13 - Tyrion

Hab√≠an salido de Invernalia el mismo d√≠a que el rey, en medio de la confusi√≥n causada por la partida real, acompa√Īados por los gritos de los hombres, el relinchar de los caballos, el traqueteo de los carromatos y los chirridos de la enorme casa con ruedas de la reina. Ca√≠a una ligera nevada. El camino real estaba poco m√°s all√° del castillo y la ciudad. En aquel punto los banderizos, los carromatos y las columnas de caballeros y jinetes libres se dirigieron hacia el sur llev√°ndose con ellos el tumulto, mientras que Tyrion se encamin√≥ hacia el norte con Benjen Stark y su sobrino.
Después de aquello todo fue más frío, y mucho, mucho más silencioso.
Al oeste del camino quedaban los riscos de pedernal, grises y escarpados, con altas torres de vigilancia en las cimas. Hacia el este el terreno descend√≠a hasta convertirse en una llanura ondulada que se extend√≠a hasta perderse de vista. Vieron puentes de piedra que salvaban riachuelos de aguas turbulentas, y peque√Īas granjas que formaban c√≠rculos en torno a modestas fortalezas con cercas de madera y piedra. El camino estaba muy concurrido, y por la noche pod√≠an acomodarse en las rudimentarias posadas que lo bordeaban.
Pero, a tres d√≠as de marcha de Invernalia, las granjas dejaban paso a bosques densos, y cada vez se encontraban con menos viajeros en el camino real. Los riscos de pedernal se hac√≠an m√°s altos y escabrosos a medida que avanzaban, y al quinto d√≠a eran ya verdaderas monta√Īas, fr√≠os gigantes color gris azulado con promontorios dentados y cumbres nevadas. Cuando soplaba el viento del norte, de los altos picos se alzaban penachos de cristales de hielo que ondeaban como estandartes.
El camino, siempre flanqueado al oeste por las monta√Īas, discurr√≠a hacia el norte y hacia el noroeste a trav√©s de un bosque, una densa extensi√≥n de robles, alm√°cigos y brezo negro, que parec√≠a m√°s antiguo y m√°s oscuro que ninguno de los que Tyrion hab√≠a visto en la vida. Benjen Stark le dijo que era el Bosque de los Lobos; era cierto, en las noches parec√≠a cobrar vida con los aullidos de manadas lejanas, y los de otras no tan lejanas. El lobo huargo albino de Jon Nieve alzaba las orejas ante aquel coro nocturno, pero no se uni√≥ a √©l nunca. En opini√≥n de Tyrion, aquel animal ten√≠a algo inquietante.
Para entonces el grupo era de ocho miembros, sin contar al lobo. Tyrion viajaba con dos de sus hombres, como correspond√≠a a un Lannister. Benjen Stark iba s√≥lo con su sobrino bastardo y unos cuantos caballos de refresco para la Guardia de la Noche, pero en las lindes del Bosque de los Lobos pasaron una noche tras la cerca de madera de un refugio forestal, y all√≠ se les uni√≥ otro de los hermanos negros, un tal Yoren. Era un hombre siniestro, cargado de espaldas, con los rasgos ocultos tras una barba tan negra como sus ropas, parec√≠a tan recio como una ra√≠z vieja y tan duro como una roca. Lo acompa√Īaban dos chicos desharrapados, unos campesinos de los Dedos.
—Violadores —dijo Yoren, dedicando una mirada fría a sus custodios.
Tyrion lo comprendió al momento. Se decía que la vida era dura en el Muro, pero sin duda era mejor que la castración.
Cinco hombres, tres muchachos, un lobo huargo, veinte caballos y una jaula de cuervos que el maestre Luwin hab√≠a entregado a Benjen Stark. Sin duda era un grupo extra√Īo para el camino real, o para cualquier camino.
Tyrion se fij√≥ en que Jon Nieve miraba a Yoren y a sus hoscos acompa√Īantes con una expresi√≥n extra√Īa en el rostro, demasiado parecida al abatimiento. Yoren ten√≠a la espalda deforme y ol√≠a mal, ten√≠a piojos en el pelo y la barba, llevaba ropas viejas y remendadas, y rara vez se lavaba. Los dos reclutas j√≥venes ol√≠an a√ļn peor; parec√≠an tan est√ļpidos como crueles eran.
