8 - Bran

Llevaba d√≠as muri√©ndose de impaciencia, no ve√≠a la hora de iniciar el viaje. Iba a recorrer el camino real a caballo, no a lomos de un poni, sino de un caballo de verdad. Su padre ser√≠a la Mano del Rey, vivir√≠an en el castillo rojo de Desembarco del Rey, el castillo que hab√≠an construido los Se√Īores Drag√≥n. La Vieja Tata dec√≠a que all√≠ hab√≠a fantasmas, y mazmorras donde hab√≠an pasado cosas horribles, y que los muros estaban adornados con cabezas de drag√≥n. S√≥lo con imaginarlo a Bran le daban escalofr√≠os, pero no ten√≠a miedo. ¬ŅPor qu√© iba a tenerlo? Su padre estar√≠a con √©l, y el rey, y todos los caballeros del rey, y sus espadas leales.
Alg√ļn d√≠a el mismo Bran ser√≠a caballero y pertenecer√≠a a la Guardia Real. La Vieja Tata dec√≠a que los Guardias eran las mejores espadas del reino. S√≥lo eran siete, vest√≠an armadura blanca y no ten√≠an esposa ni hijos, viv√≠an s√≥lo para servir al rey. Bran se sab√≠a de memoria todas las leyendas. Sus nombres le sonaban a m√ļsica celestial. Serwyn del Escudo Espejo. Ser Ryam Redwyne. El pr√≠ncipe Aemon, el Caballero Drag√≥n. Los gemelos Ser Erryk y Ser Arryk, que se hab√≠an matado mutuamente en una lucha a espada hac√≠a cientos de a√Īos, cuando el hermano luch√≥ contra la hermana en la guerra que los trovadores llamaron la Danza de los Dragones. El Toro Blanco, Gerold Hightower. Ser Arthur Dayne, la Espada del Amanecer. Barristan el Bravo.
El rey Robert hab√≠a llegado al norte acompa√Īado por dos de sus Guardias Reales. Bran los hab√≠a observado con fascinaci√≥n, sin atreverse a dirigirles la palabra. Ser Boros era un hombret√≥n calvo y con papada, y Ser Meryn ten√≠a bolsas bajo los ojos y barba color √≥xido. Ser Jaime Lannister se parec√≠a m√°s a los caballeros de las historias, y tambi√©n pertenec√≠a a la Guardia Real, pero Robb dijo que hab√≠a matado al viejo rey loco y que ya no contaba. El m√°s grande de los caballeros vivos era Ser Barristan Selmy, Barristan el Bravo, Lord Comandante de la Guardia Real. Su padre le hab√≠a prometido que, cuando llegaran a Desembarco del Rey, podr√≠a ver a Ser Barristan en persona, y desde entonces Bran marcaba en la pared los d√≠as que faltaban para la partida, ansioso por ver un mundo con el que s√≥lo hab√≠a so√Īado, de empezar una vida que apenas pod√≠a imaginar.
Pero ahora que hab√≠a llegado el √ļltimo d√≠a Bran se sinti√≥ perdido de repente. No conoc√≠a m√°s hogar que Invernalia. Su padre le hab√≠a dicho que aquel d√≠a deb√≠a despedirse de todo el mundo, y √©l lo hab√≠a intentado. Cuando los cazadores se marcharon, vag√≥ por el castillo con su lobo para ver a todos los que iban a quedar atr√°s, la Vieja Tata y Gage, el cocinero, Mikken en la herrer√≠a, Hodor el mozo de cuadra que siempre sonre√≠a y cuidaba de su poni, y s√≥lo sab√≠a decir ¬ęHodor¬Ľ, el hombre de los invernaderos que le daba moras cuando lo visitaba...
