3 - Razones

¬ó¬ŅTe ha entristecido la despedida?
¬óCreo que estoy m√°s aliviada que triste.
Alz√≥ una ceja. Sab√≠a que era in√ļtil e innecesario, por mucho que odiara admitirlo, pedirle que mantuviera los ojos fijos en la carretera.
—Renée es bastante más... perceptiva que Charlie en muchos sentidos. Me estaba poniendo nerviosa.
Edward se rió.
¬óTu madre tiene una mente muy interesante: casi infantil, pero muy perspicaz. Ve las cosas de modo diferente a los dem√°s.
Perspicaz. Era una buena definición de mi madre, al menos cuando prestaba atención a las cosas. La mayor parte del tiempo Renée estaba tan apabullada por lo que sucedía en su propia vida que apenas se daba cuenta de mucho más, pero este fin de semana me había dedicado toda su atención.
Phil estaba ocupado, ya que el equipo de béisbol del instituto que entrenaba había llegado a las rondas finales y el estar a solas con Edward y conmigo había intensificado el interés de Renée. Comenzó a observar tan pronto como nos abrazó y se pasaron los grititos de alegría; y mientras observaba, sus grandes ojos azules primero habían mostrado perplejidad, y luego interés.
Esa ma√Īana nos hab√≠amos ido a dar un paseo por la playa. Quer√≠a ense√Īarme todas las cosas bonitas del lugar donde se encontraba su nuevo hogar, a√ļn con la esperanza de que el sol consiguiera atraerme fuera de Forks. Tambi√©n quer√≠a hablar conmigo a solas y esto le facilitaba las cosas. Edward se hab√≠a inventado un trabajo del instituto para tener una excusa que le permitiera quedarse dentro de la casa durante el d√≠a.
Reviví la conversación en mi mente...
Renée y yo deambulamos por la acera, procurando mantenernos al amparo de las sombras de las escasas palmeras. Aunque era temprano el calor resultaba abrasador. El aire estaba tan impregnado de humedad que el simple hecho de inspirar y exhalar el aire estaba suponiendo un esfuerzo para mis pulmones.
¬ó¬ŅBella? ¬óme pregunt√≥ mi madre, mirando a lo lejos, sobre la arena, a las olas que romp√≠an suavemente mientras hablaba.
¬ó¬ŅQu√© pasa, mam√°?
Ella suspiró al tiempo que evitaba mi mirada.
¬óMe preocupa...
¬ó¬ŅQu√© es lo que va mal? ¬ópregunt√©, repentinamente ansiosa¬ó. ¬ŅEn qu√© puedo ayudarte?
¬óNo soy yo ¬ósacudi√≥ la cabeza¬ó. Me preocup√°is t√ļ... y Edward.
Renée me miró por fin, con una expresión de disculpa en el rostro.
—Oh —susurré, fijando los ojos en una pareja que corría y que nos sobrepasó en ese momento, empapados en sudor.
Vais mucho más en serio de lo que pensaba —continuó ella.
Frunc√≠ el ce√Īo, revisando con rapidez en mi mente los dos √ļltimos d√≠as. Edward y yo apenas nos hab√≠amos tocado, al menos delante de ella. Me pregunt√© si Ren√©e tambi√©n me iba soltar un serm√≥n sobre la responsabilidad. No me importaba que fuera del mismo modo que con Charlie, porque no me avergonzaba hablar del tema con mi madre. Despu√©s de todo, hab√≠a sido yo la que le hab√≠a soltado a ella el mismo serm√≥n una y otra vez durante los √ļltimos diez a√Īos.
¬óHay algo... extra√Īo en c√≥mo est√°is juntos ¬ómurmur√≥ ella, con la frente fruncida sobre sus ojos preocupados¬ó. Te mira de una manera... tan... protectora. Es como si estuviera dispuesto a interponerse delante de una bala para salvarte o algo parecido.
Me re√≠, aunque a√ļn no me sent√≠a capaz de enfrentarme a su mirada.
¬ó¬ŅY eso es algo malo?
¬óNo ¬óella volvi√≥ a fruncir el ce√Īo mientras luchaba para encontrar las palabras apropiadas¬ó. Simplemente es diferente. √Čl siente algo muy intenso por ti... y muy delicado. Me da la impresi√≥n de no comprender del todo vuestra relaci√≥n. Es como si me perdiera alg√ļn secreto.
—Creo que estás imaginando cosas, mamá —respondí con rapidez, luchando por hablarle con total naturalidad a pesar de que se me había revuelto el estómago. Había olvidado cuántas cosas era capaz de ver mi madre. Había algo en su comprensión sencilla del mundo que prescindía de todo lo accesorio para ir directa a la verdad. Antes, esto no había sido nunca un problema.
Hasta ahora, no había existido jamás un secreto que no pudiera contarle.
—Y no es sólo él —apretó los labios en un ademán defensivo—. Me gustaría que vieras la manera en que te mueves a su alrededor.
¬ó¬ŅQu√© quieres decir?
¬óLa manera en que andas, como si √©l fuera el centro del mundo para ti y ni siquiera te dieras cuenta. Cuando √©l se desplaza, aunque sea s√≥lo un poco, t√ļ ajustas autom√°ticamente tu posici√≥n a la suya. Es como si fuerais imanes, o la fuerza de la gravedad. Eres su sat√©lite... o algo as√≠. Nunca hab√≠a visto nada igual.
Cerró la boca y miró hacia el suelo.
¬óNo me lo digas ¬óle contest√© en broma, forzando una sonrisa¬ó. Est√°s leyendo novelas de misterio otra vez, ¬Ņa que s√≠? ¬ŅO es ciencia-ficci√≥n esta vez?
Renée enrojeció adquiriendo un delicado color rosado.
¬óEso no tiene nada que ver.
¬ó¬ŅHas encontrado alg√ļn t√≠tulo bueno?
—Bueno, sí, había uno, pero eso no importa ahora. En realidad, estamos hablando de ti.
—No deberías salirte de la novela romántica, mamá. Ya sabes que enseguida te pones a flipar.
Las comisuras de sus labios se elevaron.
¬óEstoy diciendo tonter√≠as, ¬Ņverdad?
No pude contestarle durante menos de un segundo. Renée era tan influenciable. Algunas veces eso estaba bien, porque no todas sus ideas eran prácticas, pero me dolía ver lo rápidamente que se había visto arrastrada por mi contemporización, sobre todo teniendo en cuenta que esta vez tenía más razón que un santo.
Levantó la mirada y yo controlé mi expresión.
¬óQuiz√° no sean tonter√≠as, tal vez sea porque soy madre ¬óse ech√≥ a re√≠r e hizo un gesto que abarcaba las arenas blancas y el agua azul¬ó. ¬ŅY todo esto no basta para conseguir que vuelvas con la tonta de tu madre?
Me pasé la mano con dramatismo por la frente y después fingí retorcerme el pelo para escurrir el sudor.
—Terminas acostumbrándote a la humedad —me prometió.
—También a la lluvia —contraataqué.
Me dio un codazo juguetón y me cogió la mano mientras regresábamos a su coche.
Dejando a un lado su preocupación por mí, parecía bastante feliz. Contenta. Todavía miraba a Phil con ojos enamorados y eso me consolaba. Seguramente su vida era plena y satisfactoria. Seguramente no me echaba tanto de menos, incluso ahora...
Los dedos helados de Edward se deslizaron por mi mejilla. Le devolví la mirada, parpadeando de vuelta al presente. Se inclinó sobre mí y me besó la frente.
¬óHemos llegado a casa, Bella Durmiente. Hora de despertarse.
Nos habíamos parado delante de la casa de Charlie, que había aparcado el coche patrulla en la entrada y mantenía encendida la luz. del porche. Mientras observaba la entrada, vi cómo se alzaba la cortina en la ventana del salón, proyectando una línea de luz amarilla sobre el oscuro césped.
Suspiré. Sin duda, Charlie estaba esperando para abalanzarse sobre mí.
Edward debía de estar pensando lo mismo, porque su expresión se había vuelto rígida y sus ojos parecían lejanos cuando me abrió la puerta.
¬ó¬ŅPinta mal la cosa?
—Charlie no se va a poner difícil —me prometió Edward con voz neutra, sin mostrar el más ligero atisbo de humor—. Te ha echado de menos.
Entorn√© los ojos, llenos de dudas. Si √©se era el caso, ¬Ņpor qu√© Edward estaba en tensi√≥n, como si se aproximara una batalla?
Mi bolsa era peque√Īa, pero √©l insisti√≥ en llevarla hasta dentro. Pap√° nos abri√≥ la puerta.
¬ó¬°Bienvenida a casa, hija! ¬ógrit√≥ Charlie como si realmente lo pensara¬ó. ¬ŅQu√© tal te ha ido por Jacksonville?
¬óH√ļmedo. Y lleno de bichos.
¬ó¬ŅY no te ha vendido Ren√©e las excelencias de la Universidad de Florida?
¬óLo ha intentado, pero francamente, prefiero beber agua antes que respirarla.
Los ojos de Charlie se deslizaron de hito en hito hacia Edward.
¬ó¬ŅTe lo has pasado bien?
—Sí —contestó con voz serena—. Renée ha sido muy hospitalaria.
—Esto..., hum, vale. Me alegro de que te divirtieras —Charlie apartó la mirada de Edward y me abrazó de forma inesperada.
—Impresionante —le susurré al oído.
Rompió a reír con una risa sorda.
¬óRealmente te he echado de menos, Bella. Cuando no est√°s, la comida es asquerosa.
—Ahora lo pillo —le contesté mientras soltaba su abrazo.
¬ó¬ŅPodr√≠as llamar a Jacob lo primero de todo? Lleva fastidi√°ndome cada cinco minutos desde las seis de la ma√Īana. Le he prometido que har√≠a que le llamaras antes de que te pusieras a deshacer la maleta.
No tuve que mirar a Edward para advertir la rigidez de su postura o la frialdad de su expresión. Así que ésta era la causa de su tensión.
¬ó¬ŅJacob desea hablar conmigo?
—Con toda su alma, diría yo. No ha querido decirme de qué iba la cosa, sólo me ha dicho que es importante.
El teléfono volvió a sonar, estridente y acuciante.
—Será él otra vez, me apuesto la próxima paga —murmuró Charlie.
¬óYa lo cojo yo ¬ódije mientras me apresuraba hacia la cocina.
Edward me siguió mientras Charlie desaparecía en el salón.
Agarré el auricular en mitad de un pitido y me volví para permanecer de cara a la pared.
¬ó¬ŅDiga?
¬óHas regresado ¬ódijo Jacob.
Su √°spera voz familiar me hizo sentir una intensa a√Īoranza. Mil recuerdo asaltaron mi mente, mezcl√°ndose entre s√≠: una playa rocosa sembrada de maderas que flotaban a la deriva, un garaje fabricado con pl√°sticos, refrescos calientes en una bolsa de papel, una habitaci√≥n diminuta con un ra√≠do canap√©, igualmente peque√Īo. El j√ļbilo brillando en sus oscuros ojos hundidos, el calor febril de su mano grande en torno a la m√≠a, el relampagueo de sus dientes blancos contra su piel oscura, su rostro distendi√©ndose en esa amplia sonrisa que hab√≠a sido siempre como la llave de una puerta secreta, donde s√≥lo tienen acceso los esp√≠ritus afines.
Sentí una especie de anhelo por la persona y el lugar que me habían protegido a lo largo de mi noche más oscura.
Me aclaré el nudo que tenía en la garganta.
—Sí —contesté.
¬ó¬ŅPor qu√© no me has llamado? ¬óexigi√≥ Jacob.
Su tono malhumorado me enfadó al instante.
—Porque llevo en casa exactamente cuatro segundos y tu llamada interrumpió el momento en que Charlie me estaba diciendo que habías telefoneado.
¬óOh. Lo siento.
¬óYa. Y dime, ¬Ņpor qu√© agobias a mi padre?
¬óNecesito hablar contigo.
¬óSeguro, pero eso ya lo tengo claro. Sigue.
Hubo una corta pausa.
¬ó¬ŅVas a ir a clase ma√Īana?
Torcí el gesto, incapaz de ver adonde quería ir a parar.
¬óClaro que ir√©, ¬Ņpor qu√© no iba a hacerlo?
—Ni idea. Sólo era curiosidad.
Otra pausa.
¬ó¬ŅY de qu√© quieres hablar, Jake?
√Čl dud√≥.
—Supongo que de nada especial. Sólo... quería oír tu voz.
—Sí..., lo entiendo... Me alegra tanto que me hayas llamado, Jake. Yo... —pero no sabía qué más decir. Me gustaría haberle dicho que me iba de camino a La Push en ese momento, pero no podía.
—He de irme —soltó de pronto.
¬ó¬ŅQu√©?
¬óTe llamar√© pronto, ¬Ņvale?
¬óPero Jake...
Ya había colgado. Escuché el tono de escucha con incredulidad.
—Qué cortante —murmuré.
¬ó¬ŅVa todo bien? ¬ópregunt√≥ Edward con voz baja y cautelosa.
Me volví lentamente para encararle. Su expresión era totalmente tranquila e inescrutable.
¬óNo lo s√©. Me pregunto de qu√© va esto ¬óno ten√≠a sentido que Jacob hubiera estado incordiando a Charlie todo el d√≠a s√≥lo para preguntarme si iba a ir a la escuela. Y si quer√≠a escuchar mi voz, ¬Ņpor qu√© hab√≠a colgado tan pronto?
¬óT√ļ tienes m√°s probabilidades de acertar en esto que yo ¬ócoment√≥ Edward, con la sombra de una sonrisa tirando de la comisura de su labio.
—Aja —susurré. Era cierto. Conocía a Jake a fondo. Seguro que sus razones no serían tan complicadas de entender.
Con mis pensamientos a kilómetros de distancia ?como a unos veintitrés kilómetros siguiendo la carretera hacia La Push?, comencé a reunir los ingredientes necesarios en el frigorífico para prepararle la cena a Charlie. Edward se retrepó contra la encimera y yo era apenas consciente de cómo clavaba los ojos en mi rostro, pero estaba demasiado inquieta para preocuparme también por lo que pudiera ver en ellos.
Lo del instituto ten√≠a pinta de ser la clave del asunto. Eso era en realidad lo √ļnico que Jake hab√≠a preguntado. Y √©l deb√≠a de estar buscando una respuesta a algo, o no habr√≠a molestado a Charlie de forma tan persistente.
Sin embargo, ¬Ņpor qu√© le iba a preocupar mi asistencia a clase? Intent√© abordar el tema de una manera l√≥gica. As√≠ que, si yo hubiera faltado al d√≠a siguiente al instituto, ¬Ņqu√© problema hubiera supuesto eso desde el punto de vista de Jacob? Charlie se hab√≠a mostrado molesto porque yo perdiera un d√≠a de clase tan cerca de los finales, pero le hab√≠a convencido de que un viernes no iba a suponer un estorbo en mis estudios. A Jake eso le daba exactamente igual. Mi cerebro no parec√≠a estar dispuesto a colaborar con ninguna aportaci√≥n especialmente brillante. Quiz√°s era que pasaba por alto alguna pieza vital de informaci√≥n.
¬ŅQu√© podr√≠a haber ocurrido en los √ļltimos tres d√≠as que fuera tan importante como para que Jacob interrumpiera su negativa a contestar a mis llamadas y le hiciera ponerse en contacto conmigo? ¬ŅQu√© diferencia hab√≠an supuesto esos tres d√≠as?
Me quedé helada en mitad de la cocina. El paquete de hamburguesas congeladas que llevaba se deslizó entre mis manos aturdidas. Tardé un largo segundo en evitar el golpe que se hubieran dado contra el suelo.
Edward lo cogió y lo arrojó a la encimera. Sus brazos me rodearon rápidamente y pegó los labios a mi oído.
¬ó¬ŅQu√© es lo que va mal?
Sacudí la cabeza., aturdida.
Tres días podrían cambiarlo todo.
¬ŅNo hab√≠a estado yo pensando acerca de la imposibilidad de acudir al instituto por no poder estar cerca de la gente despu√©s de haber atravesado los dolorosos tres d√≠as de la conversi√≥n? Esos tres d√≠as me liberar√≠an de la mortalidad, de modo que podr√≠a compartir la eternidad con Edward, una conversi√≥n que me har√≠a prisionera definitivamente de mi propia sed.
¬ŅLe hab√≠a dicho Charlie a Billy que hab√≠a desaparecido durante tres d√≠as? ¬ŅHab√≠a Billy llegado por s√≠ mismo a la conclusi√≥n evidente? ¬ŅLo que me hab√≠a estado preguntando Jacob realmente era si todav√≠a continuaba siendo humana? ¬ŅEstaba asegur√°ndose, en realidad, de que el tratado con los hombres lobo no se hubiera roto, y de que ninguno de los Cullen se hubiera atrevido a morder a un humano...? Morder, no matar...
Pero ¬Ņes que √©l cre√≠a honradamente que yo volver√≠a a casa si √©se fuera el caso?
Edward me sacudió.
¬ó¬ŅBella? ¬óme pregunt√≥, ahora lleno de aut√©ntica ansiedad.
—Creo... creo que simplemente estaba haciendo una comprobación —mascullé entre dientes—. Quería asegurarse de que sigo siendo humana, a eso se refería.
Edward se puso rígido y un siseo ronco resonó en mi oído.
—Tendremos que irnos —susurré—. Antes. De ese modo no se romperá el tratado. Y nunca más podremos regresar.
Sus brazos se endurecieron a mi alrededor.
—Ya lo sé.
—Ejem —Charlie se aclaró la garganta ruidosamente a nuestras espaldas.
Yo pegué un salto y después me liberé de los brazos de Edward, enrojeciendo. Edward se reclinó contra la encimera. Tenía los ojos entornados y pude ver reflejada en ellos la preocupación y la ira.
—Si no quieres hacer la cena, puedo llamar y pedir una pizza —insinuó Charlie.
¬óNo, est√° bien, ya he empezado.
—Vale —comentó él. Se acomodó contra el marco de la puerta con los brazos cruzados.
Suspiré y me puse a trabajar, intentando ignorar a mi audiencia.

¬óSi te pido que hagas algo, ¬Ņconfiar√°s en m√≠? ¬óme pregunt√≥ Edward, con un deje afilado en su voz aterciopelada.
Casi hab√≠amos llegado al instituto. √Čl hab√≠a estado relajado y bromeando hasta hac√≠a apenas un momento; ahora, de pronto, ten√≠a las manos aferradas al volante e intentaba controlar la fuerza para no romperlo en pedazos.
Clavé la mirada en su expresión llena de ansiedad, con los ojos distantes como si escuchara voces lejanas.
Mi pulso se desbocó en respuesta a su tensión, pero contesté con cuidado.
¬óEso depende.
Metió el coche en el aparcamiento del instituto.
—Ya me temía que dirías eso.
¬ó¬ŅQu√© deseas que haga, Edward?
—Quiero que te quedes en el coche —aparcó en su sitio habitual y apagó el motor mientras hablaba—. Quiero que esperes aquí hasta que regrese a por ti.
¬óPero, ¬Ņpor qu√©?
Fue entonces cuando le vi. Habría sido difícil no distinguirle sobresaliendo como lo hacía sobre el resto de los estudiantes, incluso aunque no hubiera estado reclinado contra su moto negra, aparcada de forma ilegal en la acera.
¬óOh.
El rostro de Jacob era la máscara tranquila que yo conocía tan bien. Era la cara que solía poner cuando estaba decidido a mantener sus emociones bajo control. Le hacía parecerse a Sam, el mayor de los licántropos, el líder de la manada de los quileute, pero Jacob nunca podría imitar la serenidad perfecta de Sam.
Hab√≠a olvidado cu√°nto me molestaba ese rostro. Hab√≠a llegado a conocer a Sam bastante bien antes de que regresaran los Cullen, incluso me gustaba, aunque nunca consegu√≠a sacudirme el resentimiento que experimentaba cuando Jacob imitaba la expresi√≥n de Sam. No era mi Jacob cuando la llevaba puesta. Era la cara de un extra√Īo.
¬óAnoche te precipitaste en llegar a una conclusi√≥n equivocada ¬ómurmur√≥ Edward¬ó. Te pregunt√≥ por el instituto porque sab√≠a que yo estar√≠a donde t√ļ estuvieras. Buscaba un lugar seguro para hablar conmigo. Un escenario con testigos.
Así que yo había malinterpretado las razones de Jacob para llamarme. El problema radicaba en la información faltante, por ejemplo por qué demonios querría Jacob hablar con Edward.
¬óNo me voy a quedar en el coche ¬órepuse.
Edward gru√Ī√≥ bajo.
¬óClaro que no. Bien, acabemos con esto de una vez.
El rostro de Jacob se endureció conforme avanzábamos hacia él, con las manos unidas.
Not√© tambi√©n otros rostros, los de mis compa√Īeros de clase. Me di cuenta de c√≥mo sus ojos se dilataban al posarse sobre los dos metros del corpach√≥n de Jacob, cuya complexi√≥n musculosa era impropia de un chico de poco m√°s de diecisiete a√Īos. Vi c√≥mo aquellos ojos recorr√≠an su ajustada camiseta negra de manga corta aunque el d√≠a era fr√≠o a pesar de la estaci√≥n, sus vaqueros rasgados y manchados de grasa y la moto lacada en negro sobre la que se apoyaba. Las miradas no se deten√≠an en su rostro, ya que hab√≠a algo en su expresi√≥n que les hac√≠a retirarlas con rapidez. Tambi√©n constat√© la distancia que manten√≠an con √©l, una burbuja de espacio que nadie se atrev√≠a a cruzar.
Con cierta sorpresa, me di cuenta de que Jacob les parecía peligroso. Qué raro.
Edward se detuvo a unos cuantos metros de Jacob. Tenía bien claro lo incómodo que le resultaba tenerme tan cerca de un licantropo. Retrasó ligeramente la mano y me echó hacia atrás para ocultarme a medias con su cuerpo.
—Podrías habernos llamado —comenzó Edward con una voz dura como el acero.
—Lo siento —-contestó Jacob, torciendo el gesto con desprecio—. No tengo sanguijuelas en mi agenda.
¬óTambi√©n podr√≠amos haber hablado cerca de casa de Bella ¬óla mand√≠bula de Jacob se contrajo y frunci√≥ el ce√Īo sin contestar¬ó. Este no es el sitio apropiado, Jacob. ¬ŅPodr√≠amos discutirlo luego?
¬óVale, vale. Me pasar√© por tu cripta cuando terminen las clases ¬óbuf√≥ Jacob¬ó. ¬ŅQu√© tiene de malo hablar ahora?
Edward mir√≥ alrededor con intenci√≥n y pos√≥ la mirada en aquellos testigos que se hallaban a distancia suficiente como para escuchar la conversaci√≥n. Unos pocos remoloneaban en la acera con los ojos brillantes de expectaci√≥n, exactamente igual que si esperasen una pelea que aliviara el tedio de otro lunes por la ma√Īana. Vi c√≥mo Tyler Crowley le daba un ligero codazo a Austin Marks y ambos interrump√≠an su camino hacia el aula.
—Ya sé lo que has venido a decir —le recordó Edward a Jacob en una voz tan baja que apenas pude oírle—-. Mensaje entregado. Considéranos advertidos.
Edward me miró durante un fugaz segundo con ojos preocupados.
¬ó¬ŅAvisados? ¬óle pregunt√© sin comprender¬ó. ¬ŅDe qu√© est√°s hablando?
¬ó¬ŅNo se l√≥ has dicho a ella? ¬óinquiri√≥ Jacob, con los ojos dilatados por la sorpresa¬ó. ¬ŅQu√©?, ¬Ņacaso temes que se ponga de nuestra parte?
—Por favor, déjalo ya, Jacob —intervino Edward, con voz calmada.
¬ó¬ŅPor qu√©? ¬óle desafi√≥ Jacob.
Frunc√≠ el ce√Īo, confundida.
¬ó¬ŅQu√© es lo que no s√©, Edward?
√Čl se limit√≥ a seguir mirando a Jacob como si no me hubiera escuchado.
¬ó¬ŅJake?
Jacob alzó una ceja en mi dirección.
¬ó¬ŅNo te ha dicho que ese... hermano gigante que tiene cruz√≥ la l√≠nea el s√°bado por la noche? ¬ópregunt√≥, con un tono lleno de sarcasmo. Entonces, fij√≥ la vista en Edward¬ó. Paul estaba totalmente en su derecho de...
—¡Era tierra de nadie! —masculló Edward.
—¡No es así!
Jacob estaba claramente echando humo. Le temblaban las manos. Sacudió la cabeza, e hizo dos inspiraciones profundas de aire.
¬ó¬ŅEmmett y Paul? ¬ósusurr√©. Paul era el camarada m√°s inestable de la manada de Jacob. √Čl fue quien perdi√≥ el control aquel d√≠a en el bosque y el recuerdo de ese lobo gris gru√Īendo revivi√≥ repentinamente en mi mente¬ó. ¬ŅQu√© pas√≥? ¬ŅEs que se han enfrentado? ¬ómi voz se alz√≥ con una nota de p√°nico¬ó. ¬ŅPor qu√©? ¬ŅEst√° herido Paul?
—No hubo lucha —aclaró Edward con tranquilidad, sólo para mí—. Nadie salió herido. No te inquietes.
Jacob nos miraba con gesto de incredulidad.
¬óNo le has contado nada en absoluto, ¬Ņa que no? ¬ŅEse es el modo en que la mantienes apartada? Por eso ella no sabe...
—Vete ya —Edward le cortó a mitad de la frase y su rostro se volvió de repente amedrentador, realmente terrorífico. Durante un segundo pareció un... un vampiro. Miró a Jacob con una aversión abierta y sanguinaria.
Jacob enarc√≥ las cejas, pero no hizo ning√ļn otro movimiento.
¬ó¬ŅPor qu√© no se lo has dicho?
Se enfrentaron el uno al otro en silencio durante un buen rato comenzaron a reunirse más estudiantes con Tyler y Austin. Vi a Mike al lado de Ben, y el primero tenía una mano apoyada en el hombro de Ben, como si estuviera reteniéndole.
En aquel silencio mortal, todos los detalles encajaron s√ļbitamente en un ramalazo de intuici√≥n. Algo que Edward no quer√≠a que supiera. Algo que Jacob no me hubiera ocultado. Algo que hab√≠a hecho que los Cullen y los lic√°ntropos anduvieran juntos por los bosques en una proximidad peligrosa.
Algo que había hecho que Edward insistiera en que cruzara el país en avión.
Algo que Alice hab√≠a visto en una visi√≥n la semana pasada, una visi√≥n sobre la que Edward me hab√≠a mentido. Algo que yo hab√≠a estado esperando de todos modos. Algo que yo sab√≠a que volver√≠a a ocurrir, aunque deseara con todas mis fuerzas que no fuera as√≠. ¬ŅEs que nunca jam√°s se iba a terminar?
Escuché el rápido jadeo entrecortado del aire saliendo entre mis labios, pero no pude evitarlo. Parecía como si el edificio del instituto temblara, como si hubiera un terremoto, pero yo sabía que era sólo mi propio temblor el que causaba la ilusión.
—Ella ha vuelto a por mí —resollé con voz estrangulada.
Victoria nunca iba a rendirse hasta que yo estuviera muerta. Repetiría el mismo patrón una y otra vez ?fintar y escapar, fintar y escapar? hasta que encontrara una brecha entre mis defensores.
Quizá tuviera suerte. Quizá los Vulturis vinieran primero a por mí, ya que ellos me matarían más rápido, por lo menos.
Edward me apretó contra su costado, posicionando su cuerpo de modo que él seguía estando entre Jacob y yo, y me acarició la cara con manos ansiosas.
—No pasa nada —me susurró—. No pasa nada. Nunca dejaré que se te acerque, no pasa nada.
Luego, se volvió y miró a Jacob.
¬ó¬ŅContesta esto a tu pregunta, chucho?
¬ó¬ŅNo crees que Bella tiene derecho a saberlo? ¬óle ret√≥ Jacob¬ó. Es su vida.
Edward mantuvo su voz muy baja. Incluso Tyler, que intentaba acercarse paso a paso, fue incapaz de oírle.
¬ó¬ŅPor qu√© debe tener miedo si nunca ha estado en peligro?
¬óMejor asustada que ignorante.
Intenté recobrar la compostura, pero mis ojos estaban anegados de lágrimas. Podía imaginarla detrás de mis párpados, podía ver el rostro de Victoria, sus labios retraídos sobre los dientes, sus ojos carmesíes brillando con la obsesión de la venganza; ella responsabilizaba a Edward de la muerte de su amor, James, y no pararía hasta quitarle a él también el suyo.
Edward resta√Ī√≥ las l√°grimas de mi mejilla con las yemas de los dedos.