Sin duda el muchacho hab√≠a cometido el error de pensar que la Guardia de la Noche estaba compuesta de hombres como su t√≠o. Si era as√≠, Yoren y sus acompa√Īantes hab√≠an supuesto para √©l un duro despertar. Tyrion compadeci√≥ a Jon. Hab√≠a elegido una vida dif√≠cil... o quiz√° ser√≠a m√°s correcto decir que le hab√≠an elegido una vida dif√≠cil.
El tío de Jon no despertaba en él la misma simpatía. Por lo visto Benjen Stark compartía con su hermano la animadversión contra los Lannister, y no se alegró en absoluto cuando Tyrion le comunicó sus intenciones.
—No hay posadas en el Muro, Lannister, te lo advierto —le había dicho mirándolo desde toda su altura.
¬óEstoy convencido de que encontrar√°s alg√ļn lugar donde meterme ¬ófue la r√©plica de Tyrion¬ó. No s√© si te habr√°s dado cuenta, pero soy muy peque√Īo.
Por supuesto, al hermano de la reina nadie le negaba nada, así que el asunto quedó zanjado, pero a Stark no le hizo la menor gracia.
—No vas a disfrutar con el viaje, te lo garantizo —amenazó en su momento.
Y desde que se pusieron en marcha había hecho todo lo posible por cumplir aquella promesa.
Al final de la primera semana Tyrion ten√≠a los muslos en carne viva de tanto cabalgar, sent√≠a calambres atroces en las piernas y estaba helado hasta los huesos. Pero en ning√ļn momento se quej√≥. Antes la muerte que dar aquella satisfacci√≥n a Benjen Stark.
Saboreó un atisbo de venganza con el asunto de sus ropas de montar, unas pieles de oso andrajosas, viejas y malolientes. Stark se las había ofrecido en un alarde de la galantería propia de la Guardia de la Noche, esperando sin duda que él las rechazara elegantemente. Tyrion las aceptó con una sonrisa. Cuando salieron de Invernalia llevaba las ropas más abrigadas que tenía, y pronto descubrió que eran del todo insuficientes. Allí arriba hacía frío, mucho frío, cada vez más. Por las noches las temperaturas descendían muy por debajo del punto de congelación, y cuando soplaba el viento era como un cuchillo que cortara sus mejores ropajes de lana. Sin duda Stark lamentaba ya su impulso caballeroso. Quizá hubiera aprendido la lección. Los Lannister no rechazaban nada, ni elegantemente ni de ninguna manera. Los Lannister aceptaban todo lo que se les ofrecía.
A medida que avanzaban hacia el norte las granjas y los refugios eran cada vez m√°s escasos y peque√Īos, y estaban m√°s adentrados en el Bosque de los Lobos, hasta que al final ya no les quedaron m√°s techos bajo los que cobijarse; a partir de all√≠ s√≥lo podr√≠an contar con sus recursos.
Tyrion no serv√≠a de gran cosa a la hora de montar ni de levantar un campamento; demasiado peque√Īo, demasiado cojo, siempre estorbando. As√≠ que, mientras Stark, Yoren y los dem√°s hombres erig√≠an refugios rudimentarios, se ocupaban de los caballos y encend√≠an una hoguera, adopt√≥ la costumbre de coger sus pieles y un odre, y alejarse de todos para leer.
En la decimoctava noche de viaje, el vino era dulce y ambarino, una delicia poco com√ļn de las Islas del Verano que hab√≠a llevado consigo todo el trayecto desde Roca Casterly, y el libro, una reflexi√≥n sobre la historia y caracter√≠sticas de los dragones. Lord Eddard Stark le hab√≠a dado permiso para llevarse prestados unos cuantos vol√ļmenes de la biblioteca de Invernalia, que eran aut√©nticas rarezas, y Tyrion los hab√≠a cogido para su viaje hacia el norte.
