3 - El final

Me abrió la puerta del coche.
¬ó¬ŅQu√© tal te sientes?
—Muy bien —mentí. Me estremecí cuando el sonido del golpe de la puerta al cerrarse resonó en mi cabeza.
Anduvimos en silencio; acort√≥ su paso para acompasarlo al m√≠o. Me hubiera gustado formular un mont√≥n de preguntas, pero la mayor√≠a tendr√≠an que esperar, ya que quer√≠a hac√©rselas a Alice. ¬ŅC√≥mo estaba Jasper esa ma√Īana? ¬ŅDe qu√© hab√≠an hablado cuando yo me fui? ¬ŅQu√© habla dicho Rosalie? Y lo m√°s importante de todo, seg√ļn esas extra√Īas e imperfectas visiones del futuro que sol√≠a tener, ¬Ņqu√© iba a ocurrir a partir de ahora? ¬ŅPod√≠a adivinar lo que rondaba por la mente de Edward y el motivo de que estuviera tan sombr√≠o? ¬ŅHab√≠a una justificaci√≥n para esos tenues temores instintivos de los que no lograba desembarazarme?
La ma√Īana transcurri√≥ muy despacio. Me mor√≠a de ganas de ver a Alice, aunque, en realidad, no podr√≠a hablar con ella en presencia de Edward, que continuaba mostr√°ndose distante. Me preguntaba por el brazo de vez en cuando y yo le ment√≠a.
A menudo, Alice se nos anticipaba en el almuerzo para no verse obligada a caminar a mi torpe ritmo, pero hoy no nos esperaba sentada a la mesa delante de una bandeja de comida que no iba a probar.
Edward no explic√≥ su ausencia, por lo que me pregunt√© si su clase se habr√≠a prolongado. Hasta que vi a Conner y Ben, compa√Īeros suyos en la cuarta hora, en clase de Franc√©s.
¬ó¬ŅD√≥nde est√° Alice? ¬óle pregunt√© a Edward con nerviosismo.
El no apartó la vista de la barra de cereales que desmenuzaba lentamente entre los dedos mientras contestaba:
¬óEst√° con Jasper.
¬ó¬ŅY √©l se encuentra bien?
¬óSe han marchado una temporada.
¬ó¬°¬ŅQu√©?! ¬ŅAdonde?
Edward se encogió de hombros.
¬óA ning√ļn lado en especial.
—Y Alice también —dije con una desesperación resignada. Lógico, si Jasper la necesitaba, ella se iría con él.
—Sí, también se ha ido por un tiempo. Intentaba convencerle de que fueran a Denali.
Denali era el lugar donde viv√≠a la otra comunidad de vampiros formada por gente buena como los Cullen, Tanya y su familia. Hab√≠a o√≠do hablar de ellos en un par de ocasiones. El pasado invierno Edward se hab√≠a ido con ellos cuando mi llegada hizo que Forks le resultara insoportable. Laurent, el miembro m√°s civilizado del peque√Īo aquelarre de James, hab√≠a preferido irse antes que alinearse con James contra los Cullen. Ten√≠a sentido que Alice animara a Jasper a acudir all√≠.
Tragué para deshacer el repentino nudo que se me había formado en la garganta. Incliné la cabeza y la espalda, abrumada por la culpa. Había conseguido que se tuvieran que ir de casa, igual que Rosalie y Emmett. Era una plaga.
¬ó¬ŅTe molesta el brazo? ¬óme pregunt√≥ sol√≠cito.
¬ó¬ŅA qui√©n le importa mi est√ļpido brazo? ¬ómurmur√© disgustada.
No contestó y yo dejé caer la cabeza sobre la mesa.
Al final del día, el silencio había convertido la situación en algo ridículo. Yo no quería ser quien lo rompiera, pero aparentemente no habría más remedio si quería que él volviera a hablarme otra vez.
¬ó¬ŅVendr√°s luego, por la noche? ¬óle pregunt√© mientras camin√°bamos, en silencio, hasta mi coche. √Čl siempre ven√≠a.
¬ó¬ŅPor la noche?
Me agradó que pareciera sorprendido.
¬óTengo que trabajar. Cambi√© mi turno con la se√Īora Newton para poder librar ayer.
—Ah —murmuró él.
¬óVendr√°s luego, cuando est√© en casa, ¬Ņno? ¬óodiaba sentirme repentinamente insegura de su respuesta.
¬óSi quieres que vaya...
—Siempre quiero que vengas —le recordé, con quizás un poco más de intensidad de lo que requería la conversación.
Esperaba que √©l se riera, sonriera o reaccionara de alg√ļn modo a mis palabras, pero me contest√≥ con indiferencia:
¬óDe acuerdo, est√° bien.
Me besó en la frente otra vez antes de cerrar la puerta. Entonces, se volvió y anduvo a grandes pasos hasta su coche con su elegancia habitual.
Conseguí salir del aparcamiento antes de que el pánico me dominara, y estaba ya hiperventilando cuando llegué al local de los Newton.
Me dije que √©l s√≥lo necesitaba tiempo y que conseguir√≠a sobreponerse a esto. Quiz√°s estaba triste por la dispersi√≥n de su familia, pero Jasper y Alice volver√≠an pronto, y tambi√©n Rosalie y Emmett. Si serv√≠a de algo, me mantendr√≠a lejos de la gran casa blanca cerca del r√≠o y nunca m√°s volver√≠a a poner un pie all√≠. Eso no importaba. Seguir√≠a viendo a Alice en el instituto, porque... tendr√≠a que regresar al instituto, ¬Ņno?
Además, ella siempre estaba en mi casa. No querría herir los sentimientos de Charlie alejándose.
Sin duda también vería a Carlisle con regularidad en la sala de urgencias.
Despu√©s de todo, lo sucedido la noche anterior carec√≠a de importancia. En realidad, no hab√≠a ocurrido nada. S√≥lo me hab√≠a ca√≠do una vez m√°s, la historia de mi vida. No ten√≠a importancia alguna, sobre todo si se comparaba con lo de la primavera del curso pasado, cuando James me hiri√≥ y estuve a punto de morir por la p√©rdida de sangre; y aun entonces Edward hab√≠a sobrellevado las interminables semanas del hospital mucho mejor que ahora. ¬ŅEra porque esta vez no hab√≠a ning√ļn enemigo del cual protegerme? ¬ŅO porque era su hermano?
Quiz√°s ser√≠a preferible que √©l me llevara lejos, mejor que terminar dispersando a toda su familia. Se me pas√≥ un poco el abatimiento cuando lo consider√© todo en su conjunto. Charlie no podr√≠a objetar nada si consegu√≠a mantener la situaci√≥n todo el a√Īo escolar. Nos podr√≠amos ir lejos a la universidad, o simular que lo hac√≠amos, al igual que Rosalie y Emmett. Lo m√°s probable es que Edward pudiera esperar un a√Īo m√°s. ¬ŅQu√© era un a√Īo para un inmortal? Ni siquiera a m√≠ me parec√≠a mucho.
Me sent√≠ lo bastante due√Īa de m√≠ misma para poder salir del coche y caminar hacia la tienda. Mike Newton se me hab√≠a adelantado; sonri√≥ y me salud√≥ cuando entr√©. Tom√© mi chaleco mientras le dedicaba un leve asentimiento. Todav√≠a estaba imaginando agradables situaciones en las que Edward y yo hu√≠amos a varios enclaves ex√≥ticos.
