10 - El prado

Hice que Charlie llamara a Harry Clearwater en cuanto volvi√≥ del trabajo. Esper√© con ansiedad mientras charlaba con su viejo amigo. La conversaci√≥n parec√≠a prolongarse sin que se mencionara siquiera a Jacob. Al parecer, era el propio Harry quien hab√≠a estado en el hospital para someterse a unas pruebas cardiacas. La frente de Charlie se pobl√≥ de arrugas, pero Harry le rest√≥ importancia y se burl√≥ de √©l hasta que Charlie volvi√≥ a re√≠r. S√≥lo entonces pregunt√≥ por Jacob, y la conversaci√≥n por su parte no me dio demasiadas pistas, √ļnicamente un mont√≥n de s√≠es y varios ¬ęhum¬Ľ. Tamborile√© con los dedos sobre la encimera de la cocina hasta que puso su mano sobre la m√≠a para detenerme.
Al final, colgó el auricular y se volvió hacia mí.
—Harry dice que ha habido más de un problema con las líneas telefónicas y por eso no has podido contactar. Billy le ha llevado al médico local y al parecer tiene una infección vírica, mononucleosis. Está realmente cansado y Billy ha dicho que nada de visitas —me informó.
¬ó¬ŅNada de visitas? ¬óinquir√≠ at√≥nita.
Charlie enarcó una ceja.
—No empieces a ponerte plasta, Bella. Billy sabe lo que le conviene a Jake. Muy pronto estará en pie y por aquí. Sé paciente.
No presion√© m√°s. Charlie estaba inquieto por Harry. Obviamente, aquello era lo importante, y no le iba a fastidiar con mis nimias preocupaciones. En vez de eso, me dirig√≠ a mi habitaci√≥n como una flecha, encend√≠ el ordenador y me conect√©. Navegu√© hasta encontrar un sitio web m√©dico on line e introduje el t√©rmino ¬ęmononucleosis¬Ľ en el campo de b√ļsqueda.
Todo lo que supe sobre ello es que se supon√≠a que se transmit√≠a con el beso, lo cual era a todas luces imposible en el caso de Jake. Le√≠ r√°pidamente los s√≠ntomas... Ten√≠a la fiebre, sin duda, pero ¬Ņy el resto? No padec√≠a una gran irritaci√≥n de garganta ni estaba fatigado ni sufr√≠a jaquecas, al menos no antes de volver a casa despu√©s del cine. √Čl mismo hab√≠a dicho que estaba ¬ęcomo un roble¬Ľ. ¬ŅDe verdad pod√≠a haber desarrollado los s√≠ntomas tan deprisa? El art√≠culo parec√≠a indicar que la irritaci√≥n era lo primero en aparecer...
Mir√© fijamente la pantalla del ordenador y me pregunt√© cu√°l era la raz√≥n exacta por la que estaba haciendo aquello. ¬ŅPor qu√© me mostraba tan... desconfiada? ¬ŅPor qu√© iba a mentirle Billy a Harry?
Probablemente me estaba comportando como una tonta. Sólo estaba preocupada y, siendo sincera, también bastante asustada porque no me permitieran ver a Jacob... Eso me ponía nerviosa.
Seguí leyendo en diagonal el resto del artículo en busca de más información, pero me detuve al llegar a la parte en que decía que la mononucleosis podía llegar a durar más de un mes.
¬ŅUn mes? Me qued√© boquiabierta.
Billy no podía imponer su voluntad a las visitas tanto tiempo. Por supuesto que no. Jake se iba a volver loco si estaba tanto tiempo tirado en la cama sin hablar con nadie.
De todos modos, ¬Ņde qu√© ten√≠a miedo Billy? El art√≠culo especificaba que un enfermo de mononucleosis deb√≠a evitar la actividad f√≠sica, pero no dec√≠a nada de visitas. La enfermedad no era muy infecciosa.
Resolví que iba a darle a Billy una semana antes de ponerme avasalladora. Una semana era un plazo bien generoso.


La semana se me hizo larga. El miércoles ya no estaba segura de conseguir mantenerme viva hasta el sábado.
Aunque había decidido dejar solos a Billy y Jacob durante siete días, no había creído de verdad que Jacob estuviera de acuerdo con la norma impuesta por Billy. Todos los días corría al teléfono para revisar los mensajes del contestador. No hubo ninguno.
Hice trampas en tres ocasiones e intenté llamarle, pero las líneas telefónicas seguían sin funcionar.
Me encontraba muy, muy, muy sola. Demasiado. Al estar privada de la compa√Ī√≠a de Jacob, de la adrenalina y de las distracciones, se me empez√≥ a echar encima todo lo que hab√≠a estado reprimiendo. Los sue√Īos volvieron a castigarme con sa√Īa. No ve√≠a el final, s√≥lo aquella horrible vacuidad, la mitad del tiempo en el bosque, la otra mitad en un mar de helechos donde la casa blanca ya no exist√≠a. En ocasiones, Sam Uley estaba en el bosque y me vigilaba otra vez. No le prest√© atenci√≥n, ya que no hallaba ning√ļn consuelo en su presencia, no me hac√≠a sentirme menos sola. Eso no imped√≠a que me despertara gritando una noche tras otra.
La brecha de mi pecho estaba peor que nunca. Me había creído capaz de tenerla bajo control, pero me encorvaba sobre ella día tras día, apretando los bordes y jadeando en busca de aire.
Sola no me manejaba bien.
Sent√≠ un alivio m√°s all√° de toda medida la ma√Īana en que me despert√© ¬óentre gritos, por supuesto¬ó y record√© que ya era s√°bado. Hoy iba a llamar a Jacob e ir√≠a a La Push si no funcionaban las l√≠neas de tel√©fono. De un modo u otro, ser√≠a un d√≠a mejor que cualquier otro de la √ļltima semana de soledad.
Marqu√© el n√ļmero y aguard√© sin grandes esperanzas. Estaba desprevenida cuando Billy contest√≥ a la segunda llamada:
¬ó¬ŅDiga?