Encontr√≥ un lugar c√≥modo lejos del ruido del campamento, junto a un arroyo de aguas r√°pidas, tan transparentes y fr√≠as como el hielo. Se refugi√≥ del viento cortante tras un roble viejo y retorcido, se arrebuj√≥ en las pieles con la espalda apoyada contra el tronco, bebi√≥ un sorbo de vino y empez√≥ a leer acerca de las propiedades del huesodrag√≥n. ¬ęEl color negro del huesodrag√≥n se debe a su alto contenido en hierro ¬ó le inform√≥ el libro¬ó. Es fuerte como el acero, pero m√°s ligero y mucho m√°s flexible, y por supuesto completamente incombustible. Los dothrakis valoran en sobremanera los arcos de huesodrag√≥n, y no es de extra√Īar. Estos arcos tienen un alcance muy superior a los de madera.¬Ľ
Tyrion sent√≠a una fascinaci√≥n morbosa por los dragones. La primera vez que fue a Desembarco del Rey, para asistir al matrimonio de su hermana con Robert Baratheon, se hab√≠a propuesto buscar los cr√°neos de drag√≥n que hab√≠an decorado los muros de la sala del trono en tiempos de los Targaryen. El rey Robert los hab√≠a sustituido por estandartes y tapices, pero Tyrion porfi√≥ en su empe√Īo hasta que encontr√≥ los cr√°neos en el s√≥tano h√ļmedo donde los ten√≠an almacenados.
Hab√≠a esperado toparse con algo impresionante, quiz√° incluso aterrador, no que fueran hermosos. Y lo eran. Negros como el √≥nice, tan lustrosos que parec√≠an resplandecer a la luz de la antorcha. Tyrion presinti√≥ que les gustaba el fuego. Meti√≥ la antorcha entre las fauces de uno de los cr√°neos m√°s grandes, y las sombras saltaron y danzaron en el muro, tras √©l. Los dientes eran cuchillos largos y curvos de diamante negro. La llama de la antorcha no era nada para ellos, se hab√≠an ba√Īado en el calor de llamas mucho m√°s intensas. Cuando se alej√≥, Tyrion habr√≠a jurado que las cuencas vac√≠as de los ojos de la bestia lo segu√≠an.
Hab√≠a diecinueve cr√°neos. El m√°s viejo ten√≠a tres mil a√Īos, el m√°s joven apenas siglo y medio. Los recientes eran los m√°s peque√Īos; hab√≠a una pareja, no mucho m√°s grandes que cr√°neos de mast√≠n, con extra√Īas malformaciones. Le recordaron a los dos √ļltimos cachorros nacidos en Rocadrag√≥n. Eran los √ļltimos de los dragones de los Targaryen, quiz√° los √ļltimos del mundo, y no hab√≠an sobrevivido mucho tiempo.
Los dem√°s cr√°neos iban aumentando de tama√Īo hasta llegar a los tres grandes monstruos de las canciones y las leyendas, los dragones que Aegon Targaryen y sus hermanas hab√≠an liberado en los Siete Reinos de anta√Īo. Los bardos les hab√≠an dado nombres de dioses: Balerion, Meraxes y Vhaghar. En aquel s√≥tano, Tyrion se situ√≥ entre sus fauces abiertas, mudo de admiraci√≥n. Un guerrero podr√≠a haber entrado a caballo por el gaznate de Vhaghar, aunque no le habr√≠a sido tan f√°cil salir. Meraxes era a√ļn m√°s grande. Y el mayor de todos, Balerion, el Terror Negro, podr√≠a haber engullido un uro entero, o incluso uno de los mamuts lanudos que, seg√ļn se dec√≠a, vagaban por las fr√≠as llanuras m√°s all√° del Puerto de Ibben.
Tyrion pas√≥ un largo rato en el s√≥tano h√ļmedo mientras se le consum√≠a la antorcha, contemplando el enorme cr√°neo de ojos vac√≠os de Balerion, tratando de aprehender el tama√Īo del animal cuando viv√≠a, de imaginar c√≥mo habr√≠a sido cuando desplegaba las grandes alas negras y surcaba los cielos, respirando fuego.
Un antepasado lejano de su familia, el rey Loren de la Roca, intent√≥ enfrentarse al fuego cuando uni√≥ fuerzas con el rey Mern del Dominio para oponerse a la conquista de Targaryen. Hab√≠an pasado casi trescientos a√Īos desde aquellos tiempos en que los Siete Reinos eran reinos de verdad, y no simples provincias de un reino mucho m√°s grande. Entre los dos reyes reun√≠an seiscientos banderizos, cinco mil caballeros con sus monturas, y cincuenta mil jinetes libres y soldados. Seg√ļn las cr√≥nicas, las fuerzas de Aegon Lordrag√≥n eran menos de una quinta parte, y en su mayor√≠a se compon√≠an de soldados reclutados entre las filas del √ļltimo rey que hab√≠a asesinado, con lo que su lealtad era m√°s que dudosa.
