y los tobillos. Aull√© de sorpresa, creyendo que el doctor me tra√≠a a la vida para hacerme sufrir m√°s. Luego, una quemaz√≥n recorri√≥ mi cuerpo y ya no me preocup√© de nada m√°s. Implor√© a Carlisle que me matara e hice lo mismo cuando Esme y Edward regresaron a la casa. Carlisle se sent√≥ a mi lado, me tom√≥ la mano y me dijo que lo sent√≠a mientras promet√≠a que aquello iba a terminar. Me lo cont√≥ todo; a veces, le escuchaba. Me dijo qu√© era √©l y en qu√© me iba a convertir yo. No le cre√≠. Se disculp√≥ cada vez que yo chillaba.
¬ĽA Edward no le hizo ninguna gracia. Recuerdo haberles escuchado discutir sobre m√≠. A veces, dejaba de gritar, ya que no me hacia ning√ļn bien.
¬Ľ¬ó¬ŅEn qu√© estabas pensando, Carlisle? ¬óespet√≥ Edward¬ó. Rosalie Hale?
Rosalie imitó a la perfección el tono irritado de Edward.
—No me gustó la forma en que pronunció mi nombre, como si hubiera algo malo en mí.
¬Ľ¬óNo pod√≠a dejarla morir ¬óreplic√≥ Carlisle en voz baja¬ó. Era demasiado... horrible, un desperdicio enorme...
¬Ľ¬óLo s√© ¬órespondi√≥.
¬ĽPens√© que le quitaba importancia. Eso me enfad√≥. Por aquel entonces, yo no sab√≠a que √©l era capaz de ver lo que Carlisle estaba contemplado.
¬Ľ¬óEra una p√©rdida enorme. No pod√≠a dejarla all√≠ ¬órepiti√≥ Carlisle en voz baja.
¬Ľ¬óPor supuesto que no ¬óacept√≥ Esme.
¬Ľ¬óTodos los d√≠as muere gente ¬óle record√≥ Edward con acritud¬ó, y ¬Ņno crees que es demasiado f√°cil reconocerla? La familia King va a organizar una gran b√ļsqueda para que nadie sospeche de ese desalmado ¬órefunfu√Ī√≥.
¬ĽMe complaci√≥ que estuvieran al tanto de la culpabilidad de Royce.
¬ĽNo me percat√© de que casi hab√≠a terminado, de que cobraba nuevas fuerzas y de que por eso era capaz de concentrarme en su conversaci√≥n. El dolor empezaba a desaparecer de mis dedos.
¬Ľ¬ó¬ŅQu√© vamos a hacer con ella? ¬óinquiri√≥ Edward con repulsi√≥n, o al menos √©sa fue mi impresi√≥n.
¬ĽCarlisle suspir√≥.
¬Ľ¬óEso depende de ella, por supuesto. Quiz√° prefiera seguir su propio camino.
¬ĽYo hab√≠a entendido de sus explicaciones lo suficiente para saber que mi vida hab√≠a terminado y que no la iba a recuperar. No soportaba la perspectiva de quedarme sola.
¬ĽEl dolor pas√≥ al fin y ellos volvieron a explicarme qu√© era. En esta ocasi√≥n les cre√≠. Experiment√© la sed y not√© la dureza de mi piel. Vi mis brillantes ojos rojos.
¬ęFrivola como era, me sent√≠ mejor al mirarme en el espejo por primera vez. A pesar de las pupilas, yo era la cosa m√°s hermosa que hab√≠a visto en la vida ¬óRosalie se ri√≥ de s√≠ misma por un instante¬ó. Tuvo que pasar alg√ļn tiempo antes de que comenzara a inculpar de mis males a la belleza, una maldici√≥n, y desear haber sido... bueno, fea no, pero s√≠ normal, como Vera. En tal caso, me podr√≠a haber casado con alguien que me amara de verdad y haber criado hijos hermosos, pues eso era lo que, en realidad, quer√≠a desde el principio. Sigo pensando que no es pedir demasiado.
