9 - Juegos malabares

Me volv√≠ hacia la casa y, una vez me hube guarecido debajo del porche, hice se√Īales a Jacob para que entrase. O√≠ a
Charlie saludarlos efusivamente a mis espaldas.

—Jake, voy a hacer como que no te he visto al volante —dijo con desaprobación.

—En la reserva conseguimos muy pronto los permisos de conducir —replicó Jacob mientras yo abría la puerta y
encendía la luz del porche.

—Seguro que sí —se rió Charlie.

¬óDe alguna manera he de dar una vuelta.

A pesar de los a√Īos transcurridos, reconoc√≠ con facilidad la voz retumbante de Billy. Su sonido me hizo sentir
repentinamente m√°s joven, una ni√Īa.

Entré en la casa, dejando abierta la puerta detrás de mí, y fui encendiendo las luces antes de colgar mi cazadora.
Luego, permanecí en la puerta, contemplando con ansiedad cómo Charlie y Jacob ayudaban a Billy a salir del coche
y a sentarse en la silla de ruedas.

Me aparté del camino mientras entraban a toda prisa sacudiéndose la lluvia.

¬óMenuda sorpresa ¬óestaba diciendo Charlie.


—Hace ya mucho tiempo que no nos vemos. Confío en que no sea un mal momento —respondió Billy, cuyos
inescrutables ojos oscuros volvieron a fijarse en mí.

—No, es magnífico. Espero que os podáis quedar para el partido.

Jacob mostró una gran sonrisa.

—Creo que ése es el plan... Nuestra televisión se estropeó la semana pasada.

Billy le dirigi√≥ una mueca a su hijo y a√Īadi√≥:

¬óY, por supuesto, Jacob deseaba volver a ver a Bella.

Jacob frunci√≥ el ce√Īo y agach√≥ la cabeza mientras yo reprim√≠a una oleada de remordimiento. Tal vez hab√≠a sido
demasiado convincente en la playa.

¬ó ¬ŅTen√©is hambre? ¬ópregunt√© mientras me dirig√≠a hacia la cocina, deseosa de escaparme de la inquisitiva mirada
de Billy.

—No, cenamos antes de venir —respondió Jacob.

¬ó ¬ŅY t√ļ, Charlie? ¬óle pregunt√© de refil√≥n al tiempo que doblaba la esquina a toda prisa para escabullirme.

—Claro —replicó. Su voz se desplazó hacia la habitación de en frente, hacia el televisor. Oí cómo le seguía la silla
de Billy.

Los sandwiches de queso se estaban tostando en la sartén mientras cortaba en rodajas un tomate cuando sentí que
había alguien a mis espaldas.

¬óBueno, ¬Ņc√≥mo te va todo? ¬óinquiri√≥ Jacob.

¬óBastante bien ¬ósonre√≠. Era dif√≠cil resistirse a su entusiasmo¬ó. ¬ŅY a ti? ¬ŅTerminaste el coche?

¬óNo ¬óarrug√≥ la frente¬ó. A√ļn necesito piezas. Hemos pedido prestado √©se ¬ócoment√≥ mientras se√Īalaba con el
pulgar en dirección al patio delantero.

¬óLo siento, pero no he visto ninguna pieza. ¬ŅQu√© es lo que est√°is buscando?

¬óUn cilindro maestro ¬ósonri√≥ de oreja a oreja y de repente a√Īadi√≥¬ó: ¬ŅHay algo que no funcione en el
monovolumen?

—Ah. Me lo preguntaba al ver que no lo conducías.

Mantuve la vista fija en la sartén mientras levantaba el extremo de un sándwich para comprobar la parte inferior.

¬óDi un paseo con un amigo.

—Un buen coche —comentó con admiración—, aunque no reconocí al conductor. Creía conocer a la mayoría de los
chicos de por aquí.

Asentí sin comprometerme ni alzar los ojos mientras daba la vuelta a los sandwiches.

—Papá parecía conocerle de alguna parte.

¬óJacob, ¬Ņme puedes pasar algunos platos? Est√°n en el armario de encima del fregadero.

¬óClaro.

Tomó los platos en silencio. Esperaba que dejara el asunto.

¬ó ¬ŅQui√©n es? ¬ópregunt√≥ mientras situaba dos platos sobre la encimera, cerca de m√≠. Suspir√© derrotada.

¬óEdward Cullen.

Para mi sorpresa, rompió a reír. Alcé la vista hacia él, que parecía un poco avergonzado.

—Entonces, supongo que eso lo explica todo —comentó—. Me preguntaba por qué papá se comportaba de un modo
tan extra√Īo.

—Es cierto —simulé una expresión inocente—. No le gustan los Cullen.

—Viejo supersticioso —murmuró en un susurro.

¬óNo crees que se lo vaya a decir a Charlie, ¬Ņverdad? ¬óno pude evitar el pregunt√°rselo. Las palabras, pronunciadas
en voz baja, salieron precipitadamente de mis labios.

¬óLo dudo ¬órespondi√≥ finalmente¬ó. Creo que Charlie le solt√≥ una buena reprimenda la √ļltima vez, y desde
entonces no han hablado mucho. Me parece que esta noche es una especie de reencuentro, por lo que no creo que
pap√° lo vuelva a mencionar.

¬óAh ¬ódije, intentando parecer indiferente.

Me quedé en el cuarto de estar después de llevarle a Charlie la cena, fingiendo ver el partido mientras Jacob
charlaba conmigo; pero, en realidad, estaba escuchando la conversación de los dos hombres, atenta a cualquier
indicio de algo sospechoso y buscando la forma de detener a Billy llegado el momento.

