8 - Adrenalina

¬óVer√°s c√≥mo va bien cuando est√© en movimiento ¬óme prometi√≥ √©l¬ó. Ahora, ¬Ņd√≥nde tienes los frenos?
¬óDetr√°s de mi pie derecho.
¬óError.
Me tomó la mano derecha y me dobló los dedos alrededor de la palanca de aceleración.
¬óPero t√ļ me dijiste...
¬ó√Čste es el freno que est√°s buscando. No uses ahora el freno de atr√°s, eso lo dejaremos para m√°s tarde, cuando sepas lo que est√°s haciendo.
¬óEso no suena nada bien ¬órepliqu√© con cierta suspicacia¬ó. ¬ŅNo son los dos frenos igual de importantes?
¬óOlv√≠date del freno de atr√°s, ¬Ņvale? Aqu√≠... ¬óenvolvi√≥ mi mano con la suya y me hizo apretar la palanca hacia abajo¬ó. As√≠ es como se frena. No lo olvides ¬óme apret√≥ la mano otra vez.
—De acuerdo —asentí.
¬ó¬ŅEl acelerador?
Giré el manillar derecho.
¬ó¬ŅLa palanca de cambios?
La empujé ligeramente con mi pantorrilla izquierda.
—Muy bien. Creo que ya has pillado el manejo de todas las partes. Ahora sólo te queda arrancar la moto.
¬óOh, oh ¬ómurmur√©, asustada, por decirlo con suavidad. Notaba unos extra√Īos retortijones en el est√≥mago y sent√≠ que me iba a fallar la voz.
Estaba aterrorizada. Intent√© decirme a m√≠ misma que el miedo no ten√≠a sentido. Ya hab√≠a pasado por lo peor que pod√≠a ocurrirme. En comparaci√≥n, ¬Ņc√≥mo me iba a asustar por esto? Supuse que deber√≠a poner cara de no importarme nada y re√≠rme.
Pero mi estómago no estaba por colaborar.
Mir√© fijamente el largo tramo de camino polvoriento, flanqueado por una densa maleza envuelta en niebla. La senda era arenosa y h√ļmeda, desde luego, mejor que el fango.
—Quiero que mantengas el embrague hacia abajo —me instruyó Jacob.
Se me agarrotaron los dedos en torno a la palanca.
¬óAhora, esto es crucial, Bella ¬óinsisti√≥¬ó. No dejes que la moto se te vaya, ¬Ņvale? Quiero que pienses que te he dado una granada explosiva. Le has quitado el seguro y est√°s sujetando el detonador.
Lo apreté con más fuerza.
¬ó¬ŅCrees que podr√°s arrancar el pedal?
—Si muevo el pie, me caigo —le expliqué con los dientes apretados y los dedos tensos sobre mi supuesta granada explosiva.
¬óVale, yo te tengo. No sueltes el embrague.
Dio un paso atr√°s y s√ļbitamente golpe√≥ con fuerza el pedal. La moto hizo un sonido brusco como de tableteo y la fuerza del tir√≥n la hizo balancearse. Empec√© a caerme de lado, pero Jacob agarr√≥ la moto antes de que me estampara contra el suelo.
¬óMant√©n el equilibrio ¬óme anim√≥¬ó. ¬ŅTienes bien sujeto el embrague?
—Sí —respiré entrecortadamente.
¬óPlanta bien el pie, voy a intentarlo otra vez.
No obstante, en esta ocasión puso una mano en la parte trasera del asiento, con el fin de asegurarse.
Necesitó al menos cuatro intentos antes de que arrancara y la moto rugiera entre mis piernas como un animal agresivo. Aferré con fuerza el embrague hasta que me dolieron los dedos.
—Aprieta el acelerador —me sugirió—, muy suavemente. Y sobre todo, no sueltes el embrague.
Gir√© de forma vacilante el manillar derecho. Aunque se movi√≥ muy poco, la moto gru√Ī√≥. Sonaba enfadada y casi hambrienta. Jacob sonri√≥ con gran satisfacci√≥n.
¬ó¬ŅRecuerdas c√≥mo se pone en primera? ¬óme pregunt√≥.
—Sí.
¬óBien, venga, vamos.
¬óVale.
Esperó unos segundos.
—Suelta el pie —me urgió.
—Ya lo sé —dije, aspirando aire profundamente.
¬ó¬ŅEst√°s segura de que quieres hacer esto? ¬óme pregunt√≥ Jacob¬ó. Pareces asustada.
—Estoy bien —repliqué con brusquedad. Cambié la marcha rápidamente.
—Muy bien —me alabó—. Ahora, con mucha suavidad, suelta el embrague.