¬óEh, oh, vaya. ¬°El tel√©fono vuelve a funcionar! Hola, Billy. Soy Bella. S√≥lo llamaba para saber c√≥mo se encuentra Jacob. ¬ŅHa mejorado como para recibir visitas? Estaba pensando en dejarme caer por all√≠...
—Lo siento, Bella —me interrumpió Billy; me pregunté si estaba viendo la tele, ya que parecía distraído—. No está.
¬óAh ¬ónecesit√© un segundo para asimilarlo¬ó. Entonces, ¬Ņse encuentra mejor?
¬óS√≠ ¬óBilly vacil√≥ durante un instante que se hizo eterno¬ó. Result√≥ que al final, despu√©s de todo, no era mononucleosis, sino alg√ļn otro virus.
¬ó¬ŅAh, s√≠? ¬ŅY d√≥nde est√°... ?
—Se ha ido con los chicos a dar una vuelta en Port Angeles... Creo que iban a ver un programa doble o algo así. Se ha marchado para todo el día.
—Bueno, qué alivio. He estado tan preocupada... Me alegra mucho saber que se ha recuperado bastante como para salir.
Mi voz sonaba terriblemente falsa y empeoró hasta que terminé farfullando.
Jacob se encontraba mejor, pero no lo bastante para llamarme. Se había ido con sus amigos y yo estaba sentada en casa, echándole más de menos a cada hora que pasaba. Me sentía sola, aburrida, preocupada, herida... Y ahora, también desolada al comprender que la semana que habíamos estado separados no había tenido el mismo efecto sobre él.
¬ó¬ŅQuer√≠as algo en particular? ¬ópregunt√≥ Billy con amabilidad.
¬óNo, en realidad, no.
—Bueno, le diré que has llamado —me prometió—. Adiós, Bella.
—Adiós —contesté, pero ya había colgado.
Permanecí durante un momento con el teléfono en la mano.
Jacob debía de haber cambiado de idea, tal y como yo temía. Iba a aceptar mi consejo y no desperdiciar su tiempo con alguien que no podía corresponder a sus sentimientos. Noté que la sangre huía de mi rostro.
¬ó¬ŅAlgo va mal? ¬óme pregunt√≥ Charlie mientras bajaba las escaleras.
—No —mentí mientras colgaba el auricular—. Billy dice que Jacob se encuentra mejor. No era mononucleosis. Eso es estupendo.
¬ó¬ŅVa a venir √©l aqu√≠ o vas a ir t√ļ all√≠? ¬ópregunt√≥ distra√≠damente mientras comenzaba a rebuscar por la nevera.
—Ninguna de las dos cosas —admití—. Se ha marchado con otros amigos.
Al final, el tono de mi voz le llamó la atención. Charlie alzó los ojos y me miró con repentina alarma. Se quedó inmóvil, con el paquete de lonchas de queso en la mano.
¬ó¬ŅNo es un poco pronto para el almuerzo? ¬ópregunt√© con toda la despreocupaci√≥n de la que fui capaz en un intento de distraerle.
—No, sólo estoy guardando algo para llevarme al río...
¬óAh, ¬Ņte vas a pescar hoy?
¬óBueno, me ha llamado Harry y no est√° lloviendo... ¬óhab√≠a apilado un mont√≥n de comida mientras hablaba. De repente, alz√≥ los ojos de nuevo, como si hubiera comprendido algo¬ó. Oye, ¬Ņquieres que me quede contigo ahora que Jake est√° fuera?
—No importa, papá —le respondí, esforzándome por sonar indiferente—. Los peces pican más cuando hace buen tiempo.
Me miró fijamente con la indecisión grabada en el semblante. Sabía que se preocupaba, que temía dejarme sola en el caso de que volviera a ponerme depresiva otra vez.
—Lo digo de verdad, papá —rápidamente inventé una mentirijilla, ya que prefería estar sola a tenerle todo el día mirándome—: Creo que voy a llamar a Jessica. Tenemos que estudiar para un examen de Cálculo y su ayuda me vendría muy bien.
En parte era cierto, pero de todos modos iba a tener que resolverlo sin su ayuda.
¬óEs una gran idea. Has pasado mucho tiempo con Jacob y tus otros amigos van a pensar que te has olvidado de ellos.
Sonreí y asentí como si me importara algo lo que pensara el resto de mis amigos.
Charlie comenzó a caminar, pero de pronto dio media vuelta con expresión preocupada.
¬óPero vas a estudiar aqu√≠, en casa, o en la de Jess, ¬Ņverdad?
¬óClaro, ¬Ņd√≥nde, si no?
—Bueno es sólo que, como ya te dije, quiero que te andes con cuidado y procures evitar los bosques.
Estaba tan distraída que me costó un minuto comprenderle.
¬ó¬ŅM√°s problemas con los osos?
Charlie asintió con cara de pocos amigos.
¬óHay un monta√Īero perdido... Los guardias forestales encontraron su campamento a primera hora de la ma√Īana, pero no hay se√Īales de √©l por ninguna parte. Hay algunas huellas realmente grandes de animales... Por supuesto, pudieron haber acudido despu√©s al olor de la comida... De todos modos, ahora est√°n tendiendo trampas por all√≠.
—Ah —repuse distraídamente.
En realidad, no escuchaba sus advertencias. Me alteraba mucho más la situación con Jacob que la posibilidad de que me mordiera un oso.
Me alegraba de que Charlie tuviera prisa. No iba a esperar a que llamara a Jessica, por lo que no tendría que seguir adelante con la charada. Realicé todos los movimientos apropiados, incluso recoger los libros del instituto sobre la mesa de la cocina para guardarlos en mi bolsa, y eso, probablemente, ya fue demasiado. Charlie hubiera sospechado de no haber estado deseando irse a pescar.
Estaba tan ocupada fingiendo hacer cosas que el cruel vacío del día que me aguardaba por delante se me vino encima una vez que se hubo ido. Decidí que no me iba a quedar en casa después de contemplar durante dos minutos el silencioso teléfono de la cocina. Consideré mis opciones.
