13 - Carlisle

Me condujo de vuelta a la habitación que había identificado como el despacho de Carlisle. Se detuvo delante de la
puerta durante unos instantes.

—Adelante —nos invitó la voz de Carlisle.

Edward abrió la puerta de acceso a una sala de techos altos con vigas de madera y de grandes ventanales orientados
hacia el oeste. Las paredes también estaban revestidas con paneles de madera más oscura que la del vestíbulo, allí
donde ésta se podía ver, ya que unas estanterías, que llegaban por encima de mi cabeza, ocupaban la mayor parte de
la superficie. Contenían más libros de los que jamás había visto fuera de una biblioteca.

Carlisle se sentaba en un sillón de cuero detrás del enorme escritorio de caoba. Acababa de poner un marcador entre
las páginas del libro que sostenía en las manos. El despacho era idéntico a como yo imaginaba que sería el de un
decano de la facultad, sólo que Carlisle parecía demasiado joven para encajar en el papel.

¬ó ¬ŅQu√© puedo hacer por vosotros? ¬ónos pregunt√≥ con tono agradable mientras se levantaba del sill√≥n.

¬óQuer√≠a ense√Īar a Bella un poco de nuestra historia ¬ócontest√≥ Edward¬ó. Bueno, en realidad, de tu historia.

—No pretendíamos molestarte —me disculpé.

¬óEn absoluto. ¬ŅPor d√≥nde vais a comenzar?

—Por los cuadros —contestó Edward mientras me ponía con suavidad la mano sobre el hombro y me hacía girar
para mirar hacia la puerta por la que acab√°bamos de entrar.

Cada vez que me tocaba, incluso aunque fuera por casualidad, mi corazón reaccionaba de forma audible. Resultaba
de lo m√°s embarazoso en presencia de Carlisle.

La pared hacia la que nos habíamos vuelto era diferente de las demás, ya que estaba repleta de cuadros enmarcados
de todos los tama√Īos y colores ¬óunos muy vivos y otros de apagados monocromos¬ó en lugar de estanter√≠as.


Busqu√© un motivo oculto com√ļn que diera coherencia a la colecci√≥n, pero no encontr√© nada despu√©s de mi
apresurado examen.

Edward me arrastr√≥ hacia el otro lado, a la izquierda, y me dej√≥ delante de un peque√Īo √≥leo con un sencillo marco
de madera. No figuraba entre los m√°s grandes ni los m√°s destacados. Pintado con diferentes tonos de sepia,
representaba la miniatura de una ciudad de tejados muy inclinados con finas agujas en lo alto de algunas torres
diseminadas. Un r√≠o muy caudaloso ¬ólo cruzaba un puente cubierto por estructuras similares a min√ļsculas
catedrales¬ó dominaba el primer plano.

—Londres hacia 1650 —comentó.

¬óEl Londres de mi juventud ¬óa√Īadi√≥ Carlisle a medio metro detr√°s de nosotros. Me estremec√≠. No le hab√≠a o√≠do
aproximarse. Edward me apretó la mano.

¬ó ¬ŅLe vas a contar la historia? ¬óinquiri√≥ Edward.

Me retorcí un poco para ver la reacción de Carlisle. Sus ojos se encontraron con los míos y me sonrió.

¬óLo har√≠a ¬óreplic√≥¬ó, pero de hecho llego tarde. Han telefoneado del hospital esta ma√Īana. El doctor Snow se ha
tomado un d√≠a de permiso. Adem√°s, te conoces la historia tan bien como yo ¬óa√Īadi√≥, dirigiendo a Edward una gran
sonrisa.

Resultaba dif√≠cil asimilar una combinaci√≥n tan extra√Īa: las preocupaciones del d√≠a a d√≠a de un m√©dico de pueblo en
mitad de una conversación sobre sus primeros días en el Londres del siglo XVII.

También desconcertaba saber que hablaba en voz alta sólo en deferencia hacia mí.

Carlisle abandon√≥ la estancia despu√©s de destinarme otra c√°lida sonrisa. Me qued√© mirando el peque√Īo cuadro de la
ciudad natal de Carlisle durante un buen rato. Finalmente, volví los ojos hacia Edward, que estaba observándome, y
le pregunté:

¬ó ¬ŅQu√© sucedi√≥ luego? ¬ŅQu√© ocurri√≥ cuando comprendi√≥ lo que le hab√≠a pasado?

Volvió a estudiar las pinturas y miré para saber qué imagen atraía su interés ahora. Se trataba de un paisaje de mayor
tama√Īo y colores apagados, una pradera despejada a la sombra de un bosque con un pico escarpado a lo lejos.

—Cuando supo que se había convertido —prosiguió en voz baja—, se rebeló contra su condición, intentó destruirse,
pero eso no es f√°cil de conseguir.

¬ó ¬ŅC√≥mo?

No quería decirlo en voz alta, pero las palabras se abrieron paso a través de mi estupor.

—Se arrojó desde grandes alturas —me explicó Edward con voz impasible—, e intentó ahogarse en el océano, pero
en esa nueva vida era joven y muy fuerte. Resulta sorprendente que fuera capaz de resistir el deseo... de
alimentarse... cuando era a√ļn tan inexperto. El instinto es m√°s fuerte en ese momento y lo arrastra todo, pero sent√≠a
tal repulsión hacia lo que era que tuvo la fuerza para intentar matarse de hambre.

¬ó ¬ŅEs eso posible? ¬óinquir√≠ con voz d√©bil.

¬óNo, hay muy pocas formas de matarnos.

Abrí la boca para formular otra pregunta, pero Edward comenzó a hablar antes de que lo pudiera hacer.

—De modo que su hambre crecía y al final se debilitó. Se alejó cuanto pudo de toda población humana al detectar
que su fuerza de voluntad también se estaba debilitando. Durante meses, estuvo vagabundeando de noche en busca
de los lugares más solitarios, maldiciéndose.

¬ĽUna noche, una manada de ciervos cruz√≥ junto a su escondrijo. La sed le hab√≠a vuelto tan salvaje que los atac√≥ sin
pensarlo. Recuper√≥ las fuerzas y comprendi√≥ que hab√≠a una alternativa a ser el vil monstruo que tem√≠a ser. ¬ŅAcaso
no había comido venado en su anterior vida? Podía vivir sin ser un demonio y de nuevo se halló a sí mismo.

¬ęComenz√≥ a aprovechar mejor su tiempo. Siempre hab√≠a sido inteligente y √°vido de aprender. Ahora ten√≠a un tiempo
ilimitado por delante. Estudiaba de noche y trazaba planes durante el día. Se marchó a Francia a nado y...

¬ó ¬ŅNad√≥ hasta Francia?

—Bella, la gente siempre ha cruzado a nado el Canal —me recordó con paciencia.

¬óSupongo que es cierto. S√≥lo que parec√≠a divertido en ese contexto. Contin√ļa.

¬óNadar es f√°cil para nosotros...

—Todo es fácil para ti —me quejé.

Me aguardó con expresión divertida.

—No volveré a interrumpirte otra vez, lo prometo.

Rió entre dientes con aire misterioso y terminó la frase:

—Es fácil porque, técnicamente, no necesitamos respirar.

¬óT√ļ...

¬óNo, no, lo has prometido ¬óse ri√≥ y me puso con suavidad el helado dedo en los labios¬ó. ¬ŅQuieres o√≠r la historia
o no?

—No me puedes soltar algo así y esperar que no diga nada —mascullé contra su dedo.

Levantó la mano hasta ponerla sobre mi cuello. Mi corazón se desbocó, pero perseveré.

¬ó ¬ŅNo necesitas respirar? ¬óexig√≠ saber.


—No, no es una necesidad —se encogió de hombros—. Sólo un hábito.

¬ó ¬ŅCu√°nto puedes aguantar sin respirar?

—Supongo que indefinidamente, no lo sé. La privación del sentido del olfato resulta un poco incómoda.

—Un poco incómoda —repetí.

No prestaba atención a mis expresiones, pero hubo algo en ellas que le ensombreció el ánimo. La mano le colgó a un
costado y se quedó inmóvil, mirándome con gran intensidad. El silencio se prolongó y sus facciones siguieron tan
inmóviles como una piedra.

¬ó ¬ŅQu√© ocurre? ¬ósusurr√© mientras le acariciaba el rostro helado.

Sus facciones se suavizaron ante mi roce y suspiró.

¬óSigo a la espera de que pase.

¬ó ¬ŅA que pase el qu√©?

¬óS√© que en alg√ļn momento, habr√° algo que te diga o que te haga ver que va a ser demasiado. Y entonces te alejar√°s
de mí entre alaridos —esbozó una media sonrisa, pero sus ojos eran serios—. No voy a detenerte. Quiero que
suceda, porque quiero que estés a salvo. Y aun así, quiero estar a tu lado. Ambos deseos son imposibles de
conciliar...

Dejó la frase en el aire mientras contemplaba mi rostro, a la espera.

¬óNo voy a irme a ning√ļn lado ¬óle promet√≠.

—Ya lo veremos —contestó, sonriendo de nuevo.

Le frunc√≠ el ce√Īo.

—Bueno, continuemos... Carlisle se marchó a Francia a nado.

