11 - La secta

Le echaba muchísimo de menos.
Ya había sido bastante malo estar sola antes de verme atontada por el miedo. Pero ahora, más que nunca, anhelaba sus carcajadas despreocupadas y su risa contagiosa. Necesitaba la segura cordura de su garaje convertido en casa y su cálida mano alrededor de mis fríos dedos.
Casi hab√≠a esperado que me telefoneara el lunes. ¬ŅAcaso no querr√≠a informarme si hab√≠a realizado alg√ļn progreso con Embry? Deseaba creer que era la preocupaci√≥n por su amigo lo que le ocupaba todo el tiempo hasta no dejarle ni un minuto para m√≠.
Le llam√© el martes sin que respondiera nadie. ¬ŅPersist√≠an los problemas de las l√≠neas telef√≥nicas o hab√≠a adquirido Billy un identificador de llamadas?
El miércoles le llamé cada media hora hasta pasadas las once de la noche, desesperada por oír la calidez de su voz.
El jueves permanecí sentada en el coche delante de casa con los contactos quitados y las llaves en la mano durante una hora seguida. Me debatía en mi interior, intentaba hallar un pretexto para efectuar un rápido viaje a La Push, pero no lo encontraba.
Por lo que sab√≠a, Laurent tendr√≠a que haber vuelto ya con Victoria. Si iba a La Push corr√≠a el riesgo de guiar a alguno de los dos hasta la reserva. ¬ŅQu√© ocurrir√≠a si me atrapaban cuando Jake estuviera cerca? Por mucho que me doliese, sab√≠a que lo que m√°s le conven√≠a a Jacob era evitarme. Y lo m√°s seguro para √©l.
Resultaba muy duro ser incapaz de hallar la forma de mantener a salvo a Charlie. Lo m√°s probable es que vinieran a buscarme durante la noche, y ¬Ņqu√© pod√≠a hacer para que Charlie no estuviera en casa? Me encerrar√≠a en una habitaci√≥n acolchada de alg√ļn psiqui√°trico si le contaba la verdad. Lo soportar√≠a ¬óde buena gana incluso¬ó si le manten√≠a a √©l a salvo, pero Victoria seguir√≠a yendo detr√°s de m√≠, y el primer lugar en el que me buscar√≠a ser√≠a aquella casa. Tal vez se conformar√≠a si me encontraba en ella. Tal vez se limitar√≠a a marcharse cuando hubiera terminado conmigo.
Por eso, no pod√≠a huir. Y aunque pudiera, ¬Ņad√≥nde iba a ir? ¬ŅCon Ren√©e? La idea de conducir a mis letales sombras al mundo tranquilo y soleado de mi madre me hizo estremecerme. Nunca la pondr√≠a en peligro de ese modo.
La preocupación fue horadando un agujero en mi estómago. No iba a tardar en sentir las correspondientes punzadas.
Charlie me hizo otro favor esa noche y volvió a telefonear a Harry para enterarse de si los Black se habían marchado de la ciudad. Harry le informó de que Billy había asistido a la reunión del consejo del miércoles por la noche sin hacer mención alguna de que fuera ausentarse. Charlie me avisó de que no me pusiera pesada. Jacob llamaría cuando se pudiera desplazar.
De pronto, el viernes por la tarde, cuando menos lo esperaba, lo comprendí todo mientras volvía a casa en coche.
Conducía sin prestar atención a la conocida carretera y dejaba que el sonido del motor dificultara la reflexión y amortiguara las preocupaciones cuando mi subconsciente emitió un veredicto en el que debía de haber trabajado sin darme entera cuenta.
En cuanto lo pensé, me sentí realmente tonta por no haberme dado cuenta antes. Claro, había tenido muchas cosas en la cabeza —vampiros obsesionados con la venganza, gigantescos lobos mutantes y un irregular agujero en el centro del pecho—, pero resultaba vergonzosamente obvio una vez que expuse las evidencias.
Jacob me evitaba. Charlie dec√≠a que parec√≠a extra√Īo, disgustado. Las respuestas de Billy eran vagas y serv√≠an de poca ayuda.
Se trataba de Sam Uley. Habían intentado decírmelo hasta mis pesadillas. Sam se había hecho con el control de Jacob. Fuera lo que fuera lo que les hubiera sucedido a los demás chicos de la reserva, le había alcanzado también a él, arrebatándome a mi amigo. La secta de Sam le había abducido.
Comprendí en medio de un torbellino de sentimientos que él no había renunciado a mí en absoluto.
Conduje al ralent√≠ hasta llegar frente a mi casa. ¬ŅQu√© deb√≠a hacer? Analic√© cada uno de los peligros.
Si iba en busca de Jacob, me arriesgaba a que Victoria o Laurent le encontraran en mi compa√Ī√≠a.
Si no lo hacía, Sam lo liaría más y más en su espantosa banda de obligada adscripción. Tal vez fuera demasiado tarde si no actuaba pronto.
Hab√≠a transcurrido una semana sin que los vampiros hubieran venido todav√≠a en mi busca. Una semana era tiempo m√°s que de sobra para que hubieran vuelto, por lo que yo no deb√≠a de ser una de sus prioridades. Lo m√°s probable, tal y como hab√≠a decidido antes, es que vinieran a cazarme de noche. Los riesgos de que me siguieran a La Push eran mucho m√°s peque√Īos que la posibilidad de perder a Jacob por culpa de Sam.
Los peligros del solitario camino forestal merec√≠an la pena. No era una visita caprichosa para ver si pasaba algo. Sab√≠a que pasaba algo. Era una misi√≥n de rescate. Iba a hablar con Jacob, raptarle si era preciso. Hab√≠a visto un reportaje de la PBS sobre la desprogramaci√≥n de aquellos a quienes han lavado el cerebro. Ten√≠a que haber alg√ļn tipo de cura.
