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Uno se acomoda y alguien se ocupa del equipaje; se produce el primer instante de extra√Īeza y de agitaci√≥n sin sentido en torno a uno. Las intimidades pronunciadas en voz alta en el √ļltimo momento; luego la calma, el sonido apagado de las esclusas seguido del suspiro lento del aire cuando los cierres se deslizan autom√°ticamente hacia dentro, como gigantescas perforadoras que se cierran herm√©ticamente.
Sigue el profundo silencio y las se√Īales rojas que centellean en todas las habitaciones.
¬ęAjustarse los trajes de aceleraci√≥n..., ajustarse los trajes de aceleraci√≥n..., ajustarse los trajes de aceleraci√≥n.¬Ľ
Los camareros recorren los pasillos llamando brevemente con los nudillos a cada puerta y abriéndola con brusquedad.
—Perdone. Póngase el traje.
Y uno lucha con los trajes, fríos, apretados, incómodos, pero conectados a un sistema hidráulico que absorbe las mareantes presiones de la partida.
Luego se percibe el lejano rumor de los motores a propulsión atómica que funcionan a baja potencia para maniobrar en la atmósfera, seguido al instante por el empuje hacia atrás contra el aceite de la montura del traje, que cede lentamente. Luego, muy despacio, uno es empujado de nuevo hacia delante, al disminuir la aceleración. Si consigue evitar las náuseas durante este período, uno estará probablemente libre de mareo espacial hasta el fin del viaje.

El mirador no se abri√≥ a los pasajeros durante las tres primeras horas de vuelo, y cuando la atm√≥sfera qued√≥ atr√°s y las puertas dobles estaban a punto de separarse, hab√≠a una larga cola que esperaba. All√≠ estaban reunidos no s√≥lo todos los ¬ęplanetarios¬Ľ (en otras palabras, los que nunca hab√≠an estado antes en el espacio), sino tambi√©n una buena parte de los viajeros de m√°s experiencia.
Después de todo, la vista de la Tierra desde el espacio era una de las cosas obligadas para el turista.
El mirador era una burbuja en la ¬ępiel¬Ľ de la nave, una burbuja de pl√°stico transparente, duro como el acero, de forma curva y m√°s de medio metro de espesor. La cubierta retr√°ctil de acero al iridio que la proteg√≠a contra la abrasi√≥n de la atm√≥sfera y de sus part√≠culas de polvo hab√≠a sido descorrida. Las luces estaban apagadas, y la galer√≠a llena de gente. Las caras que miraban a trav√©s de las barras brillaban a la luz de la Tierra que colgaba all√° abajo, bal√≥n gigantesco que resplandec√≠a con manchas anaranjadas, azules y blancas. El hemisferio visible parec√≠a estar casi del todo iluminado por el sol; los continentes bajo las nubes eran de color anaranjado, como el desierto, con l√≠neas delgadas y distantes de verde. Los mares eran azules, y se destacaban netamente frente al negro del espacio, all√° donde se encontraban con el horizonte. Y por todas partes, en el negro y limpio cielo, estaban las estrellas.
Los que observaban esperaron pacientemente.
No era el hemisferio iluminado lo que quer√≠an. El casquete polar, de un blanco cegador, iba desliz√°ndose a la vista mientras la nave manten√≠a la peque√Īa, casi imperceptible aceleraci√≥n que le iba sacando de la el√≠ptica. Pronto la sombra de la noche fue adue√Ī√°ndose del globo, y la gran isla mundial de Eurasia-√Āfrica apareci√≥ en escena majestuosamente, con su parte norte ¬ęhacia abajo¬Ľ.
Su suelo enfermo y sin vida escond√≠a su horror bajo un juego de joyas inducido por la noche. La radiactividad del suelo era un inmenso mar azul iridiscente que centelleaba en festones extra√Īos, los cuales indicaban la manera en que en otro tiempo hab√≠an ca√≠do las bombas nucleares, una generaci√≥n antes de que se hubiese desarrollado la defensa de los campos de fuerza contra las explosiones at√≥micas, para que ning√ļn otro mundo pudiera suicidarse precisamente de aquel modo.
