15 - Bajo precion

Ahora, cuando pase√°bamos por la playa, siempre me llevaba de la mano.
Eso me hizo pensar en las palabras de Jared; Jacob no deber√≠a haber involucrado en esto a su ¬ęchica¬Ľ. Me imagin√© que, visto desde fuera, parec√≠amos novios. Mientras que Jake y yo tuvi√©ramos claro cu√°l era la aut√©ntica situaci√≥n, no deb√≠a permitir que me molestara este hecho. Y tal vez no me habr√≠a molestado si no hubiera sabido que Jacob deseaba que las cosas fueran como parec√≠an ser. En cualquier caso, el sentir su c√°lida mano en contacto con la m√≠a me resultaba agradable, as√≠ que yo no protestaba.
Trabajé el martes por la tarde —Jacob me siguió en moto para cerciorarse de que llegaba a salvo—, y Mike se dio cuenta.
¬ó¬ŅEst√°s saliendo con ese chico de La Push? ¬ŅCon el de segundo? ¬óme pregunt√≥, disimulando su despecho a duras penas.
Me encogí de hombros.
—No estoy saliendo con él en el sentido estricto de la palabra, pero es verdad que paso la mayor parte del tiempo con él. Es mi mejor amigo.
Mike entrecerró los ojos con astucia.
¬óNo te enga√Īes a ti misma, Bella. Ese t√≠o est√° colado por ti.
—Lo sé —repuse con un suspiro—. La vida es muy complicada.
¬óY las chicas muy crueles ¬óa√Īadi√≥ Mike en voz baja.
Pensé que también era una suposición lógica por su parte.
Esa noche, Sam y Emily vinieron a casa de Billy para tomar el postre conmigo y con Charlie. Ella trajo una tarta que se habría ganado el corazón de alguien más duro incluso que Charlie. Mientras la conversación pasaba con naturalidad de un tema a otro, me di cuenta de que los reparos que Charlie pudiera albergar sobre las bandas juveniles de La Push estaban desapareciendo.
Jake y yo nos escapamos temprano para disfrutar de un poco de intimidad. Salimos a su garaje y nos sentamos en el Volkswagen. Jacob echó la cabeza hacia atrás, con cara de agotamiento.
¬óTienes que dormir un poco, Jake.
—Veré lo que puedo hacer.
Estiró un brazo para tomar mi mano. El contacto de su piel abrasaba.
¬ó¬ŅEsto tiene que ver con lo de ser lobo? ¬óle pregunt√©¬ó. Me refiero al calor.
¬óS√≠. Tenemos la temperatura m√°s alta que la gente normal. Entre 47 y 48 grados cent√≠grados. Podr√≠a estar as√≠ en mitad de una nevada ¬ódijo, se√Īal√°ndose el torso desnudo¬ó y me dar√≠a igual. Los copos se convertir√≠an en gotas de lluvia al tocarme.
¬óTodos vosotros os cur√°is muy r√°pido. ¬ŅEs otra caracter√≠stica de los hombres lobo?
¬óS√≠. ¬ŅQuieres verlo? Mola mucho ¬ódijo, sonriendo y con los ojos muy abiertos. Se acerc√≥ a m√≠ para abrir la guantera y estuvo un rato rebuscando algo. Al fin, sac√≥ de ella una navaja.
—¡No, no quiero verlo! —grité en cuanto me di cuenta de lo que pensaba hacer—. ¡Deja eso!
Jacob soltó una carcajada, pero volvió a guardar la navaja en la guantera.
—Vale. De todos modos, lo de curarse viene muy bien. No puedes ir al médico cuando tienes una temperatura corporal con la que deberías estar muerto.
¬óNo, supongo que no ¬óme qued√© pensando en ello un rato¬ó. Y lo de ser tan grande, ¬Ņtambi√©n tiene que ver? ¬ŅPor eso est√°is tan preocupados por Quil?
¬óPor eso y porque su abuelo dice que se puede fre√≠r un huevo en su frente ¬óJacob puso gesto de des√°nimo¬ó. Ya no tardar√° mucho en convertirse. No hay una edad exacta... Se va acumulando poco a poco, y de repente... ¬óse interrumpi√≥ y pas√≥ un rato hasta que fue capaz de hablar de nuevo¬ó. A veces, si te sientes alterado, cabreado o algo as√≠, el proceso se puede disparar antes, pero yo no estaba cabreado por nada. Yo era feliz ¬óJacob se ri√≥ con amargura¬ó. Sobre todo por tu culpa. Por eso no me ocurri√≥ antes y sigui√≥ acumul√°ndose en mi interior, como una bomba de relojer√≠a. ¬ŅSabes lo que me hizo estallar? Billy coment√≥ que me ve√≠a raro cuando volv√≠ de ver esa pel√≠cula. No me dijo nada m√°s, pero el caso es que perd√≠ los nervios. Y en ese mismo momento... explot√©. Casi le arranqu√© la cara. ¬°A mi propio padre! ¬óJacob se estremeci√≥ y se puso p√°lido.
