5 - El enga√Īo

¬óNo me importa quedarme solo ¬óme dijo. A√ļn no hab√≠a conseguido hundirme en la concha protectora del aturdimiento y todo me resultaba extra√Īamente cercano y ruidoso, como si me hubiera quitado un algod√≥n de los o√≠dos. Intent√© dejar de escuchar a los risue√Īos mochileros sin √©xito.
¬óComo te iba diciendo ¬órelataba uno de ellos, un hombre fornido de barba pelirroja que contrastaba mucho con su pelo casta√Īo oscuro¬ó, he visto osos pardos bastante cerca de Yellowstone, pero no eran nada en comparaci√≥n con esta bestia.
Ten√≠a el cabello enmara√Īado y apelmazado, y parec√≠a llevar puesta la misma ropa desde hac√≠a varios d√≠as. Posiblemente acababa de llegar de las monta√Īas.
¬óImposible. Los osos negros no alcanzan ese tama√Īo. Lo m√°s probable es que esos osos pardos que viste fueran oseznos.
El segundo tipo era alto y enjuto, con el rostro curtido y gastado por el viento hasta el punto de parecer una impresionante costra de cuero.
—De verdad, Bella, tan pronto como se vayan ésos, echo el cierre —murmuró Mike.
—Si quieres que me vaya... —me encogí de hombros.
¬óPero si a gatas es m√°s alto que t√ļ ¬óinsisti√≥ el hombre con barba, mientras yo recog√≠a mis cosas¬ó. Grande como una casa y negro como la tinta. Voy a ver si se lo digo al guarda forestal. Se deber√≠a avisar a la gente, porque no estaba arriba en la monta√Īa, ¬Ņsabes?, sino a unos pocos kil√≥metros de donde arranca la senda.
El hombre de rostro de color cuero puso los ojos en blanco.
¬óD√©jame adivinar, ¬Ņestabas all√≠ de camino? No has tomado comida de verdad o has dormido en el suelo m√°s de una semana, ¬Ņa que s√≠?
¬óEh, Mike ¬óel barbudo mir√≥ hacia nuestra posici√≥n y le llam√≥¬ó. ¬ŅYa?
—Te veré el lunes —murmuré.
¬óS√≠, se√Īor ¬óreplic√≥ Mike al tiempo que se volv√≠a.
¬óDime, ¬Ņhab√©is avistado recientemente por aqu√≠ osos negros?
¬óNo, se√Īor, pero es buena idea mantener las distancias y almacenar la comida correctamente. ¬ŅHa visto los nuevos botes a prueba de osos? S√≥lo pesan un kilo...
Las puertas se deslizaron hasta abrirse del todo y dejarme fuera, expuesta al chaparrón. Me acurruqué bajo la chaqueta mientras salía disparada hacia el coche. La lluvia que martilleaba sobre el capó sonaba inusualmente fuerte también, pero el rugido del motor no tardó en ahogar todo lo demás.
No quer√≠a volver a la casa vac√≠a de Charlie. La √ļltima noche hab√≠a sido particularmente espantosa y no me apetec√≠a hallarme de nuevo en el escenario de tanto sufrimiento, ya que aquello no terminaba ni siquiera cuando la pena aminoraba lo suficiente para dejarme dormir. Entonces ven√≠an las pesadillas, tal como le hab√≠a dicho a Jessica despu√©s de la pel√≠cula.
Siempre hab√≠a tenido pesadillas, pero ahora las sufr√≠a cada noche. No eran pesadillas en general ¬óen plural¬ó; en realidad, era siempre la misma pesadilla. Cualquiera hubiera pensado que habr√≠a terminado aburri√©ndome despu√©s de tantos meses, que me habr√≠a inmunizado, pero el sue√Īo me aterraba siempre y s√≥lo terminaba cuando me despertaba entre gritos. Charlie ya no ven√≠a para ver qu√© iba mal o para asegurarse de que no hab√≠a ning√ļn intruso estrangul√°ndome ni nada similar; se hab√≠a acostumbrado.
