25 - Epilogo - el tratado

Edward hab√≠a retomado su matr√≠cula de principios de ese a√Īo, de modo que volvi√≥ de nuevo a mis clases. Mi comportamiento hab√≠a sido tan terrible el √ļltimo oto√Īo, despu√©s del supuesto traslado de los Cullen a Los √Āngeles, que el asiento contiguo hab√≠a permanecido vacante. Incluso Mike, siempre dispuesto a aprovechar las ventajas, hab√≠a mantenido una distancia segura. Con Edward ocupando nuevamente su lugar, parec√≠a como si los √ļltimos ocho meses hubieran quedado simplemente en una molesta pesadilla...
... pero no del todo. Quedaba a√ļn la cuesti√≥n del arresto domiciliario, por citar un ejemplo y, por poner otro, Jacob Black y yo no hab√≠amos sido buenos amigos antes del oto√Īo. As√≠ que, claro, entonces no lo habr√≠a echado de menos.
No tenía libertad de movimientos para ir a La Push y Jacob no venía a verme, ni siquiera se dignaba a contestar mis llamadas.
Le telefoneaba sobre todo por la noche, despu√©s de que, puntualmente a las nueve, un resuelto Charlie echara a Edward ¬ócon gran satisfacci√≥n¬ó, y antes de que √©ste regresara a hurtadillas por la ventana en cuanto mi padre se dorm√≠a. Escog√≠a este momento para hacer mis llamadas infructuosas porque me hab√≠a dado cuenta de que Edward pon√≠a mala cara cada vez que mencionaba el nombre de Jacob. Un gesto que estaba entre la desaprobaci√≥n y la cautela... o quiz√°s incluso el enfado. Yo supon√≠a que estaba relacionado con alg√ļn prejuicio rec√≠proco contra los hombres lobo, aunque no se mostraba tan expl√≠cito como lo hab√≠a sido Jacob respecto a los ¬ęchupasangres¬Ľ.
Por eso, procuraba no mencionar demasiado el nombre de Jacob en presencia de Edward.
Era difícil sentirme desdichada teniendo a Edward a mi lado, incluso aunque mi antiguo mejor amigo probablemente fuera bastante infeliz en esos momentos por mi causa. Cada vez que me acordaba de Jake me sentía culpable por no pensar más en él.
El cuento de hadas continuaba. El pr√≠ncipe hab√≠a regresado y se hab√≠a roto el maleficio. No estaba segura exactamente de qu√© hacer con el personaje restante, el cabo suelto. ¬ŅD√≥nde estaba su ¬ęfeliz para siempre¬Ľ?
Las semanas transcurrieron sin que Jacob quisiera responder a mis llamadas. Esto empezó a convertirse en una preocupación constante. Era como si llevara un grifo goteando pegado a la parte posterior de mi cabeza que no podía cerrar ni ignorar. Gota, gota, gota. Jacob, Jacob, Jacob.
Así que, aunque yo no mencionara mucho a Jacob, algunas veces mi frustración y mi ansiedad explotaban. Un sábado por la tarde, cuando Edward me recogió a la salida del trabajo, me desahogué:
—¡Es una verdadera falta de educación! —enfadarse por algo es más fácil que sentirse culpable—. ¡Estuvo de lo más grosero!
Había cambiado el horario de las llamadas con la esperanza de obtener una respuesta diferente. En aquella ocasión, había telefoneado a Jake desde el trabajo sólo para encontrarme con que había contestado Billy, poco dispuesto a cooperar. Otra vez.
—Billy me dijo que él no quería hablar conmigo —estaba que echaba humo, mirando cómo la lluvia se filtraba por la ventana del copiloto—. ¡Que estaba allí y que no estaba dispuesto a dar tres pasos para ponerse al teléfono! Normalmente, Billy se limita a decir que está fuera, ocupado, durmiendo o algo por el estilo. Quiero decir, no es como si yo no supiera que me miente, pero al menos era una forma educada de manejar la situación. Sospecho que ahora Billy también me odia. ¡No es justo!