¬ó¬ŅEs tan malo, Jake? ¬óle pregunt√©, deseando que hubiese alg√ļn modo de ayudarle¬ó. ¬ŅTe sientes desdichado?
—No, no me siento desdichado —respondió—. Ahora que lo sabes, ya no. Antes sí que me resultaba duro —admitió, inclinándose hacia mí hasta apoyar la mejilla encima de mi cabeza.
Se quedó callado durante un rato y me pregunté en qué estaría pensando. Tal vez prefería no saberlo.
¬ó¬ŅCu√°l es la parte m√°s dura? ¬ósusurr√©. A√ļn deseaba ayudarle.
¬óLo peor es sentirse fuera de control ¬órespondi√≥ pausadamente¬ó. Saber que no puedo estar seguro de m√≠ mismo, que a lo mejor no deber√≠as estar cerca de m√≠, que quiz√° nadie deber√≠a estar cerca de m√≠. Es como si fuera un monstruo capaz de hacer da√Īo a cualquiera. Ya has visto a Emily. Sam perdi√≥ los estribos tan s√≥lo un segundo... y result√≥ que ella estaba demasiado cerca. Ahora no hay nada que pueda hacer para arreglarlo. He o√≠do sus pensamientos y s√© c√≥mo se siente.
¬ó¬ŅQui√©n quiere ser un monstruo de pesadilla?
¬óY adem√°s, est√° la facilidad con la que me transformo, mucho mejor que los dem√°s. ¬ŅMe hace eso menos humano a√ļn que Embry o que Sam? A veces, temo estar perdi√©ndome a m√≠ mismo.
¬ó¬ŅEs dif√≠cil volver a transformarte en ti mismo?
—Al principio lo es —respondió—. Se requiere cierta práctica para entrar y salir de fase, pero a mí me resulta más sencillo que a los demás.
¬ó¬ŅPor qu√©?
¬óPorque Ephraim Black era mi bisabuelo por parte de padre y Quil Ateara por parte de madre.
¬ó¬ŅQuil? ¬ópregunt√©, sorprendida.
—Su bisabuelo —me aclaró Jacob—. El Quil al que conoces es primo segundo mío.
¬ó¬ŅQu√© tiene que ver qui√©nes fueran tus bisabuelos?
¬óPues que Ephraim y Quil formaban parte de la √ļltima manada. El tercero era Levi Uley. As√≠ que lo llevo en la sangre por ambas partes. Nunca tuve la menor oportunidad. Igual que Quil tampoco la tiene.
Su expresión era sombría.
¬ó¬ŅY cu√°l es la parte buena? ¬óle pregunt√© por animarle un poco.
—La parte buena —respondió, sonriendo de nuevo—, es la velocidad.
¬ó¬ŅEs mejor que ir en moto?
Jacob asintió con entusiasmo.
—No hay comparación.
¬ó¬ŅA qu√© velocidad puedes...?
¬ó¬Ņ... correr? ¬óJacob complet√≥ mi frase¬ó. Muy r√°pido. ¬ŅCon qu√© puedo medirlo? El otro d√≠a atrapamos a... ¬Ņc√≥mo se llamaba? ¬ŅLaurent? Me imagino que para ti eso significar√° m√°s que para cualquier otra persona.
Sí que lo significaba. Yo no era capaz de imaginarme a los lobos corriendo más rápido que un vampiro. Cuando los Cullen corrían, lo hacían a tal velocidad que prácticamente se hacían invisibles.
¬óAhora, cu√©ntame algo que yo no sepa ¬óme dijo¬ó. Algo sobre vampiros. ¬ŅC√≥mo pudiste soportar estar con ellos? ¬ŅNo te pon√≠an los pelos de punta?
—No —respondí con sequedad.
Mi tono le dejó pensativo durante unos instantes.
¬óDime, ¬Ņpor qu√© tu chupasangre mat√≥ a ese tal James? ¬óme pregunt√≥ de repente.
¬óJames intentaba matarme. Para √©l, era como un juego. Y perdi√≥. ¬ŅTe acuerdas de la primavera pasada, cuando estuve en el hospital en Phoenix?
Jacob respiró hondo.
¬ó¬ŅTan cerca estuvo?
—Muy, muy cerca —contesté mientras me acariciaba la cicatriz. Jacob se dio cuenta, porque tenía agarrada la mano que moví para hacerlo.
¬ó¬ŅQu√© pasa? ¬óJacob cambi√≥ de manos para examinar mi derecha¬ó. Ah, es esa cicatriz tan curiosa, la que est√° fr√≠a ¬óla mir√≥ de cerca con nuevos ojos y trag√≥ saliva.
—Sí, es lo que estás pensando —dije—. James me mordió.
