19 - Epilogo

Una ocasión especial

Edward me ayudó a entrar en su coche. Prestó especial atención a las tiras de seda que adornaban mí vestido de gasa, las flores que él me acababa de poner en los rizos, cuidadosamente peinados, y la escayola, de tan difícil manejo. Ignoró la mueca de enfado de mis labios.
Se sentó en el asiento del conductor después de que me hubo instalado y recorrió el largo y estrecho camino de salida.
¬ŅCu√°ndo tienes pensado decirme de qu√© va todo esto? ¬órefunfu√Ī√© quejosa; odio las sorpresas de todo coraz√≥n, y √©l lo sab√≠a.
¬óMe sorprende que a√ļn no lo hayas adivinado ¬óme lanz√≥ una sonrisa burlona, y el aliento se me atasc√≥ en la garganta. ¬ŅEs que nunca me iba a acostumbrar a un ser tan perfecto?
¬óYa te he dicho lo guapo que est√°s, ¬Ņno? ¬óme asegur√©.
—Sí.
Volvió a sonreír. Hasta ese instante, jamás le había visto vestido de negro, y el contraste con la piel pálida convertía su belleza en algo totalmente irreal. No había mucho que pudiera ocultar, me ponía nerviosa incluso el hecho de que llevara un traje de etiqueta...
... Aunque no tanto como mi propio vestido, o los zapatos. En realidad, un solo zapato, porque a√ļn ten√≠a escayolado y protegido el otro pie. Sin duda, el tac√≥n fino, sujeto al pie s√≥lo por unos lazos de sat√©n, no iba a ayudarme mucho cuando intentara cojear por ah√≠.
—No voy a volver más a tu casa si Alice y Esme siguen tratándome como a una Barbie, como a una cobaya cada vez que venga —rezongué.
Estaba segura de que no podía salir nada bueno de nuestras indumentarias formales. A menos que..., pero me asustaba expresar en palabras mis suposiciones, incluso pensarlas.
Me distrajo entonces el timbre de un tel√©fono. Edward sac√≥ el m√≥vil del bolsillo interior de la chaqueta y r√°pidamente mir√≥ el n√ļmero de la llamada entrante antes de contestar.
—Hola, Charlie —contestó con prevención.
¬ŅCharlie? ¬ópregunt√© con p√°nico.
La experiencia vivida hacía ahora ya más de dos meses había tenido sus consecuencias. Una de ellas era que me había vuelto hipersensible en mi relación con la gente que amaba. Había intercambiado los roles naturales de madre e hija con Renée, al menos en lo que se refería a mantener contacto con ella. Si no podía hacerlo a diario a través del correo electrónico y, aunque sabía que era innecesario pues ahora era muy feliz en Jacksonville, no descansaba hasta llamarla y hablar con ella.
Y todos los días, cuando Charlie se iba a trabajar, le decía adiós con más ansiedad de la necesaria.
Sin embargo, la cautela de la voz de Edward era harina de otro costal. Charlie se había puesto algo difícil desde que regresé a Forks. Mi padre había adoptado dos posturas muy definidas respecto a mi mala experiencia. En lo que se refería a Carlisle, sentía un agradecimiento que rayaba en la adoración. Por otro lado, se obstinaba en responsabilizar a Edward como principal culpable porque yo no me hubiera ido de casa de no ser por él. Y Edward estaba lejos de contradecirle. Durante los siguientes días fueran apareciendo reglas antes inexistentes, como toques de queda... y horarios de visita.
Edward se lade√≥ para mirarme al notar la preocupaci√≥n en mi voz. Su rostro estaba tranquilo, lo cual suaviz√≥ mi s√ļbita e irracional ansiedad. A pesar de eso, sus ojos parec√≠an tocados por alguna pena especial. Entendi√≥ el motivo de mi reacci√≥n, y sigui√≥ sinti√©ndose responsable de cuanto me suced√≠a.
Algo que le estaba diciendo Charlie le distrajo de sus taciturnos pensamientos. Sus ojos dilatados por la incredulidad me hicieron estremecer de miedo hasta que una amplia sonrisa le iluminó el rostro.
—¡Me estás tomando el pelo! —rió.
¬ó¬ŅQu√© pasa? ¬óinquir√≠, ahora curiosa.
Me ignoró.
