2 - Evacion

Ten√≠amos la libertad tan cerca que casi pod√≠amos tocarla, degustarla. Hab√≠a signos por todas partes. Los p√≥sters se apelotonaban en las paredes de la cafeter√≠a y las papeleras mostraban un colorido despliegue de folletos que rebosaban los bordes: notas para recordar comprar el anuario y tarjetas de graduaci√≥n; plazos para encargar togas, sombreros y borlas; pliegos de argumentos en papel fluorescente de los de tercero haciendo campa√Īa para delegados de clase; ominosos anuncios adornados con rosas para el baile de fin de curso de ese a√Īo. El gran baile era el fin de semana siguiente, pero le hab√≠a hecho prometer a Edward firmemente que no me har√≠a pasar por aquello otra vez. Despu√©s de todo, yo ya hab√≠a tenido esa experiencia humana.
No, seguramente lo que me hacía sentirme tan ligera era mi reciente libertad personal. El final del curso no me resultaba tan placentero como parecía serlo para el resto de los estudiantes. En realidad, me ponía al borde de las náuseas cuando pensaba en ello. De todos modos, intentaba no hacerlo.
Pero era difícil escapar a un tema tan de actualidad como la graduación.
¬ó¬ŅHab√©is enviado ya vuestras tarjetas? ¬ópregunt√≥ Angela cuando Edward y yo nos sentamos en nuestra mesa. Se hab√≠a recogido el cabello marr√≥n claro en una improvisada coleta en vez de su habitual peinado liso, y hab√≠a un brillo casi desquiciado en sus ojos.
Alice y Ben estaban all√≠ ya tambi√©n, uno a cada lado de Angela. Ben estaba concentrado leyendo un c√≥mic, con las gafas desliz√°ndosele por la peque√Īa nariz. Alice escudri√Ī√≥ mi soso conjunto de t√©janos y camiseta de manera que me hizo sentir cohibida. Probablemente estaba urdiendo ya otro cambio de imagen. Suspir√©. Mi actitud indiferente ante la moda era una espina constante en su costado. Si la dejara, me vestir√≠a a diario ?puede que hasta varias veces al d√≠a? como si fuera una mu√Īeca de papel en tres dimensiones y tama√Īo gigante.
¬óNo ¬óle contest√© a Angela¬ó. No hay necesidad, la verdad. Ren√©e ya sabe que me grad√ļo. ¬ŅY a qui√©n m√°s se lo voy a decir?
¬ó¬ŅY t√ļ qu√©, Alice?
Ella sonrió.
¬óYa est√° todo controlado.
—Qué suerte —suspiró Angela—. Mi madre tiene primos a miles y espera que las manuscriba una por una. Me voy a quedar sin mano. No puedo retrasarlo más y sólo de pensarlo...
—Yo te ayudaré —me ofrecí—. Si no te importa mi mala caligrafía.
Seguro que a Charlie le gustar√≠a esto. Vi sonre√≠r a Edward por el rabillo del ojo. Tambi√©n a √©l le gustaba la idea, seguro, de que yo cumpliera las condiciones de Charlie sin implicar a ning√ļn hombre lobo. Angela parec√≠a aliviada.
—Eres un encanto. Me pasaré por tu casa cuando quieras.
—La verdad es que preferiría pasarme por la tuya si te va bien. Estoy harta de estar en la mía. Charlie me levantó el castigo anoche —sonreí ampliamente mientras anunciaba las buenas noticias.
¬ó¬ŅDe verdad? ¬óme pregunt√≥ Angela, con sus siempre amables ojos casta√Īos iluminados por una dulce excitaci√≥n¬ó. Cre√≠a que hab√≠as dicho que era para toda la vida.
¬óMe sorprende a√ļn m√°s que a ti. Estaba segura de que, al menos, tendr√≠a que terminar el instituto antes de que me liberara.
—¡Vaya, eso es estupendo, Bella! Hemos de salir por ahí para celebrarlo.
¬óNo te puedes hacer idea de lo bien que me suena eso.
¬ó¬ŅY qu√© podr√≠amos hacer? ¬ócavil√≥ Alice, con su rostro ilumin√°ndose ante las distintas posibilidades. Las ideas de Alice generalmente eran demasiado grandiosas para m√≠ y le√≠ en sus ojos justo eso, c√≥mo entraba en acci√≥n su tendencia a llevar las cosas demasiado lejos.
—Sea lo que sea lo que estés pensando, Alice, dudo que pueda disfrutar de tanta libertad.
¬óSi est√°s libre, lo est√°s, ¬Ņno? ¬óinsisti√≥ ella.
—Estoy segura de que aun así hay límites, como por ejemplo, las fronteras de los Estados Unidos.
Angela y Ben se echaron a reír, pero Alice hizo una mueca, realmente disgustada.
¬óY entonces, ¬Ņqu√© vamos a hacer esta noche? ¬óinsisti√≥ de nuevo.
—Nada. Mira, vamos a darle un par de días hasta que comprobemos que no va de guasa. Además, de todas formas, estamos entre semana.
¬óEntonces, lo celebraremos este fin de semana ¬óel entusiasmo de Alice era incontenible.
¬óSeguro ¬órepuse, pensando aplacarla con eso. Yo sab√≠a que no iba a hacer nada demasiado descabellado; resultaba m√°s fiable tomarse las cosas con calma con Charlie. Darle la oportunidad de apreciar lo madura y digna de confianza que me hab√≠a vuelto antes de pedirle ning√ļn favor.
Angela y Alice empezaron a charlar evaluando las distintas posibilidades; Ben se unió a la conversación, apartando sus tebeos a un lado. Mi atención se dispersó. Me sorprendía darme cuenta de que el tema de mi libertad de pronto no me parecía, tan gratificante como se me antojaba hacía sólo unos minutos. Cuando empezaron a discutir sobre qué cosas podíamos hacer en Port Angeles o quizás en Hoquiam, empecé a sentirme contrariada.
No me llevó mucho tiempo descubrir de dónde procedía mi agitación.
Desde que me desped√≠ de Jacob Black en el bosque contiguo a mi casa, me ve√≠a agobiada por la invasi√≥n persistente e inc√≥moda de una imagen mental concreta. Se introduc√≠a en mis pensamientos de vez en cuando, como la irritante alarma de un reloj programado para sonar cada media hora, llen√°ndome la cabeza con la imagen de Jacob contra√≠da por la pena. √Čste era el √ļltimo recuerdo que ten√≠a de √©l.
Cuando la molesta visión me invadió otra vez, supe exactamente por qué no me sentía satisfecha con mi libertad. Porque era incompleta.
S√≠, desde luego, yo pod√≠a ir a cualquier sitio que quisiera, excepto a La Push, para ver a Jacob. Le frunc√≠ el ce√Īo a la mesa. Ten√≠a que haber alg√ļn tipo de terreno intermedio.
¬ó¬ŅAlice? ¬°Alice!
La voz de Angela me sac√≥ de mi ensue√Īo. Sacud√≠a en√©rgicamente mi mano frente al rostro de Alice, inexpresivo y con la mirada en trance. Alice ten√≠a esa expresi√≥n que yo conoc√≠a tan bien, una expresi√≥n capaz de enviar un ramalazo de p√°nico a trav√©s de mi cuerpo. La mirada ausente de sus ojos me dijo que estaba viendo algo muy distinto, pero tanto o m√°s real que la escena mundana que se desarrollaba en el comedor que nos rodeaba. Algo que estaba por venir, algo que ocurrir√≠a pronto. Sent√≠ c√≥mo la sangre abandonaba mi rostro.
Entonces Edward rió, un sonido relajado, muy natural. Angela y Ben se volvieron para mirarle, pero mis ojos estaban trabados en Alice, que se sobresaltó de pronto, como si alguien le hubiera dado una patada por debajo de la mesa.
¬ó¬ŅQu√©, te has echado un siestecita, Alice? ¬óse burl√≥ Edward.
Alice volvió en sí misma.
¬óLo siento, supongo que me he adormilado.
¬óEcharse un sue√Īecito es mejor que enfrentarse a dos horas m√°s de clase ¬ócoment√≥ Ben.
Alice se sumergió de nuevo en la conversación mucho más animada que antes, tal vez en exceso; entonces, vi cómo sus ojos se clavaban en los de Edward, sólo por un momento, y cómo después volvían a fijarse en Angela antes de que nadie se diera cuenta. Edward parecía tranquilo mientras jugueteaba absorto con uno de los mechones de mi pelo.
Esperé con ansiedad la oportunidad de preguntarle en qué consistía la visión de su hermana, pero la tarde transcurrió sin que estuviéramos ni un minuto a solas...
...lo cual me pareci√≥ raro, casi se me antoj√≥ deliberado. Tras el almuerzo, Edward acomod√≥ su paso al de Ben para hablar de unos deberes que yo sab√≠a que ya hab√≠a terminado. Despu√©s, siempre nos encontr√°bamos con alguien entre clases, aunque lo normal hubiera sido que hubi√©ramos tenido unos minutos para nosotros, como sol√≠a ocurrir. Cuando son√≥ el √ļltimo timbre, Edward eligi√≥ entablar conversaci√≥n con Mike Newton, de entre todos los que se encontraban por all√≠, acompasando su paso al de Mike mientras √©ste se dirig√≠a al aparcamiento. Yo les segu√≠a, dejando que √©l me remolcase.
Escuché, llena de confusión, cómo Mike contestaba las inusualmente amables preguntas de Edward. Al parecer, Mike había tenido problemas con su coche.
¬ó...as√≠ que lo √ļnico que hice fue cambiarle la bater√≠a ¬ódec√≠a en este momento. Sus ojos iban y ven√≠an con cautela y rapidez del rostro de Edward al suelo. El pobre Mike estaba tan desconcertado como yo.
¬ó¬ŅY no ser√°n quiz√° los cables? ¬ósugiri√≥ Edward.
—Podría ser. La verdad es que no tengo ni idea de coches —admitió Mike—. Necesito que alguien le eche una ojeada, pero no me puedo permitir llevarlo a Dowling.
Abrí la boca para sugerir a mi mecánico, pero la cerré de un golpe. Mi mecánico estaba muy ocupado esos días, andando por ahí en forma de lobo gigante.
—Yo sí tengo alguna idea. Puedo echarle una ojeada, si quieres —le ofreció Edward—. En cuanto deje a Alice y Bella en casa.
Mike y yo miramos a Edward con la boca abierta.
¬óEh... gracias ¬ómurmur√≥ Mike cuando se recobr√≥¬ó. Pero me tengo que ir a trabajar. A lo mejor alg√ļn otro d√≠a.
¬óCuando quieras.
—Nos vemos —Mike se subió a su coche, sacudiendo la cabeza incrédulo.
El Volvo de Edward, con Alice ya dentro, estaba sólo a dos coches del de Mike.
¬ó¬ŅDe qu√© va todo esto? ¬óbarbot√© mientras Edward me abr√≠a la puerta del copiloto.
—Sólo intentaba ayudarle —repuso Edward.
Y en ese momento, Alice, que esperaba en el asiento de atrás, comenzó a balbucear a toda velocidad.
¬óRealmente no eres tan buen mec√°nico, Edward. Ser√≠a mejor que permitieras a Rosalie echarle una ojeada esta noche, por si quieres quedar bien con Mike; no vaya a darle por pedirte ayuda, ya sabes. Aunque lo que estar√≠a divertido de verdad ser√≠a verle la cara si fuera Rosalie la que se ofreciera... Bueno, tal vez no ser√≠a muy buena idea, teniendo en cuenta que se supone que est√° al otro lado del pa√≠s, en la universidad. Cierto, ser√≠a una mala idea. De todas formas, supongo que podr√°s apa√Īarte con el coche de Mike. total, lo √ļnico que te viene grande es la puesta a punto de un buen coche deportivo italiano, requiere m√°s finura. Y hablando de Italia y de los deportivos que rob√© all√≠, todav√≠a me debes un Porsche .amarillo. Y no s√© si quiero esperar hasta Navidades para tenerlo...
Después de un minuto, dejé de escucharla, dejando que su voz rápida se convirtiera sólo en un zumbido de fondo mientras me armaba de paciencia.
Me daba la impresión de que Edward estaba intentando evitar mis preguntas. Estupendo. De todos modos, pronto estaríamos a solas. Nada más era cuestión de tiempo.
Tambi√©n √©l parec√≠a estar d√°ndose cuenta del asunto. Dej√≥ a Alice al comienzo del acceso a la finca de los Cullen, aunque llegados a este punto, casi cre√≠ que la iba a llevar hasta la puerta y luego a acompa√Īarla dentro.
Cuando salió, Alice le dirigió una mirada perspicaz. Edward parecía completamente relajado.
—Luego nos vemos —le dijo; y después, aunque de forma muy ligera, asintió.
Alice se volvió y desapareció entre los árboles.
Estaba tranquilo cuando le dio la vuelta al coche y se encamin√≥ hacia Forks. Yo esper√©, pregunt√°ndome si sacar√≠a el tema por s√≠ mismo. No lo hizo, y eso me puso tensa. ¬ŅQu√© era lo que hab√≠a visto Alice a la hora del almuerzo? Algo que no deseaba contarme, as√≠ que intent√© pensar en un motivo por el que le gustar√≠a mantener el secreto. Quiz√° ser√≠a mejor prepararme antes de preguntar. No quer√≠a perder los nervios y hacerle pensar que no pod√≠a manejarlo, fuera lo que fuera.
Así que continuamos en silencio hasta que llegamos a la parte trasera de la casa de Charlie.
—Esta noche no tienes muchos deberes —comentó él.
—Aja —asentí.
¬ó¬ŅCrees que me permitir√° entrar otra vez?
¬óNo le ha dado ninguna pataleta cuando has venido a buscarme para ir al instituto.
Sin embargo, estaba segura de que Charlie se iba a poner de malas bien rápido en el momento en que llegara a casa y se encontrara con Edward allí. Quizá sería buena idea que preparara algo muy especial para la cena.
Una vez dentro, me encaminé hacia las escaleras seguida por Edward. Se recostó sobre mi cama, y miró sin ver por la ventana, completamente ajeno a mi nerviosismo.
Guardé mi bolso y encendí el ordenador. Tenía pendiente un correo electrónico de mi madre y a ella le daba un ataque de pánico cuando tardaba mucho en contestarle. Tabaleé con los dedos sobre la mesa, mientras esperaba a que mi decrépito ordenador comenzara a encenderse resollando; golpeaba el tablero de forma entrecortada, mostrando mi ansiedad.
De pronto, sentí sus dedos sobre los míos, manteniéndolos quietos.
¬óParece que est√°s algo nerviosa hoy, ¬Ņno? ¬ómurmur√≥.
Levanté la mirada, intentando soltar una contestación sarcástica, pero su rostro estaba más cerca de lo que esperaba. Sus ojos pendían apasionados a pocos centímetros de los míos, y notaba su aliento frío contra mis labios abiertos. Podía sentir su sabor en mi lengua.
Ya no podía acordarme de la respuesta ingeniosa que había estado a punto de soltarle. Ni siquiera podía recordar mi nombre.
No me dio siquiera la oportunidad de recuperarme.
Si fuera por mí, me pasaría la mayor parte del tiempo besando a Edward. No había nada que yo hubiera experimentado en mi vida comparable a la sensación que me producían sus fríos labios, Eran duros como el mármol, pero siempre tan dulces al deslizarse sobre los míos.
Por lo general, no solía salirme con la mía.
As√≠ que me sorprendi√≥ un poco cuando sus dedos se entrelazaron dentro de mi pelo, sujetando mi rostro contra el suyo. Ten√≠a los brazos firmemente asidos a su cuello y hubiera deseado ser m√°s fuerte para asegurarme de que podr√≠a mantenerlo prisionero as√≠ para siempre. Una de sus manos se desliz√≥ por mi espalda, presion√°ndome contra su pecho p√©treo con mayor fuerza a√ļn. A pesar de su jersey, su piel era tan fr√≠a que me hizo temblar, aunque m√°s bien era un estremecimiento de placer, de felicidad, raz√≥n por la cual sus manos me soltaron.
Ya sab√≠a que ten√≠a aproximadamente tres segundos antes de que suspirara y me apartara con destreza, diciendo que hab√≠a arriesgado ya mi vida lo suficiente para una tarde. Intent√© aprovechar al m√°ximo mis √ļltimos segundos y me aplast√© contra √©l, amold√°ndome a la forma de su cuerpo. Resegu√≠ la forma de su labio inferior con la punta de la lengua; era tan perfecto y suave como si estuviera pulido y el sabor...
Apartó mi cara de la suya, rompiendo mi fiero abrazo con facilidad, probablemente, sin darse cuenta siquiera de que yo estaba empleando toda mi fuerza.
Se rió entre dientes una vez, con un sonido bajo y ronco. Tenía los ojos brillantes de excitación, esa fogosidad que era capaz de disciplinar con tanta rigidez.
—Ay, Bella —suspiró.
—Se supone que tendría que arrepentirme, pero no voy a hacerlo.
—Y a mí tendría que sentarme mal que no estuvieras arrepentida, pero tampoco puedo. Quizá sea mejor que vaya a sentarme a la cama.
Espiré, algo mareada.
¬óSi lo crees necesario...
El esbozó esa típica sonrisa torcida y se zafó de mi abrazo.
Sacud√≠ la cabeza unas cuantas veces, intentando aclararme y me volv√≠ al ordenador. Se hab√≠a calentado y ya hab√≠a empezado a zumbar; bueno, m√°s que zumbar, parec√≠a que gru√Ī√≠a.