Mike interrumpió mi fantasía.
¬ó¬ŅQu√© tal fue tu cumplea√Īos?
—Ay —murmuré—. Me alegro de que haya pasado.
Mike me miró por el rabillo del ojo como si me hubiera vuelto loca.
El trabajo me absorbió. Quería ver a Edward otra vez. Imploré que hubiera superado lo peor de aquel trago —fuera lo que fuera— para cuando nos volviéramos a encontrar. No es nada, me dije una y otra vez, todo volverá a la normalidad.
Experimenté un alivio abrumador cuando llegué a mi calle y vi el coche plateado de Edward aparcado frente a mi casa. Me molestó profundamente sentirme así.
Me encaminé deprisa hacia la puerta principal y empecé a llamar antes de haber traspasado del todo el umbral.
¬ó¬ŅPap√°? ¬ŅEdward?
Mientras hablaba, escuché la sintonía característica del Sports-Center procedente de la televisión.
—¡Estoy aquí! —contestó Charlie a voz en grito.
Colgué el impermeable en la percha y me apresuré a doblar la esquina que daba al salón. Edward estaba en el sillón y mi padre en el sofá. Ambos mantenían la vista fija en la televisión. Eso era normal en mi padre, pero no en Edward.
—Hola —dije débilmente.
—Hola, Bella —contestó mi padre sin apartar los ojos de la pantalla—. Queda pizza fría. Creo que está todavía en la mesa.
¬óDe acuerdo.
Esperé en el vestíbulo. Finalmente, Edward me miró y me dedicó una sonrisa educada.
—Ahora voy contigo —me prometió. Sus ojos volvieron a la televisión.
Permanecí allí, muda de asombro, casi un minuto sin que ninguno de ellos se diera cuenta. Experimenté una sensación, tal vez de pánico, creciendo en mi pecho. Me escapé hacia la cocina.
No me apetecía nada la pizza. Me senté en la silla, alcé las rodillas y las rodeé con los brazos. Algo iba muy mal, quizás mucho peor de lo que pensaba. Los sonidos típicos de la camaradería y las bromas masculinas continuaban llegando desde la habitación presidida por la televisión.
Intent√© controlarme y razonar. ¬ŅQu√© es lo peor que puede ocurrir? Me estremec√≠. √Čsa era la pregunta equivocada, sin duda. Me costaba mucho trabajo respirar bien.
De acuerdo, me dije otra vez, ¬Ņqu√© es lo m√°s grave a lo que podr√≠a enfrentarme? Tampoco me gustaba mucho esa pregunta. Pero pens√© en todas las posibilidades que hab√≠a considerado antes.
Mantenerme lejos de la familia de Edward. Claro que no podía esperar que Alice estuviera de acuerdo con esto, pero si Jasper no estaba bajo control, disminuiría el tiempo que podríamos compartir las dos. Asentí; podía vivir con eso.
O marcharnos. Quiz√°s √©l no podr√≠a esperar hasta el final del a√Īo escolar.
Tal vez tendría que ser ahora.
Frente a mí, en la mesa, los regalos de Charlie y Renée estaban donde los había dejado, la cámara que no había tenido oportunidad de usar en casa de los Cullen descansaba junto al álbum que me había enviado mi madre. Rocé con las yemas de los dedos la preciosa cubierta del álbum de fotos y suspiré al pensar en ella. En cierto modo, el estar viviendo sin mi madre durante tanto tiempo me hacía más difícil la idea de una separación permanente. Y Charlie se quedaría totalmente solo, abandonado. Ambos se sentirían tan heridos...
Pero regresar√≠amos, ¬Ņverdad? Vendr√≠amos de visita, claro, ¬Ņa que s√≠?
No estaba muy segura de cuál sería la respuesta a esa pregunta.
Apoyé la mejilla en la rodilla mientras contemplaba los testimonios físicos del amor de mis padres. Sabía que el camino elegido iba a ser difícil. Y, después de todo, estaba pensando en el peor escenario posible, el peor con el que podría vivir...
Acarici√© el √°lbum con la mano y abr√≠ la primera p√°gina. Ten√≠a unas peque√Īas esquinas met√°licas ya dispuestas para sujetar la primera foto. No ser√≠a una mala idea dejar all√≠ alg√ļn testimonio de mi vida. Sent√≠ una extra√Īa urgencia por comenzar. Tal vez no transcurriera mucho tiempo antes de que tuviera que abandonar Forks.
Jugueteé con la correa de la cámara mientras me preguntaba si la primera fotografía del carrete recogería algo que se acercara al original. Lo dudaba, pero Edward no parecía inquieto porque estuviera en blanco. Me reí entre dientes, pensando en su carcajada despreocupada de la noche anterior. La risa desapareció. ¡Había cambiado todo tanto y con tanta rapidez...!
Me hac√≠a sentir un poco mareada, como si me encontrara al borde de un precipicio en alg√ļn lugar muy alto.
No quería pensar más en ello. Tomé la cámara y subí las escaleras.
Mi habitaci√≥n no hab√≠a cambiado mucho en los diecisiete a√Īos transcurridos desde la marcha de mi madre. Las paredes segu√≠an pintadas de azul claro y delante de la ventana colgaban las mismas amarillentas cortinas de encaje. Hab√≠a una cama en vez de una cuna, pero, sin duda, ella reconocer√≠a la colcha colocada de forma descuidada, ya que hab√≠a sido un regalo de la abuela.
A pesar de todo, saqué una instantánea de la habitación. No había mucho más que fotografiar, afuera la noche era cerrada; sin embargo, el sentimiento cada vez crecía más fuerte, era ya casi una compulsión. Tendría que reflejar todo lo que pudiera de Forks antes de que tuviera que dejarlo.
Podía sentir el cambio que se avecinaba. No era una perspectiva agradable, no cuando la vida ya era perfecta tal y como estaba.
Me tom√© mi tiempo para bajar las escaleras con la c√°mara en la mano, intentando ignorar las mariposas que revoloteaban por mi est√≥mago cuando pensaba en la extra√Īa distancia que rehusaba ver en los ojos de Edward. √Čl lo superar√≠a. Probablemente estaba preocupado porque me disgustar√≠a si me ped√≠a que nos march√°ramos. Le dejar√≠a arreglarlo todo sin entrometerme y estar√≠a lista para cuando me lo pidiera.
Ya tenía la cámara preparada cuando me asomé por la esquina del salón, intentando sorprenderle. Estaba segura de que era imposible pillarle desprevenido, pero, sin embargo, él no alzó la vista. Me recorrió un gran estremecimiento, como si algo helado se hubiera deslizado por mi estómago. No hice caso a esta sensación y le tomé una foto.
Entonces, ambos me miraron. Charlie frunci√≥ el ce√Īo y el rostro de Edward continu√≥ vac√≠o, sin expresi√≥n.
¬ó¬ŅQu√© haces, Bella? ¬óse quej√≥ Charlie.
—Venga, vamos —intenté sonreír mientras me sentaba en el suelo frente al sofá donde se había echado Charlie—. Ya sabes que mamá pronto estará llamando para saber si estoy usando los regalos. Tengo que ponerme a la tarea antes de herir sus sentimientos.
¬óPero ¬Ņpor qu√© me haces fotos a m√≠? ¬órefunfu√Ī√≥.