Hizo una pausa mientras intentaba recuperar el hilo de la historia. Con gesto pensativo, fijó la mirada en otra
pintura, la de mayor colorido y de marco más lujoso, y también la más grande. Personajes llenos de vida, envueltos
en t√ļnicas onduladas y enroscadas en torno a grandes columnas en el exterior de balconadas marm√≥reas, llenaban el
lienzo. No sabía si representaban figuras de la mitología helena o si los personajes que flotaban en las nubes de la
parte superior ten√≠an alg√ļn significado b√≠blico.

¬óCarlisle nad√≥ hacia Francia y continu√≥ por Europa y sus universidades. De noche estudi√≥ m√ļsica, ciencias,
medicina y encontró su vocación y su penitencia en salvar vidas —su expresión se tornó sobrecogida, casi
reverente—. No sé describir su lucha de forma adecuada. Carlisle necesitó dos siglos de atormentadores esfuerzos
para perfeccionar su autocontrol. Ahora es pr√°cticamente inmune al olor de la sangre humana y es capaz de hacer el
trabajo que adora sin sufrimiento. Obtiene una gran paz de espíritu allí, en el hospital...

Edward se quedó con la mirada ausente durante bastante tiempo. De repente, pareció recordar su intención. Dio
unos golpecitos en la enorme pintura que teníamos delante con el dedo.

—Estudió en Italia cuando descubrió que allí había otros. Eran mucho más civilizados y cultos que los espectros de
las alcantarillas londinenses.

Rozó a un cuarteto relativamente sereno de figuras pintadas en lo alto de un balcón que miraban con calma el caos
reinante a sus pies. Estudié al grupo con cuidado y, con una risa de sorpresa, reconocí al hombre de cabellos
dorados.

—Los amigos de Carlisle fueron una gran fuente de inspiración para Francesco Solimena. A menudo los
representaba como dioses ¬óri√≥ entre dientes¬ó. Aro, Marco, Cayo ¬ódijo conforme iba se√Īalando a los otros tres,
dos de cabellos negros y uno de cabellos canos¬ó¬ó, los patrones nocturnos de las artes.

¬ó ¬ŅQu√© fue de ellos? ¬ópregunt√© en voz alta, con la yema de los dedos inm√≥vil en el aire a un cent√≠metro de las
figuras de la tela.

—Siguen ahí, como llevan haciendo desde hace quién sabe cuántos milenios —se encogió de hombros—. Carlisle
sólo estuvo entre ellos por un breve lapso de tiempo, apenas unas décadas. Admiraba profundamente su amabilidad
y su refinamiento, pero persistieron en su intento de curarle de aquella aversi√≥n a su ¬ęfuente natural de
alimentaci√≥n¬Ľ. Ellos intentaron persuadirle y √©l a ellos, en vano. Llegados a ese punto, Carlisle decidi√≥ probar suerte
en el Nuevo Mundo. So√Īaba con hallar a otros como √©l. Ya sabes, estaba muy solo.

¬ęTranscurri√≥ mucho tiempo sin que encontrara a nadie, pero pod√≠a interactuar entre los confiados humanos como si
fuera uno de ellos porque los monstruos se habían convertido en tema para los cuentos de hadas. Comenzó a
practicar la medicina. Pero rehu√≠a el ansiado compa√Īerismo al no poderse arriesgar a un exceso de confianza.

¬ęTrabajaba por las noches en un hospital de Chicago cuando golpe√≥ la pandemia de gripe. Le hab√≠a estado dando
vueltas durante varios a√Īos y casi hab√≠a decidido actuar. Ya que no encontraba un compa√Īero, lo crear√≠a; pero
dudaba si hacerlo o no, ya que él mismo no estaba totalmente seguro de cómo se había convertido. Además, se
había jurado no arrebatar la vida de nadie de la misma manera que se la habían robado a él. Estaba en ese estado de
ánimo cuando me encontró. No había esperanza para mí. Me habían dejado en la sala de los moribundos. Había
asistido a mis padres, por lo que sabía que estaba solo en el mundo, .y decidió intentarlo....

Ahora, cuando dejó la frase inacabada, su voz era apenas un susurro. Me pregunté qué imágenes ocuparían su mente
en ese instante, ¬Ņlos recuerdos de Carlisle o los suyos? Esper√© sin hacer ruido.


Una angelical sonrisa iluminaba su rostro cuando se volvió hacia mí.

—Y así es como se cerró el círculo —concluyó.

¬óEntonces, ¬Ņsiempre has estado con Carlisle?

¬óCasi siempre.

Me puso la mano en la cintura con suavidad y me arrastró con él mientras cruzaba la puerta. Me volví a mirar los
cuadros de la pared, preguntándome si alguna vez llegaría a oír el resto de las historias.

Edward no dijo nada mientras caminábamos hacia el vestíbulo, de modo que pregunté:

¬ó ¬ŅCasi?

Suspiró. Parecía renuente a responder.

¬óBueno, tuve el t√≠pico brote de rebeld√≠a adolescente unos diez a√Īos despu√©s de... nacer... o convertirme, como
prefieras llamarlo. No me resignaba a llevar su vida de abstinencia y estaba resentido con él por refrenar mi sed, por
lo que me marché a seguir mi camino durante un tiempo.

¬ó ¬ŅDe verdad?

Estaba mucho más intrigada que asustada, que es como debería estar.

Y él lo sabía. Vagamente me di cuenta de que nos dirigíamos al siguiente tramo de escaleras, pero no estaba
prestando demasiada atención a cuanto me rodeaba.

¬ó ¬ŅNo te causa repulsa?

¬óNo.

¬ó ¬ŅPor qu√© no?

¬óSupongo que... suena razonable.

Soltó una carcajada más fuerte que las anteriores. Ahora nos encontrábamos en lo más alto de las escaleras, en otro
vestíbulo de paredes revestidas con paneles de madera.

—Gocé de la ventaja de saber qué pensaban todos cuantos me rodeaban, fueran humanos o no, desde el momento de
mi renacimiento ¬ósusurr√≥¬ó. √Čsa fue la raz√≥n por la que tard√© diez a√Īos en desafiar a Carlisle... Pod√≠a leer su
absoluta sinceridad y comprender la razón de su forma de vida.

Apenas tard√© unos pocos a√Īos en volver a su lado y comprometerme de nuevo con su visi√≥n. Cre√≠ poderme librar de
los remordimientos de conciencia, ya que podía dejar a los inocentes y perseguir sólo a los malvados al conocer los
pensamientos de mis presas. Si seguía a un asesino hasta un callejón oscuro donde acosaba a una chica, si la
salvaba, en ese caso no sería tan terrible.

Me estremecí al imaginar con claridad lo que describía: el callejón de noche, la chica atemorizada, el hombre
siniestro detr√°s de ella y Edward de caza, terrible y glorioso como un joven dios, imparable. ¬ŅLe estar√≠a agradecida
la chica o se asustaría más que antes?

—Pero con el paso del tiempo comencé a verme como un monstruo. No podía rehuir la deuda de haber tomado
demasiadas vidas, sin importar cuánto se lo merecieran, y regresé con Carlisle y Esme. Me acogieron como al hijo
pródigo. Era más de lo que merecía.

Nos hab√≠amos detenido frente a la √ļltima puerta del vest√≠bulo.

—Mi habitación —me informó al tiempo que abría la puerta y me hacía pasar.

Su habitaci√≥n ten√≠a vistas al sur y una ventana del tama√Īo de la pared, igual que en el gran recibidor del primer piso.
Toda la parte posterior de la casa debía de ser de vidrio. La vista daba al meandro que describía el río Sol Duc antes
de cruzar el bosque intacto que llegaba hasta la cordillera de Olympic Mountain. La pared de la cara oeste estaba
totalmente cubierta por una sucesión de estantes repletos de CD. El cuarto de Edward estaba mejor surtido que una
tienda de m√ļsica. En el rinc√≥n hab√≠a un sofisticado aparato de m√ļsica, de un tipo que no me atrev√≠a a tocar por
miedo a romperlo. No había ninguna cama, sólo un espacioso y acogedor sofá de cuero negro. Una gruesa alfombra
de tonos dorados cubría el suelo y las paredes estaban tapizadas de tela de un tono ligeramente más oscuro.

¬ó ¬ŅPara conseguir una buena ac√ļstica? ¬óaventur√©.

Edward rió entre dientes y asintió con la cabeza.

Tom√≥ un mando a distancia y encendi√≥ el equipo, la suave m√ļsica de jazz, pese a estar a un volumen bajo, sonaba
como si el grupo estuviera con nosotros en la habitaci√≥n. Me fui a mirar su alucinante colecci√≥n de m√ļsica.

¬ó ¬ŅC√≥mo los clasificas? ¬ópregunt√© al sentirme incapaz de encontrar un criterio para el orden de los t√≠tulos.

No me estaba prestando atención.

¬óEsto... Por a√Īo, y luego por preferencia personal dentro de ese a√Īo ¬ócontest√≥ con aire distra√≠do.

Al darme la vuelta, le vi mirarme con un brillo muy peculiar en los ojos.

¬ó ¬ŅQu√© ocurre?

