4 - Naturalezas

Solo quedaban unas pocas semanas para la graduaci√≥n, pero me preguntaba si no era un poco est√ļpido quedarme sentada, d√©bil y apetecible, esperando el pr√≥ximo desastre. Parec√≠a demasiado peligroso continuar siendo humana, como si estuviera atrayendo conscientemente peligro. Una persona con mi suerte deb√≠a ser un poquito menos vulnerable.
Pero nadie me escucharía.
Carlisle había dicho:
¬óSomos siete, Bella, y con Alice de nuestro lado, dudo que Victoria nos pueda sorprender con la guardia baja. Pienso que es importante, por el bien de Charlie, que nos atengamos al plan original.
Ksme había apostillado:
—No dejaremos nunca que te pase nada malo, cielo. Ya lo sabes. Por favor, no te pongas nerviosa —y luego me había besado en la frente.
Emmett había continuado:
—Estoy muy contento de que Edward no te haya matado. Todo es mucho más divertido contigo por aquí.
Rosalie le había mirado con cara de pocos amigos.
Alice había puesto los ojos en blanco para luego agregar:
¬óMe siento ofendida. ¬ŅVerdad que no est√°s preocupada por esto? ¬Ņa que no?
¬óSi no era para tanto, entonces, ¬Ņpor qu√© me llev√≥ Edward a Florida? ¬óinquir√≠.
¬óPero ¬Ņno te has dado cuenta todav√≠a, Bella, de que Edward es un poquito dado a reaccionar de forma exagerada?
Jasper, silenciosamente, había borrado todo el pánico y la tensión de mi cuerpo con su curiosa habilidad para controlar las atmósferas emocionales. Me sentí más tranquila y los dejé convencerme de lo innecesario de mi desesperada petición.
Pero claro, toda esa calma desapareció en el momento en que Edward y yo salimos de la habitación.
Así que el acuerdo consistía en que lo mejor que podía hacer era olvidarme de que un vampiro desquiciado quería cazarme para matarme. Y ocuparme de mis asuntos.
Y lo intenté. Y de modo sorprendente, había otras cosas casi tan estresantes en las que concentrarse como mi rango dentro de la lista de especies amenazadas...
Porque la respuesta de Edward había sido la más frustrante de todas.
¬óEso es algo entre t√ļ y Carlisle ¬óhab√≠a dicho¬ó. Claro, que yo estar√≠a encantado de que fuera algo entre t√ļ y yo en cualquier momento que quisieras, pero ya conoces mi condici√≥n ¬óy sonri√≥ angelicalmente.
Agh. Claro que sabía en qué consistía su condición. Edward me había prometido que sería él mismo quien me convirtiera cuando yo quisiera... siempre que me casara con él primero.
Algunas veces me preguntaba si s√≥lo simulaba la incapacidad de leerme la mente. ¬ŅC√≥mo hab√≠a llegado a encontrar la √ļnica condici√≥n que tendr√≠a problemas en aceptar? El requisito preciso que me obligar√≠a a tomarme las cosas con m√°s calma.
Habia sido una semana malísima en su conjunto, y aquel día, el pero de todos
Siempre eran días malos cuando se ausentaba Edward. Alice no habia visto nada fuera de lo habitual ese fin de semana, por lo que insistí en que aprovechara la oportunidad para irse con sus hermanos de cacería. Sabía cuánto le aburría cazar las presas cercanas, tan fáciles.
—Ve y diviértete —le insté—. Caza unos cuantos pumas por mí.
Jamas admitiría en su presencia lo mal que sobrellevaba la separación, ya que de nuevo volvían las pesadillas de la época del abandono. Si él lo hubiera sabido, le habría hecho sentirse fatal y le hubiera dado miedo dejarme, incluso aunque fuera por la más necesaria de las razones. Así había sido al principio, cuando represamos de Italia. Sus ojos dorados se habían tornado negros y sufría por culpa de la sed más de lo normal. Por eso, ponía cara de valiente y hacía de todo, salvo sacarle a patadas de la casa, cada vez que Emmett y Jasper querían marcharse.
Sin embargo, a veces me daba la sensaci√≥n de que ve√≠a dentro de m√≠. Al menos un poco. Esa ma√Īana hab√≠a encontrado una nota en mi almohada.
Volveré tan pronto que no tendrás tiempo de echarme de menos. Cuida de mi corazón… lo he dejado contigo.
As√≠ que ahora ten√≠a todo un s√°bado entero sin nada que hacer salvo mi turno de la ma√Īana en la tienda de ropa Newton's Olympie para distraerme. Y claro, esa promesa tan reconfortante de Alice.
—Cazaré cerca de aquí. Si me necesitas, estoy sólo a quince minutos. Estaré pendiente por si hay problemas.
Traducción: no intentes nada divertido sólo porque no esté Edward.