Decidí que sería mejor telefonear antes a Charlie. Tal vez la policía se estaba ocupando de lo que sucedía en La Push. Lo hice a toda mecha, deseosa de entrar en acción.
Charlie contestó el teléfono de la comisaría en persona.
¬óJefe Swan.
¬óPap√°, soy Bella.
¬ó¬ŅQu√© ha pasado?
Esta vez no podía despejar sus peores temores. Me temblaba la voz.
¬óEstoy preocupada por Jacob.
¬ó¬ŅPor qu√©? ¬ópregunt√≥ sorprendido por lo inesperado del tema.
¬óCreo... Sospecho que se est√° cociendo algo raro en la reserva. Jacob me habl√≥ de una cosa extra√Īa que les hab√≠a sucedido a otros chicos de su edad. Ahora se comporta exactamente del modo que tem√≠a.
¬ó¬ŅQu√© clase de comportamiento extra√Īo? ¬óemple√≥ su tono profesional de polic√≠a. Eso era bueno. Me estaba tomando en serio.
—Primero estaba asustado, y luego empezó a evitarme... Ahora temo que forme parte de esa estrambótica banda de ahí abajo, la banda de Sam, la de Sam Uley.
¬ó¬ŅSam Uley? ¬órepiti√≥ Charlie, sorprendido de nuevo.
—Sí.
—Me parece que te equivocas, Bella —contestó con voz más relajada—. Sam Uley es un chico estupendo, bueno, ahora ya es un hombre. Y un buen hijo. Deberías oír hablar de él a Billy. En realidad, ya ha obrado maravillas con los jóvenes de la reserva. Fue él quien...
Charlie se calló a mitad de la frase. Supuse que estaba a punto de referirse a la noche en que me perdí en los bosques. Continué rápidamente.
—No es así, papá. Jacob le tenía miedo.
¬ó¬ŅHas hablado de esto con Billy? ¬óahora intentaba apaciguarme. Le hab√≠a perdido para mi causa en cuanto mencion√© a Sam Uley.
¬óBilly no est√° preocupado.
—Bueno, Bella, entonces estoy seguro de que todo está en orden. Jacob es un crío y probablemente sólo está haciendo travesuras. Estoy convencido de que se encuentra bien. Después de todo, no se puede pasar todo el tiempo pegado a tus faldas.
—El problema no soy yo —le insistí, pero había perdido la batalla.
¬óNo creo que debas preocuparte por esto. Deja que Billy cuide de Jacob.
—Charlie... —mi voz empezó a sonar quejumbrosa.
—Bella, ahora tengo un montón de trabajo entre manos. Se han perdido dos turistas que han dejado un rastro por los alrededores del lago —había una nota de ansiedad en su voz—. El problema del lobo se me está yendo de las manos...
Aquellas noticias me dejaron momentáneamente distraída —asombrada en realidad—. No había forma de que los lobos hubieran sobrevivido a un enfrentamiento con un rival de la talla de Laurent...
¬ó¬ŅEst√°s segura de que les ha sucedido algo? ¬ópregunt√©.
—Eso me temo, cielo. Había... —vaciló—. Volvía a haber huellas... Esta vez con un poco de sangre.
¬ó¬°Vaya!
En ese caso no se hab√≠a producido un enfrentamiento. Laurent deb√≠a de haberse limitado a dejar atr√°s a los lobos, pero ¬Ņpor qu√©? Lo que hab√≠a visto en aquel prado era extra√Īo dentro de lo extra√Īo, e imposible de entender.
¬óMira, tengo de dejarte, de verdad. No te preocupes por Jake. Estoy seguro de que no es nada, Bella.
—Muy bien —contesté secamente, frustrada cuando sus palabras me recordaron la urgencia de la crisis que tenía más cerca—. Adiós —colgué.
Contemplé fijamente el teléfono durante más de un minuto. ¡Qué demonios!, decidí. Billy contestó a los dos toques.
¬ó¬ŅDiga?
¬óHola, Billy ¬ócasi le gru√Ī√≠. Procur√© sonar m√°s amistosa mientras continuaba hablando¬ó. ¬ŅSe puede poner Jacob, por favor?
¬óNo est√° en casa.
¡Qué horror!
¬ó¬ŅSabes d√≥nde est√°?
—Ha salido con sus amigos —me contestó con precaución.
¬ó¬ŅAh, s√≠? ¬ŅCon alguien que conozco? ¬ŅCon Quil? ¬óhubiera jurado que √©l no interpretaba mis palabras con el mismo tono indiferente con el que yo pretend√≠a pronunciarlas.
—No —respondió Billy lentamente—. No creo que hoy esté con Quil.
Sabía que era preferible no mencionar el nombre de Sam, por lo que pregunté:
¬ó¬ŅEmbry?
Billy pareció más feliz al contestar esta vez.
—Sí, está con Embry.
Eso me bastaba. Embry era uno de ellos.
¬óBueno, ¬Ņle puedes decir que me llame cuando vuelva?
¬óClaro, claro, por supuesto.
Clic.
—Hasta pronto, Billy —murmuré en la línea cortada.
Fui en coche a La Push, decidida a esperar. Iba a aguantar sentada frente a la casa toda la noche si era necesario ¬óincluso me perder√≠a las clases del instituto¬ó. Jacob volver√≠a a casa en alg√ļn momento y, cuando lo hiciera, tendr√≠a que hablar conmigo.
Estaba tan preocupada que el viaje que tanto me había aterrado hacer pareció llevarme unos segundos. El bosque empezó a ralear antes de lo esperado y supe que pronto podría ver las primeras casitas de la reserva.
Un chico con una gorra de baloncesto calada se alejaba a pie por el lado izquierdo del arcén.