No iba a llamar a Jessica. Hasta donde sabía, se había pasado al lado oscuro.
Pod√≠a ir en coche hasta La Push y recoger la moto, una idea atrayente de no ser por un problema insignificante: ¬Ņqui√©n me iba a llevar a urgencias luego, cuando lo necesitara?
O... ya ten√≠a nuestro mapa y la br√ļjula en el coche. Estaba casi segura de haber comprendido el m√©todo lo bastante bien como para no perderme. Tal vez hoy pudiera descartar un par de l√≠neas y despejar el programa para cuando Jacob decidiera volver a honrarme con su presencia. Me negaba a pensar cu√°nto tiempo pod√≠a pasar, o si iba a ser para siempre...
Sentí una punzada de culpabilidad al comprender cómo le iba a sentar aquello a Charlie, pero la ignoré. Hoy no me podía volver a quedar en casa.
A los pocos minutos me encontraba en el ya conocido y embarrado camino que llevaba a ning√ļn sitio en particular. Conduc√≠a con las ventanillas bajadas todo lo deprisa que era razonable para mi veh√≠culo mientras disfrutaba del viento sobre mi rostro. El d√≠a estaba nublado, pero casi seco, un tiempo realmente bueno en el caso de Forks.
Necesit√© m√°s tiempo para ponerme en marcha del que hubiera invertido de haber estado con Jacob. Despu√©s de aparcar en el lugar de costumbre, tuve que estudiar la aguja de la br√ļjula y las marcas del mapa ¬óahora gastado¬ó durante un cuarto de hora largo. Me adentr√© en los bosques una vez que estuve razonablemente segura de seguir la l√≠nea correcta de las coordenadas.
El bosque era un hervidero de vida ese d√≠a, ya que todas las peque√Īas criaturas hab√≠an salido a disfrutar de la moment√°nea sequedad. No sab√≠a la raz√≥n, pero el lugar ten√≠a un aspecto m√°s siniestro que otros d√≠as a pesar de los silbos y graznidos de los p√°jaros, el zumbido de los insectos alrededor de mi cabeza y el ocasional correteo de los ratones entre los arbustos. Me recordaba a mi m√°s reciente pesadilla. Sab√≠a que eso se deb√≠a √ļnicamente al hecho de que estaba sola y echaba de menos el despreocupado silbido de Jacob y el sonido de otro par de pies por el suelo h√ļmedo.
Cuanto m√°s me adentraba en el bosque, mayor era el desasosiego. Respirar comenz√≥ a ser dif√≠cil, no a causa del ejercicio, sino porque volv√≠ a tener problemas con el est√ļpido agujero del pecho. Mantuve los brazos pegados al torso e intent√© desterrar la pena de mi mente. Estuve a punto de volverme, pero me repateaba desperdiciar el esfuerzo ya realizado.
El ritmo de las pisadas anestesió el dolor y me insensibilizó frente a mis pensamientos mientras seguía caminando a duras penas. Al final, logré acompasar la respiración y me alegré de haber perseverado. Esto de andar campo a través se me empezaba a dar mejor. Podía jurar que iba más deprisa.
Hasta ese momento no me había dado verdadera cuenta de lo mucho que había avanzado. Debía de haber cubierto algo más de seis kilómetros sin que todavía hubiera empezado a buscar por los alrededores, y entonces, con una brusquedad que me desorientó, crucé bajo el arco formado por dos arces para —abriéndome paso entre los helechos, que me llegaban hasta el pecho— entrar en el prado.
Estuve segura de que se trataba del mismo lugar al primer golpe de vista. Jamás había visto un claro tan simétrico, con una redondez tan perfecta, como si alguien hubiera arrancado a propósito los árboles —sin dejar evidencia alguna de tal violencia en la ondeante hierba— para crear un círculo impecable. Por el este se oía el suave borboteo del arroyo.
El lugar no resultaba tan apabullante sin la luz del sol, pero seguía siendo sereno y muy hermoso. Era una mala estación para las flores silvestres y el suelo rebosaba una densa hierba muy alta que se balanceaba al soplo de la brisa como si fueran las olas de un lago.
Se trataba del mismo lugar... Pero no, allí no estaba lo que había ido a buscar.
El desencanto fue casi tan inmediato como el reconocimiento. Me dejé caer de rodillas allí mismo, al borde del claro, y empecé a respirar entrecortadamente.
¬ŅPara qu√© ir m√°s lejos? Nada me reten√≠a all√≠, nada, salvo los recuerdos que pod√≠a invocar cuando quisiera ¬ósiempre que estuviera dispuesta a soportar el correspondiente dolor¬ó, y la pena que ahora me embargaba me hab√≠a dejado helada. Aquel sitio no ten√≠a nada de especial sin √©l. No estaba del todo segura de qu√© esperaba sentir all√≠, pero el prado carec√≠a de atm√≥sfera, estaba vac√≠o, como todo lo dem√°s. S√≥lo se parec√≠a a mis pesadillas. La cabeza me empez√≥ a dar vueltas vertiginosamente.
Al menos hab√≠a acudido sola. Me invadi√≥ una oleada de alivio en cuanto me percat√© de ello. Si hubiera descubierto el prado en compa√Ī√≠a de Jacob, bueno, no hubiera habido forma de disimular el abismo en el que ahora me hallaba sumida. ¬ŅC√≥mo le hubiera podido explicar aquella forma de caerme en pedazos o el hecho de haberme aovillado en el suelo para evitar que el hueco del pecho me desgajara? Prefer√≠a no haber tenido p√ļblico...
... y tampoco tener que explicar a nadie por qu√© me hab√≠a entrado esa prisa por irme. Despu√©s de haber salvado tantos problemas para localizar aquel est√ļpido claro, Jacob hubiera asumido que me apetec√≠a pasar en √©l algo m√°s que unos pocos segundos; pero yo ya estaba intentando hacer el acopio de fuerzas suficiente para ponerme en pie ¬ódespu√©s de que pudiera salir de la posici√≥n que hab√≠a adoptado¬ó y huir. Hab√≠a demasiado dolor en aquel lugar vac√≠o para poderlo soportar. Me ir√≠a a rastras si fuera preciso.