Los pasajeros siguieron contemplando hasta que, con el paso de las horas, la Tierra se convirtió en una media moneda brillante en un negro infinito.
Entre los que observaban se encontraba Biron Farrill. Estaba sentado solo, en primera fila, con los brazos apoyados sobre la barandilla, y la mirada pensativa y preocupada. No era as√≠ c√≥mo hab√≠a pensado dejar la Tierra. Se trot√≥ la √°spera barbilla con el brazo bronceado y se sinti√≥ culpable de no haberse afeitado aquella ma√Īana. Dentro de un rato ir√≠a a su cuarto y se arreglar√≠a. Entretanto, vacilaba en marcharse. All√≠ hab√≠a gente, pero en su cuarto estar√≠a solo.
O era ésta precisamente una razón para marcharse? No le gustaba el nuevo sentimiento que perciba en si mismo, de ser perseguido, de no tener amigos.
No le quedaba ni un asomo de amistad; toda se había marchitado en el mismo instante en que le despertó la llamada telefónica, hacía menos de veinticuatro horas.
Incluso en el dormitorio se había convertido en un estorbo. El viejo Esbak se había precipitado sobre él a su regreso de la conversación con Jonti en la sala de estudiantes. Esbak estaba agitadísimo, y su voz resultaba excesivamente aguda.
¬óSe√Īor Farrill, le he estado buscando. Ha sido un desgraciado incidente. No lo comprendo. ¬ŅTiene usted alguna explicaci√≥n?
¬óNo ¬óhab√≠a dicho Biron casi a voz en grito¬ó, no la tengo. ¬ŅCu√°ndo podr√© entrar en mi habitaci√≥n y sacar mis cosas?
¬óSeguramente por la ma√Īana. Acabamos de traer el equipo para investigar la habitaci√≥n. Ya no queda vestigio ninguno de radiactividad por encima del nivel normal del fondo. Por fortuna se ha podido usted librar a tiempo; se ha debido escapar por muy pocos minutos.
—Sí, sí, pero si me lo permite, desearía descansar.
¬óLe ruego que utilice mi habitaci√≥n hasta ma√Īana; y luego le alojaremos de nuevo por los pocos d√≠as que le quedan. Perd√≥n, se√Īor Farrill, pero si no le molesta, hay otro asunto...
Evidentemente, se mostraba demasiado cortés.
¬ó¬ŅQu√© otro asunto? ¬ópregunt√≥ Biron en tono de cansancio.
¬ó¬ŅSabe usted de alguien que haya podido estar interesado en..., bueno, en liquidarle?
—¡Liquidarme así! Desde luego que no.
¬ó¬ŅCu√°les son entonces sus planes? Como es natural, las autoridades de la escuela lamentar√≠an mucho que hubiese publicidad a consecuencia de este incidente.
¬°Era notable aquella insistencia en referirse a ello como a un ¬ęincidente¬Ľ!
¬óLe comprendo. Pero no se preocupe. No me interesan ni las investigaciones ni la polic√≠a. Me marcho pronto de la Tierra, y prefiero que no se me perturben mis planes. No voy a acusar a nadie; al fin y al cabo, a√ļn estoy vivo.
El alivio de Esbak fue casi indecoroso. Eso era todo lo que querían de él. Nada desagradable. No era sino un incidente que debía ser olvidado.
Entr√≥ nuevamente en su antigua habitaci√≥n a las siete de la ma√Īana. Estaba tranquilo, y no se o√≠a murmullo alguno en el armario. La bomba ya no estaba all√≠, ni tampoco el contador. Probablemente Esbak se los hab√≠a llevado, y los habr√≠a tirado al lago. As√≠ se destru√≠an las pruebas, pero eso era asunto de la escuela. Meti√≥ sus cosas en las maletas y pas√≥ por la oficina para que le asignasen otra habitaci√≥n. Observ√≥ que la luces funcionaban nuevamente, lo mismo que el visi√≥fono. El √ļnico vestigio de la noche pasada era la torcida puerta, con su cerradura fundida.