—Contaba con sentirme aliviado después de habértelo explicado todo, de no tener secretos para ti, pero no esperaba
sentir más que eso. Me gusta —se encogió de hombros al tiempo que sonreía imperceptiblemente—. Me hace feliz.

¬óMe alegro.

Le devolví la sonrisa. Me preocuparía que se arrepintiera de haberme contado todo aquello. Era bueno saber que no
era el caso.


Pero entonces, mientras sus ojos estudiaban mi expresión, su sonrisa se apagó y su frente se pobló de arrugas.

¬óA√ļn sigues esperando que salga huyendo ¬ósupuse¬ó, gritando espantada, ¬Ņverdad?

Una ligera sonrisa curvó sus labios y asintió.

—Lamento estropearte la ilusión, pero no inspiras tanto miedo, de veras —con toda naturalidad, le mentí—: De
hecho, no me asustas nada en absoluto.

Se detuvo y arqueó las cejas con manifiesta incredulidad. Una sonrisa ancha y traviesa recorrió su rostro.

—No deberías haber dicho eso, de veras.

Edward emiti√≥ un sordo gru√Īido gutural y los labios mostraron unos dientes perfectos al curvarse hacia atr√°s. De
repente, su cuerpo cambió, se había agachado, tenso como un león a punto de acometer.

Sin dejar de mirarlo, me aparté de él.

—No deberías haberlo dicho.

No le vi saltar hacia mí, fue demasiado rápido. De repente me encontré en el aire y luego caímos sobre el sofá, que
golpeó contra la pared por el impacto. Sus brazos formaron una protectora jaula durante todo el tiempo, por lo que
apenas sentí el zarandeo, pero seguía respirando agitadamente cuando intenté ponerme en pie.

¬ó ¬ŅQu√© era lo que dec√≠as? ¬ópregunt√≥ juguet√≥n.

—Que eres un monstruo realmente aterrador —repliqué. El jadeo de mi voz estropeó algo el sarcasmo de mi
respuesta.

—Mucho mejor —aprobó.

¬óEsto... ¬óforceje√©¬ó¬ó. ¬ŅMe puedes bajar ya?

Se limitó a reírse.

¬ó ¬ŅSe puede? ¬ópregunt√≥ una voz que parec√≠a proceder del vest√≠bulo.

Me debatí para liberarme, pero Edward se limitó a dejar que pudiera sentarme de forma más convencional sobre su
regazo. Entonces vi en el vestíbulo a Alice y a Jasper detrás de ella. Me puse colorada, pero Edward parecía a gusto.

¬óAdelante ¬ócontest√≥ Edward, que a√ļn segu√≠a ri√©ndose discretamente.

Alice no pareció hallar nada inusual en nuestro abrazo. Caminó —casi bailó, tal era la gracia de sus movimientos—
hacia el centro del cuarto y se dobló de forma sinuosa para sentarse sobre el suelo. Jasper, sin embargo, se detuvo en
el umbral un poco sorprendido. Clavó los ojos en el rostro de Edward y me pregunté si estaba tanteando el clima
reinante con su inusual sensibilidad.

—Parecía que te ibas a almorzar a Bella —anunció Alice—, y veníamos a ver si la podíamos compartir.

Me puse rígida durante un instante, hasta que me percaté de la gran sonrisa de Edward. No sabría decir si se debía al
comentario de Alice o a mi reacción.

—Lo siento. No creo que haya bastante para compartir —replicó sin dejar de rodearme con los brazos.

—De hecho —dijo Jasper, sonriendo a su pesar cuando entró en la habitación—, Alice anuncia una gran tormenta
para esta noche y Emmett quiere jugar a la pelota. ¬ŅTe apuntas?

Las palabras eran bastante comunes, pero me desconcertaba el contexto; aunque Alice era m√°s fiable que el hombre
del tiempo.

Los ojos de Edward se iluminaron, pero aun así vaciló.

¬óTraer√≠as a Bella, por supuesto ¬óa√Īadi√≥ Alice jovialmente. Hab√≠a cre√≠do atisbar la r√°pida mirada que Jasper le
lanzaba.

¬ó ¬ŅQuieres ir? ¬óme pregunt√≥ Edward, animado y con expresi√≥n de entusiasmo.

¬óClaro ¬óno pod√≠a decepcionar a un rostro como √©se¬ó. Eh, ¬Ņadonde vamos?

—Hemos de esperar a que truene para jugar, ya verás la razón —me prometió.

¬ó ¬ŅNecesitar√© un paraguas?

Las tres rompieron a reír estrepitosamente.

¬ó ¬ŅLo va a necesitar? ¬ópregunt√≥ Jasper a Alice.

—No; —estaba segura—. La tormenta va a descargar sobre el pueblo. El claro del bosque debería de estar bastante
seco.

¬óEn ese caso, perfecto.

El entusiasmo de la voz de Jasper fue contagioso, por descontado. Yo misma me descubrí más curiosa que aterrada.

¬óVamos a ver si Carlisle quiere venir.

Alice se levantó y cruzó la puerta de un modo que hubiera roto de envidia el corazón de una bailarina.

—Como si no lo supieras —la pinchó Jasper.

Ambos siguieron su camino con rapidez, pero Jasper se las arregló para dejar la puerta discretamente cerrada al salir.

¬ó ¬ŅA qu√© vamos a jugar? ¬óquise saber.

¬óT√ļ vas a mirar ¬óaclar√≥ Edward¬ó. Nosotros jugaremos al b√©isbol.

Levanté los ojos hacia el cielo

¬ó ¬ŅA los vampiros les gusta el b√©isbol?

—Es el pasatiempo americano —me replicó con burlona solemnidad.




EL PARTIDO



Apenas había comenzado a lloviznar cuando Edward dobló la esquina para entrar en mi calle. Hasta ese momento,
no hab√≠a albergado duda alguna de que me acompa√Īar√≠a las pocas horas de interludio hasta el partido que iba a
pasar en el mundo real.

Entonces vi el coche negro, un Ford desvencijado, aparcado en el camino de entrada a la casa de Charlie, y oí a
Edward mascullar algo ininteligible con voz sorda y √°spera.

Jacob Black estaba de pie detr√°s de la silla de ruedas de su padre, al abrigo de la lluvia, debajo del estrecho saliente
del porche. El rostro de Billy se mostraba tan impasible como la piedra mientras Edward aparcaba el monovolumen
en el bordillo. Jacob clavaba la mirada en el suelo, con expresión mortificada.

¬óEsto... ¬óla voz baja de Edward sonaba furiosa¬ó. Esto es pasarse de la raya.

¬ó ¬ŅHan venido a avisar a Charlie? ¬óaventur√©, m√°s horrorizada que enfadada.

Edward asintió con sequedad, respondiendo con los ojos entrecerrados a la mirada de Billy a través de la lluvia.

Se me aflojaron las piernas de alivio al saber que Charlie no hab√≠a llegado a√ļn.

—Déjame arreglarlo a mí —sugerí, ansiosa al ver la oscura mirada llena de odio de Edward.

Para mi sorpresa, estuvo de acuerdo.

¬óQuiz√°s sea lo mejor, pero, de todos modos, ten cuidado. El chico no sabe nada.

Me molest√≥ un poco la palabra ¬ęchico¬Ľ.

—Jacob no es mucho más joven que yo —le recordé.

Entonces, me miró, y su ira desapareció repentinamente.

—Sí, ya lo sé ——me aseguró con una amplia sonrisa.

Suspiré y puse la mano en la manija de la puerta.

—Haz que entren a la casa para que me pueda ir —ordenó—. Volveré hacia el atardecer.

¬ó ¬ŅQuieres llevarte el coche? ¬ópregunt√© mientras me cuestionaba c√≥mo le iba a explicar su falta a Charlie.

Edward puso los ojos en blanco.

¬óPuedo llegar a casa mucho m√°s r√°pido de lo que puede llevarme este coche.

—No tienes por qué irte —dije con pena.

Sonrió al ver mi expresión abatida.

—He de hacerlo —lanzó a los Black una mirada sombría—. Una vez que te libres de ellos, debes preparar a Charlie
para presentarle a tu nuevo novio.

Esbozó una de sus amplias sonrisas que dejó entrever todos los dientes.

¬óMuchas gracias ¬órefunfu√Ī√©.

Sonrió otra vez, pero con esa sonrisa traviesa que yo amaba tanto.

—Volveré pronto —me prometió.

Sus ojos volaron de nuevo al porche y entonces se inclinó para besarme rápidamente justo debajo del borde de la
mandíbula. El corazón se me desbocó alocado y yo también eché una mirada al porche. El rostro de Billy ya no
estaba tan impasible, y sus manos se aferraban a los brazos de la silla.

—Pronto —remarqué, al abrir la puerta y saltar hacia la lluvia.

Podía sentir sus ojos en mi espalda conforme me apresuraba hacia la tenue luz del porche.

—Hola, Billy. Hola, Jacob —los saludé con todo el entusiasmo del que fui capaz—. Charlie se ha marchado para
todo el día, espero que no llevéis esperándole mucho tiempo.

—No mucho —contestó Billy con tono apagado; sus ojos negros me traspasaron—. Solo queríamos traerle esto —
se√Īal√≥ la bolsa de papel marr√≥n que llevaba en el regazo.