Me qued√© sin aliento durante un momento, haci√©ndome ilusiones de que la suerte se pusiera de mi lado por una vez y que me tropezara con Jacob sin necesidad de grandes esfuerzos, pero este chico era demasiado ancho y debajo de la gorra ten√≠a el pelo corto. Estaba segura de que era Quil incluso vi√©ndole de espadas, aunque parec√≠a haber crecido desde la √ļltima vez que le vi. ¬ŅQu√© les daban de comer a los chicos quileutes? ¬ŅHormonas de crecimiento?
Crucé al lado opuesto del camino para frenar junto a él. Alzó la vista cuando el rugido del motor se acercó.
La expresión de Quil me produjo más pánico que sorpresa. Tenía un rostro sombrío e inquietante, con la frente surcada por numerosas arrugas de preocupación.
—Eh, hola, Bella —me saludó sin ganas.
¬óHola, Quil... ¬ŅTe encuentras bien?
Me miró con aire taciturno.
¬óEstupendamente.
¬ó¬ŅTe puedo acercar a alg√ļn sitio? ¬óle ofrec√≠.
—Sí, supongo —murmuró. Cruzó por delante del coche arrastrando los pies y abrió la puerta del copiloto para subir.
¬ó¬ŅAd√≥nde?
—Mi casa está en el lado norte, detrás del almacén —me dijo.
¬ó¬ŅHas visto hoy a Jacob?
Le espeté la pregunta antes de que hubiera terminado de hablar. Miré a Quil con avidez, a la espera de su respuesta. Miró a lo lejos a través del parabrisas antes de responder. Al final, dijo:
¬óDe lejos.
¬ó¬ŅDe lejos? ¬órepet√≠.
—Intenté seguirlos. Iba con Embry —hablaba con un hilo de voz, por lo que resultaba difícil de oír por encima del motor. Me acerqué—. Sé que me vieron, pero se giraron y desaparecieron entre los árboles... Dudo que estuvieran solos. Es posible que Sam y su banda estuvieran con ellos. He estado dando tumbos por el bosque cerca de una hora, llamándolos a gritos. Acababa de encontrar el camino cuando has aparecido con el coche.
—Así pues, Sam lo ha atrapado a él también —había apretado los dientes, por lo que las palabras salieron ligeramente distorsionadas.
Quil me miró fijamente.
¬ó¬ŅEst√°s al tanto de eso?
Asentí.
¬óJake me lo dijo... antes.
—Antes —repitió Quil y suspiró.
¬ó¬ŅEs tan malo el caso de Jacob como el de los dem√°s?
—No se separa de Sam —Quil giró la cabeza y escupió por la ventana abierta.
¬óY antes de eso... ¬ŅEvitaba a todo el mundo? ¬ŅParec√≠a enfadado?
—No tardó mucho más que el resto —contestó en voz baja y con tono áspero—. Tal vez un día. Luego, Sam se lo llevó.
¬ó¬ŅQu√© crees que es? ¬ŅDrogas o algo as√≠?
¬óNo veo a Jacob ni a Embry meti√©ndose en una cosa as√≠... Pero ¬Ņqu√© s√© yo? ¬ŅQu√© otra cosa puede ser? ¬ŅY por qu√© no se preocupan los ancianos? ¬ósacudi√≥ la cabeza; ahora, el miedo asomaba a sus ojos¬ó. Jacob no quer√≠a participar en esa... secta. No comprendo qu√© le ha podido cambiar ¬óme mir√≥ con rostro aterrorizado¬ó. No quiero ser el pr√≥ximo.
Mis ojos reflejaron su pánico. Era la segunda vez que había oído describir aquello como una secta. Me estremecí.
¬ó¬ŅPuede prestarnos alguna ayuda tu familia?
Gesticuló con desdén.
—Claro, mi abuelo está en el consejo de ancianos con el de Jacob, y en lo que a él concierne, Sam Uley es lo mejor que le ha pasado a este lugar.
Nos miramos el uno al otro durante un buen rato. Ya est√°bamos en La Push y mi tartana avanzaba muy despacio por el camino desierto. Pod√≠a ver la √ļnica tienda de la reserva delante, no muy lejos de all√≠.
—He de irme —dijo Quil—. Mi casa está justo ahí.
Se√Īal√≥ un peque√Īo rect√°ngulo de madera con la mano. Fren√© y √©l se baj√≥ de un salto.
¬óVoy a esperar a Jacob ¬ódije con contundencia.
¬óBuena suerte.
Cerró la puerta de un portazo y se marchó arrastrando los pies por el camino, con la cabeza inclinada hacia delante y los hombros hundidos.
El rostro de Quil me angusti√≥ mientras daba la vuelta para dirigirme a la casa de los Black. Le aterraba ser el pr√≥ximo. ¬ŅQu√© estaba pasando all√≠?
Me detuve en frente de la casa de Jacob, apagué el motor y bajé las ventanillas. El ambiente estaba muy cargado y no soplaba el viento. Planté los pies en el salpicadero y me instalé dispuesta a esperar.
Un movimiento realizado en el campo de mi visión periférica me hizo volver la cabeza. Billy me miraba a través de la ventana de la fachada con expresión confusa. Le saludé con la mano y le sonreí forzadamente, pero me quedé donde estaba.
Entrecerró los ojos y dejó caer la cortina detrás del cristal.
Estaba preparada para quedarme tanto tiempo como fuera necesario, pero me apetecía tener algo que hacer. Desenterré una vieja pluma del fondo de mi mochila y un antiguo examen. Comencé a garabatear en la parte posterior del papel borrador.
Apenas tuve tiempo de dibujar una fila de rombos cuando se produjo un brusco golpecito contra mi puerta.