¬óEs que eres tan guapo... ¬órepliqu√© mientras intentaba mantener un tono desenfadado¬ó. Y adem√°s, como has sido t√ļ quien me ha comprado la c√°mara, est√°s obligado a servirme de tema para las fotos.
√Čl murmur√≥ algo ininteligible.
—Eh, Edward —dije con una indiferencia admirable—. Anda, haznos una a mi padre y a mí, juntos.
Le lancé la cámara, evitando cuidadosamente mirarle a los ojos y me arrodillé al lado del brazo del sofá donde Charlie apoyaba la cabeza. Charlie suspiró.
—Tienes que sonreír, Bella —murmuró Edward.
Lo hice lo mejor que pude y la cámara disparó una foto.
¬óDejadme que os tome una, chicos ¬ósugiri√≥ Charlie. Yo sab√≠a que lo √ļnico que quer√≠a era apartar el foco de la c√°mara de s√≠ mismo.
Edward se puso de pie y le lanzó la cámara con agilidad.
Yo me coloqué a su lado y la composición me pareció formal y fría. Me puso una mano desganada sobre el hombro y yo le pasé un brazo por la cintura con más firmeza. Me hubiera gustado mirarle a la cara, pero no me atreví.
—Sonríe, Bella —me volvió a recordar Charlie.
Inspiré profundamente y sonreí. El flash me cegó.
—Ya está bien de fotos por esta noche —dijo Charlie entonces; introdujo la cámara en una hendidura que había entre los cojines y luego la tapó con ellos—. No hay que acabar hoy todo el carrete.
Edward dejó caer la mano desde mi hombro y se zafó con indiferencia de mi abrazo para sentarse de nuevo en la butaca.
Vacilé, pero luego opté por sentarme otra vez al lado del sofá. De pronto me sentí tan asustada que me temblaron las manos. Las apoyé con fuerza contra el estómago para disimular, puse la barbilla sobre las rodillas y miré hacia la pantalla del aparato de la televisión, sin estar viendo nada en realidad.
Cuando el programa termin√≥, a√ļn no me hab√≠a movido ni un cent√≠metro. Por el rabillo del ojo, vi c√≥mo Edward se pon√≠a en pie.
¬óSer√° mejor que me marche a casa ¬ódijo.
Charlie no apartó los ojos del anuncio que emitía la televisión.
¬óVale, nos vemos.
Me levant√© del suelo con torpeza, ya que me hab√≠a quedado r√≠gida de estar sentada tan quieta y segu√≠ a Edward hasta la puerta de la calle. √Čl se dirigi√≥ directamente hacia su coche.
¬ó¬ŅTe quedar√°s? ¬óle pregunt√©, sin esperanza en la voz.
Ya me esperaba su respuesta, así que no me dolió tanto.
¬óEsta noche, no.
No le pregunté el motivo.
Se metió en su coche y se fue mientras yo me quedaba allí de pie, inmóvil. Apenas me di cuenta de que llovía. Esperé sin saber lo que esperaba, hasta que la puerta se abrió a mis espaldas.
¬óBella, ¬Ņqu√© haces? ¬óme pregunt√≥ Charlie, sorprendido de verme all√≠ de pie, sola y empapada.
—Nada —me volví y caminé lentamente hacia la casa.
Fue una noche muy larga, en la que no pegué ojo.
Me levanté en cuanto vi un poco de claridad abrirse paso por la ventana. Me vestí mecánicamente para ir a la escuela, esperando que se aclararan algo las nubes. Después de desayunar un cuenco de cereales, decidí que había luz suficiente para hacer fotos. Tomé una de mi coche y otra de la fachada de la casa de Charlie. Me volví y saqué unas cuantas del bosque que había al lado. Con lo siniestro que se me había antojado antes, qué encantador me parecía ahora. Me di cuenta de que echaría de menos el verdor, la sensación de que el tiempo no pasaba, el misterio de los bosques... Todo.
Puse la cámara en la mochila del colegio antes de irme. Intenté concentrarme en mi nuevo proyecto más que en el hecho de que Edward aparentemente no había querido arreglar las cosas aquella noche.
Adem√°s de miedo, empezaba a sentir impaciencia. ¬ŅCu√°nto iba a durar aquello?
Continu√≥ as√≠ toda la ma√Īana. Camin√≥ silenciosamente a mi lado, sin que pareciera mirarme en ning√ļn momento. Intent√© concentrarme en las clases, pero ni siquiera la de Lengua logr√≥ captar mi atenci√≥n. El se√Īor Berty tuvo que repetirme una pregunta sobre la se√Īora Capuleto al menos dos veces antes de que me diera cuenta de que se estaba dirigiendo a m√≠. Edward me susurr√≥ la respuesta correcta entre dientes y despu√©s volvi√≥ a ignorarme.
A la hora del almuerzo, el silencio persistía. Estaba a punto de ponerme a chillar por lo que —para distraerme— me incliné sobre la línea invisible que separaba las dos zonas de la mesa y me dirigí a Jessica.
¬óEh... ¬ŅJess?
¬ó¬ŅQu√© hay, Bella?
¬ó¬ŅPodr√≠as hacerme un favor? ¬óle ped√≠ mientras rebuscaba en mi bolso¬ó. Mi madre quiere tener algunas fotograf√≠as de mis amigos para ponerlas en el √°lbum. ¬ŅNo te importa hacernos algunas a todos?
Le tendí la cámara.
—De acuerdo —aceptó ella con una sonrisa.
Se volvió de repente para sorprender a Mike con la boca llena y hacerle una foto.
A continuaci√≥n se desat√≥ una m√°s que previsible guerra de fotograf√≠as. Observ√© c√≥mo la c√°mara iba de un lado para otro. Al pasarla, re√≠an, tonteaban y se quejaban de lo mal que hab√≠an salido. Parec√≠a extra√Īamente infantil, o tal vez fuera que ese d√≠a no estaba en un estado de √°nimo apropiado para el trato humano.
¬óOh, oh ¬ódijo Jessica en tono de disculpa al devolverme la c√°mara¬ó. Me parece que te hemos gastado el carrete.
—Estupendo. Creo que ya tengo fotos de todo lo que me apetecía.
Despu√©s de las clases, Edward me acompa√Ī√≥ al aparcamiento del instituto en silencio. Ten√≠a que irme a trabajar de nuevo y, por una vez, estaba contenta por ello. Pasar tiempo juntos no ayudaba en nada a arreglar las cosas. Quiz√° si estuvi√©ramos m√°s tiempo solos fuera mejor.
Dej√© el carrete de fotos en Thriftway de camino al local de los Newton y recog√≠ las fotos reveladas a la salida del trabajo. En casa, despu√©s de saludar con un escueto ¬ęhola¬Ľ a Charlie, tom√© una barrita de cereales de la cocina y corr√≠ a mi habitaci√≥n con el sobre de las fotos bien apretado debajo del brazo.
Me senté en mitad de la cama y lo abrí con curiosidad y cierta renuencia. Era ridículo, pero casi esperaba que la primera fotografía estuviera en blanco.
Se me escap√≥ un grito ahogado cuando la saqu√© del sobre y vi a Edward tan hermoso como en la vida real. Me miraba desde la foto con esos ojos c√°lidos que tanto echaba de menos en los √ļltimos d√≠as. Era realmente asombroso que pudiera verse a alguien tan... tan indescriptible. Ni con mil palabras hubiera podido expresar lo que hab√≠a en esa imagen.