¬ó¬ŅPor qu√© no me dejas que hable con √©l? ¬ósugiri√≥ con evidente placer. Esper√≥ durante unos segundos.
—Hola, Tyler; soy Edward Cullen —saludó muy educado, al menos en apariencia, pero yo ya le conocía lo bastante para detectar el leve rastro de amenaza en su tono.
¬ŅQu√© hac√≠a Tyler en mi casa? Ca√≠ en la cuenta de la terrible verdad poco a poco. Baj√© la vista para contemplar el elegante traje azul oscuro en el que Alice me hab√≠a metido.
¬óLamento que se haya producido alg√ļn tipo de malentendido, pero Bella no est√° disponible esta noche ¬óel tono de su voz cambi√≥, y la amenaza de repente se hizo m√°s evidente mientras segu√≠a hablando¬ó. Para serte totalmente sincero, ella no va a estar disponible ninguna noche para cualquier otra persona que no sea yo. No te ofendas. Y lamento estropearte la velada ¬ódijo, pero lo cierto es que no sonaba como si no lo sintiera en absoluto.
Cerr√≥ el tel√©fono con un golpe mientras se extend√≠a por su rostro una ancha y est√ļpida sonrisa.
Mi rostro y mi cuello enrojecieron de ira. Notaba cómo las lágrimas producidas por la rabia empezaban a llenarme los ojos.
Me miró sorprendido.
¬ŅMe he extralimitado algo al final? No quer√≠a ofenderte.
Pasé eso por alto.
¡Me llevas al baile de fin de curso! —grité furiosa.
Para verg√ľenza m√≠a, era bastante obvio. Estaba segura de que me hubiera dado cuenta de la fecha de los carteles que decoraban los edificios del instituto de haber prestado un poco de atenci√≥n, pero ni en sue√Īos se me pas√≥ por la imaginaci√≥n que Edward pensara hacerme pasar por esto, ¬Ņes que no me conoc√≠a de nada?
No esperaba una reacción tan fuerte, eso estaba claro. Apretó los labios y estrechó los ojos.
—No te pongas difícil, Bella.
Eché un vistazo por la ventanilla. Estábamos ya a mitad de camino del instituto.
¬ŅPor qu√© me haces esto? ¬ópregunt√© horrorizada.
¬óFrancamente, Bella, ¬Ņqu√© otra cosa cre√≠as que √≠bamos a hacer? se√Īal√≥ su traje de etiqueta con un gesto de la mano.
Estaba avergonzada. Primero, por no darme cuenta de lo evidente, y luego por haberme pasado de la raya con las vagas sospechas —expectativas, más bien— que habían ido tomando forma en mi mente a lo largo del día conforme Alice y Esme intentaban transformarme en una reina de la belleza. Mis esperanzas, a medias temidas, parecían ahora estupideces.
Hab√≠a adivinado que se estaba cociendo alg√ļn acontecimiento, pero ¬°el baile de fin de curso! Era lo √ļltimo que se me hubiera ocurrido.
Recordé consternada que, contra mi costumbre, hoy llevaba puesto rimel, por lo que me restregué rápidamente debajo de los ojos para evitar los manchurrones. Sin embargo, tenía los dedos limpios cuando retiré la mano; Alice debía haber usado una máscara resistente al agua al maquillarme, seguramente porque intuía que algo así iba a suceder.
¬óEsto es completamente rid√≠culo. ¬ŅPor qu√© lloras? ¬ópregunt√≥ frustrado.
¬ó¬°Porque estoy loca!
¬óBella...
Dirigió contra mí toda la fuerza de sus ojos dorados, llenos de reproche.
¬ŅQu√©? ¬ómurmur√©, s√ļbitamente distra√≠da.
—Hazlo por mí —insistió.
Sus ojos derritieron toda mi furia. Era imposible luchar con √©l cuando hac√≠a ese tipo de trampas. Me rend√≠ a rega√Īadientes.
—Bien —contesté con un mohín, incapaz de echar fuego por los ojos con la eficacia deseada—. Me lo tomaré con calma. Pero ya verás —advertí—. En mi caso, la mala suerte se está convirtiendo en un hábito. Seguramente me romperé la otra pierna. ¡Mira este zapato! ¡Es una trampa mortal! —levanté la pierna para reforzar la idea.