¬óGracias ¬óle dije, aunque no ten√≠a idea de qu√© pod√≠a ser¬ó. ¬ŅPor qu√© no entr√°is un momento y os sec√°is?

Intent√© mostrarme indiferente al intenso escrutinio de Billy mientras abr√≠a la puerta y les hac√≠a se√Īas para que me
siguieran.

¬óVenga, d√°melo ¬óle ofrec√≠ mientras me giraba para cerrar la puerta y echar una √ļltima mirada a Edward, que
seguía a la espera, completamente inmóvil y con aspecto solemne.

—Deberías ponerlo en el frigorífico —comentó Billy mientras me tendía la bolsa—. Es pescado frito casero de
Harry Clearwater, el favorito de Charlie. En el frigorífico estará más seco.

Billy se encogió de hombros.

Gracias —repetí, aunque ahora lo agradecía de corazón—. Ando en busca de nuevas recetas para el pescado y
seguro que traer√° m√°s esta noche a casa.

¬ó ¬ŅSe ha ido de pesca otra vez? ¬óPregunt√≥ Billy con un sutil destello en la mirada¬ó. ¬ŅAll√≠ abajo, donde siempre?
Quiz√° me acerque a saludarlo.

—No —mentí rápidamente, endureciendo la expresión—. Se ha ido a un sitio nuevo..., y no tengo ni idea de dónde
est√°.


Se percató del cambio operado en mi expresión y se quedó pensativo.

¬óJake ¬ódijo sin dejar de observarme¬ó. ¬ŅPor qu√© no vas al coche y traes el nuevo cuadro de Rebecca? Se lo dejar√©
a Charlie también.

¬ó ¬ŅD√≥nde est√°? ¬ópregunt√≥ Jacob, con voz malhumorada.

Le miré, pero tenía la vista fija en el suelo, con gesto contrariado.

¬óCreo haberlo visto en el maletero, a lo mejor tienes que rebuscar un poco.

Jacob se encaminó hacia la lluvia arrastrando los pies.

Billy y yo nos encaramos en silencio. Después de unos segundos, el silencio se hizo embarazoso, por lo que me
dirigí hacia la cocina. Oí el chirrido de las ruedas mojadas de su silla mientras me seguía.

Empujé la bolsa dentro del estante más alto del frigorífico, ya atestado, y me di la vuelta para hacerle frente. Su
rostro de rasgos marcados era inescrutable.

—Charlie no va a volver hasta dentro de un buen rato —espeté con tono casi grosero.

Billy asintió con la cabeza, pero no dijo nada.

—Gracias otra vez por el pescado frito —repetí.

Continuó asintiendo, yo suspiré y crucé los brazos sobre el pecho. Pareció darse cuenta de que yo había dado por
finalizada nuestra peque√Īa charla.

—Bella —comenzó, y luego dudó.

Esperé.

—Bella —volvió a decir—, Charlie es uno de mis mejores amigos.

—Sí.

¬óMe he dado cuenta de que est√°s con uno de los Cullen.

Pronunció cada palabra cuidadosamente, con su voz resonante.

—Sí —repetí de manera cortante.

Sus ojos se achicaron.

—Quizás no sea asunto mío, pero no creo que sea una buena idea.

—Llevas razón, no es asunto tuyo.

Arqueó las cejas, que ya empezaban a encanecer.

—Tal vez lo ignores, pero la familia Cullen goza de mala reputación en la reserva.

—La verdad es que estaba al tanto —le expliqué con voz seca; aquello le sorprendió—. Sin embargo, esa reputación
podr√≠a ser inmerecida, ¬Ņno? Que yo sepa, los Cullen nunca han puesto el pie en la reserva, ¬Ņo s√≠?

Me percaté de que se detenía en seco ante la escasa sutileza de mi alusión al acuerdo que vinculaba y protegía a su
tribu.

—Es cierto ——admitió, mirándome con prevención—. Pareces, bien informada sobre los Cullen, más de lo que
esperaba.

¬óQuiz√°s incluso m√°s que t√ļ ¬ó¬ódije, mir√°ndole desde mi altura.

Frunció los gruesos labios mientras lo encajaba.

¬óPodr√≠a ser ¬óconcedi√≥, aunque un brillo de astucia iluminaba sus ojos¬ó. ¬ŅEst√° Charlie tan bien informado?

Había encontrado el punto débil de mi defensa.

—A Charlie le gustan mucho los Cullen —me salí por la tangente, y él percibió con claridad mi movimiento
evasivo. No parecía muy satisfecho, pero tampoco sorprendido.

—O sea, que no es asunto mío, pero quizás sí de Charlie.

¬óSi creo que incumbe o no a mi padre, tambi√©n es s√≥lo asunto m√≠o. ¬ŅDe acuerdo?

Me pregunté si habría captado la idea a pesar de mis esfuerzos por embarullarlo todo y no decir nada
comprometedor. Parec√≠a que s√≠. La lluvia repiqueteaba sobre el tejado, era el √ļnico sonido que romp√≠a el silencio
mientras Billy reflexionaba sobre el tema.

—Sí —se rindió finalmente—. Imagino que es asunto tuyo.

—Gracias, Billy —suspiré aliviada.

—Piensa bien lo que haces, Bella —me urgió.

—Vale —respondí con rapidez.

Volvi√≥ a fruncir el ce√Īo.

—Lo que quería decir es que dejaras de hacer lo que haces.

Le miré a los ojos, llenos de sincera preocupación por mí, y no se me ocurrió ninguna contestación. En ese preciso
momento, la puerta se abrió de un fuerte golpe y me sobresalté con el ruido.

A Jacob le precedió su voz quejumbrosa:

—No había ninguna pintura en el coche.

Apareció por la esquina de la cocina con los hombros mojados por la lluvia y el cabello chorreante.

¬óHumm ¬ógru√Ī√≥ Billy, separ√°ndose de m√≠ s√ļbitamente y girando la silla para encarar a su hijo¬ó. Supongo que me
lo dejé en casa.


¬óEstupendo.

Jacob levantó los ojos al cielo de forma teatral.

¬óBueno, Bella, dile a Charlie... ¬óBilly se detuvo antes de continuar¬ó, que hemos pasado por aqu√≠, ¬Ņs√≠?

—Lo haré —murmuré.

Jacob estaba sorprendido.

¬ó ¬ŅPero nos vamos ya?

—Charlie va a llegar tarde —explicó Billy al tiempo que hacía rodar las ruedas de la silla y sobrepasaba a Jacob.

—Vaya —Jacob parecía molesto—. Bueno, entonces supongo que ya te veré otro día, Bella.

—Claro —afirmé.

—Ten cuidado —me advirtió Billy; no le contesté.

Jacob ayudó a su padre a salir por la puerta. Les despedí con un ligero movimiento del brazo mientras contemplaba
mi coche, ahora vacío, con atención. Cerré la puerta antes de que desaparecieran de mi vista.

Permanecí de pie en la entrada durante un minuto, escuchando el sonido del coche mientras daba marcha atrás y se
alejaba. Me quedé allí, a la espera de que se me pasaran la irritación y la angustia. Cuando al fin conseguí relajarme
un poco, subí las escaleras para cambiarme la elegante ropa que me había puesto para salir.

Me probé un par de tops, no muy segura de qué debía esperar de esta noche. Estaba tan concentrada en lo que
ocurriría que lo que acababa de suceder perdió todo interés para mí. Ahora que me encontraba lejos de la influencia
de Jasper y Edward intenté convencerme de que lo que había pasado no me debía asustar. Deseché rápidamente la
idea de ponerme otro conjunto y elegí una vieja camisa de franela y unos vaqueros, ya que, de todos modos, llevaría
puesto el impermeable toda la noche.

Sonó el teléfono y eché a correr escaleras abajo para responder. Sólo había una voz que quería oír; cualquier otra me
molestaría. Pero imaginé que si él hubiera querido hablar conmigo, probablemente sólo habría tenido que
materializarse en mi habitación.

¬ó ¬ŅDiga? ¬ópregunt√© sin aliento.

¬ó ¬ŅBella? Soy yo ¬ódijo Jessica.

—Ah, hola, Jess —luché durante unos momentos para descender de nuevo a la realidad. Me parecía que habían
pasado meses en vez de d√≠as desde la √ļltima vez que habl√© con ella¬ó. ¬ŅQu√© tal te fue en el baile?

— ¡Me lo pasé genial! —parloteó Jessica, que, sin necesidad de más invitación, se embarcó en una descripción
pormenorizada de la noche pasada. Murmur√© unos cuantos ¬ęhumm¬Ľ y ¬ęah¬Ľ en los momentos adecuados, pero me
costaba concentrarme. Jessica, Mike, el baile y el instituto se me antojaban extra√Īamente irrelevantes en esos
momentos. Mis ojos volvían una y otra vez hacia la ventana, intentando juzgar el grado de luz real a través de las
nubes espesas.

¬ó ¬ŅHas o√≠do lo que te he dicho, Bella? ¬óme pregunt√≥ Jess, irritada.

¬óLo siento, ¬Ņqu√©?