Permaneci√≥ meditativa durante un momento. Cre√≠ que se habia vuelto a olvidar de mi presencia, pero entonces me sonri√≥ con expresi√≥n s√ļbitamente triunfal.
¬ó¬ŅSabes? Mi expediente est√° casi tan limpio como el de Carlisle ¬óme dijo¬ó. Es mejor que el de Esme y mil veces superior al de Edward. Nunca he probado la sangre humana ¬óanunci√≥ con orgullo.
Comprendi√≥ la perplejidad de mi expresi√≥n cuando le pregunte por qu√© su expediente estaba ¬ęcasi tan¬Ľ limpio.
—Maté a cinco hombres —admitió, complacida de sí misma— si es que merecen tal nombre, pero tuve buen cuidado de no derramar su sangre, sabedora de que no sería capaz de resistirlo. No quería nada de ellos dentro mí, ya ves.
¬ęReserv√© a Royce para el final. Esperaba que se hubiera enterado de las muertes de sus amigos y comprendiera lo que se le avecinaba. Confiaba en que el miedo empeorara su muerte. Me parece que dio resultado. Cuando le captur√©, se escond√≠a dentro de una habitaci√≥n sin ventanas, detr√°s de una puerta tan gruesa como una c√°mara acorazada, custodiada en el exterior por un par de hombres armados. ¬°Uy...! Fueron siete homicidios... ¬óse corrigi√≥ a s√≠ misma¬ó. Me hab√≠a olvidado de los guardias. S√≥lo necesit√© un segundo para deshacerme de ellos.
¬ĽFue demasiado teatral y lo cierto es que tambi√©n un poco infantil. Yo luc√≠a un vestido de novia robado para la ocasi√≥n. Chill√≥ al verme. Esa noche grit√≥ mucho. Dejarle para el final result√≥ una medida acertada, ya que me facilit√≥ un mayor autocontrol y pude hacer que su muerte fuera m√°s lenta.
Dejó de hablar de repente y clavó sus ojos en mí.
¬óLo siento ¬óse disculp√≥ con una nota de disgusto en la voz¬ó. Te he asustado, ¬Ņverdad?
—Estoy bien —le mentí.
¬óMe he dejado llevar.
¬óNo te preocupes.
¬óMe sorprende que Edward no te contara nada a este respecto.
¬óLe disgusta hablar de las historias de otras personas. Le parece estar traicionando su confianza, ya que √©l se entera de m√°s cosas de las que pretende cuando ¬ęescucha¬Ľ a los dem√°s.
Ella sonrió y sacudió la cabeza.
¬óProbablemente voy a tener que darle m√°s cr√©dito. Es bastante decente, ¬Ņverdad?
¬óEso me parece.
¬óTe lo puedo asegurar ¬óluego, suspir√≥¬ó. Tampoco he sido muy justa contigo, Bella. ¬ŅTe lo ha contado o tambi√©n ha sido reservado?
—Me dijo que tu actitud se debía a que yo era humana. Me explicó que te resultaba más difícil que al resto aceptar que alguien de fuera estuviera al tanto de vuestro secreto.
La musical risa de Rosalie me interrumpió.
¬óAhora me siento en verdad culpable. Se ha mostrado mucho, mucho m√°s cort√©s de lo que me merezco ¬óparec√≠a m√°s cari√Īosa cuando se re√≠a, como si hubiera bajado una guardia que hubiera mantenido en mi presencia hasta ese instante¬ó. ¬°Qu√© trolero es este chico!
Se carcajeó una vez más.
¬ó¬ŅMe ha mentido? ¬óinquir√≠, s√ļbitamente recelosa.
—Bueno, eso quizá resulte exagerado. No te lo ha contado todo. Lo que te dijo es cierto, más cierto ahora de lo que lo fue antes. Sin embargo, en su momento... —enmudeció y rió entre dientes, algo nerviosa—. Es violento. Ya ves, al principio, yo estaba celosa porque él te quería a ti y no a mí.
Un estremecimiento de p√°nico recorri√≥ mi cuerpo al o√≠r sus palabras. Ah√≠ sentada, ba√Īada por una luz plateada, era m√°s hermosa que cualquier otra cosa que yo pudiera imaginar. Yo no pod√≠a competir con Rosalie.