Repasé por encima las restantes fotos del montón una sola vez y luego coloqué sobre la cama tres de ellas, una junto a otra.
En la primera imagen se veía a Edward en la cocina; sus ojos dulces chispeaban a causa de la diversión contenida. La segunda mostraba a Edward y Charlie viendo la ESPN. En ella se evidenciaba el cambio que se había producido en los ojos de Edward, siempre hermosos hasta dejarte sin aliento, pero cuya expresión confería ahora frialdad a su rostro, como el de una escultura, con menos vida.
La √ļltima era una imagen que nos recog√≠a a Edward y a m√≠ de pie, juntos y manifiestamente inc√≥modos. Su rostro emanaba la misma sensaci√≥n que la foto anterior: frialdad y ese aspecto de estatua, pero probablemente lo m√°s preocupante de todo no era eso, sino el doloroso contraste existente entre los dos. El parec√≠a una deidad, y yo, mediocre, incluso en los c√°nones humanos, y, para mi verg√ľenza, bien poco agraciada. La foto me disgust√≥ y la apart√©.
Tomé todas las fotografías y las coloqué en el álbum en vez de ponerme a hacer los deberes. Garabateé unos pies de foto bajo todas ellas con un bolígrafo, indicando los nombres y las fechas. Levanté aquella en la que se nos veía a Edward y a mí y la doblé por la mitad sin mirarla demasiado. La situé debajo del borde metálico de la mesa, dejando visible la mitad de Edward.
Cuando terminé, reuní el otro montón de fotos en un nuevo sobre y escribí una larga carta de agradecimiento para Renée.
Edward segu√≠a sin venir. No quer√≠a admitir que √©l era el motivo de que estuviera despierta tan tarde, pero evidentemente as√≠ era. Intent√© recordar la √ļltima vez que no hubiera aparecido, como hoy, sin una excusa o una llamada de tel√©fono... Nunca lo hab√≠a hecho.
Pasé otra noche sin dormir bien.
En la escuela continu√≥ el programa de silencio, frustraci√≥n y pavor de los √ļltimos dos d√≠as. Me sent√≠ aliviada al encontrar a Edward esper√°ndome en el aparcamiento del instituto, pero ese consuelo desapareci√≥ pronto. No hab√≠a cambios en su comportamiento, si acaso, a√ļn se mostraba algo m√°s distante.
Me costaba incluso recordar el motivo de aquel desastre. Me parec√≠a que mi cumplea√Īos pertenec√≠a al pasado m√°s lejano. Ojal√° Alice regresara pronto, antes de que todo esto se me fuera a√ļn m√°s de las manos.
Pero no podía contar con ello. Decidí que si no lograba hablar con él ese día, hablar de verdad, entonces iría al día siguiente a comentar el asunto con Carlisle. Debía hacer algo.
Me prometí a mí misma que iba a sacar a colación el tema después de clase. No iba a concederme más excusas.
Me acompa√Ī√≥ hasta mi coche y me arm√© de valor para plantearle las cosas.
¬ó¬ŅTe importar√≠a si voy a verte hoy? ¬óme pregunt√≥ antes de que lleg√°ramos, dej√°ndome casi fuera de combate.
¬óClaro que no.
¬ó¬ŅAhora? ¬ópregunt√≥ de nuevo mientras me abr√≠a la puerta delantera.
—Sí, claro —me disgustó la urgencia que se detectaba en su voz, pero no dejé que eso se notara en la mía—. Sólo iba a echar una carta para Renée en el buzón de correos que hay de camino. Nos vemos allí.
Miró el grueso sobre del asiento del copiloto. De pronto, se inclinó hacia mí y lo recogió.
¬óYo lo har√© ¬órepuso con calma¬ó, y aun as√≠ llegar√© antes que t√ļ.
Esbozó esa sonrisa torcida suya, mi favorita, pero algo iba mal, porque la alegría de los labios no subía hasta los ojos.
—De acuerdo —asentí, aunque era incapaz de devolverle la sonrisa. Cerró la puerta y se dirigió a su coche.
Y en verdad se me adelantó. Estaba aparcado en el sitio de Charlie cuando llegué a la puerta de la casa. Esto era un mal indicio. En tal caso, no pensaba quedarse mucho rato. Sacudí la cabeza e inspiré hondo mientras intentaba hacer acopio de algo de valor.
Salió de su coche a la vez que yo del mío, se acercó y me recogió la mochila. Hasta aquí todo era normal. Pero la puso otra vez en el asiento, y eso se salía de lo habitual.
¬óVamos a dar un paseo ¬ópropuso con una voz indiferente al tiempo que me tomaba de la mano.
No contesté. No se me ocurrió la forma de protestar, aunque rápidamente supe que quería hacerlo. Esto no me gusta, va mal, pero que muy mal, repetía de continuo una voz dentro de mi mente.
√Čl no esper√≥ una respuesta. Me condujo hacia el lado este del patio, donde lindaba con el bosque. Le segu√≠ a rega√Īadientes mientras intentaba superar el pavor y pensar algo, pero entonces me obligu√© a recordar que aquello era lo que pretend√≠a: una oportunidad para aclarar las cosas. En ese caso, ¬Ņpor qu√© me inundaba el p√°nico?
Sólo habíamos caminado unos cuantos pasos por el espeso bosque cuando se detuvo. Apenas habíamos llegado al sendero, ya que todavía podía ver la casa. Era un simple paseo.
Edward se recostó en un árbol y me miró con expresión impasible.
—Está bien, hablemos —dije y sonó más valiente de lo que yo me sentía.
Inspiró profundamente.
¬óBella, nos vamos.
Yo también inspiré profundamente. Era una opción aceptable, y pensé que ya estaba preparada, pero debía preguntarlo:
¬ó¬ŅPor qu√© ahora? Otro a√Īo...
¬óBella, ha llegado el momento. De todos modos, ¬Ņcu√°nto tiempo m√°s podemos quedarnos en Forks? Carlisle apenas puede pasar por un treinta√Īero y actualmente dice que tiene treinta y tres. Por mucho que queramos, pronto tendremos que empezar en otro lugar.
Su respuesta me confundi√≥. Hab√≠a pensado que el asunto de la marcha ten√≠a que ver con dejar a su familia vivir en paz. ¬ŅPor qu√© deb√≠amos irnos nosotros si ellos se marchaban tambi√©n? Le mir√© en un intento de entender lo que me quer√≠a decir.
Me devolvió la mirada con frialdad.
Con un acceso de náuseas, comprendí que le había malinterpretado.
—Cuando dices nosotros... —susurré.
—Me refiero a mí y a mi familia.
Cada palabra sonó separada y clara.
Sacud√≠ la cabeza de un lado a otro mec√°nicamente, intentando aclararme. Esper√≥ sin mostrar ning√ļn signo de impaciencia. Me llev√≥ unos minutos volver a estar en condiciones de hablar.
¬óVale ¬ódije¬ó. Voy contigo.
¬óNo puedes, Bella. El lugar adonde vamos... no es apropiado para ti.
¬óEl sitio apropiado para m√≠ es aquel en el que t√ļ est√©s.
¬óNo te convengo, Bella.