¬ó ¬°Te he dicho que Mike me bes√≥! ¬ŅTe lo puedes creer?

¬óEso es estupendo, Jessica.

¬ó ¬ŅY qu√© hiciste t√ļ ayer? ¬óme desafi√≥ Jessica, todav√≠a molesta por mi falta de atenci√≥n. O quiz√°s estaba enfadada
porque no le había preguntado por los detalles.

—No mucho, la verdad. Sólo di un garbeo por ahí para disfrutar del sol.

Oí entrar el coche de Charlie en el garaje.

¬óOye, ¬Ņy has sabido algo de Edward Cullen?

La puerta principal se cerró de un portazo y escuché a Charlie avanzar dando tropezones cerca de las escaleras,
mientras guardaba el aparejo de pesca.

—Humm —dudé, sin saber qué más contarle.

¬ó ¬°Hola, cielo!, ¬Ņest√°s ah√≠? ¬óme salud√≥ Charlie al entrar en la cocina. Le devolv√≠ el saludo por se√Īas.

Jess oyó su voz.

¬óAh, vaya, ha llegado tu padre. No importa, hablamos ma√Īana. Nos vemos en Trigonometr√≠a.

—Nos vemos, jess —le respondí y luego colgué.

¬óHola, pap√° ¬ódije mientras √©l se lavaba las manos en el fregadero¬ó. ¬ŅQu√© tal te ha ido la pesca?

¬óBien, he metido el pescado en el congelador.

¬óVoy a sacar un poco antes de que se congele. Billy trajo pescado frito del de Harry Clearwater esta tarde ¬óhice
un esfuerzo por sonar alegre.

¬óAh, ¬Ņeso hizo? ¬ólos ojos de Charlie se iluminaron¬ó. Es mi favorito.

Se lavó mientras yo preparaba la cena. No tardamos mucho en sentarnos a la mesa y cenar en silencio. Charlie
disfrutaba de su comida, y entretanto yo me preguntaba desesperadamente cómo cumplir mi misión, esforzándome
por hallar la manera de abordar el tema.

¬ó ¬ŅQu√© has hecho hoy? ¬óme pregunt√≥, sac√°ndome bruscamente de mi enso√Īaci√≥n.


¬óBueno, esta tarde anduve de aqu√≠ para all√° por la casa ¬óen realidad, s√≥lo hab√≠a sido la √ļltima parte de la tarde.
Intent√© mantener mi voz animada, pero sent√≠a un vac√≠o en el est√≥mago¬ó. Y esta ma√Īana me pas√© por casa de los
Cullen.

Charlie dejó caer el tenedor.

¬ó ¬ŅLa casa del doctor Cullen? ¬óinquiri√≥ at√≥nito.

Hice como que no me había dado cuenta de su reacción.

¬ó ¬ŅA qu√© fuiste all√≠? A√ļn no hab√≠a levantado su tenedor.

¬óBueno, ten√≠a una especie de cita con Edward Cullen esta noche, y √©l quer√≠a presentarme a sus padres... ¬ŅPap√°?
Parec√≠a como si Charlie estuviera sufriendo un aneurisma. ¬óPap√°, ¬Ņest√°s bien? ¬óEst√°s saliendo con Edward
Cullen —tronó.

¬óPensaba que te gustaban los Cullen.

—Es demasiado mayor para ti —empezó a despotricar.

¬óLos dos vamos al instituto ¬óle correg√≠, aunque desde luego llevaba m√°s raz√≥n de la que hubiera podido so√Īar.

¬óEspera... ¬óhizo una pausa¬ó. ¬ŅCu√°l de ellos es Edwin?

¬óEdward es el m√°s joven, el de pelo cobrizo.

El más hermoso, el más divino..., pensé en mi fuero interno.

—Ah, ya, eso está... —se debatía— mejor. No me gusta la pinta del grandote. Seguro que será un buen chico y todo
eso, pero parece demasiado... maduro para ti. ¬ŅY este Edwin es tu novio?

¬óSe llama Edward, pap√°.

¬ó ¬ŅY lo es?

—Algo así, supongo.

¬óPues la otra noche me dijiste que no te interesaba ning√ļn chico del pueblo ¬óal verle tomar de nuevo el tenedor
empecé a pensar que había pasado lo peor.

¬óBueno, Edward no vive en el pueblo, pap√°.

Me miró con displicencia mientras masticaba.

—Y de todos modos —continué—, estamos empezando todavía, ya sabes. No me hagas pasar un mal rato con todo
ese serm√≥n sobre novios y tal, ¬Ņvale?

¬ó ¬ŅCu√°ndo vendr√° a recogerte?

¬óLlegar√° dentro de unos minutos.

¬ó ¬ŅAdonde te va a llevar?

¬óEspero que te vayas olvidando ya de comportarte como un inquisidor, ¬Ņvale? ¬óGru√Ī√≠ en voz alta¬ó. Vamos a
jugar al béisbol con su familia.

Arrugó la cara y luego, finalmente, rompió a reír entre dientes.

¬ó ¬ŅQue t√ļ vas a jugar al b√©isbol?

¬óBueno, m√°s bien creo que voy a mirar la mayor parte del tiempo.

—Pues sí que tiene que gustarte ese chico —comentó mientras me miraba con gesto de sospecha.

Suspiré y puse los ojos en blanco para que me dejara en paz.

Escuché el rugido de un motor, y luego lo sentí detenerse justo en frente de la casa. Pegué un salto en la silla y
empecé a fregar los platos.

—Deja los platos, ya los lavaré yo luego. Me tienes demasiado mimado.

Sonó el timbre y Charlie se dirigió a abrir la puerta; le seguí a un paso.

No me había dado cuenta de que fuera caían chuzos de punta. Edward estaba de pie, aureolado por la luz del porche,
con el mismo aspecto de un modelo en un anuncio de impermeables.

¬óEntra, Edward.

Respiré aliviada al ver que Charlie no se había equivocado con el nombre.

—Gracias, jefe Swan —dijo él con voz respetuosa.

¬óEntra y ll√°mame Charlie. Ven, dame la cazadora.

¬óGracias, se√Īor.

—Siéntate aquí, Edward.

Hice una mueca.

Edward se sent√≥ con un √°gil movimiento en la √ļnica silla que hab√≠a, oblig√°ndome a sentarme al lado del jefe Swan
en el sof√°. Le lanc√© una mirada envenenada y √©l me gui√Ī√≥ un ojo a espaldas de Charlie.

¬óTengo entendido que vas a llevar a mi ni√Īa a ver un partido de b√©isbol.

El que llueva a c√°ntaros y esto no sea ning√ļn impedimento para hacer deporte al aire libre s√≥lo ocurre aqu√≠, en
Washington.

¬óS√≠, se√Īor, √©sa es la idea ¬óno pareci√≥ sorprendido de que le hubiera contado a mi padre la verdad. Aunque
también podría haber estado escuchando, claro.

¬óBueno, eso es llevarla a tu terreno, supongo ¬Ņno?


Charlie rió y Edward se unió a él.

—Estupendo —me levanté—. Ya basta de bromitas a mi costa. Vamonos.

Volví al recibidor y me puse la cazadora. Ellos me siguieron.

¬óNo vuelvas demasiado tarde, Bella.

—No se preocupe Charlie, la traeré temprano —prometió Edward.

¬óCuidar√°s de mi ni√Īa, ¬Ņverdad?

Refunfu√Ī√©, pero me ignoraron.

¬óLe prometo que estar√° a salvo conmigo, se√Īor.

Charlie no pudo cuestionar la sinceridad de Edward, ya que cada palabra quedaba impregnada de ella.

Salí enfadada. Ambos rieron y Edward me siguió.

Me paré en seco en el porche. Allí, detrás de mi coche, había un Jeep gigantesco. Las llantas me llegaban por
encima de la cintura, protectores metálicos recubrían las luces traseras y delanteras, además de llevar cuatro
enormes faros antiniebla sujetos al guardabarros. El techo era de color rojo brillante.

Charlie dejó escapar un silbido por lo bajo.

—Poneos los cinturones —advirtió.

Edward me siguió hasta la puerta del copiloto y la abrió. Calculé la distancia hasta el asiento y me preparé para
saltar. Edward suspiró y me alzó con una sola mano. Esperaba que Charlie no se hubiera dado cuenta.

Mientras regresaba al lado del conductor, a un paso normal, humano, intenté ponerme el cinturón, pero había
demasiadas hebillas.

¬ó ¬ŅQu√© es todo esto? ¬óle pregunt√© cuando abri√≥ la puerta.

—Un arnés para conducir campo a traviesa.

¬óOh, oh.

Intenté encontrar los sitios donde se tenían que enganchar todas aquellas hebillas, pero iba demasiado despacio.
Edward volvió a suspirar y se puso a ayudarme. Me alegraba de que la lluvia fuera tan espesa como para que
Charlie no pudiera ver nada con claridad desde el porche. Eso quería decir que no estaba dándose cuenta de cómo
las manos de Edward se deslizaban por mi cuello, acariciando mi nuca. Dejé de intentar ayudarle y me concentré en
no hiperventilar.

Edward giró la llave y el motor arrancó; al fin nos alejamos de la casa.