¬ó¬ŅRealmente crees que herirla es mejor que protegerla? ¬ómurmur√≥.
¬óElla es m√°s fuerte de lo que crees ¬órepuso Jacob¬ó. Y lo ha pasado bastante peor.
De repente el rostro de Jacob cambi√≥ y fij√≥ la mirada en Edward una expresi√≥n extra√Īa, calculadora. Entorn√≥ los ojos como si estuviera intentando resolver un dif√≠cil problema de matem√°ticas en su mente.
Sentí que Edward se encogía. Alcé los ojos para verle las faciones, que se crisparon con un sentimiento que sólo podía ser dolor. Por un momento espantoso, recordé una tarde en Italia, en aquella macabra habitación de la torre de los Vulturis, donde Jane había torturado a Edward con aquel maligno don que poseía, quemándole simplemente con el poder de su mente...
Ell recuerdo me ayudó a recuperarme de mi inminente ataque de histeria y puso las cosas en perspectiva, ya que prefería que Victoria me matase cien veces antes que verle sufrir de ese modo otra vez.
—Qué divertido —comentó Jacob, carcajeándose mientras observaba el rostro de Edward...
...que hizo otro gesto de dolor, pero consigui√≥ suavizar su expresi√≥n con un peque√Īo esfuerzo, aunque no pod√≠a ocultar la agon√≠a de sus ojos.
Miré fijamente, con los ojos bien abiertos, primero la mueca de Edward y luego el aire despectivo de Jacob.
¬ó¬ŅQu√© le est√°s haciendo? ¬óinquir√≠.
—No es nada, Bella —me aseguró Edward en voz baja—. Sólo que Jacob tiene muy buena memoria, eso es todo.
El aludido esbozó una gran sonrisa y Edward se estremeció de nuevo.
—¡Para ya! Sea lo que sea que estés haciendo.
¬óVale, si t√ļ quieres ¬óJacob se encogi√≥ de hombros¬ó. Aunque es culpa suya si no le gustan mis recuerdos.
Le miré fijamente y él me devolvió una sonrisa despiadada, como un chiquillo pillado en falta haciendo algo que sabe que no debe hacer por alguien que sabe que no le castigará.
—El director viene de camino a echar a los merodeadores de la propiedad del instituto —me murmuró Edward—. Vete a clase de Lengua, Bella, no quiero que te veas implicada.
¬óEs un poco sobreprotector, ¬Ņa que s√≠? ¬ócoment√≥ Jacob, dirigi√©ndose s√≥lo a m√≠¬ó. Algo de agitaci√≥n hace que la vida sea divertida. D√©jame adivinar, ¬Ņa que no tienes permiso para divertirte?
Edward le fulminó con la mirada y sus labios se retrajeron levemente sobre sus dientes.
¬óCierra el pico, Jacob ¬óle dije.
El se echó a reír.
—Eso suena a negativa. Oye, si alguna vez quieres volver a vivir la vida, ven a verme. Todavía tengo tu moto en mi garaje.
Esta noticia me distrajo.
—Se supone que deberías haberla vendido. Le prometiste a Charlie que lo harías.
Le supliqu√© a mi padre que se vendiera en atenci√≥n a Jacob. Despu√©s de todo, √©l hab√≠a invertido semanas de trabajo en ambas motos y merec√≠a alg√ļn tipo de compensaci√≥n, ya que si hubiera sido por Charlie, habr√≠a tirado la moto a un contenedor. Y probablemente despu√©s le habr√≠a prendido fuego.
—Ah, sí, claro. Como si yo pudiera hacer eso. Es tuya, no mía. De cualquier modo, la conservaré hasta que quieras que te la devuelva.
Un peque√Īo atisbo de la sonrisa que yo recordaba juguete√≥ con ligereza en las comisuras de sus labios.
¬óJake...
Se inclinó hacia delante, con el rostro de repente lleno de interés, sin apenas sarcasmo.
Creo que lo he estado haciendo mal hasta ahora, ya sabes, acerca de no volver a vernos como amigos. Quiz√° podr√≠amos apa√Īarnos, al menos por mi parte. Ven a visitarme alg√ļn d√≠a.
Me sent√≠a plenamente consciente de Edward, con sus brazos todavia en torno a mi cuerpo, protegi√©ndome, e inm√≥vil como una piedra. Le lanc√© una mirada al rostro, que a√ļn segu√≠a tranquilo, paciente.
—Esto, yo... no sé, Jake.
Jacob abandonó su fachada hostil por completo. Era casi como Inibiera olvidado de que Edward estaba allí, o al menos como estuviera decidido a actuar así.
—Te echo de menos todos los días, Bella. Las cosas no son lo mismo sin ti.
—Ya lo sé y lo siento, Jake, yo sólo...
√Čl sacudi√≥ la cabeza y suspir√≥.
¬óLo s√©. Despu√©s de todo, no importa, ¬Ņverdad? Supongo que sobrevivir√© o lo que sea. ¬ŅA qui√©n le hacen falta amigos? ¬óhizo una mueca de dolor, intentando disimularla bajo un ligero barniz bravuc√≥n.
EI sufrimiento de Jacob siempre había disparado mi lado protector. No era racional del todo, ya que él difícilmente necesitaba el tipo de protección física que yo le pudiera proporcionar, pero mis brazos, atrapados con firmeza bajo los de Edward, ansiaban alcanzarle, para enredarse en torno a su cintura grande y cálida en una silenciosa promesa de aceptación y consuelo.
Los brazos protectores de Edward se habían convertido en un encierro.
¬óVenga, a clase ¬óuna voz severa reson√≥ a nuestras espaldas¬ó. P√≥ngase en marcha, se√Īor Crowley.
—Vete al colegio, Jake —susurré, nerviosa, en el momento en que reconocí la voz del director. Jacob iba a la escuela de los quileute, pero podría verse envuelto en problemas por allanamiento de propiedad o algo así.
Edward me soltó, aunque me cogió la mano y continuó interponiendo su cuerpo entre nosotros.
El se√Īor Greene avanz√≥ a trav√©s del c√≠rculo de espectadores, con las cejas protuberantes como nubes ominosas de tormenta sobre sus ojos peque√Īos.
—¡He dicho que ya! —amenazó—. Castigaré a todo el que me encuentre aquí mirando cuando me dé la vuelta.
La concurrencia se disolvió antes de que hubiera terminado la frase.
¬óAh, se√Īor Cullen. ¬ŅQu√© ocurre aqu√≠? ¬ŅAlg√ļn problema?
¬óNinguno, se√Īor Greene. √≠bamos ya de camino a clase.
¬óExcelente. Creo que no conozco a su amigo ¬óel director volvi√≥ su mirada fulminante a Jacob¬ó. ¬ŅEs usted un estudiante del centro?
Los ojos del se√Īor Greene examinaron a Jacob y vi c√≥mo llegaba a la misma conclusi√≥n que todo el mundo: peligroso. Un chaval problem√°tico.
¬óNo ¬órepuso Jacob, con una sonrisita de suficiencia en sus gruesos labios.
—Entonces le sugiero que se marche de la propiedad de la escuela rápido, jovencito, antes de que llame a la policía.
La sonrisita de Jacob se convirti√≥ en una sonrisa en toda regla y supe que se estaba imaginando a Charlie deteni√©ndole, pero su expresi√≥n era demasiado amarga, demasiado llena de burla para satisfacerme. √Čsa no era la sonrisa que yo esperaba ver.
Jacob respondi√≥: ¬ęS√≠, se√Īor¬Ľ, y esboz√≥ un saludo militar antes de montarse en su moto y patear el pedal de arranque en la misma acera. El motor rugi√≥ y luego las ruedas chirriaron cuando las hizo dar un giro cerrado. Jacob se perdi√≥ de vista en cuesti√≥n de segundos.
El se√Īor Greene rechin√≥ los dientes mientras observaba la escena. Se√Īor Cullen, espero que hable con su amigo para que no vuelva a invadir la propiedad privada.
¬óNo es amigo m√≠o, se√Īor Greene, pero le har√© llegar la advertencia.
El se√Īor Greene apret√≥ los labios. El expediente acad√©mico intachable de Edward y su trayectoria impecable jugaban claramente a su favor en la valoraci√≥n del director respecto al incidente. Ya veo. Si tiene alg√ļn problema, estar√© encantado de...
¬óNo hay de qu√© preocuparse, se√Īor Greene. No hay ning√ļn gobierna.
¬óEspero que sea as√≠. Bien, entonces, a clase. Usted tambi√©n, se√Īorita Swan.
Edward asintió y me empujó con rapidez hacia el edificio donde estaba el aula de Lengua.
¬ó¬ŅTe sientes bien como para ir a clase? ¬óme susurr√≥ cuando dejamos atr√°s al director.
—Sí —murmuré en respuesta, aunque no estaba del todo segura de estar diciendo la verdad.
Aunque si me sentía o no bien, no era el tema más importante. Necesitaba hablar con Edward cuanto antes y la clase de Lengua no era el sitio ideal para la conversación que tenía en mente.
Pero no hab√≠a muchas otras opciones mientras tuvi√©ramos al se√Īor Greene justo detr√°s de nosotros.
Llegamos al aula un poco tarde y nos sentamos r√°pidamente en nuestros sitios. El se√Īor Berty estaba recitando un poema de Frost. Hizo caso omiso a nuestra entrada, con el fin de que no se rompiera el ritmo de la declamaci√≥n.
Arranqué una página en blanco de mi libreta y comencé a escribir, con una caligrafía más ilegible de lo normal debido a mi nerviosismo.
¬ŅQue es lo que ha pasado? Y no me vengas con el rollo protector, por favor.
Le pas√© la nota a Edgard. √Čl suspir√≥ y comenz√≥ a escribir. Le llev√≥ menos tiempo que a m√≠, aunque rellen√≥ un p√°rrafo entero con su caligraf√≠a personal antes de deslizarme el papel de vuelta.
Alice vio regresar a Victoria. Te saque de la ciudad como simple precauci√≥n, aunque nunca hubo oportunidad de que se acercara a ti de ning√ļn modo. Emmett y Jasper estuvieron a pundo de atraparla, pero ella tiene un gran instinto para hu√≠r. Se escap√≥ justo por la l√≠nea que marca la frontera con los lic√°ntropos de un modo tan preciso como si la hubiera visto en un mapa. Tampoco ayud√≥ que las capacidades de Alice se vieran anuladas por la implicaci√≥n de los quileute. Para ser justo he de admitir que los quileute pod√≠an haberla atrapado tambi√©n si no hubi√©ramos estado nosotros de por medio. El lobo gris grande pens√≥ que Emmett hab√≠a traspasado la l√≠nea y se puso a la defensiva. Desde luego, Rosalie entr√≥ en acci√≥n y todo el mundo abandon√≥ la casa para defender a sus compa√Īeros.
Carlisle y Jasper consiguieron calmar la situación antes de que se nos fuera de las manos. Pero para entonces, Victoria se había escapado. Eso es todo.
Frunc√≠ el entrecejo ante lo que hab√≠a escrito en la p√°gina. Todos ellos hab√≠an participado en el asutno, Emmett, Jasper, Alice, Rosalie y Carlisle. Quiz√°s incluso haste Esme, aunque √©l no la hab√≠a mencionada. Y adem√°s, Paul y el resto de la manda de los quileute. No hubiera sido dif√≠cil convertir aquello en una lucha encarnizada, que hubiera enfrentado a mi futura familia con mis viejos amigos. Y cualquiera de ellos podr√≠a haber sal√≠do herido. Supuse que los lobos habr√≠an corrido m√°s peligro, pero imaginarme a la peque√Īa Alica al lado de alguno de aquellos gigantes lic√°ntropos, luchando...
Me estremecí.
Cuidadosamente, borré todo el párrafo con la goma y entonces escribí en la parte superior:
¬ŅY qu√© pasa con Charlie? Victoria podria haber ido a por √©l.
Edward estaba negando con la cabeza antes incluso de que terminara; resultaba obvio que intentaba quitar importancia al peligro que Charlie podría haber corrido. Levantó una mano, pero yo lo ignoré y continué escribiendo:
No puedes saber qué pasa por la mente de Victoria, sencillamente porque no estabas aquí. Florida fue una mala idea.
Me arrebató el papel de las manos:
No iba a dejarte marchar sola. Con la suerte que tienes, no habrían encontrado ni la caja negra.
Eso no era lo que yo quería decir en absoluto. Ni siquiera se me había ocurrido irme sin él. Me refería a que habría sido mejor que nos hubiéramos quedado aquí los dos. Pero su respuesta me distrajo y me molestó un poco. Como si yo no pudiera volar a través del país sin provocar un accidente de avión. Muy divertido, claro.
Digamos que mi mala suerte hiciera caer el avi√≥n. ¬ŅQu√© es exactamente lo que t√ļ hubieras podido hacer al respecto?
¬ŅPor qu√© tendr√≠a que estrellarse?
Ahora intentaba disimular una sonrisa.
Los pilotos podrían estar borrachos.
Facil. Pilotaría el avión.
Claro. Apreté los labios y lo intenté de nuevo.
Explotar los dos motores y caemos en una espiral mortal hacia el suelo.
Esperaría hasta que estuviéramos lo bastante cerca del suelo, te agarraría bien fuerte, le daría una patada a la pared y saltaría. Luego, correría de nuevo hacia la escena del accidente y nos tambalearíamos como los dos afortunados supervivientes de la historia.
Le miré sin palabras.
¬ó¬ŅQu√©? ¬ósusurr√≥. Sacud√≠ la cabeza, intimidada.
—Nada —articulé las palabras sin pronunciarlas en voz alta. Di por terminada la desconcertante conversación y escribí sólo una línea más.
La próxima vez me lo contarás.
Sabía que habría otra vez. El esquema se repetiría hasta que alguien perdiera.
Edward me mir√≥ a los ojos durante un largo rato. Me pregunt√© qu√© aspecto tendr√≠a mi cara, ya que la sent√≠a fr√≠a, como si la sangre no hubiera regresado a mis mejillas. Todav√≠a ten√≠a las pesta√Īas mojadas.
Suspiró y asintió sólo una vez.
Gracias.
El papel desapareci√≥ de mis manos. Levant√© la mirada, parpadeando por la sorpresa, para encontrarme al se√Īor Berty viniendo por el pasillo.
¬ó¬ŅTiene algo ah√≠ que tenga que darme, se√Īor Cullen?
Edward alzó una mirada inocente y puso la hoja de papel encima de su carpeta.
¬ó¬ŅMis notas? ¬ópregunt√≥, con un tono lleno de confusi√≥n.
EI se√Īor Berty observ√≥ las anotaciones: una perfecta trascripcion de su lecci√≥n, sin duda, y se march√≥ con el ce√Īo fruncido.

M√°s tarde, en clase de C√°lculo, la √ļnica en la que no estaba con Edward, escuch√© el cotilleo.
—Apuesto a favor del indio grandote —decía alguien.
Miré a hurtadillas y vi a Tyler, Mike, Austin y Ben con las cabezas inclinadas y juntas, conversando muy interesados.
¬óVale ¬ósusurr√≥ Mike¬ó ¬ŅHab√©is visto el tama√Īo de ese chico, el tal Jacob? Creo que habr√≠a podido con Cullen ¬óMike parec√≠a encantado con la idea.
—No lo creo —disintió Ben—. Edward tiene algo. Siempre está tan... seguro de sí mismo. Me da la sensación de que más vale cuidarse de él.
—Estoy con Ben —admitió Tyler—. Además, si alguien se metiera con Edward, ya sabéis que aparecerían esos hermanos enormes que tiene...
¬ó¬ŅHab√©is ido por La Push √ļltimamente? ¬ópregunt√≥ Mike¬ó. Lauren y yo fuimos a la playa hace un par de semanas y creedme, los amigos de Jacob son todos tan descomunales como √©l.
¬óUf ¬óintervino Tyler¬ó. Menos mal que esto ha terminado sin que la sangre llegara al r√≠o. Ojal√° no averig√ľemos c√≥mo podr√≠a haber acabado la cosa.
¬óPues si hubiera le√Īa, a m√≠ no me importar√≠a echar una ojeada ¬ódijo Austin¬ó. Quiz√° deber√≠amos ir a ver.
Mike esbozó una amplia sonrisa.
¬ó¬ŅAlguien est√° de humor para apostar?
¬óDiez por Jacob ¬ópropuso Austin r√°pidamente.
—Diez a Cullen —replicó Tyler.
—Diez a Edward —imitió Ben.
¬óApuesto por Jacob ¬óintervino Mike.
¬óBueno, chicos, ¬Ņy alguien sabe de qu√© iba el asunto? ¬óse pregunt√≥ Austin¬ó. Eso podr√≠a afectar a las probabilidades.
—Puedo hacerme una idea —apuntó Mike, y entonces lanzó una mirada en mi dirección al mismo tiempo que Ben y Tyler.
Colegí de sus expresiones que ninguno se había dado cuenta de que estaba a una distancia en la que era fácil oírles. Todos apartaron la mirada con rapidez, removiendo los papeles en los pupitres.
—Mantengo mi apuesta por Jacob —musitó Mike entre dientes.

Naturalezas
Estaba siendo una semana horrible.
Yo sab√≠a que no hab√≠a cambiado nada sustancial. Vale, Victoria no se hab√≠a rendido, pero ¬Ņacaso hab√≠a esperado yo alguna vez que fuera de otro modo? Su reaparici√≥n s√≥lo hab√≠a confirmado lo que ya sab√≠a, No ten√≠a motivo para asustarme como si fuera algo nuevo.
Eso en teoría. Porque no sentir pánico es algo más fácil de decir que de hacer.
Solo quedaban unas pocas semanas para la graduaci√≥n, pero me preguntaba si no era un poco est√ļpido quedarme sentada, d√©bil y apetecible, esperando el pr√≥ximo desastre. Parec√≠a demasiado peligroso continuar siendo humana, como si estuviera atrayendo conscientemente peligro. Una persona con mi suerte deb√≠a ser un poquito menos vulnerable.
Pero nadie me escucharía.
Carlisle había dicho:
¬óSomos siete, Bella, y con Alice de nuestro lado, dudo que Victoria nos pueda sorprender con la guardia baja. Pienso que es importante, por el bien de Charlie, que nos atengamos al plan original.
Ksme había apostillado:
—No dejaremos nunca que te pase nada malo, cielo. Ya lo sabes. Por favor, no te pongas nerviosa —y luego me había besado en la frente.
Emmett había continuado:
—Estoy muy contento de que Edward no te haya matado. Todo es mucho más divertido contigo por aquí.
Rosalie le había mirado con cara de pocos amigos.
Alice había puesto los ojos en blanco para luego agregar:
¬óMe siento ofendida. ¬ŅVerdad que no est√°s preocupada por esto? ¬Ņa que no?
¬óSi no era para tanto, entonces, ¬Ņpor qu√© me llev√≥ Edward a Florida? ¬óinquir√≠.
¬óPero ¬Ņno te has dado cuenta todav√≠a, Bella, de que Edward es un poquito dado a reaccionar de forma exagerada?
Jasper, silenciosamente, había borrado todo el pánico y la tensión de mi cuerpo con su curiosa habilidad para controlar las atmósferas emocionales. Me sentí más tranquila y los dejé convencerme de lo innecesario de mi desesperada petición.
Pero claro, toda esa calma desapareció en el momento en que Edward y yo salimos de la habitación.
Así que el acuerdo consistía en que lo mejor que podía hacer era olvidarme de que un vampiro desquiciado quería cazarme para matarme. Y ocuparme de mis asuntos.
Y lo intenté. Y de modo sorprendente, había otras cosas casi tan estresantes en las que concentrarse como mi rango dentro de la lista de especies amenazadas...
Porque la respuesta de Edward había sido la más frustrante de todas.
¬óEso es algo entre t√ļ y Carlisle ¬óhab√≠a dicho¬ó. Claro, que yo estar√≠a encantado de que fuera algo entre t√ļ y yo en cualquier momento que quisieras, pero ya conoces mi condici√≥n ¬óy sonri√≥ angelicalmente.
Agh. Claro que sabía en qué consistía su condición. Edward me había prometido que sería él mismo quien me convirtiera cuando yo quisiera... siempre que me casara con él primero.
Algunas veces me preguntaba si s√≥lo simulaba la incapacidad de leerme la mente. ¬ŅC√≥mo hab√≠a llegado a encontrar la √ļnica condici√≥n que tendr√≠a problemas en aceptar? El requisito preciso que me obligar√≠a a tomarme las cosas con m√°s calma.
Habia sido una semana malísima en su conjunto, y aquel día, el pero de todos
Siempre eran días malos cuando se ausentaba Edward. Alice no habia visto nada fuera de lo habitual ese fin de semana, por lo que insistí en que aprovechara la oportunidad para irse con sus hermanos de cacería. Sabía cuánto le aburría cazar las presas cercanas, tan fáciles.
—Ve y diviértete —le insté—. Caza unos cuantos pumas por mí.
Jamas admitiría en su presencia lo mal que sobrellevaba la separación, ya que de nuevo volvían las pesadillas de la época del abandono. Si él lo hubiera sabido, le habría hecho sentirse fatal y le hubiera dado miedo dejarme, incluso aunque fuera por la más necesaria de las razones. Así había sido al principio, cuando represamos de Italia. Sus ojos dorados se habían tornado negros y sufría por culpa de la sed más de lo normal. Por eso, ponía cara de valiente y hacía de todo, salvo sacarle a patadas de la casa, cada vez que Emmett y Jasper querían marcharse.
Sin embargo, a veces me daba la sensaci√≥n de que ve√≠a dentro de m√≠. Al menos un poco. Esa ma√Īana hab√≠a encontrado una nota en mi almohada.
Volveré tan pronto que no tendrás tiempo de echarme de menos. Cuida de mi corazón… lo he dejado contigo.
As√≠ que ahora ten√≠a todo un s√°bado entero sin nada que hacer salvo mi turno de la ma√Īana en la tienda de ropa Newton's Olympie para distraerme. Y claro, esa promesa tan reconfortante de Alice.
—Cazaré cerca de aquí. Si me necesitas, estoy sólo a quince minutos. Estaré pendiente por si hay problemas.
Traducción: no intentes nada divertido sólo porque no esté Edward.
Ciertamente, Alice era tan capaz de fastidiarme el coche como Edward.
Intent√© mirarlo por el lado positivo. Despu√©s del trabajo, hab√≠a hecho planes con Angela para ayudarle con sus tarjetas de graduaci√≥n, de modo que estar√≠a distra√≠da. Y Charlie estaba de un humor excelente debido a la ausencia de mi novio, as√≠ que conven√≠a disfrutar de esto mientras durara. Alice pasar√≠a la noche conmigo si yo me sent√≠a tan pat√©tica como para ped√≠rselo, y ma√Īana Edward ya estar√≠a de vuelta. Sobrevivir√≠a.
No quería llegar a trabajar ridiculamente temprano, y me tomé el desayuno masticando muy despacio cada cucharada de cereales Cheerio. Entonces, una vez que hube lavado los platos, coloqué los imanes del frigorífico en una línea perfecta. Quizás estuviera desarrollando un trastorno obsesivo-compulsivo.
Los √ļltimos dos imanes, un par de utilitarias piezas redondas y negras, que eran mis favoritas porque pod√≠an sujetar diez hojas de papel en el frigor√≠fico, no quer√≠an cooperar con mi fijaci√≥n. Ten√≠an polaridades inversas; cada vez que intentaba ponerlas en fila, al colocar la √ļltima, la otra saltaba fuera de su sitio.
Por alg√ļn motivo ?una man√≠a en ciernes, quiz√°?, eso me sacaba de quicio. ¬ŅPor qu√© no pod√≠an comportarse como es debido? De una forma tan est√ļpida como terca, continu√© aline√°ndolas como si esperase una repentina rendici√≥n. Podr√≠a haber puesto una m√°s arriba, pero sent√≠a que eso equival√≠a a perder. Finalmente, m√°s desesperada por mi comportamiento que por los imanes, los cog√≠ del frigor√≠fico y los sostuve juntos, uno en cada mano. Me cost√≥ un poco, ya que eran lo bastante fuertes como para presentar batalla, pero consegu√≠ que coexistieran uno al lado del otro.
¬óYa veis ¬óesto de hablarle a los objetos inanimados no pod√≠a ser s√≠ntoma de nada bueno¬ó. Tampoco es tan malo, ¬Ņa que no?
Permanec√≠ all√≠ quieta durante un segundo, incapaz de admitir que no estaba teniendo ning√ļn √©xito a largo plazo contra los principios cient√≠ficos. Entonces, con un suspiro, volv√≠ a colocar los imanes en el frigor√≠fico, a un palmo de distancia.
—No hay necesidad de ser tan inflexible —murmuré.
Todavía era muy temprano, pero decidí que lo mejor sería salir de la casa antes de que los objetos inanimados comenzaran a contestarme.
Cuando llegué a Newtons Olympic, Mike pasaba la mopa de forma metódica por los pasillos mientras su madre acondicionaba un nuevo escaparate en el mostrador. Los pillé en mitad de una disputa, aunque no se dieron cuenta de mi llegada.
¬óPero es el √ļnico momento en que Tyler puede ir ¬óse quejaba Mike¬ó. Dijiste que despu√©s de la graduaci√≥n...
¬óPues vais a tener que esperar ¬órepuso la se√Īora Newton con brusquedad¬ó. Tyler y t√ļ ya pod√©is empezar a pensar en otra cosa. No vas a ir a Seattle hasta que la polic√≠a solucione lo que esta pasando, sea lo que sea. Ya s√© que Betty Crowley le ha dicho lo mismo aTyler, as√≠ que no me vengas con que yo soy la mala de la pel√≠cula. Oh, buenos d√≠as, Bella ¬óme dijo cuando se dio cuenta de que hab√≠a entrado, alegrando su tono r√°pidamente¬ó. Has llegado temprano.
Karen Newton era la √ļltima persona que podr√≠as imaginar trabajando en un establecimiento de prendas deportivas al aire libre. Llevaba su pelo rubio perfectamente mechado y recogido en un elegante mo√Īo bajo a la altura de la nuca, las u√Īas de las manos pintadas por un profesional, lo mismo que las de los pies, visibles a trav√©s de sus altos tacones de tiras que no se parec√≠an en nada a lo que los Newton ofrec√≠an en el largo estante de las botas de monta√Īa.
¬óApenas hab√≠a tr√°fico ¬óbrome√© mientras cog√≠a la horrible camiseta naranja fluorescente de debajo del mostrador. Me sorprend√≠a que la se√Īora Newton estuviera tan preocupada por lo de Seattle como Charlie. Pens√© que era s√≥lo √©l quien se lo hab√≠a tomado a la tremenda.
¬óEsto... eh...
La se√Īora Newton dud√≥ por un momento, jugueteando inc√≥moda con el paquete de folletos publicitarios que estaba colocando al lado de la caja registradora.
Ya tenía una mano sobre la camiseta pero me detuve. Conocía esa mirada.
Cuando les hice saber a los Newton que no trabajar√≠a all√≠ ese verano, dej√°ndolos de este modo plantados en la estaci√≥n con m√°s trabajo, comenzaron a ense√Īar a Katie Marshall para que ocupara mi lugar. Realmente no pod√≠an permitirse mantener los sueldos de las dos a la vez, as√≠ que cuando se ve√≠a que iba a ser un d√≠a tranquilo...
¬óTe iba a llamar ¬ócontinu√≥ la se√Īora Newton¬ó. No creo que vayamos a tener hoy mucho trabajo. Creo que podremos apa√Īarnos entre Mike y yo. Siento que te hayas tenido que levantar y conducir hasta aqu√≠.
En un día normal, este giro de los acontecimientos me habría hecho entrar en éxtasis, pero hoy... no tanto.
¬óVale ¬ósuspir√©. Se me hundieron los hombros. ¬ŅQu√© iba a hacer ahora?
¬óEso no est√° bien, mam√° ¬órepuso Mike¬ó. Si Bella quiere trabajar...
¬óNo, no pasa nada, se√Īora Newton. De verdad, Mike. Tengo examenes finales para los que debo estudiar y otras cosas... ¬óno quer√≠a ser una fuente de discordia familiar cuando ya les hab√≠a sorprendido discutiendo.
¬óGracias, Bella. Mike, te has saltado el pasillo cuatro. Esto, Bella ¬Ņno te importar√≠a tirar estos folletos en un contenedor cuando te vayas? Le dije a la chica que los dej√≥ aqu√≠ que los pondr√≠a en el mostrador, pero la verdad es que no tengo espacio.
¬óVale, sin problemas.
