24 - La votacion

Me ayudó a encaramarme a su espalda y echó a correr. Me pareció algo habitual incluso después de haber transcurrido tanto tiempo. Resultaba fácil. Evidentemente, era algo que nunca se olvidaba, como ir en bici.
Mientras √©l atravesaba el bosque corriendo, con la respiraci√≥n lenta y acompasada, todo permaneci√≥ en calma y a oscuras, tanto que apenas ve√≠amos los √°rboles cuando pas√°bamos como un b√≥lido delante de ellos. S√≥lo el azote del viento en el rostro daba verdadera medida de la velocidad a la que √≠bamos. El aire era h√ļmedo y no me quemaba los ojos como lo hab√≠a hecho en la gran plaza, lo cual supon√≠a un alivio. La negrura me parec√≠a conocida y protectora, igual que el grueso edred√≥n debajo del cual jugaba de ni√Īa.
Me acord√© de c√≥mo sol√≠an asustarme aquellas carreras por el bosque, y tambi√©n de que cerraba los ojos. Ahora se me antojaba una reacci√≥n est√ļpida. Mantuve los ojos abiertos y apoy√© el ment√≥n en su hombro, rozando su cuello con la mejilla.
La velocidad resultaba tonificante. Cien veces mejor que la moto.
Volví mi cara hacia él y apreté los labios sobre la piel —fría como la piedra— de su cuello.
¬óGracias ¬ódijo mientras dej√°bamos atr√°s las vagas siluetas oscuras de los √°rboles¬ó. ¬ŅSignifica eso que has decidido que est√°s despierta?
Me reí. Mi risa sonaba fácil, natural, fluida. Sonaba bien.
¬óEn realidad, no. M√°s bien, todo lo contrario. Voy a intentar no despertar, al menos, no esta noche.
¬óNo s√© c√≥mo, pero volver√© a ganarme tu confianza ¬ómurmur√≥, en su mayor parte para √©l¬ó. Aunque sea lo √ļltimo que haga.
—Confío en ti —le aseguré—, pero no en mí.
¬óExplica eso, por favor.
Ralentiz√≥ el ritmo hasta limitarse a andar ¬ós√≥lo me di cuenta porque ces√≥ el viento¬ó y supuse que no deb√≠amos de estar lejos de la casa. De hecho, me pareci√≥ distinguir en medio de la oscuridad el sonido del r√≠o mientras flu√≠a en alg√ļn lugar cercano.
¬óBueno... ¬óme devan√© los sesos para encontrar la forma adecuada de expresarlo¬ó. No conf√≠o en que yo, por m√≠ misma, re√ļna m√©ritos suficientes para merecerte. No hay nada en m√≠ capaz de retenerte.
Se detuvo y se estiró para bajarme de la espalda. Sus manos suaves no me soltaron después de dejarme en el suelo y me abrazó con fuerza, apretándome contra su pecho.
—Me retendrás de forma permanente e inquebrantable —susurró—. Nunca lo dudes.
Ya, pero ¬Ņc√≥mo no iba a tener dudas?
—Al final no me lo has dicho... —musitó él.
¬ó¬ŅEl qu√©?
¬óCu√°l era tu gran problema.
—Te dejaré que lo adivines —suspiré mientras alzaba la mano para tocarle la punta de la nariz con el dedo índice.
Asintió con la cabeza.
¬óSoy peor que los Vulturis ¬ódijo en tono grave¬ó. Supongo que me lo merezco.
Puse los ojos en blanco.
¬óLo peor que los Vulturis pueden hacer es matarme ¬óesper√≥, tenso¬ó. T√ļ puedes dejarme ¬óle expliqu√©¬ó. Los Vulturis o Victoria no pueden hacer nada en comparaci√≥n con eso.
Incluso en la penumbra, atisbé la angustiada crispación de su rostro. Me recordó la expresión que adoptó cuando Jane le torturó. Me sentí mal y lamenté haberle dicho la verdad.
—No —susurré al tiempo que le acariciaba la cara—, no estés triste.
Curvó las comisuras de los labios en una sonrisa tan carente de alegría que no llegó a sus ojos.
—Sólo hay una forma de hacerte ver que no puedo dejarte —susurró—. Supongo que no hay otro modo de convencerte que el tiempo.
La idea del tiempo me agradó.
—Vale —admití.
Su rostro seguía martirizado, así que intenté distraerle con tonterías sin importancia.
¬óBueno, ahora que vas a quedarte, ¬Ņpuedo recuperar mis cosas? ¬óle pregunt√© con el tono de voz m√°s desenfadado del que fui capaz.
Mi intento funcionó en gran medida: se rió, pero el sufrimiento no desapareció de sus ojos.
¬óTus cosas nunca desaparecieron ¬óme dijo¬ó. Sab√≠a que obraba mal, dado que te hab√≠a prometido paz sin recordatorio alguno. Era est√ļpido e infantil, pero quer√≠a dejar algo m√≠o junto a ti. El CD, las fotograf√≠as, los billetes de avi√≥n... todo est√° debajo de las tablas del suelo.
¬ó¬ŅDe verdad?
Asintió. Parecía levemente reconfortado por mi evidente alegría ante este hecho tan trivial, aunque no bastó para borrar el dolor de su rostro por completo.
¬óCreo ¬ódije lentamente¬ó, no estoy segura, pero me pregunto... Quiz√° lo he sabido todo el tiempo.
¬ó¬ŅQu√© es lo que sab√≠as?
Sólo pretendía alejar el sufrimiento de sus ojos, pero las palabras sonaron más veraces de lo que esperaba cuando las pronuncié.
—Una parte de mí, tal vez fuera mi subconsciente, jamás dejó de creer que te seguía importando que yo viviera o muriera. Ese es el motivo por el que oía las voces.