Me incorpor√© y alc√© la vista, esperando ver a Billy, pero fue Jacob quien gru√Ī√≥:
¬ó¬ŅQu√© est√°s haciendo aqu√≠, Bella?
Le miré perpleja y atónita.
Jacob hab√≠a cambiado radicalmente en las √ļltimas semanas, desde la √ļltima vez que le vi. Lo primero de lo que me di cuenta fue de que se hab√≠a rapado su hermosa cabellera; hab√≠a apurado mucho el corte, y ahora le cubr√≠a la cabeza una fina y lustrosa capa de pelo que parec√≠a sat√©n negro. Las facciones del rostro le hab√≠an cambiado de pronto, se mostraban duras y tensas, las de alguien de m√°s edad. El cuello y los hombros tambi√©n eran diferentes, en cierto modo, m√°s gruesos. Las manos con las que aferraba el marco de la ventana parec√≠an enormes, con los tendones y las venas marcados debajo de la piel cobriza. Pero los cambios f√≠sicos eran insignificantes...
... era su expresión la que le convertía en alguien casi irreconocible. La sonrisa franca y amistosa había desaparecido, como la cabellera, y la calidez de sus ojos oscuros había mudado en un rencor perturbador. Ahora existía una oscuridad en Jacob. Había hecho implosión, como mi sol.
¬ó¬ŅJacob? ¬ósusurr√©.
Se limitó a mirarme. Los ojos reflejaban tensión y enojo.
Comprend√≠ que no est√°bamos solos. Los otros cuatro del grupo se hallaban detr√°s de √©l. Todos eran altos y de piel cobriza, el pelo rapado casi al cero, como el de Jacob. Pod√≠an haber pasado por hermanos, apenas lograba distinguir a Embry de entre ellos. La sorprendente hostilidad de todos los ojos acentuaba a√ļn m√°s el parecido.
Todos, salvo los de Sam, los del mayor, que les sacaba varios a√Īos. √Čl permanec√≠a al fondo con el rostro sereno y seguro. Tuve que tragarme el mal genio que me estaba entrando, ya que me apetec√≠a propinarle un buen porrazo. No, quer√≠a hacer m√°s que eso. Dese√© ser temible y letal m√°s que cualquier otra cosa en el mundo, alguien a quien nadie se atreviera a importunar. Alguien capaz de ahuyentar a Sam Uley.
Quise ser vampiro.
El deseo virulento me pilló desprevenida y me dejó sin aliento. Era el más prohibido de los deseos —incluso aunque se debiera a una razón maligna como aquélla, gozar de ventaja sobre el enemigo— por ser el más doloroso. Había perdido ese futuro para siempre; en realidad, nunca lo había tenido en mis manos. Me erguí para recuperar el control de mí misma mientras sentía un vacío doloroso en el pecho.
¬ó¬ŅQu√© quieres? ¬óinquiri√≥ Jacob. El resentimiento de sus facciones aument√≥ cuando presenci√≥ el despliegue de emociones en mi rostro.
¬óHablar contigo ¬ócontest√© con un hilo de voz. Intent√© concentrarme, pero todo me segu√≠a dando vueltas mientras me rebelaba contra la p√©rdida de mi sue√Īo tab√ļ.
—Adelante —masculló entre dientes. Su mirada era despiadada. Nunca le había visto mirar a alguien así, y menos a mí. Dolía con una sorprendente intensidad, producía un sufrimiento físico que me traspasaba la mente.
—¡A solas! —siseé con voz más fuerte.
Volvió la vista atrás y supe adónde se dirigían sus ojos. Todos se volvieron a esperar la reacción de Sam.
Sam asintió una vez con rostro imperturbable. Efectuó un breve comentario en un idioma desconocido, lleno de consonantes líquidas, del que sólo estaba segura que no era francés ni castellano, por lo que supuse que era quileute. Se volvió y entró en casa de Jacob. Los demás —asumí que se trataba de Paul, Jared y Embry— le siguieron.
¬óDe acuerdo.
Jacob pareció un poco menos furioso cuando se marcharon los otros. Su rostro estaba más calmado, pero también reflejaba más desesperación. Las comisuras de su boca se mostraban permanentemente caídas.
Respiré hondo.
¬óSabes lo que quiero saber.
No respondió. Se limitó a mirarme con frialdad.
Le devolví la mirada y el silencio se prolongó. El dolor de su rostro hizo que me encontrara incómoda. Sentí que se me empezaba a formar un nudo en la garganta.
¬ó¬ŅPodemos dar un paseo? ¬ópregunt√© mientras a√ļn era capaz de hablar.
No reaccionó de modo alguno. Su rostro no cambió.
Sal√≠ del coche al sentirme observada por ojos invisibles detr√°s de las ventanas y comenc√© a dirigirme al norte, hacia los √°rboles. Levant√© un sonido de succi√≥n al andar sobre el barro de la cuneta y del herbazal. Como era el √ļnico sonido, pens√© en un primer momento que no me segu√≠a, pero lo ten√≠a justo al lado cuando mir√© a mi alrededor. Sus pies hab√≠an encontrado un camino menos ruidoso que el m√≠o.
Me sent√≠ mejor en la hilera de √°rboles, donde lo m√°s probable era que Sam no pudiera observarnos. Me devan√© los sesos para decidir cu√°les eran las palabras m√°s adecuadas, pero no se me ocurri√≥ nada. S√≥lo me sent√≠a m√°s y m√°s enfadada porque Jacob se hubiera dejado enga√Īar sin que Billy hubiera hecho nada por impedirlo..., y porque Sam fuera capaz de mantener tal calma y seguridad...
De pronto, Jacob aceleró el ritmo y me dejó fácilmente atrás con sus largas piernas. Luego, se giró y se quedó en medio del camino, de frente a mí, para que yo también tuviera que detenerme.