¬óNo es por ti, Bella ¬órepuso Edward con calma¬ó. A ti nadie te odia.
¬óPues as√≠ es como me siento ¬ómascull√©, cruzando los brazos sobre el pecho. No era nada m√°s que un gesto de terquedad. Ya no hab√≠a all√≠ ning√ļn agujero, apenas pod√≠a recordar esa sensaci√≥n de vac√≠o.
—Jacob sabe que hemos vuelto y estoy seguro de que tiene claro que estoy contigo —dijo Edward—. No se acercará a donde yo esté. La enemistad está profundamente arraigada.
¬óEso es est√ļpido. Sabe que t√ļ no eres... como los otros vampiros.
—Aun así, hay buenas razones para mantener una distancia razonable.
Miré por el parabrisas con gesto ausente sin ver otra cosa que el rostro de Jacob, que llevaba puesta la máscara de la amargura que yo tanto odiaba.
¬óBella, somos lo que somos ¬órepuso Edward con serenidad¬ó. Yo me siento capaz de controlarme, pero dudo que √©l lo consiga. Es muy joven. Lo m√°s probable es que un encuentro degenerase en lucha y no s√© si podr√≠a pararlo antes de m... ¬óde pronto, enmudeci√≥; luego, continu√≥ con rapidez¬ó: Antes de que le hiriera. Y t√ļ ser√≠as desdichada. No quiero que ocurra eso.
Recordé lo que Jacob había dicho en la cocina, y oí sus palabras con total exactitud, con su voz ronca. No estoy seguro de mantenerme siempre lo bastante sereno como para poder manejar la situación. No creo que te hiciera demasiado feliz que matara a tu amiga. Pero aquella vez había sido capaz de conservar la serenidad...
¬óEdward Cullen ¬ómascull√©¬ó. ¬ŅHas estado a punto de decir ¬ęmatarle¬Ľ? ¬ŅEra eso?
√Čl mir√≥ hacia otro lado, con la vista fija en la lluvia. Frente a nosotros, se puso en verde el sem√°foro cuya presencia no hab√≠a advertido mientras brillaba la luz roja. Arranc√≥ de nuevo y condujo muy despacio. No era su manera habitual de conducir.
—Yo intentaría... con mucho esfuerzo... no hacerlo —dijo al fin Edward.
Le mir√© fijamente con la boca abierta, pero √©l continu√≥ con la vista al frente. Nos hab√≠amos detenido delante de la se√Īal de stop de la esquina.
De pronto, recordé la suerte que había corrido Paris al regreso de Romeo. Las acotaciones de la obra son simples. Luchan. Paris cae.
Pero eso era ridículo. Imposible.
—Bueno —contesté y respiré hondo mientras sacudía la cabeza para ahuyentar las palabras de mi mente—, eso no va a ocurrir jamás, así que no hay de qué preocuparse. Y sabes que en estos momentos Charlie estará mirando el reloj. Será mejor que me lleves a casa antes de que me busque más problemas por retrasarme.
Volví la cara hacia él, sonriendo con cierta desgana.
Mi corazón palpitaba fuerte y saludable en mi pecho, en su sitio de siempre, cada vez que contemplaba su rostro, ese rostro perfecto hasta lo imposible. Esta vez, el latido se aceleró más allá de su habitual ritmo enloquecido. Reconocí la expresión de su rostro; era la que le hacía parecerse a una estatua.
—Creo que ahora tienes algunos problemas más, Bella —susurró sin mover los labios.
Me deslicé a su lado, más cerca, y me aferré a su brazo mientras seguía el curso de su mirada para ver lo mismo que él. No sé qué esperaba encontrar, quizás a Victoria de pie en mitad de la calle, con su encendido cabello rojo revoloteando al viento, o una línea de largas capas negras... o una manada de licántropos hostiles, pero no vi nada en absoluto.