Le dieron otro cuarto, lo cual establecía, para cualquiera que pudiera estar escuchando, su intención de quedarse. Luego, utilizando el teléfono del vestíbulo, llamó a un taxi aéreo. No creía que nadie le hubiera visto. Que la escuela explicase como quisiese su desaparición.
En el puerto espacial hab√≠a visto a Jonti durante un instante. Se miraron solamente de reojo. Jonti no dijo nada, ni dio muestras de haberle reconocido, pero cuando hubo pasado junto a √©l, en la mano de Biron qued√≥ un peque√Īo globo negro, que era una c√°psula personal, y un billete para Rhodia.
Se entretuvo un momento con la cápsula personal, que no estaba sellada. Más tarde leyó el mensaje en su habitación. Era una sencilla presentación con un mínimo de palabras.
Mientras contemplaba desde el mirador c√≥mo la Tierra se iba empeque√Īeciendo con el paso del tiempo, dedic√≥ durante un rato sus pensamientos a Sander Jonti. Le conoc√≠a s√≥lo muy superficialmente hasta que Jonti penetr√≥ de un modo devastador en su vida, primero para salvarla y luego para dirigirla por un camino nuevo y desconocido. Biron conoc√≠a su nombre, le saludaba al pasar y a veces hab√≠a cambiado con √©l algunas palabras puramente formularias, pero eso era todo. No le gustaba aquel hombre, su frialdad, su excesiva correcci√≥n en el vestir, su personalidad amanerada. Pero todo eso no ten√≠a nada que ver con la situaci√≥n actual.
Biron se frotó su áspera barbilla con la mano inquieta y suspiró. La verdad era que deseaba ardientemente la presencia de Jonti. Aquel hombre, por lo menos, dominaba los acontecimientos. Supo lo que había que hacer. Y ahora que Biron estaba solo se sentía muy joven, muy desamparado, sin amigos, y casi asustado.
Con todo ello evitaba conscientemente pensar en su padre. No hubiese servido de nada.

¬óSe√Īor Malaine.
Repitieron el nombre dos o tres veces antes de que Biron reaccionase ante el respetuoso golpe sobre el hombro, y levantase la mirada.
¬óSe√Īor Malaine ¬ódijo de nuevo el robot mensajero, y durante cinco segundos Biron le contempl√≥ sin responder, hasta que record√≥ que aqu√©l era su nombre provisional. Estaba ligeramente escrito a l√°piz en el billete que Jonti le hab√≠a dado. Le hab√≠an reservado un camarote bajo aquel nombre.
¬óS√≠. ¬ŅQu√© ocurre? Yo soy Malaine.
La voz del mensajero silbó débilmente mientras el carrete interior emitía su mensaje.
¬óMe han pedido que le informe de que le han cambiado de camarote, y que su equipaje ha sido trasladado. Si va usted a ver al sobrecargo le entregar√°n su nueva llave. Esperamos que eso no le ocasione ninguna molestia.
¬ó¬ŅA qu√© viene todo esto? ¬óBiron gir√≥ r√°pidamente en su asiento, y algunos de los pocos pasajeros que a√ļn quedaban en el mirador le contemplaron ante la violencia de su respuesta¬ó. ¬ŅCu√°l es el motivo?
Naturalmente, no serv√≠a de nada discutir con una m√°quina que ya hab√≠a desempe√Īado su funci√≥n. El mensajero hab√≠a inclinado respetuosamente su cabeza autom√°tica, sin alterar su expresi√≥n imitativa de una suave sonrisa humana, y se hab√≠a ido.
Biron salió del mirador y abordó al oficial de la nave que estaba junto a la puerta de un modo algo más enérgico de lo que se había propuesto.
—Oiga. Tengo que ver al capitán. El oficial no mostró sorpresa alguna.
¬ó¬ŅEs importante, se√Īor?