Me qued√© abstra√≠da por la manifiesta gracilidad de su movimiento. Jacob hab√≠a sido tan patoso como yo a causa de su interminable estir√≥n. ¬ŅCu√°ndo se hab√≠a operado semejante cambio?
No me concedió la oportunidad para pensar en ello.
¬óTerminemos con esto ¬ódijo con voz ronca y met√°lica.
Esper√©. √Čl sab√≠a lo que yo quer√≠a.
—No es lo que crees —de pronto, su voz reflejó un gran cansancio—. No es lo que yo pensaba... Estaba muy desencaminado.
¬óEn ese caso, ¬Ņqu√© es?
Estudi√≥ mi rostro durante un buen rato y estuvo haciendo conjeturas. El enfado no abandon√≥ sus ojos en ning√ļn momento.
—No te lo puedo decir —contestó al fin.
Mi mandíbula se tensó cuando mascullé:
—Creí que éramos amigos.
—Lo éramos.
Había un leve énfasis en el tiempo pasado.
¬óPero t√ļ ya no necesitas a ning√ļn otro amigo ¬óespet√© con acritud¬ó. Tienes a Sam. Hay algo que no va bien... Siempre le hab√≠as tenido ojeriza.
—Antes no le comprendía.
¬óY ahora has visto la luz, ¬Ņno? ¬°Aleluya!
—Bella, no tiene nada que ver con lo que yo creía. Tampoco es culpa de Sam, ya que él me ayuda todo lo que puede —la voz se le crispó y miró por encima de mi cabeza, a lo lejos, mientras la ira ardía en sus ojos.
—Te ayuda... —repetí con recelo—. Naturalmente.
Pero Jacob no parecía estar escuchándome. Respiraba hondo con deliberada lentitud en un intento de calmarse. Estaba tan fuera de sí que las manos le temblaban.
¬óJacob, por favor ¬óle susurr√©¬ó. ¬ŅNo vas a decirme qu√© ocurre? Tal vez pueda ayudarte.
—Ahora, nadie puede ayudarme —sus palabras fueron un susurro quejumbroso. La voz se le quebró.
¬ó¬ŅQu√© te ha hecho? ¬óinquir√≠ con los ojos anegados en l√°grimas. Le tend√≠ las manos, como ya hab√≠a hecho antes en una ocasi√≥n, mientras avanzaba con los brazos abiertos.
Esta vez se encogió y se alejó mientras alzaba las manos a la defensiva.
—No me toques —murmuró.
¬ó¬ŅNos oye Sam? ¬ópregunt√© entre dientes. Unas tontas l√°grimas se hab√≠an desbordado por las comisuras de mis ojos. Me las enjugu√© con el dorso de la mano y cruc√© los brazos delante del pecho.
¬óDeja de echarle las culpas a Sam.
Las palabras salieron a toda prisa, como un reflejo. Se llevó las manos a la cabeza para enredarse en una cabellera que ya no estaba allí, por lo que acabaron colgando sin fuerzas a los costados.
¬óEntonces, ¬Ņa qui√©n deber√≠a culpar? ¬órepliqu√©.
Esbozó una media sonrisa, funesta y esquinada.
—No quieres oírlo.
—¡Y un cuerno! —contesté bruscamente—. Quiero saberlo, y quiero saberlo ahora.
—Te equivocas —me replicó.
—No te atrevas a decirme que me equivoco. ¡No es a mí a quien le han lavado el cerebro! Dime ahora de quién es la culpa de todo esto si no es de tu querido Sam.
¬óT√ļ lo has querido ¬óme gru√Ī√≥ con ojos centelleantes¬ó. Si quieres culpar a alguien, ¬Ņpor qu√© no se√Īalas a esos mugrientos y hediondos chupasangres a los que tanto quieres?
Me qued√© boquiabierta y el aliento me sali√≥ de los pulmones ruidosamente. All√≠ clavada, me sent√≠ traspasada por el doble sentido de sus palabras. El dolor me recorri√≥ todo el cuerpo en la forma acostumbrada. El agujero de mi pecho me desgarraba de dentro hacia fuera, pero hab√≠a algo m√°s, una m√ļsica de fondo para el caos de mis pensamientos. No pod√≠a creer que le hubiera o√≠do bien. No hab√≠a rastro alguno de indecisi√≥n en el rostro de Jacob. S√≥lo furia.
Seguí con la boca abierta.
¬óTe dije que no querr√≠as o√≠rlo ¬óse√Īal√≥.
—No sé a quién te refieres —cuchicheé.
Enarcó una ceja con incredulidad.
¬óLo sabes perfectamente. No me vas a obligar a decirlo, ¬Ņverdad? No quiero hacerte da√Īo.
—No sé a quién te refieres —repetí de forma mecánica.
¬óA los Cullen ¬ódijo lentamente, arrastrando las palabras y escrutando mi rostro mientras las pronunciaba¬ó. Lo he visto... Puedo ver lo que pasa por tus ojos cuando digo sus nombres.
Sacud√≠ la cabeza de un lado a otro neg√°ndolo con energ√≠a y tratando de aclararme al mismo tiempo. ¬ŅC√≥mo lo sab√≠a? ¬ŅY qu√© relaci√≥n guardaba todo aquello con la secta de Sam? ¬ŅEra una banda que odiaba a los vampiros? ¬ŅEra √©sa la premisa de constituci√≥n de una asociaci√≥n cuando los vampiros ya no viv√≠an en Forks? ¬ŅPor qu√© iba a empezar a creer Jacob en aquellas historias precisamente ahora, cuando las pruebas de la presencia de los Cullen hab√≠an desaparecido para siempre?
Necesité bastante tiempo hasta dar con la respuesta correcta.