Es probable que mi pesadilla no hubiera asustado a nadie m√°s. No hab√≠a nada que saltara y gritase ¬ę¬°buuu!¬Ľ. No hab√≠a zombis ni fantasmas ni psic√≥patas. En realidad, no hab√≠a nada, s√≥lo un vac√≠o, un interminable laberinto de √°rboles cubiertos de musgo, tan calmo, que el silencio se convert√≠a en una presi√≥n inc√≥moda sobre mis o√≠dos. Estaba oscuro, como en el crep√ļsculo de un d√≠a nublado, con la luz justa para distinguir que no hab√≠a nada a la vista. Siempre estoy corriendo a trav√©s de la penumbra sin una direcci√≥n definida, busca que te busca. Me pongo m√°s y m√°s fren√©tica a medida que pasa el tiempo e intento moverme m√°s deprisa. Parezco torpe a pesar de la velocidad. .. Entonces, llegaba a aquel punto de mi sue√Īo. Sab√≠a con antelaci√≥n que iba a llegar a √©l, pero, a pesar de ello, no era capaz de despertarme antes. Era ese momento en el que me daba cuenta de que no hab√≠a nada que buscar, nada que encontrar, que nunca hab√≠a habido otra cosa que no fuera ese bosque vac√≠o y l√≥brego y que nunca habr√≠a ninguna otra cosa para m√≠... nada de nada.
Por lo general, empezaba a gritar en ese momento.
No me fijaba por d√≥nde iba, me limitaba a vagar por las calles vac√≠as y mojadas. Evitaba cualquier camino que pudiera llevarme a casa al no tener ning√ļn otro lugar adonde dirigirme.
Me hubiera gustado volver a sentirme aturdida, pero no recordaba c√≥mo me las hab√≠a arreglado para lograrlo antes. Segu√≠a sin olvidar la pesadilla ni todo aquello que me da√Īaba. No quer√≠a acordarme del bosque. Los ojos se me llenaban de l√°grimas incluso aunque diera cabezazos hasta sacarme esas im√°genes de la cabeza, y el dolor daba comienzo en los bordes del agujero de mi pecho. Retir√© una mano del volante y rode√© mi torso con el brazo libre para intentar mantenerlo todo de una pieza.
Será como si nunca hubiese existido. Las palabras atravesaban mi mente, pero sin la claridad perfecta que había tenido la alucinación del día anterior. Sólo eran palabras, sin sonido, como las letras impresas en una página. Sólo palabras, aunque rasgaran y mantuvieran el hueco del pecho bien abierto. Me salí de la vía principal de forma brusca, en una zona ancha que se abría a mi derecha. Era consciente de que no podría conducir en aquel estado de incapacitación.
Me encogí, presioné el rostro contra el volante e intenté respirar a pesar de mis pulmones.
Me pregunt√© cu√°nto m√°s podr√≠a durar esto. Quiz√°s alg√ļn d√≠a, dentro de unos a√Īos, si el dolor disminu√≠a hasta el punto de ser soportable, me sentir√≠a capaz de volver la vista atr√°s hacia esos pocos meses que siempre considerar√≠a los mejores de mi vida.
Y ese d√≠a, estaba segura de que me sentir√≠a agradecida por todo aquel tiempo que me hab√≠a dado, m√°s de lo que yo hab√≠a pedido y m√°s de lo que merec√≠a. Quiz√° alg√ļn d√≠a fuera capaz de verlo de este modo.
Pero ¬Ņy qu√© ocurrir√≠a si este agujero no llegaba a cerrarse nunca? ¬ŅY si las heridas en carne viva jam√°s se curaban? ¬ŅY si el da√Īo era permanente, irreversible?