Guard√© la camiseta y me puse los folletos debajo del brazo, para salir de nuevo al exterior, donde lloviznaba. EI contenedor estaba al otro lado de Newton's Olympic, cerca de donde se supon√≠a que aparc√°bamos los empleados. Camin√© sin direcci√≥n precisa hacia all√°, enfurru√Īada, d√°ndole patadas a las piedras. Estaba a punto de tirar el paquete de brillantes papeles amarillos a la basura cuando capt√≥ mi inter√©s el t√≠tulo impreso en negrita en la parte superior. Fue una palabra en especial la que me IIam√≥ la atenci√≥n.
Cogí los papeles entre las dos manos mientras miraba la imagen bajo el título. Se me hizo un nudo en la garganta.
SALVEMOS AL LOBO DE LA PEN√ćNSULA OLYMPIC
Majo las palabra había un dibujo detallado de un lobo frente a un abeto, con la cabeza echada hacia atrás aullándole a la luna. Era una imagen desconcertante; algo en la postura quejosa del lobo le hacía parecer desamparado. Como si estuviera aullando de pena.
Y luego ech√© a correr hacia mi coche, con los folletos a√ļn sucios con firmeza en la mano.
Quince minutos, eso era cuanto tenía, pero bastaría. Sólo había quince minutos hasta La Push y seguramente cruzaría la frontera unos cuantos minutos antes de llegar al pueblo.
El coche arrancó sin ninguna dificultad.
Alice no podría estar viéndome hacer esto porque no lo había planeado. Una decisión repentina, ¡ésa era la clave!, y podría sacarle provecho si conseguía moverme con suficiente rapidez.
Con la prisa, arroj√© los papeles h√ļmedos al asiento del pasajero, donde se desparramaron en un brillante desorden, cien t√≠tulos en negrita, cien lobos negros aull√°ndole a la luna, recortados contra el fondo amarillo.
Iba a toda pastilla por la autopista mojada, con los limpiaparabrisas a tope y sin hacerle caso al rugido del viejo motor. Lo máximo que podía sacarle a mi coche eran unos noventa por hora y recé para que fuera suficiente.
No tenía idea de dónde estaba la frontera, pero empecé a sentirme más segura cuando pasé las primeras casas en las afueras de La Push. Seguro que esto era lo más lejos que se le permitía llegar a Alice.
La telefonearía cuando llegara a casa de Angela por la tarde, me dije para mis adentros, para hacerle saber que me encontraba bien. No había motivo para que se preocupara. No necesitaba enfadarse conmigo, porque Edward ya estaría suficientemente furioso por los dos a su regreso.
Mi coche iba ya resollando cuando chirriaron los frenos al parar frente a la familiar casa de color rojo desva√≠do. Se me volvi√≥ a hacer un nudo en la garganta al mirar aquel peque√Īo lugar que una vez hab√≠a sido mi refugio. Hab√≠a pasado tanto tiempo desde que hab√≠a estado aqu√≠.
Antes de que pudiera parar el motor, Jacob ya estaba en la puerta, con el rostro demudado por la sorpresa.
En el silencio repentino que se hizo después de que el rugido del motor se detuviera, oí su respiración entrecortada.
¬ó¬ŅBella?
¬ó¬°Hola, Jake!
—¡Bella! —gritó en respuesta y la sonrisa que había estado esperando atravesó su rostro como el sol en un día nublado. Los dientes relampaguearon contra su piel cobriza—. ¡No me lo puedo creer!
corri√≥ hacia el coche, me sac√≥ casi en volandas a trav√©s de la puerta abierta, y nos pusimos a saltar como ni√Īos.
¬ó¬ŅC√≥mo has llegado hasta aqu√≠?
¬ó¬°Me he escapado!
¬ó¬°Impresionante!
—¡Hola, Bella! —Billy impulsó su silla hacia la entrada para ver a qué se debía toda aquella conmoción.
¬ó¬°Hola, Bill...!
Y en ese momento me quedé sin aire. Jacob me había sepultado en un abrazo gigante, tan fuerte, que no podía respirar y me daba vueltas en círculo.
—¡Guau, es estupendo tenerte aquí!
—No puedo... respirar —jadeé.
√Čl se ri√≥ y me puso en el suelo.
¬óBienvenida de nuevo, Bella ¬óme dijo con una sonrisa.
Y el modo en que lo dijo me son√≥ como ¬ębienvenida a casa¬Ľ.
Empezamos a andar, demasiado nerviosos ante la perspectiva de quedarnos sentados dentro de la casa. Jacob iba prácticamente saltando mientras andaba y le tuve que recordar unas cuantas veces que yo no tenía piernas de tres metros.
Mientras camin√°bamos, sent√≠ c√≥mo me transformaba en otra versi√≥n de m√≠ misma, la que era cuando estaba con Jacob. Algo m√°s joven, y tambi√©n algo m√°s irresponsable. Alguien que har√≠a, en alguna ocasi√≥n, algo realmente est√ļpido sin motivo aparente.
Nuestra euforia duró los primeros temas de conversación que abordamos: qué estábamos haciendo, qué queríamos hacer, cuánto tiempo tenía y qué me había traído hasta allí. Cuando le conté lo del folleto del lobo, de forma vacilante, su risa ruidosa hizo eco entre los árboles.
Pero entonces, cuando paseábamos detrás de la tienda y atravesamos los matorrales espesos que bordeaban el extremo más lejano de la playa Primera, llegamos a las partes más difíciles de la conversación. Desde muy pronto tuvimos que hablar de las razones de nuestra larga separación y observé cómo el rostro de mi amigo se endurecía hasta formar la máscara amarga que ya me resultaba tan familiar.
¬óBueno, ¬Ņy de qu√© va esto en realidad? ¬óme pregunt√≥ Jacob, pateando un trozo de madera de deriva fuera de su camino con una fuerza excesiva. Salt√≥ sobre la arena y luego se estamp√≥ contra las rocas¬ó. O sea, que desde la √ļltima vez que... bueno, antes, ya sabes... ¬óluch√≥ para encontrar las palabras. Aspir√≥ un buen trago de aire y lo intent√≥ de nuevo¬ó. Lo que quiero decir es que... ¬Ņsimplemente todo ha vuelto al mismo lugar que antes de que √©l se fuera? ¬ŅSe lo has perdonado todo?
Yo también inspiré con fuerza.
—No había nada que disculpar.
Me habr√≠a gustado saltarme toda esta parte, las traiciones y las acusaciones, pero sab√≠a que ten√≠amos que hablar de todo esto antes de que fu√©ramos capaces de llegar a alg√ļn otro lado.
El rostro de Jacob se crispó como si acabara de chupar un limón.
—Desearía que Sam te hubiera tomado una foto cuando te encontramos aquella noche de septiembre. Sería la prueba A.
¬óNo estamos juzgando a nadie.
—Pues quizá deberíamos hacerlo.
¬óNi siquiera t√ļ le culpar√≠as por marcharse, si conocieras sus motivos.
Me miró fijamente durante unos instantes.
—Está bien —me retó con amargura—. Sorpréndeme.
Su hostilidad me caía encima, quemándome en carne viva. Me dolía que estuviera enfadado conmigo. Me recordó aquella tarde gris y deprimente, hacía mucho ya, cuando, cumpliendo órdenes de Sam, me dijo que no podíamos seguir siendo amigos. Me llevó un momento recobrar la compostura.
¬óEdward me dej√≥ el pasado oto√Īo porque pensaba que yo no deb√≠a salir con vampiros. Pens√≥ que ser√≠a mejor para m√≠ si √©l se marchaba.
Jacob tardó en reaccionar. Luchó consigo mismo durante unos minutos. Lo que fuera que tenía planeado decir, claramente, había dejado de tener sentido. Me alegraba de que no supiera lo que había precipitado la decisión de Edward. Me podía imaginar qué habría pensado de haber sabido que Jasper intentó matarme.
¬óPero volvi√≥, ¬Ņno? ¬ósusurr√≥ Jacob¬ó. Parece que le cuesta atenerse a sus propias decisiones.
—Si recuerdas bien, fui yo la que corrió tras él y le trajo de vuelta.
Jacob me miró con fijeza durante un momento y después me dio la espalda. Relajó el rostro y su voz se había vuelto más tranquila cuando volvió a hablar.
¬óEso es cierto, pero nunca supe la historia. ¬ŅQu√© fue lo que pas√≥?
Yo dudaba y me mordí el labio.
¬ó¬ŅEs un secreto? ¬ósu voz se torn√≥ burlona¬ó ¬ŅNo me lo puedes contar?
—No —contesté con brusquedad—. Además, es una historia realmente larga.
El sonrió con arrogancia, se giró y echó a caminar por la playa, esperando que le siguiera.
No tenía nada de gracioso estar con él si se iba a comportar de ese modo. Le seguí de manera automática, sin saber si no sería mejor dar media vuelta y dejarle. Aunque tendría que enfrentarme con Alice cuando regresara a casa... Así que pensándolo bien, en realidad no tenía tanta prisa.
Jacob lleg√≥ hasta un enorme y familiar tronco de madera, un √°rbol entero con sus ra√≠ces y todo, blanqueado y profundamente hundido en la arena; de alg√ļn modo, era nuestro √°rbol.
Se sentó en aquel banco natural y dio unas palmaditas en el sitio que había a su lado.
¬óNo me importa que las historias sean largas. ¬ŅHay algo de acci√≥n?
Puse los ojos en blanco mientras me sentaba a su lado.
—La hay —concedí.
—No puede haber miedo de verdad si no hay un poco de acción.
¬ó¬°Miedo! ¬óme burl√©¬ó. ¬ŅVas a escuchar o te vas a pasar todo el rato interrumpi√©ndome para hacer comentarios groseros sobre mis amigos?
Hizo como que se cerraba los labios con llave y luego como que tiraba la llave invisible sobre su hombro. Intenté no sonreír, pero no lo conseguí.
¬óTengo que empezar con cosas que pasaron cuando t√ļ estabas ¬ódecid√≠ mientras intentaba organizar las historias en mi mente antes de comenzar.
Jacob alzó una mano.
¬óAdelante. Eso est√° bien ¬óa√Īadi√≥ √©l¬ó. No entend√≠ la mayor parte de lo que pas√≥ entonces.
¬óAh, vale, estupendo; es un poco complicado, as√≠ que presta atenci√≥n. ¬ŅSabes ya que Alice tiene visiones?
Interpret√© que su ce√Īo fruncido era una respuesta afirmativa, ya que a los hombres lobo no les impresionaba que fuera verdad la leyenda de los poderes sobrenaturales de los vampiros, as√≠ que proced√≠ con el relato de mi carrera a trav√©s de Italia para rescatar a Edward.
Intenté resumir lo más posible, sin dejarme nada esencial. Al mismo tiempo, me esforcé en interpretar las reacciones de Jacob, pero su rostro era inescrutable mientras le explicaba que Alice había visto los planes de Edward para suicidarse cuando escuchó que yo había muerto. Algunas veces Jacob parecía ensimismarse en sus pensamientos, tanto que ni siquiera estaba segura de que me estuviera escuchando. Sólo me interrumpió una vez.
¬ó¬ŅLa adivina chupasangres no puede vernos? ¬órepiti√≥, en su rostro una expresi√≥n feroz y llena de alegr√≠a¬ó. ¬ŅEn serio? ¬°Eso es magn√≠fico!
Apreté los dientes y nos quedamos sentados en silencio, con su cara expectante mientras esperaba que continuase. Le miré fijamente hasta que se dio cuenta de su error.
—¡Oops! —exclamó—. Lo siento —y cerró la boca otra vez.
Su respuesta fue más fácil de comprender cuando llegamos a la parte de los Vulturis. Apretó los dientes, se le pusieron los brazos con carne de gallina y se le agitaron las aletas de la nariz. No entré en detalles, pero le conté que Edward nos había sacado del problema, sin revelar la promesa que habíamos tenido que hacer ni la visita que estábamos esperando. Jacob no necesitaba participar de mis pesadillas.
¬óAhora ya conoces toda la historia ¬óconclu√≠¬ó. Es tu turno para hablar. ¬ŅQu√© ha ocurrido mientras yo pasaba este fin de semana con mi madre?
Sabía que Jacob me proporcionaría más detalles que Edward. No temía asustarme. Se inclinó hacia delante, animado al momento.
¬óEmbry, Quil y yo est√°bamos de patrulla el s√°bado por la noche, s√≥lo algo rutinario, cuando all√≠ estaba, saliendo de ninguna parte, ¬°bum!, una pista fresca, que no ten√≠a ni quince minutos ¬óalz√≥ los brazos y remed√≥ una explosi√≥n¬ó. Sam quer√≠a que le esper√°semos, pero yo ignoraba que t√ļ te hab√≠as ido y no sab√≠a si tus chupasangres estaban vigilando o no. As√≠ que salimos en su persecuci√≥n a toda velocidad, pero cruz√≥ la l√≠nea del tratado antes de que pudi√©ramos cogerla. Nos dispersamos por la l√≠nea esperando que volviera a cruzarla. Fue frustrante, te lo juro ¬ómovi√≥ la cabeza y el pelo, que ya le hab√≠a crecido desde que se lo hab√≠a rapado tan corto cuando se uni√≥ a la manada, le cay√≥ sobre los ojos¬ó. Nos fuimos demasiado hacia el sur y los Cullen la persiguieron hacia nuestro sitio, pero s√≥lo a unos cuantos kil√≥metros al norte de nuestra posici√≥n. Habr√≠a sido la emboscada perfecta si hubi√©ramos sabido d√≥nde esperar.
Sacudió la cabeza, haciendo ahora una mueca.
¬óEntonces fue cuando la cosa se puso peligrosa. Sam y los otros le cogieron el rastro antes de que lleg√°ramos, pero ella iba de un lado a otro de la l√≠nea y el aquelarre en pleno estaba al otro lado. El grande, ¬Ņc√≥mo se llama...?
¬óEmmett.
—Ese, bueno, pues él arremetió contra ella, pero ¡qué rápida es esa pelirroja! Voló detrás de ella y casi se estrella contra Paul. Y ya sabes, Paul... bueno, ya le conoces.
—Sí.
—Se le fue la olla. No puedo decir que le culpe, tenía al chupasangres grandote justo encima de él. Así que saltó... Eh, no me mires así. El vampiro estaba en nuestro territorio.
Intent√© recomponer mi expresi√≥n para que continuara con su relato. Ten√≠a las u√Īas clavadas en las palmas de las manos con la tensi√≥n de la historia, incluso sabiendo que hab√≠a terminado bien.
—De cualquier modo, Paul falló y el grandullón regresó a su sitio, pero entonces, esto, la, eh, bien, la rubia...
La expresión de Jacob era una mezcla cómica de disgusto y reacia admiración mientras intentaba encontrar una palabra para describir a la hermana de Edward.
¬óRosalie.
—Como quieras. Se había vuelto realmente territorial, así que Sam y yo nos retrasamos para cubrir los flancos de Paul. Entonces su líder y el otro macho rubio...
¬óCarlisle y Jasper.
Me miró algo exasperado.
¬óYa sabes que me da igual c√≥mo se llamen. Como sea, Carlisle habl√≥ con Sam en un intento de calmar las cosas. Y fue bastante extra√Īo porque la verdad es que todo el mundo se tranquiliz√≥ muy r√°pido. Creo que fue ese otro que dices, que nos hizo algo raro en la cabeza, pero aunque sab√≠amos lo que estaba haciendo, no pod√≠amos dejar de estar tranquilos.
—Ah, sí, ya sé cómo se siente uno.
—Realmente cabreado, así es como se siente uno. Sólo que no estás enfadado del todo, al final —sacudió la cabeza, confundido—. Así que Sam y el vampiro líder acordaron que la prioridad era Victoria y volvimos a la caza otra vez. Carlisle nos dio la pista de modo que pudimos seguir el rastro correcto, pero entonces tomó el camino de los acantilados justo al norte del territorio de los makah, donde la frontera discurre pegada a la costa durante unos cuantos kilómetros. Así que se metió en el agua otra vez. El grandullón y el tranquilo nos pidieron permiso para cruzar la frontera y perseguirla, pero se lo denegamos, como es lógico.
¬óEstupendo. Quiero decir que vuestro comportamiento me parece est√ļpido, pero estoy contenta. Emmett nunca tiene la suficiente prudencia. Podr√≠a haber salido herido.
Jacob resopló.
—Así que tu vampiro te dijo que los atacamos sin razón y que su aquelarre, totalmente inocente...
—No —le interrumpí—. Edward me contó la misma historia, sólo que sin tantos detalles.
—Ah —dijo Jacob entre dientes y se inclinó para coger una piedra entre los millones de guijarros que teníamos a los pies. Con un giro casual, la mandó volando sus buenos cien metros hacia las aguas de la bahía—. Bueno, ella regresará, supongo. Y volveremos a tenerla a tiro.
Me encog√≠ de hombros; ya lo creo que volver√≠a, pero ¬Ņde veras me lo contar√≠a Edward la pr√≥xima vez? No estaba segura. Deb√≠a mantener vigilada a Alice en busca de los s√≠ntomas indicadores de que el patr√≥n de comportamiento volv√≠a a repetirse...
Jacob no pareció darse cuenta de mi reacción. Estaba sumido en la contemplación de las olas con los gruesos labios apretados y una expresión pensativa en la cara.
¬ó¬ŅEn qu√© est√°s pensando? ¬óle pregunt√© despu√©s de un buen rato en silencio.
¬óLe doy vueltas a lo que me has dicho hace un rato. En cuando la adivina te vio saltando del acantilado y pens√≥ que quer√≠as suicidarte, y en c√≥mo a partir de aquello todo se descontrol√≥... ¬ŅTe das cuenta de que, si te hubieras limitado a esperarme, como se supone que ten√≠as que hacer, entonces la chup... Alice no habr√≠a podido verte saltar? Nada habr√≠a cambiado. Probablemente, los dos estar√≠amos ahora en mi garaje, como cualquier otro s√°bado. No habr√≠a ning√ļn vampiro en Forks y t√ļ y yo... ¬ódej√≥ que su voz se apagara, perdido en sus pensamientos.
Era desconcertante su forma de ver la situación, como si fuera algo bueno que no hubiera vampiros en Forks. Mi corazón comenzó a latir arrítmicamente ante el vacío que sugería la imagen.
¬óEdward hubiera regresado de todos modos.
¬ó¬ŅEst√°s segura de eso? ¬óme pregunt√≥ otra vez, volviendo a su aptitud beligerante en cuanto mencion√© el nombre de Edward.
¬óEstar separados... no nos va bien a ninguno de los dos.
Comenzó a decir algo, algo violento a juzgar por su expresión, pero enmudeció de pronto, tomó aliento y empezó de nuevo.
¬ó¬ŅSab√≠as que Sam est√° muy enfadado contigo?
¬ó¬ŅConmigo? ¬óme llev√≥ entenderlo un segundo¬ó. Ah, ya. Cree que se habr√≠an mantenido apartados si yo no estuvie-aqu√≠.
¬óNo. No es por eso.
¬ó¬ŅCu√°l es el problema entonces?
Jacob se inclinó para tomar otra roca. Le dio vueltas una y otra vez, entre los dedos. No le quitaba ojo a la piedra negra mientras hablaba en voz baja.
—Cuando Sam vio... en qué estado estabas al principio, cuando Billy les contó lo preocupado que estaba Charlie porque no mejorabas y entonces, cuando empezaste a saltar de los acantilados...
Puse mala cara. Nadie iba a dejar nunca que me olvidara de eso.
Los ojos de Jacob me miraron de hito en hito.
¬óPensamos que t√ļ eras la √ļnica persona en el mundo que ten√≠a tanta raz√≥n para odiar a los Cullen como √©l. Sam se siente... traicionado porque los volvieras a dejar entrar en tu vida, como si jam√°s te hubieran hecho da√Īo.
No me cre√≠ ni por un segundo que Sam fuera el √ļnico que se sintiera de ese modo, y por tanto, el tono √°cido de mi respuesta iba dirigido a ambos.
¬óPuedes decirle a Sam que se vaya a...
¬óMira eso ¬óJacob me interrumpi√≥ se√Īal√°ndome a un √°guila en el momento en que se lanzaba en picado hacia el oc√©ano desde una altura incre√≠ble. Recuper√≥ el control en el √ļltimo minuto, y s√≥lo sus garras rozaron la superficie de las olas, apenas durante un instante. Despu√©s volvi√≥ a aletear, con las alas tensas por el esfuerzo de cargar con el peso del pescado enorme que acababa de pescar¬ó. Lo ves por todas partes ¬ódijo con voz repentinamente distante¬ó. La naturaleza sigue su curso, cazador y presa, el c√≠rculo infinito de la vida y la muerte.
No entendía el sentido del sermón de la naturaleza; supuse que sólo quería cambiar el tema de la conversación, pero entonces se volvió a mirarme con un negro humor en los ojos.
—Y desde luego, no verás al pez intentando besar al águila. Jamás verás eso —sonrió con una mueca burlona.
Le devolv√≠ la sonrisa, una sonrisa tirante, porque a√ļn ten√≠a un sabor √°cido en la boca.
—Quizás el pez lo está intentando —le sugerí—. Es difícil saber lo que piensa un pez. Las águilas son unos pájaros bastante atractivos, ya sabes.
¬ó¬ŅA eso es a lo que se reduce todo? ¬ósu voz se volvi√≥ aguda¬ó. ¬ŅA tener un buen aspecto?
¬óNo seas est√ļpido, Jacob.
¬óEntonces, ¬Ņes por el dinero? ¬óinsisti√≥.
—Estupendo —murmuré, levantándome del árbol—. Me halaga que pienses eso de mí —le di la espalda y me marché.
—Oh, venga, no te pongas así —estaba justo detrás de mí; me cogió de la cintura y me dio una vuelta—. ¡Lo digo en serio!, intento entenderte y me estoy quedando en blanco.
Frunci√≥ el ce√Īo enfadado y sus ojos se oscurecieron enquistados entre sombras.
¬ó-Le amo. ¬°Y no porque sea guapo o rico! ¬óle escup√≠ las palabras a la cara¬ó. Preferir√≠a que no fuera ni lo uno ni lo otro. Incluso te dir√≠a que eso podr√≠a ser un motivo para abrir una brecha entre nosotros, pero no es as√≠, porque siempre es la persona m√°s encantadora, generosa, brillante y decente que me he encontrado jam√°s. Claro que le amo. ¬ŅPor qu√© te resulta tan dif√≠cil de entender?
¬óEs imposible de comprender.
¬óPor favor, ilum√≠name, entonces, Jacob ¬ódej√© que el sarcasmo fluyera denso¬ó. ¬ŅCu√°l es la raz√≥n v√°lida para amar a alguien? Como dices que lo estoy haciendo mal...
—Creo que el mejor lugar para empezar sería mirando dentro de tu propia especie. Eso suele funcionar.
—¡Eso es... asqueroso! —le respondí con brusquedad—. Supongo que debería estar loca por Mike Newton después de todo.
Jacob se estremeció y se mordió el labio. Pude ver que mis palabras le habían herido, pero yo estaba demasiado enfadada para sentirme mal por ello.
Me solt√≥ la mu√Īeca y cruz√≥ los brazos sobre el pecho, volvi√©ndose para mirar hacia el oc√©ano.
—Yo soy humano —susurró, con voz casi inaudible.
¬óNo eres tan humano como Mike ¬ócontinu√© sin piedad¬ó. ¬ŅSigues pensando que es la consideraci√≥n m√°s importante?
—No es lo mismo —Jacob no apartó los ojos de las olas grises—. Yo no he escogido esto.
Me eché a reír incrédula.
¬ó¬ŅY crees que Edward s√≠? √Čl no sab√≠a lo que le estaba ocurriendo m√°s que t√ļ. √Čl no eligi√≥ esto.
Jacob cabeceó de atrás adelante con un movimiento rápido y corto.
¬ó¬ŅSabes, Jacob?, es terrible por tu parte que pretendas sentirte moralmente superior, considerando que t√ļ eres un lic√°ntropo.
¬óNo es lo mismo ¬órepiti√≥ √©l, mir√°ndome con el ce√Īo fruncido.
—No veo por qué no. Podrías ser un poquito más comprensivo con los Cullen. No tienes idea de lo buenos que son, pero buenos de verdad, Jacob.
Frunci√≥ el ce√Īo m√°s profundamente.
—No deberían existir. Su existencia va contra la naturaleza.
Le miré con fijeza durante un largo rato, con una ceja alzada, llena de incredulidad. Pasó un tiempo hasta que se dio cuenta.
¬ó¬ŅQu√©?
—Hablando de algo antinatural... —insinué.
—Bella —me dijo, con la voz baja, y algo diferente. Envejecida. Me di cuenta de que, de repente, sonaba mucho mayor que yo, como un padre o un profesor—. Lo que yo soy ha nacido conmigo. Es parte de mi naturaleza, de mi familia, de lo que todos somos como tribu, es la razón por la cual todavía estamos aquí. Aparte de eso —bajó la vista para mirarme, con sus ojos oscuros inescrutables—, sigo siendo humano.
Me cogió la mano y la presionó contra su pecho ardiente como la fiebre. A través de su camiseta, pude sentir el rápido latido de su corazón contra mi mano.
¬óLos humanos normales no arrojan motos por ah√≠, como haces t√ļ.
√Čl sonri√≥ ligeramente, con una media sonrisa.
—Los humanos normales huyen de los monstruos, Bella. Y nunca he proclamado ser normal. Sólo humano.
Continuar enfadada con Jacob resultaba muy cansado. Empecé a sonreír mientras retiraba la mano de su pecho.
—La verdad es que me pareces humano del todo —concedí—. Al menos de momento.
¬óMe siento humano.
Miró a lo lejos, y volvió el rostro. Le tembló el labio inferior y se lo mordió con fuerza.
—Oh, Jake —murmuré al tiempo que buscaba su mano.
Esa era la raz√≥n por la que estaba aqu√≠. √Čsa era la raz√≥n por la que no me importaba quedarme, fuera cual fuera la recepci√≥n que me esperase al regresar. Porque bajo toda esa ira y ese sarcasmo, Jacob sufr√≠a. Justo ahora, lo estaba viendo en sus ojos. No sab√≠a ayudarle, pero sab√≠a que ten√≠a que intentarlo. No era por todo lo que le deb√≠a, sino porque su pena me dol√≠a a m√≠ tambi√©n.
Jacob se había convertido en parte de mí y no había nada que pudiera cambiar eso.

Imprimación
¬ó¬ŅTe encuentras bien, Jake? Charlie dijo que lo hab√≠as pasado mal. ¬ŅNo has mejorado nada?
—No estoy tan mal —contestó.
Rode√≥ mi mano con la suya, pero evit√≥ mi mirada. Anduvo despacio de vuelta a la plataforma de madera flotante sin apartar la vista de los colores cristalinos del arco iris, empuj√°ndome suavemente para mantenerme a su lado. Me sent√© de nuevo en nuestro √°rbol, pero √©l se repantig√≥ sobre el h√ļmedo suelo rocoso en vez de acomodarse junto a m√≠. Me pregunt√© si lo har√≠a para poder hurtar el rostro a mis ojos con m√°s facilidad. No me solt√≥ la mano.
Comencé a parlotear para llenar el silencio.
¬óHa pasado mucho tiempo desde que estuve aqu√≠. Probablemente, me habr√© perdido un mont√≥n de cosas. ¬ŅC√≥mo est√°n Sam y Emily? ¬ŅY Embry? ¬ŅC√≥mo se tom√≥ Quil...?
Me interrumpí a mitad de frase al recordar que el amigo de Jacob era un tema espinoso.
—Ah, Quil —Jacob suspiró.
Entonces, había sucedido: Quil debía de haberse incorporado a la manada.
—Lo siento —me disculpé entre dientes.
¬óNo se te ocurra decirle eso a √©l ¬ógru√Ī√≥ Jacob, para mi sorpresa.
¬ó¬ŅQu√© quieres decir?
—Quil no busca compasión, más bien todo lo contrario. Está que no cabe en sí de gozo. Es feliz.
No vi sentido alguno a aquello. Todos los demás licántropos se habían entristecido ante la perspectiva de que sus amigos compartieran su destino.
¬ó¬ŅQu√©?
|acob ladeó la cabeza y la echó hacia atrás para mirarme. Esbozó una sonrisa y puso los ojos en blanco.
¬ó√Čl considera que esto es lo m√°s guay que le ha pasado nunca. En parte se debe a que al fin sabe de qu√© va la pel√≠cula, pero tambien le entusiasma haber recuperado a sus amigos y estar en la onda ¬óJacob buf√≥¬ó. Supongo que no deber√≠a sorprenderme, es muy propio de √©l.
¬ó¬ŅLe gusta?
¬ó¬ŅLa verdad...? A casi todos les gusta ¬óadmiti√≥ Jacob con voz pausada¬ó. No hay duda de que tiene ciertas ventajas: la velocidad, la libertad, la fuerza, el sentido de... familia. Sam y yo somos los √ļnicos que sentimos una verdadera amargura, y √©l hizo el transito hace mucho, por lo que ahora soy el √ļnico ¬ęquejica¬Ľ.