—No me digas que ahora te crees las necias supersticiones de Billy —intenté mofarme de forma poco convincente.
—Sabe más de lo que nunca le reconocí.
—Sé serio, Jacob.
Clavó en mí una mirada crítica.
¬óDejando las supersticiones a un lado ¬óa√Īad√≠ r√°pidamente¬ó, a√ļn no veo de qu√© acusas a los Cullen ¬óhice un gesto de dolor¬ó. Se marcharon hace m√°s de medio a√Īo. ¬ŅC√≥mo vas a culparles de lo que ahora haga Sam?
—Sam no está haciendo nada, Bella. Sé que se han ido, pero a veces las cosas se ponen en movimiento y entonces es demasiado tarde.
¬ó¬ŅQu√© se ha puesto en movimiento? ¬ŅPara qu√© es demasiado tarde? ¬ŅDe qu√© les est√°s echando la culpa?
De pronto, lo tuve delante mi rostro, con la ira ardiendo en sus ojos.
—De existir —masculló.
¡Cállate ya, Bella! No le presiones, me advirtió Edward al oído.
Me quedé atónita y trastornada al oír las palabras de aviso pronunciadas por la voz de Edward una vez más, dado que yo ni siquiera estaba asustada.
Desde que su nombre había atravesado los muros tras los que le había emparedado con tanto cuidado, había sido incapaz de volverlo a encerrar. Ahora no dolía, no durante los preciados segundos en que oía su voz.
Jacob parecía que echaba chispas. Estaba plantado delante de mí y temblaba de ira.
No comprendía el motivo por el que la falsa ilusión de Edward estaba de forma inesperada en mi mente. Jacob estaba lívido, pero era Jacob. No había adrenalina ni peligro.
Déjale calmarse, insistió la voz de Edward.
Sacudí la cabeza, confusa.
—Esto es ridículo —les contesté a ambos.
¬óMuy bien ¬ócontest√≥ Jacob, que volvi√≥ a respirar hondo¬ó. No voy a discutir contigo. De todos modos, no importa. El da√Īo est√° hecho.
¬ó¬ŅQu√© da√Īo?
Permaneció impávido cuando le grité esas palabras a la cara.
¬óRegresemos. No hay nada m√°s que decir.
Le miré boquiabierta.
¬ó¬°Queda todo por decir, a√ļn no me has contado nada!
Me dejó atrás y empezó a andar dando grandes zancadas de vuelta a la casa.
—Hoy me he encontrado con Quil —grité a sus espaldas.
Se detuvo en la mitad de un paso, pero no se volvió.
¬ó¬ŅRecuerdas a tu amigo Quil? S√≠, est√° aterrado.
Jacob se volvió para encararme con expresión apenada.
¬óQuil ¬ófue todo lo que dijo.
—También se preocupa por ti. Está alucinado.
Jacob miró fijamente más allá de mi persona con ojos de desesperación. Le aguijoneé un poco más.
¬óTiene miedo de ser el siguiente.
Jacob se agarr√≥ a un √°rbol para apoyarse. Su rostro se hab√≠a tornado en una extra√Īa sombra verde debajo de la tez cobriza.
¬óNo lo va a ser ¬ómurmur√≥ Jacob para s√≠ mismo¬ó. No puede serlo. Esto ha terminado. Esto ni siquiera deber√≠a de estar sucediendo. ¬ŅPor qu√©? ¬ŅPor qu√©?
Estamp√≥ el pu√Īo contra el √°rbol. No era un √°rbol grande, sino de tronco fino y poco m√°s de medio metro m√°s alto que Jacob, pero aun as√≠, me sorprend√≠ cuando el tronco cedi√≥ y se desgaj√≥ estrepitosamente bajo su golpe.
Jacob contempló el tronco repentinamente tronchado con sorpresa que pronto se transformó en pánico.
—Debo volver —dio media vuelta y comenzó a alejarse sin decir palabra con tal rapidez que tuve que correr para darle alcance.
¬ó¬°Volver con Sam!
—Es una forma de verlo —lo dijo tal y como lo sentía. Siguió mascullando y se alejó.
Le perseguí de vuelta a mi coche.
—¡Espera! —le llamé mientras se dirigía a la casa.
Se volvió hacia mí con las manos temblorosas de nuevo.
¬óVete a casa, Bella, ya no voy a poder salir contigo.
La ilógica y ridícula herida fue de una potencia increíble. Los ojos se me llenaron de lágrimas otra vez.
¬ó¬ŅEst√°s rompiendo conmigo?
Eran las palabras menos adecuadas, pero tambi√©n lo √ļnico que se me ocurri√≥ preguntar. Despu√©s de todo, lo que Jake y yo ten√≠amos era algo m√°s que un amor√≠o de patio de colegio. Algo mucho m√°s fuerte.
Soltó una risa amarga.
¬óNo es el caso, pero si lo fuera, dir√≠a: ¬ęQuedemos como amigos¬Ľ. Ni siquiera puedo decirte eso.
¬ó¬ŅPor qu√©, Jacob? ¬ŅSam no te deja tener otros amigos? Jake, por favor. Lo prometiste. ¬°Te necesito!
La rotunda vacuidad de mi vida anterior —antes de que Jacob aportara un poco de cordura— se irguió para luego enfrentarse a mí. Se me hizo un nudo en la garganta de pura soledad.
—Lo siento, Bella —pronunció nítidamente cada palabra con una voz gélida que no parecía la suya.
Dudé de que fuera eso lo que Jacob pretendiera decir en realidad. Sus ojos airados parecían querer expresar algo más, pero yo no entendía el mensaje.
Tal vez no tuviera nada que ver en absoluto con Sam ni estuviera relacionado con los Cullen. Quizás sólo intentaba alejarse de una situación sin esperanza. Quizás debería permitirle que lo hiciera, si es que eso era lo mejor para él. Es lo que debería hacer. Sería lo acertado.