¡Cuánta suerte tenía de estar sola!
Sola. Repetí la palabra con macabra satisfacción hasta que conseguí ponerme en pie a pesar del dolor. En ese preciso momento salió de entre los árboles una figura en dirección al norte, a unos treinta pasos de distancia.
Un descomunal despliegue de emociones me traspas√≥ en un segundo. La primera, la sorpresa; estaba lejos de cualquier sendero y no esperaba compa√Ī√≠a. Adem√°s, me sacudi√≥ una r√°faga de desgarradora esperanza cuando fij√© la vista en la silueta y vi la absoluta inmovilidad y la piel p√°lida. La suprim√≠ con ferocidad mientras luchaba contra el igualmente despiadado azote de la agon√≠a cuando mis ojos siguieron bajando: debajo del pelo negro no estaba el √ļnico rostro que yo quer√≠a ver. Despu√©s vino el miedo. √Čsas no eran las facciones que me hac√≠an llorar, pero estaban lo bastante cerca como para saber que el hombre con el que me encaraba no era un excursionista perdido.
Y al final, por √ļltimo, el reconocimiento.
—¡Laurent! —grité con alegría y sorpresa.
Era una reacción irracional. Probablemente debía de haberme quedado en el miedo.
Laurent formaba parte del aquelarre de James la primera vez que nos encontramos. No se había involucrado en la caza que se desató —una caza en la que yo era la presa—, pero eso fue sólo por miedo, ya que me protegía otro aquelarre más numeroso que el suyo. De lo contrario, otro gallo hubiera cantado. En aquel entonces, no hubiera tenido reparo alguno en convertirme en su comida. Debía de haber cambiado, por supuesto, ya que se había ido a Alaska para vivir con el otro aquelarre civilizado que allí había, la otra familia que se negaba a beber sangre humana por razones éticas. Una familia como la de... No iba ni a permitirme pensar el nombre.
S√≠, el miedo era lo que ten√≠a m√°s sentido, pero todo lo que experiment√© fue una abrumadora satisfacci√≥n. El prado volv√≠a a ser un lugar dominado por la magia, una magia oscura para ser sinceros, pero magia igualmente. All√≠ estaba la conexi√≥n que buscaba. La prueba, aunque bastante lejana, de que √©l hab√≠a existido en alg√ļn momento de mi vida.
Resultaba imposible creer lo poco que Laurent hab√≠a cambiado de aspecto. Supuse que era muy est√ļpido y humano esperar alg√ļn tipo de cambio en el √ļltimo a√Īo, pero hab√≠a algo en √©l... No lograba descubrir qu√© era.
¬ó¬ŅBella? ¬ópregunt√≥; parec√≠a m√°s sorprendido que yo.
¬óMe recuerdas.
Le sonreí. Era ridículo que estuviera eufórica porque un vampiro supiera mi nombre.
Esbozó una gran sonrisa.
—No esperaba verte aquí.
Se acercó a mí dando un paseo y con expresión divertida.
¬ó¬ŅNo deber√≠a ser al rev√©s? Soy yo quien vive aqu√≠. Pens√© que te hab√≠as ido a Alaska.
Se detuvo a tres metros de distancia al tiempo que ladeaba la cabeza. Su rostro era el m√°s hermoso que hab√≠a visto en lo que me hab√≠a parecido una eternidad. Estudi√© sus rasgos con avidez y experiment√© un extra√Īo sentimiento de liberaci√≥n. All√≠ hab√≠a alguien a quien no me esperaba encontrar ni por asomo, alguien que ya sab√≠a todo lo que yo no era capaz de decir en voz alta.
—Tienes razón —admitió—. Me marché a Alaska. Aun así, no imaginaba... Al encontrar abandonado el hogar de los Cullen, creí que se habían trasladado.
¬óAh ¬óme mord√≠ el labio cuando el apellido hizo vibrar los bordes en carne viva de mi herida. Me llev√≥ unos segundos recuperar la compostura. Laurent me contempl√≥ con ojos de extra√Īeza. Al final, consegu√≠ decirle¬ó: Se trasladaron.
¬óMmm ¬ómurmur√≥¬ó. Me sorprende que te dejaran atr√°s. ¬ŅNo eras su mascota o algo as√≠?
Sus ojos reflejaban que no pretendía ser ofensivo. Le sonreí secamente.
—Algo así.
¬óMmm ¬órepuso, muy pensativo otra vez.
En ese preciso momento comprendí por qué parecía el mismo de forma tan idéntica. Después de que Carlisle nos dijera que Laurent se había quedado con la familia de Tanya, las ocasionales veces en que pensaba en él comencé a imaginármelo con los mismos ojos dorados de los... Cullen —me obligué a soltar el apellido con un estremecimiento—, el de todos los vampiros buenos.
Retrocedí un paso de forma involuntaria. Sus curiosos ojos de color rojo oscuro siguieron el movimiento.
¬ó¬ŅVienen de visita a menudo? ¬ópregunt√≥, a√ļn con indiferencia, pero inclin√≥ su figura hacia m√≠.
Miente, susurró con ansiedad, en mi memoria, la hermosa voz aterciopelada.
Me sobresalt√© ante el sonido de su voz, pero no deber√≠a haberme sorprendido. ¬ŅAcaso no estaba en el peor de los peligros concebibles? La moto era segura al lado de esto.
Hice lo que me ordenaba la voz.
—De vez en cuando —intenté que mi voz sonara suave y relajada—. Imagino que a mí el tiempo se me hace más largo. Ya sabes cómo son de distraídos... —estaba empezando a balbucear. Tuve que esforzarme para callar.
—Mmm —volvió a decir—. Pues la casa olía como si llevara cerrada bastante tiempo...
Bella, debes mentir mejor que eso, me instó la voz.
Lo intenté.
