1 - Ultimatum

¬ŅQu√© parte de ¬ďenemigos mortales¬Ē es la que te resulta tan complicada de mira, ya s√© que me estoy comportando como un est√ļpido, pero es que no veo otra forma. No podemos ser amigos cuando te pasas todo el tiempo con esa pande de
Simplemente, lo paso peor cuando pienso en ti demasiado,a sí que no me escribas más
Bueno, yo también te echo de menos. Mucho. Aunque eso no cambia nada. Lo siento.
Jacob

Deslic√© los dedos por la p√°gina y sent√≠ las marcas donde √©l hab√≠a apretado con tanta fuerza el bol√≠grafo contra el papel que casi hab√≠a llegado a romperlo. Pod√≠a imagin√°rmelo mientras escrib√≠a, le ve√≠a garabateando aquellas palabras llenas de ira con su tosca letra, acuchillando una l√≠nea tras otra cuando sent√≠a que las palabras empleadas no reflejaban su voluntad, quiz√° hasta partir el bol√≠grafo con esa manaza suya; esto explicar√≠a las manchas de tinta. Me imaginaba su frustraci√≥n, lo ve√≠a fruncir las cejas negras y arrugar el ce√Īo. Si hubiera estado all√≠, casi me hubiera echado a re√≠r. Te va a dar una hemorragia cerebral, Jacob, le habr√≠a dicho. Simplemente, esc√ļpelo.
Aunque lo √ļltimo que me apetec√≠a en esos momentos, al releer las palabras que ya casi hab√≠a memorizado, era echarme a re√≠r. No me sorprendi√≥ su respuesta a mi nota de s√ļplica, que le hab√≠a enviado con Billy, a trav√©s de Charlie, justo como hac√≠amos en el instituto, tal como √©l hab√≠a se√Īalado. Conoc√≠a en esencia el contenido de su r√©plica antes incluso de abrirla.
Lo que resultaba sorprendente era lo mucho que me her√≠a cada una de las l√≠neas tachadas, como si los extremos de las letras estuvieran rematados con cuchillos. M√°s a√ļn, detr√°s de cada violento comienzo, se arrastraba un inmenso pozo de sufrimiento; la pena de Jacob me dol√≠a m√°s que la m√≠a propia.
Mientras reflexionaba acerca de todo aquello, capté el olor inconfundible de algo que se quemaba en la cocina. En cualquier otro hogar no hubiera resultado preocupante que cocinase alguien que no fuera yo.
Metí el papel arrugado en el bolsillo trasero de mis pantalones y eché a correr, bajando las escaleras en un tiempo récord.
El bote de salsa de espaguetis que Charlie había metido en el microondas apenas había dado una vuelta cuando tiré de la puerta y lo saqué.
¬ó¬ŅQu√© es lo que he hecho mal? ¬óinquiri√≥ Charlie.
¬óSe supone que debes quitarle la tapa primero, pap√°. El metal no va bien en los microondas.
La retiré precipitadamente mientras hablaba; vertí la mitad de la salsa en un cuenco para luego introducirlo en el microondas y devolví el bote al frigorífico; ajusté el tiempo y apreté el botón del encendido.
Charlie observó mis arreglos con los labios fruncidos.
¬ó¬ŅPuse bien los espaguetis, al menos?
Miré la cacerola en el fogón, el origen del olor que me había alertado.
—Estarían mejor si los hubieras movido —repuse con dulzura.
Encontré una cuchara e intenté despegar el pegote blandengue y chamuscado del fondo.
Charlie suspiró.
¬óBueno, ¬Ņse puede saber qu√© intentas? ¬óle pregunt√©.
Cruzó los brazos sobre el pecho y miró la lluvia que caía a cántaros a través de las ventanas traseras.
¬óNo s√© de qu√© me hablas ¬ógru√Ī√≥.
Estaba perpleja. ¬ŅC√≥mo era que pap√° se hab√≠a puesto a cocinar? ¬ŅY a qu√© se deb√≠a esa actitud hosca? Edward todav√≠a no hab√≠a llegado. Por lo general, mi padre reservaba este tipo de actitud a beneficio de mi novio, haciendo cuanto estaba a su alcance para evidenciar con claridad la acusaci√≥n de persona no grata con cada una de sus posturas y palabras. Los esfuerzos de Charlie eran del todo innecesarios, ya que Edward sab√≠a con exactitud lo que mi padre pensaba sin necesidad de la puesta en escena.
Segu√≠ rumiando el t√©rmino ¬ęnovio¬Ľ con esa tensi√≥n habitual mientras remov√≠a la comida. No era la palabra correcta, en absoluto. Se necesitaba un t√©rmino mucho m√°s expresivo para el compromiso eterno, pero palabras como ¬ędestino¬Ľ y ¬ęsino¬Ľ sonaban muy mal cuando las introduc√≠as en una conversaci√≥n corriente.
Edward tenía otra palabra en mente y ese vocablo era el origen de la tensión que yo sentía. Sólo pensarla me daba dentera.
Prometida. Ag. La simple idea me hacía estremecer.
¬ó¬ŅMe he perdido algo? ¬ŅDesde cu√°ndo eres t√ļ el que hace la cena? ¬óle pregunt√© a Charlie. El grumo de pasta burbujeaba en el agua hirviendo mientras intentaba desle√≠rlo¬ó. O m√°s bien habr√≠a que decir, ¬ęintentar¬Ľ hacer la cena.
Charlie se encogió de hombros.
¬óNo hay ninguna ley que me prohiba cocinar en mi propia casa.
¬óT√ļ sabr√°s ¬óle repliqu√©, haciendo una mueca mientras miraba la insignia prendida en su chaqueta de cuero.
¬óJa. Esa ha sido buena.
Se desprendi√≥ de la chaqueta con un encogimiento de hombros porque mi mirada le hab√≠a recordado que a√ļn la llevaba puesta, y la colg√≥ del perchero donde guardaba sus b√°rtulos. El cintur√≥n del arma ya estaba en su sitio, pues hac√≠a unas cuantas semanas que no hab√≠a tenido necesidad de llevarlo a comisar√≠a. No se hab√≠an dado m√°s desapariciones inquietantes que preocuparan a la peque√Īa ciudad de Forks, Washington, ni m√°s avistamientos de esos gigantescos y misteriosos lobos en los bosques siempre h√ļmedos a causa de la pertinaz lluvia...
Pinch√© los espaguetis en silencio, suponiendo que Charlie andar√≠a de un lado para otro hasta que hablara, cuando le pareciera oportuno, de aquello que le ten√≠a tan nervioso. Mi padre no era un hombre de muchas palabras y el esfuerzo de organizar una cena, con los manteles puestos y todo, me dej√≥ bien claro que le rondaba por la cabeza un n√ļmero poco frecuente de palabras.
Miré el reloj de forma rutinaria, algo que solía hacer a esas horas cada pocos minutos. Me quedaba menos de media hora para irme.
Las tardes eran la peor parte del d√≠a para m√≠. Desde que mi antiguo mejor amigo, y hombre lobo, Jacob Black, se hab√≠a chivado de que hab√≠a estado montando en moto a escondidas ?una traici√≥n que hab√≠a ideado para conseguir que mi padre no me dejura salir y no pudiera estar con mi novio, y vampiro, Edward Cullen?, s√≥lo me permit√≠an ver a este √ļltimo desde las siete hasta las nueve y media de la noche, siempre dentro de los l√≠mites de las paredes de mi casa y bajo la supervisi√≥n de la mirada indefectiblemente refunfu√Īona de mi padre.
En realidad, Charlie se había limitado a aumentar un castigo previo, algo menos estricto, que me había ganado por una desaparición sin explicación de tres días y un episodio de salto de acantilado.
De todos modos, segu√≠a viendo a Edward en el instituto, porque no hab√≠a nada que mi progenitor pudiera hacer al respecto. Y adem√°s, Edward pasaba casi todas las noches en mi habitaci√≥n, aunque Charlie no tuviera conocimiento del hecho. Su habilidad para escalar con facilidad y silenciosamente hasta mi ventana en el segundo piso era casi tan √ļtil como su capacidad de leer la mente de mi padre.
Por ello, s√≥lo pod√≠a estar con mi novio por las tardes, y eso bastaba para tenerme inquieta y para que las horas pasaran despacio. Aguantaba mi castigo sin una sola queja, ya que, por una parte, me lo hab√≠a ganado, y por otra, no soportaba la idea de hacerle da√Īo a mi padre march√°ndome ahora que se avecinaba una separaci√≥n mucho m√°s permanente, de la que √©l no sab√≠a nada, pero que estaba tan cercana en mi horizonte.
Mi padre se sent√≥ en la mesa con un gru√Īido y despleg√≥ el peri√≥dico h√ļmedo que hab√≠a all√≠; a los pocos segundos estaba chasqueando la lengua, disgustado.
¬óNo s√© para qu√© lees las noticias, pap√°. Lo √ļnico que consigues es fastidiarte.
Me ignor√≥, refunfu√Ī√°ndole al papel que sosten√≠a en las manos.
¬ó√Čste es el motivo por el que todo el mundo quiere vivir en una ciudad peque√Īa. ¬°Es temible!
¬ó¬ŅY qu√© tienen ahora de malo las ciudades grandes?
¬óSeattle est√° echando una carrera a ver si se convierte en la capital del crimen del pa√≠s. En las √ļltimas dos semanas ha habido cinco homicidios sin resolver. ¬ŅTe puedes imaginar lo que es vivir con eso?
¬óCreo que Phoenix se encuentra bastante m√°s arriba en cuanto a listas de homicidios, pap√°, y yo s√≠ he vivido con eso ¬óy nunca hab√≠a estado m√°s cerca de convertirme en v√≠ctima de uno que cuando me mud√© a esta peque√Īa ciudad, tan segura. De hecho, todav√≠a ten√≠a bastantes peligros acech√°ndome a cada momento... La cuchara me tembl√≥ en las manos, agitando el agua.
—Bueno, pues no hay dinero que pague eso —comentó Charlie.
Dej√© de intentar salvar la cena y me sent√© para servirla; tuve que usar el cuchillo de la carne para poder cortar una raci√≥n de espaguetis para Charlie y otra para m√≠, mientras √©l me miraba con expresi√≥n avergonzada. Mi padre cubri√≥ su porci√≥n con salsa y comenz√≥ a comer. Yo tambi√©n disimul√© aquel engrudo como pude y segu√≠ su ejemplo sin mucho entusiasmo. Comimos en silencio unos instantes. Charlie todav√≠a revisaba las noticias, as√≠ que tom√© mi manoseado ejemplar de Cumbres borrascosas de donde lo hab√≠a dejado en el desayuno e intent√© perderme a mi vez en la Inglaterra del cambio de siglo, mientras esperaba que en alg√ļn momento √©l empezara a hablar.
Estaba justo en la parte del regreso de Heathcliff cuando Charlie se aclaró la garganta y arrojó el periódico al suelo.
—Tienes razón —admitió—. Tenía un motivo para hacer esto —movió su tenedor de un lado para otro entre la pasta gomosa—. Quería hablar contigo.
Deje el libro a un lado. Tenía las cubiertas tan vencidas que se quedo abierto sobre la mesa.
¬óBastaba con que lo hubieras hecho.
El asintió y frunció las cejas.
—Si lo recordaré para la próxima vez. Creía que haciendo la cena por ti te ablandaría un poco.
Me eche a reír.
¬óPues ha funcionado. Tus habilidades culinarias me han dejajado como la seda. ¬ŅQu√© quieres, pap√°?
¬óBueno, tiene que ver con Jacob.
Sentí cómo se endurecía la expresión de mi rostro.
¬ó¬ŅQu√© es lo que pasa con √©l? ¬ópregunt√© entre los labios apretados.
¬óS√© que a√ļn est√°is enfadados por lo que te hizo, pero actu√≥ de modo correcto. Estaba siendo responsable.
¬óResponsable ¬órepet√≠ con tono mordaz mientras pon√≠a los ojos en blanco¬ó. Vale, bien, y ¬Ņqu√© pasa con √©l?
Esa pregunta que hab√≠a formulado de modo casual se repet√≠a dentro de mi mente de forma menos trivial. ¬ŅQu√© pasaba con Jacob? ¬ŅQu√© iba a hacer con √©l? Mi antiguo mejor amigo que ahora era... ¬Ņqu√©? ¬ŅMi enemigo? Me iba a dar algo.
El rostro de Charlie se volvi√≥ s√ļbitamente precavido.
¬óNo te pongas furiosa conmigo, ¬Ņde acuerdo?
¬ó¬ŅFuriosa?
—Bueno, también tiene que ver con Edward.
Se me empeque√Īecieron los ojos. La voz de Charlie se volvi√≥ brusca.
¬óLe he dejado entrar en casa, ¬Ņno?
¬óLo has hecho ¬óadmit√≠¬ó, pero por periodos de tiempo muy peque√Īos. Claro, tambi√©n me has dejado salir a ratos de vez en cuando ¬ócontinu√©, aunque en plan de broma; sab√≠a que estaba encerrada hasta que se acabara el curso¬ó. La verdad es que me he portado bastante bien √ļltimamente.
—Bueno, pues ahí quería yo llegar, más o menos...
Y entonces la cara de Charlie se frunci√≥ con una sonrisa y un gui√Īo de ojos inesperado; por unos instantes pareci√≥ veinte a√Īos m√°s joven. Entrev√≠ una oscura y lejana posibilidad en aquella sonrisa, pero opt√© por no precipitarme.
¬óMe estoy liando, pap√°. ¬ŅEstamos hablando de Jacob, de Edward o de mi encierro?
La sonrisa flameó de nuevo.
¬óUn poco de las tres cosas.
¬ó¬ŅY c√≥mo se relacionan entre s√≠? ¬ópregunt√© con cautela.
—Vale —suspiró mientras alzaba las manos simulando una rendición—. Creo que te mereces la libertad condicional por buen comportamiento. Te quejas sorprendentemente poco para ser una adolescente.
Alcé las cejas y el tono de voz al mismo tiempo.
¬ó¬ŅDe verdad? ¬ŅPuedo salir?
¬ŅA qu√© ven√≠a todo esto? Me hab√≠a resignado a estar bajo arresto domiciliario hasta que me mudara de forma definitiva y Edward no hab√≠a detectado ning√ļn cambio en los pensamientos de Charlie...
Mi padre levantó un dedo.