¬óPero t√ļ amas a Emmett... ¬ófarfull√©.
Ella cabeceó adelante y atrás, divertida por la ocurrencia.
—No amo a Edward de ese modo, Bella, no lo he hecho nunca. Le he querido como a un hermano, pero me ha irritado desde el primer momento en que le oí hablar, aunque has de entenderlo... Yo estaba acostumbrada a que la gente me quisiera y él no se interesaba por mí ni una pizquita. Al principio, me frustró e incluso me ofendió, pero no tardó mucho en dejar de molestarme al ver que Edward nunca amaba a nadie. No mostró la menor preferencia ni siquiera la primera vez que nos encontramos con todas esas mujeres del clan de Tanya en Denali. Y entonces te conoció a ti.
Me mir√≥ con turbaci√≥n. Yo s√≥lo le prestaba atenci√≥n a medias. Pensaba en Edward, en Tanya y en ¬ętodas esas mujeres¬Ľ y frunc√≠ los labios hasta que formaron un trazo grueso.
¬óNo es que no seas guapa, Bella ¬óa√Īadi√≥, malinterpretando mi expresi√≥n¬ó, pero te encontr√≥ m√°s hermosa que a m√≠... Soy m√°s vanidosa de lo que pensaba.
¬óPero t√ļ has dicho ¬ęal principio¬Ľ. Ahora ya no te molesta, ¬Ņno? quiero decir, las dos sabemos que t√ļ eres la m√°s agraciada del planeta.
Me re√≠ al tener que decirlo. ¬°Era tan obvio...! Resultaba extra√Īo que Rosalie necesitase esas palabras de confirmaci√≥n. Ella tambi√©n se uni√≥ a mis risas.
—Gracias, Bella, y no, la verdad es que ya no me molesta. Edward siempre ha sido un poquito raro —volvió a reírse.
¬óPero a√ļn sigo sin gustarte ¬ósusurr√©.
Su sonrisa se desvaneció.
¬óLo lamento.
Permanecimos allí sentadas, en silencio, y ella parecía poco predispuesta a continuar hablando.
¬ó¬ŅVas a decirme la raz√≥n? ¬ŅHe hecho algo...?
¬ŅEstaba enfadada por poner en peligro una y otra vez a su familia, a Emmett? Primero James; ahora, Victoria...
¬óNo, no has hecho nada ¬ómurmur√≥¬ó. A√ļn no.
La miré, perpleja.
¬ó¬ŅNo lo entiendes, Bella? ¬óde pronto, su voz se volvi√≥ m√°s apasionada que antes, incluso que cuando relataba su desdichada historia¬ó. T√ļ ya lo tienes todo. Te aguarda una vida por delante..., todo lo que yo quer√≠a, y vas a desperdiciarla. ¬ŅNo te das cuenta de que yo dar√≠a cualquier cosa por estar en tu lugar? T√ļ has efectuado la elecci√≥n que yo no pude hacer, ¬°y has elegido mal!
Me estremecí y retrocedí ante la ferocidad de su expresión. Apreté los labios con fuerza cuando me percaté de que me había quedado boquiabierta.
Ella me contempló fijamente durante un buen rato y el fulgor de sus ojos disminuyó. De pronto, se avergonzó.
—¡Y yo que estaba segura de poder hacer esto con calma! —sacudió la cabeza. El torrente de emociones parecía haberla dejado confusa—. Supongo que sólo es porque ahora resulta más duro que antes, cuando era una pura cuestión de vanidad.
Contempló la luna en silencio. Al cabo de unos instantes me atreví a romper su ensimismamiento.
¬ó¬ŅTe caer√≠a mejor si eligiera continuar siendo humana?
Ella se volvió hacia mí con los labios curvados en un amago de sonrisa.
¬óQuiz√°.
—En todo caso, tu historia sí tiene algo de final feliz —le recorrdé—. Tienes a Emmett.