—Mándale recuerdos de mi parte a Renée.
¬óSin problema.
Le√≠ con rapidez el correo de Ren√©e, sacudiendo la cabeza aqu√≠ y all√° ante algunas de las chifladuras que hab√≠a cometido. Estaba tan divertida como horrorizada, exactamente igual que cuando le√≠ su primer correo. Era muy propio de mi madre olvidarse de lo mucho que le aterrorizaban las alturas hasta verse firmemente atada a un paraca√≠das y a un instructor de vuelo. Estaba un poco enfadada con Phil, con el que llevaba casada ya casi dos a√Īos, por permitirle esto. Yo habr√≠a cuidado mejor de ella, aunque s√≥lo fuera porque la conoc√≠a mucho mejor.
Me recordé a mí misma que había que dejarles seguir su camino, darles su tiempo. Tienes que permitirles vivir su vida...
Habia pasado la mayor parte de mis a√Īos cuidando de Ren√©e, intentando con paciencia disuadirla de sus planes m√°s alocados, suportando con una sonrisa aquellos que no consegu√≠a evitar. Siempre hab√≠a sido comprensiva con mam√° porque me divert√≠a, e incluso hab√≠a llegado a ser un poquito condescendiente con ella.Observaba sus muchos errores y me re√≠a en mi fuero interno. La loca de Ren√©e.
No me parecía en nada a mi madre. Más bien era introspectiva y cautelosa, una chica responsable y madura. Al menos así era como me veía a mí misma, ésa era la persona que yo conocía.
Con la sangre a√ļn revuelta corri√©ndome por el cerebro por los besos de Edward, no pod√≠a evitar pensar en el m√°s perdurable de los errores de mi madre. Tan tonta y rom√°ntica como para calarse apenas salida del instituto con un hombre al que no conoc√≠a apenas, y poco despu√©s, un a√Īo m√°s tarde, tray√©ndome a m√≠ al mundo. Ella siempre me aseguraba que no se hab√≠a arrepentido en absoluto, que yo era el mejor regalo que la vida le hab√≠a dado jam√°s. Y a pesar de todo, no paraba de insistirme una y otra vez cu que la gente lista se toma el matrimonio en serio. Que la gente madura va a la facultad y termina una carrera antes de implicarse profundamente en una relaci√≥n. Ren√©e sab√≠a que yo no ser√≠a tan irreflexiva, atontada y cateta como ella hab√≠a sido...
Apreté los dientes y me concentré en contestar su mensaje.
Volví a leer su despedida y recordé entonces por qué no había querido responderle antes.
¬ęNo me has contado nada de Jacob desde hace bastante tiempo ¬óhab√≠a escrito¬ó. ¬ŅPor d√≥nde anda ahora?¬Ľ.
Seguro que Charlie le había insinuado algo.
Suspiré y tecleé con rapidez, situando la respuesta a su pregunta entre dos párrafos menos conflictivos.
Supongo que Jacob est√° bien. Hace mucho que no le veo; ahora suele pasarse la mayor parte del tiempo con su pandilla de amigos de La Push.
Con una sonrisa ir√≥nica para mis adentros, a√Īad√≠ el saludo de Edward e hice clic en la pesta√Īa de ¬ęEnviar¬Ľ.
No me hab√≠a dado cuenta de que √©l estaba de pie y en silencio detr√°s de m√≠ hasta que apagu√© el ordenador y me apart√© de la mesa. Iba a empezar a rega√Īarle por haber estado leyendo sobre mi hombro, cuando me percat√© de que no me prestaba atenci√≥n. Estaba examinando una aplastada caja negra de la que sobresal√≠an por una de sus esquinas varios alambres retorcidos, de un modo que no parec√≠a favorecer mucho su buen funcionamiento, fuera lo que fuera. Despu√©s de un instante, reconoc√≠ el est√©reo para el coche que Emmett, Rosalie y Jasper me hab√≠an regalado en mi √ļltimo cumplea√Īos. Se me hab√≠an olvidado esos regalos, que se escond√≠an tras una creciente capa de polvo en el suelo de mi armario.
¬ó¬ŅQu√© fue lo que le hiciste? ¬ópregunt√≥, con la voz cargada de horror.
—No quería salir del salpicadero.
¬ó¬ŅY por eso tuviste que torturarlo?
¬óYa sabes lo mal que se me dan los cacharros. No le hice da√Īo a conciencia.
Sacudió la cabeza, con el rostro oculto bajo una máscara de falsa tragedia.
¬ó¬°Lo asesinaste!
Me encogí de hombros.
¬óSi t√ļ lo dices...
¬óHerir√°s sus sentimientos si llegan a verlo alg√ļn d√≠a ¬ócontinu√≥¬ó. Quiz√° haya sido una buena idea que no hayas podido salir de casa en todo este tiempo. He de reemplazarlo por otro antes de que se den cuenta.
¬óGracias, pero no me hace falta un chisme tan pijo.
¬óNo es por ti por lo que voy a instalar uno nuevo.
Suspiré.
¬óNo es que disfrutaras mucho de tus regalos el a√Īo pasado ¬ódijo con voz contrariada. De pronto, empez√≥ a abanicarse con un rect√°ngulo de papel r√≠gido.
No contest√©, temiendo que me temblara la voz. No me gustaba recordar mi desastroso dieciocho cumplea√Īos, con todas sus consecuencias a largo plazo, y me sorprend√≠a que lo sacara a colaci√≥n. Para √©l, era un tema incluso m√°s delicado que para m√≠.
¬ó¬ŅTe das cuenta de que est√°n a punto de caducar? ¬óme pregunt√≥, ense√Ī√°ndome el papel que ten√≠a en las manos. Era otro de los regalos, el vale para billetes de avi√≥n que Esme y Carlisle me hab√≠an regalado para que pudiera visitar a Ren√©e en Florida.
Hice una inspiración profunda y le contesté con voz indiferente.
—No. La verdad es que me había olvidado de ellos por completo.
Su expresi√≥n mostraba un aspecto cuidadosamente alegre y positivo. No hab√≠a en ella ninguna se√Īal de emoci√≥n de ning√ļn tipo cuando continu√≥.
¬óBueno, todav√≠a queda algo de tiempo. Ya que te han liberado y no tenemos planes para este fin de semana, porque no quieres que vayamos al baile de graduaci√≥n... ¬ósonri√≥ abiertamente¬ó, ¬Ņpor qu√© no celebramos de este modo tu libertad?
Tragué aire, sorprendida.
¬ó¬ŅYendo a Florida?
—Dijiste algo respecto a que tenías permiso para moverte dentro del territorio de EEUU.
Le miré fijamente, con suspicacia, intentando ver adonde quería ir a parar.
¬ó¬ŅY bien? ¬óinsisti√≥¬ó. ¬ŅNos vamos a ver a Ren√©e o no?
¬óCharlie no me dejar√° jam√°s.
¬óNo puede impedirte visitar a tu madre. Es ella quien tiene la custodia.
¬óNadie tiene mi custodia. Ya soy adulta.
Su sonrisa relampagueó brillante.
¬óExactamente.
Lo pens√© durante un minuto antes de decidir que no val√≠a la pena luchar por esto. Charlie se pondr√≠a furioso, no porque fuera a ver a Ren√©e, sino porque Edward me acompa√Īara. Charlie no me hablar√≠a durante meses y probablemente terminar√≠a encerrada otra vez. Era mucho m√°s inteligente no intentarlo siquiera. Quiz√° dentro de varias semanas, en plan de regalo de graduaci√≥n o algo as√≠.
Pero la idea de volver a ver a mi madre ahora, y no dentro de unas semanas, era dif√≠cil de resistir. Hab√≠a pasado mucho tiempo desde que la hab√≠a visto, y mucho m√°s a√ļn desde que la hab√≠a visto en una situaci√≥n agradable. La √ļltima vez que hab√≠a estado con ella en Phoenix, me hab√≠a pasado todo el tiempo en una cama de hospital. Y la √ļltima vez que ella me hab√≠a visitado yo estaba m√°s o menos catat√≥nica. No eran precisamente los mejores recuerdos m√≠os que le pod√≠a dejar.
Y a lo mejor, si veía lo feliz que era con Edward, le diría a mi padre que se lo tomara con algo más de calma.
Edward inspeccionó mi rostro mientras deliberaba.
Suspiré.
¬óNo podemos ir este fin de semana.
¬ó¬ŅPor qu√© no?
—No quiero tener otra pelea con Charlie. No tan pronto después de que me haya perdonado.
Alzó las cejas a la vez.
—Este fin de semana me parece perfecto —susurró.
Yo sacudí la cabeza.
—En otra ocasión.
¬óT√ļ no has sido la √ļnica que ha pasado todo este tiempo atrapada en esta casa, ¬Ņsabes? ¬óme frunci√≥ el ce√Īo.
La sospecha volvió. No solía comportarse de ese modo. El nunca se ponía tan testarudo ni tan egoísta. Sabía que andaba detrás de algo.
¬óT√ļ puedes irte donde quieras ¬óle se√Īal√©.
—El mundo exterior no me apetece sin ti —puse los ojos en blanco ante la evidente exageración—. Estoy hablando en serio insistió él.
¬óPues vamos a tomarnos el mundo exterior poco a poco, ¬Ņvale? Por ejemplo, podemos empezar y√©ndonos a Port Angeles a ver una pel√≠cula...
√Čl gru√Ī√≥.
¬óNo importa. Ya hablaremos del asunto m√°s tarde.
—No hay nada de qué hablar.
Se encogió de hombros.
¬óAs√≠ que vale, tema nuevo ¬ósegu√≠ yo. Casi se me hab√≠a olvidado lo que me preocupaba desde el almuerzo. ¬ŅHab√≠a sido √©sa su intenci√≥n?¬ó. ¬ŅQu√© fue lo que Alice vio esta ma√Īana?
Mantuve la mirada fija en su rostro mientras hablaba, midiendo su reacción.
Su expresión apenas se alteró; sólo se aceraron ligeramente los ojos de color topacio.
¬óVio a Jasper en un lugar extra√Īo, en alg√ļn lugar del sudoeste, cree ella, cerca de su... antigua familia, pero √©l no ten√≠a intenciones conscientes de regresar ¬ósuspir√≥¬ó. Eso la tiene preocupada.
¬óOh ¬óaquello no era lo que yo esperaba, para nada, pero claro, ten√≠a sentido que Alice estuviera vigilando el futuro de Jasper. Era su compa√Īero del alma, su aut√©ntica media naranja..., aunque su relaci√≥n no iba ni la mitad de bien que la de Emmett y Ro-salie¬ó. ¬ŅY par qu√© no me lo has dicho antes?
—No era consciente de que te hubieras dado cuenta —contestó—. De cualquier modo, tiene poca importancia.
Advert√≠ con tristeza que mi imaginaci√≥n estaba en ese momento fuera de control. Hab√≠a tomado una tarde perfectamente normal y la hab√≠a retorcido hasta que pareciera que Edward estaba empe√Īado en ocultarme algo. Necesitaba terapia.
Bajamos las escaleras para hacer nuestras tareas, sólo por si acaso Charlie regresaba temprano. Edward acabó en pocos minutos, y a mí me costó un esfuerzo enorme hacer los de cálculo, hasta que decidí que había llegado el momento de preparar la cena de mi padre. Edward me ayudó, poniendo caras raras ante los alimentos crudos, ya que la comida humana le resultaba repulsiva. Hice filete Stroganoff con la receta de mi abuela paterna, porque quería hacerle la pelota. No era una de mis favoritas, pero seguro que a Charlie le iba a gustar...
Llegó a casa de buen humor. Incluso prescindió de su rutina de mostrarse grosero con Edward.
√Čste no quiso acompa√Īarnos a la mesa, tal y como acostumbraba. Se oy√≥ el sonido de las noticias del telediario nocturno desde el sal√≥n, aunque yo dudaba de que Edward les prestara atenci√≥n de verdad.
Después de meterse entre pecho y espalda tres raciones, Charlie puso los pies sobre una silla desocupada y se palmeó satisfecho el estómago hinchado.
¬óEsto ha estado genial, Bella.
¬óMe alegro de que te haya gustado. ¬ŅQu√© tal el trabajo?
Había estado tan concentrado comiendo que no me había sido posible empezar antes la conversación.
—Bastante tranquilo. Bueno, en realidad, casi muerto de tranquilo. Mark y yo hemos estado jugando a las cartas buena parte de la larde —admitió con una sonrisa—. Le gané, diecinueve manos a siete. Y luego estuve hablando un rato por teléfono con Billy.
Intenté no variar mi expresión.
¬ó¬ŅQu√© tal est√°?
¬óBien, bien. Le molestan un poco las articulaciones.
—Oh. Qué faena.
—Así es. Nos ha invitado a visitarle este fin de semana. También había pensado en invitar a los Clearwater y a los Uley. Una especie de fiesta de finales...
¬óAja ¬ó√©sa fue mi genial respuesta, pero, ¬Ņqu√© otra cosa iba decir? Sab√≠a que no se me permitir√≠a asistir a una fiesta de lic√°ntropos, aun con vigilancia parental. Me pregunt√© si a Edward le preocupar√≠a que Charlie se diera una vuelta por La Push. O quiz√° supondr√≠a que, como mi padre iba a pasar la mayor parte del tiempo con Billy, que era s√≥lo humano, no estar√≠a en peligro.
Me levant√© y apil√© los platos sin mirarle. Los coloqu√© en el seno y abr√≠ el agua. Edward apareci√≥ silenciosamente y tom√≥ un pa√Īo para secar.
Charlie suspiró y dejó el tema por el momento, aunque me imaginé que lo volvería a sacar de nuevo cuando estuviéramos a solas. Se levantó con esfuerzo y se dirigió camino de la televisión, exactamente igual que cualquier otra noche.
—Charlie —le apeló Edward, en tono de conversación.
Charlie se par√≥ en mitad de la peque√Īa cocina.
¬ó¬ŅS√≠?
¬ó¬ŅTe ha dicho Bella que mis padres le regalaron por su cumplea√Īos unos billetes de avi√≥n, para que pudiera ir a ver a Ren√©e?
Se me cayó el plato que estaba fregando. Saltó de la encimera y se estampó ruidosamente contra el suelo. No se rompió, pero roció toda la habitación, y a nosotros tres, de agua jabonosa. Charlie ni siquiera pareció darse cuenta.
¬ó¬ŅBella? ¬ópregunt√≥ con asombro en la voz.
Mantuve los ojos fijos en el plato mientras lo recogía.
¬óAh, si, es verdad.
Charlie tragó saliva ruidosamente y entonces sus ojos se entrecerraron y se volvieron hacia Edward.
—No, jamás lo mencionó.
—Ya —murmuró Edward.
¬ó¬ŅHay alguna raz√≥n por la que hayas sacado el tema ahora? ¬ópregunt√≥ Charlie con voz dura.
Edward se encogió de hombros.
—Están a punto de caducar. Creo que Esme podría sentirse herida si Bella no hace uso de su regalo..., aunque ella no ha dicho nada del tema.
Miré a Edward, incrédula.
Charlie pensó durante un minuto.
¬óProbablemente sea una buena idea que vayas a visitar a tu madre, Bella. A ella le va a encantar. Sin embargo, me sorprende que no me dijeras nada de esto.
—Se me olvidó —admití.
El frunci√≥ el ce√Īo.
¬ó¬ŅSe te olvid√≥ que te hab√≠an regalado unos billetes de avi√≥n?
—Aja —murmuré distraídamente, y me volví hacia el fregadero.
¬óCreo haberte o√≠do decir que est√°n a punto de caducar, Edward ¬ócontinu√≥ Charlie¬ó. ¬ŅCu√°ntos billetes le regalaron tus padres?
—Uno para ella..., y otro para mí.
El plato que se me cay√≥ ahora aterriz√≥ en el fregadero, por lo que no hizo mucho ruido. Escuch√© sin esfuerzo el sonoro resoplido de mi padre. La sangre se me agolp√≥ en la cara, impulsada por la irritaci√≥n y el disgusto. ¬ŅPor qu√© hac√≠a Edward esto? Muerta de p√°nico, mir√© con fijeza las burbujas en el fregadero.
—¡De eso ni hablar! —bramó Charlie palabra a palabra, en pleno ataque de ira.
¬ó¬ŅPor qu√©? ¬ópregunt√≥ Edward, con la voz saturada de una in√≥cente sorpresa¬ó. Acabas de decir que ser√≠a una gran idea que fuera a ver a su madre.
Charlie le ignoró.
¬ó¬°No te vas a ir a ninguna parte con √©l, se√Īorita! ¬óaull√≥. Yo me gir√© bruscamente en el momento en que alzaba un dedo amenazador.
La ira me inundó de forma automática, una reacción instintiva a su tono.
¬óNo soy una ni√Īa, pap√°. Adem√°s, ya no estoy castigada, ¬Ņrecuerdas?
—Oh, ya lo creo que sí. Desde ahora mismo.
¬óPero ¬Ņpor qu√©?
¬óPorque yo lo digo.
¬ó¬ŅVoy a tener que recordarte que ya tengo la mayor√≠a de edad legal, Charlie?
—¡Mientras estés en mi casa, cumplirás mis normas!
Mi mirada se volvió helada.
¬óSi t√ļ lo quieres as√≠... ¬ŅDeseas que me mude esta noche o me vas a dar algunos d√≠as para que pueda llevarme todas mis cosas?