Fue una larga noche. Tenía muchos deberes sin hacer, pero temía dejar a Billy a solas con Charlie. Finalmente, el
partido terminó.

¬ó ¬ŅVais a regresar pronto tus amigos y t√ļ a la playa? ¬ópregunt√≥ Jacob mientras empujaba la silla de su padre fuera
del umbral.

—No estoy segura —contesté con evasivas.

¬óHa sido divertido, Charlie ¬ó¬ódijo Billy.

—Acércate a ver el próximo partido —le animó Charlie.


—Seguro, seguro —dijo Billy—. Aquí estaremos. Que paséis una buena noche —sus ojos me enfocaron y su
sonrisa desapareció al agregar con gesto serio—: Cuídate, Bella.

—Gracias —musité desviando la mirada.

Me dirigí hacia las escaleras mientras Charlie se despedía con la mano desde la entrada.

—Aguarda, Bella —me pidió.

Me encog√≠. ¬ŅLe hab√≠a dicho Billy algo antes de que me reuniera con ellos en el cuarto de estar?

Pero Charlie a√ļn segu√≠a relajado y sonriente a causa de la inesperada visita.

¬óNo he tenido ocasi√≥n de hablar contigo esta noche. ¬ŅQu√© tal te ha ido el d√≠a?

—Bien —vacilé, con un pie en el primer escalón, en busca de detalles que pudiera compartir con él sin
comprometerme—. Mi equipo de bádminton ganó los cuatro partidos.

— ¡Vaya! No sabía que supieras jugar al bádminton.

¬óBueno, lo cierto es que no, pero mi compa√Īero es realmente bueno ¬óadmit√≠.

¬ó ¬ŅQui√©n es? ¬óinquiri√≥ en se√Īal de inter√©s.

¬óEh... Mike Newton ¬óle revel√© a rega√Īadientes.

—Ah, sí. Me comentaste que eras amiga del chico de los Newton —se animó—. Una buena familia —musitó para sí
durante un minuto¬ó. ¬ŅPor qu√© no le pides que te lleve al baile este fin de semana?

— ¡Papá! —gemí—. Está saliendo con mi amiga Jessica. Además, sabes que no sé bailar.

—Ah, sí—murmuró. Entonces me sonrió con un gesto de disculpa—. Bueno, supongo que es mejor que te vayas el
sábado. .. Había planeado ir de pesca con los chicos de la comisaría. Parece que va a hacer calor de verdad, pero me
puedo quedar en casa si quieres posponer tu viaje hasta que alguien te pueda acompa√Īar. S√© que te dejo aqu√≠ sola
mucho tiempo.

—Papá, lo estás haciendo fenomenal —le sonreí con la esperanza de ocultar mi alivio—. Nunca me ha preocupado
estar sola, en eso me parezco mucho a ti.

Le gui√Ī√© un ojo, y al sonre√≠rme le salieron arrugas alrededor de los ojos.

Esa noche dorm√≠ mejor porque me encontraba demasiado cansada para so√Īar de nuevo. Estaba de buen humor
cuando el gris perla de la ma√Īana me despert√≥. La tensa velada con Billy y Jacob ahora me parec√≠a inofensiva y
decidí olvidarla por completo. Me descubrí silbando mientras me recogía el pelo con un pasador. Luego, bajé las
escaleras dando saltos. Charlie, que desayunaba sentado a la mesa, se dio cuenta y comentó:

¬óEst√°s muy alegre esta ma√Īana.

Me encogí de hombros.

¬óEs viernes.

Me di mucha prisa para salir en cuanto se fuera Charlie. Había preparado la mochila, me había calzado los zapatos y
cepillado los dientes, pero Edward fue más rápido a pesar de que salí disparada por la puerta en cuanto me aseguré
de que Charlie se había perdido de vista. Me esperaba en su flamante coche con las ventanillas bajadas y el motor
apagado.

Esta vez no vacilé en subirme al asiento del copiloto lo más rápidamente posible para verle el rostro. Me dedicó esa
sonrisa traviesa y abierta que me hacía contener el aliento y me paralizaba el corazón. No podía concebir que un
ángel fuera más espléndido. No había nada en Edward que se pudiera mejorar.

¬ó ¬ŅC√≥mo has dormido? ¬óme pregunt√≥. ¬ŅSab√≠a lo atrayente que resultaba su voz?

¬óBien. ¬ŅQu√© tal tu noche?

¬óPlacentera.

Una sonrisa divertida curvó sus labios. Me pareció que me estaba perdiendo una broma privada.

¬ó ¬ŅPuedo preguntarte qu√© hiciste?

—No —volvió a sonreír—, el día de hoy sigue siendo mío.

Quería saber cosas sobre la gente, sobre Renée, sus aficiones, qué hacíamos juntas en nuestro tiempo libre, y luego
sobre la √ļnica abuela a la que hab√≠a conocido, mis pocos amigos del colegio y... me puse colorada cuando me
preguntó por los chicos con los que había tenido citas. Me aliviaba que en realidad nunca hubiera salido con
ninguno, por lo que la conversación sobre ese tema en particular no fue demasiado larga. Pareció tan sorprendido
como Jessica y Angela por mi escasa vida rom√°ntica.

¬ó ¬ŅNunca has conocido a nadie que te haya gustado? ¬óme pregunt√≥ con un tono tan serio que me hizo
preguntarme qué estaría pensando al respecto.

De mala gana, fui sincera:

¬óEn Phoenix, no.