—No seas ridículo —quise sonar enfadada, pero sólo conseguí parecer suplicante—. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
¬óMi mundo no es para ti ¬órepuso con tristeza.
¬ó¬°Lo que ha ocurrido con Jasper no ha sido nada, Edward, nada!
—Tienes razón —concedió él—. Era exactamente lo que se podía esperar.
—¡Lo prometiste! Me prometiste en Phoenix que siempre permanecerías...
—Siempre que fuera bueno para ti —me interrumpió para rectificarme.
¬ó¬°No! ¬ŅEsto tiene que ver con mi alma, no? ¬ógrit√©, furiosa, mientras las palabras explotaban dentro de m√≠, aunque a pesar de todo segu√≠an sonando como una s√ļplica¬ó. Carlisle me habl√≥ de eso y a m√≠ no me importa, Edward. ¬°No me importa! Puedes llevarte mi alma, porque no la quiero sin ti, ¬°ya es tuya!
Respiró hondo una vez más y clavó la mirada ausente en el suelo durante un buen rato. Torció levemente los labios. Cuando levantó los ojos, me parecieron diferentes, mucho más duros, como si el oro líquido se hubiese congelado y vuelto sólido.
¬óBella, no quiero que me acompa√Īes ¬ópronunci√≥ las palabras de forma concisa y precisa sin apartar los ojos fr√≠os de mi rostro, observ√°ndome mientras yo comprend√≠a lo que me dec√≠a en realidad.
Hubo una pausa durante la cual repetí esas palabras en mi fuero interno varias veces, tamizándolas para encontrar la verdad oculta detrás de ellas.
¬ó¬ŅT√ļ... no... me quieres? ¬óintent√© expulsar las palabras, confundida por el modo como sonaban, colocadas en ese orden.
¬óNo.
Le mir√©, sin comprenderle a√ļn. Me devolvi√≥ la mirada sin remordimiento. Sus ojos brillaban como topacios, duros, claros y muy profundos. Me sent√≠ como si cayera dentro de ellos y no pude encontrar nada, en sus honduras sin fondo, que contrarrestara la palabra que hab√≠a pronunciado.
—Bien, eso cambia las cosas —me sorprendió lo tranquila y razonable que sonaba mi voz. Quizás se debía al aturdimiento. En realidad, no entendía lo que me había dicho. Seguía sin tener sentido.
Miró a lo lejos, entre los árboles, cuando volvió a hablar.
—En cierto modo, te he querido, por supuesto, pero lo que pasó la otra noche me hizo darme cuenta de que necesito un cambio. Porque me he cansado de intentar ser lo que no soy. No soy humano —me miró de nuevo; ahora, sin duda, las facciones heladas de su rostro no eran humanas—. He permitido que esto llegara demasiado lejos y lo lamento mucho.
—No —contesté con un hilo de voz; empezaba a tomar conciencia de lo que ocurría y la comprensión fluía como ácido por mis venas—. No lo hagas.
Se limitó a observarme durante un instante, pero pude ver en sus ojos que mis palabras habían ido demasiado lejos. Sin embargo, él también lo había hecho.
¬óNo me convienes, Bella.
Invirtió el sentido de sus primeras palabras, y no tenía réplica para eso. Bien sabía yo que no estaba a su altura, que no le convenía.
Abrí la boca para decir algo, pero volví a cerrarla. Aguardó con paciencia. Su rostro estaba desprovisto de cualquier tipo de emoción. Lo intenté de nuevo.
¬óSi... es eso lo que quieres.
Se limitó a asentir una sola vez.
Se me entumeció todo el cuerpo. No notaba nada por debajo del cuello.
—Me gustaría pedirte un favor, a pesar de todo, si no es demasiado —dijo.
Me pregunté qué vería en mi rostro para que el suyo se descompusiera al mirarme, pero logró controlar las facciones y recuperar la máscara de serenidad antes de que yo fuera capaz de descubrirlo.
—Lo que quieras —prometí, con la voz ligeramente más fuerte.
Sus ojos helados se derritieron mientras le miraba y el oro se convirtió una vez más en líquido fundido que se derramaba en los míos y me quemaba con una intensidad sobrecogedora.
¬óNo hagas nada desesperado o est√ļpido ¬óme orden√≥, ahora sin mostrarse distante¬ó. ¬ŅEntiendes lo que te digo?
Asentí sin fuerzas.
Sus ojos se enfriaron y volvió a mostrarse distante.
—Me refiero a Charlie, por supuesto, te necesita y has de cuidarte por él.
Asentí de nuevo.
—Lo haré —murmuré.
√Čl pareci√≥ relajarse, pero s√≥lo un poco.
—Te haré una promesa a cambio —dijo—. Te garantizo que no volverás a verme. No regresaré ni volveré a hacerte pasar por todo esto. Podrás retomar tu vida sin que yo interfiera para nada. Será como si nunca hubiese existido.
Las rodillas debieron de empezar a temblarme en ese momento porque de repente los árboles comenzaron a bambolearse. Oí el golpeteo de mi sangre más rápido de lo habitual detrás de las orejas. Su voz sonaba cada vez más lejana.
Sonrió con amabilidad.
—No te preocupes. Eres humana y tu memoria es un auténtico colador. A vosotros, el tiempo os cura todas las heridas.
¬ó¬ŅY tus recuerdos? ¬óle pregunt√©. Mi voz son√≥ como si me hubiera atragantado, como si me estuviera asfixiando.
—Bueno —apenas dudó un segundo—. Yo no olvidaré, pero los de mi clase... nos distraemos con suma facilidad.
Sonrió una vez más, pero a pesar del aplomo exhibido, la alegría de los labios no le llegó a los ojos. Se alejó de mí un paso.
¬óSupongo que eso es todo. No te molestaremos m√°s.
El plural captó mi atención, lo cual me sorprendió incluso a mí, ya que a juzgar por mi estado cualquiera hubiera creído que no me daba cuenta de nada.
Alice no va a volver, comprendí. No sé cómo me oyó, porque no llegué a pronunciar las palabras, pero pareció interpretarlas y negó lentamente con la cabeza sin perder de vista mi rostro.
—No. Los demás se han ido. Yo me he quedado para decirte adiós.
¬ó¬ŅAlice se ha ido? ¬ómi voz mostraba incredulidad.
—Ella quería despedirse, pero la convencí de que una ruptura limpia sería mejor para ti.
Me sent√≠a mareada y me costaba concentrarme. Sus palabras daban vueltas y m√°s vueltas en mi cabeza. Pude o√≠r la voz del m√©dico del hospital de Phoenix, la pasada primavera, que dec√≠a mientras me ense√Īaba las placas de rayos X: Es una fractura limpia, como bien puedes ver. Recorri√≥ la imagen de mi hueso roto con el dedo. Eso es bueno, as√≠ sanar√° antes y con m√°s facilidad.
Procuré acompasar la respiración. Necesitaba concentrarme y hallar la forma de salir de aquella pesadilla.
—Adiós, Bella —dijo entonces con la misma voz suave, llena de calma.
—¡Espera! —espeté mientras intentaba alcanzarle, deseando que mis piernas adormecidas me permitieran avanzar.
Durante un momento cre√≠ que √©l tambi√©n se acercaba, pero sus manos heladas se cerraron alrededor de mis mu√Īecas y las inmovilizaron a mis costados. Se inclin√≥ para acariciar ligeramente mi frente con los labios durante un segundo apenas perceptible. Se me cerraron los ojos.