Mi amigo se rió de sí mismo.
¬ó¬ŅPor qu√© Sam y t√ļ sois diferentes? En todo caso, ¬Ņqu√© le ocurre a Sam? ¬ŅCu√°l es su problema?
Eran demasiadas las cosas que yo quería saber y formulé las preguntas demasiado seguidas, sin darle espacio para que las respondiera. Jacob volvió a reírse.
¬óEs una larga historia.
—Yo te he contado otra bastante larga. Además, no tengo ninguna prisa en regresar —le contesté al tiempo que hacía una mueca cuando pensé en el lío en que me iba a meter cuando volviera.
√Čl alz√≥ los ojos de inmediato al percatarse del doble sentido de mis palabras.
¬ó¬ŅSe va a enfadar contigo?
—Sí —admití—. No soporta que haga cosas que considera... arriesgadas.
¬ó¬ŅComo andar por ah√≠ con lic√°ntropos?
¬óExacto.
Jacob se encogió de hombros.
—No vuelvas entonces. Quédate y dormiré en el sofá.
—¡Qué gran idea! —rezongué con ironía—. En tal caso, vendrá a buscarme.
Mi amigo se envaró y esbozó una sonrisa torva.
¬ó¬ŅLo har√≠a?
¬óSi temiera encontrarme herida o algo similar..., probablemente.
¬óLa perspectiva de que te quedes cada vez me gusta m√°s.
¬óJacob, por favor, sabes que eso me reconcome de verdad.
¬ó¬ŅEl qu√©?
¬ó¬°Que os pod√°is matar el uno al otro! ¬óprotest√©¬ó. Me vuelve loca. ¬ŅPor qu√© no pod√©is comportaros de forma civilizada?
¬ó¬ŅEst√° dispuesto a matarme? ¬ópregunt√≥ √©l con gesto hura√Īo, haciendo caso omiso a mi ira.
¬óNo tanto como pareces estarlo t√ļ ¬óme percat√© de que le estaba chillando¬ó. Al menos, √©l es capaz de comportarse como un adulto en este tema. Sabe que me lastima a m√≠ al herirte a ti, por lo que nunca lo har√≠a. ¬°Eso no parece preocuparte en absoluto!
—Claro, por supuesto —musitó él—. Estoy convencido de que es todo un pacifista.
¬ó¬°Vale!
Di un tirón para retirar mi mano de la suya y aparté su cabeza de mi lado. Luego, recogí las piernas contra el pecho y las abarqué con los brazos lo más fuerte posible.
Lancé una mirada fulminante al horizonte. Echaba chispas.
Jacob permaneció inmóvil durante unos minutos y al final se levantó del suelo para sentarse a mi lado y me pasó el brazo por los hombros.
—Lo siento —se disculpó con un hilo de voz—. Intentaré comportarme.
No le respondí.
¬ó¬ŅA√ļn quieres saber lo de Sam? ¬óme propuso.
Me encogí de hombros.
¬óEs una larga historia, como te dije, y tambi√©n muy extra√Īa. Esta nueva vida tiene demasiadas cosas raras y no he dispuesto de tiempo para contarte ni la mitad; la relativa a Sam..., bueno, no se siquiera si voy a poder explicarlo correctamente.
Sus palabras me picaron la curiosidad a pesar de mi enfado.
¬óTe escucho ¬órepuse con frialdad.
Atisbé de reojo su boca; al sonreír, curvó hacia arriba la comisura de sus labios.
—Fue mucho más duro para Sam que para los demás, ya que al ser el primero, estaba solo, y no había nadie que le explicara lo que sucedía. Su abuelo murió antes de que él naciera y su padre siempre estaba ausente, por lo que no había persona alguna capaz de reconocer los síntomas. La primera vez que se transformó llegó a pensar que había enloquecido. Pasaron dos semanas antes de que se calmara lo suficiente para volver a su estado anterior.
¬ĽNo puedes acordarte de esto porque acaeci√≥ antes de que vinieras a Forks. La madre de Sam y Leah Clearwater movilizaron a los guardabosques y a la polic√≠a para la b√ļsqueda. Se pensaba que hab√≠a sufrido un accidente o algo por el estilo...
¬ó¬ŅLeah? ¬óinquir√≠, sorprendida. Leah era la hija de Harry y la menci√≥n de su nombre me abrum√≥ de piedad. Harry Clearwater, el amigo de toda la vida de Charlie, hab√≠a muerto de un ataque al coraz√≥n la primavera pasada.
La voz de mi amigo cambió, se endureció.
—Sí. Ella y Sam fueron novios en el colegio. Empezaron a s.i lir cuando él era un novato. Leah se puso como una loca cuan do él desapareció.
—Pero él y Emily...
—Ya llegaremos a eso... Forma parte de la historia —me atajó. Inspiró muy despacio y luego espiró de golpe.
Supon√≠a que era est√ļpido por mi parte pensar que Sam no hab√≠a amado a otra mujer que no fuera Emily. La mayor√≠a de la gente se enamora muchas veces a lo largo de la vida. Era s√≥lo que, tras verlos juntos, no pod√≠a imagin√°rmelos con otra persona. La forma en que √©l la miraba, bueno, me recordaba a las pupilas de Edward cuando me observaba.
¬óSam volvi√≥ despu√©s de su transformaci√≥n ¬óprosigui√≥¬ó, pero no pod√≠a revelar a nadie su paradero durante aquella ausencia y se dispararon los rumores, la mayor√≠a dec√≠a que no hab√≠a estado en ning√ļn sitio bueno. Una tarde, Sam entr√≥ corriendo en casa y se encontr√≥ por casualidad al Viejo Quil Ateara, el abuelo de Quil, que hab√≠a ido a visitar a la se√Īora Uley. Al anciano estuvo a punto de darle una apoplej√≠a cuando Sam le estrech√≥ la mano.
Mi amigo interrumpió la historia y se echó a reír.
¬ó¬ŅPor qu√©?
Jacob puso la mano en mi mejilla y me giró el rostro para que le mirase. Se había inclinado sobre mí y tenía el semblante a escasos centímetros del mío. La palma de su mano me quemaba la piel, como cuando tenía fiebre.
—De acuerdo —repuse. Resultaba incómodo tener su cara a tan escasa distancia y su mano sobre mi piel—. A Sam le había subido la temperatura.
Jacob rió una vez más.
Tocar la mano de Sam era como ponerla encima de un radiador.
Le tenía tan cerca de mí que podía sentir el roce de su aliento. Alcé el rostro con tranquilidad y aparté su mano, pero ensortijé mis dedos entre los suyos a fin de no herir sus sentimientos.
Sonrió y se echó hacia atrás, desalentado por mi pretendida despreocupación.
¬óEntonces, Ateara acudi√≥ enseguida a los ancianos ¬ócontinuo Jacob¬ó, pues eran los √ļnicos que a√ļn recordaban, los que sab√≠an. De hecho, el se√Īor Ateara, Billy y Harry hab√≠an visto transformarse a sus abuelos. Cuando el Viejo Quil habl√≥ con ellos, los ancianos se reunieron en secreto con Sam y se lo explicaron todo.
¬ĽResult√≥ m√°s f√°cil cuando lo comprendi√≥ y al fin dej√≥ de estar solo. Ellos eran conscientes de que, aunque ning√ļn otro joven era lo bastante mayor, √©l no iba a ser el √ļnico en verse afectado por el regreso de los Cullen ¬óJacob pronunci√≥ el apellido de sus enemigos con involuntario resentimiento¬ó. De ese modo, Sam esper√≥ hasta que los dem√°s nos uni√©ramos a √©l...
¬óLos Cullen no ten√≠an ni idea ¬órepuse en un susurro¬ó. Ni siquiera cre√≠an que a√ļn hubiera hombres lobo en la zona. Ignoraban que su llegada os iba a cambiar.
¬óEso no altera el hecho de que lo hicieran.
—Recuérdame que no te tome ojeriza.
¬ó¬ŅCrees que puedo mostrar la misma indulgencia que t√ļ? No todos podemos ser santos ni m√°rtires.
¬óCrece, Jacob.
—Qué más quisiera yo —masculló en voz baja.
Le estudié con la mirada mientras intentaba descubrir el significado de su respuesta.
¬ó¬ŅQu√©?
√Čl se ri√≥ entre dientes.
—Es una de las peculiaridades que te comenté...
¬óNo... ¬ŅNo puedes crecer...? ¬óle mir√©, a√ļn sin comprender¬ó. ¬ŅEs eso? ¬ŅNo envejeces...? ¬ŅEs un chiste?
—No —frunció los labios al pronunciar la o.
Sentí que la sangre me huía del rostro y se me llenaron los ojos de lágrimas de rabia. Apreté los dientes, que rechinaron de forma ostensible.
¬ó¬ŅQu√© he dicho, Bella?
Volv√≠ a ponerme de pie con los pu√Īos apretados y el cuerpo tembloroso.
¬óT√ļ... no... envejeces ¬ómascull√© entre dientes.
Jacob me puso la mano en el hombro y me atrajo con delicadeza en un intento de hacerme sentar.
¬óNinguno de nosotros se avejenta. ¬ŅQu√© rayos te pasa?
¬ó¬ŅEs que soy la √ļnica que se va a convertir en una vieja? ¬óestaba hablando a gritos mientras manoteaba en el aire. Una min√ļscula parte de m√≠ era consciente de que hac√≠a el rid√≠culo, pero mi lado racional se ve√≠a ampliamente superado por el irracional¬ó. ¬°Maldita sea! ¬ŅEn qu√© clase de mundo vivimos? ¬°No es justo!
—Tranquilízate, Bella.
¬óCierra la boca, Jacob. T√ļ, ¬°cierra la boca! ¬°Esto es muy injusto!
¬ó¬ŅDe verdad pegas patadas en el suelo? Cre√≠a que eso s√≥lo lo hac√≠an las chicas en la tele.
Emit√≠ un gru√Īido pat√©tico.
—No es tan malo como te crees. Siéntate y te lo explico.
¬óPrefiero quedarme de pie.
Puso los ojos en blanco.
¬óVale, como gustes, pero atiende... Envejecer√©... alg√ļn d√≠a.
¬óAcl√°rame eso.
El palmeó el árbol. Le fulminé con la mirada durante unos segundos, pero luego me senté. Mi malhumor se desvaneció con la misma rapidez con la que había llegado y me calmé lo bastante para comprender que yo misma me estaba poniendo en ridículo.
¬óCuando obtengamos el suficiente control para dejarlo... ¬óempez√≥ Jacob¬ó. Volveremos a envejecer cuando dejemos de transformarnos durante un largo periodo. No va a ser f√°cil ¬ósacudi√≥ la cabeza, repentinamente dubitativo¬ó. Vamos a necesitar mucho tiempo para obtener semejante dominio, o eso creo. Ni siquiera Sam lo tiene a√ļn. Por supuesto, la presencia de un enorme aquelarre de vampiros ah√≠ arriba, al otro lado de la ladera, no es de mucha ayuda. Ni se nos pasa por la cabeza la b√ļssqueda de ese autodominio cuando la tribu necesita protectores, pero no hace falta que te preocupes sin necesidad porque, f√≠sicamente al menos, ya soy mayor que t√ļ.
¬ó¬ŅA qu√© te refieres?
¬óM√≠rame, Bella. ¬ŅAparento diecis√©is a√Īos?
Contemplé su colosal cuerpo de arriba abajo con plena objetifidad y admití:
¬óNo exactamente.
¬óNo del todo... a√ļn. Nos habremos desarrollado por completo dentro de pocos meses, cuando se activen nuestros genes de licantropos. Voy a pegar un buen estir√≥n ¬ótorci√≥ el gesto¬ó. F√≠nicamente, voy a aparentar alrededor de unos veinticinco, o algo asi... Ya no vas a poder ponerte hist√©rica por ser mayor que yo durante al menos otros siete a√Īos.
¬ęUnos veinticinco, o algo as√≠¬Ľ. Me arm√© un l√≠o ante esa perspectiva, pero yo recordaba el estir√≥n anterior de mi amigo, recordaba haberle visto crecer y adquirir corpulencia. Me acordaba de que cada d√≠a ten√≠a un aspecto diferente al anterior. Mene√© la cabeza, presa del v√©rtigo.
¬óBueno, ¬Ņquieres o√≠r la historia de Sam o prefieres seguir pegando gritos por cosas que no comprendo?
Respiré hondo.
¬óDisculpa. No me gustan los comentarios relativos a la edad. Es como poner el dedo en la llaga.
Jacob entrecerró los ojos. Tenía el aspecto de quien piensa el modo de contar algo.
Dado que no deseaba hablar del asunto verdaderamente delicado, mis planes para el futuro, ni de los tratados que esos planes podrían romper, le apunté para ayudarle a empezar con la historia.
¬óDijiste que a Sam todo le result√≥ m√°s f√°cil una vez que comprendi√≥ su situaci√≥n tras su encuentro con Billy, Harry y el se√Īor Ateara. Tambi√©n me has contado que la licantrop√≠a tiene sus cosas buenas... ¬óvacil√© durante unos instantes¬ó. Entonces, ¬Ņpor qu√© Sam las aborrece tanto? ¬ŅPor qu√© le gustar√≠a que yo las detestara?
Jacob suspiró.
¬óEso es lo m√°s extra√Īo.
¬óBueno, yo estoy a favor de lo raro.
¬óS√≠, lo s√© ¬óme dedic√≥ una sonrisa burlona¬ó. Bueno, tienes raz√≥n, una vez que Sam estuvo al tanto de lo que ocurr√≠a, todo recuper√≥ casi la normalidad y su vida volvi√≥ a ser la de siempre, bueno, quiz√° no llev√≥ una existencia normal, pero s√≠ mejor ¬óla expresi√≥n de Jacob se tens√≥ como si tuviera que abordar la narraci√≥n de alg√ļn momento doloroso¬ó. Sam no pod√≠a dec√≠rselo a Leah. Se supone que no debemos revel√°rselo a nadie inadecuado y √©l se pon√≠a en peligro al permanecer cerca de su amada. Por eso la enga√Īaba, como hice yo contigo. Leah se enfadaba cuando √©l no le contaba d√≥nde hab√≠a estado ni adonde iba de noche ni por qu√© estaba tan fatigado, pero a su manera se entendieron, lo intentaron. Se amaban de verdad.
¬ó¬ŅElla lo descubri√≥? ¬ŅFue eso lo que ocurri√≥?
√Čl neg√≥ con la cabeza.
No, ése no fue el problema. Un fin de semana, Emily Young vino de la reserva de los makah para visitar a su prima Leah.
¬ó¬ŅEmily es prima de Leah? ¬ópregunt√© con voz entrecortada.
¬óSon primas segundas, aunque cercanas. De peque√Īas, parecian hermanas.
¬óEs... espantoso... ¬ŅC√≥mo pudo Sam...? ¬ómi voz se fue apagando mientras continuaba sacudiendo la cabeza.
¬óNo le juzgues a√ļn. ¬ŅTe ha hablado alguien de...? ¬ŅHas o√≠do hablar de la imprimaci√≥n?
¬ó¬ŅImprimaci√≥n? ¬órepet√≠ esa expresi√≥n tan poco familiar¬ó. lo, ¬Ņqu√© significa?
Es una de esas cosas singulares con las que nos las tenemos que ver, aunque no le suceden a todo el mundo. De hecho, es la excepci√≥n, no la regla. Por aquel entonces, Sam ya hab√≠a o√≠do todas las historias que sol√≠amos tomar como leyendas y sab√≠a en qu√© consist√≠a, pero ni en sue√Īos...
¬ó¬ŅQu√© es? ¬óle azuc√©.
La mirada de Jacob se ensimismó en la inmensidad del océano.
—Sam amaba a Leah, pero no le importó nada en cuanto vio a Emily. A veces, sin que sepamos exactamente la razón, encontramos de ese modo a nuestras parejas —sus ojos volvieron a mirarme de forma fugaz mientras se ponía colorado—. Me refiero a nuestras almas gemelas.
¬ó¬ŅDe qu√© modo? ¬ŅAmor a primera vista? ¬óme burl√©.
√Čl no sonre√≠a y en sus ojos oscuros le√≠ una cr√≠tica a mi reacci√≥n.
¬óEs un poquito m√°s fuerte que eso. M√°s... contundente.
¬óPerd√≥n ¬ómurmur√©¬ó. Lo dices en serio, ¬Ņverdad?
—Así es.
¬ó¬ŅAmor a primera vista pero con mayor fuerza? ¬óhab√≠a a√ļn una nota de incredulidad en mi voz, y √©l pod√≠a percibirla.
—No es fácil de explicar. De todos modos, tampoco importa —se encogió de hombros—. Querías saber qué sucedió para que Sam odiara a los vampiros porque su presencia le transformó e hizo que se detestara a sí mismo. Pues eso fue lo que le sucedió, que le rompió el corazón a Leah. Quebrantó todas las promesas que le había hecho. Sam ha de ver la acusación en los ojos de Leah todos los días con la certeza de que ella tiene razón.
Enmudeció de forma abrupta, como si hubiera hablado más de la cuenta.
¬ó¬ŅC√≥mo maneja Emily esa situaci√≥n estando como estaba tan cercana a Leah...?
Sam y Emily estaban hechos el uno para el otro, eran dos piezas perfectamente compenetradas, formadas para encajar la una en la otra. Aun as√≠, ¬Ņc√≥mo lograba Emily superar el hecho de que su amado hubiera pertenecido a otra, una mujer que hab√≠a sido casi su hermana?
¬óSe enfad√≥ mucho en un primer momento, pero es dif√≠cil resistirse a ese nivel de compromiso y adoraci√≥n ¬óJacob suspir√≥¬ó. Entonces, Sam pudo cont√°rselo todo. Ninguna regla te ata cuando encuentras a tu media naranja. ¬ŅSabes c√≥mo result√≥ herida Emily?
—Sí.
La historia oficial en Forks era que la había atacado y herido un oso, pero yo estaba al tanto del secreto.
¬ęLos lic√°ntropos son inestables¬Ľ, hab√≠a dicho Edward. ¬ęLa gente que est√° cerca de ellos termina herida.¬Ľ
¬óBueno, por extra√Īo que pueda parecer, fue la soluci√≥n a todos los problemas. Sam estaba tan horrorizado y sent√≠a tanto desprecio hacia s√≠ mismo, tanto odio por lo que hab√≠a hecho, que se habr√≠a lanzado bajo las ruedas de un autob√ļs si eso le hubiera hecho sentir mejor. Y lo pod√≠a haber hecho s√≥lo para escapar de sus actos. Estaba desolado... Entonces, sin saber muy bien c√≥mo, ella le reconfort√≥ a √©l, y despu√©s de eso...
Jacob no verbalizó el hilo de sus pensamientos, pero sentí que la historia tenía un cariz demasiado personal como para compartirlo.
¬óPobre Emily ¬ódije en cuchicheos¬ó. Pobre Sam. Pobre Leah¬Ö
—Sí, Leah fue la peor parada —coincidió él—. Le echa valor. Va a ser la dama de honor.
Contemplé con fijeza la silueta recortada de las rocas que emergian del océano como dedos en los bordes del malecón sur; entretanto, intentaba encontrarle sentido a todo aquello sin que él apartara los ojos de mi rostro, a la espera de que yo dijera algo.
¬ó¬ŅTe ha pasado a ti eso del amor a primera vista? ¬óinquir√≠ al fin, sin desviar la vista del horizonte.
—No —replicó con viveza—. Sólo les ha sucedido a Sam y Jared.
¬óUm ¬ócontest√© mientras fing√≠a un inter√©s muy peque√Īo, deterrminado por la cortes√≠a; pero me qued√© aliviada.
Intent√© explicar semejante reacci√≥n en mi fuero interno. Resolv√≠ que me alegraba de que Jacob no afirmara la existencia de alguna m√≠stica conexi√≥n lobezna entre nosotros dos. Nuestra relaci√≥n ya era bastante confusa en su estado actual. No necesitaba ning√ļn otro elemento sobrenatural a√Īadido a los que ya deb√≠a atender.
√Čl permanec√≠a callado, y el silencio resultaba un poco inc√≥modo. La intuici√≥n me dec√≠a que no quer√≠a o√≠r lo que estaba pensando, y para romper su mutismo, pregunt√©:
¬ó¬ŅQu√© tal le fue a Jared?
¬óSin nada digno de menci√≥n. Se trataba de su compa√Īera de pupitre. Se hab√≠a sentado a su lado un a√Īo y no la hab√≠a mirado dos veces. Entonces, de pronto, √©l cambi√≥, la volvi√≥ a mirar y ya no apart√≥ los ojos. Kim qued√≥ encantada, ya que estaba loca por √©l. En su diario, hab√≠a enlazado el apellido de Jared al de ella por todas partes.
Se carcajeó con sorna.
¬ó¬ŅTe lo dijo Jared? No debi√≥ hacerlo.
Jacob se mordió el labio.
—Supongo que no debería reírme, aunque es divertido.
¬óMenuda alma gemela.
El suspiró.
¬óJared no me coment√≥ nada de eso a sabiendas. Ya te lo he explicado, ¬Ņte acuerdas?
¬óAh, s√≠, sois capaces de o√≠r los pensamientos de los dem√°s miembros de la manada, pero s√≥lo cuando sois lobos, ¬Ņno es as√≠?
—Exacto. Igual que tu chupasangres —torció el gesto.
—Edward —le corregí.
¬óVale, vale. Por eso es por lo que s√© tanto acerca de los sentimientos de Sam. No es igual que si √©l nos lo hubiera contado todo de haber podido elegir. De hecho, es algo que todos odiamos ¬óde pronto, su voz se carg√≥ de amargura¬ó. No tener privacidad ni secretos es atroz. Todo lo que te averg√ľenza queda expuesto para que todos lo vean.
Se encogió de hombros.
—Tiene pinta de ser algo espantoso —murmuré.
¬óResulta √ļtil cuando hemos de coordinarnos ¬órepuso a rega√Īadientes¬ó, una vez de higos a brevas. Lo de Laurent fue divertido. Y si los Cullen no se hubieran interpuesto en nuestro camino este √ļltimo s√°bado... ¬°Ay! ¬órefunfu√Ī√≥¬ó. ¬°Pod√≠amos haberla alcanzado!
Apret√≥ los pu√Īos con rabia.
Me estremec√≠. Por mucho que me preocupara que Jasper o Emmett resultasen heridos, no era nada en comparaci√≥n con el p√°nico que me entr√≥ s√≥lo de pensar en que Jacob se lanzase contra Victoria. Emmet y Jasper eran lo m√°s cercano que yo pod√≠a imaginar a dos seres indestructibles, pero √©l segu√≠a siendo una criatura de sangre caliente y en comparaci√≥n, a√ļn era un humano, un mortal. La idea de que Jacob se enfrentara a Victoria, con su destellante melena alborotada alrededor de aquel rostro extra√Īamente felino, me hizo estremecer.
Jacob alzó los ojos y me estudió con gesto de curiosidad.
¬óPero, de todos modos, ¬Ņno te sucede eso todo el tiempo? ¬ŅNo te lee Edward el pensamiento?
—Oh, no, nunca entra en mi mente. Aunque ya le gustaría.
La expresión de su rostro reflejó perplejidad.
¬óNo puede leerme la mente ¬óle expliqu√© con una peque√Īa mitad de petulancia en la voz, fruto de la costumbre¬ó. Soy la √ļnica excepci√≥n, pero ignoramos el motivo.
—¡Qué raro! —comentó Jacob.
¬óS√≠ ¬óla suficiencia desapareci√≥¬ó. Probablemente, eso significa que me falta alg√ļn que otro tornillo ¬óadmit√≠.
—Siempre supe que no andabas bien de la cabeza —murmuró él.
¬óGracias.
De pronto, los rayos del sol se abrieron paso entre las nubes y tuve que entornar los ojos para no quedar cegada por el resplandor del mar. Todo cambió de color: las aguas pasaron del gris al azul; los árboles de un apagado verde oliva a un chispeante tono jade; los guijarros relucían como joyas con todos los colores del arco iris.
Parpadeamos durante unos instantes para ganar tiempo hasta que nuestras pupilas se habituaran al aumento de luminosidad. Sólo se escuchaba el apagado rugir de las olas, que retumbaban por los cuatro lados del malecón, el suave crujido de las rocas al entrechocar entre sí bajo el empuje del océano y los chillidos de las gaviotas en el cielo. Era muy tranquilo.
Jacob se acomodó más cerca de mí, tanto que se apoyó contra mi brazo y, como estaba ardiendo, al minuto siguiente tuve que mover los hombros para quitarme la chaqueta impermeable. Profirió un ronroneo gutural de satisfacción y apoyó la mejilla sobre mi coronilla. El sol me calentaba la piel, aunque no tanto como Jacob. Me pregunté con despreocupación cuánto iba a tardar en salir ardiendo.
¬ó¬ŅEn qu√© piensas? ¬ósusurr√≥.
¬óEn el sol.
¬óUm. Es agradable.
¬ó¬ŅY en qu√© piensas t√ļ?
—Recordaba aquella película que me llevaste a ver —rió entre dientes—. Y a Mike Newton vomitando por todas partes.
Yo tambi√©n me desternill√©, sorprendido por c√≥mo el tiempo altera los recuerdos. Aqu√©l sol√≠a ser uno de los de mayor estr√©s y confusi√≥n, pues fue mucho lo que cambi√≥ esa noche, y ahora era capaz de re√≠rme. Aqu√©lla fue la √ļltima velada que Jacob y yo pasamos juntos antes de que √©l supiera la verdad sobre su linaje. All√≠ terminaba su memoria humana. Ahora, por extra√Īo que pudiera parecer, se hab√≠a convertido en un recuerdo agradable.
—Echo de menos la facilidad con que sucedía todo... la sencillez —reconoció—. Me alegra tener una buena capacidad de recordar.
Suspiró.
Sus palabras activaron mis propios recuerdos y me envaré, presa de una repentina tensión. El se percató y preguntó:
¬ó¬ŅQu√© pasa?
¬óAcerca de esa excelente memoria tuya... ¬óme apart√© para poder leer la expresi√≥n de su rostro e inquir√≠¬ó: ¬ŅTe importar√≠a decirme qu√© pensabas el lunes por la ma√Īana? Tus reflexiones molestaron a Edward ¬óel verbo ¬ęmolestar¬Ľ no era precisamente el adecuado, pero deseaba obtener una respuesta, por lo que que era mejor no empezar con demasiada dureza.
El rostro de Jacob se animó al comprender y se carcajeó.
¬óEstaba pensando en ti. A √©l no le gust√≥ ni pizca, ¬Ņverdad?
¬ó¬ŅEn mi? ¬ŅEn qu√© exactamente?
Jacob se volvió a reír a carcajadas, pero en esta ocasión con una nota de mayor dureza.
¬óRecordaba tu aspecto la noche en que Sam te hall√≥. Es como si hubiera estado all√≠, ya que lo he visto en su mente. Ese recuerdo es el que siempre acecha a Sam, ya sabes, y luego record√© tu imagen la primera vez que viniste de visita a casa. Apuesto a que no tienes ni idea de lo confusa que estabas, Bella. Tardaste varias semanas en volver a tener una apariencia humana. Siempre recuerdo que te abrazabas el cuerpo como si estuviera hecho a√Īicos y quisieras mantenerlo unido con los brazos ¬óse le crisparon las facciones y sacudi√≥ la cabeza¬ó. Me resulta duro recordar tu tristeza de entonces, pero no es culpa m√≠a. Imagino que para √©l debe ser a√ļn m√°s duro y pens√© que Edward deb√≠a echar un vistazo a lo que hab√≠a hecho.
Le pegu√© un manotazo en el hombro con tal fuerza que me hice da√Īo.
—¡No vuelvas a hacerlo jamás, Jacob Black! Promételo.
—Ni hablar. Hacía meses que no me lo pasaba tan bien.
¬óA mi costa, Jake...
¬óVamos, Bella, contr√≥late. ¬ŅCu√°ndo volver√© a verle? No le des vueltas.
Me puse en pie. √Čl me tom√≥ la mano cuando intent√© alejarme. Di un tir√≥n para soltarme.
¬óMe largo, Jacob.
¬óNo, no te vayas a√ļn ¬óprotest√≥; la presi√≥n de su mano en torno a la m√≠a aument√≥¬ó. Disculpa, y... Vale. No volver√© a hacerlo. Te lo prometo.
Suspiré.
¬óGracias, Jake.
¬óVamos, regresemos a mi casa ¬ódijo con impaciencia.
—En realidad, creo que debería marcharme. Angela Weber me está esperando y sé que Alice está preocupada. No quiero inquietarla demasiado.