—Pero con una condición.
Mi entusiasmo se desvaneció.
¬óFant√°stico ¬ógru√Ī√≠.
¬óBella, esto es m√°s una petici√≥n que una orden, ¬Ņvale? Eres libre, pero espero que uses esta libertad de forma... juiciosa.
¬ó¬ŅY qu√© significa eso?
Suspiró de nuevo.
¬óS√© que te basta con pasar todo tu tiempo en compa√Ī√≠a de Edward...
—También veo a Alice —le interrumpí. La hermana de Edward no tenía unas horas limitadas de visita, ya que iba y venía a su antojo. Charlie hacía lo que a ella le daba la gana.
¬óEs cierto ¬óasinti√≥¬ó, pero t√ļ tambi√©n tienes otros amigos adem√°s de los Cullen, Bella. O al menos los ten√≠as.
Nos miramos fijamente el uno al otro durante un largo intervalo de tiempo.
¬ó¬ŅCu√°ndo fue la √ļltima vez que viste a Angela Weber? ¬óme increp√≥.
—El viernes a la hora de comer —le contesté de forma instantanea.
Antes del regreso de Edward, mis amigos se hab√≠an dividido en dos grupos. A m√≠ me gustaba pensar en ello en t√©rminos de los buenos contra los malos. Tambi√©n en plan de ¬ęnosotros¬Ľ y ¬ęellos¬Ľ. Los buenos eran Angela, su novio Ben Cheney y Mike Newton; Todos me hab√≠an perdonado generosamente por haber enloquecido despu√©s de la marcha de Edward. Lauren Mallory era el n√ļcleo de los malos, de ¬ęellos¬Ľ, y casi todos los dem√°s, incluyendo mi primera amiga en Forks, Jessica Stanley, parec√≠an felices de llevar al d√≠a su agenda anti-Bella.
La línea divisoria se había vuelto incluso más nítida una vez que Edward regresó al instituto, un retorno que se había cobrado su tributo en la amistad de Mike, aunque Angela continuaba inquebrantablemente leal y Ben seguía su estela.
A pesar de la aversión natural que la mayoría de los humanos sentía hacia los Cullen, Angela se sentaba de manera diligente al lado de Alice todos los días a la hora de comer. Después de unas cuantas semanas, Angela incluso parecía encontrarse cómoda allí. Era difícil no caer bajo el embrujo de los Cullen, una vez que alguien les daba la oportunidad de ser encantadores.
¬ó¬ŅFuera del colegio? ¬óme pregunt√≥ Charlie, atrayendo de nuevo mi atenci√≥n.
¬óNo he podido ver a nadie fuera del colegio, pap√°. Estoy castigada, ¬Ņte acuerdas? Y Angela tambi√©n tiene novio, siempre est√° con Ben. Si realmente llego a estar libre ¬óa√Īad√≠, acentuando mi escepticismo¬ó, quiz√°s podamos salir los cuatro.
¬óVale, pero entonces... ¬ódud√≥¬ó. Jake y t√ļ parec√≠ais muy unidos, y ahora...
Le corté.
¬ó¬ŅQuieres ir al meollo de la cuesti√≥n, pap√°? ¬ŅCu√°l es tu condici√≥n, en realidad?
—No creo que debas deshacerte de todos tus amigos por tu novio, Bella —espetó con dureza—. No está bien y me da la impresión de que tu vida estaría mejor equilibrada si hubiera más gente en ella. Lo que ocurrió el pasado septiembre... —me estremecí—. Bien —continuó, a la defensiva—, aquello no habría sucedido si hubieras tenido una vida aparte de Edward Cullen.
—No fue exactamente así —murmuré.
¬óQuiz√°, a lo mejor no.
¬ó¬ŅCu√°l es la condici√≥n? ¬óle record√©.
—Que uses tu nueva libertad para verte también con otros amigos. Que mantengas el equilibrio.
Asentí con lentitud.
¬óEl equilibrio es bueno, pero, entonces, ¬Ņdebo cubrir alguna cuota espec√≠fica de tiempo con ellos?
Hizo una mueca, pero sacudió la cabeza.
¬óNo quiero que esto se complique de modo innecesario. Simplemente, no olvides a tus amigos...
√Čste era un dilema con el que yo ya hab√≠a comenzado a luchar. Mis amigos. Gente a la que, por su propia seguridad, tendr√≠a que no volver a ver despu√©s de la graduaci√≥n.
As√≠ que, ¬Ņcu√°l era el mejor curso de acci√≥n? ¬ŅPasar el tiempo con ellos mientras pudiera o comenzar ya la separaci√≥n, para hacerla m√°s gradual? Me echaba a temblar ante la segunda opci√≥n.
¬ó...en especial, a Jacob ¬óa√Īadi√≥ Charlie antes de que mis pensamientos avanzaran m√°s.
Y √©ste era un dilema mayor a√ļn que el anterior. Me llev√≥ unos momentos encontrar las palabras adecuadas.
—Jacob..., eso puede ser difícil.
¬óLos Black pr√°cticamente son nuestra familia, Bella ¬ódijo, severo y paternal a la vez¬ó. Y Jacob ha sido muy, muy amigo tuyo.
—Ya lo sé.
¬ó¬ŅNo le echas de menos ni un poco? ¬ópregunt√≥ Charlie, frustrado.
Se me cerró la garganta de forma repentina; tuve que aclarármela un par de veces antes de contestar.
—Sí, claro que le echo de menos —admití, todavía con la vista baja—. Le echo mucho de menos.
¬óEntonces, ¬Ņd√≥nde est√° el problema?
Eso era algo que no le podía explicar. Iba contra las normas de la gente normal ?normal como Charlie o yo misma? conocer el mundo clandestino lleno de criaturas míticas y monstruos que existían en secreto a nuestro alrededor. Yo sabía todo lo que había que saber sobre ese mundo, y ello me había causado no pocos problemas. No tenía la más mínima intención de poner a Charlie en el mismo brete.
—Con Jacob hay... un inconveniente —contesté lentamente—. Tiene que ver con el mismo concepto de amistad. Quiero decir... La amistad no parece ser suficiente para Jake —eludí los detalles ciertos, pero insignificantes, apenas trascendentes comparados con el hecho de que la manada de licántropos de Jacob odiaba fieramente a la familia de vampiros de Edward, y por extensión, a mí también, que estaba del todo decidida a pertenecer a ella. Esto no era algo que se pudiera tratar en una nota, y él no respondía a mis llamadas. Sin embargo, mi plan de verme con el hombre lobo en persona les había sentado fatal a los vampiros.
¬ó¬ŅEdward no est√° de acuerdo con un poco de sana competencia? ¬óla voz de Charlie se hab√≠a vuelto sarc√°stica ahora.
Le eché una mirada siniestra.
¬óNo hay competencia de ning√ļn tipo.
¬óEst√°s hiriendo los sentimientos de Jake al evitarle de este modo. √Čl preferir√≠a que fuerais amigos mejor que nada.
¬óAh, ¬Ņsoy yo la que le est√° rehuyendo? Estoy segura de que Jake no quiere que seamos amigos de ninguna manera ¬ólas palabras me quemaban la boca¬ó. ¬ŅDe d√≥nde te has sacado esa idea, entonces?
Charlie ahora parecía avergonzado.
—El asunto salió hoy a colación mientras hablaba con Billy...
¬óBilly y t√ļ cotille√°is como abuelas ¬óme quej√©, enfadada, al tiempo que hund√≠a el cuchillo en los espaguetis congelados de mi plato.
—Billy está preocupado por Jacob —contestó Charlie—. Jake lo está pasando bastante mal... Parece deprimido.
Hice un gesto de dolor, pero continué con los ojos fijos en el engrudo.
¬óY antes, t√ļ sol√≠as mostrarte tan feliz despu√©s de haber pasado el d√≠a con Jake... ¬ósuspir√≥ Charlie.
¬óSoy feliz ahora ¬ógru√Ī√≠ ferozmente entre dientes.
El contraste entre mis palabras y el tono de mi voz rompió la tensión. Charlie se echó a reír a carcajadas y yo me uní a él.
—Vale, vale —asentí—. Equilibrio.
—Y Jacob —insistió él.
—Lo intentaré.
¬óBien. Encuentra ese equilibrio, Bella. Ah, y mira, tienes correo ¬ódijo Charlie cerrando el asunto sin ninguna sutileza¬ó. Est√° al lado de la cocina.
No me mov√≠, pero mis pensamientos gru√Ī√≠an y se retorc√≠an en torno al nombre de Jacob. Seguramente ser√≠a correo basura; hab√≠a recibido un paquete de mi madre el d√≠a anterior y no esperaba nada m√°s.
Charlie retiró su silla y se estiró cuando se puso en pie. Tomó su plato y lo llevó al fregadero, pero antes de abrir el grifo del agua para enjuagarlo, me trajo un grueso sobre. La carta se deslizó por la mesa y me golpeó el codo.
—Ah, gracias —murmuré, sorprendida por su actitud avasalladora. Entonces vi el remite; la carta venía de la Universidad del Sudeste de Alaska—. Qué rápidos. Creí que se me había pasado el plazo de entrega de ésta también.
Charlie rió entre dientes.
Le di la vuelta al sobre y luego levanté la vista hacia él.
¬óEst√° abierto.
—Tenía curiosidad.
—Me ha dejado atónita, sheriff. Eso es un crimen federal.
—Venga ya, léela.
Saqué la carta y un formulario doblado con los cursos.
—Felicidades —dijo antes de que pudiera ojearla—. Tu primera aceptación.
¬óGracias, pap√°.
—Hemos de hablar de la matrícula. Tengo un poco de dinero ahorrado...
¬óEh, eh, nada de eso. No voy a tocar el capital de tu retiro, pap√°. Tengo mi fondo universitario.
Bueno, al menos lo que quedaba de él, que no era mucho. Charlie torció el gesto.
—Esos sitios son bastante caros, Bella. Quiero ayudarte. No tienes que irte hasta Alaska, tan lejos, sólo porque sea más barato.
Pero no era m√°s barato, precisamente. La cuesti√≥n es que estaba bastante lejos y Juneau ten√≠a una media de trescientos veinti√ļn d√≠as de cielo cubierto al a√Īo. El primero era un requerimiento m√≠o; el segundo, de Edward.
—Ya lo tengo resuelto. Además, hay montones de ayudas financieras por ahí. Es fácil conseguir créditos.
Esper√© que mi farol no fuera demasiado obvio. Lo cierto es que a√ļn no hab√≠a investigado el asunto en absoluto.
—Así que... —comenzó Charlie, y luego apretó los labios y miró hacia otro lado.
¬óAs√≠ que, ¬Ņqu√©?
¬óNada. S√≥lo que... ¬ófrunci√≥ el ce√Īo¬ó. S√≥lo me preguntaba... cu√°les ser√≠an los planes de Edward para el a√Īo que viene.
¬óOh.
¬ó¬ŅY bien?
Me salvaron tres golpes rápidos en la puerta. Charlie puso los ojos en blanco y yo salté de la silla.
¬ó¬°Entra! ¬ógrit√©, mientras Charlie murmuraba algo parecido a ¬ęl√°rgate¬Ľ. Le ignor√© y fui a recibir a Edward.
Abrí la puerta de un tirón, con una precipitación ridicula, y allí estaba él, mi milagro personal.
El tiempo no había conseguido inmunizarme contra la perfección de su rostro y estaba segura de que nunca sabría valorar lo suficiente todos sus aspectos. Mis ojos se deslizaron por sus pálidos rasgos: la dureza de su mandíbula cuadrada, la suave curva de sus labios carnosos, torcidos ahora en una sonrisa, la línea recta de su nariz, el ángulo agudo de sus pómulos, la suavidad marmórea de su frente, oscurecida en parte por un mechón enredado de pelo broncíneo, mojado por la lluvia...
Dej√© sus ojos para lo √ļltimo, sabiendo que perder√≠a el hilo de mis pensamientos en cuanto me sumergiera en ellos. Eran grandes, c√°lidos, de un l√≠quido color dorado, enmarcados por unas espesas pesta√Īas negras. Asomarme a sus pupilas siempre me hac√≠a sentir de un modo especial, como si mis huesos se volvieran esponjosos. Tambi√©n me not√© ligeramente mareada, pero quiz√°s eso se debi√≥ a que hab√≠a olvidado seguir respirando. Otra vez.
Era un rostro por el que cualquier modelo del mundo hubiera entregado su alma; pero claro, sin duda ése sería precisamente el precio que habría de pagar: el alma.
No. No pod√≠a creer aquello. Me sent√≠a culpable s√≥lo por pensarlo y en ese momento me alegr√© de ser ?a menudo me suced√≠a? la √ļnica persona cuyos pensamientos constitu√≠an un misterio para Edward.
Le tom√© la mano y suspir√© cuando sus dedos fr√≠os se encontraron con los m√≠os. Su tacto trajo consigo un extra√Īo alivio, como si estuviera dolorida y el da√Īo hubiera cesado de repente.
¬óEh ¬ósonre√≠ un poco para compensarle de tan fr√≠a acogida. √Čl levant√≥ nuestros dedos entrelazados para acariciar mi mejilla con el dorso de su mano.
¬ó¬ŅQu√© tal te ha ido la tarde?
¬óLenta.
—Sí, también para mí.
Alz√≥ mi mu√Īeca hasta su rostro, con nuestras manos a√ļn unidas. Cerr√≥ los ojos mientras su nariz se deslizaba por la piel de mi mano, y sonri√≥ dulcemente sin abrirlos. Como alguna vez hab√≠a comentado, disfrutando del aroma, pero sin probar el vino.
Sab√≠a que el olor de mi sangre, m√°s dulce para √©l que el de ninguna otra persona, era realmente como si se le ofreciese vino en vez de agua a un alcoh√≥lico, y le causaba un dolor real por la sed ardiente que le provocaba; pero eso no parec√≠a arredrarle ahora, como s√≠ hab√≠a ocurrido al principio. Apenas pod√≠a intuir el esfuerzo herc√ļleo que encubr√≠a ese gesto tan sencillo.
Me entristecía que se viera sometido a esta prueba tan dura. Me consolaba pensando que no le infligiría este dolor durante mucho más tiempo.
Oí acercarse a Charlie, haciendo ruido con las pisadas; era su forma habitual de expresar el desagrado que sentía hacia nuestro visitante. Los ojos de Edward se abrieron de golpe y dejó caer nuestras manos aunque las mantuvo unidas.