El rostro de Charlie se puso de color rojo encendido. Me sentí mal por haber jugado la carta de marcharme de casa. Inspiré hondo e intenté poner un tono más razonable.
¬óYo he asumido sin quejarme todos los errores que he cometido, pap√°, pero no voy a pagar por tus prejuicios.
Charlie farfulló, pero no consiguió decir nada coherente.
¬óT√ļ ya sabes que yo s√© que tengo todo el derecho de ver a mam√° este fin de semana. Dime con franqueza si tendr√≠as alguna objeci√≥n al plan si me fuera con Alice o Angela.
—Son chicas —rugió, asintiendo.
¬ó¬ŅTe molestar√≠a si me llevara a Jacob?
Escogí a Jacob sólo porque sabía que mi padre le prefería, pero rápidamente deseé no haberlo hecho; Edward apretó los dientes con un crujido audible.
Mi padre luchó para recomponerse antes de responder.
—Sí —me dijo con voz poco convencida—. También me molestaría.
¬óEres un maldito mentiroso, pap√°.
¬óBella...
¬óNo es como si me fuera a Las Vegas para convertirme en corista o algo parecido. S√≥lo voy a ver a mam√° ¬óle record√©¬ó. Ella tiene tanta autoridad sobre m√≠ como t√ļ ¬óme lanz√≥ una mirada fulminante¬ó. ¬ŅO es que cuestionas la capacidad de mam√° para cuidar de m√≠? ¬óCharlie se estremeci√≥ ante la amenaza impl√≠cita en mi pregunta¬ó. Creo que preferir√°s que no le mencione esto ¬óle dije.
—Ni se te ocurra —me advirtió—. Esta situación no me hace nada feliz, Bella.
¬óNo tienes motivos para enfadarte.
El puso los ojos en blanco, pero parecía que la tormenta había pasado ya.
Me volví para quitarle el tapón al fregadero.
—He hecho las tareas, tu cena, he lavado los platos y no estoy castigada, así que me voy. Volveré antes de las diez y media.
¬ó¬ŅAdonde vas? ¬ósu rostro, que casi hab√≠a vuelto a la normalidad, se puso otra vez de color rojo brillante.
¬óNo estoy segura ¬óadmit√≠¬ó, aunque de todos modos estaremos en un radio de poco m√°s de tres kil√≥metros, ¬Ņvale?
Gru√Īo algo que no son√≥ exactamente como su aprobaci√≥n, pero sali√≥ a zancadas de la habitaci√≥n. Como es l√≥gico, la culpabilidad comenz√≥ tan pronto como sent√≠ que hab√≠a ganado.
¬ó¬ŅVamos a salir? ¬ópregunt√≥ Edward, en voz baja, pero entusiasta.
Me volví y lo fulminé con la mirada.
—Sí, quiero tener contigo unas palabritas a solas.
√Čl no pareci√≥ muy aprensivo ante la idea, al menos no tanto como supuse que lo estar√≠a.
Esperé hasta que nos encontramos a salvo en su coche.
¬ó¬ŅDe qu√© va esto? ¬óle exig√≠ saber.
¬óS√© que quieres ir a ver a tu madre, Bella. Hablas de eso en sue√Īos. Y adem√°s parece que con preocupaci√≥n.
¬ó¬ŅEso he hecho?
√Čl asinti√≥.
—Pero lo cierto es que te comportas de una forma muy cobarde con Charlie, así que he intervenido por tu bien.
¬ó¬ŅIntervenido? ¬°Me has arrojado a los tiburones!
Puso los ojos en blanco.
¬óNo creo que hayas estado en peligro en ning√ļn momento.
—Ya te dije que no me apetecía enfrentarme a Charlie.
¬óNadie ha dicho que debas hacerlo.
Le lancé otra mirada furibunda.
—No puedo evitarlo cuando se pone en plan mandón. Debe de ser que me sobrepasan mis instintos naturales de adolescente.
El se rió entre dientes.
—Bueno, pero eso no es culpa mía.
Me quedé mirándolo fijamente, especulando. El no pareció darse cuenta, ya que su rostro estaba sereno mientras miraba por el cristal delantero. Había algo que no cuadraba, pero no conseguí advertirlo. O quizás era otra vez mi imaginación, que iba por libre del mismo modo que lo había hecho esa misma tarde.
¬ó¬ŅTiene que ver esta necesidad urgente de ir a Florida con la fiesta de este fin de semana en casa de Billy?
Dejó caer la mandíbula.
—Nada en absoluto. No me importa si estás aquí o en cualquier otra parte del mundo; de todos modos, no irías a esa fiesta.
Se comportaba del mismo modo que Charlie lo hab√≠a hecho antes, justo como si estuvieran tratando con un ni√Īo malcriado. Apret√© los dientes con fuerza s√≥lo para no empezar a gritar. No quer√≠a pelearme tambi√©n con √©l.
Suspiró y cuando habló de nuevo su tono de voz era cálido y aterciopelado.
¬óBueno, ¬Ņy qu√© quieres hacer esta noche? ¬óme pregunt√≥.
¬ó¬ŅPodemos ir a tu casa? Hace mucho tiempo que no veo a Esme.
El sonrió.
¬óA ella le va a encantar, sobre todo cuando sepa lo que vamos a hacer este fin de semana.
Gru√Ī√≠ al sentirme derrotada.

Tal y como había prometido, no nos quedamos hasta tarde. Y no me sorprendió ver las luces todavía encendidas cuando aparcamos frente a la casa. Imaginé que Charlie me estaría esperando para gritarme un poco más.
—Será mejor que no entres —le advertí a Edward—. Sólo conseguirás empeorar las cosas.
—Tiene la mente relativamente en calma —bromeó él. Su expresión me hizo preguntarme si había alguna otra gracia adicional que me estaba perdiendo. Tenía las comisuras de la boca torcidas, luchando por no sonreír.
—Te veré luego —murmuré con desánimo.
√Čl se carcaje√≥ y me bes√≥ en la coronilla.
—Volveré cuando Charlie esté roncando.
La televisión estaba a todo volumen cuando entré. Por un momento consideré la idea de pasar a hurtadillas.
¬ó¬ŅPuedes venir, Bella? ¬óme llam√≥ Charlie, chaf√°ndome el plan.
Arrastré los pies los cinco pasos necesarios para entrar en el salón.
¬ó¬ŅQu√© hay, pap√°?
¬ó¬ŅTe lo has pasado bien esta noche? ¬óme pregunt√≥. Se le ve√≠a comodo. Busqu√© un significado oculto en sus palabras antes de contestarle.
¬óSi ¬ódije, no muy convencida.
¬ó¬ŅQu√© habe√≠s hecho?
Me encogí de hombros.
—Hemos salido con Alice y Jasper. Edward desafió a Alice al ajedrez y yo jugué con Jasper. Me hundió.
Sonreí. Ver jugar al ajedrez a Alice y Edward era una de las cosas más divertidas que había visto en mi vida. Se sentaban allí, inmoviles, mirando fijamente el tablero, mientras Alice intentaba preveer los movimientos que él iba a hacer, y a su vez él intentando escoger aquellas jugadas que ella haría en respuesta sin que pasaran por su mente. El juego se desarrollaba la mayor parte del tiempo en sus mentes y creo que apenas habían movido dos peones cuando Alice, de modo repentino, tumbó a su rey y se rindió. Todo el proceso transcurrió en poco más de tres minutos.
Charlie pulsó el botón de silencio en la tele, algo inusual.
¬óMira, hay algo que necesito decirte.
Frunci√≥ el ce√Īo y me pareci√≥ verdaderamente inc√≥modo. Me sent√© y permanec√≠ quieta, esperando. Nuestras miradas se encontraron un instante antes de que √©l clavara sus ojos en el suelo. No dijo nada m√°s.
¬óBueno, ¬Ņy qu√© es, pap√°?
Suspiró.
—Esto no se me da nada bien. No sé ni por dónde empezar...
Esperé otra vez.
¬óEst√° bien, Bella. Este es el tema ¬óse levant√≥ del sof√° y comenz√≥ a andar de un lado para otro a trav√©s de la habitaci√≥n, sin dejar de mirarse los pies todo el tiempo¬ó. Parece que Edward y t√ļ vais bastante en serio, y hay algunas cosas con las que debes tener cuidado. Ya s√© que eres una adulta, pero todav√≠a eres joven, Bella, y hay un mont√≥n de cosas importantes que tienes que saber cuando t√ļ... bueno, cuando te ves implicada f√≠sicamente con...
—¡Oh no, por favor, por favor, no! —le supliqué, saltando del asiento—. Por favor, no me digas que vas a intentar tener una charla sobre sexo conmigo, Charlie.
El miró con fijeza al suelo.
¬óSoy tu padre y tengo mis responsabilidades. Y recuerda que yo me siento tan inc√≥modo como t√ļ en esta situaci√≥n.
¬óNo creo que eso sea humanamente posible. De todos modos, mam√° te ha ganado por la mano desde hace lo menos diez a√Īos. Te has librado.
¬óHace diez a√Īos t√ļ no ten√≠as un novio ¬ómurmur√≥ a rega√Īadientes. No me cab√≠a duda de que estaba batallando con su deseo de dejar el tema. Ambos est√°bamos de pie, contempl√°ndonos los zapatos para evitar tener que mirarnos a los ojos.
—No creo que lo esencial haya cambiado mucho —susurré, con la cara tan roja como la suya. Esto llegaba más allá del séptimo circulo del infierno; y lo hacía peor el hecho de que Edward sabia lo que me estaba esperando. Ahora, no me sorprendía quehubiera parecido tan pagado de sí mismo en el coche.
—Sólo dime que ambos estáis siendo responsables —me suplicó Charlie, deseando con toda claridad que se abriera un agujero en el suelo que se lo tragara.
¬óNo te preocupes, pap√°, no es como t√ļ piensas.
—No es que yo desconfie de ti, Bella; pero estoy seguro de que no me vas a contar nada sobre esto, y además sabes que en realidad yo tampoco quiero oírlo. De todas formas, intentaré tomárlo con actitud abierta, ya sé que los tiempos han cambiado.
Reí incómoda.
—Quizá los tiempos hayan cambiado, pero Edward es un poco chapado a la antigua. No tienes de qué preocuparte.
Charlie suspiró.
—Ya lo creo que sí —murmuró.
¬óUgh ¬ógru√Ī√≠¬ó. Realmente desear√≠a que no me obligaras a decirte esto en voz alta, pap√°. De verdad. Pero bueno... Soy virgen a√ļn y no tengo planes inmediatos para cambiar esta circunstancia.
Ambos nos mor√≠amos de verg√ľenza, pero Charlie se tranquiliz√≥. Pareci√≥ creerme.
¬ó¬ŅMe puedo ir ya a la cama? Por favor.
¬óUn minuto ¬óa√Īadi√≥.
¬ó¬°Vale ya, por favor, pap√°! ¬°Te lo suplico!
—La parte embarazosa ya ha pasado, te lo prometo —me aseguró.
Me aventuré a mirarle y me sentí agradecida al ver que parecía más relajado, y que su rostro había recuperado su tonalidad natural. Se hundió en el sofá, suspirando con alivio al ver que ya se había acabado la charla sobre sexo.
¬ó¬ŅY ahora qu√© pasa?
—Sólo quería saber cómo iba la cosa del equilibrio.
—Oh. Bien, supongo. Hoy Angela y yo hemos hecho planes. Voy a ayudaría con sus tarjetas de graduación. Para chicas, nada más.
¬óEso est√° bien. ¬ŅY qu√© pasa con Jake?
Suspiré.
—Todavía no he resuelto eso, papá.
—Pues sigue intentándolo, Bella. Sé que harás las cosas bien. Eres una buena persona.
Estupendo. Entonces, ¬Ņera una mala persona si no consegu√≠a arreglar las cosas con Jake? Eso era un golpe bajo.
—Vale, vale —me mostré de acuerdo. Esta respuesta automática casi me hizo sonreír, ya que era una réplica que se me había pegado de Jacob. Incluso estaba empleando ese mismo tono condescendiente que él solía usar con su padre.
Charlie sonrió ampliamente y volvió a conectar el sonido del televisor. Se dejó caer sobre los cojines, complacido por el trabajo que había llevado a cabo esa noche. En un momento estuvo sumergido de nuevo en el partido.
¬óBuenas noches, Bella.
¬ó¬°Hasta ma√Īana! ¬óme desped√≠, y salt√© camino de las escaleras.
Edward ya hac√≠a rato que se hab√≠a ido y lo m√°s probable es que estuviera de vuelta cuando mi padre se hubiera dormido. Seguramente, estar√≠a de caza o haciendo lo que fuera para matar el rato, as√≠ que no ten√≠a prisa por cambiarme de ropa y acostarme. No me sent√≠a de humor para estar sola, pero desde luego no iba a bajar las escaleras dispuesta a pasar un rato en compa√Ī√≠a mi padre, por si acaso hab√≠a alg√ļn otro asunto relativo al tema de la educaci√≥n sexual que se le hubiera olvidado tocar antes; me estremec√≠.
As√≠ que gracias a Charlie me encontraba nerviosa y llena de ansiedad. Ya hab√≠a hecho las tareas y no estaba tan sosegada como para ponerme a leer o simplemente a escuchar m√ļsica. Estuve pensando en llamar a Ren√©e para informarle de mi visita, pero entonces me di cuenta de que era tres horas m√°s tarde en Florida y que ya estar√≠a dormida.
Podía llamar a Angela, supuse.
Pero de pronto supe que no era con Angela con quien quería ni con quien necesitaba hablar.
Mir√© con fijeza hacia el oscuro rect√°ngulo de la ventana, mordi√©ndome el labio. No s√© cu√°nto tiempo permanec√≠ all√≠ considerando los pros y los contras; los pros: hacer las cosas bien con Jacob, volviendo a ver otra vez a mi mejor amigo, comport√°ndome como una buena persona; y los contras, provocar el enfado de Edward. Tard√© unos diez minutos de reflexi√≥n en decidir que los pros eran m√°s v√°lidos que los contras. A Edward s√≥lo le preocupaba mi seguridad y yo sab√≠a que realmente no hab√≠a ning√ļn problema por ese lado.
El tel√©fono no ser√≠a de ninguna ayuda; Jacob se hab√≠a negado a contestar mis llamadas desde el regreso de Edward. Adem√°s, yo necesitaba verle, verle sonre√≠r de nuevo de la manera en que sol√≠a hacerlo. Si quer√≠a conseguir alguna vez un poco de paz espiritual, deb√≠a reemplazar aquel horrible √ļltimo recuerdo de su rostro deformado y retorcido por el dolor.
Disponía de una hora aproximadamente. Podía echar una carrera rápida a La Push y volver antes de que Edward se percatara de mi marcha. Ya se había pasado mi toque de queda, pero seguro que a Charlie no le iba a importar mientras no tuviera que ver con Edward. Sólo había una manera de comprobarlo.
Abarré la chaqueta y pasé los brazos por las mangas mientras corría escaleras abajo.
Charlie apartó la mirada del partido, suspicaz al instante.
¬ó¬ŅTe importa si voy a ver a Jake esta noche? ¬óle pregunt√© casi sin aliento¬ó. No tardar√© mucho.
Tan pronto como mencioné el nombre de Jake, el rostro de Charlie se relajó de forma instantánea con una sonrisa petulante. No parecía sorprendido en absoluto de que su sermón hubiera surtido efecto tan pronto.
¬óPara nada, Bella. Sin problemas. Tarda todo lo que quieras.
—Gracias, papá —le dije mientras salía disparada por la puerta.
Como cualquier fugitivo, no pude evitar mirar varias veces por encima de mi hombro mientras me montaba en mi coche, pero la noche era tan oscura que realmente no hacía falta. Tuve que encontrar el camino siguiendo el lateral del coche hasta llegar a la manilla.
Mis ojos comenzaban apenas a ajustarse a la luz cuando introduje las llaves en el contacto. Las torcí con fuerza hacia la izquierda, pero en vez de empezar a rugir de forma ensordecedora, el motor sólo emitió un simple clic. Lo intenté de nuevo con los mismos resultados.
Y entonces, una peque√Īa porci√≥n de mi visi√≥n perif√©rica me hizo dar un salto.
¬ó¬°¬°Aahh!! ¬ódi un grito ahogado cuando vi que no estaba sola en la cabina.
Edward estaba sentado, muy quieto, un punto ligeramente brillante en la oscuridad, y sólo sus manos se movían mientras daba vueltas una y otra vez a un misterioso objeto negro. Lo miró mientras hablaba.
—Me llamó Alice —susurró.
¬°Alice! Maldita sea. Se me hab√≠a olvidado contemplarla en mis planes. √Čl deb√≠a de haberla puesto a vigilarme.
—Se puso nerviosa cuando tu futuro desapareció de forma repentina hace cinco minutos.
Las pupilas, dilatadas ya por la sorpresa, se agrandaron m√°s a√ļn.
¬óElla no puede visualizar a los lic√°ntropos, ya sabes ¬óme explic√≥ en el mismo murmullo bajo¬ó. ¬ŅSe te hab√≠a olvidado? Cuando decides mezclar tu destino con el suyo, t√ļ tambi√©n desapareces. Supongo que no ten√≠as por qu√© saberlo, pero creo que puedes entender por qu√© eso me hace sentirme un poco... ¬Ņansioso? Alice te vio desaparecer y ella no pod√≠a decirme si hab√≠as venido ya a casa o no. Tu futuro se perdi√≥ junto con ellos.