¬ó¬°Pero si acabas de llegar!
—Eso es lo que parece —admití.
Alc√© la vista a lo alto para mirar el sol, sin saber que ya lo ten√≠a exactamente encima de mi cabeza. ¬ŅC√≥mo pod√≠a haber transcurrido el tiempo tan deprisa?
Sus cejas se hundieron sobre los ojos.
¬óNo s√© cu√°ndo volver√© a verte ¬óa√Īadi√≥ con voz herida.
—Regresaré la próxima vez que él se vaya —le prometí de forma impulsiva.
¬ó¬ŅIrse? ¬óJacob puso los ojos en blanco¬ó. Es un buen eufemismo para describir su conducta. Malditas garrapatas.
—¡No vendré jamás si eres incapaz de ser agradable! —le amenacé mientras daba tirones para liberar la mano. Se negó a dejarme ir.
—No te enfades, va —repuso mientras esbozaba un gesto burlón—. Ha sido una reacción instintiva.
¬óVas a tener que meterte algo en la cabeza, si quieres que vuelva, ¬Ņvale? ¬ó√©l esper√≥¬ó. Mira, no me preocupa qui√©n es un vampiro ni qui√©n un lic√°ntropo ¬óle expliqu√©¬ó. Es irrelevante. T√ļ eres Jacob, √©l es Edward y yo, Bella. Todo lo dem√°s no importa.
Entornó levemente los ojos.
—Pero yo soy un licántropo —repuso de mala gana—, y él, un vampiro —agregó con obstinada repugnancia.
—¡Y yo soy virgo! —grité, exasperada.
Enmarcó las cejas y sopesó mi expresión con ojos llenos de curiosidad. Al final se encogió de hombros.
—Si en verdad eres capaz de verlo así...
¬óPuedo hacerlo.
¬óDe acuerdo. Bella y Jacob. Nada de extra√Īas virgos por aqu√≠.
Me dedic√≥ una sonrisa, el c√°lido gesto de siempre que tanto habia a√Īorado. Sent√≠ que otra sonrisa de respuesta se extend√≠a por mi cara.
—Te he echado mucho de menos, Jake —admití, sin pensármelo.
¬óYo tambi√©n ¬ósu sonrisa se ensanch√≥. Claramente, hab√≠a felicidad en sus ojos, por una vez sin atisbo de ira ni amargura¬ó. M√°s de lo que supones. ¬ŅVolver√© a verte pronto? l¬óEn cuanto pueda ¬óle promet√≠.

Suiza
Mientras conducía de vuelta a casa, no prestaba mucha atención a la superficie mojada de la carretera, que resplandecía al sol. Reflexionaba acerca del torrente de información que Jacob había compartido conmigo en un intento de sacar algo en claro y lograr que todo tuviera sentido. Me sentía más ligera a pesar del agobio. No es que ver sonreír de nuevo a Jacob y haber discutido sobre todos los secretos hubiera arreglado algo, pero facilitaba las cosas. Había hecho bien en ir. Jacob me necesitaba y, obviamente, no había peligro, pensé mientras entrecerraba los párpados para no quedarme cegada.
El coche apareció de la nada. Un instante antes, en el espejo retrovisor no había más que una calzada reluciente y después, de repente, tenía pegado un Volvo plateado centelleante bajo el sol.
—Ay, mierda —me quejé.
Consider√© la posibilidad de acercarme al arc√©n y parar, pero era demasiado cobarde para hacerle frente en ese mismo momento. Hab√≠a contado con disponer de alg√ļn tiempo de preparaci√≥n y tener cerca a Charlie como carabina. Eso, al menos, le obligar√≠a a no alzar la voz.
El Volvo continuó a escasos centímetros detrás de mí. Mantuve la vista fija en la carretera.
Conduje hasta la casa de Angela completamente aterrada; no permití que mis ojos se encontraran con los suyos, que parecían haber abierto un boquete al rojo vivo en mi retrovisor.
Me sigui√≥ hasta que pis√© el freno en frente de la casa de los Weber. √Čl no se detuvo y yo no alc√© la mirada cuando pas√≥ a mi lado para evitar ver la expresi√≥n de su rostro, y en cuanto desapareci√≥, salv√© lo m√°s deprisa posible el corto trecho que mediaba hasta la puerta de Angela.
Ben la abrió antes de que yo dejara de llamar con los nudillos.
Daba la impresión de que estaba justo detrás.
—¡Hola, Bella! —exclamó, sorprendido.
¬óHola, Ben. Eh... ¬ŅEst√° Angela?
Me pregunté si mi amiga se había olvidado de nuestros planes y me achanté ante la perspectiva de volver temprano a casa.
¬óClaro ¬órepuso Ben justo antes de que ella apareciera en lo alto de las escaleras y me llamara:
¬ó¬°Bella!
Ben ech√≥ un vistazo a mi alrededor cuando o√≠mos el sonido de un coche en la carretera, pero este ruido no me asust√≥ al no parecerse en nada al suave ronroneo del Volvo. El veh√≠culo fue dando trompicones hasta detenerse en medio de un fuerte petardeo del tubo de escape. √Čsa deb√≠a de ser la visita que Ben estaba esperando.
—Ya viene Austin —anunció Ben cuando Angela llegó a su lado.
El sonido de un bocinazo resonó en la calle.
—Te veo luego —le prometió Ben—. Ya te echo de menos.
√Čl pas√≥ el brazo alrededor del cuello de Angela y la atrajo hacia abajo para ponerla a su altura y poderla besar con entusiasmo. Un segundo despu√©s, Austin hizo sonar el claxon otra vez.
—¡Adiós, Ang, te quiero! —gritó Ben mientras pasaba corriendo junto a mí.
Angela se balanceó con el rostro levemente enrojecido, pero luego se recuperó y le despidió con la mano hasta que los perdimos de vista. Entonces se volvió hacia mí y me sonrió con arrepentimiento.
—Te agradezco con toda mi alma este favor, Bella —dijo—. No sólo evitas que mis manos sufran heridas irreparables, sino que además me ahorras dos horas de una película de artes marciales sin argumento y mal doblada.
¬óMe encanta ser de ayuda.
Tuve menos miedo y fui capaz de respirar con m√°s regularidad. All√≠ todo era muy corriente y, por extra√Īo que parezca, los sencillos problemas humanos de Angela resultaban tranquilizadores. Era magn√≠fico saber que la vida es normal en alg√ļn lado.
¬ó¬ŅD√≥nde est√° tu familia?
¬óMis padres han llevado a los gemelos a un cumplea√Īos en Port Angeles. A√ļn no me creo que vayas a ayudarme en esto. Ben ha simulado una tendinitis.
Hizo una mueca.
—No me importa en absoluto —le aseguré hasta que entré en su cuarto y vi las pilas de sobres que nos esperaban—. Uf —exclamé, asombrada.
Angela se dio la vuelta para mirarme con la disculpa grabada en los ojos. Ahora entendía por qué lo había estado posponiendo y por qué Ben se había escabullido.
—Pensé que exagerabas —admití.
¬ó¬°Qu√© m√°s quisiera! ¬ŅEst√°s segura de querer hacerlo?
—Ponme a trabajar. Dispongo de todo el día.
Angela dividi√≥ en dos un mont√≥n y coloc√≥ la agenda de direcciones sobre el escritorio, en medio de nosotras dos. Nos concentramos en el trabajo durante un buen rato durante el que s√≥lo se oy√≥ el sordo rasgu√Īar de nuestras plumas sobre el papel.
¬ó¬ŅQu√© hace Edward esta noche? ¬óme pregunt√≥ al cabo de unos minutos.
La punta de mi pluma se hundió en el reverso del sobre.
—Pasa el fin de semana en casa de Emmett. Se supone que van a salir de excursión.
¬óLo dices como si no estuvieras segura.
Me encogí de hombros.
Eres afortunada. Edward tiene hermanos para todo eso de las acampadas y las caminatas. No sé qué haría si Ben no tuviera a Austin para todas esas cosas de chicos.
—Sí. Las actividades al aire libre no son lo mío, la verdad, y no hay forma de que yo pueda seguirle el ritmo.
Angela se rió.
—Yo también prefiero quedarme en casa.
Ella se concentró en el montón de sobres durante un minuto y yo escribí otras cuatro direcciones. Con Angela nunca sentia el apremio de tener que llenar una pausa con chachara insulsa. Al igual que Charlie, ella se sentía a gusto con el silencio, pero al igual que mi padre, en ocasiones también era demasiado observadora.
¬ó¬ŅAlgo va mal? ¬óinquiri√≥, ahora en voz baja¬ó. Pareces... ansiosa.
Sonreí avergonzada.
¬ó¬ŅEs tan evidente?
¬óEn realidad, no.
Lo m√°s probable es que estuviera mintiendo para hacerme sentir mejor.
—No tienes por qué hablar de ello a menos que te apetezca —me aseguró—. Te escucharé si crees que eso te puede ayudar.
Estuve a punto de decir: ¬ęGracias, gracias, pero no¬Ľ. Despu√©s de todo, hab√≠a muchos secretos que deb√≠a ocultar. Lo cierto es que yo no pod√≠a hablar de mis problemas con ning√ļn ser humano.
Iba contra las reglas.
Y aun así, sentía el deseo repentino e irrefrenable de hacer precisamente eso. Quería hablar con una amiga normal, humana. Me apetecía quejarme un poco, como cualquier otra adolescente. Anhelaba que mis problemas fueran más sencillos. Sería estupendo contar con alguien ajeno a todo aquel embrollo de vampiros y hombres lobo para poner las cosas en su justa perspectiva. Alguien imparcial.
¬óMe ocupar√© de mis asuntos ¬óme prometi√≥ Angela; sonri√≥ y volvi√≥ la mirada hacia las se√Īas que estaba escribiendo en ese momento.
—No —repuse—, tienes razón, estoy preocupada. Se trata de... Edward.
¬ó¬ŅQu√© ocurre?
¬°Qu√© f√°cil resultaba hablar con ella! Cuando formulaba una pregunta como √©sa, yo estaba segura de que no le mov√≠a la curiosidad o la b√ļsqueda de un cotilleo, como hubiera ocurrido en el caso de Jessica. A ella le interesaba la raz√≥n de mi inquietud.
¬óSe ha enfadado conmigo.
¬óResulta dif√≠cil de imaginar ¬óme contest√≥¬ó. ¬ŅPor qu√© se ha enojado?
Suspiré.
¬ó¬ŅTe acuerdas de Jacob Black?
—Ah —se limitó a decir.
¬óExacto.
¬óEst√° celoso.
¬óNo, celoso no... ¬ódeber√≠a haber mantenido la boca cerrada. No hab√≠a modo alguno de explicarle aquello correctamente, pero, de todos modos, quer√≠a seguir hablando. No me hab√≠a percatado de lo mucho que deseaba mantener una conversaci√≥n humana¬ó. Supongo que Edward cree que Jacob es... una mala influencia para m√≠. Algo... peligroso. Ya sabes cu√°ntos problemas ha tenido en estos √ļltimos meses... Aunque todo esto es ridiculo¬Ö
Me sorprendió ver que Angela negaba con la cabeza.
¬ó¬ŅQu√©? ¬óquise saber.
—Bella, he visto cómo te mira Jacob Black. Apostaría a que el problema de fondo son los celos.
—No es ésa la relación que tengo con Jacob.
¬óPor tu parte, quiz√°, pero por la suya...
Frunc√≠ el ce√Īo.
¬ó√Čl conoce mis sentimientos. Se lo he contado todo.
—Edward sólo es un ser humano, Bella, y va a reaccionar como cualquier otro chico.
Hice una mueca. No debía responder a eso. Angela me palmeó la mano.
¬óLo superar√°.
—Eso espero. Jake está pasando momentos difíciles y me necesita.
¬óT√ļ y √©l sois muy amigos, ¬Ņverdad?
—Como si fuéramos familia —admití.
—Y a Edward no le gusta él... Debe de ser duro. Me pregunto cómo manejaría Ben esa situación —se dijo en voz alta.
Esbocé una media sonrisa.
¬óProbablemente, como cualquier otro chico.
Ella sonrió franca.
¬óProbablemente.
Entonces, ella cambi√≥ de tema. Angela no era una entrometida y pareci√≥ percatarse de que yo no iba ?ni pod√≠a? a√Īadir nada m√°s.
¬óAyer me asignaron un colegio mayor. Es el m√°s alejado del campus, por supuesto.
¬ó¬ŅSabe Ben ya cu√°l le ha tocado?
¬óEn el m√°s cercano. Toda la suerte es para √©l. ¬ŅQu√© hay de ti? ¬ŅHas decidido adonde vas a ir?
Apart√© la vista mientras me concentraba en los torpes trazos de mi letra. La idea de que Ben y Angela estuvieran en la Universidad de Washington me despist√≥ durante unos instantes. Se marchar√≠an a Seattle en cuesti√≥n de pocos meses. ¬ŅSer√≠a seguro? ¬ŅAmenazar√≠a Edward con instalarse en otra parte? ¬ŅHabr√≠a para entonces un nuevo lugar, otra ciudad que se estremeciera ante unos titulares de prensa propios de una pel√≠cula de terror?
¬ŅSer√≠an culpa m√≠a algunas de esas noticias?
Intenté desterrar de mi mente esa preocupación y respondí a su pregunta un poco tarde.
¬óCreo que a la Universidad de Alaska, en Juneau.
¬ó¬ŅAlaska? ¬ŅDe veras? ¬ópercib√≠ la nota de sorpresa en su voz¬ó. Quiero decir... ¬°Es estupendo!, s√≥lo que imaginaba que ibas a elegir otro destino m√°s... c√°lido.
Reí un poco sin apartar los ojos del sobre.
—Sí. Lo cierto es que la estancia en Forks ha cambiado mi perspectiva de la vida.
¬ó¬ŅY Edward?
La mención de su nombre provocó un cosquilleo en mi estómago, pero alcé la vista y le sonreí.
—Alaska tampoco es demasiado frío para Edward.
Ella me devolvió la sonrisa.
¬óPor supuesto que no ¬óluego, suspir√≥¬ó. Est√° muy lejos. No vas a poder venir a menudo. Te echar√© de menos. ¬ŅMe escribir√°s alg√ļn correo?
Me abrum√≥ una ola de contenida tristeza. Quiz√°s era un error intimar de m√°s con Angela ahora, pero, ¬Ņno ser√≠a a√ļn m√°s triste perderse estas √ļltimas oportunidades? Me libr√© de tan l√ļgubres pensamientos y pude responderle con malicia:
—Si es que puedo volver a escribir después de esto...
Se√Īal√© con la cabeza el mont√≥n de sobres que ya hab√≠a prepado.
Nos reímos las dos, y a partir de ese momento fue más fácil cotorrear despreocupadamente sobre clases y asignaturas. Todo lo que debía hacer era no pensar en ello. De todos modos, había cosas más urgentes de las que preocuparse aquel día.
Le ayudé también a poner los sellos, pues me asustaba tener que irme.
¬ó¬ŅC√≥mo va esa mano? ¬óinquiri√≥.
Flexioné los dedos.
¬óCreo que se recuperar√°... alg√ļn d√≠a.
Alguien cerró de golpe la puerta de la entrada en el piso inferior. Ambas levantamos la vista del trabajo.
¬ó¬ŅAng? ¬óllam√≥ Ben.
Traté de sonreír, pero me temblaron los labios.
¬óSupongo que eso da el pie a mi salida del escenario.
—No tienes por qué irte, aunque probablemente me va a describir la película con todo lujo de detalles.
¬óDa igual, Charlie va a preguntarse por mi paradero.
¬óGracias por ayudarme.
—Lo cierto es que me lo he pasado bien. Deberíamos hacer algo parecido de vez en cuando. Es muy agradable tener un tiempo sólo para chicas.
¬óSin lugar a dudas.
Sonó un leve golpeteo en la puerta del dormitorio.
—Entra, Ben —invitó Angela.
Me incorporé y me estiré.
—Hola, Bella. ¡Has sobrevivido! —me saludó Ben de pasada mientras acudía a ocupar mi lugar junto a Angela. Observó nuestra tarea—. Buen trabajo. Es una pena que no quede nada que hacer, yo habría... —dejó en suspenso la frase y el hilo de sus pensamientos para retomarlo con entusiasmo—. ¡No puedo creer que te hayas perdido esta película! Era estupenda. La secuencia final de la pelea tenía una coreografía alucinante. El tipo ese, bueno, tendrías que ir a verla para saber a qué me refiero...
Angela me miró, exasperada.
—Te veo en el instituto —me despedí, y solté una risita nerviosa.
Ella suspiró y dijo:
—Nos vemos allí.
Estaba nerviosa mientras recorría la distancia que me separaba hasta mi vehículo, pero la calle se hallaba vacía. Pasé todo el trayecto mirando con inquietud por todos los espejos sin que se viera rastro alguno del coche plateado.
Su vehículo tampoco estaba en frente de la casa, aunque eso no significaba demasiado.
¬ó¬ŅBella? ¬óme llam√≥ Charlie en cuanto abr√≠ la puerta de la entrada.
¬óHola, pap√°.
Le encontré en el cuarto de estar, sentado delante de la televisión.
¬óBueno, ¬Ņqu√© tal ha ido el d√≠a?
—Bien —le respondí. Se lo podía contar todo, ya que enseguida iba a enterarse a través de Billy. Además, iba a hacerle feliz—. No me necesitaban en el trabajo, por lo que me he acercado a La Push.
Su rostro no reflejó sorpresa alguna. Billy y él habían estado hablando.
¬ó¬ŅC√≥mo est√° Jacob? ¬ópregunt√≥ Charlie, fingiendo indiferencia.
—Perfectamente —contesté, con aire despreocupado.
¬ó¬ŅHas ido a casa de los Weber?
—Sí. Hemos terminado de escribir todas las direcciones en los sobres.
—Eso está bien —respondió Charlie con una ancha sonrisa. Estaba sorprendentemente concentrado, máxime si se consideraba que había un partido en juego—. Me alegro de que hoy hayas pasado unas horas con tus amigos.
—También yo.
Me fui sin prisa a la cocina en busca de un trabajo con el que sentirme ocupada. Por desgracia, Charlie ya había limpiado los platos del almuerzo. Me demoré allí durante unos minutos, contempando el brillante recuadro de luz que los rayos del sol dibujaban en el suelo, pero sabía que no podía aplazarlo de forma indefinida.
—Me subo a estudiar —anuncié con desánimo mientras me dirigia a las escaleras.
—Te veo luego —se despidió Charlie a mis espaldas.
Si sobrevivo, pensé para mis adentros.
Cerré la puerta de mi dormitorio con cuidado antes de volver mi rostro hacia el interior del dormitorio.
√Čl estaba all√≠, por supuesto, junto a la ventana, reclinado sobre la pared m√°s alejada de m√≠, guarecido en las sombras. Su rostro era severo y manten√≠a una postura tensa. Me contempl√≥ sin despegar los labios.
Me acobardé a la espera de una diatriba verbal que no se produjo. El se limitó a seguir mirándome, es posible que demasiado enfadado para articular palabra.
—Hola —saludó al fin.
Su rostro parecía cincelado en piedra. Conté mentalmente hasta cien, pero no se produjo cambio alguno.
¬óEsto... Bueno, sigo viva ¬ócomenc√©. Brot√≥ un bramido de su pecho, pero su expresi√≥n no se alter√≥¬ó. No he sufrido ning√ļn da√Īo ¬óinsist√≠ con encogimiento de hombros.
Se movió. Cerró los ojos y apretó el puente de la nariz entre los dedos de la mano derecha.
¬óBella ¬ómurmur√≥¬ó, ¬Ņte haces la menor idea de lo cerca que he estado de cruzar hoy la l√≠nea y romper el tratado para ir a por ti? ¬ŅSabes lo que eso significa?
Proferí un grito ahogado y él abrió los párpados, dejando al descubierto unos ojos duros y fríos como la noche.
—¡No puedes hacerlo! —repliqué en voz demasiado alta. Me esforcé en controlar el volumen de mi voz a fin de que no me oyera Charlie, pero ardía en deseos de gritar cada palabra—. Lo usarían como pretexto para una lucha, estarían encantados, Edward. ¡Jamás debes romper las reglas!
¬óQuiz√° no sean los √ļnicos que disfrutar√≠an con el enfrentamiento.
—No empieces —le atajé bruscamente—. Alcanzasteis un acuerdo para respetarlo.
¬óSi √©l te hubiera hecho da√Īo...
—¡Vale ya! —le corté—. No hay de qué preocuparse. Jacob no es peligroso.
¬óBella... ¬ópuso los ojos en blanco¬ó. T√ļ no eres precisamente la persona m√°s adecuada para juzgar lo que es o no pernicioso.
¬óS√© que no he de preocuparme por Jake, ni t√ļ tampoco.
Apret√≥ la mand√≠bula con un rechinar de dientes al tiempo que los pu√Īos crispados colgaban a cada lado. Permanec√≠a recostado contra la pared. Odi√© el espacio que nos separaba, por lo que...
... respiré hondo y crucé la habitación. No reaccionó cuando le rodeé con los brazos. Su piel resultaba especialmente helada en comparación con el calor de los estertores del sol vespertino que se colaba a chorros por la ventana. El también parecía glacial, gélido a su manera.
¬óSiento haberte preocupado ¬ódije entre dientes.
Suspiró y se relajó un poco mientras rodeaba mi cintura con los brazos.
¬ó¬ęPreocupado¬Ľ es quedarse corto ¬ómurmur√≥¬ó. Ha sido un d√≠a muy largo.
—Se suponía que no ibas a enterarte —le recordé—. Pensé que la caza te iba a llevar más tiempo.
Alcé la vista para contemplar sus pupilas, a la defensiva, y entonces vi que estaban demasiado oscuras, algo de lo que no me había percatado con la tensión del momento. Los círculos alrededor de los ojos eran de color morado oscuro.
Frunc√≠ el ce√Īo con gesto de desaprobaci√≥n.
—Regresé cuando Alice te vio desaparecer —me explicó.
¬óNo deber√≠as haberlo hecho ¬óarrugu√© a√ļn m√°s el ce√Īo¬ó. Ahora vas a tener que irte otra vez.
¬óPuedo esperar.
¬óEso es rid√≠culo, es decir, s√© que ella no puede verme con Jacob, pero t√ļ deber√≠as haber sabido...
—Pero no lo sé —me interrumpió—, y no puedes esperar de mí que te deje...
—Oh, sí, claro que puedo —le detuve—. Eso es exactamente lo que espero...
¬óNo volver√° a suceder.
—¡Eso es verdad! La próxima vez no vas a reaccionar de forma exagerada...
—...porque no va a haber próxima vez...
¬óComprendo tus ausencias, aunque no sean de mi agrado.
¬óNo es lo mismo. Yo no arriesgo mi vida.
¬óTampoco yo.
¬óLos hombres lobo suponen un riesgo.
¬óDiscrepo.
¬óNo estoy negociando, Bella.
¬óYo tampoco.
Volvi√≥ a cerrar las manos. Sent√≠ sus pu√Īos en la espalda.
¬ó¬ŅDe verdad que todo esto es por mi seguridad? ¬ólas palabras se me escaparon sin pensar.
¬ó¬ŅA qu√© te refieres? ¬óinquiri√≥.
¬óT√ļ no est√°s... ¬óahora, la teor√≠a de Angela parec√≠a m√°s est√ļpida. Me resultaba dif√≠cil concluir la frase¬ó. Quiero decir, me conoces lo bastante bien para no tener celos, ¬Ņa que s√≠?
Enarqué una ceja.
¬ó¬ŅDeber√≠a tenerlos?
¬óNo te lo tomes a broma.
—Eso es fácil. No hay nada remotamente gracioso en todo este lío.
Frunc√≠ el ce√Īo con recelo.
¬ó¬ŅO hay algo m√°s? No s√©, alguna de esas tonter√≠as del tipo ¬ęlos vampiros y los lic√°ntropos son siempre enemigos¬Ľ. Si esto es fruto de la testosterona...
Sus ojos flamearon.
—Esto es sólo por ti. No me preocupa más que tu seguridad.
No dudé al ver las ascuas de sus ojos.
¬óDe acuerdo ¬ósuspir√©¬ó. Lo creo, pero quiero que sepas algo. Me quedar√© fuera cuando se produzcan situaciones ridiculas en lo referido a vuestra enemistad. Soy un pa√≠s neutral. Soy Suiza. Me niego a verme afectada por disputas territoriales entre criaturas m√≠ticas. Jacob es familia m√≠a. T√ļ eres... Bueno, no exactamente el amor de mi vida, porque espero poder quererte por mucho m√°s tiempo que eso... El amor de mi existencia. Me da igual qui√©n es un vampiro y qui√©n un hombre lobo. Si Angela se convirtiera en una bruja, ella tambi√©n formar√≠a parte del grupo...
Me miró con ojos entrecerrados.
—Suiza —repetí de nuevo con énfasis.
Me hizo una mueca, pero luego suspiró.
—Bella... —comenzó, pero se detuvo y torció la nariz con desagrado.
¬ó¬ŅQu√© pasa ahora?
¬óBueno, no te ofendas, pero hueles como un perro... ¬óme dijo.
Luego, esbozó una de esas sonrisas torcidas tan propias de él, por lo que supe que la pelea se había terminado. Por el momento.
Edward tuvo que recuperar la expedición de caza que se había saltado, por lo que se ausentó el viernes por la noche con Jasper, Emmett y Carlisle a una reserva en el norte de California que tenía problemas con un puma.
No hab√≠amos llegado a ning√ļn acuerdo en el asunto de los hombres lobo, pero no sent√≠ ning√ļn remordimiento por telefonear a Jake durante el breve intervalo en el que Edward llevaba el Volvo a casa, antes de regresar a mi cuarto por la ventana, para decirle que iba a pasarme por all√≠ de nuevo el s√°bado. No pensaba marcharme a hurtadillas. Edward conoc√≠a mi forma de pensar y har√≠a que Jacob me recogiera si √©l volv√≠a a estropearme el coche. Forks era neutral, como Suiza y como yo.
Por eso, no sospech√© cuando Alice, en vez Edward, me esperaba en el Volvo a la salida del trabajo. La puerta del copiloto estaba abierta y una m√ļsica desconocida para m√≠ sacud√≠a el marco cada vez que sonaban los contrabajos.
¬óHola, Alice ¬ógrit√© para hacerme o√≠r mientras entraba¬ó. ¬ŅD√≥nde est√° tu hermano?
Ella coreaba la canci√≥n una octava m√°s alta que la melod√≠a con la que se entretej√≠a hasta lograr una intrincada armon√≠a. Me hizo un asentimiento, ignorando mi pregunta mientras se concentraba en la m√ļsica.
Cerr√© la puerta de un portazo y me puse las manos sobre los o√≠dos. Ella me sonri√≥ y redujo el volumen hasta limitarlo al nivel de la m√ļsica ambiente. Ech√≥ los seguros y meti√≥ gas al coche al mismo tiempo.
¬ó¬ŅQu√© es lo que pasa? ¬ópregunt√©; empezaba a sentirme inquieta¬ó. ¬ŅD√≥nde est√° Edward?
Se encogió de hombros.
¬óSe marcharon a primera hora.
¬óVaya.
Intenté controlar el absurdo sentimiento de decepción. Si ha salido temprano, antes volverá, me obligué a recordar.
—Todos los chicos se han ido, así que ¡tendremos una fiesta de pijamas! —anunció con voz cantarína.
¬ó¬ŅUna fiesta de pijamas? ¬órepet√≠.
La sospecha finalmente cobró forma.
¬ó¬ŅNo te hace ilusi√≥n? ¬ógorje√≥.
Mis ojos se encontraron con los suyos, muy animados, durante un largo instante.
¬óMe est√°s raptando, ¬Ņverdad?
Ella se echó a reír y asintió.
¬óHasta el s√°bado. Esme lo arregl√≥ con Charlie. Vas a quedarte conmigo dos noches. Ma√Īana yo te llevar√© y te recoger√© del colegio.
Me volví hacia la ventanilla con un rechinar de dientes.
—Lo siento —se disculpó Alice sin el menor asomo de arrepentimiento—. Me pagó.
¬ó¬ŅCon qu√©?
¬óEl Porsche. Es exactamente igual al que rob√© en Italia ¬ósuspir√≥ satisfecha¬ó. No puedo conducirlo por Forks, pero ¬Ņqu√© te parece si comprobamos cu√°nto tiempo tarda en llegar a Los √Āngeles. Apuesto a que podemos estar de vuelta a medianoche.
Suspiré hondo.
¬óMe parece que paso.
Suspiré al tiempo que reprimía un estremecimiento.