—Buenas tardes, Charlie —Edward se comportaba siempre con una educación sin mácula, pese a que papá no lo mereciera.
Mi padre le gru√Ī√≥ y despu√©s se qued√≥ all√≠ de pie, con los brazos cruzados en el pecho. √öltimamente estaba llevando su idea de la supervisi√≥n paternal a extremos insospechados.
¬óHe tra√≠do otro juego de formularios ¬óme dijo Edward, ense√Īando un grueso sobre de papel manila en color crema. Llevaba un rollo de sellos como un anillo enroscado en su dedo me√Īique.
Gem√≠. Pero ¬Ņes que quedaba a√ļn alguna facultad que no me hubiera obligado a solicitar? ¬ŅY c√≥mo es que consegu√≠a encontrar todas esas lagunas legales en los plazos? El a√Īo estaba ya muy avanzado.
Sonrió como si realmente pudiera leer mis pensamientos, ya que éstos debían de mostrarse con igual claridad en mi rostro.
—Todavía nos quedan algunas fechas abiertas, y hay ciertos lugares que estarían encantados de hacer excepciones.
Podía imaginarme las motivaciones que habría detrás de tales excepciones. Y la cantidad de dólares involucrada, también.
Edward se echó a reír ante mi expresión.
¬ó¬ŅVamos? ¬óme pregunt√≥ mientras me empujaba hacia la mesa de la cocina.
Charlie se enfurru√Ī√≥ y nos sigui√≥, aunque dif√≠cilmente podr√≠a quejarse de la actividad prevista en la agenda de aquella noche. Llevaba ya un mont√≥n de d√≠as fastidi√°ndome para que tomara una decisi√≥n sobre la universidad.
Limpi√© r√°pidamente la mesa mientras Edward organizaba una pila impresionante de formularios. Enarc√≥ una ceja cuando puse Cumbres borrascosas en la encimera. Sab√≠a lo que estaba pensando, pero Charlie intervino antes de que pudiera hacer alg√ļn comentario.
¬óHablando de solicitudes de universidades, muchacho ¬ódijo con su tono m√°s hura√Īo; siempre intentaba evitar dirigirse a √©l directamente a Edward, pero cuando lo hac√≠a, le empeoraba el humor¬ó. Bella y yo est√°bamos hablando del pr√≥ximo a√Īo. ¬ŅHas decidido ya d√≥nde vas a continuar los estudios?
Edward le sonrió y su voz fue amable.
¬óTodav√≠a no. He recibido unas cuantas cartas de aceptaci√≥n, pero a√ļn estoy valorando mis opciones.
¬ó¬ŅD√≥nde te han aceptado? ¬ópresion√≥ √©l.
¬óSyracuse... Harvard... Dartmouth... y acabo de recibir hoy la de la Universidad del Sudeste de Alaska.
Edward gir√≥ levemente el rostro hacia un lado para gui√Īarme un ojo. Yo sofoqu√© una risita.
¬ó¬ŅHarvard? ¬ŅDartmouth? ¬ópregunt√≥ Charlie, incapaz de ocultar el asombro¬ó. Vaya, eso est√° muy bien, pero que muy bien. Ya, pero la Universidad de Alaska... realmente no la tendr√°s en cuenta cuando puedes acceder a estas estupendas universidades. Quiero decir que tu padre no querr√° que t√ļ...
—A Carlisle siempre le parecen bien mis decisiones sean las que sean —le contestó él con serenidad.
¬óHumpf.
¬ó¬ŅSabes qu√©, Edward? ¬ópregunt√© con voz alegre, sigui√©ndole el juego.
¬ó¬ŅQu√©, Bella?
Se√Īal√© el sobre grueso que descansaba encima de la encimera.
—¡Yo también acabo de recibir mi aceptación de la Universidad de Alaska!
—¡Felicidades! —esbozó una gran sonrisa—. ¡Qué coincidencia!
Charlie entornó los ojos y paseó la mirada del uno al otro.
—Estupendo —murmuró al cabo de un minuto—. Me voy a ver el partido, Bella. Recuerda, a las nueve y media.
Ese era siempre su comentario final.
¬óEsto..., pap√°, ¬Ņrecuerdas la conversaci√≥n que acabamos de tener sobre mi libertad...?
El suspiró.
¬óDe acuerdo. Vale, a las diez y media. El toque de queda contin√ļa en vigor las noches en que haya instituto al d√≠a siguiente.
¬ó¬ŅBella ya no est√° castigada? ¬ópregunt√≥ Edward. Aunque yo sab√≠a que √©l no estaba realmente sorprendido, no pude detectar ninguna nota falsa en el repentino entusiasmo de su voz.
¬óCon una condici√≥n ¬ócorrigi√≥ Charlie entre dientes¬ó. ¬ŅY a ti qu√© m√°s te da?
Le frunc√≠ el ce√Īo a mi padre, pero √©l no lo vio.
¬óEs bueno saberlo ¬órepuso Edward¬ó. Alice est√° deseando contar con una compa√Īera para ir de compras y estoy seguro de que a Bella le encantar√° un poco de ambiente urbano ¬óme sonri√≥.
Pero Charlie gru√Ī√≥ ¬ę¬°no!¬Ľ, y su rostro se torn√≥ p√ļrpura.
¬ó¬°Pap√°! Pero ¬Ņqu√© problema hay?
El hizo un esfuerzo para despegar los dientes.
¬óNo quiero que vayas a Seattle por ahora.
¬ó¬ŅEh?
¬óYa te cont√© aquella historia del peri√≥dico. Hay alguna especie de pandilla matando a todo lo que se les pone por delante en Scattle y quiero que te mantengas lejos, ¬Ņvale?
Puse los ojos en blanco.
—Papá, hay más probabilidades de que me caiga encima un rayo. Para un día que voy a estar en Seattle no me...
¬óDe acuerdo, Charlie ¬óintervino Edward, interrumpi√©ndome¬ó. En realidad, no me refer√≠a a Seattle, sino a Portland. No la llevar√≠a a Seattle de ning√ļn modo. Desde luego que no.
Le miré incrédula, pero tenía el periódico de Charlie en las manos y leía la página principal con sumo interés.
Quiz√°s estaba intentando apaciguar a mi padre. La idea de estar en peligro incluso entre los m√°s mort√≠feros de los humanos en compa√Ī√≠a de Alice o Edward era de lo m√°s hilarante.
Funcionó. Charlie miró a Edward un instante más y después se encogió de hombros.
¬óDe acuerdo.
Luego se marchó a zancadas hacia el salón, casi con prisa, quizá porque no quería estropear una salida teatral.
Esperé hasta que encendió la televisión, de modo que Charlie no pudiera oírme.
¬óPero ¬Ņqu√©...? ¬ócomenc√© a preguntar.
¬óEspera ¬ódijo Edward, sin levantar la mirada del papel. Ten√≠a los ojos a√ļn pegados a la p√°gina cuando empuj√≥ el primer formulario en mi direcci√≥n¬ó. Creo que puedes reciclar los otros escritos para √©ste. Tiene las mismas preguntas.
Quizá Charlie continuara a la escucha, por lo que suspiré y comencé a llenar la misma información de siempre: nombre, dirección, estado civil... Levanté los ojos después de unos minutos. Edward miraba a través de la ventana con gesto pensativo. Cuando volví a inclinar la cabeza sobre mi trabajo, me di cuenta de pronto del nombre de la facultad.
Resoplé y puse los papeles a un lado.
¬ó¬ŅBella?
¬óEsto no es serio, Edward. ¬ŅDartmouth?
Edward cogió el formulario desechado y me lo puso delante otra vez con amabilidad.
—Creo que New Hampshire podría gustarte —comentó—. Hay un montón de cursos complementarios para mí por la noche y los bosques están apropiadamente cerca para un excursionista entusiasta, y llenos de fauna salvaje.
Compuso la sonrisa torcida que sabía que no podía resistir. Inspiré profundamente a través de la nariz.
—Te dejaré que me devuelvas el dinero, si eso te hace feliz —me prometió—. Si quieres, puedo hasta cargarte los intereses.
¬óComo si me fueran a admitir en alguna de esas universidades sin el pago de un tremendo soborno. ¬ŅEntrar√° eso tambi√©n como parte del pr√©stamo? ¬ŅLa nueva ala Cullen de la biblioteca? Ag. ¬ŅPor qu√© estamos teniendo otra vez esta discusi√≥n?
¬óPor favor, simplemente rellena el formulario, ¬Ņvale, Bella? Hacer la solicitud no te causar√° ning√ļn da√Īo.
La mandíbula se me quedó floja.
¬ó¬ŅC√≥mo lo sabes? No pienso igual.
Alargué las manos para coger los papeles, pensando en arrugarlos de forma conveniente para tirarlos a la papelera, pero no estaban. Miré la mesa vacía un momento y después a Edward. No parecía que se hubiese movido, pero el formulario probablemente estaba ya guardado en su chaqueta.
¬ó¬ŅQu√© est√°s haciendo? ¬órequer√≠.
¬óRubrico con tu firma casi mejor que t√ļ, y ya has escrito los datos.
¬óTe est√°s pasando con esto, ¬Ņsabes? ¬ósusurr√©, por si acaso Charlie no estaba totalmente concentrado en su partido¬ó. No voy a escribir ninguna solicitud m√°s. Me han aceptado en Alaska y casi puedo pagar la matr√≠cula del primer semestre. Es una coartada tan buena como cualquier otra. No hay necesidad de tirar un mont√≥n de dinero, no importa cu√°nto sea.
Una expresión dolorida se extendió por su rostro.
¬óBella...
¬óNo empieces. Estoy de acuerdo en guardar las formas por el bien de Charlie, pero ambos sabemos que no voy a estar en condiciones de ir a la facultad el pr√≥ximo oto√Īo. Ni de estar en ning√ļn lugar cerca de la gente.
Mi conocimiento sobre los primeros a√Īos de un vampiro era bastante superficial. Edward nunca se hab√≠a explayado acerca de los detalles, ya que no era su tema favorito, pero me hab√≠a hecho a la idea de que no era id√≠lico precisamente. El autocontrol era, al parecer, una habilidad que se adquir√≠a con el tiempo. Estaba fuera de cuesti√≥n cualquier otra relaci√≥n que no fuera por correspondencia, a trav√©s del correo de la facultad.
¬óCre√≠a que el momento todav√≠a no estaba decidido ¬óme record√≥ Edward con suavidad¬ó. Puedes disfrutar de un semestre o dos de universidad. Hay un mont√≥n de experiencias humanas que a√ļn no has vivido.
—Las tendré luego.
—Después ya no serán experiencias humanas. No hay una segunda oportunidad para ser humano, Bella.
Suspiré.
¬óTienes que ser razonable respecto a la fecha, Edward. Es demasiado arriesgado para tomarlo a la ligera.
¬óA√ļn no hay ning√ļn peligro ¬óinsisti√≥ √©l.
Le fulmin√© con la mirada. ¬ŅNo hab√≠a peligro? Seguro. S√≥lo hab√≠a una s√°dica vampiresa intentando vengar la muerte de su compa√Īero con la m√≠a, preferiblemente utilizando alg√ļn m√©todo lento y tortuoso. ¬ŅA qui√©n le preocupaba Victoria? Y claro, tambi√©n estaban los Vulturis, la familia real de los vampiros con su peque√Īo ej√©rcito de guerreros, que insist√≠an en que mi coraz√≥n dejara de latir un d√≠a u otro en un futuro cercano, s√≥lo porque no estaba permitido que los humanos supieran de su existencia. Estupendo. No hab√≠a ninguna raz√≥n para dejarse llevar por el p√°nico.
Incluso con Alice manteniendo la vigilancia ?Edward confiaba en sus imprecisas visiones del futuro para concedernos un aviso con tiempo? era de locos correr el riesgo.
Además, ya había ganado antes esta discusión. La fecha para mi transformación, de forma provisional, se había situado para poco después de mi graduación en el instituto, apenas dentro de unas cuantas semanas.
Una fuerte punzada de malestar me atravesó el estómago cuando me di cuenta del poco tiempo que quedaba. Resultaba evidente lo necesario de estos cambios, sobre todo porque eran la clave para lo que yo quería más que nada en este mundo, pero era totalmente consciente de Charlie, sentado en la otra habitación, disfrutando de su partido, justo como cualquier otra noche. Y de mi madre Renée, allá lejos en la soleada Florida, que todavía me suplicaba que pasara el verano en la playa con ella y su nuevo marido. Y de Jacob que, a diferencia de mis padres, sí sabría con exactitud lo que estaría ocurriendo cuando yo desapareciera en alguna universidad lejana. Incluso aunque ellos no concibieran sospechas durante mucho tiempo, o yo pudiera evitar las visitas con excusas sobre lo caro de los viajes, mis obligaciones con los estudios o alguna enfermedad, Jacob sabría la verdad.
Durante un momento, la idea de la repulsión que inspiraría a Jacob se sobrepuso a cualquier otra pena.
¬óBelia ¬ómurmur√≥ Edward, con el rostro convulso al leer la aflicci√≥n en el m√≠o¬ó, no hay prisa. No dejar√© que nadie te haga da√Īo. Puedes tomarte todo el tiempo que quieras.
—Quiero darme prisa —susurré, sonriendo débilmente, e intentando hacer un chiste—. Yo también deseo ser un monstruo.
Apretó los dientes y habló a través de ellos.
¬óNo tienes idea de lo que est√°s diciendo.
De golpe, puso el peri√≥dico h√ļmedo sobre la mesa, entre nosotros. Su dedo se√Īal√≥ el encabezamiento de la p√°gina principal.
SE ELEVA EL N√öMERO DE
V√ćCTIMAS MORTALES, LA
POLIC√ćA TEME LA IMPLICACI√ďN
DE BANDAS CRIMINALES
¬ó¬ŅY qu√© tiene esto que ver con lo que estamos hablando?
¬óLos monstruos no son cosa de risa, Bella.
Miré el título otra vez, y después volví la mirada a su expresión endurecida.
¬ó¬ŅEs un... vampiro quien ha hecho esto? ¬ómurmur√©.
√Čl sonri√≥ sin un √°pice de alegr√≠a. Su voz era ahora baja y fr√≠a.