Me rode√© el cuerpo con los brazos y apret√© con fuerza. Como si nunca hubiese existido, pens√© con desesperaci√≥n. ¬°C√≥mo hab√≠a sido capaz de hacer una afirmaci√≥n tan est√ļpida y tan absurda! Pod√≠a haber robado mis fotos y haberse llevado sus regalos, pero aun as√≠, nunca podr√≠a devolver las cosas al mismo lugar donde hab√≠an estado antes de que le conociera. La evidencia f√≠sica era la parte m√°s significativa de la ecuaci√≥n. Yo hab√≠a cambiado, mi interior se hab√≠a alterado hasta el punto de no ser reconocible. Incluso mi exterior parec√≠a distinto, ten√≠a el rostro cetrino, a excepci√≥n de las ojeras malvas que las pesadillas hab√≠an dejado bajo mis ojos, unos ojos bastante oscuros en contraste con mi piel p√°lida; tanto, que si yo hubiera sido hermosa y si se me miraba desde una cierta distancia, podr√≠a pasar ahora por un vampiro. Pero yo no era hermosa, y probablemente guardaba m√°s parecido con un zombi.
Como si nunca hubiese existido. Menuda locura. Aquélla fue una promesa que él no podía mantener, una promesa que se rompió tan pronto como la hizo.
Golpeé la cabeza contra el volante mientras intentaba apartar la mente de ese dolor tan intenso.
Pensar en todo esto me hizo sentir bastante tonta por haberme preocupado de mantener mi promesa. ¬ŅD√≥nde estaba la l√≥gica de querer mantener un acuerdo que la otra parte ya hab√≠a violado? ¬ŅA qui√©n le importaba si yo era est√ļpida y temeraria? No hab√≠a raz√≥n para evitar la temeridad, ninguna raz√≥n por la que yo no deber√≠a ser est√ļpida.
Me reí sin ganas para mis adentros, todavía luchando por inhalar aire. La idea de buscar el peligro en Forks me parecía algo con bastante poco futuro.
Sin embargo ese estado de ánimo negativo me distrajo y la distracción disminuyó el dolor. Mejoró mi respiración y pude reclinarme contra el respaldo del asiento. Aunque hacía un día frío, tenía la frente perlada de sudor.
Me pareci√≥ m√°s oportuno concentrarme en el sentimiento de desesperanza en vez de sumergirme en unos recuerdos que eran a√ļn m√°s horribles. Hab√≠a que ser muy creativo para poner en peligro la vida en una comunidad como Forks, m√°s de lo que yo lo era, pero me habr√≠a gustado hallar alguna v√≠a... Lo m√°s probable es que me sintiera mejor si no respetara un pacto incumplido de forma unilateral. Si al menos yo tambi√©n fuera capaz de romper la promesa... Pero ¬Ņc√≥mo podr√≠a hacerlo en esta peque√Īa ciudad sin peligros aparentes? Forks nunca hab√≠a estado tan segura como lo estaba ahora, cuando realmente era lo que siempre hab√≠a parecido ser. Segura y aburrida.
Mir√© fijamente a trav√©s del parabrisas durante un buen rato, y mis pensamientos se mecieron con lentitud; parec√≠a que no conseguir√≠a hacerles ir a ninguna parte. Par√© el motor, que gru√Ī√≠a de manera penosa despu√©s de haber estado al ralent√≠ tanto rato, y salt√© afuera, hacia la llovizna.
El agua fr√≠a se entremezcl√≥ con mi pelo y desde all√≠ se desliz√≥ por mis mejillas como l√°grimas de agua dulce. Esto me ayud√≥ a aclarar la mente. Me resta√Ī√© el agua de los ojos y continu√© mirando de forma inexpresiva hacia la carretera.
Reconocí el lugar donde me encontraba al cabo de un minuto de observación. Había aparcado en mitad de la calle que estaba al norte de la avenida Russell. Estaba enfrente de la casa de los Cheney, y mi coche bloqueaba el acceso a su vivienda. Al otro lado vivían los Marks. Sabía que debía mover el coche y después marcharme a casa. No estaba bien andar vagabundeando como lo estaba haciendo, absorta y herida, convertida en una amenaza suelta por las calles de Forks. Además, pronto alguien se daría cuenta y se lo contaría a Charlie.