Se apartó un paso de la moto.
¬ó¬ŅQuieres que deje caer la granada? ¬ópregunt√© sin pod√©rmelo creer. Con raz√≥n hab√≠a empezado a retirarse.
—A ver qué tal la llevas, Bella. Procura ir poco a poco.
En el momento en que abrí ligeramente la mano para soltar el embrague, me paralizó una voz que no pertenecía al chico que tenía al lado.
Esto es temerario, infantil y est√ļpido, Bella, buf√≥ aquella voz aterciopelada.
—¡Oh! —comencé a jadear y solté el embrague de forma repentina.
La moto cabeceó debajo de mí, lanzándome hacia delante, y después se me cayó encima, medio aplastándome. El motor rugiente se caló y luego se paró definitivamente.
¬ó¬ŅBella? ¬óJacob me sac√≥ la moto de encima con premura¬ó. ¬ŅEst√°s herida?
Pero yo no le escuchaba.
Ya te lo había dicho, murmuró la voz perfecta, nítida como el cristal.
¬ó¬ŅBella? ¬óJacob me sacudi√≥ el hombro.
—Estoy bien —murmuré aturdida.
Mejor que bien, en realidad. Había regresado la voz a mi cabeza. Todavía sonaba en mis oídos, con ecos suaves, aterciopelados.
Mi mente analiz√≥ con rapidez todas las posibilidades. Aqu√≠ no hab√≠a nada que pudiera resultarme familiar: era una carretera en la que nunca hab√≠a estado, haciendo algo que jam√°s hab√≠a hecho, as√≠ que no pod√≠a tratarse de ning√ļn d√©j√† vu. Esto me hizo suponer que las alucinaciones eran provocadas por algo m√°s... Sent√≠ la adrenalina fluir por mis venas y pens√© que aqu√≠ estaba la respuesta. Deb√≠a de ser alguna combinaci√≥n de adrenalina y peligro, o quiz√°s de simple estupidez...
Jacob me estaba poniendo en pie.
¬ó¬ŅTe has dado un golpe en la cabeza? ¬óme pregunt√≥.
¬óNo lo creo ¬óla mov√≠ arriba y abajo para comprobarlo¬ó. ¬ŅNo habr√© estropeado la moto, verdad?
Este pensamiento me preocupaba. Estaba ansiosa por probarlo de nuevo, enseguida. El comportamiento temerario me estaba yendo mejor de lo que hab√≠a pensado. Ten√≠a que dejar de pensar en enga√Īos. Quiz√°s hab√≠a encontrado la forma de provocar las alucinaciones, y esto sin duda era mucho m√°s importante.
—No, sólo has calado el motor —dijo Jacob, interrumpiendo mis diligentes especulaciones—. Soltaste el embrague demasiado deprisa.
Asentí.
—Probaré de nuevo.
¬ó¬ŅEst√°s segura? ¬óinquiri√≥ Jacob.
¬óAfirmativo.
Esta vez intenté arrancarla yo. Era complicado; tenía que saltar un poco para dar el golpe seco sobre el pedal con fuerza suficiente, y cada vez que lo hacía, la moto intentaba tirarme. La fuerte mano de Jacob flotaba sobre los manillares, preparada para agarrarme si lo necesitaba.
Fueron necesarios unos cuantos buenos intentos y bastantes m√°s de los malos antes de que el motor arrancara y comenzara a rugir entre mis muslos. Me acord√© de sujetarlo como si fuera una granada y aceler√© con la palanca de forma vacilante. Respondi√≥ con un gru√Īido al toque m√°s ligero. Mi sonrisa se correspond√≠a ahora con la de Jacob.
—Suelta despacio el embrague —me recordó.
¬ŅEntonces, eso es lo que quieres, matarte? ¬ŅEs eso de lo que va todo esto?, intervino de nuevo la otra voz, con severidad.
Sonreí con los labios apretados —todavía funcionaba— e ignoré las preguntas. Jacob no iba a dejar que me pasara nada malo.
Vete a casa con Charlie, ordenó la voz. Su pura belleza me asombró. No podía permitir que este recuerdo se perdiera, no importaba al precio que fuera.
—Suéltalo lentamente —me animó Jacob.
—Lo haré —contesté. Me molestó un poco la idea de que pareciera que les contestaba a los dos a la vez.
La voz de mi mente gru√Ī√≥ por encima del rugido de la moto.
Intenté concentrarme esta vez, para que la voz no volviera a sorprenderme y relajé la mano muy poco a poco. De pronto, la marcha entró y me arrastró hacia delante.
Y de repente, volaba.