—Humm —miró atentamente mi pierna más tiempo del necesario—. Recuérdame que le dé las gracias a Alice esta noche.
¬ó¬ŅAlice va a estar all√≠? ¬óeso me consol√≥ un poco.
—Con Jasper, Emmett... y Rosalie —admitió él.
Desapareció la sensación de alivio, ya que mi relación con Rosalie no avanzaba. Me llevaba bastante bien con su marido de quita y pon. Emmett me tenía por una persona divertidísima, pero ella actuaba como si yo no existiera.
Mientras sacudía la cabeza para modificar el curso de mis pensamientos, me acordé de otra cosa.
¬ŅEstaba Charlie al tanto de esto? ¬ópregunt√©, repentinamente recelosa.
—Claro —esbozó una amplia sonrisa; luego empezó a reírse entre dientes—. Aunque Tyler, al parecer, no.
Me rechinaron los dientes. No entendía cómo Tyler se había creado esas falsas expectativas. Excepto en los pocos días soleados, Edward y yo éramos inseparables en el instituto, donde Charlie no podía interferir.
Para entonces ya habíamos llegado al instituto. Un coche destacaba entre todos los demás del aparcamiento, el descapotable rojo de Rosalie. Hoy, las nubes eran finas y algunos rayos de sol se filtraban lejos, al oeste.
Se bajó del coche y lo rodeó para abrirme la puerta. Luego, me tendió la mano.
Me quedé sentada en mi asiento, obstinada, con los brazos cruzados. Sentía una secreta punzada de satisfacción, ya que el aparcamiento estaba atestado de gente vestida de etiqueta: posibles testigos. No podría sacarme a la fuerza del coche como habría hecho de estar solos.
Suspiró.
—Hay que ver, eres valiente como un león cuando alguien quiere matarte, pero cuando se menciona el baile... —sacudió la cabeza.
Tragué saliva. Baile.
¬óBella, no voy a dejar que nada te haga da√Īo, ni siquiera t√ļ misma. Te prometo que voy a estar contigo todo el tiempo.
Lo pensé un poco, y de repente me sentí mucho mejor. Edward lo notó en mi semblante.
—Así que ahora... —dijo con dulzura—. No puede ser tan malo.
Se inclinó y me pasó un brazo por la cintura, me apoyé en su otra mano y dejé que me sacara del coche.
En Phoenix celebran los bailes de fin de curso en el sal√≥n de recepciones de los hoteles; sin embargo, aqu√≠, el baile se hace en el gimnasio, por supuesto. Seguro que deb√≠a de ser la √ļnica sala lo bastante amplia en la ciudad para poder organizar un baile. Cuando entramos, me dio la risa tonta. Hab√≠a por todos lados arcos con globos y las paredes estaban festoneadas con guirnaldas de papel de seda.
—Parece un escenario listo para rodar una película de terror —me reí por lo bajo.
—Bueno —murmuró él mientras nos acercábamos lentamente hacia la mesa de las entradas. Edward soportaba la mayor parte de mi peso, pero aun así yo debía caminar arrastrando los pies y cojeando—, desde luego hay vampiros presentes más que de sobra.
Contempl√© la pista de baile; se hab√≠a abierto un espacio vac√≠o en el centro, donde dos parejas daban vueltas con gracia. Los otros bailarines se hab√≠an apartado hacia los lados de la habitaci√≥n para concederles espacio, ya que nadie se sent√≠a capaz de competir ante tal exhibici√≥n. Nadie pod√≠a igualar la elegancia de Emmett y Jasper, que vest√≠an trajes de etiqueta cl√°sicos. Alice luc√≠a un llamativo vestido de sat√©n negro con cortes geom√©tricos que dejaba al aire grandes tri√°ngulos de n√≠vea piel p√°lida. Y Rosalie era... bueno, era Rosalie. Estaba incre√≠ble. Su ce√Īido vestido de vivido color p√ļrpura mostraba un gran escote que llegaba hasta la cintura y dejaba la espalda totalmente al descubierto, y a la altura de las rodillas se ensanchaba en una amplia cola rizada. Me dieron pena todas las chicas de la habitaci√≥n, incluy√©ndome yo.
¬ŅQuieres que eche el cerrojo a las puertas mientras masacras a todos estos incautos pueblerinos? ¬ósusurr√© como si urdi√©ramos alguna conspiraci√≥n.