Se hizo un silencio absoluto durante un momento.
¬ó¬ŅVoces? ¬órepiti√≥ con voz apagada.
¬óBueno, s√≥lo una, la tuya. Es una larga historia ¬óla desconfianza de sus facciones me hizo desear no haber sacado el tema a colaci√≥n. ¬ŅPensar√≠a √©l, como todos los dem√°s, que estaba loca? ¬ŅTen√≠an raz√≥n en ese punto? Pero al menos desapareci√≥ de su rostro la expresi√≥n de que algo iba a arder.
¬óTengo tiempo de sobra ¬órepuso de forma forzada, pero sin alterar la voz.
—Es bastante patético.
Esperó.
No estaba segura de cuál podía ser la mejor forma de explicárselo.
¬ó¬ŅRecuerdas lo que dijo Alice sobre los deportes de alto riesgo?
Pronunci√≥ las palabras sin inflexi√≥n ni √©nfasis de ning√ļn tipo:
—Saltaste desde un acantilado por diversión.
—Esto... Cierto, y antes que eso, monté en moto...
¬ó¬ŅEn moto? ¬óinquiri√≥. Conoc√≠a su voz lo bastante bien para detectar cu√°ndo se coc√≠a algo detr√°s de su calma aparente.
—Supongo que no le conté a Alice esa parte.
¬óNo.
¬óBueno, sobre eso... Mira, descubr√≠ que te recordaba con mayor claridad cuando hac√≠a algo est√ļpido o peligroso... ¬óle confes√©, sinti√©ndome completamente chiflada¬ó. Recordaba c√≥mo sonaba tu voz cuando te enfadabas. La escuchaba como si estuvieras a mi lado. En general, intentaba no pensar en ti, pero en momentos como aqu√©llos no me dol√≠a mucho, era como si volvieras a protegerme, como si no quisieras que resultara herida.
¬ĽY bueno, me preguntaba si la raz√≥n de que te oyera con tal nitidez no ser√≠a que, debajo de todo eso, siempre supe no hab√≠as dejado de quererme...
Tal y como había ocurrido antes, las palabras cobraron poder de convicción a medida que las pronunciaba. Eran sinceras. Una fibra en lo más sensible de mi ser supo que yo decía la verdad.
¬óT√ļ... arriesgabas la... vida... para o√≠rme... ¬ódijo con voz sofocada.
—Calla —le atajé—. Espera un segundo. Creo que estoy teniendo una epifanía en estos momentos...
Pensé en la noche de mi primer delirio, la que había pasado en Port Angeles. Había planteado dos opciones —locura o deseo de sentirme realizada— sin ver la tercera alternativa.
Pero ¬Ņqu√© ocurrir√≠a si...?
¬ŅQu√© ocurrir√≠a si hubiera cre√≠do sinceramente que algo era cierto, aunque estuviera totalmente equivocada? ¬ŅQu√© suceder√≠a si hubiera estado tan empecinadamente segura de que ten√≠a raz√≥n que no me hubiera detenido a considerar la verdad? ¬ŅQu√© habr√≠a hecho la verdad? ¬ŅPermanecer en silencio o intentar abrirse camino?
La tercera opción era que Edward me amaba. El vínculo establecido entre nosotros dos era de los que ni la ausencia ni la distancia ni el tiempo podían romper, y no importaba que él pudiera ser más especial, guapo, brillante o perfecto que yo, él estaba tan irremediablemente atado como yo, y si yo le iba a pertenecer siempre, eso significaba que él siempre iba a ser mío.
¬ŅEra eso lo que hab√≠a estado intentado decirme a m√≠ misma?
¬ó¬°Vaya!
¬ó¬ŅBella?
¬óYa, vale. Lo entiendo.
¬ó¬ŅEn qu√© consiste tu epifan√≠a...? ¬óme pregunt√≥ con voz tensa.
¬óT√ļ me amas ¬ódije maravillada. La sensaci√≥n de convicci√≥n y certeza me invadi√≥ de nuevo.
Aunque la ansiedad continuó presente en sus ojos, la sonrisa torcida que más me gustaba se extendió por su rostro.
¬óCon todo mi ser.
Mi corazón se hinchó de tal modo que estuvo a punto de romperme las costillas. Ocupó mi pecho por completo y me obstruyó la garganta dejándome sin habla.
Me quería de verdad igual que yo a él, para siempre. Era sólo el miedo a que yo perdiera mi alma y las demás cosas propias de una existencia humana, eso fue lo que le llevó a intentar con tanta desesperación que yo siguiera siendo una mortal. Comparado con el miedo a que no me quisiera, ese obstáculo —mi alma— casi parecía una menudencia.
Me tom√≥ el rostro entre sus manos heladas y me bes√≥ hasta que sent√≠ tal v√©rtigo que el bosque empez√≥ a dar vueltas. Entonces, inclin√≥ su frente sobre la m√≠a y supe que yo no era la √ļnica que respiraba m√°s agitadamente de lo normal.
¬ó¬ŅSabes? Se te da mejor que a m√≠ ¬óme dijo.
¬ó¬ŅEl qu√©?
¬óSobrevivir. Al menos, t√ļ lo intentaste. Te levantabas por las ma√Īanas, procurabas llevar una vida normal por el bien de Charlie, y seguiste tu camino. Yo era un completo in√ļtil cuando no estaba rastreando. No pod√≠a estar cerca de mi familia ni de nadie m√°s. Me averg√ľenza admitir que me acurrucaba y dejaba que el sufrimiento se apoderara de m√≠ ¬óesboz√≥ una sonrisa turbada¬ó. Fue mucho m√°s pat√©tico que o√≠r voces.