Pero oí que se me escapaba un hilo de voz:
—Lamento que antes no pudiera... Me gustaría cambiar lo que siento por ti, Jacob —actuaba a la desesperada, por lo que forcé y estiré la verdad hasta retorcerla tanto que acabó por tomar forma de mentira—. Es posible... es posible que pudiera cambiar si me dieras un poco de tiempo —susurré—, pero no me dejes ahora, Jake. No podré resistirlo.
Su rostro pasó de la ira al sufrimiento en un segundo. Me tendió una de sus manos temblorosas.
—No, Bella, por favor, no pienses de ese modo. No te acuses de nada, no pienses que es culpa tuya. Es todo culpa mía, lo juro, no tiene nada que ver contigo.
¬óNo eres t√ļ, soy yo ¬ósusurr√©.
—Lo que intento decirte, Bella, es que yo no... —mantuvo un debate interior. Ese tormento se reflejó en sus ojos. Su voz se fue haciendo más ronca a medida que pugnaba por controlar sus emociones—. No soy lo bastante bueno para seguir siendo tu amigo, ni ninguna otra cosa. No soy quien era. No soy bueno.
¬ó¬°¬ŅQu√©?! ¬óle mir√© fijamente, confusa y consternada¬ó. ¬ŅQu√© est√°s diciendo? Eres mucho mejor que yo, Jake. ¬°Eres bueno! ¬ŅQui√©n te ha dicho lo contrario? ¬ŅSam? ¬°Eso es totalmente falso, Jacob! ¬°No le permitas que te lo diga! ¬óde repente, hab√≠a vuelto a pegar gritos.
El rostro de Jacob se endureció, pero sin vida.
—Nadie ha tenido que decirme nada. Sé lo que soy.
¬óEres mi amigo, eso es lo que eres. Jake, no...
Se había dado la vuelta para alejarse de nuevo.
—Lo siento, Bella —repitió, aunque en esta ocasión su voz fue un murmullo roto. Se giró del todo y entró en la casa casi a la carrera.
Fui incapaz de moverme de donde estaba. Contempl√© la casita. Parec√≠a demasiado peque√Īa para albergar a cuatro chicarrones enormes y dos adultos a√ļn m√°s grandes. Dentro no se produjo ninguna reacci√≥n. No hubo revoloteo de cortinas ni eco de voces ni atisbo de movimiento alguno. El edificio me contempl√≥ con expresi√≥n ausente.
Comenzó a lloviznar y varias gotas sueltas me asaetearon la piel. No lograba apartar la mirada de la casa. Jacob saldría. Tenía que hacerlo.
La lluvia y el viento arreciaron. Dej√≥ de llover en vertical y la lluvia comenz√≥ a caer sesgada desde el oeste. Desde all√≠ se ol√≠a el agua salada del mar. Mis cabellos me azotaban en el rostro y se quedaban adheridos a las zonas h√ļmedas, enred√°ndose en mis pesta√Īas. Esper√©.
La puerta se abrió al fin y, muy aliviada, avancé un paso.
Billy situó la silla de ruedas debajo del marco de la puerta. No vi a nadie más detrás de él.
¬óCharlie acaba de llamar, Bella. Le he dicho que estabas de camino a casa.
Tenía los ojos colmados de conmiseración, y en cierto modo, eso me hizo claudicar. No hice comentario alguno. Me limité a darme la vuelta como una autómata y subir al coche. Había dejado bajadas las ventanillas, por lo que los asientos estaban mojados y pegajosos. No importaba. Ya estaba empapada.
¬°No es para tanto! ¬°No es para tanto!, intentaba reconfortarme mi mente. Y era cierto, no era tan malo, no se acababa el mundo otra vez. Era s√≥lo el final de un peque√Īo remanso de paz, un remanso que ahora dejaba atr√°s. Eso era todo.
No es para tanto, admití, pero sí bastante malo.
Había pensado que Jacob había sanado el agujero que había en mí, o al menos lo había sellado, de forma que no me doliera tanto. Me equivocaba. Se había limitado a excavar su propio agujero, por lo que ahora estaba carcomida, como un queso gruyer. Me preguntaba por qué no me derrumbaba en cachitos.
Charlie me esperaba en el porche. Salió a mi encuentro en cuanto reduje la velocidad para detenerme.
—Billy ha telefoneado. Dijo que te habías peleado con Jake y que estabas muy disgustada —me explicó nada más abrirme la puerta.
Sus facciones se horrorizaron cuando, al escrutar mi expresión, reconoció algo en ella. Intenté visualizarme tal y como se me vería desde fuera, a fin de saber qué estaba pensando. Sentí el rostro vacío y frío, y comprendí a qué le recordaba.
—No ha sucedido exactamente así —farfullé.
Charlie me pasó el brazo por los hombros y me ayudó a salir del coche. No hizo comentario alguno sobre mis ropas empapadas.
¬óEntonces, ¬Ņqu√© ha pasado? ¬óinquiri√≥ cuando estuvimos dentro.
Retiró la manta de punto del respaldo del sofá mientras hablaba y me cubrió los hombros con ella. Entonces me percaté de que seguía tiritando.
—Sam Uley le ha dicho a Jacob que no puede seguir siendo amigo mío —contesté con voz apagada.
Charlie me lanz√≥ una mirada extra√Īa.
¬ó¬ŅQui√©n te ha dicho eso?
—Jacob —determiné. Aunque no era exactamente cierto que él lo hubiera dicho, seguía siendo verdad.
Charlie frunci√≥ el ce√Īo.
¬ó¬ŅDe verdad crees que pasa algo raro con el joven Uley?