Ciertamente, Alice era tan capaz de fastidiarme el coche como Edward.
Intent√© mirarlo por el lado positivo. Despu√©s del trabajo, hab√≠a hecho planes con Angela para ayudarle con sus tarjetas de graduaci√≥n, de modo que estar√≠a distra√≠da. Y Charlie estaba de un humor excelente debido a la ausencia de mi novio, as√≠ que conven√≠a disfrutar de esto mientras durara. Alice pasar√≠a la noche conmigo si yo me sent√≠a tan pat√©tica como para ped√≠rselo, y ma√Īana Edward ya estar√≠a de vuelta. Sobrevivir√≠a.
No quería llegar a trabajar ridiculamente temprano, y me tomé el desayuno masticando muy despacio cada cucharada de cereales Cheerio. Entonces, una vez que hube lavado los platos, coloqué los imanes del frigorífico en una línea perfecta. Quizás estuviera desarrollando un trastorno obsesivo-compulsivo.
Los √ļltimos dos imanes, un par de utilitarias piezas redondas y negras, que eran mis favoritas porque pod√≠an sujetar diez hojas de papel en el frigor√≠fico, no quer√≠an cooperar con mi fijaci√≥n. Ten√≠an polaridades inversas; cada vez que intentaba ponerlas en fila, al colocar la √ļltima, la otra saltaba fuera de su sitio.
Por alg√ļn motivo una man√≠a en ciernes, quiz√° , eso me sacaba de quicio. ¬ŅPor qu√© no pod√≠an comportarse como es debido? De una forma tan est√ļpida como terca, continu√© aline√°ndolas como si esperase una repentina rendici√≥n. Podr√≠a haber puesto una m√°s arriba, pero sent√≠a que eso equival√≠a a perder. Finalmente, m√°s desesperada por mi comportamiento que por los imanes, los cog√≠ del frigor√≠fico y los sostuve juntos, uno en cada mano. Me cost√≥ un poco, ya que eran lo bastante fuertes como para presentar batalla, pero consegu√≠ que coexistieran uno al lado del otro.
¬óYa veis ¬óesto de hablarle a los objetos inanimados no pod√≠a ser s√≠ntoma de nada bueno¬ó. Tampoco es tan malo, ¬Ņa que no?
Permanec√≠ all√≠ quieta durante un segundo, incapaz de admitir que no estaba teniendo ning√ļn √©xito a largo plazo contra los principios cient√≠ficos. Entonces, con un suspiro, volv√≠ a colocar los imanes en el frigor√≠fico, a un palmo de distancia.
—No hay necesidad de ser tan inflexible —murmuré.
Todavía era muy temprano, pero decidí que lo mejor sería salir de la casa antes de que los objetos inanimados comenzaran a contestarme.
Cuando llegué a Newtons Olympic, Mike pasaba la mopa de forma metódica por los pasillos mientras su madre acondicionaba un nuevo escaparate en el mostrador. Los pillé en mitad de una disputa, aunque no se dieron cuenta de mi llegada.
¬óPero es el √ļnico momento en que Tyler puede ir ¬óse quejaba Mike¬ó. Dijiste que despu√©s de la graduaci√≥n...
¬óPues vais a tener que esperar ¬órepuso la se√Īora Newton con brusquedad¬ó. Tyler y t√ļ ya pod√©is empezar a pensar en otra cosa. No vas a ir a Seattle hasta que la polic√≠a solucione lo que esta pasando, sea lo que sea. Ya s√© que Betty Crowley le ha dicho lo mismo aTyler, as√≠ que no me vengas con que yo soy la mala de la pel√≠cula. Oh, buenos d√≠as, Bella ¬óme dijo cuando se dio cuenta de que hab√≠a entrado, alegrando su tono r√°pidamente¬ó. Has llegado temprano.
Karen Newton era la √ļltima persona que podr√≠as imaginar trabajando en un establecimiento de prendas deportivas al aire libre. Llevaba su pelo rubio perfectamente mechado y recogido en un elegante mo√Īo bajo a la altura de la nuca, las u√Īas de las manos pintadas por un profesional, lo mismo que las de los pies, visibles a trav√©s de sus altos tacones de tiras que no se parec√≠an en nada a lo que los Newton ofrec√≠an en el largo estante de las botas de monta√Īa.
¬óApenas hab√≠a tr√°fico ¬óbrome√© mientras cog√≠a la horrible camiseta naranja fluorescente de debajo del mostrador. Me sorprend√≠a que la se√Īora Newton estuviera tan preocupada por lo de Seattle como Charlie. Pens√© que era s√≥lo √©l quien se lo hab√≠a tomado a la tremenda.
¬óEsto... eh...
La se√Īora Newton dud√≥ por un momento, jugueteando inc√≥moda con el paquete de folletos publicitarios que estaba colocando al lado de la caja registradora.