Me sentía profundamente aliviada de que pareciera comprenderlo, me reconfortaba que todo aquello tuviera sentido para él. En todo caso, no me miraba como si estuviera loca. Me miraba como... si me amara.
—Sólo una voz —le corregí.
Se echó a reír y me apretó con fuerza a su costado derecho antes de guiarme hacia delante.
—Por cierto, que en este asunto tan sólo te estoy siguiendo la corriente —hizo un amplio movimiento de mano que abarcaba la negrura de delante, donde se alzaba algo pálido e inmenso; entonces comprendí que se refería a la casa—. Lo que ellos digan no me importa lo más mínimo.
—Ahora, esto también les afecta a ellos.
Se encogió de hombros con indiferencia.
Me guió al interior de la casa a oscuras por la puerta del porche —que estaba abierta— y encendió las luces. La estancia estaba tal y como la recordaba: el piano, los sofás tapizados de blanco y la imponente escalera de color claro. No había polvo ni sábanas blancas.
Edward los llamó por sus nombres sin hablar más alto que en una conversación normal:
¬ó¬ŅCarlisle? ¬ŅEsme? ¬ŅRosalie? ¬ŅEmmett? ¬ŅJasper? ¬ŅAlice?
Le oirían.
De pronto, Carlisle estaba junto a mí. Parecía que llevara allí un buen rato.
¬óBienvenida otra vez, Bella ¬ósonri√≥¬ó. ¬ŅQu√© podemos hacer por ti en plena madrugada? A juzgar por la hora, supongo que no se trata de una simple visita de cortes√≠a, ¬Ņverdad?
Asentí.
—Me gustaría hablar con todos vosotros enseguida si os parece bien. Se trata de algo importante.
No pude evitar alzar los ojos para ver el rostro de Edward mientras hablaba. Su expresión era crítica, pero resignada. Al volver los ojos hacia Carlisle, vi que también él observaba a Edward.
¬óPor supuesto ¬ódijo Carlisle¬ó. ¬ŅPor qu√© no hablamos en la otra habitaci√≥n?
Carlisle abri√≥ la marcha por el luminoso cuarto de estar y dobl√≥ la esquina hacia el comedor al tiempo que encend√≠a las luces. Las paredes eran blancas y los techos altos, igual que el cuarto de estar. En el centro de la habitaci√≥n, debajo de una ara√Īa que pend√≠a a baja altura, hab√≠a una gran mesa oval de madera lustrada con ocho sillas a su alrededor. Carlisle me ofreci√≥ una en la cabecera de la mesa.
Jamás había visto a los Cullen usar la mesa del comedor, era... puro atrezo. Nunca comían en casa.
Vi que no estaba sola en cuanto me di la vuelta para sentarme en la silla. Esme había seguido a Edward, y detrás de ella entró en fila india toda la familia.
Carlisle se sent√≥ a mi derecha y Edward a la izquierda. Todos tomaron asiento en silencio. Alice, que ya estaba en el ajo, me sonre√≠a. Emmett y Jasper parec√≠an curiosos y Rosalie me dirigi√≥ una sonrisa disimulada para tantear el terreno. Le respond√≠ con otra igualmente t√≠mida. Me iba a llevar alg√ļn tiempo acostumbrarme.
Carlisle hizo un gesto con la cabeza en mi dirección y dijo:
¬óTienes el uso de la palabra.
Tragué saliva. Sus intensas miradas me pusieron nerviosa. Edward me tomó de la mano por debajo de la mesa. Le miré de soslayo, pero él observaba a los demás con rostro repentinamente fiero.
—Bueno, espero que Alice os haya contado cuanto sucedió en Volterra —hice una pausa.
—Todo —me aseguró Alice.
Le dirigí una mirada elocuente.
¬ó¬ŅY lo que est√° a punto de ocurrir?
—Eso también.
Asintió con la cabeza y yo suspiré aliviada.
¬óPerfecto; entonces, estamos todos al corriente.
Esperaron pacientemente mientras intentaba ordenar mis ideas.
—Bueno, tengo un problema —comencé—. Alice prometió a los Vulturis que me convertiría en uno de vosotros. Van a enviar a alguien a comprobarlo y estoy segura de que eso es malo, algo que debemos evitar.
¬ĽAhora, esto os afecta a todos ¬ócontempl√© sus hermosos rostros, dejando el m√°s bello de todos para el final. Una mueca curvaba los labios de Edward¬ó. No voy a imponerme por la fuerza si no me acept√°is, con independencia de que Alice est√© o no dispuesta a convertirme.
Esme abrió la boca para intervenir, pero alcé un dedo para detenerla.
¬óDejadme terminar, por favor. Todos vosotros sab√©is lo que quiero y estoy segura de que tambi√©n conoc√©is la opini√≥n de Edward al respecto. Creo que la √ļnica forma justa de decidir esto es que todo el mundo vote. Si decid√≠s no aceptarme, bueno, en tal caso, supongo que tendr√© que volver sola a Italia. No puedo permitir que vengan aqu√≠.
Arrugu√© la frente al considerar dicha expectativa. O√≠ el ruido sordo de un gru√Īido en el pecho de Edward, pero le ignor√©.
—Así pues, tened en cuenta que en modo alguno os voy a poner en peligro. Quiero que votéis sí o no sólo al asunto de convertirme en vampira.
Esbocé un atisbo de sonrisa al pronunciar la palabra e hice un gesto a Carlisle para que empezara, pero Edward me interrumpió.
¬óUn momento.
Le miré con los ojos entrecerrados. Alzó las cejas mientras me estrechaba la mano.
¬óTengo algo que a√Īadir antes de que votemos.
Suspiré.
—No creo que debamos ponernos demasiado nerviosos —prosiguió— por el peligro al que se refiere Bella.