Edward me miró.
¬ŅY de parte de qui√©n te pondr√≠as t√ļ?
—Oh, me pondría de parte de los vampiros, por supuesto.
Sonrió con renuencia.
¬óCualquier cosa con tal de no bailar.
¬óLo que sea.
Compró las entradas y nos dirigimos hacia la pista de baile. Me apreté asustada contra su brazo y empecé a arrastrar los pies.
—Tengo toda la noche —me advirtió.
Al final, me llev√≥ hasta el lugar donde su familia bailaba con elegancia, por cierto, en un estilo totalmente inapropiado para esta m√ļsica y esta √©poca. Los mir√© espantada.
—Edward —tenía la garganta tan seca que sólo conseguía hablar en susurros—. De verdad, no puedo bailar.
Sentí que el pánico rebullía en mi interior.
—No te preocupes, tonta —me contestó con un hilo de voz—. Yo sí puedo —colocó mis brazos alrededor de su cuello, me levantó en vilo y deslizó sus pies debajo de los míos.
Y de repente, nosotros también estuvimos dando vueltas en la pista de baile.
¬óMe siento como si tuviera cinco a√Īos ¬óme re√≠ despu√©s de bailar el vals sin esfuerzo alguno durante varios minutos.
—No los aparentas —murmuró Edward al tiempo que me acercaba a él hasta tener la sensación de que mis pies habían despegado del suelo y flotaban a más de medio metro.
Alice atrajo mi atención en una de las vueltas y me sonrió para infundirme valor. Le devolví la sonrisa. Me sorprendió darme cuenta de que realmente estaba disfrutando, aunque fuera sólo un poco.
—De acuerdo, esto no es ni la mitad de malo de lo que pensaba —admití.
Pero Edward miraba hacia las puertas con rostro enojado.
¬ŅQu√© pasa? ¬ópregunt√© en voz alta.
Aunque estaba desorientada después de dar tantas vueltas, seguí la dirección de su mirada hasta ver lo que le perturbaba. Jacob Black, sin traje de etiqueta, pero con una camisa blanca de manga larga y corbata, y el pelo recogido en su sempiterna coleta, cruzaba la pista de baile hacia nosotros.
Después de que pasara la primera sorpresa al reconocerlo, no pude evitar sentirme mal por el pobre Jacob. Parecía realmente incómodo, casi de una forma insoportable. Tenía una expresión de culpabilidad cuando se encontraron nuestras miradas.
Edward gru√Ī√≥ muy bajito.
¡Compórtate! —susurré.
La voz de Edward sonó cáustica.
¬óQuiere hablar contigo.
En ese momento, Jacob lleg√≥ a nuestra posici√≥n. La verg√ľenza y la disculpa se evidenciaron m√°s en su rostro.
—Hola, Bella, esperaba encontrarte aquí —parecía como si realmente hubiera esperado justo lo contrario, aunque su sonrisa era tan cálida como siempre.
¬óHola, Jacob ¬ósonre√≠ a mi vez¬ó. ¬ŅQu√© quieres?
¬ŅPuedo interrumpir? ¬ópregunt√≥ indeciso mientras observaba a Edward por primera vez.
Me sorprendió descubrir que Jacob no necesitaba alzar los ojos para mirar a Edward. Debía de haber crecido más de diez centímetros desde que le vi por vez primera.
El rostro de Edward, de expresión ausente, aparentaba serenidad. En respuesta se limitó a depositarme con cuidado en el suelo y retroceder un paso.
¬óGracias ¬ódijo Jacob amablemente.
Edward se limitó a asentir mientras me miraba atentamente antes de darme la espalda y marcharse.
Jacob me rodeó la cintura con las manos y yo apoyé mis brazos en sus hombros.
¬ó¬°Hala, Jacob! ¬ŅCu√°nto mides ahora?
—Metro ochenta y ocho —contestó pagado de sí mismo.
No bail√°bamos de verdad, ya que mi pierna lo imped√≠a. Nos balanceamos desma√Īadamente de un lado a otro sin mover los pies. Menos mal, porque el reciente estir√≥n le hab√≠a dejado un aspecto desgarbado y de miembros descoordinados, y probablemente era un bailar√≠n tan malo como yo.