Ya tenía una mano sobre la camiseta pero me detuve. Conocía esa mirada.
Cuando les hice saber a los Newton que no trabajar√≠a all√≠ ese verano, dej√°ndolos de este modo plantados en la estaci√≥n con m√°s trabajo, comenzaron a ense√Īar a Katie Marshall para que ocupara mi lugar. Realmente no pod√≠an permitirse mantener los sueldos de las dos a la vez, as√≠ que cuando se ve√≠a que iba a ser un d√≠a tranquilo...
¬óTe iba a llamar ¬ócontinu√≥ la se√Īora Newton¬ó. No creo que vayamos a tener hoy mucho trabajo. Creo que podremos apa√Īarnos entre Mike y yo. Siento que te hayas tenido que levantar y conducir hasta aqu√≠.
En un día normal, este giro de los acontecimientos me habría hecho entrar en éxtasis, pero hoy... no tanto.
¬óVale ¬ósuspir√©. Se me hundieron los hombros. ¬ŅQu√© iba a hacer ahora?
¬óEso no est√° bien, mam√° ¬órepuso Mike¬ó. Si Bella quiere trabajar...
¬óNo, no pasa nada, se√Īora Newton. De verdad, Mike. Tengo examenes finales para los que debo estudiar y otras cosas... ¬óno quer√≠a ser una fuente de discordia familiar cuando ya les hab√≠a sorprendido discutiendo.
¬óGracias, Bella. Mike, te has saltado el pasillo cuatro. Esto, Bella ¬Ņno te importar√≠a tirar estos folletos en un contenedor cuando te vayas? Le dije a la chica que los dej√≥ aqu√≠ que los pondr√≠a en el mostrador, pero la verdad es que no tengo espacio.
¬óVale, sin problemas.
Guard√© la camiseta y me puse los folletos debajo del brazo, para salir de nuevo al exterior, donde lloviznaba. EI contenedor estaba al otro lado de Newton's Olympic, cerca de donde se supon√≠a que aparc√°bamos los empleados. Camin√© sin direcci√≥n precisa hacia all√°, enfurru√Īada, d√°ndole patadas a las piedras. Estaba a punto de tirar el paquete de brillantes papeles amarillos a la basura cuando capt√≥ mi inter√©s el t√≠tulo impreso en negrita en la parte superior. Fue una palabra en especial la que me IIam√≥ la atenci√≥n.
Cogí los papeles entre las dos manos mientras miraba la imagen bajo el título. Se me hizo un nudo en la garganta.
SALVEMOS AL LOBO DE LA PEN√ćNSULA OLYMPIC
Majo las palabra había un dibujo detallado de un lobo frente a un abeto, con la cabeza echada hacia atrás aullándole a la luna. Era una imagen desconcertante; algo en la postura quejosa del lobo le hacía parecer desamparado. Como si estuviera aullando de pena.
Y luego ech√© a correr hacia mi coche, con los folletos a√ļn sucios con firmeza en la mano.
Quince minutos, eso era cuanto tenía, pero bastaría. Sólo había quince minutos hasta La Push y seguramente cruzaría la frontera unos cuantos minutos antes de llegar al pueblo.
El coche arrancó sin ninguna dificultad.
Alice no podría estar viéndome hacer esto porque no lo había planeado. Una decisión repentina, ¡ésa era la clave!, y podría sacarle provecho si conseguía moverme con suficiente rapidez.
Con la prisa, arroj√© los papeles h√ļmedos al asiento del pasajero, donde se desparramaron en un brillante desorden, cien t√≠tulos en negrita, cien lobos negros aull√°ndole a la luna, recortados contra el fondo amarillo.
Iba a toda pastilla por la autopista mojada, con los limpiaparabrisas a tope y sin hacerle caso al rugido del viejo motor. Lo máximo que podía sacarle a mi coche eran unos noventa por hora y recé para que fuera suficiente.
No tenía idea de dónde estaba la frontera, pero empecé a sentirme más segura cuando pasé las primeras casas en las afueras de La Push. Seguro que esto era lo más lejos que se le permitía llegar a Alice.
La telefonearía cuando llegara a casa de Angela por la tarde, me dije para mis adentros, para hacerle saber que me encontraba bien. No había motivo para que se preocupara. No necesitaba enfadarse conmigo, porque Edward ya estaría suficientemente furioso por los dos a su regreso.
Mi coche iba ya resollando cuando chirriaron los frenos al parar frente a la familiar casa de color rojo desva√≠do. Se me volvi√≥ a hacer un nudo en la garganta al mirar aquel peque√Īo lugar que una vez hab√≠a sido mi refugio. Hab√≠a pasado tanto tiempo desde que hab√≠a estado aqu√≠.
Antes de que pudiera parar el motor, Jacob ya estaba en la puerta, con el rostro demudado por la sorpresa.