¬óHe de mencionarle a Carlisle que has estado all√≠. Lamentar√° mucho haberse perdido tu visita ¬ófing√≠ deliberar durante un segundo¬ó. Pero... probablemente no deber√≠a mencion√°rselo. Supongo que Edward... ¬óconsegu√≠ pronunciar su nombre a duras penas, y al hacerlo se me contrajo el rostro, arruinando el enga√Īo¬ó. Bueno, tiene mucho genio... Estoy segura de que te acuerdas de √©l. Sigue un poco susceptible con todo el asunto de James ¬ópuse los ojos en blanco e hice un gesto displicente con la mano, como si todo aquello fuera agua pasada, pero hab√≠a un deje de histeria en mi voz. Me pregunt√© si √©l lo reconocer√≠a.
¬óPero ¬Ņest√° de verdad? ¬ópregunt√≥ con amabilidad... e incredulidad.
Le di una réplica breve a fin de que la voz no delatara mi pánico.
¬óAj√°.
Laurent dio un paso fortuito hacia un lado mientras miraba el peque√Īo prado. No se me pas√≥ por alto que ese paso le acercaba m√°s a m√≠. En mi cabeza, la voz respondi√≥ con un d√©bil gru√Īido.
¬óBueno, ¬Ņy c√≥mo van las cosas en Denali? ¬ópregunt√© con voz demasiado aguda¬ó. Carlisle me dijo que ahora estabas con Tanya.
Aquello le hizo detenerse y cavilar.
¬óTanya me gusta mucho, y su hermana Irina a√ļn m√°s. Nunca antes hab√≠a permanecido tanto tiempo en un sitio, pero aunque disfruto de las ventajas y de la novedad del asunto, las restricciones son dif√≠ciles. Me sorprende que cualquiera de ellos haya podido aguantar tanto tiempo ¬óme sonri√≥ con gesto de complicidad¬ó. A veces, hago trampas.
No pude tragar saliva. Comencé a mover con cuidado un pie hacia atrás, pero me quedé petrificada cuando el parpadeo de sus ojos rojos le llevó a observar el movimiento.
—Ah —repuse con voz débil—, Jasper también ha tenido ese tipo de problemas.
No te muevas, susurró la voz. Intenté acatar la orden, pero resultaba difícil. El instinto de poner pies en polvorosa era casi incontrolable.
¬ó¬ŅDe verdad? ¬óLaurent parec√≠a interesado¬ó. ¬ŅSe fueron por ese motivo?
—No —respondí con sinceridad—. Jasper se muestra más cuidadoso en casa.
—Sí —Laurent se mostró de acuerdo con eso—. También yo.
El paso hacia delante que dio en ese momento fue totalmente deliberado.
¬óAl final, ¬Ņte encontr√≥ Victoria? ¬ópregunt√© con voz entrecortada, a la desesperada, para distraerle.
Fue la primera pregunta que se me ocurrió, y me arrepentí de haberla hecho en cuanto la hube formulado. Victoria, que me había dado caza con James para luego desaparecer, no era alguien en quien me apeteciera pensar en ese momento.
Pero la pregunta le detuvo.
—Sí —contestó mientras dudaba si dar otro paso—. De hecho, he venido aquí para hacerle un favor... —puso mala cara—. Esto no le va a hacer feliz.
¬ó¬ŅEsto? ¬órepet√≠ con entusiasmo, invit√°ndole a continuar.
Mantenía la mirada fija en los árboles, lejos de mí, y aproveché su distracción para dar un paso atrás a escondidas.
Volvió a mirar y me sonrió. La expresión le hizo parecer un ángel de cabellos negros.
¬óEl que yo te mate ¬órepuso en un seductor arrullo.
Tambale√°ndome, retroced√≠ otro paso. El fren√©tico gru√Īido de mi cabeza dificultaba que pudiera o√≠r.
—Ella querría reservarse esa parte —continuó con aire despreocupado—. Parece estar un poco molesta contigo, Bella.
¬ó¬ŅConmigo? ¬ógrit√©.
Movió la cabeza y rió entre dientes.
¬óLo s√©, a m√≠ tambi√©n me parece ponerse la camisa del rev√©s, pero James era su compa√Īero y tu Edward le mat√≥.
Incluso allí, a punto de morir, su nombre rasgaba mis heridas abiertas como un arma de filo dentado.
Laurent hizo caso omiso de mi reacción.
—Pensó que sería más apropiado matarte a ti que a Edward, un intercambio justo, pareja por pareja. Me pidió que le allanara el terreno, por así decirlo. No me imaginaba que iba a ser tan fácil. Quizás se debe a que su plan estaba lleno de imperfecciones... Por lo visto, no se va a producir la venganza que ella había imaginado, ya que no debes significar mucho para él si te abandona dejándote desprotegida.
Otro golpe, otro desgarrón en el pecho.
Laurent se movió levemente, y yo retrocedí a trompicones un paso más.
Torció el gesto.
¬óSupongo que, de todos modos, se va a enfadar.
¬óEntonces, ¬Ņpor qu√© no la esperas a ella? ¬ólogr√© decir.
Una sonrisa maliciosa le cambió las facciones.
—Bueno, me has pillado en un mal momento, Bella. No vine a este lugar para cumplir una misión para Victoria. Estaba de caza. Tengo bastante sed y se me hace la boca agua sólo con olerte.
Me miró con aprobación, como si eso fuera un cumplido.
Amen√°zale, me orden√≥ el bello enga√Īo de su voz, distorsionado por el p√°nico.
¬ó√Čl sabr√° que has sido t√ļ ¬ósusurr√© d√≥cilmente¬ó. No vas a irte de rositas.
¬ó¬ŅY por qu√© no? ¬óla sonrisa de Laurent se hizo m√°s amplia. Recorri√≥ con la mirada el peque√Īo claro entre los √°rboles¬ó. Las pr√≥ximas lluvias borrar√°n mi olor y nadie va a encontrar tu cuerpo; habr√°s desaparecido, simplemente, como tantos y tantos humanos. No hay raz√≥n para que Edward piense en m√≠, si es que se toma la molestia de investigar. Puedes estar segura de que esto no es nada personal, Bella. S√≥lo tengo sed.