¬ó¬ŅQu√©? ¬ŅQu√© es?
Respiró hondo.
¬óCharlie...
¬ó¬ŅMi padre? ¬óchill√©.
Entonces, él bajó la mirada hacia mí, y su expresión era lo bastante tranquila como para mitigar un poco mi pánico.
—No es probable que Charlie vaya a matarte, pero se lo está pensando —me dijo. Condujo de nuevo calle abajo, pero pasó de largo frente a la casa y aparcó junto al confín del bosque.
¬ó¬ŅQu√© he hecho ahora? ¬ójade√©.
Edward lanzó otra mirada hacia la casa. Le imité, y entonces me di cuenta por vez primera del vehículo que estaba aparcado en la entrada, al lado del coche patrulla. Era imposible no verlo con ese rojo tan brillante. Era mi moto, exhibiéndose descaradamente en la entrada.
Edward había dicho que Charlie se estaba pensando lo de matarme; por tanto, mi padre ya debía de saber que era mía. Sólo había una persona que pudiera estar detrás de semejante traición.
¬ó¬°No! ¬ójade√©¬ó. ¬ŅPor qu√©? ¬ŅPor qu√© iba a hacerme Jacob una cosa as√≠? Su traici√≥n me traspas√≥ como una estocada. Hab√≠a confiado en Jacob de forma impl√≠cita, le hab√≠a contado todos mis secretos por peque√Īos que fueran. Se supon√≠a que √©l era mi puerto seguro, la persona en la que siempre podr√≠a confiar. Las cosas estaban m√°s tensas ahora, sin duda, pero jam√°s pens√© que esto hubiera afectado a los cimientos de nuestra amistad. ¬°Nunca pens√© que eso pudiera cambiar!
¬ŅQu√© le hab√≠a hecho para merecerme eso? Charlie se iba a enfadar much√≠simo, y peor a√ļn, iba a sentirse herido y preocupado. ¬ŅEs que no ten√≠a bastante con todo lo que hab√≠a ocurrido ya? Nunca hubiera imaginado que Jake fuera tan mezquino, tan abiertamente miserable. L√°grimas ardientes brotaron de mis ojos, pero no eran l√°grimas de tristeza. Me hab√≠a traicionado. De pronto, me sent√≠ tan furiosa que la cabeza me lat√≠a como si me fuera a explotar.
¬ó¬ŅEst√° todav√≠a por aqu√≠? ¬ófarfull√©.
¬óS√≠. Nos est√° esperando all√≠ ¬óme dijo Edward, se√Īalando con la barbilla el camino estrecho que divid√≠a en dos la franja oscura de √°rboles.
Salt√© del coche y me lanc√© en direcci√≥n a los √°rboles con las manos ya cerradas en pu√Īos, preparadas para el primer golpe.
Edward me agarró por la cintura antes de que hollara el camino.
¬ŅPor qu√© ten√≠a que ser siempre mucho m√°s r√°pido que yo?
—¡Suéltame! ¡Voy a matarle! ¡Traidor! —grité el adjetivo para que llegara hasta los árboles.
—Charlie te va a oír —me avisó Edward—, y va a tapiar la puerta una vez que te tenga dentro.
Volv√≠ el rostro de forma instintiva hacia la casa y me pareci√≥ que lo √ļnico que pod√≠a ver era la rutilante moto roja. Lo ve√≠a todo rojo. La cabeza me lati√≥ otra vez.
¬óD√©jame que le atice una vez, s√≥lo una, y luego ya ver√© c√≥mo me las apa√Īo con Charlie ¬óluch√© en vano para zafarme.
—Jacob Black quiere verme a mí. Por eso sigue aquí.
Aquello me frenó en seco y me quitó las ganas de pelear por completo. Se me quedaron las manos flojas. Luchan. Paris cae.
Estaba furiosa, pero no tanto.
¬ó¬ŅPara hablar? ¬ópregunt√©.