En el silencio repentino que se hizo después de que el rugido del motor se detuviera, oí su respiración entrecortada.
¬ó¬ŅBella?
¬ó¬°Hola, Jake!
—¡Bella! —gritó en respuesta y la sonrisa que había estado esperando atravesó su rostro como el sol en un día nublado. Los dientes relampaguearon contra su piel cobriza—. ¡No me lo puedo creer!
corri√≥ hacia el coche, me sac√≥ casi en volandas a trav√©s de la puerta abierta, y nos pusimos a saltar como ni√Īos.
¬ó¬ŅC√≥mo has llegado hasta aqu√≠?
¬ó¬°Me he escapado!
¬ó¬°Impresionante!
—¡Hola, Bella! —Billy impulsó su silla hacia la entrada para ver a qué se debía toda aquella conmoción.
¬ó¬°Hola, Bill...!
Y en ese momento me quedé sin aire. Jacob me había sepultado en un abrazo gigante, tan fuerte, que no podía respirar y me daba vueltas en círculo.
—¡Guau, es estupendo tenerte aquí!
—No puedo... respirar —jadeé.
√Čl se ri√≥ y me puso en el suelo.
¬óBienvenida de nuevo, Bella ¬óme dijo con una sonrisa.
Y el modo en que lo dijo me son√≥ como ¬ębienvenida a casa¬Ľ.
Empezamos a andar, demasiado nerviosos ante la perspectiva de quedarnos sentados dentro de la casa. Jacob iba prácticamente saltando mientras andaba y le tuve que recordar unas cuantas veces que yo no tenía piernas de tres metros.
Mientras camin√°bamos, sent√≠ c√≥mo me transformaba en otra versi√≥n de m√≠ misma, la que era cuando estaba con Jacob. Algo m√°s joven, y tambi√©n algo m√°s irresponsable. Alguien que har√≠a, en alguna ocasi√≥n, algo realmente est√ļpido sin motivo aparente.
Nuestra euforia duró los primeros temas de conversación que abordamos: qué estábamos haciendo, qué queríamos hacer, cuánto tiempo tenía y qué me había traído hasta allí. Cuando le conté lo del folleto del lobo, de forma vacilante, su risa ruidosa hizo eco entre los árboles.
Pero entonces, cuando paseábamos detrás de la tienda y atravesamos los matorrales espesos que bordeaban el extremo más lejano de la playa Primera, llegamos a las partes más difíciles de la conversación. Desde muy pronto tuvimos que hablar de las razones de nuestra larga separación y observé cómo el rostro de mi amigo se endurecía hasta formar la máscara amarga que ya me resultaba tan familiar.
¬óBueno, ¬Ņy de qu√© va esto en realidad? ¬óme pregunt√≥ Jacob, pateando un trozo de madera de deriva fuera de su camino con una fuerza excesiva. Salt√≥ sobre la arena y luego se estamp√≥ contra las rocas¬ó. O sea, que desde la √ļltima vez que... bueno, antes, ya sabes... ¬óluch√≥ para encontrar las palabras. Aspir√≥ un buen trago de aire y lo intent√≥ de nuevo¬ó. Lo que quiero decir es que... ¬Ņsimplemente todo ha vuelto al mismo lugar que antes de que √©l se fuera? ¬ŅSe lo has perdonado todo?
Yo también inspiré con fuerza.
—No había nada que disculpar.
Me habr√≠a gustado saltarme toda esta parte, las traiciones y las acusaciones, pero sab√≠a que ten√≠amos que hablar de todo esto antes de que fu√©ramos capaces de llegar a alg√ļn otro lado.
El rostro de Jacob se crispó como si acabara de chupar un limón.
—Desearía que Sam te hubiera tomado una foto cuando te encontramos aquella noche de septiembre. Sería la prueba A.
¬óNo estamos juzgando a nadie.
—Pues quizá deberíamos hacerlo.
¬óNi siquiera t√ļ le culpar√≠as por marcharse, si conocieras sus motivos.
Me miró fijamente durante unos instantes.
—Está bien —me retó con amargura—. Sorpréndeme.
Su hostilidad me caía encima, quemándome en carne viva. Me dolía que estuviera enfadado conmigo. Me recordó aquella tarde gris y deprimente, hacía mucho ya, cuando, cumpliendo órdenes de Sam, me dijo que no podíamos seguir siendo amigos. Me llevó un momento recobrar la compostura.
¬óEdward me dej√≥ el pasado oto√Īo porque pensaba que yo no deb√≠a salir con vampiros. Pens√≥ que ser√≠a mejor para m√≠ si √©l se marchaba.
Jacob tardó en reaccionar. Luchó consigo mismo durante unos minutos. Lo que fuera que tenía planeado decir, claramente, había dejado de tener sentido. Me alegraba de que no supiera lo que había precipitado la decisión de Edward. Me podía imaginar qué habría pensado de haber sabido que Jasper intentó matarme.