Las huestes chocaron en las amplias llanuras del Dominio, en medio de campos dorados de trigo listo para la cosecha. Cuando los dos reyes iniciaron la carga, el ejército de Targaryen se estremeció y huyó en desbandada. Los cronistas escribieron que, durante unos momentos, aquello fue el fin de la conquista... pero sólo durante esos pocos momentos, antes de que Aegon Targaryen y sus hermanas entraran en combate.
Fue la √ļnica ocasi√≥n en que liberaron a Vhaghar, a Meraxes y a Balerion a la vez. Los bardos lo llamaron ¬ęLlanura de Fuego¬Ľ.
Aquel día ardieron casi cuatro mil hombres, entre ellos el rey Mern del Dominio. El rey Loren consiguió escapar, y vivió lo suficiente para rendirse, jurar fidelidad a los Targaryen y engendrar un hijo, cosa por la que Tyrion le estaba muy agradecido.
¬ó¬ŅPor qu√© lees tanto?
Tyrion alzó la vista al oír aquella voz. Jon Nieve estaba a poca distancia de él y lo miraba con curiosidad. Cerró el libro, dejando dentro el dedo para marcar la página.
—Mírame bien y dime qué ves.
¬ó¬ŅEs un truco o qu√©? ¬óEl chico le lanz√≥ una mirada desconfiada¬ó. Te veo a ti, Tyrion Lannister.
¬óPara ser un bastardo est√°s muy bien educado, Nieve ¬ódijo Tyrion con un suspiro¬ó. Lo que ves es un enano. ¬ŅQu√© edad tienes, doce a√Īos?
¬óCatorce ¬ódijo el chico.
¬óCatorce, y eres m√°s alto de lo que yo ser√© en la vida. Tengo las piernas cortas y retorcidas, y me cuesta caminar. Necesito una silla de montar especial para no caerme del caballo. Por cierto, la dise√Ī√© yo mismo, ya que hablamos del tema. Ten√≠a que elegir entre eso o ir en poni. Tengo fuerza en los brazos, pero tambi√©n son cortos. Nunca ser√© un espadach√≠n. Si hubiera nacido en una familia de campesinos seguramente me habr√≠an abandonado a la intemperie para que muriera, o me habr√≠an vendido como monstruo de feria. Pero soy un Lannister de Roca Casterly, y eso que se perdieron las ferias. Se esperan cosas de m√≠. Mi padre fue Mano del Rey veinte a√Īos. Despu√©s resulta que mi hermano mat√≥ a ese mismo rey, iron√≠as de la vida. Mi hermana se cas√≥ con el nuevo rey, y ese odioso sobrino que tengo ser√° rey tras su muerte. Debo hacer algo por el honor de mi casa, ¬Ņno te parece? Pero, ¬Ņqu√©? Puede que tenga las piernas cortas en relaci√≥n con mi cuerpo, pero la cabeza la tengo demasiado grande, aunque yo prefiero pensar que es del tama√Īo adecuado para mi mente. Tengo una idea bastante precisa de cu√°les son mis puntos fuertes y mis puntos d√©biles. Mi mejor arma est√° en el cerebro. Mi hermano tiene su espada, el rey Robert tiene su maza, y yo tengo mi mente... Pero una mente necesita de los libros igual que una espada de una piedra de amolar, para conservar el filo. ¬ó Tyrion dio un golpecito a la tapa de cuero del libro¬ó. Por eso leo tanto, Jon Nieve.
El chico absorbió la información en silencio. No tenía el apellido de los Stark, pero sí el rostro: alargado, solemne, cauteloso, un rostro que no delataba nada. Fuera quien fuera su madre, no había dejado gran cosa en su hijo.
¬ó¬ŅDe qu√© trata ese libro? ¬ópregunt√≥.
¬óDe dragones.
¬ó¬ŅY para qu√© te sirve? Ya no existen ¬ódijo el chico, con la inmensa seguridad que da la juventud.
¬óEso dice la gente ¬óreplic√≥ Tyrion¬ó. Qu√© pena, ¬Ņno? Cuando yo era de tu edad so√Īaba con tener un drag√≥n para m√≠ solo.
¬ó¬ŅDe verdad? ¬óinquiri√≥ Jon, desconfiado. Quiz√° pensara que Tyrion se estaba burlando de √©l.