Inspir√© profundamente mientras me preparaba para ponerme en movimiento cuando un cartel en el patio de los Marks capt√≥ mi atenci√≥n. Era s√≥lo un gran trozo de cartulina inclinado contra su buz√≥n, con unas letras may√ļsculas negras garabateadas.
A veces, la voluntad divina se cumple.
¬ŅEra una coincidencia? ¬ŅEra lo que parec√≠a ser? Lo ignoraba, pero me parec√≠a una sandez creer que las motocicletas desechadas de los Marks ¬óque se herrumbraban en el patio delantero tras un cartel escrito a mano que rezaba ¬ęSE VENDEN TAL COMO EST√ĀN¬Ľ¬ó estuvieran predestinadas a servir a alg√ļn prop√≥sito superior simplemente por el hecho de estar all√≠, justo donde yo necesitaba que estuvieran.
Aunque tal vez no fuera la voluntad divina, sino simplemente que hab√≠a montones de maneras de arriesgarse y lo √ļnico que ten√≠a que hacer era abrir los ojos para verlas.
Temerarias y est√ļpidas. Esas eran las dos palabras favoritas de Charlie para referirse a las motocicletas.
El trabajo de Charlie no conllevaba una gran cantidad de acci√≥n comparado con el de los polic√≠as de ciudades m√°s grandes, pero los accidentes de tr√°fico le ocupaban mucho tiempo. Este tipo de eventos no escaseaban en un lugar donde se suced√≠an largos tramos mojados de autopista que se retorc√≠an y daban vueltas a trav√©s de un bosque continuo, acumulando √°ngulos muertos uno tras otro. La gente sol√≠a evitar esos lugares, con todos aquellos enormes camiones que transportaban troncos escondidos entre las curvas. Las excepciones a la regla eran las motos y Charlie hab√≠a visto demasiadas v√≠ctimas ¬ój√≥venes en su mayor√≠a¬ó, tiradas por la autopista. Antes de cumplir los diez a√Īos me hizo prometerle que nunca me montar√≠a en una moto. Incluso a esa edad, no tuve que pens√°rmelo dos veces para promet√©rselo. ¬ŅA qui√©n le iba a apetecer montar en moto en Forks? Ser√≠a como darse un ba√Īo a noventa por hora.
Había mantenido tantas promesas...
Ambas ideas prendieron en mi mente. Quer√≠a convertirme en alguien est√ļpido y osado y tambi√©n quer√≠a romper promesas. ¬ŅPor qu√© pararme en una?
Esto fue todo lo que tardé en pensármelo. Chapoteé a través de la lluvia hacia la puerta principal de los Marks y toqué el timbre.
Me abrió uno de los chicos, el más joven, el estudiante novato. Su pelo arenoso apenas me llegaba al hombro. No me acordaba de su nombre.
√Čl no tuvo problema alguno para recordar el m√≠o.
¬ó¬ŅBella Swan? ¬ópregunt√≥ sorprendido.
¬ó¬ŅCu√°nto quer√©is por una moto? ¬ójade√©, agitando el pulgar sobre mi hombro en direcci√≥n a la exhibici√≥n en venta.
¬ó¬ŅHablas en serio? ¬óme pregunt√≥.
¬óPues claro.
¬óNo funcionan.
Suspiré impaciente, ya que eso era algo que podía deducirse del cartel.
¬ó¬ŅCu√°nto valen?
—Si de verdad quieres una, llévatela. Mi madre ha hecho que mi padre las saque a la calle para que las recojan con la basura.
Miré las motos de nuevo y vi que estaban al lado de una pila de hierba cortada y ramas rotas.
¬ó¬ŅEst√°s seguro?
¬óSeguro, ¬Ņquieres preguntarle a ella?
Probablemente sería mejor no implicar a adultos que podrían mencionárselo a Charlie.
¬óNo, te creo.
¬ó¬ŅQuieres que te ayude? ¬óme ofreci√≥¬ó. Pesan bastante.
—Gracias. De todas formas sólo necesito una.
¬óMejor si te llevas las dos ¬ódijo el ni√Īo¬ó. Quiz√° puedas aprovechar las piezas de la que no uses.