Su expresión se animó más. Apoyó la mano libre sobre la mesa reluciente y se inclinó hacia delante.
—Veréis —explicó sin dejar de recorrer la mesa con la mirada mientras hablaba—, había más de una razón por la que no quería estrechar la mano de Aro al final del todo. Se les pasó una cosa por alto y no quería ponerles sobre la pista.
Esbozó una gran sonrisa.
¬ó¬ŅY qu√© es? ¬óle inst√≥ Alice. Estaba segura de que mi expresi√≥n era tan esc√©ptica como la suya.
¬óLos Vulturis est√°n demasiado seguros de s√≠ mismos, y por un buen motivo. En realidad, no tienen ning√ļn problema para encontrar a alguien cuando as√≠ lo deciden ¬óbaj√≥ los ojos para mirarme¬ó. ¬ŅOs acord√°is de Demetri?
Me estremec√≠. √Čl lo tom√≥ como una afirmaci√≥n.
—Encuentra a la gente, ése es su talento, la razón por la que le mantienen a su lado.
—Ahora bien, estuve hurgando en sus mentes para obtener la máxima información posible todo el tiempo que estuvimos con ellos. Buscaba algo, cualquier cosa que pudiera salvarnos. Así fue cómo me enteré de la forma en que funciona el don de Demetri. Es un rastreador, un rastreador mil veces más dotado que James. Su habilidad guarda una cierta relación con lo que Aro o yo hacemos. Capta el... gusto... No sé cómo describirlo. .. La clave, la esencia de la mente de una persona y entonces la sigue. Funciona incluso a enormes distancias.
¬óPero despu√©s de los peque√Īos experimentos de Aro, bueno...
Edward se encogió de hombros.
—Crees que no va a ser capaz de localizarme —concluí con voz apagada.
—Estoy convencido. El confía ciegamente en ese don —Edward se mostraba muy pagado de sí mismo—. Si eso no funciona contigo, en lo que a ti respecta, se han quedado ciegos.
¬ó¬ŅY qu√© resuelve eso?
¬óCasi todo, obviamente. Alice ser√° capaz de revelarnos cuando planean hacernos una visita. Te esconderemos. Quedar√°n impotentes ¬ódijo con fiero entusiasmo¬ó. Ser√° como buscar una aguja en un pajar.
√Čl y Emmett intercambiaron una mirada y una sonrisita de complicidad.
Aquello no tenía ni pies ni cabeza.
—Te pueden encontrar a ti —le recordé.
Emmett se ri√≥, extendi√≥ el brazo sobre la mesa y le tendi√≥ el pu√Īo a su hermano.
¬óUn plan estupendo, hermano ¬ódijo con entusiasmo.
—No —masculló Rosalie.
—En absoluto —coincidí.
—Estupendo —comentó Jasper, elogioso.
—Idiotas —murmuró Alice.
Esme se limitó a mirar a Edward.
Me erguí en la silla para atraer la atención de todos. Aquélla era mi reunión.
—En tal caso, de acuerdo. Edward ha sometido una alternativa a vuestra consideración —dije con frialdad—. Votemos.
En este segundo intento empecé por Edward. Sería mejor descartar cuanto antes su opinión.
¬ó¬ŅQuieres que me una a tu familia?
—No de esa forma —me miró con ojos duros y negros como el pedernal—. Quiero que sigas siendo humana.
Asentí una vez con cara de no sentirme afectada por su actitud, y luego continué:
¬ó¬ŅAlice?
—Sí.
¬óJasper?
¬óS√≠ ¬órespondi√≥ con voz grave. Me sorprendi√≥ un poco. No estaba muy segura de cu√°l iba a ser el sentido de su voto, pero contuve mi reacci√≥n y prosegu√≠¬ó. ¬ŅRosalie?
Ella vaciló mientras se mordía la parte inferior de su labio carnoso.
¬óNo ¬ómantuve el rostro impert√©rrito y volv√≠ levemente la cabeza para seguir, pero ella alz√≥ las manos con las palmas por delante¬ó. D√©jame explicarme ¬órog√≥¬ó. Quiero decir que no tengo ninguna aversi√≥n hacia ti como posible hermana, es s√≥lo que... Esta no es la clase de vida que hubiera elegido para m√≠ misma. Me hubiera gustado que en ese momento alguien hubiera votado ¬ęno¬Ľ por m√≠.
Asentí lentamente y me volví hacia Emmett.
—¡Rayos, sí! —esbozó una sonrisa ancha—. Ya encontraremos otra forma de provocar una lucha con ese Demetri.
No había borrado la mueca de mi cara cuando miré a Esme.
—Sí, por supuesto, Bella. Ya te considero parte de mi familia.
—Gracias, Esme —murmuré, y me volví hacia Carlisle.
De pronto, me puse nerviosa y me arrepentí de no haberle pedido que votara el primero. Estaba segura de que su voto era el de mayor valía, el que importaba más que cualquier posible mayoría.
Carlisle no me miraba a mí.
—Edward —dijo él.
¬óNo ¬órefunfu√Ī√≥ Edward con los dientes apretados y retrajo los labios hasta ense√Īar los dientes.
¬óEs la √ļnica v√≠a que tiene sentido ¬óinsisti√≥ Carlisle¬ó. Has elegido no vivir sin ella, y eso no me deja alternativa.
Edward me solt√≥ la mano y se apart√≥ de la mesa. Se march√≥ del comedor muy indignado sin decir palabra, refunfu√Īando para s√≠ mismo.
—Supongo que ya conoces el sentido de mi voto —concluyó Carlisle con un suspiro.
Mi mirada a√ļn segu√≠a detr√°s de Edward.
—Gracias —murmuré.
Un estrépito ensordecedor resonó en la habitación contigua.
Me estremec√≠ y a√Īad√≠ r√°pidamente.