¬óLe tengo a medias ¬ósonri√≥¬ó. Sabes que salv√© a Emmett de un oso que le hab√≠a atacado y herido, y le arrastr√© hasta el hogar de Carlisle, pero ¬Ņte imaginas por qu√© imped√≠ que el oso le devorara? ¬ónegu√© con la cabeza¬ó. Sus rizos negros y los hoyuelos, visibles incluso a pesar de la mueca de dolor, conferian a sus facciones una extra√Īa inocencia fuera de lugar en un var√≥n adulto... Me recordaba a Henry, el peque√Īo de Vera. No quer√≠a que muriera, a pesar de lo mucho que odiaba esta vida. Fu√≠ lo bastante ego√≠sta para pedirle a Carlisle que le convirtiera para m√≠.
¬ĽTuve m√°s suerte de la que me merec√≠a. Emmett es todo lo que habr√≠a pedido si me hubiera conocido lo bastante bien como para saber de mis carencias. √Čl es exactamente la clase de persona adecuada para alguien como yo y, por extra√Īo que pueda parecer, tambi√©n √©l me necesitaba. Esa parte funciona mejor de lo que cab√≠a esperar, pero s√≥lo vamos a estar nosotros dos, no va a haber nadie m√°s. Jam√°s me voy a sentar en el porche, con √©l a mi lado, y ya con canas, rodeada de mis nietos.
Ahora su sonrisa fue amable.
¬óQuiz√° te parezca un poco estramb√≥tico, ¬Ņa que s√≠? En cierto sentido, t√ļ eres mucho m√°s madura que yo a los dieciocho, pero por otra parte, hay muchas cosas que no te has detenido a considerar con detenimiento. Eres demasiado joven para saber qu√© vas a desear dentro de diez o quince a√Īos, y lo bastante inexperta como para darlo todo sin pens√°rtelo. No te precipites con aquello que es irreversible, Bella.
Me palmeó la cabeza, pero el gesto no era de condescendencia. Suspiré.
¬óT√ļ s√≥lo pi√©nsatelo un poco. No se puede deshacer una vez que est√© hecho. Esme va tirando porque nos usa a nosotros como suced√°neo de los hijos que no tiene y Alice no recuerda nada de su existencia humana, por lo que no la echa de menos. Sin embargo, t√ļ s√≠ vas a recordarla. Es mucho a lo que renuncias.
Pero obtengo más a cambio, pensé, aunque me callé.
¬óGracias, Rosalie. Me alegra conocerte m√°s para comprenderte mejor.
—Te pido disculpas por haberme portado como un monstruo —esbozó una ancha sonrisa—. Intentaré comportarme mejor de ahora en adelante.
Le devolví la sonrisa.
A√ļn no √©ramos amigas, pero estaba segura de que no me iba a odiar tanto.
—Ahora voy a dejarte para que duermas —lanzó una mirada a la cama y torció la boca—. Sé que estás descontenta porque te mantenga encerrada de esta manera, pero no le hagas pasar un mal rato cuando regrese. Te ama más de lo que piensas. Le aterra alejarse de ti —se levantó sin hacer ruido y se dirigió hacia la puerta sigilosa como un espectro—. Buenas noches, Bella —susurró mientras la cerraba al salir.
—Buenas noches, Rosalie —murmuré un segundo tarde.
Despu√©s de eso, me cost√≥ mucho conciliar el sue√Īo...
... y tuve una pesadilla cuando me dormí. Recorría muy despacio las frías y oscuras baldosas de una calle desconocida bajo una suave cortina de nieve. Dejaba un leve rastro sanguinolento detrás de mí mientras un misterioso ángel de largas vestiduras blancas vigilaba mi avance con gesto resentido.
Aliee me llev√≥ al colegio a la ma√Īana siguiente mientras yo, malhumorada, miraba fijamente por el parabrisas. Estaba falta de sue√Īo y eso s√≥lo aumentaba la irritaci√≥n que me provocaba mi encierro.
¬óEsta noche saldremos a Olympia o algo as√≠ ¬óme prometio¬ó. Ser√° divertido, ¬Ņte parece...?
¬ó¬ŅPor qu√© no me encierras en el s√≥tano y te dejas de pa√Īos calientes? ¬óle suger√≠.