Apareció un viento que no había soplado hasta ese momento, azotó mi piel y la aplastó contra el hueso del cráneo con tal fuerza que parecía que alguien tiraba de ella. Me había dejado el estómago en el punto de partida; la adrenalina fluía por mi cuerpo, haciéndome cosquillas en las venas. Los árboles parecían correr a mi lado, difuminándose en una pared verde.
Y eso que iba sólo en primera. Mi pie volvió a empujar la palanca de cambios, mientras giraba el manillar para dar más gas.
¡No, Bella!, la voz dulce como la miel tronó enfadada en mi oído. ¡Mira por dónde vas!
Esto me distrajo lo suficiente de la velocidad como para darme cuenta de que la carretera cambiaba lentamente en una curva hacia la izquierda y yo a√ļn no hab√≠a empezado la maniobra de giro. Jacob no me hab√≠a explicado c√≥mo hacerlo.
—Frenos, frenos —murmuré para mis adentros, y de forma instintiva hundí el pie derecho, de la misma manera que lo hacía en el coche.
La moto volvió a dar sacudidas a un lado y a otro respectivamente. Me conducía hacia aquel muro verde a toda pastilla. Intenté voltear el manillar en otra dirección y el cambio repentino de mi peso empujó la moto contra el suelo, todavía girando hacia los árboles.
La moto me cayó encima otra vez —el motor siguió rugiendo con fuerza— y me arrastró por la arena mojada hasta impactar contra algo fijo. No podía ver nada. Tenía la cara enterrada en el musgo. Intenté levantar la cabeza, pero algo me lo impedía.
Me sentía mareada y confusa. Parecía como si hubiera tres cosas rugiendo a la vez: la moto que tenía encima, la voz que sonaba dentro de mi cabeza y algo más...
—¡Bella! —gritaba Jacob. Escuché cómo se extinguía el rugido de la otra moto.
Mi motocicleta dejó de aplastarme y me revolví en el suelo, intentando recuperar la respiración. Todos los rugidos cesaron.
—Guau —murmuré. Estaba eufórica. Al fin había encontrado la suma idónea para provocar las alucinaciones: adrenalina más peligro más estupidez. O algo parecido.
¬ó¬°Bella! ¬óJacob se hab√≠a inclinado sobre m√≠ con ansiedad¬ó. Bella, ¬Ņest√°s viva?
—¡Estoy genial! —grité con entusiasmo. Flexioné los brazos y las piernas y todo parecía funcionar correctamente—. ¡Vamos a hacerlo otra vez!
—No creo que sea una buena idea —la voz de Jacob todavía sonaba preocupada—. Será mejor que te lleve primero al hospital.
¬óEstoy bien.
¬ó¬ŅAh, s√≠, Bella? Tienes un corte bien grande en la frente y est√°s poniendo todo perdido de sangre ¬óme inform√≥.
Me llev√© la mano a la cabeza, mojada y pegajosa, de eso no cab√≠a duda. No pod√≠a oler nada, salvo el musgo h√ļmedo adherido a mi rostro, y eso me hab√≠a evitado las n√°useas.
—Oh, lo siento tanto, Jacob —me apreté fuerte la herida, como si de esa manera pudiera empujar de nuevo la sangre a mi cabeza.
¬ó¬ŅPor qu√© te disculpas por sangrar? ¬ópregunt√≥ √©l, mientras me sujetaba la cintura con su largo brazo y me alzaba hasta ponerme de pie¬ó. V√°monos. Conduzco yo ¬óalz√≥ la mano para tomar las llaves.
¬ó¬ŅY qu√© hacemos con las motos? ¬óle pregunt√© mientras se las daba.
Pensó durante un segundo.
—Espera aquí. Y toma esto —se quitó la camiseta, que ya se había manchado de sangre, y me la arrojó. Hice un lío con ella y me la apreté con fuerza contra la frente. Ya empezaba a sentir el olor de la sangre; inspiré profundamente a través de la boca e intenté pensar en otra cosa.
Jacob saltó sobre la moto negra, la arrancó al primer intento y corrió de nuevo hacia la carretera, dejando a sus espaldas una estela de arena y piedras. Tenía un aspecto atlético y profesional cuando se inclinó sobre el manillar, con la cabeza baja, el rostro hacia delante y el cabello brillante golpeando sobre la piel cobriza de su espalda. Se me entrecerraron los ojos de la envidia. Estaba segura de que yo no mostraba el mismo aspecto subida en la moto.
Me sorprendió lo lejos que había ido. Apenas podía distinguir a Jacob en la distancia cuando finalmente llegó al coche. Dejó la moto en la parte de atrás y saltó al asiento del conductor.