¬óBueno, ¬Ņy c√≥mo es que has terminado viniendo por aqu√≠ esta noche? ¬ópregunt√© sin verdadera curiosidad.
Me hacía una idea aproximada si tenía en cuenta cuál había sido la reacción de Edward.
¬ó¬ŅPuedes creerte que mi padre me ha pagado veinte pavos por venir a tu baile de fin de curso? ¬óadmiti√≥ un poco avergonzado.
¬óClaro que s√≠ ¬ómusit√©¬ó. Bueno, espero que al menos lo est√©s pasando bien. ¬ŅHas visto algo que te haya gustado? ¬óbrome√© mientras dirig√≠a una mirada cargada de intenci√≥n a un grupo de chicas alineadas contra la pared como tartas en una pasteler√≠a.
—Sí —admitió—, pero está comprometida.
Miró hacia bajo para encontrarse con mis ojos llenos de curiosidad durante un segundo. Luego, avergonzados, los dos miramos hacia otro lado.
¬óA prop√≥sito, est√°s realmente guapa ¬óa√Īadi√≥ con timidez.
¬óVaya, gracias. ¬ŅY por qu√© te pag√≥ Billy para que vinieras? ¬ópregunt√© r√°pidamente, aunque conoc√≠a la respuesta.
A Jacob no pareció hacerle mucha gracia el cambio de tema. Siguió mirando a otro lado, incómodo otra vez.
¬óDijo que era un lugar ¬ęseguro¬Ľ para hablar contigo. Te prometo que al viejo se le est√° yendo la cabeza.
Me uní a su risa con desgana.
—De todos modos, me prometió conseguirme el cilindro maestro que necesito si te daba un mensaje —confesó con una sonrisa avergonzada.
—En ese caso, dámelo. Me gustaría que lograras terminar tu coche —le devolví la sonrisa.
Al menos, Jacob no creía ni una palabra de las viejas leyendas, lo que facilitaba la situación. Apoyado contra la pared, Edward vigilaba mi rostro, pero mantenía el suyo inexpresivo. Vi cómo una chica de segundo con un traje rosa le miraba con interés y timidez, pero él no pareció percatarse.
¬óNo te enfades, ¬Ņvale? ¬óJacob mir√≥ a otro lado, con aspecto culpable.
—No es posible que me enfade contigo, Jacob —le aseguré—. Ni siquiera voy a enfadarme con Billy. Di lo que tengas que decir.
¬óBueno, es un tanto est√ļpido... Lo siento, Bella, pero quiere que dejes a tu novio. Me dijo que te lo pidiera ¬ępor favor¬Ľ.
Sacudió la cabeza con ademán disgustado.
¬óSigue con sus supersticiones, ¬Ņverdad?
¬óS√≠. Se vio abrumado cuando te hiciste da√Īo en Phoenix. No se crey√≥ que... ¬óJacob no termin√≥ la frase, sin ser consciente de ello.
—Me caí —le atajé mientras entrecerraba los ojos.
—Lo sé —contestó Jacob con rapidez.
—Billy cree que Edward tuvo algo que ver con el hecho de que me hiriera —no era una pregunta, y me enfadé a pesar de mi promesa.
Jacob rehuy√≥ mi mirada. Ni siquiera nos molest√°bamos ya en seguir el comp√°s de la m√ļsica, aunque sus manos segu√≠an en mi cintura y yo ten√≠a las m√≠as en sus hombros.
¬óMira, Jacob, s√© que probablemente Billy no se lo va a creer, pero quiero que al menos t√ļ lo sepas ¬óme mir√≥ ahora, notando la nueva seriedad que destilaba mi voz¬ó. En realidad, Edward me salv√≥ la vida. Hubiera muerto de no ser por √©l y por su padre.
—Lo sé —aseguró.
Parecía que la sinceridad de mis palabras le había convencido en parte y, después de todo, tal vez Jacob consiguiera convencer a su padre, al menos en ese punto.
¬óJake, escucha, lamento que hayas tenido que hacer esto ¬óme disculp√©¬ó. En cualquier caso, ya has cumplido con tu tarea, ¬Ņde acuerdo?
—Sí —musitó. Seguía teniendo un aspecto incómodo y enfadado.
¬ó¬ŅHay m√°s? ¬ópregunt√© con incredulidad.
