3 - Capitulo 03


Así le pareció a él al menos. Sin embargo, lo cierto era que el pulso del agua, junto a la tienda, seguía marcando sin cesar el paso del tiempo, cuando se dio cuenta de que estaba con los ojos abiertos y de que otro sonido acababa de irrumpir, con solapado disimulo, en el rítmico murmullo de las olas.
Y mucho antes de comprender de qu√© se trataba, se agitaron en su interior vagos sentimientos de dolor y de alarma. Escuch√≥ atento, aunque en vano al principio, porque los latidos de su pulso golpeaban como sonoros tambores en sus sienes. ¬ŅDe d√≥nde proven√≠a? ¬ŅDel lago, del bosque?...
Luego, de repente, con el coraz√≥n en un pu√Īo, se dio cuenta de que sonaba muy cerca de√©l, dentro de la tienda; y cuando se volvi√≥ para o√≠r mejor, lo localiz√≥ de manera inequ√≠voca a medio metro de donde √©l estaba. Era un sonido quejumbroso: D√©fago, en su lecho de ramas, sollozaba en la oscuridad como si fuera a part√≠rsele el coraz√≥n y se taponaba la boca con la manta para sofocar el llanto.
Su primer sentimiento, antes de pararse a pensar, fue una punzante y dolorosa ternura.
Aquel sonido íntimo, humano, oído en medio de aquella desolación, le movía a piedad.
Era tan incongruente, tan enternecedoramente incongruente... ¬°y tan in√ļtil! ¬ŅDe qu√© serv√≠an las l√°grimas en aquella inmensidad cruel y salvaje? Imagin√≥ a una criatura llorando en medio del Atl√°ntico... Despu√©s, naturalmente, al recobrar mayor conciencia y recordar lo que hab√≠a sucedido antes de acostarse, sinti√≥ que el terror comenzaba a dominarle y que se le helaba la sangre.
-D√©fago -susurr√≥ con nerviosismo, haciendo esfuerzos por hablar bajo-, ¬Ņqu√© sucede?
¬ŅSe siente usted mal?
No obtuvo respuesta, pero cesaron inmediatamente los sollozos. Alargó la mano y lo tocó. Su cuerpo no se movía.
-¬ŅEst√° despierto? -se le hab√≠a ocurrido que pod√≠a estar llorando en sue√Īos-. ¬ŅTiene usted fr√≠o?
Había observado que tenía los pies destapados y que le salían hacia afuera de la tienda.
Extendió el doblez de su manta y se los tapó. El guía se había escurrido de su lecho, y parecía haber arrastrado las ramas con él. Le daba apuro tirar de su cuerpo hacia adentro, otra vez, por miedo a despertarle.
Hizo una o dos preguntas m√°s en voz baja, pero, aunque esper√≥ varios minutos, no obtuvo contestaci√≥n alguna ni apreci√≥ ning√ļn movimiento. Despu√©s, oy√≥ su respiraci√≥n regular y sosegada. Le puso la mano en el pecho y lo sinti√≥ subir y bajar pausadamente.
-Dígame si le ocurre algo -murmuró- o si puedo hacer alguna cosa por usted.
Despiérteme inmediatamente si llegara a sentirse... mal.
No sab√≠a qu√© decir. Se dej√≥ caer, sin dejar de pensar ni de preguntarse qu√© significar√≠a todo aquello. D√©fago hab√≠a estado llorando entre sue√Īos, por supuesto. Algo le aflig√≠a.
Fuera como fuese, jamás en la vida se le olvidarían aquellos sollozos lastimeros, ni la sensación de que toda la impresionante soledad de los bosques los escuchaba.
Estuvo meditando durante mucho tiempo sobre los √ļltimos sucesos, entre los cuales, era √©ste, en verdad, el m√°s misterioso; y aunque su raz√≥n encontraba argumentos satisfactorios con que desechar cualquier eventualidad desagradable, le qued√≥, no obstante, una sensaci√≥n muy arraigada...extra√Īa a m√°s no poder.