No me sentí mal en absoluto mientras él hacía que el motor de mi coche rugiera de forma ensordecedora en su prisa por volver a donde yo me encontraba. Me dolía un poco la cabeza y tenía el estómago algo revuelto, pero el corte no parecía serio. Las heridas de la cabeza son las que más sangran. Tanta urgencia me pareció innecesaria.
Jacob dejó el coche en marcha mientras corría hacia mi lado, volviendo a poner su brazo en torno a mi cintura.
¬óVenga, vamos a subirte al coche.
—Estoy bien, de verdad —le aseguré mientras me ayudaba a incorporarme—. No te pongas como loco, que sólo es un poco de sangre.
—Más bien es un montón de sangre —le escuché murmurar mientras volvía a buscar mi moto.
—Bueno, ahora vamos a pensar esto un poco —comencé cuando volvió—. Si me llevas tal como estoy a urgencias, seguro que Charlie se va a enterar —miré hacia mis pantalones, manchados de arena y polvo.
¬óBella, creo que necesitas puntos y no voy a dejar que te desangres viva.
—Eso no va a ocurrir —le prometí—. Sólo querría que lleváramos primero las motos y después paráramos un momento en mi casa, para arreglarme un poco antes de ir al hospital.
¬ó¬ŅY qu√© pasa con Charlie?
—Me dijo que hoy tenía trabajo.
¬ó¬ŅEst√°s del todo segura?
—Confía en mí. No es tan grave como parece.
Jacob no se quedó nada contento, como mostraba su boca torcida de un modo poco habitual en él, pero tampoco quería yo meterme en problemas. Miré por la ventana sin dejar de sujetar su camiseta contra la herida mientras él me llevaba a Forks.
Lo de la moto hab√≠a funcionado mucho mejor de lo que hab√≠a so√Īado. Hab√≠a servido a su prop√≥sito original. Hab√≠a conseguido incumplir lo prometido. Me hab√≠a comportado de un modo innecesariamente temerario. Me sent√≠a un poco menos pat√©tica ahora que las dos partes hab√≠amos roto las promesas.
¡Y además había descubierto la clave de las alucinaciones! Al menos, así lo esperaba. Estaba dispuesta a comprobar mi teoría tan pronto como fuera posible. Quizás terminaran pronto conmigo en urgencias y pudiera intentarlo otra vez esa misma noche.
Correr de ese modo por la carretera había sido sorprendente. La sensación del viento en la cara, la velocidad, la libertad... me recordaron mi vida pasada, volando a través del bosque espeso, sin caminos, a cuestas mientras él corría. Frené el pensamiento justo aquí, dejando que el recuerdo se disolviera en una repentina agonía. Me estremecí.
Jacob se dio cuenta.
¬ó¬ŅSigues encontr√°ndote bien?
—Sí —intenté sonar tan convincente como antes.
¬óA prop√≥sito ¬óa√Īadi√≥¬ó. Voy a desconectarte el freno del pie esta noche.
Una vez en casa, lo primero que hice fue ir a mirarme al espejo; tenía una pinta horripilante. Al secarse, la sangre había formado gruesas costras en la mejilla y en el cuello, apelmazándose en mi pelo lleno de barro. Me examiné clínicamente, fingiendo que la sangre era pintura, de modo que no se me alterara el estómago. Respiré a través de la boca y todo fue bien.
Me lavé lo mejor que pude. Después, escondí mis ropas sucias y ensangrentadas en el fondo de la cesta de la ropa sucia, me puse unos vaqueros limpios y una camisa abotonada por delante —para no tener que sacármela por la cabeza— con el mayor cuidado. Me las arreglé para hacer todo esto con una sola mano para mantener la ropa lo mas limpia de sangre que fuera posible.
—Date prisa —me apremió Jacob.
—Vale, vale —le grité de vuelta.
Después de asegurarme de que no había dejado a mi espalda ninguna evidencia que me delatara, bajé las escaleras.
¬ó¬ŅQu√© aspecto tengo? ¬óle pregunt√©.
—Mejor —reconoció él.
¬óPero ¬Ņtengo el aspecto de haber tropezado en tu garaje y haberme dado un golpe en la cabeza con un martillo?
—Sí, yo diría que sí.
¬óEntonces, vamos.
Jacob se apresur√≥ a sacarme de la casa e insisti√≥ en conducir de nuevo. √ćbamos casi a mitad de camino del hospital cuando me di cuenta de que iba sin camiseta.
Frunc√≠ el ce√Īo, sinti√©ndome culpable.
—Debería haber tomado una chaqueta para ti.