—¡Tan cierto como el Espacio, que es importantel Me acaban de cambiar de camarote sin mi permiso, y me gustaría saber a qué se debe.
Incluso ya en aquel instante, Biron se dio cuenta de que su ira no guardaba proporción con la causa, pero respondía a una acumulación de resentimientos. Casi le hablan obligado a abandonar la Tierra como un criminal en fuga, iba no sabía adonde, para hacer no sabía qué, y ahora no le dejaban en paz a bordo de la nave. Era demasiado.
Con todo, tenía la inquietante sensación de que si Jonti hubiese estado en su lugar habría obrado de modo diferente, quizá más prudentemente. Claro que él no era Jonti.
—Llamaré al sobrecargo—dijo el oficial.
—Deseo ver al capitán —insistió Biron.
¬óBien, como desee ¬óY despu√©s de una breve conversaci√≥n a trav√©s del peque√Īo comunicador de la nave, que pend√≠a de su solapa, a√Īadi√≥ cort√©smente¬ó: Le llamar√°n; haga el favor de esperar.
El capitán Hirm Gordell era un hombre más bien bajo y corpulento; al entrar Biron se levantó cortésmente y se inclinó sobre su escritorio para estrecharle la mano.
¬óSe√Īor Malaine ¬ódijo¬ó, lamento que hayamos tenido que molestarle.
Su cara era rectangular, el cabello de color gris de acero, su peque√Īo y bien cuidado bigote de un tono algo m√°s oscuro, y sonre√≠a ligeramente.
¬óTambi√©n yo lo lamento ¬ódijo Biron¬ó. Hab√≠a reservado un camarote al cual ten√≠a derecho y creo que ni siquiera usted, se√Īor, estaba autorizado a cambiarlo sin mi permiso.
¬óDe acuerdo, se√Īor Malaine. Pero, como usted comprender√°, ha sido un caso de fuerza mayor. Ha llegado en el √ļltimo instante una persona importante e insisti√≥ en que le desplaz√°semos a un camarote m√°s cercano al centro de gravedad de la nave. Est√° delicado del coraz√≥n y es importante para √©l que la gravedad de la nave sea la menor posible. No ten√≠amos elecci√≥n.
¬óEst√° bien, pero, ¬Ņpor qu√© ten√≠an que desplazarme precisamente a m√≠?
—Alguien tenía que ser. Usted viaja solo, es joven, y pensamos que no tendría dificultad en asimilar una gravedad ligeramente mayor. —Recorrió con la mirada el musculoso cuerpo de Biron de pies a cabeza—. Además, encontrará usted que su nuevo camarote está mejor equipado que el anterior. No ha perdido usted con el cambio; ciertamente que no.
El capitán salió de detrás de su escritorio.
¬ó¬ŅMe permite que le ense√Īe personalmente su nuevo alojamiento?
A Biron le result√≥ dif√≠cil mantener su resentimiento. Todo aquel asunto parec√≠a razonable, pero a la vez, extra√Īamente, no lo parec√≠a tanto.
Mientras caminaba, el capit√°n le iba hablando.
¬ó¬ŅQuerr√° usted acompa√Īarme a mi mesa para la cena de ma√Īana? Nuestro primer salto est√° fijado a esa hora. Biron se oy√≥ decir a s√≠ mismo:
—Gracias. Me sentiré muy honrado.
No obstante, la invitaci√≥n le pareci√≥ extra√Īa. Aceptaba que el capit√°n no pretend√≠a m√°s que apaciguarle, pero sin duda el m√©todo era m√°s en√©rgico de lo necesario.
La mesa del capit√°n era larga y ocupaba por completo una de las paredes del sal√≥n. Biron se encontr√≥ cerca del centro asumiendo una preferencia inadecuada sobre otros comensales. Y no obstante estaba ante √©l la tarjeta con su nombre. El mayordomo hab√≠a insistido; no hab√≠a ning√ļn error.