¬óDe verdad. Hasta un ni√Īo feo y deforme puede mirar el mundo desde arriba si va a lomos de un drag√≥n. ¬óTyrion apart√≥ a un lado las pieles de oso y se puso en pie¬ó. A veces encend√≠a hogueras en las entra√Īas de Roca Casterly, y me pasaba las horas contemplando las llamas, haciendo como si fueran fuegodrag√≥n. A veces me imaginaba que mi padre ard√≠a en ellas. Otras, que era mi hermana. ¬óJon Nieve lo miraba tan horrorizado como fascinado. Tyrion se ech√≥ a re√≠r a carcajadas¬ó. No pongas esa cara, bastardo. Yo s√© tu secreto. Tienes los mismos sue√Īos.
—No —se espantó Jon—. Yo jamás...
¬ó¬ŅNo? ¬ŅNunca? ¬óTyrion arque√≥ las cejas¬ó. Vaya, me imagino que los Stark han sido muy, pero que muy buenos contigo. Seguro que Lady Stark te trata como si fueras hijo suyo. Y en cuanto a tu hermano Robb, siempre ha sido cari√Īoso contigo, ¬Ņpor qu√© no? √Čl se quedar√° con Invernalia, y t√ļ con el Muro. En lo que respecta a tu padre... bueno, seguro que ha tenido excelentes motivos para despacharte a la Guardia de la Noche...
—Basta ya —dijo Jon Nieve, con el rostro contraído por la rabia—. ¡La Guardia de la Noche es una vocación muy noble!
¬óEres demasiado listo para creerte semejante cosa ¬ódijo Tyrion despu√©s de re√≠rse¬ó. La Guardia es un pudridero para los inadaptados de todo el reino. Ya he visto c√≥mo mirabas a Yoren y a sus pupilos. √Čsos son tus nuevos hermanos, Jon Nieve, ¬Ņte gustan? Campesinos hoscos, deudores, cazadores furtivos, violadores, ladrones y bastardos como t√ļ. Todos acab√°is en el Muro, vigilando por si aparecen grumkins, snarks y todos los monstruos con los que te asustaba tu ama de cr√≠a. Lo bueno es que los grumkins y los snarks no existen, as√≠ que como trabajo no es muy peligroso. Lo malo es que se te congelar√°n los huevos, pero como de todos modos no te dejan tener hijos tampoco importa mucho.
¬ó¬°Basta ya! ¬óchill√≥ el chico. Dio un paso hacia adelante con los pu√Īos apretados, al borde de las l√°grimas.
De pronto, sin motivo, Tyrion se sintió culpable. Se adelantó para dar al chico una palmadita en la espalda, o murmurar alguna disculpa.
No vio al lobo, no supo d√≥nde estaba ni c√≥mo lleg√≥ hasta √©l. En un momento dado estaba avanzando hacia Nieve, y al siguiente se encontraba tendido de espaldas contra el suelo de roca dura, el libro se le hab√≠a ca√≠do de las manos, el impacto lo hab√≠a dejado sin aliento y ten√≠a la boca llena de tierra, sangre y hojas podridas. Cuando trat√≥ de levantarse sinti√≥ un doloroso calambre en la espalda. Se hab√≠a hecho da√Īo en la ca√≠da. Apret√≥ los dientes frustrado, se agarr√≥ a una ra√≠z y se incorpor√≥. Tendi√≥ una mano hacia el chico.
¬óAy√ļdame ¬ópidi√≥. Y de pronto el lobo estaba entre ellos. No gru√Ī√≥. Aquel animal del infierno nunca emit√≠a el menor sonido. Se limit√≥ a mirarlo con sus brillantes ojos rojos y a ense√Īarle los colmillos, cosa que fue m√°s que suficiente. Tyrion volvi√≥ a dejarse caer al suelo con un quejido¬ó. Pues no me ayudes. Me quedar√© aqu√≠ hasta que os vay√°is.
—Pídemelo con educación. —Jon acarició el espeso pelaje blanco de Fantasma. Ahora sonreía.
Tyrion Lannister sinti√≥ que la rabia herv√≠a en su interior, y la domin√≥ a fuerza de voluntad. No era la primera vez que lo humillaban, y tampoco ser√≠a la √ļltima. Y quiz√° en aquella ocasi√≥n se lo merec√≠a.
—Estaría muy agradecido si me prestaras tu ayuda, Jon —dijo con voz dócil.
¬óAl suelo, Fantasma ¬ódijo el chico.