Sus ojos se pusieron saltones y su rostro adquiri√≥ un extra√Īo color cetrino bajo la superficie rojiza. Parec√≠a estar a punto de vomitar.
¬óPero, si te mordi√≥... ¬Ņno deber√≠as ser una...? ¬óse atragant√≥ y no pudo seguir.
—Edward me salvó dos veces —susurré—. Chupó el veneno, igual que si me hubiera mordido una serpiente de cascabel —me estremecí al sentir un latigazo de dolor en los bordes del agujero.
Pero no fui la √ļnica que se estremeci√≥. Todo el cuerpo de Jacob temblaba junto al m√≠o. El propio coche se mov√≠a.
¬óCuidado, Jake. Tranquilo. C√°lmate.
—Sí —jadeó él—. Tranquilo —empezó a sacudir la cabeza de un lado a otro con rapidez. Pasados unos momentos, sólo le temblaban las manos.
¬ó¬ŅEst√°s bien?
—Sí, casi. Cuéntame más. Necesito algo en qué pensar para distraerme.
¬ó¬ŅQu√© quieres saber?
¬óNo lo s√© ¬óten√≠a los ojos cerrados y trataba de concentrarse¬ó. Supongo que algo de material adicional. ¬ŅAlg√ļn otro Cullen ten√≠a... talentos extra, como leer la mente?
Dud√© unos segundos. Me pareci√≥ que aqu√©lla era una pregunta que le har√≠a a una esp√≠a, no a una amiga. Pero ¬Ņqu√© sentido ten√≠a ocultar lo que sab√≠a? En ese momento carec√≠a de importancia y le ayudar√≠a a controlarse.
Así que hablé atropelladamente, mientras mi mente conjuraba la imagen del rostro destrozado de Emily y se me erizaba el vello de los brazos. No era capaz de imaginar a aquel lobo pardo encajando dentro del Golf. Si se transformaba ahora, Jacob destruiría el garaje entero.
¬óJasper pod√≠a... digamos que controlaba las emociones de la gente que le rodeaba. No lo hac√≠a a mala idea, s√≥lo para tranquilizar a los dem√°s y cosas as√≠. Probablemente ayudar√≠a mucho a Paul ¬óa√Īad√≠, bromeando sin ganas¬ó, y Alice era capaz de ver cosas que a√ļn no hab√≠an sucedido. Ya sabes, el futuro, aunque no en sentido absoluto. Los sucesos que ve√≠a cambiaban si alguien modificaba las circunstancias en que se deb√≠an producir...
Como cuando me vio a mí muriendo, y también convirtiéndome en una de ellos. Dos hechos que no habían sucedido y uno que nunca llegaría a suceder. La cabeza me empezó a dar vueltas. Parecía como si no pudiera extraer suficiente oxígeno del aire, como si no tuviera pulmones.
Jacob había recuperado el control por completo y estaba muy quieto, sentado a mi lado.
¬ó¬ŅPor qu√© haces eso? ¬óme pregunt√≥. Tir√≥ con suavidad del brazo que ten√≠a apretado contra mi pecho, pero renunci√≥ al ver que no se soltaba. Yo ni siquiera me hab√≠a dado cuenta de que hab√≠a adoptado esa postura¬ó. Siempre lo haces cuando te alteras. ¬ŅPor qu√©?
¬óMe hace da√Īo pensar en ellos ¬ósusurr√©¬ó. Es como si no pudiera respirar... como si me rompiera en pedazos... ¬óera extra√Īo, pero ahora pod√≠a contarle muchas cosas a Jacob. Ya no hab√≠a secretos entre nosotros.
Jacob me acarició el pelo.
—No pasa nada, Bella, no pasa nada. No volveré a sacar el tema más. Lo siento.
¬óEstoy bien ¬ódije, tragando saliva¬ó.Me pasa continuamente. No es culpa tuya.
¬óSomos una pareja muy complicada, ¬Ņverdad? ¬ódijo Jacob¬ó. Ninguno de los dos es capaz de mantener la compostura cuando estamos juntos.
¬óEs pat√©tico ¬óreconoc√≠, a√ļn sin aliento.
—Al menos, nos tenemos el uno al otro —dijo él. Resultaba evidente que el pensamiento le reconfortaba.
A mí también.
—Sí, al menos nos tenemos —dije.
Todo iba bien cuando estábamos juntos, pero Jacob se sentía obligado a llevar a cabo aquel trabajo horrible y peligroso, por lo que yo estaba sola a menudo, apalancada en La Push por mi propia seguridad, sin nada que hacer para distraer la mente de otras preocupaciones.
Me sentía un estorbo, siempre ocupando espacio en casa de Billy. A ratos estudiaba para el examen de Cálculo de la semana siguiente, pero no podía concentrarme demasiado tiempo en las matemáticas. Cuando no tenía a mano algo que hacer, sentía que debía entablar conversación con Billy. Ya se sabe, la presión de las normas sociales. Pero él no era muy dado a rellenar los silencios prolongados, por lo que se agudizaba la sensación de ser un estorbo.