¬óPero volvi√≥, ¬Ņno? ¬ósusurr√≥ Jacob¬ó. Parece que le cuesta atenerse a sus propias decisiones.
—Si recuerdas bien, fui yo la que corrió tras él y le trajo de vuelta.
Jacob me miró con fijeza durante un momento y después me dio la espalda. Relajó el rostro y su voz se había vuelto más tranquila cuando volvió a hablar.
¬óEso es cierto, pero nunca supe la historia. ¬ŅQu√© fue lo que pas√≥?
Yo dudaba y me mordí el labio.
¬ó¬ŅEs un secreto? ¬ósu voz se torn√≥ burlona¬ó ¬ŅNo me lo puedes contar?
—No —contesté con brusquedad—. Además, es una historia realmente larga.
El sonrió con arrogancia, se giró y echó a caminar por la playa, esperando que le siguiera.
No tenía nada de gracioso estar con él si se iba a comportar de ese modo. Le seguí de manera automática, sin saber si no sería mejor dar media vuelta y dejarle. Aunque tendría que enfrentarme con Alice cuando regresara a casa... Así que pensándolo bien, en realidad no tenía tanta prisa.
Jacob lleg√≥ hasta un enorme y familiar tronco de madera, un √°rbol entero con sus ra√≠ces y todo, blanqueado y profundamente hundido en la arena; de alg√ļn modo, era nuestro √°rbol.
Se sentó en aquel banco natural y dio unas palmaditas en el sitio que había a su lado.
¬óNo me importa que las historias sean largas. ¬ŅHay algo de acci√≥n?
Puse los ojos en blanco mientras me sentaba a su lado.
—La hay —concedí.
—No puede haber miedo de verdad si no hay un poco de acción.
¬ó¬°Miedo! ¬óme burl√©¬ó. ¬ŅVas a escuchar o te vas a pasar todo el rato interrumpi√©ndome para hacer comentarios groseros sobre mis amigos?
Hizo como que se cerraba los labios con llave y luego como que tiraba la llave invisible sobre su hombro. Intenté no sonreír, pero no lo conseguí.
¬óTengo que empezar con cosas que pasaron cuando t√ļ estabas ¬ódecid√≠ mientras intentaba organizar las historias en mi mente antes de comenzar.
Jacob alzó una mano.
¬óAdelante. Eso est√° bien ¬óa√Īadi√≥ √©l¬ó. No entend√≠ la mayor parte de lo que pas√≥ entonces.
¬óAh, vale, estupendo; es un poco complicado, as√≠ que presta atenci√≥n. ¬ŅSabes ya que Alice tiene visiones?
Interpret√© que su ce√Īo fruncido era una respuesta afirmativa, ya que a los hombres lobo no les impresionaba que fuera verdad la leyenda de los poderes sobrenaturales de los vampiros, as√≠ que proced√≠ con el relato de mi carrera a trav√©s de Italia para rescatar a Edward.
Intenté resumir lo más posible, sin dejarme nada esencial. Al mismo tiempo, me esforcé en interpretar las reacciones de Jacob, pero su rostro era inescrutable mientras le explicaba que Alice había visto los planes de Edward para suicidarse cuando escuchó que yo había muerto. Algunas veces Jacob parecía ensimismarse en sus pensamientos, tanto que ni siquiera estaba segura de que me estuviera escuchando. Sólo me interrumpió una vez.
¬ó¬ŅLa adivina chupasangres no puede vernos? ¬órepiti√≥, en su rostro una expresi√≥n feroz y llena de alegr√≠a¬ó. ¬ŅEn serio? ¬°Eso es magn√≠fico!
Apreté los dientes y nos quedamos sentados en silencio, con su cara expectante mientras esperaba que continuase. Le miré fijamente hasta que se dio cuenta de su error.
—¡Oops! —exclamó—. Lo siento —y cerró la boca otra vez.
Su respuesta fue más fácil de comprender cuando llegamos a la parte de los Vulturis. Apretó los dientes, se le pusieron los brazos con carne de gallina y se le agitaron las aletas de la nariz. No entré en detalles, pero le conté que Edward nos había sacado del problema, sin revelar la promesa que habíamos tenido que hacer ni la visita que estábamos esperando. Jacob no necesitaba participar de mis pesadillas.
¬óAhora ya conoces toda la historia ¬óconclu√≠¬ó. Es tu turno para hablar. ¬ŅQu√© ha ocurrido mientras yo pasaba este fin de semana con mi madre?
Sabía que Jacob me proporcionaría más detalles que Edward. No temía asustarme. Se inclinó hacia delante, animado al momento.