Frunció los labios con fuerza.

Para entonces, nos hallábamos ya en la cafetería. El día había transcurrido rápidamente en medio de ese borrón que
se estaba convirtiendo en rutina. Aproveché la breve pausa para dar un mordisco a mi rosquilla.

—Hoy debería haberte dejado que condujeras —anunció sin venir a cuento mientras masticaba.

¬ó ¬ŅPor qu√©? ¬óquise saber.


—Me voy a ir con Alice después del almuerzo.

—Vaya —parpadeé, confusa y desencantada—. Está bien, no está demasiado lejos para un paseo.

Me miró con impaciencia.

—No te voy a hacer ir a casa andando. Tomaremos tu coche y lo dejaremos aquí para ti.

—No llevo la llave encima —musité—. No me importa caminar, de verdad.

Lo que me importaba era disponer de menos tiempo en su compa√Ī√≠a.

Negó con la cabeza.

—Tu monovolumen estará aquí y la llave en el contacto, a menos que temas que alguien te lo pueda robar.

Se rió sólo de pensarlo.

—De acuerdo —acepté con los labios apretados.

Estaba casi segura de que tenía la llave en el bolsillo de los vaqueros que había llevado el miércoles, debajo de una
pila de ropa en el lavadero.

Jamás la encontraría, aunque irrumpiera en mi casa o cualquier otra cosa que estuviera planeando. Pareció percatarse
del desafío implícito en mi aceptación, pero sonrió burlón, demasiado seguro de sí mismo.

¬ó ¬ŅAdonde vas a ir? ¬ópregunt√© de la forma m√°s natural que fui capaz.

¬óDe caza ¬óreplic√≥ secamente¬ó. Si voy a estar a solas contigo ma√Īana, voy a tomar todas las precauciones
posibles ¬ósu rostro se hizo m√°s taciturno y suplicante¬ó. Siempre lo puedes cancelar, ya sabes.

Bajé la vista, temerosa del persuasivo poder de sus ojos. Me negué a dejarme convencer de que le temiera, sin
importar lo real que pudiera ser el peligro. No importa, me repetí en la mente.

—No —susurré mientras le miraba a la cara—. No puedo.

—Tal vez tengas razón —murmuró sombríamente.

El color de sus ojos parecía oscurecerse conforme lo miraba.

Cambié de tema.

¬ó ¬ŅA qu√© hora te ver√© ma√Īana? ¬óquise saber, ya deprimida por la idea de tener que dejarle ahora.

¬óEso depende... Es s√°bado. ¬ŅNo quieres dormir hasta tarde? ¬óme ofreci√≥.

—No —respondí a toda prisa. Contuvo una sonrisa.

¬óEntonces, a la misma hora de siempre ¬ódecidi√≥¬ó. ¬ŅEstar√° Charlie ah√≠?

¬óNo, ma√Īana se va a pescar.

Sonreí abiertamente ante el recuerdo de la forma tan conveniente con que se habían solucionado las cosas.

¬ó ¬ŅY qu√© pensar√° si no vuelves? ¬óinquiri√≥ con la voz cortante.

—No tengo ni idea —repliqué con frialdad—. Sabe que tengo intención de hacer la colada. Tal vez crea que me he
caído dentro de la lavadora.

Me mir√≥ con el ce√Īo enfurru√Īado y yo hice lo mismo. Su rabia fue mucho m√°s impresionante que la m√≠a.

¬ó ¬ŅQu√© vas a cazar esta noche? ¬óle pregunt√© cuando estuve segura de haber perdido el concurso de ce√Īos.

—Cualquier cosa que encontremos en el parque —parecía divertido por mi informal referencia a sus actividades
secretas¬ó. No vamos a ir lejos.

¬ó ¬ŅPor qu√© vas con Alice? ¬óme extra√Ī√©.

¬óAlice es la m√°s... compasiva.

Frunci√≥ el ce√Īo al hablar.

¬ó ¬ŅY los otros? ¬óPregunt√© con timidez¬ó. ¬ŅC√≥mo se lo toman?

Arrugó la frente durante unos momentos.

—La mayoría con incredulidad.

Miré a hurtadillas y con rapidez a su familia. Permanecían sentados con la mirada perdida en diferentes direcciones,
del mismo modo que la primera vez que los vi. Sólo que ahora eran cuatro, su hermoso hermano con pelo de bronce
se sentaba frente a mí con los dorados ojos turbados.

¬óNo les gusto ¬ósupuse.

—No es eso —disintió, pero sus ojos eran demasiado inocentes para mentir—. No comprenden por qué no te puedo
dejar sola.

Sonreí de oreja a oreja.

¬óYo tampoco, si vamos al caso.

Edward movió la cabeza lentamente y luego miró al techo antes de que nuestras miradas volvieran a encontrarse.

¬óTe lo dije, no te ves a ti misma con ninguna claridad. No te pareces a nadie que haya conocido. Me fascinas.

Le dirigí una mirada de furia, segura de que hablaba en broma. Edward sonrió al descifrar mi expresión.

—Al tener las ventajas que tengo —murmuró mientras se tocaba la frente con discreción—, disfruto de una superior
comprensi√≥n de la naturaleza humana. Las personas son predecibles, pero t√ļ nunca haces lo que espero. Siempre me
pillas desprevenido.

Desvié la mirada y mis ojos volvieron a vagar de vuelta a su familia, avergonzada y decepcionada. Sus palabras me
hacían sentir como una cobaya. Quise reírme de mí misma por haber esperado otra cosa.