Me siguió bajo el aguacero y me ayudó a cargar las dos pesadas motos en la parte trasera del vehículo. Parecía deseoso de desprenderse de ellas, así que no discutí.
¬óDe todas formas, ¬Ņqu√© vas a hacer con ellas? ¬óme pregunt√≥¬ó. No han funcionado en a√Īos.
¬óEso me hab√≠a parecido ¬órepuse al tiempo que me encog√≠a de hombros. Mi capricho, fruto de la inspiraci√≥n del momento, no hab√≠a llegado a convertirse a√ļn en un plan completo¬ó. Tal vez deba llevarlas a Dowling.
√Čl resopl√≥.
¬óDowling te cobrar√° m√°s por ponerlas en marcha de lo que realmente valen.
No pod√≠a rebatir eso. John Dowling se hab√≠a granjeado una mala reputaci√≥n a causa de sus altos precios, tanto que nadie acud√≠a a √©l salvo en caso de una aut√©ntica emergencia. La mayor√≠a de la gente, si su coche lo permit√≠a, prefer√≠a conducir hasta Port Angeles. Hab√≠a tenido mucha suerte en ese sentido, aunque al principio me preocup√© cuando Charlie me regal√≥ mi coche, porque, al ser tan antiguo, pensaba que no me ser√≠a posible mantenerlo en funcionamiento. Pero jam√°s me hab√≠a dado ning√ļn problema, salvo por el ruido insoportable del motor y por el hecho de que ten√≠a el l√≠mite de velocidad en ochenta kil√≥metros por hora. Jacob Black lo hab√≠a mantenido en buena forma mientras hab√≠a pertenecido a su padre, Billy...
La repentina inspiración me alcanzó como un rayo, lo cual no era un absurdo si se tenía en cuenta la tormenta reinante.
¬ó¬ŅSabes qu√©? No hay problema. Conozco a alguien que reconstruye coches.
—Ah, vale. Eso es estupendo —sonrió aliviado.
Se despidió con la mano sin borrar la sonrisa de los labios mientras yo me marchaba. Era un chico agradable.
Regres√© deprisa y con determinaci√≥n, a fin de evitar la remota posibilidad de que Charlie apareciera antes que yo si, por alguna casualidad altamente improbable, le diera por salir m√°s temprano del trabajo. Me apresur√© a atravesar la casa hasta llegar al tel√©fono, con las llaves a√ļn en la mano.
—Con el jefe Swan, por favor —dije cuando me contestó al teléfono su ayudante—. Soy Bella.
—Ah, hola, Bella —me respondió el ayudante Steve afablemente—. Voy en su busca.
Esperé.
¬ó¬ŅPasa algo, Bella? ¬óinquiri√≥ Charlie tan pronto como sostuvo el auricular.
¬ó¬ŅEs que no puedo llamarte al trabajo sin que haya una emergencia?
Se quedó callado un momento.
¬óNunca lo has hecho antes. ¬ŅEs que hay alguna emergencia?
—No, sólo quería que me indicaras cómo llegar a la casa de los Black. No estoy segura de recordar el lugar exacto. Quiero visitar a Jacob, hace meses que no le veo.
Cuando volví a escuchar la voz de Charlie, sonaba mucho más feliz.
¬óEs una gran idea, Bella. ¬ŅTienes un bol√≠grafo?
Las indicaciones que me dio eran muy simples. Le aseguré que estaría de vuelta para la hora de la cena, aunque me insistió en que no me diera prisa en regresar. Quería reunirse conmigo en La Push aunque eso a mí no me venía nada bien.
Así que atravesé a gran velocidad las calles de la ciudad oscurecidas por la tormenta, teniendo en cuenta que tenía una hora límite. Esperaba poder encontrar solo a Jacob. Billy seguramente le iría con el cuento a Charlie si sospechaba lo que me proponía.