Prob√© a pasarme por casa de Emily el mi√©rcoles por la tarde, para variar. Al principio fue muy agradable. Emily era una persona alegre y activa que nunca se sentaba y que siempre estaba haciendo algo. Yo la segu√≠a mientras se dedicaba a revolotear por la casita y por el patio para barrer el suelo inmaculado, arrancar malas hierbas, arreglar una bisagra rota o trenzar lana en un antiguo telar; y adem√°s, siempre estaba cocinando. Se quejaba de vez en cuando de que aquellas carreras extra despertaban a√ļn m√°s el apetito de los chicos, pero se ve√≠a que no le importaba cuidarlos. Resultaba f√°cil estar con ella: al fin y al cabo, ahora las dos √©ramos chicas lobo.
Pero Sam se pasó por su casa cuando llevaba allí unas horas. Sólo me quedé el tiempo justo para enterarme de que Jacob estaba bien y de que no había más novedades; después, tuve que escapar. El aura de amor y satisfacción que les rodeaba era más difícil de soportar en dosis concentradas, cuando no había nadie alrededor de ellos para diluirla.
Así que sólo me quedaba vagabundear por la playa y recorrer aquella medialuna sembrada de rocas arriba y abajo, arriba y abajo, una y otra vez.
Pasar tanto tiempo sola no era bueno para m√≠. Despu√©s de haberme sincerado con Jacob, en los √ļltimos d√≠as hab√≠a pensado y hablado sobre los Cullen m√°s de la cuenta. Daba igual c√≥mo intentase distraerme, aunque lo cierto era que ten√≠a muchas cosas en las que pensar: estaba sincera y desesperadamente preocupada por Jacob y sus hermanos lobos; estaba aterrorizada por Charlie y los dem√°s, que cre√≠an que los chicos se dedicaban a cazar animales; mi relaci√≥n con Jacob era cada vez m√°s seria, aunque yo no hab√≠a decidido avanzar de forma consciente en ese sentido y no sab√≠a muy bien qu√© hacer. Daba igual porque ninguna de aquellas preocupaciones ¬ópreocupaciones reales y apremiantes a las que bien merec√≠a la pena dedicar un rato¬ó pod√≠a aliviar por mucho tiempo la angustia que sent√≠a en el pecho. Lleg√≥ un momento en que no pude seguir caminando porque era incapaz de respirar. Me sent√© sobre unas piedras que estaban medio secas y me acurruqu√© como una bola.
Jacob me encontró así. Su expresión revelaba que comprendía lo que me pasaba.
—Lo siento —dijo nada más llegar. Me hizo levantarme del suelo y me abrazó por los hombros. Hasta ese momento no me había dado cuenta del frío que tenía. Su calor me provocó un escalofrío, pero ahora que lo tenía al lado por lo menos podía respirar.
—Te estoy estropeando las vacaciones de Pascua —se acusó Jacob mientras paseábamos playa arriba.
¬óNo, no es verdad. No hab√≠a hecho ning√ļn plan. Adem√°s, no me gustan las vacaciones de Pascua.
¬óMa√Īana por la ma√Īana te llevar√© a alg√ļn sitio. Los dem√°s pueden cazar sin m√≠. Haremos algo divertido.
En aquel preciso instante de mi vida, esa palabra parecía fuera de lugar, extravagante, incomprensible.
¬ó¬ŅDivertido?
—Sí. Es justo lo que necesitas: divertirte. Mmm... —Jacob meditó con la mirada perdida en las olas grises. Mientras sus ojos oteaban el horizonte, tuvo un arrebato de inspiración.
—¡Ya lo tengo! —exclamó—. Es otra promesa que debo cumplir.
¬ó¬ŅDe qu√© me est√°s hablando?
Jacob me solt√≥ la mano y se√Īal√≥ hacia el sur, donde la medialuna lisa y rocosa de la playa terminaba bajo unos abruptos acantilados. Me qued√© mirando, sin entender nada.
¬ó¬ŅTe acuerdas de que promet√≠ zambullirme contigo desde el acantilado?
Me estremecí.
¬óS√≠, va a hacer fr√≠o, pero no tanto como hoy. ¬ŅNo lo notas en la presi√≥n del aire? Va a cambiar el tiempo. Ma√Īana har√° m√°s calor. ¬ŅTe apetece?
Las aguas oscuras no invitaban a sumergirse en ellas, y desde aquel √°ngulo las rocas parec√≠an a√ļn m√°s altas.
Pero hab√≠an pasado muchos d√≠as desde que o√≠ por √ļltima vez la voz de Edward. Probablemente eso formaba parte del problema. Me hab√≠a convertido en adicta al sonido de mi propia ilusi√≥n. Pasar demasiado tiempo sin esa voz s√≥lo empeoraba las cosas. Y saltar desde el acantilado era una forma segura de ponerle remedio.