Implora, me rogó mi alucinación.
—Por favor —contesté jadeando.
Laurent negó con la cabeza sin perder la expresión amable.
—Míralo de este modo, Bella: tienes suerte de que sea yo quien te haya encontrado.
¬ó¬ŅAh, s√≠? ¬ódije sin hablar, moviendo s√≥lo los labios, mientras retroced√≠a otro vacilante paso.
Laurent me siguió, ágil, grácil.
—Sí —me aseguró—. Seré rápido, no vas a sentirlo, te lo prometo. Luego le mentiré a Victoria, por supuesto, sólo para aplacarla, pero si supieras lo que había planeado para ti, Bella. .. —sacudió la cabeza con un movimiento lento, casi de disgusto—. De verdad, deberías estarme agradecida por esto.
Le miré horrorizada.
Olfateó la brisa que lanzaba mechones de mi cabello en su dirección.
—Se me hace la boca agua —repitió mientras inhalaba profundamente.
Me tens√© para dar un salto. Bizque√© cuando me alej√© arrastrando los pies mientras la voz de Edward bramaba con furia y resonaba en alg√ļn lugar de la parte posterior de mi cabeza. Su nombre derrib√≥ todos los muros que yo hab√≠a erigido para contenerlo. Edward. Edward. Edward. Iba a morir, por lo que ahora no importaba si pensaba en √©l. Edward, te amo.
Mis ojos entrecerrados contemplaron cómo Laurent dejaba de inhalar y giraba bruscamente la cabeza hacia la izquierda. Me daba pánico quitarle los ojos de encima para seguir la trayectoria de su mirada, aunque difícilmente iba a necesitar una distracción u otro tipo de treta para dominarme. Estaba demasiado asombrada para sentir alivio alguno cuando comenzó a alejarse lentamente de mí.
No te fíes, me dijo la voz tan bajito que apenas la oí.
Entonces, tuve que mirar. Escudri√Ī√© el prado en busca de la interrupci√≥n que hab√≠a prolongado mi vida durante unos segundos m√°s. No vi nada en un primer momento, y mi mirada revolote√≥ de vuelta a Laurent, que ahora se retiraba m√°s deprisa sin dejar de horadar el bosque con la vista.
En ese momento vi una gran figura negra salir con calma de entre los √°rboles, silenciosa como una sombra, para luego acechar con parsimonia al vampiro. Era enorme; ten√≠a la altura de un caballo, pero era m√°s corpulento y mucho m√°s musculoso. El gran hocico se contrajo con una mueca que revel√≥ una hilera de incisivos afilados como cuchillas. Profiri√≥ entre dientes un gru√Īido espeluznante que retumb√≥ por todo el claro como la prolongaci√≥n del restallido de un trueno.
El oso. S√≥lo que no era un oso para nada. Aun as√≠, aquella gigantesca criatura negra deb√≠a de ser la causante de toda la alarma. Visto de lejos, se le pod√≠a confundir con un oso. ¬ŅQu√© otro animal iba a tener una constituci√≥n tan descomunal y poderosa?
Me hubiera gustado tener la suerte de haberlo visto a lo lejos. En vez de eso, anduvo sin hacer ruido sobre la hierba a poco más de tres metros de mi posición.
No te muevas ni un centímetro, murmuró la voz de Edward.
Me quedé mirando fijamente a la monstruosa criatura, con la mente bloqueada en el intento de ponerle un nombre a aquel ser. Guardaba una cierta semejanza canina en cuanto al contorno y la forma de moverse. Atenazada por el pánico como estaba, sólo se me ocurría una posibilidad, pero aun así, jamás hubiera imaginado que un lobo podía ser tan grande.
Su garganta emiti√≥ un gru√Īido sordo que me hizo estremecer.
Laurent estaba retrocediendo hacia la fila de √°rboles. Me azot√≥ una oleada de confusi√≥n y helado p√°nico. ¬ŅPor qu√© se retiraba Laurent? El lobo era de un tama√Īo desmedido, sin duda, pero s√≥lo era un animal. ¬ŅPor qu√© iba a temer un vampiro a un animal? Y Laurent estaba aterrado. Ten√≠a los ojos desmesuradamente abiertos, como los m√≠os.
De repente, como una respuesta a mi pregunta, el colosal lobo recibi√≥ compa√Ī√≠a. Le flanqueaban otros dos gigantescos compa√Īeros que penetraron silenciosamente en el prado. Uno ten√≠a un pelaje gris oscuro y el otro casta√Īo, pero ninguno alcanzaba la altura del primero. El lobo gris sali√≥ de los √°rboles a escasos metros de m√≠, con la mirada fija en Laurent.
Dos lobos m√°s les siguieron adoptando una formaci√≥n en uve ¬ócomo la de los gansos cuando emigran hacia el sur¬ó antes de que yo pudiera reaccionar. El monstruo de pelambrera color ladrillo que sali√≥ del sotobosque en √ļltimo lugar estaba al alcance de mi mano.
Proferí un involuntario grito ahogado y salté hacia atrás, que era la mayor estupidez que podía cometer. Volví a quedarme petrificada a la espera de que los lobos se volvieran hacia mí, la presa más débil, la más fácil de cobrar. Durante unos fugaces instantes deseé que Laurent se hiciera cargo del asunto y aplastara a la manada de lobos. Para él debía de ser algo muy sencillo. Intuía que, de las dos opciones posibles, ser devorada por los lobos era casi seguro la peor alternativa.
El lobo más cercano —el de pelambrera bermeja— volvió levemente la cabeza al oír mi grito entrecortado.
Los ojos del lobo eran oscuros, casi negros. La criatura me miró durante una fracción de segundo. Aquellos profundos ojos parecían demasiado inteligentes para ser los de un animal salvaje.
De pronto, cuando me miraron, pensé en Jacob, y volví a dar gracias por haber venido sola a aquella pradera de cuento de hadas repleta de monstruos siniestros. Al menos, él no iba a morir también. Al menos, no tendría su muerte sobre mi conciencia.