¬óM√°s o menos.
¬ó¬ŅCu√°nto m√°s? ¬óme tembl√≥ la voz.
Edward me apart√≥ cari√Īosamente el pelo de la cara.
—No te preocupes, no ha venido aquí para luchar conmigo, sino en calidad de... portavoz de la manada.
¬óOh.
Edward miró otra vez hacia la casa; después, apretó el brazo alrededor de mi cintura y me empujó hacia los árboles.
¬óTenemos que darnos prisa. Charlie se est√° impacientando.
No hubo necesidad de ir muy lejos; Jacob nos esperaba en el camino, un poco m√°s arriba. Se hab√≠a acomodado contra el tronco de un √°rbol cubierto de musgo mientras esperaba, con el rostro duro y amargado, exactamente del modo en que yo sab√≠a que estar√≠a. Me mir√≥ primero a m√≠ y luego a Edward. Su boca se torci√≥ en una mueca burlona y se separ√≥ del √°rbol. Se irgui√≥ sobre los talones de sus pies descalzos, inclin√°ndose ligeramente hacia delante con sus manos temblorosas convertidas en pu√Īos. Parec√≠a todav√≠a m√°s grande que la √ļltima vez que le hab√≠a visto. Aunque fuera casi imposible de creer, segu√≠a creciendo. Le habr√≠a sacado una cabeza a Edward si hubieran estado uno junto al otro.
Pero Edward se paró tan pronto como le vimos, dejando un espacio amplio entre él y nosotros, y ladeó el cuerpo al tiempo que me empujaba hacia atrás, de modo que me cubría. Me incliné hacia un lado para observar fijamente a Jacob y poder acusarle con la mirada.
Pensaba que iba a enfadarme a√ļn m√°s al ver su expresi√≥n c√≠nica y resentida, pero, en vez de eso, contemplarle me record√≥ la √ļltima vez que le hab√≠a visto, con l√°grimas en los ojos. Mi furia se debilit√≥ y flaque√≥ conforme le miraba. Hab√≠a pasado tanto tiempo desde aquella ocasi√≥n que me repateaba que el reencuentro tuviera que ser de este modo.
—Bella —dijo él a modo de saludo, asintiendo una vez en mi dirección sin apartar los ojos de Edward.
¬ó¬ŅPor qu√©? ¬ósusurr√©, intentando ocultar el sonido del nudo de mi garganta¬ó. ¬ŅC√≥mo has podido hacerme esto, Jacob?
La mueca burlona se desvaneció, pero su rostro continuó duro y rígido.
¬óHa sido por tu bien.
¬ó¬ŅY qu√© se supone que significa eso? ¬ŅQuieres que Charlie me estrangule? ¬ŅO quieres que le d√© un ataque al coraz√≥n como a Harry? No importa lo furioso que est√©s conmigo, ¬Ņc√≥mo le has podido hacer esto a √©l?
Jacob hizo un gesto de dolor y sus cejas se juntaron, pero no contestó.
—No ha pretendido herir a nadie —murmuró Edward, explicando aquello que Jacob no estaba dispuesto a decir—, sólo quería que no pudieras salir de casa para que no estuvieras conmigo.
Sus ojos relampaguearon de odio mientras miraba de nuevo a Edward.
¬ó¬°Ay, Jake! ¬°Ya estoy castigada! ¬ŅPor qu√© te crees que no he ido a La Push para patearte el culo por no ponerte al tel√©fono?
Los ojos de Jacob relumbraron de vuelta hacia mí, confundido por primera vez.
¬ó¬ŅEra por eso? ¬óinquiri√≥, y luego apret√≥ las mand√≠bulas como si le sentara mal haber preguntado.
—Creía que era yo quien te lo impedía, no Charlie —volvió a explicarme Edward.
—Para ya —le interrumpió Jacob.
Edward no contestó.