¬óClaro que me apetece. Ser√° divertido.
¬óEntonces, tenemos una cita ¬ódijo, rode√°ndome los hombros con el brazo.
—De acuerdo. Pero ahora, vamos: tienes que dormir un poco —no me gustaba la forma en que sus ojeras parecían tatuadas sobre su piel.


A la ma√Īana siguiente me despert√© temprano y, a hurtadillas, met√≠ una muda de ropa en el coche. Ten√≠a la impresi√≥n de que Charlie aprobar√≠a el plan de hoy tanto como habr√≠a aprobado lo de la motocicleta.
La idea de distraerme de mis preocupaciones me ten√≠a casi emocionada. A lo mejor incluso resultaba divertido. Una cita con Jacob, una cita con Edward... Solt√© una carcajada macabra en mi interior. Jake pod√≠a afirmar que √©ramos una pareja muy complicada, pero la √ļnica realmente complicada de los dos era yo. A mi lado, los hombres lobo parec√≠an gente normal.
Esper√© a que Jacob se reuniera conmigo en la parte delantera de la casa, como sol√≠a hacer cuando el ruido de mi tartana anunciaba mi llegada. Al ver que no sal√≠a, supuse que quiz√° segu√≠a durmiendo. Esperar√≠a: prefer√≠a dejarle descansar lo m√°s posible. Jacob necesitaba recuperar sue√Īo. De paso, as√≠ dar√≠a lugar a que el d√≠a se caldeara un poco m√°s. Lo cierto era que hab√≠a acertado con su previsi√≥n del tiempo, que hab√≠a cambiado durante la noche. Una espesa capa de nubes cubr√≠a la atm√≥sfera creando una sensaci√≥n de bochorno; bajo aquel manto gris se sent√≠a calor y presi√≥n, as√≠ que dej√© el su√©ter en el coche.
Llamé a la puerta con suavidad.
¬óPasa, Bella ¬óme dijo Billy.
Estaba en la mesa de la cocina, comiendo cereales fríos.
¬ó¬ŅJake est√° dormido?
—Eh... no —Billy dejó la cuchara en la mesa y frunció el entrecejo.
¬ó¬ŅQu√© ha pasado? ¬óle pregunt√©. Por su expresi√≥n, sab√≠a que algo ten√≠a que haber ocurrido.
¬óEmbry, Jared y Paul han encontrado un rastro reciente esta ma√Īana. Sam y Jake han salido para ayudarles. Sam es optimista: cree que ella se ha atrincherado cerca de las monta√Īas, y que tienen bastantes posibilidades de acabar con esto de una vez.
—Oh, no, Billy —musité—. Oh, no.
√Čl solt√≥ una carcajada por lo bajo.
¬ó¬ŅTanto te gusta La Push que quieres prolongar tu condena aqu√≠?
¬óNo bromees, Billy. Esto es demasiado aterrador.
¬óTienes raz√≥n ¬óreconoci√≥, a√ļn satisfecho consigo mismo. Era imposible descifrar la expresi√≥n de sus viejos ojos¬ó. Esta vampira es muy traicionera.
Me mordí el labio.
¬óNo es tan peligroso para ellos como crees ¬óme consol√≥ Billy¬ó. Sam sabe lo que hace. T√ļ eres la √ļnica que tiene motivo para inquietarse. La vampira no quiere luchar contra ellos, s√≥lo busca la forma de burlarlos... para llegar hasta ti.
¬ó¬ŅSeguro que Sam sabe lo que hace? ¬ópregunt√©, sin hacer caso a su preocupaci√≥n por m√≠¬ó. Hasta ahora s√≥lo han matado a un vampiro. Puede haber sido cuesti√≥n de suerte.
¬óNos tomamos muy en serio lo que hacemos, Bella. No han pasado nada por alto. Todo lo que necesitan saber se ha transmitido de padres a hijos a lo largo de generaciones.
Sus palabras no me tranquilizaron tanto como √©l pretend√≠a. El recuerdo de Victoria ¬ósalvaje, felina, letal¬ó a√ļn segu√≠a grabado en mi mente. Si no consegu√≠a burlar a los lobos, finalmente pod√≠a intentar abrirse paso por encima de ellos.
Billy siguió desayunando. Yo me senté en el sofá y me dediqué a hacer zapping frente al televisor. No aguanté mucho rato. En aquella salita empecé a sentirme encerrada, claustrofóbica, inquieta por no poder ver lo que había más allá de las cortinas.
—Estaré en la playa —le dije a Billy sin previo aviso, y me apresuré hacia la puerta.