Alice torció el gesto.
—Va a pedirme que le devuelva el Porsche por no hacer un buen trabajo. Se suponía que debías pasártelo bien.
—No es culpa tuya —murmuré; en mi fuero interno, no podía creer que me sintiera culpable—. Te veré en el almuerzo.
Anduve penosamente hasta clase de Lengua. Ten√≠a garantizado que el d√≠a iba a ser insoportable sin la compa√Ī√≠a de Edward. Permanec√≠ enfurru√Īada durante la primera clase, bien consciente de que mi actitud no ayudaba en nada.
Cuando sonó la campana, me levanté sin mucho entusiasmo. Mike me esperaba a la salida, el tiempo que mantenía abierta la puerta.
¬ó¬ŅSe va Edward de excursi√≥n este fin de semana? ¬óme pregunt√≥ con afabilidad mientras camin√°bamos bajo un fino chirimiri.
—Sí.
¬ó¬ŅTe apetece hacer algo esta noche?
¬ŅC√≥mo era posible que a√ļn albergara esperanzas?
¬óImposible, tengo una fiesta de pijamas ¬órefunfu√Ī√©. Me dedic√≥ una mirada extra√Īa mientras ponderaba mi estado de √°nimo.
¬ó¬ŅQui√©nes vais a...?
Detr√°s de nosotros, un motor bram√≥ con fuerza en alg√ļn punto del aparcamiento. Todos cuantos estaban en la acera se volvieron para observar con incredulidad c√≥mo una estruendosa moto negra llegaba hasta el l√≠mite de la zona asfaltada sin aminorar el runr√ļn del motor.
Jacob me urgió con los brazos.
—¡Corre, Bella! —gritó por encima del rugido del motor.
Me quedé allí clavada durante un instante antes de comprender.
Miré a Mike de inmediato y supe que sólo tenía unos segundos.
¬ŅHasta d√≥nde ser√≠a capaz de ir Alice para refrenarme en p√ļblico?
¬óDi que me he sentido mal repentinamente y me he ido a casa, ¬Ņde acuerdo? ¬óle dije a Mike, con la voz llena de repentino entusiasmo.
—Vale —murmuró él.
Le pellizqué la mejilla y le dije a voz en grito mientras me alejaba a la carrera:
¬óGracias, Mike. ¬°Te debo una!
Jacob aceleró la moto sin dejar de sonreír. Salté a la parte posterior del asiento, rodeé su cintura con los brazos y me aferré con fuerza.
Atisbé de refilón a Alice, petrificada en la entrada de la cafetería, con los ojos chispeando de furia y los labios fruncidos, dejando entrever los dientes.
Le dirig√≠ una mirada de s√ļplica.
A continuación salimos disparados sobre el asfalto tan deprísa que tuve la impresión de que me dejaba atrás el estómago.
—¡Agárrate fuerte! —gritó Jacob.
Escond√≠ el rostro en su espalda mientras √©l dirig√≠a la moto hacia la carretera. Sab√≠a que aminorar√≠a la velocidad en cuanto lleg√°semos a la orilla del territorio quileute. Lo √ļnico que deb√≠a hacer hasta ese momento era no soltarme. Rogu√© en silencio para que Alice no nos siguiera y que a Charlie no se le ocurriera pasar a verme...
Fue muy evidente el momento en que llegamos a zona segura. La motocicleta redujo la velocidad y Jacob se enderezó y aulló entre risas. Abrí los ojos.
¬óLo logramos ¬ógrit√≥¬ó. Como fuga de la c√°rcel no est√° mal, ¬ŅA qu√© no?
¬óBien pensado, Jake.
—Me acordé de tus palabras. Esa sanguijuela psíquica era incapaz de predecir lo que yo iba a hacer. Me alegra que no pensara esto o de lo contrario no te hubiera dejado venir al instituto.
—No se me pasó por la cabeza.
Lanzó una carcajada triunfal.
—;Qué quieres hacer hoy?
Respondí con otra risa.
¬°Cualquier cosa!
¡Qué estupendo era ser libre!