Biron no era excesivamente modesto. Como hijo del ranchero de Widemos, no había sido nunca necesario desarrollar en él tal característica. Pero, como Biron Malaine, no era más que un ciudadano ordinario, y esas cosas no deberán suceder a ciudadanos ordinarios.
En primer lugar, el capit√°n ten√≠a toda la raz√≥n en lo referente a su nuevo camarote. Era en verdad m√°s completo. El camarote primitivo estaba de acuerdo con la categor√≠a indicada en su billete, sencillo y de segunda clase, mientras que el que lo hab√≠a reemplazado era uno de primera y doble. Ten√≠a anexo un cuarto de ba√Īo, privado, naturalmente, con ducha y secador de aire.
Estaba cerca del ¬ęterritorio de los oficiales¬Ľ, y la presencia de uniformes era casi abrumadora. Le hab√≠an llevado el almuerzo a su cuarto en un servicio de plata. Poco antes de la cena hizo su repentina aparici√≥n el peluquero. Quiz√° todo eso era lo que cab√≠a esperar cuando se viaja en primera en una nave espacial de lujo, pero era demasiado bueno para Biron Malaine.
Era realmente demasiado, pues poco antes de llegar el barbero, Biron acababa de regresar de un paseo vespertino que le había conducido por los pasillos a lo largo de una ruta deliberadamente tortuosa. Por todas partes se había encontrado con miembros de la tripulación, corteses, serviles. Consiguió desprenderse de ellos y llegó al 140 D, su primer camarote, en el que nunca había dormido.
Se detuvo para encender un cigarrillo, y en el instante que emple√≥ en ello el √ļnico pasajero que estaba a la vista desapareci√≥ tras un recodo del pasillo. Biron toc√≥ suavemente el llamador luminoso, pero no obtuvo respuesta.
No le hab√≠an quitado a√ļn la llave del primer camarote. Un descuido, sin duda. Coloc√≥ la delgada chapa de metal en su orificio, y !a especial opacidad contenida en la envoltura de aluminio activ√≥ el peque√Īo fototubo. Se abri√≥ la puerta, y Biron dio un paso al interior.
Fue todo lo que necesitaba. Sali√≥, y la puerta se cerr√≥ autom√°ticamente tras √©l. Se hab√≠a dado cuenta inmediatamente. Su antiguo camarote no estaba ocupado; ni por un personaje importante de coraz√≥n delicado, ni por nadie. La cama y el mobiliario estaban demasiado bien arreglados; no hab√≠a ba√ļles, ni objetos de tocador; faltaba incluso el ambiente de los lugares ocupados.
De modo que el lujo que le rodeaba no ten√≠a m√°s objeto que impedirle que hiciese nada por recuperar su antiguo camarote. Le estaban sobornando para que se quedase fuera de √©l sin protestar. (Por qu√©? ¬ŅEra la habitaci√≥n lo que les interesaba, o era √©l mismo?
Y ahora se encontraba sentado a la mesa del capitán, con aquellas preguntas sin contestar. Se levantó cortésmente con los demás, cuando entró el capitán, el cual se dirigió al entarimado sobre el que estaba dispuesta la larga mesa, y ocupó su lugar.
¬ŅPor qu√© le hab√≠an desplazado?

Sonaba m√ļsica en la nave, y se hab√≠an corrido las puertas que separaban el comedor del mirador. Las luces estaban bajas, y eran de un tono anaranjado. Lo peor del mareo espacial, que pudo haberse producido despu√©s de la aceleraci√≥n original o como consecuencia de la exposici√≥n a las peque√Īas diferencias de gravedad entre distintas partes de la nave, hab√≠a pasado ya, y el comedor estaba lleno.
El capitán se inclinó ligeramente hacia delante, y se dirigió a Biron.
¬óBuenas noches, se√Īor Malaine. Qu√© le parece su nuevo camarote?
¬óCasi demasiado satisfactorio, se√Īor. Un poco lujoso para mi modo de vivir.
Dijo estas palabras con voz monótona, y le pareció apreciar una momentánea sensación de desaliento en la cara del capitán.