—Eso nos habría descubierto —bromeó él—. Además, no hace frío.
¬ó¬ŅEst√°s de broma? ¬ótembl√© y me inclin√© para encender la calefacci√≥n.
Le miré para comprobar si sólo se estaba haciendo el duro de modo que yo no me preocupara, pero parecía bastante cómodo. Había pasado un brazo por el respaldo de mi asiento, aunque yo iba acurrucada, para mantener el calor.
La verdad era que Jacob parec√≠a mayor de los diecis√©is a√Īos que ten√≠a. No aparentaba cuarenta, pero s√≠ parec√≠a mayor que yo. Quil no era mucho m√°s musculoso que √©l, por mucho que Jacob se quejara de ser un esqueleto. Sus m√ļsculos, de tipo enjuto y nervudo, destacaban con toda nitidez bajo su piel suave. Ten√≠a un color tan bonito que me dio envidia.
Jacob notó mi escrutinio.
¬ó¬ŅQu√©? ¬ópregunt√≥, pensando de pronto en su aspecto.
¬óNada. Que no me hab√≠a dado cuenta antes. ¬ŅSabes que est√°s bastante bien?
Una vez que las palabras salieron de mis labios, me arrepentí por si él se tomaba mi observación impulsiva de manera errónea.
Pero Jacob lo √ļnico que hizo fue poner los ojos en blanco.
¬óTe has dado un buen golpe en la cabeza, ¬Ņa que s√≠?
¬óLo digo en serio.
¬óVale, pues entonces gracias. O lo que sea.
Sonreí de oreja a oreja.
¬óPues de nada. O lo que sea.


Me tuvieron que dar siete puntos para cerrarme la herida de la frente. Después del pinchazo de la anestesia local, no volví a sentir dolor alguno a lo largo del proceso. Jacob me sostuvo la mano mientras el doctor Snow me cosía, e intenté no pensar en la ironía del asunto.
Estuvimos en el hospital todo el rato. Para cuando terminaron conmigo, tuve que dejar a Jacob en su casa y apresurarme de vuelta a la mía para hacerle la comida a Charlie. Este pareció tragarse la historia de mi caída en el garaje de Jacob. Después de todo, ya en otras ocasiones había sido capaz de trasladarme yo sola a urgencias, sin más ayuda que la de mis propios pies.
Esa noche no fue tan mala como la primera, despu√©s de haber o√≠do aquella voz perfecta en Port Angeles. El agujero en el pecho regres√≥ como sol√≠a ocurrir cuando estaba lejos de Jacob, pero sin ese dolor punzante en los bordes. Ya estaba planeando cosas, a la b√ļsqueda de nuevos enga√Īos, de modo que eso me distra√≠a. Tambi√©n influ√≠a el hecho de saber que al d√≠a siguiente, cuando volviera a estar con Jacob, me sentir√≠a mejor. Esto hac√≠a que el agujero vac√≠o y el dolor familiar se me hicieran m√°s f√°ciles de soportar, ya que el alivio estaba a la vista. La pesadilla, a su vez, hab√≠a perdido algo de su poder. Segu√≠a horrorizada por la nada, como siempre, pero tambi√©n me sent√≠a extra√Īamente impaciente mientras esperaba el momento que me enviar√≠a gritando a la vigilia. Sab√≠a que la pesadilla ten√≠a que terminar.


El miércoles siguiente, antes de que llegara a casa desde urgencias, el doctor Gerandy llamó a mi padre para advertirle de que probablemente tuviera un poco de conmoción y que se acordara de despertarme cada dos horas durante la noche para asegurarse de que no era nada grave. Charlie entrecerró los ojos de forma suspicaz ante mi endeble explicación sobre otro tropiezo.
—Quizás deberías mantenerte alejada del garaje también, Bella —sugirió esa noche durante la cena.
Tuve un ataque de p√°nico, preocupada porque a Charlie le diera por emitir alg√ļn tipo de edicto contra mis visitas a La Push, y por tanto contra mi moto. No iba a dejarlo, ya que aquel d√≠a hab√≠a tenido la m√°s asombrosa de las alucinaciones. Mi enso√Īaci√≥n de la voz de terciopelo hab√≠a estado grit√°ndome casi cinco minutos antes de que presionara el freno demasiado bruscamente y me estampara contra un √°rbol. Sufrir√≠a cualquier dolor que me causara esa noche sin queja ninguna.
¬óEsto no me ha pasado en el garaje ¬óprotest√© con rapidez¬ó. √ćbamos de excursi√≥n y me tropec√© con una piedra.