—Olvídalo —masculló—. Conseguiré un trabajo y ahorraré el dinero por mis propios medios.
Clavé los ojos en él hasta que nuestras miradas se encontraron. —Suéltalo y ya está, Jacob.
¬óEs bastante desagradable.
—No te preocupes. Dímelo —insistí.
¬óVale... Pero, ostras, es que suena tan mal... ¬ómovi√≥ la cabeza¬ó. Me pidi√≥ que te dijera, pero no que te advirtiera... ¬ólevant√≥ una mano de mi cintura y dibuj√≥ en el aire unas comillas¬ó: ¬ęEstaremos vigilando¬Ľ. El plural es suyo, no m√≠o.
Aguardó mi reacción con aspecto circunspecto.
Se parecía tanto a la frase de una película de mafiosos que me eché a reír.
¬óSiento que hayas tenido que hacer esto, Jake.
Me reí con disimulo.
¬óNo me ha importado demasiado ¬ósonri√≥ aliviado mientras evaluaba con la mirada mi vestido¬ó. Entonces, ¬Ņle puedo decir que me has contestado que deje de meterse en tus asuntos de una vez? ¬ópregunt√≥ esperanzado.
—No —suspiré—. Agradéceselo de mi parte. Sé que lo hace por mi bien.
La canción terminó y bajé los brazos.
Sus manos dudaron un momento en mi cintura y luego mir√≥ a mi pierna in√ļtil.
¬ó¬ŅQuieres bailar otra vez, o te llevo a alg√ļn lado?
—No es necesario, Jacob —respondió Edward por mí—. Yo me hago cargo.
Jacob se sobresaltó y miró con los ojos como platos a Edward, que estaba justo a nuestro lado.
—Eh, no te he oído llegar —masculló—. Espero verte por ahí, Bella —dio un paso atrás y saludó con la mano de mala gana.
Sonreí.
¬óClaro, nos vemos luego.
¬óLo siento ¬óa√Īadi√≥ antes de darse la vuelta y encaminarse hacia la puerta.
Los brazos de Edward me tomaron por la cintura en cuanto empezó la siguiente canción. Parecía de un ritmo algo rápido para bailar lento, pero a él no pareció importarle. Descansé la cabeza sobre su pecho, satisfecha.
¬ó¬ŅTe sientes mejor? ¬óle tom√© el pelo.
—No del todo —comentó con parquedad.
—No te enfades con Billy —suspiré—. Se preocupa por mí sólo por el bien de Charlie. No es nada personal.
—No estoy enfadado con Billy —me corrigió con voz cortante—, pero su hijo me irrita.
Eché la cabeza hacia atrás para mirarle. Estaba muy serio.
¬ŅPor qu√©?
¬óEn primer lugar, me ha hecho romper mi promesa.
Le miré confundida, y él esbozó una media sonrisa cuando me explicó:
—Te prometí que esta noche estaría contigo en todo momento.
¬óAh. Bueno, quedas perdonado.
¬óGracias ¬óEdward frunci√≥ el ce√Īo¬ó. Pero hay algo m√°s.
Esperé pacientemente.
¬óTe llam√≥ guapa ¬óprosigui√≥ al fin, acentuando m√°s el ce√Īo fruncido¬ó. Y eso es pr√°cticamente un insulto con el aspecto que tienes hoy. Eres mucho m√°s que hermosa.
Me reí.
¬óTu punto de vista es un poco parcial.
¬óNo lo creo. Adem√°s, tengo una vista excelente.
Continuamos dando vueltas en la pista. Llevaba mis pies con los suyos y me estrechaba cerca de él.
¬ó¬ŅVas a explicarme ya el motivo de todo esto? ¬óle pregunt√©.
Me buscó con la mirada y me contempló confundido. Yo lancé una significativa mirada hacia las guirnaldas de papel.
Se detuvo a considerarlo durante un instante y luego cambi√≥ de direcci√≥n. Me condujo a trav√©s del gent√≠o hacia la puerta trasera del gimnasio. De soslayo, vi bailar a Mike y Jessica, que me miraban con curiosidad. Jessica me salud√≥ con la mano y de inmediato le respond√≠ con una sonrisa. √Āngela tambi√©n se encontraba all√≠, en los brazos del peque√Īo Ben Cheney; parec√≠a dichosa y feliz sin levantar la vista de los ojos de √©l, era una cabeza m√°s bajo que ella.