Pero no fue posible. Hab√≠a ido al establo en primer lugar, y all√≠ estaba su poni, pero ya no era su poni, le iban a dar un caballo de verdad y el poni se quedar√≠a en Invernalia, y de pronto Bran tuvo ganas de sentarse en el suelo y llorar. Se dio media vuelta y sali√≥ corriendo antes de que Hodor y los otros mozos de cuadra le vieran las l√°grimas en los ojos. As√≠ terminaron las despedidas. En lugar de visitar a nadie m√°s, Bran se pas√≥ la ma√Īana a solas en el bosque de dioses, intentando ense√Īar a su lobo a traerle de vuelta el palo que le lanzaba sin conseguirlo. El cachorro era m√°s listo que cualquiera de los perros de su padre, y Bran habr√≠a jurado que entend√≠a todo lo que le dec√≠a, pero por lo visto no le interesaba la caza de palos.
Todav√≠a no se hab√≠a decidido por ning√ļn nombre para el animal. Robb llamaba al suyo Viento Gris, porque corr√≠a muy deprisa. Sansa le hab√≠a puesto Dama a la suya, Arya la hab√≠a bautizado con el nombre de una reina bruja de las leyendas, y el del peque√Īo Rickon se llamaba Peludo, que en opini√≥n de Bran era un nombre bien idiota para un huargo. El lobo de Jon, el blanco, se llamaba Fantasma. A Bran le hubiera gustado que ese nombre se le ocurriera a √©l, aunque su lobo no fuera blanco. Hab√≠a probado cientos de nombres en las dos √ļltimas semanas, y ninguno le acababa de gustar.
Por fin se hart√≥ del juego del palo y decidi√≥ ir a trepar. Con todo lo que hab√≠a pasado √ļltimamente hac√≠a semanas que no sub√≠a a la torre rota, y quiz√° aqu√©lla fuera su √ļltima oportunidad.
Cruzó el bosque de dioses por el camino más largo, dando un rodeo para evitar el estanque donde crecía el árbol corazón. El árbol corazón siempre le había dado miedo. En opinión de Bran, los árboles no deberían tener ojos, ni hojas que parecieran manos. Su lobo corría pisándole los talones.
‚ÄĒT√ļ te quedas aqu√≠ ‚ÄĒle dijo al pie del √°rbol centinela que se alzaba junto al muro de la armer√≠a‚ÄĒ. T√ļmbate. Eso es, muy bien. Quieto.
El lobo hizo lo que le ordenaban. Bran le rascó detrás de las orejas, se dio la vuelta, de un salto se agarró a una rama baja y se aupó. Se movía con facilidad de rama en rama, y ya estaba a mitad del tronco cuando el lobo se puso de pie y empezó a aullar.
Bran mir√≥ abajo. El lobo se call√≥ y clav√≥ en √©l sus ojos amarillos y rasgados. El ni√Īo sinti√≥ un extra√Īo escalofr√≠o. El lobo volvi√≥ a aullar.
‚ÄĒ¬°Calla! ‚ÄĒle chill√≥‚ÄĒ. Si√©ntate. Quieto. Eres peor que mi madre.
Los aullidos lo persiguieron mientras seguía trepando, hasta que por fin saltó al tejado de la armería y el lobo lo perdió de vista.
Los tejados de Invernalia eran el segundo hogar de Bran. Su madre dec√≠a a menudo que Bran ya trepaba antes de empezar a andar. El ni√Īo no recordaba cu√°ndo aprendi√≥ a andar, pero tampoco recordaba cu√°ndo trep√≥ por primera vez, as√≠ que supon√≠a que era cierto.
Para un ni√Īo, Invernalia era un laberinto de piedra gris formado por murallas, torres, patios y t√ļneles que se extend√≠an en todas direcciones. En las zonas m√°s antiguas del castillo las salas estaban inclinadas y a diferentes niveles, as√≠ que uno nunca sab√≠a a ciencia cierta en qu√© piso estaba. El maestre Luwin le hab√≠a contado hac√≠a tiempo que la edificaci√≥n hab√≠a ido creciendo a lo largo de los siglos como un monstruoso √°rbol de piedra, con ramas gruesas, nudosas y retorcidas, y ra√≠ces profundamente hundidas en la tierra.