Mientras conducía, pensé que, además, me preocupaba un poco cuál sería la reacción de Billy al verme, si se mostraría excesivamente complacido. En la mente de aquel hombre, sin duda, todo había funcionado mucho mejor de lo que se hubiera atrevido a desear. Su placer y su alivio sólo servirían para recordarme a esa persona a la que él no soportaba. Por favor, otra vez hoy no, rogué mentalmente. Estaba reventada.
La casa de los Black me resultaba vagamente familiar; era peque√Īa, de madera, con ventanas estrechas y pintada un color rojo mate que la asemejaba a un granero diminuto. La cabeza de Jacob asom√≥ por una ventana antes incluso de que yo saliera del coche. No cab√≠a duda de que el peculiar rugido del motor le hab√≠a alertado de mi proximidad. Jacob le estaba muy agradecido a Charlie por haberme comprado el coche, ya que de este modo le hab√≠a salvado a √©l de tener que conducirlo cuando cumpliera la edad legal para sacarse el carn√©. A mi padre le gustaba mucho mi coche, pero al parecer, para Jacob, la restricci√≥n en la velocidad era un serio inconveniente.
Nos encontramos a mitad de camino de la casa.
—¡Bella! —una sonrisa entusiasta se extendió veloz por su rostro, y sus dientes brillantes contrastaron vividamente con el rojizo intenso de su piel. Nunca había visto antes su pelo fuera de la habitual cola de caballo, pero ahora caía a ambos lados de su cara como dos negras cortinas de satén.
Jacob hab√≠a desarrollado durante los √ļltimos ocho meses buena parte de su potencial f√≠sico. Hab√≠a superado ya ese punto en que los blandos m√ļsculos de la infancia se endurecen hasta alcanzar la complexi√≥n s√≥lida, pero desgarbada, de un adolescente. Las venas y los tendones sobresal√≠an de su piel de color marr√≥n rojizo en sus brazos y sus manos. Su rostro no hab√≠a perdido la dulzura que yo recordaba, aunque tambi√©n se hab√≠a endurecido: los p√≥mulos y la mand√≠bula estaban m√°s cuadrados. Hab√≠a perdido toda la suavidad restante de la infancia.
—¡Hola, Jacob! —sentí una desconocida oleada de entusiasmo ante su sonrisa. Fui consciente de lo mucho que me alegraba de volver a verle y esta idea me sorprendió.
Le devolví la sonrisa y algo se encajó silenciosamente en su lugar con un clic, como si fueran dos piezas que se acoplan en un puzzle. Había olvidado cuánto me gustaba Jacob Black.
Se detuvo a unos cuantos pasos de distancia y le miré sorprendida, inclinando mi cabeza hacia atrás a través de la lluvia que caía a mares por mi rostro.
—¡Has vuelto a crecer! —le acusé asombrada.
Se echó a reír y su sonrisa se ensanchó hasta lo inverosímil.
—Uno noventa —proclamó con gran satisfacción. Su voz se había vuelto más grave, aunque conservaba el tono ronco que yo recordaba.
¬ó¬ŅEs que no vas a parar nunca? ¬ósacud√≠ la cabeza con incredulidad¬ó. Te has puesto enorme.
¬óLa verdad es que estoy hecho un esp√°rrago ¬óhizo una mueca¬ó. ¬°Entra! Te est√°s poniendo perdida.
Me indicó el camino y, mientras lo hacía, retorcía su pelo entre sus enormes manos. Sacó una goma del bolsillo de la cadera y se hizo una coleta.
—Hola, papá —llamó al traspasar la puerta frontal—. Mira quién se ha pasado por aquí.
Billy estaba en la peque√Īa sala de estar cuadrada, con un libro en sus manos. Lo dej√≥ en su regazo e impuls√≥ su silla de ruedas hacia nosotros cuando me vio.
—¡Vaya, pero esto qué es! Cuánto me alegro de verte, Bella.
Nos dimos la mano y la mía se perdió en su apretón.
¬ó¬ŅQu√© te trae por aqu√≠? ¬ŅTodo va bien con Charlie?
—Sí, fenomenal. Sólo quería saludar a Jacob, hacía mucho que no le veía.