—Esa parte resulta bastante fácil de explicar —continuó. Aunque todavía no era capaz de mirarle, sentí sus ojos
fijos en mi rostro¬ó, pero hay m√°s, y no es tan sencillo expresarlo con palabras...

Seguía mirando fijamente a los Cullen mientras él hablaba. De repente, Rosalie, su rubia e impresionante hermana,
se volvió para echarme un vistazo. No, no para echarme un vistazo. Para atraparme en una mirada feroz con sus ojos
fríos y oscuros. Hasta que Edward se interrumpió a mitad de frase y emitió un bufido muy bajo. Fue casi un siseo.

Rosalie giró la cabeza y me liberé. Volví a mirar a Edward, y supe que podía ver la confusión y el miedo que me
había hecho abrir tanto los ojos. Su rostro se tensó mientras se explicaba:

¬óLo lamento. Ella s√≥lo est√° preocupada. Ya ves... Despu√©s de haber pasado tanto tiempo en p√ļblico contigo no es
sólo peligroso para mí si... —bajó la vista.

¬ó ¬ŅSi...?

¬óSi las cosas van mal.

Dejó caer la cabeza entre las manos, como aquella noche en Port Angeles. Su angustia era evidente. Anhelaba
confortarle, pero estaba muy perdida para saber cómo hacerlo. Extendí la mano hacia él involuntariamente, aunque
rápidamente la dejé caer sobre la mesa, ante el temor de que mi caricia empeorase las cosas. Lentamente
comprendía que sus palabras deberían asustarme. Esperé a que el miedo llegara, pero todo lo que sentía era dolor
por su pesar.

Y frustración... Frustración porque Rosalie hubiera interrumpido fuera lo que fuera lo que estuviese a punto de decir.
No sabía cómo sacarlo a colación de nuevo. Seguía con la cabeza entre las manos. Intenté hablar con un tono de voz
normal:

¬ó ¬ŅTienes que irte ahora?

—Sí —alzó el rostro, por un momento estuvo serio, pero luego cambió de estado de ánimo y sonrió—.
Probablemente sea lo mejor. En Biolog√≠a a√ļn nos quedan por soportar quince minutos de esa espantosa pel√≠cula. No
creo que lo aguante m√°s.

Me llevé un susto. De repente, Alice se encontraba en pie detrás del hombro de Edward. Su pelo corto y de punta,
negro como la tinta, rodeaba su exquisita, delicada y peque√Īa faz como un halo impreciso. Su delgada figura era
esbelta y grácil incluso en aquella absoluta inmovilidad. Edward la saludó sin desviar la mirada de mí.

¬óAlice.

—Edward —respondió ella. Su aguda voz de soprano era casi tan atrayente como la de su hermano.

—Alice, te presento a Bella... Bella, ésta es Alice —nos presentó haciendo un gesto informal con la mano y una seca
sonrisa en el rostro.

¬óHola, Bella ¬ósus brillantes ojos de color obsidiana eran inescrutables, pero la sonrisa era cordial¬ó. Es un placer
conocerte al fin.

Edward le dirigió una mirada sombría.

—Hola, Alice —musité con timidez.

¬ó ¬ŅEst√°s preparado? ¬óle pregunt√≥.

—Casi —replicó Edward con voz distante—. Me reuniré contigo en el coche.

Alice se alejó sin decir nada más. Su andar era tan flexible y sinuoso que sentí una aguda punzada de celos.

¬óDeber√≠a decir ¬ęque te diviertas¬Ľ, ¬Ņo es el sentimiento equivocado? ¬óle pregunt√© volvi√©ndome hacia √©l.

¬óNo, ¬ęque te diviertas¬Ľ es tan bueno como cualquier otro.

Esbozó una amplia sonrisa.

¬óEn tal caso, que te diviertas.

Me esforc√© en parecer sincera, pero, por supuesto, no le enga√Ī√©.

¬óLo intentar√© ¬ósegu√≠a sonriendo¬ó. Y t√ļ, intenta mantenerte a salvo, por favor.

¬óA salvo en Forks... ¬°Menudo reto!

—Para ti lo es —el rostro se endureció—. Prométemelo.

—Prometo que intentaré mantenerme ilesa —declamé—. Esta noche haré la colada... Una tarea que no debería
entra√Īar demasiado peligro.

—No te caigas dentro de la lavadora —se mofó.

—Haré lo que pueda.

Se puso en pie y yo también me levanté.

¬óTe ver√© ma√Īana ¬ómusit√©.

¬óTe parece mucho tiempo, ¬Ņverdad? ¬ómurmur√≥.

Asentí con desánimo.

¬óPor la ma√Īana, all√≠ estar√© ¬óme prometi√≥ esbozando su sonrisa picara.

Extendió la mano a través de la mesa para acariciarme la cara, me rozó levemente los pómulos y luego se dio la
vuelta y se alejó. Clavé mis ojos en él hasta que se marchó.

Sentí la enorme tentación de hacer novillos el resto del día, faltar al menos a clase de Educación física, pero mi
instinto me detuvo. Sabía que Mike y los demás darían por supuesto que estaba con Edward si desaparecía ahora, y


a √©l le preocupaba el tiempo que pas√°bamos juntos en p√ļblico por si las cosas no sal√≠an bien. Me negu√© a
entretenerme con ese √ļltimo pensamiento y en vez de eso, concentr√© mi atenci√≥n en hacer que las cosas fueran m√°s
seguras para él.