Entonces, un gru√Īido del jefe hizo que el lobo rojo girara la cabeza de nuevo hacia Laurent, que contemplaba la manada de lobos gigantes con una sorpresa no disimulada, y con miedo. Eso pod√≠a entenderlo, pero me qued√© pasmada cuando, sin previo aviso, se dio media vuelta y desapareci√≥ entre los espesos √°rboles.
Salió corriendo.
Los lobos fueron tras √©l un segundo despu√©s; cruzaron la hierba del claro a la carrera, con cuatro brincos, entre gru√Īidos y chasquidos de fauces tan fuertes que, por instinto, me llev√© las manos a los o√≠dos. El sonido desapareci√≥ con sorprendente rapidez una vez que se perdieron en el bosque.
Luego volví a estar sola.
Se me combaron las rodillas y caí al suelo sobre las manos mientras en mi garganta se agolpaban los sollozos.
Era consciente de que deb√≠a irme, e irme ya. ¬ŅCu√°nto tiempo iba a transcurrir antes de que los lobos que hab√≠an ido en pos de Laurent dieran media vuelta y vinieran a por m√≠? ¬ŅO Laurent se revolver√≠a contra ellos? ¬ŅY si era √©l a quien buscaban?
Pese a todo, al principio no logré moverme. Me temblaban brazos y piernas y no sabía cómo arreglármelas para ponerme de pie una vez más.
Tenía la mente bloqueada por el miedo, el pavor y la confusión. No era capaz de comprender lo que acababa de presenciar.
Un vampiro no deber√≠a huir de unos perrazos como √©sos. ¬ŅQu√© da√Īo pod√≠an causar los colmillos de los lobos en su piel de granito?
Y los lobos deber√≠an haber rehuido a Laurent. No ten√≠a sentido alguno que le persiguieran ni aun desconociendo el miedo debido a su tremendo tama√Īo. Dudaba de que el olor de la piel marm√≥rea de Laurent se pareciera al de la comida. ¬ŅPor qu√© hab√≠an ignorado a una presa d√©bil y de sangre caliente como yo para perseguirle a √©l?
No me cuadraba.
Una fría brisa azotó el prado haciendo que la hierba se ondulara como si algo hubiera cruzado el claro.
Me puse de pie y retrocedí, aunque el soplo del viento era leve. Fui dando tumbos a causa del miedo, me volví y corrí de cabeza a los árboles.
Las horas siguientes fueron una agon√≠a. Logr√© salir de los √°rboles al tercer intento, tantos como me hab√≠a costado dar con el prado. Al principio no prest√© atenci√≥n ad√≥nde me dirig√≠a, ya que me concentraba s√≥lo en el lugar del que escapaba. Me encontraba ya en el coraz√≥n del bosque, desconocido y amenazador, cuando me hube serenado lo bastante para acordarme de la br√ļjula. Las manos me temblaban con tal virulencia que tuve que dejarla encima del suelo embarrado para poderla leer. Me deten√≠a cada pocos minutos para situar la br√ļjula en el suelo y verificar que segu√≠a dirigi√©ndome hacia el noroeste mientras o√≠a el apagado susurro de criaturas ocultas movi√©ndose entre las hojas cuando no los acaballaba el fren√©tico sonido de succi√≥n de mis pisadas.
El reclamo de un arrendajo me hizo dar un salto hacia atr√°s y ca√≠ en un grupo de p√≠ceas, que me llenaron los brazos de raspaduras y me apelmazaron el pelo con savia. La s√ļbita carrera de una ardilla para subirse a una cicuta me hizo gritar con tanta fuerza que me hice da√Īo en mis propios o√≠dos.
Al final, delante pude ver una brecha en la línea de árboles. Aparecí en un punto del camino que se encontraba a kilómetro y medio al sur de donde había dejado el coche. Subí dando tumbos por el sendero, ya que estaba exhausta. Lloraba de nuevo cuando logré meterme en la cabina del conductor. Bajé con furia los duros seguros del coche antes de desenterrar las llaves de mi bolsillo. El rugido del motor me dio una sensación cuerda y reconfortante. Me ayudó a controlar las lágrimas mientras ponía el vehículo al máximo de su potencia rumbo a la carretera principal.
Estaba más calmada, aunque hecha un lío, cuando llegué a casa. El coche patrulla de Charlie estaba en la avenida que llevaba a casa. No me había percatado de lo tarde que era. El cielo ya había oscurecido.
¬ó¬ŅBella? ¬óme llam√≥ Charlie cuando cerr√© de un portazo la puerta de la entrada y ech√© los cerrojos a toda prisa.
—Sí, soy yo —contesté con voz vacilante.
¬ó¬ŅD√≥nde has estado? ¬óbram√≥ mientras cruzaba la entrada de la cocina con un gesto que no presagiaba nada bueno.
Vacilé. Lo más probable es que hubiera llamado a casa de los Stanley. Sería mejor atenerme a la verdad.
—De excursión —admití.
Estrechó los ojos.
¬ó¬ŅQu√© ha pasado con la idea de ir a casa de Jessica?
—Hoy no me sentía con ánimo para estudiar Cálculo.
Charlie cruzó los brazos por delante del pecho.
—Pensé que te había pedido que te alejaras del bosque.
—Sí, lo sé. No te preocupes, no lo volveré a hacer —me estremecí.
Charlie pareció verme por vez primera. Recordé que había pasado un buen rato tirada en el suelo del bosque. ¡Menuda pinta debía de tener!
¬ó¬ŅQu√© ha pasado? ¬óinquiri√≥.
Una vez más decidí que la mejor opción era contarle la verdad, o al menos una parte. Estaba demasiado desasosegada para fingir que había vivido en el bosque un día sin incidentes.
—Vi al oso —intenté decirlo con calma, pero la voz me salió aguda y temblorosa—. Aunque no es un oso, sino una especie de lobo, y son cinco. Uno negro y enorme, otro gris, otro de pelaje rojizo...