Cuando sal√≠a a los tejados, cerca del cielo, Bran abarcaba toda Invernalia de un vistazo. Le gustaba c√≥mo se ve√≠a desde all√≠, c√≥mo se extend√≠a a sus pies, disfrutaba cuando sobre su cabeza s√≥lo se encontraban los p√°jaros y toda la vida del castillo se desarrollaba abajo. Pod√≠a pasarse horas enteras entre las g√°rgolas informes, desgastadas por la lluvia, que desde su lugar en el Primer Torre√≥n lo vigilaban todo: a los hombres que trabajaban la madera y el acero en el patio, a los cocineros que se ocupaban de las verduras en el invernadero, a los perros inquietos que correteaban por las perreras, el silencio del bosque de dioses, a las jovencitas que chismorreaban junto al pozo donde lavaban los platos... Aquello lo hac√≠a sentir como si fuera el se√Īor del castillo, en un sentido que jam√°s compartir√≠a el propio Robb.
As√≠ hab√≠a aprendido tambi√©n los secretos de Invernalia. Los constructores no se hab√≠an molestado en nivelar el terreno. Tras los muros hab√≠a colinas y valles. Hab√≠a tambi√©n un puente cubierto que iba del cuarto piso del campanario al segundo de la torre donde se criaban los cuervos. Bran lo sab√≠a. Tambi√©n sab√≠a que era posible penetrar en el muro interior por la puerta sur, subir tres pisos y circundar toda Invernalia por un angosto t√ļnel en la piedra, para despu√©s salir al nivel del suelo por la puerta norte, donde una pared de cien metros se alzaba a la espalda. El chico estaba seguro de que ni siquiera el maestre Luwin sab√≠a aquello.
A su madre le aterraba pensar que alg√ļn d√≠a Bran se caer√≠a de un muro y sematar√≠a. √Čl le dec√≠a que no, pero ella no le cre√≠a. Una vez consigui√≥ que le prometiera que no volver√≠a a trepar. El ni√Īo se las arregl√≥ para mantener su promesa durante quince largos d√≠as; en todos se sinti√≥ profundamente desgraciado, hasta que una noche sali√≥ por la ventana de su dormitorio mientras sus hermanos estaban sumidos en un profundo sue√Īo.
Al día siguiente, atormentado por el remordimiento, confesó su crimen. Lord Eddard le ordenó que fuera al bosque de dioses para purificarse. Puso a varios hombres de guardia, para asegurarse de que Bran pasaba la noche allí a solas reflexionando sobre su desobediencia. Lo encontraron durmiendo a pierna suelta entre las ramas más elevadas del centinela más alto del bosquecillo.
Su padre se enfadó, pero no pudo contener una carcajada.
‚ÄĒNo eres hijo m√≠o ‚ÄĒdijo a Bran cuando consiguieron bajarlo‚ÄĒ. Eres una ardilla. Pues bien, as√≠ sea. Si quieres trepar, trepa, pero que no te vea tu madre.
Bran lo intent√≥ de todo coraz√≥n, aunque en el fondo sab√≠a que no la enga√Īaba. Y ella, ya que no consegu√≠a que su padre se lo prohibiera, busc√≥ la ayuda de otros. La Vieja Tata cont√≥ a Bran la historia de un ni√Īo malo que trep√≥ tan alto que lo alcanz√≥ un rayo y los cuervos se acercaron a picotearle los ojos. Aquello no impresion√≥ lo m√°s m√≠nimo al chico. En la cima de la torre rota, donde nadie aparte de √©l sub√≠a jam√°s, hab√≠a nidos de cuervos; muchas veces se llenaba los bolsillos de ma√≠z antes de trepar, y los p√°jaros lo com√≠an de su mano. Ninguno hab√≠a mostrado nunca el menor inter√©s en sacarle los ojos a picotazos.