Intuitivamente, sab√≠a ¬óy me daba cuenta de que √©l tambi√©n lo cre√≠a as√≠¬ó que ma√Īana iba a ser un momento crucial.
Nuestra relación no podía continuar en el filo de la navaja. Caeríamos a uno u otro lado, dependiendo por completo
de su elección o de sus instintos. Había tomado mi decisión, lo había hecho incluso antes de haber sido consciente
de la misma y me comprometí a llevarla a cabo hasta el final, porque para mí no había nada más terrible e
insoportable que la idea de separarme de él. Me resultaba imposible.

Resignada, me dirigí a clase. Para ser sincera, no sé qué sucedió en Biología, estaba demasiado preocupada con los
pensamientos de lo que sucedería al día siguiente. En la clase de gimnasia, Mike volvía a dirigirme la palabra otra
vez. Me deseó que tuviera buen tiempo en Seattle. Le expliqué con detalle que, preocupada por el coche, había
cancelado mi viaje.

¬ó ¬ŅVas a ir al baile con Cullen? ¬ópregunt√≥, repentinamente moh√≠no.

¬óNo, no voy a ir con nadie.

¬óEntonces, ¬Ņqu√© vas a hacer? ¬óinquiri√≥ con demasiado inter√©s.

Mi reacción instintiva fue decirle que dejara de entrometerse, pero en lugar de eso le mentí alegremente.

—La colada, y he de estudiar para el examen de Trigonometría o voy a suspender.

¬ó ¬ŅTe est√° ayudando Cullen con los estudios?

—Edward —enfaticé— no me va ayudar con los estudios. Se va a no sé dónde durante el fin de semana.

Noté con sorpresa que las mentiras me salían con mayor naturalidad que de costumbre.

—Ah —se animó—. Ya sabes, de todos modos, puedes venir al baile con nuestro grupo. Estaría bien. Todos
bailaríamos contigo —prometió.

La imagen mental del rostro de Jessica hizo que el tono de mi voz fuera m√°s cortante de lo necesario.

¬óMike, no voy a ir al baile, ¬Ņde acuerdo?

¬óVale ¬óse enfurru√Ī√≥ otra vez¬ó. S√≥lo era una oferta.

Cuando al fin terminaron las clases, me dirigí al aparcamiento sin entusiasmo. No me apetecía especialmente ir a
casa a pie, pero no veía la forma de recuperar el monovolumen. Entonces, comencé a creer una vez más que no
hab√≠a nada imposible para √©l. Este √ļltimo instinto demostr√≥ ser correcto: mi coche estaba en la misma plaza en la
que √©l hab√≠a aparcado el Volvo por la ma√Īana. Incr√©dula, sacud√≠ la cabeza mientras abr√≠a la puerta ¬óno estaba
echado el pestillo— y vi las llaves en el bombín de la puesta en marcha.

Había un pedazo de papel blanco doblado sobre mi asiento. Lo tomé y cerré la puerta antes de desdoblarlo. Había
escrito dos palabras con su elegante letra: ¬ęS√© prudente¬Ľ.

El sonido del motor al arrancar me asustó. Me reí de mí misma.

El pomo de la puerta estaba cerrado y el pestillo sin echar, tal y como se hab√≠a quedado por la ma√Īana. Una vez
dentro, me fui directa al lavadero. Parecía que todo seguía igual. Hurgué entre la ropa en busca de mis vaqueros y
revisé los bolsillos una vez que los hube encontrado. Vacíos. Quizás las hubiera dejado colgando dentro del coche,
pensé sacudiendo la cabeza.

Siguiendo el mismo instinto que me había movido a mentir a Mike, telefoneé a Jessica so pretexto de desearle suerte
en el baile. Cuando ella me deseó lo mismo para mi día con Edward, le hablé de la cancelación. Parecía más
desencantada de lo realmente necesario para ser una observadora imparcial. Después de eso, me despedí
r√°pidamente.

Charlie estuvo distraído durante la cena, supuse que le preocupaba algo relacionado con el trabajo, o tal vez con el
partido de baloncesto, o puede que le hubiera gustado de verdad la lasa√Īa. Con Charlie, era dif√≠cil saberlo.

¬ó ¬ŅSabes, pap√°? ¬ócomenc√©, interrumpiendo su meditaci√≥n.

¬ó ¬ŅQu√© pasa, Bella?

¬óCreo que tienes raz√≥n en lo del viaje a Seattle. Me parece que voy a esperar hasta que Jessica o alg√ļn otro me
puedan acompa√Īar.

¬óAh ¬ódijo sorprendido¬ó. De acuerdo. Bueno, ¬Ņquieres que me quede en casa?

—No, papá, no cambies de planes. Tengo un millón de cosas que hacer: los deberes, la colada, necesito ir a la
biblioteca y al supermercado. Estaré entrando y saliendo todo el día. Ve y diviértete.

¬ó ¬ŅEst√°s segura?

¬óTotalmente, pap√°. Adem√°s, el nivel de pescado del congelador est√° bajando peligrosamente... Hemos descendido
hasta tener reservas s√≥lo para dos o tres a√Īos.

Me sonrió.

¬óResulta muy f√°cil vivir contigo, Bella.

—Podría decir lo mismo de ti —contesté entre risas demasiado apagadas, pero no pareció notarlo. Me sentí culpable
por hacerle creer aquello, y estuve a punto de seguir el consejo de Edward y decirle dónde iba a estar. A punto.