Jacob se estremeci√≥ una vez y despu√©s apret√≥ los dientes tanto como los pu√Īos.
—Bella no había exagerado acerca de tus... habilidades —dijo entre dientes—. Así que ya debes de saber por qué estoy aquí.
—Sí —asintió Edward con voz tranquila—, pero quiero decirte algo antes de que empieces.
Jacob esperó, cerrando y abriendo las manos de forma compulsiva mientras intentaba controlar los temblores que corrían por sus brazos.
—Gracias —continuó Edward, y su voz vibró con la profundidad de su sinceridad—. Jamás seré capaz de agradecértelo lo suficiente. Estaré en deuda contigo el resto de mi... existencia.
Jacob le miró fijamente sin comprender, y sus temblores se tranquilizaron por la sorpresa. Intercambió una rápida mirada conmigo, pero mi rostro mostraba el mismo desconcierto que el suyo.
—Gracias por mantener a Bella viva —aclaró Edward con voz ronca, llena de intensidad—. Cuando yo... no lo hice.
—Edward... —empecé a hablar, pero él levantó una mano, con los ojos fijos en Jacob.
La comprensión recorrió el rostro de Jacob antes de que volviera a ocultarla detrás de la máscara de insensibilidad.
¬óNo lo hice por ti.
—Me consta, pero eso no significa que me sienta menos agradecido. Pensé que deberías saberlo. Si hay algo que esté en mi mano hacer por ti...
Jacob alzó una ceja negra.
Edward negó con la cabeza.
¬óEso no est√° en mis manos.
¬ó¬ŅEn las de qui√©n, pues? ¬ógru√Ī√≥ Jacob.
Edward dirigió la mirada hasta donde yo estaba.
—En las suyas. Aprendo rápido, Jacob Black, y no cometeré el mismo error dos veces. Voy a quedarme aquí hasta que ella me diga que me marche.
Me sumerg√≠ por un momento en la luz dorada de sus ojos. No era dif√≠cil entender la parte que me hab√≠a perdido de la conversaci√≥n. Lo √ļnico que Jacob podr√≠a querer de Edward ser√≠a que se fuera.
—Nunca —susurré, todavía inmersa en sus ojos.
Jacob hizo un sonido como si se atragantara.
Con renuencia, me solt√© de la mirada de Edward para fruncirle el ce√Īo a Jacob.
¬ó¬ŅHay algo m√°s que necesites, Jacob? ¬Ņdeseabas meterme en problemas? Misi√≥n cumplida. Charlie quiz√°s me mande a un internado militar, pero eso no me alejar√° de Edward. Nada lo conseguir√°. ¬ŅQu√© m√°s quieres?
Jacob siguió clavando la mirada en Edward.
¬óS√≥lo me falta recordar a tus amigos chupasangres unos cuantos puntos clave del tratado que cerraron. Ese tratado es la √ļnica cosa que me impide que le abra la garganta aqu√≠ y ahora.
¬óNo los hemos olvidado ¬ódijo Edward justo en el mismo momento que yo preguntaba:
¬ó¬ŅQu√© puntos clave?
Jacob seguía fulminando con la mirada a Edward, pero me contestó.
—El tratado es bastante específico. La tregua se acaba si cualquiera de vosotros muerde a un humano. Morder, no matar —remarcó. Finalmente, me miró. Sus ojos eran fríos.
Sólo me llevó un segundo comprender la distinción, y entonces mi rostro se volvió tan frío como el suyo.
¬óEso no es asunto tuyo.
—Maldita sea si no... —fue todo lo que consiguió mascullar.
No esperaba que mis palabras precipitadas provocaran una respuesta tan fuerte. A pesar del aviso que venía a transmitir, él seguro que no lo sabía. Debió de pensar que la advertencia era una mera precaución. No se había dado cuenta, o quizá no había querido creer, que yo ya había adoptado una decisión, que realmente intentaba convertirme en un miembro de la familia Cullen.