¬ĽIgnoramos por qu√© sucede esto. Tal vez sea alguna defensa natural innata ¬óhablaba ahora como si lo hiciera consigo mismo, todav√≠a mirando la pieza del motor de mi coche mientras la hacia girar entre sus manos¬ó. Esto no parece del todo cre√≠ble, m√°xime si se considera que yo no tengo problema alguno en leerles la mente a los hombres lobo. Al menos los de los Black. La teor√≠a de Carlisle es que esto sucede porque sus vidas est√°n muy gobernadas por sus transformaciones. Son m√°s una reacci√≥n involuntaria que una decisi√≥n. Son tan completamente impredecibles que hacen cambiar todo lo que les rodea. En el momento en que cambian de una forma a otra, en realidad, ni existen siquiera. El futuro no les puede afectar...
Atendí a sus cavilaciones sumida en un silencio sepulcral.
¬óArreglar√© tu coche a tiempo para ir al colegio en el caso de que quieras conducir t√ļ misma ¬óme asegur√≥ al cabo de un minuto.
Con los labios apretados, saqué las llaves y salté rígidamente fuera del coche.
—Cierra la ventana si no quieres que entre esta noche. Lo entenderé —me susurró justo antes de que yo cerrara de un portazo.
Entré pisando fuerte en la casa, cerrando esta puerta también de un portazo.
¬ó¬ŅPasa algo? ¬óinquiri√≥ Charlie desde el sof√°.
—El coche no arranca —mascullé.
¬ó¬ŅQuieres que le eche una ojeada?
¬óNo, volver√© a intentarlo ma√Īana.
¬ó¬ŅQuieres llevarte mi coche?
Se suponía que yo no debía conducir el coche patrulla de la policía. Charlie debía de estar en verdad muy desesperado porque fuera a La Push. Probablemente tan desesperado como yo.
¬óNo. Estoy cansada ¬ógru√Ī√≠¬ó. Buenas noches.
Pateé mi camino escaleras arriba y me fui derecha a la ventana. Empujé el metal del marco con rudeza y se cerró de un golpe, haciendo que temblaran los cristales.
Miré con fijeza el trémulo y oscuro cristal durante largo rato, hasta que se quedó quieto. A continuación, suspiré y abrí la ventana lo máximo posible.

Razones
El sol estaba tan oculto entre las nubes que no hab√≠a forma de decir si se hab√≠a puesto o no. Me encontraba bastante desorientada despu√©s de un vuelo tan largo, como si fu√©ramos hacia el oeste, a la caza del sol, que a pesar de todo parec√≠a inm√≥vil en el cielo; por extra√Īo que pudiera parecer, el tiempo estaba inestable. Me tom√≥ por sorpresa el momento en que el bosque cedi√≥ paso a los primeros edificios, se√Īal de que ya est√°bamos cerca de casa.
¬óLlevas mucho tiempo callada ¬óobserv√≥ Edward¬ó. ¬ŅTe has mareado en el avi√≥n?
¬óNo, me encuentro bien.
¬ó¬ŅTe ha entristecido la despedida?
¬óCreo que estoy m√°s aliviada que triste.
Alz√≥ una ceja. Sab√≠a que era in√ļtil e innecesario, por mucho que odiara admitirlo, pedirle que mantuviera los ojos fijos en la carretera.
—Renée es bastante más... perceptiva que Charlie en muchos sentidos. Me estaba poniendo nerviosa.
Edward se rió.
¬óTu madre tiene una mente muy interesante: casi infantil, pero muy perspicaz. Ve las cosas de modo diferente a los dem√°s.
Perspicaz. Era una buena definición de mi madre, al menos cuando prestaba atención a las cosas. La mayor parte del tiempo Renée estaba tan apabullada por lo que sucedía en su propia vida que apenas se daba cuenta de mucho más, pero este fin de semana me había dedicado toda su atención.
Phil estaba ocupado, ya que el equipo de béisbol del instituto que entrenaba había llegado a las rondas finales y el estar a solas con Edward y conmigo había intensificado el interés de Renée. Comenzó a observar tan pronto como nos abrazó y se pasaron los grititos de alegría; y mientras observaba, sus grandes ojos azules primero habían mostrado perplejidad, y luego interés.
Esa ma√Īana nos hab√≠amos ido a dar un paseo por la playa. Quer√≠a ense√Īarme todas las cosas bonitas del lugar donde se encontraba su nuevo hogar, a√ļn con la esperanza de que el sol consiguiera atraerme fuera de Forks. Tambi√©n quer√≠a hablar conmigo a solas y esto le facilitaba las cosas. Edward se hab√≠a inventado un trabajo del instituto para tener una excusa que le permitiera quedarse dentro de la casa durante el d√≠a.
Reviví la conversación en mi mente...
Renée y yo deambulamos por la acera, procurando mantenernos al amparo de las sombras de las escasas palmeras. Aunque era temprano el calor resultaba abrasador. El aire estaba tan impregnado de humedad que el simple hecho de inspirar y exhalar el aire estaba suponiendo un esfuerzo para mis pulmones.
¬ó¬ŅBella? ¬óme pregunt√≥ mi madre, mirando a lo lejos, sobre la arena, a las olas que romp√≠an suavemente mientras hablaba.
¬ó¬ŅQu√© pasa, mam√°?
Ella suspiró al tiempo que evitaba mi mirada.
¬óMe preocupa...
¬ó¬ŅQu√© es lo que va mal? ¬ópregunt√©, repentinamente ansiosa¬ó. ¬ŅEn qu√© puedo ayudarte?
¬óNo soy yo ¬ósacudi√≥ la cabeza¬ó. Me preocup√°is t√ļ... y Edward.
Renée me miró por fin, con una expresión de disculpa en el rostro.
—Oh —susurré, fijando los ojos en una pareja que corría y que nos sobrepasó en ese momento, empapados en sudor.
Vais mucho más en serio de lo que pensaba —continuó ella.
Frunc√≠ el ce√Īo, revisando con rapidez en mi mente los dos √ļltimos d√≠as. Edward y yo apenas nos hab√≠amos tocado, al menos delante de ella. Me pregunt√© si Ren√©e tambi√©n me iba soltar un serm√≥n sobre la responsabilidad. No me importaba que fuera del mismo modo que con Charlie, porque no me avergonzaba hablar del tema con mi madre. Despu√©s de todo, hab√≠a sido yo la que le hab√≠a soltado a ella el mismo serm√≥n una y otra vez durante los √ļltimos diez a√Īos.
¬óHay algo... extra√Īo en c√≥mo est√°is juntos ¬ómurmur√≥ ella, con la frente fruncida sobre sus ojos preocupados¬ó. Te mira de una manera... tan... protectora. Es como si estuviera dispuesto a interponerse delante de una bala para salvarte o algo parecido.
Me re√≠, aunque a√ļn no me sent√≠a capaz de enfrentarme a su mirada.
¬ó¬ŅY eso es algo malo?
¬óNo ¬óella volvi√≥ a fruncir el ce√Īo mientras luchaba para encontrar las palabras apropiadas¬ó. Simplemente es diferente. √Čl siente algo muy intenso por ti... y muy delicado. Me da la impresi√≥n de no comprender del todo vuestra relaci√≥n. Es como si me perdiera alg√ļn secreto.
—Creo que estás imaginando cosas, mamá —respondí con rapidez, luchando por hablarle con total naturalidad a pesar de que se me había revuelto el estómago. Había olvidado cuántas cosas era capaz de ver mi madre. Había algo en su comprensión sencilla del mundo que prescindía de todo lo accesorio para ir directa a la verdad. Antes, esto no había sido nunca un problema.
Hasta ahora, no había existido jamás un secreto que no pudiera contarle.
—Y no es sólo él —apretó los labios en un ademán defensivo—. Me gustaría que vieras la manera en que te mueves a su alrededor.
¬ó¬ŅQu√© quieres decir?
¬óLa manera en que andas, como si √©l fuera el centro del mundo para ti y ni siquiera te dieras cuenta. Cuando √©l se desplaza, aunque sea s√≥lo un poco, t√ļ ajustas autom√°ticamente tu posici√≥n a la suya. Es como si fuerais imanes, o la fuerza de la gravedad. Eres su sat√©lite... o algo as√≠. Nunca hab√≠a visto nada igual.
Cerró la boca y miró hacia el suelo.
¬óNo me lo digas ¬óle contest√© en broma, forzando una sonrisa¬ó. Est√°s leyendo novelas de misterio otra vez, ¬Ņa que s√≠? ¬ŅO es ciencia-ficci√≥n esta vez?
Renée enrojeció adquiriendo un delicado color rosado.
¬óEso no tiene nada que ver.
¬ó¬ŅHas encontrado alg√ļn t√≠tulo bueno?
—Bueno, sí, había uno, pero eso no importa ahora. En realidad, estamos hablando de ti.
—No deberías salirte de la novela romántica, mamá. Ya sabes que enseguida te pones a flipar.
Las comisuras de sus labios se elevaron.
¬óEstoy diciendo tonter√≠as, ¬Ņverdad?
No pude contestarle durante menos de un segundo. Renée era tan influenciable. Algunas veces eso estaba bien, porque no todas sus ideas eran prácticas, pero me dolía ver lo rápidamente que se había visto arrastrada por mi contemporización, sobre todo teniendo en cuenta que esta vez tenía más razón que un santo.
Levantó la mirada y yo controlé mi expresión.
¬óQuiz√° no sean tonter√≠as, tal vez sea porque soy madre ¬óse ech√≥ a re√≠r e hizo un gesto que abarcaba las arenas blancas y el agua azul¬ó. ¬ŅY todo esto no basta para conseguir que vuelvas con la tonta de tu madre?
Me pasé la mano con dramatismo por la frente y después fingí retorcerme el pelo para escurrir el sudor.
—Terminas acostumbrándote a la humedad —me prometió.
—También a la lluvia —contraataqué.
Me dio un codazo juguetón y me cogió la mano mientras regresábamos a su coche.
Dejando a un lado su preocupación por mí, parecía bastante feliz. Contenta. Todavía miraba a Phil con ojos enamorados y eso me consolaba. Seguramente su vida era plena y satisfactoria. Seguramente no me echaba tanto de menos, incluso ahora...
Los dedos helados de Edward se deslizaron por mi mejilla. Le devolví la mirada, parpadeando de vuelta al presente. Se inclinó sobre mí y me besó la frente.
¬óHemos llegado a casa, Bella Durmiente. Hora de despertarse.
Nos habíamos parado delante de la casa de Charlie, que había aparcado el coche patrulla en la entrada y mantenía encendida la luz. del porche. Mientras observaba la entrada, vi cómo se alzaba la cortina en la ventana del salón, proyectando una línea de luz amarilla sobre el oscuro césped.
Suspiré. Sin duda, Charlie estaba esperando para abalanzarse sobre mí.
Edward debía de estar pensando lo mismo, porque su expresión se había vuelto rígida y sus ojos parecían lejanos cuando me abrió la puerta.
¬ó¬ŅPinta mal la cosa?
—Charlie no se va a poner difícil —me prometió Edward con voz neutra, sin mostrar el más ligero atisbo de humor—. Te ha echado de menos.
Entorn√© los ojos, llenos de dudas. Si √©se era el caso, ¬Ņpor qu√© Edward estaba en tensi√≥n, como si se aproximara una batalla?
Mi bolsa era peque√Īa, pero √©l insisti√≥ en llevarla hasta dentro. Pap√° nos abri√≥ la puerta.
¬ó¬°Bienvenida a casa, hija! ¬ógrit√≥ Charlie como si realmente lo pensara¬ó. ¬ŅQu√© tal te ha ido por Jacksonville?
¬óH√ļmedo. Y lleno de bichos.
¬ó¬ŅY no te ha vendido Ren√©e las excelencias de la Universidad de Florida?
¬óLo ha intentado, pero francamente, prefiero beber agua antes que respirarla.
Los ojos de Charlie se deslizaron de hito en hito hacia Edward.
¬ó¬ŅTe lo has pasado bien?
—Sí —contestó con voz serena—. Renée ha sido muy hospitalaria.
—Esto..., hum, vale. Me alegro de que te divirtieras —Charlie apartó la mirada de Edward y me abrazó de forma inesperada.
—Impresionante —le susurré al oído.
Rompió a reír con una risa sorda.
¬óRealmente te he echado de menos, Bella. Cuando no est√°s, la comida es asquerosa.
—Ahora lo pillo —le contesté mientras soltaba su abrazo.
¬ó¬ŅPodr√≠as llamar a Jacob lo primero de todo? Lleva fastidi√°ndome cada cinco minutos desde las seis de la ma√Īana. Le he prometido que har√≠a que le llamaras antes de que te pusieras a deshacer la maleta.
No tuve que mirar a Edward para advertir la rigidez de su postura o la frialdad de su expresión. Así que ésta era la causa de su tensión.
¬ó¬ŅJacob desea hablar conmigo?
—Con toda su alma, diría yo. No ha querido decirme de qué iba la cosa, sólo me ha dicho que es importante.
El teléfono volvió a sonar, estridente y acuciante.
—Será él otra vez, me apuesto la próxima paga —murmuró Charlie.
¬óYa lo cojo yo ¬ódije mientras me apresuraba hacia la cocina.
Edward me siguió mientras Charlie desaparecía en el salón.
Agarré el auricular en mitad de un pitido y me volví para permanecer de cara a la pared.
¬ó¬ŅDiga?
¬óHas regresado ¬ódijo Jacob.
Su √°spera voz familiar me hizo sentir una intensa a√Īoranza. Mil recuerdo asaltaron mi mente, mezcl√°ndose entre s√≠: una playa rocosa sembrada de maderas que flotaban a la deriva, un garaje fabricado con pl√°sticos, refrescos calientes en una bolsa de papel, una habitaci√≥n diminuta con un ra√≠do canap√©, igualmente peque√Īo. El j√ļbilo brillando en sus oscuros ojos hundidos, el calor febril de su mano grande en torno a la m√≠a, el relampagueo de sus dientes blancos contra su piel oscura, su rostro distendi√©ndose en esa amplia sonrisa que hab√≠a sido siempre como la llave de una puerta secreta, donde s√≥lo tienen acceso los esp√≠ritus afines.
Sentí una especie de anhelo por la persona y el lugar que me habían protegido a lo largo de mi noche más oscura.
Me aclaré el nudo que tenía en la garganta.
—Sí —contesté.
¬ó¬ŅPor qu√© no me has llamado? ¬óexigi√≥ Jacob.
Su tono malhumorado me enfadó al instante.
—Porque llevo en casa exactamente cuatro segundos y tu llamada interrumpió el momento en que Charlie me estaba diciendo que habías telefoneado.
¬óOh. Lo siento.
¬óYa. Y dime, ¬Ņpor qu√© agobias a mi padre?
¬óNecesito hablar contigo.
¬óSeguro, pero eso ya lo tengo claro. Sigue.
Hubo una corta pausa.
¬ó¬ŅVas a ir a clase ma√Īana?
Torcí el gesto, incapaz de ver adonde quería ir a parar.
¬óClaro que ir√©, ¬Ņpor qu√© no iba a hacerlo?
—Ni idea. Sólo era curiosidad.
Otra pausa.
¬ó¬ŅY de qu√© quieres hablar, Jake?
√Čl dud√≥.
—Supongo que de nada especial. Sólo... quería oír tu voz.
—Sí..., lo entiendo... Me alegra tanto que me hayas llamado, Jake. Yo... —pero no sabía qué más decir. Me gustaría haberle dicho que me iba de camino a La Push en ese momento, pero no podía.
—He de irme —soltó de pronto.
¬ó¬ŅQu√©?
¬óTe llamar√© pronto, ¬Ņvale?
¬óPero Jake...
Ya había colgado. Escuché el tono de escucha con incredulidad.
—Qué cortante —murmuré.
¬ó¬ŅVa todo bien? ¬ópregunt√≥ Edward con voz baja y cautelosa.
Me volví lentamente para encararle. Su expresión era totalmente tranquila e inescrutable.
¬óNo lo s√©. Me pregunto de qu√© va esto ¬óno ten√≠a sentido que Jacob hubiera estado incordiando a Charlie todo el d√≠a s√≥lo para preguntarme si iba a ir a la escuela. Y si quer√≠a escuchar mi voz, ¬Ņpor qu√© hab√≠a colgado tan pronto?
¬óT√ļ tienes m√°s probabilidades de acertar en esto que yo ¬ócoment√≥ Edward, con la sombra de una sonrisa tirando de la comisura de su labio.
—Aja —susurré. Era cierto. Conocía a Jake a fondo. Seguro que sus razones no serían tan complicadas de entender.
Con mis pensamientos a kilómetros de distancia ?como a unos veintitrés kilómetros siguiendo la carretera hacia La Push?, comencé a reunir los ingredientes necesarios en el frigorífico para prepararle la cena a Charlie. Edward se retrepó contra la encimera y yo era apenas consciente de cómo clavaba los ojos en mi rostro, pero estaba demasiado inquieta para preocuparme también por lo que pudiera ver en ellos.
Lo del instituto ten√≠a pinta de ser la clave del asunto. Eso era en realidad lo √ļnico que Jake hab√≠a preguntado. Y √©l deb√≠a de estar buscando una respuesta a algo, o no habr√≠a molestado a Charlie de forma tan persistente.