—Te sorprenderías, Bella, de cuan a menudo los de mi especie somos el origen de los horrores que aparecen en tus noticias humanas. Son fáciles de reconocer cuando sabes dónde mirar. Esta información indica que un vampiro recién transformado anda suelto en Seattle. Sediento de sangre, salvaje y descontrolado, tal y como lo fuimos todos.
Refugié mi mirada en el periódico otra vez, evitando sus ojos.
—Hemos estado vigilando la situación desde hace unas semanas. Ahí están todos los signos, las desapariciones insólitas, siempre de noche, los pocos cadáveres recuperados, la falta de otras evidencias... Sí, un neófito. Y parece que nadie se está haciendo responsable de él —inspiró con fuerza—. Bien, no es nuestro problema. No podemos ni siquiera prestar atención a la situación hasta que no se nos acerque más a casa. Esto pasa siempre. La existencia de monstruos no deja de tener consecuencias monstruosas.
Intenté no fijarme en los nombres del periódico, pero resaltaban entre el resto de la letra impresa como si estuvieran en negrita. Cinco personas cuya vida había terminado y cuyas familias lloraban su muerte. Es diferente considerar el asesinato en abstracto que cuando tiene nombre y apellidos. Maureen Gardiner, Geoífrey Campbell, Grace Razi, Michelle O'Connell, Ronald Albrook. Gente que tenía padres, hijos, amigos, animales domésticos, trabajos, esperanzas, planes, recuerdos y un futuro...
¬óA m√≠ no me suceder√° lo mismo ¬ómurmur√©, casi para m√≠ misma¬ó. T√ļ no dejar√°s que me comporte as√≠. Viviremos en la Ant√°rtida.
Edward bufó, rompiendo la tensión.
¬óPing√ľinos. Maravilloso.
Me ech√© a re√≠r con una risa temblorosa y tir√© el peri√≥dico fuera de la mesa, de modo que no tuviera que ver esos nombres; golpe√≥ el lin√≥leo con un ruido sordo. Sin duda, Edward habr√≠a tenido en cuenta las posibilidades de caza. √Čl y su familia ¬ęvegetariana¬Ľ ?todos comprometidos con la protecci√≥n de la vida humana? prefer√≠an el sabor de los grandes predadores para satisfacer las necesidades de su dieta.
¬óAlaska, entonces, tal como hab√≠amos planeado. S√≥lo que nos vendr√≠a mejor algo mucho m√°s lejano que Juneau, alg√ļn sitio con osos en abundancia.
—Mejor —consintió él—. También hay osos polares. Son muy fieros. Y también abundan los lobos.
Se me quedó la boca abierta y expiré todo el aire de golpe, de forma violenta.
¬ó¬ŅQu√© hay de malo? ¬óme pregunt√≥. Antes de que pudiera recuperarme, comprendi√≥ la confusi√≥n y todo su cuerpo pareci√≥ ponerse r√≠gido¬ó. Vaya, olv√≠date de los lobos, entonces, si la idea te repugna ¬ósu voz sonaba forzada, formal, y ten√≠a los hombros r√≠gidos.
—Era mi mejor amigo, Edward —susurré. Dolía usar el tiempo pasado—. Por supuesto que me desagrada la idea.
—Perdona mi falta de consideración —dijo, todavía de modo muy formal—. No debería haberlo sugerido.
¬óNo te preocupes.
Me mir√© las manos, cerradas en dos pu√Īos sobre la mesa.
Nos sentamos en silencio durante un momento, y después su dedo frío se deslizó bajo mi barbilla, elevándome el rostro. Su expresión era ahora mucho más dulce.
¬óLo siento. De verdad.
—Lo sé. Sé que no es lo mismo. No debería haber reaccionado de ese modo. Es sólo que..., bueno, estaba pensando justo en Jacob antes de que vinieras —dudé. Sus ojos leonados parecían oscurecerse un poco siempre que escuchaba el nombre de Jacob. Mi voz se tornó suplicante en respuesta—. Charlie dice que Jacob lo está pasando mal. Se siente muy dolido y... es por mi culpa.
¬óT√ļ no has hecho nada malo, Bella.
Tomé un largo trago de aire.
¬óHe de hacer las cosas mejor, Edward. Se lo debo. Y de todos modos, es una de las condiciones de Charlie...
Su rostro cambió mientras hablaba, endureciéndose de nuevo, volviéndose como el de una estatua.
¬óYa sabes que est√° fuera de discusi√≥n que andes con un lic√°ntropo sin protecci√≥n, Bella. Y el tratado se romper√≠a si alguno de nosotros atraves√°ramos sus tierras. ¬ŅQuieres que empecemos una guerra?
¬ó¬°Claro que no!
¬óPues entonces no hay necesidad de discutir m√°s sobre esto ¬ódej√≥ caer la mano y mir√≥ hacia otro lado, buscando cambiar de tema. Sus ojos se pararon en alg√ļn lugar detr√°s de m√≠ y sonri√≥, aunque continuaron precavidos¬ó. Me alegra que Charlie te deje salir. Tienes realmente necesidad de hacerle una visita a la librer√≠a. No me puedo creer que te est√©s leyendo otra vez Cumbres borrascosas. Pero ¬Ņes que no te lo sabes de memoria ya?
—No todos tenemos memoria fotográfica —le contesté, en tono cortés.
—Memoria fotográfica o no, me cuesta entender que te guste. Los personajes son gente horrible que se dedica a arruinar la vida de los demás. No comprendo cómo se ha terminado poniendo a Heathcliff y Cathy a la altura de parejas como Romeo y Julieta o Elizabeth Bennet y Darcy. No es una historia de amor, sino de odio.
¬óT√ļ tienes serios problemas con los cl√°sicos ¬óle repliqu√©.
¬óQuiz√°s es porque no me impresiona la antig√ľedad de las cosas ¬ósonri√≥, evidentemente satisfecho al pensar que hab√≠a conseguido distraerme¬ó. Pero de verdad, en serio, ¬Ņpor qu√© lo lees una y otra vez? ¬ósus ojos se llenaron de vitalidad, encendidos por un s√ļbito inter√©s, intentando, otra vez, desentra√Īar la intrincada forma de trabajar de mi mente. Se inclin√≥ a lo largo de la mesa para acunar mi rostro en su mano¬ó. ¬ŅQu√© es lo que tiene que te interesa tanto?
Su sincera curiosidad me desarmó.
—No estoy segura —le contesté, luchando por mantener la coherencia mientras su mirada, de forma involuntaria, dispersaba mis pensamientos—. Creo que tiene que ver con el concepto de lo inevitable. El hecho de que nada puede separarlos, ni el egoísmo de ella, ni la maldad de él, o incluso la muerte, al final...
Su rostro se volvió pensativo mientras sopesaba mis palabras. después de un momento sonrió con ganas de burla.
¬óSigo pensando que ser√≠a una historia mejor si alguno de ellos poseyera alguna cualidad que lo redimiese. Espero que t√ļ tengas m√°s sentido com√ļn que eso, que enamorarte de algo tan... maligno.
¬óEs un poco tarde para m√≠ el ponerme a considerar de qui√©n enamorarme ¬óle se√Īal√©¬ó, pero incluso sin necesidad de la advertencia, creo que me he apa√Īado bastante bien.
Se rió en silencio.
¬óMe alegra que pienses eso.
—Bien, y yo espero que seas lo suficientemente listo para mantenerte lejos de alguien tan egoísta. Catherine es realmente el origen de todo el problema, no Heathcliff.
—-Estaré en guardia —me prometió.
Suspiré. Se le daba muy bien distraerme.
Puse mi mano sobre la suya para sostenerla contra mi rostro.
¬óNecesito ver a Jacob.
Cerró los ojos.
¬óNo.
¬óEn realidad, no es tan peligroso ¬óle dije, en tono de s√ļplica¬ó. Sol√≠a pasarme antes el d√≠a en La Push, con todos ellos, y nunca me ocurri√≥ nada.
Pero ahí cometí un desliz. La voz me falló al final cuando me di cuenta de que estaba diciendo una mentira. No era verdad que no hubiera pasado nada. Un recuerdo relampagueó en mi mente, el de un enorme lobo gris acuclillado para saltar, con sus dientes, afilados como dagas, dirigidos hacia mí..., y las palmas de mis manos comenzaron a sudar con el eco del pánico en mi memoria.
Edward oyó cómo se aceleraba mi corazón y asintió como si yo hubiera reconocido la mentira en voz alta.
¬óLos lic√°ntropos son inestables. Algunas veces, la gente que est√° cerca de ellos termina herida. Algunas otras veces, incluso muerta.
Quería negarlo, pero otra imagen detuvo mi refutación. Vi en mi mente de nuevo el que alguna vez fue el bello rostro de Emily Young, ahora marcado por un trío de cicatrices oscuras que arrancaban de la esquina de su ojo derecho y habían deformado su boca hasta convertirla para siempre en una mueca torcida.
El esperó, triunfante pero triste, a que yo recobrara la voz.
—No los conoces —murmuré.
¬óLos conozco mejor de lo que crees, Bella. Estuve aqu√≠ la √ļltima vez.
¬ó¬ŅLa √ļltima vez?
¬óLlevamos cruz√°ndonos con los hombres lobo desde hace setenta a√Īos. Nos acab√°bamos de establecer cerca de Hoquiam. Fue antes de que llegaran Alice y Jasper. Los sobrepas√°bamos en n√ļmero, pero eso no los hubiera frenado a la hora de luchar si no hubiera sido por Carlisle. Se las compuso para convencer a Ephraim Black de que la coexistencia era posible y por ese motivo hicimos el pacto.
El nombre del tatarabuelo de Jacob me sorprendió.
¬óCre√≠amos que su linaje hab√≠a muerto con Ephraim ¬ósusurr√≥ Edward, y sonaba casi como si estuviera hablando consigo mismo¬ó, que la mutaci√≥n gen√©tica que permit√≠a la transformaci√≥n hab√≠a desaparecido con √©l ¬óse interrumpi√≥ y me mir√≥ de forma acusadora¬ó. Pero tu mala suerte parece que se acrecienta cada vez m√°s. ¬ŅTe das cuenta de que tu atracci√≥n insaciable por todo lo letal ha sido lo suficientemente fuerte como para hacer retornar de la extinci√≥n a una manada de c√°nidos mutantes? Desde luego, si pudi√©ramos embotellar tu mala fortuna, tendr√≠amos entre manos un arma de destrucci√≥n masiva.
Pas√© de sus ganas de tomarme el pelo, ya que me hab√≠a llamado la atenci√≥n su suposici√≥n: ¬Ņlo dec√≠a en serio?
¬óPero yo no les he hecho regresar, ¬Ņno te das cuenta?
¬ó¬ŅCuenta de qu√©?
—Mi pésima suerte no tiene nada que ver con eso. Los licántropos han regresado cuando lo han hecho los vampiros.
Kdward me clavó la mirada, con el cuerpo inmovilizado por la sorpresa.
—Jacob me dijo que la presencia de tu familia fue lo que precipitó todo. Pensé que estabas informado...
Entrecerró los ojos.
¬ó¬ŅY eso es lo que piensan?
¬óEdward, atiende a los hechos. Vinisteis hace setenta a√Īos y aparecieron los lic√°ntropos; volv√©is ahora y aparecen de nuevo. ¬ŅNo te das cuenta de que es m√°s que una coincidencia?
Pesta√Īe√≥ y su mirada se relaj√≥.
—Esa teoría le va a parecer a Carlisle muy interesante.
—Teoría —contesté con mala cara.
Se quedó en silencio un momento, mirando sin ver la lluvia, a través de la ventana. Supuse que estaría ponderando el hecho de que fuera la presencia de su familia la que estuviera convirtiendo a los locales en lobos gigantes.
¬óInteresante, aunque no cambia nada ¬ómurmur√≥ tras un instante¬ó. La situaci√≥n contin√ļa como est√°.
Traduje esto con bastante facilidad: nada de amigos lic√°ntropos.
Sabía que debía ser paciente con Edward. La cuestión no estaba en que fuera irrazonable, sino en que simplemente, no lo entendía. No tenía idea de cuánto era lo que le debía a Jacob Black, varias veces mi vida, y quizá también, mi cordura.
No quer√≠a hablar con nadie acerca de aquel tiempo yermo y est√©ril, y menos a√ļn con √©l, que con su marcha s√≥lo hab√≠a intentado defenderme, salvar mi alma. No pod√≠a considerarle culpable por todas aquellas estupideces que yo hab√≠a cometido en su ausencia, o del dolor que hab√≠a sufrido.
Pero él sí.
Por ello tenía que poner mis ideas en palabras con muchísimo cuidado.
Me levanté y caminé alrededor de la mesa. Me abrió los brazos y yo me senté en el regazo de mi novio, acurrucándome dentro de su frío y pétreo abrazo. Le miré las manos mientras hablaba.
¬óPor favor, s√≥lo esc√ļchame un minuto. Esto es algo mucho m√°s importante que el capricho de no querer desprenderse de un viejo amigo. Jacob est√° sufriendo ¬ómi voz tembl√≥ al pronunciar la palabra¬ó. No puedo dejar de ayudarle ahora, justo cuando me necesita, simplemente porque no es humano todo el tiempo. Estuvo a mi lado cuando yo me hab√≠a convertido tambi√©n en... algo no del todo humano. No te haces una idea de c√≥mo fue... ¬ódud√©, porque los brazos de Edward se hab√≠an puesto r√≠gidos a mi alrededor, con los pu√Īos cerrados y los tendones resaltando¬ó. Si Jacob no me hubiera ayudado... No estoy segura de qu√© hubieras encontrado cuando volviste. Le debo mucho m√°s de lo que crees, Edward.
Levanté el rostro con cautela para mirarle. Tenía los ojos cerrados y la mandíbula tensa.
¬óNunca me perdonar√© por haberte abandonado ¬ósusurr√≥¬ó, ni aunque viva cien mil a√Īos.
Presioné mi mano contra su rostro frío y esperé hasta que suspiró y abrió los ojos.
¬óS√≥lo pretend√≠as hacer lo correcto. Y estoy segura de que habr√≠a funcionado con alguien menos chiflado que yo. Adem√°s, ahora est√°s aqu√≠ y eso es lo √ļnico que importa.
—Si no me hubiera ido no tendrías necesidad de arriesgar tu vida para consolar a un perro.
Me estremecí. Estaba acostumbrada a Jacob y sus comentarios despectivos ?chupasangre, sanguijuela, parásito?, pero me sonó mucho más duro al oírlo en su voz aterciopelada.