Mi respuesta empuj√≥ a Jacob a casi revolverse entre convulsiones. Presion√≥ los pu√Īos contra sus sienes, cerr√≥ los ojos con fuerza y se dobl√≥ sobre s√≠ mismo en un intento de controlar los espasmos. Su rostro adquiri√≥ un tono verde amarillento debajo de la tez cobriza.
¬ó¬ŅJake? ¬ŅEst√°s bien? ¬ópregunt√© llena de ansiedad.
Di medio paso en su dirección, pero Edward me retuvo y me obligó a situarme detrás de su propio cuerpo.
—¡Ten cuidado! ¡Ha perdido el control! —me avisó.
Pero Jacob casi había conseguido recobrarse otra vez; sólo sus brazos continuaban temblando. Miró a Edward con una cara llena de odio puro.
¬ó¬°Arg! Yo nunca le har√≠a da√Īo a ella.
Ni Edward ni yo nos perdimos la inflexi√≥n ni la acusaci√≥n que conten√≠an sus palabras. Un siseo bajo se escap√≥ de entre los labios de Edward y Jacob cerr√≥ sus pu√Īos en respuesta.
—¡BELLA! —el rugido de Charlie venía de la dirección de la casa—. ¡ENTRA AHORA MISMO!
Todos nos quedamos helados y a la escucha en el silencio que siguió.
Yo fui la primera en hablar; mi voz temblaba.
¬óMierda.
La expresión furiosa de Jacob flaqueó.
—Siento mucho esto —murmuró—. Tenía que hacer lo que pudiera... Tenía que intentarlo.
—Gracias —el temblor de mi voz arruinó el efecto del sarcasmo. Miré hacia el camino, casi esperando ver aparecer a Charlie embistiendo contra los helechos mojados como un toro enfurecido. En ese escenario, seguramente yo sería la bandera roja.
¬óS√≥lo una cosa m√°s ¬óme dijo Edward, y despu√©s mir√≥ a Jacob¬ó. No hemos encontrado rastro alguno de Victoria a nuestro lado de la l√≠nea, ¬Ņy vosotros?
Supo la respuesta tan pronto como Jacob la pensó, pero éste contestó de todos modos.
¬óLa √ļltima vez fue cuando Bella estuvo... fuera. Le dejamos creer que hab√≠a conseguido infiltrarse para estrechar el cerco, y est√°bamos preparados para emboscarla...
Un escalofrío helado me recorrió la columna.
—Pero entonces salió disparada, como un murciélago escapando del infierno. Por lo que nosotros creemos, captó tu olor y eso la sacó del apuro. No ha aparecido por nuestras tierras desde entonces.
Edward asintió.
¬óCuando ella regrese, no es ya problema vuestro. Nosotros...
—Mató en nuestro territorio —masculló Jacob—. ¡Es nuestra!
—No... —empecé a protestar dirigiéndome a los dos.
¬ó¬°BELLA! ¬°VEO EL COCHE DE EDWARD Y S√Č QUE EST√ĀS AH√ć FUERA! ¬°SI NO ENTRAS EN CASA EN UN MINUTO...! ¬óCharlie ni siquiera se molest√≥ en completar su amenaza.
—Vámonos —me instó Edward.
Mir√© atr√°s hacia Jacob, con el coraz√≥n dividido. ¬ŅVolver√≠a a verle otra vez?
—Lo siento —susurró él tan bajo que tuve que leerle los labios para entenderlo—. Adiós, Bella.
¬óLo prometiste ¬óle record√© con desesperaci√≥n¬ó. Prometiste que siempre ser√≠amos amigos, ¬Ņde acuerdo?
Jacob sacudió la cabeza lentamente, y el nudo de mi garganta casi me estranguló.
—Ya sabes que intenté mantener esa promesa, pero... no veo cómo va a ser posible. No ahora... —luchó para no mover su dura máscara de lugar, pero ésta vaciló y después desapareció—. Te echaré de menos —articuló con los labios. Una de sus manos se alzó hacia mí con los dedos extendidos, como si deseara que fueran lo suficientemente largos para cruzar la distancia entre los dos.