¬óEmbry, Quil y yo est√°bamos de patrulla el s√°bado por la noche, s√≥lo algo rutinario, cuando all√≠ estaba, saliendo de ninguna parte, ¬°bum!, una pista fresca, que no ten√≠a ni quince minutos ¬óalz√≥ los brazos y remed√≥ una explosi√≥n¬ó. Sam quer√≠a que le esper√°semos, pero yo ignoraba que t√ļ te hab√≠as ido y no sab√≠a si tus chupasangres estaban vigilando o no. As√≠ que salimos en su persecuci√≥n a toda velocidad, pero cruz√≥ la l√≠nea del tratado antes de que pudi√©ramos cogerla. Nos dispersamos por la l√≠nea esperando que volviera a cruzarla. Fue frustrante, te lo juro ¬ómovi√≥ la cabeza y el pelo, que ya le hab√≠a crecido desde que se lo hab√≠a rapado tan corto cuando se uni√≥ a la manada, le cay√≥ sobre los ojos¬ó. Nos fuimos demasiado hacia el sur y los Cullen la persiguieron hacia nuestro sitio, pero s√≥lo a unos cuantos kil√≥metros al norte de nuestra posici√≥n. Habr√≠a sido la emboscada perfecta si hubi√©ramos sabido d√≥nde esperar.
Sacudió la cabeza, haciendo ahora una mueca.
¬óEntonces fue cuando la cosa se puso peligrosa. Sam y los otros le cogieron el rastro antes de que lleg√°ramos, pero ella iba de un lado a otro de la l√≠nea y el aquelarre en pleno estaba al otro lado. El grande, ¬Ņc√≥mo se llama...?
¬óEmmett.
—Ese, bueno, pues él arremetió contra ella, pero ¡qué rápida es esa pelirroja! Voló detrás de ella y casi se estrella contra Paul. Y ya sabes, Paul... bueno, ya le conoces.
—Sí.
—Se le fue la olla. No puedo decir que le culpe, tenía al chupasangres grandote justo encima de él. Así que saltó... Eh, no me mires así. El vampiro estaba en nuestro territorio.
Intent√© recomponer mi expresi√≥n para que continuara con su relato. Ten√≠a las u√Īas clavadas en las palmas de las manos con la tensi√≥n de la historia, incluso sabiendo que hab√≠a terminado bien.
—De cualquier modo, Paul falló y el grandullón regresó a su sitio, pero entonces, esto, la, eh, bien, la rubia...
La expresión de Jacob era una mezcla cómica de disgusto y reacia admiración mientras intentaba encontrar una palabra para describir a la hermana de Edward.
¬óRosalie.
—Como quieras. Se había vuelto realmente territorial, así que Sam y yo nos retrasamos para cubrir los flancos de Paul. Entonces su líder y el otro macho rubio...
¬óCarlisle y Jasper.
Me miró algo exasperado.
¬óYa sabes que me da igual c√≥mo se llamen. Como sea, Carlisle habl√≥ con Sam en un intento de calmar las cosas. Y fue bastante extra√Īo porque la verdad es que todo el mundo se tranquiliz√≥ muy r√°pido. Creo que fue ese otro que dices, que nos hizo algo raro en la cabeza, pero aunque sab√≠amos lo que estaba haciendo, no pod√≠amos dejar de estar tranquilos.
—Ah, sí, ya sé cómo se siente uno.
—Realmente cabreado, así es como se siente uno. Sólo que no estás enfadado del todo, al final —sacudió la cabeza, confundido—. Así que Sam y el vampiro líder acordaron que la prioridad era Victoria y volvimos a la caza otra vez. Carlisle nos dio la pista de modo que pudimos seguir el rastro correcto, pero entonces tomó el camino de los acantilados justo al norte del territorio de los makah, donde la frontera discurre pegada a la costa durante unos cuantos kilómetros. Así que se metió en el agua otra vez. El grandullón y el tranquilo nos pidieron permiso para cruzar la frontera y perseguirla, pero se lo denegamos, como es lógico.
¬óEstupendo. Quiero decir que vuestro comportamiento me parece est√ļpido, pero estoy contenta. Emmett nunca tiene la suficiente prudencia. Podr√≠a haber salido herido.
Jacob resopló.
—Así que tu vampiro te dijo que los atacamos sin razón y que su aquelarre, totalmente inocente...
—No —le interrumpí—. Edward me contó la misma historia, sólo que sin tantos detalles.
—Ah —dijo Jacob entre dientes y se inclinó para coger una piedra entre los millones de guijarros que teníamos a los pies. Con un giro casual, la mandó volando sus buenos cien metros hacia las aguas de la bahía—. Bueno, ella regresará, supongo. Y volveremos a tenerla a tiro.
Me encog√≠ de hombros; ya lo creo que volver√≠a, pero ¬Ņde veras me lo contar√≠a Edward la pr√≥xima vez? No estaba segura. Deb√≠a mantener vigilada a Alice en busca de los s√≠ntomas indicadores de que el patr√≥n de comportamiento volv√≠a a repetirse...