—Es todo lo que necesitaba. Gracias por querer que me quede. Yo también siento lo mismo por todos vosotros.
Al final de la frase, la voz se me quebró a causa de la emoción. Esme estuvo a mi lado en un abrir y cerrar de ojos y me abrazó con sus fríos brazos.
—Me querida Bella —musitó.
Le devolví el abrazo. Con el rabillo del ojo me percaté de que Rosalie mantenía la vista clavada en la mesa al comprender que mis palabras admitían una doble interpretación.
¬óBueno, Alice ¬ódije cuando Esme me solt√≥¬ó. ¬ŅD√≥nde quieres que lo hagamos?
Ella me miró fijamente con los ojos dilatados de pánico.
¬ó¬°No! ¬°No! ¬°NO! ¬óbram√≥ Edward que entr√≥ como un cicl√≥n en la estancia. Lo ten√≠a en mi cara antes de hubiera tenido tiempo de pesta√Īear, inclinado sobre m√≠, con el rostro distorsionado por la c√≥lera¬ó. ¬ŅEst√°s loca? ¬ŅHas perdido el juicio?
Retrocedí con las manos en los oídos.
—Eh... Bella, no me parece que yo esté lista para esto —terció Alice con una nota de ansiedad en la voz—. Necesito prepararme...
—Lo prometiste —le recordé ante la mirada de Edward.
—Lo sé, pero... Bella, de verdad, no sé cómo hacerlo sin matarte.
—Puedes hacerlo —le alenté—. Confío en ti.
Edward gru√Ī√≥ furioso.
Alice negó de inmediato con la cabeza. Parecía atemorizada.
¬ó¬ŅCarlisle?
Me volví para mirarle.
Edward me agarró el rostro con una mano y me obligó a mirarle mientras alargaba la otra mano, extendida hacia Carlisle para detenerle, pero éste hizo caso omiso del gesto y respondió a mi pregunta.
—Soy capaz de hacerlo —me hubiera gustado poder ver su expresión—. No corres peligro de que yo pierda el control.
¬óSuena bien.
Esperaba que Carlisle hubiera podido entenderme. Resultaba difícil hablar con claridad dada la fuerza con que Edward me sujetaba la mandíbula.
—Espera —me pidió entre dientes—. No tiene por qué ser ahora.
—No hay razón alguna para que no pueda ser ahora —repuse, aunque las palabras resultaron incomprensibles.
¬óSe me ocurren unas cuantas.
—Naturalmente que sí —contesté con acritud—. Ahora, aléjate de mí.
Me soltó la cara y se cruzó de brazos.
¬óCharlie va a venir a buscarte aqu√≠ dentro de tres horas. No me extra√Īar√≠a que trajera a sus ayudantes.
¬óVendr√° con los tres.
Frunc√≠ el ce√Īo.
√Čsa era siempre la parte m√°s dura. Charlie, Ren√©e y ahora tambi√©n Jacob. La gente que iba a perder, las personas a quienes iba a hacer da√Īo. Deseaba que hubiera alguna forma de ser yo la √ļnica que sufriera, pero sab√≠a que era del todo imposible.
Por otra parte, les iba a causar m√°s da√Īo permaneciendo humana: al poner en peligro constante a Charlie a causa de nuestra proximidad, a Jacob, ya que iba a arrastrar a sus enemigos a la tierra que √©l se sent√≠a llamado a proteger, y a Ren√©e... Ni siquiera pod√≠a arriesgarme a visitar a mi propia madre por miedo a llevar conmigo mis mort√≠feros problemas.
Sin duda yo era un imán para el peligro. Lo tenía más que asumido.
Una vez aceptado esto, era consciente de mi necesidad de ser capaz de cuidarme por mí misma y proteger a quienes amaba, incluso aunque eso supusiera no estar con ellos. Debía ser fuerte.
—Sugiero que pospongamos esta conversación en aras de seguir pasando desapercibidos —dijo Edward, que seguía hablando con los dientes apretados, pero ahora se dirigía a Carlisle—. Al menos, hasta que Bella termine el instituto y se marche de casa de Charlie.
¬óEs una petici√≥n razonable, Bella ¬óse√Īal√≥ Carlisle.
Pens√© en la reacci√≥n de mi padre al despertarse por la ma√Īana, despu√©s de lo que hab√≠a sufrido con la p√©rdida de Harry, cuando tambi√©n yo se las hab√≠a hecho pasar canutas al desaparecer sin dar explicaciones. Encontrar√≠a mi cama vac√≠a... Charlie se merec√≠a algo mejor y s√≥lo se trataba de retrasarlo un poco m√°s, ya que la graduaci√≥n no estaba lejana...
Fruncí los labios.
—Lo consideraré.
Edward se relajó y dejó de apretar los dientes.
—Lo mejor sería que te llevara a casa —dijo, ahora más sereno, pero se veía claro que tenía prisa por sacarme de allí—. Sólo por si Charlie se despierta pronto.
Miré a Carlisle.
¬ó¬ŅDespu√©s de la graduaci√≥n?
¬óTienes mi palabra.
Respiré hondo, sonreí y me volví hacia Edward.
¬óVale, puedes llevarme a casa.
Edward me sacó de la casa antes de que Carlisle pudiera prometerme nada más. Me sacó de espaldas, por lo que no conseguí ver qué se había roto en el comedor.
El viaje de regreso fue silencioso. Me sent√≠a triunfal y un poco pagada de m√≠ misma. Tambi√©n estaba muerta de miedo, por supuesto, pero intent√© no pensar en esa parte. No hac√≠a ning√ļn bien preocup√°ndome por el dolor ¬óf√≠sico o emocional¬ó, as√≠ que no lo hice. No hasta que fuera totalmente necesario.