A los postres se abri√≥ nuevamente la piel de la burbuja de cristal del mirador, y se bajaron las luces hasta casi apagarlas. En aquella pantalla amplia y oscura no se ve√≠a ni el Sol, ni la Tierra, ni ning√ļn planeta. Estaban frente a la V√≠a L√°ctea, ante una vista transversal de la lente gal√°ctica, que se dibujaba con trazo luminoso entre las firmes y brillantes estrellas.
Autom√°ticamente se extingui√≥ el rumor de la conversaci√≥n. Se desplazaron algunas sillas, de modo que todos quedaron cara a las estrellas. Los comensales se hab√≠an convertido en un grupo de espectadores, y la m√ļsica no era sino un vago murmullo.
La voz de los amplificadores resonó clara y equilibrada en el silencio.
¬ó¬°Se√Īoras y caballeros! Estamos a punto de dar el primer salto. Supongo que la mayor√≠a de ustedes conocen, por lo menos te√≥ricamente, lo que es un salto. Pero otros muchos de ustedes, en realidad, m√°s de la mitad, nunca lo han experimentado. Es especialmente a ellos a quienes deseo hablar.
¬ĽEl salto es exactamente lo que su nombre indica. En la misma estructura del espacio-tiempo es imposible viajar m√°s r√°pidamente que la luz. Es una ley natural que fue descubierta quiz√° por uno de los antiguos, el tradicional Einstein, a quien se atribuyen demasiadas cosas. Y, como es natural, incluso a la velocidad de la luz se tardar√≠an a√Īos, de tiempo en reposo, en llegar a las estrellas.
¬ĽPor ello salimos de la estructura del espacio-tiempo para penetrar en el poco conocido dominio del hiperespacio, donde distancia y tiempo carecen de sentido. Es algo as√≠ como atravesar un delgado istmo para pasar de un oc√©ano a otro, en lugar de permanecer en el mar y rodear un continente para recorrer la misma distancia.
¬ĽNaturalmente, se requiere una gran cantidad de energ√≠a para entrar en este ¬ęespacio dentro del espacio¬Ľ, como algunos lo llaman, as√≠ como muchos y complicados c√°lculos para asegurar nuevamente la entrada en el espacio-tiempo, en el punto adecuado. El resultado del consumo de tal energ√≠a e inteligencia hace posible atravesar distancias inmensas en un tiempo cero. S√≥lo gracias al salto son posibles los viajes interestelares.
¬ĽEl salto que estamos a punto de efectuar tendr√° lugar dentro de diez minutos. Se les advertir√°. Nunca se produce m√°s que una peque√Īa molestia moment√°nea; conf√≠o, por lo tanto, en que todos permanecer√°n tranquilos. Muchas gracias.¬Ľ
Se apagaron las luces del todo, y no quedaron sino las estrellas.
Pareció transcurrir mucho tiempo antes de que un terso anuncio llenase momentáneamente el aire:
—El salto se producirá exactamente dentro de un minuto. —La misma voz comenzó entonces a contar segundos hacia atrás—: Cincuenta..., cuarenta..., treinta..., diez..., cinco..., tres..., uno...
Fue algo así como si se hubiese producido una discontinuidad en la existencia, un golpe que solamente conmovía lo más profundo de los huesos del hombre.
En aquella inmensurable fracci√≥n de segundo hab√≠an pasado cien a√Īos luz, y la nave, que un momento antes estaba en las afueras del sistema solar, se encontraba ahora en las profundidades del espacio interestelar.
Alguien cerca de Biron exclamó con voz temblorosa:
¬ó¬°Miren las estrellas!
En un instante aquel murmullo se extendió a través de las mesas y corrió silbando por el amplio salón:
¬ó¬°Las estrellas! ¬°Mirad!
En aquella misma inmensurable fracci√≥n de segundo la vista de las estrellas hab√≠a cambiado radicalmente. El centro de la gran galaxia, la cual se extiende por treinta mil a√Īos luz desde una punta a la otra, se hallaba ahora m√°s cerca, y las estrellas se hab√≠an espesado, extendi√©ndose sobre el aterciopelado y negro vac√≠o como un fino polvo, frente al cual se destacaban a intervalos las m√°s brillantes estrellas cercanas.