M√°s adelante el maestre Luwin hizo un mu√Īeco de arcilla, lo visti√≥ con la ropa de Bran y lo lanz√≥ desde la cima del muro al patio, para demostrarle qu√© le suceder√≠a si se ca√≠a. Aquello hab√≠a sido m√°s divertido, pero Bran se limit√≥ a mirar al maestre.
‚ÄĒYo no soy de arcilla ‚ÄĒle dijo‚ÄĒ. Adem√°s, nunca me caigo.
Despu√©s hubo una temporada en que los guardias lo persegu√≠an cada vez que lo ve√≠an en los tejados e intentaban obligarlo a bajar. Eso fue lo mejor de todo. Era como jugar con sus hermanos, s√≥lo que Bran ganaba siempre. No hab√≠a guardia capaz de trepar tan arriba como √©l, ni siquiera Jory. Adem√°s, casi siempre pasaba desapercibido. La gente nunca miraba hacia arriba. √Čsa era otra de las cosas que le gustaban de trepar: se sent√≠a casi invisible.
Tambi√©n le gustaba la sensaci√≥n de auparse por una pared, piedra tras piedra, buscando las grietas entre ellas con los dedos de las manos y los pies. Siempre se quitaba las botas e iba descalzo cuando trepaba. Se sent√≠a como si tuviera cuatro manos en vez de dos. Disfrutaba con aquel dolor profundo y dulce que le invad√≠a despu√©s los m√ļsculos. Le gustaba el sabor que ten√≠a el aire en la cima, dulce y fresco como un melocot√≥n de invierno. Le gustaban tambi√©n los p√°jaros: los cuervos de la torre rota, los diminutos gorriones que anidaban en las grietas entre las piedras, el viejo b√ļho que dormitaba en el desv√°n polvoriento sobre la armer√≠a... Bran los conoc√≠a a todos.
Y, m√°s que nada en el mundo, le gustaba estar en lugares a los que nadie m√°s pod√≠a ir, y ver la mole gris y dispersa de Invernalia de una manera que ning√ļn otro ve√≠a. As√≠, todo el castillo era el escondite secreto de Bran.
Su territorio favorito era la torre rota. En el pasado hab√≠a sido una torre de vigilancia, la m√°s alta de Invernalia. Hac√≠a mucho tiempo, cien a√Īos antes de que naciera su padre, cay√≥ un rayo que la incendi√≥. El tercio superior de la estructura se hab√≠a derrumbado y ca√≠do en el interior, y la torre jam√°s se hab√≠a reconstruido. De cuando en cuando su padre enviaba ratoneros a la base de la torre para acabar con los nidos que siempre encontraban entre el laberinto de cascotes y vigas chamuscadas y podridas. Pero ya nadie sub√≠a a la cima desgarrada de la estructura, a excepci√≥n de Bran y los cuervos.
Conocía dos caminos para llegar allí. Se podía trepar por un lado de la propia torre, pero las piedras estaban sueltas y el mortero que las había mantenido unidas ya no era más que un recuerdo, así que a Bran no le gustaba descargar todo su peso sobre ellas.
El mejor camino part√≠a del bosque de dioses, hab√≠a que trepar a las ramas m√°s altas del centinela, y cruzar sobre la armer√≠a y la sala de la guardia, saltando de tejado en tejado, descalzo para que los guardias no oyeran las pisadas sobre ellos. As√≠ se llegaba al lado menos visible del Primer Torre√≥n, la zona m√°s antigua del castillo, una fortaleza redonda y achatada que era m√°s alta de lo que parec√≠a a simple vista. Desde all√≠ se pod√≠a ir directamente adonde las g√°rgolas se asomaban para mirar ciegas al espacio vac√≠o, y saltar de una a otra hasta rodear todo el lado norte. Y entonces, si uno se estiraba mucho, mucho, se pod√≠a aupar hasta el punto m√°s cercano de la torre rota. Lo √ļltimo era trepar por las piedras ennegrecidas hasta los nidos, poco m√°s de tres metros, y all√≠ los cuervos se acercaban a ti por si les hab√≠as llevado ma√≠z.