El lobo huargo se sentó sobre sus cuartos traseros. Los ojos rojos no se apartaron ni por un momento de Tyrion. Jon dio la vuelta para situarse tras él, le deslizó las manos por debajo de los brazos y lo levantó sin esfuerzo. Luego recogió el libro y se lo devolvió.
¬ó¬ŅPor qu√© me ha atacado? ¬ópregunt√≥ Tyrion despu√©s de mirar de soslayo al lobo huargo y limpiarse la sangre de la boca con el dorso de la mano.
¬óA lo mejor ha pensado que eras un grumkin.
Tyrion le lanzó una mirada agria. Luego se echó a reír, con un bufido de diversión que le salió por la nariz sin que pudiera hacer nada por evitarlo.
¬óOh, dioses ¬ódijo entre carcajadas entrecortadas¬ó. S√≠, me imagino que tengo pinta de grumkin. ¬ŅQu√© har√° entonces con los snarks?
¬óMejor que no lo sepas.
Jon recogió el odre y se lo tendió. Tyrion quitó el tapón, echó la cabeza hacia atrás, apretó el odre y bebió un largo trago. El vino fue como un fuego fresco que le bajó por la garganta y le calentó el estómago. Luego se lo tendió a Jon Nieve.
¬ó¬ŅQuieres?
¬óEs verdad, ¬Ņno? ¬ódijo el chico tras aceptarlo y beber un sorbo con cautela¬ó. Lo que me has dicho de la Guardia de la Noche es cierto. ¬óTyrion asinti√≥. Jon Nieve apret√≥ los labios¬ó. Pues si es as√≠, que as√≠ sea ¬ódijo al final.
—Muy bien, bastardo —dijo el hombre sonriéndole—. Casi todos los hombres prefieren negar la verdad antes que enfrentarse a ella.
—Casi todos —repitió Jon—. Pero no es tu caso.
¬óNo ¬óadmiti√≥ Tyrion¬ó. No es mi caso. Ya no acostumbro a so√Īar con dragones. Los dragones no existen. ¬óRecogi√≥ las pieles de oso¬ó. Vamos, tenemos que estar de vuelta en el campamento antes de que tu t√≠o convoque a los banderizos.
El campamento no estaba lejos, pero el terreno era irregular y, cuando llegaron, tenía calambres en las piernas. Jon Nieve le tendió la mano para ayudarlo a salvar unas raíces protuberantes, pero Tyrion lo rechazó. Se iba a abrir camino por sus medios, como había hecho toda la vida. Aun así, se alegró de llegar al campamento. Las tiendas ya estaban alzadas contra el muro de un refugio que llevaba mucho tiempo abandonado y ahora les servía como escudo contra el viento. Los caballos estaban atendidos y la hoguera encendida. Yoren se había sentado en una piedra para despellejar una ardilla. El olor delicioso del guiso inundó las fosas nasales de Tyrion. Llegó como pudo hasta donde Morrec, su criado, removía el caldero. Morrec le tendió el cucharón sin decir palabra. Tyrion lo probó y se lo devolvió.
¬óM√°s pimienta ¬ódijo.
—Ah, ya estás aquí —dijo Benjen Stark saliendo de la tienda que compartía con su sobrino—. No vuelvas a alejarte sólo, Jon. Pensé que los Otros te habían cogido.
¬óFueron los grumkins ¬óle dijo Tyrion con una carcajada.
Jon Nieve sonri√≥. Stark mir√≥ a Yoren, desconcertado. El viejo gru√Ī√≥, se encogi√≥ de hombros y volvi√≥ a su sangrienta labor.
La ardilla dio algo de sustancia al guiso, y aquella noche lo comieron junto a la hoguera, acompa√Īado de pan de centeno y queso duro. Tyrion pas√≥ de mano en mano su odre de vino hasta que incluso Yoren se suaviz√≥. Uno a uno, se fueron retirando a las tiendas para dormir, todos menos Jon Nieve, a quien hab√≠a correspondido el primer turno de guardia.
Tyrion fue el √ļltimo en retirarse, como siempre. Antes de entrar en la tienda que sus hombres le hab√≠an alzado se detuvo un instante y mir√≥ hacia atr√°s, en direcci√≥n a Jon Nieve. El chico estaba de pie junto a la hoguera, con el rostro imperturbable y tenso y la mirada fija en las llamas.
Tyrion Lannister sonrió con tristeza y fue a acostarse.