Después de la cena, doblé la ropa y puse otra colada en la secadora. Por desgracia, era la clase de trabajo que sólo
mantiene ocupadas las manos y mi mente tuvo demasiado tiempo libre, sin duda, y debido a eso perdí el control.
Fluctuaba entre una ilusión tan intensa que se acercaba al dolor y un miedo insidioso que minaba mi resolución.
Tuve que seguir recordándome que ya había elegido y que no había vuelta atrás. Saqué del bolsillo la nota de
Edward dedicando mucho más esfuerzo del necesario para embeberme con las dos simples palabras que había
escrito. El quería que estuviera a salvo, me dije una y otra vez. Sólo podía aferrarme a la confianza de que al fin ese
deseo prevaleciera sobre los dem√°s. ¬ŅQu√© otra alternativa ten√≠a? ¬ŅApartarle de mi vida? Intolerable. Adem√°s, en
realidad, parecía que toda mi vida girase en torno a él desde que vine a Forks.

Una vocecita preocupada en el fondo de mi mente se preguntaba cuánto dolería en el caso de que las cosas
terminaran mal.

Me sentí aliviada cuando se hizo lo bastante tarde para acostarme. Sabía de sobra que estaba demasiado estresada
para dormir, por lo que hice algo que nunca había hecho antes: tomar sin necesidad y de forma consciente una
medicina para el resfriado, de esas que me dejaban grogui durante unas ocho horas. Normalmente no hubiera
justificado esa clase de comportamiento en mí misma, pero el día siguiente ya iba a ser bastante complicado como
para a√Īadirle que estuviera atolondrada por no haber pegado ojo. Me sequ√© el pelo hasta que estuvo totalmente liso
y me ocupé de la ropa que llevaría al día siguiente mientras aguardaba a que hiciera efecto el fármaco.

Una vez que lo tuve todo listo para el día siguiente, me tendí al fin en la cama. Estaba agitada, sin poder parar de dar
vueltas. Me levanté y revolví la caja de zapatos con los CD hasta encontrar una recopilación de los nocturnos de
Chopin. Lo puse a un volumen muy bajo y volví a tumbarme, concentrándome en ir relajando cada parte de mi
cuerpo. En alg√ļn momento de ese ejercicio, hicieron efecto las pastillas contra el resfriado y, por suerte, me qued√©
dormida.

Me desperté a primera hora después de haber dormido a pierna suelta y sin pesadillas gracias al innecesario uso de
los fármacos. Aun así, salté de la cama con el mismo frenesí de la noche anterior. Me vestí rápidamente, me ajusté
el cuello alrededor de la garganta y seguí forcejeando con el suéter de color canela hasta colocarlo por encima de los
vaqueros. Con disimulo, eché un rápido vistazo por la ventana para verificar que Charlie se había marchado ya. Una
fina y algodonosa capa de nubes cubría el cielo, pero no parecía que fuera a durar mucho. Desayuné sin saborear lo
que comía y me apresuré a fregar los platos en cuanto hube terminado. Volví a echar un vistazo por la ventana, pero
no se había producido cambio alguno. Apenas había terminado de cepillarme los dientes y me disponía a bajar las
escaleras cuando una sigilosa llamada de nudillos provocó un sordo golpeteo de mi corazón contra las costillas.

Fui corriendo hacia la entrada. Tuve un peque√Īo problema con el pestillo, pero al fin consegu√≠ abrir la puerta de un
tirón y allí estaba él. Se desvaneció toda la agitación y recuperé la calma en cuanto vi su rostro.

Al principio no estaba sonriente, sino sombrío, pero su expresión se alegró en cuanto se fijó en mí, y se rió entre
dientes.

—Buenos días.

¬ó ¬ŅQu√© ocurre?

Eché un vistazo hacia abajo para asegurarme de que no me había olvidado de ponerme nada importante, como los
zapatos o los pantalones.

¬óVamos a juego.

Se volvió a reír. Me di cuenta de que él llevaba un gran suéter ligero del mismo color que el mío, cuyo cuello a la
caja dejaba al descubierto el de la camisa blanca que llevaba debajo, y unos vaqueros azules. Me uní a sus risas al
tiempo que ocultaba una secreta punzada de arrepentimiento... ¬ŅPor qu√© ten√≠a √©l que parecer un modelo de pasarela
y yo no?

Cerré la puerta al salir mientras él se dirigía al monovolumen. Aguardó junto a la puerta del copiloto con una
expresión resignada y perfectamente comprensible.

—Hicimos un trato —le recordé con aire de suficiencia mientras me encaramaba al asiento del conductor y me
estiraba para abrirle la puerta.

¬ó ¬ŅAdonde? ¬óle pregunt√©.

—Ponte el cinturón... Ya estoy nervioso.

Le dirigí una mirada envenenada mientras le obedecía.

¬ó ¬ŅAdonde? ¬órepet√≠ suspirando.

—Toma la 101 hacia el norte —ordenó.

Era sorprendentemente difícil concentrarse en la carretera al mismo tiempo que sentía sus ojos clavados en mi
rostro. Lo compens√© conduciendo con m√°s cuidado del habitual mientras cruzaba las calles del pueblo, a√ļn
dormido.

¬ó ¬ŅTienes intenci√≥n de salir de Forks antes del anochecer?

¬óUn poco de respeto ¬óle recrimin√©¬ó, este trasto tiene los suficientes a√Īos para ser el abuelo de tu coche.

A pesar de su comentario recriminatorio, pronto atisbamos los límites del pueblo. Una maleza espesa y una ringlera
de troncos verdes reemplazaron las casas y el césped.


—Gira a la derecha para tomar la 101 —me indicó cuando estaba a punto de preguntárselo. Obedecía en silencio.

¬óAhora, avanzaremos hasta que se acabe el asfalto.