Bran iba pasando de gárgola en gárgola, con la facilidad que da la práctica, cuando oyó las voces. Se sobresaltó tanto que estuvo a punto de caerse. Nunca había visto a nadie en el Primer Torreón.
‚ÄĒNo me gusta ‚ÄĒdec√≠a una mujer. Debajo de Bran hab√≠a una hilera de ventanas, y la voz le llegaba de la √ļltima de aquel lado‚ÄĒ. La Mano tendr√≠as que ser t√ļ.
‚ÄĒNo lo quieran los dioses ‚ÄĒreplic√≥ la voz indiferente de un hombre‚ÄĒ. No es el tipo de honor que deseo. Implica demasiado trabajo.
Bran se quedó donde estaba, colgado de una gárgola, escuchando; de pronto, le daba miedo seguir adelante. Si se daba impulso para balancearse hasta el siguiente asidero podían verle los pies.
‚ÄĒ¬ŅNo te das cuenta del peligro que corremos? ‚ÄĒinsisti√≥ la mujer‚ÄĒ. Robert quiere a ese hombre como si fuera su hermano.
‚ÄĒRobert no traga a sus hermanos. Y la verdad es que lo comprendo. Stannis le provocar√≠a una indigesti√≥n a cualquiera.
‚ÄĒD√©jate de tonter√≠as. Stannis y Renly son una cosa, y Eddard Stark es otra muy diferente. Robert escuchar√° la opini√≥n de Stark. Malditos sean los dos. Deb√≠ insistir en que te nombrara a ti, pero estaba segura de que Stark le dir√≠a que no.
‚ÄĒA√ļn hemos tenido suerte ‚ÄĒdijo el hombre‚ÄĒ. El rey podr√≠a haber elegido a uno de sus hermanos, o peor todav√≠a, a Me√Īique, los dioses nos ayuden. Prefiero enemigos honorables que no sean ambiciosos, me costar√° menos dormir por las noches.
Bran comprendió que estaban hablando de su padre. Tenía que oír qué decían. Unos pocos metros más... pero podrían verlo por la ventana.
‚ÄĒTendremos que vigilarlo de cerca ‚ÄĒdijo la mujer.
‚ÄĒPrefiero vigilarte a ti ‚ÄĒreplic√≥ el hombre. Parec√≠a aburrido‚ÄĒ. Ven aqu√≠.
‚ÄĒLord Eddard jam√°s hab√≠a mostrado el menor inter√©s por nada que sucediera al sur del Cuello ‚ÄĒdijo la mujer‚ÄĒ. Jam√°s. Planea algo contra nosotros, te lo digo yo. Si no, ¬Ņpor qu√© iba a abandonar sus tierras?
‚ÄĒPor mil razones. Por deber. Por honor. Porque quiere ver su nombre en letras grandes en el libro de la historia, o por escapar de su esposa, o por ambas cosas a la vez. A lo mejor quiere estar en un sitio c√°lido por una vez en la vida.
‚ÄĒSu esposa es la hermana de Lady Arryn. Y me extra√Īa que Lysa no estuviera aqu√≠ para darnos la bienvenida con sus acusaciones.
Bran miró abajo. Había una cornisa muy estrecha bajo la ventana, apenas tenía unos centímetros de anchura. Trató de descender hacia ella. Estaba muy lejos, no llegaría.
‚ÄĒTe preocupas demasiado. Lady Arryn no es m√°s que una est√ļpida miedosa.
‚ÄĒEsa est√ļpida miedosa compart√≠a el lecho de Jon Arryn.
‚ÄĒSi supiera algo a ciencia cierta habr√≠a hablado con Robert antes de huir de Desembarco del Rey.
‚ÄĒ¬ŅT√ļ crees? Robert ya hab√≠a accedido a poner en custodia como pupilo a ese enfermizo hijo suyo en Roca Casterly. No, ni en sue√Īos. Sab√≠a que el cr√≠o ser√≠a reh√©n de su silencio. Ahora que est√° a salvo en su Nido de √Āguilas puede que se sienta m√°s valiente.