Biron, contra su voluntad, record√≥ el principio de un poema que √©l mismo hab√≠a escrito a la sentimental edad de diecinueve a√Īos, en ocasi√≥n de su primer viaje espacial; aquel que le hab√≠a llevado a la Tierra que ahora abandonaba. Sus labios se movieron en silencio:

Las estrellas, cual polvo, me envuelven
en nieblas vivientes de luz,
y me parece contemplar todo el espacio
en una inmensa visión.

Se encendieron entonces las luces, y los pensamientos de Biron salieron del-espacio tan abruptamente como habían penetrado en él. Estaba de nuevo en el salón de una nave espacial, en una cena que tocaba a su fin y entre el zumbido de una conversación que se elevaba nuevamente a un nivel prosaico.
Mir√≥ su reloj de pulsera, desvi√≥ a medias la mirada y luego, muy lentamente, volvi√≥ a contemplarlo. Lo mir√≥ fijamente durante un largo minuto. Era el reloj de pulsera que hab√≠a dejado en su dormitorio aquella noche; hab√≠a resistido la radiaci√≥n asesina de la bomba, y lo hab√≠a recogido a la ma√Īana siguiente con el resto de sus cosas. ¬ŅCu√°ntas veces lo hab√≠a contemplado, anotando mentalmente la hora, sin darse cuenta de la otra informaci√≥n que le proporcionaba a voz en grito?
Porque la pulsera estaba blanca, no azul. Era blanca.
Lentamente los acontecimientos de aquella noche, todos ellos, aparecieron en su lugar. ¬°Era extra√Īo c√≥mo un solo hecho pod√≠a eliminar de todos ellos la confusi√≥n!
Se levantó abruptamente murmurando:
—Perdón.
Era una falta de etiqueta retirarse antes que el capit√°n, pero no le importaba gran cosa.
Se dirigi√≥ precipitadamente a su camarote, subiendo con rapidez por las rampas, en lugar de esperar a los ascensores ingr√°vidos. Cerr√≥ la puerta tras de s√≠ y mir√≥ r√°pidamente en el cuarto de ba√Īo y en los armarios de pared. No ten√≠a verdaderas esperanzas de encontrar a nadie. Lo que hab√≠an tenido que hacer, deb√≠an de haberlo hecho hac√≠a horas.
Examin√≥ cuidadosamente su equipaje. Lo hab√≠an hecho muy bien. Casi sin dejar se√Īales de que hab√≠an entrado y salido, hab√≠an sacado cuidadosamente sus documentos de identidad, un paquete de cartas de su padre, e incluso su presentaci√≥n capsular para Hinrik de Rhodia.
Era para eso que le habían desplazado. No les interesaba ni su viejo ni su nuevo camarote, sino sencillamente el proceso del traslado. Durante cerca de una hora habían legítimamente, ¡ legítimamente, por el Espacio!, manipulado su equipaje, realizando así sus intenciones.
Biron se hundi√≥ en la amplia cama y pens√≥ con frenes√≠, aunque de nada le sirvi√≥. La trampa hab√≠a sido perfecta. Todo estaba planeado. Si no hubiese sido por la coincidencia, imposible de predecir, de haber dejado su reloj de pulsera en el cuarto de ba√Īo aquella noche, ni tan siquiera ahora se hubiese dado cuenta de lo tupida que era la red de los tyrannios a trav√©s del espacio.
La se√Īal de su puerta zumb√≥ suavemente.
¬óEntre¬ódijo.
Era el mayordomo, quien dijo respetuosamente:
—El capitán desea saber si puede hacer algo por usted. Parecía que no se encontraba bien cuando dejó la mesa.
¬óEstoy bien.
¡Cómo le observaban! Y en aquel instante supo que no había escapatoria posible, y que la nave le llevaba cortés, pero inexorablemente, hacia la muerte.