Detecté cierta sorna en su voz, pero tenía demasiado miedo a salirme de la carretera como para mirarle y asegurarme
de que estaba en lo cierto.

¬ó ¬ŅQu√© hay all√≠, donde se acaba el asfalto?

¬óUna senda.

¬ó ¬ŅVamos de caminata? ¬ópregunt√© preocupada. Gracias a Dios, me hab√≠a puesto las zapatillas de tenis.

¬ó ¬ŅSupone alg√ļn problema?

Lo dijo como si esperara que fuera así.

¬óNo.

Intenté que la mentira pareciera convincente, pero si pensaba que el monovolumen era lento, tenía que esperar a
verme a mí...

—No te preocupes, sólo son unos ocho kilómetros y no iremos deprisa.

¡Ocho kilómetros! No le respondí para que no notara cómo el pánico quebraba mi voz. Ocho kilómetros de raíces
traicioneras y piedras sueltas que intentarían torcerme el tobillo o incapacitarme de alguna otra manera. Aquello iba
a resultar humillante.

Avanzamos en silencio durante un buen rato mientras yo sentía pavor ante la perspectiva de nuestra llegada.

¬ó ¬ŅEn qu√© piensas? ¬ópregunt√≥ con impaciencia.

—Sólo me preguntaba adonde nos dirigimos —volví a mentirle.

¬óEs un lugar al que me gusta mucho ir cuando hace buen tiempo.

Luego, ambos nos pusimos a mirar por las ventanillas a las nubes, que comenzaban a diluirse en el firmamento.

—Charlie dijo que hoy haría buen tiempo.

¬ó ¬ŅLe dijiste lo que te propon√≠as?

¬óNo.

¬óPero Jessica cree que vamos a Seattle juntos... ¬óla idea parec√≠a de su agrado¬ó. ¬ó ¬ŅNo?

—No, le dije que habías suspendido el viaje... cosa que es cierta.

¬ó ¬ŅNadie sabe que est√°s conmigo? ¬óinquiri√≥, ahora con enfado.

¬óEso depende... ¬ŅHe de suponer que se lo has contado a Alice?

¬óEso es de mucha ayuda, Bella ¬ódijo bruscamente.

Fingí no haberle oído, pero volvió a la carga y preguntó:

¬ó ¬ŅTe deprime tanto Forks que est√°s preparando tu suicidio?

—Dijiste que un exceso de publicidad sobre nosotros podría ocasionarte problemas —le recordé.

¬ó ¬ŅY a ti te preocupan mis posibles problemas? ¬óEl tono de su voz era de enfado y amargo sarcasmo¬ó. ¬ŅY si no
regresas?

Negué con la cabeza sin apartar la vista de la carretera. Murmuró algo en voz baja, pero habló tan deprisa que no le
comprendí.

Nos mantuvimos en silencio el resto del trayecto en el coche. Noté que en su interior se alzaban oleadas de rabiosa
desaprobación, pero no se me ocurría nada que decir.

Entonces se terminó la carretera, que se redujo hasta convertirse en una senda de menos de medio metro de ancho
jalonada de peque√Īos indicadores de madera. Aparqu√© sobre el estrecho arc√©n y sal√≠ sin atreverme a fijar mi vista en
él puesto que se había enfadado conmigo, y tampoco tenía ninguna excusa para mirarle. Hacía calor, mucho más del
que había hecho en Forks desde el día de mi llegada, y a causa de las nubes hacía casi bochorno. Me quité el suéter
y lo anudé en torno a mi cintura, contenta de haberme puesto una camiseta liviana y sin mangas, sobre todo si me
esperaban ocho kilómetros a pie.

Le oí dar un portazo y pude comprobar que también él se había desprendido del suéter. Permanecía cerca del coche,
de espaldas a mí, encarándose con el bosque primigenio.

¬óPor aqu√≠ ¬óindic√≥, girando la cabeza y con expresi√≥n a√ļn molesta. Comenz√≥ a adentrarse en el sombr√≠o bosque.

¬ó ¬ŅY la senda?

El pánico se manifestó en mi voz mientras rodeaba el vehículo para darle alcance.

—Dije que al final de la carretera había un sendero, no que lo fuéramos a seguir.

¬ó ¬°¬ŅNo iremos por la senda?! ¬ópregunt√© con desesperaci√≥n.

¬óNo voy a dejar que te pierdas.

Se dio la vuelta al hablar, sonriendo con mofa, y contuve un gemido. Llevaba desabotonada la camiseta blanca sin
mangas, por lo que la suave superficie de su piel se veía desde el cuello hasta los marmóreos contornos de su pecho,
sin que su perfecta musculatura quedara oculta debajo de la ropa. La desesperación me hirió en lo más hondo al
comprender que era demasiado perfecto. No había manera de que aquella criatura celestial estuviera hecha para mí.

Desconcertado por mi expresión torturada, Edward me miró fijamente.

¬ó ¬ŅQuieres volver a casa? ¬ódijo con un hilo de voz. Un dolor de diferente naturaleza al m√≠o impregnaba su voz.


Me adelanté hasta llegar a su altura, ansiosa por no desperdiciar ni un segundo del tiempo que pudiera estar en su
compa√Ī√≠a.

¬ó ¬ŅQu√© va mal? ¬ópregunt√≥ con amabilidad.

—No soy una buena senderista —le expliqué con desánimo—. Tendrás que tener paciencia conmigo.

¬óPuedo ser paciente si hago un gran esfuerzo.