¬óEsto es... humm... ¬°Vaya pedazo de Jeep que tienes!

—Es de Emmett. Supuse que no te apetecería correr todo el camino.

¬ó ¬ŅD√≥nde guard√°is este tanque?

¬óHemos remodelado uno de los edificios exteriores para convertirlo en garaje.

¬ó ¬ŅNo te vas a poner el cintur√≥n?

Me lanzó una mirada incrédula.

Entonces caí en la cuenta del significado de sus palabras.

¬ó ¬ŅCorrer todo el camino? O sea, ¬Ņque una parte s√≠ la vamos a hacer corriendo?

Mi voz se elevó varias octavas y él sonrió ampliamente.

¬óNo ser√°s t√ļ quien corra.

¬óMe voy a marear.

¬óSi cierras los ojos, seguro que estar√°s bien.

Me mordí el labio, intentando luchar contra el pánico.

Se inclinó para besarme la coronilla y entonces gimió. Le miré sorprendida.

—Hueles deliciosamente a lluvia —comentó.

¬óPero, ¬Ņbien o mal? ¬ópregunt√© con precauci√≥n.

—De las dos maneras —suspiró—. Siempre de las dos maneras.

Entre la penumbra y el diluvio, no s√© c√≥mo encontr√≥ el camino, pero de alg√ļn modo llegamos a una carretera
secundaria, con más aspecto de un camino forestal que de carretera. La conversación resultó imposible durante un
buen rato, dado que yo iba rebotando arriba y abajo en el asiento como un martillo pilón. Sin embargo, Edward
parec√≠a disfrutar del paseo, ya que no dej√≥ de sonre√≠r en ning√ļn momento.

Y entonces fue cuando llegamos al final de la carretera; los √°rboles formaban grandes muros verdes en tres de los
cuatro costados del Jeep. La lluvia se había convertido en llovizna poco a poco y el cielo brillante asomaba entre las
nubes.

—Lo siento, Bella, pero desde aquí tenemos que ir a pie.

¬ó ¬ŅSabes qu√©? Que casi mejor te espero aqu√≠.

¬óPero ¬Ņqu√© le ha pasado a tu coraje? Estuviste estupenda esta ma√Īana.

¬óTodav√≠a no se me ha olvidado la √ļltima vez.

Parecía increíble que aquello sólo hubiera sucedido ayer. Se acercó tan rápidamente a mi lado del coche que apenas
pude apreciar una imagen borrosa. Empezó a desatarme el arnés.


¬óYa los suelto yo; t√ļ, vete ¬óprotest√© en vano.

—Humm... —parecía meditar mientras terminaba rápidamente—. Me parece que voy a tener que forzar un poco la
memoria.

Antes de que pudiera reaccionar, me sacó del Jeep y me puso de pie en el suelo. Había ahora apenas un poco de
niebla; parecía que Alice iba a tener razón.

¬ó ¬ŅForzar mi memoria? ¬ŅC√≥mo? ¬ópregunt√© nerviosamente.

—Algo como esto —me miró intensamente, pero con cautela, aunque había una chispa de humor en el fondo de sus
ojos.

Apoyó las manos sobre el Jeep, una a cada lado de mi cabeza, y se inclinó, obligándome a permanecer aplastada
contra la puerta. Se inclin√≥ m√°s a√ļn, con el rostro a escasos cent√≠metros del m√≠o, sin espacio para escaparme.

¬óAhora, dime ¬órespir√≥ y fue entonces cuando su efluvio desorganiz√≥ todos mis procesos mentales¬ó, ¬Ņqu√© es
exactamente lo que te preocupa?

—Esto, bueno... estamparme contra un árbol y morir —tragué saliva—. Ah, y marearme.

Reprimió una sonrisa. Luego, inclinó la cabeza y rozó suavemente con sus fríos labios el hueco en la base de mi
garganta.

¬ó ¬ŅSigues preocupada? ¬ómurmur√≥ contra mi piel.

¬ó ¬ŅS√≠? ¬óluch√© para concentrarme¬ó. Me preocupa terminar estampada en los √°rboles y el mareo.

Su nariz trazó una línea sobre la piel de mi garganta hasta el borde de la barbilla. Su aliento frío me cosquilleaba la
piel.

¬ó ¬ŅY ahora? ¬ósusurraron sus labios contra mi mand√≠bula.

¬ó√Ārboles ¬óaspir√© aire¬ó. Movimiento, mareo.

Levantó la cabeza para besarme los párpados.

¬óBella, en realidad, no crees que te vayas a estampar contra un √°rbol, ¬Ņa que no?

¬óNo, aunque podr√≠a ¬órepuse sin mucha confianza. √Čl ya ol√≠a una victoria f√°cil.

Me besó, descendiendo despacio por la mejilla hasta detenerse en la comisura de mis labios.

¬ó ¬ŅCrees que dejar√≠a que te hiriera un √°rbol?

Sus labios rozaron levemente mi tembloroso labio inferior.

—No —respiré. Tenía que haber en mi defensa algo eficaz, pero no conseguía recordarlo.

¬óYa ves ¬ósus labios entreabiertos se mov√≠an contra los m√≠os¬ó. No hay nada de lo que tengas que asustarte, ¬Ņa
que no?

—No —suspiré, rindiéndome.

Entonces tomó mi cara entre sus manos, casi con rudeza y me besó en serio, moviendo sus labios insistentes contra
los míos.

Realmente no había excusa para mi comportamiento. Ahora lo veo más claro, como es lógico. De cualquier modo,
parecía que no podía dejar de comportarme exactamente como lo hice la primera vez. En vez de quedarme quieta, a
salvo, mis brazos se alzaron para enroscarse apretadamente alrededor de su cuello y me quedé de pronto soldada a
su cuerpo, duro como la piedra. Suspiré y mis labios se entreabrieron.

Se tambaleó hacia atrás, deshaciendo mi abrazo sin esfuerzo.

— ¡Maldita sea, Bella! —se desasió jadeando—. ¡Eres mi perdición, te juro que lo eres!

Me acuclillé, rodeándome las rodillas con los brazos, buscando apoyo.

—Eres indestructible —mascullé, intentando recuperar el aliento.

—Eso creía antes de conocerte. Ahora será mejor que salgamos de aquí rápido antes de que cometa alguna estupidez
de verdad ¬ógru√Ī√≥.

Me arrojó sobre su espalda como hizo la otra vez y vi el tremendo esfuerzo que hacía para comportarse dulcemente.
Enrosqué mis piernas en su cintura y busqué seguridad al sujetarme a su cuello con un abrazo casi estrangulador.

—No te olvides de cerrar los ojos —me advirtió severamente.

Hundí la cabeza entre sus omóplatos, por debajo de mi brazo, y cerré con fuerza los ojos.

No podía decir realmente si nos movíamos o no. Sentía la sensación del vuelo a lo largo de mi cuerpo, pero el
movimiento era tan suave que igual hubiéramos podido estar dando un paseo por la acera. Estuve tentada de echar
un vistazo, sólo para comprobar si estábamos volando de verdad a través del bosque igual que antes, pero me resistí.
No merecía la pena ganarme un mareo tremendo. Me contenté con sentir su respiración acompasada.

No estuve segura de que habíamos parado de verdad hasta que no alzó el brazo hacia atrás y me tocó el pelo.

—Ya pasó, Bella.

Me atreví a abrir los ojos y era cierto, ya nos habíamos detenido. Medio entumecida, deshice la presa estranguladora
sobre su cuerpo y me deslicé al suelo, cayéndome de espaldas.

— ¡Ay! —grité enfadada cuando me golpeé contra el suelo mojado.

Me miró sorprendido; era obvio que no estaba totalmente seguro de si podía reírse a mi costa en esa situación, pero
mi expresión desconcertada venció sus reticencias y rompió a reír a mandíbula batiente.


Me levanté, ignorándole, y me puse a limpiar de barro y ramitas la parte posterior de mi chaqueta. Eso sólo sirvió
para que se riera a√ļn m√°s. Enfadada, empec√© a andar a zancadas hacia el bosque.

Sentí su brazo alrededor de mi cintura.

¬ó ¬ŅAdonde vas, Bella?

¬óA ver un partido de b√©isbol. Ya que t√ļ no pareces interesado en jugar, voy a asegurarme de que los dem√°s se
divierten sin ti.

—Pero si no es por ahí... ;

Me di la vuelta sin mirarle, y seguí andando a zancadas en la dirección opuesta. Me atrapó de nuevo.

—No te enfades, no he podido evitarlo. Deberías haberte visto la cara —se reía entre dientes, otra vez sin poder
contenerse.

¬óAh claro, aqu√≠ t√ļ eres el √ļnico que se puede enfadar, ¬Ņno? ¬óle pregunt√©, arqueando las cejas.

¬óNo estaba enfadado contigo.

¬ó ¬Ņ¬ęBella, eres mi perdici√≥n¬Ľ? ¬ócit√© amargamente.

—Eso fue simplemente la constatación de un hecho.

Intenté revolverme y alejarme de él una vez más, pero me sujetó rápido.

—Te habías enfadado —insistí.

—Sí.

¬óPero si acabas de decir...