—Cuídate mucho —sentí su frío hálito sobre la piel.
Abr√≠ los ojos de golpe cuando se levant√≥ una ligera brisa artificial. Las hojas de una peque√Īa enredadera de arce temblaron con la tenue agitaci√≥n del aire que produjo su partida.
Se había ido.
Le seguí, adentrándome en el corazón del bosque, con las piernas temblorosas, ignorando el hecho de que era un sinsentido. El rastro de su paso había desaparecido ipso facto. No había huellas y las hojas estaban en calma otra vez, pero seguí caminando sin pensar en nada. No podía hacer otra cosa. Debía mantenerme en movimiento, porque si dejaba de buscarle, todo habría acabado.
El amor, la vida, su sentido... todo se habría terminado.
Camin√© y camin√©. Perd√≠ la noci√≥n del tiempo mientras me abr√≠a paso lentamente por la espesa maleza. Debieron de transcurrir horas, pero para m√≠ apenas eran segundos. Era como si el tiempo se hubiera detenido, porque el bosque me parec√≠a el mismo sin importar cuan lejos fuera. Empec√© a temer que estuviera andando en c√≠rculos ¬ódespu√©s de todo, ser√≠a uno muy peque√Īo¬ó, pero continu√© caminando. Tropezaba a menudo y tambi√©n me ca√≠ varias veces conforme oscurec√≠a cada vez m√°s.
Al final, tropec√© con algo, pero no supe d√≥nde se me hab√≠a trabado el pie al ser noche cerrada. Me ca√≠ y me qued√© all√≠ tendida. Rod√© sobre un costado de forma que pudiera respirar y me acurruqu√© sobre los helechos h√ļmedos.
All√≠ tumbada, tuve la sensaci√≥n de que el tiempo transcurr√≠a m√°s deprisa de lo que pod√≠a percibir. No recordaba cu√°ntas horas hab√≠an pasado desde el anochecer. ¬ŅSiempre reinaba semejante oscuridad de noche? Lo m√°s normal ser√≠a que alg√ļn d√©bil rayo de luna cruzara el manto de nubes y se filtrara entre las rendijas que dejaba el dosel de √°rboles hasta alcanzar el suelo...
Pero no esa noche. Esa noche el cielo estaba oscuro como boca de lobo. Es posible que fuera una noche sin luna al haber un eclipse, por ser luna nueva.
Luna nueva. Temblé, aunque no tenía frío.
Reinó la oscuridad durante mucho tiempo, hasta que oí que me llamaban.
Alguien gritaba mi nombre. Sonaba sordo, sofocado por la maleza mojada que me envolvía, pero no había duda de que era mi nombre. No identifiqué la voz. Pensé en responder, pero estaba aturdida y tardé mucho rato en llegar a la conclusión de que debía contestar. Para entonces, habían cesado las llamadas.
La lluvia me despertó poco después. No creía que hubiera llegado a dormirme de verdad. Simplemente, me había sumido en un sopor que me impedía pensar, y me aferraba a ese aturdimiento con todas mis fuerzas; gracias a él era incapaz de ser consciente de aquello que prefería ignorar.
La llovizna me molestaba un poco. Estaba helada. Dejé de abrazarme las piernas para cubrirme el rostro con los brazos.
Fue entonces cuando o√≠ de nuevo la llamada. Esta vez sonaba m√°s lejos y algunas veces parec√≠a como si fueran muchas las voces que gritaban. Intent√© respirar profundamente. Record√© que ten√≠a que contestar, aunque dudaba que pudieran o√≠rme. ¬ŅSer√≠a capaz de gritar lo bastante alto?
De pronto, percibí otro sonido, sorprendentemente cercano. Era una especie de olisqueo, un sonido animal, como de un animal grande. Me pregunté si debía sentir miedo. Claro que no, sólo aturdimiento. Nada importaba. Y el olisqueo desapareció.
No dejaba de llover y senda cómo el agua se deslizaba por mi mejilla. Intentaba reunir fuerzas para volver la cabeza cuando vi la luz.
Al principio sólo fue un tenue resplandor reflejado a lo lejos en los arbustos, pero se volvió más y más brillante hasta abarcar un espacio amplio, mucho más que el haz de luz de una linterna. La luminosidad impactó sobre el arbusto más cercano y me permitió atisbar que era un farol de propano, pero no vi nada más, porque el destello fue tan intenso que me deslumbró por un momento.
¬óBella.
La voz grave denotaba que me hab√≠a reconocido a pesar de que yo no la identificaba. No hab√≠a pronunciado mi nombre con la incertidumbre de la b√ļsqueda, sino con la certeza del hallazgo.
Alc√© los ojos hacia el rostro sombr√≠o que se hallaba sobre m√≠ a una altura que se me antoj√≥ imposible. Era vagamente consciente de que el extra√Īo me parec√≠a tan alto porque mi cabeza a√ļn estaba en el suelo.
¬ó¬ŅTe han herido?
Supe que las palabras ten√≠an un significado, pero s√≥lo pod√≠a mirar fijamente, desconcertada. Una vez que hab√≠a llegado a ese punto, ¬Ņqu√© importancia ten√≠an los significados?
¬óBella, me llamo Sam Uley.
El nombre no me resultaba nada familiar.
¬óCharlie me ha enviado a buscarte.
¬ŅCharlie? Esto toc√≥ una fibra en mi interior e intent√© prestar atenci√≥n a sus palabras. Charlie importaba, aunque nada m√°s tuviera valor.
El hombre alto me tendió una mano. La miré, sin estar segura de qué se suponía que debía hacer.
Aquellos ojos negros me examinaron durante un momento y después se encogió de hombros. Me alzó del suelo y me tomó en brazos con un movimiento rápido y ágil.
Pend√≠a de sus brazos desmadejada, sin vida, mientras √©l trotaba velozmente a trav√©s del bosque h√ļmedo. En mi fuero interno sab√≠a que deb√≠a estar asustada por el hecho de que un extra√Īo me llevara a alg√ļn sitio, pero no quedaba en mi interior part√≠cula alguna capaz de sentir miedo.
No me pareció que pasara mucho tiempo antes de que surgieran las luces y el profundo murmullo de muchas voces masculinas. Sam Uley frenó la marcha conforme nos acercábamos al jaleo.
—¡La tengo! —gritó con voz resonante.
El murmullo ces√≥ y despu√©s volvi√≥ a elevarse con m√°s intensidad. Un confuso remolino de rostros empez√≥ a moverse a mi alrededor. La voz de Sam era la √ļnica que ten√≠a alg√ļn sentido para m√≠ entre todo ese caos, quiz√°s porque manten√≠a el o√≠do pegado contra su pecho.
¬óNo, no creo que est√© herida ¬óle estaba diciendo a alguien¬ó, pero no cesa de repetir: ¬ęSe ha ido¬Ľ.
¬ŅDe veras dec√≠a eso en voz alta? Me mord√≠ el labio.
¬óBella, cari√Īo, ¬Ņest√°s bien?
Esa era la √ļnica voz que reconocer√≠a en cualquier sitio, incluso distorsionada por la preocupaci√≥n, como sonaba ahora.
¬ó¬ŅCharlie? ¬óme o√≠ extra√Īa y d√©bil.