Me sonri√≥ y sostuvo mi mirada en un intento de levantarme el √°nimo, s√ļbita e inexplicablemente alica√≠do. Intent√©
devolverle la sonrisa, pero no fue convincente. Estudió mi rostro.

—Te llevaré de vuelta a casa —prometió.

No supe determinar si la promesa se refería al final de la jornada o a una marcha inmediata. Sabía que él creía que
era el miedo lo que me turbaba, y de nuevo agradec√≠ ser yo la √ļnica persona a la que no le pudiera leer el
pensamiento.

—Si quieres que recorra ocho kilómetros a través de la selva antes del atardecer, será mejor que empieces a
indicarme el camino —le repliqué con acritud.

Torció el gesto mientras se esforzaba por comprender mi tono y la expresión de mis facciones. Después de unos
momentos, se rindió y encabezó la marcha hacia el bosque.

No resultó tan duro como me había temido. El camino era plano la mayor parte del tiempo y estuvo a mi lado para
sostenerme al pasar por los h√ļmedos hel√©chos y los mosaicos de musgo. Cuando ten√≠amos que sortear √°rboles
caídos o pedruscos, me ayudaba, levantándome por el codo y soltándome en cuanto la senda se despejaba. El toque
gélido de su piel sobre la mía hacía palpitar mi corazón invariablemente. Las dos veces en que esto sucedió miré de
reojo su rostro, estaba segura de que, no sabía cómo, él oía mis latidos.

Intenté mantener los ojos lejos de su cuerpo perfecto tanto como me fue posible, pero a menudo no podía resistir la
tentación de mirarle, y su hermosura me sumía en la tristeza.

Recorrimos en silencio la mayor parte del trayecto. De vez en cuando, Edward formulaba una pregunta al azar, una
de las que no me hab√≠a hecho en los dos d√≠as anteriores de interrogatorio. Me interrog√≥ sobre mis cumplea√Īos, los
profesores en la escuela primaria y las mascotas de mi infancia... Tuve que admitir que había renunciado a ellas
después de que se murieran tres peces de forma seguida. Rompió a reír al oírlo con más fuerza de lo que me tenía
acostumbrada... De los bosques desiertos se levant√≥ un eco similar al ta√Īido de las campanas.

La caminata me llev√≥ la mayor parte de la ma√Īana, pero √©l no mostr√≥ signo alguno de impaciencia. El bosque se
extendía a nuestro alrededor en un interminable laberinto de viejos árboles, y la idea de que no encontráramos la
salida comenzó a ponerme nerviosa. Edward se encontraba muy a gusto y cómodo en aquel dédalo de color verde, y
nunca pareció dudar sobre qué dirección tomar.

Después de varias horas, la luz pasó de un tenebroso tono oliváceo a otro jade más brillante al filtrarse a través del
dosel de ramas. El día se había vuelto soleado, tal y como él había predicho. Comencé a sentir un estremecimiento
de entusiasmo por primera vez desde que entré en el bosque, sensación que rápidamente se convirtió en
impaciencia.

¬ó ¬ŅA√ļn no hemos llegado? ¬óle pinch√©, fingiendo fruncir el ce√Īo.

¬óCasi ¬ósonri√≥ ante el cambio de mi estado de √°nimo¬ó. ¬ŅVes ese fulgor de ah√≠ delante?

¬óHumm ¬ómir√© atentamente a trav√©s del denso follaje del bosque¬ó. ¬ŅDeber√≠a verlo?

Esbozó una sonrisa burlona.

¬óPuede que sea un poco pronto para tus ojos.

—Tendré que pedir hora para visitar al oculista —murmuré.

Su sonrisa de mofa se hizo m√°s pronunciada.

Pero entonces, despu√©s de recorrer otros cien metros, pude ver sin ning√ļn g√©nero de duda una luminosidad en los
árboles que se hallaban delante de mí, un brillo que era amarillo en lugar de verde. Apreté el paso, mi avidez crecía
conforme avanzaba. Edward me dejó que yo fuera delante y me siguió en silencio.

Alcanc√© el borde de aquel remanso de luz y atraves√© la √ļltima franja de helecho para entrar en el lugar m√°s
maravilloso que hab√≠a visto en mi vida. La pradera era un peque√Īo c√≠rculo perfecto lleno de flores silvestres:
violetas, amarillas y de tenue blanco. Pod√≠a o√≠r el burbujeo musical de un arroyo que flu√≠a en alg√ļn lugar cercano. El
sol estaba directamente en lo alto, colmando el redondel de una blanquecina calima luminosa. Pasmada, caminé
sobre la mullida hierba en medio de las flores, balance√°ndose al c√°lido aire dorado. Me di media vuelta para
compartir con él todo aquello, pero Edward no estaba detrás de mí, como creía. Repentinamente alarmada, giré a mí
alrededor en su busca. Finalmente, lo localicé, inmóvil debajo de la densa sombra del dosel de ramas, en el mismo
borde del claro, mientras me contemplaba con ojos cautelosos. Sólo entonces recordé lo que la belleza del prado me
había hecho olvidar: el enigma de Edward y el sol, lo que me había prometido mostrarme hoy.

Di un paso hacia él, con los ojos relucientes de curiosidad. Los suyos en cambio se mostraban recelosos. Le sonreí
para infundirle valor y le hice se√Īas para que se reuniera conmigo, acerc√°ndome un poco m√°s. Alz√≥ una mano en
se√Īal de aviso y yo vacil√©, y retroced√≠ un paso.

Edward pareció inspirar hondo y entonces salió al brillante resplandor del mediodía.