¬óNo estaba enfadado contigo, Bella, ¬Ņes que no te das cuenta? ¬óSe hab√≠a puesto serio de pronto, desaparecido del
todo cualquier amago de broma en su expresi√≥n¬ó. ¬ŅEs que no lo entiendes?

¬ó ¬ŅEntender el qu√©? ¬óle exig√≠, confundida por su r√°pido cambio de humor, tanto como por sus palabras.

¬óNunca podr√≠a enfadarme contigo, ¬Ņc√≥mo podr√≠a? Eres tan valiente, tan leal, tan... c√°lida.

¬óEntonces, ¬Ņpor qu√©? ¬ósusurr√©, recordando los duros modales con los que me hab√≠a rechazado, que no hab√≠a
podido interpretar salvo como una frustración muy clara, frustración por mi debilidad, mi lentitud, mis
desordenadas reacciones humanas...

Me puso las manos cuidadosamente a ambos lados de la cara.

¬óEstaba furioso conmigo mismo ¬ódijo dulcemente¬ó. Por la manera en que no dejo de ponerte en peligro. Mi
propia existencia ya supone un peligro para ti. Algunas veces, de verdad que me odio a mí mismo. Debería ser más
fuerte, debería ser capaz de...

Le tapé la boca con la mano.

¬óNo lo digas.

Me tomó de la mano, alejándola de los labios, pero manteniéndola contra su cara.

¬óTe quiero ¬ódijo¬ó. Es una excusa muy pobre para todo lo que te hago pasar, pero es la pura verdad.

Era la primera vez que me decía que me quería, al menos con tantas palabras. Tal vez no se hubiera dado cuenta,
pero yo ya lo creo que sí.

¬óAhora, intenta cuidarte, ¬Ņvale? ¬ócontinu√≥ y se inclin√≥ para rozar suavemente sus labios contra los m√≠os.

Me quedé quieta, mostrando dignidad. Entonces, suspiré.

¬óLe prometiste al jefe Swan que me llevar√≠as a casa temprano, ¬Ņrecuerdas? As√≠ que ser√° mejor que nos pongamos
en marcha.

¬óS√≠, se√Īorita.

Sonrió melancólicamente y me soltó, aunque se quedó con una de mis manos. Me llevó unos cuantos metros más
adelante, a través de altos helechos mojados y musgos que cubrían un enorme abeto, y de pronto nos encontramos
all√≠, al borde de un inmenso campo abierto en la ladera de los montes Olympic. Ten√≠a dos veces el tama√Īo de un
estadio de béisbol.

Allí vi a todos los demás; Esme, Emmett y Rosalie, sentados en una lisa roca salediza, eran los que se hallaban más
cerca de nosotros, a unos cien metros. A√ļn m√°s lejos, a unos cuatrocientos metros, se ve√≠a a Jasper y Alice, que
parec√≠an lanzarse algo el uno al otro, aunque no vi la bola en ning√ļn momento. Parec√≠a que Carlisle estuviera
marcando las bases, pero ¬Ņrealmente pod√≠a estar poni√©ndolas tan separadas unas de otras?

Los tres que se encontraban sobre la roca se levantaron cuando estuvimos a la vista. Esme se acercó hacia nosotros y
Emmett la siguió después de echar una larga ojeada a la espalda de Rosalie, que se había levantado con gracia y
avanzaba a grandes pasos hacia el campo sin mirar en nuestra dirección. En respuesta, mi estómago se agitó
incómodo.

¬ó ¬ŅEs a ti a quien hemos o√≠do, Edward? ¬ópregunt√≥ Esme conforme se acercaba.

—Sonaba como si se estuviera ahogando un oso —aclaró Emmett.

Sonreí tímidamente a Esme.

—Era él.

—Sin querer, Bella resultaba muy cómica en ese momento —explicó rápido Edward, intentando apuntarse el tanto.


Alice había abandonado su posición y corría, o más bien se podría decir que danzaba, hacia nosotros. Avanzó a toda
velocidad para detenerse con gran desenvoltura a nuestro lado.

—Es la hora —anunció.

El hondo estruendo de un trueno sacudió el bosque de en frente apenas hubo terminado de hablar. A continuación
retumbó hacia el oeste, en dirección a la ciudad.

¬óRaro, ¬Ņa que s√≠? ¬ódijo Emmett con un gui√Īo, como si nos conoci√©ramos de toda la vida.

¬óVenga, vamos...

Alice tomó a Emmett de la mano y desaparecieron como flechas en dirección al gigantesco campo.

Ella corría como una gacela; él, lejos de ser tan grácil, sin embargo le igualaba en velocidad, aunque nunca se le
podría comparar con una gacela.

¬ó ¬ŅTe apetece jugar una bola? ¬óme pregunt√≥ Edward con los ojos brillantes, deseoso de participar.

Yo intenté sonar apropiadamente entusiasta.

¬ó ¬°Ve con los dem√°s!

Rió por lo bajo, y después de revolverme el pelo, dio un gran salto para reunirse con los otros dos. Su forma de
correr era m√°s agresiva, m√°s parecida a la de un guepardo que a la de una gacela, por lo que pronto les dio alcance.
Su exhibición de gracia y poder me cortó el aliento.

¬ó ¬ŅBajamos? ¬óinquiri√≥ Esme con voz suave y melodiosa.

En ese instante, me di cuenta de que lo estaba mirando boquiabierta. Rápidamente controlé mi expresión y asentí.
Esme estaba a un metro escaso de mí y me pregunté si seguía actuando con cuidado para no asustarme. Acompasó
su paso al mío, sin impacientarse por mi ritmo lento.

¬ó ¬ŅNo vas a jugar con ellos? ¬óle pregunt√© con timidez.

—No, prefiero arbitrar; alguien debe evitar que hagan trampas y a mí me gusta —me explicó.

¬óEntonces, ¬Ņles gusta hacer trampas?

—Oh, ya lo creo que sí, ¡tendrías que oír sus explicaciones! Bueno, espero que no sea así, de lo contrario pensarías
que se han criado en una manada de lobos.

—Te pareces a mi madre —reí, sorprendida, y ella se unió a mis risas.

—Bueno, me gusta pensar en ellos como si fueran hijos míos, en más de un sentido. Me cuesta mucho controlar mis
instintos maternales. ¬ŅNo te cont√≥ Edward que hab√≠a perdido un beb√©?

—No —murmuré aturdida, esforzándome por comprender a qué periodo de su vida se estaría refiriendo.

¬óS√≠, mi primer y √ļnico hijo muri√≥ a los pocos d√≠as de haber nacido, mi pobre cosita ¬ósuspir√≥¬ó. Me rompi√≥ el
coraz√≥n y por eso me arroj√© por el acantilado, como ya sabr√°s ¬óa√Īadi√≥ con toda naturalidad.

—Edward sólo me dijo que te caíste —tartamudeé.

—Ah. Edward, siempre tan caballeroso —esbozó una sonrisa—. Edward fue el primero de mis nuevos hijos.
Siempre pienso en él de ese modo, incluso aunque, en cierto modo, sea mayor que yo —me sonrió cálidamente—.
Por eso me alegra tanto que te haya encontrado, coraz√≥n ¬óaquellas cari√Īosas palabras sonaron muy naturales en
sus labios—. Ha sido un bicho raro durante demasiado tiempo; me dolía verle tan solo.

¬óEntonces, ¬Ņno te importa? ¬óPregunt√©, dubitativa otra vez¬ó. ¬ŅQue yo no sea... buena para √©l?

¬óNo ¬óse qued√≥ pensativa¬ó. T√ļ eres lo que √©l quiere. No s√© c√≥mo, pero esto va a salir bien ¬óme asegur√≥, aunque
su frente estaba fruncida por la preocupación. Se oyó el estruendo de otro trueno.

En ese momento, Esme se detuvo. Por lo visto, habíamos llegado a los límites del campo. Al parecer, ya se habían
formado los equipos. Edward estaba en la parte izquierda del campo, bastante lejos; Carlisle se encontraba entre la
primera y la segunda base, y Alice tenía la bola en su poder, en lo que debía ser la base de lanzamiento.

Emmett hacía girar un bate de aluminio, sólo perceptible por su sonido silbante, ya que era casi imposible seguir su
trayectoria en el aire con la vista. Esperaba que se acercara a la base de meta, pero ya estaba allí, a una distancia
inconcebible de la base de lanzamiento, adoptando la postura de bateo para cuando me quise dar cuenta. Jasper se
situó detrás, a un metro escaso, para atrapar la bola para el otro equipo. Como era de esperar, ninguno llevaba
guantes.

—De acuerdo —Esme habló con voz clara, y supe que Edward la había oído a pesar de estar muy alejado—, batea.

Alice permanecía erguida, aparentemente inmóvil. Su estilo parecía que estaba más cerca de la astucia, de lo furtivo,
que de una técnica de lanzamiento intimidatorio. Sujetó la bola con ambas manos cerca de su cintura; luego, su
brazo derecho se movió como el ataque de una cobra y la bola impactó en la mano de Jasper.

¬ó ¬ŅHa sido un strike? ¬óle pregunt√© a Esme.

—Si no la golpean, es un strike —me contestó.