Estar en el exterior no me ayud√≥ tanto como esperaba. Las nubes me oprim√≠an con un peso invisible que no ayudaba a aliviar mi claustrofobia. Mientras caminaba hacia la playa, me di cuenta de que el bosque parec√≠a extra√Īamente vac√≠o. No se ve√≠a ning√ļn animal: ni p√°jaros, ni ardillas. Tampoco se o√≠a el canto de las aves. Aquel silencio era siniestro. Ni siquiera se escuchaba el rumor del viento entre los √°rboles.
Sab√≠a que la culpa de todo eso la ten√≠a el cambio de tiempo, pero aun as√≠ me pon√≠a nerviosa. La presi√≥n c√°lida y pesada de la atm√≥sfera era perceptible incluso para mis d√©biles sentidos humanos, y seguro que para el departamento de prevenci√≥n de tormentas presagiaba algo serio. Una mirada al cielo respald√≥ mi impresi√≥n: las nubes se estaban acumulando poco a poco pese a que a ras de suelo no soplaba ni una brizna de viento. Las m√°s cercanas eran plomizas, pero entre los resquicios se divisaba otra capa de nubes con un espeluznante color p√ļrpura. Los cielos deb√≠an de tener planeado algo espantoso para hoy, lo que explicaba que los animales se hubiesen ocultado en sus refugios.
En cuanto llegu√© a la playa me arrepent√≠: ya estaba harta de aquel sitio. Casi todos los d√≠as me dedicaba a pasear sola por ella. Me pregunt√© si era tan diferente de mis pesadillas, pero ¬Ņa qu√© otro lugar pod√≠a ir? Baj√© con cuidado hasta el √°rbol flotante y me sent√© en el extremo para poder apoyar la espalda en las enmara√Īadas ra√≠ces. Me qued√© mirando al cielo hostil, a la espera de que las primeras gotas de lluvia rompieran aquella quietud.
Intent√© no pensar en el peligro que corr√≠an Jacob y sus amigos. A Jake no pod√≠a pasarle nada. La sola idea era insoportable. Yo ya hab√≠a perdido demasiadas cosas. ¬ŅEs que el destino pretend√≠a arrebatarme tambi√©n los escasos jirones de paz que me quedaban? Me parec√≠a algo injusto, desproporcionado, pero quiz√° yo hab√≠a quebrantado alguna ley desconocida o cruzado una raya que supon√≠a mi condena. Tal vez mi error era involucrarme tanto en mitos y leyendas y volver la espalda al mundo humano. Tal vez...
No. A Jacob no iba a pasarle nada malo. Tenía que creer en eso o sería incapaz de seguir funcionando.
¬ó¬°Arggh! ¬ógru√Ī√≠, y me baj√© del tronco de un salto. No pod√≠a estar quieta: era a√ļn peor que pasear.
La verdad es que hab√≠a contado con o√≠r a Edward esa ma√Īana. Aquello parec√≠a lo √ļnico capaz de hacerme soportable el d√≠a entero. √öltimamente la herida del pecho hab√≠a estado supurando, como para vengarse de las veces en que la presencia de Jacob la hab√≠a aliviado. Los bordes me escoc√≠an.
Mientras paseaba, las olas empezaron a levantarse y a estrellarse contra las rocas, pero el viento seguía sin soplar. Me sentía clavada en el sitio por la presión de la tormenta. Todo se arremolinaba a mi alrededor, pero donde yo estaba nada parecía moverse. El aire tenía una leve carga eléctrica, sentía la estática en el pelo.
A lo lejos las olas se ve√≠an m√°s brav√≠as que cerca de la orilla. Pod√≠a divisar c√≥mo azotaban la l√≠nea de los acantilados y proyectaban grandes nubes de espuma blanca hacia el cielo. A√ļn no se apreciaba ning√ļn movimiento en el aire, aunque ahora las nubes se acumulaban con m√°s rapidez. Era una visi√≥n extra√Īa, como si se movieran por voluntad propia. Tuve un estremecimiento, aunque sab√≠a que s√≥lo era una ilusi√≥n creada por la presi√≥n del aire.
Los acantilados se recortaban como el filo de un cuchillo negro contra el l√≠vido cielo. Al contemplarlos, record√© el d√≠a en que Jacob me hab√≠a hablado de Sam y su ¬ębanda¬Ľ. Pens√© en los chicos ¬ólos hombres lobo¬ó arroj√°ndose al vac√≠o. Ten√≠a grabada en mi mente la imagen de sus cuerpos cayendo en espiral hacia el agua. Me imagin√© la sensaci√≥n de libertad absoluta de la ca√≠da. Tambi√©n evoqu√© la forma en que la voz de Edward sonaba en mi cabeza: furiosa, aterciopelada, perfecta... El vac√≠o de mi pecho se hizo a√ļn m√°s angustioso.
Tenía que haber alguna forma de aliviarlo. El dolor se volvía más insoportable por segundos. Miré hacia los farallones y las olas que rompían contra ellos.
Bueno, ¬Ņy por qu√© no? ¬ŅPor qu√© no acabar con esa angustia ahora mismo?