¬óEstoy aqu√≠, peque√Īa.
Sentí algo que cambiaba debajo de mí, seguido del olor a cuero de la chaqueta de comisario de mi padre. Charlie se tambaleó bajo mi peso.
—Quizás debería seguir sosteniéndola —sugirió Sam Uley.
—Ya la tengo —replicó Charlie, un poco sin aliento.
Caminó despacio y con dificultad. Deseaba decirle que me pusiera en el suelo y me dejara andar, pero no tenía aliento para hablar.
La gente que nos rodeaba llevaba luces por todas partes. Parecía como una procesión. O como un funeral. Cerré los ojos.
¬óYa casi estamos en casa, cielo ¬ómurmuraba Charlie una y otra vez.
Abrí los ojos otra vez cuando sentí que se abría la puerta. Nos hallábamos en el porche de nuestra casa. El tal Sam, un hombre moreno y alto, sostenía la puerta abierta para que Charlie pudiera pasar al tiempo que mantenía un brazo extendido hacia nosotros, en previsión de que a Charlie le fallaran las fuerzas. Pero consiguió entrar en la casa y llevarme hasta el sofá del salón.
—Papá, estoy mojada de la cabeza a los pies —protesté sin energía.
—Eso no importa —su voz sonaba ronca y entonces empezó a hablar con alguien más—. Las mantas están en el armario que hay al final de las escaleras.
¬ó¬ŅBella? ¬óme llam√≥ otra voz diferente. Mir√© al hombre de pelo gris que se inclinaba sobre m√≠ y lo reconoc√≠ despu√©s de unos cuantos segundos.
¬ó¬ŅDoctor Gerandy? ¬ómurmur√©.
¬óAs√≠ es, preciosa ¬ócontest√≥¬ó. ¬ŅEst√°s herida, Bella?
Me llev√≥ un minuto pensar en ello. Me sent√≠a confusa, ya que √©sa era la misma pregunta que Sam Uley me hab√≠a hecho en el bosque. S√≥lo que Sam me la hab√≠a formulado de otra manera: ¬ŅTe han herido? La diferencia parec√≠a implicar alg√ļn significado.
El doctor Gerandy permaneció a la espera. Alzó una de sus cejas entrecanas y se profundizaron las arrugas de su frente.
—No estoy herida —le mentí. Sin embargo, le había respondido la verdad si se tenía en cuenta lo que en apariencia quería preguntar.
Coloc√≥ su c√°lida mano sobre mi frente y sus dedos presionaron el interior de mi mu√Īeca. Le vi mover los labios mientras contaba las pulsaciones sin apartar la vista del reloj.
¬ó¬ŅQu√© te ha pasado? ¬óme pregunt√≥ como quien no quiere la cosa.
Me quedé helada bajo su mano, sintiendo el pánico al fondo de mi garganta.
¬ó¬ŅTe perdiste en el bosque? ¬óinsisti√≥.
Yo era consciente de que hab√≠a m√°s gente escuchando. All√≠ hab√≠a tres hombres altos de rostros morenos ¬ómuy cerca unos de otros¬ó que no me perd√≠an de vista; supuse que ven√≠an de La Push, la reserva india de los quileute en la costa. Sam Uley estaba entre ellos. El se√Īor Newton se encontraba all√≠ con Mike y el se√Īor Weber, el padre de Angela. Se hab√≠an reunido todos all√≠, y me miraban m√°s subrepticiamente que los mismos extra√Īos. Otras voces profundas retumbaban en la cocina y fuera, en la puerta principal. La mitad de la ciudad deb√≠a de haber salido en mi busca.
Charlie era el que estaba más cerca y se inclinó para escuchar mi respuesta.
—Sí —susurré—. Me perdí.
El doctor asintió con gesto pensativo mientras sus dedos tanteaban cuidadosamente las glándulas debajo de mi mandíbula. El rostro de Charlie se endureció.
¬ó¬ŅTe sientes cansada? ¬ópregunt√≥ el doctor Gerandy.
Asentí y cerré los ojos obedientemente. Poco después, oí cómo el doctor le decía a mi padre entre cuchicheos:
¬óNo creo que le pase nada malo. S√≥lo est√° exhausta. D√©jala dormir y vendr√© a verla ma√Īana ¬óhizo una pausa y debi√≥ de consultar su reloj, porque a√Īadi√≥¬ó: Bueno, en realidad, hoy.
Hubo unos crujidos cuando ambos se levantaron del sof√° y se pusieron de pie.
¬ó¬ŅEs verdad? ¬ósusurr√≥ Charlie. Sus voces se o√≠an ahora m√°s lejanas. Yo intent√© escuchar¬ó. ¬ŅSe han ido?
—El doctor Cullen nos pidió que no dijéramos nada —explicó el doctor Gerandy—. La oferta fue muy repentina, y tenían que tomar la decisión de forma inmediata. Carlisle no quería convertir su marcha en un espectáculo.
¬óPues hubiera estado bien que me hubiera dado alg√ļn tipo de aviso ¬ógru√Ī√≥ Charlie.
La voz del doctor Gerandy sonaba incómoda cuando replicó:
—Sí, bueno, en estas circunstancias hubiera sido apropiado cualquier clase de aviso.
No quise escuchar más. Tomé el borde del edredón con el que alguien me había tapado y me lo pasé por encima de la cabeza.
A ratos me hund√≠a en la inconsciencia, a ratos sal√≠a de ella. Alcanc√© a o√≠r c√≥mo Charlie daba las gracias a los voluntarios en voz baja. √Čstos se marcharon uno por uno. Sent√≠ sus dedos en mi frente y despu√©s el peso de otra manta. El tel√©fono repiquete√≥ varias veces y √©l se apresur√≥ a atenderlo antes de que pudiera despertarme. Murmur√≥ palabras tranquilizadoras en voz baja a quienes telefoneaban.
—Sí, la hemos hallado y se encuentra bien. Se perdió, pero ya está bien —decía una y otra vez.
Oí el chirrido de los muelles de la butaca cuando se instaló en ella para pasar la noche.
El teléfono sonó de nuevo a los pocos minutos.
Charlie refunfu√Ī√≥ mientras se incorporaba con dificultad una vez m√°s y despu√©s se apresur√≥, trastabillando, hacia la cocina. Hund√≠ la cabeza m√°s profundamente dentro de las mantas, no quer√≠a escuchar otra vez la misma conversaci√≥n.
—Diga —dijo Charlie y bostezó.
Le cambió la voz y sonó mucho más espabilada cuando volvió a hablar.
¬ó¬ŅD√≥nde? ¬óhubo una pausa¬ó. ¬ŅEst√°s segura de que es fuera de la reserva? ¬óotra pausa corta¬ó. Pero ¬Ņqu√© puede arder all√≠ fuera? ¬óparec√≠a preocupado y desconcertado a la vez¬ó. Vale, telefonear√© a ver qu√© pasa.
Escuch√© con m√°s inter√©s cuando marc√≥ otro n√ļmero.