Jasper lanzó de nuevo la bola a la mano de Alice, que se permitió una gran sonrisa antes de estirar el brazo para
efectuar otro nuevo lanzamiento.

Esta vez el bate consiguió, sin saber muy bien cómo, golpear la bola invisible. El chasquido del impacto fue
tremendo, atronador. Entendí con claridad la razón por la que necesitaban una tormenta para jugar cuando las
monta√Īas devolvieron el eco del golpe.


La bola sobrevoló el campo como un meteorito para irse a perder en lo profundo del bosque circundante.

—Carrera completa —murmuré.

¬óEspera ¬ódijo Esme con cautela, escuchando atenta y con la mano alzada.

Emmett era una figura borrosa que corría de una base a otra y Carlisle, la sombra que lo seguía. Me di cuenta de que
Edward no estaba.

— ¡Out!—cantó Esme con su voz clara.

Contemplé con incredulidad cómo Edward saltaba desde la linde del bosque con la bola en la mano alzada. Incluso
yo pude ver su brillante sonrisa.

—Emmett será el que batea más fuerte —me explicó Esme—, pero Edward corre al menos igual de rápido.

Las entradas se sucedieron ante mis ojos incrédulos. Era imposible mantener contacto visual con la bola teniendo en
cuenta la velocidad a la que volaba y el ritmo al que se movían alrededor del campo los corredores de base.

Comprendí el otro motivo por el cual esperaban a que hubiera una tormenta para jugar cuando Jasper bateó una
roleta, una de esas pelotas que van rodando por el suelo, hacia la posición de Carlisle en un intento de evitar la
infalible defensa de Edward.

Carlisle corrió a por la bola y luego se lanzó en pos de Jasper, que iba disparado hacia la primera base. Cuando
chocaron, el sonido fue como el de la colisión de dos enormes masas de roca. Preocupada, me incorporé de un salto
para ver lo sucedido, pero habían resultado ilesos.

—Están bien —anunció Esme con voz tranquila.

El equipo de Emmett iba una carrera por delante. Rosalie se las apa√Ī√≥ para revolotear sobre las bases despu√©s de
aprovechar uno de los larguísimos lanzamientos de Emmett, cuando Edward consiguió el tercer out. Se acercó de un
salto hasta donde estaba yo, chispeante de entusiasmo.

¬ó ¬ŅQu√© te parece? ¬óinquiri√≥.

—Una cosa es segura: no volveré a sentarme otra vez a ver esa vieja y aburrida Liga Nacional de Béisbol.

—Ya, suena como si lo hubieras hecho antes muchas veces —replicó Edward entre risas.

—Pero estoy un poco decepcionada —bromeé.

¬ó ¬ŅPor qu√©? ¬óme pregunt√≥, intrigado.

—Bueno, sería estupendo encontrar una sola cosa que no hagas mejor que cualquier otra persona en este planeta.

Esa sonrisa torcida suya relampagueó en su rostro durante un momento, dejándome sin aliento.

¬óYa voy ¬ódijo al tiempo que se encaminaba hacia la base del bateador.

Jugó con mucha astucia al optar por una bola baja, fuera del alcance de la excepcionalmente rápida mano de
Rosalie, que defendía en la parte exterior del campo, y, veloz como el rayo, ganó dos bases antes de que Emmett
pudiera volver a poner la bola en juego. Carlisle golpeó una tan lejos fuera del campo —con un estruendo que me
hirió los oídos—, que Edward y él completaron la carrera. Alice chocó delicadamente las palmas con ellos.

El tanteo cambiaba continuamente conforme avanzaba el partido y se gastaban bromas unos a otros como otros
jugadores callejeros al ir pasando todos por la primera posición. De vez en cuando, Esme tenía que llamarles la
atención. Otro trueno retumbó, pero seguíamos sin mojarnos, tal y como había predicho Alice.

Carlisle estaba a punto de batear con Edward como receptor cuando Alice, de pronto, profirió un grito sofocado que
sonó muy fuerte. Yo miraba a Edward, como siempre, y entonces le vi darse la vuelta para mirarla. Las miradas de
ambos se encontraron y en un instante circuló entre ellos un flujo misterioso. Edward ya estaba a mi lado antes de
que los demás pudieran preguntar a Alice qué iba mal.

¬ó ¬ŅAlice? ¬ópregunt√≥ Esme con voz tensa.

—No lo he visto con claridad, no podría deciros... —susurró ella.

Para entonces ya se habían reunido todos.

¬ó ¬ŅQu√© pasa, Alice? ¬óle pregunt√≥ Carlisle a su vez con voz tranquila, cargada de autoridad.

—Viajan mucho más rápido de lo que pensaba. Creo que me he equivocado en eso —murmuró.

Jasper se inclinó sobre ella con ademán protector.

¬ó ¬ŅQu√© es lo que ha cambiado? ¬óle pregunt√≥.

¬óNos han o√≠do jugar y han cambiado de direcci√≥n ¬óse√Īal√≥, contrita, como si se sintiera responsable de lo que
fuera que la había asustado.

Siete pares de r√°pidos ojos se posaron en mi cara de forma fugaz y se apartaron.

¬ó ¬ŅCu√°nto tardar√°n en llegar? ¬óinquiri√≥ Carlisle, volvi√©ndose hacia Edward.

Una mirada de intensa concentración cruzó por su rostro y respondió con gesto contrariado:

¬óMenos de cinco minutos. Vienen corriendo, quieren jugar.

¬ó ¬ŅPuedes hacerlo? ¬óle pregunt√≥ Carlisle, mientras sus ojos se posaban sobre m√≠ brevemente.

—No, con carga, no —resumió él—. Además, lo que menos necesitamos es que capten el olor y comiencen la caza.

¬ó ¬ŅCu√°ntos son? ¬ópregunt√≥ Emmett a Alice.

—Tres —contestó con laconismo.


¬ó ¬°Tres! ¬óexclam√≥ Emmett con tono de mofa. Flexion√≥ los m√ļsculos de acero de sus imponentes brazos¬ó.
Dejadlos que vengan.

Carlisle lo consideró durante una fracción de segundo que pareció más larga de lo que fue en realidad. Sólo Emmett
parecía impasible; el resto miraba fijamente el rostro de Carlisle con los ojos llenos de ansiedad.

—Nos limitaremos a seguir jugando —anunció finalmente Carlisle con tono frío y desapasionado—. Alice dijo que
sólo sentían curiosidad.

Pronunció las dos frases en un torrente de palabras que duró unos segundos escasos. Escuché con atención y
conseguí captar la mayor parte, aunque no conseguí oír lo que Esme le estaba preguntando en este momento a
Edward con una vibración silenciosa de sus labios. Sólo atisbé la imperceptible negativa de cabeza por parte de
Edward y el alivio en las facciones de Esme.

¬óIntenta atrapar t√ļ la bola, Esme. Yo me encargo de prepararla ¬óy se plant√≥ delante de m√≠.

Los otros volvieron al campo, barriendo recelosos el bosque oscuro con su mirada aguda. Alice y Esme parecían
intentar orientarse alrededor de donde yo me encontraba.

—Suéltate el pelo —ordenó Edward con voz tranquila y baja.

Obedientemente, me quité la goma del pelo y lo sacudí hasta extenderlo todo a mí alrededor.

Comenté lo que me parecía evidente.

¬óLos otros vienen ya para ac√°.

—Sí, quédate inmóvil, permanece callada —intentó ocultar bastante bien el nerviosismo de su voz, pero pude
captarlo¬ó, y no te apartes de mi lado, por favor.

Tiró de mi melena hacia delante, y la enrolló alrededor de mi cara. Alice apuntó en voz baja:

—Eso no servirá de nada. Yo la podría oler incluso desde el otro lado del campo.

—Lo sé —contestó Edward con una nota de frustración en la voz.

Carlisle se quedó de pie en el prado mientras el resto retomaba el juego con desgana.

¬óEdward, ¬Ņqu√© te pregunt√≥ Esme? ¬ósusurr√©.

Vaciló un momento antes de contestarme.

—Que si estaban sedientos —murmuró reticente.

Pasaron unos segundos y el juego progresaba, ahora con apatía, ya que nadie tenía ganas de golpear fuerte. Emmett,
Rosalie y Jasper merodeaban por el √°rea interior del campo. A pesar de que el miedo me nublaba el entendimiento,
fui consciente m√°s de una vez de la mirada fija de Rosalie en m√≠. Era inexpresiva, pero de alg√ļn modo, por la forma
en que plegaba los labios, me hizo pensar que estaba enfadada.

Edward no prestaba ninguna atención al juego, sus ojos y su mente se encontraban recorriendo el bosque.

¬óLo siento, Bella ¬ómurmur√≥ ferozmente¬ó. Exponerte de este modo ha sido est√ļpido e irresponsable por mi parte.
¬°Cu√°nto lo siento!

Noté cómo contenía la respiración y fijaba los ojos abiertos como platos en la esquina oeste del campo. Avanzó
medio paso, interponiéndose entre lo que se acercaba y yo.

Carlisle, Emmett y los demás se volvieron en la misma dirección en cuanto oyeron el ruido de su avance, que a mí
me llegaba mucho m√°s apagado.