Lee y Samantha, Lauren, acompa√Īada por Conner, tambi√©n nos miraron. Era capaz de recordar los nombres de todos aquellos que pasaban delante de m√≠ a una velocidad de v√©rtigo. De pronto, nos encontramos fuera del gimnasio, a la suave y fresca luz de un crep√ļsculo mortecino.
Me tom√≥ en brazos en cuanto estuvimos a solas. Atravesamos el umbr√≠o jard√≠n sin detenernos hasta llegar a un banco debajo de los madro√Īos. Se sent√≥ all√≠, acun√°ndome contra su pecho. Visible a trav√©s de las vaporosas nubes, la luna luc√≠a ya en lo alto e iluminaba con su n√≠vea luz el rostro de Edward. Sus facciones eran severas y ten√≠a los ojos turbados.
¬ó¬ŅQu√© te preocupa? ¬óle interrump√≠ con suavidad.
Me ignoró sin apartar los ojos de la luna.
¬óEl crep√ļsculo, otra vez ¬ómurmur√≥¬ó. Otro final. No importa lo perfecto que sea el d√≠a, siempre ha de acabar.
—Algunas cosas no tienen por qué terminar —musité entre dientes, de repente tensa.
Suspiró.
¬óTe he tra√≠do al baile ¬ódijo arrastrando las palabras y contestando finalmente a mi pregunta¬ó, porque no deseo que te pierdas nada, ni que mi presencia te prive de nada si est√° en mi mano. Quiero que seas humana, que tu vida contin√ļe como lo habr√≠a hecho si yo hubiera muerto en 1918, tal y como deber√≠a haber sucedido.
Me estremecí al oír sus palabras y luego sacudí la cabeza con enojo.
¬ó¬ŅY en qu√© extra√Īa dimensi√≥n paralela habr√≠a asistido al baile alguna vez por mi propia voluntad? Si no fueras cien veces m√°s fuerte que yo, nunca habr√≠as conseguido traerme.
Esbozó una amplia sonrisa, pero la alegría de esa sonrisa no llegó a los ojos.
¬óT√ļ misma has reconocido que no ha sido tan malo.
¬óPorque estaba contigo.
Permanecimos inmóviles durante un minuto. Edward contemplaba la luna, y yo a él. Deseaba encontrar la forma de explicarle qué poco interés tenía yo en llevar un vida humana normal.
¬ó¬ŅMe contestar√°s si te pregunto algo? ¬óinquiri√≥, mir√°ndome con una sonrisa suave.
¬ó¬ŅNo lo hago siempre?
—Prométeme que lo harás —insistió, sonriente.
¬óDe acuerdo ¬ósupe que iba a arrepentirme muy pronto.
—Parecías realmente sorprendida cuando te diste cuenta de que te traía aquí —comenzó.
—Lo estaba —le interrumpí.
¬óExacto ¬óadmiti√≥¬ó, pero algo tendr√≠as que suponer. Siento curiosidad... ¬ŅPara qu√© pensaste que nos vest√≠amos de esta forma?
Sí, me arrepentí de inmediato. Fruncí los labios, dubitativa.
—No quiero decírtelo.
—Lo has prometido —objetó.
—Lo sé.
¬ó¬ŅCu√°l es el problema?
Me di cuenta de que √©l cre√≠a que lo que me imped√≠a hablar era simplemente la verg√ľenza.
¬óCreo que te vas a enfadar o entristecer.
Enarcó las cejas mientras lo consideraba.
¬óDe todos modos, quiero saberlo. Por favor.
Suspir√©. √Čl aguardaba mi contestaci√≥n.
¬óBueno, supuse que iba a ser una especie de... ocasi√≥n especial. Ni se me pas√≥ por la cabeza que fuera algo tan humano y com√ļn como... ¬°un baile de fin de curso! ¬óme burl√©.
¬ó¬ŅHumano? ¬ópregunt√≥ cansinamente.
Había captado la palabra clave a la primera. Observé mi vestido mientras jugueteaba nerviosamente con un hilo suelto de gasa. Edward esperó en silencio mi respuesta.
—De acuerdo —confesé atropelladamente—, albergaba la esperanza de que tal vez hubieras cambiado de idea y que, después de todo, me transformaras.