Sin embargo, ¬Ņpor qu√© le iba a preocupar mi asistencia a clase? Intent√© abordar el tema de una manera l√≥gica. As√≠ que, si yo hubiera faltado al d√≠a siguiente al instituto, ¬Ņqu√© problema hubiera supuesto eso desde el punto de vista de Jacob? Charlie se hab√≠a mostrado molesto porque yo perdiera un d√≠a de clase tan cerca de los finales, pero le hab√≠a convencido de que un viernes no iba a suponer un estorbo en mis estudios. A Jake eso le daba exactamente igual. Mi cerebro no parec√≠a estar dispuesto a colaborar con ninguna aportaci√≥n especialmente brillante. Quiz√°s era que pasaba por alto alguna pieza vital de informaci√≥n.
¬ŅQu√© podr√≠a haber ocurrido en los √ļltimos tres d√≠as que fuera tan importante como para que Jacob interrumpiera su negativa a contestar a mis llamadas y le hiciera ponerse en contacto conmigo? ¬ŅQu√© diferencia hab√≠an supuesto esos tres d√≠as?
Me quedé helada en mitad de la cocina. El paquete de hamburguesas congeladas que llevaba se deslizó entre mis manos aturdidas. Tardé un largo segundo en evitar el golpe que se hubieran dado contra el suelo.
Edward lo cogió y lo arrojó a la encimera. Sus brazos me rodearon rápidamente y pegó los labios a mi oído.
¬ó¬ŅQu√© es lo que va mal?
Sacudí la cabeza., aturdida.
Tres días podrían cambiarlo todo.
¬ŅNo hab√≠a estado yo pensando acerca de la imposibilidad de acudir al instituto por no poder estar cerca de la gente despu√©s de haber atravesado los dolorosos tres d√≠as de la conversi√≥n? Esos tres d√≠as me liberar√≠an de la mortalidad, de modo que podr√≠a compartir la eternidad con Edward, una conversi√≥n que me har√≠a prisionera definitivamente de mi propia sed.
¬ŅLe hab√≠a dicho Charlie a Billy que hab√≠a desaparecido durante tres d√≠as? ¬ŅHab√≠a Billy llegado por s√≠ mismo a la conclusi√≥n evidente? ¬ŅLo que me hab√≠a estado preguntando Jacob realmente era si todav√≠a continuaba siendo humana? ¬ŅEstaba asegur√°ndose, en realidad, de que el tratado con los hombres lobo no se hubiera roto, y de que ninguno de los Cullen se hubiera atrevido a morder a un humano...? Morder, no matar...
Pero ¬Ņes que √©l cre√≠a honradamente que yo volver√≠a a casa si √©se fuera el caso?
Edward me sacudió.
¬ó¬ŅBella? ¬óme pregunt√≥, ahora lleno de aut√©ntica ansiedad.
—Creo... creo que simplemente estaba haciendo una comprobación —mascullé entre dientes—. Quería asegurarse de que sigo siendo humana, a eso se refería.
Edward se puso rígido y un siseo ronco resonó en mi oído.
—Tendremos que irnos —susurré—. Antes. De ese modo no se romperá el tratado. Y nunca más podremos regresar.
Sus brazos se endurecieron a mi alrededor.
—Ya lo sé.
—Ejem —Charlie se aclaró la garganta ruidosamente a nuestras espaldas.
Yo pegué un salto y después me liberé de los brazos de Edward, enrojeciendo. Edward se reclinó contra la encimera. Tenía los ojos entornados y pude ver reflejada en ellos la preocupación y la ira.
—Si no quieres hacer la cena, puedo llamar y pedir una pizza —insinuó Charlie.
¬óNo, est√° bien, ya he empezado.
—Vale —comentó él. Se acomodó contra el marco de la puerta con los brazos cruzados.
Suspiré y me puse a trabajar, intentando ignorar a mi audiencia.

¬óSi te pido que hagas algo, ¬Ņconfiar√°s en m√≠? ¬óme pregunt√≥ Edward, con un deje afilado en su voz aterciopelada.
Casi hab√≠amos llegado al instituto. √Čl hab√≠a estado relajado y bromeando hasta hac√≠a apenas un momento; ahora, de pronto, ten√≠a las manos aferradas al volante e intentaba controlar la fuerza para no romperlo en pedazos.
Clavé la mirada en su expresión llena de ansiedad, con los ojos distantes como si escuchara voces lejanas.
Mi pulso se desbocó en respuesta a su tensión, pero contesté con cuidado.
¬óEso depende.
Metió el coche en el aparcamiento del instituto.
—Ya me temía que dirías eso.
¬ó¬ŅQu√© deseas que haga, Edward?
—Quiero que te quedes en el coche —aparcó en su sitio habitual y apagó el motor mientras hablaba—. Quiero que esperes aquí hasta que regrese a por ti.
¬óPero, ¬Ņpor qu√©?
Fue entonces cuando le vi. Habría sido difícil no distinguirle sobresaliendo como lo hacía sobre el resto de los estudiantes, incluso aunque no hubiera estado reclinado contra su moto negra, aparcada de forma ilegal en la acera.
¬óOh.
El rostro de Jacob era la máscara tranquila que yo conocía tan bien. Era la cara que solía poner cuando estaba decidido a mantener sus emociones bajo control. Le hacía parecerse a Sam, el mayor de los licántropos, el líder de la manada de los quileute, pero Jacob nunca podría imitar la serenidad perfecta de Sam.
Hab√≠a olvidado cu√°nto me molestaba ese rostro. Hab√≠a llegado a conocer a Sam bastante bien antes de que regresaran los Cullen, incluso me gustaba, aunque nunca consegu√≠a sacudirme el resentimiento que experimentaba cuando Jacob imitaba la expresi√≥n de Sam. No era mi Jacob cuando la llevaba puesta. Era la cara de un extra√Īo.
¬óAnoche te precipitaste en llegar a una conclusi√≥n equivocada ¬ómurmur√≥ Edward¬ó. Te pregunt√≥ por el instituto porque sab√≠a que yo estar√≠a donde t√ļ estuvieras. Buscaba un lugar seguro para hablar conmigo. Un escenario con testigos.
Así que yo había malinterpretado las razones de Jacob para llamarme. El problema radicaba en la información faltante, por ejemplo por qué demonios querría Jacob hablar con Edward.
¬óNo me voy a quedar en el coche ¬órepuse.
Edward gru√Ī√≥ bajo.
¬óClaro que no. Bien, acabemos con esto de una vez.
El rostro de Jacob se endureció conforme avanzábamos hacia él, con las manos unidas.
Not√© tambi√©n otros rostros, los de mis compa√Īeros de clase. Me di cuenta de c√≥mo sus ojos se dilataban al posarse sobre los dos metros del corpach√≥n de Jacob, cuya complexi√≥n musculosa era impropia de un chico de poco m√°s de diecisiete a√Īos. Vi c√≥mo aquellos ojos recorr√≠an su ajustada camiseta negra de manga corta aunque el d√≠a era fr√≠o a pesar de la estaci√≥n, sus vaqueros rasgados y manchados de grasa y la moto lacada en negro sobre la que se apoyaba. Las miradas no se deten√≠an en su rostro, ya que hab√≠a algo en su expresi√≥n que les hac√≠a retirarlas con rapidez. Tambi√©n constat√© la distancia que manten√≠an con √©l, una burbuja de espacio que nadie se atrev√≠a a cruzar.
Con cierta sorpresa, me di cuenta de que Jacob les parecía peligroso. Qué raro.
Edward se detuvo a unos cuantos metros de Jacob. Tenía bien claro lo incómodo que le resultaba tenerme tan cerca de un licantropo. Retrasó ligeramente la mano y me echó hacia atrás para ocultarme a medias con su cuerpo.
—Podrías habernos llamado —comenzó Edward con una voz dura como el acero.
—Lo siento —-contestó Jacob, torciendo el gesto con desprecio—. No tengo sanguijuelas en mi agenda.
¬óTambi√©n podr√≠amos haber hablado cerca de casa de Bella ¬óla mand√≠bula de Jacob se contrajo y frunci√≥ el ce√Īo sin contestar¬ó. Este no es el sitio apropiado, Jacob. ¬ŅPodr√≠amos discutirlo luego?
¬óVale, vale. Me pasar√© por tu cripta cuando terminen las clases ¬óbuf√≥ Jacob¬ó. ¬ŅQu√© tiene de malo hablar ahora?
Edward mir√≥ alrededor con intenci√≥n y pos√≥ la mirada en aquellos testigos que se hallaban a distancia suficiente como para escuchar la conversaci√≥n. Unos pocos remoloneaban en la acera con los ojos brillantes de expectaci√≥n, exactamente igual que si esperasen una pelea que aliviara el tedio de otro lunes por la ma√Īana. Vi c√≥mo Tyler Crowley le daba un ligero codazo a Austin Marks y ambos interrump√≠an su camino hacia el aula.
—Ya sé lo que has venido a decir —le recordó Edward a Jacob en una voz tan baja que apenas pude oírle—-. Mensaje entregado. Considéranos advertidos.
Edward me miró durante un fugaz segundo con ojos preocupados.
¬ó¬ŅAvisados? ¬óle pregunt√© sin comprender¬ó. ¬ŅDe qu√© est√°s hablando?
¬ó¬ŅNo se l√≥ has dicho a ella? ¬óinquiri√≥ Jacob, con los ojos dilatados por la sorpresa¬ó. ¬ŅQu√©?, ¬Ņacaso temes que se ponga de nuestra parte?
—Por favor, déjalo ya, Jacob —intervino Edward, con voz calmada.
¬ó¬ŅPor qu√©? ¬óle desafi√≥ Jacob.
Frunc√≠ el ce√Īo, confundida.
¬ó¬ŅQu√© es lo que no s√©, Edward?
√Čl se limit√≥ a seguir mirando a Jacob como si no me hubiera escuchado.
¬ó¬ŅJake?
Jacob alzó una ceja en mi dirección.
¬ó¬ŅNo te ha dicho que ese... hermano gigante que tiene cruz√≥ la l√≠nea el s√°bado por la noche? ¬ópregunt√≥, con un tono lleno de sarcasmo. Entonces, fij√≥ la vista en Edward¬ó. Paul estaba totalmente en su derecho de...
—¡Era tierra de nadie! —masculló Edward.
—¡No es así!
Jacob estaba claramente echando humo. Le temblaban las manos. Sacudió la cabeza, e hizo dos inspiraciones profundas de aire.
¬ó¬ŅEmmett y Paul? ¬ósusurr√©. Paul era el camarada m√°s inestable de la manada de Jacob. √Čl fue quien perdi√≥ el control aquel d√≠a en el bosque y el recuerdo de ese lobo gris gru√Īendo revivi√≥ repentinamente en mi mente¬ó. ¬ŅQu√© pas√≥? ¬ŅEs que se han enfrentado? ¬ómi voz se alz√≥ con una nota de p√°nico¬ó. ¬ŅPor qu√©? ¬ŅEst√° herido Paul?
—No hubo lucha —aclaró Edward con tranquilidad, sólo para mí—. Nadie salió herido. No te inquietes.
Jacob nos miraba con gesto de incredulidad.
¬óNo le has contado nada en absoluto, ¬Ņa que no? ¬ŅEse es el modo en que la mantienes apartada? Por eso ella no sabe...
—Vete ya —Edward le cortó a mitad de la frase y su rostro se volvió de repente amedrentador, realmente terrorífico. Durante un segundo pareció un... un vampiro. Miró a Jacob con una aversión abierta y sanguinaria.
Jacob enarc√≥ las cejas, pero no hizo ning√ļn otro movimiento.
¬ó¬ŅPor qu√© no se lo has dicho?
Se enfrentaron el uno al otro en silencio durante un buen rato comenzaron a reunirse más estudiantes con Tyler y Austin. Vi a Mike al lado de Ben, y el primero tenía una mano apoyada en el hombro de Ben, como si estuviera reteniéndole.
En aquel silencio mortal, todos los detalles encajaron s√ļbitamente en un ramalazo de intuici√≥n. Algo que Edward no quer√≠a que supiera. Algo que Jacob no me hubiera ocultado. Algo que hab√≠a hecho que los Cullen y los lic√°ntropos anduvieran juntos por los bosques en una proximidad peligrosa.
Algo que había hecho que Edward insistiera en que cruzara el país en avión.
Algo que Alice hab√≠a visto en una visi√≥n la semana pasada, una visi√≥n sobre la que Edward me hab√≠a mentido. Algo que yo hab√≠a estado esperando de todos modos. Algo que yo sab√≠a que volver√≠a a ocurrir, aunque deseara con todas mis fuerzas que no fuera as√≠. ¬ŅEs que nunca jam√°s se iba a terminar?
Escuché el rápido jadeo entrecortado del aire saliendo entre mis labios, pero no pude evitarlo. Parecía como si el edificio del instituto temblara, como si hubiera un terremoto, pero yo sabía que era sólo mi propio temblor el que causaba la ilusión.
—Ella ha vuelto a por mí —resollé con voz estrangulada.
Victoria nunca iba a rendirse hasta que yo estuviera muerta. Repetiría el mismo patrón una y otra vez ?fintar y escapar, fintar y escapar? hasta que encontrara una brecha entre mis defensores.
Quizá tuviera suerte. Quizá los Vulturis vinieran primero a por mí, ya que ellos me matarían más rápido, por lo menos.
Edward me apretó contra su costado, posicionando su cuerpo de modo que él seguía estando entre Jacob y yo, y me acarició la cara con manos ansiosas.
—No pasa nada —me susurró—. No pasa nada. Nunca dejaré que se te acerque, no pasa nada.
Luego, se volvió y miró a Jacob.
¬ó¬ŅContesta esto a tu pregunta, chucho?
¬ó¬ŅNo crees que Bella tiene derecho a saberlo? ¬óle ret√≥ Jacob¬ó. Es su vida.
Edward mantuvo su voz muy baja. Incluso Tyler, que intentaba acercarse paso a paso, fue incapaz de oírle.
¬ó¬ŅPor qu√© debe tener miedo si nunca ha estado en peligro?
¬óMejor asustada que ignorante.
Intenté recobrar la compostura, pero mis ojos estaban anegados de lágrimas. Podía imaginarla detrás de mis párpados, podía ver el rostro de Victoria, sus labios retraídos sobre los dientes, sus ojos carmesíes brillando con la obsesión de la venganza; ella responsabilizaba a Edward de la muerte de su amor, James, y no pararía hasta quitarle a él también el suyo.
Edward resta√Ī√≥ las l√°grimas de mi mejilla con las yemas de los dedos.
¬ó¬ŅRealmente crees que herirla es mejor que protegerla? ¬ómurmur√≥.
¬óElla es m√°s fuerte de lo que crees ¬órepuso Jacob¬ó. Y lo ha pasado bastante peor.
De repente el rostro de Jacob cambi√≥ y fij√≥ la mirada en Edward una expresi√≥n extra√Īa, calculadora. Entorn√≥ los ojos como si estuviera intentando resolver un dif√≠cil problema de matem√°ticas en su mente.
Sentí que Edward se encogía. Alcé los ojos para verle las faciones, que se crisparon con un sentimiento que sólo podía ser dolor. Por un momento espantoso, recordé una tarde en Italia, en aquella macabra habitación de la torre de los Vulturis, donde Jane había torturado a Edward con aquel maligno don que poseía, quemándole simplemente con el poder de su mente...
Ell recuerdo me ayudó a recuperarme de mi inminente ataque de histeria y puso las cosas en perspectiva, ya que prefería que Victoria me matase cien veces antes que verle sufrir de ese modo otra vez.
—Qué divertido —comentó Jacob, carcajeándose mientras observaba el rostro de Edward...
...que hizo otro gesto de dolor, pero consigui√≥ suavizar su expresi√≥n con un peque√Īo esfuerzo, aunque no pod√≠a ocultar la agon√≠a de sus ojos.
Miré fijamente, con los ojos bien abiertos, primero la mueca de Edward y luego el aire despectivo de Jacob.
¬ó¬ŅQu√© le est√°s haciendo? ¬óinquir√≠.
—No es nada, Bella —me aseguró Edward en voz baja—. Sólo que Jacob tiene muy buena memoria, eso es todo.
El aludido esbozó una gran sonrisa y Edward se estremeció de nuevo.
—¡Para ya! Sea lo que sea que estés haciendo.
¬óVale, si t√ļ quieres ¬óJacob se encogi√≥ de hombros¬ó. Aunque es culpa suya si no le gustan mis recuerdos.
Le miré fijamente y él me devolvió una sonrisa despiadada, como un chiquillo pillado en falta haciendo algo que sabe que no debe hacer por alguien que sabe que no le castigará.
—El director viene de camino a echar a los merodeadores de la propiedad del instituto —me murmuró Edward—. Vete a clase de Lengua, Bella, no quiero que te veas implicada.
¬óEs un poco sobreprotector, ¬Ņa que s√≠? ¬ócoment√≥ Jacob, dirigi√©ndose s√≥lo a m√≠¬ó. Algo de agitaci√≥n hace que la vida sea divertida. D√©jame adivinar, ¬Ņa que no tienes permiso para divertirte?
Edward le fulminó con la mirada y sus labios se retrajeron levemente sobre sus dientes.
¬óCierra el pico, Jacob ¬óle dije.
El se echó a reír.
—Eso suena a negativa. Oye, si alguna vez quieres volver a vivir la vida, ven a verme. Todavía tengo tu moto en mi garaje.
Esta noticia me distrajo.
—Se supone que deberías haberla vendido. Le prometiste a Charlie que lo harías.