Jacob me hab√≠a prometido zambullirse conmigo desde las rocas. S√≥lo porque √©l no estuviera disponible, ¬Ņdeb√≠a renunciar a una diversi√≥n que necesitaba urgentemente? De hecho, saber que Jacob estaba jug√°ndose la vida hac√≠a que la necesitara a√ļn m√°s. Porque, b√°sicamente, se la estaba jugando por m√≠. De no ser por m√≠, Victoria no habr√≠a venido aqu√≠ para matar a la gente, sino que estar√≠a en alg√ļn otro lugar lejano. As√≠ que, si le pasaba algo a Jacob, ser√≠a por mi culpa. Comprenderlo finalmente fue como una pu√Īalada, y tuve que salir corriendo por el camino que llevaba a casa de Billy, donde hab√≠a dejado aparcado el coche.
Sabía cómo llegar hasta el sendero que corría junto a los acantilados, pero tuve que hallar el caminito que llevaba hasta el borde. Mientras lo seguía, fui buscando bifurcaciones y recodos, pues sabía que Jake tenía la intención de llevarme al saliente inferior, y no al más alto; pero el camino conducía hacia el extremo del acantilado sin ofrecer opción alguna. No tenía tiempo para buscar otra forma de bajar: la tormenta se movía cada vez más rápido. Al final, empecé a sentir el viento en la piel y la presión de las nubes más cerca del suelo. Cuando llegué al punto donde el sendero de tierra se abría hacia aquel precipicio de roca, las primeras gotas de agua salpicaron mi rostro.
No fue dif√≠cil convencerme a m√≠ misma de que no ten√≠a tiempo para buscar otro camino: quer√≠a saltar desde lo m√°s alto. √Čsa era la imagen que ten√≠a grabada en la cabeza. Deseaba sentir que volaba en aquella prolongada ca√≠da.
Sab√≠a que era lo m√°s est√ļpido e insensato que hab√≠a hecho en mi vida. La idea me hizo sonre√≠r. El dolor empez√≥ a remitir, como si mi cuerpo fuera consciente de que en cuesti√≥n de segundos escuchar√≠a la voz de Edward...
El agua sonaba muy lejos, incluso más que antes, cuando la oía desde el sendero que corría entre los árboles. Al pensar en la temperatura que podía tener el mar hice una mueca, pero no me iba a amilanar por eso.
El viento soplaba ahora con m√°s fuerza y la lluvia me azotaba y se arremolinaba a mi alrededor.
Me acerqué al borde, manteniendo la mirada fija en el espacio vacío que se abría delante de mí. Los dedos de mis pies tantearon a ciegas, acariciando la rugosa repisa de roca cuando la encontraron. Respiré hondo y aguanté el aire dentro de mi pecho, esperando.
Bella.
Sonreí y exhalé el aire.
¬ŅSi? No contest√© en voz alta, por temor a que el sonido de mi propia voz rompiera aquella hermosa ilusi√≥n. Sonaba tan real, tan cercano. S√≥lo cuando desaprobaba mi conducta, como ahora, emerg√≠a el verdadero recuerdo de su voz, la textura aterciopelada y la entonaci√≥n musical que la convert√≠an en el m√°s perfecto de los sonidos.
No lo hagas, me suplicó.
Querías que fuera humana, le recordé. Bueno, pues mírame.
Por favor. Hazlo por mí.
Es la √ļnica forma de que est√©s conmigo.
Por favor. Era solamente un susurro en la intensa lluvia que me revolvía el pelo y me empapaba la ropa; estaba tan mojada como si aquél fuera ya el segundo salto del día.
Me puse de puntillas.
¬°No, Bella! Ahora estaba furioso, y su furia era tan deliciosa...
Sonre√≠, levant√© los brazos como si fuera a tirarme de cabeza y alc√© el rostro hacia la lluvia. Pero ten√≠a demasiado arraigados los cursillos de nataci√≥n en la piscina p√ļblica: la primera vez, salta con los pies por delante. Me inclin√©, agach√°ndome para tomar m√°s impulso...
... y me tiré del acantilado.
Chill√© mientras ca√≠a por el aire como un meteorito, pero era un grito de j√ļbilo y no de miedo. El viento opon√≠a resistencia, tratando en vano de combatir la inexorable gravedad, empuj√°ndome y volte√°ndome en espirales como si fuera un cohete que se precipita contra el suelo.
¬°S√≠√≠√≠√≠! La palabra reson√≥ en mi cabeza cuando atraves√© como un cuchillo la superficie del agua. Estaba helada, a√ļn m√°s fr√≠a de lo que me hab√≠a temido, pero eso √ļnicamente acrecent√≥ aquella sensaci√≥n de subid√≥n.
Mientras segu√≠a bajando hacia las profundidades de aquellas aguas g√©lidas y negras, me sent√≠ orgullosa de m√≠ misma. No hab√≠a sufrido ni un instante de terror; s√≥lo pura adrenalina. En realidad, la ca√≠da no era tan escalofriante. ¬ŅD√≥nde estaba el desaf√≠o?