—No sé cómo decirlo de forma adecuada —comentó Edward, y su tono era sombrío—. Supongo que incluso te sonará cruel, pero ya he estado muy cerca de perderte en el pasado. Ahora sé qué se siente en ese caso y no voy a tolerar que te expongas a ninguna clase de peligro.
—Tienes que confiar en mí en este asunto. Estaré bien.
El dolor volvió a aflorar en su rostro.
—Por favor, Bella —murmuró.
Fijé la mirada en sus ojos dorados, repentinamente llenos de fuego.
¬ó¬ŅPor favor, qu√©?
—Por favor, hazlo por mí. Por favor, haz un esfuerzo consciente por mantenerte a salvo. Yo hago todo lo que puedo, pero apreciaría un poco de ayuda.
—Me lo tomaré en serio —contesté en voz baja.
¬ó¬ŅEs que realmente no te das cuenta de lo importante que eres para m√≠? ¬ŅTienes alguna idea de cu√°nto te quiero?
Me apretó más fuerte contra su pecho duro acomodando mi cabeza bajo su barbilla. Presioné los labios contra su cuello frío como la nieve.
—Lo que sí sé es cuánto te quiero yo —repuse.
¬óEso es comparar un √°rbol con todo un bosque.
Puse los ojos en blanco, pero él no pudo verme.
¬óImposible.
Me besó la parte superior de la cabeza y suspiró.
¬óNada de hombres lobo.
¬óNo voy a pasar por eso. Tengo que ver a Jacob.
—Entonces tendré que detenerte.
Sonaba completamente confiado en que no sería un problema para él.
Yo estaba convencida de que llevaba razón.
—Bueno, eso ya lo veremos —faroleé de todos modos—. Todavía es mi amigo.
Sentía la nota de Jacob en mi bolsillo, como si de pronto pesara tres kilos. Podía oír sus palabras con su propia voz y parecía estar de acuerdo con Edward, algo que no iba a pasar nunca en la realidad.
¬ęEso no cambia nada. Lo siento¬Ľ.

Evasión
Era extra√Īo, pero me sent√≠a optimista mientras caminaba desde la clase de Espa√Īol a la cafeter√≠a, y no se deb√≠a s√≥lo a que fuese cogida de la mano del ser m√°s perfecto del planeta, aunque sin duda, esto tambi√©n contaba.
Quizá se debía a que mi sentencia se había cumplido y volvía a ser una mujer libre otra vez.
O quizá no tenía que ver del todo conmigo. Más bien podía ser la atmósfera de libertad que se respiraba en todo el campus. Al instituto se le estaba acabando la cuerda, y en concreto para los veteranos, había una evidente emoción en el aire.
Ten√≠amos la libertad tan cerca que casi pod√≠amos tocarla, degustarla. Hab√≠a signos por todas partes. Los p√≥sters se apelotonaban en las paredes de la cafeter√≠a y las papeleras mostraban un colorido despliegue de folletos que rebosaban los bordes: notas para recordar comprar el anuario y tarjetas de graduaci√≥n; plazos para encargar togas, sombreros y borlas; pliegos de argumentos en papel fluorescente de los de tercero haciendo campa√Īa para delegados de clase; ominosos anuncios adornados con rosas para el baile de fin de curso de ese a√Īo. El gran baile era el fin de semana siguiente, pero le hab√≠a hecho prometer a Edward firmemente que no me har√≠a pasar por aquello otra vez. Despu√©s de todo, yo ya hab√≠a tenido esa experiencia humana.
No, seguramente lo que me hacía sentirme tan ligera era mi reciente libertad personal. El final del curso no me resultaba tan placentero como parecía serlo para el resto de los estudiantes. En realidad, me ponía al borde de las náuseas cuando pensaba en ello. De todos modos, intentaba no hacerlo.
Pero era difícil escapar a un tema tan de actualidad como la graduación.
¬ó¬ŅHab√©is enviado ya vuestras tarjetas? ¬ópregunt√≥ Angela cuando Edward y yo nos sentamos en nuestra mesa. Se hab√≠a recogido el cabello marr√≥n claro en una improvisada coleta en vez de su habitual peinado liso, y hab√≠a un brillo casi desquiciado en sus ojos.
Alice y Ben estaban all√≠ ya tambi√©n, uno a cada lado de Angela. Ben estaba concentrado leyendo un c√≥mic, con las gafas desliz√°ndosele por la peque√Īa nariz. Alice escudri√Ī√≥ mi soso conjunto de t√©janos y camiseta de manera que me hizo sentir cohibida. Probablemente estaba urdiendo ya otro cambio de imagen. Suspir√©. Mi actitud indiferente ante la moda era una espina constante en su costado. Si la dejara, me vestir√≠a a diario ?puede que hasta varias veces al d√≠a? como si fuera una mu√Īeca de papel en tres dimensiones y tama√Īo gigante.
¬óNo ¬óle contest√© a Angela¬ó. No hay necesidad, la verdad. Ren√©e ya sabe que me grad√ļo. ¬ŅY a qui√©n m√°s se lo voy a decir?
¬ó¬ŅY t√ļ qu√©, Alice?
Ella sonrió.
¬óYa est√° todo controlado.
—Qué suerte —suspiró Angela—. Mi madre tiene primos a miles y espera que las manuscriba una por una. Me voy a quedar sin mano. No puedo retrasarlo más y sólo de pensarlo...
—Yo te ayudaré —me ofrecí—. Si no te importa mi mala caligrafía.
Seguro que a Charlie le gustar√≠a esto. Vi sonre√≠r a Edward por el rabillo del ojo. Tambi√©n a √©l le gustaba la idea, seguro, de que yo cumpliera las condiciones de Charlie sin implicar a ning√ļn hombre lobo. Angela parec√≠a aliviada.
—Eres un encanto. Me pasaré por tu casa cuando quieras.
—La verdad es que preferiría pasarme por la tuya si te va bien. Estoy harta de estar en la mía. Charlie me levantó el castigo anoche —sonreí ampliamente mientras anunciaba las buenas noticias.
¬ó¬ŅDe verdad? ¬óme pregunt√≥ Angela, con sus siempre amables ojos casta√Īos iluminados por una dulce excitaci√≥n¬ó. Cre√≠a que hab√≠as dicho que era para toda la vida.
¬óMe sorprende a√ļn m√°s que a ti. Estaba segura de que, al menos, tendr√≠a que terminar el instituto antes de que me liberara.
—¡Vaya, eso es estupendo, Bella! Hemos de salir por ahí para celebrarlo.
¬óNo te puedes hacer idea de lo bien que me suena eso.
¬ó¬ŅY qu√© podr√≠amos hacer? ¬ócavil√≥ Alice, con su rostro ilumin√°ndose ante las distintas posibilidades. Las ideas de Alice generalmente eran demasiado grandiosas para m√≠ y le√≠ en sus ojos justo eso, c√≥mo entraba en acci√≥n su tendencia a llevar las cosas demasiado lejos.
—Sea lo que sea lo que estés pensando, Alice, dudo que pueda disfrutar de tanta libertad.
¬óSi est√°s libre, lo est√°s, ¬Ņno? ¬óinsisti√≥ ella.
—Estoy segura de que aun así hay límites, como por ejemplo, las fronteras de los Estados Unidos.
Angela y Ben se echaron a reír, pero Alice hizo una mueca, realmente disgustada.
¬óY entonces, ¬Ņqu√© vamos a hacer esta noche? ¬óinsisti√≥ de nuevo.
—Nada. Mira, vamos a darle un par de días hasta que comprobemos que no va de guasa. Además, de todas formas, estamos entre semana.
¬óEntonces, lo celebraremos este fin de semana ¬óel entusiasmo de Alice era incontenible.
¬óSeguro ¬órepuse, pensando aplacarla con eso. Yo sab√≠a que no iba a hacer nada demasiado descabellado; resultaba m√°s fiable tomarse las cosas con calma con Charlie. Darle la oportunidad de apreciar lo madura y digna de confianza que me hab√≠a vuelto antes de pedirle ning√ļn favor.
Angela y Alice empezaron a charlar evaluando las distintas posibilidades; Ben se unió a la conversación, apartando sus tebeos a un lado. Mi atención se dispersó. Me sorprendía darme cuenta de que el tema de mi libertad de pronto no me parecía, tan gratificante como se me antojaba hacía sólo unos minutos. Cuando empezaron a discutir sobre qué cosas podíamos hacer en Port Angeles o quizás en Hoquiam, empecé a sentirme contrariada.
No me llevó mucho tiempo descubrir de dónde procedía mi agitación.
Desde que me desped√≠ de Jacob Black en el bosque contiguo a mi casa, me ve√≠a agobiada por la invasi√≥n persistente e inc√≥moda de una imagen mental concreta. Se introduc√≠a en mis pensamientos de vez en cuando, como la irritante alarma de un reloj programado para sonar cada media hora, llen√°ndome la cabeza con la imagen de Jacob contra√≠da por la pena. √Čste era el √ļltimo recuerdo que ten√≠a de √©l.
Cuando la molesta visión me invadió otra vez, supe exactamente por qué no me sentía satisfecha con mi libertad. Porque era incompleta.
S√≠, desde luego, yo pod√≠a ir a cualquier sitio que quisiera, excepto a La Push, para ver a Jacob. Le frunc√≠ el ce√Īo a la mesa. Ten√≠a que haber alg√ļn tipo de terreno intermedio.
¬ó¬ŅAlice? ¬°Alice!
La voz de Angela me sac√≥ de mi ensue√Īo. Sacud√≠a en√©rgicamente mi mano frente al rostro de Alice, inexpresivo y con la mirada en trance. Alice ten√≠a esa expresi√≥n que yo conoc√≠a tan bien, una expresi√≥n capaz de enviar un ramalazo de p√°nico a trav√©s de mi cuerpo. La mirada ausente de sus ojos me dijo que estaba viendo algo muy distinto, pero tanto o m√°s real que la escena mundana que se desarrollaba en el comedor que nos rodeaba. Algo que estaba por venir, algo que ocurrir√≠a pronto. Sent√≠ c√≥mo la sangre abandonaba mi rostro.
Entonces Edward rió, un sonido relajado, muy natural. Angela y Ben se volvieron para mirarle, pero mis ojos estaban trabados en Alice, que se sobresaltó de pronto, como si alguien le hubiera dado una patada por debajo de la mesa.
¬ó¬ŅQu√©, te has echado un siestecita, Alice? ¬óse burl√≥ Edward.
Alice volvió en sí misma.
¬óLo siento, supongo que me he adormilado.
¬óEcharse un sue√Īecito es mejor que enfrentarse a dos horas m√°s de clase ¬ócoment√≥ Ben.
Alice se sumergió de nuevo en la conversación mucho más animada que antes, tal vez en exceso; entonces, vi cómo sus ojos se clavaban en los de Edward, sólo por un momento, y cómo después volvían a fijarse en Angela antes de que nadie se diera cuenta. Edward parecía tranquilo mientras jugueteaba absorto con uno de los mechones de mi pelo.
Esperé con ansiedad la oportunidad de preguntarle en qué consistía la visión de su hermana, pero la tarde transcurrió sin que estuviéramos ni un minuto a solas...
...lo cual me pareci√≥ raro, casi se me antoj√≥ deliberado. Tras el almuerzo, Edward acomod√≥ su paso al de Ben para hablar de unos deberes que yo sab√≠a que ya hab√≠a terminado. Despu√©s, siempre nos encontr√°bamos con alguien entre clases, aunque lo normal hubiera sido que hubi√©ramos tenido unos minutos para nosotros, como sol√≠a ocurrir. Cuando son√≥ el √ļltimo timbre, Edward eligi√≥ entablar conversaci√≥n con Mike Newton, de entre todos los que se encontraban por all√≠, acompasando su paso al de Mike mientras √©ste se dirig√≠a al aparcamiento. Yo les segu√≠a, dejando que √©l me remolcase.
Escuché, llena de confusión, cómo Mike contestaba las inusualmente amables preguntas de Edward. Al parecer, Mike había tenido problemas con su coche.
¬ó...as√≠ que lo √ļnico que hice fue cambiarle la bater√≠a ¬ódec√≠a en este momento. Sus ojos iban y ven√≠an con cautela y rapidez del rostro de Edward al suelo. El pobre Mike estaba tan desconcertado como yo.
¬ó¬ŅY no ser√°n quiz√° los cables? ¬ósugiri√≥ Edward.
—Podría ser. La verdad es que no tengo ni idea de coches —admitió Mike—. Necesito que alguien le eche una ojeada, pero no me puedo permitir llevarlo a Dowling.
Abrí la boca para sugerir a mi mecánico, pero la cerré de un golpe. Mi mecánico estaba muy ocupado esos días, andando por ahí en forma de lobo gigante.
—Yo sí tengo alguna idea. Puedo echarle una ojeada, si quieres —le ofreció Edward—. En cuanto deje a Alice y Bella en casa.
Mike y yo miramos a Edward con la boca abierta.
¬óEh... gracias ¬ómurmur√≥ Mike cuando se recobr√≥¬ó. Pero me tengo que ir a trabajar. A lo mejor alg√ļn otro d√≠a.
¬óCuando quieras.
—Nos vemos —Mike se subió a su coche, sacudiendo la cabeza incrédulo.
El Volvo de Edward, con Alice ya dentro, estaba sólo a dos coches del de Mike.
¬ó¬ŅDe qu√© va todo esto? ¬óbarbot√© mientras Edward me abr√≠a la puerta del copiloto.
—Sólo intentaba ayudarle —repuso Edward.
Y en ese momento, Alice, que esperaba en el asiento de atrás, comenzó a balbucear a toda velocidad.
¬óRealmente no eres tan buen mec√°nico, Edward. Ser√≠a mejor que permitieras a Rosalie echarle una ojeada esta noche, por si quieres quedar bien con Mike; no vaya a darle por pedirte ayuda, ya sabes. Aunque lo que estar√≠a divertido de verdad ser√≠a verle la cara si fuera Rosalie la que se ofreciera... Bueno, tal vez no ser√≠a muy buena idea, teniendo en cuenta que se supone que est√° al otro lado del pa√≠s, en la universidad. Cierto, ser√≠a una mala idea. De todas formas, supongo que podr√°s apa√Īarte con el coche de Mike. total, lo √ļnico que te viene grande es la puesta a punto de un buen coche deportivo italiano, requiere m√°s finura. Y hablando de Italia y de los deportivos que rob√© all√≠, todav√≠a me debes un Porsche .amarillo. Y no s√© si quiero esperar hasta Navidades para tenerlo...