¬óHola Billy, soy Charlie. Siento llamarte tan temprano... No, ella est√° bien. Est√° durmiendo... Gracias. No, no te llamo por eso. Me acaba de telefonear la se√Īora Stanley, dice que desde la ventana de su segundo piso ve llamas en los acantilados, no s√© si realmente... ¬°Oh! ¬óde pronto, su voz adopt√≥ un tono cortante, de irritaci√≥n o... ira¬ó. ¬ŅY por qu√© rayos hacen eso? Ah, ah, ¬Ņno me digas? ¬óeso son√≥ sarc√°stico¬ó. De acuerdo, no te disculpes conmigo. Vale, vale. S√≥lo aseg√ļrate de que las hogueras no prendan un fuego... Lo s√©, lo s√©, lo que me sorprende es que consigan mantenerlas encendidas con el tiempo que hace.
Charlie dud√≥ y luego a√Īadi√≥ a rega√Īadientes:
—Gracias por mandarme a Sam y a los demás chicos. Tenías razón, conocen el bosque mejor que nosotros. Fue él quien la encontró, así que te debo una... Vale, hablaremos más tarde —decidió, todavía con ese tono amargo y luego colgó.
Charlie murmuró varias incoherencias mientras regresaba al salón.
¬ó¬ŅHa pasado algo malo? ¬ópregunt√©.
Se apresuró a acercarse a mi lado.
¬óSiento haberte despertado, cari√Īo.
¬ó¬ŅSe quema algo?
—No es nada —me aseguró—, unas simples hogueras en los acantilados.
¬ó¬ŅHogueras? ¬ópregunt√©. Mi voz no sonaba curiosa, sino muerta.
Charlie frunci√≥ el ce√Īo.
—Algunos de los chicos de la reserva andan revoltosos —me explicó.
¬ó¬ŅPor qu√©? ¬ópregunt√© con desgana.
Parecía reacio a contestarme. Su mirada pasó entre sus rodillas entreabiertas y se clavó en el suelo. Luego, respondió con amargura:
¬óEst√°n celebrando la noticia.
Había sólo una noticia que atrajera mi atención, aunque me resistiera a pensar en ello. De pronto, todo encajó.
—Festejan la marcha de los Cullen —murmuré—. Había olvidado que en La Push nunca los han querido.
Los quileutes ten√≠an una serie de supersticiones sobre los ¬ęfr√≠os¬Ľ, los bebedores de sangre enemigos de la tribu, del mismo modo que ten√≠an leyendas sobre la gran inundaci√≥n y sus ancestros lic√°ntropos. La mayor√≠a de ellos las consideraban simple folclore, sin embargo, unos cuantos a√ļn las cre√≠an. Billy Black, el mejor amigo de Charlie, era uno de ellos, aunque incluso Jacob, su propio hijo, pensaba que su cabeza estaba llena de est√ļpidas supersticiones. Billy me hab√≠a advertido que me apartara de los Cullen...
El nombre removió algo en mi interior, algo que comenzó a abrirse camino hacia la superficie, algo a lo que sabía que no me quería enfrentar.
—Es ridículo —resopló Charlie.
Nos quedamos sentados en silencio durante unos momentos. El cielo ya no estaba oscuro al otro lado de la ventana. El sol hab√≠a comenzado a salir en alg√ļn lugar detr√°s de las nubes.
¬ó¬ŅBella? ¬óme pregunt√≥ Charlie.
Le miré con inquietud.
¬ó¬ŅTe dej√≥ sola en el bosque? ¬ótante√≥ Charlie.
Eludí la pregunta.
¬ó¬ŅC√≥mo supisteis d√≥nde encontrarme? ¬ómi mente rehu√≠a asumir el car√°cter inevitable de lo que hab√≠a sucedido, que se me hac√≠a presente con gran rapidez.
¬óGracias a tu nota ¬ócontest√≥ Charlie, sorprendido. Busc√≥ en el bolsillo trasero de los vaqueros y sac√≥ un trozo de papel muy sobado. Estaba sucio y h√ļmedo, con muchas arrugas producidas al haberlo abierto y cerrado varias veces. Lo desdobl√≥ de nuevo y me lo mostr√≥ como prueba. Las letras desordenadas se parec√≠an mucho a las m√≠as.
¬ęVoy a dar un paseo con Edward por el sendero. Volver√© pronto, B.¬Ľ
—Telefoneé a los Cullen al ver que no volvías, pero no contestó nadie —continuó Charlie en voz baja—. Entonces llamé al hospital y el doctor Gerandy me informó de que Carlisle se había trasladado.
¬ó¬ŅAd√≥nde han ido? ¬ómurmur√©.
Charlie me miró fijamente.
¬ó¬ŅNo te lo dijo Edward?
Sacudí la cabeza, y me encogí, asustada. El sonido de su nombre dio rienda suelta a aquello que me mordía por dentro, un dolor que me golpeó hasta dejarme sin aliento; me quedé atónita ante su fuerza.
Me observó dubitativo, mientras contestaba:
¬óA Carlisle le han ofrecido trabajo en un gran hospital de Los √Āngeles. Supongo que le prometieron montones de dinero.
La soleada Los √Āngeles. Justo el √ļltimo lugar al que ellos ir√≠an de verdad. Record√© mi pesadilla del espejo... La brillante luz del sol rompi√©ndose en mil reflejos sobre su piel...
Una auténtica agonía me recorrió al recordar su rostro.
—Quiero saber si Edward te dejó sola en mitad del bosque —insistió Charlie.
La mención de su nombre provocó otra oleada de dolor lacerante que me removió entera. Sacudí la cabeza frenética, desesperada por escapar de ese dolor.
—Fue culpa mía. Me dejó justo aquí, en el sendero, a la vista de la casa, pero yo intenté seguirle.
Charlie comenz√≥ a decir algo, pero me tap√© los o√≠dos como una ni√Īa peque√Īa.
¬óNo puedo hablar m√°s de esto, pap√°. Quiero irme a mi cuarto.
Antes de que él pudiera contestar, salí a trompicones del sofá y me deslicé como pude hasta las escaleras.
Alguien había pasado por la casa de Charlie para dejarle una nota que le permitiera encontrarme. Una terrible sospecha empezó a crecer en mi interior en cuanto a lo que eso significaba. Corrí hacia mi habitación, cerré la puerta de un portazo y eché el cerrojo antes de correr hacia el reproductor de CD cercano a la cama.
Todo estaba exactamente igual que cuando lo dejé. Presioné la parte superior de la tapa del CD. Se accionó el pestillo y se abrió la tapa lentamente.
Estaba vacío.
El √°lbum que Ren√©e me hab√≠a regalado estaba en el suelo al lado de la cama, justo donde lo dej√© por √ļltima vez. Levant√© la cubierta con la mano temblorosa.
No tuve que pasar ninguna p√°gina, porque pod√≠a verlo en la primera. Las peque√Īas esquinas met√°licas ya no sujetaban las fotos en su sitio. La p√°gina estaba vac√≠a salvo el texto que yo hab√≠a garabateado a mano debajo de ella: ¬ęEdward Cullen, cocina de Charlie, 13 de septiembre¬Ľ.
No continué. Estaba segura de que había sido concienzudo.
¬ęSer√° como si nunca hubiese existido¬Ľ, me hab√≠a prometido.
Noté el suave suelo de madera en las rodillas y luego en las palmas de mis manos, y al fin, apretado contra la piel de mi mejilla. Esperaba poder desmayarme pero, para mi desgracia, no perdí la conciencia. Las oleadas de dolor, que apenas me habían rozado hasta ese momento, se alzaron y barrieron mi mente, hundiéndome con su fuerza.
Y no salí a la superficie.