Le supliqu√© a mi padre que se vendiera en atenci√≥n a Jacob. Despu√©s de todo, √©l hab√≠a invertido semanas de trabajo en ambas motos y merec√≠a alg√ļn tipo de compensaci√≥n, ya que si hubiera sido por Charlie, habr√≠a tirado la moto a un contenedor. Y probablemente despu√©s le habr√≠a prendido fuego.
—Ah, sí, claro. Como si yo pudiera hacer eso. Es tuya, no mía. De cualquier modo, la conservaré hasta que quieras que te la devuelva.
Un peque√Īo atisbo de la sonrisa que yo recordaba juguete√≥ con ligereza en las comisuras de sus labios.
¬óJake...
Se inclinó hacia delante, con el rostro de repente lleno de interés, sin apenas sarcasmo.
Creo que lo he estado haciendo mal hasta ahora, ya sabes, acerca de no volver a vernos como amigos. Quiz√° podr√≠amos apa√Īarnos, al menos por mi parte. Ven a visitarme alg√ļn d√≠a.
Me sent√≠a plenamente consciente de Edward, con sus brazos todavia en torno a mi cuerpo, protegi√©ndome, e inm√≥vil como una piedra. Le lanc√© una mirada al rostro, que a√ļn segu√≠a tranquilo, paciente.
—Esto, yo... no sé, Jake.
Jacob abandonó su fachada hostil por completo. Era casi como Inibiera olvidado de que Edward estaba allí, o al menos como estuviera decidido a actuar así.
—Te echo de menos todos los días, Bella. Las cosas no son lo mismo sin ti.
—Ya lo sé y lo siento, Jake, yo sólo...
√Čl sacudi√≥ la cabeza y suspir√≥.
¬óLo s√©. Despu√©s de todo, no importa, ¬Ņverdad? Supongo que sobrevivir√© o lo que sea. ¬ŅA qui√©n le hacen falta amigos? ¬óhizo una mueca de dolor, intentando disimularla bajo un ligero barniz bravuc√≥n.
EI sufrimiento de Jacob siempre había disparado mi lado protector. No era racional del todo, ya que él difícilmente necesitaba el tipo de protección física que yo le pudiera proporcionar, pero mis brazos, atrapados con firmeza bajo los de Edward, ansiaban alcanzarle, para enredarse en torno a su cintura grande y cálida en una silenciosa promesa de aceptación y consuelo.
Los brazos protectores de Edward se habían convertido en un encierro.
¬óVenga, a clase ¬óuna voz severa reson√≥ a nuestras espaldas¬ó. P√≥ngase en marcha, se√Īor Crowley.
—Vete al colegio, Jake —susurré, nerviosa, en el momento en que reconocí la voz del director. Jacob iba a la escuela de los quileute, pero podría verse envuelto en problemas por allanamiento de propiedad o algo así.
Edward me soltó, aunque me cogió la mano y continuó interponiendo su cuerpo entre nosotros.
El se√Īor Greene avanz√≥ a trav√©s del c√≠rculo de espectadores, con las cejas protuberantes como nubes ominosas de tormenta sobre sus ojos peque√Īos.
—¡He dicho que ya! —amenazó—. Castigaré a todo el que me encuentre aquí mirando cuando me dé la vuelta.
La concurrencia se disolvió antes de que hubiera terminado la frase.
¬óAh, se√Īor Cullen. ¬ŅQu√© ocurre aqu√≠? ¬ŅAlg√ļn problema?
¬óNinguno, se√Īor Greene. √≠bamos ya de camino a clase.
¬óExcelente. Creo que no conozco a su amigo ¬óel director volvi√≥ su mirada fulminante a Jacob¬ó. ¬ŅEs usted un estudiante del centro?
Los ojos del se√Īor Greene examinaron a Jacob y vi c√≥mo llegaba a la misma conclusi√≥n que todo el mundo: peligroso. Un chaval problem√°tico.
¬óNo ¬órepuso Jacob, con una sonrisita de suficiencia en sus gruesos labios.
—Entonces le sugiero que se marche de la propiedad de la escuela rápido, jovencito, antes de que llame a la policía.
La sonrisita de Jacob se convirti√≥ en una sonrisa en toda regla y supe que se estaba imaginando a Charlie deteni√©ndole, pero su expresi√≥n era demasiado amarga, demasiado llena de burla para satisfacerme. √Čsa no era la sonrisa que yo esperaba ver.
Jacob respondi√≥: ¬ęS√≠, se√Īor¬Ľ, y esboz√≥ un saludo militar antes de montarse en su moto y patear el pedal de arranque en la misma acera. El motor rugi√≥ y luego las ruedas chirriaron cuando las hizo dar un giro cerrado. Jacob se perdi√≥ de vista en cuesti√≥n de segundos.
El se√Īor Greene rechin√≥ los dientes mientras observaba la escena. Se√Īor Cullen, espero que hable con su amigo para que no vuelva a invadir la propiedad privada.
¬óNo es amigo m√≠o, se√Īor Greene, pero le har√© llegar la advertencia.
El se√Īor Greene apret√≥ los labios. El expediente acad√©mico intachable de Edward y su trayectoria impecable jugaban claramente a su favor en la valoraci√≥n del director respecto al incidente. Ya veo. Si tiene alg√ļn problema, estar√© encantado de...
¬óNo hay de qu√© preocuparse, se√Īor Greene. No hay ning√ļn gobierna.
¬óEspero que sea as√≠. Bien, entonces, a clase. Usted tambi√©n, se√Īorita Swan.
Edward asintió y me empujó con rapidez hacia el edificio donde estaba el aula de Lengua.
¬ó¬ŅTe sientes bien como para ir a clase? ¬óme susurr√≥ cuando dejamos atr√°s al director.
—Sí —murmuré en respuesta, aunque no estaba del todo segura de estar diciendo la verdad.
Aunque si me sentía o no bien, no era el tema más importante. Necesitaba hablar con Edward cuanto antes y la clase de Lengua no era el sitio ideal para la conversación que tenía en mente.
Pero no hab√≠a muchas otras opciones mientras tuvi√©ramos al se√Īor Greene justo detr√°s de nosotros.
Llegamos al aula un poco tarde y nos sentamos r√°pidamente en nuestros sitios. El se√Īor Berty estaba recitando un poema de Frost. Hizo caso omiso a nuestra entrada, con el fin de que no se rompiera el ritmo de la declamaci√≥n.
Arranqué una página en blanco de mi libreta y comencé a escribir, con una caligrafía más ilegible de lo normal debido a mi nerviosismo.
¬ŅQue es lo que ha pasado? Y no me vengas con el rollo protector, por favor.
Le pas√© la nota a Edgard. √Čl suspir√≥ y comenz√≥ a escribir. Le llev√≥ menos tiempo que a m√≠, aunque rellen√≥ un p√°rrafo entero con su caligraf√≠a personal antes de deslizarme el papel de vuelta.
Alice vio regresar a Victoria. Te saque de la ciudad como simple precauci√≥n, aunque nunca hubo oportunidad de que se acercara a ti de ning√ļn modo. Emmett y Jasper estuvieron a pundo de atraparla, pero ella tiene un gran instinto para hu√≠r. Se escap√≥ justo por la l√≠nea que marca la frontera con los lic√°ntropos de un modo tan preciso como si la hubiera visto en un mapa. Tampoco ayud√≥ que las capacidades de Alice se vieran anuladas por la implicaci√≥n de los quileute. Para ser justo he de admitir que los quileute pod√≠an haberla atrapado tambi√©n si no hubi√©ramos estado nosotros de por medio. El lobo gris grande pens√≥ que Emmett hab√≠a traspasado la l√≠nea y se puso a la defensiva. Desde luego, Rosalie entr√≥ en acci√≥n y todo el mundo abandon√≥ la casa para defender a sus compa√Īeros.
Carlisle y Jasper consiguieron calmar la situación antes de que se nos fuera de las manos. Pero para entonces, Victoria se había escapado. Eso es todo.
Frunc√≠ el entrecejo ante lo que hab√≠a escrito en la p√°gina. Todos ellos hab√≠an participado en el asutno, Emmett, Jasper, Alice, Rosalie y Carlisle. Quiz√°s incluso haste Esme, aunque √©l no la hab√≠a mencionada. Y adem√°s, Paul y el resto de la manda de los quileute. No hubiera sido dif√≠cil convertir aquello en una lucha encarnizada, que hubiera enfrentado a mi futura familia con mis viejos amigos. Y cualquiera de ellos podr√≠a haber sal√≠do herido. Supuse que los lobos habr√≠an corrido m√°s peligro, pero imaginarme a la peque√Īa Alica al lado de alguno de aquellos gigantes lic√°ntropos, luchando...
Me estremecí.
Cuidadosamente, borré todo el párrafo con la goma y entonces escribí en la parte superior:
¬ŅY qu√© pasa con Charlie? Victoria podria haber ido a por √©l.
Edward estaba negando con la cabeza antes incluso de que terminara; resultaba obvio que intentaba quitar importancia al peligro que Charlie podría haber corrido. Levantó una mano, pero yo lo ignoré y continué escribiendo:
No puedes saber qué pasa por la mente de Victoria, sencillamente porque no estabas aquí. Florida fue una mala idea.
Me arrebató el papel de las manos:
No iba a dejarte marchar sola. Con la suerte que tienes, no habrían encontrado ni la caja negra.
Eso no era lo que yo quería decir en absoluto. Ni siquiera se me había ocurrido irme sin él. Me refería a que habría sido mejor que nos hubiéramos quedado aquí los dos. Pero su respuesta me distrajo y me molestó un poco. Como si yo no pudiera volar a través del país sin provocar un accidente de avión. Muy divertido, claro.
Digamos que mi mala suerte hiciera caer el avi√≥n. ¬ŅQu√© es exactamente lo que t√ļ hubieras podido hacer al respecto?
¬ŅPor qu√© tendr√≠a que estrellarse?
Ahora intentaba disimular una sonrisa.
Los pilotos podrían estar borrachos.
Facil. Pilotaría el avión.
Claro. Apreté los labios y lo intenté de nuevo.
Explotar los dos motores y caemos en una espiral mortal hacia el suelo.
Esperaría hasta que estuviéramos lo bastante cerca del suelo, te agarraría bien fuerte, le daría una patada a la pared y saltaría. Luego, correría de nuevo hacia la escena del accidente y nos tambalearíamos como los dos afortunados supervivientes de la historia.
Le miré sin palabras.
¬ó¬ŅQu√©? ¬ósusurr√≥. Sacud√≠ la cabeza, intimidada.
—Nada —articulé las palabras sin pronunciarlas en voz alta. Di por terminada la desconcertante conversación y escribí sólo una línea más.
La próxima vez me lo contarás.
Sabía que habría otra vez. El esquema se repetiría hasta que alguien perdiera.
Edward me mir√≥ a los ojos durante un largo rato. Me pregunt√© qu√© aspecto tendr√≠a mi cara, ya que la sent√≠a fr√≠a, como si la sangre no hubiera regresado a mis mejillas. Todav√≠a ten√≠a las pesta√Īas mojadas.
Suspiró y asintió sólo una vez.
Gracias.
El papel desapareci√≥ de mis manos. Levant√© la mirada, parpadeando por la sorpresa, para encontrarme al se√Īor Berty viniendo por el pasillo.
¬ó¬ŅTiene algo ah√≠ que tenga que darme, se√Īor Cullen?
Edward alzó una mirada inocente y puso la hoja de papel encima de su carpeta.
¬ó¬ŅMis notas? ¬ópregunt√≥, con un tono lleno de confusi√≥n.
EI se√Īor Berty observ√≥ las anotaciones: una perfecta trascripcion de su lecci√≥n, sin duda, y se march√≥ con el ce√Īo fruncido.

M√°s tarde, en clase de C√°lculo, la √ļnica en la que no estaba con Edward, escuch√© el cotilleo.
—Apuesto a favor del indio grandote —decía alguien.
Miré a hurtadillas y vi a Tyler, Mike, Austin y Ben con las cabezas inclinadas y juntas, conversando muy interesados.
¬óVale ¬ósusurr√≥ Mike¬ó ¬ŅHab√©is visto el tama√Īo de ese chico, el tal Jacob? Creo que habr√≠a podido con Cullen ¬óMike parec√≠a encantado con la idea.
—No lo creo —disintió Ben—. Edward tiene algo. Siempre está tan... seguro de sí mismo. Me da la sensación de que más vale cuidarse de él.
—Estoy con Ben —admitió Tyler—. Además, si alguien se metiera con Edward, ya sabéis que aparecerían esos hermanos enormes que tiene...
¬ó¬ŅHab√©is ido por La Push √ļltimamente? ¬ópregunt√≥ Mike¬ó. Lauren y yo fuimos a la playa hace un par de semanas y creedme, los amigos de Jacob son todos tan descomunales como √©l.
¬óUf ¬óintervino Tyler¬ó. Menos mal que esto ha terminado sin que la sangre llegara al r√≠o. Ojal√° no averig√ľemos c√≥mo podr√≠a haber acabado la cosa.
¬óPues si hubiera le√Īa, a m√≠ no me importar√≠a echar una ojeada ¬ódijo Austin¬ó. Quiz√° deber√≠amos ir a ver.
Mike esbozó una amplia sonrisa.
¬ó¬ŅAlguien est√° de humor para apostar?
¬óDiez por Jacob ¬ópropuso Austin r√°pidamente.
—Diez a Cullen —replicó Tyler.
—Diez a Edward —imitió Ben.
¬óApuesto por Jacob ¬óintervino Mike.
¬óBueno, chicos, ¬Ņy alguien sabe de qu√© iba el asunto? ¬óse pregunt√≥ Austin¬ó. Eso podr√≠a afectar a las probabilidades.
—Puedo hacerme una idea —apuntó Mike, y entonces lanzó una mirada en mi dirección al mismo tiempo que Ben y Tyler.
Colegí de sus expresiones que ninguno se había dado cuenta de que estaba a una distancia en la que era fácil oírles. Todos apartaron la mirada con rapidez, removiendo los papeles en los pupitres.
—Mantengo mi apuesta por Jacob —musitó Mike entre dientes.

Naturalezas
Estaba siendo una semana horrible.
Yo sab√≠a que no hab√≠a cambiado nada sustancial. Vale, Victoria no se hab√≠a rendido, pero ¬Ņacaso hab√≠a esperado yo alguna vez que fuera de otro modo? Su reaparici√≥n s√≥lo hab√≠a confirmado lo que ya sab√≠a, No ten√≠a motivo para asustarme como si fuera algo nuevo.
Eso en teoría. Porque no sentir pánico es algo más fácil de decir que de hacer.
Solo quedaban unas pocas semanas para la graduaci√≥n, pero me preguntaba si no era un poco est√ļpido quedarme sentada, d√©bil y apetecible, esperando el pr√≥ximo desastre. Parec√≠a demasiado peligroso continuar siendo humana, como si estuviera atrayendo conscientemente peligro. Una persona con mi suerte deb√≠a ser un poquito menos vulnerable.
Pero nadie me escucharía.
Carlisle había dicho:
¬óSomos siete, Bella, y con Alice de nuestro lado, dudo que Victoria nos pueda sorprender con la guardia baja. Pienso que es importante, por el bien de Charlie, que nos atengamos al plan original.
Ksme había apostillado:
—No dejaremos nunca que te pase nada malo, cielo. Ya lo sabes. Por favor, no te pongas nerviosa —y luego me había besado en la frente.
Emmett había continuado:
—Estoy muy contento de que Edward no te haya matado. Todo es mucho más divertido contigo por aquí.
Rosalie le había mirado con cara de pocos amigos.
Alice había puesto los ojos en blanco para luego agregar:
¬óMe siento ofendida. ¬ŅVerdad que no est√°s preocupada por esto? ¬Ņa que no?
¬óSi no era para tanto, entonces, ¬Ņpor qu√© me llev√≥ Edward a Florida? ¬óinquir√≠.
¬óPero ¬Ņno te has dado cuenta todav√≠a, Bella, de que Edward es un poquito dado a reaccionar de forma exagerada?
Jasper, silenciosamente, había borrado todo el pánico y la tensión de mi cuerpo con su curiosa habilidad para controlar las atmósferas emocionales. Me sentí más tranquila y los dejé convencerme de lo innecesario de mi desesperada petición.
Pero claro, toda esa calma desapareció en el momento en que Edward y yo salimos de la habitación.
Así que el acuerdo consistía en que lo mejor que podía hacer era olvidarme de que un vampiro desquiciado quería cazarme para matarme. Y ocuparme de mis asuntos.
Y lo intenté. Y de modo sorprendente, había otras cosas casi tan estresantes en las que concentrarse como mi rango dentro de la lista de especies amenazadas...
Porque la respuesta de Edward había sido la más frustrante de todas.
¬óEso es algo entre t√ļ y Carlisle ¬óhab√≠a dicho¬ó. Claro, que yo estar√≠a encantado de que fuera algo entre t√ļ y yo en cualquier momento que quisieras, pero ya conoces mi condici√≥n ¬óy sonri√≥ angelicalmente.
Agh. Claro que sabía en qué consistía su condición. Edward me había prometido que sería él mismo quien me convirtiera cuando yo quisiera... siempre que me casara con él primero.
Algunas veces me preguntaba si s√≥lo simulaba la incapacidad de leerme la mente. ¬ŅC√≥mo hab√≠a llegado a encontrar la √ļnica condici√≥n que tendr√≠a problemas en aceptar? El requisito preciso que me obligar√≠a a tomarme las cosas con m√°s calma.