Edward no se detuvo al llegar a mi casa. Subió la pared a toda pastilla y entró por mi ventana en una fracción de segundo. Luego, retiró mis brazos de su cuello y me depositó en la cama.
Creí que me hacía una idea bastante aproximada de lo que pensaba, pero su expresión me sorprendió, ya que era calculadora en vez de iracunda. En silencio, paseó por mi habitación de un lado para otro como una fiera enjaulada mientras yo le miraba con creciente recelo.
—Sea lo que sea lo que estés maquinando, no va a funcionar —le dije.
¬óCalla. Estoy pensando.
—¡Bah! —me quejé mientras me dejaba caer sobre la cama y me ponía el edredón por encima de la cabeza.
No se oyó nada, pero de pronto estaba ahí. Retiró el edredón de un tirón para poderme ver. Se tendió a mi lado y extendió la mano para acariciarme el pelo desde la mejilla.
—Si no te importa, preferiría que no ocultaras la cara debajo de las mantas. He vivido sin ella tanto como podía soportar; y ahora, dime una cosa.
¬ó¬ŅQu√©? ¬ópregunt√© poco dispuesta a colaborar.
¬óSi te concedieran lo que m√°s quisieras de este mundo, cualquier cosa, ¬Ņqu√© pedir√≠as?
Sentí el escepticismo en mis ojos.
¬óA ti.
Sacudió la cabeza con impaciencia.
¬óAlgo que no tengas ya.
No estaba segura de adonde me quería conducir, por lo que le di muchas vueltas antes de responder. Ideé algo que fuera verdad y al mismo tiempo bastante improbable.
¬óMe gustar√≠a que no tuviera que hacerlo Carlisle... Desear√≠a que fueras t√ļ quien me transformara.
Observé su reacción con cautela mientras esperaba otra nueva dosis de la ira demostrada en su casa. Me sorprendía que mantuviera impertérrito el ademán. Su expresión seguía siendo cavilosa y calculadora.
¬ó¬ŅQu√© estar√≠as dispuesta a dar a cambio de eso?
No pude dar crédito a mis oídos. Me quedé boquiabierta al ver su rostro sereno y solté la respuesta a bocajarro antes de pensármelo:
¬óCualquier cosa.
Sonrió ligeramente y frunció los labios.
¬ó¬ŅCinco a√Īos?
Mi rostro se crispó en una mueca que entremezclaba desilusión y miedo a un tiempo.
¬óDijiste ¬ęcualquier cosa¬Ľ ¬óme record√≥.
—Sí, pero vas a usar el tiempo para encontrar la forma de escabullirte. He de aprovechar la ocasión ahora que se presenta. Además, es demasiado peligroso ser sólo un ser humano, al menos para mí. Así que, cualquier cosa menos eso.
Puso cara de pocos amigos.
¬ó¬ŅTres a√Īos?
¬ó¬°No!
¬ó¬ŅEs que no te merece la pena?
Pensé en lo mucho que había deseado aquello, pero decidí poner cara de póquer y no permitir que se diera cuenta de lo mucho que significaba para mí. Eso me daría más ventaja.
¬ó¬ŅSeis meses?
Puso los ojos en blanco.
¬óNo es bastante.
¬óEn ese caso, un a√Īo ¬ódije¬ó. √Čse es mi l√≠mite.
—Concédeme dos al menos.
¬óNi loca. Voy a cumplir diecinueve, pero no pienso acercarme ni una pizca a los veinte. Si t√ļ vas a tener menos de veinte para siempre, entonces yo tambi√©n.
Se lo pensó durante un minuto.
—De acuerdo. Olvídate de los límites de tiempo. Si quieres que sea yo quien lo haga, tendrás que aceptar otra condición.
¬ó¬ŅCondici√≥n? ¬ópregunt√© con voz apagada¬ó. ¬ŅQu√© condici√≥n?
Había cautela en su mirada y habló despacio.
¬óCasarte conmigo primero.
¬ó... ¬óle mir√©, a la espera¬ó. Vale, ¬Ņcu√°l es el chiste?
√Čl suspir√≥.
¬óHieres mi ego, Bella. Te pido que te cases conmigo y t√ļ piensas que es un chiste.
—Edward, por favor, sé serio.
—Hablo completamente en serio —no había el menor atisbo de broma en su rostro.
¬óOh, vamos ¬ódije con una nota de histeria en la voz¬ó. S√≥lo tengo dieciocho a√Īos.
¬óBueno, estoy a punto de cumplir los ciento diez. Va siendo hora de que siente la cabeza.
Miré hacia otro lado, en dirección a la oscura ventana, tratando de controlar el pánico antes de que fuera demasiado tarde.
¬óVer√°s, el matrimonio no figura precisamente en la lista de mis prioridades, ¬Ņsabes? Fue algo as√≠ como el beso de la muerte para Ren√©e y Charlie.
—Interesante elección de palabras.
—Sabes a qué me refiero.
Respiré hondo.
—Por favor, no me digas que tienes miedo al compromiso —espetó con incredulidad, y entendí qué quería decir.
—No es eso exactamente —repuse a la defensiva—. Temo... la opinión de Renée. Tiene convicciones muy profundas contra eso de casarse antes de los treinta.
—Preferiría que te convirtieras en una eterna maldita antes que en una mujer casada —se rió de forma sombría.
¬óTe crees muy gracioso.
—Bella, no hay comparación entre el nivel de compromiso de una unión marital y renunciar a tu alma a cambio de convertirte en vampiro para siempre —meneó la cabeza—. Si no tienes valor suficiente para casarte conmigo, entonces...
¬óBueno ¬óle interrump√≠¬ó. ¬ŅQu√© pasar√≠a si lo hiciera? ¬ŅY si te dijera que me llevaras a Las Vegas ahora mismo? ¬ŅSer√≠a vampiro en tres d√≠as?