‚ÄĒMadres. ‚ÄĒLa palabra en labios del hombre ten√≠a el tono de una blasfemia‚ÄĒ. Eso de parir os afecta a la cabeza. Est√°is todas locas. ‚ÄĒSolt√≥ una carcajada. Fue un sonido amargo‚ÄĒ. Deja que Lady Arryn sea tan valiente como guste. Da igual qu√© sepa o crea saber, no tiene ninguna prueba. ‚ÄĒHizo una breve pausa‚ÄĒ. ¬ŅVerdad? ‚ÄĒ¬ŅCrees que el rey le exigir√° pruebas? ‚ÄĒreplic√≥ la mujer‚ÄĒ. Ya te lo he dicho.
No me ama.
‚ÄĒ¬ŅY qui√©n tiene la culpa de eso, querida hermana?
Bran estudió la cornisa. Podía soltarse y dejarse caer. Era demasiado estrecha para aterrizar sobre ella, pero si lograba aferrarse mientras caía y darse impulso hacia arriba... Pero claro, aquello quizá hiciera ruido y atrajera a las dos personas a la ventana. El chico no sabía bien qué estaba oyendo, pero estaba seguro de que a ellos no les gustaría que se enterase.
‚ÄĒEst√°s tan ciego como Robert ‚ÄĒdec√≠a en aquellos momentos la mujer.
‚ÄĒSi quieres decir que los dos vemos lo mismo, es verdad ‚ÄĒreplic√≥ √©l‚ÄĒ. Yo veo a un hombre que preferir√≠a la muerte antes que traicionar a su rey.
‚ÄĒYa traicion√≥ a un rey, ¬Ņacaso lo has olvidado? No, no estoy negando que sea leal a Robert, eso es evidente. Pero, ¬Ņqu√© pasar√° cuando Robert muera y Joff ocupe el trono? Y cuanto antes suceda eso, m√°s a salvo estaremos nosotros. Mi esposo se impacienta d√≠a a d√≠a. Si Stark est√° a su lado las cosas ir√°n todav√≠a peor. Sigue enamorado de la hermanita, esa ins√≠pida de diecis√©is a√Īos que lleva tanto tiempo muerta. ¬ŅCu√°nto tiempo pasar√° antes de que decida cambiarme por una nueva Lyanna?
De pronto Bran ten√≠a mucho miedo. No hab√≠a nada que deseara m√°s que volver por donde hab√≠a llegado e ir con sus hermanos. Pero, ¬Ņqu√© les dir√≠a? Comprendi√≥ que ten√≠a que acercarse m√°s. Ten√≠a que ver a las personas que estaban hablando.
‚ÄĒDeber√≠as pensar menos en el futuro y m√°s en los placeres inmediatos ‚ÄĒdijo el hombre dejando escapar un suspiro.
‚ÄĒ¬°Para ya!
Bran oyó el repentino restallido de la carne contra la carne, y luego la risa del hombre.
El chico se dio impulso hacia arriba, trepó sobre la gárgola y reptó por el tejado. Aquél era el camino fácil. Avanzó por el tejado hasta la siguiente gárgola, que estaba justo sobre la habitación donde discutía la pareja.
‚ÄĒEsta charla empieza a aburrirme, hermana ‚ÄĒdijo √©l‚ÄĒ. Ven aqu√≠ y c√°llate un rato.
Bran se sent√≥ a horcajadas sobre la g√°rgola, se aferr√≥ con fuerza con las piernas y se dej√≥ caer cabeza abajo. Qued√≥ colgado por las piernas y, poco a poco, estir√≥ el cuello hacia la ventana. El mundo era muy extra√Īo visto del rev√©s. El patio parec√≠a deslizarse suavemente bajo √©l, con las piedras h√ļmedas de nieve fundida. Bran mir√≥ por la ventana.