—Yo también —contesté ahogada por la emoción. Mi mano también se alzó hacia la suya a través del amplio espacio.
Como si estuviéramos conectados, el eco de su dolor se retorció dentro de mí. Su dolor, mi dolor.
¬óJake...
Di un paso hacia él. Quería pasar mis brazos por su cintura y borrar esa expresión de sufrimiento de su rostro. Edward me empujó hacia atrás de nuevo, sujetándome más que defendiéndome con los brazos.
—Todo va bien —le prometí, y alcé la vista para leer su rostro con la verdad en mis ojos. Supuse que él lo entendería.
Pero sus ojos eran inescrutables y su rostro inexpresivo. Frío.
¬óNo, no va bien.
—Suéltala —rugió Jacob, furioso otra vez—. ¡Ella quiere que la sueltes!
Dio dos zancadas hacia delante. Un destello llameó en sus ojos en anticipación a la lucha. Su pecho pareció ondularse cuando se estremeció.
Edward volvió a empujarme detrás de él y se dio la vuelta para encarar a Jacob.
¬ó¬°No! ¬°Edward...!
¬ó¬°ISABELLA SWAN!
¬ó¬°V√°monos! ¬°Charlie est√° como loco! ¬ómi voz estaba llena de p√°nico, pero ahora no por Charlie¬ó. ¬°Date prisa!
Tiré de él y se relajó un poco. Me empujó hacia atrás lentamente. Mientras nos retirábamos, no perdió de vista a Jacob...
... que nos mir√≥ con el oscuro ce√Īo fruncido en su rostro amargo. La expectativa de la lucha desapareci√≥ de sus ojos y entonces, justo antes de que el bosque se interpusiera entre nosotros, su cara se contrajo llena de pena.
Supe que este √ļltimo atisbo de su rostro me perseguir√≠a hasta que volviera a verle sonre√≠r.
Y justo allí me juré que volvería a contemplar su sonrisa, y pronto. Encontraría la manera de que continuara siendo mi amigo.
Edward mantuvo su brazo ce√Īido a mi cintura, conserv√°ndome cerca de √©l. Esto fue lo √ļnico que impidi√≥ que rompiera a llorar.
Tenía varios problemas realmente serios.
Mi mejor amigo me contaba entre sus peores enemigos.
Victoria seguía suelta, poniendo a toda la gente que amaba en peligro.
Los Vulturis me matarían si no me convertía pronto en vampiro.
Y ahora parec√≠a que si lo hac√≠a, los lic√°ntropos quileutes tratar√≠an de hacer el trabajo por su cuenta, adem√°s de intentar matar a mi futura familia. No creo que tuvieran ninguna oportunidad en realidad, pero ¬Ņterminar√≠a mi mejor amigo muerto en el intento?
Eran problemas muy, muy serios. As√≠ que ¬Ņpor qu√© me parecieron todos repentinamente insignificantes cuando salimos de detr√°s del √ļltimo de los √°rboles y vi la expresi√≥n del rostro purp√ļreo de Charlie?
Edward me dio un apretón suave.
—Estoy aquí.
Respiré hondo.
Eso era cierto. Edward estaba allí, rodeándome con sus brazos.
Podría enfrentarme a cualquier cosa mientras eso no cambiara.
Cuadr√© los hombros y fui a enfrentarme con mi suerte, llevando al lado al hombre de mis sue√Īos en carne y hueso.

Agradecimientos
Todo mi amor y mi gratitud a mi esposo y a mis hijos por su comprensi√≥n y sacrificio constantes y por su apoyo en mi tarea de escritora. Al menos, no soy la √ļnica beneficiada; estoy convencida de que muchos restaurantes locales tambi√©n agradecen que no haya vuelto a cocinar.