Una decena de sentimientos encontrados recorrieron su rostro. Reconocí algunos, como la ira y el dolor, y, después de que se hubo serenado, la expresión de sus facciones pareció divertida.
¬óPensaste que ser√≠a una ocasi√≥n para vestirse de tiros largos, ¬Ņa que s√≠? ¬óse burl√≥, tocando la solapa de la chaqueta de su traje de etiqueta.
Torc√≠ el gesto para ocultar mi verg√ľenza.
—No sé cómo van esas cosas; al menos, a mí me parecía más racional que un baile de fin de curso —Edward seguía sonriendo—. No es divertido —le aseguré.
—No, tienes razón, no lo es —admitió mientras se desvanecía su sonrisa—. De todos modos, prefiero tomármelo como una broma antes que pensar que lo dices en serio.
¬óLo digo en serio.
Suspiró profundamente.
¬óLo s√©. ¬ŅY eso es lo que deseas de verdad?
La pena había vuelto a sus ojos. Me mordí el labio y asentí.
¬óDe modo que est√°s preparada para que esto sea el final, el crep√ļsculo de tu existencia aunque apenas si has comenzado a vivir ¬ómusit√≥, hablando casi para s√≠ mismo¬ó. Est√°s dispuesta a abandonarlo todo.
¬óNo es el final, sino el comienzo ¬óle contradije casi sin aliento.
¬óNo lo merezco ¬ódijo con tristeza.
¬ó¬ŅRecuerdas cuando me dijiste que no me percib√≠a a m√≠ misma de forma realista? ¬óle pregunt√©, arqueando las cejas¬ó. Obviamente, t√ļ padeces de la misma ceguera.
—Lo sé.
Suspiré.
De repente, su voluble estado de ánimo cambió. Frunció los labios y me estudió con la mirada. Examinó mi rostro durante mucho tiempo.
¬ó¬ŅEst√°s preparada, entonces? ¬óme pregunt√≥.
¬óEsto... ¬ótragu√© saliva¬ó. ¬ŅYa?
Sonrió e inclinó despacio la cabeza hasta rozar mi piel debajo de la mandíbula con sus fríos labios.
¬ó¬ŅAhora, ya? ¬ósusurr√≥ al tiempo que exhalaba su aliento fr√≠o sobre mi cuello. Me estremec√≠ de forma involuntaria.
—Sí —contesté en un susurro para que no se me quebrara la voz.
Edward se iba a llevar un chasco si pensaba que me estaba tirando un farol. Ya hab√≠a tomado mi decisi√≥n, estaba segura. No me importaba que mi cuerpo fuera tan r√≠gido como una tabla, que mis manos se transformaran en pu√Īos y mi respiraci√≥n se volviera irregular... Se ri√≥ de forma enigm√°tica y se irgui√≥ con gesto de verdadera desaprobaci√≥n.
—No te puedes haber creído de verdad que me iba a rendir tan fácilmente —dijo con un punto de amargura en su tono burlón.
¬óUna chica tiene derecho a so√Īar.
Enarcó las cejas.
¬ó¬ŅSue√Īas con convertirte en un monstruo?
¬óNo exactamente ¬órepliqu√©. Frunc√≠ el ce√Īo ante la palabra que hab√≠a escogido. En verdad, era eso, un monstruo¬ó. M√°s bien sue√Īo con poder estar contigo para siempre.
Su expresión se alteró, más suave y triste a causa del sutil dolor que impregnaba mi voz.
¬óBella ¬ósus dedos recorrieron con ligereza el contorno de mis labios¬ó. Yo voy a estar contigo..., ¬Ņno basta con eso?
Edward puso las yemas de los dedos sobre mis labios, que esbozaron una sonrisa.
¬óBasta por ahora.
Torci√≥ el gesto ante mi tenacidad. Esta noche ninguno de los dos parec√≠a darse por vencido. Espir√≥ con tal fuerza que casi pareci√≥ un gru√Īido.
Le acaricié el rostro y le dije:
¬óMira, te quiero m√°s que a nada en el mundo. ¬ŅNo te basta eso?
—Sí, es suficiente —contestó, sonriendo—. Suficiente para siempre.
Y se inclinó para presionar una vez más sus labios fríos contra mi garganta.