Dentro de la habitación había un hombre y una mujer que se peleaban. Ambos estaban desnudos. Bran no alcanzaba a divisar quiénes eran. El hombre le daba la espalda, y su cuerpo ocultaba a la mujer a la que empujaba contra la pared.
Se o√≠an ruidos suaves, h√ļmedos. Bran se dio cuenta de que se estaban besando. Los observ√≥ con los ojos abiertos de par en par, aterrado, sin atreverse siquiera a respirar. El hombre hab√≠a puesto una mano entre los muslos de la mujer y le deb√≠a de estar haciendo da√Īo, porque ella empez√≥ a gemir.
‚ÄĒPara ‚ÄĒdec√≠a‚ÄĒ. Basta, basta... Oh, por favor...
Pero la voz era baja y d√©bil, y no lo empujaba para obligarlo a alejarse. En vez de eso meti√≥ las manos entre el pelo del hombre, aquel pelo rubio enmara√Īado, y le oblig√≥ a bajar el rostro hacia su pecho.
Bran vio la cara de la mujer. Tenía los ojos cerrados y la boca abierta, gemía. Se le mecía la cabellera dorada mientras movía la cabeza adelante y atrás, pero aun así reconoció a la reina.
Debi√≥ de dejar escapar alg√ļn sonido. De pronto, la mujer abri√≥ los ojos y lo mir√≥ directamente. Lanz√≥ un grito.
Todo sucedi√≥ de repente. La mujer apart√≥ a un lado al hombre de un empuj√≥n mientras gritaba y se√Īalaba, enloquecida. Bran intent√≥ auparse de nuevo a la g√°rgola. Iba demasiado deprisa. Roz√≥ in√ļtilmente la piedra suave con la mano y, en medio del p√°nico, se le deslizaron las piernas y cay√≥. Hubo un instante de v√©rtigo, una sacudida estremecedora cuando la ventana pas√≥ junto a √©l. Estir√≥ una mano, se agarr√≥ a la cornisa, se resbal√≥, estir√≥ la otra y consigui√≥ aferrarse. Qued√≥ colgando contra la pared del edificio. El impacto lo hab√≠a dejado sin aliento. Bran se qued√≥ suspendido de un brazo, jadeante.
En la ventana, sobre él, aparecieron dos rostros.
La reina. Y ahora Bran reconocía también al hombre que estaba a su lado. Se le parecía tanto como si fuera su imagen especular.
‚ÄĒNos ha visto ‚ÄĒdijo la mujer con voz chillona.
‚ÄĒEso parece ‚ÄĒasinti√≥ el hombre.
Los dedos de Bran empezaron a resbalar. Se aferr√≥ a la cornisa con la otra mano. Hinc√≥ las u√Īas en la piedra. El hombre le tendi√≥ el brazo.
‚ÄĒDame la mano ‚ÄĒdijo‚ÄĒ. Te vas a caer. ‚ÄĒBran se aferr√≥ al brazo con todas sus fuerzas. El hombre lo iz√≥ hasta la cornisa.
‚ÄĒ¬ŅQu√© haces? ‚ÄĒle grit√≥ la mujer.
El hombre no hizo caso. Era muy fuerte. Subió a Bran hasta el alféizar de la ventana.
‚ÄĒ¬ŅCu√°ntos a√Īos tienes, chico?
‚ÄĒSiete ‚ÄĒdijo Bran, temblando de alivio. Sus dedos hab√≠an dejado marcas profundas en el antebrazo del hombre. Se solt√≥ mansamente.
‚ÄĒQu√© cosas hago por amor ‚ÄĒdijo con desprecio el hombre mirando a la mujer.
Dio un empujón a Bran.
Bran, gritando, se precipitó al vacío. No había nada a lo que agarrarse. El patio ascendió a su encuentro.
A lo lejos, un lobo empezó a aullar. Los cuervos volaban en círculo en torno a la torre rota, esperando su maíz.