Aunque siempre más deprisa de la cuenta, fuimos reduciendo paulatinamente la velocidad. Alice dio la vuelta al garaje. Eché un vistazo rápido a los coches. Allí estaba el enorme Jeep de Emmett a su lado el Porsche de brillante color amarillo, como el plumaje de un canario, entre aquél y el descapotable rojo de Rosalie.
Alice salió de un grácil brinco y se acercó para acariciar con la mano cuan largo era su soborno.
¬óEs demasiado, ¬Ņa que s√≠?
¬óDemasiado se queda corto ¬órefunfu√Ī√©, incr√©dula¬ó.. ¬ŅTe lo ha regalado por retenerme dos d√≠as como reh√©n? ¬óAlice hizo un moh√≠n. Un segundo despu√©s lo comprend√≠ todo y jade√© a causa del p√°nico¬ó. Es por todas las veces que Edward se ausente, ¬Ņverdad?
Ella asintió.
Cerr√© de un portazo y me dirig√≠ pisando fuerte hacia la casa. Ella danz√≥ a mi lado, a√ļn sin dar muestras de remordimiento.
¬ó¬ŅNo te parece que se est√° pasando de controlador? ¬ŅNo es quiz√°s incluso un poquito psic√≥tico?
¬óLa verdad es que no ¬óhizo un gesto desde√Īoso¬ó. No pareces entender hasta qu√© punto puede ser peligroso un hombre lobo joven. Sobre todo cuando yo no los puedo ver y Edward no tiene forma de saber si est√°s a salvo. No deber√≠as ser tan imprudente.
—Sí —repuse con mordacidad—, ya que una fiesta de pijamas con vampiros es el culmen de un comportamiento consciente y seguro.
Alice se echó a reír.
—Te haré la pedicura y todo —me prometió.
No estaba tan mal, excepto por el hecho de que me retenían contra mi voluntad. Esme compró comida italiana de la buena ?traída directamente de Port Angeles? y Alice preparó mis películas favoritas. Estaba allí incluso Rosalie, callada y en un segundo plano. Alice insistió en lo de arreglarme los pies hasta el punto de que me pregunté si no estaría trabajando conforme a una lista de tareas confeccionada a partir de la visión de las horribles comedias de la tele.
¬ó¬ŅHasta qu√© hora quieres quedarte levantada? ¬óme pregunt√≥ cuando las u√Īas de mis pies estuvieron de un reluciente color rojo sangre. Mi mal humor no afect√≥ a su entusiasmo.
¬óNo quiero quedarme levantada. Ma√Īana tenemos instituto.
Ella hizo un mohín.
¬óDe todos modos, ¬Ņd√≥nde voy a dormir? ¬óevalu√© el sof√° con la mirada. Era algo peque√Īo¬ó. ¬ŅNo pod√©is limitaros a mantenerme vigilada en mi casa?
¬óEn tal caso, ¬Ņqu√© clase de fiesta de pijamas iba a ser? ¬óAlice sacudi√≥ la cabeza con exasperaci√≥n¬ó. Vas a acostarte en la habitaci√≥n de Edward.
Suspiré. Su sofá de cuero negro era más grande que aquél. De hecho, lo más probable era que la alfombra dorada de su dormitorio tuviera el grosor suficiente para convertirse en un lecho excelente.
¬ó¬ŅNo puedo ir al menos a casa a recoger mis cosas?
Ella sonrió.
¬óYa nos hemos ocupado de eso.
¬ó¬ŅTengo permiso para llamar por tel√©fono?
—Charlie sabe dónde estás.
—No voy a telefonearle a él —torcí el gesto—. Al parecer, he de cancelar ciertos planes.
—Ah —ella caviló al respecto—. No estoy del todo segura...
—¡Alice! —me quejé a voz en grito—. ¡Vamos!
¬óVale, vale ¬óaccedi√≥ mientras revoloteaba por la estancia. Regres√≥ en menos de medio segundo con un m√≥vil en la mano¬ó. √ČI no me lo ha prohibido espec√≠ficamente... ¬ómurmur√≥ para s√≠ mientras me entregaba el tel√©fono.
Marqu√© el n√ļmero de Jacob con la esperanza de que no hubiera salido con sus amigos aquella noche. Estuve de suerte y fue √©l quien respondi√≥.
¬ó¬ŅDiga?
¬óHola, Jake, soy yo.
Alice me observó con ojos inexpresivos durante un segundo antes de darse la vuelta e ir a sentarse en el sofá entre Rosalie y Esme.
¬óHola, Bella ¬órespondi√≥, s√ļbitamente alerta¬ó. ¬ŅQu√© ocurre?
—Nada bueno. Después de todo, no voy a poder ir el sábado, Jacob permaneció en silencio durante un minuto.
¬óEst√ļpido chupasangres ¬ómurmur√≥ al final¬ó. Pens√© que se hab√≠a ido. ¬ŅNo puedes vivir tu vida durante sus ausencias o es que te ha encerrado en un ata√ļd? ¬óme carcaje√©¬ó. A m√≠ no me parece divertido.
—Me reía porque no le falta mucho —le aclaré—, pero estará aquí el sábado, por lo que eso no importa.
¬óEntonces, ¬Ņva a alimentarse aqu√≠, en Forks? ¬óinquiri√≥ Jacob de forma cortante.
—No —no le dejé ver lo enfadada que estaba con Edward, y mi enojo no era menor al de Jacob—. Salió de madrugada.
¬óAh. Bueno, ¬°eh!, entonces, p√°sate por casa ¬órepuso con repentino entusiasmo¬ó. A√ļn no es tarde, o yo me pasar√© por la de Charlie.
—Me gustaría, pero no estoy allí —le expliqué con acritud—. Soy una especie de prisionera.
Permaneci√≥ callado mientras lo asimilaba; luego, gru√Ī√≥.
—Iremos a por ti —me prometió con voz monocorde, pasando automáticamente al plural.
Un escalofrío corrió por mi espalda, pero respondí con tono ligero y bromista.
¬óUm. Es... tentador. Que sepas que me han torturado... Alice me ha pintado las u√Īas.
¬óHablo en serio.
—No lo hagas. Sólo pretenden mantenerme a salvo.
Volvi√≥ a gru√Īir.
—Sé que es una necedad, pero son buena gente.
¬ó¬ŅBuena gente? ¬óse mof√≥.
—Lamento lo del sábado —me disculpé—. Bueno, he de irme a la cama —el sofá, rectifiqué en mi fuero interno—. Pero volveré a llamarte pronto.
¬ó¬ŅEst√°s segura de que te van a dejar salir? ¬óme pregunt√≥ mordaz.
—No del todo —suspiré—. Buenas noches, Jalee.
—Ya nos veremos por ahí.
De pronto, Alice estaba a mi lado y tend√≠a la mano para recuperar el m√≥vil, pero yo ya estaba marcando otro n√ļmero. Ella lo identific√≥ y me avis√≥:
—Dudo que lleve el teléfono encima.
¬óVoy a dejarle un mensaje.
El teléfono sonó cuatro veces, seguidas de un pitido. No le saludé.
—Estás metido en un lío —dije despacio, enfatizando cada palabra—, en uno bien grande. La próxima vez, los osos pardos enfadados te van a parecer oseznos domados en comparación con lo que te espera en casa.
Cerré la tapa del móvil y lo deposité en la mano tendida de Alice.
¬óHe terminado.
Ella sonrió burlona.
¬óEsto del secuestro es divertido.
—Ahora me voy a dormir —anuncié mientras me dirigía a las escaleras.
Alice se pegó a mis pasos. Suspiré.
¬óAlice, no voy a fisgar ni a escabullirme. Si estuviera planeando eso, t√ļ lo sabr√≠as y me atrapar√≠as en el caso de que lo intentara.
¬óS√≥lo voy a ense√Īarte d√≥nde est√° cada cosa ¬órepuso con aire inocente.
La habitaci√≥n de Edward se hallaba en el extremo m√°s alejado del pasillo del tercer piso y resultaba dif√≠cil perderse incluso aunque hubiera estado menos familiarizada con la casa, pero me detuve confusa cuando encend√≠ la luz. ¬ŅMe hab√≠a equivocado de puerta?
Alice soltó una risita.
Enseguida comprendí que se trataba de la misma habitación, sólo habían reubicado el mobiliario. El sofá se hallaba en la pared norte y habían corrido levemente el estéreo hacia los estantes repletos de CDs para hacer espacio a la colosal cama que ahora dominaba el espacio central.
La pared sur de vidrio reflejaba la escena de detr√°s como si fuera un espejo, haciendo que todo pareciera doblemente peor.
Encajaba. El cobertor era de un dorado apagado, apenas m√°s claro que las paredes. El bastidor era negro, hecho de hierro forjado y con un intrincado dise√Īo. Mi pijama estaba cuidadosamente doblado al pie de la cama y a un lado descansaba el neceser con mis art√≠culos de aseo.
¬ó¬ŅQu√© rayos es esto? ¬ófarfull√©.
¬óNo ibas a creer de veras que te iba a hacer dormir en un sofa, ¬Ņverdad?
Mascullé de forma ininteligible mientras me adelantaba para tomar mis cosas de la cama.
¬óTe dar√© un poco de intimidad ¬óAlice se ri√≥¬ó. Te ver√© ma√Īana.
Despu√©s de cepillarme los dientes y ponerme el pijama, aferr√© una hinchada almohada de plumas y la saqu√© del lecho para luego arrastrar el cobertor dorado hasta el sof√°. Sab√≠a que me estaba comportando como una tonta, pero no me preocupaba. Eso de Porsches como sobornos y camas de matrimonio en casas donde nadie dorm√≠a se pasaba de casta√Īo oscuro. Apagu√© las luces y me aovill√© en el sof√°, pregunt√°ndome si no estar√≠a demasiado enfadada como para conciliar el sue√Īo.
En la oscuridad, la pared de vidrio dej√≥ de ser un espejo negro que produc√≠a la sensaci√≥n de duplicar el tama√Īo de la habitaci√≥n En el exterior, la luz de luna ilumin√≥ las nubes. Cuando mis ojos se acostumbraron, vi la difusa luminosidad que remarcaba las copas de los √°rboles y arrancaba reflejos a un meandro del r√≠o. Observ√© la luz plateada a la espera de que me pesaran los p√°rpados
Hubo un leve golpeteo de nudillos en la puerta.
¬ó¬ŅQu√© pasa, Alice? ¬óbisbise√©.
Estaba a la defensiva, pues ya imaginaba su diversión en cuanto viera mi improvisado camastro.
¬óSoy yo ¬ósusurr√≥ Rosalie mientras entreabr√≠a la puerta lo su ficiente para que pudiera ver su rostro perfecto a la luz del resplandor plateado¬ó. ¬ŅPuedo pasar?

Desenlace desafortunado
Rosalie vaciló en la entrada con la indecisión escrita en aquellos rasgos arrebatadores.
—Por supuesto —repliqué. Mi voz fue una octava más alta de la cuenta a causa de la sorpresa—. Entra.
Me incorpor√© y me deslic√© a un extremo del sof√° para hacerle sitio. Sent√≠ un retortij√≥n en el est√≥mago cuando el √ļnico miembro de la familia Cullen al que no le gustaba se acerc√≥ en silencio para sentarse en el espacio libre que le hab√≠a dejado. Intent√© imaginar la raz√≥n por la que quer√≠a verme, pero no ten√≠a la menor idea.
¬ó¬ŅTe importa que hablemos un par de minutos? ¬óme premuni√≥¬ó. No te habr√© despertado ni nada por el estilo, ¬Ņverdad? Su mirada fue de la cama, despojada del cobertor y la almohada, a mi sof√°.
—No, estaba despierta. Claro que podemos hablar —me pregunté si sería capaz de advertir la nota de alarma de mi voz con la misma claridad que yo.
Rió con despreocupación. Sus carcajadas repicaron como un coro de campanas.
—Edward no suele dejarte sola —dijo—, y he pensado que haria bien en aprovechar la ocasión.
¬ŅQu√© querr√≠a contarme para que no pudiera decirlo delante de su hermano? Enrosqu√© y desenrosqu√© las manos en el extremo del cobertor.
—Por favor, no pienses que interfiero por crueldad —imploró ella con voz gentil. Cruzó los brazos sobre su regazo y clavó la vista en el suelo mientras hablaba—. Estoy segura de haber herido bastante tus sentimientos en el pasado, y no quiero hacerlo de nuevo.
¬óNo te preocupes, Rosalie. Soy fuerte. ¬ŅQu√© pasa?
Ella ri√≥ una vez m√°s; parec√≠a extra√Īamente avergonzada.
—Pretendo explicarte las razones por las que, en mi opinión, deberías conservar tu condición humana, y por qué yo intentaria seguir siéndolo si estuviera en tu lugar.
¬óAh.
Sonrió ante mi sorpresa; luego, suspiró.
¬ó¬ŅTe cont√≥ Edward qu√© fue lo que me condujo a esto? ¬ópregunto al tiempo que se√Īalaba su glorioso cuerpo inmortal con un gesto.
Hice un lento asentimiento. De pronto, me sentí triste.
—Me dijo que se pareció a lo que estuvo a punto de sucederme aquella vez en Port Angeles, sólo que no había nadie para salvarte —me estremecí al recordarlo.
¬ó¬ŅDe veras es eso lo que te cont√≥? ¬óinquiri√≥.
¬óS√≠ ¬ócontest√© perpleja y confusa¬ó. ¬ŅHay m√°s?
Alzó la mirada y me sonrió con una expresión dura y amarga, y apabullante a pesar de todo.
—Sí, sí lo hay —respondió.
Aguardé mientras contemplaba el exterior a través de la ventana. Parecía intentar calmarse.
¬ó¬ŅTe gustar√≠a o√≠r mi historia, Bella? No tiene un final feliz, pero ¬Ņcu√°l de nuestras existencias lo tiene? Estar√≠amos debajo de una l√°pida si hubi√©ramos tenido un desenlace afortunado.
Asentí, aunque me aterró el tono amenazante de su voz.
¬óYo viv√≠a en un mundo diferente al tuyo, Bella. Mi sociedad era m√°s sencilla. En 1933, yo ten√≠a dieciocho a√Īos, era guapa y mi vida, perfecta.
Contemplo las nubles plateadas a través de la ventana con expresión ausente.
¬óMi familia era de clase media. Mi padre ten√≠a un empleo estable en un banco. Ahora comprendo que estaba muy pagado de si mismo, ya que consideraba su prosperidad como resultado de su talento y el trabajo duro en vez de admitir el papel desempe√Īado por la fortuna. Yo lo ten√≠a todo garantizado en aquel entonces y en mi casa parec√≠a como si la Gran Depresi√≥n no fuera m√°s que un rumor molesto. Ve√≠a a los menesterosos, por supuesto, a los que no eran tan afortunados, pero me dejaron crecer con la sensaci√≥n de que ellos mismos se hab√≠an buscado sus problemas.
¬ĽLa tarea de mi madre consist√≠a en atender las labores del hogar, a m√≠ misma y a mis dos hermanos peque√Īos por ese mismo orden. Resultaba evidente que yo era tanto su prioridad como la favorita. En aquel entonces no lo comprend√≠a del todo, pero siempre tuve la vaga noci√≥n de que mis padres no estaban satisfechos con lo que ten√≠an, incluso aunque poseyeran mucho m√°s que los dem√°s. Deseaban m√°s y ten√≠an aspiraciones sociales... Supongo que pod√≠a consider√°rseles unos arribistas. Estimaban mi belleza como un regalo en el que ve√≠an un potencial mucho mayor que yo.
¬ĽEllos no estaban satisfechos, pero yo s√≠. Me encantaba ser Rosalie Hale y me complac√≠a que los hombres me miraran a donde quiera que fuera desde que cumpl√≠ los doce a√Īos. Me encantaba que mis amigas suspiraran de envidia cada vez que tocaban mi cabello. Que mi madre se enorgulleciera de m√≠ y a mi padre le gustaba comprarme vestidos nuevos me hac√≠a feliz.
¬ĽSab√≠a qu√© quer√≠a de la vida y no parec√≠a existir obst√°culo alguno que me impidiera obtenerlo. Deseaba ser amada, adorada, celebrar una boda por todo lo alto, con la iglesia llena de flores y caminar por el pasillo central del brazo de mi padre. Estaba segura de ser la criatura m√°s hermosa del mundo. Necesitaba despertar admiraci√≥n tanto o m√°s que respirar, Bella. Era tonta y frivola, pero estaba satisfecha ¬ósonri√≥, divertida por su propia afirmaci√≥n¬ó. La influencia de mis padres hab√≠a sido tal que tambi√©n anhelaba las cosas materiales de la vida.
¬ĽQuer√≠a una gran casa llena de muebles elegantes cuya limpieza estuviera a cargo de otros y una cocina moderna donde guisaran los dem√°s. Como te he dicho, era una chica frivola, joven y superficial. Y no ve√≠a raz√≥n alguna por la que no debiera conseguir esas cosas.
¬ĽDe todo cuanto quer√≠a, ten√≠a pocas cosas de verdadera val√≠a pero hab√≠a una en particular que s√≠ lo era: mi mejor amiga, una chica llamada Vera, que se cas√≥ a los diecisiete a√Īos con un hombre que mis padres jam√°s habr√≠an considerado digno de m√≠: un carpintero. Al a√Īo siguiente tuvo un hijo, un hermoso beb√© con hoyuelos y pelo ensortijado. Fue la primera vez en toda mi vida que sent√≠ verdaderos celos de alguien.
Me lanzó una mirada insondable.
¬óEra una √©poca diferente. Yo ten√≠a los mismos a√Īos que t√ļ ahora, pero ya me hallaba lista para todo eso. Me mor√≠a de ganas por tener un hijo propio. Quer√≠a mi propio hogar y un marido que me besara al volver del trabajo, igual que Vera, s√≥lo que yo ten√≠a en mente otro tipo de casa muy distinta.
Me resultaba difícil imaginar el mundo que Rosalie había conocido. Su relato me parecía más propio de un cuento de hadas que de una historia real. Me sorprendí al percatarme de que ese mundo estaba muy cerca del de Edward cuando éste era humano, que era la sociedad en que había crecido. Mientras Rosalie permanecía sentada en silencio, me pregunté si mi siglo le parecía a Edward tan desconcertante como a mí el de Rosalie.
Mi acompa√Īante suspir√≥ y continu√≥ hablando, pero esta vez lo hizo con una voz diferente, sin rastro alguno de nostalgia.
En Rochester había una familia regia, apellidada, no sin cierta ironia, King. Royce King era el propietario del banco en el que trabajaba mi padre y de casi todos los demás negocios realmente rentables del pueblo. Así fue como me vio por vez primera su hiijo, Royce King II —frunció los labios al pronunciar el nombre, como si lo soltara entre dientes—. Iba a hacerse cargo del banco, por lo que comenzó a supervisar los diferentes puestos de trabajo. Dos días después, a mi madre se le olvidó de modo muy oportuno darle a mi padre el almuerzo. Recuerdo mi confusión cuando insistió en que llevara mi vestido blanco de organzay me alisó el cabello sólo para ir al banco.
Rosalie se rió sin alegría.
—Como todo el mundo me miraba, no me había fijado especialmente en él, pero esa noche me envió la primera rosa. Me mandó un ramo de rosas todas las noches de nuestro noviazgo hasta el punto de que mi cuarto terminó abarrotado de ramilletes y yo olía a rosas cuando salía de casa.
¬ĽRoyce era apuesto, ten√≠a el cabello m√°s rubio que el m√≠o y ojos de color azul claro. Dec√≠a que los m√≠os eran como las violetas, y luego empez√≥ ese show de las rosas y todo lo dem√°s.
¬ĽMis padres aprobaron esa relaci√≥n con gusto, y me quedo corta todo lo que ellos hab√≠an so√Īado y Royce parec√≠a ser todo lo que yo hab√≠a so√Īado. El pr√≠ncipe de los cuentos de hadas habia venido para convertirme en una princesa. Era cuanto quer√≠a, y no menos de lo que esperaba. Nos comprometimos antes de que transcurrieran dos meses de habernos conocido.
¬ĽNo pas√°bamos mucho tiempo a solas el uno con el otro. Royce me explic√≥ que ten√≠a muchas responsabilidades en el trabajo y cuando est√°bamos juntos le complac√≠a ser visto conmigo del brazo, lo cual tambi√©n me gustaba a m√≠. Hubo vestidos preciosos y muchas fiestas y bailes, ya que todas las puertas estaban abiertas y todas las alfombras rojas se desenrollaban para recibirte cuando eras un King.
¬ĽNo fue un noviazgo largo, pues se adelantaron los planes para la m√°s fastuosa de las bodas, que iba a ser todo cuanto yo hab√≠a querido siempre, lo cual me hac√≠a enormemente dichosa. Ya no me sent√≠a celosa cuando llamaba a Vera. Me imaginaba a mis hijos, unos ni√Īos de pelo rubio, jugando por los enormes prados de la finca de los King y la compadec√≠a.
Rosalie enmudeció de pronto y apretó los dientes, lo cual me sacó de la historia y me indicó que la parte espantosa estaba cerca. No había final feliz, tal y como ella me había anunciado. Me pregunté si ésa era la razón por la que había mucha más amargura en ella que en los demás miembros de su familia, porque ella había tenido al alcance de la mano todo cuanto quería cuando se truncó su vida humana.
¬óEsa noche yo estaba en el hogar de Vera ¬ósusurr√≥ Rosalie. Su rostro parec√≠a liso como el m√°rmol, e igual de duro¬ó. El peque√Īo Henry era realmente adorable, todo sonrisas y hoyuelos... Empezaba a andar por su propia cuenta. Al marcharme, Vera que llevaba al ni√Īo en brazos, y su esposo me acompa√Īaron hasta la puerta. El rode√≥ su cintura con el brazo y la bes√≥ en la mejilla cuando pens√≥ que yo no estaba mirando. Eso me molest√≥. No se parec√≠a al modo en que Royce me besaba, √©l no se mostraba tan dulce. Descart√© ese pensamiento. Royce era mi pr√≠ncipe y alg√ļn d√≠a yo ser√≠a la reina.
Resultaba arduo percibirlo a la luz de la luna, pero el rostro de Rosalie, blanco como el hueso, me pareci√≥ a√ļn m√°s p√°lido.
—Las farolas ya estaban encendidas, pues las calles estaban a oscuras. No me había dado cuenta de lo tarde que era —prosiguió un un susurro apenas audible—. También hacía mucho, mucho frío a pesar de ser finales de abril. Faltaba una semana para la ceremonia y me preocupaba el tiempo mientras volvía apresuradamente a casa... Me acuerdo con toda claridad. Recuerdo cada uno de los detalles de esa noche. Me aferré a ellos... al principio, para no pensar en nada más. Y ahora también, para tener algo a lo que agarrarme cuando tantos recuerdos agradables han desaparecido por completo... —suspiró y retomó el hilo en susurros—. Si, me preocupaba la meteorología porque no quería celebrar la ceremonia bajo techo.
¬ĽLos o√≠ cuando me hallaba a pocas calles de mi casa. Se trataba de un grupo de hombres situados debajo de una farola rota que soltaban fuertes risotadas. Estaban ebrios. Me asalt√≥ el deseo de llamar a mi padre para que me acompa√Īara a casa, pero me pareci√≥ una tonter√≠a al encontrarme tan cerca. Entonces, √©l grit√≥ mi nombre.
¬Ľ¬ó¬°Rose! ¬ódijo.
¬ĽLos dem√°s echaron a re√≠r como idiotas.
¬ĽNo me hab√≠a dado cuenta de que los borrachos iban tan bien vestidos. Eran Royce y varios de sus amigos, hijos de otros adinerados.
¬Ľ¬ó¬°Aqu√≠ est√° mi Rose! ¬ógrit√≥ mi prometido al tiempo que se carcajeaba con los dem√°s, y parec√≠a igual de necio¬ó. Llegas tarde. Estamos helados, nos has tenido esper√°ndote demasiado tiempo.
¬ęNunca antes le hab√≠a visto borracho. Hab√≠a bebido de vez en cuando en los brindis de las fiestas. Me hab√≠a comentado que no le gustaba el champ√°n. No hab√≠a comprendido que prefer√≠a las bebidas mucho m√°s fuertes.
¬ęTen√≠a un nuevo amigo, el amigo de un amigo, un tipo llegado desde Atlanta.
¬Ľ¬ó¬ŅQu√© te dije, John? ¬óse pavone√≥ al tiempo que me aferraba por el brazo y me acercaba a ellos¬ó. ¬ŅNo es m√°s adorable que todas tus beldades de Georgia?
¬ĽEl tal John era un hombre moreno de cabellos negros. Me estudi√≥ con la mirada como si yo fuera un caballo que fuera a comprar.
¬Ľ¬óResulta dif√≠cil decirlo ¬ócontest√≥ arrastrando las palabras¬ó. Est√° totalmente tapada.
¬ĽSe rieron, y Royce con ellos.
¬ĽDe pronto, Royce me tom√≥ de los hombros y rasg√≥ la chaqueta, que era un regalo suyo, haciendo saltar los botones de lat√≥n. Se desparramaron todos sobre la acera.
¬Ľ¬ó¬°Mu√©strale tu aspecto, Rose!
¬ĽSe desternill√≥ otra vez y me quit√≥ el sombrero de la cabeza. Los alfileres estaban sujetos a mi cabello desde las ra√≠ces, por lo que grit√© de dolor, un sonido que pareci√≥ del agrado de todos.
Rosalie me miró de pronto, sorprendida, como si se hubiera olvidado de mi presencia. Yo estaba segura de que las dos teníamos el rostro igual de pálido, a menos que yo me hubiera puesto verde de puro mareo.
¬óNo voy a obligarte a escuchar el resto ¬ócontinu√≥ bajito¬ó. Qued√© tirada en la calle y se marcharon dando tumbos entre carcajadas. Me dieron por muerta. Bromeaban con Royce, dici√©ndole que iba a tener que encontrar otra novia. √Čl se ri√≥ y contest√≥ que antes deb√≠a aprender a ser paciente.
¬ęAguard√© la muerte en la calle. Era tanto el dolor que me sorprendi√≥ que me importunara el fr√≠o de la noche. Comenz√≥ a nevar y me pregunt√© por qu√© no me mor√≠a. Aguardaba este hecho con impaciencia, para as√≠ acabar con el dolor, pero tardaba demasiado...
¬ĽCarlisle me encontr√≥ en ese momento. Olfate√≥ la sangre y acudi√≥ a investigar. Recuerdo vagamente haberme enfadado con √©l cuando not√© c√≥mo trabajaba con mi cuerpo en su intento de salvarme la vida. Nunca me hab√≠an gustado el doctor Cullen, ni su esposa, ni el hermano de √©sta, pues por tal se hac√≠a pasar Edward en aquella √©poca. Me disgustaba que los tres fueran m√°s apuestos que yo, sobre todo los hombres, pero ellos no hac√≠an vida social, por lo que s√≥lo los hab√≠a visto en un par de ocasiones.
¬ĽPens√© que iba a morir cuando me alz√≥ del suelo y me llev√≥ en volandas. √ćbamos tan deprisa que me dio la impresi√≥n de que vol√°bamos. Me horroriz√≥ que el suplicio no terminara...
¬ĽEntonces, me hall√© en una habitaci√≥n luminosa y caldeada. Me dej√© llevar y agradec√≠ que el dolor empezara a calmarse, pero de inmediato algo punzante me cort√≥ en la garganta, las mu√Īecas y los tobillos. Aull√© de sorpresa, creyendo que el doctor me tra√≠a a la vida para hacerme sufrir m√°s. Luego, una quemaz√≥n recorri√≥ mi cuerpo y ya no me preocup√© de nada m√°s. Implor√© a Carlisle que me matara e hice lo mismo cuando Esme y Edward regresaron a la casa. Carlisle se sent√≥ a mi lado, me tom√≥ la mano y me dijo que lo sent√≠a mientras promet√≠a que aquello iba a terminar. Me lo cont√≥ todo; a veces, le escuchaba. Me dijo qu√© era √©l y en qu√© me iba a convertir yo. No le cre√≠. Se disculp√≥ cada vez que yo chillaba.
¬ĽA Edward no le hizo ninguna gracia. Recuerdo haberles escuchado discutir sobre m√≠. A veces, dejaba de gritar, ya que no me hacia ning√ļn bien.
¬Ľ¬ó¬ŅEn qu√© estabas pensando, Carlisle? ¬óespet√≥ Edward¬ó. Rosalie Hale?
Rosalie imitó a la perfección el tono irritado de Edward.
—No me gustó la forma en que pronunció mi nombre, como si hubiera algo malo en mí.
¬Ľ¬óNo pod√≠a dejarla morir ¬óreplic√≥ Carlisle en voz baja¬ó. Era demasiado... horrible, un desperdicio enorme...
¬Ľ¬óLo s√© ¬órespondi√≥.