Después de un minuto, dejé de escucharla, dejando que su voz rápida se convirtiera sólo en un zumbido de fondo mientras me armaba de paciencia.
Me daba la impresión de que Edward estaba intentando evitar mis preguntas. Estupendo. De todos modos, pronto estaríamos a solas. Nada más era cuestión de tiempo.
Tambi√©n √©l parec√≠a estar d√°ndose cuenta del asunto. Dej√≥ a Alice al comienzo del acceso a la finca de los Cullen, aunque llegados a este punto, casi cre√≠ que la iba a llevar hasta la puerta y luego a acompa√Īarla dentro.
Cuando salió, Alice le dirigió una mirada perspicaz. Edward parecía completamente relajado.
—Luego nos vemos —le dijo; y después, aunque de forma muy ligera, asintió.
Alice se volvió y desapareció entre los árboles.
Estaba tranquilo cuando le dio la vuelta al coche y se encamin√≥ hacia Forks. Yo esper√©, pregunt√°ndome si sacar√≠a el tema por s√≠ mismo. No lo hizo, y eso me puso tensa. ¬ŅQu√© era lo que hab√≠a visto Alice a la hora del almuerzo? Algo que no deseaba contarme, as√≠ que intent√© pensar en un motivo por el que le gustar√≠a mantener el secreto. Quiz√° ser√≠a mejor prepararme antes de preguntar. No quer√≠a perder los nervios y hacerle pensar que no pod√≠a manejarlo, fuera lo que fuera.
Así que continuamos en silencio hasta que llegamos a la parte trasera de la casa de Charlie.
—Esta noche no tienes muchos deberes —comentó él.
—Aja —asentí.
¬ó¬ŅCrees que me permitir√° entrar otra vez?
¬óNo le ha dado ninguna pataleta cuando has venido a buscarme para ir al instituto.
Sin embargo, estaba segura de que Charlie se iba a poner de malas bien rápido en el momento en que llegara a casa y se encontrara con Edward allí. Quizá sería buena idea que preparara algo muy especial para la cena.
Una vez dentro, me encaminé hacia las escaleras seguida por Edward. Se recostó sobre mi cama, y miró sin ver por la ventana, completamente ajeno a mi nerviosismo.
Guardé mi bolso y encendí el ordenador. Tenía pendiente un correo electrónico de mi madre y a ella le daba un ataque de pánico cuando tardaba mucho en contestarle. Tabaleé con los dedos sobre la mesa, mientras esperaba a que mi decrépito ordenador comenzara a encenderse resollando; golpeaba el tablero de forma entrecortada, mostrando mi ansiedad.
De pronto, sentí sus dedos sobre los míos, manteniéndolos quietos.
¬óParece que est√°s algo nerviosa hoy, ¬Ņno? ¬ómurmur√≥.
Levanté la mirada, intentando soltar una contestación sarcástica, pero su rostro estaba más cerca de lo que esperaba. Sus ojos pendían apasionados a pocos centímetros de los míos, y notaba su aliento frío contra mis labios abiertos. Podía sentir su sabor en mi lengua.
Ya no podía acordarme de la respuesta ingeniosa que había estado a punto de soltarle. Ni siquiera podía recordar mi nombre.
No me dio siquiera la oportunidad de recuperarme.
Si fuera por mí, me pasaría la mayor parte del tiempo besando a Edward. No había nada que yo hubiera experimentado en mi vida comparable a la sensación que me producían sus fríos labios, Eran duros como el mármol, pero siempre tan dulces al deslizarse sobre los míos.
Por lo general, no solía salirme con la mía.
As√≠ que me sorprendi√≥ un poco cuando sus dedos se entrelazaron dentro de mi pelo, sujetando mi rostro contra el suyo. Ten√≠a los brazos firmemente asidos a su cuello y hubiera deseado ser m√°s fuerte para asegurarme de que podr√≠a mantenerlo prisionero as√≠ para siempre. Una de sus manos se desliz√≥ por mi espalda, presion√°ndome contra su pecho p√©treo con mayor fuerza a√ļn. A pesar de su jersey, su piel era tan fr√≠a que me hizo temblar, aunque m√°s bien era un estremecimiento de placer, de felicidad, raz√≥n por la cual sus manos me soltaron.
Ya sab√≠a que ten√≠a aproximadamente tres segundos antes de que suspirara y me apartara con destreza, diciendo que hab√≠a arriesgado ya mi vida lo suficiente para una tarde. Intent√© aprovechar al m√°ximo mis √ļltimos segundos y me aplast√© contra √©l, amold√°ndome a la forma de su cuerpo. Resegu√≠ la forma de su labio inferior con la punta de la lengua; era tan perfecto y suave como si estuviera pulido y el sabor...
Apartó mi cara de la suya, rompiendo mi fiero abrazo con facilidad, probablemente, sin darse cuenta siquiera de que yo estaba empleando toda mi fuerza.
Se rió entre dientes una vez, con un sonido bajo y ronco. Tenía los ojos brillantes de excitación, esa fogosidad que era capaz de disciplinar con tanta rigidez.
—Ay, Bella —suspiró.
—Se supone que tendría que arrepentirme, pero no voy a hacerlo.
—Y a mí tendría que sentarme mal que no estuvieras arrepentida, pero tampoco puedo. Quizá sea mejor que vaya a sentarme a la cama.
Espiré, algo mareada.
¬óSi lo crees necesario...
El esbozó esa típica sonrisa torcida y se zafó de mi abrazo.
Sacud√≠ la cabeza unas cuantas veces, intentando aclararme y me volv√≠ al ordenador. Se hab√≠a calentado y ya hab√≠a empezado a zumbar; bueno, m√°s que zumbar, parec√≠a que gru√Ī√≠a.
—Mándale recuerdos de mi parte a Renée.
¬óSin problema.
Le√≠ con rapidez el correo de Ren√©e, sacudiendo la cabeza aqu√≠ y all√° ante algunas de las chifladuras que hab√≠a cometido. Estaba tan divertida como horrorizada, exactamente igual que cuando le√≠ su primer correo. Era muy propio de mi madre olvidarse de lo mucho que le aterrorizaban las alturas hasta verse firmemente atada a un paraca√≠das y a un instructor de vuelo. Estaba un poco enfadada con Phil, con el que llevaba casada ya casi dos a√Īos, por permitirle esto. Yo habr√≠a cuidado mejor de ella, aunque s√≥lo fuera porque la conoc√≠a mucho mejor.
Me recordé a mí misma que había que dejarles seguir su camino, darles su tiempo. Tienes que permitirles vivir su vida...
Habia pasado la mayor parte de mis a√Īos cuidando de Ren√©e, intentando con paciencia disuadirla de sus planes m√°s alocados, suportando con una sonrisa aquellos que no consegu√≠a evitar. Siempre hab√≠a sido comprensiva con mam√° porque me divert√≠a, e incluso hab√≠a llegado a ser un poquito condescendiente con ella.Observaba sus muchos errores y me re√≠a en mi fuero interno. La loca de Ren√©e.
No me parecía en nada a mi madre. Más bien era introspectiva y cautelosa, una chica responsable y madura. Al menos así era como me veía a mí misma, ésa era la persona que yo conocía.
Con la sangre a√ļn revuelta corri√©ndome por el cerebro por los besos de Edward, no pod√≠a evitar pensar en el m√°s perdurable de los errores de mi madre. Tan tonta y rom√°ntica como para calarse apenas salida del instituto con un hombre al que no conoc√≠a apenas, y poco despu√©s, un a√Īo m√°s tarde, tray√©ndome a m√≠ al mundo. Ella siempre me aseguraba que no se hab√≠a arrepentido en absoluto, que yo era el mejor regalo que la vida le hab√≠a dado jam√°s. Y a pesar de todo, no paraba de insistirme una y otra vez cu que la gente lista se toma el matrimonio en serio. Que la gente madura va a la facultad y termina una carrera antes de implicarse profundamente en una relaci√≥n. Ren√©e sab√≠a que yo no ser√≠a tan irreflexiva, atontada y cateta como ella hab√≠a sido...
Apreté los dientes y me concentré en contestar su mensaje.
Volví a leer su despedida y recordé entonces por qué no había querido responderle antes.
¬ęNo me has contado nada de Jacob desde hace bastante tiempo ¬óhab√≠a escrito¬ó. ¬ŅPor d√≥nde anda ahora?¬Ľ.
Seguro que Charlie le había insinuado algo.
Suspiré y tecleé con rapidez, situando la respuesta a su pregunta entre dos párrafos menos conflictivos.
Supongo que Jacob est√° bien. Hace mucho que no le veo; ahora suele pasarse la mayor parte del tiempo con su pandilla de amigos de La Push.
Con una sonrisa ir√≥nica para mis adentros, a√Īad√≠ el saludo de Edward e hice clic en la pesta√Īa de ¬ęEnviar¬Ľ.
No me hab√≠a dado cuenta de que √©l estaba de pie y en silencio detr√°s de m√≠ hasta que apagu√© el ordenador y me apart√© de la mesa. Iba a empezar a rega√Īarle por haber estado leyendo sobre mi hombro, cuando me percat√© de que no me prestaba atenci√≥n. Estaba examinando una aplastada caja negra de la que sobresal√≠an por una de sus esquinas varios alambres retorcidos, de un modo que no parec√≠a favorecer mucho su buen funcionamiento, fuera lo que fuera. Despu√©s de un instante, reconoc√≠ el est√©reo para el coche que Emmett, Rosalie y Jasper me hab√≠an regalado en mi √ļltimo cumplea√Īos. Se me hab√≠an olvidado esos regalos, que se escond√≠an tras una creciente capa de polvo en el suelo de mi armario.
¬ó¬ŅQu√© fue lo que le hiciste? ¬ópregunt√≥, con la voz cargada de horror.
—No quería salir del salpicadero.
¬ó¬ŅY por eso tuviste que torturarlo?
¬óYa sabes lo mal que se me dan los cacharros. No le hice da√Īo a conciencia.
Sacudió la cabeza, con el rostro oculto bajo una máscara de falsa tragedia.
¬ó¬°Lo asesinaste!
Me encogí de hombros.
¬óSi t√ļ lo dices...
¬óHerir√°s sus sentimientos si llegan a verlo alg√ļn d√≠a ¬ócontinu√≥¬ó. Quiz√° haya sido una buena idea que no hayas podido salir de casa en todo este tiempo. He de reemplazarlo por otro antes de que se den cuenta.
¬óGracias, pero no me hace falta un chisme tan pijo.
¬óNo es por ti por lo que voy a instalar uno nuevo.
Suspiré.
¬óNo es que disfrutaras mucho de tus regalos el a√Īo pasado ¬ódijo con voz contrariada. De pronto, empez√≥ a abanicarse con un rect√°ngulo de papel r√≠gido.
No contest√©, temiendo que me temblara la voz. No me gustaba recordar mi desastroso dieciocho cumplea√Īos, con todas sus consecuencias a largo plazo, y me sorprend√≠a que lo sacara a colaci√≥n. Para √©l, era un tema incluso m√°s delicado que para m√≠.
¬ó¬ŅTe das cuenta de que est√°n a punto de caducar? ¬óme pregunt√≥, ense√Ī√°ndome el papel que ten√≠a en las manos. Era otro de los regalos, el vale para billetes de avi√≥n que Esme y Carlisle me hab√≠an regalado para que pudiera visitar a Ren√©e en Florida.
Hice una inspiración profunda y le contesté con voz indiferente.
—No. La verdad es que me había olvidado de ellos por completo.
Su expresi√≥n mostraba un aspecto cuidadosamente alegre y positivo. No hab√≠a en ella ninguna se√Īal de emoci√≥n de ning√ļn tipo cuando continu√≥.
¬óBueno, todav√≠a queda algo de tiempo. Ya que te han liberado y no tenemos planes para este fin de semana, porque no quieres que vayamos al baile de graduaci√≥n... ¬ósonri√≥ abiertamente¬ó, ¬Ņpor qu√© no celebramos de este modo tu libertad?
Tragué aire, sorprendida.
¬ó¬ŅYendo a Florida?
—Dijiste algo respecto a que tenías permiso para moverte dentro del territorio de EEUU.
Le miré fijamente, con suspicacia, intentando ver adonde quería ir a parar.
¬ó¬ŅY bien? ¬óinsisti√≥¬ó. ¬ŅNos vamos a ver a Ren√©e o no?
¬óCharlie no me dejar√° jam√°s.
¬óNo puede impedirte visitar a tu madre. Es ella quien tiene la custodia.
¬óNadie tiene mi custodia. Ya soy adulta.
Su sonrisa relampagueó brillante.
¬óExactamente.
Lo pens√© durante un minuto antes de decidir que no val√≠a la pena luchar por esto. Charlie se pondr√≠a furioso, no porque fuera a ver a Ren√©e, sino porque Edward me acompa√Īara. Charlie no me hablar√≠a durante meses y probablemente terminar√≠a encerrada otra vez. Era mucho m√°s inteligente no intentarlo siquiera. Quiz√° dentro de varias semanas, en plan de regalo de graduaci√≥n o algo as√≠.
Pero la idea de volver a ver a mi madre ahora, y no dentro de unas semanas, era dif√≠cil de resistir. Hab√≠a pasado mucho tiempo desde que la hab√≠a visto, y mucho m√°s a√ļn desde que la hab√≠a visto en una situaci√≥n agradable. La √ļltima vez que hab√≠a estado con ella en Phoenix, me hab√≠a pasado todo el tiempo en una cama de hospital. Y la √ļltima vez que ella me hab√≠a visitado yo estaba m√°s o menos catat√≥nica. No eran precisamente los mejores recuerdos m√≠os que le pod√≠a dejar.
Y a lo mejor, si veía lo feliz que era con Edward, le diría a mi padre que se lo tomara con algo más de calma.
Edward inspeccionó mi rostro mientras deliberaba.
Suspiré.
¬óNo podemos ir este fin de semana.
¬ó¬ŅPor qu√© no?
—No quiero tener otra pelea con Charlie. No tan pronto después de que me haya perdonado.
Alzó las cejas a la vez.