Jacob no pareció darse cuenta de mi reacción. Estaba sumido en la contemplación de las olas con los gruesos labios apretados y una expresión pensativa en la cara.
¬ó¬ŅEn qu√© est√°s pensando? ¬óle pregunt√© despu√©s de un buen rato en silencio.
¬óLe doy vueltas a lo que me has dicho hace un rato. En cuando la adivina te vio saltando del acantilado y pens√≥ que quer√≠as suicidarte, y en c√≥mo a partir de aquello todo se descontrol√≥... ¬ŅTe das cuenta de que, si te hubieras limitado a esperarme, como se supone que ten√≠as que hacer, entonces la chup... Alice no habr√≠a podido verte saltar? Nada habr√≠a cambiado. Probablemente, los dos estar√≠amos ahora en mi garaje, como cualquier otro s√°bado. No habr√≠a ning√ļn vampiro en Forks y t√ļ y yo... ¬ódej√≥ que su voz se apagara, perdido en sus pensamientos.
Era desconcertante su forma de ver la situación, como si fuera algo bueno que no hubiera vampiros en Forks. Mi corazón comenzó a latir arrítmicamente ante el vacío que sugería la imagen.
¬óEdward hubiera regresado de todos modos.
¬ó¬ŅEst√°s segura de eso? ¬óme pregunt√≥ otra vez, volviendo a su aptitud beligerante en cuanto mencion√© el nombre de Edward.
¬óEstar separados... no nos va bien a ninguno de los dos.
Comenzó a decir algo, algo violento a juzgar por su expresión, pero enmudeció de pronto, tomó aliento y empezó de nuevo.
¬ó¬ŅSab√≠as que Sam est√° muy enfadado contigo?
¬ó¬ŅConmigo? ¬óme llev√≥ entenderlo un segundo¬ó. Ah, ya. Cree que se habr√≠an mantenido apartados si yo no estuvie-aqu√≠.
¬óNo. No es por eso.
¬ó¬ŅCu√°l es el problema entonces?
Jacob se inclinó para tomar otra roca. Le dio vueltas una y otra vez, entre los dedos. No le quitaba ojo a la piedra negra mientras hablaba en voz baja.
—Cuando Sam vio... en qué estado estabas al principio, cuando Billy les contó lo preocupado que estaba Charlie porque no mejorabas y entonces, cuando empezaste a saltar de los acantilados...
Puse mala cara. Nadie iba a dejar nunca que me olvidara de eso.
Los ojos de Jacob me miraron de hito en hito.
¬óPensamos que t√ļ eras la √ļnica persona en el mundo que ten√≠a tanta raz√≥n para odiar a los Cullen como √©l. Sam se siente... traicionado porque los volvieras a dejar entrar en tu vida, como si jam√°s te hubieran hecho da√Īo.
No me cre√≠ ni por un segundo que Sam fuera el √ļnico que se sintiera de ese modo, y por tanto, el tono √°cido de mi respuesta iba dirigido a ambos.
¬óPuedes decirle a Sam que se vaya a...
¬óMira eso ¬óJacob me interrumpi√≥ se√Īal√°ndome a un √°guila en el momento en que se lanzaba en picado hacia el oc√©ano desde una altura incre√≠ble. Recuper√≥ el control en el √ļltimo minuto, y s√≥lo sus garras rozaron la superficie de las olas, apenas durante un instante. Despu√©s volvi√≥ a aletear, con las alas tensas por el esfuerzo de cargar con el peso del pescado enorme que acababa de pescar¬ó. Lo ves por todas partes ¬ódijo con voz repentinamente distante¬ó. La naturaleza sigue su curso, cazador y presa, el c√≠rculo infinito de la vida y la muerte.
No entendía el sentido del sermón de la naturaleza; supuse que sólo quería cambiar el tema de la conversación, pero entonces se volvió a mirarme con un negro humor en los ojos.
—Y desde luego, no verás al pez intentando besar al águila. Jamás verás eso —sonrió con una mueca burlona.
Le devolv√≠ la sonrisa, una sonrisa tirante, porque a√ļn ten√≠a un sabor √°cido en la boca.
—Quizás el pez lo está intentando —le sugerí—. Es difícil saber lo que piensa un pez. Las águilas son unos pájaros bastante atractivos, ya sabes.
¬ó¬ŅA eso es a lo que se reduce todo? ¬ósu voz se volvi√≥ aguda¬ó. ¬ŅA tener un buen aspecto?
¬óNo seas est√ļpido, Jacob.
¬óEntonces, ¬Ņes por el dinero? ¬óinsisti√≥.
—Estupendo —murmuré, levantándome del árbol—. Me halaga que pienses eso de mí —le di la espalda y me marché.
—Oh, venga, no te pongas así —estaba justo detrás de mí; me cogió de la cintura y me dio una vuelta—. ¡Lo digo en serio!, intento entenderte y me estoy quedando en blanco.