Los ojos de Jacob relumbraron al oír mis palabras. Sonreía tanto que parecía que terminaría rompiéndose las mejillas con el esfuerzo.
¬ó¬ŅPodr√°s quedarte a cenar? ¬óBilly tambi√©n se mostraba entusiasmado.
¬óNo, he de hacer la cena para Charlie, ya sabes.
¬óPuedo llamarle ¬ósugiri√≥ Billy¬ó. √Čl siempre est√° invitado.
Sonreí para esconder mi incomodidad.
¬óNo es que no nos vayamos a volver a ver. Te prometo que estar√© pronto de vuelta, tanto que terminar√°s harto de m√≠ ¬ódespu√©s de todo, si Jacob consegu√≠a arreglarme la moto, alguien tendr√≠a que ense√Īarme a montarla.
Billy rió entre dientes en respuesta.
—Vale, quizás la próxima vez.
¬óBueno, Bella, ¬Ņqu√© quieres que hagamos? ¬óme pregunt√≥ Jacob.
¬óLo que quieras. ¬ŅQu√© hac√≠as antes de que te interrumpiera? ¬óme sorprendi√≥ sentirme tan c√≥moda all√≠. Era un lugar cercano, aunque de una forma distante. No hab√≠a recuerdos dolorosos del pasado reciente.
Jacob dudó.
—Me dirigía justo ahora a trabajar en mi coche, pero podemos hacer cualquier otra cosa...
—¡No, eso es perfecto! —le interrumpí—. Me encantaría ver tu coche.
—De acuerdo —contestó él, aunque no muy convencido—. Está allí fuera, atrás, en el garaje.
Mucho mejor, dije para mis adentros. Saludé a Billy con la mano.
¬óLuego te veo.
Un grupo espeso de árboles y malezas ocultaba el garaje a la vista de la casa. El recinto en sí estaba formado por un par de grandes cobertizos prefabricados que habían sido adosados, tirando al suelo las paredes interiores. Bajo esta cubierta, alzado sobre unos bloques de hormigón ligero, se encontraba lo que a mí me pareció un automóvil completo. Al menos, reconocí el símbolo de la parrilla delantera.
¬ó¬ŅQu√© clase de Volkswagen es √©ste? ¬ópregunt√©.
¬óEs un viejo Golf de 1986, un cl√°sico.
¬ó¬ŅY c√≥mo van los arreglos?
—Está casi terminado —dijo él alegremente, y luego su voz descendió a un tono más bajo—. Mi padre mantuvo su promesa de la primavera pasada.
—Ah —contesté.
Pareci√≥ comprender mi resistencia a tratar el asunto. Intent√© no recordar el baile de graduaci√≥n del √ļltimo mayo. El padre de Jacob le hab√≠a sobornado con dinero y las piezas faltantes del coche para que me diera un mensaje durante el baile. Billy quer√≠a que yo guardara una distancia de seguridad con la persona que m√°s me importaba en la vida. Al final, todo su inter√©s fue innecesario. Ahora no cab√≠a duda de que estaba totalmente a salvo.
Pero yo iba a ver qué podía hacer para cambiar eso.
¬óJacob, ¬Ņsabes algo de motos? ¬óle pregunt√©.
Se encogió de hombros.
¬óAlgo. Mi amigo Embry tiene una porquer√≠a de moto; a veces trabajamos juntos en ella. ¬ŅPor qu√©?
—Bien... —fruncí los labios mientras lo consideraba. No estaba segura de que mantuviera el pico cerrado, pero lo cierto es que tampoco tenía muchas otras opciones—. Hace poco adquirí un par de motos, y no están en muy buenas condiciones. Me preguntaba si serías capaz de ponerlas en marcha.
—Guay —pareció sentirse realmente halagado por el reto. Su rostro resplandecía—. Les echaré una ojeada.
Levanté un dedo, avisándole.
—La cosa es —le expliqué— que a Charlie no le gustan las motos. Francamente, le dará un ataque si se entera de esto. Así que no se lo puedes decir a Billy.
—De acuerdo, vale —sonrió Jacob—. Me hago cargo.