—Este fin de semana me parece perfecto —susurró.
Yo sacudí la cabeza.
—En otra ocasión.
¬óT√ļ no has sido la √ļnica que ha pasado todo este tiempo atrapada en esta casa, ¬Ņsabes? ¬óme frunci√≥ el ce√Īo.
La sospecha volvió. No solía comportarse de ese modo. El nunca se ponía tan testarudo ni tan egoísta. Sabía que andaba detrás de algo.
¬óT√ļ puedes irte donde quieras ¬óle se√Īal√©.
—El mundo exterior no me apetece sin ti —puse los ojos en blanco ante la evidente exageración—. Estoy hablando en serio insistió él.
¬óPues vamos a tomarnos el mundo exterior poco a poco, ¬Ņvale? Por ejemplo, podemos empezar y√©ndonos a Port Angeles a ver una pel√≠cula...
√Čl gru√Ī√≥.
¬óNo importa. Ya hablaremos del asunto m√°s tarde.
—No hay nada de qué hablar.
Se encogió de hombros.
¬óAs√≠ que vale, tema nuevo ¬ósegu√≠ yo. Casi se me hab√≠a olvidado lo que me preocupaba desde el almuerzo. ¬ŅHab√≠a sido √©sa su intenci√≥n?¬ó. ¬ŅQu√© fue lo que Alice vio esta ma√Īana?
Mantuve la mirada fija en su rostro mientras hablaba, midiendo su reacción.
Su expresión apenas se alteró; sólo se aceraron ligeramente los ojos de color topacio.
¬óVio a Jasper en un lugar extra√Īo, en alg√ļn lugar del sudoeste, cree ella, cerca de su... antigua familia, pero √©l no ten√≠a intenciones conscientes de regresar ¬ósuspir√≥¬ó. Eso la tiene preocupada.
¬óOh ¬óaquello no era lo que yo esperaba, para nada, pero claro, ten√≠a sentido que Alice estuviera vigilando el futuro de Jasper. Era su compa√Īero del alma, su aut√©ntica media naranja..., aunque su relaci√≥n no iba ni la mitad de bien que la de Emmett y Ro-salie¬ó. ¬ŅY par qu√© no me lo has dicho antes?
—No era consciente de que te hubieras dado cuenta —contestó—. De cualquier modo, tiene poca importancia.
Advert√≠ con tristeza que mi imaginaci√≥n estaba en ese momento fuera de control. Hab√≠a tomado una tarde perfectamente normal y la hab√≠a retorcido hasta que pareciera que Edward estaba empe√Īado en ocultarme algo. Necesitaba terapia.
Bajamos las escaleras para hacer nuestras tareas, sólo por si acaso Charlie regresaba temprano. Edward acabó en pocos minutos, y a mí me costó un esfuerzo enorme hacer los de cálculo, hasta que decidí que había llegado el momento de preparar la cena de mi padre. Edward me ayudó, poniendo caras raras ante los alimentos crudos, ya que la comida humana le resultaba repulsiva. Hice filete Stroganoff con la receta de mi abuela paterna, porque quería hacerle la pelota. No era una de mis favoritas, pero seguro que a Charlie le iba a gustar...
Llegó a casa de buen humor. Incluso prescindió de su rutina de mostrarse grosero con Edward.
√Čste no quiso acompa√Īarnos a la mesa, tal y como acostumbraba. Se oy√≥ el sonido de las noticias del telediario nocturno desde el sal√≥n, aunque yo dudaba de que Edward les prestara atenci√≥n de verdad.
Después de meterse entre pecho y espalda tres raciones, Charlie puso los pies sobre una silla desocupada y se palmeó satisfecho el estómago hinchado.
¬óEsto ha estado genial, Bella.
¬óMe alegro de que te haya gustado. ¬ŅQu√© tal el trabajo?
Había estado tan concentrado comiendo que no me había sido posible empezar antes la conversación.
—Bastante tranquilo. Bueno, en realidad, casi muerto de tranquilo. Mark y yo hemos estado jugando a las cartas buena parte de la larde —admitió con una sonrisa—. Le gané, diecinueve manos a siete. Y luego estuve hablando un rato por teléfono con Billy.
Intenté no variar mi expresión.
¬ó¬ŅQu√© tal est√°?
¬óBien, bien. Le molestan un poco las articulaciones.
—Oh. Qué faena.
—Así es. Nos ha invitado a visitarle este fin de semana. También había pensado en invitar a los Clearwater y a los Uley. Una especie de fiesta de finales...
¬óAja ¬ó√©sa fue mi genial respuesta, pero, ¬Ņqu√© otra cosa iba decir? Sab√≠a que no se me permitir√≠a asistir a una fiesta de lic√°ntropos, aun con vigilancia parental. Me pregunt√© si a Edward le preocupar√≠a que Charlie se diera una vuelta por La Push. O quiz√° supondr√≠a que, como mi padre iba a pasar la mayor parte del tiempo con Billy, que era s√≥lo humano, no estar√≠a en peligro.
Me levant√© y apil√© los platos sin mirarle. Los coloqu√© en el seno y abr√≠ el agua. Edward apareci√≥ silenciosamente y tom√≥ un pa√Īo para secar.
Charlie suspiró y dejó el tema por el momento, aunque me imaginé que lo volvería a sacar de nuevo cuando estuviéramos a solas. Se levantó con esfuerzo y se dirigió camino de la televisión, exactamente igual que cualquier otra noche.
—Charlie —le apeló Edward, en tono de conversación.
Charlie se par√≥ en mitad de la peque√Īa cocina.
¬ó¬ŅS√≠?
¬ó¬ŅTe ha dicho Bella que mis padres le regalaron por su cumplea√Īos unos billetes de avi√≥n, para que pudiera ir a ver a Ren√©e?
Se me cayó el plato que estaba fregando. Saltó de la encimera y se estampó ruidosamente contra el suelo. No se rompió, pero roció toda la habitación, y a nosotros tres, de agua jabonosa. Charlie ni siquiera pareció darse cuenta.
¬ó¬ŅBella? ¬ópregunt√≥ con asombro en la voz.
Mantuve los ojos fijos en el plato mientras lo recogía.
¬óAh, si, es verdad.
Charlie tragó saliva ruidosamente y entonces sus ojos se entrecerraron y se volvieron hacia Edward.
—No, jamás lo mencionó.
—Ya —murmuró Edward.
¬ó¬ŅHay alguna raz√≥n por la que hayas sacado el tema ahora? ¬ópregunt√≥ Charlie con voz dura.
Edward se encogió de hombros.
—Están a punto de caducar. Creo que Esme podría sentirse herida si Bella no hace uso de su regalo..., aunque ella no ha dicho nada del tema.
Miré a Edward, incrédula.
Charlie pensó durante un minuto.
¬óProbablemente sea una buena idea que vayas a visitar a tu madre, Bella. A ella le va a encantar. Sin embargo, me sorprende que no me dijeras nada de esto.
—Se me olvidó —admití.
El frunci√≥ el ce√Īo.
¬ó¬ŅSe te olvid√≥ que te hab√≠an regalado unos billetes de avi√≥n?
—Aja —murmuré distraídamente, y me volví hacia el fregadero.
¬óCreo haberte o√≠do decir que est√°n a punto de caducar, Edward ¬ócontinu√≥ Charlie¬ó. ¬ŅCu√°ntos billetes le regalaron tus padres?
—Uno para ella..., y otro para mí.
El plato que se me cay√≥ ahora aterriz√≥ en el fregadero, por lo que no hizo mucho ruido. Escuch√© sin esfuerzo el sonoro resoplido de mi padre. La sangre se me agolp√≥ en la cara, impulsada por la irritaci√≥n y el disgusto. ¬ŅPor qu√© hac√≠a Edward esto? Muerta de p√°nico, mir√© con fijeza las burbujas en el fregadero.
—¡De eso ni hablar! —bramó Charlie palabra a palabra, en pleno ataque de ira.
¬ó¬ŅPor qu√©? ¬ópregunt√≥ Edward, con la voz saturada de una in√≥cente sorpresa¬ó. Acabas de decir que ser√≠a una gran idea que fuera a ver a su madre.
Charlie le ignoró.
¬ó¬°No te vas a ir a ninguna parte con √©l, se√Īorita! ¬óaull√≥. Yo me gir√© bruscamente en el momento en que alzaba un dedo amenazador.
La ira me inundó de forma automática, una reacción instintiva a su tono.
¬óNo soy una ni√Īa, pap√°. Adem√°s, ya no estoy castigada, ¬Ņrecuerdas?
—Oh, ya lo creo que sí. Desde ahora mismo.
¬óPero ¬Ņpor qu√©?
¬óPorque yo lo digo.
¬ó¬ŅVoy a tener que recordarte que ya tengo la mayor√≠a de edad legal, Charlie?
—¡Mientras estés en mi casa, cumplirás mis normas!
Mi mirada se volvió helada.
¬óSi t√ļ lo quieres as√≠... ¬ŅDeseas que me mude esta noche o me vas a dar algunos d√≠as para que pueda llevarme todas mis cosas?
El rostro de Charlie se puso de color rojo encendido. Me sentí mal por haber jugado la carta de marcharme de casa. Inspiré hondo e intenté poner un tono más razonable.
¬óYo he asumido sin quejarme todos los errores que he cometido, pap√°, pero no voy a pagar por tus prejuicios.
Charlie farfulló, pero no consiguió decir nada coherente.
¬óT√ļ ya sabes que yo s√© que tengo todo el derecho de ver a mam√° este fin de semana. Dime con franqueza si tendr√≠as alguna objeci√≥n al plan si me fuera con Alice o Angela.
—Son chicas —rugió, asintiendo.
¬ó¬ŅTe molestar√≠a si me llevara a Jacob?
Escogí a Jacob sólo porque sabía que mi padre le prefería, pero rápidamente deseé no haberlo hecho; Edward apretó los dientes con un crujido audible.
Mi padre luchó para recomponerse antes de responder.
—Sí —me dijo con voz poco convencida—. También me molestaría.
¬óEres un maldito mentiroso, pap√°.
¬óBella...
¬óNo es como si me fuera a Las Vegas para convertirme en corista o algo parecido. S√≥lo voy a ver a mam√° ¬óle record√©¬ó. Ella tiene tanta autoridad sobre m√≠ como t√ļ ¬óme lanz√≥ una mirada fulminante¬ó. ¬ŅO es que cuestionas la capacidad de mam√° para cuidar de m√≠? ¬óCharlie se estremeci√≥ ante la amenaza impl√≠cita en mi pregunta¬ó. Creo que preferir√°s que no le mencione esto ¬óle dije.
—Ni se te ocurra —me advirtió—. Esta situación no me hace nada feliz, Bella.
¬óNo tienes motivos para enfadarte.
El puso los ojos en blanco, pero parecía que la tormenta había pasado ya.
Me volví para quitarle el tapón al fregadero.
—He hecho las tareas, tu cena, he lavado los platos y no estoy castigada, así que me voy. Volveré antes de las diez y media.
¬ó¬ŅAdonde vas? ¬ósu rostro, que casi hab√≠a vuelto a la normalidad, se puso otra vez de color rojo brillante.
¬óNo estoy segura ¬óadmit√≠¬ó, aunque de todos modos estaremos en un radio de poco m√°s de tres kil√≥metros, ¬Ņvale?
Gru√Īo algo que no son√≥ exactamente como su aprobaci√≥n, pero sali√≥ a zancadas de la habitaci√≥n. Como es l√≥gico, la culpabilidad comenz√≥ tan pronto como sent√≠ que hab√≠a ganado.
¬ó¬ŅVamos a salir? ¬ópregunt√≥ Edward, en voz baja, pero entusiasta.
Me volví y lo fulminé con la mirada.
—Sí, quiero tener contigo unas palabritas a solas.
√Čl no pareci√≥ muy aprensivo ante la idea, al menos no tanto como supuse que lo estar√≠a.
Esperé hasta que nos encontramos a salvo en su coche.
¬ó¬ŅDe qu√© va esto? ¬óle exig√≠ saber.
¬óS√© que quieres ir a ver a tu madre, Bella. Hablas de eso en sue√Īos. Y adem√°s parece que con preocupaci√≥n.
¬ó¬ŅEso he hecho?
√Čl asinti√≥.
—Pero lo cierto es que te comportas de una forma muy cobarde con Charlie, así que he intervenido por tu bien.
¬ó¬ŅIntervenido? ¬°Me has arrojado a los tiburones!
Puso los ojos en blanco.
¬óNo creo que hayas estado en peligro en ning√ļn momento.
—Ya te dije que no me apetecía enfrentarme a Charlie.
¬óNadie ha dicho que debas hacerlo.
Le lancé otra mirada furibunda.
—No puedo evitarlo cuando se pone en plan mandón. Debe de ser que me sobrepasan mis instintos naturales de adolescente.
El se rió entre dientes.
—Bueno, pero eso no es culpa mía.
Me quedé mirándolo fijamente, especulando. El no pareció darse cuenta, ya que su rostro estaba sereno mientras miraba por el cristal delantero. Había algo que no cuadraba, pero no conseguí advertirlo. O quizás era otra vez mi imaginación, que iba por libre del mismo modo que lo había hecho esa misma tarde.
¬ó¬ŅTiene que ver esta necesidad urgente de ir a Florida con la fiesta de este fin de semana en casa de Billy?
Dejó caer la mandíbula.
—Nada en absoluto. No me importa si estás aquí o en cualquier otra parte del mundo; de todos modos, no irías a esa fiesta.
Se comportaba del mismo modo que Charlie lo hab√≠a hecho antes, justo como si estuvieran tratando con un ni√Īo malcriado. Apret√© los dientes con fuerza s√≥lo para no empezar a gritar. No quer√≠a pelearme tambi√©n con √©l.
Suspiró y cuando habló de nuevo su tono de voz era cálido y aterciopelado.
¬óBueno, ¬Ņy qu√© quieres hacer esta noche? ¬óme pregunt√≥.
¬ó¬ŅPodemos ir a tu casa? Hace mucho tiempo que no veo a Esme.
El sonrió.
¬óA ella le va a encantar, sobre todo cuando sepa lo que vamos a hacer este fin de semana.
Gru√Ī√≠ al sentirme derrotada.

Tal y como había prometido, no nos quedamos hasta tarde. Y no me sorprendió ver las luces todavía encendidas cuando aparcamos frente a la casa. Imaginé que Charlie me estaría esperando para gritarme un poco más.