Frunci√≥ el ce√Īo enfadado y sus ojos se oscurecieron enquistados entre sombras.
¬ó-Le amo. ¬°Y no porque sea guapo o rico! ¬óle escup√≠ las palabras a la cara¬ó. Preferir√≠a que no fuera ni lo uno ni lo otro. Incluso te dir√≠a que eso podr√≠a ser un motivo para abrir una brecha entre nosotros, pero no es as√≠, porque siempre es la persona m√°s encantadora, generosa, brillante y decente que me he encontrado jam√°s. Claro que le amo. ¬ŅPor qu√© te resulta tan dif√≠cil de entender?
¬óEs imposible de comprender.
¬óPor favor, ilum√≠name, entonces, Jacob ¬ódej√© que el sarcasmo fluyera denso¬ó. ¬ŅCu√°l es la raz√≥n v√°lida para amar a alguien? Como dices que lo estoy haciendo mal...
—Creo que el mejor lugar para empezar sería mirando dentro de tu propia especie. Eso suele funcionar.
—¡Eso es... asqueroso! —le respondí con brusquedad—. Supongo que debería estar loca por Mike Newton después de todo.
Jacob se estremeció y se mordió el labio. Pude ver que mis palabras le habían herido, pero yo estaba demasiado enfadada para sentirme mal por ello.
Me solt√≥ la mu√Īeca y cruz√≥ los brazos sobre el pecho, volvi√©ndose para mirar hacia el oc√©ano.
—Yo soy humano —susurró, con voz casi inaudible.
¬óNo eres tan humano como Mike ¬ócontinu√© sin piedad¬ó. ¬ŅSigues pensando que es la consideraci√≥n m√°s importante?
—No es lo mismo —Jacob no apartó los ojos de las olas grises—. Yo no he escogido esto.
Me eché a reír incrédula.
¬ó¬ŅY crees que Edward s√≠? √Čl no sab√≠a lo que le estaba ocurriendo m√°s que t√ļ. √Čl no eligi√≥ esto.
Jacob cabeceó de atrás adelante con un movimiento rápido y corto.
¬ó¬ŅSabes, Jacob?, es terrible por tu parte que pretendas sentirte moralmente superior, considerando que t√ļ eres un lic√°ntropo.
¬óNo es lo mismo ¬órepiti√≥ √©l, mir√°ndome con el ce√Īo fruncido.
—No veo por qué no. Podrías ser un poquito más comprensivo con los Cullen. No tienes idea de lo buenos que son, pero buenos de verdad, Jacob.
Frunci√≥ el ce√Īo m√°s profundamente.
—No deberían existir. Su existencia va contra la naturaleza.
Le miré con fijeza durante un largo rato, con una ceja alzada, llena de incredulidad. Pasó un tiempo hasta que se dio cuenta.
¬ó¬ŅQu√©?
—Hablando de algo antinatural... —insinué.
—Bella —me dijo, con la voz baja, y algo diferente. Envejecida. Me di cuenta de que, de repente, sonaba mucho mayor que yo, como un padre o un profesor—. Lo que yo soy ha nacido conmigo. Es parte de mi naturaleza, de mi familia, de lo que todos somos como tribu, es la razón por la cual todavía estamos aquí. Aparte de eso —bajó la vista para mirarme, con sus ojos oscuros inescrutables—, sigo siendo humano.
Me cogió la mano y la presionó contra su pecho ardiente como la fiebre. A través de su camiseta, pude sentir el rápido latido de su corazón contra mi mano.
¬óLos humanos normales no arrojan motos por ah√≠, como haces t√ļ.
√Čl sonri√≥ ligeramente, con una media sonrisa.
—Los humanos normales huyen de los monstruos, Bella. Y nunca he proclamado ser normal. Sólo humano.
Continuar enfadada con Jacob resultaba muy cansado. Empecé a sonreír mientras retiraba la mano de su pecho.
—La verdad es que me pareces humano del todo —concedí—. Al menos de momento.
¬óMe siento humano.
Miró a lo lejos, y volvió el rostro. Le tembló el labio inferior y se lo mordió con fuerza.
—Oh, Jake —murmuré al tiempo que buscaba su mano.
Esa era la raz√≥n por la que estaba aqu√≠. √Čsa era la raz√≥n por la que no me importaba quedarme, fuera cual fuera la recepci√≥n que me esperase al regresar. Porque bajo toda esa ira y ese sarcasmo, Jacob sufr√≠a. Justo ahora, lo estaba viendo en sus ojos. No sab√≠a ayudarle, pero sab√≠a que ten√≠a que intentarlo. No era por todo lo que le deb√≠a, sino porque su pena me dol√≠a a m√≠ tambi√©n.
Jacob se había convertido en parte de mí y no había nada que pudiera cambiar eso.