¬ĽPens√© que le quitaba importancia. Eso me enfad√≥. Por aquel entonces, yo no sab√≠a que √©l era capaz de ver lo que Carlisle estaba contemplado.
¬Ľ¬óEra una p√©rdida enorme. No pod√≠a dejarla all√≠ ¬órepiti√≥ Carlisle en voz baja.
¬Ľ¬óPor supuesto que no ¬óacept√≥ Esme.
¬Ľ¬óTodos los d√≠as muere gente ¬óle record√≥ Edward con acritud¬ó, y ¬Ņno crees que es demasiado f√°cil reconocerla? La familia King va a organizar una gran b√ļsqueda para que nadie sospeche de ese desalmado ¬órefunfu√Ī√≥.
¬ĽMe complaci√≥ que estuvieran al tanto de la culpabilidad de Royce.
¬ĽNo me percat√© de que casi hab√≠a terminado, de que cobraba nuevas fuerzas y de que por eso era capaz de concentrarme en su conversaci√≥n. El dolor empezaba a desaparecer de mis dedos.
¬Ľ¬ó¬ŅQu√© vamos a hacer con ella? ¬óinquiri√≥ Edward con repulsi√≥n, o al menos √©sa fue mi impresi√≥n.
¬ĽCarlisle suspir√≥.
¬Ľ¬óEso depende de ella, por supuesto. Quiz√° prefiera seguir su propio camino.
¬ĽYo hab√≠a entendido de sus explicaciones lo suficiente para saber que mi vida hab√≠a terminado y que no la iba a recuperar. No soportaba la perspectiva de quedarme sola.
¬ĽEl dolor pas√≥ al fin y ellos volvieron a explicarme qu√© era. En esta ocasi√≥n les cre√≠. Experiment√© la sed y not√© la dureza de mi piel. Vi mis brillantes ojos rojos.
¬ęFrivola como era, me sent√≠ mejor al mirarme en el espejo por primera vez. A pesar de las pupilas, yo era la cosa m√°s hermosa que hab√≠a visto en la vida ¬óRosalie se ri√≥ de s√≠ misma por un instante¬ó. Tuvo que pasar alg√ļn tiempo antes de que comenzara a inculpar de mis males a la belleza, una maldici√≥n, y desear haber sido... bueno, fea no, pero s√≠ normal, como Vera. En tal caso, me podr√≠a haber casado con alguien que me amara de verdad y haber criado hijos hermosos, pues eso era lo que, en realidad, quer√≠a desde el principio. Sigo pensando que no es pedir demasiado.
Permaneci√≥ meditativa durante un momento. Cre√≠ que se habia vuelto a olvidar de mi presencia, pero entonces me sonri√≥ con expresi√≥n s√ļbitamente triunfal.
¬ó¬ŅSabes? Mi expediente est√° casi tan limpio como el de Carlisle ¬óme dijo¬ó. Es mejor que el de Esme y mil veces superior al de Edward. Nunca he probado la sangre humana ¬óanunci√≥ con orgullo.
Comprendi√≥ la perplejidad de mi expresi√≥n cuando le pregunte por qu√© su expediente estaba ¬ęcasi tan¬Ľ limpio.
—Maté a cinco hombres —admitió, complacida de sí misma— si es que merecen tal nombre, pero tuve buen cuidado de no derramar su sangre, sabedora de que no sería capaz de resistirlo. No quería nada de ellos dentro mí, ya ves.
¬ęReserv√© a Royce para el final. Esperaba que se hubiera enterado de las muertes de sus amigos y comprendiera lo que se le avecinaba. Confiaba en que el miedo empeorara su muerte. Me parece que dio resultado. Cuando le captur√©, se escond√≠a dentro de una habitaci√≥n sin ventanas, detr√°s de una puerta tan gruesa como una c√°mara acorazada, custodiada en el exterior por un par de hombres armados. ¬°Uy...! Fueron siete homicidios... ¬óse corrigi√≥ a s√≠ misma¬ó. Me hab√≠a olvidado de los guardias. S√≥lo necesit√© un segundo para deshacerme de ellos.
¬ĽFue demasiado teatral y lo cierto es que tambi√©n un poco infantil. Yo luc√≠a un vestido de novia robado para la ocasi√≥n. Chill√≥ al verme. Esa noche grit√≥ mucho. Dejarle para el final result√≥ una medida acertada, ya que me facilit√≥ un mayor autocontrol y pude hacer que su muerte fuera m√°s lenta.
Dejó de hablar de repente y clavó sus ojos en mí.
¬óLo siento ¬óse disculp√≥ con una nota de disgusto en la voz¬ó. Te he asustado, ¬Ņverdad?
—Estoy bien —le mentí.
¬óMe he dejado llevar.
¬óNo te preocupes.
¬óMe sorprende que Edward no te contara nada a este respecto.
¬óLe disgusta hablar de las historias de otras personas. Le parece estar traicionando su confianza, ya que √©l se entera de m√°s cosas de las que pretende cuando ¬ęescucha¬Ľ a los dem√°s.
Ella sonrió y sacudió la cabeza.
¬óProbablemente voy a tener que darle m√°s cr√©dito. Es bastante decente, ¬Ņverdad?
¬óEso me parece.
¬óTe lo puedo asegurar ¬óluego, suspir√≥¬ó. Tampoco he sido muy justa contigo, Bella. ¬ŅTe lo ha contado o tambi√©n ha sido reservado?
—Me dijo que tu actitud se debía a que yo era humana. Me explicó que te resultaba más difícil que al resto aceptar que alguien de fuera estuviera al tanto de vuestro secreto.
La musical risa de Rosalie me interrumpió.
¬óAhora me siento en verdad culpable. Se ha mostrado mucho, mucho m√°s cort√©s de lo que me merezco ¬óparec√≠a m√°s cari√Īosa cuando se re√≠a, como si hubiera bajado una guardia que hubiera mantenido en mi presencia hasta ese instante¬ó. ¬°Qu√© trolero es este chico!
Se carcajeó una vez más.
¬ó¬ŅMe ha mentido? ¬óinquir√≠, s√ļbitamente recelosa.
—Bueno, eso quizá resulte exagerado. No te lo ha contado todo. Lo que te dijo es cierto, más cierto ahora de lo que lo fue antes. Sin embargo, en su momento... —enmudeció y rió entre dientes, algo nerviosa—. Es violento. Ya ves, al principio, yo estaba celosa porque él te quería a ti y no a mí.
Un estremecimiento de p√°nico recorri√≥ mi cuerpo al o√≠r sus palabras. Ah√≠ sentada, ba√Īada por una luz plateada, era m√°s hermosa que cualquier otra cosa que yo pudiera imaginar. Yo no pod√≠a competir con Rosalie.
¬óPero t√ļ amas a Emmett... ¬ófarfull√©.
Ella cabeceó adelante y atrás, divertida por la ocurrencia.
—No amo a Edward de ese modo, Bella, no lo he hecho nunca. Le he querido como a un hermano, pero me ha irritado desde el primer momento en que le oí hablar, aunque has de entenderlo... Yo estaba acostumbrada a que la gente me quisiera y él no se interesaba por mí ni una pizquita. Al principio, me frustró e incluso me ofendió, pero no tardó mucho en dejar de molestarme al ver que Edward nunca amaba a nadie. No mostró la menor preferencia ni siquiera la primera vez que nos encontramos con todas esas mujeres del clan de Tanya en Denali. Y entonces te conoció a ti.
Me mir√≥ con turbaci√≥n. Yo s√≥lo le prestaba atenci√≥n a medias. Pensaba en Edward, en Tanya y en ¬ętodas esas mujeres¬Ľ y frunc√≠ los labios hasta que formaron un trazo grueso.
¬óNo es que no seas guapa, Bella ¬óa√Īadi√≥, malinterpretando mi expresi√≥n¬ó, pero te encontr√≥ m√°s hermosa que a m√≠... Soy m√°s vanidosa de lo que pensaba.
¬óPero t√ļ has dicho ¬ęal principio¬Ľ. Ahora ya no te molesta, ¬Ņno? quiero decir, las dos sabemos que t√ļ eres la m√°s agraciada del planeta.
Me re√≠ al tener que decirlo. ¬°Era tan obvio...! Resultaba extra√Īo que Rosalie necesitase esas palabras de confirmaci√≥n. Ella tambi√©n se uni√≥ a mis risas.
—Gracias, Bella, y no, la verdad es que ya no me molesta. Edward siempre ha sido un poquito raro —volvió a reírse.
¬óPero a√ļn sigo sin gustarte ¬ósusurr√©.
Su sonrisa se desvaneció.
¬óLo lamento.
Permanecimos allí sentadas, en silencio, y ella parecía poco predispuesta a continuar hablando.
¬ó¬ŅVas a decirme la raz√≥n? ¬ŅHe hecho algo...?
¬ŅEstaba enfadada por poner en peligro una y otra vez a su familia, a Emmett? Primero James; ahora, Victoria...
¬óNo, no has hecho nada ¬ómurmur√≥¬ó. A√ļn no.
La miré, perpleja.
¬ó¬ŅNo lo entiendes, Bella? ¬óde pronto, su voz se volvi√≥ m√°s apasionada que antes, incluso que cuando relataba su desdichada historia¬ó. T√ļ ya lo tienes todo. Te aguarda una vida por delante..., todo lo que yo quer√≠a, y vas a desperdiciarla. ¬ŅNo te das cuenta de que yo dar√≠a cualquier cosa por estar en tu lugar? T√ļ has efectuado la elecci√≥n que yo no pude hacer, ¬°y has elegido mal!
Me estremecí y retrocedí ante la ferocidad de su expresión. Apreté los labios con fuerza cuando me percaté de que me había quedado boquiabierta.
Ella me contempló fijamente durante un buen rato y el fulgor de sus ojos disminuyó. De pronto, se avergonzó.
—¡Y yo que estaba segura de poder hacer esto con calma! —sacudió la cabeza. El torrente de emociones parecía haberla dejado confusa—. Supongo que sólo es porque ahora resulta más duro que antes, cuando era una pura cuestión de vanidad.
Contempló la luna en silencio. Al cabo de unos instantes me atreví a romper su ensimismamiento.
¬ó¬ŅTe caer√≠a mejor si eligiera continuar siendo humana?
Ella se volvió hacia mí con los labios curvados en un amago de sonrisa.
¬óQuiz√°.
—En todo caso, tu historia sí tiene algo de final feliz —le recorrdé—. Tienes a Emmett.
¬óLe tengo a medias ¬ósonri√≥¬ó. Sabes que salv√© a Emmett de un oso que le hab√≠a atacado y herido, y le arrastr√© hasta el hogar de Carlisle, pero ¬Ņte imaginas por qu√© imped√≠ que el oso le devorara? ¬ónegu√© con la cabeza¬ó. Sus rizos negros y los hoyuelos, visibles incluso a pesar de la mueca de dolor, conferian a sus facciones una extra√Īa inocencia fuera de lugar en un var√≥n adulto... Me recordaba a Henry, el peque√Īo de Vera. No quer√≠a que muriera, a pesar de lo mucho que odiaba esta vida. Fu√≠ lo bastante ego√≠sta para pedirle a Carlisle que le convirtiera para m√≠.
¬ĽTuve m√°s suerte de la que me merec√≠a. Emmett es todo lo que habr√≠a pedido si me hubiera conocido lo bastante bien como para saber de mis carencias. √Čl es exactamente la clase de persona adecuada para alguien como yo y, por extra√Īo que pueda parecer, tambi√©n √©l me necesitaba. Esa parte funciona mejor de lo que cab√≠a esperar, pero s√≥lo vamos a estar nosotros dos, no va a haber nadie m√°s. Jam√°s me voy a sentar en el porche, con √©l a mi lado, y ya con canas, rodeada de mis nietos.
Ahora su sonrisa fue amable.
¬óQuiz√° te parezca un poco estramb√≥tico, ¬Ņa que s√≠? En cierto sentido, t√ļ eres mucho m√°s madura que yo a los dieciocho, pero por otra parte, hay muchas cosas que no te has detenido a considerar con detenimiento. Eres demasiado joven para saber qu√© vas a desear dentro de diez o quince a√Īos, y lo bastante inexperta como para darlo todo sin pens√°rtelo. No te precipites con aquello que es irreversible, Bella.
Me palmeó la cabeza, pero el gesto no era de condescendencia. Suspiré.
¬óT√ļ s√≥lo pi√©nsatelo un poco. No se puede deshacer una vez que est√© hecho. Esme va tirando porque nos usa a nosotros como suced√°neo de los hijos que no tiene y Alice no recuerda nada de su existencia humana, por lo que no la echa de menos. Sin embargo, t√ļ s√≠ vas a recordarla. Es mucho a lo que renuncias.
Pero obtengo más a cambio, pensé, aunque me callé.
¬óGracias, Rosalie. Me alegra conocerte m√°s para comprenderte mejor.
—Te pido disculpas por haberme portado como un monstruo —esbozó una ancha sonrisa—. Intentaré comportarme mejor de ahora en adelante.
Le devolví la sonrisa.
A√ļn no √©ramos amigas, pero estaba segura de que no me iba a odiar tanto.
—Ahora voy a dejarte para que duermas —lanzó una mirada a la cama y torció la boca—. Sé que estás descontenta porque te mantenga encerrada de esta manera, pero no le hagas pasar un mal rato cuando regrese. Te ama más de lo que piensas. Le aterra alejarse de ti —se levantó sin hacer ruido y se dirigió hacia la puerta sigilosa como un espectro—. Buenas noches, Bella —susurró mientras la cerraba al salir.
—Buenas noches, Rosalie —murmuré un segundo tarde.
Despu√©s de eso, me cost√≥ mucho conciliar el sue√Īo...
... y tuve una pesadilla cuando me dormí. Recorría muy despacio las frías y oscuras baldosas de una calle desconocida bajo una suave cortina de nieve. Dejaba un leve rastro sanguinolento detrás de mí mientras un misterioso ángel de largas vestiduras blancas vigilaba mi avance con gesto resentido.
Aliee me llev√≥ al colegio a la ma√Īana siguiente mientras yo, malhumorada, miraba fijamente por el parabrisas. Estaba falta de sue√Īo y eso s√≥lo aumentaba la irritaci√≥n que me provocaba mi encierro.
¬óEsta noche saldremos a Olympia o algo as√≠ ¬óme prometio¬ó. Ser√° divertido, ¬Ņte parece...?
¬ó¬ŅPor qu√© no me encierras en el s√≥tano y te dejas de pa√Īos calientes? ¬óle suger√≠.
Alice torció el gesto.
—Va a pedirme que le devuelva el Porsche por no hacer un buen trabajo. Se suponía que debías pasártelo bien.
—No es culpa tuya —murmuré; en mi fuero interno, no podía creer que me sintiera culpable—. Te veré en el almuerzo.
Anduve penosamente hasta clase de Lengua. Ten√≠a garantizado que el d√≠a iba a ser insoportable sin la compa√Ī√≠a de Edward. Permanec√≠ enfurru√Īada durante la primera clase, bien consciente de que mi actitud no ayudaba en nada.
Cuando sonó la campana, me levanté sin mucho entusiasmo. Mike me esperaba a la salida, el tiempo que mantenía abierta la puerta.
¬ó¬ŅSe va Edward de excursi√≥n este fin de semana? ¬óme pregunt√≥ con afabilidad mientras camin√°bamos bajo un fino chirimiri.
—Sí.
¬ó¬ŅTe apetece hacer algo esta noche?
¬ŅC√≥mo era posible que a√ļn albergara esperanzas?
¬óImposible, tengo una fiesta de pijamas ¬órefunfu√Ī√©. Me dedic√≥ una mirada extra√Īa mientras ponderaba mi estado de √°nimo.
¬ó¬ŅQui√©nes vais a...?
Detr√°s de nosotros, un motor bram√≥ con fuerza en alg√ļn punto del aparcamiento. Todos cuantos estaban en la acera se volvieron para observar con incredulidad c√≥mo una estruendosa moto negra llegaba hasta el l√≠mite de la zona asfaltada sin aminorar el runr√ļn del motor.
Jacob me urgió con los brazos.
—¡Corre, Bella! —gritó por encima del rugido del motor.
Me quedé allí clavada durante un instante antes de comprender.
Miré a Mike de inmediato y supe que sólo tenía unos segundos.
¬ŅHasta d√≥nde ser√≠a capaz de ir Alice para refrenarme en p√ļblico?
¬óDi que me he sentido mal repentinamente y me he ido a casa, ¬Ņde acuerdo? ¬óle dije a Mike, con la voz llena de repentino entusiasmo.
—Vale —murmuró él.
Le pellizqué la mejilla y le dije a voz en grito mientras me alejaba a la carrera:
¬óGracias, Mike. ¬°Te debo una!
Jacob aceleró la moto sin dejar de sonreír. Salté a la parte posterior del asiento, rodeé su cintura con los brazos y me aferré con fuerza.
Atisbé de refilón a Alice, petrificada en la entrada de la cafetería, con los ojos chispeando de furia y los labios fruncidos, dejando entrever los dientes.
Le dirig√≠ una mirada de s√ļplica.
A continuación salimos disparados sobre el asfalto tan deprísa que tuve la impresión de que me dejaba atrás el estómago.
—¡Agárrate fuerte! —gritó Jacob.
Escond√≠ el rostro en su espalda mientras √©l dirig√≠a la moto hacia la carretera. Sab√≠a que aminorar√≠a la velocidad en cuanto lleg√°semos a la orilla del territorio quileute. Lo √ļnico que deb√≠a hacer hasta ese momento era no soltarme. Rogu√© en silencio para que Alice no nos siguiera y que a Charlie no se le ocurriera pasar a verme...
Fue muy evidente el momento en que llegamos a zona segura. La motocicleta redujo la velocidad y Jacob se enderezó y aulló entre risas. Abrí los ojos.
¬óLo logramos ¬ógrit√≥¬ó. Como fuga de la c√°rcel no est√° mal, ¬ŅA qu√© no?
¬óBien pensado, Jake.
—Me acordé de tus palabras. Esa sanguijuela psíquica era incapaz de predecir lo que yo iba a hacer. Me alegra que no pensara esto o de lo contrario no te hubiera dejado venir al instituto.
—No se me pasó por la cabeza.
Lanzó una carcajada triunfal.
—;Qué quieres hacer hoy?
Respondí con otra risa.
¬°Cualquier cosa!
¡Qué estupendo era ser libre!

Genlo
Terminamos yendo una vez más a la playa, donde vagabundeamos sin rumbo fijo. Jacob no cabía en sí de satisfacción por haber urdido mi fuga.
¬ó¬ŅCrees que vendr√°n a buscarte? ¬ópregunt√≥. Parec√≠a esperanzado.
¬óNo ¬óestaba segura de eso¬ó. Aunque esta noche se van a poner como fieras.
El eligió una piedra y la lanzó. El canto rebotó sobre la cresta de las olas.
—En ese caso no regreses —sugirió de nuevo.
—A Charlie le encantaría —repuse con sarcasmo.
—Apuesto a que no le importaría.
No contesté. Lo más probable es que Jacob estuviera en lo cierto y eso me hizo apretar los dientes con rabia. La manifiesta preferencia de Charlie por mis amigos quileute era improcedente. Me pregunté si opinaría lo mismo en caso de saber que la elección era en realidad entre vampiros y hombres lobo.
¬óBueno, ¬Ņy cu√°l es el √ļltimo esc√°ndalo de la manada? ¬ópregunt√© con desenfado.
Jacob resbaló al detenerse en seco y me miró fijamente con asombro hasta hacerme desviar la vista.
¬ó¬ŅQu√© pasa? S√≥lo era una broma.
¬óAh.
Miró hacia otro lado. Esperé a que reanudara la caminata, pero parecía ensimismado en sus pensamientos.
¬ó¬ŅHay alg√ļn esc√°ndalo? ¬óquise saber. Mi amigo ri√≥ entre dientes de nuevo.
A veces se me olvida cómo es el no tener a todo el mundo metido en mi cabeza la mayoría del tiempo y poder reservar en ella un lugar privado y tranquilo para mí.
Caminamos en silencio a lo largo de la rocosa playa durante unos minutos hasta que al final pregunté:
¬óBueno, ¬Ņde qu√© se trata eso que saben cuantos tienes a tu alrededor?
√Čl vacil√≥ un segundo, como si no estuviera seguro de cu√°nto iba a contarme. Luego, suspir√≥ y dijo:
¬óQuil est√° imprimado, y ya es el tercero, por lo que los dem√°s pempezamos a estar preocupados. Quiz√° sea un fen√≥meno m√°s com√ļn de lo que dicen las historias.
Puso cara de pocos amigos y se volvió hacia mí para observarme. Me miró fijamente a los ojos, sin hablar, con las cejas fruncidas en gesto de concentración.
¬ó¬ŅQu√© miras? ¬ópregunt√©, cohibida.
√Čl suspir√≥.
¬óNada.
Jacob echó a andar de nuevo y, como quien no quiere la cosa, alargó el brazo y me tomó de la mano. Caminamos callados entre las rocas.
Pensé en la imagen que debíamos de tener al caminar juntos de la mano, la de una pareja, sin duda, y me pregunté si no tendría que oponerme, pero siempre había sido así entre nosotros y no existia razón alguna por la que cambiarlo ahora.
¬ó¬ŅPor qu√© es un esc√°ndalo la imprimaci√≥n de Quil? ¬ópregunt√© cuando tuve la impresi√≥n de que no iba a contarme nada m√°s¬ó. ¬ŅAcaso porque es el miembro m√°s joven de la manada?
¬óEso no tiene nada que ver.
¬óEntonces, ¬Ņcu√°l es el problema?
¬óEs otra de nuestras leyendas. Me pregunto cu√°ndo dejar de sorprendernos que todas sean ciertas.
¬ó¬ŅMe lo vas a contar o he de adivinarlo?
—No lo acertarías jamás. Verás, como sabes, Quil no se ha incorporado a la manada hasta hace poco tiempo, por lo que no había pasado por el hogar de Emily.
¬ó¬ŅQuil tambi√©n est√° imprimado de Emily? ¬ópregunt√© jadeando.
—¡No! Te digo que no lo vas a adivinar. Emily tenía dos sobrinas que estaban de visita y... Quil conoció a Claire.
¬ó¬ŅY Emily no quiere que su sobrina salga con un lic√°ntropo? ¬°Menuda hipocres√≠a! ¬ósolt√©.
Pese a todo, comprendía por qué ella de entre toda su gente era de ese parecer. Volví a pensar en las enormes cicatrices que le afeaban el rostro y se extendían brazo derecho abajo. Sam había perdido el control una sola vez mientras estaba demasiado cerca de ella, pero no hizo falta más. Yo había visto el dolor en los ojos de Sam cada vez que miraba las heridas inflingidas a Emily. Me resultaba perfectamente comprensible que ella deseara proteger a su sobrina de ese peligro.
¬ó¬ŅQuieres hacer el favor de no intentar adivinarlo? Vas desencaminada. A ella no le preocupa esa parte, es s√≥lo que, bueno, es un poco pronto.
¬ó¬ŅQu√© quieres decir con ¬ęun poco pronto¬Ľ?
Jacob entrecerró los ojos y me evaluó con la mirada.
¬óProcura no erigirte en juez, ¬Ņvale?
Asentí con cautela.
¬óClaire tiene dos a√Īos ¬óme dijo Jacob.
Comenzó a chispear. Parpadeé con fuerza cuando las gotas de lluvia me golpetearon en el rostro.
Jacob aguard√≥ en silencio. No llevaba chaqueta, como de costumbre, y el chaparr√≥n dej√≥ un reguero de motas oscuras en su camiseta negra y su pelo enmara√Īado empez√≥ a gotear. Mantuvo el gesto inexpresivo mientras me miraba.
¬óQuil est√° imprimado... ¬Ņcon... una ni√Īa... de dos a√Īos? repuse cuando al fin fui capaz de hablar.
—Sucede —se encogió de hombros. Luego se agachó para tomar otra roca y lanzarla con fuerza a las aguas de la bahía—. O eso dicen las leyendas.
—Pero es un bebé —protesté. Me miró con gesto de sombrío regocijo.
—Quil no va a envejecer más —me recordó con un tono algo mordaz—. Sólo ha de ser paciente durante unas décadas.
—Yo... No sé qué decir.
Intent√© no ser cr√≠tica con todas mis fuerzas, pero lo cierto es que estaba aterrada. Hasta ahora, nada de lo relacionado con los lic√°ntropos me hab√≠a molestado desde que averig√ľ√© que no ten√≠an nada que ver con los cr√≠menes que yo les achacaba.
—Estás haciendo juicios de valor —me acusó—. Lo leo en tu cara.
—Perdón —repuse entre dientes—, pero me parece absolutamente repulsivo.
¬óNo es as√≠. Te equivocas de cabo a rabo ¬óde pronto, Jacob sali√≥ en defensa de su amigo con vehemencia¬ó. He visto lo que sientes a trav√©s de sus ojos. No hay nada rom√°ntico en todo esto, no para Quil, a√ļn no ¬órespir√≥ hondo, frustrado¬ó. ¬°Qu√© dif√≠cil es describirlo! La verdad es que no se parece al amor a primera vista, sino que m√°s bien tiene que ver con movimientos gravitatorios. Cuando t√ļ la ves, ya no es la tierra quien te sostiene, sino ella, que pasa a ser lo √ļnico que importa. Har√≠as y ser√≠as cualquier cosa por ella, te convertir√≠as en lo que ella necesitara, ya sea su protector, su amante, su amigo o su hermano.
¬ĽQuil ser√° el mejor y m√°s tierno de los hermanos mayores que haya tenido un ni√Īo. No habr√° criatura en este mundo m√°s protegida que esa ni√Īita. Luego, cuando crezca, ella necesitar√° un amigo. El ser√° un camarada m√°s comprensivo, digno de confianza y responsable que cualquier otro que ella pueda conocer. Despu√©s, cuando sea adulta, ser√°n tan felices como Emily y Sam.
Una extra√Īa nota de amargura acer√≥ su voz al final, cuando habl√≥ de Sam.
¬ó¬ŅY Claire no tiene alternativa?
¬óPor supuesto, pero, a fin de cuentas, ¬Ņpor qu√© no iba a elegirle a √©l? Quil va a ser su compa√Īero perfecto, y es como si lo hubieran creado s√≥lo para ella.
Anduvimos callados durante un momento hasta que me detuve para arrojar una piedra al océano, pero me quedé muy corta, faltaron varios metros para que cayera en las aguas. Jacob se burló de mí.
—No todos podemos tener una fuerza sobrenatural —mascullé.
√Čl suspir√≥.
¬ó¬ŅCu√°ndo crees que te va a suceder a ti? ¬ópregunt√© bajito.
—Jamás —replicó de inmediato con voz monocorde.
¬óNo es algo que est√© bajo tu control, ¬Ņverdad?
Se mantuvo callado durante unos minutos. Sin darnos cuenta, ambos paseamos m√°s despacio, sin apenas avanzar.
¬óY t√ļ crees que si a√ļn no la has visto es que no existe, ¬Ņverdad? ¬óle pregunt√© con escepticismo¬ó. Jacob, apenas has visto mundo, incluso menos que yo.
¬óCierto ¬órepuso en voz baja; observ√≥ mi rostro con ojos penetrantes¬ó, pero no voy a ver a nadie, Bella, salvo a ti, incluso cuando cierro los ojos e intento concentrarme en otra persona. Preg√ļntale a Quil o a Embry. Eso les vuelve locos.
Miré rápidamente a las rocas.
Ya no deambulábamos por la playa. No se oía nada más que el batir de las olas en la orilla, cuyo rugido ahogaba incluso el soniquete de la lluvia.
—Quizá convenga que vuelva a casa —susurré.
—¡No! —protestó, sorprendido por aquel final.
Alc√© los ojos para mirarle. Los suyos estaban llenos de ansiedad. Tienes todo el d√≠a libre, ¬Ņno? El chupasangres a√ļn no va a volver a casa.
Le fulminé con la mirada.
¬óNo pretend√≠a ofender ¬óse apresur√≥ a a√Īadir.
—Sí, tengo todo el día, pero Jake...
Me tomó una mano y se disculpó:
—Disculpa. No volveré a comportarme así. Seré sólo Jacob.
Suspiré.
¬óPero si es eso lo que piensas...
—No te preocupes por mí —insistió mientras sonreía con una alegría excesiva y premeditada—. Sé lo que me traigo entre manos. Sólo dime si te ofendo...
—No sé...
¬óVenga, Bella. Regresemos a casa y cojamos las motos. Tienes que montar con regularidad para mantenerte a tono.
¬óEn realidad, me parece que me lo han prohibido...
¬ó¬ŅQui√©n? ¬ŅCharlie o el chupa... √©l?
¬óLos dos.