Habia sido una semana malísima en su conjunto, y aquel día, el pero de todos
Siempre eran días malos cuando se ausentaba Edward. Alice no habia visto nada fuera de lo habitual ese fin de semana, por lo que insistí en que aprovechara la oportunidad para irse con sus hermanos de cacería. Sabía cuánto le aburría cazar las presas cercanas, tan fáciles.
—Ve y diviértete —le insté—. Caza unos cuantos pumas por mí.
Jamas admitiría en su presencia lo mal que sobrellevaba la separación, ya que de nuevo volvían las pesadillas de la época del abandono. Si él lo hubiera sabido, le habría hecho sentirse fatal y le hubiera dado miedo dejarme, incluso aunque fuera por la más necesaria de las razones. Así había sido al principio, cuando represamos de Italia. Sus ojos dorados se habían tornado negros y sufría por culpa de la sed más de lo normal. Por eso, ponía cara de valiente y hacía de todo, salvo sacarle a patadas de la casa, cada vez que Emmett y Jasper querían marcharse.
Sin embargo, a veces me daba la sensaci√≥n de que ve√≠a dentro de m√≠. Al menos un poco. Esa ma√Īana hab√≠a encontrado una nota en mi almohada.
Volveré tan pronto que no tendrás tiempo de echarme de menos. Cuida de mi corazón… lo he dejado contigo.
As√≠ que ahora ten√≠a todo un s√°bado entero sin nada que hacer salvo mi turno de la ma√Īana en la tienda de ropa Newton's Olympie para distraerme. Y claro, esa promesa tan reconfortante de Alice.
—Cazaré cerca de aquí. Si me necesitas, estoy sólo a quince minutos. Estaré pendiente por si hay problemas.
Traducción: no intentes nada divertido sólo porque no esté Edward.
Ciertamente, Alice era tan capaz de fastidiarme el coche como Edward.
Intent√© mirarlo por el lado positivo. Despu√©s del trabajo, hab√≠a hecho planes con Angela para ayudarle con sus tarjetas de graduaci√≥n, de modo que estar√≠a distra√≠da. Y Charlie estaba de un humor excelente debido a la ausencia de mi novio, as√≠ que conven√≠a disfrutar de esto mientras durara. Alice pasar√≠a la noche conmigo si yo me sent√≠a tan pat√©tica como para ped√≠rselo, y ma√Īana Edward ya estar√≠a de vuelta. Sobrevivir√≠a.
No quería llegar a trabajar ridiculamente temprano, y me tomé el desayuno masticando muy despacio cada cucharada de cereales Cheerio. Entonces, una vez que hube lavado los platos, coloqué los imanes del frigorífico en una línea perfecta. Quizás estuviera desarrollando un trastorno obsesivo-compulsivo.
Los √ļltimos dos imanes, un par de utilitarias piezas redondas y negras, que eran mis favoritas porque pod√≠an sujetar diez hojas de papel en el frigor√≠fico, no quer√≠an cooperar con mi fijaci√≥n. Ten√≠an polaridades inversas; cada vez que intentaba ponerlas en fila, al colocar la √ļltima, la otra saltaba fuera de su sitio.
Por alg√ļn motivo ?una man√≠a en ciernes, quiz√°?, eso me sacaba de quicio. ¬ŅPor qu√© no pod√≠an comportarse como es debido? De una forma tan est√ļpida como terca, continu√© aline√°ndolas como si esperase una repentina rendici√≥n. Podr√≠a haber puesto una m√°s arriba, pero sent√≠a que eso equival√≠a a perder. Finalmente, m√°s desesperada por mi comportamiento que por los imanes, los cog√≠ del frigor√≠fico y los sostuve juntos, uno en cada mano. Me cost√≥ un poco, ya que eran lo bastante fuertes como para presentar batalla, pero consegu√≠ que coexistieran uno al lado del otro.
¬óYa veis ¬óesto de hablarle a los objetos inanimados no pod√≠a ser s√≠ntoma de nada bueno¬ó. Tampoco es tan malo, ¬Ņa que no?
Permanec√≠ all√≠ quieta durante un segundo, incapaz de admitir que no estaba teniendo ning√ļn √©xito a largo plazo contra los principios cient√≠ficos. Entonces, con un suspiro, volv√≠ a colocar los imanes en el frigor√≠fico, a un palmo de distancia.
—No hay necesidad de ser tan inflexible —murmuré.
Todavía era muy temprano, pero decidí que lo mejor sería salir de la casa antes de que los objetos inanimados comenzaran a contestarme.
Cuando llegué a Newtons Olympic, Mike pasaba la mopa de forma metódica por los pasillos mientras su madre acondicionaba un nuevo escaparate en el mostrador. Los pillé en mitad de una disputa, aunque no se dieron cuenta de mi llegada.
¬óPero es el √ļnico momento en que Tyler puede ir ¬óse quejaba Mike¬ó. Dijiste que despu√©s de la graduaci√≥n...
¬óPues vais a tener que esperar ¬órepuso la se√Īora Newton con brusquedad¬ó. Tyler y t√ļ ya pod√©is empezar a pensar en otra cosa. No vas a ir a Seattle hasta que la polic√≠a solucione lo que esta pasando, sea lo que sea. Ya s√© que Betty Crowley le ha dicho lo mismo aTyler, as√≠ que no me vengas con que yo soy la mala de la pel√≠cula. Oh, buenos d√≠as, Bella ¬óme dijo cuando se dio cuenta de que hab√≠a entrado, alegrando su tono r√°pidamente¬ó. Has llegado temprano.
Karen Newton era la √ļltima persona que podr√≠as imaginar trabajando en un establecimiento de prendas deportivas al aire libre. Llevaba su pelo rubio perfectamente mechado y recogido en un elegante mo√Īo bajo a la altura de la nuca, las u√Īas de las manos pintadas por un profesional, lo mismo que las de los pies, visibles a trav√©s de sus altos tacones de tiras que no se parec√≠an en nada a lo que los Newton ofrec√≠an en el largo estante de las botas de monta√Īa.
¬óApenas hab√≠a tr√°fico ¬óbrome√© mientras cog√≠a la horrible camiseta naranja fluorescente de debajo del mostrador. Me sorprend√≠a que la se√Īora Newton estuviera tan preocupada por lo de Seattle como Charlie. Pens√© que era s√≥lo √©l quien se lo hab√≠a tomado a la tremenda.
¬óEsto... eh...
La se√Īora Newton dud√≥ por un momento, jugueteando inc√≥moda con el paquete de folletos publicitarios que estaba colocando al lado de la caja registradora.
Ya tenía una mano sobre la camiseta pero me detuve. Conocía esa mirada.
Cuando les hice saber a los Newton que no trabajar√≠a all√≠ ese verano, dej√°ndolos de este modo plantados en la estaci√≥n con m√°s trabajo, comenzaron a ense√Īar a Katie Marshall para que ocupara mi lugar. Realmente no pod√≠an permitirse mantener los sueldos de las dos a la vez, as√≠ que cuando se ve√≠a que iba a ser un d√≠a tranquilo...
¬óTe iba a llamar ¬ócontinu√≥ la se√Īora Newton¬ó. No creo que vayamos a tener hoy mucho trabajo. Creo que podremos apa√Īarnos entre Mike y yo. Siento que te hayas tenido que levantar y conducir hasta aqu√≠.
En un día normal, este giro de los acontecimientos me habría hecho entrar en éxtasis, pero hoy... no tanto.
¬óVale ¬ósuspir√©. Se me hundieron los hombros. ¬ŅQu√© iba a hacer ahora?
¬óEso no est√° bien, mam√° ¬órepuso Mike¬ó. Si Bella quiere trabajar...
¬óNo, no pasa nada, se√Īora Newton. De verdad, Mike. Tengo examenes finales para los que debo estudiar y otras cosas... ¬óno quer√≠a ser una fuente de discordia familiar cuando ya les hab√≠a sorprendido discutiendo.
¬óGracias, Bella. Mike, te has saltado el pasillo cuatro. Esto, Bella ¬Ņno te importar√≠a tirar estos folletos en un contenedor cuando te vayas? Le dije a la chica que los dej√≥ aqu√≠ que los pondr√≠a en el mostrador, pero la verdad es que no tengo espacio.
¬óVale, sin problemas.
Guard√© la camiseta y me puse los folletos debajo del brazo, para salir de nuevo al exterior, donde lloviznaba. EI contenedor estaba al otro lado de Newton's Olympic, cerca de donde se supon√≠a que aparc√°bamos los empleados. Camin√© sin direcci√≥n precisa hacia all√°, enfurru√Īada, d√°ndole patadas a las piedras. Estaba a punto de tirar el paquete de brillantes papeles amarillos a la basura cuando capt√≥ mi inter√©s el t√≠tulo impreso en negrita en la parte superior. Fue una palabra en especial la que me IIam√≥ la atenci√≥n.
Cogí los papeles entre las dos manos mientras miraba la imagen bajo el título. Se me hizo un nudo en la garganta.
SALVEMOS AL LOBO DE LA PEN√ćNSULA OLYMPIC
Majo las palabra había un dibujo detallado de un lobo frente a un abeto, con la cabeza echada hacia atrás aullándole a la luna. Era una imagen desconcertante; algo en la postura quejosa del lobo le hacía parecer desamparado. Como si estuviera aullando de pena.
Y luego ech√© a correr hacia mi coche, con los folletos a√ļn sucios con firmeza en la mano.
Quince minutos, eso era cuanto tenía, pero bastaría. Sólo había quince minutos hasta La Push y seguramente cruzaría la frontera unos cuantos minutos antes de llegar al pueblo.
El coche arrancó sin ninguna dificultad.
Alice no podría estar viéndome hacer esto porque no lo había planeado. Una decisión repentina, ¡ésa era la clave!, y podría sacarle provecho si conseguía moverme con suficiente rapidez.
Con la prisa, arroj√© los papeles h√ļmedos al asiento del pasajero, donde se desparramaron en un brillante desorden, cien t√≠tulos en negrita, cien lobos negros aull√°ndole a la luna, recortados contra el fondo amarillo.
Iba a toda pastilla por la autopista mojada, con los limpiaparabrisas a tope y sin hacerle caso al rugido del viejo motor. Lo máximo que podía sacarle a mi coche eran unos noventa por hora y recé para que fuera suficiente.
No tenía idea de dónde estaba la frontera, pero empecé a sentirme más segura cuando pasé las primeras casas en las afueras de La Push. Seguro que esto era lo más lejos que se le permitía llegar a Alice.
La telefonearía cuando llegara a casa de Angela por la tarde, me dije para mis adentros, para hacerle saber que me encontraba bien. No había motivo para que se preocupara. No necesitaba enfadarse conmigo, porque Edward ya estaría suficientemente furioso por los dos a su regreso.
Mi coche iba ya resollando cuando chirriaron los frenos al parar frente a la familiar casa de color rojo desva√≠do. Se me volvi√≥ a hacer un nudo en la garganta al mirar aquel peque√Īo lugar que una vez hab√≠a sido mi refugio. Hab√≠a pasado tanto tiempo desde que hab√≠a estado aqu√≠.
Antes de que pudiera parar el motor, Jacob ya estaba en la puerta, con el rostro demudado por la sorpresa.
En el silencio repentino que se hizo después de que el rugido del motor se detuviera, oí su respiración entrecortada.
¬ó¬ŅBella?
¬ó¬°Hola, Jake!
—¡Bella! —gritó en respuesta y la sonrisa que había estado esperando atravesó su rostro como el sol en un día nublado. Los dientes relampaguearon contra su piel cobriza—. ¡No me lo puedo creer!
corri√≥ hacia el coche, me sac√≥ casi en volandas a trav√©s de la puerta abierta, y nos pusimos a saltar como ni√Īos.
¬ó¬ŅC√≥mo has llegado hasta aqu√≠?
¬ó¬°Me he escapado!
¬ó¬°Impresionante!
—¡Hola, Bella! —Billy impulsó su silla hacia la entrada para ver a qué se debía toda aquella conmoción.
¬ó¬°Hola, Bill...!
Y en ese momento me quedé sin aire. Jacob me había sepultado en un abrazo gigante, tan fuerte, que no podía respirar y me daba vueltas en círculo.
—¡Guau, es estupendo tenerte aquí!
—No puedo... respirar —jadeé.
√Čl se ri√≥ y me puso en el suelo.
¬óBienvenida de nuevo, Bella ¬óme dijo con una sonrisa.
Y el modo en que lo dijo me son√≥ como ¬ębienvenida a casa¬Ľ.
Empezamos a andar, demasiado nerviosos ante la perspectiva de quedarnos sentados dentro de la casa. Jacob iba prácticamente saltando mientras andaba y le tuve que recordar unas cuantas veces que yo no tenía piernas de tres metros.
Mientras camin√°bamos, sent√≠ c√≥mo me transformaba en otra versi√≥n de m√≠ misma, la que era cuando estaba con Jacob. Algo m√°s joven, y tambi√©n algo m√°s irresponsable. Alguien que har√≠a, en alguna ocasi√≥n, algo realmente est√ļpido sin motivo aparente.
Nuestra euforia duró los primeros temas de conversación que abordamos: qué estábamos haciendo, qué queríamos hacer, cuánto tiempo tenía y qué me había traído hasta allí. Cuando le conté lo del folleto del lobo, de forma vacilante, su risa ruidosa hizo eco entre los árboles.
Pero entonces, cuando paseábamos detrás de la tienda y atravesamos los matorrales espesos que bordeaban el extremo más lejano de la playa Primera, llegamos a las partes más difíciles de la conversación. Desde muy pronto tuvimos que hablar de las razones de nuestra larga separación y observé cómo el rostro de mi amigo se endurecía hasta formar la máscara amarga que ya me resultaba tan familiar.
¬óBueno, ¬Ņy de qu√© va esto en realidad? ¬óme pregunt√≥ Jacob, pateando un trozo de madera de deriva fuera de su camino con una fuerza excesiva. Salt√≥ sobre la arena y luego se estamp√≥ contra las rocas¬ó. O sea, que desde la √ļltima vez que... bueno, antes, ya sabes... ¬óluch√≥ para encontrar las palabras. Aspir√≥ un buen trago de aire y lo intent√≥ de nuevo¬ó. Lo que quiero decir es que... ¬Ņsimplemente todo ha vuelto al mismo lugar que antes de que √©l se fuera? ¬ŅSe lo has perdonado todo?
Yo también inspiré con fuerza.
—No había nada que disculpar.
Me habr√≠a gustado saltarme toda esta parte, las traiciones y las acusaciones, pero sab√≠a que ten√≠amos que hablar de todo esto antes de que fu√©ramos capaces de llegar a alg√ļn otro lado.
El rostro de Jacob se crispó como si acabara de chupar un limón.
—Desearía que Sam te hubiera tomado una foto cuando te encontramos aquella noche de septiembre. Sería la prueba A.
¬óNo estamos juzgando a nadie.
—Pues quizá deberíamos hacerlo.
¬óNi siquiera t√ļ le culpar√≠as por marcharse, si conocieras sus motivos.
Me miró fijamente durante unos instantes.
—Está bien —me retó con amargura—. Sorpréndeme.
Su hostilidad me caía encima, quemándome en carne viva. Me dolía que estuviera enfadado conmigo. Me recordó aquella tarde gris y deprimente, hacía mucho ya, cuando, cumpliendo órdenes de Sam, me dijo que no podíamos seguir siendo amigos. Me llevó un momento recobrar la compostura.
¬óEdward me dej√≥ el pasado oto√Īo porque pensaba que yo no deb√≠a salir con vampiros. Pens√≥ que ser√≠a mejor para m√≠ si √©l se marchaba.
Jacob tardó en reaccionar. Luchó consigo mismo durante unos minutos. Lo que fuera que tenía planeado decir, claramente, había dejado de tener sentido. Me alegraba de que no supiera lo que había precipitado la decisión de Edward. Me podía imaginar qué habría pensado de haber sabido que Jasper intentó matarme.
¬óPero volvi√≥, ¬Ņno? ¬ósusurr√≥ Jacob¬ó. Parece que le cuesta atenerse a sus propias decisiones.
—Si recuerdas bien, fui yo la que corrió tras él y le trajo de vuelta.
Jacob me miró con fijeza durante un momento y después me dio la espalda. Relajó el rostro y su voz se había vuelto más tranquila cuando volvió a hablar.
¬óEso es cierto, pero nunca supe la historia. ¬ŅQu√© fue lo que pas√≥?
Yo dudaba y me mordí el labio.
¬ó¬ŅEs un secreto? ¬ósu voz se torn√≥ burlona¬ó ¬ŅNo me lo puedes contar?
—No —contesté con brusquedad—. Además, es una historia realmente larga.
El sonrió con arrogancia, se giró y echó a caminar por la playa, esperando que le siguiera.
No tenía nada de gracioso estar con él si se iba a comportar de ese modo. Le seguí de manera automática, sin saber si no sería mejor dar media vuelta y dejarle. Aunque tendría que enfrentarme con Alice cuando regresara a casa... Así que pensándolo bien, en realidad no tenía tanta prisa.
Jacob lleg√≥ hasta un enorme y familiar tronco de madera, un √°rbol entero con sus ra√≠ces y todo, blanqueado y profundamente hundido en la arena; de alg√ļn modo, era nuestro √°rbol.