—Te pagaré —continué.
Eso le ofendió.
—No. Quiero ayudarte. No admitiré que me pagues.
¬óBien... ¬Ņy qu√© tal si hacemos un trato? ¬óiba improvisando sobre la marcha, aunque me parec√≠a razonable¬ó. Yo solamente necesito una moto, y tambi√©n me har√° falta recibir lecciones. ¬ŅQu√© podemos hacer al respecto? Podr√≠a darte la otra moto a cambio de que me ense√Īes.
—Ge-nial —dividió la palabra en dos sílabas.
¬óEspera un minuto, ¬Ņtienes ya la edad legal? ¬ŅCu√°ndo es tu cumplea√Īos?
—Te lo perdiste —se burló él, estrechando sus ojos con un cierto resentimiento burlón—. Tengo ya dieciséis.
¬óNo es que la edad te lo haya impedido antes ¬ómurmur√©¬ó. Siento lo de tu cumplea√Īos.
¬óNo te preocupes por eso. Tambi√©n yo olvid√© el tuyo. ¬ŅCu√°ntos has cumplido, cuarenta?
Resoplé con desdén.
¬óCerca.
—Podríamos hacer una fiesta compartida para celebrarlo.
¬óSuena como una cita.
Sus ojos chispearon ante la palabra.
Necesitaba controlar mi entusiasmo a fin de no infundirle una idea equivocada, pero lo cierto es que me resultaba difícil ya que hacía mucho tiempo que no me sentía tan ligera y optimista.
¬óQuiz√°s cuando terminemos las motos, que ser√°n una especie de autorregalo ¬óa√Īad√≠.
¬óTrato hecho. ¬ŅCu√°ndo me las traer√°s?
Me mordí el labio, avergonzada.
—Las tengo en mi coche —admití.
—Genial —parecía decirlo sinceramente.
¬ó¬ŅLas ver√° Billy si las traemos aqu√≠?
Me gui√Ī√≥ el ojo.
¬óSeremos astutos.
Nos acercamos desde el este y caminamos pegados a los árboles cuando nos quedamos a la vista de la casa, simulando un paso casual, como de ir de paseo, sólo por si acaso. Jacob descargó las motos con rapidez desde la plataforma trasera del coche y las llevó una por una a la maleza, donde nos escondimos.
Le resultó muy fácil, y yo pensé que las motos pesaban mucho más de lo que parecía, viéndole actuar.
—No están tan mal —dictaminó Jacob mientras las empujaba hasta ponerlas a cubierto bajo los árboles—. Esta de aquí tal vez llegue a valer algo cuando acabe con ella. Es una Harley Sprint.
¬ó√Čsa entonces para ti.
¬ó¬ŅEst√°s segura?
¬óTotalmente.
—Esta otra, sin embargo, va a costar algo de pasta —sentenció mientras torcía el gesto al examinar el metal oxidado y ennegrecido—. Tendremos que ahorrar para comprar algunos componentes primero.
¬óNosotros, no ¬ódisent√≠¬ó. Comprar√© todo lo necesario si t√ļ haces esto sin cobrar.
—No lo sé... —murmuró.
¬óTengo alg√ļn dinero ahorrado. Ya sabes, mi fondo para la universidad.
A la porra la universidad, dije para mis adentros. No hab√≠a ahorrado lo bastante para ir a un lugar realmente bueno, y adem√°s, de todos modos, no ten√≠a intenci√≥n de marcharme de Forks. ¬ŅQu√© diferencia habr√≠a si lo descargaba un poco?
Jacob se limitó a asentir. Aquello le parecía perfectamente coherente.
Me regode√© en mi suerte mientras avanz√°bamos disimuladamente hacia el garaje prefabricado. S√≥lo un adolescente hubiera estado de acuerdo en enga√Īar a nuestros respectivos padres para reparar unos veh√≠culos peligrosos con el dinero destinado para mi educaci√≥n universitaria. √Čl no hab√≠a encontrado nada malo en esto. Jacob era un regalo de los dioses.