¬ó¬ŅDesde cu√°ndo te gusta ir de excursi√≥n? ¬óme pregunt√≥ Charlie, esc√©ptico.
¬óDesde que trabajo en la tienda Newton creo que se me ha pegado algo ¬óle se√Īal√©¬ó. Si te pasas todo el d√≠a vendiendo las virtudes de salir al aire libre, te pica un poco la curiosidad.
Charlie me miró, nada convencido.
—Tendré más cuidado —le prometí al tiempo que a escondidas cruzaba los dedos debajo de la mesa.
¬óNo me importa que vayas de excursi√≥n por aqu√≠, en los alrededores de La Push, pero no te alejes de la ciudad, ¬Ņvale?
¬ó¬ŅPor qu√©?
¬óBueno, √ļltimamente estamos recibiendo un mont√≥n de quejas sobre animales salvajes. El departamento forestal va a hacer unas comprobaciones, pero de momento...
¬óAh claro, el gran oso ¬ódije, cayendo de pronto en la cuenta¬ó. S√≠, alguno de los mochileros que vienen a Newton lo ha visto. ¬ŅT√ļ crees que realmente hay alg√ļn gran oso mutante por ah√≠?
Se le arrugó la frente.
¬óAlgo hay. T√ļ mantente cerca de la ciudad, ¬Ņvale?
—Vale, vale —repuse de inmediato. No obstante, él no parecía del todo convencido.


—Charlie se está mosqueando —me quejé a Jacob cuando le recogí en la escuela el viernes.
¬óQuiz√°s deber√≠amos tomarnos con m√°s calma lo de las motos ¬óobserv√≥ mi expresi√≥n de claro desacuerdo y a√Īadi√≥¬ó: Al menos durante una semana, aproximadamente. As√≠ podr√≠as estar siete d√≠as fuera del hospital, ¬Ņno?
¬ó¬ŅY qu√© vamos a hacer entonces? ¬órefunfu√Ī√©.
Sonrió con alegría.
¬óPues lo que quieras.
Pensé durante cerca de un minuto qué era lo que realmente quería.
Odiaba la idea de perder mis escasos segundos de cercan√≠a a aquellos recuerdos que no eran dolorosos, aquellos que ven√≠an por s√≠ mismos, sin que yo los evocara conscientemente. Tendr√≠a que buscarme alg√ļn otro atajo hacia el peligro y la adrenalina si me ve√≠a privada de las motos, y ello me iba a suponer un considerable esfuerzo de creatividad. Quedarme sin hacer nada entre medias no me hac√≠a ninguna gracia. ¬ŅY qu√© pasaba si me deprim√≠a otra vez, incluso con Jake cerca? Ten√≠a que mantenerme ocupada...
Quiz√°s podr√≠a encontrar alg√ļn otro camino, alguna otra receta... alg√ļn otro lugar.
Lo de la casa hab√≠a sido un error, sin lugar a dudas. Pero su presencia ten√≠a que estar impresa en alguna parte, en alguna otra parte adem√°s de en mi interior. Deb√≠a de haber alg√ļn lugar donde √©l pareciera m√°s real que todos los dem√°s sitios familiares, llenos de otros recuerdos humanos.
Únicamente se me ocurría un lugar que pudiera servir para esto. Un lugar que sólo le pertenecía a él y a nadie más. Un lugar mágico, lleno de luz. Aquel hermoso prado que solamente había visto una vez en mi vida, iluminado por la luz solar y el centelleo de su piel.
La idea ten√≠a muchas posibilidades de convertirse en un fracaso, e incluso pod√≠a resultar peligrosamente dolorosa. ¬°Me dol√≠a el vac√≠o en el pecho s√≥lo de pensarlo! Estaba siendo muy duro mantenerme en pie, sin dejarme llevar, pero seguramente, de todos los lugares existentes, aqu√©l ser√≠a el √ļnico donde podr√≠a escuchar su voz. Y como ya le hab√≠a dicho a Charlie que sal√≠a de excursi√≥n...
¬ó¬ŅQu√© es lo que est√°s pensando con tanta concentraci√≥n? ¬óme pregunt√≥ Jacob.
¬óBueno... ¬ócomenc√© lentamente¬ó. En una ocasi√≥n encontr√© un lugar en el bosque... Me top√© con √©l cuando iba... de excursi√≥n. Es un peque√Īo prado, el sitio m√°s bonito que he visto. No s√© si podr√≠a rastrearlo yo sola. Seguramente me llevar√≠a varias intentonas...
¬óPodemos usar una br√ļjula y un mapa de coordenadas ¬ódijo Jacob, con una amabilidad llena de confianza¬ó. ¬ŅRecuerdas cu√°l era el punto de partida?