Charlie puso unos ojos como platos. Avanzó una zancada hacia mí y me aferró por los hombros.
¬ó¬ŅEst√°s bien?
Cabeceé débilmente una vez.
—Dime qué ha pasado.
—No me prestaron ninguna atención, pero salí por pies y me caí un montón de veces después de que se fueran.
Me soltó los hombros y me rodeó con los brazos. No despegó los labios durante un buen rato.
—Lobos —murmuró.
-¬ŅQu√©?
¬óLos agentes forestales dijeron que las huellas no encajaban con las de un oso, sino con las de varios lobos, aunque no de ese tama√Īo...
¬ó√Čstos eran enormes.
¬ó¬ŅCu√°ntos dices que viste?
¬óCinco.
Charlie meneó la cabeza y torció el gesto con ansiedad. Al final, habló con un tono que no admitía réplica:
¬óSe acabaron las excursiones.
—Sin problema —le prometí fervientemente.
Charlie telefone√≥ a la comisar√≠a para informar de lo que yo hab√≠a visto. Me mostr√© un poco esquiva en cuanto al lugar exacto donde hab√≠a visto a los lobos y se√Īal√© que hab√≠a sido en el sendero que conduce al norte. No quer√≠a que pap√° supiera cu√°nto me hab√≠a adentrado en el bosque en contra de sus deseos y, lo m√°s importante de todo, no quer√≠a que nadie vagabundeara cerca de donde Laurent podr√≠a estar busc√°ndome. Me pon√≠a mala s√≥lo de pensarlo.
¬ó¬ŅTienes hambre? ¬óme pregunt√≥ cuando colg√≥ el auricular.
Negué con la cabeza, aunque lo normal hubiera sido estar famélica después de pasarme todo el día sin comer.
—Sólo estoy cansada —le dije. Me volví hacia las escaleras.
¬óEh ¬ódijo Charlie con voz cargada de repentino recelo una vez m√°s¬ó, ¬Ņno dijiste que Jacob iba a pasar fuera todo el d√≠a?
—Eso es lo que me comentó Billy —le contesté, confundida por la pregunta.
Estudió mi expresión durante un minuto y pareció satisfecho con lo que encontró en ella.
¬óAj√°.
¬ó¬ŅPor qu√©? ¬óinquir√≠. Parec√≠a estar insinuando que le hab√≠a mentido esa ma√Īana en algo m√°s que en lo de estudiar con Jessica.
¬óBueno, es s√≥lo que le vi cuando fui a recoger a Harry. Estaba delante de la tienda de la reserva con unos amigos. Le salud√© con la mano, pero √©l... Bueno, supongo... No s√© si me vio. Me parece que estaba discutiendo con sus amigos. Ten√≠a un aspecto extra√Īo, como si estuviera contrariado por algo... Estaba cambiado. ¬°Es digno de ver c√≥mo crece ese chico! Cada vez que le veo ha pegado un estir√≥n.
—Billy dijo que Jake y sus amigos se habían marchado a Port Angeles a ver un par de películas. Lo más probable es que estuvieran esperando a que alguien se reuniera con ellos.
¬óAh.
Charlie asintió con la cabeza y se encaminó a la cocina.
Me quedé en el vestíbulo mientras imaginaba a Jacob discutiendo con sus amigos. Me pregunté si se habría enfrentado con Embry como consecuencia del asunto con Sam. Tal vez fuera ése el motivo por el que me había dejado tirada hoy. Si ello significaba que había solventado las cosas con Embry, me alegraba de que lo hubiera hecho.
Me detuve a revisar todos los cerrojos antes de subir a mi habitaci√≥n. Era un comportamiento est√ļpido. Pues ¬Ņqu√© diferencia pod√≠a marcar un cerrojo frente a alguno de los monstruos que hab√≠a visto aquella tarde? Asum√≠ que el pomo era lo √ļnico que iba a detener a los lobos, al carecer de pulgares, pero si ven√≠a Laurent...
... o Victoria...
Me tendí en la cama, pero estaba demasiado alterada para albergar la esperanza de dormir. Me acurruqué con fuerza debajo del edredón y encaré los horribles hechos.
No había nada que pudiera hacer. No podía adoptar ninguna precaución ni existía lugar al que huir. Tampoco había nadie que pudiera ayudarme.
El estómago me dio un vuelco cuando comprendí que la situación era incluso peor, ya que todo aquello implicaba también a Charlie. Mi padre, que dormía a una habitación de la mía, estaba a un pelo de distancia del objetivo, que se centraba en mí. Mi aroma les guiaría hasta aquí, estuviera yo o no...
Los temblores me sacudieron hasta que me casta√Īetearon los dientes. Fantase√© con lo imposible para calmarme, imagin√© que los grandes lobos hab√≠an alcanzado a Laurent en los bosques y hab√≠an masacrado al inmortal como hubieran hecho con cualquier persona normal. La idea me reconfort√≥ a pesar de lo absurdo de la misma. Si los lobos le hab√≠an atrapado, no le podr√≠a decir a Victoria que estaba sola, de modo que tal vez creyera que los Cullen segu√≠an protegi√©ndome si Laurent no regresaba. Bastaba con que los lobos pudieran triunfar en semejante enfrentamiento...
Mis vampiros buenos no iban a regresar. Había sido muy tranquilizador suponer que los del otro tipo iban a desaparecer.
Cerré los ojos con fuerza y esperé a sumirme en la inconsciencia, casi deseosa de que empezara la pesadilla. Mejor eso que el bello rostro pálido que ahora me sonreía detrás de los párpados.
En mi imaginación, los ojos de Victoria estaban negros a causa de la sed, relucían de anticipación y sus labios se curvaban de placer hasta dejar entrever los centelleantes colmillos. Su melena roja brillaba como el fuego. Le caía desordenada sobre su rostro salvaje.
En mi mente resonaron las palabras de Laurent. Si supieras lo que había planeado para ti...
Me met√≠ el pu√Īo en la boca para no gritar.