—Será mejor que no entres —le advertí a Edward—. Sólo conseguirás empeorar las cosas.
—Tiene la mente relativamente en calma —bromeó él. Su expresión me hizo preguntarme si había alguna otra gracia adicional que me estaba perdiendo. Tenía las comisuras de la boca torcidas, luchando por no sonreír.
—Te veré luego —murmuré con desánimo.
√Čl se carcaje√≥ y me bes√≥ en la coronilla.
—Volveré cuando Charlie esté roncando.
La televisión estaba a todo volumen cuando entré. Por un momento consideré la idea de pasar a hurtadillas.
¬ó¬ŅPuedes venir, Bella? ¬óme llam√≥ Charlie, chaf√°ndome el plan.
Arrastré los pies los cinco pasos necesarios para entrar en el salón.
¬ó¬ŅQu√© hay, pap√°?
¬ó¬ŅTe lo has pasado bien esta noche? ¬óme pregunt√≥. Se le ve√≠a comodo. Busqu√© un significado oculto en sus palabras antes de contestarle.
¬óSi ¬ódije, no muy convencida.
¬ó¬ŅQu√© habe√≠s hecho?
Me encogí de hombros.
—Hemos salido con Alice y Jasper. Edward desafió a Alice al ajedrez y yo jugué con Jasper. Me hundió.
Sonreí. Ver jugar al ajedrez a Alice y Edward era una de las cosas más divertidas que había visto en mi vida. Se sentaban allí, inmoviles, mirando fijamente el tablero, mientras Alice intentaba preveer los movimientos que él iba a hacer, y a su vez él intentando escoger aquellas jugadas que ella haría en respuesta sin que pasaran por su mente. El juego se desarrollaba la mayor parte del tiempo en sus mentes y creo que apenas habían movido dos peones cuando Alice, de modo repentino, tumbó a su rey y se rindió. Todo el proceso transcurrió en poco más de tres minutos.
Charlie pulsó el botón de silencio en la tele, algo inusual.
¬óMira, hay algo que necesito decirte.
Frunci√≥ el ce√Īo y me pareci√≥ verdaderamente inc√≥modo. Me sent√© y permanec√≠ quieta, esperando. Nuestras miradas se encontraron un instante antes de que √©l clavara sus ojos en el suelo. No dijo nada m√°s.
¬óBueno, ¬Ņy qu√© es, pap√°?
Suspiró.
—Esto no se me da nada bien. No sé ni por dónde empezar...
Esperé otra vez.
¬óEst√° bien, Bella. Este es el tema ¬óse levant√≥ del sof√° y comenz√≥ a andar de un lado para otro a trav√©s de la habitaci√≥n, sin dejar de mirarse los pies todo el tiempo¬ó. Parece que Edward y t√ļ vais bastante en serio, y hay algunas cosas con las que debes tener cuidado. Ya s√© que eres una adulta, pero todav√≠a eres joven, Bella, y hay un mont√≥n de cosas importantes que tienes que saber cuando t√ļ... bueno, cuando te ves implicada f√≠sicamente con...
—¡Oh no, por favor, por favor, no! —le supliqué, saltando del asiento—. Por favor, no me digas que vas a intentar tener una charla sobre sexo conmigo, Charlie.
El miró con fijeza al suelo.
¬óSoy tu padre y tengo mis responsabilidades. Y recuerda que yo me siento tan inc√≥modo como t√ļ en esta situaci√≥n.
¬óNo creo que eso sea humanamente posible. De todos modos, mam√° te ha ganado por la mano desde hace lo menos diez a√Īos. Te has librado.
¬óHace diez a√Īos t√ļ no ten√≠as un novio ¬ómurmur√≥ a rega√Īadientes. No me cab√≠a duda de que estaba batallando con su deseo de dejar el tema. Ambos est√°bamos de pie, contempl√°ndonos los zapatos para evitar tener que mirarnos a los ojos.
—No creo que lo esencial haya cambiado mucho —susurré, con la cara tan roja como la suya. Esto llegaba más allá del séptimo circulo del infierno; y lo hacía peor el hecho de que Edward sabia lo que me estaba esperando. Ahora, no me sorprendía quehubiera parecido tan pagado de sí mismo en el coche.
—Sólo dime que ambos estáis siendo responsables —me suplicó Charlie, deseando con toda claridad que se abriera un agujero en el suelo que se lo tragara.
¬óNo te preocupes, pap√°, no es como t√ļ piensas.
—No es que yo desconfie de ti, Bella; pero estoy seguro de que no me vas a contar nada sobre esto, y además sabes que en realidad yo tampoco quiero oírlo. De todas formas, intentaré tomárlo con actitud abierta, ya sé que los tiempos han cambiado.
Reí incómoda.
—Quizá los tiempos hayan cambiado, pero Edward es un poco chapado a la antigua. No tienes de qué preocuparte.
Charlie suspiró.
—Ya lo creo que sí —murmuró.
¬óUgh ¬ógru√Ī√≠¬ó. Realmente desear√≠a que no me obligaras a decirte esto en voz alta, pap√°. De verdad. Pero bueno... Soy virgen a√ļn y no tengo planes inmediatos para cambiar esta circunstancia.
Ambos nos mor√≠amos de verg√ľenza, pero Charlie se tranquiliz√≥. Pareci√≥ creerme.
¬ó¬ŅMe puedo ir ya a la cama? Por favor.
¬óUn minuto ¬óa√Īadi√≥.
¬ó¬°Vale ya, por favor, pap√°! ¬°Te lo suplico!
—La parte embarazosa ya ha pasado, te lo prometo —me aseguró.
Me aventuré a mirarle y me sentí agradecida al ver que parecía más relajado, y que su rostro había recuperado su tonalidad natural. Se hundió en el sofá, suspirando con alivio al ver que ya se había acabado la charla sobre sexo.
¬ó¬ŅY ahora qu√© pasa?
—Sólo quería saber cómo iba la cosa del equilibrio.
—Oh. Bien, supongo. Hoy Angela y yo hemos hecho planes. Voy a ayudaría con sus tarjetas de graduación. Para chicas, nada más.
¬óEso est√° bien. ¬ŅY qu√© pasa con Jake?
Suspiré.
—Todavía no he resuelto eso, papá.
—Pues sigue intentándolo, Bella. Sé que harás las cosas bien. Eres una buena persona.
Estupendo. Entonces, ¬Ņera una mala persona si no consegu√≠a arreglar las cosas con Jake? Eso era un golpe bajo.
—Vale, vale —me mostré de acuerdo. Esta respuesta automática casi me hizo sonreír, ya que era una réplica que se me había pegado de Jacob. Incluso estaba empleando ese mismo tono condescendiente que él solía usar con su padre.
Charlie sonrió ampliamente y volvió a conectar el sonido del televisor. Se dejó caer sobre los cojines, complacido por el trabajo que había llevado a cabo esa noche. En un momento estuvo sumergido de nuevo en el partido.
¬óBuenas noches, Bella.
¬ó¬°Hasta ma√Īana! ¬óme desped√≠, y salt√© camino de las escaleras.
Edward ya hac√≠a rato que se hab√≠a ido y lo m√°s probable es que estuviera de vuelta cuando mi padre se hubiera dormido. Seguramente, estar√≠a de caza o haciendo lo que fuera para matar el rato, as√≠ que no ten√≠a prisa por cambiarme de ropa y acostarme. No me sent√≠a de humor para estar sola, pero desde luego no iba a bajar las escaleras dispuesta a pasar un rato en compa√Ī√≠a mi padre, por si acaso hab√≠a alg√ļn otro asunto relativo al tema de la educaci√≥n sexual que se le hubiera olvidado tocar antes; me estremec√≠.
As√≠ que gracias a Charlie me encontraba nerviosa y llena de ansiedad. Ya hab√≠a hecho las tareas y no estaba tan sosegada como para ponerme a leer o simplemente a escuchar m√ļsica. Estuve pensando en llamar a Ren√©e para informarle de mi visita, pero entonces me di cuenta de que era tres horas m√°s tarde en Florida y que ya estar√≠a dormida.
Podía llamar a Angela, supuse.
Pero de pronto supe que no era con Angela con quien quería ni con quien necesitaba hablar.
Mir√© con fijeza hacia el oscuro rect√°ngulo de la ventana, mordi√©ndome el labio. No s√© cu√°nto tiempo permanec√≠ all√≠ considerando los pros y los contras; los pros: hacer las cosas bien con Jacob, volviendo a ver otra vez a mi mejor amigo, comport√°ndome como una buena persona; y los contras, provocar el enfado de Edward. Tard√© unos diez minutos de reflexi√≥n en decidir que los pros eran m√°s v√°lidos que los contras. A Edward s√≥lo le preocupaba mi seguridad y yo sab√≠a que realmente no hab√≠a ning√ļn problema por ese lado.
El tel√©fono no ser√≠a de ninguna ayuda; Jacob se hab√≠a negado a contestar mis llamadas desde el regreso de Edward. Adem√°s, yo necesitaba verle, verle sonre√≠r de nuevo de la manera en que sol√≠a hacerlo. Si quer√≠a conseguir alguna vez un poco de paz espiritual, deb√≠a reemplazar aquel horrible √ļltimo recuerdo de su rostro deformado y retorcido por el dolor.
Disponía de una hora aproximadamente. Podía echar una carrera rápida a La Push y volver antes de que Edward se percatara de mi marcha. Ya se había pasado mi toque de queda, pero seguro que a Charlie no le iba a importar mientras no tuviera que ver con Edward. Sólo había una manera de comprobarlo.
Abarré la chaqueta y pasé los brazos por las mangas mientras corría escaleras abajo.
Charlie apartó la mirada del partido, suspicaz al instante.
¬ó¬ŅTe importa si voy a ver a Jake esta noche? ¬óle pregunt√© casi sin aliento¬ó. No tardar√© mucho.
Tan pronto como mencioné el nombre de Jake, el rostro de Charlie se relajó de forma instantánea con una sonrisa petulante. No parecía sorprendido en absoluto de que su sermón hubiera surtido efecto tan pronto.
¬óPara nada, Bella. Sin problemas. Tarda todo lo que quieras.
—Gracias, papá —le dije mientras salía disparada por la puerta.
Como cualquier fugitivo, no pude evitar mirar varias veces por encima de mi hombro mientras me montaba en mi coche, pero la noche era tan oscura que realmente no hacía falta. Tuve que encontrar el camino siguiendo el lateral del coche hasta llegar a la manilla.
Mis ojos comenzaban apenas a ajustarse a la luz cuando introduje las llaves en el contacto. Las torcí con fuerza hacia la izquierda, pero en vez de empezar a rugir de forma ensordecedora, el motor sólo emitió un simple clic. Lo intenté de nuevo con los mismos resultados.
Y entonces, una peque√Īa porci√≥n de mi visi√≥n perif√©rica me hizo dar un salto.
¬ó¬°¬°Aahh!! ¬ódi un grito ahogado cuando vi que no estaba sola en la cabina.
Edward estaba sentado, muy quieto, un punto ligeramente brillante en la oscuridad, y sólo sus manos se movían mientras daba vueltas una y otra vez a un misterioso objeto negro. Lo miró mientras hablaba.
—Me llamó Alice —susurró.
¬°Alice! Maldita sea. Se me hab√≠a olvidado contemplarla en mis planes. √Čl deb√≠a de haberla puesto a vigilarme.
—Se puso nerviosa cuando tu futuro desapareció de forma repentina hace cinco minutos.
Las pupilas, dilatadas ya por la sorpresa, se agrandaron m√°s a√ļn.
¬óElla no puede visualizar a los lic√°ntropos, ya sabes ¬óme explic√≥ en el mismo murmullo bajo¬ó. ¬ŅSe te hab√≠a olvidado? Cuando decides mezclar tu destino con el suyo, t√ļ tambi√©n desapareces. Supongo que no ten√≠as por qu√© saberlo, pero creo que puedes entender por qu√© eso me hace sentirme un poco... ¬Ņansioso? Alice te vio desaparecer y ella no pod√≠a decirme si hab√≠as venido ya a casa o no. Tu futuro se perdi√≥ junto con ellos.
¬ĽIgnoramos por qu√© sucede esto. Tal vez sea alguna defensa natural innata ¬óhablaba ahora como si lo hiciera consigo mismo, todav√≠a mirando la pieza del motor de mi coche mientras la hacia girar entre sus manos¬ó. Esto no parece del todo cre√≠ble, m√°xime si se considera que yo no tengo problema alguno en leerles la mente a los hombres lobo. Al menos los de los Black. La teor√≠a de Carlisle es que esto sucede porque sus vidas est√°n muy gobernadas por sus transformaciones. Son m√°s una reacci√≥n involuntaria que una decisi√≥n. Son tan completamente impredecibles que hacen cambiar todo lo que les rodea. En el momento en que cambian de una forma a otra, en realidad, ni existen siquiera. El futuro no les puede afectar...
Atendí a sus cavilaciones sumida en un silencio sepulcral.
¬óArreglar√© tu coche a tiempo para ir al colegio en el caso de que quieras conducir t√ļ misma ¬óme asegur√≥ al cabo de un minuto.
Con los labios apretados, saqué las llaves y salté rígidamente fuera del coche.
—Cierra la ventana si no quieres que entre esta noche. Lo entenderé —me susurró justo antes de que yo cerrara de un portazo.
Entré pisando fuerte en la casa, cerrando esta puerta también de un portazo.
¬ó¬ŅPasa algo? ¬óinquiri√≥ Charlie desde el sof√°.
—El coche no arranca —mascullé.
¬ó¬ŅQuieres que le eche una ojeada?
¬óNo, volver√© a intentarlo ma√Īana.
¬ó¬ŅQuieres llevarte mi coche?
Se suponía que yo no debía conducir el coche patrulla de la policía. Charlie debía de estar en verdad muy desesperado porque fuera a La Push. Probablemente tan desesperado como yo.
¬óNo. Estoy cansada ¬ógru√Ī√≠¬ó. Buenas noches.
Pateé mi camino escaleras arriba y me fui derecha a la ventana. Empujé el metal del marco con rudeza y se cerró de un golpe, haciendo que temblaran los cristales.
Miré con fijeza el trémulo y oscuro cristal durante largo rato, hasta que se quedó quieto. A continuación, suspiré y abrí la ventana lo máximo posible.