—Sí, en la cabecera misma del sendero donde termina la 101. Creo que iba principalmente en dirección sur.
¬óGuay. Lo encontraremos.
Como siempre, Jacob estaba dispuesto a lo que yo quisiera sin importar lo extra√Īo que fuera, por lo que el s√°bado por la tarde me embut√≠ mis nuevas botas de monta√Īa, que me hab√≠a comprado esa misma ma√Īana aprovechando por primera vez el descuento del veinte por ciento, y luego agarr√© mi mapa topogr√°fico de la pen√≠nsula de Olympic y conduje hasta La Push.
No salimos inmediatamente; primero porque Jacob estaba tirado en el suelo del salón, ocupando todo el espacio y, durante al menos veinte minutos, se dedicó a trazar una complicada red sobre la sección que nos interesaba del mapa mientras yo me sentaba en la silla de la cocina a hablar con Billy, que no mostró interés alguno en nuestra supuesta excursión. Me sorprendió que Jacob le hubiera contado adónde íbamos, teniendo en cuenta el jaleo que estaba montando la gente con los avistamientos de osos. Me hubiera gustado decirle a Billy que no se lo comentase a Charlie, pero me temía que pedirlo hubiera tenido el efecto contrario.
¬óOjal√° veamos al s√ļper oso ¬óbrome√≥ Jacob, con los ojos fijos en su dibujo.
Lancé una mirada rápida a Billy, esperando que reaccionara al estilo de Charlie.
Pero Billy se limitó a sonreír a su hijo.
—Quizás deberías llevarte un tarro de miel, sólo por si las moscas.
Jake se rió entre dientes.
¬óEspero que tus botas nuevas sean r√°pidas, Bella. Un tarro peque√Īo no va a mantener ocupado a un oso hambriento durante mucho tiempo.
¬óS√≥lo tengo que ser m√°s r√°pida que t√ļ.
¬ó¬°Pues vas a necesitar suerte! ¬ódijo Jacob, levantando los ojos al cielo mientras doblaba el mapa¬ó. Vamos.
—Pasáoslo bien —masculló Billy al tiempo que se impulsaba en dirección al frigorífico.
Charlie no era una persona complicada para convivir, pero me dio la impresi√≥n de que Jacob incluso lo ten√≠a a√ļn m√°s f√°cil.
Condujimos hasta el final de la carretera polvorienta y nos paramos justo donde estaba el cartel que indicaba el comienzo del sendero. Había pasado mucho tiempo desde que estuve allí y se me hizo un nudo en el estómago a causa de los nervios. Esto podría convertirse en algo realmente malo, pero quizás mereciera la pena, si conseguía volver a oírle.
Salimos y miré hacia la densa masa de verdor.
¬óYo ir√© por este camino ¬ómurmur√©, se√Īalando justo hacia delante.
—Mmm —murmuró Jake.
¬ó¬ŅQu√©?
√Čl mir√≥ en la direcci√≥n que yo hab√≠a se√Īalado, despu√©s volvi√≥ la vista hacia la pista claramente marcada y otra vez al camino.
—Debería haber supuesto que eres de la clase de chicas a las que les gustan los caminos.
—Pues no —sonreí débilmente—. Soy una rebelde.
Se rió y después desplegó el mapa.
¬óConc√©deme un momento ¬ósostuvo la br√ļjula con pericia a la vez que giraba el mapa hasta tomar el √°ngulo deseado.
—De acuerdo, es la primera línea de las coordenadas. Vamos a seguirla.
No cab√≠a duda de que demoraba el paso de Jacob, pero √©ste no protest√≥. Intent√© no pensar demasiado en mi √ļltima excursi√≥n a trav√©s de esa parte del bosque, con una compa√Ī√≠a tan distinta. Los recuerdos normales todav√≠a eran peligrosos para m√≠. Si me permit√≠a sumergirme en ellos, terminar√≠a con los brazos cruzados sobre el pecho, luchando por respirar y a ver c√≥mo le iba a explicar eso a Jacob.
No me costó tanto como pensaba el mantenerme concentrada en el presente. El bosque se parecía mucho a cualquier otra parte de la península y Jacob le daba a todo un sello personal muy diferente.
Iba silbando alegremente una melod√≠a que yo no conoc√≠a mientras mov√≠a los brazos de un lado para otro y se deslizaba con facilidad a trav√©s de la √°spera maleza. Las sombras no me parecieron tan oscuras como siempre. No, acompa√Īada por mi sol personal.