—Yo sé que es así, aunque Jacob nunca me lo hubiera dicho —oí el goteo del agua de mis ropas sobre el suelo y la salpicadura sobre el linóleo—. Voy a cambiarme.
Charlie se hallaba sumido en sus pensamientos y respondió distraídamente:
¬óDe acuerdo.
Estaba tan helada que decid√≠ darme una ducha, pero el agua caliente no pareci√≥ afectar a la temperatura de mi piel. Segu√≠a congelada, as√≠ que al final desist√≠ y cerr√© el grifo. En el repentino silencio o√≠ a Charlie hablar con alguien en el piso de abajo. Me envolv√≠ en una toalla y entreabr√≠ la puerta del ba√Īo.
Charlie estaba enojado.
¬óNo me lo trago. Eso no tiene ni pies ni cabeza.
Luego se calló. Comprendí que estaba al teléfono. Al cabo de un minuto, Charlie bramó de pronto:
¬óNo culpes a Bella ¬ópegu√© un salto. Habl√≥ en voz m√°s baja y precavida cuando a√Īadi√≥¬ó: Mi hija dej√≥ claro todo el tiempo que ella y Jacob s√≥lo eran amigos... Bueno, si es as√≠, ¬Ņpor qu√© no me lo dijiste al principio? No, Billy, creo que ella tiene raz√≥n en esto... ¬ŅPor qu√©? Porque la conozco, y si ella dice que antes Jacob estaba asustado... ¬óle interrumpieron a mitad de frase, y cuando volvi√≥ a tomar la palabra casi estaba gritando de nuevo¬ó: ¬°¬ŅQu√© quieres decir con eso de que no conozco a mi hija tan bien como creo?! ¬ópermaneci√≥ a la escucha durante un instante y luego respondi√≥ en voz tan baja que apenas la logr√© o√≠r¬ó: Si piensas que voy a recordarle eso, vas listo. Apenas ha empezado a recuperarse, y creo que sobre todo gracias a Jacob. Si cualquier cosa que tu hijo haya hecho con el tal Sam la sume de nuevo en la depresi√≥n, entonces, Jacob va a tener que responder ante m√≠. Eres mi amigo, Billy, pero esto est√° perjudicando a mi familia.
Hubo otro silencio mientras Billy respondía.
—Tienes razón... Estos chicos se han pasado de la raya y voy a ver qué averiguo. Mantendremos los ojos bien abiertos, de eso puedes estar seguro.
Ahora no hablaba Charlie, sino el jefe de policía Swan.
—Bien. Vale. Adiós.
Colgó el auricular de un golpe.
R√°pidamente, atraves√© el pasillo de puntillas para meterme en mi cuarto. Charlie estaba refunfu√Īando airadamente en la cocina.
De modo que Billy iba a echarme la culpa de haber engatusado a Jacob hasta que éste, al fin, se había hartado de mí.
Resultaba extra√Īo, ya que eso era lo que yo misma hab√≠a temido, pero despu√©s de o√≠r las √ļltimas palabras de Jacob aquella tarde, ya no lo cre√≠a. All√≠ hab√≠a mucho m√°s que un simple enamoramiento no correspondido, y me sorprend√≠a que Billy se rebajara hasta el punto de sostener esa tesis. Eso me indujo a creer que, fuera cual fuera el secreto que guardaban, deb√≠a de ser mayor de lo que hab√≠a supuesto. Al menos, ahora Charlie estaba de mi lado.
Me puse el pijama y me arrastr√© hasta la cama. En aquel momento, la vida parec√≠a demasiado l√ļgubre como para dejarme enga√Īar. El agujero, bueno, ahora los agujeros, ya empezaban a dolerme, de modo que me dije: ¬ŅPor qu√© no? Extraje los recuerdos, no unos recuerdos verdaderos que dolieran demasiado, sino los falsos recuerdos de la voz de Edward hablando en mi interior esa tarde. Y los o√≠ repetidas veces en mi interior hasta que me qued√© dormida mientras las l√°grimas rodaban lentamente por las mejillas de mi rostro vac√≠o.
Esa noche tuve un sue√Īo nuevo. Estaba lloviendo y Jacob caminaba a mi lado sin hacer ruido, aunque el suelo cruj√≠a a mis pies como si pisara gravilla seca. Pero √©se no era mi Jacob, sino el nuevo Jacob, resentido y gr√°cil. El sigiloso garbo de sus andares me record√≥ a otra persona, y los rasgos de Jacob comenzaron a cambiar mientras los miraba. El color rojizo de su piel fue desapareciendo hasta quedar una tez blanca como la cal. Sus ojos se volvieron dorados y luego carmes√≠es, para volver despu√©s al dorado. El pelo corto se le encresp√≥ al soplo de la brisa, y adquiri√≥ una tonalidad bronc√≠nea all√≠ donde lo despeinaba el viento. Su rostro se convirti√≥ en algo tan hermoso que hizo saltar en pedazos mi coraz√≥n. Tend√≠ los brazos hacia √©l, que retrocedi√≥ un paso mientras alzaba las manos para escudarse. Entonces, Edward desapareci√≥.
Cuando despert√© a oscuras, no estaba segura de si acababa de empezar a llorar o hab√≠a empezado mientras dorm√≠a y las l√°grimas de ahora eran una prolongaci√≥n del llanto de mi sue√Īo. Mir√© el techo en penumbra. Tuve la impresi√≥n de que era bien entrada la noche. Estaba medio dormida, tal vez casi del todo. Los p√°rpados se me cerraron pesadamente e implor√© un sue√Īo sin pesadillas.
Fue entonces cuando o√≠ el ruido que deb√≠a de haberme despertado al principio. Algo puntiagudo raspaba contra mi ventana provocando un chirrido agudo, similar al ara√Īar de las u√Īas contra el cristal.