Gracias, mamá, por ser mi mejor amiga y permitirme que te caliente la cabeza con todas mis dificultades. Además, gracias por ser tan locamente creativa e inteligente, y por haber insuflado un poco de todas esas virtudes en mi mezcla genética.
Gracias a todos mis hermanos, Emily, Heidi, Paul, Seth y Jacob, por dejarme tomar prestados vuestros nombres. Espero no haber hecho con ellos nada por lo que hayáis tenido que arrepentiros de llamaros así.
Debo un agradecimiento especial a mi hermano Paul por sus lecciones para montar en moto; tienes un gran don para la ense√Īanza.
Nunca podr√© agradecerle lo suficiente a mi hermano Seth todo el talento y el trabajo duro invertidos en la creaci√≥n del sitio www.stepheniemeyer.com. A√ļn estoy en deuda contigo por el esfuerzo que contin√ļas haciendo como mi Webmaster. Mira el correo, chaval. Esta vez lo digo en serio.
Gracias de nuevo a mi hermano Jacob por su permanente y experto asesoramiento en todas mis dudas sobre automóviles.
Muchas gracias a mi agente, Jodi Reamer, por su guía y apoyo continuos en mi carrera, y también por soportar mi locura con una sonrisa., cuando sé que en vez de eso preferiría usar conmigo alguno de sus ataques ninja.
Mi cari√Īo, besos y gratitud a mi publicista, la hermosa Elizabeth Eulberg, por hacer que mis giras se parecieran m√°s a una fiesta de pijamas que a una lata, por su ayuda y sus consejos en mis cacer√≠as ciberna√ļticas, y por convencer a esos esnobs exclusivos del EEC (Elizabeth Eulberg Club) para que me admitieran y, ¬°ah, s√≠!, tambi√©n por lograr que entrara en la lista de m√°s vendidos del New York Times.
Un montón de gracias para todo el equipo de Little, Brown and Company por su apoyo y su confianza en el potencial de mis historias.
Y finalmente, gracias a esos m√ļsicos llenos de talento que me inspiraron, en especial, la banda Muse. Hay emociones, escenas e hilos de la trama en esta novela que surgieron de las canciones de Muse y que no existir√≠an sin su genio. Tambi√©n a Linkin Park, Travis, Elbow, Coldplay, Marjorie Fair, My Chemical Romance, Brand New, The Strokes, Armor For Sleep, The Arcade Fire y The Fray, que han sido todos instrumentos imprescindibles para conjurar el bloqueo del escritor.



La historia de amor m√°s peligrosa jam√°s contada continuar√° en
Eclipse


Rese√Īa Bibliogr√°fica
Stephenie Meyer:


Stephenie Meyer se gradu√≥ en la Brigham Young University con una licenciatura en Ingl√©s. Actualmente vive con su marido y sus tres hijos peque√Īos en Phoenix, Arizona.

Dotada de un talento muy especial, Stephenie ha sabido cautivar el corazón de millones de lectores y granjearse un lugar muy destacado en el panorama de la novela paranormal juvenil.

Luna Nueva:
¬ęCuando el papel me cort√≥ el dedo, solo sali√≥ una gota de sangre del peque√Īo corte. Entonces, todo pas√≥ muy r√°pido. "¬°No!", rugi√≥ Edward... Aturdida y desorientada, mir√© la brillante sangre roja que sal√≠a de mi brazo y despu√©s a los ojos enfebrecidos de seis vampiros repentinamente hambrientos...¬Ľ

Para Bella Swan, hay una cosa más importante que su propia vida: Edward Cullen. Pero enamorarse de un vampiro es más peligroso de lo que Bella nunca podría haber imaginado. Edward ya ha rescatado a Bella de las garras de un diabólico vampiro, pero ahora, a medida que su arriesgada relación amenaza todo lo que es cercano y querido para ellos, se dan cuenta de que sus problemas puede que sólo estén empezando...
* * *