Jacob miraba la br√ļjula cada pocos minutos para comprobar que segu√≠amos la primera l√≠nea de sus coordenadas. Realmente parec√≠a que sab√≠a lo que se tra√≠a entre manos. Estuve a punto de felicitarle por ello, pero me contuve. Sin duda, hubiera sido una excusa perfecta para a√Īadirse otros cuantos a√Īos a su edad, m√°s que inflada.
Mi mente vagaba mientras caminaba y comencé a sentir curiosidad. No había olvidado la conversación que mantuvimos al lado de los acantilados y esperaba que él volviera a sacarla, aunque no parecía que eso fuera a suceder.
¬óEsto..., ¬ŅJake? ¬ópregunt√©, vacilante.
¬ó¬ŅS√≠?
¬ó¬ŅQu√© tal van las cosas con Embry? ¬ŅHa vuelto ya a la normalidad?
Jacob permaneció en silencio durante un minuto, todavía andando a largas zancadas. Cuando ya iba casi tres metros por delante, se paró a esperarme.
—No, no ha vuelto a la normalidad —contestó mientras le alcanzaba, con las comisuras de la boca inclinadas hacia abajo. No echó a andar de nuevo, así que lamenté inmediatamente haber sacado el tema.
—Todavía sigue con Sam.
¬óVaya.
Me pasó el brazo por los hombros y parecía tan preocupado que no intenté sacármelo de encima como quien no quiere la cosa, como hubiera hecho de ser otro el caso.
¬ó¬ŅA√ļn te siguen mirando con cara de burla? ¬ómedio susurr√©.
Jacob miró fijamente a través de los árboles.
¬óAlgunas veces.
¬ó¬ŅY Billy?
¬óTan √ļtil como siempre ¬órepuso con un tono de voz amargo y enfadado que me hizo sentirme mal.
—Nuestra casa está siempre abierta —le ofrecí.
Se ri√≥, rompiendo as√≠ su extra√Īo estado de √°nimo.
—Pero piensa en la mala situación en la que pondríamos a Charlie... cuando Billy llamara a la policía para denunciar mi secuestro.
Me reí también, contenta de que Jacob volviera a ser el de siempre.
Nos detuvimos cuando √©l dijo que hab√≠amos andado nueve kil√≥metros y cortamos hacia el oeste durante un rato, para luego volver a tomar otra de las l√≠neas de sus coordenadas. Todo parec√≠a exactamente igual que lo que hab√≠amos dejado atr√°s, y tuve la sensaci√≥n de que mi tonta b√ļsqueda no nos iba a llevar a ninguna parte. Me fui convenciendo cada vez m√°s conforme comenz√≥ a oscurecer y el d√≠a sin sol se fue transformando en una noche sin estrellas, aunque Jacob parec√≠a mantener la confianza.
—Siempre que estés segura de que salimos del lugar correcto... —me miró.
—Sí, estoy segura.
—Entonces lo encontraremos —me prometió, agarrándome la mano e impulsándome a través de una masa de helechos. Al otro lado apareció mi coche. Gesticuló hacia él con orgullo—. Confía en mí.
—Eres bueno —admití—, aunque la próxima vez traeremos linternas.
—Reservaremos los domingos para hacer excursiones, de aquí en adelante. No sabía que fueras tan lenta.
Tiré de mi bolso bruscamente y lo estampé contra el asiento del conductor mientras él se reía por mi reacción.
¬ó¬ŅAs√≠ que est√°s dispuesta a intentarlo de nuevo ma√Īana? ¬óme pregunt√≥, mientras se deslizaba hacia el lado del copiloto.
¬óSeguro. A no ser que prefieras ir solo para que no te ralentice mi cojera.
—Sobreviviré —me aseguró—. Aunque si quieres seguir haciendo excursiones, mejor te traes unas cuantas tiritas. Te apuesto algo a que te acabas de dar cuenta de que llevas puestas esas botas nuevas.
—Un poco —confesé. Me parecía tener en los pies más ampollas que espacio para que salieran.
¬óOjal√° que veamos al oso ma√Īana. Estoy un poco decepcionado por no haberlo divisado.
¬óS√≠, yo tambi√©n ¬óle di la raz√≥n, aunque de forma sarc√°stica¬ó. ¬°Quiz√° tengamos suerte ma√Īana y algo nos coma vivos!
¬óLos osos no se comen a la gente. No les sabemos tan bien ¬óme sonri√≥ en la cabina oscura del coche¬ó. Claro, aunque tal vez t√ļ seas la excepci√≥n. Me apuesto lo que quieras a que sabes estupendamente.
—Muchas gracias —contesté mientras miraba hacia otro lado. No era la primera persona que me había dicho eso.