Se sentó en aquel banco natural y dio unas palmaditas en el sitio que había a su lado.
¬óNo me importa que las historias sean largas. ¬ŅHay algo de acci√≥n?
Puse los ojos en blanco mientras me sentaba a su lado.
—La hay —concedí.
—No puede haber miedo de verdad si no hay un poco de acción.
¬ó¬°Miedo! ¬óme burl√©¬ó. ¬ŅVas a escuchar o te vas a pasar todo el rato interrumpi√©ndome para hacer comentarios groseros sobre mis amigos?
Hizo como que se cerraba los labios con llave y luego como que tiraba la llave invisible sobre su hombro. Intenté no sonreír, pero no lo conseguí.
¬óTengo que empezar con cosas que pasaron cuando t√ļ estabas ¬ódecid√≠ mientras intentaba organizar las historias en mi mente antes de comenzar.
Jacob alzó una mano.
¬óAdelante. Eso est√° bien ¬óa√Īadi√≥ √©l¬ó. No entend√≠ la mayor parte de lo que pas√≥ entonces.
¬óAh, vale, estupendo; es un poco complicado, as√≠ que presta atenci√≥n. ¬ŅSabes ya que Alice tiene visiones?
Interpret√© que su ce√Īo fruncido era una respuesta afirmativa, ya que a los hombres lobo no les impresionaba que fuera verdad la leyenda de los poderes sobrenaturales de los vampiros, as√≠ que proced√≠ con el relato de mi carrera a trav√©s de Italia para rescatar a Edward.
Intenté resumir lo más posible, sin dejarme nada esencial. Al mismo tiempo, me esforcé en interpretar las reacciones de Jacob, pero su rostro era inescrutable mientras le explicaba que Alice había visto los planes de Edward para suicidarse cuando escuchó que yo había muerto. Algunas veces Jacob parecía ensimismarse en sus pensamientos, tanto que ni siquiera estaba segura de que me estuviera escuchando. Sólo me interrumpió una vez.
¬ó¬ŅLa adivina chupasangres no puede vernos? ¬órepiti√≥, en su rostro una expresi√≥n feroz y llena de alegr√≠a¬ó. ¬ŅEn serio? ¬°Eso es magn√≠fico!
Apreté los dientes y nos quedamos sentados en silencio, con su cara expectante mientras esperaba que continuase. Le miré fijamente hasta que se dio cuenta de su error.
—¡Oops! —exclamó—. Lo siento —y cerró la boca otra vez.
Su respuesta fue más fácil de comprender cuando llegamos a la parte de los Vulturis. Apretó los dientes, se le pusieron los brazos con carne de gallina y se le agitaron las aletas de la nariz. No entré en detalles, pero le conté que Edward nos había sacado del problema, sin revelar la promesa que habíamos tenido que hacer ni la visita que estábamos esperando. Jacob no necesitaba participar de mis pesadillas.
¬óAhora ya conoces toda la historia ¬óconclu√≠¬ó. Es tu turno para hablar. ¬ŅQu√© ha ocurrido mientras yo pasaba este fin de semana con mi madre?
Sabía que Jacob me proporcionaría más detalles que Edward. No temía asustarme. Se inclinó hacia delante, animado al momento.
¬óEmbry, Quil y yo est√°bamos de patrulla el s√°bado por la noche, s√≥lo algo rutinario, cuando all√≠ estaba, saliendo de ninguna parte, ¬°bum!, una pista fresca, que no ten√≠a ni quince minutos ¬óalz√≥ los brazos y remed√≥ una explosi√≥n¬ó. Sam quer√≠a que le esper√°semos, pero yo ignoraba que t√ļ te hab√≠as ido y no sab√≠a si tus chupasangres estaban vigilando o no. As√≠ que salimos en su persecuci√≥n a toda velocidad, pero cruz√≥ la l√≠nea del tratado antes de que pudi√©ramos cogerla. Nos dispersamos por la l√≠nea esperando que volviera a cruzarla. Fue frustrante, te lo juro ¬ómovi√≥ la cabeza y el pelo, que ya le hab√≠a crecido desde que se lo hab√≠a rapado tan corto cuando se uni√≥ a la manada, le cay√≥ sobre los ojos¬ó. Nos fuimos demasiado hacia el sur y los Cullen la persiguieron hacia nuestro sitio, pero s√≥lo a unos cuantos kil√≥metros al norte de nuestra posici√≥n. Habr√≠a sido la emboscada perfecta si hubi√©ramos sabido d√≥nde esperar.
Sacudió la cabeza, haciendo ahora una mueca.
¬óEntonces fue cuando la cosa se puso peligrosa. Sam y los otros le cogieron el rastro antes de que lleg√°ramos, pero ella iba de un lado a otro de la l√≠nea y el aquelarre en pleno estaba al otro lado. El grande, ¬Ņc√≥mo se llama...?
¬óEmmett.
—Ese, bueno, pues él arremetió contra ella, pero ¡qué rápida es esa pelirroja! Voló detrás de ella y casi se estrella contra Paul. Y ya sabes, Paul... bueno, ya le conoces.
—Sí.
—Se le fue la olla. No puedo decir que le culpe, tenía al chupasangres grandote justo encima de él. Así que saltó... Eh, no me mires así. El vampiro estaba en nuestro territorio.
Intent√© recomponer mi expresi√≥n para que continuara con su relato. Ten√≠a las u√Īas clavadas en las palmas de las manos con la tensi√≥n de la historia, incluso sabiendo que hab√≠a terminado bien.
—De cualquier modo, Paul falló y el grandullón regresó a su sitio, pero entonces, esto, la, eh, bien, la rubia...
La expresión de Jacob era una mezcla cómica de disgusto y reacia admiración mientras intentaba encontrar una palabra para describir a la hermana de Edward.
¬óRosalie.
—Como quieras. Se había vuelto realmente territorial, así que Sam y yo nos retrasamos para cubrir los flancos de Paul. Entonces su líder y el otro macho rubio...
¬óCarlisle y Jasper.
Me miró algo exasperado.
¬óYa sabes que me da igual c√≥mo se llamen. Como sea, Carlisle habl√≥ con Sam en un intento de calmar las cosas. Y fue bastante extra√Īo porque la verdad es que todo el mundo se tranquiliz√≥ muy r√°pido. Creo que fue ese otro que dices, que nos hizo algo raro en la cabeza, pero aunque sab√≠amos lo que estaba haciendo, no pod√≠amos dejar de estar tranquilos.
—Ah, sí, ya sé cómo se siente uno.
—Realmente cabreado, así es como se siente uno. Sólo que no estás enfadado del todo, al final —sacudió la cabeza, confundido—. Así que Sam y el vampiro líder acordaron que la prioridad era Victoria y volvimos a la caza otra vez. Carlisle nos dio la pista de modo que pudimos seguir el rastro correcto, pero entonces tomó el camino de los acantilados justo al norte del territorio de los makah, donde la frontera discurre pegada a la costa durante unos cuantos kilómetros. Así que se metió en el agua otra vez. El grandullón y el tranquilo nos pidieron permiso para cruzar la frontera y perseguirla, pero se lo denegamos, como es lógico.
¬óEstupendo. Quiero decir que vuestro comportamiento me parece est√ļpido, pero estoy contenta. Emmett nunca tiene la suficiente prudencia. Podr√≠a haber salido herido.
Jacob resopló.
—Así que tu vampiro te dijo que los atacamos sin razón y que su aquelarre, totalmente inocente...
—No —le interrumpí—. Edward me contó la misma historia, sólo que sin tantos detalles.
—Ah —dijo Jacob entre dientes y se inclinó para coger una piedra entre los millones de guijarros que teníamos a los pies. Con un giro casual, la mandó volando sus buenos cien metros hacia las aguas de la bahía—. Bueno, ella regresará, supongo. Y volveremos a tenerla a tiro.
Me encog√≠ de hombros; ya lo creo que volver√≠a, pero ¬Ņde veras me lo contar√≠a Edward la pr√≥xima vez? No estaba segura. Deb√≠a mantener vigilada a Alice en busca de los s√≠ntomas indicadores de que el patr√≥n de comportamiento volv√≠a a repetirse...
Jacob no pareció darse cuenta de mi reacción. Estaba sumido en la contemplación de las olas con los gruesos labios apretados y una expresión pensativa en la cara.
¬ó¬ŅEn qu√© est√°s pensando? ¬óle pregunt√© despu√©s de un buen rato en silencio.
¬óLe doy vueltas a lo que me has dicho hace un rato. En cuando la adivina te vio saltando del acantilado y pens√≥ que quer√≠as suicidarte, y en c√≥mo a partir de aquello todo se descontrol√≥... ¬ŅTe das cuenta de que, si te hubieras limitado a esperarme, como se supone que ten√≠as que hacer, entonces la chup... Alice no habr√≠a podido verte saltar? Nada habr√≠a cambiado. Probablemente, los dos estar√≠amos ahora en mi garaje, como cualquier otro s√°bado. No habr√≠a ning√ļn vampiro en Forks y t√ļ y yo... ¬ódej√≥ que su voz se apagara, perdido en sus pensamientos.
Era desconcertante su forma de ver la situación, como si fuera algo bueno que no hubiera vampiros en Forks. Mi corazón comenzó a latir arrítmicamente ante el vacío que sugería la imagen.
¬óEdward hubiera regresado de todos modos.
¬ó¬ŅEst√°s segura de eso? ¬óme pregunt√≥ otra vez, volviendo a su aptitud beligerante en cuanto mencion√© el nombre de Edward.
¬óEstar separados... no nos va bien a ninguno de los dos.
Comenzó a decir algo, algo violento a juzgar por su expresión, pero enmudeció de pronto, tomó aliento y empezó de nuevo.
¬ó¬ŅSab√≠as que Sam est√° muy enfadado contigo?
¬ó¬ŅConmigo? ¬óme llev√≥ entenderlo un segundo¬ó. Ah, ya. Cree que se habr√≠an mantenido apartados si yo no estuvie-aqu√≠.
¬óNo. No es por eso.
¬ó¬ŅCu√°l es el problema entonces?
Jacob se inclinó para tomar otra roca. Le dio vueltas una y otra vez, entre los dedos. No le quitaba ojo a la piedra negra mientras hablaba en voz baja.
—Cuando Sam vio... en qué estado estabas al principio, cuando Billy les contó lo preocupado que estaba Charlie porque no mejorabas y entonces, cuando empezaste a saltar de los acantilados...
Puse mala cara. Nadie iba a dejar nunca que me olvidara de eso.
Los ojos de Jacob me miraron de hito en hito.
¬óPensamos que t√ļ eras la √ļnica persona en el mundo que ten√≠a tanta raz√≥n para odiar a los Cullen como √©l. Sam se siente... traicionado porque los volvieras a dejar entrar en tu vida, como si jam√°s te hubieran hecho da√Īo.
No me cre√≠ ni por un segundo que Sam fuera el √ļnico que se sintiera de ese modo, y por tanto, el tono √°cido de mi respuesta iba dirigido a ambos.
¬óPuedes decirle a Sam que se vaya a...
¬óMira eso ¬óJacob me interrumpi√≥ se√Īal√°ndome a un √°guila en el momento en que se lanzaba en picado hacia el oc√©ano desde una altura incre√≠ble. Recuper√≥ el control en el √ļltimo minuto, y s√≥lo sus garras rozaron la superficie de las olas, apenas durante un instante. Despu√©s volvi√≥ a aletear, con las alas tensas por el esfuerzo de cargar con el peso del pescado enorme que acababa de pescar¬ó. Lo ves por todas partes ¬ódijo con voz repentinamente distante¬ó. La naturaleza sigue su curso, cazador y presa, el c√≠rculo infinito de la vida y la muerte.
No entendía el sentido del sermón de la naturaleza; supuse que sólo quería cambiar el tema de la conversación, pero entonces se volvió a mirarme con un negro humor en los ojos.
—Y desde luego, no verás al pez intentando besar al águila. Jamás verás eso —sonrió con una mueca burlona.
Le devolv√≠ la sonrisa, una sonrisa tirante, porque a√ļn ten√≠a un sabor √°cido en la boca.
—Quizás el pez lo está intentando —le sugerí—. Es difícil saber lo que piensa un pez. Las águilas son unos pájaros bastante atractivos, ya sabes.
¬ó¬ŅA eso es a lo que se reduce todo? ¬ósu voz se volvi√≥ aguda¬ó. ¬ŅA tener un buen aspecto?
¬óNo seas est√ļpido, Jacob.
¬óEntonces, ¬Ņes por el dinero? ¬óinsisti√≥.
—Estupendo —murmuré, levantándome del árbol—. Me halaga que pienses eso de mí —le di la espalda y me marché.
—Oh, venga, no te pongas así —estaba justo detrás de mí; me cogió de la cintura y me dio una vuelta—. ¡Lo digo en serio!, intento entenderte y me estoy quedando en blanco.
Frunci√≥ el ce√Īo enfadado y sus ojos se oscurecieron enquistados entre sombras.
¬ó-Le amo. ¬°Y no porque sea guapo o rico! ¬óle escup√≠ las palabras a la cara¬ó. Preferir√≠a que no fuera ni lo uno ni lo otro. Incluso te dir√≠a que eso podr√≠a ser un motivo para abrir una brecha entre nosotros, pero no es as√≠, porque siempre es la persona m√°s encantadora, generosa, brillante y decente que me he encontrado jam√°s. Claro que le amo. ¬ŅPor qu√© te resulta tan dif√≠cil de entender?
¬óEs imposible de comprender.
¬óPor favor, ilum√≠name, entonces, Jacob ¬ódej√© que el sarcasmo fluyera denso¬ó. ¬ŅCu√°l es la raz√≥n v√°lida para amar a alguien? Como dices que lo estoy haciendo mal...
—Creo que el mejor lugar para empezar sería mirando dentro de tu propia especie. Eso suele funcionar.
—¡Eso es... asqueroso! —le respondí con brusquedad—. Supongo que debería estar loca por Mike Newton después de todo.
Jacob se estremeció y se mordió el labio. Pude ver que mis palabras le habían herido, pero yo estaba demasiado enfadada para sentirme mal por ello.
Me solt√≥ la mu√Īeca y cruz√≥ los brazos sobre el pecho, volvi√©ndose para mirar hacia el oc√©ano.
—Yo soy humano —susurró, con voz casi inaudible.
¬óNo eres tan humano como Mike ¬ócontinu√© sin piedad¬ó. ¬ŅSigues pensando que es la consideraci√≥n m√°s importante?
—No es lo mismo —Jacob no apartó los ojos de las olas grises—. Yo no he escogido esto.
Me eché a reír incrédula.
¬ó¬ŅY crees que Edward s√≠? √Čl no sab√≠a lo que le estaba ocurriendo m√°s que t√ļ. √Čl no eligi√≥ esto.
Jacob cabeceó de atrás adelante con un movimiento rápido y corto.
¬ó¬ŅSabes, Jacob?, es terrible por tu parte que pretendas sentirte moralmente superior, considerando que t√ļ eres un lic√°ntropo.
¬óNo es lo mismo ¬órepiti√≥ √©l, mir√°ndome con el ce√Īo fruncido.
—No veo por qué no. Podrías ser un poquito más comprensivo con los Cullen. No tienes idea de lo buenos que son, pero buenos de verdad, Jacob.
Frunci√≥ el ce√Īo m√°s profundamente.
—No deberían existir. Su existencia va contra la naturaleza.
Le miré con fijeza durante un largo rato, con una ceja alzada, llena de incredulidad. Pasó un tiempo hasta que se dio cuenta.
¬ó¬ŅQu√©?
—Hablando de algo antinatural... —insinué.
—Bella —me dijo, con la voz baja, y algo diferente. Envejecida. Me di cuenta de que, de repente, sonaba mucho mayor que yo, como un padre o un profesor—. Lo que yo soy ha nacido conmigo. Es parte de mi naturaleza, de mi familia, de lo que todos somos como tribu, es la razón por la cual todavía estamos aquí. Aparte de eso —bajó la vista para mirarme, con sus ojos oscuros inescrutables—, sigo siendo humano.
Me cogió la mano y la presionó contra su pecho ardiente como la fiebre. A través de su camiseta, pude sentir el rápido latido de su corazón contra mi mano.
¬óLos humanos normales no arrojan motos por ah√≠, como haces t√ļ.
√Čl sonri√≥ ligeramente, con una media sonrisa.
—Los humanos normales huyen de los monstruos, Bella. Y nunca he proclamado ser normal. Sólo humano.
Continuar enfadada con Jacob resultaba muy cansado. Empecé a sonreír mientras retiraba la mano de su pecho.
—La verdad es que me pareces humano del todo —concedí—. Al menos de momento.
¬óMe siento humano.
Miró a lo lejos, y volvió el rostro. Le tembló el labio inferior y se lo mordió con fuerza.
—Oh, Jake —murmuré al tiempo que buscaba su mano.
Esa era la raz√≥n por la que estaba aqu√≠. √Čsa era la raz√≥n por la que no me importaba quedarme, fuera cual fuera la recepci√≥n que me esperase al regresar. Porque bajo toda esa ira y ese sarcasmo, Jacob sufr√≠a. Justo ahora, lo estaba viendo en sus ojos. No sab√≠a ayudarle, pero sab√≠a que ten√≠a que intentarlo. No era por todo lo que le deb√≠a, sino porque su pena me dol√≠a a m√≠ tambi√©n.
Jacob se había convertido en parte de mí y no había nada que pudiera cambiar eso.