Sonrió y los dientes le relampaguearon en la oscuridad.
—Seguro —contestó poniéndome en evidencia—. Voy a por mi coche.
—¡Caray! —murmuré—. Te daré dieciocho meses.
—No hay trato —repuso con una sonrisa—. Me gusta esta condición.
—Perfecto. Tendré que conformarme con Carlisle después de la graduación.
—Si es eso lo que realmente quieres... —se encogió de hombros y su sonrisa se tornó realmente angelical.
¬óEres imposible ¬órefunfu√Ī√©¬ó, un monstruo.
Se rió entre dientes.
¬ó¬ŅEs por eso por lo que no quieres casarte conmigo?
Volv√≠ a refunfu√Īar.
Se reclin√≥ sobre m√≠. Sus ojos, negros como la noche, derritieron, quebraron e hicieron a√Īicos mi concentraci√≥n.
¬óBella, ¬Ņpor favor... ?¬ósusurr√≥.
Durante un momento se me olvidó respirar. Sacudí la cabeza en cuanto me recobré en un intento de aclarar de golpe la mente obnubilada.
¬ó¬ŅSaldr√≠a esto mejor si me dieras tiempo para conseguir un anillo?
¬ó¬°No! ¬°Nada de anillos! ¬ódije casi a voz en grito.
—Vale, ya le has despertado —cuchicheó.
¬ó¬°Huy!
—Charlie se está levantando. Será mejor que me vaya —dijo Edward con resignación.
Mi corazón dejó de latir.
Evaluó mi expresión durante un segundo.
¬óBueno, entonces, ¬Ņser√≠a muy infantil por mi parte que me escondiera en tu armario?
—No —musité con avidez—. Quédate, por favor.
Edward sonrió y desapareció.
Herv√≠a de indignaci√≥n mientras esperaba a que Charlie acudiera a mi habitaci√≥n para controlarme. Edward sab√≠a exactamente qu√© estaba haciendo y yo me inclinaba a creer que todo aquel presunto agravio formaba parte de un ardid. Por supuesto, a√ļn me quedaba el cartucho de Carlisle, pero al saber que exist√≠a la posibilidad de que fuera √©l quien me transformara, lo dese√© con verdadera desesperaci√≥n. ¬°Menudo tramposo!
Mi puerta se abrió con un chirrido.
—Buenos días, papá.
—Ah, hola, Bella —pareció avergonzado al verse sorprendido—. No sabía que estabas despierta.
—Sí. Estaba esperando a que te despertaras para ducharme —hice ademán de levantarme.
—Espera —me detuvo mientras encendía la luz. Parpadeé bajo la repentina luminosidad y procuré mantener la vista lejos del armario—. Hablemos primero un minuto.
No conseguí reprimir una mueca. Había olvidado pedirle a Alice que se inventara una buena excusa.
—Estás metida en un lío, ya lo sabes.
—Sí, lo sé.
¬óEstos tres √ļltimos d√≠as he estado a punto de volverme loco. Vine del funeral de Harry y t√ļ hab√≠as desaparecido. Jacob s√≥lo pudo decirme que te hab√≠as ido pitando con Alice Cullen y que pensaba que ten√≠as problemas. No me dejaste un n√ļmero ni telefoneaste. No sab√≠a d√≥nde estabas ni cu√°ndo ibas a volver, si es que ibas a volver. ¬ŅTienes alguna idea de c√≥mo... ? ¬ófue incapaz de terminar la frase. Respir√≥ hondo de forma ostensible y prosigui√≥¬ó: ¬ŅPuedes darme alg√ļn motivo por el que no deba enviarte a Jacksonville este trimestre?
Entrecerr√© los ojos. Bueno, de modo que aquello iba a ir de amenazas, ¬Ņno? A ese juego pod√≠an jugar dos. Me incorpor√© y me arrop√© con el edred√≥n.
¬óPorque no quiero ir.
¬óAguarda un momento, jovencita...
—Espera, papá, acepto completamente la responsabilidad de mis actos y tienes derecho a castigarme todo el tiempo que quieras. Haré las tareas del hogar, la colada y fregaré los platos hasta que pienses que he aprendido la lección; y supongo que estás en tu derecho de ponerme de patitas en la calle, pero eso no hará que vaya a Florida.
El rostro se le puso bermejo. Respiró profundamente varias veces, antes de responder:
¬ó¬ŅTe importar√≠a explicar d√≥nde has estado?
Ay, mierda.
¬óHubo... una emergencia.
Enarcó las cejas a la espera de una brillante aclaración. Llené de aire los carrillos y lo expulsé ruidosamente.
¬óNo s√© qu√© decirte, pap√°. En realidad, todo fue un gran malentendido. √Čl dijo, ella dijo, y las cosas se salieron de madre.
Aguardó con expresión recelosa.
¬óVer√°s, Alice le dijo a Rosalie que yo practicaba salto de acantilado... ¬óintent√© desesperadamente hacerlo bien y me ce√Ī√≠ lo m√°ximo posible a la verdad para que mi incapacidad para mentir de forma convincente no sonara a pretexto, pero antes de continuar, la expresi√≥n de Charlie me record√≥ que √©l no sab√≠a nada de lo del acantilado.
¬°Huy, huy, huy! Como si las cosas no estuvieran bastante caldeadas...
¬óSupongo que no te coment√© nada de eso ¬óprosegu√≠ con voz estrangulada¬ó. No fue nada, s√≥lo para pasar el rato, nadar con Jacob... En cualquier caso, Rosalie se lo dijo a Edward, que se alter√≥ mucho. Ella pareci√≥ dar a entender de forma involuntaria que yo intentaba suicidarme o algo por el estilo. Como √©l no respond√≠a al tel√©fono, Alice me llev√≥ hasta... esto... Los √Āngeles para explic√°rselo en persona.