Fue en ese momento cuando me atrapó la corriente.
Me había preocupado tanto por la altura del acantilado y por el evidente peligro de aquella escarpada pared que no había pensado para nada en las oscuras aguas que me esperaban abajo. Ni siquiera había llegado a imaginar que la verdadera amenaza acechaba debajo de mí, tras la hirviente espuma.
Sentí cómo las olas se disputaban mi cuerpo, tirando de él como si estuvieran decididas a partirlo en dos para compartir el botín. Sabía cuál era la forma de luchar contra la marea: mejor nadar en paralelo a la playa en vez de esforzarme por llegar a la orilla, pero ese conocimiento no me servía de mucho, puesto que ignoraba dónde se encontraba la orilla.
Ni siquiera sabía dónde estaba la superficie.
Las aguas furiosas se ve√≠an negras en todas las direcciones; no hab√≠a ninguna luz que me orientara hacia arriba. La gravedad era omnipotente cuando compet√≠a con el aire, pero no ten√≠a ni una oportunidad contra las olas. Yo no sent√≠a su tir√≥n hacia abajo, ni notaba que mi cuerpo se hundiera en ninguna direcci√≥n. √önicamente experimentaba el embate de la corriente que me llevaba de un lado a otro como una mu√Īeca de trapo.
Luch√© por guardar el aliento en mi interior, por tener los labios sellados para no dejar escapar mi √ļltima provisi√≥n de ox√≠geno.
No me sorprendió que la ilusión de Edward estuviera allí. Teniendo en cuenta que me estaba muriendo, me lo debía. Lo que sí me sorprendió fue lo segura que estaba de que me iba a ahogar; de que ya me estaba ahogando.
¡Sigue nadando!, me apremió Edward dentro de mi cabeza.
El frío del agua me estaba entumeciendo piernas y brazos. Ya no notaba las bofetadas de la corriente. Ahora sentía más bien una especie de vértigo mientras giraba indefensa dentro del mar.
Pero le hice caso. Me obligu√© a m√≠ misma a seguir braceando y a patalear con m√°s fuerza, aunque en cada instante me mov√≠a en una direcci√≥n diferente. No pod√≠a estar haciendo nada √ļtil. ¬ŅQu√© sentido ten√≠a?
¡Lucha!, gritó Edward. ¡Maldita sea, Bella, sigue luchando!
¬ŅPor qu√©?
Ya no quería seguir peleando. Y no eran ni el mareo ni el frío ni el fallo de mis brazos debido al agotamiento muscular los que me hacían resignarme a quedarme donde estaba. No. Me sentía casi feliz de que todo estuviera a punto de acabar. Era una muerte mejor que las otras a las que me habría enfrentado, una muerte curiosamente apacible.
Pens√© brevemente en los t√≥picos, como el de que supuestamente uno ve desfilar su vida entera ante sus ojos. Yo tuve m√°s suerte. Adem√°s, ¬Ņpara qu√© quer√≠a una reposici√≥n?
Le estaba viendo a él, y no tenía ya voluntad de luchar. Su imagen era vívida, mucho más definida que cualquier recuerdo. Mi subconsciente había almacenado a Edward con todo detalle, sin fallo alguno, reservándolo para este momento final. Podía ver su rostro perfecto como si realmente estuviera allí; el matiz exacto de su piel gélida, la forma de sus labios, la línea de su mentón, el destello dorado en sus ojos encolerizados. Como era natural, le enfurecía que yo me rindiera. Tenía los dientes apretados y las aletas de la nariz dilatadas de rabia.
¬°No! ¬°Bella, no!
Su voz sonaba m√°s clara que nunca a pesar de que el agua helada me llenaba los o√≠dos. Hice caso omiso de sus palabras y me concentr√© en el sonido de su voz. ¬ŅPor qu√© deb√≠a luchar si estaba tan feliz en aquel sitio? Aunque los pulmones me ard√≠an por falta de aire y las piernas se me acalambraban en el agua g√©lida, estaba contenta. Ya hab√≠a olvidado en qu√© consist√≠a la aut√©ntica felicidad.
Felicidad. Hacía que la experiencia de morir fuese más que soportable.
La corriente venci√≥ en ese momento y me lanz√≥ violentamente contra algo duro, una roca invisible entre las tinieblas. La roca me golpe√≥ en el pecho con dureza, como una barra de hierro, y el aire escap√≥ de mis pulmones y sali√≥ por mi boca en una nube de burbujas plateadas. El agua inund√≥ mi garganta, me asfixiaba, me quemaba, mientras la barra de hierro parec√≠a tirar de m√≠, apart√°ndome de Edward hacia las oscuras profundidades, hacia el lecho oce√°nico. Adi√≥s. Te amo, fue mi √ļltimo pensamiento.