Jacob esboz√≥ una enorme sonrisa, mi sonrisa, y de pronto apareci√≥ el Jacob que tanto echaba en falta, risue√Īo y afectuoso.
No pude evitar devolverle la sonrisa.
La llovizna aminoró hasta convertirse en niebla.
—No se lo voy a decir a nadie —me prometió.
¬óExcepto a todos y cada uno de tus amigos.
Negó solemnemente con la cabeza y alzó la mano derecha.
¬óPrometo no pensar en ello.
Me eché a reír.
¬óDiremos que me he tropezado si me hago da√Īo, ¬Ņvale?
¬óComo t√ļ digas.
Condujimos las motos a los caminos de la parte posterior de La Push hasta que la lluvia los hizo impracticables y Jacob insistió en que iba a cambiar de fase como no comiera algo pronto. Billy me recibió con absoluta normalidad cuando llegamos a la casa, como si mi repentina aparición no implicara nada más que mi deseo de pasar el día con un amigo. Nos fuimos al garaje después de comer los bocadillos que preparó Jacob y le ayudé a limpiar las motos. No había estado allí en meses, desde el regreso de Edward, pero no parecía importar. Sólo era otra tarde en la cochera.
—Me encanta —comenté mientras él sacaba un par de refrescos calientes de la bolsa de comestibles—. Echaba de menos este sitio.
√Čl sonri√≥ al tiempo que miraba las junturas de las planchas de pl√°stico del tejado.
—Sí, te entiendo perfectamente. Tiene toda la magnificencia del Taj Mahal sin los inconvenientes ni los gastos de viajar a la India.
¬óPor el peque√Īo Taj Mahal de Washington ¬óbrind√©, sosteniendo en alto mi lata.
√Čl entrechoc√≥ la suya con la m√≠a.
¬ó¬ŅRecuerdas el pasado San Valent√≠n? Creo que fue la √ļltima vez que estuviste aqu√≠, la √ļltima vez, cuando las cosas a√ļn eran... normales.
Me carcajeé.
Por supuesto que me acuerdo. Cambié toda una vida de servidumbre por una caja de dulces de San Valentín. No es algo que pudiera olvidar fácilmente. Sus risas se unieron a las mías.
¬óEso est√° bien. Um. Servidumbre. Tendr√© que pensar en algo bueno ¬óluego, suspir√≥¬ó. Parece que han pasado a√Īos. Otra era. Una m√°s feliz.
No pude mostrarme de acuerdo, ya que ahora vivía un momento muy dulce, pero me sorprendía comprender cuántas cosas echaba de menos de mis días de oscuridad. Miré fijamente el bosque oscuro a través de la abertura. Llovía de nuevo, pero sentada junto a Jacob en el garaje se estaba bien. Me acarició la mano con los dedos y dijo:
¬óLas cosas han cambiado de verdad.
—Sí —admití; entonces, alargué la mano y palmeé la rueda trasera de mi moto—. Antes Charlie y yo nos llevábamos mejor —me mordí el labio—. Espero que Billy no le diga nada de lo de hoy...
—No lo hará. No se pone de los nervios, como le ocurre a Charlie. Eh, no me he disculpado oficialmente por haberme chivado y haberle dicho a tu padre lo de la moto. Desearía no haberlo hecho.
Puse los ojos en blanco.
—También yo.
¬óLo siento mucho, de veras.
Me mir√≥ expectante. La mara√Īa de pelo negro h√ļmedo se pegaba a su rostro suplicante y lo cubr√≠a por todas partes.
¬óBueno, vale, te perdono.
¬ó¬°Gracias, Bella!
Nos sonreímos el uno al otro durante un instante, y luego su expresión volvió a ensombrecerse.
¬ó¬ŅSabes?, ese d√≠a, cuando te llev√© la moto, quer√≠a preguntarle algo ¬ódijo hablando muy despacio¬ó, pero al mismo tiempo, tampoco me apetec√≠a hacerlo.
Permanecí inmóvil, una medida preventiva, un hábito adquirído de Edward.
¬ó¬ŅMostrabas esa resoluci√≥n porque estabas enfadada conmigo o ibas totalmente en serio? ¬ópregunt√≥ con un hilo de voz.
Aunque estaba segura de saber a qué se refería, le contesté, igualmente en susurros.
¬ó¬ŅSobre qu√©?
√Čl me mir√≥ con fijeza.
—Ya sabes. Cuando dijiste que no era de mi incumbencia si él te mordía —se encogió de forma visible al pronunciar el final de la frase.
¬óJake...
Se me hizo un nudo en la garganta y fui incapaz de terminar siquiera. √Čl cerr√≥ los ojos y respir√≥ hondo.
¬ó¬ŅHablabas en serio?
Tembló levemente. Permaneció con los párpados cerrados.
—Sí —susurré.
Jacob espiró muy despacio.
—Supongo que ya lo sabía.
Le miré a la cara, a la espera de que abriera los ojos.
¬ó¬ŅEres consciente de lo que eso va a significar? ¬óinquiri√≥ de pronto¬ó. Lo comprendes, ¬Ņverdad? ¬ŅSabes qu√© va a ocurrir si rompen el tratado?
¬óNos iremos antes ¬órepuse con voz queda.
Vi en lo más hondo de sus ojos la ira y el dolor cuando abrió los párpados.
—No hay un límite geográfico para el tratado, Bella. Nuestros tatarabuelos sólo acordaron mantener la paz porque los Cullen juraron que eran diferentes, que no ponían en peligro a los humanos. El tratado no tiene sentido y ellos son igual al resto de los vapiros si vuelven a sus costumbres. Una vez establecido esto, y cuando volvamos a encontrarlos...
¬óPero ¬Ņno hab√©is roto ya el tratado? ¬ópregunt√©, agarr√°ndome a un clavo ardiendo¬ó. ¬ŅNo formaba parte del acuerdo que no le dir√≠ais a la gente lo de los vampiros? T√ļ me lo revelaste. ¬ŅNo es eso quebrantar el tratado?
A Jacob no le gustó que se lo recordase. El dolor de sus ojos se recrudeció hasta convertirse en animosidad.
Sí, no respeté el tratado cuando no creía en él, y estoy seguro de que los has puesto al tanto, pero eso no les concede una ventaja ni nada parecido. Un error no justifica otro. Si no les gusta mi conducta, sólo les queda una opción, la misma que tendremos nosotros cuando ellos rompan el acuerdo: atacar, comenzar la guerra.
Lo presentaba de un modo tal que el enfrentamiento parecía inevitable. Me estremecí.
—No tiene por qué terminar así, Jake.
—Va a ser así.
Rechinó los dientes.
El silencio subsiguiente a esa afirmación fue ostensible.
¬ó¬ŅNo me perdonar√°s nunca, Jacob? ¬ósusurr√©. Dese√© haberle mordido la lengua en cuanto solt√© la frase. No quer√≠a o√≠r la repuesta.
¬óT√ļ dejar√°s de ser Bella ¬óme contest√≥¬ó. Mi amiga no va a estar. No habr√° nadie a quien perdonar.
¬óEso parece un ¬ęno¬Ľ ¬ósusurr√©.
Nos encaramos el uno con el otro durante un momento interminable.
¬óEntonces, ¬Ņes esto una despedida, Jake?
√Čl parpade√≥ a toda velocidad y la sorpresa consumi√≥ la fiereza de su expresi√≥n.
¬ó¬ŅPor qu√©? A√ļn nos quedan unos pocos a√Īos. ¬ŅNo podemos ser amigos hasta que se acabe el tiempo?
¬ó¬ŅA√Īos? No, Jake, nada de a√Īos ¬ósacud√≠ la cabeza y solt√© una carcajada forzada¬ó. Ser√≠a m√°s apropiado hablar de semanas.
No previ su reacción.
Se puso en pie de repente y resonó un fuerte reventón cuando la lata del refresco estalló en su mano. El líquido salió volando por todas partes, poniéndome perdida, como si me hubieran rociado con una manguera.
—¡Jake! —empecé a quejarme, pero guardé silencio en cuanto me di cuenta de que todo su cuerpo se estremecía de ira.
Me lanz√≥ una mirada enloquecida al tiempo que resonaba un gru√Īido en su pecho. Me qued√© all√≠ petrificada, demasiado at√≥nita para ser capaz de moverme.
Todo su cuerpo se convulsionaba más y más deprisa hasta que dio la impresión de que vibraba. El contorno de su figura se desdibujó...
...y entonces, Jacob apret√≥ los dientes y ces√≥ el gru√Īido. Cerr√≥ los ojos con fuerza para concentrarse y el temblor aminor√≥ hasta que s√≥lo le temblaron las manos.
—Semanas —repitió él con voz apagada.
Era incapaz de responderle. Continuaba inmóvil.
Abrió los ojos, en los que se leía más que rabia.
—¡Te va a convertir en una mugrienta chupasangres en cuestión de unas pocas semanas! —habló entre dientes.
Estaba demasiado aturdida para sentirme ofendida por sus palabras, de modo que me limité a asentir en silencio. Su tez adquirió un tinte verdoso por debajo de su habitual tono rojizo.
Por supuesto que s√≠, Jake ¬ósusurr√© despu√©s de un largo minuto de silencio¬ó. El tiene diecisiete y cada d√≠a me acerco m√°s a los diecinueve. Adem√°s, ¬Ņqu√© sentido tiene esperar? El es todo cuanto amo. ¬ŅQu√© otra cosa puedo hacer?
Yo lo había planteado como una cuestión puramente retórica.
— Cualquier cosa, cualquier otra cosa —sus palabras chasquearon como las colas de un látigo—. Sería mejor que murieras. Yo lo preferiría.
Retrocedí como si me hubiera abofeteado. De hecho, dolía más que si así hubiera sido. Entonces, cuando la aflicción me traspasó de parte a parte, estalló en llamas mi propio genio.
—Quizá tengas suerte —repliqué sombría mientras me alejabaI dando tumbos—. Quizá me atropelle un camión de vuelta a casa.
Agarré la moto y la empujé al exterior, bajo la lluvia. Jacob no se movió cuando pasé a su lado. Me subí al ciclomotor en cuanto llegué al sendero enlodado y lo encendí de una patada. La rueda trasera lanzó un surtidor de barro hacia el garaje. Deseé que le diera.
Me cal√© hasta los huesos mientras conduc√≠a a toda prisa sobre la resbaladiza carretera hacia la casa de los Cullen. Sent√≠a como si el viento congelara las gotas de lluvia sobre mi piel y antes de que hubiera recorrido la mitad del camino estaba casta√Īeteando los dientes.
Las motos eran poco pr√°cticas para Washington. Iba a vender aquel trasto a la primera oportunidad.
Empujé el ciclomotor al interior del enorme garaje de los Cullen, donde no me sorprendió encontrar a Alice esperándome encaramada al capó de su Porsche. Alice acarició la reluciente pintura amarilla.
¬óA√ļn no he tenido ocasi√≥n de conducirlo.
Suspiró.
—Perdona —conseguí soltar entre el castafieo de dientes.
¬óMe parece que te vendr√≠a bien una ducha caliente ¬ódijo de forma brusca mientras se incorporaba de un peque√Īo salto.
—Sí.
Ella frunció la boca y estudió mi rostro con cuidado.
¬ó¬ŅQuieres hablar de ello?
¬óNo.
Ella cabece√≥ en se√Īal de asentimiento, pero sus ojos reluc√≠an de curiosidad.
¬ó¬ŅTe apetece ir a Olympia esta noche?
¬óLa verdad es que no. ¬ŅPuedo marcharme a casa? ¬óreaccion√≥ con una mueca¬ó. No importa, Alice. Me quedar√© si eso va a facilitarte las cosas.
¬óGracias.
Ese día me acosté temprano y volví a acurrucarme en el sofá de Edward.
A√ļn era de noche cuando me despert√©. Estaba grogui, pero sab√≠a que todav√≠a no hab√≠a amanecido. Cerr√© los ojos y me estir√©, rodando de lado. Necesit√© unos momentos antes de comprender que habr√≠a debido caerme de bruces con aquel movimiento, y que, por el contrario, estaba mucho m√°s c√≥moda.
Retrocedí en un intento de ver a mi alrededor. La oscuridad era mayor que la del día anterior. Las nubes eran demasiado espesa para que la luna las traspasara.
—Lo siento —murmuró él tan bajito que su voz parecía formar parte de las sombras—. No pretendía despertarte.
Me tensé a la espera de un estallido de furia por su parte y por la mía, pero no hubo más que la paz y la quietud de la oscuridad de su habitación. Casi podía deleitarme con la dulzura del reencuentro en el aire, una fragancia diferente a la del aroma de su aliento. El vacío de nuestra separación dejaba su propio regusto amargo, algo de lo que no me percataba hasta que se había alejado.
Np saltaron chispas en el espacio que nos separaba. La quietud era pacífica, no como la calma previa a la tempestad, sino como una noche clara a la que no le había alcanzado el menor atisbo la tormenta.
Me daba igual que debiera estar enfadada con él. No me preocuba que tuviera que estar enojada con todos. Extendí los brazos hacia delante, hallé sus manos en la penumbra y me acerqué a Edward, cuyos brazos me rodearon y me acunaron contra su pecho. Mis labios buscaron a tientas los suyos por la garganta y el mentón hasta alcanzar al fin su objetivo.
Me besó con dulzura durante unos segundos y luego rió entre.
¬óVen√≠a preparado para soportar una ira que empeque√Īecer√≠a a la de los osos pardos, y ¬Ņcon qu√© me encuentro? Deber√≠a haber hacerte rabiar m√°s a menudo.
—Dame un minuto a que me prepare —bromeé mientras le besaba de nuevo.
—Esperaré todo lo que quieras —susurraron sus labios mientras, rozaban los míos y hundía sus dedos en mi cabello. Mi respiración se fue haciendo cada vez más irregular.
¬ó Quiz√° por la ma√Īana.
¬óLo que t√ļ digas.
—Bienvenido a casa —le dije mientras sus fríos labios me besaban debajo de la mandíbula—. Me alegra que hayas vuelto.
¬óEso es estupendo.
—Um —coincidí mientras apretaba los brazos alrededor de su cuello.
Su mano descubrió una curva alrededor de mi codo y descendió despacio por mi brazo y las costillas para luego recorrer mi cintura y avanzar por mi pierna hasta la rodilla, donde se detuvo, y enroscó la mano en torno a mi pantorrilla.
Contuve el aliento. Edward jamás se permitía llegar tan lejos. A pesar de la gelidez de sus manos, me sentí repentinamente acálorada. Su boca se acercó al hueco de la base de mi cuello.
¬óNo es por atraer tu c√≥lera antes de tiempo ¬ómurmur√≥¬ó-, pero ¬Ņte importar√≠a decirme qu√© tiene de malo esta cama para que la rechaces?
Antes de que pudiera responder, antes incluso de que fuera capaz, de concentrarme lo suficiente para encontrarle sentido a sus palabras, Edward rodó hacia un lado y me puso encima de él. Sostuvo mi rostro con las manos y lo orientó hacia arriba de modo que mi cuello quedara al alcance de su boca. Mi respiración aumentó de volumen de un modo casi embarazoso, pero no me preocupaba avergonzarme,
¬ó¬ŅQu√© le pasa a la cama? ¬óvolvi√≥ a preguntar¬ó. Me parece estupenda.
—Es innecesaria —me las arreglé para contestar.
Mis labios perfilaron el contorno de su boca antes de que retirase mi rostro del suyo y rodara sobre sí mismo, esta vez más despacio, para luego cernirse sobre mí, y lo hizo con cuidado para evitar que yo no tuviera que soportar ni un gramo de su peso, pero podía sentir la presión de su frío cuerpo marmóreo contra el mío. El corazón me latía con tal fuerza que apenas oí su amortiguada risa.
—Eso es una cuestión discutible —discrepó—. Sería difícil hacer esto encima de un sofá.
Recorrió el reborde de mis labios con su lengua, fría como el hielo.
La cabeza me daba vueltas y mi respiración se volvía entrecortada y poco profunda.
¬ó¬ŅHas cambiado de idea? ¬ópregunt√© jadeando.
Tal vez había reconsiderado todas sus medidas de precaución. Quizás aquella cama tenía más significados de los que yo había previsto. El corazón me dolía con cada palpitación mientras aguardaba su réplica.
Edward suspiró al tiempo que giraba sobre un lado; los dos nos quedamos descansando sobre nuestros costados.
—No seas ridicula, Bella —repuso con fuerte tono de desaprobación. Era obvio que había comprendido a qué me refería—. Sólo intentaba ilustrarte acerca de los beneficios de una cama que tan poco parece gustarte. No te dejes llevar.
—Demasiado tarde —murmuré—, y me encanta la cama —agregué.
—Bien —distinguí una nota de alegría mientras me besaba la frente—. También a mí.
¬óPero me parece innecesaria ¬óprosegu√≠¬ó. ¬ŅQu√© sentido tiene si no vamos a llegar hasta el final?
Suspiró de nuevo.
—Por enésima vez, Bella, es demasiado arriesgado.
—Me gusta el peligro —insistí.
—Lo sé.
Habia un punto de hosquedad en su voz y comprendí que debía de haber visto la moto en el garaje.
¬óYo dir√© qu√© es peligroso ¬óme apresur√© a decir antes de que pudiera abordar otro tema de discusi√≥n¬ó; un d√≠a de estos voy a sufrir una combusti√≥n espont√°nea y la culpa vas a tenerla s√≥lo t√ļ.
Comenzó a empujarme hasta que me alejó.
¬ó¬ŅQu√© haces? ¬óprotest√© mientras me aferraba a √©l.
—Protegerte de la combustión espontánea. Si no puedes soportarlo...
—Sabré manejarlo —insistí. Permitió que me arrastrara hasta el círculo de sus brazos.
—Lamento haberte dado la impresión equivocada —dijo No pretendo hacerte desdichada. Eso no está bien.
¬óEn realidad, esto est√° fenomenal.
Respiró hondo.
¬ó¬ŅNo est√°s cansada? Deber√≠a dejarte para que duermas.
—No, no lo estoy. No me importa que me vuelvas a dar la impresión equivocada.
¬óPuede que sea una mala idea. No eres la √ļnica que puede dejarse llevar.
—Sí lo soy —me quejé.
Edward rió entre dientes.
—No tienes ni idea, Bella. Tampoco ayuda mucho que estés tan ávida de socavar mi autocontrol.
—No voy a pedirte perdón por eso.
¬ó¬ŅPuedo disculparme yo?
¬ó¬ŅPor qu√©?
¬óEstabas enfadada conmigo, ¬Ņno te acuerdas?
¬óAh, eso.
—Lo siento. Me equivoqué. Resulta más fácil tener una perspectiva adecuada cuando te tengo a salvo aquí —aumentó la presión de sus brazos sobre mi cuerpo—. Me salgo un poco de mis casillas cuando te dejo. No creo que vuelva a irme tan lejos. No merece la pena.
Sonreí.
¬ó¬ŅNo localizaste a ning√ļn puma?
—De hecho, sí, pero aun así, la ansiedad no compensa. Lamento que Alice te haya retenido como rehén. Fue una mala idea.
—Sí —coincidí.
—No lo volveré a hacer.
¬óDe acuerdo ¬óacept√© su disculpa sin problemas, pues ya le hab√≠a perdonado¬ó, pero las fiestas de pijamas tienen sus ventajas¬Ö ¬óme aovill√© m√°s cerca de √©l y bes√© la hendidura de su clavicula¬ó. T√ļ puedes raptarme siempre que quieras.
—Um —suspiró—. Quizá te tome la palabra.
¬óEntonces, ¬Ņahora me toca a m√≠?
¬ó¬ŅA t√≠? ¬óinquiri√≥, confuso.
¬óMi turno para disculparme.
¬ó¬ŅPor qu√© tienes que excusarte?
¬ó¬ŅNo est√°s enfadado conmigo? ¬ópregunt√© sin comprender.
¬óNo.
Parecia que lo decía en serio.
Fruncí las cejas.
¬ó¬ŅNo has hablado con Alice al venir a casa?
¬óS√≠, ¬Ņpor qu√©...?
¬ó¬ŅVas a quitarle el Porsche?
¬óClaro que no. Era un regalo.
Me habría gustado verle las facciones. A juzgar por el sonido de su voz, parecía que le había insultado.
¬ó¬ŅNo quieres saber qu√© hice? ¬óle pregunt√© mientras empezaba a quedarme desconcertada por su aparente falta de preocupaci√≥n.
Noté su encogimiento de hombros.
¬óSiempre me interesa todo cuanto haces, pero no tienes por que cont√°rmelo a menos que lo desees.
¬óPero fui a La Push.
¬óEstoy al tanto.
—Y me escaqueé del instituto.
—También lo sé.
Miré hacia el lugar de procedencia de su voz mientras recorría sus rasgos con las yemas de los dedos en un intento de comprender su estado de ánimo.
¬ó¬ŅDe d√≥nde sale tanta tolerancia? ¬óinquir√≠.
Edward suspiró.
¬óHe decidido que tienes raz√≥n. Antes, mi problema ten√≠a m√°s que ver con mi... prejuicio contra los lic√°ntropos que con cualquier otra cosa. Voy a intentar ser m√°s razonable y confiar en tu sensatez. Si t√ļ dices que es seguro, entonces te creer√©.
¬ó¬°Vaya!
¬óY lo m√°s importante..., no estoy dispuesto a que esto sea un obst√°culo entre nosotros.
Apoyé la cabeza en su pecho y cerré los ojos, plenamente satisfecha.
¬óBueno ¬ómurmur√≥ como quien no quer√≠a la cosa¬ó, ¬Ņten√≠as planes para volver pronto a La Push?
No le contesté. La pregunta trajo a mi recuerdo las palabras Jacob y sentí una tirantez en la garganta. El malinterpretó mi silencio y la rigidez de mi cuerpo.
¬óEs s√≥lo para que yo pueda hacer mis propios planes ¬óse apresur√≥ a a√Īadir¬ó. No quiero que te sientas obligada a anticipar tu regreso porque estoy aqu√≠ sentado, esper√°ndote.
¬óNo ¬ócontest√© con una voz que me result√≥ extra√Īa¬ó, no tengo previsto volver.
—Ah. Por mí no lo hagas.
—Me da la sensación de que he dejado de ser bienvenida allí —susurré.
¬ó¬ŅHas atropellado a alg√ļn gato? ¬ópregunt√≥ medio en broma. Sab√≠a que no quer√≠a sonsacarme, pero not√© una gran curiosidad en sus palabras.
—No —tomé aliento y murmuré atropelladamente la explicación—: Pensé que Jacob había comprendido... No creí que le sorprendiera —Edward aguardó callado mientras yo vacilaba—. El no esperaba que sucediera... tan pronto.
¬óAh, ya ¬órepuso Edward en voz baja.
¬óDijo que prefer√≠a verme muerta ¬óse me quebr√≥ la voz al decir la √ļltima palabra.
Edward se mantuvo inmóvil durante unos instantes hasta consolar su reacción; fuera cual fuera, no quería que yo la viera.
Luego, me apretó suavemente contra su pecho.
¬óCu√°nto lo siento.
—Pensé que te alegrarías —murmuré.
¬ó¬ŅAlegrarme de que alguien te haya herido? ¬ósusurr√≥ con los labios cerca de mi pelo¬ó. No creo que eso vaya a alegrarme nunca, Bella.
Suspiré y me relajé al tiempo que me acomodaba a su figura de piedra, pero él estaba inmóvil, tenso.
¬ó¬ŅQu√© ocurre? ¬óinquir√≠.
¬óNada.
—Puedes decírmelo.
Se mantuvo callado durante cerca de un minuto.
¬óQuiz√° te enfades.
—Aun así, quiero saberlo.
Suspiró.
—Podría matarle, y lo digo en serio, por haberte dicho eso. Quiero hacerlo.
Reí con poco entusiasmo.
¬óEs estupendo que tengas tanto dominio de ti mismo.
—Podría fallar —su tono era pensativo.
—Si tu fuerza de voluntad va a flaquear, se me ocurre otro objetivo mejor —me estiré e intenté levantarme para besarle. Sus brazos me sujetaron con más fuerza y me frenaron. Suspiró.
¬ó¬ŅHe de ser siempre yo el √ļnico sensato?
Sonreí en la oscuridad.
¬óNo. Deja a mi cargo el tema de la responsabilidad durante unos minutos, o mejor, unas horas.
¬óBuenas noches, Bella.
¬óEspera, deseo preguntarte una cosa m√°s.
¬ó¬ŅDe qu√© se trata?
—Hablé con Rosalie ayer por la noche...
√Čl volvi√≥ a envararse.
¬óS√≠, ella pensaba en eso a mi llegada. Te dio mucho en que pensar, ¬Ņa que s√≠?
Su voz reflejaba ansiedad. Comprendí que él creía que yo quería hablar acerca de las razones que Rosalie me había dado para continuar siendo humana. Sin embargo, a mí me interesaba hablar de algo mucho más apremiante.
—Me habló un poco del tiempo en que tu familia vivió en Denali.
Se produjo un breve receso. Aquel comienzo le pilló desprevenido.
¬ó¬ŅAh, s√≠?
¬óMencion√≥ algo sobre un grupo de vampiresas... y t√ļ ¬óEdward no me contest√≥ a pesar de que esper√© un buen rato¬ó. No te preocupes ¬óprosegu√≠ cuando el silencio se hizo insoportable¬ó, ella me asegur√≥ que no hab√≠as demostrado preferencia por ninguna, pero, ya sabes, me preguntaba si alguna de ellas lo hizo, o sea, si manifest√≥ alguna preferencia hacia ti ¬ó√©l sigui√≥ callado¬ó. ¬ŅQui√©n fue? ¬ópregunt√©; intentando mantener un tono despreocupado, pero sin lograrlo de todo¬ó. ¬ŅO hubo m√°s de una?
No se produjo respuesta alguna. Me habría gustado verle la cara para intentar averiguar el significado de aquel mutismo.
—Alice me lo dirá —afirmé—. Voy a preguntárselo ahora mismo.
Me sujetó con más fuerza y fui incapaz de moverme ni un centímetro.
¬óEs tarde ¬ódijo. Hab√≠a una nota nueva en su voz, quiz√°s un poco de nervios y tambi√©n algo de verg√ľenza¬ó. Adem√°s, creo que Alice ha salido...
Es algo malo ¬óaventur√©¬ó, algo realmente malo, ¬Ņverdad? Comenc√© a aterrarme. Mi coraz√≥n se aceler√≥ cuando me imagin√© a la guap√≠sima rival inmortal que nunca antes hab√≠a imaginado tener.
—Cálmate, Bella —me pidió mientras me besaba la punta de nariz—. No seas ridicula.
¬ó¬ŅLo soy? Entonces, ¬Ņpor qu√© no me dices nada?
¬óPorque no hay nada que decir. Lo est√°s sacando todo de quicio.
¬ó¬ŅCu√°l de ellas fue? ¬óinsist√≠.
√Čl suspir√≥.
¬óTanya expres√≥ un peque√Īo inter√©s y yo le hice saber de modo muy cort√©s y caballeresco que no le correspond√≠a. Fin de la histor√≠a.
¬óDime una cosa... ¬óintent√© mantener la voz lo m√°s sosegada posible¬ó, ¬Ņqu√© aspecto tiene?
—Como el resto de nosotros: tez clara, ojos dorados... —se apresuró a responder.
—...y, por supuesto, es extraordinariamente guapa. Noté cómo se encogía de hombros.
¬óSupongo que s√≠, a ojos de los mortales ¬ócontest√≥ con apat√≠a¬ó, aunque, ¬Ņsabes qu√©?
¬ó¬ŅQu√©? ¬ópregunt√© enfurru√Īada.
Acercó los labios a mi oído y exhaló su frío aliento antes de contestar.
¬óLas prefiero morenas.
¬óEso significa que ella es rubia.
¬óTiene el cabello de un color rubio rojizo. No es mi tipo para nada.
Le estuve dando vueltas durante un rato. Intenté concentrarme mientras recorría mi cuello con los labios una y otra vez. Durante el tercer trayecto, por fin, hablé.
—Supongo que entonces está bien —decidí.
¬óUm ¬ósusurr√≥ cerca mi piel¬ó. Eres a√ļn m√°s adorable cuando te pones celosa. Es sorprendentemente agradable.
Torcí el gesto en la oscuridad.
¬óEs tarde ¬órepiti√≥. Su murmullo parec√≠a casi un canturreo. Su voz era suave como la seda¬ó. Duerme, Bella m√≠a. Que tengas dulces sue√Īos. T√ļ eres la √ļnica que me ha llegado al coraz√≥n. Siempre ser√© tuyo. Duerme, mi √ļnico amor.
Comenzó a tararear mi nana y supe que era cuestión de tiempo que sucumbiera, por lo que cerré los ojos y me acurruqué junto a su pecho.