Me encog√≠ de hombros mientras albergaba el desesperado deseo de que mi ¬ęca√≠da¬Ľ no le hubiera distra√≠do tanto que se hubiera perdido la brillante explicaci√≥n que le hab√≠a proporcionado.
Charlie se había quedado helado.
¬ó¬ŅIntentabas suicidarte, Bella?
—No, por supuesto que no. Sólo me estaba divirtiendo con Jake practicando salto de acantilado. Los chicos de La Push lo hacen continuamente. Lo que te dije, no fue nada.
El rostro de Charlie volvió a caldearse y pasó del helado pasmo a la calurosa furia.
¬óDe todos modos, ¬Ņqu√© importa Edward Cullen? ¬óbram√≥¬ó. Te ha dejado aqu√≠ tirada todo este tiempo sin decirte ni una palabra.
—Otro malentendido —le atajé.
Su rostro volvió a ponerse cárdeno.
¬óPero, entonces, ¬Ņva a volver?
¬óNo estoy segura de lo que planean, pero creo que regresan todos.
Sacudió la cabeza mientras le palpitaba la vena de la frente.
—Quiero que te mantengas lejos de él, Bella. No confío en él. No te conviene. No quiero que vuelva a arruinarte la vida de ese modo.
¬óPerfecto ¬órepuse de manera cortante.
Charlie se removió inquieto y retrocedió. Después de unos segundos, espiró de forma ostensible a causa de la sorpresa.
—Pensé que te ibas a poner difícil.
¬óY as√≠ es ¬óle mir√© a los ojos-¬ó. Lo que pretend√≠a decir es: ¬ęPerfecto. Me ir√© de casa¬Ľ.
Los ojos se le saltaron de las órbitas y se puso morado. Mi resolución flaqueó a medida que empezaba a preocuparme por su salud. No era más joven que Harry...
¬óPap√°, no deseo irme de casa ¬óle dije en tono m√°s suave¬ó. Te quiero y s√© que est√°s preocupado, pero en esto vas a tener que confiar en m√≠. Y tomarte las cosas con m√°s calma en lo que respecta a Edward, si quieres que me quede. ¬ŅQuieres o no quieres que viva aqu√≠?
¬óEso no es justo, Bella. Sabes que quiero que te quedes.
—Entonces, pórtate bien con Edward, ya que él va a estar donde yo esté —dije con firmeza. La convicción que me proporcionaba mi epifanía seguía siendo fuerte.
—No bajo este techo —bramó.
Suspiré con fuerza.
¬óMira, no voy a darte ning√ļn ultim√°tum m√°s esta noche, bueno, m√°s bien esta ma√Īana. Pi√©nsatelo durante un par de d√≠as, ¬Ņvale? Pero ten siempre presente que Edward y yo vamos en el mismo paquete, es un acuerdo global.
¬óBella...
¬óT√ļ s√≥lo pi√©nsatelo ¬óinsist√≠¬ó, y mientras lo haces, ¬Ņte importar√≠a darme un poquito de intimidad? De verdad, necesito una ducha.
El rostro de Charlie adquiri√≥ un extra√Īo tono purp√ļreo. Se fue dando un portazo al salir y le o√≠ bajar pisando furiosamente las escaleras.
Me sacudí de encima el edredón. Edward ya estaba allí, meciéndose en la silla, como si hubiera estado presente durante toda la conversación.
—Lamento esto —susurré.
—Como si no me mereciera algo peor... —musitó—. No la tomes con Charlie por mi causa, por favor.
¬óNo te preocupes por eso ¬órepuse con un hilo de voz mientras recog√≠a mis cosas para el ba√Īo y un juego de ropa limpio¬ó. Har√© todo lo que sea necesario y nada m√°s. ¬ŅO intentas decirme que no tengo ning√ļn lugar adonde acudir?
Abrí los ojos desmesuradamente a la vez que simulaba una gran inquietud.
¬ó¬ŅTe mudar√≠as a una casa llena de vampiros?
¬óProbablemente, √©se es el lugar m√°s seguro de todos para alguien como yo ¬óle dediqu√© una gran sonrisa¬ó. Adem√°s, no hay necesidad de apurar el plazo de la graduaci√≥n si Charlie me pone de patitas en la calle, ¬Ņa que no?
Permaneció con la mandíbula fuertemente apretada y masculló:
¬óMenudas ganas tienes de condenarte eternamente...
¬óSabes que en realidad no crees lo que dices.
¬ó¬ŅAh, no? ¬óbuf√≥.
¬óNo.
Me fulminó con la mirada y empezó a hablar, pero yo le interrumpí:
¬óSi de verdad hubieras cre√≠do que hab√≠as perdido el alma, entonces, cuando te encontr√© en Volterra, hubieras comprendido de inmediato lo que suced√≠a, en vez de pensar que hab√≠amos muerto juntos. Pero no fue as√≠... Dijiste: ¬ęAsombroso. Carlisle ten√≠a raz√≥n¬Ľ ¬óle record√© triunfal¬ó. Despu√©s de todo, sigues teniendo la esperanza.
Por una vez, Edward se quedó sin habla.
¬óDe modo que los dos vamos a ser optimistas, ¬Ņvale? ¬ósuger√≠¬ó. No es importante. No necesito el cielo si t√ļ no puedes ir a √©l.
Se levantó lentamente, se acercó y me rodeó el rostro con las manos antes de mirarme fijamente a los ojos.
—Para siempre —prometió de forma un poco teatral.
¬óNo te pido m√°s ¬óle dije.
Me puse de puntillas para poder apretar sus labios contra los míos.